21 de Julio de 2012
Crónica: Los sobresaltos de la clínica y el impasse del neuromulticulturalismo. Éric Laurent (París)
Acaba de tener lugar, del 5 al 9 de mayo en Filadelfia, el Forum más concurrido sobre los debates en marcha en la clínica, con un nombre bien elegido. Se trata del 165º Congreso de la Asociación Americana de Psiquiatría. El título y la consigna del congreso eran: integración. Cómo integrar los cuidados psiquiátricos entre el generalista y el hospital en sentido amplio, en un sistema que conoce las dificultades de poner en relación la gestión privada de públicos diferenciados en las diferentes Health Maintenance Organisations, no integradas en un sistema de salud unificado. El sistema conoce también el exceso de prescripciones de psicotrópicos por los generalistas o la dificultad de integrar la psiquiatría civil y la militar en el tratamiento de los veteranos y sus síndromes post-traumáticos.
Un Congreso así representa 10.000 participantes, con profusión de todo: sesiones plenarias, talleres, mesas redondas, cursos, simposiums en el Congreso, invitados insignes, key-note speakers, miles de posters. Empezó por una conversación entre Aaron Beck profesor emérito de psiquiatría en Pensilvania y Glen O. Gabbard profesor de psiquiatría en el estado de Nueva York y en Texas, sobre los puntos de convergencia y de divergencia entre psicoterapias cognitivistas y psicodinámica.
Precisemos: nada de slides, nada de texto, simplemente se habla, lujo supremo. El programa tiene192 páginas, sin contar las que desgranan los cientos de posters. Comienza con 30 páginas de Disclosure Index, donde aquellos ponentes que tienen acciones o compromisos diversos con laboratorios farmacéuticos deben declararlos. También los ponentes que no tienen nada que declarar, tienen que declararlo explícitamente. El programa evoca todo aquello de lo que se habla en el campo de la psiquiatría. Es muy difícil orientarse en ese laberinto democrático donde sin embargo el pecking order jerárquico es muy estricto.
En relación al psicoanálisis, es fácil, no hay más que una exposición en el índice del programa, titulada “Adolescencia y reorganización del desarrollo del niño: un modelo neuropsicoanalítico”. Para el conjunto y el resto es útil remitirse a los artículos especializados del New York Times y del Washington Post que, firmados por Benedict Carey y N. C. Aizenman resumen lo esencial.
Se ha hablado mucho en este Congreso de las consecuencias de la reorganización del campo clínico bajo la influencia del DSM V que será publicado en mayo de 2013, y de la importancia de esta reorganización sobre el “cuidado integrado”. El amo por venir no cesa de polarizar el campo desde ahora mismo. El comité de los 162 miembros encargado de finalizar el documento ha hecho pública su decisión estratégica y altamente política de renunciar a dos novedades que habían sido escandalosas.
Una era la nueva categoría de “riesgo de psicosis atenuada”. Se trataba de poder identificar a los jóvenes en riesgo de desarrollar más tarde una psicosis pesada por sufrir de alucinaciones ligeras o ideas delirantes. El gran riesgo era que se encontraran fuertemente medicados, al precio de efectos secundarios mal apreciados. Las clasificaciones psiquiátricas no pueden darse el lujo de admitir las “psicosis ordinarias” porque habría que medicarlas de manera también ordinaria. También se ha renunciado al nuevo “trastorno ansioso-depresivo mixto”, que abría el camino para recetar antidepresivos al conjunto de la población. No hay que creer que esas categorías son abandonadas, porque fueron propuestas por el sector de los biopsiquiatras más fundamentalistas. Se trata de aquellos que consideran que la patología es probablemente un vasto continuo donde los recortes de la “clínica” no son más que artificios retóricos infundados, y que más valdría distinguir grados de intensidad. Esas categorías serán pues colocadas en una categoría ad-hoc, la que aprendimos a conocer con la literatura de la HAS: “Trastornos que necesitan investigaciones ulteriores”. Sin embargo, es un fracaso del lobby de Big Pharma.
Allen J. Frances, el presidente del comité que había puesto a punto el DSM IV, ahora a la cabeza del movimiento de oposición a las extensiones de los diagnósticos, se alegra de esta retirada pero subraya que aún hay cierto número de categorías susceptibles de provocar efectos perversos como el “trastorno neurocognitivo menor”, o la demasiado fácil aceptación de “la adicción”. Declara a Auzenman “Las implicaciones van más allá de todo lo que usted pueda imaginar... Añada un nuevo síntoma y de repente decenas de millones de personas que hasta ahora no tienen ningún diagnóstico se despiertan con él y serán bombardeadas con publicidad por la televisión para proponerles medicamentos... En lugar de controlar el problema, el DSM V abrirá los diques aún más”. El hecho de que estemos obligados a añadir un párrafo donde se precisa que la tristeza y los síntomas que acompañan una perdida significativa, tienen la apariencia de una depresión, pero no lo son, casi no reconforta.
Hay un punto donde el Comité DSM V ha tomado una decisión de reducción drástica, es sobre el autismo, proponiendo suprimir el “Síndrome de Asperger” así como el “trastorno generalizado del desarrollo” no especificado de otra forma. El alcance de esta decisión ha sido objeto de vivos debates. Un estudio de Yale considera que el número de autistas disminuirá a la mitad, mientras que otro estudio presentado durante el Congreso considera que no cambiará gran cosa de las cifras actuales. Como el diagnóstico es esencial para obtener el acceso a las prestaciones financiadas por los estados, el director del Centro de Estudios sobre el Niño de la facultad de medicina de Yale desea que la última hipótesis sea verdadera y que la situación permanezca estable, pero se pregunta entonces por qué tocar nada.
No obstante, uno de los miembros del Comité DSM V, del que ya relatamos algunas declaraciones en otra crónica, (“Autismo, epidemia o estado ordinario del sujeto”, en LQ nº 194 de 10 de abril) fue muy claro al respecto. Se trata de cambiar la definición para “atajar la epidemia de autismo”. Se deduce pues que no será fácil y dará lugar a reivindicaciones y debates ya previsibles.
Todo el Congreso de Psiquiatría ha estado pues atravesado por la tensión entre extensión y contención. Los neurocientíficos, despreocupados de los problemas clínicos y de todo con su objetivación de las variaciones neurológicas que afectan a los sujetos autistas, se desentienden encantados de los límites.
El artículo de Laurent Mottron publicado en el último número de “Cerveau et Psycho" es ejemplar. “Todo lo que sabemos hoy del autismo nos conduce a ver en él una organización cerebral diferente más bien que una enfermedad” y que “Es probable que el “espectro autista” (...) represente una población considerable (...) un estudio coreano reciente demuestra que un individuo puede responder a los criterios comportamentales del autismo tal como los define la comunidad científica, siendo totalmente autónomo y sin que sus iguales noten nada. Ese sería el caso de más del dos por ciento de la población general, que se añade al uno por ciento para los que la diferencia es evidente. ¿Son “autistas” esos individuos? Sí, si les definimos por un comportamiento particular; no, si les definimos por una enfermedad”. Ya estamos pues en un 3 por ciento, un niño de cada 30, es decir, con la disimetría hombre/mujer, alrededor de un niño de cada 20.
Esta “población considerable”, en esta perspectiva, debe ser acogida con su diferencia y tener acceso al saber según las vías que les son propias, de manera que se optimicen los desempeños de sus miembros. Solo entonces sabremos qué es el autismo, porque de momento “no sabemos como se comportarían los autistas si tuvieran acceso, desde su nacimiento, a la información adecuada”. La comunidad autista es explícitamente comparada con la comunidad de esclavos de las plantaciones.
Los estudios cognitivos han concluido durante mucho tiempo la supremacía de los pueblos occidentales, mientras que no se trataba más que de los efectos de exclusión del saber. No se trata de adaptar la comunidad autista a las maneras de vivir de la mayoría y de querer borrar la diferencia con tratamientos comportamentales artificiales.
En la tradición canadiense del respeto a las comunidades, Mottron propone un neurocomunitarismo: “La demanda de adaptarse a un mundo mayoritario, fundado en una lógica de la mayoría, es una lógica guerrera o electoralista. No debería concernir a las diferencias neurobiológicas que existen en la familia humana”. Se trata de encontrar el lugar apropiado para los miembros de esta comunidad.
A Mottron no le gusta el psicoanálisis en absoluto y nunca deja pasar una ocasión de hacerlo saber, con una falta de matices digna de elogio. Sin embargo, la objeción psicoanalítica a la comunidad de los sujetos reunidos bajo una misma etiqueta debería interesarle. Lo que podemos decir de un sujeto de un tipo no es de gran utilidad para otro. Lo que se trata de apuntar no es la comunidad, es la particularidad. Esto es subrayado por practicantes del método TEACH, como Bernadette Rogé, Profesor en Toulouse-Le Mirail, entrevistado en Mediapart: debemos tener en cuenta la particularidad de los autistas: “su disponibilidad, su motivación, su funcionamiento particular en el plano sensorial, cognitivo, lo que requiere muchas adaptaciones”.
También en el “modelo de Denver”, en el que se combina el juego y el aprendizaje en una “interacción emocional positiva”, “se trabajan todos los ámbitos, lenguaje, adaptación, motricidad (...) de una manera mucho más natural y espontánea”.
Más allá de la objeción por la singularidad el neurocomunitarismo encuentra un impasse por su vocación a extenderse sin demasiados límites a partir de rasgos de comportamiento, compartiendo un mismo disfuncionamiento neurológico no especificado, y que no haga síntoma. En el mismo número de Cerveau et psycho, otro defensor de la desaparición de la clínica en provecho de las evaluaciones neurocientíficas, Franck Ramus, sueña con otra proliferación. Pone en su lugar la hybris del diputado Fasquelle que pretende legislar sobre los tratamientos del autismo. Va más lejos, clama por la creación de una “Agencia nacional de evaluación de las psicoterapias” apoyándose en el argumento bien conocido desde la Enmienda Accoyer: el vacío jurídico. “Los tratamientos no farmacéuticos no son objeto de ninguna evaluación obligatoria, y son colocados en el mercado sin ningún control”. Se ve muy bien cómo vela por que se prescriban todo tipo de obligaciones, se establezcan listas de tratamientos validados, con actualizaciones, puestas al día, con una competencia sobre todo el campo psíquico. Una verdadera fábrica de gas. Vemos en qué contradicciones se ha extraviado la en adelante AFSSAPS, ahora ANSM, mientras que su competencia estaba bien definida: los estudios biológicos. Nos enteramos de su final en agua de borrajas de los proyectos de reglamentación del título de psicoterapeuta (decreto del 7 de mayo de 2010 relativo al uso de ese título, cfr. Comunicado de LQ de 9 de mayo) Podemos imaginar sin dificultad los impases en los que esa nueva Agencia no dejaría de perderse.
Franck Ramus se jacta de no ser un clínico y de no orientarse más que por la “ciencia”, es decir, por el horizonte de las series estadísticas de “la evidence based medecine”. Es el director de investigación en el CNRS y también miembro del KOllectif del 7 de enero, grupo de apoyo del documental El Muro, y “grupo de reflexión sobre el tema de las prácticas terapéuticas para los niños autistas, para hacerles evolucionar a pesar de la resistencia de numerosos psicoanalistas”. La animadora es Brigitte Axelrad, profesora honoraria de filosofía y de psicosociología, autora de un libro sobre “los estragos de los falsos recuerdos” (2011), que sostiene tesis muy diferentes de las de Jean-Claude Maleval (1) sobre las causas de la epidemia de “falsos recuerdos”. En el colectivo encontramos también a Yann Kindo, profesor de historia-geografía militante racionalista, cuyo blog, albergado por Mediapart, dispara contra el psicoanálisis y recomienda la desobediencia civil para “convertirse en plantador voluntario del OGM”. El 10 de mayo de 2012, fiel a las recomendaciones del “Manifiesto para una psiquiatría y una psicología basadas en pruebas científicas” producido por el KOllectif, Franck Ramus publica en otro blog albergado por Mediapart un artículo orgullosamente titulado: “El sufrimiento psíquico no es ni evaluable ni medible ¡Anda ya!”. En él, reafirma su fe en lo bien fundado de las evaluaciones estadísticas para medir todo lo psíquico. Sin embargo, en el dossier consagrado al autismo del número de abril de 2012 de Sciences et avenir, no podía esconder su sorpresa por el poco impacto que había tenido el “Manifiesto” del Kollectif, cuando había querido hacerlo firmar como petición en su entorno. La causa sería simple “Según él, muchos de los jóvenes psiquiatras juzgarían demasiado arriesgado para su carrera decir alto y claro lo que piensan en privado del psicoanálisis francés”, informa el dossier de S&A. Ahí tenemos los dos eslabones de la cadena del campo subjetivo.
Todo lo psíquico se mide, y si algo imprevisto aparece, se trata de un complot psicoanalítico. El hecho, la evidencia, es que el “Manifiesto” ha fracasado. El resto es interpretación.
Notas:
1. Maleval J.-C., Étonnantes mystifications de la psychothérapie autoritaire, Navarin/Le Champ freudien, mai 2012
From: www.lacanquotidien.fr
18 de Julio de 2012
Otra crónica: “Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia”. Gabriela Galarraga (Barcelona)
El pasado 31 de mayo del 2012 asistimos a la presentación del libro de Miquel Bassols “Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia”, de la Editorial Tres Haches.
Participaron en la mesa: Salvador Foraster de la Librería Xoroi, Manuel Cruz, filósofo y catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad, Mario Izcovich, psicoanalista y Director de la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona y el propio autor.
Psicoanalista y miembro de la AMP de la ELP y de la ECF, Miquel Bassols suma en su bibliografía varios libros: “Lecturas de la página en blanco”, “Finales de Análisis”, “LLull con Lacan” “El amor, la palabra y la letra en la psicosis” “La interpretación como malentendido”.
Fue una presentación de libro inusual: no se elogió repetidamente al autor, no se cantaron loas ni alabanzas a su libro, tal y como suele obligar el marketing de las presentaciones de libros...
En el marco de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Blanquerna, se produjo un encuentro entre personas de distintas disciplinas que conversaron sobre las interesantes y diversas cuestiones que este libro abría para cada uno.
M. Bassols situó los orígenes de “Tu yo no es tuyo” en un trabajo de laboratorio “Psicoanálisis y criterios científicos”, de la Universidad Jacques Lacan, dedicado al estudio de la relación del psicoanálisis con la ciencia.
A lo largo del debate se recorrieron diversos temas: el problema de la identidad, la relación del psicoanálisis con la ciencia, la incidencia del discurso capitalista, los efectos en la clínica.
A través de las preguntas e intervenciones de la sala surgió el tema de lo real en las disciplinas científicas así como la construcción de su vínculo con lo real.
M. Bassols respondió citando a Javier Peteiro y su libro El autoritarismo científico: “la ciencia ha dejado de existir, nos encontramos con las ciencias” y, por lo tanto, con la forma particular de cada una de abordar ese real.
El libro toma como punto de partida la fórmula de J.-A. Miller “no hay ciencia de lo real”. El psicoanálisis no es una ciencia si bien surge de ella, y localizar el lugar de borde exterior de lo real del psicoanálisis en la ciencia actual, permite ordenar ciertas cuestiones.
Con la ciencia la relación de lo real y la realidad sufre un desplazamiento, lo real entra en la realidad. Lacan encuentra que lo real no tiene leyes, que lo real es lo que escapa al dominio de la ciencia.
La ciencia siempre llega a un punto irreductible. M. Bassols señaló dos cuestiones no resueltas para la ciencia: ¿Qué es el lenguaje? ¿Qué es la consciencia?
Terras incógnitas en las que el psicoanálisis permite ubicar algo: el Yo no es el sujeto y el lenguaje nace en el Otro. El Yo que aprehendemos a través del Otro, hace presente la división como sujeto.
Algo que tiene claras incidencias en la clínica, en la forma en que se escucha a quien demanda un análisis, no como un Yo idéntico a sí mismo, sino como un sujeto en el cual su conciencia aparece agujereada por su inconsciente. El inconsciente nos orienta, y hace posible que en esos pedazos de real de los que da testimonio, se sitúe la cuestión de la sexualidad.
Manuel Cruz planteó el tema de la identidad, del sujeto y su constante demanda de reconocimiento, y sobre qué ocurre cuando uno reconoce la “condición de artefacto de la propia identidad”.
M. Bassols citó a un autor, Julián Ríos, que frente a la frase bíblica “Yo soy el que soy”, la identidad sostenida en la impostura, dice “Yo soy el que es hoy”, es decir, marcado por la contingencia.
El encontrar la identidad como artificio enfrenta a una incompatibilidad que rompe con el cogito cartesiano, el Yo del “yo pienso” no coincide con el que “soy”.
En algún punto toda identidad está hendida, dividida. El Yo del pienso no es idéntico al Yo del soy, y esa es la división irreductible de la que da cuenta J. Lacan.
Desde la maquinaria de la evaluación se intenta que el sujeto sea cuantificable, evaluado en tanto cifra, para de esta forma ilusoriamente resolver el tema de la identidad.
La ciencia es una ideología de la supresión del sujeto, y en la actualidad hace de la estadística su verdad. Pero el sujeto, correlato esencial de la ciencia, no es medible ni numerable.
El cogito cartesiano marca un momento inaugural de la ciencia, que rompe con el saber derivado solo de la intuición. Descartes sitúa la disyunción entre un real y la realidad, sitúa una categoría lógica: la del universal, independiente de la implicación del sujeto.
Lacan plantea como momento fulgurante en la ciencia: el nacimiento de la física en el siglo XVII.
La lógica matemática, en el siglo XVII; introduce la idea de que hay un saber en lo real, algo que Newton plantea en la creencia en un ser que ordena lo real.
Incluso Einstein retrocede frente a un “Dios no juega a los dados”. La ciencia ha venido a ocupar el lugar de autoridad, incluso de la religión.
Del siglo XVII a mediados del XX se produce un cambio fundamental en el movimiento de la ciencia, un cambio de discurso, una alianza entre el discurso de la ciencia y el discurso capitalista, que cambia el paradigma. Ya no se habla de ciencia sino de tecnociencia.
En la actualidad, según Bassols, se produce un movimiento de péndulo, la ciencia empieza a captar los efectos sobre si misma de la imposibilidad de mantener ese lugar, encontrando así sus propios límites.
Este problema epistemológico se traduce también en un problema ético y clínico.
Lo cual nos convoca desde el psicoanálisis a dialogar sobre estos avances, esos cambios que ponen a prueba la potencia, la eficacia de los discursos.
El tema de lo real, aparece en definitiva como el gran tema de debate para la ciencia y para el pensamiento en el siglo XXI.
“Tu yo no es tuyo” es un libro ambicioso en cuanto a sus citas y referencias bibliográficas, que recorre un amplio número de autores, tanto del psicoanálisis, de la filosofía como de la ciencia en general.
Es un libro en el que se puede leer una verdadera conversación entre su autor y diversos “sujetos de la ciencia” como Nicolás de Cusa, Descartes, R. LLull, Gödel, Borel, T. Dantzig, Cantor, Schrödinger, Feynman, entre otros.
El interesantísimo espacio de conversación e intercambio con el Dr. Javier Peteiro, permite vislumbrar el psicoanálisis como alternativa y posible respuesta a algunas encrucijadas de la ciencia.
Miquel Bassols durante la presentación de “Tu yo no es tuyo” puso de manifiesto, una vez mas, su compromiso con el psicoanálisis, su capacidad para debatir con otras disciplinas, para buscar puntos de diálogo y de encuentro.
15 de Julio de 2012
Crónica: Conferencias de introducción al psicoanálisis. El body Art. Miguel Ángel Alonso (Madrid)
¿Qué es el arte moderno? ¿Qué es el Body Art? ¿Por qué sentimos tanta extrañeza ante sus manifestaciones? ¿Qué esfuerzo requiere de nosotros su carga de ininteligibilidad? ¿Qué finalidad tienen las operaciones que este arte realiza sobre el cuerpo? ¿Qué articulación tiene con lo real?
Estas preguntas surgieron dentro de un ámbito que ya es clásico y tradicional, el de la fructífera conversación que históricamente se viene estableciendo entre Arte y Psicoanálisis, conversación en la que la psicoanalista Vilma Coccoz se adentró para transitar por consideraciones muy relevantes en relación, sobre todo, al martirio del cuerpo reflejado a lo largo de la historia del arte. Al respecto, trató de establecer la conexión entre dos discursos muy particulares: el del Barroco y el del Body Art. Estos discursos, por las singularidades que ponen a la luz con relación a ese sufrimiento corporal, exigirían una implicación y una respuesta por parte del psicoanálisis.
La cuestión de la mirada fue desplegada en primer plano. Vilma parafraseó a Jacques Lacan. Si el inconsciente implica que se lo escuche, el Arte implica que haya una mirada que lo valore como tal –entendiendo que la mirada no es la visión. Pero nos advierte que la mirada depende de los discursos de cada época, los cuales dan a su arte una orientación determinada.
Hizo hincapié en la notable transformación que se produce de la mirada en el mundo actual. Es la mirada del ojo absoluto. Desde esta perspectiva, los cuadros no importan tanto con relación a su aspecto simbólico, a la historia que cuentan, sino que importan más desde el punto de vista del microscopio, es decir, tratar de ver qué hay detrás de la pincelada, detrás de la pintura.
Otra transformación de la mirada, trascendental para la historia del arte, tuvo que ver con la estética barroca. Lacan plantea que no podemos entender ninguna cosa del descubrimiento freudiano si no tenemos en cuenta el vuelco del pensamiento que se produce en el siglo XVI. Dos acontecimientos sobresalen por su trascendencia, el nacimiento de la Ciencia Moderna y la muerte de Dios. La transformación de la mirada consistiría en entender el mundo sin la presencia de la mirada divina. Desde esta perspectiva, evocó a Gerard Wajcman para hablarnos del nacimiento del cuadro en el Renacimiento, el cuadro como recorte en lo real, y su homología en arquitectura con el surgimiento de la ventana. Este sería el sentido de la transformación de la mirada, ya no sería la divina que mira las criaturas, sino la ventana del vidente, del sujeto como tal. Operación simbólica que trae consigo una modalidad distinta de pensar, de vivir, toda una singularidad a la que el psicoanálisis se conecta.
A partir de aquí, Vilma Coccoz realiza un pormenorizado recorrido por el martirio del cuerpo, tan magníficamente ilustrado tanto en el arte religioso como en el Body Art. Paradójicamente, aparece este martirio en el momento en que se produce la muerte de Dios. La consiguiente crisis religiosa que se desencadena hace surgir los movimientos de la Reforma y la Contrarreforma. Programa de restauración que busca un apoyo en los cuadros, en las pinturas. Ellas logran salvar la religión gracias a la relevancia que toma el sufrimiento del cuerpo de Cristo.
Lacan no había caído en la importancia de este hecho hasta que recorre las iglesias barrocas italianas. Allí queda impresionado por las imágenes de sufrimiento que exhibía la comunidad católica en sus cuadros. Y lo interesante es que esos cuadros, esas imágenes, esos semblantes, traducen el mensaje religioso como sufrimiento. En el cuerpo de cada uno se verificaría la existencia de Dios. Gracias a que uno sufre y entrega la vida, el otro se salva. Esa sería la gran operación de la Contrarreforma, ayudada por la imprenta, que difunde esas imágenes por el mundo cristiano.
Lacan dice que esas imágenes pictóricas lograron pintar la inmundicia del goce, la obscenidad del goce, hasta un punto delirante. E ironiza con que el hecho de que en ningún cuadro se habla de la relación sexual entre Dios y su esposa, la iglesia. La comunidad entre Dios y su esposa se produce, sólo, a través de un goce oral.
Lo que le interesaría a Lacan sería señalar los dos discursos que se ocupan de la relación del sujeto con el goce del cuerpo, uno el religioso, otro el analítico. Resulta evidente que el discurso religioso tiene una gran incidencia al respecto, Dios ha muerto, pero es difícil soslayar ese goce fijado por el imperio de los siglos de religión. Al respecto, Vilma Coccoz señaló el siguiente hecho, que la consigna del Concilio de Trento era producir imágenes para “Delectare et movere”, es decir, para agradar y animar, para deleitar y mover a la gente con este discurso. Hacer gozar a la gente que viene a las iglesias implicando su cuerpo.
Para ilustrar la potencia del cuadro y su influencia en el Barroco, se evocó una obra pictórica religiosa, El descendimiento -cuadro de Caravaggio- ante el cual podemos formarnos una idea de lo que era llegar a la iglesia teniendo ese cuadro a la altura de los ojos. Es decir, la iglesia deja de sostenerse en un discurso de adoración a las figuras jerárquicas religiosas y pasa a lo terrenal, a la identificación de las personas con los personajes del cuadro. No importa tanto la historia como la convocatoria que ese cuadro pueda ejercer sobre el vidente. Además, Caravaggio, personaje singular, fue el primero que tomó como modelos para sus cuadros a prostitutas y gentes que vivían en la taberna. Y esto funcionaba. El manejo de la luz de Caravaggio, el singular tratamiento que hace de ella, sitúa y coloca la mirada, la dirige hacia un lugar, hacia un instante para aludir al cuerpo sufriente, a su martirio, pero también a la delectación.
También hizo referencia a otro de los artistas que toma Lacan en el Seminario 20, Bernini. Se decía de él que esculpía las emociones. Su obra Santa Teresa en éxtasis es la mostración del goce irrumpiendo en el cuerpo en el momento del éxtasis.
Una vez hecho el recorrido por el arte religioso del Barroco, Vilma Coccoz se detiene en la siguiente consideración. La única manera de desmontar el valor de goce que tienen los signos religiosos es ser herético de la buena manera.
Hizo referencia a uno de los hitos del recorrido lacaniano, al arte de Joyce, donde aparece en primer plano el cuerpo. También señaló la definición de síntoma, por parte de Lacan, como acontecimiento del cuerpo a partir de la vivencia de James Joyce respecto de su propio cuerpo, cuando este cuerpo se volvió completamente ajeno. El hecho, relatado en Retrato del artista adolescente, se produce cuando recibió una paliza. Pero en lugar de subjetivarla al modo barroco, como sufrimiento, como castigo, Joyce, simplemente, tiene una experiencia de separación, de abandono del cuerpo.
Este ejemplo fue tomado para hacer hincapié en lo que conocemos como última enseñanza de Lacan, la que orienta actualmente nuestra práctica analítica. Porque las personas que vienen a analizarse ponen de relieve la experiencia del cuerpo, la angustia, la inquietud y las satisfacciones que ese cuerpo produce. Todo esto aparece en la clínica dimensionado de una manera nueva, y no se pueda soslayar la importancia que ha tenido el arte del Siglo XX a la hora de llegar a este punto en el que nos encontramos en relación al cuerpo.
A partir de aquí, Vilma Coccoz nos introdujo en algunos hitos del Arte del siglo XX para conducirnos hacia diferentes consideraciones sobre el Body Art y las articulaciones que se producen con el pensamiento del psicoanálisis.
Contrariamente a lo que sucedió en el Barroco, en el siglo XX no hay posibilidad de hacer nada con la muerte de Dios, no hay posibilidad de recomponer aquella potencia del discurso religioso. Por otro lado, no se puede desconocer en la historia de la cultura, del arte y del psicoanálisis, la importancia del Holocausto. Es tomando de frente esa realidad que surge el movimiento inaugural del Body Art: el Accionismo Vienés. Sus integrantes miran de frente lo que ha ocurrido, se sitúan en las vanguardias, en las rupturas de los lenguajes clásicos, como respuesta a algo que no tiene representación. Es decir, denuncian los semblantes y cualquier representación, incluso el cuadro como representación. El que más se significó como representante de este movimiento fue Günter Brus, muy próximo a España, concretamente a La Gomera, y también tiene una relación importante con Goya, artista polifacético. Comenzó intentando romper la estructura del cuadro en la que estaba implicado el sujeto vidente.
Sería ésta una nueva trasformación de la mirada. Ya no se puede mirar de la misma manera, ya no se pueden representar las cosas, y el artista se sitúa dentro de la escena artística. Günter Brus comienza, entonces, a realizar las primeras acciones dejando de lado el caballete, la representación, rompe ese marco y propone otra manera de hacer arte donde el cuerpo del artista esté comprometido en la misma acción artística. Por eso, el movimiento se llama Accionismo. De sus primeras acciones privadas quedan algunos documentos. El blanco radical tiene una gran importancia. Günter Brus prescinde de los colores y opta por el blanco puro, porque conecta con el pensamiento del infinito, con las cámaras de gas, con los poderes establecidos que se visten de blanco, semblantes que pretende cuestionar. Luego saca ese arte a la calle. Es muy famoso el paseo que lleva a cabo en la misma Viena completamente pintado de blanco y una línea negra atravesándole todo el cuerpo –escenificación del sujeto tachado. Un policía lo detiene por alteración del orden público. Ahí plantea quién tiene legitimidad para cuestionar el orden público, ¿los poderes austríacos que han colaborado con el exterminio?, ¿qué es el orden público?
Este movimiento muestra así el valor que tuvo. ¡Basta de hipocresía! En ese sentido, conecta con el discurso freudiano en tanto éste también cuestiona los semblantes y la moral mal entendida. El Accionismo vienés, en lugar de Delectare et movere, tratan de escandalizar, ofender, ultrajar. Es un intento desesperado por parte del artista de que su acción haga reaccionar a la gente ante el discurso del amo y sus mentiras.
Muchos de los artistas de este movimiento, junto con escritores de la época, austríacos también, llevaron esto hasta las últimas consecuencias. Denunciaron al gobierno austríaco, que se posicionaba como abanderado de derechos sociales cuando, sin embargo, colaboró con el exterminio. Günter Brus se convirtió, de este modo, en el austríaco más odiado, se convirtió en el objeto imposible de soportar, porque encarnaba algo real que intranquilizaba a la gente. Tratando de demostrar que más allá de los semblantes se podía salvar a la humanidad, que la humanidad, después de lo que había pasado, quedaba desamparada, reducida a un cuerpo, tratando de demostrar eso, llegó en sus acciones a un acto desesperado: mostró la inmundicia del cuerpo masturbándose en público mientras sonaba el himno austríaco.
Pero lo importante, señaló Vilma Coccoz, es que este trabajo impresionante realizado por Günter Brus vino a ilustrar que, por mucho que se denuncien los semblantes, el discurso del amo, los poderes, el desamparo humano, eso no cambia las cosas. Günter Brus se podía matar, se podía mutilar, como hizo alguno de los miembros de su movimiento artístico, pero lo real permanece intocado. Es decir, cualquier acción, por extrema que sea, sigue siendo un simulacro. Siempre se vuelve a la palabra, a la cultura, a la literatura.
A partir de aquí, en la figuración que Günter Brus realiza de Goya, comienza a hacer cuadros poema, en los que logra traducir lo que había captado, pero a través de los semblantes. Comprendió que no se muestra lo real por el hecho de agotar y eliminar todos los semblantes. Lo real es un efecto de la palabra, está detrás de la palabra.
En la ordenación de este recorrido por el Body Art, Vilma hizo una digresión para ilustrar la enorme repercusión que tuvo el Accionismo en la lucha de las identidades sexuales. Las artistas mujeres tomaron su resonancia y empezaron a mostrar, en sus performances y en sus acciones, el carácter sufriente del cuerpo femenino y, en concreto, la mujer vapuleada por el discurso machista. Surgen artistas muy importantes, como Gina Pane, artista mártir, produce cortes en su cuerpo, camina sobre cristales, toda una puesta en escena que nos traslada nuevamente a los cuadros barrocos, pero ahora en lo real de la vida misma.
Nuevamente, lo interesante es la conclusión a la que llegó este nuevo movimiento. Como forma exasperada de discurso histérico en el ámbito de lo artístico no conduce sino al horror. Había que detenerse. Lo importante, entonces, es comenzar a generar nuevos semblantes, no sólo destruir los antiguos.
Aquí surge Orlan, un hito muy interesante en la historia del Body Art. Ella dice no a la presentación del artista mártir que muestra con el sufrimiento de su cuerpo, con el corte del cuerpo, con la sangre, la subjetividad desesperada que intenta salvarse. Se puede reivindicar una nueva subjetividad sin mostrar ese dolor. Y lo hace irónicamente sometiéndose a operaciones en la que transforma su imagen. Para ella también se trataría de atacar los modelos religiosos femeninos típicos transmitidos por la religión y demostrar que las identidades son construcciones sociales y discursivas. Es decir, si uno quiere, puede fabricarse una identidad. Para demostrarlo se hizo operaciones estéticas filmadas que ella misma diseñó, donde las enfermeras iban vestidas por grandes modistos, y sonaba la música de Bach. Toda una coreografía para intentar, por ejemplo, colocar en su cuerpo la sonrisa de La Mona Lisa. El resultado es impresionante. Va trasformando su cuerpo para mostrar que éste es un semblante, que no es real. Se puede cortar, pero la anestesia lo hace sin sufrimiento mientras se trasforma en otra cosa.
De forma irónica se denomina a sí mismo Sainte Orlan. Es una referencia a los signos religiosos. Inaugura, por tanto, una vertiente nueva del Body Arte a la que denomina Carnal Art donde se elimina el factor del artista mártir.
Una de sus obras consiste en instalar en el Grand Palais de París una imagen de dos metros ochenta con una foto suya, y con 5 francos cualquier persona puede ponerle una vela porque es Santa, o bien darle a la artista un beso con lengua. Jacques Alain Miller, en la entrevista que tiene con ella, queda sorprendido. Para realizarla tuvo que pactar con ella un permiso para ser pintado en su cuerpo, para hacerle fotos comiendo, etc. Él trataba de entender la relación de esta mujer con el cuerpo. Vendría a decirle que ella, que denuncia la manipulación de la mujer, la prostitución, sin embargo viene a hacer lo mismo. Orlan sostiene que no.
Lo que cuenta es muy importante para un psicoanalista. Acudió tres veces al psicoanalista. En Francia es muy común pagar las sesiones con cheque. La primera vez paga con el cheque. El analista le dice que la próxima vez pagará en metálico. La siguiente vez le dice que le va a pagar en cheque otra vez. Y cuenta que era muy sensible a las contradicciones. Esto le hizo pensar, y se dio cuenta de algo importante. Cuando ella firmaba, ponía una rúbrica en la que se leía “mort”, muerte, y dice que ahí empezó a creer en el psicoanálisis. La creencia en lo real del inconsciente no hace falta que pase por el cuerpo despedazado, hace falta que pase por la palabra. Es decir, se da cuenta que hasta el momento estaba muerta, ahora necesitaba una nueva identidad. En definitiva, se da cuenta de que lo real no está en el cuerpo, no hace falta destrozar el cuerpo para tocar lo real. Hace falta vestirlo con un semblante que tenga una cierta dignidad para presentarlo fuera. Y se construyó una identidad como artista.
Concluye así la exploración artística y la búsqueda del psicoanálisis. Una vez producida la catástrofe de los discursos durante el siglo XX, y ya sin ninguna posibilidad de reconfiguración por el discurso del amo, surgen otros discursos como el artístico y el analítico. Por parte del psicoanálisis ya no se trataría tanto de una narración para el descubrimiento del inconsciente, sino de una construcción –Lacan va a definir el recorrido del análisis en el Seminario 17 como una elaboración constructiva. Por su parte, los artistas, una vez que llegaron a la conclusión sobre lo real, están trabajando sobre la construcción de nuevos semblantes.
A modo de una primera conclusión, Vilma Coccoz sostiene que todavía hay casos extremos que siguen en una vía exasperada e inútil, pero hay otros casos interesantes con los que puede entrar en conversación el psicoanálisis. De hecho, muchos artistas que comienzan a tener en cuenta el discurso lacaniano y su estructura trinitaria. Estamos hechos no solo de simbólico e imaginario, sino también de real. Lo real es miserable, por eso es necesario vestirlo y darle una cierta compostura.
Y como segunda conclusión evoca el momento de su ponencia en el que hizo referencia a ser herético de la buena manera. Y es que el discurso religioso, el discurso del amo, el discurso capitalista, el discurso científico, no se ponen en cuestión con una denuncia, pues esa denuncia lleva siempre a la impotencia. Lo que realmente puede poner un tope a la devastación de esos discursos en tanto eliminan al sujeto, es la construcción de nuevos semblantes. La lógica trinitaria es necesaria. Mientras que el discurso científico y el capitalista muestran su fantasma haciéndonos ver que todo es posible, que todo se puede decir, que todo se puede ver, que todo se puede descifrar, el arte y el psicoanálisis, apoyándose en la imposibilidad, tienen mucho que decir.
Para ilustrar la buena manera de ser herético evoca a James Joyce y a Lacan. Aquél tenía una gran formación jesuítica, lo cual le permitió introducir, en el discurso religioso, la ironía, el chiste, el equívoco, para hacer surgir el rompimiento de los signos religiosos.
Lacan, por su parte, concibe el discurso analítico como el que consigue descifrar el sentido que pesa como un destino sobre el sujeto. Pero hay remedio para ello, algo se puede construir sobre ese destino, una nueva ética y una nueva estética a partir de los hitos del cuerpo, de las palabras de los otros, de todos los que nos antecedieron. En este sentido, la labor del arte es muy importante, esperemos que la del psicoanálisis también.
12 de Julio de 2012
Para una clínica basada en la clínica*. Carlos Rey (Barcelona)
Libres de grasa ideológica, las ideas que aquí se proponen son como liebres: pura fibra para huir veloces de cautiverios y servidumbres. Así son los ensayos con los que esta sección celebra llevar ocho años dando la matraca al pensamiento único proponiendo Otras lecturas*. Tres de estos ensayos son potentes críticas al Devocionario de la Salud Mental que utiliza la clínica oficial, esa que en estos lares está regida por la patronal de los grandes proveedores privados de la Sanidad Pública. El cuarto ensayo se presenta como alternativa clínica y ejemplo de que otra práctica (p)sí es posible.
Uno. Veinte profesionales psi del centro y cono sur de América han reunido sus críticas al DSM en un libro de sugerente título: El libro negro de la psicopatología contemporánea. Los psicoanalistas Silvia Frendrik y Alfredo Jerusalinsky son sus compiladores y los que nos lo resumen: «La consigna que nos reunió es analizar las consecuencias de una práctica que considera los signos “objetivos” como datos inequívocos en contraste con el desciframiento y la escucha cuya clave y código se encuentran en el paciente mismo y no en las siglas o las listas de indicadores de un manual. Sólo queda esperar que la fuerza de inercia de la destrucción del sujeto que se practica en la vida contemporánea se detenga al menos en quienes aún se permiten formular dudas y sostener preguntas».
Dos. El ensayo de Christopher Lane La timidez. Cómo la psiquiatría y la industria farmacéutica han convertido emociones cotidianas en enfermedad, ha llegado hasta nosotros precedido de muy buenas críticas y premios varios, como para provocar urticaria a cuantos han usado hasta el abuso el seudo-diagnóstico fobia social. En el escrito de aceptación del premio francés a la mejor escritura médica, nos dice: «Deseo que el Premio Prescrire 2010 sirva para llamar la atención sobre las maneras arrogantes, fortuitas y a veces ridículas con las que se aprobaron formalmente 112 trastornos mentales nuevos en 1980. Ese año apareció en los EE.UU. y en el resto del mundo la tercera edición del DSM (…) Al mando del grupo de trabajo del DSM-III, Robert Spitzer despachó los criterios para dos nuevos trastornos en cuestión de un par de minutos. Sorprendidos, incluso sus colegas no podían dar crédito a semejante velocidad. Uno de los participantes contaría después a la revista New Yorker (enero de 2003): “Había muy poca investigación sistemática en lo que hacíamos y mucha de la investigación existente era más bien un batiburrillo -dispersa, inconsistente y ambigua-. Pienso que la mayoría de nosotros admitía que la cantidad de ciencia, buena y sólida, sobre la que basábamos nuestras decisiones era bastante escasa”. (…) Lo que mi libro ha conseguido, de un modo que los lectores de los DSM no pudieron hacer, fue juntar las piezas de cuántos de los 112 trastornos llegaron a existir en primer lugar. Como he dicho, tuve acceso y he podido citar libremente toda la correspondencia, documentos y votos que circularon entre bastidores. En los tiempos en los que no existía el correo electrónico y en los que la información crítica no podía eliminarse con pulsar sólo una tecla, estos documentos permitieron a la Asociación Psiquiátrica Norteamericana patologizar comportamientos para los que se han prescrito y se siguen prescribiendo antidepresivos a millones de personas en todo el mundo».
Tres. Richard Bentall es doctor en Psicología Experimental y licenciado en Filosofía aplicada al Sistema Sanitario (para que luego digan que las humanidades no tienen aplicaciones prácticas). También fue catedrático de Psicología Clínica en las universidades de Liverpool y Manchester; actualmente lo es en la Universidad de Bangor (Gales). Este autor ha sido premiado en dos ocasiones por la Sociedad Británica de Psicología. En 1989, por su contribución a la Psicología Clínica y en el 2004, por su libro Madness Explained: Psychosis and Human Nature.
R. Bentall lleva 20 años investigando sobre la pobreza epistemológica con la que se quiere justificar y validar que la esquizofrenia es una enfermedad mental con marcadores biológico-genéticos, y denunciando, en consecuencia, la facilidad con la que el diagnóstico de esquizofrenia ha pasado de ser una hipótesis provisional a considerarse un axioma, cuando no dogma de fe. (Remito al lector interesado a releer las Otras Lecturas de Febrero-2007, donde se habló del libro Modelos de locura; ensayo en el que este autor critica la pretensión científica -y autoritaria- de que comulguemos con ruedas de molino y fraudes varios).
Bentall es noticia hoy por la traducción de su último ensayo Medicalizar la mente, donde nos demuestra que ni con la aplicación tramposa de la estadística se consigue reducir la baja fiabilidad de los diagnósticos que tanto la Academia como los mercados nos venden como científicos. Medicalizar la mente remite tanto a la absurda aplicación del modelo médico al estudio de la mente y al tratamiento del pathos psíquico, como a su consecuencia, es decir, a medicar sin enfermedad. Este autor nos anima a que tengamos un criterio propio, nuestro propio modelo, que es tanto como decir que nos atrevamos a pensar con voz propia y construir teorías agrupadas en una psique-logia de nuestro propio quehacer. Si Bentall se emplea a fondo para demostrarnos que los diagnósticos del DSM no son significativos, es decir, ni científicos ni clínicos, es para que dejemos de beberle los vientos al modelo médico en general y, en particular, a la psiquiatría biológica. Máxime cuando -como se nos dice en este ensayo- «en 2005 incluso el presidente de la Asociación Americana de Psiquiatría llegó a lamentar que “como colectivo profesional, hemos permitido que el modelo bio-psico-social se haya convertido en el modelo bio-bio-bio”». Tiene razón, y cada colectivo de profesionales tendrá que hacerse co-responsable de la retallada de lo psico-social en el estudio y tratamiento de lo psíquico.
Los ensayos anteriormente citados coinciden en que fue el liberalismo económico quien favoreció que los neo-kraepelinianos, con el Dr. Robert Spitzer a la cabeza, publicaran en 1980 el DSM-III, y a Mrs. Thatcher y Mr. Reagan bendecir políticamente ese cambio de rumbo. De esos barros, estos lodos. Y vaya por delante que si no se nos hubiera impuesto como criterio único de diagnosis clínica, no estaríamos hablando de este manual que, como dice Bentall, tiene la apariencia de «menú de un restaurante chino» y «la mayoría de los diagnósticos psiquiátricos son casi tan significativos a nivel científico como los signos del zodíaco».
Por eso es que, como alternativa al reduccionismo biológico que domina las clasificaciones internacionales, propongo al lector interesado el potente ensayo de Fernando Colina, psicopatólogo, alienista del Pisuerga, miembro de la Otra Psiquiatría y jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Río Hortega de Valladolid. Melancolía y paranoia es el título de este ensayo sobre psicopatología exclusivamente clínica (que ya es triste que se tenga que aclarar que la psicopatología ha de ser clínica); y escrito con una prosa cuidada hasta el mimo. Juzgue el lector lo que digo leyendo el siguiente párrafo en voz alta. «Melancolía y deseo. El síntoma universal, el síntoma por excelencia del gran círculo melancólico, es la tristeza, como la desconfianza es en el eje de la paranoia. El origen de esa tristeza, irremediable y natural, no es otro que la propia condición del deseo. La tristeza es el eco del deseo, su llanto, su sollozo. Todo deseo concluye en placer pero también en insatisfacción y pérdida. Sin el lastre de la tristeza el barco queda mal estibado y se escora con facilidad. Observada desde ese ángulo, la tristeza puede entenderse como la respiración del deseo, la expiración e inspiración con las que se alternan el placer y el dolor. El melancólico, siguiendo este razonamiento, tanto puede representar al hombre fracasado en el deseo como a su héroe y vencedor más audaz».
Ayudado del estudio de los clínicos que nos han precedido y la fenomenología de su propio quehacer clínico, Colina nos propone pensar la locura como un trastorno único y múltiple -las psicosis: melancolía, paranoia y esquizofrenia- según pongamos el acento en las semejanzas o en las diferencias. Dos, a despegarnos del modelo de las estructuras cerradas y discontinuas a fin de que nos permita pensar las psicosis, también, como eslabones de continuidad. Y tres, a plantearnos la existencia de un denominador común en todas las formas de locura y la supuesta normalidad. Que es tanto como decir que: «Entre psicosis y neurosis no habría ruptura estructural. (…) Sea como fuere, estas dos opciones diferenciadoras, no estrictamente nosológicas, que estudian las psicosis tanto desde la continuidad como la discontinuidad, desde lo común y lo diferente, vienen a oponerse a la inclinación de entender las distintas psicosis como enfermedades naturales, autónomas y específicas, y, del mismo modo, se enfrentan al intento de homogeneizar todas las expresiones clínicas bajo una dimensión reductora»..., y así aplicar la misma prescripción farmacológica.
Aunque el texto de Colina se centra en la melancolía y la paranoia, no tienen desperdicio las perlas clínicas que dedica a la tercera psicosis en discordia: la esquizofrenia. Y que por economía de espacio solamente se anuncia.**
A pesar de que «la melancolía posee más de veinticuatro siglos de historia, (…) que es la enfermedad del alma por excelencia» y que «la melancolía y la locura fueron sinónimos durante siglos», hoy, dos siglos después de que Esquirol renegara de la melancolía por considerarla cosa de poetas, y «tras quedar durante un tiempo identificada provisionalmente con la psicosis maníaco-depresiva, se intenta dar a ambas por desaparecidas tras el auge creciente y absurdo de la noción de bipolaridad». Los ensayos que aquí se citan coinciden al denunciar que estos reduccionismos de nuevo cuño, al final, nos están dando más problemas que soluciones, pues incurren en una inflación psicopatológica que se quiere justificar con el concepto de co-morbilidad, «concepto que ilustra perfectamente la pereza del pensamiento psiquiátrico». Como por ejemplo: «el torpe acto de enjuiciar la depresión post-psicótica como el resultado de la mala suerte de quien después de una esquizofrenia contrae otra enfermedad», cuando «tal tristeza no es sino la consecuencia del duelo del delirio y el retorno del psicótico a una inhóspita realidad». Cuestión que ya en 1575 se lo advirtió a la ciencia, el que ha sido elevado a la categoría de patrón de la psicología: Juan Huarte de San Juan. «Que en alguna manera me pesa de haber sanado, porque estando en mi locura vivía en las más altas consideraciones del mundo, y me fingía tan gran señor que no había rey en la tierra que no fuera mi feudatario. Y, que fuese burla y mentira, ¿qué importaba, pues gustaba tanto de ello como si fuera verdad? ¡Harto peor es ahora, que me hallo de veras que soy un pobre paje y que mañana tengo que comenzar a servir a quien, estando en mi enfermedad, no le recibiera por mi lacayo!».
La invidencia científica (esa de «la causalidad biológica y los modelos conductuales que excluyen la dimensión del deseo y el sentido interpretativo de los actos», y que el discurso universitario le ha procurado púlpito y cátedra) ha fracasado en su intento por desterrar la melancolía del discurso clínico, pues la cantidad de trastornos que se ha inventado -que no descubierto- no alcanzan para sustituir su potencial clínico. Ni como psicosis maniaco-depresiva, depresión psicótica, trastorno bipolar psicótico, depresión mayor, trastorno bipolar, depresión bipolar, depresión unipolar, depresión maníaca, trastorno esquizoafectivo, depresión mayor, depresión endógena, depresión reactiva, depresión menor, ni, mucho menos como depresión a secas, se ha conseguido dar gato por liebre. Lo que sí se ha conseguido es crear un movimiento contestatario*** al pensamiento único que propone el retorno a la clínica y al sentido común, pues no puede ser que se nos venda en congresos y mesas redondas, que las nuevas perspectivas de la depresión consisten en considerarla como una pandemia del siglo XXI. Para pandemia la medicalización de la vida cotidiana, el maniaco «ánimo prescriptor que lo tiñe todo con su prosaico discurso». Colina señala a López Ibor como «precursor ideológico de esta epidemia», al pretender hacer equivalentes la melancolía y la depresión.
En el mejor de los casos, la melancolía -y la tristeza que la distingue- permite el duelo: la elaboración de la pérdida para que el deseo se renueve y la pulsión siga empujando, más allá de que el objeto -o su perdida- pretendan ralentizar o detener su avance. En el peor de los casos, culpable y fiel a su dolor, el melancólico prefiere el objeto perdido a su propia vida. Siguiendo a Freud, el gran valedor de la melancolía en el siglo XX, Colina lo dice así: «detrás y delante de cada deseo hay un duelo. Una pérdida...(...) es melancólico quien no se recupera, es decir, aquel que no es capaz de trasformar la pérdida agobiadora en estimulante falta».
Respecto de la depresión, Colina es contundente: «En sí misma, la depresión no es una enfermedad», por más que insistan «la multitud de guías y protocolos existentes, que confunden más que aclaran y que a menudo tienen más de panfletos ideológicos que de instrumentos útiles. La depresión debe entenderse como un síntoma plural que puede surgir en la totalidad de los procesos psicopatológicos. (…) La depresión es un avatar del deseo y poca cosa más». Otra cosa es que se la quiera utilizar como eufemismo de la melancolía, como sambenito para medicalizar la tristeza ordinaria, o al que desoye el imperativo social y se atreve a levantar el pie del acelerador y el consumismo. Curiosamente, el capitalismo conoce y explota la lógica del deseo, pues, aunque vende felicidad sabe que lo contrario de la tristeza no es la alegría sino la actividad. Consumismo en el discurso capitalista, consumo no racional en el decir de los que tienen las tijeras por el mango, e hiperactividad en el discurso de la invidencia científica. Para Colina el «TDAH debe verse como la reacción infantil a un conflicto que retiene el deseo, y algo similar cabe decir de muchos comportamientos de los llamados trastornos límites de la personalidad en la adolescencia y la edad adulta. (…) En resumidas cuentas, siempre que el deseo está comprometido, la acción se inhibe o intensifica».
La clínica de los mil matices, como la llama Colina, es aquélla que se abre de orejas a la dinámica o nivel de intensidad del síntoma; cuestión que la aleja del reduccionismo y diagnosticar a plantilla. La clínica del caso por caso evidencia que no es lo mismo la suspicacia, la desconfianza, la sospecha, la convicción, la creencia, la certeza... que el delirio paranoico propiamente dicho. Esta clínica, que como diría Bentall, considera que las personas se parecen más a las películas que a las fotografías, está mucho más cerca de la condición humana, y su psicopatología es mucho más dinámica que la de la clínica anglosajona, cuya pathology equivale a lo que en los idiomas de Europa continental significa anatomía patológica. Así se entiende que la evidence-based medicine, que nuestras facultades de psicología o ingenierías del yo llevan bajo palio..., desprecie el saber que proviene de la clínica, del paciente. La E.B.M. se maneja mejor en la ausencia del sujeto, pues le molesta que se mueva o le hable mientras le practica la autopsia.
Y, sin embargo, tal y como nos dijo Georges Canguilhem en Lo normal y lo patológico: «En materia de (psico)patología, la primera palabra, históricamente hablando, y la última palabra, lógicamente hablando, le corresponde a la clínica. Ahora bien, la clínica no es una ciencia y nunca será una ciencia, incluso cuando utilice medios cuya eficacia esté cada vez más científicamente garantizada. No existe una patología objetiva. Se pueden describir objetivamente estructuras o comportamientos, pero no puede decirse de ellos que son patológicos refiriéndose a un criterio puramente objetivo. Objetivamente sólo se pueden definir variedades o diferencias, sin valor vital positivo o negativo». Por eso es que se puede decir bien alto que no existe la normalidad sino lo normativo, es decir, ideología dominante..., que recurre a la Ciencia para legitimarse, con la misma desfachatez que la Ciencia recurre al autoritarismo para la cuadratura de sus hipótesis y para exigir ser tratada como el único saber posible... y/o permitido.
Pero como nos dijo Antonio Escohotado en el programa de televisión Pienso luego existo: «La ciencia es un mito, en la medida en que nunca puede terminarse. Nunca estará acabada nuestra versión del mundo. Pero esa condición de mítica, en modo alguno reduce su capacidad o su contenido de veracidad, porque su veracidad es la precisión, es decir, hasta qué punto refleja el estado del mundo. Y como naturalmente el mundo ofrece miles de perspectivas, pues miles de perspectivas debe adoptar la ciencia. Lo trágico del pensamiento científico es que, en parte por la profesionalización de los últimos siglo y medio o dos siglos, y en parte por la tendencia natural de los seres humanos a la arrogancia... y al monopolio, pues, lejos de ser una aventura interminable, se constituye como algo que está prácticamente terminado».
La cuestión es que el Saber no ocupa lugar por lo mismo que la pulsión no tiene objeto; y es que la pulsión es tan inabarcable por el objeto como por el Saber. Siendo la Ciencia una rama más del árbol de la sabiduría, no será despectivo -sino descriptivo- decir que la Ciencia es tan parcial como lo es el objeto para la pulsión. Colina lo dice así: «Si por algo podemos identificar al sujeto y a la locura es por su capacidad para escapar de la reducción científica».
La que siempre ha estado a la altura de nuestras preguntas es la literatura, quizás porque como dicen Faulkner y Javier Marías, la literatura es como una cerilla que encendida en medio de la noche, sirve para ver un poco mejor cuánta oscuridad hay a nuestro alrededor. Hoy viene como anillo al dedo el pequeño tratado que escribió sobre la melancolía que sufrió el escritor norteamericano William Styron, y que tituló, curiosamente, Esa visible oscuridad. Allí nos dice que a sus 60 años sintió el viento del ala de la locura por el duelo incompleto que arrastraba por una aflicción precoz: la muerte de su madre cuando tenía 13 años. Este es el Saber del paciente: «Hay un elemento psicológico que ha quedado establecido allende toda duda razonable, y es el concepto de pérdida»... y no precisamente de serotonina. «Buena parte de la literatura psiquiátrica disponible acerca de la depresión es de un jovial optimismo, y no escatima las garantías de que casi todos los estados depresivos se estabilizarán o contrarrestarán sólo con que se acierte a encontrar el antidepresivo oportuno. (...) Cuando por primera vez tuve conciencia de que era presa del mal, sentí la necesidad entre otras cosas de formular una enérgica protesta contra la palabra depresión. La depresión, como bien pocos ignoran, solía conocerse por el término melancholía, una palabra que aparece en inglés ya en el año 1303. (...) Melancolía es una palabra muchísimo más apta y sugerente para las formas más funestas del trastorno; pero fue suplantada por un sustantivo de tonalidad blanda y carente de toda prestancia y gravedad, empleado indistintamente para describir un bajón en la economía o una hondonada en el terreno, un auténtico comodín léxico para designar una enfermedad tan seria e importante. Acaso el científico a quien generalmente se tiene por culpable de su uso corriente en los tiempos modernos, un miembro de la Johns Hopkins Medical School justamente venerado -el psiquiatra Adolf Meyer, nacido en Suiza- no tuviera muy buen oído para los ritmos más delicados del inglés y, por tanto, no se percatara del daño semántico que infligía al proponer depression como nombre descriptivo de tan temible y violenta enfermedad. Como quiera que sea, por espacio de más de setenta y cinco años la palabra se ha deslizado anodinamente por el lenguaje como una babosa, dejando escasa huella de su intrínseca malevolencia e impidiendo, por su misma insipidez, un conocimiento general de la horrible intensidad del mal cuando escapa de todo control». Styron lo tiene muy claro y así nos lo transmite: «Nuestra quizá comprensible necesidad moderna de embotar los dentados filos de tantas afecciones de las que somos herederos nos ha llevado a desterrar los ásperos vocablos antiguos: casa de orates, manicomio, insania, melancolía, lunático, locura. Pero no se dude jamás que la depresión, en su forma extrema, es locura».
Pareciera ser que si los diagnósticos no pueden ser científicos tienen que ser políticos: tanto monta, monta tanto, que sea porque lo dice la mayoría o por el ordeno y mando de los que primero inventan el remedio y luego la enfermedad. Si no pueden ser científicos, no hace falta que sean políticos; los diagnósticos pueden seguir siendo clínicos. Para que no acabe en manos de la policía científica, mejor que la psicopatología vuelva a ser exclusivamente clínica.
*Artículo publicado en la sección Otras Lecturas de la Revista del COPC nº 234 de Febrero-Marzo 2012
**Para un mayor conocimiento de la posición del autor respecto de la esquizofrenia, remito al lector interesado al potente artículo que suscribe junto a nuestro colega José María Álvarez: Origen histórico de la esquizofrenia e historia de la subjetvidad. (Frenia. Revista de Historia de la Psiquiatría Vol. 11, Nº 1, 2011) . www.revistaaen.es/index.php/frenia
***Como por ejemplo el que se ha creado a nivel internacional alrededor del Manifiesto a favor de una psicopatología clínica que no estadística, que ya cuenta con 6.500 firmas y la adhesión de unas 180 asociaciones de profesionales psi. El lector interesado puede recabar más información en: http://stopdsm.blogspot.com/
8 de Julio de 2012
“Lacan decía que las mejores analistas eran mujeres. Y también las peores”. Una entrevista a Jacques-Alain Miller*. Pablo E. Chacón (Buenos Aires)
Pablo E. Chacón: El orden simbólico no es más lo que era. ¿Podría decirnos qué era y lo que será?
Jacques-Alain Miller: La declinación del orden simbólico no es un axioma del psicoanálisis. Los cambios se constatan, están en todos lados. En la actualidad, hay otra idea de familia, otra práctica, otros conceptos. El de hoy es un nuevo mundo. La función del padre no es la de antes. Eso se dice desde la revolución francesa. No hay que olvidarse que se le cortó la cabeza al rey. Y que la revolución industrial fue otro punto de inflexión. Es cuando empieza a hacerse sentir el poder del capitalismo, los efectos que Karl Marx describió tan bien: hacer desvanecer lo que parecía estable, inmóvil. Entonces podría decirse que el padre ya no tenía la gloria social y legal anterior. Y con una cierta igualdad de condiciones que la revolución favorece, la idea del pater familias, que viene de la Roma antigua, se encuentra recortada. Balzac, en sus novelas, señala la caída de la imagen paterna a mitad del siglo XIX.
En “La mujer de treinta años”, en “Papá Goriot”…
Exactamente. La paternidad, en esa novela, está degradada. Y eso pareciera que cada generación lo redescubre. Un siglo después, Hannah Arendt escribe un artículo sobre la declinación de la autoridad en los Estados Unidos. Esto es parte del derrumbe progresivo de un orden simbólico que era fuerte, antiguo. Lacan, que formalizó el Edipo, a la vez dijo que -como está jugada- la historia contemporánea el padre (o el Edipo) no tendría siempre la dirección del show, del espectáculo. Eso no podrá mantenerse. Y en eso estamos. Lo vemos en los casos clínicos. Ahora, el padre y la madre son iguales en las decisiones fundamentales que toma un analizante. Pero siempre puede decirse que los símbolos son semblantes, o construcciones: es una construcción nuestra idea del tiempo, del espacio, de la política, etcétera; construcciones que empezaron, y que pueden terminar. Eso lo desarrolló (Ludwig) Wittgenstein con los juegos de palabras. De otra manera también lo hizo (Michel) Foucault. Y de otra manera Ian Hacking. Se trata de representaciones simbólicas que se mueven, al contrario de lo real, que queda en su lugar. Pero creo que debemos avanzar en la idea de que lo real también está tocado. Ese es el paso.
Lo real está tocado por la técnica.
Por la técnica, porque la técnica se metió con lo real, con eso que parecía fuera de nuestra acción, de nuestras posibilidades. Pero la civilización ha penetrado en la fábrica de lo real. La prueba misma es que podemos hacer desaparecer el planeta con una bomba. Podemos destruir la naturaleza. Alterar el clima. Y ahora, hasta cambiar la especie humana, como piensa Peter Sloterdijk; cambiarla por una especie de súper humanidad… lo felicito por su optimismo. La cuestión es que se ha logrado entrar en una zona completamente desconocida. Eso tiene consecuencias para pensar a nivel de la experiencia analítica. Lacan lo ha pensado mucho en la dimensión simbólica. Pero a nivel de lo real, de lo que resiste a la simbolización, queda algo que es súper real. No es un límite absoluto, por supuesto. Eso se condensa más y más. Pero se percibió bajo el rostro de la destrucción. Pasar de las “guerras amables” entre ejércitos a la destrucción masiva de poblaciones civiles… eso es imparable. El movimiento mismo de la ciencia parece el espectáculo de la pulsión de muerte en acción. Pero tratemos de decirlo de manera menos romántica: se ha tocado lo real.
¿Cómo saberlo, cómo detectarlo?
Bien, la idea más sofisticada de lo real en la física matemática es la mecánica cuántica. Y hasta hoy, los físicos y los filósofos se pelean para saber de qué real se trata en esa mecánica. Y no hay acuerdo. Eso disgustaba a Albert Einstein. Pero es un terreno fecundo para las ideas barrocas. Porque no se entiende qué es ese real que se ha descubierto.
Es como si no fuera nada.
Algo así. Se pensó que podían ser los átomos. Hasta que se descubrieron las partículas subatómicas. Nadie está tranquilo con lo real actual. Antes existía el materialismo. Se decía: es la materia. Sin embargo, la materia es muy distinta de lo que pensaba el materialismo del siglo XVIII, o el materialismo de Karl Marx, o el de Lenin. Eso tiene consecuencias para pensar nuestro real en la experiencia analítica.
¿En qué sentido?
Lacan formalizó el inconsciente como un tipo de sistema. La idea era la de un real científico. Haciendo grafos, mostrando, a partir de una serie azarosa de signos, cara y ccruz de una moneda, se obtiene una serie azarosa. Y ha mostrado también que agrupando los símbolos se veía surgir una ley. Las posibilidades eran esas: una, dos, nunca ninguna de las dos, repetición. Esa fue la denotación de Lacan. El inconsciente estaba al nivel de esa ley: cómo los significantes se encadenan, la llamada asociación. Lacan demostró cómo se podían ordenar los casos de Freud, para el caso, según ese tipo de conexión, entre unidades significantes. Podría decirse que ese es el inconsciente freudiano. Lacan definió el inconsciente, en cambio, a nivel de esa serie azarosa. En esa serie no se puede saber cuál será el próximo símbolo porque existe la contingencia.
¿Y en análisis?
Lo que se produce de más íntimo en un análisis, es que nadie puede saber nada con anticipación; la idea de la ciencia, justamente, es que todo se puede saber con anticipación, se puede prever, y que con una ley se puede decir “esto es posible”, “esto es imposible”, etcétera. Si se piensa el encuentro entre dos seres a nivel sexual, por ejemplo, no hay una ley previa, no hay un programa; los animales sí lo tienen. Pero para la especie humana hay una parte del programa que no está escrito. Es lo que Lacan nombra ausencia de proporción sexual. Hay un agujero en lo real. Lo real del sexo, en la especie humana, no dice nada; existe la contingencia, la invención y la construcción, los semblantes: el matrimonio, en algunas culturas es con una sola (mujer), en otras culturas son cuatro, en otras una más, o tres, escondidas, etcétera. Cada cultura tiene su originalidad. Pero no se encuentran perros que copulen de una manera en China y de otra en la Argentina. En la naturaleza existe una constancia.
¿Y ninguna constancia para el viviente?
Lo que parece una ley general es que los primeros encuentros con el goce del cuerpo dejan marcas que no se borran. Eso es muy curioso. Porque esos encuentros son azarosos, contingentes. En las estructuras clínicas, el encuentro con el goce es algo desmesurado, no previsto. En general, es “traumático”, y deja una marca. Debajo de las conexiones significantes se puede encontrar ese punto. Y se debe encontrar ese punto. No se puede deducir.
Una curiosidad… ¿usted vio la película “Shame”?
Se cuenta una historia… Ni se le ocurra contármela, la voy a ver. Algo escuché de una adicción al sexo. En principio, recomiendo leer el último número de “Registros”, dedicado a los hombres. Está muy bien, y es muy divertida. Para volver a su curiosidad… los hombres son los antiguos amos, caídos, degradados. Por la emergencia de las mujeres. Y aunque esto es relativamente reciente, los antiguos amos se encuentran desorientados. Los hombres no se ubican bien frente a la femineidad emergente, que reivindica un cambio en muchas categorías.
La cultura…
la cultura está armada para controlar el goce femenino, que es incontrolable. Pero desde el comienzo de la civilización, ése era un factor que había que dominar, encuadrar, controlar. Pero cambiaron los tiempos. El diablo ahora saltó.
¿El diablo?
El goce femenino, sí, que tiene el poder de perturbar todas las categorías. Las culturas pueden pensarse como maneras de encajonar al goce femenino. Sin éxito. Se feminizan las profesiones. ¿Y por qué habría que resistirse a la feminización? Seguramente las mujeres sostendrán la práctica analítica en el siglo XXI. Lacan decía que las mejores analistas eran las mujeres. Y también las peores…
¿Qué piensa usted de la sociedad del espectáculo que teorizó Guy Debord?
Debord era una manera de tratar la vida cotidiana como hecha de semblantes. Pero terminó suicidándose. Supongo había encontrado algo que no era espectáculo…
Lo real…
Puede suponerse. A veces, los espíritus más ágiles, los más irónicos de una generación, terminan aplastados. Se los traga algo bajo la sábana. Eso es el saber del analista. Cuando sabe que puede venir el hombre de negocios más exitoso, y en el consultorio mostrar otra cara.
Hubo mucha gente, como nunca, en el Congreso de la AMP
Fue una alegría ver tanta cantidad de gente, tantos jóvenes, latinoamericanos, europeos. Esto parece testimoniar algo de lo que hemos transmitido. Transmitido y actualizado. También la Escuela de la Causa Freudiana de París tiene sus coordenadas transversales. ¿Qué decir? Que hay una llamada posible al psicoanálisis para responder a los trastornos contemporáneos. Y creo que a medida que la sociedad de control se refuerza, los impasses le han dado al psicoanálisis una nueva urgencia, ya sea a nivel terapéutico o del pensamiento.
Su opinión sobre las nuevas tecnologías de comunicación.
Es fundamental, positiva. Hace años, cuando se introdujo internet en nuestros intercambios, en 1994, recuerdo haber escrito una intervención en el avión que me traía a Buenos Aires, diciendo que íbamos a ver tres edades en la AMP.
¿Tres épocas?
Escribirse cartas, mandar postales. Eso no permitía la vida de una asociación mundial. Era demasiado lento. Después, la segunda edad: el fax, que permitió crear la Escuela Europea de Psicoanálisis, de la cual fui presidente los tres primeros años. El fax permitía incidir sobre un número de grupos y secciones de España e Italia con cierta rapidez. Y en el avión tuve la impresión (que antes no tenía) que el correo electrónico era el instrumento que iba a permitir crear la AMP. Además de permitir publicar sin las limitaciones del papel. Estamos bien informados de los trabajos de los otros grupos. Y va a crecer. En la AMP, donde hay siete escuelas nacionales, además se afirma que constituimos una Escuela Una. Eso no se hubiera podido decir antes de estas nuevas tecnologías.
¿Por qué piensa que el psicoanálisis tiene mayor repercusión en los países católicos que en los protestantes?
Desde siempre fue así. Lacan era escuchado en Francia con muchas dificultades. Y tuvo algunos alumnos en Bélgica y en Italia. Dos veces estuvo en España, por invitación de un profesor, pero entonces los españoles no iban a analizarse a París. El fin del franquismo político ocurrió después de la muerte de Lacan.
¿Y los argentinos?
Bueno, Lacan conoció a Oscar Masotta. Me lo presentó, lo presentó (a Masotta) como “mi discípulo, mi alumno”. Pero es en 1978 que llegan a París los primeros argentinos para ver a Lacan. Algunos pudieron verlo. Pero ese movimiento recién empezaba. Y Lacan se estaba muriendo. Los argentinos que habían viajado eran Roberto Harari, que fundó Mayéutica; Jorge Chamorro, que está en la EOL, otros… Pero el encuentro decisivo, para mí, fue el que tuve con Diana Rabinovich, que me convenció de ir a Caracas, donde estaba exiliada. Estuve por primera vez en América latina en 1979, y conocí la importancia que tenía Lacan en el mundo latino. Fue la ocasión también para descubrir otro mundo, un mundo del cual no tenía idea. Y pensé que Lacan también podía conocer ese mundo. Aceptó de inmediato, y a pesar de su edad, estuvo en Venezuela en 1980. Esa es una historia de países católicos, de cultura latina. En Alemania hay algunos grupos interesados en Lacan, desde el punto de vista intelectual. En Estados Unidos es apreciado en las universidades, por filósofos, críticos literarios, por los estudios culturales. Pero casi no acceden a su práctica cínica… por la cultura, el tipo de desarrollo, el estilo. Existen algunos grupos, pero casi como un fenómeno marginal. Europa del Este estaba congelada. Y cuando las cosas se abrieron, llegó la IPA (International Psichoanalytical Association) primero. Sin embargo, tenemos alumnos y analizantes en Rusia, y en los países bálticos, aunque allí también es muy fuerte la impronta norteamericana, que se opone a la clínica de lo singular. Estamos activos igual.
¿Y en Oriente?
Japón era un interés de Lacan. Los psiquiatras han traducido muchos seminarios, pero el país sigue siendo un enigma. El otro misterio es China, donde Lacan circula mucho. He tenido varias ofertas para viajar. No lo haré todavía. Seguro más adelante, por interés cultural, por saber cómo se transmite a Lacan. Hay analistas lacanianos que funcionan muy bien, algunos se han formado en París. En China, tengo entendido, el individualismo no existe Es cierto. Y tampoco en el psicoanálisis. Pero también es cierto que el capitalismo está en tensión en ese país comunista, y son los líderes de nuestro tiempo. Claramente existen fallas. China no parece ideológicamente estable. Por eso supongo que en las condiciones actuales, las autoridades no permitirían sino un psicoanálisis dócil al encuadre social y legal. Eso puede cambiar en el futuro. De hecho, cuando empecé la campaña para la liberación de la psicoanalista siria Rafah Nached, en el ministerio de Relaciones Exteriores de mi país me dijeron que lo más útil sería tener firmas de los últimos países amigos de Siria, entre los que estaba China. Y los diplomáticos no creían que eso fuera posible. Pero logré que algunos chinos firmaran un petitorio por la liberación de Rafah, si bien en términos generales, protocolares. Es una buena señal. Y demuestra que cuando todo es controlado por un partido, ciertas cosas empiezan a moverse lentamente. Por supuesto, si Lacan entrara en China, lo van a desear sin sal, querrán un Lacan “chino”.
¿Y cómo sería un Lacan “chino”?
Bueno, hay que permitirles hacerlo. En principio, creo que quieren aprender de Occidente para desarrollar una vía “china” a Lacan. Pero para Lacan sería lo mismo. Si se apoderaran de su pensamiento, aprenderán qué pensaba Lacan, sus zonas inasimilables. Lacan se interesaba mucho por el pensamiento de la antigüedad china. Se podría decir que en ese punto también.
*Publicado en www.lacanquotidien.fr
4 de Julio de 2012
Nuevos paradigmas en la relación asistencial*. José Ramón Ubieto (Barcelona)
La coyuntura actual, marcada por una fuerte crisis del sistema, económica pero sobre todo crisis de confianza que abarca todos los ámbitos (política, finanzas, convivencia social), ha exacerbado la emergencia de nuevos paradigmas en la relación asistencial.
No se trata de una novedad, fruto de la situación actual, ya que el proceso de transformación de la relación asistencial en los diferentes ámbitos (clínico, social, educativo) viene de antiguo, pero la crisis actual lo ha desvelado de una manera más cruda.
El modelo de la modernidad, en el campo de la salud, pasaba por la relación privilegiada entre el paciente y el clínico definido como especialista de la salud: médico, psiquiatra, psicólogo. Era un encuentro fundado en una autoridad absoluta del profesional en lo referente al tratamiento del malestar, autoridad que reposaba en una suposición del paciente sobre su saber. De esa suposición se derivaba la confianza de unos y el secreto profesional del otro como parte intrínseca de ese dialogo privado e intimo.
La postmodernidad agudiza algunas de las contradicciones y paradojas ya incluidas en el propio programa ilustrado. Una de ellas deriva de la consideración de los derechos del individuo como valor princeps, lo cual mina esa autoridad, hasta entonces absoluta, del profesional, que ya no alcanza para hacerse cargo en exclusiva del tratamiento del malestar. Su saber se relativiza y se pone en tensión con otros saberes en juego: la psicología primero, pero también la educación y lo social, y es por eso que el ideal de salud se entiende, a partir de entonces, en los tres registros: biopsicosocial. Ideal que se asemeja más a un multiculturalismo profesional que a un enfoque suficientemente fundamentado (Gabbard y Kay, 2002).
Un nuevo paradigma en la relación asistencial
Finalizada la primera década de este Siglo XXI podemos decir que esa tendencia “individualista”, junto a las falsas promesas del cientificismo, constituyen la base más firme de la nueva relación asistencial cuyas características y consecuencias podemos ya vislumbrar con claridad.
Un primer rasgo evidente es la desconfianza del sujeto (paciente, usuario, alumno) hacia el profesional al que cada vez le supone menos un saber sobre lo que le ocurre (y por eso se ha institucionalizado la segunda opinión) y del que cada vez teme más se convierta en un elemento de control y no de ayuda. Las cifras actuales sobre las manifestaciones de protesta subjetiva a las propuestas médicas, que incluyen el boicot terapéutico (rechazo de lo prescrito), la falta de adherencia al tratamiento o los episodios de violencia en centros sanitarios o sociales son un claro signo de esta pérdida de la confianza en la relación asistencial (Serra, 2010). Sin olvidar fenómenos de fraude o engaño, por parte de una minoría de pacientes, que se oponen así, obteniendo un beneficio secundario, a la imposición de una lógica de control, tendencia en aumento en la relación asistencial.
Un segundo rasgo lo encontramos en la posición defensiva de los propios profesionales que hacen uso, de manera creciente, de procedimientos preventivos ante posibles amenazas o denuncias de sus pacientes. El miedo se constituye así en un resorte clave que condiciona la práctica asistencial y cuyas consecuencias, como veremos a continuación, no son banales.
El tercer rasgo nos muestra una de esas consecuencias: la pérdida de calidad y cantidad del vínculo clínico-paciente. Ese dialogo al que nos referíamos antes, basado en la escucha de la singularidad de cada caso, y que requería un encuentro cara a cara, con cierta constancia y regularidad, se ha transformado en un encuentro, cada vez más fugaz, de corta duración y siempre con la mediación de alguna tecnología (pruebas, ordenador, prescripción). El estilo “asistencial” que describe Berger, a propósito del médico rural John Sasall (“Un hombre afortunado”, Alfaguara), queda ya como una reliquia si lo comparamos con el protocolo actual de visita en la atención primaria, en la que el médico presta más atención a los requerimientos del aplicativo informático que a la escucha del propio paciente, al que apenas mira.
El cuarto rasgo, correlativo del anterior, es el aumento notable de la burocracia en los procedimientos asistenciales. La cantidad de informes, cuestionarios aplicativos, que un especialista psi debe rellenar superan ya el tiempo dedicado a la relación asistencial propiamente dicha. Y todo ello sin que el beneficio de esos procedimientos esté asegurado, como veremos más adelante.
Estas características configuran una nueva realidad marcada por una pérdida notable de la autoridad del profesional, derivada de la sustitución de su juicio propio (elemento clave en su praxis) en detrimento del protocolo monitorizado, una reducción del sujeto atendido a un elemento sin propiedades específicas (homogéneo), y que responde con el rechazo ya mencionado (boicot y violencia), y una serie de efectos en los propios profesionales diversos y graves: burn-out, episodios depresivos recurrentes, mala praxis (Soares, 2010).
Autoridad debe entenderse aquí a partir de su etimología (auctoritas) que deriva de autor, aquel que es capaz de invención, de entendimiento y resolución de problemas, no el que basa su acto en el ejercicio del poder (potestas).
* Siga leyendo este excelente artículo en: http://www.papelesdelpsicologo.es/pdf/2098.pdf
1 de Julio de 2012
Crónica: Presentación del libro de Miquel Bassols: “Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia”. Editorial Tres Haches, Bs. As., 2011. Myriam Chang (Barcelona)
Salvador Foraster tomó la palabra para presentar el acto, el primero organizado de manera conjunta, entre la Librería Xoroi y la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona? expresando al mismo tiempo su anhelo de que haya una continuidad.
Agradeció a la Facultad de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad Blanquerna, su participación al ofrecer el espacio de reunión necesario donde conversar sobre un libro de psicoanálisis, siendo además que el discurso psicoanalítico está excluido de sus aulas.
Señaló la dificultad para encontrar un interlocutor que, desde el ámbito de la ciencia, intercambie con Miquel Bassols, autor del libro, su opinión y parecer. Habiendo repasado todos los campos posibles de la ciencia, la organización terminó por decantarse por la Filosofía y, en nombre de ésta, Manuel Cruz, allí presente.
S. Foraster presentó a los dos participantes: Miquel Bassols, psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la École de la Cause Freudienne, Docente de la Sección Clínica y Coordinador del Instituto del Campo Freudiano en Barcelona. Ha obtenido el grado de Doctor en el Departamento de Psicoanálisis, de Paris VIII. Y últimamente, en un espacio de tiempo muy corto ha escrito varios libros: Lecturas de la página en blanco, Finales de Análisis, Llull con Lacan. El amor, la palabra y la letra en la psicosis, La interpretación como malentendido, y el que hoy convoca este acto: “Tu yo no es tuyo. Lo real del psicoanálisis en la ciencia”.
Manuel Cruz, filósofo, catedrático de Filosofía contemporánea en la Universidad de Barcelona, que participa desde hace varios años, en diversos medios periodísticos, de la radio y la televisión, con una extensísima bibliografía entre sus obras, de las que cabe destacar: La tarea de pensar. También es ganador de varios premios. El último de los cuales es el Premio Jovellanos por un libro que pronto saldrá publicado: Adiós historia, adiós. Y otros títulos anteriores como: Amo, luego existo. Los filósofos y el amor, Menú de degustación. La tarea del filósofo, Pensar por pensar, Cómo hacer cosas con recuerdos y otros títulos más. M. Cruz ha participado en esta misma semana en una mesa de debate sobre el tema del amor, también con psicoanalistas.
Y, finalmente, Mario Izcovich, psicoanalista y actual Director de la Biblioteca del Campo Freudiano en Barcelona, a quien pasa la palabra como co organizador.
Mario Izcovich agradeció en primer lugar, el honor que implica estar allí presentando este libro. Un privilegio doble, en primer lugar por ser un libro de psicoanálisis que se publica, en este país, en este momento tan controvertido. Y en segundo lugar, por tratarse de un libro de Miquel Bassols, que trata un tema importante en la civilización actual. Un faro en medio de cierta oscuridad que estamos percibiendo.
Se trataba también de una apuesta hacer una presentación de un libro de psicoanálisis fuera de la Biblioteca del Campo Freudiano, en conjunto con la Librería Xoroi y la Universidad. Se trataba también de apostar por una presentación que fuese un diálogo entre, si no es posible entre psicoanalistas de distintas orientaciones, sí al menos entre psicoanalistas y representantes de otros campos de la cultura.
Si es esta la primera vez que se organiza en conjunto con la Librería Xoroi espera también que se pueda hacer una serie.
Este libro le parece que por su tema, se alinea junto al libro de Javier Peteiro, El autoritarismo científico ?que la Biblioteca ya presentó hace algo más de un año?, y que a la vez incluye un apartado del diálogo muy fructífero entre ambos autores. Es un libro que puede servir de referencia para pensar cuestiones centrales que van a tener repercusión en la clínica, pero que sobre todo tienen que ver con el mundo actual. Y a la vez, se adelanta con dos años, al tema del Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, que será en París, en 2014, Lo real en el siglo XXI.
Encuentra en la lectura del libro una segunda frase además de la que se plantea como título: “Tu yo no es tuyo”, y es: “Tu eres más bien tu síntoma” que le parece da respuesta a la primera. Lo que implica una manera de devolver al psicoanálisis su lugar de subversión dentro de la cultura. Pasa, entonces, la palabra a la sala dando la oportunidad al diálogo.
M. Cruz, tras los agradecimientos, comenta que participar en la presentación de un libro, algo que le apetecía hacer, no implica sólo el elogio al autor sino también el aceptar que el libro nos ha dado en qué pensar e intentar continuar pensando. Sobre todo porque en el último tiempo, le ocurre algo no sabe si con el psicoanálisis, o con los psicoanalistas en general.
Evocó a continuación a Vicente Palomera con quien se conocen desde sus días de estudiantes y con quien se volvió a encontrar en un acto de celebración del Décimo Aniversario de la Revista Freudiana. Y más tarde, en otro acto con Enric Berenguer, en la presentación del Seminario V de Jacques Lacan.
A partir de estos encuentros se vio invitado a repensar su relación con el psicoanálisis y con los psicoanalistas y a ahuyentar un tópico de su cabeza. Se había hecho una idea de los psicoanalistas como reductivistas que acababan cada frase con un: “eso ya lo dice Lacan”. Pero a través de estos contactos ha ido cambiando su concepción sobre los mismos. Encontrando un cambio de actitud, una disponibilidad, una sensibilidad, una voluntad de interacción con otros discursos que abren unas expectativas nuevas. Un amigo psicoanalista le enviaba esta mañana un correo expresándole que la filosofía es, uno de los discursos que lindan con el psicoanálisis, que más le interesan. Y él piensa que es realmente así, que hay una coincidencia profunda en algunos de los temas que ambas disciplinas intentan pensar: el alma humana, el yo, el sujeto, la persona, la identidad, la ontología.
A comienzos de semana leía un libro de Coetze en el que se decía, que los animales no esconden sus excrementos y hacen el amor en público, mientras que lo primero en lo que se diferencian los seres humanos es que hacen estas actividades en privado. Ese es el origen de la condición humana. William James en “Principios de psicología” decía que la principal motivación humana es el reconocimiento. Desde que el hombre es hombre el reconocimiento le define. El hombre empieza a definirse por la vergüenza, por la mirada, porque le importa la mirada del otro. El Otro nos constituye al punto de que lo que más nos importa es el reconocimiento. Si bien se modula, hablando de historias se modula según las épocas, hablando de personas a cada cual nos importa a nuestra manera. Pero a todos nos interesa el reconocimiento.
Encuentra el libro de Bassols muy ambicioso en cuanto a sus citas, pudiendo recorrer un amplio número de autores, no sólo de la filosofía sino también de la ciencia en general. Algo que lo tiene completamente entregado.
Según William Blake la identidad se construye a golpe de reconocimiento. Son los demás los que nos hacen saber lo que somos, que hay que decir más bien, por quién somos tomados. La construcción de la identidad no es sino la travesía de lo que el sujeto piensa que el mundo piensa de él. La vida es entonces una gran transacción que se juega en muchos ámbitos. Cada uno va viendo por quién es tomado, cómo se le acepta y por qué se le rechaza. Esto es también social, es público, es político.
En uno de estos libros, sobre la identidad, se cuenta una anécdota sobre una muchacha afroamericana en un Instituto de los Estados Unidos. Era una muchacha más o menos gamberra. Había cometido una infracción por la cual debía ser sancionada. No obstante, el director del Instituto en lugar de sancionarla, por el hecho de ser reincidente, decide informar al sheriff del condado. En ese momento se está construyendo una escena importantísima en la identidad de esta persona. Por esa denuncia pasó de ser simplemente una gamberra a tener antecedentes penales.
Según algunos autores este paso es normal, no se ve en ello mayor dificultad pero, para los althusserianos la construcción de la identidad es el escenario de un conflicto: nos hacen pero también nos deshacen. Los demás también nos generan los conflictos que nos desgarran. Aquí entra en juego la culpa. Y lo que llamamos Yo, sujeto, es una construcción. Pero, la cuestión no es si es una construcción o no. La cuestión es si la aceptamos o no, si queremos o no participar en su construcción o en su disolución.
Como decía Sartre, lo importante no es lo que han hecho con nosotros sino lo que hacemos nosotros con lo que han hecho de nosotros. El problema estriba en si queremos participar en esta construcción. Si tenemos claro lo que queremos ser. Si no queremos la disolución, sino participar en la construcción de ese yo, la cuestión es cómo queremos que sea ese Yo.
M. Bassols agradece las intervenciones, a la Librería Xoroi, la BCFB y la Universidad. Y aclara que lo que ha sido difícil es encontrar a alguien que piense. M. Cruz tiene un libro: La tarea de pensar, y la primera frase que le viene a la cabeza en relación a este título es la frase de Heidegger: la ciencia no piensa. Agradece, entonces, a Manuel Cruz por prestarse a pensar.
Este libro tiene su origen en los laboratorios de la Universidad Jacques Lacan. En un laboratorio dedicado al estudio de la relación del psicoanálisis con la ciencia: “Psicoanálisis y criterios científicos”. El psicoanálisis no es una ciencia pero surge de ella y está en el corazón mismo de lo que la ciencia está realizando como proyecto en nuestro mundo. Y es aquí donde entra el tema del sujeto, de la identidad, del Yo, con el qué somos. ¿Somos un montón de genes o de neuronas? Por cierto este fue un debate que comenzó ya en los años ‘90, en un programa llamado “La ventana”, que dirigía Xavier Sardá, donde se le invitó a participar en un debate sobre el tema.
Entra luego a tomar directamente el problema que ha planteado M. Cruz, que le parece fundamental. Pues en efecto, está en el corazón de su libro y es el tema de la identidad y el del reconocimiento. El sujeto es una constante demanda de reconocimiento.
Si uno va a las ciencias se llega a dos cuestiones no resueltas: 1) ¿qué es el lenguaje? y, 2) ¿qué es la consciencia? No se encuentra la sede del lenguaje ni siquiera en las neurociencias. El lenguaje no tiene base en el cuerpo y tampoco se encuentra el lugar de la consciencia. Son dos zonas en blanco en el mapa de la ciencia. Son terra incógnita en su campo. Para empezar a plantear el tema, dentro del psicoanálisis, lo primero que hay que decir es que el Yo no es el sujeto. Y añadir que el lenguaje no tiene una emergencia natural, autónoma, nace en el Otro.
Hubo una serie de experiencias en la historia, como aquella de Federico II, que ordenó dejar a un grupo de recién nacidos al cuidado de personas que sólo atendían a sus necesidades y con órdenes de no dirigirles palabra alguna, sin reconocimiento de ningún tipo, se podría decir. La idea de Federico II era ¿qué lengua hablarían esos niños?, con el resultado de que todos murieron, sin esa instancia del Otro que los reconozca, que les de el lenguaje, y que les de un sostén para construir su identidad.
Ese gran Otro es una instancia ineludible para tratar el tema del sujeto. Esto es incluso un problema clínico. A quien va a análisis se le escucha, no como a un Yo idéntico a sí mismo, sino como a un sujeto que en algún lugar falta a su consciencia. En algún punto de su consciencia hay un agujero y es ahí que hablamos de inconsciente. Se abre aquí una primera gran línea de debate entre psicoanálisis y ciencia.
De ahí el cambio entre los analistas de los años ‘70 y los de hoy: es que se han ampliado sus lecturas. Se han tomado el trabajo de leer para poder discutir con la ciencia, de ahí que en el próximo Congreso, en París, se piense en debatir sobre el desorden de lo real. No hay leyes en el funcionamiento de lo real. Esto es con lo que se está encontrando la ciencia. Es un real completamente desregulado. Para Lacan, lo real es lo que no cesa de no escribirse.
Esto es también un problema clínico. Algo falta en su consciencia que forma parte de su sufrimiento más singular. En Madrid, después del atentado del 11 M, lo que manifestaban los sujetos es que lo traumático, lo que les subvertía en lo más profundo, no era lo que había ocurrido, sino lo que no había llegado a ocurrir. Lo que volvía, de manera torturante, en las pesadillas, en los recuerdos, era lo que no había llegado a realizarse. Para los analistas era un ejemplo de lo que Freud había llamado el trauma como lo que no cesa de no ocurrir. No puede llegar a encontrar su lugar en la realidad simbólica del sujeto. Eso que no llega a escribirse, como decía Lacan, está en el corazón del trauma, y está también en el problema de la identidad. Cada sujeto es distinto a otro, en la medida que se sitúa, en que responde a ese real de una manera o de otra. Y esto es lo que el psicoanálisis aborda de una manera completamente inédita.
Lo que Lacan encuentra es que lo real es lo que escapa al dominio de la ciencia. Y en el psicoanálisis hay algo más que escapa a las neurociencias. Es un debate abierto.
Sobre el problema de la identidad hay un autor que le gusta mucho citar y que es Julián Ríos, es un autor joyceano, que frente a la frase bíblica que sostiene la identidad de impostura del “Yo soy el que soy” dice: “Yo soy el que es hoy”. De manera que el “soy” queda limitado según las circunstancias del “hoy”.
Isabel Durand tomó la palabra para preguntar sobre lo último explicado por Miquel y que se refiere al real, explicado en los ejemplos de Madrid, como lo que no había podido hacerse. Y se le ha ocurrido remitirlo a la impotencia de cada sujeto frente a un imposible. Que cuando se dice que un análisis debe pasar de la impotencia a lo imposible se topa con la singularidad de cada sujeto para aceptar lo imposible.
Y con respecto a lo que decía M. Cruz que hablaba de esta búsqueda de reconocimiento en el ser humano, que precisamente por no tener una identidad, tiene que identificarse. Y se le ocurría que un análisis podría servir para hacer un duelo de esta alienación por esta pregunta de ¿quién soy? Tal vez cuando uno puede encontrar un tope a esa pregunta, puede obtener un cierto alivio y podría dedicarse a otras cosas.
M. Bassols agregó que el problema de lo real en la ciencia no tiene el estatuto de la realidad. De donde surge la cuestión de ¿a qué se llama lo real en cada una de las disciplinas científicas? Cada una construye su propio vínculo con lo real. De manera que la ciencia como tal ha dejado de existir y lo que encontramos son “las ciencias”, como el modo particular que cada disciplina tiene para abordar ese real.
Lo que aplicado a la clínica nos lleva a preguntarnos sobre la idea de real que trae cada sujeto que viene a análisis. El analista no tiene idea de ese real, no puede poner palabras para nombrar ese real que trae el sujeto. De manera que cada terapeuta tiene una posición distinta al momento de escuchar al sujeto que tiene delante. Por ejemplo, un terapeuta que cree tener la idea “correcta” sobre ese real al que ha de adaptar al sujeto. De esta idea de real que tiene cada terapeuta, de su posición frente a lo real, se deriva su ética. De cómo entendemos lo real en cada caso. En esto él se manifiesta más riguroso en la cuestión del debate. Llevar la discusión al caso por caso. ¿Cómo entendemos lo real en cada caso? Ahí es donde se pondría a prueba la potencia, la eficacia de los discursos. Sobre lo real tendremos que seguir hablando, no sólo porque será el Congreso dentro de dos años, sino porque será el gran tema de debate, para la ciencia y para el pensamiento, en el siglo XXI.
M. Cruz: cuando ha escuchado la expresión “el duelo de la alienación”, dentro de la lógica de la búsqueda de reconocimiento, se le ha disparado en la cabeza el concepto de ideología, el concepto de engaño. Se pregunta si hablar del “duelo de la alienación” ¿significa hablar del duelo por un engaño, finalmente reconocido como tal, en todos los contextos o habría que verlo caso por caso? Hay algo que es casi universal, cuando el individuo reconoce la condición de artificio de su propia identidad. Que hasta entonces él podía vivir casi, casi, como un destino, como una fatalidad, como una culpa en ocasiones. A veces en la literatura más clásica, aunque ahora casi ha desaparecido,... la idea de la maldición. ¿A qué experiencia correspondía que alguien se sintiese maldito? Cree que se correspondía con la imposibilidad de transferir eso a ninguna otra instancia. Hay un daño intransferible del que al mismo tiempo, desde algún punto de vista, el sujeto se siente inocente. En todo caso, es un universal este alivio que experimenta cualquiera cuando de pronto, en lo que aparecía como factibilidad abstracta, que venía de fuera, reconoce su condición artificial y por tanto manejable. Esta es una cuestión.
Y otra cuestión es ¿estamos dando por descontado que cualquier identidad es contradictoria? ¿La historia de una identidad es necesariamente la historia de un desgarro? Y esta es una pregunta para la que no tiene respuesta, sólo sospechas. ¿Es pensable una identidad confortable, o como diría Hegel, una identidad reconciliada? ¿Es pensable o no, o ya de salida lo tenemos que descartar? Entonces, si es así, cualquier identidad es una maldición, sea cual sea. La única diferencia será que hay maldiciones llevaderas y maldiciones insoportables.
Por resumirlo, una vez que uno reconoce la condición de artefacto de la propia identidad, y por tanto, la identidad ya no es un engaño sino que ha mostrado su naturaleza, ¿esa es la última palabra? O, ¿hay formas distintas de vivir la identidad?
Le pasa la pregunta a M. Bassols que a su vez pasa la pregunta a la sala.
Neus Carbonell indica que no se puede vivir desidentificado.
M. Bassols está de acuerdo con esta intervención. Y agrega que un hombre o una mujer desidentificados es la locura. Hay siempre algo de locura en cada identidad, pero cierto punto de identidad es una condición.
Enric Berenguer hace una pregunta sobre los intercambios que los presentes han hecho con los científicos, porque por lo que parece, que lo que se establece perdura. No parece haber una diferencia entre el hombre máquina y el hombre neuronal. Hay como una concepción dieciochesca que perdura. Hay una permanencia de ese paradigma.
A Bentham, en el siglo XVIII, se le ocurre en algún momento que él puede ser un Newton de la moral. Era un proyecto novedoso que había que poner a prueba, e introduce una lógica matemática, con la idea de que hay un saber en lo real que le permitiría introducirnos en las leyes físicas y estructurales de las conductas.
Y después ha habido una serie de fracasos repetidos de intentos de probar este proyecto de lo que sería el modelo científico aplicado a lo social, a lo moral. Hay una resistencia que sería más aplicable a la ciencia de Newton, porque en realidad en la ciencia newtoniana había una creencia en un ser que ordenaba lo real.
Incluso Jacques-Alain Miller retoma en la conferencia con la que introduce el tema “del desorden de lo real en el siglo XXI” el escándalo de Einstein cuando se asombra ante la física cuántica: “No puede ser, Dios no juega a los dados”. Que en este punto es casi newtoniano: Newton que ha revolucionado las leyes de la física, retrocede: Dios no juega al azar.
E. Berenguer ve que hay una tenacidad, una resistencia a aceptar que hay un desorden en lo real. Vemos que hay un tiempo lógico que tenemos que acompañar. Y se pregunta si ese tiempo hará que la ciencia empiece a ver la conclusión y que irradie hasta otros ámbitos que esa esperanza realmente no se dará. Porque el tecnicismo proviene del siglo XVIII, pero ¿hay realmente una ciencia del siglo XXI que pueda decir al tecnicismo del siglo XVIII: esa esperanza era vana, o no?
A Miquel esta intervención le parece muy sugerente. E indica que hay parte de la ciencia que apunta a lo que Enric ha aportado. Después de lo que él ha llamado el “amarillismo científico” con el que nos invaden las páginas de los periódicos cada día: “se ha descubierto el gen del suicidio”, “se ha descubierto el gen del autismo”, “se ha descubierto el orgasmo femenino en tal zona del cerebro”. Esto es muy del día a día en ciertos periódicos mientras que en otros eso es algo más abierto. Es cierto que ese cientificismo sigue existiendo tal cual el Hombre máquina, en algunos sectores de la ciencia. Pero también es cierto que en otros sectores, hay gente que ni siquiera está vinculada al psicoanálisis, entre ellos Javier Peteiro, que están planteando otras cuestiones.
En esto hay como un movimiento de péndulo. La ciencia ha venido a ocupar el lugar de la autoridad, como en la universidad, por ejemplo. En muchos lugares ha venido a ocupar el lugar de la religión en los que se constata cierto declive del Nombre del Padre, por ejemplo. Y ese lugar lo ha ocupado cierta posición de la ciencia. Pero cree que la ciencia está empezando a captar los efectos sobre ella misma de la imposibilidad de mantener ese lugar con su perspectiva actual. Y, en efecto, se va viendo cada vez más, lugares de reflexión donde ese cientificismo del siglo XVIII, que pervive de una manera loca, en una epistemología ya completamente fenecida, pero que sigue sosteniéndose en ideas de método científico. El cognitivismo, por ejemplo, que no puede discutir sobre ciencia porque no tiene ni idea de lo que hace, porque ya ha abandonado esa pretensión, y sigue funcionando por estadística, pensando que la estadística es “La Ciencia”. Hay ahí cierto aplastamiento del pensar que M. Bassols considera muy problemático.
No obstante, empieza a vislumbrar cierto movimiento, o bien de péndulo, o bien de que el hilo del péndulo se ha roto y estamos ya en otra lógica. En el que la ciencia empieza a encontrar ciertos puntos de límite. Incluso en los libros de neurociencia más dura ha empezado a encontrar, en Bennett y Hacker, por ejemplo, e incluso en Antonio Damasio se pueden leer capítulos en los que se pone en cuestión esa ilusión vana que reduce la consciencia al hombre máquina. Algo completamente delirante.
Pero en efecto hay en la ciencia determinados sectores que se están ya anticipando a ciertos desarrollos actuales y que en el psicoanálisis debemos estar listos a seguir, a acompañar, a dialogar con esos avances.
Solo una cuestión más con respecto a la identidad, puesto que Manuel ha planteado, ¿qué pasa cuando el sujeto ha encontrado el artificio de su identidad qué es lo queda después? Desde el psicoanálisis, al menos, lo que queda después es algo que parte de una incompatibilidad que rompe con el cogito cartesiano y, es que el Yo del “yo pienso” no coincide con el “yo de los sueños”, que necesariamente se escapa algo en mi pensamiento de lo que “soy”. Yo no puedo pensar todo lo que soy, ni puedo ser todo lo que pienso. Hay algo donde yo no puedo pensar. Y esto es lo que llamamos inconsciente. Soy de alguna manera inconsciente en mi pensamiento y a la vez no puedo llegar a pensar todo lo que soy. De ahí que haya que re estudiar el cogito cartesiano, de donde nace en el siglo XVII la ciencia: necesariamente hay un Yo del “yo pienso” que no coincide con el Yo de lo que “soy”. Y que en algún punto toda identidad está hendida, fracturada, dividida entre lo que es y lo que piensa.
Si uno puede llegar a asumir esa fractura en el interior de cada sujeto, ciertamente, se produce algo muy apaciguador. Porque además los delirios de identidad se rebajan mucho. Uno ya no se piensa tan idéntico a sí mismo, ni va a reivindicar más su identidad, porque sabe que no puede pensarla toda, ni puede ser toda en su pensamiento. Esto alivia bastante y ayuda a vivir más en paz.
M. Cruz está de acuerdo en que hay una dimensión del mundo que se le escapa al sujeto. Pero no debemos olvidar que el mundo propicia, potencia, induce en el sujeto. No piensa que sea un delirio, o una fantasía utópica pensar en sociedades, en mundos, en realidades menos agresivas. Menos hostiles con las exigencias del quién debe ser. Aduce que se ve gente que llega con un conflicto inducido y en el que se ve claramente quién es el agente de la inducción.
Por otra parte, la imagen del péndulo le parece muy acertada, tiene también la sensación, de que en el último tiempo se ha producido el rasgo de un divorcio entre la realidad de la ciencia, ?que es ya realidad tecnocientífica, lo que se llama el complejo científico-técnico que ya va por su lado? y el discurso. Nos podemos encontrar con la paradoja acerca de la naturaleza de la tecnociencia, de que se están haciendo planteamientos muy claros, muy críticos, muy escépticos pero en el campo de la ciencia ni caso: todos apuntan a la cuantificación. Y esto va en función de los recursos. Uno se puede leer a Bauman por la noche pero sabe que nadie le va a dar un duro por eso. En cambio, dinero para encuestas de opinión, sociología de mercado, etc., todo lo que ustedes quieran. Entonces, las ideas están muy claras, pero la tecnociencia a lo mejor lleva su velocidad de crucero.
Eugenio Díaz retoma esta vía y lo que había planteado E. Berenguer, que no es sólo la ciencia sino que además hay una alianza con el capitalismo. Lo que es una gran novedad que pone en seria dificultad esta esperanza. No es que no haya científicos que no estén disponibles para pensar al sujeto como no igual al gen. El asunto es que en la alianza con el capitalismo hay un programa: que el sujeto, en tanto que sus dificultades en la identidad y con su Yo, que el sujeto desaparezca.
Quiere respecto a esto hacer un elogio al título del libro, “Tu Yo no es tuyo”, que implica desde el psicoanálisis, como lo acaba de decir Miquel que hay algo que se te escapa, pero también, “Tu Yo no es tuyo”, en tanto que tu Yo es de esta alianza en la que, en lugar de un ciudadano, queda un consumidor.
M. Bassols, acota: “Tu Yo es de los mercados”
E. Díaz añade que incluso “tu acto” está bajo sospecha de cara a los mercados. Unos rumores pueden hacer sospechar a los mercados y eso hace que suba o que baje la prima de riesgo… y demás. Le parece que hay algo más complicado en este péndulo de que hablaban.
Siguiendo esta línea, M. Izcovich, y retomando la pregunta que hacía E. Berenguer ubica en el libro lo que M. Bassols llama la multiplicidad de yoes y por otro lado, la búsqueda del Yo fuerte. Volviendo a la diferencia con respecto al siglo XVIII, donde no había esta multiplicidad que es más propia de esta época, se preguntaba si en esta época postmoderna con esta multiplicidad, y la alianza con el capitalismo de la que se ha hablado, si la nostalgia de la autoridad pasada, de un modelo de familia pasado, etc., si no será una manera de responder ante esto.
Gabriela Galarraga pregunta si no hay una feminización de la ciencia que pasa de la lógica del todo al no-todo.
Esta es justamente la línea, dice M. Bassols, que ha tomado en su exposición en el Congreso. Aduce que hay una feminización en el más estricto sentido que Lacan le da a este término. Cuando se plantea la cuestión de la tecnociencia es cierto que hay un cambio fundamental, de cierto movimiento de la ciencia, desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XX. Y lo que ocurre, después de la segunda guerra mundial, es el famoso informe Vannevar-Bush, de 1949, donde por primera vez se plantea la alianza entre la investigación científica y la política de guerra. Esto es en los EE. UU. y lo ha estudiado Javier Echeverría en su libro sobre el origen de las tecnociencias.
Ahí se da un cambio de discurso muy importante, por esa alianza entre el discurso de la ciencia y el discurso capitalista, que ha sido arrasador en el mundo contemporáneo y que cambia completamente el paradigma. Ya no se hablará más de ciencia sino de tecnociencia. De ahí también esa fractura de la que se ha hablado.
M. Bassols cree que estamos empezando a medir los efectos en el ámbito de la clínica misma. Hay estudios que intentan dilucidar ese efecto en la clínica. No en el sentido de si hay más o menos fármacos, sino cómo la perspectiva de la tecnociencia actual incide en lo que los sujetos vienen a explicar al análisis en las primeras entrevistas. Esto ha entrado tanto en el discurso común que incide en la forma cómo el sujeto viene a hablar de su malestar. De alguna manera, llevaría el informe Vannevar-Bush incrustrado en su discurso. Hay formas de quejarse del malestar que siguen ya esos parámetros de la tecnociencia.
No es entonces, sólo un problema epistemológico, sino de nuevo un problema ético y clínico de primer orden. Esa alianza la estamos encontrando ya en sus efectos, de algo que viene de los años ‘40 y ‘50. En la industria farmacológica eso ha tenido efectos importantísimos. En la investigación científica actual tiene muchos efectos porque hay toda una serie de elementos de investigación que no se producen ya, por ese hecho. En las revistas científicas se ve cómo hay líneas de investigación que se abandonan por criterios tecnocientíficos únicamente. Que por otra parte, van en detrimento de la propia ciencia. Desde el interior de la ciencia se está produciendo una crítica interesante, porque la propia ciencia no es ajena a los efectos de esa alianza con el discurso del capitalismo.
M. Cruz explica para secundar esta idea que, en reuniones en la Universidad, los datos que se manejan son las investigaciones que corren a cuenta de las empresas privadas, en otros países y en España. En España la investigación científica todavía es pública, pero en países como Estados Unidos la investigación es completamente privada. Lo que pone de manifiesto esa vinculación entre la ciencia y el mercado de manera muy clara.
Por otro lado, retomando la cuestión de los múltiples Yoes, ¿hasta qué punto esos múltiples yoes, no es sino la manifestación de la multiplicidad real en la vida de la gente? Es decir, que la nostalgia del Yo fuerte es una nostalgia imposible. Corresponde con una realidad social y por tanto, mental, determinada: una persona que tiene todas sus esferas bien encajadas una dentro de otra. Pero esto ha estallado, este ideal ya no existe en ningún ámbito. En lo laboral, ya no es que un individuo tenga muchos trabajos, el ideal es que se dedique a distintas actividades, en épocas distintas de su vida. De manera que esa identidad fuerte que se tenía de identificaciones bien encajadas, como muñecas rusas, ahora ha saltado por los aires. Lo que ahora existe es la fragmentación de las diversas dimensiones de la vida real de los individuos. Entonces, el yo fuerte, no es realmente materializable.
En la clínica, dice Bassols esto se capta a menudo. El aumento de las depresiones es un índice pero no se resuelve en eso, es algo más fundamental. Hay algo que Jacques-Alain Miller ha hecho notar también, que hay como una especie de melancolización fundamental en lo actual, que en efecto da cuenta de esa fragmentación de su identidad. No hay un Yo fuerte, no hay tampoco el punto de identificación fundamental que atravesaba toda una vida, que daba consistencia a ese Yo. No hay el “Yo soy y seré”. Hay el “yo soy el que es hoy, y mañana ya veremos”. Se parece bastante a la figura del melancólico que Freud borda en su texto: “la sombra del objeto perdido ha caído sobre su Yo”. Y aparece disperso, diseminado en una serie de trozos que en su vida va recorriendo a la búsqueda de esa identidad perdida. Esto se refleja bien en la clínica. La de los años ‘80 no es la misma que es hoy.
M. Izcovich habla de la búsqueda de un sentido: ser drogadicto, ludópata, etc.
Bassols afirma que en efecto florecen las pequeñas zonas de identidad, de identificación como consumidores de tal o tal. Grupos alrededor de tal síntoma. Y es cierto que se va reproduciendo en cadena esa fragmentación de la identidad.
M. Cruz cuenta una anécdota que da cuenta de este fenómeno por el cual un sujeto se define por tal o tal adicción o consumo. Se encontraba en Argentina en una época en que había habido una inundación de dos ríos. El veía en la televisión un reportaje. Iba el periodista con el micrófono entre las tiendas de los refugiados y se acerca a alguien que estaba por ahí, pero no tenía claro si había sufrido la inundación o estaba de paso, y le hizo una pregunta casi metafísica: “¿es usted un inundado?”. Le otorgaba una identidad a partir de un hecho determinado.
Interviene alguien en la sala manifestando su pesimismo con respecto a lo que el sujeto es para la sociología cuantitativa.
Miquel interviene para decir que para la sociología cuantitativa cada uno es un número, es una variable. Como también para cierta parte de la psicología el sujeto es una conducta cuantificable. En la maquinaria de la evaluación, todos somos evaluados en ese sentido, pero evaluados en tanto cifra. Todo es reducible a una cantidad o a una cifra. Esa es una manera de resolver la identidad. Hay que pensar que también es cierto que hay una demanda de eso. La mercadotecnia impone el preferir ser un número a plantearse qué se es, y seguramente es una manera de resolver el problema, de desplazarlo o de agravarlo finalmente. Pero no hay que perder de vista que hay una inercia, que hay una corriente de la ciencia ?Galileo lo formulaba en esos términos: “medir todo lo que sea medible y hacer medible lo no medible”? que se ha orientado siempre en esa idea. Pero finalmente, el ser del sujeto no es medible, ni numerable. Pero se ve que más avanza esa corriente, más produce efectos de segregación de lo no cuantificable, de lo no numerable. Y eso pulula como una especie de virus que también está inundando todo. En términos psicoanalíticos: cuanto más se reprime por un lado vuelve por el otro, de otra manera. Y a la vez hay el grito del sujeto moderno, “no quiero ser identificado”, “no me identifiquen”. Lo hemos escuchado en el discurso de “Los indignados”: No me identifiquen. Para ser escuchados en la singularidad de su voz más allá de cualquier representación. Hay una reivindicación del sujeto contemporáneo de no ser numerado, de no ser cuantificado. Y esto va muy en la línea del sujeto que el psicoanálisis escucha.
M. Cruz con respecto a que a veces nos guste ser número, recuerda que Santallana decía en un poema: “me gustaría olvidar que yo soy yo”. Mucho del éxito de cierto orientalismo de baratillo tiene que ver con esto. ¡Abdicar de la identidad, qué bien! ¿Por qué? Porque cada identidad podría contar como sucesivos episodios de control social. Todo lo que se ha dicho de la identidad como una transacción de lo que los demás piensan de uno, si uno las acepta, todo eso es gravoso y, liberarse de eso, aunque sólo sea un momento produce un gran alivio. Comenta el alivio que sentía en la mili cuando se ponía el uniforme. Todos eran iguales, era casi invisible. Había alguno que quería ponerse en el uniforme alguna diferencia. ¡Qué tontería! En cuanto se pone uno una diferencia, se pasa a ser mirado y a ser controlado. El gran alivio es que se sea casi invisible. Pero ¿se podría llevar hasta el final esa reivindicación de anonimato?
Recuerda que un colega le decía a otro que hablaba mucho del anonimato: Sí, sí, mucho anonimato... Pero tú ¿por qué firmas los libros donde hablas del anonimato? Y tiene un punto de acierto. Si uno no puede decir que esa es su idea, uno tiene la impresión de que le están quitando algo.
M. Bassols recuerda un chiste de Forges, que le pareció excelente: un hombre se despierta sobresaltado y le dice a su mujer: “Josefa he tenido una pesadilla: yo era yo”. Y la mujer le responde: “joder, lo peor que te podía pasar era eso”.
Hay un momento en el que el sujeto se siente angustiado, se siente encorsetado. Hay un encuentro con la angustia cuando el sujeto se siente demasiado idéntico a sí mismo. Y esto es algo que hay que rescatar actualmente, para una clínica del sujeto dividido, en términos lacanianos. Si uno tiene que decir algo de sí mismo, será siempre algo disonante, no como idéntico. Como autor de este libro él mismo no se reconoce en él. Y esto es una experiencia que puede causar angustia, “si yo no soy el que ha escrito esto”, “algo se ha escrito en mí y eso sigue su curso”. Si cuando me despierto “yo soy demasiado yo” me angustio.
Hay algo de ese orden para rescatar esa paradoja que no tiene salida por el lado de los discursos identitarios. Que sólo lleva a una uniformización absoluta del sujeto donde se tapa su verdadera identidad, esa que escapa a su Yo, precisamente.
Una participante pregunta sobre lo que dice en El libro de la página en blanco, y sobre la posición ética que se tiene al escuchar al otro como esa página en blanco. Y pregunta sobre la posición ética que se tiene en los encuentros con la ciencia.
¡Interrumpe el bedel anunciando que van a cerrar!
M. Bassols explica que debatir con gente que de entrada no comparte ningún presupuesto con él, es algo que le encanta, es una disciplina también, pero le ha enseñado algo y es que hay un cambio posible entre sus interlocutores, en su actitud hacia el psicoanálisis, cuando uno encarna esa página en blanco en el campo de la ciencia. Es una posición ética que él se ha querido dar en esos encuentros.
27 de Junio de 2012
XI Jornadas de la ELP “Un Nuevo Amor... Destinos del amor en la experiencia analítica” A Coruña, 9, 10 y 11 de Noviembre de 2012
Hablar del amor es ya hacerlo, enseñaba Jacques Lacan. De modo que parece que todo haya sido dicho sobre él. Pero el psicoanálisis añadió a ese decir la dimensión del inconsciente, cuyo origen es, precisamente, el amor, al cual, en la experiencia psicoanalítica, llamamos transferencia. Con ello topamos con la relación que el amor mantiene con lo imposible: lo imposible de decir, de saber, de curar.
En el psicoanálisis verificamos constantemente la fuente universal que es el amor para todo lo que el ser hablante puede crear. El amor le permite, por un tiempo, a ese ser hablante, hacer pareja con aquello que aparece como imposible: el sexo, la muerte, la locura, el saber, la lengua, la mujer, la poesía, la letra. Nos interesa en este sentido la relación que el amor establece entre la contingencia de su encuentro y lo necesario del destino que parece escribirse a partir de ahí.
En efecto, la letra es uno de los puntales de la vida amorosa; tal como la letra es aquello que configura los síntomas de los que nos ocupamos. En el inicio de un psicoanálisis, el amor es la contingencia necesaria sin la cual no se da la primera cita. El desarrollo de un psicoanálisis es un despliegue, a veces grato, a veces ingrato, del trabajo del amor: si bien puede aparecer perdido en ocasiones, la experiencia es su recuperación en la escala del deseo. Sin el amor, el goce no tiene sentido; sin el amor, nada se fija en escritura: es por eso que al final de la experiencia psicoanalítica lo que queda es un nuevo amor, como nombre nuevo de lo que siempre estuvo ahí.
EJES DE TRABAJO
1.- Actualidad del amor de transferencia: ¿En el comienzo está el amor? ¿Qué ocurre cuando el síntoma no tiene el auxilio del enigma?
2. Clínica del amor en el siglo XXI. Nuevas formas de amor a la mujer o al hombre. Amores homosexuales. Amor de padre, amor de madre, amor de hijo, amor de hermano. Amores prohibidos. Locuras de amor. Amor a Dios.
3. La transformación del amor que produce la experiencia analítica: destinos del amor de transferencia, restos transferenciales, amor a la Escuela.
COMISIÓN CIENTÍFICA:
Eugenio Castro, Carmen Cuñat (más-uno), Manuel Fernández Blanco, Mónica Unterberger, Oscar Ventura, Antoni Vicens.
COMISIÓN DE ORGANIZACIÓN:
Isabel Alonso, María Castro, Almudena Collantes, Begoña Conde, Mª Antonia De Miguel, Pilar Devesa, Luz Fernández, Nieves Figueiras, Dolores García de la Torre, Nuria García, Carmen Garrido (responsable), Chus Gómez, José Gómez, Eugenia Insua, Fernando Martín Aduriz, Marta Maside, Mª José Montolla, Carmen Pérez, Chelo Ramírez, Liana Velado, Begoña Yañez.
TESORERÍA:
Pilar Devesa e Iván Ruiz
COMISIÓN BIBLIOGRÁFICA:
Paloma Blanco (responsable)
PUBLICACIÓN VIRTUAL:
“Carta de ALmor”, boletín on-line de las Jornadas, difundido semanalmente. Responsables: Eugenio Castro y Oscar Ventura
FACEBOOK:
Mercedes de Francisco (responsable)
MÁS INFORMACIÓN:
Directorio ELP: Graciela Sobral (Secretaria): gsobral@telefonica.net e
Iván Ruiz (Tesorero): ruizacero@gmail.com
Viste la Web de la ELP: http://www.elp-debates.com/
23 de Junio de 2012
Padres al sol*. José Ramón Ubieto (Barcelona)
Un dato novedoso del impacto de la crisis es que los más afectados, junto a los niños, son hombres jóvenes y de mediana edad con hijos a cargo. “Hombres al sol” que enfrentan un futuro incierto, a veces con respuestas -en aumento- de carácter violento y/o depresivas importantes, que pueden llegar en algunos casos al suicidio. En la clínica privada y pública constatamos también el incremento, en los últimos meses, de las consultas de estos sujetos inestables, carentes de la salud que Freud atribuía a la “capacidad de amar y trabajar”.
Françoise Sagan, en sus novelas Adiós tristeza y Una cierta sonrisa (mediados de los 50’s) ya anunciaba este declive de lo viril y su reemplazo por una nueva masculinidad basada en la igualdad hombre – mujer. ¿Cómo caminar entonces hacia ese horizonte unisex? Una vía, elegida por muchos hombres, es la del ideal de una nueva paternidad que se ofrece como el buque insignia de las transformaciones de la masculinidad. Se presenta, además, como la “solución” a la guerra de los sexos ya que aquí sí hay una armonía (libre de violencia y competencia) que contrarresta la desigualdad de género. No en vano la crisis de la masculinidad va pareja con el declive de la imagen social del padre, avanzada por Jacques Lacan (1938).
Se trata de una paternidad igualitaria, distinta de la tradicional, donde los hombres “comparten el polvo” (lema de la campaña de igualdad que en 1998 promovió la Diputación provincial de Córdoba) y eso incluye también el trabajo domestico y la crianza. Este “hombre nuevo” debe hacer el duelo por la pérdida de la autoridad tradicional y obtener su nueva ganancia a través de los afectos y el cuidado de los hijos. Los datos que los sociólogos nos ofrecen no desmienten esta estrategia pero matizan el alcance real de ese ideal y en la consulta no escasean los casos de padres “agobiados” y desorientados ante este reto.
La crisis actual, con la pérdida de su rol de sustentadores principales de la familia, que en poco tiempo ha pasado del 85% al 50%, abre diversos interrogantes: ¿Cómo ejercer ese nuevo rol masculino y paterno cuando los varones pierden su principal activo, el trabajo y los beneficios obtenidos? ¿Se trata, para recuperarles, simplemente de entrenarles en habilidades y competencias parentales para reinventar su rol y elaborar el duelo de este renovado Adiós al macho? ¿La parentalidad positiva, promovida por la UE, subsume la relación de pareja? ¿Estas nuevas reglas familiares son sólo un asunto privado, a dilucidar entre hombre y mujer?
Cada uno es, sin duda, responsable de sus actos pero las cartas con las que juega la partida de su vida condicionan sus factores de riesgo y protección. Por eso liquidar las formas de solidaridad colectiva, como es el modelo del estado del bienestar, no será sin consecuencias.
Recurrir a la violencia, contra sí mismo o contra la pareja o los hijos es una de ellas. La violencia retorna como salida fallida a una crisis personal, familiar o social. Su aumento es un síntoma que contiene un mensaje al que no podemos ser sordos salvo que queramos condenarnos a su repetición ciega y mortífera.
*Publicado en La Vanguardia. Con la amable autorización del autor.
Visite: http://joseramonubieto.blogspot.com.es/
20 de Junio de 2012
Niños Amos.* Adela Fryd (Buenos Aires)
En la clínica de este nuevo siglo, es frecuente encontrar niños que son más amos que sus padres: niños que se ubican en una paridad asombrosa frente a cualquier adulto. Se trata de sujetos que ya desde los dos o tres años, parecen no responder a nadie. Y no responden de una manera particular: quieren ser reconocidos por el Otro y por los otros que los rodean, creen ser autónomos y comandar su elección de ser, funcionando así como niños “solos” que hacen lo que quieren. Marchan de este modo y aparentemente no hay nadie que los pueda detener.
Podríamos decir que este “tómame como soy porque yo soy así(1)” que con frecuencia se escucha en adultos, resulta absolutamente curioso al tratarse de niños. Pensamos en qué será de ese Niño Amo cuando sea adolescente, sin algún encuentro que desvíe, que le presente una salida, un diferente lazo al Otro que le permitiría reescribirse.
Por otro lado, eso es ir contra ese goce al que no quiere renunciar. Estos niños caprichosos, que no quieren entrar en razones, muestran que el “Yo quiero” es anterior al “Yo pienso”. Como dice J-A. Miller: “… la belleza del capricho es que el sujeto asume en él como propia la voluntad que lo mueve. Quiero aquello que me pulsiona, yo lo quiero, yo soy quien lo quiere”. Es en este punto donde lo que se impone es el gozar, un gozar narcisista autónomo con respecto a las disposiciones del Otro; esto es lo que los hace impermeables al Otro de la enseñanza.
Estos niños son ariscos a los significantes que son ofrecidos en el campo del Otro. Complicado en la alienación significante, el sujeto puede optar por una falsa separación. Es decir, que allí donde no se puede producir y donde hay dificultades en generar una separación, ésta termina jugándose en el cuerpo. Es precisamente en ese punto que podemos ubicar los casos de estos niños en posición de objeto, aquellos que frente a la interpelación del Otro, es decir, ante la pregunta por el deseo del Otro, responden en particular con el cuerpo. Son respuestas que pueden ir desde la abulia hasta la hiperactividad, pasando por el desgano y todas las variantes posibles de hacerse objeto para el Otro.
Así, en la clínica actual, la presencia y la frecuencia de esos casos, dicen algo de la época.(2) A veces se trata de niños identificados a la fantasmática del Otro materno donde, al no haber lugar para la falta y al no haber una pregunta sobre la misma, responden con el yo, con la impulsión o con una identificación al falo imaginarizado.
Entonces, ¿cómo se produjo la constitución subjetiva en estos niños? Si pensamos en los desarrollos de Freud para el narcisismo, el déficit en estos niños es en las marcas del Ideal del Yo como significantes de la batería del Otro. Podría hacerse un trabajo de interacción de los desarrollos de Freud respecto del narcisismo y el estudio del imaginario en Lacan. Partiendo de la constitución subjetiva y tomando el recorrido o el montaje de la pulsión, el objeto de la pulsión es organizado narcisísticamente (2) por la constitución del yo, un punto de entrecruzamiento entre ambas series. La serie de yo narcisismo-autoerotismo-relación de objeto, la serie de la pulsión oral-anal-fálica y para Lacan se agregan los objetos que organizan la demanda y del deseo en la transferencia, mirada y voz.
El déficit en la constitución del Ideal detiene la constitución subjetiva en las neurosis narcisistas y los fantasmas imaginarios se degradan en una insistencia del a-a’, en una especularidad pertinaz marcada por la agresividad y la tendencia suicida de un narcisismo no eficaz. En estos casos, el trabajo entre el objeto y el Ideal se obstaculiza muy temprano. A veces, los vemos apoderarse de un significante supuesto pero sostenido en una relación especular con el Otro, puede parecer una aparente separación pero, sin embargo, su yo queda ligado a un goce pulsional donde el yo ideal parece atestiguar un exceso incestuoso, que revela un conflicto no resuelto con el amor de Otro primordial. Falta un velo a la raíz gozante del amor.
Lacan nos plantea, en otro momento de su teorización, las dos operaciones de alienación y separación constitutivas que tienen consecuencias a nivel de la estructura. A partir de la alienación se puede decir que hay una fundación del Sujeto y en la operación de la separación, Lacan plantea que se trata de la constitución no del Sujeto, sino del deseo. En la separación se funda el deseo. En la alienación se produce esta constitución del Sujeto en el punto en donde el Sujeto se constituye en la medida en que se aliena a los significantes del Otro. Del lado del campo del Otro están los significantes, del lado del campo del Sujeto lo único que hay, y que se puede constituir solo a posteriori, es la pulsión; el recorte de la pulsión va a constituirse sólo en la medida en que pase por el Otro.
En el punto donde la cadena del Otro dice tal cosa, pero hay un intervalo de lo que no se dice, en ese punto el Sujeto puede situar algo de su deseo, o sea el punto de enigma del deseo del Otro. A partir de esa interrogación puede producirse la posibilidad del deseo.
Lacan también habla de libertad, en el sentido de la constitución de un deseo propio. En el intervalo es donde se produce la extracción del objeto, si el objeto se extrae puede instalarse una búsqueda deseante de ese objeto. Una vez que se produce la separación, Lacan nos dice, en Posición del Inconsciente, que la laminilla o la libido puede desplazarse e ir libidinizando los objetos del deseo y los significantes diferentes en su mundo. Es allí donde se arma el movimiento deseante de un Sujeto (3). Aunque estos pacientes tengan una astucia para manejarse con los significantes del Otro, tienen una gran pobreza en el campo del deseo. Allí es donde va la apuesta analítica a tramitar la separación. Pueden haber quedado casi coagulados por la marca de un significante que apunta a un sentido y que opera casi con la fuerza de un nombre propio, la separación es el problema. Es allí desde donde la voz y la mirada del lado del deseo del analista, jugados en la transferencia, lo saca de ese engarce a los objetos de la demanda con los que han quedado enlazados gozosamente. La transferencia es el lugar donde se sitúa la cuestión del deseo del analista en relación a la posibilidad de la separación. En muchos casos están investidos por un significante que toma un carácter fuertemente superyoico, que a veces se transforma en su destino: actúan y son percibidos como jugando en la cornisa.
Así, los padres quedan en posición de meros testigos de sus excesos, de esa lucha infinita para intentar separarse del Otro. Porque ocurre que estos niños si bien están alienados al deseo materno, lo están más aún al capricho de la madre, es decir, sin un pasaje por la ley. Por ello podemos decir -siguiendo a J-A. Miller- que se encuentran menos ligados al “fantasma” que a la pulsión. De este modo, al no aparecer la falta del Otro, no surge la pregunta sobre el enigma del deseo del Otro. Y lo que suele observarse en la pareja parental es que la madre toma al niño como objeto precioso mientras que el padre opera como un simple partenaire del niño.
Efectivamente, en estos niños algo se encuentra alterado en las operaciones de alienación y separación, y siguen alienados más que al deseo materno, a la lengua materna. Dicho de otro modo, ellos no aparecen ligados al fantasma, que en tanto tal es una respuesta a la pregunta por el deseo de la madre, ya que lo que falta es precisamente ese enigma. Falta, por lo tanto, la intermediación paterna por parte de estos padres, frecuentemente tan narcisistas, que dejan al niño del lado materno. Estos son los niños que se reivindican, como lo dice Freud (4), como una excepción, reivindicando el derecho de ser una excepción.
Un niño es adoptado por una mujer sola, una mujer de otra nacionalidad. Él concurre a una escuela bilingüe y es un buen alumno cuando lo desea. Al mismo tiempo provoca continuamente a la madre diciéndole que él quiere volver a la “madre de la panza”. Lo embargan ataques de furia. Se suceden situaciones muy difíciles en la escuela con agresiones, ataques de rabia hacia las maestras y el personal que lo cuida. Parece haber un profundo rechazo al Otro. Así, este niño que injuria permanentemente al Otro, con este rechazo a la madre se identifica al supuesto rechazo del Otro. Es curioso que esto empiece a suceder en el momento en que la madre se divorcia de un marido al que el niño siente como echado.
Este niño nace así a un mundo que vivencia como hecho de códigos caprichosos, ese es el mundo que él rechaza todo el tiempo: lo que le dan, todo lo que se le ofrece. Aparece un juego, se esconde, yo lo tengo que buscar, pero antes debo localizarlo con una frase. Es ese momento en el que él aparece jugando al “tono correntino” (5). Este juego es repetido varias veces. Le digo entonces que estoy buscando la voz correntina. En ese momento él me cuenta que es muy amigo del señor que cuida el campo de la madre, campo que está ubicado en el lugar donde fue adoptado. Se constata así que es en el encuentro dentro de un dispositivo analítico donde la instancia que hay en el Otro toca un punto de su manera de hablar, de su estilo de hablar, y lo reengancha a hilos de un lugar de su historia.
Freud nos enseñó que en la constitución de un sujeto, para que pueda acceder a la simbolización, es necesaria la separación del Otro. El niño del carretel nos muestra que él tuvo que privarse, separándose, privándose del goce de la mirada materna como objeto, cediendo un objeto al tiempo que hará aparecer los significantes del juego del fort-da (6). Se trata de ese carretel que ante la partida de la madre, entrando en relación con ese objeto, haciéndose mirar, va a permitirle recuperar la mirada del Otro. Por ello decimos que el fort-da es la matriz del fantasma, y que ese objeto es aquel con el cual el sujeto se relaciona cuando el Otro no está.(7)
La cura, en el dispositivo analítico, permitirá que estos niños se encuentren con nuestra mirada y nuestra voz como semblantes. No se tratará de restituir lo que no tuvieron, sino posibilitar que construyan algo diferente. Así, será posible en una cura maniobrar con estos objetos, sustraerlos, retirarlos, hacerlos ruidosos. Este encuentro del sujeto con el deseo del analista le da una oportunidad en la cura: recortar una mirada extasiada, una voz con tonada. En otras palabras, recortar este lazo en la transferencia permitirá descompletar, quitarle la fijeza a lo fugaz de ese goce y que aparezca otra cosa que el niño podrá inventar. Allí es donde nosotros apostamos a lo que Lacan llamaba la presencia del analista, porque lo contingente será que el niño, en un encuentro con un analista, pueda encontrar algo en su estilo, en su manera de alojarlo, que le permita y le dé posibilidad a un nuevo amor, el amor de transferencia.
Si dijimos que estos niños imaginarizan al Otro, si hablamos de una falicización del yo, acompañado de un goce que no cede y que insiste en el regodeo de un plus de gozar, se tratará de ver de qué manera puede producirse algo de la separación del objeto en relación al Otro. Como en el caso del niño correntino donde la voz dio la pista de un objeto que fue para él la posibilidad de un lazo distinto con el Otro, ya que en el mismo punto donde se produce la separación con el objeto, puede aparecer un nuevo objeto y los significantes que lo comandaban.
En este caso, se trató de, una vez localizado, separarlo de un significante hostil que imaginarizaba el rechazo, y propiciar que esos significantes se pusieran en juego de otra manera. En otro caso, un niño de cinco años oscilaba entre un juego muy ocurrente y un ignorar al Otro que a veces parecía un desafío y otras veces simplemente expulsaba, eliminaba al Otro. Era muy difícil ponerle límites porque simplemente no escuchaba. Era muy llamativa su mirada fuerte, fija, decidida. Él, casi todo el tiempo, hacía lo que quería. Sus conductas a veces llegaban a situaciones de riesgo. Un día se desprendió de la mano de la mucama y se fue a jugar al borde de una ventana. Su madre decía que le producía mucha fascinación su inteligencia, pero que siempre sintió que la sobrepasaba. Desde que abrió los ojos por primera vez como bebé, ella quedó impactada por esa mirada. “No era la de un bebé, sino la de un pequeño hombre.” Esto produjo entre ellos siempre un lazo de mucha tensión, por un lado, muy dedicada al niño, y por otro lado, sobre un clima donde el que comandaba era el niño. Un juego comienza a repetirse en sesión. Primero, dibuja muñecos con ojos grandes vacíos, corta en una entrevista ese papel en forma de careta, y queda la cara con los ojos vacíos puesta sobre su cara. Comienza una secuencia que repite donde juega con un espejo. Con el espejo enceguece mi mirada. Me doy vuelta con la silla y le retiro mi mirada. Queda conmovido, queda impactado.
En otras sesiones aparecerá otro juego. Tomará una muñeca y un muñeco, los hará encontrarse, se dirán “hola” y propondrán un juego. Aparece allí por primera vez un juego de uno con el otro.
Resumiendo: el fort-da freudiano será una orientación en la cura, para que allí se constituya algo diferente. Se trata de un nuevo tratamiento de la demanda, a través de su pasaje por el Otro. Una de las maniobras consistirá en hacer algo para instalar una falta y lograr el surgimiento de la demanda por parte de estos sujetos. Podemos plantearlo como un modo de tratamiento de lo pulsional por medio del deseo del Otro, situando así la voz y la mirada como objetos que están siempre presentes.
P.-G. Guéguen lo formula de esta manera: delimitar lo real. Se trata de apuntar a delimitar lo real para cada sujeto, o sea, aquello que quedó como un encuentro memorable con lo real. Ese es otro punto que me gustaría destacar: al tratarse de niños que monologan, sólo escuchan al Otro si el Otro dice lo que ellos saben. J-A. Miller nos sugiere que en estos casos deberíamos pensar en una clínica del despertar, más propiamente, de la pesadilla que lo acerca al objeto a. Si la pesadilla despierta es porque algo se impone, resuena en el cuerpo y rompe la homeostasis. El amor como operación está en la base de la humanización de la entrada en la cultura, y en ese sentido es algo que siempre implica una pérdida. Este amor es lo que los psicoanalistas denominamos amor de transferencia. Allí es donde se sitúa su fundamento que es lo que Lacan llamaba la presencia del analista.
Lo contingente será que el niño en un encuentro con un analista, con su presencia, pueda hallar algo que en su estilo, en su manera de alojarlo, dé la posibilidad a un nuevo amor y a su separación.
Notas:
1-. J-A. Miller “Usos del lapso”, Editorial Paidós, 2004, Capítulo 8 “Capricho y Voluntad”.
2-. Enric Berenguer “Psicoanálisis: enseñanzas, orientaciones, debates” Edición Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, pag 111.
3-. Clase Seminario “Pensar la castración en niños y adolescentes“, 1/9/2008, Patricio Alvarez.
4-. Sigmund Freud “Las excepciones: Ensayos de psicoanálisis aplicado”
5-. Tonada del español que se habla en la provincia de Corrientes, en la región del litoral de la República Argentina
6-. Sigmund Freud, 1920, “Más allá del principio del placer” Ensayos de psicoanálisis.
7-. Philippe Lacadée, 2003, “Le malentendu de l’enfant”, Cap 5, Ediciones Payot Lausanne.
* Publicado en PAPERS nº 9. Comité de Acción de la Escuela Una - Scilicet.
16 de Junio de 2012
Reseña: I Coloquio Internacional de Toxicomanías y Alcoholismo: “¿Todos Adictos?” Claudio Spivak (Buenos Aires)
El sábado 21 de Abril tuvo lugar el “I Coloquio Internacional TyA”, en Buenos Aires. El título elegido para el encuentro fue “¿Todos Adictos?” y los textos de referencia seleccionados fueron “Una Fantasía” de Jacques-Alain Miller y “La toxicomanía generalizada”, de Ernesto Sinatra.
Con una masiva presencia de colegas de diversas partes del mundo y con trabajos de España, Argentina, Brasil, Francia y Bélgica, el Coloquio contó con las presentaciones de Judith Miller, Pierre-Gilles Gueguen, Ernesto Sinatra, entre otros, y tres mesas con nueve trabajos tanto clínicos como teóricos.
La apertura estuvo a cargo de Judith Miller, quien fuera presentada por Luis Salamone.
Salamone se refirió al éxito del significante TyA, el cual ha sido adoptado por los colegas que han decidido trabajar cuestiones referidas a la toxicomanía y al alcoholismo, siguiendo la orientación lacaniana. Señaló que está orientación se diferencia de las otras por no seguir la propuesta del “eso marcha” del discurso amo (tal como podemos encontrar, por ejemplo, en las Comunidades Terapéuticas). Nos recordó que Lacan al final de su enseñanza transmitió un “eso fracasa”, marca de nuestra relación con lo imposible.
También se refirió al constante interés de Judith Miller por el TyA, el que se ha traducido en encuentros y una comunicación fluida. Cabe señala que Judith Miller a formado parte también de la Comisión Organizadora del Coloquio.
Judith Miller inició su exposición relatando el trabajo que realizó, junto a distintos colegas, para conformar el argumento del Coloquio. Afirmó que su deseo era inventar los principios de la política que tenemos que elegir para enfrentar el ataque que sufre el psicoanálisis lacaniano. Explicó que la conversación era una ocasión preciosa para elaborar la política a seguir y dar respuesta a los planteos de la época actual. Señaló que hay amenaza para el psicoanálisis de orientación lacaniana por parte de lo que llamó “las buenas prácticas”, es decir, prácticas que son producto del empuje a la evaluación, prácticas que intentan sofocar los síntomas, sin tener en cuenta que esos síntomas expulsados por la puerta, retornan por la ventana.
Judith agradeció la presencia de colegas europeos, así como de Chile, Méjico, Brasil y Argentina. Luego agradeció el trabajo realizado en Europa por Pierre Malengreau y otros colegas, quienes han impulsado la creación de la Carta del TyA en el viejo continente.
Recordó también la importancia de tener en cuenta la diferencia entre especificidad y especialización en el tratamiento de sujetos llamados adictos, así como mencionó que no debemos perder de vista que el TyA, en sus siglas, incluye al alcoholismo.
Luego, Fabián Naparstek presentó a Pierre-Gilles Gueguen Gueguen tituló su exposición “Siempre uno por uno y, a menudo, Uno solo”. Recordó la referencia de Jacques-Alain Miller en “Las profecías de Lacan”. Allí declaraba que Lacan había deducido que la sexualidad pasaría del uno de fusión al Uno solo, cada Uno a lo suyo, para cada Uno su manera de gozar. Con esto, ahora nos encontramos con una nueva cara del derecho humano: el derecho de cada uno al propio goce. Explicó que esa es una de las causas de que el modelo general del siglo XXI sea adicción. El Uno goza solo con su droga y cualquier actividad puede devenir droga: el Facebook, el Internet, el trabajo, el deporte, etc.
Gueguen señaló que el psicoanálisis ha de vérselas con lo que hay, y no con lo que podría ser. Lo que hay es la toxicomanía generalizada. La sociedad ya no encuentra su fundamento en el Ideal encarnado por un jefe, sino en comunidades de goce. Esto corresponde al ascenso del judicialismo, al desenfrenado del capitalismo financiero y tentativa de poner en primer plano a los derechos humanos en tanto derecho a gozar.
Explicó que como solución algunos han propuesto restituir al Otro de la ley, al tiempo que otros han apostado por el apoyo filosófico dado por el relativismo. El relativismo, afirmó, se lleva bien con el auge de las terapias medicamentosas, fundadas en un pragmatismo que olvida la subjetividad. Señaló que el psicoanálisis ha de buscar su propia propuesta, una que sepa servirse del padre para poder ir más allá de él.
Continuó señalando que nuestro interés pasa por la praxis del psicoanálisis y por cómo acoger en el discurso psicoanalítico a todo el abanico de los fenómenos adictivos. Esto sabiendo que existe un hiato entre la definición de adicción del DSM y lo que entendemos por toxicomanía, desde nuestra concepción del síntoma psicoanalítico.
Recordó que para que haya psicoanálisis tiene que haber psicoanalistas, recordando la sentencia de Lacan: “el psicoanálisis es la operación que se espera de un psicoanalista”. También mencionó los dichos de Miller en “Hacia Pipol IV”, quien señalaba que los efectos del psicoanálisis no dependen del ambiente, no dependen del diván o del consultorio. Sí dependen de la relación de quien sostiene el discurso psicoanalítico y la experiencia con la cual se ha comprometido. Y es por eso que se pueden lograr efectos psicoanalíticos en la institución, siempre que la institución no haga imposible la práctica analítica.
Dijo que el analista es el que permite al sujeto que haya un enganche con el saber supuesto, aunque sea un enganche fugaz. Rememoró que las nociones de enganche y desenganche fueron trabajadas en la Conversación de Antibes.
Luego se refirió al contemporáneo uso masivo del tóxico, que aleja del amor y el sexo y se preguntó por la respuesta que puede dar el psicoanálisis en el tratamiento de las toxicomanías.
Entonces explicó que el objeto a, en la última enseñanza de Lacan, es real y que la pulsión lo rodea como a un hueco. Del objeto, si está enganchado al fantasma, sólo se puede decir lo qué es episódicamente, o sea puesto en función significante. Señaló que para que dicha operación sea posible hay que creer en el significante y que sólo constatamos la existencia del inconsciente y del objeto a por estos efectos. No podemos saber lo que es el inconsciente ni el objeto a, a no ser por los efectos.
El analista tendría ahí un lugar de intervención. No se puede saber de antemano en qué lugar se instaló el vacío del objeto a en la constelación significante que porta un sujeto. Tenemos que apostar, afirmó, a que el objeto que elija el toxicómano no sature el goce. También podemos ayudar a soportar dicho goce, proponiendo el tratamiento por la cadena significante. Explicó que esta movilización puede ser difícil, dado que el producto consumido puede ser tanto lo que sostiene como lo que destruye al sujeto en el universo del lenguaje.
A continuación hubo un espacio para las intervenciones de los participantes. Fabián Naparstek animó la conversación y puso énfasis en la noción de Uno solo. Las intervenciones rondaron acerca de las practicas realizadas en diversos ámbitos, tanto en privado como en el institucional. En una nueva intervención, Gueguen se refirió al amor como la única manera de superar el hecho de la no existencia de la relación sexual. Rescató entonces la importancia de la transferencia como elemento que da cuenta de nuestra creencia en el amor. La transferencia permite soportar la soledad del sujeto hipermoderno.
La siguiente mesa fue coordinada por Dario Galante y contó con los trabajos de Wilma S. de Farias (Belo Horizonte, Brasil), Nadine Page (Bruselas, Bélgica) y una presentación conjunta de Guillermo Drikier, Claudio Spivak y Jazmin Torregiani (Buenos Aires, Argentina). El trabajo de Page tomó como referencia el exceso y se apoyo en una presentación clínica. La presentación clínica de S. de Farias nos presentó a un sujeto donde el consumo de alcohol se acompañaba de drogas. La presentación de Drikier, Spivak y Torregiani fue teórica y buscó una orientación para el practicante del psicoanálisis en la época actual.
La conversación tomó como eje el posible cambio de posición subjetiva en el caso presentado por Page, la afirmación del grupo de Buenos Aires de tomar al síntoma toxicómano como paradigmático de la época y el lugar que han tenido el alcohol y el trabajo en el caso presentado por Farias.
La mesa que se presentó a continuación fue coordinada por Hilda Vittar. Hubo presentaciones clínicas de Irene Domínguez Díaz (Barcelona, España), Cassandra Dias Farias (Brasil) y Jorge Castillo (Córdoba, Argentina). Vittar puso énfasis en la idea de función del tóxico y señaló que ésta era distinta en cada uno de los casos presentados.
La conversación giró alrededor del detalle de “el llanto permanente” y la función de la droga para lograr un sentimiento de vida en el caso de Domínguez Díaz, la ruptura del lazo con el Otro en el caso de Dias Farias, al tiempo que en el caso presentado por Castillo la discusión intentó ubicar el lugar que la droga y la ansiedad han tenido en el sujeto presentado así como su relación con el analista. Otro tema que se prestó a la discusión fue la presencia del cuerpo, de la relación de sujeto y el cuerpo, en los casos presentados.
Finalizada la mesa, la Comisión Organizadora convocó a un Break. Ya se habían dispuesto diversas vituallas y bebidas, las cuales fueron recibidas con alegría por los participantes. La conversación continuó durante el receso y se hizo evidente el entusiasmo que enmarcó al Coloquio.
Regresados a la actividad, se presentó una tercera mesa, la cual fue coordinada por Mabel Levato. Los trabajos clínicos fueron presentados por Maria Célia Reinaldo Kato (San Pablo, Brasil), Susana Colabianchi en representación del TyA Rosario (Rosario, Argentina) y Cristina Pinelli Nogueira (Belo Horizonte, Brasil).
La conversación, en relación al caso presentado por Reinaldo Kato, tomó como eje la posición del analista, siendo la referencia una afirmación de Eric Laurent, quien proponía "cierta humildad y modestia "(1) frente a la toxicomanía, y "precisamos introducirnos en una tolerancia con relación a lo imposible, sin ceder ni a la resignación, ni al cansancio, delante de una carrera que concierne al imposible”. Mientras tanto, en el trabajo conjunto presentado por el grupo de investigación de Rosario, la discusión se cernió en el uso del tóxico como barrera ante el dolor y una intervención que localizaba las horas del consumo como las mismas en las que han fallecido seres queridos de la entrevistada. Por otra parte, en el caso presentado por Pinelli Nogueira, la charla se orientó por el uso de la internación y la presencia del alcohol como modo de tramitar el dolor.
Un punto interesante que surgió fue el debate acerca de la despenalización del consumo de drogas. Gueguen se refirió entonces a la relación del psicoanálisis con la ley y la interdicción. Dijo que el hecho de la prohibición no va a poner límite a la pulsión de muerte.
Luego llegó el momento de la presentación de Ernesto Sinatra , fundador del TyA junto a Mauricio Tarrab y Daniel Silliti. En la ocasión Luis Salamone recordó que el TyA cumplía 20 años.
Sinatra convocó a tomar una posición clara en relación a la sanción de nuevas leyes, como son la Ley de Identidad de Género y la Ley de Salud Mental, siendo nuestro horizonte el respeto por la subjetividad.
A continuación presentó su ponencia con el título de “Un paradigma de la hipermodernidad: la canallada del paco”. El paco es el nombre que se da en Argentina al residuo químico que queda de la elaboración de la cocaína. En el país se agrega a ese residuo polvo de limpieza o vidrio molido, lo que potencia su efecto devastador. Dado su bajo costo es consumido por la clases sociales con menos recursos, aunque recientemente se ha generalizado el consumo. Esto es así por la velocidad mayor en la producción de su efecto, del flash toxicómano. Sinatra se refirió a la producción de drogas de diseño, las cuales se fabrican casi a la medida del consumidor.
Sinatra explicó que las narcociencias han logrado con el paco lo imposible: reintroducir el resto de la producción de la cocaína en el mercado. Ya no se trata de eliminar el resto sino de venderlo, lo que fue caracterizado como una operación canallesca, Ideal del capitalismo. A los individuos que son los caídos del mercado, el resto y real del mercado de consumo, se les destina lo que ese mismo mercado había descartado. En la producción del paco se realiza lo lógica del mercado capitalista, que circula sin perdida, transformando el desecho en mercancía. Todo se recicla, nada se pierde, salvo las vidas humanas. Afirmó entonces lo que era una conclusión lógica: el paco es a la producción lo que los individuos al mercado de consumo, el resto de la operación.
Luego mencionó la referencia de Lacan, comentada por Miller en “Una Fantasía”, donde propone que el discurso hipermoderno de la civilización muestra la dictadura del plus de gozar, al elevarlo al cenit del cielo social. Entonces afirmó que el plus de gozar se ha tragado al Ideal, siendo que la dictadura del Nombre del Padre ocultaba la dictadura del plus de gozar.
Propuso distinguir las dos caras del objeto a, la de causa y la de desecho, es decir, discernir entre el vacío de la causa y la saturación del desecho, para luego señalar que las drogas constituyen el desecho que suturan el vacío del objeto a, sede de la no relación sexual, causa de lo humano. La consecuente paradoja de esta operación es que cuánto más se repite el consumo para suturar la inexistencia de la relación sexual, más se hace evidente dicha inexistencia. Las drogas en su empuje autoerótico hacen evidente la no relación sexual. La droga viene a suturar ese vacío, el flash parece lograrlo, pero sólo por un instante. De ahí la instalación de la repetición entre el goce evanescente del flash y el posterior sentimiento de vacío ocasionado por la falta de droga. Ahí se ubica el fracaso y el éxito de la droga, quedando ésta elevada al cenit de la civilización.
Finalizada la presentación de Ernesto Sinatra, Luis Salamone recortó lo que llamó “una buena táctica” para el practicante del psicoanálisis. Se trata de apuntar al punto de fracaso de la droga, allí donde se hace evidente la no relación sexual.
Judith Miller hizo una larga intervención que Sinatra resumió del siguiente modo: hay que hacer saber a la comunidad que el intento de erradicar el síntoma es una práctica totalitaria.
Como despedida, Salamone agradeció la presencia de los colegas y el trabajo realizado por la Comisión Organizadora, compuesta por Judith Miller y Luis Salamone (como responsables), Liliana Aguilar, Romina Carbone, Cecilia Fava, Miriam Pais y Claudio Spivak.
Notas:
1-. LAURENT, E. "Post-War on drugs?” Cómo el psicoanálisis puede contribuir al debate político sobre las drogas en "Pharmakon 12”. Grama. 2011. Buenos Aires.
13 de Junio de 2012
Reseña: El poder judical no puede limitar la acción especializada del control psico-social. ¿Estarán ejerciéndolo unos paranoicos (¿Habrá tests que lo confirmen, tests que lo desmientan?)* Pablo Villate (Bilbao)
Willkommen, Bienvenus, Welcome, como en la película Cabaret, podríamos decir, con la perspectiva que se abre con este tema: La infancia bajo control
Podríamos pensar que nadie más autorizado que alguien de algún modo relacionado con el psicoanálisis -dado que no hay analista posible que no pase por analizarse-, para decir que, a los clasificadores y controladores de lo psico-social, habría que clasificarlos eficaz y directamente como única garantía posible ante las derivas paranoides (aktion) que puede tomar su acción!
Seguramente no puede plantearse de igual manera en todas las profesiones, pero desde “el médico cúrate a ti mismo”, pasando por el no hay psicoanalista sin análisis personal, tampoco tendría que llegar esto de que ni los jueces pueden limitar la acción de los controladores psicosociales porque a los expertos se les reconoce un poder, tal como se formula por el Tribunal Supremo en nuestro país y se ha aplicado recientemente en el proceso de homologación de los psicólogos clínicos, ¡¡¡omnímodo!!!
Así sólo el encuentro de la universidad con el poder político -sea legislativo o, aún más cuestionable, administrativo- vienen a suplir esa falta de garantía del sistema jurídico respecto a lo social.
Da la impresión de que ni ese sistema, ni mucho menos el sistema psicotécnico, ni el sistema político, son capaces de garantizarnos que su acción esté a salvo de una deriva paranoica del higienismo. Tal como advierte el profesor Gori (Roland Gori, profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) al final de la película “La infancia bajo control”:
“En el fondo este asunto de los trastornos de conducta (...) no apunta a prevenir la delincuencia, sino más a habituar a la población común a aceptar una trazabilidad del comportamiento. Y es ahí donde hay una relación extremadamente problemática justamente con lo político. Sobre los usos de la ciencia, particularmente la genética, como modo de gestión de las poblaciones, hemos conocido tiempos muy sombríos no hace mucho”.
La serie de intervenciones realizadas en ocasión de la proyección de dicha película convocadas por la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Bilbao, parecen ilustrarlo muy bien:
-Desde el campo educativo, las dos intervenciones aportadas fueron muy claras. Beatriz Tomey (gipe-scfbi) lamentaba la escasez de espacios para reunirse en torno a la posibilidad de un análisis crítico sobre cuestiones como esta. Resulta entonces que los maestros se encuentran consintiendo –como el Tribunal Supremo, diría yo- eso en lo que les meten los técnicos psi: rellenar los cuestionarios que van a ser el fundamento del diagnóstico de TDH, colaborar con la aplicación sistemática de un control y medicalización, que en muchos casos no sólo no ayudan a los alumnos que pueden estar en dificultades, sino que los patologizan y complican la labor de los educadores interesados en atender al hecho de que sus alumnos pueden consentir o no en tanto sujetos.
Inmaculada Mtnz de Icaya (qiepe-Gazteiz-scfbi) no tardó en dar una definición a la altura del fenómeno, el higienismo del siglo XXI, que parece dejar aún menos margen de oposición a su acción autoritaria por esta deriva cientificista empeñada en subsanar, de modo absoluto (dándose un poder ¿omnímodo?), todos los errores de conducta del ser humano: fe en la ciencia y pensamiento único relacionados con el pretexto de la buena convivencia ¿por qué tiene tanto éxito en países considerados la avanzadilla de la educación –EEUU, Canadá, Francia, Alemania, Bélgica-?
-Desde la clínica, lo primero, los casos. Elena Usobiaga (gepna-icf) recordó los episodios de ira que “el hombre de los lobos” presentó de pequeño y la interpretación que Freud hizo al respecto. Pese a la lógica de quienes, tal como muestra el citado documental, buscan el germen de la delincuencia, el joven ruso pudo no resultar muy normal para muchos pero nunca fue un hombre violento.
Lo que sí parece bastante violento es que, clasificando por la conducta sin preocuparse por la causa de la inquietud manifiesta de un sujeto, se den casos como el del niño con síndrome de Asperger que venía siendo medicado con metilfenidato pese a los efectos indeseables que le causaba, como a la chica que deliraba que su madre era una doble, de donde la tensión agresiva hacia ella hasta que el asunto fue situado de buena manera. De modo aún más preciso, aumentar la dopamina (metilfenidato) no sólo desinhibe, incluida la conducta violenta, sino que también incrementa el riesgo de desencadenamiento de una psicosis.
Pía Nebreda (g autismo elp-bi) nos presentó a un niño que pululaba solo por la escuela, agresivo, sus compañeros descontrolados se reducían para él a un caos sonoro del que tenía que defenderse. Pese a dar pasos ubicándose respecto a la lecto-escritura seguía agrediendo. La posibilidad de serle interpretado que algo de todo eso hacía signo de su anhelo de relacionarse con sus compañeros produjo la emergencia del sujeto “¡Ah, ya comprendo!”, respondió. La confianza del clínico en que había que darle su oportunidad al sujeto estaba desde antes, nos explicaba Pía: si no, no queda más que el recurso al control y, en estos casos tan sensibles a la figura del perseguidor, el ejercicio del control sobre ellos aumenta su gran dificultad.
María Verdejo (gini-cereda-scfbi) mostró, con un caso ya desplegado en otra carta al Forum3, cómo un adulto puede necesitar tiempo para llegar a tomar a un niño como sujeto de pleno derecho, incluido un derecho a resistirse a un cambio de tutora. El cambio es aún más especialmente bienvenido si, como en el caso, es su madre quien, de no escucharla, da el paso a plantearse la diferente manera de decir las cosas que puede encontrar en su hija. Y esta puede llegar a decir que un poco de medicación para determinadas tensiones en sus relaciones escolares, puede ser aceptable.
Alberto Lasa (U. terapéutico-educativa Ortuella), un poco dividido entre psiquiatría y psicoanálisis, defendía con Canguilhem que la biología es mucho más que física o química, de modo que a esa psiquiatría -que el documental denuncia- prefiere llamarla neuroquímica más que biologicista. Señalaba las fatales consecuencias de identificar prevención con previsión, y las de la generalización del discurso plano que suprime la complejidad y lo específico de la historia del sujeto. Definió el momento en que estamos como el de la “sacralización de la pauta” que, afectando tanto al psicoanálisis como a la psiquiatría, hace desaparecer el factor humano de tal modo que la epigenética (transformaciones postnatales del potencial genético) sólo vuelve a estar de moda en tanto se traduce en términos de rentabilidad para la industria farmacéutica.
-Desde el público, un efecto muy particular causado por el documental: ¡verles las caras! como causa de cierta angustia. Ver las caras de esas expertas observando, cuantificando, clasificando, decidiendo sobre el sujeto sin contar con él. Esos expertos justificando la selección de las poblaciones en términos de escala de sospecha policial, respondiendo con infantilismo a la pregunta del niño que cuestionaba a qué venía aplicarle la escala del test Dominique... ¿una sociedad infantilizada que “se defiende” de la madurez de sus niños?
No por nada surgió también el comentario de que a Edelman, el pope del diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad, le han encausado en USA no por el dinero recibido de las farmacéuticas –que eso no es delito allí- sino por no haber pagado sus impuestos; como le pasó a Al Capone
-Como Colofón, leímos la cita de Lacan (... para que los hombres aprendan a soportarse entre sí...) que aparece en el último nº(32) de la revista del mismo nombre, propusimos continuar estas elaboraciones haciendo serie con el trabajo que realizaremos con Gustavo Dessal (en torno a uno de los “Otros escritos” de Lacan, “Alocución sobre las psicosis del niño”) y con Jorge Alemán porque, aún desde cierta soledad respecto al empuje tecno(ideo)lógico de la época, la política de un planteamiento orientado parece posible frente a la potencia del eje que forman el control psicotécnico, farmacológico y político.
* Encuentro en la BOL (Biblioteca de Orientación Lacaniana –Bilbao-)












«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



