El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

10 de Marzo de 2013

Fragmento de un real sin ley y testimonio de Jacques-Alain Miller. Isabelle Durand (Barcelona)

01:35:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Este fin de semana hemos contado en Barcelona –como sucede desde hace años– con la presencia de Jacques-Alain Miller para la XIII Conversación Clínica que organiza el Campo Freudiano de España. No tan sólo nos deleitó con su finura y rigurosidad clínica habituales, sino que se mostró más chispeante que nunca. Sí, tal vez eso sea transferencia positiva -no pienso defender que se trata de una descripción badiouista…- pero, sin duda Jacques-Alain Miller acaba de provocar una incidencia política sin precedente en la historia del psicoanálisis.

En esta oportunidad las intervenciones de J.-A. Miller desbordaron el marco de los seis casos cuya discusión estaba prevista, permitiendo así compartir las nuevas perspectivas políticas para el psicoanálisis en el mundo, especialmente en aquellos países que no se distinguen por el respeto de los derechos humanos. El psicoanálisis está de modo directo ligado a ellos, a esos derechos, por su ineludible vinculación con la libertad de la palabra. “¡Debemos defenderla! y para ello nos tenemos que preparar, advirtió J.-A. Miller. Esta movilización del Campo Freudiano como observatorio de las libertades en estos países promete crecer considerablemente. Cuando se produce una brecha ¡hay que ir a fondo!”, espetó con el tono del que tiene la convicción de que un hombre, si no cede sobre su deseo y está rodeado de buenos amigos, puede mover montañas.

En una de las muchas anécdotas que contó sobre cómo consiguió liberar a Mitra Kadivar, explicó cómo se dejó enseñar por los persas -para los que es inconcebible el hablar abiertamente- para poder luego manejarse con ellos. “Con ellos es preferible velar un poco las cosas, no ser orgulloso en lo que uno quiere decir, y llevarles así a participar en la creación del sentido.” –un sujeto afectado de badiouismo no podría negociar con los persas-.

Y, como si de una banda de moebius se tratara, cuando se topaba con un fragmento de real producido por algo que le evocaba el caso del señor B, Jacques-Alain Miller pasaba de comentar los casos clínicos a, de pronto, golpear la mesa al ritmo colérico de “¡¿Renegado yo?! ¡¿Cómo osa ese hombre decir semejante cosa?!” Y prometía al instante siguiente, por décima vez, no volver a hablar del tema. Añadió con humor, como para tratar ese real: “...Let him twist slowly, slowly in the wind”.

Pero unos instantes más tarde, Miller volvía a revelarnos con entusiasmo el horizonte de los próximos combates: hacer de la Asociación Mundial de Psicoanálisis una especie de amnistía internacional de los analistas, y -¿por qué no?- ¡de todos los profesionales de la escucha!

Y otra vez, volvíamos a los casos, como si estuviéramos de repente en una Conversación clínica “normal”: en el caso presentado por Andrés Borderías, J.-A. Miller mostró -entre otras cosas- cómo uno se hubiese podido quedar tranquilamente con que “la paciente llegó al analista con un malestar, habló, mejoró, y cíao!”. Andrés Borderías no se conformó con eso, con que hablar hace bien: quiso entender un poco más, y para ello tuvo que construir una estructura que le obligó a producir diferencias, una dialéctica, un ordenamiento. “¡Las estructuras, como Dios, que hay que querer para que exista, ¡es necesario quererlas y creer en ellas!” sermoneó, confesando con un chiste su gusto por ello.

Respecto al caso de Vilma Coccoz, J.-A. Miller recordó que la construcción de un caso está más del lado de la escultura -que procede por vía di levare- que de la pintura, que deposita acumulaciones de colores. “Es preciso sustraer muchas cosas para ver el camino y poder seguir un hilo”. Rindió un homenaje al estilo de Rosa Navarro que le pareció de una elegancia suprema. Destacó incluso el efecto terapéutico que había tenido sobre él su lectura.

A partir del de Laura Canedo, Jacques-Alain Miller apuntó lo siguiente: del lado femenino, está más en primer plano la cuestión del cuidado del otro, y en los dos sentidos producidos por el equívoco del genitivo: cuidar al otro y estar cuidada por el otro; mientras que para los hombres lo que está en juego es más la cuestión de la capacidad, si tienen o no tienen la capacidad de. Pero no pudo no agarrar al vuelo un ejemplo de badiouismo: “una copa es una copa y un vaso es un vaso”, decía la madre del paciente.

Y poco a poco, como quien no quiere la cosa, pero que a la vez la quiere, vuelve a hablarnos de lo que elaboró en su análisis, de la frase de su padre, escrita en letras de fuego, que le marcó: “Tú eres tan insoportable que en tu vida nadie te va a querer.” Una frase pronunciada a consecuencia de sus ataques de cólera frente a un imposible de soportar: la ironía paterna. El resto de esta tensión agresiva es la savia que sigue alimentando su gusto por la lucha.

También evocó su fascinación por las mujeres con audacia, que hizo serie con la confesión de su debilidad por las mujeres fuertes en el caso Mitra. Sin embargo, Jacques-Alain Miller no tiene nada que envidiar a las mujeres. Como ellas, tiene una especial habilidad en amoldarse a ese algo del otro para conseguir de él lo que quiere. Y creo poder afirmar que este fin de semana, en Barcelona, el efecto conseguido sobre la comunidad del Campo Freudiano en España contradijo definitivamente la maldición paterna.

Durante estos dos días de trabajo, Miller representó él solo, uno tras otro, y con el talento que da el savoir y faire, todos los papeles de la Commedia dell’arte. De Groucho Marx resbalando en su bañera, hasta Napoleón tomando Teherán vía Boston (o al revés…), acabó convirtiendo a los más de cuatrocientos oyentes en nada menos que sus cuatrocientos pasadores, y eso por el efecto de transmisión producido, en un escenario que no propiciaba tal cercanía. Desde una clara, incluso declarada enunciación analizante, nos brindó la posibilidad de escuchar en vivo, y sin que eso estuviera preparado, fragmentos de su propio pase. Una enseñanza en acto del anudamiento entre clínica y política, de las incidencias de cada una de ellas sobre la otra. Una demostración en acto de lo que es la ética para los psicoanalistas: una posición respecto al goce, cuando uno sigue analizando sus restos sintomáticos.

Tal vez sea debido al lugar esencial de la contingencia en el psicoanálisis que nunca podremos aprehender del todo, lo que nos perdemos cuando no acudimos a los encuentros. Un acontecimiento imprevisto no avisa. Ir a los Congresos, a las Jornadas, a las Conversaciones, es poner las condiciones de posibilidad, plantear las coordenadas para que algo pueda surgir al encuentro. En cualquier caso una reseña nunca podrá dar cuenta del impacto de un fragmento de real sin ley.

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    «Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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