El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

02.12.09

¿Estamos condenados a repetir? Rosa María López (Madrid)

14:24:34, por jalvarez Spanish (ES)

La repetición que se impone como una condena es aquella que, desde la consciencia, querríamos evitar pues actúa en contra de nuestros intereses. ¿Por qué algunos seres humanos se ven abocados a una vida de sucesivos desencuentros? ¿Que fuerzas oscuras son las que desean nuestro mal? ¿Hay un genio maligno que se divierte con nuestros tropiezos? ¿Cómo puede darse una lógica tan inexorable que nos conduzca siempre al mismo error?

Si el fenómeno de la repetición en el comportamiento del ser humano, es una constatación histórica, su causa ha sido siempre un enigma. La figura del destino es un intento de respuesta que los griegos llevaron al máximo de su expresión. Es Edipo Rey quien, sin saberlo, realiza todos los actos que le conducirán al cumplimiento de un destino que había sido escrito por los dioses antes de su nacimiento. ¿Nos vemos entonces condenados a un determinismo absoluto que rige nuestra vida sin concedernos ningún margen de elección o todo obedece a un puro azar?

¿Qué piensa el psicoanálisis del destino y del azar? Hemos de decir que Freud era implacable con la figura del destino, sosteniendo la idea de que el sujeto no es víctima pasiva de una voluntad externa, sino que está implicado en los acontecimientos de su vida. Para defender esta tesis utiliza numerosos ejemplos de la clínica tanto de hombre como de mujeres en los que se demuestra cómo todas las relaciones que establecen con el prójimo terminan de la misma manera.

Ante semejante perseverancia de lo mismo, Freud no acepta la coartada del destino, ni tampoco la del azar, pues encontramos en estas ocasiones actitudes activas del sujeto, rasgos de carácter permanentes que se traducen en la repetición de las mismas experiencias psíquicas.

Si seguimos la lógica del inconsciente, tenemos que admitir que los seres humanos fabricamos nuestro destino porque hablamos, o para ser más precisos, porque somos hablados. Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, especialmente nuestros padres con algunos dichos que nos alcanzaron de manera contundente. Somos hablados por estructura, y a causa de esto, tejemos con los azares de la vida, una trama argumental. Es a esta trama a la que llamamos destino.

Compulsión de repetición o neurosis de destino, la cuestión es que el estilo de una vida está hecho con una frase de la que no somos autores y que se repite, diversamente modulada, a lo largo de nuestra existencia.

Notemos que cuando hablamos de repetición el acto está siempre en juego. El acto aparece allí donde no se llega con el pensamiento.

Freud advirtió que por más que se elaborara, interpretase o construyera, el síntoma no desaparecía completamente sino que más bien volvía como un cometa, aunque con un ciclo más corto. Si la histeria le abrió la puerta del inconsciente, el síntoma obsesivo le entregó una clave que no había visto tan claramente, pues comprobó que el fundamento mismo del síntoma era la repetición compulsiva.

¿Por que nos vemos forzados a la repetición?, esta es la pregunta que provocó en la trayectoria de Freud un cambio de rumbo fundamental, siendo la causante de sus teorías más audaces y controvertidas. Siguiendo el rastro de las distintas figuras de la repetición Freud franqueó la frontera que traza el principio del placer, para descubrir que la pulsión que anima la vida humana no es otra que la pulsión de muerte.

Seguro que todos los presentes conocen personas cuyas vidas están trazadas de tal manera que siempre conducen al mismo desenlace: El Filántropo, nos dice Freud, al que todos sus protegidos, por diferentes que sean, abandonan irremisiblemente con rabia en lugar de la gratitud que era de esperar. Los hombres para los que toda amistad termina en traición. Los amantes cuyas relaciones con el otro sexo pasan por las mismas fases y finalizan del mismo modo. Nosotros podemos poner otros muchos ejemplos: Los que siempre son engañados por los demás. Los que engañan una y otra vez. Los delincuentes que escapan de la justicia y cuando podrían liberarse vuelven a delinquir una ultima vez, siendo nuevamente apresados. Las mujeres maltratadas por su pareja que después de pasar por el infierno de la separación, vuelven con el maltratador. Por supuesto, las adicciones llevan el sello de la repetición más compulsiva.

Si seguimos el camino abierto por Freud, si somos fieles a lo más radical de su descubrimiento, no podemos concebir el inconsciente sin la idea de una repetición que va más allá del principio del placer.

Lacan en el Seminario XI se sirve de la teoría que Aristóteles desarrolla en su estudio sobre la función de la causa, apropiandose de dos de su términos: El Automaton y la Tyche.

El Automaton es usado por Lacan para dar cuenta de la insistencia de los significantes regida por el principio del placer, mientras que la Tyche nombra el encuentro con lo real que corresponde al terreno del más allá del principio del placer. Toda la investigación de Freud muestra como su gran preocupación está centrada en aquello que escapa al principio del placer.

Pues bien, la repetición no es únicamente el automaton como retorno de los significantes, sino que tiene que ver además con la Tyche que hemos definido como encuentro con lo real, lo que es equivalente a un mal encuentro, ahora podemos añadir que se trata siempre de un encuentro fallido.

¿Estamos o no condenados a repetir? ¿Es posible que el sujeto se libre completamente de la compulsión a repetir? Tanto Freud como Lacan responderían claramente que no, porque hay un traumatismo estructural que nos funda como sujetos hablados y que no es susceptible de eliminar. Este nivel del trauma no obedece a ninguna contingencia particular sino que es intrínseco a la condición humana y por ende, incurable.

La repetición, por tanto, es consustancial a la existencia del inconsciente y de la pulsión, que siempre se repiten.

Ahora bien, hay un aspecto de la repetición que el análisis tiene que reducir, sin duda, pues como defensa tiene una contrapartida demasiado cara. La repetición es una carga pesada que el sujeto “hala” de por vida y que lo lastra condenándole al fracaso y a la acción tanatica de la pulsión. El que ha hecho su análisis puede librarse de esa carga que arrastra repetidamente. El psicoanálisis apuesta por el margen de elección que cada uno tiene a su disposición y con el que puede fabricar respuestas diferentes e insospechadas para el mismo. Respuestas con las que ahora puede reaccionar de otro modo frente a los acontecimientos traumáticos que la vida nos depara inevitablemente, haciendo vana la repetición. Se trataría de resistirse a convertir las contingencias desgraciadas de la vida en una miseria necesaria, saber perder sin quedar identificado a lo perdido como ocurre en la melancolía, apostar por el deseo aunque este sea inalcanzable y no dejarse caer en el goce del mártir, actuar sin garantías pero aceptando la responsabilidad.

¿Cómo se consigue este resultado? No hay una formula preestablecida, pero sabemos que para conseguirlo es necesario desprenderse de aquello que nos hace sufrir, pero a lo que llamativamente nos aferramos: las marcas del Otro, y la ganancia de goce adquirida en el pasado.

Usando una metáfora podemos decir que venimos al mundo con unas cartas determinadas con las que tendremos que organizar nuestra jugada. A algunos le tocan unas cartas muy buenas y a otros muy malas, esto es un hecho. No es lo mismo ser mujer en Europa que en Afganistán. Pero hemos visto muchas veces ganar con cartas malas y a la inversa. ¿Cuál sería el valor o el interés de un psicoanálisis si al final no condujera a un reparto distinto de las cartas aunque su numero y sus figura estén fijadas de antemano? La experiencia del psicoanálisis no promete ningún orden de curación ideal, pero si puede afirmar que sirve para producir algo inédito, inventado o nuevo, en un movimiento que va de la repetición al acontecimiento.

16.07.09

Los ELIMINADORES pueden ser combatidos. Fernando Martín Aduriz (Palencia)

00:19:03, por jalvarez Spanish (ES)

1.- Antecedentes: Una psicóloga había aconsejado a un juez que una niña -en tratamiento psicoanalítico con una psicoanalista de nuestra Escuela y con notable progreso-, debería ir con ella a terapia junto con su padre y conseguir el objetivo de que elimine los pensamientos negativos hacia su madre, a quien la niña no quiere ver ni hablar ni estar con ella bajo ningún concepto.

2. El artículo publicado en prensa:

VECINOS ILUSTRADOS. DIARIO PALENTINO, jueves 4 de junio de 2009
LOS ELIMINADORES Fernando Martín Aduriz

Andan sueltos algunos eliminadores de pensamientos. Tratan de eliminar los pensamientos de los demás. Que el personal se ande con cuidado. Además incluso clasifican los pensamientos, los muy agudos, entre pensamientos positivos y pensamientos negativos. Y se quedan tan panchos. Pero ojo, que son peligrosos.

Si el vecino ilustrado se topa con alguno de ellos aconsejo cuidarse mucho de declararles los pensamientos. Si por ejemplo se tuvo como familiar a un habitual tirano, o a un estropeado cotidiano, o un especímen de maltratador, y se recuerda lo mal que se pasó a su lado, jamás contarlo. Porque entonces el eliminador, si tiene una historia personal no coincidente, dirá que se distorsionan los recuerdos del pasado, que aquello no fue para tanto y que hay que eliminar esos pensamientos negativos.

Sabíamos que ya se podían implantar chips con falsos recuerdos. Sabíamos que Freeman viajaba en su propia furgoneta, su "lobotomobile" y que fue un gran aficionado a lobotomizar a todo el que se pusiera por delante. Sabíamos de la manía de algunos por confundir el hipocampo con el lenguaje simbólico. Sabiendo eso tendríamos que haber calculado que lo siguiente era eliminar pensamientos, directamente. La opinión pública ilustrada tendrá que combatirles, pues están escribiendo un nuevo capítulo en la historia de la vieja dominación de siempre.

De momento conviene advertir que es un imposible no pensar. Sabe muy bien quién sufre de sus propios pensamientos lo absurdo de luchar contra el torrente de pensamiento, sea circular, repetitivo, obsesional o terrorífico. Ese sufrimiento si se desea curar, aliviar, antes ha de transitar por la avenida de la comprensión de la causa, de las razones de ese su pensar insistente. Eliminarlo, sin más, es ignorar que tarde o temprano retorna por vías singulares.

El eliminador, la eliminadora, se apoyan en la propaganda recibida en la fábrica universitaria, reducto en el que se producen a destajo nuevos productos de consumo al servicio de este reduccionismo. Pero los más lúcidos se oponen y luchan contra esta nueva barbarie iletrada.

Además el personal se queda para sí su verdad. El enunciado tipo es: "digan lo que digan, yo sigo pensando que...", lo que demuestra lo inútil de la acción del eliminador. Lo vano de pretender eliminar los pensamientos de los demás. Machado es más certero: "Y todo en la memoria se perdía/como una pompa de jabón al viento".

3. Reacciones: Los lectores introdujeron comentarios en la edición digital del periódico. Hablan por si mismos. Reproduzco algunos:

1. A mi hijo le han intentado hacer todas esas cosas y más, incluso utilizando amenazas y castigos. Conozco el sito que menciona Eva y a dos psicologas conductistas, las cuales han intentado convencerla de que su madre no le amenazaba, ni le pegaba ni le abandaba. Todo es fruto de su imaginación. Y además, como niño que es, sólo tiene derecho a obedecer, nada de pensar o cuestionar... Pero los niños también tienen memoria, a veces más que los adultos, ¡¡¡Menos mal, por su propio beneficio!!! MA - 04/06/2009 · 23:42 H

2. Esa clase de 'profesionales' tendrían que ser expulsados de todas partes. Lavadores de cerebros, me recuerda otros tiempos de la historia más sordida del mundo. Y en algunos casos, como el que cuenta Eva, son sitios donde tienes que ir obligado por un juez, una separación, y ellas tienen la sarten por el mango. Yo sí que las eliminaría. MAYTE - 04/06/2009 · 23:11 H.

3. Lo mejor es guiarse por uno mismo, pues somos quien mejor sabemos lo que nos conviene y lo que no, pero a veces nos roban nuestro derecho a pensar por nosotros mismos, la autoestima desaparece y pasamos a ser marionetas del/la "profesional". LORENA - 04/06/2009 · 18:19 H.

4. En APROME le decían a mi sobrina que se olvidase del pasado, que tenía que salir con su padre, que la había estado pegando a ella y a su madre durante años hasta que le pusieron una orden de alejamiento. Y si, las muy jetas le decían que no habría sido para tanto,¡¡¡alucinante!!! y la niña muerta de miedo. EVA - 04/06/2009 · 12:05 H.

5. Excelente artículo al que habría que ponerle nombre y apellidos. Y es que algunos de estos "profesionales" intentan sobre todo eliminar el pensamiento en los niños, considerándoles objetos manipulables a quienes desprecian y utilizan en su propio interés y beneficio (económico, por supuesto). ROBIN - 04/06/2009 · 11:05 H.

15.02.09

Crónica: “Amor, maltrato y dependencia”. Mar Arias Sarmiento. (León)

12:46:25, por jalvarez Spanish (ES)

Comenzar una conferencia, donde el público en su mayoría era ajeno al psicoanálisis, nombrando el aforismo de Lacan “No hay relación sexual”, que “el sexo, aunque algunos aspiren a ello, no es la cosa más natural del mundo, que pasa por un artificio y es algo que hay que inventar”, dejó a muchos asistentes un poco pegados al respaldo de la silla.

Enmarcada en el ciclo de conferencias de la Biblioteca de Psicoanálisis de Castilla y León, con una afluencia de público que llenó el aula Paraninfo de la Universidad de León, precedida por una gran expectación generada por las palabras de Manuel Fernández Blanco publicadas en varios artículos de la prensa local con frases como: “la expresión más radical de dependencia son ese 30% de hombres que se suicidan tras asesinar a su pareja” o ”la mayor dependencia de la mujer es que espera obtener un signo de amor de su pareja, lo que en ocasiones la aboca a situaciones de maltrato”.

Ya el título de la conferencia fue motivo de comentario, unir “Amor, maltrato y dependencia” fue la forma de romper con la creencia ya generalizada, no sólo en el público de la calle, de muchos profesionales también, de las formulas difundidas en la sociedad: “él es el culpable, es un maltratador o ella es masoquista”. Manuel Fernández Blanco, animado por huir de explicaciones simplistas, protocolos de intervención universales, fue hilando en su exposición una visión que para muchas personas asistentes fue reveladora, muchas preguntas quedaron sin respuesta, muchas manos levantadas a la espera de una aclaración que no pudo ser por falta de tiempo.

Dividida fundamentalmente en dos bloques, con la calidad y la calidez a los que ya nos tiene acostumbrados, Manuel Fernández Blanco realizó una reflexión sobre los tres conceptos del título de su conferencia “Amor, maltrato y dependencia” y la articulación entre ellos.

Desgranó, en primer lugar, el marco general para encuadrar la violencia más común, y para ello comenzó hablando de las condiciones por las que pasa el amor y como cada uno se vincula amorosamente de forma diferente.

Hay una violencia estructural derivada del encuentro con lo sexual en todos los seres humanos puesto que ese encuentro se produce sin el auxilio de un saber establecido, por eso aparece como intrusivo y es traumático, por no saber qué hacer con eso.

En este momento hizo participar al público pidiéndole que piense en cómo fue para cada uno el primer encuentro con la sexualidad, y como, si lo piensan, verán que dejó su marca indeleble en el conjunto de su vida sexual, que es lo que conocemos como fijaciones sexuales. Éstas están presentes en las condiciones con las que cada uno va a abordar al otro, sea cual sea la elección sexual; el partenaire sexual tiene que reunir algún tipo de condición particular, según su fijación para que pueda ser elegido: para que nos atraiga alguien tiene que ser “nuestro tipo” .

Así, las condiciones de amor son particulares al ser gobernadas por el objeto de goce particular de cada uno y, por tanto, el amor funciona como velo de la condición de goce particular y aliado de la ignorancia por la razón estructural de creer que dos hacen uno. Cuando creemos querer todo del otro, en realidad queremos un rasgo que es lo más íntimo de nuestro propio ser de goce, de algún modo un fetiche. Ese rasgo se nombra más desde la injuria que desde el amor, cuando aparece el insulto es un momento fundamental para captar lo que realmente, más allá del velo del amor, representamos para el partenaire.

Lacan, en el Seminario Aún, dice que no se conoce amor sin odio, e inventa la palabra odiomamoramiento. El odio, una de las tres pasiones del ser, la pasión más lúcida, toca el núcleo del ser, del ser de falta del sujeto que le lleva a dirigirse al Otro para buscar su complemento de ser, su ser de goce, su partenaire-síntoma. El acceso a ese Otro de cada uno, es diferente según el modo de estructuración subjetiva:

Desde la posición más típicamente femenina: Lo que garantiza su ser en el fantasma es ser el complemento del Otro, sentir que la necesita, ser el objeto que le falta al Otro. Si el hombre se presenta desde la completud narcisista, la violencia se desata y el odio aparece, así como la ternura aparece cuando muestra la castración. Pero si de esta falta se hace cruzada, condena a la insatisfacción, se instala así en el fetichismo de la falta confundiendo la verdad con la falta y esto puede acabar en el estrago. Se interesa por obtener el signo de amor de Otro lo que constituye la condición para su goce, se interesa por ser la elegida, de aquí la afinidad del goce femenino con la posición erotomaníaca y el estrago que para la mujer puede tener la ausencia de amor.

Desde la posición más típicamente masculina: Es no poder mostrar o reconocer ninguna falta, no puede mostrar ningún deseo porque sería equivalente a admitir una falta. El auténtico signo de amor es, decía Lacan, “dar lo que no se tiene”; para un hombre es más fácil responder en el orden de la demanda, intenta degradar el deseo del Otro a la demanda. Huye del amor particular, le resulta más cómodo amar a la humanidad que a una mujer; puede amar cuando el objeto de amor no está presente y vivo, es decir, pidiéndole su falta, algo que no soporta. Es un goce que intenta anular lo particular, lo diferente, bastarse consigo mismo, no necesita al Otro. Elige una realidad muerta donde nadie le pide ni le cuestiona nada y puede gozar, en soledad, de sus fantasmas.

Por otra parte, no busca la falta en el Otro sino el defecto en el Otro; en un primer tiempo busca valorar a una mujer para pasar inmediatamente a buscarle un defecto y así poder despreciarla, sólo de este modo puede desear a una mujer, ya que el deseo obsesivo pasa por su anulación. Por un al que tiene que seguir un no. Esta inversión ya fue subrayada por Freud cuando define al obsesivo como un autosuicida, ya que trasforma los impulsos eróticos en impulsos agresivos hacia el objeto, produciendo una auténtica sustitución del amor por el odio.

Por todo esto, el desencuentro, el malentendido y a veces la violencia, resulta inevitable entre los sexos, pues se organiza a través de está dialéctica donde, por un lado, no se puede admitir ningún deseo, más interesados en sus objetos, más ligados al tener; y por otro lado, se necesita que el deseo del Otro aparezca, mujeres esperando el signo de amor, más ligadas al ser. Esto explica los sacrificios y privaciones que puede llegar a hacer una mujer por amor, así como los efectos devastadores que puede tener de la pérdida del amor.

La imposibilidad de la proporción sexual condiciona la violencia del amor, nos condena al odioenamoramiento; a capturar, en la injuria, lo más íntimo de su ser. Esto nos aproxima al fenómeno del racismo, al racismo del amor, a la violencia, a no soportar en el otro lo más íntimo de nosotros mismos. A relaciones sostenidas en el odio, en el odioenamoramientos, que son las más duraderas.

Posteriormente, Manuel Fernández Blanco fue detallando cómo en el ser humano la biología no marca el destino sexual. Es la lógica de la posición masculina regida por la uniformidad y la lógica de la posición femenina, -la mejor garantía contra aquella-, y cómo, en este sentido, sería muy esperanzador lograr que lo femenino pasase a ser un factor de la política.

En la segunda parte de la conferencia abordó las situaciones que caracterizan a la violencia de género.

Jugando con el equivoco de la lengua, que sólo la escritura aclara, entre el amor mal tratado y el amor maltratado, abordó el asombro de profesionales de ámbitos diferentes cuando las mujeres retiran las denuncias o reinician la convivencia con sus agresores. Estas mujeres que consideran su amor mal tratado cuando la ley, para evitar que sean maltratadas, no les permite unirse con sus maltratadores. Es lo que ha provocado que se interpreten estas situaciones con una posición masoquista en la mujer, cuando si nos referimos al masoquismo como práctica perversa, no encontramos “material de observación” en las mujeres, siendo el masoquismo femenino un fantasma masculino.

La dependencia en estas mujeres está en una demanda de amor inconsciente permanentemente decepcionada, por eso insiste en pedir lo que nunca obtiene, esperando que la próxima vez sea diferente. Se instala en una posición permanentemente decepcionada; de esta forma buscando lo diferente se repite siempre lo mismo. Así, la separación es imposible, la ley inoperante, las campañas publicitarias y los protocolos de intervención generales, estériles. Lo que la ayudaría a no perdonar todo, es deshacer el vínculo inconsciente que mantiene con quien responde a su demanda de amor con el maltrato.

Del lado del hombre maltratador que, después del feminicidio, “la mate porque era mía”, acaban suicidándose, “no puedo vivir sin ella”, constituye la expresión de dependencia más radical. Matándola a ella, en ese instante la verdad se hace presente, ha eliminado lo que sostenía su existencia, algo frecuentemente adelantado por muchos de ellos como un anticipo profético “la mato y luego me mato yo”. El asesinato, más calculado y preparado, se acomete con más vacilación que el suicidio, lo que implica que la propia vida nada vale sin la que ha arrebatado. Es la expresión de dependencia infantil más radical.

Es difícil, en una sociedad infantilizada como la actual, encontrar un adulto que ejerza y se responsabilice de su vida; esto lleva a una dependencia que se manifiesta en el auge de las patologías más regresivas. Esta dependencia se acentúa en las relaciones de pareja y la manifestación más extrema es la imposibilidad de aceptar perder a esa persona, son hombres-niño incapaces de asumir una pérdida o un abandono; no pueden, en sentido literal, vivir sin ellas, y es por eso que al asesinato le sigue el suicidio como la expresión de la dependencia más radical.

El sociólogo francés Alain Touraine ha analizado el considerable cambio del lugar de la mujer en la sociedad actual: siendo las que piden un mayor número de divorcios no pensando tanto en lo sufrido como buscando una vida más satisfactoria, utilizando más la sexualidad como elemento de construcción de su identidad, combinando sexualidad y placer con la vida pública.

Finalizó su conferencia diciendo que frente a lo pulsional, -imposible de educar-, no sirven protocolos generales de tratamiento que no tomen en cuenta que detrás de cada mujer maltratada hay una historia particular, al igual que de cada hombre maltratador. Las respuestas estandarizadas condenan a menudo a la cronificación y a la repetición, porque sin abordar la particularidad no es posible salir de la repetición.

30.01.09

“La intolerancia de los hombres a la pérdida está detrás del maltrato”*. Manuel Fernández Blanco (La Coruña)

13:15:17, por jalvarez Spanish (ES)

A. Gaitero: ¿El machismo es la única causa de la violencia de género?

Manuel Fernández Blanco: El año pasado hubo los mismos asesinatos que el año anterior y hay un aumento respecto al 2000. Sin llegar a estos casos, las denuncias por malos tratos se han disparado y aumentaron más del 14 por ciento. Esto nos indica que existe un cierto fracaso de las medidas judiciales y policiales, y también de la prevención. Si a esto añadimos que muchos países con mayor índice de asesinatos son algunos de los países nórdicos (Finlandia tiene 10,32 asesinadas por cada millón de mujeres de más de 14 años, Dinamarca, 5,85 y España 3,81) donde las políticas de igualdad están más desarrolladas creo que debemos de huir de explicaciones simples. El machismo es un factor, pero además el lugar de la mujer ha variado en las sociedades occidentales y este cambio no ha ido en paralelo de cambios sustanciales en el varón. La mayoría de las personas que piden el divorcio son mujeres y muchas veces no lo hacen tanto pensando en lo sufrido como en buscar una vida más satisfactoria. Lo ha dicho Alain Touraine, las mujeres están utilizando más la sexualidad como elemento de construcción de su identidad. La mujer ha sido más capaz de combinar sexualidad y placer con la vida pública, y para el hombre es más difícil separar placer y responsabilidades. Tiene mayor rigidez, lo que hace que la relación de dependencia sea mayor en el hombre.

A. Gaitero: Sin embargo, se cree que las mujeres tienen más dependencia del hombre.

Manuel Fernández Blanco: El hombre orienta más su ser en el tener, el tener pareja. La dependencia mayor de la mujer, fuera de lo económico, se da en que espera tener un signo de amor de su pareja, lo que en ocasiones la aboca a situaciones de maltrato: le hace creer las palabras de amor y de arrepentimiento, o interpretar que los celos son signos de interés. Cuando una mujer se instala en una posición de amor permanentemente decepcionada siempre espera que en la siguiente ocasión sea diferente. Esto tiene que ver con su historia infantil.

A. Gaitero: ¿Cómo explica la reacción aparentemente irracional de las mujeres que retiran denuncias?

Manuel Fernández Blanco: A menudo se constata el rechazo de mujeres a las órdenes de protección, hay quienes piden visitar en la prisión a sus agresores, incluso con orden de alejamiento, y en una ocasión un juez negó el derecho a a casarse a una mujer porque con el novio, que estaba en prisión por maltrato, lo que fue interpretado por la mujer como un atentado a sus derechos. Esto da lugar a muchas interpretaciones, la más malévola es un pretendido masoquismo de estas mujeres. En estos casos las campañas de información son poco eficaces porque la reacción de las mujeres tiene que ver la subjetividad y con lo más íntimo. El supuesto masoquismo femenino es una fantasía sexual masculina. No es un goce masoquista, sino una demanda de amor permanentemente decepcionada. Por eso insiste.

A. Gaitero: ¿Y la dependencia del hombre qué consecuencias tiene?

Manuel Fernández Blanco: Hay una infantilización generalizada de la sociedad y tal vez del hombre en particular. Es difícil encontrar a un adulto de verdad, como padre, como persona que se responsabilice de su vida. Esta dependencia conlleva un auge de determinadas patologías y nuevas adicciones, unido al declive de los valores tradicionales. La dependencia se acentúa en las relaciones de pareja y se manifiesta de forma extrema en la imposibilidad de aceptar perder a esa persona. Para estos hombres-niño la pérdida es absolutamente intolerable. Tal vez este fenómeno contribuirá a explicar que al asesinato de mujeres siga, en casi un 30 por ciento de los casos, el suicidio del agresor como expresión de la dependencia más radical: no pueden vivir sin ellas en el sentido literal, porque una vez destruida esa persona ya no tienen con qué sostenerse en la vida. Es posible que el asesinato sea calculado y premeditado -la considera su propiedad y la destruye cuando ya no puede poseerla- pero la mayoría de los actos de suicidios se producen en forma de cortocircuito. Más allá del machismo hay que ahondar en los cambios de la civilización actual y la psicopatología.

A. Gaitero: ¿Qué tipo de tratamientos faltan frente a la violencia machista?

Manuel Fernández Blanco: Las medidas judiciales y policiales son necesarias, al igual que las denuncias. No es una crítica a ese tipo de política pero creemos que insuficiente porque lo pulsional no es educable. Hay que prestar atención individualizada a las mujeres en ese tipo de situaciones, hay experiencias con los hombres maltratadores... Pero el problema de este tipo de abordaje es que se hacen en base a protocolos universales que no toman en cuenta que detrás de cada mujer maltratada hay una historia, al igual que de un hombre maltratador, y que sin abordar esa historia no es posible salir. Hay que buscar una alternativa más allá de las respuestas estandarizadas y dar una respuesta a lo que está en el sujeto.

A. Gaitero: ¿Cuál es la respuesta del psicoanálisis?

Manuel Fernández Blanco: Apunta a lo que no apunta ningún otro tipo de abordaje terapéutico. El psicoanálisis va al origen de porqué una mujer va buscando siempre el mismo tipo de pareja, no ignora la vertiente personal y biográfica.

A. Gaitero: ¿Es un obstáculo a su aplicación el que sea largo?

Manuel Fernández Blanco: Este es uno de los prejuicios que existen contra el psicoanálisis: es cierto que es más largo, pero no hay que esperar al final para ver los efectos. La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis está abriendo centros asistenciales gratuitos para consulta y tratamientos breves para mujeres víctimas de malos tratos. Estos centros cuentan con el respaldo de la Secretaría de Estado de Servicios Sociales.

A. Gaitero: ¿Hay alguno en León?

Manuel Fernández Blanco: En Castilla y León aún no.

A. Gaitero: ¿Quién necesita más cura: la mujer maltratada o el hombre maltratador?

Manuel Fernández Blanco: Posiblemente no lo necesiten ellas más que ellos. Lo que ocurre es que las mujeres están más dispuestas a pedir ayuda, en todos los terrenos. La mujer tiene una relación con la falta menos problemática que el hombre, para quien reconocer un problema y pedir ayuda supone a veces un atentado contra su virilidad y una herida narcisista.

A. Gaitero: ¿Hay que replantear la educación sentimental desde la infancia?

Manuel Fernández Blanco: Las ideas sobre el amor dependen de la cultura de cada momento, pero la dependencia tiene que ver más con la biografía y la historia personal. Tuve el caso de un niño de un centro de menores que se metía siempre en conflictos y acababan pegándole. En la consulta me contó que procedía de una familia de varios hermanos en la que el padre no hacía caso a ninguno, excepto a él, para pegarle. Algo en su inconsciente le hacía pensar que el modo de reconocimiento que tenía del padre era pegarle y eso hacía que lo llevara a todos sus vínculos: hazme caso aunque sea para pegarme, venía a decir este chico. Lo que está fijado en la subjetividad se repite sin saberlo. El encuentro con el analista le permitió aislarlo y verlo. Es por eso que para las cuestiones del amor no interviene mucho la educación, igual que para la sexualidad, depende de las fijaciones de cada uno. No basta con saber algo para tomar la decisión adecuada (sabemos que el tabaco, el alcohol causan enfermedades...) porque hay cierta ceguera del saber frente a la pulsión. Pasa con los abortos: no ha habido una generación tan informada y sin embargo se han multiplicado.

* Publicado en El diario de León.

29.10.08

El desencanto de las cifras. Rosalba Zaidel (Barcelona)

10:37:04, por jalvarez Spanish (ES)

¿El editorial de El País es sólo una consecuencia de la crisis económico-financiera? Es decir, alguien en la redacción del periódico se queja de lo que el culto por las cifras de los estudios médicos genera en gastos. Tal vez no sepa que está teniendo el lujo de asistir a "un antes y un después de".

Según la mayoría de los expertos, la crisis financiera es el efecto de una desregulación. Resulta que la medicalización psiquiátrica, gracias a su función reguladora de la invasión de goce, permitió desinstitucionalizar, vaciar los manicomios. Sin embargo, saber y goce van juntos, hay un saber que engendra una práctica, que a su vez se aboca a otro goce: el uso del medicamento como instrumento de control social y sus excesos (ver más abajo noticia en el diario 20 Minutos-Alicante)

Gracias a la crisis, que no será de unos meses, por la que se busca un nuevo paradigma y que supondrá nuevas regulaciones, ¿tendremos la oportunidad en esta generación de ver un cambio de época?

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El País.
ANÁLISIS: EL ACENTO

No todo es enfermedad.

Todo el mundo baila hoy siguiendo el ritmo enloquecido de las cifras. Y se está viendo que de tanto añadir guarismos a lo que no valía nada, el mundo financiero está a punto de romperse la crisma. El nuevo capitalismo se ha desmelenado en la discoteca global donde toca incansable la todopoderosa Big Band “Números Para Todo”. Si quiere saber si sirve una política, mire los sondeos (números). Si quiere enterarse de qué está pasando, consulte qué noticias son las más visitadas en Internet (números). Si quiere defender la eficacia de un medicamento, sírvase de las estadísticas (más números). "El raloxifeno reduce un 75% las fracturas por ostopenia". Así que no se hable más: ahí está la solución. Resulta, sin embargo, que hasta la propia definición de ostopenia dista de estar clara. Es el diagnóstico que se da cuando la densidad mineral de los huesos es baja, pero no hasta el punto de padecer osteoporosis. Los estudiosos que definieron esa enfermedad admiten que utilizaron criterios "algo arbitrarios".

Aún así, ¿cómo renunciar a vender un medicamento que reduce un 75% el riesgo de fractura en mujeres posmenopáusicas? La cifra, aunque técnicamente cierta, se ha interpretado de aquella manera. Y de una manera tan artificiosa que este dueto del raloxifeno y la ostopenia es uno más de los muchos casos que han provocado un debate que se ha denominado, intencionadamente, tráfico de enfermedades. Lo puso en marcha el periodista australiano Ray Moynihan y denuncia "la venta de enfermedades mediante la ampliación de las fronteras de lo patológico a fin de abrir mercados para quienes venden y administran los tratamientos".

Para poner en el mercado una nueva enfermedad se necesita establecer que la padece un número relevante de personas. Y luego toca colocar la medicina probada ya en otro número representativo de casos. La irrupción de los medicamentos genéricos ya mostró, de manera ostensible, de qué manera se puede inflar el valor de tantas de esas píldoras en las que nos va la vida. "Con la salud no se juega", eso se dice. Pero en este sistema, con la salud sí se juega, y se juega mucho. Tanto que hasta se inventan enfermedades para colocar después sus remedios en el mercado. A buen precio.

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20 Minutos (Edición Alicante)

La Policía obligará a medicar a enfermos mentales que se nieguen
Lo impulsa la Audiencia Provincial de Alicante.

Hay 5.000 enfermos en la provincia que se saltan el tratamiento.
Los expertos alertan de un aumento de casos de maltrato en la familia
.

La Audiencia Provincial de Alicante presentó ayer un protocolo para someter a tratamiento ambulatorio a aquellas personas que sufren una alteración mental grave y que se niegan a recibir un tratamiento médico, alrededor de 5.000 (tres de cada cuatro) en toda la provincia.

En los casos más graves, las Fuerzas de Seguridad acompañarían a los sanitarios a los domicilios de los enfermos que tengan un trastorno mental grave y se nieguen a tomar la medicación previamente prescrita por un médico para obligarles así a recibir su asistencia sanitaria.

El objetivo de esta medida que comenzará a funcionar en octubre es «mejorar la calidad de vida de muchas familias que tienen una persona que se niega a medicarse y las consecuencias que de ello siempre se derivan», ha dicho el presidente de la Audiencia, Vicente Magro.

Por su parte, la Jefa de la Unidad de Psiquiatría del Hospital de Sant Joan, María Angustias Oliveras, ha explicado que con este protocolo «no se trata de criminalizar la conducta de personas con trastorno mental grave, sino mejorar la calidad de vida de muchas familias».

Ha dicho que en los centros de salud se han detectado numerosos casos de violencia familiar por no tomar la medicación, y Magro ha añadido que esas personas serán derivadas al protocolo de reeducación voluntario de cursos de maltratadores. También ha añadido que se han elevado las medidas de alejamiento por «trastorno mental».

Amplíe la notica clikeando aquí: http://www.20minutos.es/noticia/400000/0/obligan/enfermos/medicacion/

22.02.08

¿Por qué no se suicidan ellos primero? José R. Ubieto (Barcelona)

00:34:28, por jalvarez Spanish (ES)

Cada vez que escuchamos un nuevo caso de violencia doméstica, en que el agresor se ha suicidado (o lo ha intentado) tras matar a su pareja y/o a otros familiares, nos preguntamos por la aparente inutilidad de su gesto posterior. ¿Por qué no se suicidó primero, si estaba tan desesperado, y hubiera evitado así la muerte de otras personas?

Tratar de responder utilizando los parámetros del sentido común nos ayuda poco, ya que si algo nos enseña la clínica es que lo más intimo de cada uno de nosotros, nuestro goce más particular es todo menos útil, en el sentido pragmático habitual. ¿Qué tiene de útil fumar, comer o beber en demasía, conducir a velocidad excesiva o escuchar música a tope y en un ambiente cargado de humo y cerrado? Sin embargo son actividades cotidianas de las que gozamos y a veces también nos quejamos por sus efectos “colaterales”.

En la mayoría de casos de violencia de género encontramos una dificultad subjetiva importante del maltratador, -generalmente sin conciencia mórbida-, de la que nada quiere saber y que encuentra en la respuesta violenta una salida que lo protege de esa dificultad, aunque sea al precio de la desaparición del partenaire.

Esa dificultad tiene que ver con una idea fantasmática –no consciente de manera clara- sobre su propia desaparición como sujeto. Una idea que toma la forma imaginaria de una falta de valor, de un poder disminuido, de una potencia que desfallecería. Y es por eso que, para protegerse de ese temor, proyecta esa desaparición y esa impotencia en la pareja: son ellas las que no saben, ni pueden hacer las cosas bien y son por tanto objeto de desprecio como deshechos.

Para que el maltratador pueda sostener su realidad psíquica y social le es necesario, entonces, esa disyunción entre su condición de sujeto poderoso (persona digna) y la de la pareja como objeto degradado. Esto se hace muy evidente en sus relaciones sexuales –momento crítico para la verificación de la potencia masculina- donde recurren muy a menudo a la agresión. El aplastamiento del otro es lo que le previene de la angustia propia del acto sexual y su carácter sádico es lo que le permite no detenerse en sus golpes ante el desvalimiento del otro.

La simple presencia del otro, muchas veces –aunque en la realidad la pareja sea más bien mutista- lo inquieta y le conmina a interrogar él mismo a la mujer buscando una confesión, algo que le confirme que es ella la que busca su perjuicio y por tanto justifica el pasaje al acto agresivo: “O mía o de nadie, antes te mato, eres una puta,...”.

Se trata de un proceso sin fin ya que la confesión del goce de la pareja siempre es insuficiente y no se busca un saber nuevo sino la confirmación de lo ya sabido. Sólo entonces el pasaje al acto hace de límite a su malestar.

La paradoja, dramática, es que esa respuesta de aniquilación del otro implica en muchos casos su propia desaparición, ya que al golpearle y matarla, queda sin interlocutor, sin doble con el que jugar ese peligroso combate entre su impotencia y la confirmación que supone en el otro de esa carencia.

El otro drama es que su pareja, en ocasiones, le ha seguido lejos esperando inútilmente un signo de amor -“ya cambiará, me da pena, en el fondo me quiere y es bueno con sus hijos”- que nunca llega...

08.07.07

Los padres, ¿son biológicos? Por JOSÉ R. UBIETO (Barcelona).

19:23:12, por Redactor-FMA Spanish (ES)

- El caso de la pequeña Alba, primero, y los recientes sucesos de menores ingresados en el hospital a causa de los graves malos tratos infligidos por su padres, han hecho emerger otra de las figuras modernas de la violencia: el padre maltratador. Se suma a la serie de los hombres maltratadores, de los jóvenes violentos y de los xenófobos de todo tipo. De hecho, es una figura antigua bien catalogada en la literatura, en las crónicas de sucesos y en los informes anuales de múltiples ONG y organismos públicos. No olvidemos que la Convención sobre los Derechos del Niño todavía no ha cumplido la mayoría de edad (1989).
Lo nuevo frente a esa repetición está en la respuesta social, en la voluntad de protección que toma a su cargo el Estado y sus organismos judiciales, policiales y administrativos. En estos casos se han mostrado impotentes para ejercer esa protección y parece que la responsabilidad es compartida y por razones variadas: protocolarias, organizativas, competenciales... Todas ellas son mejorables y ya hay iniciativas en marcha que tratan de evitar que esa máquina burocrática acabe convirtiéndose en el mejor seguro para la vulnerabilidad de los menores.
Hay otras maneras de hacer en la intervención con la infancia y adolescencia en riesgo que, más allá de la suma de protocolos y circuitos por donde circulan los casos de manera anónima, ponen en el centro de la acción de los diferentes servicios el abordaje global del caso y la conversación interdisciplinar permanente como garantía de esa intervención. Pero incluso esto sigue siendo insuficiente, porque en la raíz de muchos de estos sucesos dramáticos hay un axioma que debiéramos cuestionar (nos): el peso de lo biológico en el lazo familiar. Seguimos creyendo que los lazos de sangre son sagrados y no deben por eso tocarse, que un padre o una madre "biológicos" - como se dice- tienen derecho per se a disponer de sus hijos más allá de los cuidados efectivos que les procuran.
Todavía encontramos algunos jueces y profesionales del ámbito de la infancia que conceden visitas a padres de niños tutelados, sea en centros residenciales o en familias de acogida, aun sabiendo que la posibilidad de retorno con ellos es inexistente y que los lazos con esos padres son a veces nulos y en otros casos claramente perjudiciales. Sus síntomas previsita y posvisita así nos lo enseñan: angustia, eczemas en la piel, inquietud motriz, trastornos del sueño y de la alimentación.
El argumento es que "su padre tiene derecho por su condición de procreador", olvidando que la paternidad es siempre una atribución, son los niños quienes autorizan al otro como padre y madre, una verdad que cualquier padre adoptivo o acogedor comprueba a diario. La familia, como bien sabían los romanos al distinguir el genitor del pater, no tiene nada de natural, es un artificio, una invención que cada civilización moldea bajo diferentes formas. Por eso la verdad que cuenta para cada niño, más allá de la biología, es cómo encuentra un lugar habitable en ese grupo familiar, un lugar que le permita ser acogido en su particularidad y no como instrumento de la voluntad de satisfacción de los que lo (mal) tratan.
Esta inexorabilidad de lo biológico está en el origen de muchas de las dificultades de los servicios y organismos públicos de protección a la infancia. Es por el peso de esa verdad que muchos actos quedan suspendidos y a veces imposibilitados. Pero ¿no se trataba del interés superior del menor, como principio jurídico del sistema legal de protección a la infancia y de la propia Convención sobre los Derechos del Niño?

JOSÉ R. UBIETO (Barcelona).
Publicado en LA VANGUARDIA, Barcelona, Sociedad, jueves, 14 de junio de 2007. Ver http://www.lavanguardia.es/

27.04.07

Genética y responsabilidad. Por Manuel Fernández Blanco (A Coruña).

09:42:46, por Redactor-FMA Spanish (ES)


LOS SÍNTOMAS DE LA CIVILIZACIÓN
Hubo un tiempo en el que lo que ocurría en las vidas de las personas se atribuía a la voluntad de los dioses. Aun así a los dioses no les estaba permitido todo, y ellos mismos tenían que cumplir con el sino que le adjudicaban las Moiras, diosas del destino.
Vino después un tiempo en el que el monoteísmo se embarró en la dialéctica entre destino y libertad. San Agustín, por ejemplo, enfrentó esa dificultad.
Pero después vino la ciencia. En principio sólo quiso explicar la physis, la naturaleza, pero su imperialismo le llevó a intentar aplicar sus presupuestos y su método al acontecer humano. Fue su atrevimiento y su error: el sujeto no es ningún elemento de la naturaleza que obedece a una secuencia causa-efecto predecible, a lo que se llama una ley universal.
Con la aparición de la sociología, y pasados los años, nos encontramos con el llamado determinismo sociológico: así vives, así eres; según la cuna, así el destino. Era un determinismo bastante asfixiante, pero aún así daba pie a cierta esperanza, ya que algunos sujetos escapaban de la determinación del barrio, la familia, y la parroquia.
Ahora emerge un determinismo más feroz apoyado, aunque no justificado, en la biología, que ha dejado a los humanos como hojas al viento: nada que hacer frente al gen asesino, al gen violador, al gen maltratador. ¿Han pensado los apóstoles de esta irresponsabilización generalizada que, si esto fuera cierto, tendríamos que prescindir del Código Penal porque el sujeto no sería responsable de nada de lo que hiciera? Pero, de verdad, ¿quién se cree esto? Ya conocen la anécdota-ficción: el criminal inculpado trata de disculparse arguyendo que su herencia genética le había llevado a hacer aquello por lo que se le juzgaba y que el no pudo hacer nada para evitarlo. La ironía del juez consistió en decirle que él tampoco podía evitar condenarle.
Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, jamás hizo del inconsciente el nombre de un nuevo determinismo. Encontró que en la historia del sujeto se encontraban sus determinaciones, pero, como Kant, siempre atribuyó al sujeto la última posibilidad de decir no, allí donde había dicho sí. El psicoanálisis mantiene la responsabilidad de todo sujeto ante sus acciones porque entiende que incluso en un psicótico existe, en muchos casos, la capacidad de dar una respuesta ética: recordemos la protesta de Louis Althusser, en su obra póstuma El porvenir es largo, por haber sido eximido de responsabilidad en el asesinato de su esposa debido a su estado mental. Para Althusser resultó dramática la ausencia de un proceso penal. Él quería responder por su acto. Esto es infinitamente más digno que hacer de un gen la causa de cualquier conducta.

MANUEL FERNÁNDEZ BLANCO ( A Coruña).
(Foto: Miguel Martí)
Artículo publicado en LA VOZ DE GALICIA el 10 de febrero de 2006.
Ver URL: http://www.lavozdegalicia.es/

13.02.07

MALTRATO (S): POSICIONES DEL SUJETO (III). Por José Ramón Ubieto (Barcelona).

16:45:35, por Redactor-FMA Spanish (ES)

¿Cuál es el límite de eso a lo que una mujer –ya que nos referimos a la violencia de género- puede consentir en la relación con su pareja? ¿Dónde poner la frontera entre un amor sexualizado y bien tratado y un amor claramente patológico y maltratado?

Una primera respuesta tiene que ver con la capacidad de maniobra del sujeto. No es lo mismo poder ocupar y abandonar una posición que quedar fijado a ella. Poder pasar de objeto en la escena fantasmática a sujeto en la relación o quedarse fijado a ese lugar de objeto del goce del otro. Por eso vemos a mujeres que responden rápidamente frente a una situación de abuso y maltrato separándose de esa pareja y otras que encuentran más obstáculos a esa ruptura. La posibilidad de pensar en una relación basada en el amor implica que los lugares del amante y del amado deben poder dialectizarse, que aquel que es amado debe poder también convertirse en amante y viceversa, proceso que difícilmente se da en las relaciones maltratador-maltratado donde los roles son inamovibles y donde la primera condición del amor –que al otro le falte algo- no se cumple. Si el amor, por definición, alude a la posición de debilidad de cada sujeto (tonto, ciego, flojo,...) es justamente esto lo insoportable para el maltratador y de lo que este huye mediante la violencia.

¿Por qué entonces una mujer aceptaría situarse, de manera fija, en esa posición de objeto caído, degradado, golpeado?
No se trata, evidentemente, de una posición masoquista, en el sentido de una perversión, ya que aquí la mujer no persigue la angustia del otro ni obtiene un placer en esa relación de maltrato. Que conozcamos muchos casos en los que la mujer busca –conscientemente o inconscientemente- el reencuentro con su pareja maltratadora o incluso que recurra la decisión de una jueza que le prohibe casarse con su maltratador o que se haga cómplice de la transgresión de la orden de alejamiento- no debe llevarnos a engaño sobre el valor que esa relación tiene para ella: no lo hace por darse un gusto, como a veces se dice o insinúa más o menos veladamente.

Entonces, si no es masoquismo, ¿de qué se trata? Y ¿por qué llamarle amor patológico? En primer lugar, porque es un uso del amor que produce su propia anulación y ese uso no es ajeno a ciertos imperativos que se imponen a un sujeto por mor de sus avatares, entre ellos los establecidos de manera primaria con sus objetos infantiles, por ejemplo, con la madre como el primer Otro con el que interactuamos. ¿Cuántas veces no hemos escuchado, de boca de estas mujeres, que no puede romper ese vínculo con la pareja porque eso afectaría de manera grave a su propia relación con su madre?, ¿cuántas respuestas de esas madres, ante los lamentos de las hijas, no indican y refuerzan esa posición de resignación sacrificial?

Ocupar ese lugar de objeto degradado tiene sus beneficios inconscientes, aunque dicho así nos resulte un tanto insoportable por lo que convoca de tánatos, de autodestrucción. Ser la amante eterna, siempre dispuesta, de ese otro maltratador, para algunas mujeres, supone darse un ser como mujer y sobre todo como madre. Es muy común escuchar cómo se lamentan, cuando los dejan o los detienen, de la suerte que correrán “ahora que ellas no están para cuidarlos” o de la pena que ha funcionado como obstáculo para la ruptura, a pesar del infierno de la convivencia. Ser nombrada, precozmente, para ocupar ese lugar sacrificial es un destino para muchas mujeres, víctimas de malos tratos, que las conmina a cumplir esa profecía y de la cual no es fácil desentenderse. Las personas, en cuestiones de amor, no somos muy variables y aunque las formas aparentes (parejas) cambien, en realidad tenemos siempre la misma forma de amar, de allí la repetición del perfil de las parejas en la biografía de las mujeres maltratadas.

Por eso no sirve sólo, generalmente, con persuadirlas de lo inadecuado del vínculo y ofrecerles ayuda para la ruptura. Sobre todo cuando se trata de situaciones cronificadas. No es suficiente porque ese escenario de ruptura les abre un horizonte de vacío y de pérdida que provoca una angustia paralizante. ¿Cómo seguir “siendo” una vez roto ese vínculo? ¿dónde encontrar el interlocutor vital? De allí los fenómenos de recurrencia en la relación de pareja, las múltiples idas y venidas y los desesperados intentos de recomenzar tras cada paliza. En ese vacío que implica la separación debe poder introducirse otra causa que la anterior, otras razones que le permitan relanzar el deseo de otra cosa y eso sabemos que no siempre es fácil porque las circunstancias a veces son muy precarias, en lo económico, laboral, social, familiar,...

*fragmento de la intervención en las Jornadas “Ellas hablan”. Sevilla, octubre 2006.
José Ramón Ubieto (Barcelona)

30.10.06

Maltratos: La violencia como respuesta*. Por José Ramón Ubieto (Barcelona)

12:46:13, por Redactor-FMA Spanish (ES)

Tomemos, en primer lugar, la perspectiva del maltratador y descartemos los casos episódicos, aquellos donde el maltrato aparece como una respuesta puntual, sin continuidad, fruto de una contingencia reactiva o de una patologia mental muy evidente.

Para la mayoria de los casos podemos partir de una dificultad subjetiva del maltratador, generalmente sin conciencia mórbida, de la que nada quiere saber y que encuentra en la respuesta violenta una salida que lo protege de esa dificultad, aunque sea al precio de la desaparicion del partenaire. Esa dificultad tiene que ver con una idea fantasmatica –no consciente de manera clara- sobre su posible desaparición o anulación como sujeto, una idea que no por inconsciente opera menos (más bien al contrario), y que toma la forma imaginaria de una falta de valor, de un poder disminuido, de una potencia que desfalleceria, de una falta de reconocinmiento, de un sentimiento intimo de sentirse “en menos”. Es por eso que para protegerse de ese temor proyectan esa desaparición y esa impotencia en la pareja: son ellas las que no saben, ni pueden hacer las cosas bien y son por tanto objeto de desprecio como deshechos.

Para que el maltratador pueda sostener su realidad psiquica y social le es necesario, entonces, esa disyunción entre su condicion de sujeto poderoso (persona digna) y la de la pareja como objeto degradado. Es por eso que para obtener la satisfacion sexual –momento critico para la verificación de la potencia masculina- es necesario el previo sádico de la agresión (forzamiento, violación). Sólo así es recuperable el deseo sexual. Este aplastamiento del otro es lo que le previene de la angustia propia del acto sexual.

Esta dificultad reprimida no cesa de retornar bajo la forma de una demanda del Otro vivida como insistente –aunque en la realidad la pareja sea más bien mutista- que lo inquieta y le conmina a interrogar él mismo a la pareja buscando una confesion, un ¿qué quieres? Pregunta que rapidamente encuentra una respuesta, antes que ella pueda decir algo: “quieres mi goce, mi perjuicio, mi desparación”. A esta certeza –adialectica- responde el pasaje al acto agresivo: “o mia o de nadie, antes te mato, eres una puta,..” Se trata de un proceso sin fin ya que la confesión del goce de la pareja siempre es insuficiente y no se busca un saber nuevo sino la confirmación de lo ya sabido. Sólo el pasaje al acto hace de límite (temporal).

La paradoja, dramatica, es que esa respuesta de aniquilacion del otro implica, en muchos casos su propia desaparición, como se ve en muchos casos donde al asesinato de la pareja le sigue el suicidio –o tentativa- del agresor.

La violencia procura, así, al maltratador una “•solución” que enmascara su condición de sujeto afectado por la falta constitutiva de todo ser humano. La violencia es la respuesta que él ha elegido para abordar la relación al otro sexo y de esa elección debe lógicamente responder.

José Ramón Ubieto (Barcelona)

*Extracto de la intervención del autor en las JORNADAS “ELLAS HABLAN” Sevilla, 2 y 3 de Octubre 2006

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