El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

03.09.10

¿Con quién compartimos nuestra intimidad?* José R. Ubieto (Barcelona)

00:47:40, por jalvarez Spanish (ES)

Compartir la intimidad, hoy, es ya una costumbre social. Nada que ver con los usos de hace unas décadas donde la división público-privado era muy clara. Mostrar lo íntimo, en público, resultaba obsceno y sólo obtenía rechazo y sanción. Esas “vergüenzas” quedaban para el confesor, el médico, el psicoanalista o un amigo íntimo.

Hoy, en cambio, encontramos un amplio abanico de modalidades de exponer lo íntimo. En un extremo asistimos al espectáculo de los reality shows donde lo obsceno se transmuta en negocio o en simple exhibicionismo. En el otro tenemos la versión clásica del cara a cara, donde las figuras tradicionales del confesor o el médico dejan paso al “psi” generalizado: psicólogo, coach, terapeuta en cualquiera de sus modalidades, incluidas las no regladas (esoterismo),... Y en el medio tenemos la modalidad más común y propia del siglo XXI: las redes sociales (Facebook, Tuenti, Twitter,...) en las que el cuerpo se escamotea y permite así cierta desinhibición al dirigirse al Otro, a veces un otro desconocido.

La pregunta entonces es ¿por qué esta pasión contemporánea por revelar lo íntimo? y ¿qué queda de lo íntimo, una vez expuesto públicamente? Desde luego no parece ser ya un signo de trasgresión ni de liberación, sino más bien un indicador de la satisfacción que cada uno es capaz de obtener. Por eso busca, ante todo, el reconocimiento social, que el número de amigos que uno agregue muestre de lo que es capaz, para así darse una identidad más satisfactoria. Los trozos de realidad personal (fotos, mensajes breves, comentarios) que uno comparte, en esta escena pública, son sólo aquellos en los que uno puede reconocerse.

Pero hay otra realidad en la que uno no se reconoce a sí mismo. Otra intimidad más extraña, eso que Lacan llamó extimidad y que nos inquieta y nos angustia porque de todos modos intuimos que tiene algo que ver con nosotros. Esta extimidad requiere de otros parteners para compartirla ya que se trata de secretos, a veces, para nosotros mismos. Secretos dolorosos que interfieren en nuestra vida cotidiana, familiar, social o laboral.

Ahí es cuando llamamos a la puerta de un psicólogo o de un psicoanalista, no para compartir la intimidad, como si se tratase de un signo de amistad, sino para buscar respuestas a preguntas que nos surgen de muchas maneras: como dudas, como actos sin sentido, como malestares en el cuerpo, como compulsiones…. Aquí lo íntimo se nos presenta como extranjero a nosotros mismos y, sin embargo, tan familiar. Es por ello que necesitamos a un extraño que nos ayude a reconocer e interpretar eso que hace síntoma para cada uno.

* Publicado en La Vanguardia - Tendencias.

21.03.10

Una por una, solas, no solitarias*. Vicente Palomera (Barcelona)

15:54:30, por jalvarez Spanish (ES)

“Un fantasma recorre Europa…”. No, no es el fantasma del comunismo, es el de la mujer velada. Hace ya un tiempo que los debates sobre la ley del burka agitan la opinión pública europea. El rostro de la mujer es una piedra de escándalo para los discursos integristas. Les resulta insoportable que las mujeres vayan sin velo.

En las últimas décadas, hemos visto cómo en países vecinos se ha producido una regresión estructural a una única imagen, un giro hacia una homogeneización de la imagen identificatoria de La mujer. El rostro de la mujer supone un atentado al orden público, es un “imposible de soportar”. Pero, detrás de eso ¿qué hay? Está claro, se trata de hacer existir “La mujer” y, para ello, neutralizar el “una por una”. No se trata de hacerla existir como una estrella de Hollywood sino, por el contrario, como un negativo de una fotografía. Una mujer velada es como una foto velada, una especie de negativo. La mujer velada da una imagen neutra de la sociedad al hacer equivaler una mujer con otra.

Así, la mujer velada supone la forclusión del una por una. La portada del libro que presentamos despliega una fotografía con los rostros de muchas mujeres mirando a la cámara. A decir verdad, cada lector es mirado por esa pluralidad que no hace un todo. No hay identidad simbólica que puede alzarse diciendo el "todas" las mujeres y eso tiene consecuencias, ya que la cuestión problemática de la relación de una mujer con la otra, con la mujer “no semejante”, apunta a resolverse en un esfuerzo de identidad imaginaria o real. Un esfuerzo infructuoso.

Es por ello que, en la sociedad de las mujeres, esa ausencia de identidad simbólica lleve a que no haya límites a los intentos de las mujeres a identificarse con las otras mujeres. La compiladora de este libro, Shula Eldar, lo destaca muy bien en el “Prefacio”: “Hay mujeres una por una, y esa zona de indeterminación, fuera de límite, en la cual el patrón fálico es inoperante es lo propio del heteros femenino. Requiere, por lo tanto, ser abordado por medio de otra lógica que demuestre cómo es posible sostener la disparidad que existe entre un sexo que responde de lo universal y el Otro que le existe. Eso hace que la feminidad sea un enigma fecundo y que concierna tanto a los hombres como a las mujeres. Es algo que los escritores y los artistas, como sucede con muchas cuestiones, saben desde siempre”.

Shula Eldar ha sabido reunir en forma coral a diecisiete autores animados por el afán de descifrar la naturaleza del velo que cubre el “una por una”, para descifrar la trama del tejido del que está hecho el velo. Esto me recuerda a Pedro Almodóvar y la escena que supo recrear con un velo hecho por las tejedoras de encajes de un pueblo de La Mancha. En “La flor de mi secreto”, mostró cómo ese velo es en verdad una cortina de encaje tras la cual se atisba un encuentro de una madre hablando con su hija. Tras la cortina, la cámara nos muestra dos mujeres hablando y revela que el secreto no está en el velo tras el cual se atisba Otra escena, sino en la trama misma con la que se había fabricado el encaje de bolillos. Eso nos enseña que en toda trama lo importante no está en la opacidad del velo que oculta sino en los agujeros que están en el mismo encaje del tejido, agujeros que enmarcan la soledad de cada mujer confrontada al misterio de la feminidad.

Lo que Almodóvar pone de manifiesto pues es que la verdad de la soledad no es la soledad con la madre, sino poder estar sola con ese llamado de ser Otra para ella misma como es Otra para un hombre.

Sostener ese “una por una” supone encontrar una palabra que remita al punto de inconsistencia que hay en el Otro, punto en el cual no hay identificación posible. Una por una porque no hay otra manera que mantenerse en una posición de excepción, de extimidad, para utilizar el logrado neologismo de Jacques Lacan. Esta es la razón por la cual, las veces que Lacan habla de la soledad hace de esta no una relación con la madre, sino una relación del sujeto femenino con el Otro.

Terminaré recordando que es precisamente este “sola con el Otro” lo que hace que la sociedad de las mujeres no sea una sociedad unificada, que sea “una por una”. Como lo describió magistralmente William Faulkner, en “Las palmeras salvajes”, describiendo al personaje femenino principal: “Hay algo en ella que no quiere a nadie ni a nada, y después de un hondo y silencioso relámpago, una claridad blanca, raciocinio, instinto, quien sabe qué, ella está sola. No solitaria, sola” (traducción de Jorge Luis Borges). “Not lonely, but alone” es una excelente definición de una sociedad de mujeres: “Una por una, solas, no solitarias”.

* Mujeres, una por una, Shula Eldar (compiladora). Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Editorial Gredos, Madrid, 2009

21.04.09

¿De dónde surge esta pasión de hacer pública la intimidad? José Ramón Ubieto (Barcelona)

00:05:03, por jalvarez Spanish (ES)

La verdadera intimidad, esa que apenas mostramos porque es éxtima para nosotros mismos, tiene otra cara, apenas se entrevé en la angustia. La sociedad moderna, hasta mediados del siglo XX, practicaba una doble verdad reflejada en el conocido dicho de "virtudes públicas, vicios privados". Sólo algunos osados y extravagantes, generalmente artistas más o menos geniales, exponían en público aspectos de su vida privada, de lo que podía considerarse su intimidad sexual y afectiva. Todas las otras versiones de la intimidad, alimento de la prensa del corazón, eran versiones edulcoradas que se proponían más como ejemplo o ideal que como piedra de escándalo.

La posmodernidad ha modificado sustancialmente la relación entre lo público y lo privado. Sin duda internet ha sido el último, y poderoso, eslabón de una cadena que ya se venía fraguando décadas antes.

La intimidad se ha convertido en un producto más del mercado, un objeto de compraventa, al que primero se apuntaron los famosos y que ahora está al alcance de cualquiera. El caso reciente de la venta de su muerte por parte de Jade Goody ha puesto el listón muy alto para futuros intercambios comerciales.

Un dato sintomático de esta tendencia es la asimilación al lenguaje periodístico y coloquial del término psicoanalítico “extimidad”, neologismo que el psicoanalista Jacques Lacan usó en una sola ocasión y que, más tarde, su heredero intelectual, el también psicoanalista Jacques Alain Miller, desarrolló ampliamente en un curso titulado precisamente así: Extimidad.

Hoy encontramos ese término en blogs, proyectos artísticos de diseñadores, críticos literarios... En la mayoría de los casos el uso que se hace poco tiene que ver con el concepto original. Se usa como reverso de la intimidad y se asemeja al hecho de que hoy la intimidad sale afuera, al exterior, se hace pública. Extimidad, como la entendemos en psicoanálisis, tiene otro significado, alude a aquello de lo más íntimo que es irreconocible para el sujeto porque se sitúa en un espacio mental ajeno a su conciencia. Lo éxtimo carece de sentido, no es explicable para el sujeto, porque apunta a lo más real de cada uno. Imaginemos al defensor más decidido de la igualdad de sexos que, sin embargo, no tolera -y no se percibe como intolerante- ciertos detalles propios de su pareja. O el defensor a ultranza de la autoridad patriarcal que cede a escenas en las que es humillado.

El malentendido en el uso del término nos da la pista del fenómeno. Lo que hoy llamamos intimidad en realidad es también una intimidad parcialmente edulcorada, ajustada a los requisitos de la época. Es una intimidad light que sólo muestra la cara de mentira que tiene toda “verdad” íntima (senti-miento). Es una versión de nosotros mismos, una ficción personal, que nos explicamos y compartimos como si fuera la estación última de nuestro ser, cuando en realidad se trata sólo de una parada más.

La verdadera intimidad, esa que apenas mostramos porque es éxtima para nosotros mismos, tiene otra cara, apenas se entrevé en la angustia que es la brújula más precisa para alcanzar ese real más singular de cada cual. La intimidad de Jade Goody no es su cuerpo falleciente ni sus sentimientos, paseados con afán en las pantallas de medio mundo, eso son sólo las respuestas que ella ha encontrado para dar forma a su nudo de angustia.

06.11.07

Una pragmática del psicoanálisis aplicado a la Salud Mental. Por Ana Castaño (Madrid).

17:13:37, por Redactor-FMA Spanish (ES)

RESUMEN DE LA PONENCIA "Una pragmática del psicoanálisis aplicado a la Salud Mental" expuesta en el transcurso de las XI Jornadas castellano-leonesas de Psicoanálisis celebradas en Valladolid el pasado día 26 de octubre. Fotos realizadas por Luis Martínez en la Facultad de Medicina de Valladolid.

Durante más de dos décadas de trabajo en la Institución pública, he ido orientando mi práctica hacia una posible alianza entre el psicoanálisis puro y su forma aplicada.

En un primer tiempo de esta experiencia, la pregunta inicial giraba en torno a las condiciones de posibilidad del psicoanálisis en la Institución de salud mental. Es bien sabido que este tipo de Institución, a diferencia de La Institución analítica, esta regida por la lógica Universal del Para todos, lo que conforma el ideal del discurso del Amo, por lo tanto es indispensable que el lugar del analista se situé en extimidad, descompletando esta lógica: el profesional ha de separarse del ideal institucional para hacer el pasaje de la ética del deber, que compromete al trabajador, a la ética del deseo que implica el acto analítico.

Para esta práctica, es indispensable, contar con el deseo del analista y con los instrumentos que hacen posible el acto analítico: la transferencia y la interpretación, lo demás, lo estándar (el encuadre, el diván, el pago de sesiones) es cuestión prescindible, que en ocasiones ha obstaculizado la incorporación del psicoanálisis a la praxis pública, sirviendo de excusa para apostar por la existencia del mismo.

Hoy por hoy, y a pesar de las interferencias que suponen los protocolos que pretenden medirlo y evaluarlo todo, y de los que en menor o mayor medida somos esclavos (hemos de cumplimentarlos), desde los servicios públicos, en la intimidad del encuentro, de puertas para dentro, la administración nos deja hacer, aunque nuestra práctica no cuente para sus cifras.

LA POLÍTICA

Hasta los años 90 había una importante controversia en nuestra Escuela sobre si la práctica en instituciones se consideraba o no psicoanálisis en sentido estricto. El auge de las prácticas Psi, entre ellas las psicoterapias, llevó a replantearse la diferencia entre psicoanálisis puro, aplicado y psicoterapia, cuestión retomada por Miller en su artículo de Freudiana 32.
En este artículo, Miller, señala que la confusión en la que hay que detenerse no es tanto entre psicoanálisis puro y aplicado, ya que en ambos se trata de psicoanálisis, sino que “Lo importante verdaderamente es lo que en nombre de la terapéutica, confunde lo que es psicoanálisis de lo que no lo es”. En relación al psicoanálisis aplicado matiza que lo fundamental es “que siga siendo psicoanálisis, que sea un asunto del psicoanálisis como tal…”

LA ÉTICA

Es indudable la función social de la escucha y como sostener dicha posición, durante un periodo de tiempo, tiene sus efectos sobre el sujeto. Es la “talking cure” que produce cierto alivio sintomático fundamentalmente en el campo de las identificaciones. En un psicoanálisis de orientación lacaniana no se trata de atemperar o anular el sufrimiento, el síntoma, como pretenden otras prácticas Psi, sino de ir más allá del malestar, más allá de la demanda de amor, para acceder a lo real: “La cuestión ética se articula en el dominio de la relación del hombre con lo real en juego” (Seminario de la Ética. Lacan).

UNA PRAGMÁTICA

Creo que la última enseñanza de Lacan con “saber hacer ahí con el síntoma”, también cada vez, y con la orientación a lo real, permite una pragmática para aplicar el psicoanálisis, qué usos le vamos dando a los significados que definen nuestra teoría (transferencia, tiempo lógico, inconsciente,,,,).
...voy a inclinarme por nombrar, podemos discutirlo, por los usos posibles del psicoanálisis aplicado a la Salud Mental, en función de mi experiencia en el día a día de La Institución.

1-el caso por caso: “No hay clínica sin ética”.
Es cada vez que tomamos un caso que es posible aplicar este modo de hacer. Sería interesante investigar si existen preferencias en la elección, tanto por parte del profesional como del paciente, ya que no es posible el “Para todos”.

2- La práctica entre varios.
La Institución en la que trabajamos no es analítica pero aún así, hay en determinados momentos en que es fundamental trabajar en red, con diferentes agentes y en contacto directo con lo social. Esto nos lleva a compartir casos con otras Instituciones (sanitarias, educativas, sociales, judiciales) y en ocasiones tomar decisiones sobre la vida de un sujeto. Pienso que en este tipo de intervenciones se puede sostener una posición para crear lo que Antonio Di Ciaccia llama el Uno del vacío, donde cada uno de los que integran un equipo o una determinada intervención, se relaciona desde su particularidad con ese vacío.

3- Los grupos.
No podemos ignorar las dificultades que se generan en un servicio público en torno a la demanda y sabemos que uno de los obstáculos es la tan temida presión asistencial que puede colapsar nuestras agendas... En mi servicio se realizan varios grupos, algunos mono-sintomáticos (anoréxicas, fibromialgia, psicóticos) y otros guiados por el peso de un significante (malestar laboral, adolescentes, niños) estando pendientes de elaborar reflexiones teóricas y sus posibles aplicaciones.

4- La docencia.

Los residentes en formación que rotan por este servicio acuden movidos por un interés previo hacia el psicoanálisis y las actividades docentes, acreditadas por el organismo competente tras superar diversos escollos, se orientan desde el psicoanálisis lacaniano. (Taller de supervisión de casos con la participación de miembros de la sede de Madrid, cursos como el alimento como síntoma y para este año una enseñanza alternativa, por fuera de la reglada, sobre textos freudianos). Este es el modo de procurar una transmisión, no sin esfuerzo, y con efectos de formación para los analistas que participamos en esta experiencia pública.

Hay que trabajar, investigar, por el psicoanálisis por venir en nuestra época.
“…luego, todo depende de que lo real insista…”. (Lacan, La tercera)

Ana Castaño (Madrid)

02.11.06

Creer que se cree*.Por José Ángel Rodríguez Ribas (Sevilla).

17:03:00, por Redactor-FMA Spanish (ES)


Creer que se cree*.

Un fugaz pero intenso acontecimiento mediático ha irrumpido en esta acogedora y últimamente lluviosa ciudad. El III Congreso Internacional de Pedagogía Sistémica (1) (Constelaciones Familiares) ha tenido lugar los días 26-29 del presente noviembre. Su ”pope” es Bert Hellinguer. De él se dice en el folleto de presentación:”Nació en Alemania en 1925. Estudió Filosofía, Teología y Pedagogía y se formó en psicoanálisis, en dinámica de grupo, en terapia primal y en métodos de hipnoterapia. Posteriormente se acercó a la terapia Gestalt y a la PNL. Descubrió los órdenes del amor y fue el creador de la terapia sistémica fenomenológica conocida como constelaciones familiares. Actualmente es uno de los terapeutas más sobresalientes, innovadores y relevantes a nivel internacional”.

Con una asistencia de cerca de 800 personas (la mitad fuera)su conferencia inaugural atrajo a un público variopinto de todas partes del mundo y dedicaciones diversas: profesores, psicólogos, arteterapeutas, tarotistas, dramatistas, profesores, gestaltistas, etc. Donde muchos destacaban: la “rapidez, intensidad, eficacia y práctica ausencia de contraindicaciones”(2)de su abordaje. La e-moción, comprensión y un toque “místico” acompañaron todos los actos e intervenciones.

Traigo a colación este suceso, que no es banal ni mucho menos aislado, para ponerlo en serie con el ya clásico texto de G. Vattimo(3) y la reciente aparición del “Porvenir del Psicoanálisis” ,perdón, del “inconsciente”(4) de J. Alemán.

En el primer escrito, la secularización postmoderna iría acompañada por la petición de menos “servidumbre”, de un Jesús más hermano y amigo, compasivo y caritativo con comunistas y homosexuales. Conciencia religiosa como lo “totalmente” Otro. En el segundo y a partir de unas consideraciones sobre la angustia, se apunta a que la arrogancia de lo Uno y el declive del NP, no han traído, como se pudiera suponer, un aflojamiento del super-yo. Antes bien, la cara “gociferante” en la propia ambivalencia de la Ley es la manera particular en que el flujo rizomático del Discurso del Capital (5) sin fisuras, fronteras, ni fallas donde alojar al Otro, acogota al sujeto hipermoderno en una perpetua renuncia sin pérdida alguna.

De ahí, se coligen las evidentes respuestas de las “Psico-neurologías” y/o “psico-teologías” como una, por un lado, búsqueda de sentido a la falta-en-ser de la ex-sistencia en su triple condición “paradojal, imposible y arrojada” y de otro costado, una petición de perdón y de “liberación” del imperativo categórico del “gosoy” del Uno-Todo de la Técnica.

La parafernalia de “psico-mercancías” (y de “psico-adictos”) donde ciertos (neuro)psicólogos parece que ejercen de médicos (llegando a la petición de prescribir psicofármacos) o “facilitadores” que se autorizan de(pseudo)psicoterapeutas sin certificado oficial, ni falta que les hacen, muestran el declive de la misma psicopatología, decadencia que corre paralela al de la propia ciencia y que muta en lugares comunes, donde las letras de la bioquímica molecular casan con las sagradas escrituras de los mitos ancestrales de las identidades nacionales, deportivas y religiosas y que alojaban la genealogía del parlante, sexuado y mortal.

Redoblando, en consecuencia, la alienación sacrificial en algunos casos o proporcionando el tedioso confort -“feliz”- omnicomprensivo de la debilidad mental en otros. No. Definitivamente, las terapias cognitivo-conductuales y sus evaluaciones no son “tan sólo” los efectos, a desenmascarar, del discurso utilitarista imperante. Las nuevas y masivas “psico-religiones” del cuidado de sí ni mucho menos les van a la zaga.

Los analistas lacanianos orientados por y desde lo real, vamos a contrapelo de las posiciones tradicionalistas (vuelta a ley del Padre, Creacionismo teo-darwiniano), hedonistas (“hic et nunc”, muerte de las Utopías) o neuropsicoanalíticas (forzada y oportunista hibridación de lo simbólico con las neurociencias) tal y como hace no mucho enunció J. A. Miller.

Pero dicho “contrapelo” parece que no va, sin acarrear cierta dosis de perplejidad (el saber, el pensar, la con-versación ya no orada la cosa), desengaño (aunque sea este de la buena manera) y alguna que otra “nostalgia progre” del tiempo donde el Logos tuvo un valor de uso en la economía libidinal del sujeto ilustrado.

Con lo que, a propósito de lo expuesto, quedaría abierta la reflexión que propicia la anterior serie. ¿Cuál sería el semblante que conviene a la dignidad que la Cosa hipermoderna nos reclama?, ¿Cómo transmitir la extimidad fronteriza del psicoanálisis sin ceder en la “simpatía” (G. Dessal) por el síntoma y la angustia (ya de por sí antipáticos)?,¿Como dejarse engañar, consentir, a un “nuevo decir” (“significantes vacíos” los llama E. Laclau)-que no sea pleno de goce-sentido- en los tiempos de la clínica de los des-a-nudamientos?

Resumiendo: ¿cómo inventar un amor diferente por el Otro del Lenguaje, en tanto saber-hacer-ahí con un “Creer en la Suposición del Saber”? (6). Una respuesta: “Otro (estilo de) goce es posible”.

José Ángel Rodríguez Ribas (Sevilla)
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Referencias.

1.-Tríptico del programa.
2.-¿Regular las “Psicomercancías?: El analista “con-versador”. José Ángel Rodríguez Ribas. LGC. Nº.30. nov.05.
3.- Creer que se cree. G . Vattimo. Ed. Paidós. BCN. 96.
4.- El porvenir del Inconsciente. J. Alemán. Ed.Grama. BBAA.06.
5.- Derivas del discurso capitalista. J. Alemán. M. Gómez Ediciones. Málaga.04.
6.-Acá quiero referirme tanto a la suposición de saber que el analista encarna, como, a que el propio saber conlleva
en tanto saber, su propia suposición de Suposición. Es lo que hace que el saber no devenga conocimiento.

*Notas para la sesión de presentación del “Curso de Fundamentos del psicoanálisis” de la Sede de Sevilla de la ELP.

09.06.06

DE "LA GUERRA DE LOS MUNDOS" AL PROGENITOR A y PROGENITOR B . 2ª parte -Final-. Por José Manuel Álvarez (Barcelona)

13:30:35, por Redactor-FMA Spanish (ES)

-Clikeando aquí encontrará la primera parte de este post-

La Guerra de los Mundos escenifica, no sin ironía, el infierno del fin de semana del moderno padre separado, trabajador y cansado, que tiene como misión imposible devolver íntegros a sus propios hijos a su ex mujer el domingo por la noche... (Mejor dicho, a lo que queda en la actualidad de una mujer separada: un cruel y exigentísimo superyó...).

Pero también es la respuesta spielbergiana a la supuesta guerra de civilizaciones de Huntington; la que propaga a grito pelado el ideario destructor del actual Thank Thing de la Casa Blanca y su política respecto a la verdadera arma de destrucción masiva a la que toda la civilización se ha vuelto extraordinariamente adicta: el petróleo. En efecto, nos alerta Spielberg, se trata de que en nuestra más recóndita extimidad se aloja una maquinaria infernal que, conectada y activada con según qué discursos, tomará la deriva de la destrucción, la masacre y el exterminio del otro, como si fuese ese capítulo siempre inacabado del nazismo… Ante tal, Spielberg nos propone un remedio que no apela al saber perdido del padre embalsamado, sino al saber del padre depositado en lo real de las bacterias y los virus: “Desde el momento en el que los invasores respiraron nuestro aire, comieron y bebieron, estuvieron condenados. Tras fracasar las armas y los recursos del hombre, fueron reducidos y destruidos por las criaturas más diminutas que Dios, en su sabiduría, puso sobre la Tierra”.

“La Guerra de los Mundos” se sitúa así en la serie de una pequeña catarata de filmes que, justo desde finales del siglo pasado exploran la supuesta declinación paterna y sus consecuencias, mostrando una paleta de imágenes del padre que van desde la impotencia hasta la más estrambótica degradación. (cf. Celebration). Sin embargo, no ha sido sino una película salida de la factoría PIXAR la que, cual dardo afilado y envenenado, propone otra sutil lectura de la tan mentada declinación. En efecto, el film Los Increíbles comienza poniendo en escena el pedido de un muchacho en ser adoptado por un Superhéroe –Mr. Increíble–, y la respuesta de éste no es sino una especie de déjame en paz, un jódete fundamental, que deja tirado y en ridículo al pobre muchacho.

Naturalmente el retorno vengativo del acto paterno no se hace esperar: por un lado, los ciudadanos interponen denuncias por daños físicos y psicológicos después de ser salvados, –incluso de muerte segura–, por cualquiera de los Superhéroes; por lo que el Gobierno se ve en la obligación de retirarlos y darles otra identidad prohibiéndoles incluso ejercer sus poderes. Y, por otro, aquel muchacho rechazado y humillado se convierte en un diabólico inventor de Súper-Robots con los que va exterminando a todos y cada uno de los Superhéroes retirados, hasta llegar a capturar a toda la familia de Los Increíbles que protagonizan la historia.

La escena cumbre de la película descansa en un diálogo en el que, en unas pocas líneas, están condensados todos nuestros sesudos debates sobre la nueva articulación y los nuevos efectos subjetivos derivados del ascenso al cenit social de los objetos de consumo producidos por la industria, y el reinado del ideal consumista; es decir, el reinado de la mirada a martillazos de las leyes del mercado que ha venido a sustituir a la voz del trueno de los ideales paternos.

Síndrome: El robot hará una aparición espectacular destrozándolo todo; habrá miles de personas histéricas…; y cuando hayan perdido toda esperanza, yo los salvaré a todos. Seré mejor héroe de lo que jamás has sido tú.

Mr. Increíble: ¿De verdad que has eliminado a héroes reales sólo para parecer uno de ellos?

Síndrome: Yo también soy real, tanto que te he vencido y lo he conseguido sin tus magníficos dones y sin tus superpoderes. Yo les daré heroicidades, haré las hazañas más espectaculares que se hayan visto nunca; y cuando ya no pueda divertirme más, venderé mis inventos para que todos puedan ser Superhéroes: no habrá excepciones, todos podrán… Y cuando todo el mundo sea Súper, ¡ja, ja, ja!, nadie lo será…

El Progenitor A y el Progenitor B

A partir de aquí, ¿por qué tendría que extrañarnos que en sitios web de talante conservador se hagan cruces y se rasguen las vestiduras porque nuestro rutilante Gobierno –ese que se arroja en los peludos brazos del Proyecto Gran Simio–, no se le haya ocurrido otra que pergeñar, a tontas y a locas, una nueva ley donde se promulga que en el caso de parejas homosexuales adoptantes, la figura del padre y de la madre queda derogada para dar paso a la siguiente nominación: Progenitor A, –que sustituye al pobre padre–, y Progenitor B –que sustituye a la pobre madre...? Ni que decir tiene que el colectivo de lesbianas ya ha estampado el grito en el cielo al considerarse discriminadas por el significante progenitor (que es masculino). Y los grupos conservadores y los defensores de las leyes presuntamente naturales les han hecho coro en sentido inverso, pues si por ellos fuese con gusto irían a pegarle fuego al Parlamento con sus diputados dentro...

La cuestión que interesa es que nadie, a excepción de esos grupos, ha prestado atención a esa reglamentación que tiene rango de ley. Esto es bien extraño, ya que nominar a aquellos que (por declararse homosexuales) desean adoptar un hijo, como Progenitor A y Progenitor B, no sólo es una enorme patraña, sino que además borra en el acto también la más leve diferencia sexual. Es el “exterminio” sexual más grande jamás inventado en nombre de lo políticamente correcto, y por eso hacen muy bien las llamadas lesbianas en reivindicar el femenino para que así al menos, y aún dejando intocado el problema de fondo, se pueda introducir en los enunciados de la ley el mínimo de diferencia sexual. Y es que no hay que olvidar que estos sujetos serán padres en tanto deseen adoptar, no porque hayan sido progenitores de nada..., es decir, serán padres en tanto habite en ellos, uno por uno, un deseo que los conecte con la filiación y que permita a esos niños recibir un lugar en ese deseo particular.

Por tanto, ¿de qué manga se habrá sacado el legislador el significante Progenitor A y Progenitor B? ¿Qué habrá querido evitar? ¿Por qué todos –menos los intolerantes de siempre–, se han cosido ojos, oídos y boca ante esta estrafalaria nominación?

Y, viviendo como vivimos en este mundo tan obsesionado por la salud de nuestros niños, ¿qué pasará con los hijos de tan estrambóticos progenitores? Algo pasará, pero nada que deba preocuparnos, porque en el fondo el legislador sabe que dentro de cada español vive alojado un pillo, un pillo que se las acaba arreglando incluso con los despropósitos de nuestra más que kafkiana Administración. Es lo que vino a escribir Enrique Vila Matas hace unas semanas: “No hay relación sexual, dijo Lacan en su momento, y causó sorpresa en el mundo civilizado (en España no hubo tal extrañeza, es decir, siguieron follando)”. Por eso se podrá verificar toda la declinación paterna que se quiera, pero de una u otra forma la cuestión del padre vuelve una y otra vez como el fantasma al pie del castillito de Elsinor. Compruébenlo si no en esta dirección www.donorsiblingregistry.com donde los hijos adoptados provenientes de donantes de semen, buscan como almas en pena a su padre biológico a partir del número asignado en el banco de esa sustancia tan singular...

¿Pero es que nunca están satisfechos estos hijos de las narices que
cuando nacen de sus propios padres se inventan historias que los sitúa en un linaje superior, –o inferior, si sus padres son de alta alcurnia? ¿Que cuando son adoptados suspiran por conocer a la madre que los donó? ¿Que cuando son inseminados no paran hasta encontrar al manirroto del padre que los depositó en aquel potecito? Pues no, porque al final de lo que uno se hace sujeto, su orientación real respecto del padre no es ni la sabiduría ni la ignorancia del padre, ni la fuerza ni la debilidad, ni lo santo ni lo perverso, ni la presencia ni la ausencia, sino su falta.

Gráficamente es lo que en la serie House, el Dr. Gregory House le dice, con ese humor vitriólico que lo caracteriza a la pizpireta de su ayudante –¡¡¡se lo dice a una mujer!!!: “Tú, sin embargo, eres como mi padre, con esa brújula moral que te obliga a decir siempre la verdad. Eso es una muy buena cualidad para presentarse a unas oposiciones a notario, pero es una muy mala cualidad para ser padre...”

José Manuel Álvarez (Barcelona)

El Psicoanálisis Lacaniano en España

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«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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