1 de Julio de 2011
La evaluación constante: ¿pueden existir las servidumbres voluntarias?* Paula Vilella (Madrid)
¿Cabe el consentimiento a la dominación? Medio centenar de profesionales analizan en un foro celebrado en Madrid las consecuencias de que se evalúe al individuo desde la infancia y los mecanismos de sometimiento.
Ilustración: Emma Gasco
Con tan solo 18 años, Étienne de La Boétie lo vio claro. En El discurso de la servidumbre voluntaria o el Contrauno, publicado en 1857, el francés analiza las razones de la obediencia y la sumisión a las leyes y los poderes: “Si un tirano es un solo hombre y sus súbditos son muchos, ¿por qué consienten ellos su propia esclavitud?”. En su lúcida exposición, el joven La Boétie llega a la conclusión de que la tiranía es “derrotada de manera automática cuando los individuos rehúsan a consentir su propia esclavitud”.
A la luz de este texto, la Asociación Mundial de Psicoanálisis y la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano reunieron el pasado 11 de junio en Madrid a medio centenar de profesionales de distintos ámbitos en la segunda edición del foro “Lo que la evaluación silencia”.
En esta jornada, que congregó a cerca de medio millar de personas, las servidumbres voluntarias se abordaron desde el psicoanálisis, la educación, la política, la economía, el feminismo e incluso el movimiento 15M, entre otras perspectivas.
ESTANDARIZACIÓN
Individuos equivalentes, que no iguales
“La evaluación se convierte hoy en día en un poder tiránico porque su objetivo no es tanto el de la valoración y clasificación del objeto evaluado cuanto la búsqueda del consentimiento de los sujetos a renunciar a aquello que en ellos mismos no puede ser evaluado porque es incomparable, no cifrable, in-descifrable”, señala Mercedes de Francisco, coordinadora del foro.
Es la justificación del poder a manos del conocimiento experto. El objetivo de la evaluación es, según lo planteado en el foro, que consintamos con los resultados de la evaluación, de ser clasificados, lo que acaba con nuestra condición única y plural, gestionándonos como números. Consentimos porque detrás de esa evaluación hay un método científico, un experto, una garantía de su palabra que justifica su función.
Al evaluar, se simplifica el sujeto evaluado a las meras características evaluadas, por lo que su subjetividad se desvanece. La evaluación nos nivelaría al exponernos a la misma prueba, como sucedáneo de objetividad y justicia, y nos establecería como equivalentes en lugar de como iguales. “Todo esto forma parte de la obsesión de la cultura occidental por la homogeneización, la regulación y la estandarización de los individuos”, asegura el psicoterapeuta y académico Gerardo Gutiérrez.
La escuela sería el primer ámbito donde aprendemos a obedecer, una fábrica de ciudadanos y ciudadanas en serie, la primera experiencia con la servidumbre voluntaria. Las formas tradicionales de gobierno y educación habrían tenido que metamorfosear su apariencia y cambiar los nombres que las identificaban, con el fin de justificar, chantajear y engañar, para que la población consienta con las nuevas formas de dominación, produciendo una subordinación voluntaria.
¿Cómo es posible que la institución educativa entendida como una conquista democrática, con una función liberadora a través del conocimiento, sea a su vez una institución de orden y control, de disciplina? ¿Qué predisposición existe en los sujetos a consentir, con una educación que muchas veces resulta ser más una domesticación? ¿Por qué consiente entonces el sujeto en ser evaluado?
Como dice la psicoanalista Anna Aromí, “en el premio, hay una gratificación de la evaluación para el evaluado y, en aquellos que no quieren pertenecer al sistema, el premio consiste en ser expulsado de él”. La evaluación nos pondría así entre la espada y la pared, con lo que la elección no puede ser libre, ya que siempre optaremos por lo menos malo: la sumisión como forma de ser libres, consentir en que la vía de la libertad es la del sacrificio, la de la acumulación de títulos y credenciales como forma de reconocimiento de nuestra identidad. Por eso la evaluación certifica nuestra inclusión en la sociedad. Desde esta perspectiva psicoanalítica, el premio (la meritocracia, el reconocimiento y la visibilidad social) tiene un precio muy alto, el de la libertad. Una interdependencia y servidumbre recíproca que a ambos, evaluador y evaluado, conviene y ata. La persona evaluada acepta serlo por la recompensa y los éxitos futuros que le reportará salir vencedora de la evaluación.
MERITOCRACIA
Reconocimiento a cambio de libertad
Obedecemos como forma de salir de la situación de servidumbre, es decir, como forma de mandar. La voluntad de poder y la voluntad de sumisión están interconectadas, pero nos ancla en una situación sin fin. Nunca es suficiente la acumulación, siempre tenemos que estar dando cuentas de quién somos, justificando nuestra identidad. Cuando entra en juego el cálculo de costes y beneficios, ya no hablamos de política sino de economía, y el sujeto se mercantiliza a sí mismo. Hablaríamos entonces de maximizar beneficios y minimizar costes en el campo de la identidad. Especular con nosotros mismos en unas reglas de juego feroces.
Pero no sólo el sujeto se está mercantilizando, también su conocimiento, materia del nuevo capitalismo, como critica el profesor de filosofía Wenceslao Galán. “La finalidad del profesorado ya no es inculcar en los alumnos la pasión por el aprendizaje y el conocimiento, sino publicar para sacar dinero aunque los artículos sean estúpidos para luego poder decir que tiene n publicaciones. Estamos metidos en un proceso de hiperproductividad sin reflexión”, asegura.
ESPACIOS DE “DOMESTICACIÓN”
Profesionalismo
Una de las ideas destacadas en el foro “Lo que la evaluación silencia” fue el discurso del profesionalismo como el nuevo amo: ser constantemente juzgado por otra persona, a la que damos la entidad de juez, y consentir vivir en un estado de justificación permanente. La lucha es por quién manda, por quién da nombre a las cosas, por quién establece las definiciones. Así, los amos siguen siéndolo porque les damos poder para ello. En este perverso juego, en esta trampa de la identidad, la profesión aparecería como un trono que conquistar. Definirnos por lo que hacemos se convierte en necesidad. Pero esa identidad tiene un precio, tenemos que tributar para ganárnosla, hasta entonces no somos nadie.
Siervas del hogar
La historiadora de arte Salomé Ramírez analizó en el foro el papel de la mujer como esclava y soberana del espacio de reclusión doméstico. Ramírez destaca la normalización de la servidumbre doméstica, que acaba “modelando el cuerpo y construyendo un imaginario”. Esta subjetividad femenina que afianza la maquinaria franquista debía “transformar el espacio doméstico en un lugar perfecto, limpio y placentero a la mirada del hombre. Para conseguirlo, en primera instancia, debía ejercer su propia autoridad hacia los hijos”, explica. Bajo el engaño, apunta, se acaba sintiendo más alivio, más comodidad, “en un espacio sin fisuras, más controlado que el exterior”.
*From: From: http://www.diagonalperiodico.net/La-evaluacion-constante-pueden.html
10 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 25. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Paloma Blanco Díaz, Josep Ramoneda, Ricardo Acevedo.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
metA-forismo
Paloma Blanco Díaz
De regreso se descubren caminos ocultos
Manuel Montalbán Peregrín, Mercado Negro. Madrid: Huerga y Fierro.
Todo final es también un principio, otra cosa comienza.
Después de veinticinco números y más de cien colaboraciones, A-Foro termina hoy su andadura. Ha testimoniado de los poderes de la palabra, de la riqueza del lenguaje, fruto de su pobreza fundamental para nombrar lo real, que permite hacer comparecer a lo que no está de otro modo presente. Desde una red tupida pero flexible coordinada desde Málaga, estamos propiciando y animando el Foro que celebraremos el día 11 en Madrid, anticipándolo y haciendo presente, por vivo, este futuro por venir.
Los textos que componen este número son, cada uno en su particularidad, una muestra más de este estilo; los que les precedieron también lo han sido. Todos y cada uno de los autores que han tenido la generosidad de hacernos llegar sus trabajos, que han hecho posible la existencia de A-Foro, tienen nuestra más sincera gratitud; ellos, en primer lugar.
Continuamos con los agradecimientos. A Mercedes de Francisco, responsable del Foro, por haberme invitado a participar, desde el comienzo, en su construcción y por el comprometido voto de confianza con el que ha aceptado todas mis propuestas; desde la creación de un boletín on-line, hasta su nombre, logo y equipo de redacción. Gracias por confiar A-Foro a mi cuidado. A Carmen Cuñat, presidenta del a ELP, por su acogida a este proyecto. A Olga Montón, por su eficacia, paciencia, e incansable labor de distribución. Al equipo de redacción y al bibliográfico, por su colaboración, participación, trabajo y disponibilidad, con una mención especial a Gracia Viscasillas, responsable de éste último, por su dinamismo e inagotable laboriosidad. Al inquieto equipo Facebook del Foro con Ariane Husson a la cabeza, y a Marta Mora, responsable del Blog, por la rápida y puntual distribución de A-Foro. A Manuel Montalbán, por su presencia y soporte, no solo técnico, en la confección de A-Foro. A ti, muchas veces desconocido lector, por vivificar cada número con tu lectura y darle su razón de ser. A todos los que me habéis hecho llegar vuestro reconocimiento, tan amable como generoso y también a los que me enviaron sus sugerencias y observaciones críticas.
Me despido deseándoos una muy buena lectura y excelente conversación en el Foro, ya tan próximo. Muchas gracias.
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UNA CONVERSACIÓN CON JOSEP RAMONEDA (1) AL HILO DE LA PRESENCIA DEL DISCURSO DE LAS SERVIDUMBRES VOLUNTARIAS DE ÉTIENNE DE LA BOÉTIE, EN SUS ESCRITOS SOBRE ACTUALIDAD Y POLÍTICA
Shula Eldar y Montserrat Rodríguez
(Una versión extractada aparece en el Periódico Hacia El Foro II. ¿Quién le teme al evaluador feroz?)
El espíritu de los Foros que promueve el Campo Freudiano impulsa esta conversación. Nuestro interés es hacer públicos algunos de los efectos de la hegemonía de la evaluación, como el aplastamiento de la palabra, la desaparición de las singularidades y la transformación de una práctica ética, la psicoanalítica, que concierne a los síntomas de los sujetos y a los síntomas sociales, en una práctica burocrática basada en criterios estadísticos. Expuesto este objetivo, conversamos con Josep Ramoneda de algunas formulaciones que aparecen en sus escritos, y sobre nuestra responsabilidad política.
(J. Ramoneda. Imagen tomada de http://dilmot.com/josep-ramoneda/ )
P. - Tomando la cuestión de las políticas de la evaluación en lo social en un sentido amplio, encontramos en tus escritos periodísticos una referencia abundante a La Boétie, al Discurso de la servidumbre voluntaria. Eso es lo que nos hizo pensar que era interesante poder conversar contigo, de cara al Foro-2, para conocer tu punto de vista como pensador y, también por tu relación con la filosofía y con la gestión ¿por qué La Boétie?
J.R.- La importancia y el interés de La Boétie está en la pregunta de ¿por qué la servidumbre voluntaria?, ¿por qué todos obedecen a uno pudiendo ser más fuertes? Es una pregunta que no ha sido contestada y sigue siendo la pregunta cada vez que aparece un conflicto social grande, cada vez que aparece una situación en la que da la sensación que es muy evidente dónde están los responsables y, aún así, todo el mundo lo acepta. El caso más claro de servidumbres voluntarias es en el que estamos actualmente donde todo el mundo está dispuesto a aceptar a la fuerza, ya lo sé, pero sin rechistar que entre todos paguemos, socialicemos, las pérdidas de los grandes bancos y que ellos se queden los beneficios. Eso demuestra que la pregunta sigue vigente y que no hay respuesta clara para ella todavía. Las de La Boétie son interesantes pero son insuficientes: el hábito, la costumbre, la pirámide de los intereses seguro que son otras razones; pero, probablemente hay muchas más razones, y no siempre se producen de la misma manera. No siempre los mecanismos de control social son los mismos.
P. - Mencionas la cuestión de la banca. El texto de La Boétie se produce en un momento en que las relaciones de dependencia, lo que proviene del sistema feudal está desmontado y el capitalismo tiene un lugar que ya no es incipiente, y este texto, insólito, aparece en este momento…
J.R.. - No creo que haya que apurar mucho esa comparación porque los tiempos son diferentes y momentos de cambio hay tantos como queramos. Sobre todo en la medida en que la historia, desde la revolución industrial, se ha acelerado ¿Por qué lo escribió La Boétie en aquél momento? Las razones de los humanos son más simples o más complejas; hay una leyenda que dice que un vigilante le maltrató en una visita a un museo en París y esto le provocó una gran indignación...
P. - Volviendo a tus textos, a la relación que hay entre la precariedad de los vínculos sociales y la cultura de la indiferencia...
J.R..- Me parece que es una característica importante del momento en el que estamos. Se está desarrollando una cultura que, por razones diversas, se puede caracterizar por cuatro cosas básicas: la a-política, tomando en cuenta que la política es la forma que tiene presencia en lo público. Si el hombre renuncia a la política está mutilando una parte importante de sí mismo. Hay una mutilación del hombre en la medida en que renuncia, se aleja de la política, se hace a-político. Otra dimensión de la indiferencia es la desjerarquización. El "todo es igual". En el mundo del control televisivo tiene exactamente el mismo valor el cadáver de un niño en el telediario de las 15:00 que el show de "Sálvame". No hay jerarquización entre las cosas, y además la banalización es un mecanismo imparable. Ves tres imágenes de guerra en el telediario y a la cuarta te es absolutamente igual. Con un problema añadido: que eso genera adicción, -con un cadáver ya no es igual, la próxima vez tendrá que ser mutilado y la siguiente vez lo mostrarán cuando le cortan el cuello-. Hay una escalada de la violencia que no está en la televisión: el horror... Banalización generalizada: "todo es igual". La prensa nos vende 50 o 60 jornadas históricas al año, hay una mezcla de grandilocuencia, desjerarquización y pérdida total del sentido de lo que es importante, de lo que es serio, de lo que es frívolo, de lo que es grave.
El tercer elemento es la indiferencia respecto a los otros. Hay una cierta tendencia a insistir sobre la diferencia para luego declararnos indiferente a ella. Primero, decimos: "Tú eres diferente" y luego: "No quiero saber nada de ti". Una cuarta cosa que se ha sentido mucho en esta crisis es la negación de la posibilidad de transformación social. Esta crisis está siendo presentada como una cosa absolutamente natural, como algo que deriva de las leyes de la economía contra lo que nada se puede hacer, y esta sensación de que no es posible la transformación social simplemente no sirve ni para reparar, ni para reconstruir, ni para construir nada positivo desde el punto de vista social. Estos son para mí los cuatro temas de la cultura de la indiferencia que es una cultura en expansión y que conduce a lo que he llamado el totalitarismo de la indiferencia. Una forma de totalitarismo que no tendrá la espectacularidad de las grandes manifestaciones en la plaza de Nurenberg y que tendrá un control social tanto más efectivo. Seguro que desde que me he levantado hasta ahora habré sido registrado por, como mínimo, 8-10 cámaras y estoy aquí tan tranquilo. No se me ha ocurrido hasta ahora pensar en el número de cámaras que me habrán registrado hasta llegar aquí. Después, el control social será más teatral que efectivo, pero muy pesante. En nombre del miedo se acepta cualquier restricción de las libertades, y así se va a construir una forma de totalitarismo con la convicción absoluta que no hay alternativa, un universo cerrado en el cual la política se hará en un nivel político-económico mas distanciado. La política reducida a una votación cada cuatro años, la legitimación de los privilegios de los poderosos y el control audio-visual. Esta me parece que es la perspectiva que se avecina..., no está cerrada pero no tardará en llegar si no hay una reacción fuerte.
P. - Hay reacción en los espacios no occidentales pero en cierto modo occidentalizados a los que llega por la vía tecnológica todo lo que ya está funcionando en occidente desde hace 30, 40 años, internet...
J.R.. - Hay efectivamente países en los que ya se ha puesto en evidencia una capacidad de reacción que ha desmontado todos lo tópicos y todo el discurso que habíamos construido en occidente sobre estos países: el discurso de las civilizaciones, de la incompatibilidad de lo islámico con las ideas democráticas.
Efectivamente, todavía hay una capacidad de reacción en estos países. Ahora hay que ver los procesos qué camino siguen. El otro día leía que George Corm, ex-ministro de Líbano y buen amigo de esta casa, decía que está notando un nuevo avance post-colonial intentando que estos regímenes no vayan demasiado lejos y que occidente intenta preservar, más o menos, los grupos de intereses que gobernaban estos países y si fuera necesario pactar con los Hermanos Musulmanes, que son conservadores, antes que se dé una verdadera revolución democrática. Pero, es cierto que en estos momentos la esperanza viene de fuera del primer mundo y especialmente de fuera de Europa y habrá que ver hasta dónde llega. Yo he sustentado que es posible que la última etapa de estas revoluciones sea en Europa; que en algún momento en Europa estalle el malestar, pero no estoy seguro.
P. - Mencionas ese control absoluto que proviene de la dinámica socio-política desde la Segunda Guerra Mundial y, por otra parte, la posibilidad de que en Europa pudiesen producirse fenómenos similares a los que se están dando en espacios controlados por occidente o propiciados en cierto modo por las políticas occidentales.
J.R.. - No creo que lo que ocurre en estos países esté propiciado por el primer mundo. No lo creo en absoluto. Creo que el primer mundo se ha encontrado completamente descolocado porque se habían creído sus propias mentiras, su forma de entender la manera en que habían decidido que se tenían que comportar los países árabes. No creo que haya habido ninguna intervención externa, de ningún tipo. Al revés. Finalmente son revoluciones por las libertades, para poder comportarse como son los europeos; son revoluciones que llegan porque son sociedades muy cerradas. Un poco parecido a lo que ocurrió aquí en los años ‘60.
No es de muy distinta naturaleza que la crisis mundial de los años 60, crisis que fue del primer mundo. Fue en Berkeley, fue en Tokio, fue en Seúl, en París, en Roma, en Berlín, en Praga, en Polonia. En esta crisis tiene enorme importancia la cuestión de las libertades sexuales, y en el caso de Egipto me explicaron algo que yo desconocía que me pareció muy interesante y es que por razones entre económicas y pseudo-religiosas el coste de la dote se había encarecido muchísimo, lo que hay que pagar para casarse. Y esto había tenido como consecuencia que, en un país como Egipto, en el que no hay prostitución por lo menos al alcance de los nativos, y donde no hay posibilidad de relaciones sexuales fuera de los cauces institucionales, que hubiese varones de 40 años sin experiencia sexual generó un factor de tensión, de acumulación de tensión, que habría jugado un papel importante en esta revolución... No lo sé. Parece razonable.
P. - Una observación interesante por todo lo que tiene que ver con lo pornográfico como industria y la presencia de eso en la red. La presencia y el acceso. Mencionabas algo que aparece en algún escrito ya que hablas de los años ‘60, del ‘68,y de cierto paralelismo, cierto punto de encuentro para pensar el sujeto político en la actualidad y en estos movimientos que se están dando en esos países.
J.R.. - Sí, es verdad. En el ‘68 ocurre esa cosa particular. Por razones obviamente demográficas la juventud se convierte en un sujeto político, no lo había sido nunca. La juventud empieza a existir como espacio dentro de la cronología humana cuando se empieza a alargar la esperanza de vida. Cuando se morían a los 40 años no había juventud posible. Entonces, después de la guerra, cuando la esperanza de vida va creciendo, va creciendo hasta llegar a más que doblarse, aparece el concepto y la idea de juventud y parece que en un momento dado se convierte en sujeto político.
Supongo que esto en parte es lo que ha ocurrido en los países árabes la aparición de la juventud como sujeto político apoyándose en las nuevas tecnologías...
P. - En las nuevas tecnologías y en lo que proviene de lo que tiene que ver con las políticas educativas.
J.R.. - Estos países son tremendamente desiguales. Hay países con un nivel formativo alto como Túnez y otros en los cuales este factor no está presente...
P. - Y en Occidente ¿se puede hablar de devaluación del saber, de desacreditación del discurso universitario?
J.R.. - Es difícil decir. Yo creo que hay un error en estos tiempos. La gran ruptura es a finales de los ‘70, principios de los ‘80. Los ‘70 es una especie de cementerio de elefantes en donde mueren casi todas las cosas que habían sido importantes en la primera parte del siglo XX. A partir de los ‘80 hay la gran ruptura con el inicio de la llamada transición liberal y después del proceso de la revolución conservadora. Yo creo que en estos tiempos, muy hegemonizados por el discurso económico, la influencia de las facultades de economía es enorme. Son los verdaderos ideólogos de la crisis actual. En este tiempo se ha impuesto, -lo que para mí es completamente disparatado-, un discurso economicista que lo justifica todo en función, para decirlo así, de la cuenta de resultados.
En este período se ha impuesto la idea que la universidad tiene que estar al servicio del empleo, que la universidad tiene que ponerse en relación con el empleo y, por tanto, con las posibilidades de tener trabajo de los que estudian. Eso me parece un disparate enorme y que además no da resultados, como se está demostrando fácilmente. En la universidad, en primer lugar, es necesaria y fundamental la transmisión del saber y punto. Después, a partir de aquí, se pueden hacer muchas derivaciones. Si el objetivo importante de la universidad es crear fuerza de trabajo cualificada entonces todo el edificio universitario se viene abajo y, efectivamente, el respeto al conocimiento se hunde. Este para mí es un tema muy importante; es un tema que forma parte de la gran contradicción de los tiempos que corren. Porque, por un lado, las exigencias intelectuales de preparación técnica son altas y, por otra parte, el respeto al pensamiento fuerte, por decirlo así, es cada vez menor.
P. - Ahora la información que llega a los centros educativos, a los jóvenes que están en situación de decidir qué estudios universitarios seguir, se les informa del resultado económico de esa carrera; una madre me comentaba el otro día que su hija no sabía si hacer o no hacer física porque no era rentable. La perspectiva económica, no la laboral o la profesional, sino el dinero que podría ganar era algo que hacía que la física no pareciera muy interesante...
J.R.. - Catastrófico porque se necesitan físicos por muchas razones. Sí, sí, este es un problema real...
P.- Sobre la democracia ¿En esta situación merma la democracia?
J.R.: - Creo que la democracia..., si cogemos los clásicos de la democracia moderna, liberales como Adam Smith, es evidente que la única forma para que las relaciones en una sociedad de mercado sean libres es que los actores de esta sociedad sean libres, que los agentes sean libres y para ello se necesita que tengan unas bases económicas fundamentales resueltas. Este es el punto de partida. La democracia está mermando desde los años ‘80 cuando empezó a ponerse en cuestión el estado del bienestar. El estado del bienestar dio a la Europa democrática las llamadas décadas gloriosas: los 30 años en los que algunas sociedades han vivido con el nivel de igualdad de rentas más grande de la historia de la humanidad, probablemente irrepetible. Es la época en la que los ingleses tenían la leche en la puerta todas las mañanas cuando se levantaban, digamos. Esto se ha venido abajo y con ello, yo creo, sale sensiblemente afectada la democracia. Porque el peso de la desigualdad es enorme. Cada vez más importante y en esta crisis hemos visto clarísimamente la incapacidad del poder político, que sigue siendo nacional y local frente a los poderes económicos y especialmente financieros que están ya globalizados. Entonces, se ha visto aquí en España que el gobierno no tenía autonomía para hacer una política propia. Un día le dijeron basta y tuvo que desdecirse de todo lo que había dicho, de lo que había hecho, y hacer la política que le obligaban hacer y en eso estamos. Por tanto, la democracia en este sentido esta muy mermada ya. Entre otras cosas porque el marco de la democracia fue el Estado nacional que, como se ha demostrado, es ineficiente, es demasiado grande para algunas cosas y demasiado pequeño para otras y las estructuras políticas democráticas supra-nacionales todavía no se han configurado. Mientras no se configuren será muy difícil poder contrarrestar las capacidades del poder financiero.
P. - Una última cuestión. En algún momento planteas pensar las redes sociales como un nuevo modo de producción.
J.R.. - Sí. Es evidente que estamos en un cambio del modo de producción. Hay que ver hacia dónde va y cómo se configura. Me parece claro y sin ningún género de dudas que es absurdo seguir pensando en términos de modos de producción superados, antiguos, que ya no funcionan. Ese disparate que es la “Ley Sinde”; es una ley que no se ha enterado que el mundo ha cambiado y que sigue pensando que habrá un señor que hará un libro o un disco; otro que le comprará los derechos; ese que le producirá el escrito o lo que ha compuesto; éste lo pasará a un distribuidor y luego a un vendedor. Pues toda esta cadena se acabó. Esto no funcionará así. Entonces querer regular el futuro por el pasado es un disparate simplemente idiota; una ley que no sirve para nada.
Sí, efectivamente, estamos en un cambio en el modo de producción, van a desaparecer muchos intermediarios, van a haber procesos de relación mucho más directos entre el productor y el consumidor, etc. En este momento hay dificultades, hay una cierta sensación de artificio, no se acaba de entender porqué se paga tanto dinero por empresas muy bien posicionadas en la red pero que de hecho no ganan dinero. Pero, es evidente que el modo de producción ha cambiado. Sería interesante ver qué relación establece este modo de producción con el consumo. Para mí es una ecuación fundamental el paso de la alienación en el objeto a la alienación en la relación. Es decir, consumes para seguir consumiendo; cuando tienes una cosa ya no interesa y sólo interesa ya la siguiente. Por eso, creo que tiene razón Bernard Stiegler cuando dice que el problema del consumo es que te absorbe la libido y te deja solo con la pulsión y así es difícil crear trama social.
P. - ¿Con la pulsión de muerte?
J.R.. - No sé cómo se hace a partir de aquí una trama social. ¿A puñetazos? Sin la empatía, sin lo que puede invitar a relacionarte con los demás..., una especie, ya se sabe la frase de Kant la insociable sociabilidad de una especie a la que no le gusta nada estar con los demás pero que tiene que estar con los demás porque si no, no existe ¿Qué pasa si le cortamos el flujo que debería servir para eso, para que se establezcan relaciones? La primera idea que se te ocurre es esa, a puñetazos...
Notas:
(1) Josep Ramoneda es filósofo y escritor; actualmente dirige el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y preside L’Institut de Recherche et Innovation de París. Dirige las colecciones “Textos filosófics” de Edicions 62 y “Ensayo” de Tusquets Editores. Ha publicado numerosos ensayos; citamos el último: Contra la indiferencia, Galaxia Gutemberg, 2010.
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Reseña realizada por Paloma Blanco Díaz. Seminario sobre el C.O.L. “La Extimidad” de J.-A. Miller. Málaga, sesión del 25 de Marzo 2011)
Sabemos que desde el momento en que imaginemos una sociedad freudiana, ella se vuelve imposible. ¿Cuáles serían sus condiciones? Apostar al deseo sin garantías sin excluir el horizonte de la responsabilidad. Aceptar el carácter irreductible del deseo sin caer en la tentación del goce propio del mártir. Soportar la infelicidad contingente sin que se convierta en una desdicha necesaria. Saber perder sin identificarse con aquello que se ha perdido. Tener conciencia de la propia finitud, escapando a la fascinación de la cultura de la pulsión de muerte. En esta sociedad imposible habría lugar para la tragedia singular, pero no para la humillación planificada; encontraría lugar el dolor de existir, pero no la explotación de la fuerza de trabajo; se realizaría la voluntad de decir cualquier cosa y también la de callar, pero no en un silencio cobarde; estaría contemplado el ser extranjeros de si mismos, pero no el desarraigo obligado para las multitudes.
Jorge Alemán, Lacan, la política en cuestión…
Los temas de las Servidumbres Voluntarias del sujeto y aquello que el paradigma evaluador silencia sobre la subjetividad humana son aspectos que, en el Seminario impartido mensualmente en Málaga, han sido evocados y problematizados por Jorge Alemán con rigor desde hace muchos años. Como la mayoría de nosotros sabemos, nuestro colega ha explorado de modo tan riguroso como esclarecido, la articulación del discurso psicoanalítico con el problema político. Sus elaboraciones sobre el psicoanálisis como factor de la política son de profundo interés, tanto por sus múltiples resonancias, como por la apertura de sugerentes horizontes y perspectivas.
Hemos decidido tomar hoy su comentario de la clase del 25 Marzo de este año, sobre el texto de Jacques Alain Miller “Extimidad”, para publicar esta breve reseña que recoge algunas reflexiones cruciales sobre los temas que ocuparán el interés del Foro. Sin ánimo de ser exhaustiva, voy a recoger algunos de los aspectos de su reflexión, que pueden esclarecer la nuestra.
En primer lugar, es necesario distinguir lo que era la vieja evaluación como recurso epistémico, del procedimiento generalizado actual, hijo de la metamorfosis de la ciencia en técnica, que pretende evaluar a la par almas, cuerpos y procesos. La pregunta que inmediatamente se abre es, ¿qué pasa entonces con esas formas de vida que no son evaluables, aquello que Foucault ha dado en llamar el malvivir y que el propio Milner retoma?
El malvivir es el trabajo de la pulsión, el modo en que cada uno arruina su vida, cómo, según diría Freud, cada organismo busca morir a su manera. Y es por ello que hace también a lo que de insustituible e irreemplazable tiene cada uno, a aquello que nos vuelve únicos. La forma lógica de ese insustituible es el objeto a lacaniano y no hay peritaje posible de éste.
Lo que ha constituido el paradigma de la evaluación es una tergiversación de la igualdad en equivalencia, en un falseamiento del propio concepto de igualdad. Después de Lacan, la igualdad es la diferencia absoluta, lo que tenemos en común es nuestra singularidad irreductible. La evaluación se basa en que todos somos equivalentes, sustituibles, en un arrasamiento de la subjetividad. Esta tergiversación de la igualdad en equivalencia es fruto del principio epistémico que rige la modernidad y que, junto con Foucault, Heidegger y Milner, podemos denominar el principio del problema-solución. La llamada Solución Final y el actual llamado problema musulmán, son solo algunos ejemplos radicales de este principio.
La lógica problema-solución es una nueva figura del espíritu que se sustenta en la forclusión del sujeto, una lógica de dos términos donde no puede inscribirse ninguna ausencia. En estas coordenadas, la solución no es nunca dilucidar el malestar inscrito en el problema, sino producir su cancelación, no es dilucidar la verdad, sino rechazarla en nombre de la solución. Un principio equivalencial que señala de quién hay que deshacerse y qué formas del malvivir hay que declarar inexistentes. A la vez, esta lógica genera un simulacro de cientificidad, que ya no pertenece al discurso científico sino al de la técnica y en particular, a lo que Heidegger llamó estructura del emplazamiento. La cuestión no es tanto que la ciencia haya devenido autoritaria, como que en el mismo pliegue interno de la ciencia se ha producido una transformación de la misma en estructuras técnicas que tienen este principio de domesticación general y de servidumbre voluntaria.
Otro aspecto del totalitarismo de la evaluación, es que ejerce su poder en nombre de la democracia y los derechos humanos; incluso como una extensión de éstos, ornamentado, se podría decir, con los atributos del bien común. Aquí son muy pertinentes los desarrollos de Agamben y Foucault sobre la biopolítica y la transformación de las sociedades disciplinarias en sociedades de control.
La herramienta privilegiada del principio problema-solución es el contrato. La voracidad del imperativo de que todo esté estipulado conduce a que la ley devenga todo el tiempo contrato. Si la ley simbólica funciona gracias a que no puede decirlo todo, es eficaz precisamente porque custodia el silencio, el contrato exige que todo esté estipulado y la desaparición del silencio. Ni la estructura del inconsciente, ni la de su sujeto, ni la de su relación con el goce pueden responder jamás a este eje. El contrato vela el plus que no puede metabolizar y quiere, definitivamente, ocultar. En términos marxistas ese plus, esa plusvalía, es el secreto que hace fetiche a la mercancía y es por ello que podemos conectar la plusvalía marxista con los pluses que Freud y Lacan han contemplado. Cuando Freud decía que gobernar, educar y analizar son tareas imposibles, estaba diciendo que no son tareas que pueden ser reducidas al par problema-solución o al orden del contrato porque la pulsión, el plus y lo insustituible de cada sujeto no pueden ser domesticados en esta lógica. Es por ello que hay praxis, que hay política, cultura o acto analítico cuando se interrumpe este circuito, cuando no se está en sus coordenadas lógicas. Lo otro es peritaje, protocolos, que tienen su paradigma mayor en la autopsia, en el cuerpo muerto que habla por si mismo en la disección. En tendemos aquí una nueva lógica de la segregación.
En un mundo en donde toda la articulación de la vida social queda en manos de sistemas de evaluación, regidos por el par problema-solución y ordenados por el contrato, cada vez aumentará más el odio por ese plus, por eso insustituible, por eso que puede nombrar el malvivir y que no tiene ningún tipo de elaboración en este tipo de procedimientos opuestos a la praxis. La posibilidad de segmentos de alternativas se dará en la medida en que existan prácticas que no se regulen de esta manera. Mientras exista alguien que cuando escuche hablar a un sujeto no vea en primer término el problema, sino la escucha y que escucharlo no sea buscarle solución, sino ver de qué modo él se construye su solución; mientras haya espacio para eso, el soberano actual que describe Agamben y que nos conduce al campo de concentración, a la nuda vida no será la única opción. Porque hay todavía una franja del malvivir que aguanta, que encuentra sus modos de articulación.
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o Díaz
(Intervención de presentación del II Foro Lo que la evaluación silencia: “Las servidumbres voluntarias”. SEMINARIO DE LA ESCUELA 2011 en Andalucía. EL ORDEN SIMBÓLICO YA NO ES LO QUE ERA: QUÉ CONSECUENCIAS PARA LA CURA).
Como Vds saben, tengo a mi cuidado la dirección y edición del boletín on-line A-foro. Se trata de la revista virtual del Foro que hoy voy a presentar y articular con el tema que ha ocupado nuestra conversación de la mañana.
Escogí este título para mi breve intervención porque me parece que el texto freudiano que parafrasea y del que tomaré algunas referencias, anuda estos tres aspectos que nos ocupan: el surgimiento del orden simbólico y sus transformaciones, las servidumbres voluntarias subjetivas y aquello que el paradigma evaluador silencia: la magnitud sin medida de la singularidad del sujeto, el goce que le es particular y lo que el discurso capitalista usufructúa de ello.
Bien conocen que el próximo 11 de Junio celebraremos en Madrid el II Foro sobre lo que la evaluación silencia, que este año se va a dedicar a lo que La Boetie, el joven pensador francés nacido en el siglo XVI y gran amigo de Montaigne, dio en llamar servidumbres voluntarias. Todos Vds. quedan calurosamente invitados y animados a participar en este Foro.
El sujeto tiene una servidumbre estructural a la palabra, originada en el consentimiento al significante amo, que es condición de todas las servidumbres posteriores. Este es el núcleo que hace a nuestra condición humana y la base de la cultura, el discurso, el lazo social y la civilización. Si me permiten la expresión, es el ombligo de lo simbólico, la constante de lo simbólico que no cambia, a pesar de su permeabilidad que hace que, hoy, lo simbólico ya no sea lo que era…, antes del descubrimiento freudiano, de la peste que afirmaba llevar a los norteamericanos y que no es otra que la tumba vacía del padre.
La idea que articula este texto freudiano es la presentación de la figura del padre como el lugar de temor y consuelo a la vez, que inaugura todas las futuras servidumbres voluntarias. El primer secreto de la autoridad procede del temor a la pérdida de amor; así, el temor a la autoridad es ya una muestra del amor al padre. Esta es la matriz de toda religión y de toda autoridad. Ninguna autoridad tiene otra sede que el Edipo; es por ello que para Freud todo sujeto está enfermo de algún tipo de autoridad y a lo largo de su vida irá fabricando su estilo de consentimiento con respecto a ésta, sus modos de consenso y sus modos de servidumbre. El mecanismo es: el mismo lugar que protege es el mismo lugar que causa temor. Esta es la gran clave de la obediencia humana, de aquello que La Boétie llamó servidumbre voluntaria. Obedecemos, porque el temor nunca es solo temor, también es protección. A mayor temor, mayor necesidad de protección y mayor auge del superyó; esto ayuda a comprender algunos aspectos del momento contemporáneo, de los usos políticos del miedo, del recrudecimiento de los imperativos de goce…
Freud plantea de modo irónico el progreso de la civilización gracias al superyó. El sujeto no necesita al tirano que le impide, cada vez, satisfacer la pulsión, porque éste ya está en él, ordenándole gozar…, aunque sea a través de la renuncia o el exceso. Conocemos la vuelta de tuerca que introduce Lacan; donde hay una interdicción y una renuncia, hay un plus de goce que la interdicción no logra jamás integrar, metabolizar.
El capitalismo se ha apropiado de esto. El capitalismo contemporáneo usa a su favor el tratamiento del goce a través del superyó, como la posibilidad de usufructuar una nueva plusvalía. Freud inventa el psicoanálisis para dirigirse a ese elemento que la interdicción no logra resolver. Para él, el psicoanálisis es el lugar distinto que puede ofrecérsele a la civilización frente a la pulsión. Consideramos que éste es un aspecto crucial del psicoanálisis como factor de la política, sobre el que no me detendré hoy, pero que está en la razón de existir de iniciativas como el Foro que celebraremos en Junio.
El texto que nos sirve de referencia va transformándose lentamente en una teoría sobre el discurso del amo que ilustra cómo la civilización equivale, tal como Lacan mostró, a este discurso. Lo que Freud entiende por cultura es lo que Lacan entiende por discurso. Donde hay comunidad y lenguaje, hay esta instancia coercitiva. Lacan criticó la idea de que primero la coerción fue exterior y luego interior; para él, esto es un mito, el mito freudiano del padre. Para Lacan, el principio de lo humano fue la lengua y el superyó estuvo desde siempre en el lenguaje, sin carácter evolutivo aunque sea una instancia actualizable en cada momento.
La particularidad del ser de goce “no cesa de no escribirse”, pero si finalmente el sujeto se rinde y consiente a lo simbólico (el consentimiento al significante amo, a la palabra, inaugura la servidumbre voluntaria del sujeto) es porque no tiene otra forma de balbucearse en el único modo posible de establecer lazo que es a partir de la mediación simbólica. El inconsciente es efecto y producto de esta rendición, toda vez que dicha rendición es la condición de existencia del inconsciente mismo. Es el inconsciente el que permite que para un sujeto existan los otros y la posibilidad de hacer lazo con ellos. Es por esto también que todos los lazos y vínculos humanos van a evocar, conmemorar y estar coloreados por la imposibilidad.
La estructura religiosa se pone en juego en el momento de la constitución edípica del sujeto con relación al padre simbólico que introduce la prohibición y la ley. La religión comienza en el momento mismo de la renuncia, cuando el sujeto tiene que confrontarse al juego entre la civilización y sus pulsiones. Freud afirma que el día que la cultura sepa renunciar mejor, no habrá religión. Podríamos hablar aquí de optimismo freudiano, (aunque él se encarga de señalarnos en el texto que tal vez esto sea también su propia ilusión) en contraposición a un pesimismo lacaniano respecto a este punto, del que da muestra su conferencia de prensa ofrecida en Roma en 1974 a propósito de un congreso titulada, precisamente, “El triunfo de la religión”. Reproduzco un comentario de Miller al respecto de esta conferencia: "Freud, viejo optimista de las Luces, creía que la religión no era más que una ilusión que sería disipada en el futuro por el avance del espíritu científico. Lacan, en absoluto: pensaba, por el contrario, que la verdadera religión, la romana, al final de los tiempos engatusaría a todos, derramando sentido a raudales sobre ese real cada vez más insistente e insoportable que debemos a la ciencia".
Para Freud, la experiencia del análisis tiene que dar de si un tipo de renuncia que no sea la que ejerce el superyó; se trata de pasar del sentimiento de culpa a la responsabilidad del deseo; él intentó producir esa tensión entre la pulsión y ese otro tipo de deber al que llamó deseo. No se trata de una renuncia en el orden de la sustracción sino de una apertura, un acceso a la infinita diferencia. Es una autoridad distinta, no ajena a un particular tratamiento de del dar y darse tiempo, hecha de un autorizarse, a la par que de la posibilidad de reconocer y conceder autoridad, sin necesidad de servidumbres. Esta experiencia daría cuenta de una auténtica salida del Edipo, de haber alcanzado la mayoría de edad. Con ello, el lugar del padre simbólico, el padre de la ley y Dios padre, quedan irremediablemente tocados. Efectivamente, a partir de Freud, quedan inscritas las coordenadas para que lo simbólico no vuelva a ser lo que fue. Con Freud, comienza el trabajo arqueológico que dejará como saldo la tumba vacía del padre. Los usos que de esto haga el discurso capitalista no son ajenos para nosotros a la responsabilidad de sostener el acto oportuno al discurso del analista.
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ETO POLÍTICO
Ricardo Acevedo
(Josep Ramoneda refiere a La Boétie y las Servidumbres Voluntarias)
- Basta a veces que privilegiemos un significante o nombre propio para que lo veamos “aparecer” –no sin júbilo por nuestra parte, en pensadores provenientes de otras disciplinas, que vienen a coincidir en argumentación y propósito.
- Tal es el caso del artículo de J. Ramoneda –infatigable alarm-clock de perezas subjetivas-, del cual extraemos un párrafo para hacerlo funcionar como pieza del puzzle de una bibliografía que pretende enmarcar la relevancia del 2º Foro.
“Las redes sociales significan la multiplicación y la propagación de la información hasta límites insospechados. Es una nueva cultura que mezcla la relación punto a punto –el individualismo, la gran conquista de la modernidad que ha llegado a amenazar la misma idea de sociedad en los últimos años-, con la realidad de una conexión constante, creativa y amplificada con los demás. Este fenómeno transversal que son las redes, rompe la sumisión al Uno que, como explicó La Boétie, ha conformado la Servidumbre Voluntaria y la cultura del miedo que tiene atrapados a los ciudadanos. Todo lo oculto puede disolverse con los rayos de las redes sociales. Esta es una gran arma y el gran problema.¿Se lo van a permitir? ¿Se lo podrán impedir? No hay consolidación de un nuevo sujeto político sin confrontación”*.
*Extractado de “El País” – Domingo 20/02/11
Fe de erratas: En el A-foro 17 en el párrafo del texto de “Todos unos” “en nombre del uno” de Sébastien Courtois donde dice “Nombrar y decir Contra Uno no puede más que faltar a la relación de “todos unos” “en nombre sólo de uno”. A menos que lo entendamos como querer. nombre solo de iuno "Uno no puede maas que marcar la relacion de todos un verdadero enigma antropologico. polémica de su dis “être contraint” (22) lo que estaría mas cerca del texto literal de la servidumbre voluntaria de La Boétie>>,
Debe decir "Nombrar y decir Contra Uno no puede más que faltar a la relación de “todos unos” “en nombre solo de uno”. A menos que lo entendamos como querer “être contraint”(22) lo que estaría más cerca del texto literal de la servidumbre voluntaria de Boétie".
Rogamos disculpas al autor y a los lectores.
Nota: El redactor de este BLOG, ya ha realizado la oportuna corrección. jalvarez (redactor).
9 de Junio de 2011
"¿Quién le teme al evaluador feroz?" II Foro "Las Servidumbres Voluntarias". (Madrid)

Estimados participantes del Foro
Como antesala hacia el Foro II Las Servidumbres Voluntarias, a realizarse en Madrid el 11 de Junio de 2011, hemos lanzado un periódico en papel y digital que lleva por título: "¿Quién le teme al evaluador feroz?"
Lo podéis ver en el blog del Foro:
http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/
Cuenta con artículos de colegas y entrevistas realizadas a psiquiatras, pedagogos, periodistas, filósofos, escritores y evaluadores.
Además cuenta con ilustraciones de pintores y fotógrafos que han colaborado con sus obras.
Que lo disfrutéis
Ana Lía Gana
Directora
7 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 24. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". María Navarro, Ignacio Castro, Adolfo J. Santamaría.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
El psicoanálisis es un síntoma de la civilización contemporánea y la voluntad del discurso capitalista es producir su cura.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
Si deseas suscribirte al boletín on-line A-FORO, puedes darte de alta en olga.monton.al@gmail.com
Igualmente quedas invitado a visitar nuestro blog: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ y a hacerte amigo en Facebook de Servidumbres Voluntarias.
¡Buena lectura!
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NO TODA ES VIGILIA LA DE LOS OJOS ABIERTOS
María Navarro
Desde Diario El Mundo-Málaga. "Papeles de la ciudad del paraíso". Suplemento de cultura/número 53/viernes 3 de Junio de 2011
He tomado este título de Macedonio Fernández para convocar a G. K. Chesterton a través de la voz de Borges en El idioma analítico de John Wilkins:
“El hombre sabe que hay en el alma tintes más desconcertantes, más innumerables y más anónimos que los colores de una selva otoñal... Cree, sin embargo, que esos tintes, en todas sus fusiones y conversiones, son representables con precisión por un mecanismo arbitrario de gruñidos y chillidos. Cree que del interior de una bolsista salen realmente ruidos que significan todos los misterios de la memoria y todas las agonías del anhelo…..”
Para referirme a cómo, frente a los diferentes estilos de estos escritores que he citado como ejemplo, que nos trasmiten su compromiso con la lengua, la imposibilidad que hace al lenguaje y la herida irreductible entre el cuerpo y las palabras. Nos encontramos actualmente con un discurso encorsetado en la comodidad de protocolos de evaluación y control que apunta a lo mismo para todos. Todos iguales en cada parcela de la vida. Mismidad que nos evoca la idea de parodia, que sin embargo toma en el discurso contemporáneo una vertiente que borra toda sonrisa al pretender en lo real, como la ciencia, la correspondencia entre la cosa y la verdad. Sin la otra firma que pone la parodia de relieve. Trazo oculto que al ser revelado por ella vuelve irrisoria la escena igualitaria.
En este estado de cosas podemos preguntarnos si este autoritarismo alcanza también a la literatura. Incluso a la poesía, pues aunque el efecto de la escritura en tanto encuentro del sujeto con lo allí escrito, es in-evaluable, podemos apreciar que cada vez más pretenden ser convertidas por este imperativo moderno de control en un producto didáctico y pedagógico, al que hay que exigirle transparencia y sobre todo utilidad, documentación y sentido.
Un instrumento más, en definitiva que si bien requiere rigor en determinados ámbitos de ésta, produce un detrimento en la escritura y en la lectura, afectada también por esta compulsión a la mismidad. La escritura tiene que ver con lo que no cierra, no sutura nada, deja abierto el abismo al que el sujeto se confronta permitiéndole seguir escribiendo, seguir en la vida, seguir haciendo algo con la brecha que le produce la infelicidad y le permite seguir inventando. Y contra la que la evaluación actual atenta pues vemos entre otras afecciones que en aras de una crítica democrática se han subvertido los valores y en muchísimos casos un libro es mas bueno si se vende más o tiene más visitas en el universo digital. O se lo convierte, por la exclusión de dicha evaluación, en texto de culto. Cuestión que aunque resulte contradictorio conduce al abandono o a leer todos lo mismo, convertida en un ideal de libertad perversamente trasmutado.
Y si como síntoma en medio de este panorama están surgiendo voces que reivindican la dignidad tanto de la política como de las artes y la literatura, no deja de inquietar y mucho un escenario donde proliferan la edición de textos dirigidos siempre a la comprensión y la autoayuda ya sea en forma de manual o novelada que recurre a clichés que engrosan el imaginario del lector llevándolo a considerar que todo es posible, justificando así su servidumbre de cómo hacer para barrer con las diferencias en aras del bienestar. Incluso a convertir a la poesía en herramienta para domesticar el cuerpo, no como dijera Borges, que la poesía ha de tocarlo, pues un buen verso pide ser dicho en voz alta. Sino en un registro utilitario que tiene un alcance mas grave que pensar que es fruto de la ignorancia: No hace mucho pude escuchar desde la voluntad entusiasta de una autoridad en materia bibliotecaria recomendar a un grupo de señoras que se afanaban por adentrarse al mundo de la lectura, que leyeran poesía porque enseñaba a relajarse y de paso, daba cultura. Convirtiéndola de un plumazo en una buena mercancía pues mata dos pájaros de un tiro. Y posiblemente sin consecuencias, por entrar la palabra en un circuito de códigos vacíos que tratan todo el tiempo de adecuarse a las cosas desvaneciendo así su eco, ya que el trazo, la letra, solo puede surgir donde la palabra fracasa.
Y si podemos pensar con el ejemplo que es un modo de acercar la poesía o la literatura al pueblo, considero que el peligro es otro, que tiene que ver con que al amo moderno le da lo mismo poesía, gran literatura o tabla de ejercicios pues no es la posibilidad del encuentro que se juega en la lectura lo que el discurso contemporáneo propicia, sino la forma de mantenerlo colmado y feliz. Cuando en el poema se trata de otra cosa. De un esfuerzo, porque es torsión del sentido lo que trae su resonancia desde la lengua, que afectada por la imposibilidad de decir todo subvierte la unidad lingüística.
La escritura no es el traslado de la voz a la presencia material del trazo escrito.
Literaturas que vemos que compiten en ese traslado de voz igual a trazo en los nuevos medios cada vez mas prolíficos, con la posibilidad además de editar virtualmente en una serie infinita y de millones de lectores cuya pretensión última es no caer en el error de no ser felices. Apelando a una garantía que nos remite a un empobrecimiento de saber hacer desde la particularidad con esa herida constitutiva y cuyo resultado es finalmente un desencanto pletórico de queja y dolor que renueva la servidumbre de ser un buen aspirante a la felicidad por venir. Ojos sin sueño en la vigila sin descanso que impide escuchar en aquello que insiste, para apuntar que la verdad está en otra parte. Ahí, donde lo no controlable de cada uno, uno por uno, no deja de sorprendernos con su retórica políticamente incorrecta.
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FORMAS DE LA INDEFINICIÓN (GESTALTWANDEL)
Ignacio Castro
Es preciso que cada imagen le quite algo a la realidad del mundo; es preciso que en cada imagen algo desaparezca, pero no se debe ceder a la tentación del aniquilamiento, de la entropía definitiva; es preciso que la desaparición continúe viva: este es el secreto del arte y de la seducción. Jean Baudrillard
Existen verdades que siempre han estado ahí de manera intermitente, apareciendo y desapareciendo en virtud de una profundidad que las hace incómodas para la norma diaria. Una de esas verdades atañe al lenguaje y nos permite recordar que la primera lengua no es la que llamamos materna o natal. Antes, durante, entre palabra y palabra, el ser humano -también el in-fans que no habla- vive en una región de ecos primordiales, silencios, rumores, sombras, sonidos quebrados. El magma que puebla cada segundo, aunque difícilmente expresable, constituye un fondo que nos hace hablar o, al menos, tartamudear en momentos clave. Es un mito de esta época y de su pasión estructural, que ha privilegiado el medio en detrimento del mensaje -el contexto contra la naturaleza profunda de cada ser-, esa idea de que “todo es lenguaje” y no existe ninguna experiencia que no esté articulada en una trama diferencial, sistémica.
I
Si todo es lenguaje es porque éste incluye el mutismo, un idioma desconocido que no está articulado en ningún código que podamos descifrar. Su “código” se confunde con el exterior sin narración, con la profundidad traumática de lo real. Sin metalenguaje previo, el sentido irrumpe de manera imprevista, con el álgebra de una “puntuación sin texto” que sin cesar nos asedia y nos desequilibra. En virtud de esta inestabilidad primordial hablamos: ¿qué habríamos de decir si nuestro suelo fuera seguro? El lenguaje bebe en un fondo que no tiene lengua conocida. De la misma manera que, casi por pura lógica, la historia vira en momentos cruciales gracias a no poder evitar el halo de lo ahistórico. Es debido a esta proximidad entre el lenguaje y la masa bruta de la materia que las palabras pueden herir, transformar o congelar nuestra realidad. Las palabras son cosas, armas, herramientas, no menos contingentes que las cosas mismas.
Al sentido real le brotan palabras, lejos de que a las palabras les dotemos de significación. Precisamente por esto es posible la traducción. Ya la primera palabra, el primer signo o imagen, la versión original del poeta, es traducción de una experiencia que siempre ha hablado en otra lengua, un rumor que socava por dentro al inglés, al español, al ruso. Antes del saber está la verdad. Antes de la historia, la existencia, una comunidad de sentido que brota de lo insignificante, de un sobresalto remoto que es común a la condición humana y su Babel de lenguajes.
Ello explica que, incluso en el niño, la palabra pueda ser sorprendente, cambiar la materialidad de las vivencias, rehacer la experiencia más común. La fascinación que aún ejerce el arte, a pesar de sus sucesivas “muertes”, sólo se puede explicar por el hecho de que la primera relación con lo real ya es metafórica, pues incluye todas las alteraciones y ecos imaginables. De otro modo no se podría explicar que en un mundo supuestamente saturado de información y conocimiento surjan de vez en cuando signos, imágenes, concatenaciones de palabras que nos detienen, que nos vuelven a una bendita ignorancia y nos permiten reiniciar la vida, una segunda oportunidad. Hablamos, cantamos, pintamos -se podría decir- a pesar del orden policial de nuestra cultura. Como se ha dicho a veces desde Sócrates, la verdad vive de una crisis del saber.
De hecho, de Bob Wilson a Beethoven, de Animal Colletive a Guerín, todo creador ha sido mudo en sus momentos cruciales. Sordo, ensimismado, tartamudo. Hablamos la lengua natal, la asaltamos, en los raros momentos en que decimos algo, desde el subdesarrollo un instante que carece de signos que lo traduzcan. Es una insignificancia apremiante, un silencio denso -aunque sólo dure segundos- el que nos hace hablar.
Desde el lugar del haiku en la poética moderna, de Pound a Gary Snyder, hasta la importancia del arte primitivo en la pintura de Picasso o Morandi, todos los momentos míticos del arte contemporáneo tienden a reconocer ese momento crucial de lo amorfo. Y esto, por no mencionar la importancia del aforismo en Nietzsche o Deleuze, la sentencia lapidaria de Lacan que nos cristaliza. En los momentos culminantes, lo grande es un juguete de lo pequeño: la comunicación es arcilla en manos del desierto y sus signos.
A las grietas le brotan sentido, un mensaje sin precedentes. Con el humor deliciosamente pueril que le es propio, Cage habla de captar los sonidos del mundo antes de que se conviertan en signos abstractos, códigos que circulan.
Esta es la tarea ética y política del arte: por fuera de nuestras murallas, escuchar el rumor real antes de ser estructura, cliché, logo reconocible. Con tal método, con tal intuición para el sentido anterior a las lenguas, Pasolini le hace decir a un actor “Buenas noches” con sesenta significados distintos. Todo arte maltrata la norma, introduce una metamorfosis en la comunicación, hace un “uso menor” del lenguaje. En virtud de la acumulación del tiempo que el artista, como un brujo, escucha en medio de la cronología pactada, la obra original rehace el sentido. Hace entrar en crisis la información, lo que creíamos saber, desde un bajo de fondo anterior a los códigos.
Sea en el cine o en la música, la operación poética de la forma actualiza la aventura de sentirse agonizante en plena normalidad; por lo mismo, la posibilidad de estar dispuesto a renacer jovialmente en otra orilla. Para una irrupción así lo que llamamos con orgullo “historia” es sólo el conjunto de condiciones, prácticamente negativas, necesarias para que ocurra algo nuevo. A diferencia de lo simplemente novedoso, en lo original pulsa siempre con un aura de lejanía, pues ha nacido y respira fuera de lo que llamamos cultura. De ahí el simpático comentario de Baudrillard: “Todo lo malo que le pase a la cultura me parece bien”.
II
En la raíz de la literatura, de la fotografía o el cine, el lenguaje poético logra una impresión imborrable -inconsumible, dice Pasolini- gracias a fundir la articulación con lo “inarticulado” del grito. Tal vez el correlato político de la obra de arte es la revolución. Benjamin recordaba que los pueblos asaltan la historia desde un tiempo que no tiene contabilidad ni cronología. Tal vez por esto, decía, los revolucionarios suelen disparar contra los relojes de las torres, como si quisieran reiniciar el tiempo con una imagen de lo extático. Después de ese momento inaugural que se repite, en un retroceso sistemático ante la verdad de su revelación instantánea, la metafísica occidental vuelve siempre a poner en marcha una teleología de la historia -primero cristiana, después laica- que apuesta por el “olvido del ser”, por el aplazamiento de la inmediatez ética. Separa así lo “universal” del aquí y ahora, del absoluto local de las vivencias. El pesimismo ante la parusía -lo que Berger llama “el carácter oracular de la apariencia”- relanza la maquinaria del optimismo histórico, también su hilera de víctimas.
De modo que, por un lado estaría el rastro de una intolerancia, una exclusión que constituye -al menos- uno de los pilares de la modernidad occidental. Hablamos de la imagen como instrumento de nuestra voluntad de dominio, una voluntad que no ha cesado aunque a veces hayan parecido pasar de moda las formas más abiertamente sangrientas de poder. En este punto la separación moderna no ha muerto, pues todavía sostiene el álgebra veloz de este mundo que se pretende tardío, queriendo tal vez borrar las huellas de su paso.
De alguna manera la imagen ha tomado el relevo del texto en la metafísica de la separación que define a Occidente. Ha condensado y consumado nuestro nihilismo, esta sistemática aversión hacia todo lo que sea vida elemental, comunidad tocada por la ambigüedad y la muerte. La forma última de nuestro “materialismo”, furiosamente antimaterial, es el crecimiento de las cifras, esta expansión numérica de las pantallas en detrimento de una relación sensitiva con la inmediatez. Y la imagen técnica, antes ya de la tecnología digital, es hija de las cifras, del cálculo.
Es el instrumento poderoso de una normalización que incluye espectaculares efectos especiales, una alternancia entre el tedio y el escándalo, la seguridad y el horror, que se ha vuelto cotidiana. Vivimos en una sociedad cuya mayor vocación es la anestesia, empezando por la de los sentidos, y solamente en este marco puede entenderse la afición de nuestra cultura al perfil de lo escabroso, tanto en la víctima como en el verdugo. Para que el espíritu del encierro global en el individualismo funcione, el estado de excepción ha de convertirse en regla. Y aquí ocupa un lugar neurálgico el impacto informativo, buscando exorcizar continuamente el mal de la exterioridad, prevenir nuestro latente malestar con la dicotomía entre un adentro climatizado y un afuera arrasado.
Una y otra vez, la imagen sensacional ha de tapar la humilde originalidad del acontecimiento cercano, tocado por la comunidad del enigma. Este “terrorismo” medial logra una expropiación del presente sin precedentes, una combinación casi perfecta de infinito y clausura. Aislada de los signos de su existencia mortal, la humanidad desarrollada ha de permanecer atenta a la información. En este punto podemos decir que el uno de la indiferencia, por no decir del odio, es el recipiente de la multiplicidad ruidosa del mercado. Aislamiento y socialización son las dos caras del imperativo mundial de transparencia.
III
Subsisten, no obstante, dos tipos de imágenes. De un lado, los iconos publicitarios que nos rodean, mayoritarios, remitiéndose unos a otros, envolviéndonos con una pared protectora. Estas imágenes, que inundan a veces al arte, aparecen "colgadas" en la cronología social y nos empujan a seguir con la velocidad de la comunicación, a interactuar, deslizarnos, consumir. El referente de todas ellas es la seguridad del desplazamiento continuo, que se ha convertido en nuestra idea fija. Individualismo y comunicación trenzan con ellas una dialéctica sin fin. De otro lado, creando una comunidad momentánea, existen algunas imágenes que nos paran, coagulando la fluidez en una dulce relación con la muerte, una “mala salud de hierro” -decía Trías- que interrumpe el régimen de la circulación.
Tales imágenes detienen el reemplazo incesante de lo social, que es el del aislamiento conectado, para sumergirnos en un tiempo distinto, sin cuenta posible. En este caso la imagen no aparece inserta en la cronología pactada socialmente, sino que tiembla con el tiempo dentro, acumulado en el misterio de una escena. Abren otro tiempo dentro del tiempo, el aura de una lejanía que palpita aquí, en una eternidad que coexiste con la más breve duración. Zona ártica, le llamaba Deleuze a esta vacuola de no comunicación desde la que todavía se puede vivir algo distinto, pensar de otro modo.
Estos momentos de la percepción o del arte no reproducen espectacularmente lo visible, a lo que ya estamos habituados, sino más bien hacen visible lo invisible. Es como si destruyeran la nitidez con la nitidez. Descubren el Tiempo mismo en estado puro, su espectral ambigüedad, más acá de la simplicidad binaria de la cultura informativa, de las noticias establecidas según la lógica del bien y del mal. Cuando el cineasta ruso Aleksandr Sokurov -autor de declaraciones “tristemente antimodernas”, según la queja de Rancière- dice entender sus imágenes como “una preparación para la muerte” está tomando la senda de esta teología inmanente, una inmediatez ética con la cual nuestra tecnología cultural algún día tendrá que medirse.
Liberando a la sensación de la opinión, tal inmediatez despierta algo que estaba remotamente latente en nosotros. Como si impactaran directamente en el sistema nervioso, estas formas poéticas o audiovisuales nos ahorran el tedio de una historia que escuchar, la seguridad de una información que clasificar. Interrumpen la realidad subtitulada que nos protege y nos enferma para introducirnos en una visita “no guiada” por lo real, curándonos con el mal de su desnudez. Estableciendo un diálogo con lo mortal, una relación infinita con la finitud, tales creaciones nos curan con la misma intemperie de la cual la sociedad quiere “librarnos”,… para convertirnos en público cautivo, sujeto al índice de audiencia.
Sin que nadie sea capaz de establecer en cada momento dónde está la línea divisoria, hoy se libra en nuestro imaginario, de la música a la fotografía, la batalla entre un studium mayoritario, informativo y publicitario, y un punctum minoritario, más oscuro y difícil, pero de cuyo valor depende la relación de Occidente con la existencia mortal. Por añadidura, acaso también con la tierra y las culturas antropológicas externas.
¿Una definición en la indefinido, una forma de lo no elegido? Sí, hablamos de un trabajo con sombras de alta definición. Esto es lo que logran algunas piezas de nuestros márgenes. Y también nuestra más espontánea percepción, allí donde conseguimos zafarnos de la mediación infinita que se ha convertido en mensaje. Es preciso reconciliarse con una lentitud fulminante que nos permita prescindir de la protección que brinda la velocidad. No es difícil lograrlo si conseguimos aceptar que el primer sentido está en el secreto, en un desierto que es la suma total de nuestras posibilidades. De hecho, nunca ha sido tan fácil como ahora situarse en una relación ética y estética en relación al estruendo del mundo. Basta con dar un paso al lado, quedarse inmóvil unos segundos, convertirse en invisible y observar. Basta con dejar de participar, interrumpir el flujo de la información y atreverse a entrar en ese silencio -al principio un poco terrorífico- de los márgenes, atendiendo a la escena que se forma cuando la comunicación se corta.
IV
Gostiny Dvor, las caballerizas y Sennaya Plóshchad en San Petersburgo. Y siempre los patios entrevistos al cruzar, huidizos en rojo y verde, susurrando lo que no sabes de la vida. La verdad del mundo es lo incontable que no figura en los mapas, las grietas de espacio y tiempo que robas al pasar. Eso es lo que filma Sergei Loznitsa en La estación: el misterio de la humanidad cuando duerme, deformada por el sueño. Casi mineralizada, reconciliada con su torpor animal. Filmar lo real y sus espectros cuando no “ocurre” nada y ninguna cámara está allí, interrumpiendo la conspiración secreta de los cuerpos.
Vivimos como soñamos, solos. De alguna manera, el arte intenta convertir este emblema de Conrad en el origen de otra comunidad. Una vivencia durable, puesto que atraviesa la muerte, ese silencioso abismo de lo real, con una sonrisa pueril. Nada hay más perturbador que la inocencia. Así ocurre en nuestras más raras criaturas, algunos temas de Nico o de Eyeless in Gaza, esa pieza de Pablo Arcent llamada Cuerdas. Llegan otra vez al hombre a través de un rodeo, por medio del compromiso moral con lo no humano. Conseguir la aparición del espíritu de lo real pulverizando la estúpida omnipresencia del sujeto, ese aura narcisista que nos tapa el sentido de la tierra.
Lo peor de nuestro desarrollo, pero quizá también lo más reformable, es su soberbia inaudita, ese orgullo que nos lleva a ser radicalmente intolerantes con las formas de vida exteriores. Día tras día, localizamos un peligro letal en cualquier humanidad que mantenga un halo de cultura comunitaria, milenaria, espiritual. Para evitar ese choque, inmoral y de incierto resultado político, debemos superar el maniqueísmo implícito a la modernidad occidental -que sólo siente seguridad si hay aislamiento- y recuperar un bienestar en el mal de lo real, en sus escenarios desérticos, sin amparo.
A contrapelo de nuestra globalidad fragmentadora, reivindicamos la “humanidad” de la presencia real, la universalidad de su contingencia. Defendemos la necesidad de recuperar una definición que sólo se hace perdurable si trabaja las grietas, la ruina, la finitud. ¿Alta indefinición? Sí. Nosotros vivimos siempre a partir de modelos, clichés, maquetas abstractas. Lo que urge ahora es empujar la abstracción del concepto, que sostiene nuestras imágenes, hasta el límite de volver a abrazar otra vez el enigma de lo singular, encontrando ahí una definición. Esto supondría, por añadidura, reconocer en lo impolítico de la existencia la primera categoría política.
Lo sensible siempre recuerda a algo. Se trata de volver a apostar, en el arte y en el pensamiento, por la reaparición misteriosa de un objeto que ponga en crisis este útero sociocultural que nos apresa. Es preciso rasgarlo para volver a creer en lo visible, tomar en serio a la personalidad de las cosas, ese algo invisible que anima lo real. Contra la posibilidad de esta experiencia, espiritualmente subversiva, trabaja el circuito cerrado de la información. Bajo él es preciso, parodiando a uno de los clásicos del siglo XX, un nuevo protestantismo de la existencia que corroa el triunfo católico de los medios.
De hecho, la vanguardia del arte contemporáneo, en la cual debemos incluir a muchos autores sin fama, nos invita crecientemente a percibir un envite de alta definición en la indefinición de lo inmediato. Una definición por indeterminación, diría Agamben. Sin sombra, sin noche, sin retraso, no hay percepción, no se configura la materia prima del pensamiento. El hombre desarrollado, por esta razón, es un marginal en el mundo de los sentidos, sufre una atrofia de la cual le vienen más tarde un sinfín de peligros. Recuperar la espiritualidad de la percepción, el sexto sentido anterior a los sentidos, pasa por volver a cierta desnudez, a un subdesarrollo creador que nos permita ser tecnológicamente incorrectos: esto es, usar la tecnología para abandonarla en el momento clave. Es urgente regresar a lo inimaginable del presente, ser capaces de vivir sin la cadena de imágenes y su cobertura. Sostener simplemente una mirada que escuche lo que está ahí, mudo y sin conexiones, sin otro icono que el claroscuro de su existencia.
Escuchar al pie de la letra esta lección, estética y ética, supondría tomar en serio la crisis de la ilusión política occidental, esa voluntad de dominación que concentra nuestra metafísica separadora. En suma, dejar de ser hijos de la Ilustración para volver a ser hijos de la tierra. ¿Habremos sentido tanto el dolor y el enigma de este mundo, de una humanidad que permanece soberana en sus manos vacías, como para estar dispuestos a este cambio?
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PSICOSIS Y EVALUACIÓN
Adolfo J. Santamaría
El trabajo en la sanidad pública proporciona lo que denominaría como un privilegio en tanto permite la “escucha” de algunos sujetos que difícilmente podrían llegar a nuestros gabinetes.
La labor psicoanalítica en el campo de la “salud mental” es una cuestión que, aunque compleja, no dejamos de afrontar en el día a día, y la que no procuraremos resolver no tanto por la impotencia frente a su resolución, sino por la necesidad de mantener ese imposible que nos permite seguir interrogándonos qué hacemos, cómo lo hacemos, y hacia dónde nos dirigimos en nuestra práctica. Es una primera forma de evaluación, evaluación propia, de nuestra práctica, la que nos interroga en nuestra práctica particular, que toma forma de modo singular, en la experiencia analítica y del control.
Es cierto que el trabajo orientado en nuestra “buena manera”, al ser realizado en una comunidad aparentemente heterogénea (interdisciplinar) es fruto de evaluación, de forma cotidiana, por parte de esta. Apuntamos, entonces, una segunda forma de evaluación a la que nos vemos sometidos, más allá de los datos estadísticos, evaluación de nuestro modo de hacer. El encuentro con esta segunda forma evaluación, que bien podríamos denominar evaluación ambiente es muy penalizadora, hay algo, se nos dice, que “no se entiende”.
Creo pues, que como miembros de esa comunidad –aparentemente heterogénea- a la que pertenecemos, en tanto ofrecemos nuestros servicios de “terapia” psicoanalítica como psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales o enfermeros –aunque pueda no explicitarse según las circunstancias de trabajo- va de suyo que se hace conveniente que “respondamos” a esta demanda de evaluación, habida cuenta de poner a la luz lo que el título de lo que este foro ilumina, precisamente “lo que la evaluación silencia”. Eso es de lo que se trata.
¿Por qué tomar la psicosis como marco de la evaluación? Porque en el tratamiento de la psicosis nos encontramos con un grupo de población que una vez entra en la red asistencial pública permanece en ella, precisamente, como objeto de evaluación. Se va a procurar, dicho en términos de la evaluación, que tenga adherencia terapéutica, concepto clave para el funcionamiento del propio sistema evaluativo. Esta evaluación precisa de una psicopatología psiquiátrica “guiada” por los estándares establecidos por las sociedades psiquiátricas y sus managers, las firmas farmacéuticas. De todos es sabido el papel “normativizador” y “evaluador” que las diferentes ediciones del DSM han tenido en esta cuestión. Tenemos, entonces, un tercer modo de evaluación, que podría nombrarse como evaluación guiada y que tiene su paradigma en la práctica psiquiátrica bajo la denominación de “continuidad del plan de cuidados”
Tres modos de evaluación, donde la primera contempla la praxis clínica y ética de un practicante del psicoanálisis en el campo de la salud mental; la segunda, la evaluación ambiente, equiparable a un juicio de valor e intención por parte de esa comunidad aparentemente heterogénea, que no es otra que una versión más de las formas en como el discurso del amo utiliza sus resortes –por esta misma razón la apariencia de heterogeneidad es ilusoria- y una tercera forma de evaluación, la evaluación guiada donde como “profesionales de la salud mental” nos vemos compelidos a responder habida cuenta cada uno de nuestra formación analítica.
Retorna irremediablemente, como un bucle, la primera aproximación que hemos planteado, la evaluación sostenida en lo imposible de nuestra posición.
Por nuestra parte propusimos, un programa de trabajo e investigación “Aquiles” y del que dimos cuenta en cuatro sesiones clínicas en nuestro ámbito de trabajo y en dos seminarios clínicos en el campo freudiano, y que aparecerá publicado en las actas del tercer coloquio “Arte Psi” de Creaturas (Bilbao. Diciembre 2010).
Nuestro programa de trabajo e investigación tuvo un referente central que fue la práctica entre varios implementada por Antonio di Ciaccia y elevada a la categoría de paradigma de respuesta al discurso del amo (institución) por J.-A. Miller. En esta orientación tuvimos oportunidad de profundizarla con diferentes autores (E. Laurent, A. Zenoni, A. Vaschetto y J.F. Lopez) a los que me referiré brevemente con la intención de aportar a nuestro Foro cuatro referencias que iluminan nuestros interrogantes sobre lo que la evaluación silencia.
La diferencia entre la primera y la tercera evaluación, es la diferencia entre situarse como sujeto afecto de una división constituyente y el “sin remedio” de ser objeto de goce del Otro de la salud (mental). En ningún caso, entiéndase bien, la dimensión asistencial, de la que da buena cuenta A. Zenoni (En los márgenes del lazo social. Cuadernos de psicoanálisis, nº 28)en sus trabajos, tiene o debe de quedar elidida en el campo de la psicosis, sobre todo, si el tratamiento se produce en una institución. Pero esa dimensión no debe ser utilizada como dique de “contención” de cualquier traza de subjetividad, de emergencia del “sujeto del lenguaje” que se constituye en la segunda dimensión, dimensión clínica.
En un tiempo no muy lejano, 1996 - 1998, irrumpió en nuestra comunidad analítica de la mano de J. A. Miller, el concepto de psicosis ordinaria. Como nos indica E. Laurent (La psicosis ordinaria. Buenos Aires. 2006) esta nominación supone la conclusión de un programa que terminó en 1998, y que viene a nombrar de manera llamativa lo que en realidad es un programa de investigación, y que sigue siéndolo más que una categoría diagnóstica, más que una categoría sintomática.
El surgimiento de este programa de investigación representó el modo en cómo se enfrentó desde nuestra comunidad analítica lo que era el contexto del psicoanálisis en los años 90: el éxito de los “estados límites” . En ese ámbito se produjo, en primer lugar, la extracción del campo de la psicosis los denominados “estados límites” dando lugar a una clínica que no se sostenía tanto en la sintomatología, sino mas bien en el equilibrio dinámico entre los procesos neuróticos y psicóticos, buscando equilibrios en los estados límites, separando las personalidades bordeline de la psicosis como tal.
Por otra parte, sus promotores, negociaban mantener un eje diagnóstico en el DSM, centrado en los trastornos de la personalidad. Se procuraba entonces, como señala E. Laurent, un proyecto bastante amplio: el de negociar el lugar del psicoanálisis con la clínica biológica y la construcción de una nueva concepción del psicoanálisis.
El concepto de psicosis ordinaria viene como respuesta a ese proyecto de los años ‘90 liderado por O. Kernberg, centrado en una relectura de los procedimientos de defensas del Yo. La respuesta, el programa de 1998, supuso la promoción de la pareja S1 –a, que subraya que el significante no va sin su vertiente de goce. El psicoanálisis, lacaniano, no se entiende como psicodinámico, es radicalmente económico y tópico(lógico).
Si la psicosis ordinaria abre interrogantes en torno a las nuevas formas de conversión, desencadenamientos y transferencia, donde la idea de la construcción delirante ha dejado paso a la búsqueda de abrochamientos de lo real, lo simbólico y lo imaginario, de ello la promoción del S1, se trata entonces de un modo de abordar la clínica siendo este el programa de investigación a desarrollar.
Nuestra evaluación tiene que ser esta, la de conocer cómo conseguimos estos efectos y cómo se mantiene… sin que haya necesidad de construir una enorme construcción delirante que separa al sujeto del discurso común y que solo le permite recuperarlo después de un largo recorrido.
El programa de investigación que representa la psicosis ordinaria se ubica de modo inverso a cualquier programa de evaluación basado en la elaboración de criterios psicoanalíticos u otro tipo de criterios; se trata de rechazar de manera decisiva, y explicitar por qué, la evaluación es una perspectiva completamente errónea con la cual no hay que negociar. Hay que denunciar esta perspectiva como lo que es: un management de las sociedades desarrolladas inventado por la angustia de discurso del amo que no sabe cómo hacer y que ha sido seducido por una falsa ciencia.
Esta es la perspectiva en la E. Laurent nos orienta en su texto de 2006; frente a la evaluación respondemos con programas de investigación, donde caso por caso, se trata de elucidar los puntos de capitón que permiten una clínica de la suplencia.
En esta perspectiva, en la promoción del significante, habida cuenta del goce que lleva aparejado, un texto de 2009 escrito por J. F. Pérez y publicado en “Inconsciente y síntoma” (XV Jornadas Anuales de la EOL) nos orienta en esta vía de investigación abierta con la psicosis ordinaria. Plantea dos concepciones del psicótico, la que introduce Lacan en el Seminario de 1956, mártir del inconsciente, y la que se sitúa en el otro polo de su enseñanza, Seminario 23, la de desabonado del inconsciente.
La pregunta de J. F. Pérez es si se puede dar las dos posiciones en un mismo sujeto: es posible para el sujeto psicótico hacer efectiva la travesía entre la posición de mártir y la de desabonado. Aquí es donde lo que nos indica J.-A. Miller al respecto de la psicosis ordinaria pudiera encontrar, también, un lugar: en qué medida un capitonaje a través de un S1 pudiera hacer “la contra a lo real”, y poner a resguardo al sujeto de ese goce – invasivo - del Otro, que en la psicosis ordinaria se desliza en el silencio. Materia pues a tener en cuenta en ese proyecto de investigación.
Ahora, para concluir, queremos referirnos a un tercer texto, en realidad un libro compilado y editado por E. Vaschetto, “Psicosis actuales. Hacia un programa de investigación acerca de las psicosis ordinarias” y que nos animó a la constitución de un cartel que viene trabajando en la sede de Valencia con el título, inspirado E. Vaschetto, “La clínica pobre de la psicosis: ¿a la espera del delirio?”. Para nuestro propósito – hacer manifiesto, si es posible, algo de lo que la evaluación silencia – tiene que destacarse el trabajo “Incurables”, un texto que da cuenta de un praxis institucional orientada lacanianamente, que pone en el foco que la adherencia al tratamiento sólo es posible pensarla, y hacerla realidad efectiva, desde la transferencia analítica. Este es uno de los elementos cardinales que la evaluación silencia: “que el saber tiene un sujeto”; cualquier otra intervención genera una política basada en el equívoco de la sugestión, que toma cuerpo en el denominado furor sanandi.
Lo que la evaluación silencia, para nosotros, es que frente a la imposibilidad de dar un lugar a los psicóticos como sujetos, sujetos del lenguaje, los convierten en objetos de la ciencia por la puerta de la neurociencia –química, biología y genética-. Silencia de igual modo, y por ello la proliferación de los programas de continuidad de cuidados, el abandono de la clínica psiquiátrica clásica, lo que convierte al psicótico en un “cerebro en una cubeta” (J. Dancy) al que se le niega cualquier credibilidad, ningún saber y se le sitúa de modo reiterativo en posición deficitaria, que creemos que subraya de forma paradigmática lo que hemos querido señalar como evaluación guiada.
Desearía concluir esta pequeña reflexión con este breve fragmento:
Si las cosas del hombre, algo de lo que en principio nos ocupamos, están marcadas por su relación con el significante, no se puede usar el significante para hablar de estas cosas como se usa para hablar de las cosas que el significante ayuda a plantear. En otras palabras, ha de haber una diferencia entre la forma en que hablamos de las cosas del hombre y la forma en que hablamos del resto de las cosas. (Lacan. S.V. Las formaciones del Inconsciente. P. 363).
Bibliografía
(1) E. Laurent (2006) La psicosis ordinaria. ¿Cómo se enseña la clínica? Cuadernos del Instituto Clínico de Buenos Aires, 13ICBA.
(2) A. Zenoni (2003) En los márgenes del lazo social. Cuadernos de psicoanálisis, 28.
(3) J. F. Pérez (2009) Dos fórmulas de Lacan sobre las psicosis y el inconsciente. Inconsciente y síntoma. XV Jornadas Anuales de la EOL) Colección de Orientación lacaniana. Ediciones Grama
(4) E. Vaschetto (compilador) (2008). “Incurables”. Psicosis actuales. Hacia un programa de investigación acerca de las psicosis ordinarias. Ediciones Grama.
(5) Lacan (1958). S.V. Las formaciones del Inconsciente. p. 363. Ediciones Paidos.
(6) J. Dancy (1985).Escepticismo. Introducción a la epistemología contemporánea. p. 24- 26. Ed.Tecnos.
5 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 23. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". José R. Ubieto, José Luis Pardo, Irene Greiser, Rubén Panotto, Eugenio Castro.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
Freud inventa el psicoanálisis para dirigirse a ese elemento que la interdicción no logra resolver. Para él, el psicoanálisis es el lugar distinto al superyó que puede ofrecérsele a la civilización frente a la pulsión.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
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¡Buena lectura!
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¿POR QUÉ AMAMOS A NUESTROS LÍDERES?
José R. Ubieto
Desde LA VANGUARDIA, Tendencias / Domingo, 22 de mayo de 2011
El abuso de poder, por parte de los caudillos autoritarios, ha sido y es una constante en la historia de los pueblos. Lo que resulta más novedoso es la tendencia de algunos liderazgos, democráticamente legitimados, donde el abuso de poder alcanza incluso el ámbito sexual. En Europa, y en nuestro país, tenemos ejemplos muy conocidos y actuales de líderes imputados e incluso condenados por prácticas abusivas, sexuales o de corrupción económica y política. El rasgo común de estos líderes es el abuso, no el que tengan relaciones sexuales ilegitimas, pero consentidas mutuamente.
La paradoja es que estas prácticas en la mayoría de los casos, salvo los momentos puntuales donde aparecen denunciados, refuerzan su poder e incluso incrementan el apoyo de los ciudadanos. Muchos de ellos son conscientes de este hecho y se envalentonan y desafían a aquellos que les reprochan su actuación, a sabiendas que la publicidad de su abuso los hace más queridos por los suyos.
¿De qué pasta están hechos esos líderes que amamos? El escritor francés Étienne de La Boétie se refería en 1553 a las servidumbres voluntarias para describir el hecho de que “los tiranos cuanto más roban, más exigen, y cuanto más se arruinan y destruyen, más obtienen y más servidumbre obtienen”. Pero fue Freud en su “Psicología de las masas y análisis del yo” quien nos ofreció un análisis preciso de la función del amor al líder y la sumisión que comporta. Freud, al que no le faltaron ejemplos de dirigentes de su época, plantea dos características del líder: que dé la impresión de una fuerza considerable y que disponga de una gran libertad libidinosa. Un líder con esos atributos es amado por el pueblo porque permite a cada uno revestirse, en su servidumbre, de la fantasía de una omnipotencia “a la que no hubiese aspirado jamás”. Aquello que uno no puede conseguir –o que no sería capaz de realizar, aunque lo pensase- el líder lo efectúa por él.
Hoy vemos como algunos líderes actuales hacen de esa “libertad libidinosa” un rasgo personal destacado, sin pudor alguno. Su modo de satisfacción parece no regirse por los límites del humilde mortal y la exhibición de la opulencia y de cierta obscenidad es un dato básico de su estar en el mundo. Mostrar el lujo con el que viven los fortalece, a pesar de los “escándalos mediáticos”.
Freud percibió y adelantó algo que hoy es más verdad que nunca. Un líder capaz de hacer de la mediocridad, la vulgaridad e incluso el abuso, un estilo de mando, tiene asegurada la servidumbre de muchos ya que consigue que la realidad vital de esos sujetos, cercana a esa mediocridad, se eleve a un estatus de ideal de vida. Cuando el robo, la violencia, el desprecio por el otro, el abuso sexual, pasiones no ajenas a lo humano, devienen atributos de un líder, adquieren por ello una legitimación popular y aumentan considerablemente el carisma del jefe. Su estilo legitima las pasiones de sus seguidores aunque éstos no se atrevan a llevarlas a cabo.
De allí que la pasta de estos lideres no sea nada especial ni de un valor extraordinario. Basta que se trate de un personaje con una elevada sobreestimación de sí mismo, dispuesto a mostrar sus excesos, su consumo ilimitado, el impudor de su satisfacción. De esta manera obtienen la estima de aquellos que querrían parecérsele, salir de su miseria neurótica y gozar como él, sin culpa ni obstáculo alguno.
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NO ME HABLES DE OXFORD
José Luis Pardo
Desde Tribuna El País 01/05/2011
Por si fuera necesario, confieso de entrada mi admiración por universidades como las de Harvard, Yale, Cambridge, Oxford, Berkeley, París y otras, y añado que no solamente no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) reparo alguno en que las universidades españolas se parezcan a las de esa lista, sino que estaría encantado de que así fuera, como también me gustaría que España se pareciera en muchos otros indicadores a los países en donde residen esas instituciones.
Sin embargo, y por desgracia, a pesar de que el logro de este parecido fue una de las coartadas para su implantación, no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) la impresión de que eso vaya a ocurrir con el Plan Bolonia -quien quiera darse un paseo por las universidades recién reformadas podrá ver que sus campus, incluso los nombrados "excelentes", siguen sin tener aún una atmósfera oxoniense, y que incluso son un poquito más cutres que antes y más parecidos a los patios de recreo de la ESO-; tampoco me parece que vaya a ser este el resultado de la aplicación de la burocracia delirante de las Agencias de Evaluación y del fascinante Estatuto del Profesorado que permitirá llegar a catedrático a base de ocupar puestos de gestión y con un cero en investigación (véase La universidad que viene: profesores por puntos, tribuna de J. A. de Azcárraga, en EL PAÍS del 3-3-2011). Finalmente, descreo también de que se vaya a alcanzar este objetivo practicando lo que el profesor José Montserrat, en una carta al director, llamaba acertadamente el "nacionalismo científico" defendido en estas mismas páginas por los profesores Ortín y Álvarez (No hay ciencia sin competición, EL PAÍS del 12-3-2011) y por todos los que nos marean con los famosos rankings de las mejores universidades del mundo.
Y no es que yo niegue la validez de estas clasificaciones: eso sería por mi parte tan estúpido como dudar de la eficacia del rating de la deuda por parte de las agencias de calificación del riesgo financiero, cuando veo la eficacia con la que disminuyen mi salario todos los meses. Pero así como los más de 3.000 firmantes del Manifiesto de economistas aterrados (Pasos Perdidos, Madrid, 2011) tienen dudas de que los mercados sean los mejores jueces de la solvencia de los Estados, yo también albergo algunas sobre la imparcialidad de esas clasificaciones, que guardan con la excelencia científica una relación parecida a la de la lista de Los 40 Principales con la calidad musical: nos dicen qué es lo que más se vende (y, en ese sentido, lo más competitivo), pero no siempre lo más vendido es lo mejor -espero que se me dispense de tener que argumentar exhaustivamente esta afirmación, acerca de la cual puede consultarse el instructivo Adiós a la Universidad, de Jordi Llovet (Galaxia Gutenberg, 2011).
Si nos llenan de admiración nombres como los de Oxford y Cambridge no es solo ni principalmente porque aparezcan en los primeros puestos de un hit parade del mercado del conocimiento que se publica desde hace cuatro días. Como señalaba Juan Rojo, para conocer la calidad de una universidad "no hace falta ningún formulario, ni el seguimiento del número de tutorías, ni el control del número de alumnos por clase. Ni siquiera hace falta usar la palabra Bolonia. Basta con atenerse a su prestigio científico reconocido". (El segundo principio de la termodinámica, EL PAÍS del 31-3-2011). Esa superioridad se debe, entre otras cosas, a la tradición que ha convertido a esas instituciones en lo que algunos llaman despectivamente "mausoleos de sabiduría", tradición que no hace reposar la excelencia solamente en llegar el primero a la meta (que no es precisamente el origen de la noción de "excelencia" que tan orgullosamente manejan hoy los partidarios del Espíritu Deportivo), sino ante todo en la autonomía del saber científico con respecto a los poderes económicos y políticos que siempre han tenido la tentación de controlar el conocimiento y de ponerlo a su servicio, siendo su independencia uno de los signos distintivos de las universidades desde que la ciencia se separó de la magia y de la teología.
Y este es uno de los motivos por los que me parecen preocupantes la confianza en la autorregulación del mercado del conocimiento mediante la libre competición -una creencia sobre la cual la actual situación económica mundial podría arrojar al menos algunas dudas- y la pretensión de sustituir las viejas universidades por nuevos "centros de producción de conocimiento". Pues, como señala acertadamente Simon Head en su comentario del último enero a El capitalismo académico y la nueva economía (Johns Hopkins U.P., 2011) en la revista de libros de The New York Times, lo que amenaza la calidad y la libertad académica de las universidades (incluidas Oxford y Cambridge) son los procedimientos de evaluación que hacen depender su continuidad y su sostenibilidad de parámetros fijados en términos extracientíficos, concretamente de la rentabilidad en la producción de conocimientos que tanto defienden los patrocinadores de los rankings universitarios, porque en este caso se corre el peligro de que -solo es un ejemplo- sean las empresas farmacéuticas las que decidan la orientación de la investigación en química orgánica o las Consejerías de las comunidades autónomas quienes determinen la dirección de los estudios de filología clásica. Por supuesto que puede uno defender, incluso por motivos patrióticos, ese modelo de producción competitiva para el mercado del conocimiento, pero quien lo haga debe admitir claramente que comporta la destrucción de las universidades ilustradas modernas tal y como las conocemos desde el siglo XVIII, del mismo modo que algunos dicen -basándose en clasificaciones completamente objetivas con respecto a la pujanza de los llamados "países emergentes"- que la democracia resulta poco competitiva en una economía globalizada.
En cuanto a las observaciones de psicología profunda y antropología fundamental sobre la esencia competitiva de la naturaleza humana con las que a veces se sazona esta polémica, su carácter puramente ideológico y vacío resalta claramente en el contraste entre la grandilocuencia de su retórica y la pobreza y confusión de sus argumentos (no se puede defender a la vez el carácter cooperativo y competitivo de la ciencia). Lejos de mí, en cualquier caso, la intención de minimizar el alcance del afán de gloria a lo largo de la historia de la humanidad: nunca faltaron guerras para atestiguar su inequívoca importancia. Pero si, a pesar de nuestros inveterados instintos bélico-deportivos, admitimos que no todo vale para ganar -pues el asesinato, la extorsión, el chantaje y la violencia son altamente competitivos y sin embargo los castigamos-, es que aceptamos que hay algo más importante que la competición misma, algo que es de otro orden que ella y a lo que ella debe someterse y que ha de limitarla, algo que los clásicos llamaban verdad, justicia y belleza (tres marías que, ay, tampoco van a salir en los rankings de la producción de conocimientos), algo que seguramente sigue pesando en el hecho de que, fueran cuales fueran los resortes psíquicos de los hombres que hicieron los descubrimientos correspondientes, todavía nos da un poquito de vergüenza decir que el teorema de Pitágoras, la ley de caída de los graves de Galileo o la teoría de la relatividad especial nos parecen admirables porque son muy competitivos.
Y es que la competitividad no deja de ser una relación entre los hombres. La ciencia, por el contrario, es primariamente una relación con las cosas que, por ser irreductible a las rivalidades humanas, puede a veces servir para hacer una paz digna entre mortales. Pero cuando la verdad acerca de las cosas se subordina a las ambiciones y rivalidades de los hombres, aunque ello suponga éxitos económicos o políticos a corto plazo, puede suceder que los puentes elevados bajo ese principio se derrumben al primer vendaval o que los edificios erigidos sobre esa base se vengan abajo dejando a la intemperie a sus habitantes, a pesar de haber ocupado en las clasificaciones mundiales un puesto tan glorioso como el de Lehman Brothers unos días antes de su quiebra, porque la naturaleza acaba sancionando -a menudo de forma poco diplomática- la miopía, la irresponsabilidad y la incompetencia de ese punto de vista tan deportivo.
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SER NOMBRADOS POR EL MANUAL, “SINDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL”
Irene Greiser
Jean Claude Milner ubica a esta época no como la de vigilar y castigar sino como la de vigilar y controlar, y denuncia que la ideología de la evaluación en nombre del bien público se introduce en la salud mental con criterios de normatividad. Así se convierte en consigna política.
Si la ideología de la evaluación comienza con el papel del perito, haciéndose portavoz del sujeto reducido a su informe, hoy en día se ha sofisticado y ya ni es necesaria la voz del perito, porque el manual cumple ese papel.
Foucault, en su curso de 1975 “Los anormales” sitúa el giro que se produce en la psiquiatría cuando se separa de la cura para situarse en el plano de la higiene pública. A la clínica médica siempre le preocupó la salud de un paciente, no el universal de la higiene pública. Con el giro hacia la higiene se produce a su vez una redistribución de intereses: el médico deja de interesarse por el padecimiento del enfermo para interesarse en su peligrosidad. La figura del psiquiatra entra al servicio del control.
Si en un principio el poder del perito era otorgado para delimitar el terreno de la locura y el crimen, en la actualidad la alineación resulta ser un crimen: me refiero al síndrome de alienación parental.
Hay no sólo una diferencia diagnóstica entre síntoma y síndrome sino fundamentalmente una diferencia de orden ético: una que va de la mano de la psicología orientada por un delirio normativo que llevará a corregir el trastorno y otra es la ética del psicoanálisis que se orienta por el sujeto y lo preserva con su síntoma. Una, solidaria del bien público, y otra, de la singularidad del sujeto. Ese “sujeto supuesto salud”, conlleva a reducir a los sujetos al estatuto de cosas y hacer creer que se gobiernan solas. Eso es lo más cretino de las burocracias sanitarias, se sellan papeles, autorizados en un manual.
El síndrome de Sap (Síndrome de alineación parental) es una entidad nominalista que puja por ser incluida en el próximo DSM. Bajo una serie de conductas patrones se tipifica este síndrome como trastorno, aludiendo a la alineación sufrida por un niño por parte de uno de sus progenitores en contra del otro. Esto es considerado como síndrome de Sap.
No se trata tan sólo de la patologización de la conducta, sino del paso siguiente, que es su judicialización. Porque en sí mismo el código penal no cuenta con ley alguna que prohíba al sujeto estar alienado, ser agresivo o vulnerable.
El sap se inscribe como la respuesta sintomática de las mismas burocracias sanitarias y es otro de los nombres del delirio de normalidad.
Es un nominalismo que se inserta como modo de regulación del exceso que las mismas burocracias de la salud mental han generado con el empuje a la denuncia de los derechos avasallados del niño maltratado, abusado, vulnerado, etc. El niño entró a formar parte de la epidemia de juicios: denunciar a los padres, maestros, buscar al culpable cuando nadie se hace responsable. El niño que era víctima de abuso ahora entró en el banquillo del acusado, acusado de alienado.
Para el psicoanálisis no hay sujeto sin síntoma y el síntoma, no es un déficit ni un trastorno a corregir sino el modo particular que cada sujeto tiene de gozar del inconciente, y la alineación es de estructura. Es justamente ese “tú eres” que le viene del Otro aquello que le permite establecer un lazo.
Dos operaciones dan cuenta de las relaciones entre el sujeto y el Otro: una es la alineación y otra es la separación. El primer Otro encarnado en las figuras parentales nombra al sujeto con un tú eres. Ese tú eres niño bueno, tú eres mi compañera, tú eres mi salvador, responde al modo singular en que cada sujeto queda alienado al campo del Otro, y da cuenta de una servidumbre voluntaria a ese Otro que marca una singularidad que escapa a cualquier manual.
El orden de la ley y el orden de hierro
¡Algo ha cambiado!… En la época de Freud, Dora denuncia a su padre por tener una amante pero esa denuncia no se la hace a un juez sino a Freud. Juanito también protesta por el declive de la autoridad de su padre y le pide que se enfade si duerme con su madre. Por supuesto que Juanito también estaba alienado al deseo materno y por eso mismo hace una fobia. Pero ningunos de estos síntomas eran llevados a los juzgados. Otra es la situación actual. El nuevo orden simbólico queda a discreción ya no de los jueces sino de un orden burocrático que penaliza a los ninos alienados. El orden simbólico regulado por un padre cuyo deseo no es anónimo, hoy es sustituido por un nuevo orden burocrático del manual: ni la ley del padre, ni la ley jurídica. El régimen del no que la ley introduce está en declive, en ese mismo lugar se inserta el orden del manual o al arreglo entre las partes.
El ordenamiento del goce subsidiario de la triangularidad edípica cada vez esta siendo más ocupado por el Estado. La invención de dispositivos por parte del Estado para regular los desbordes pulsionales da cuenta del impasse ético. Los Comités de ética, mediaciones y evaluaciones periciales responden a este nuevo ordenamiento que suplen al reino del Uno.
El síndrome de Sap forma parte de ese nuevo nominalismo, asumido por lo social. Se trata de una modalidad burocrática subyacente al discurso universitario. La tiranía del saber de los manuales tambien son nuevos simbólicos, pero ese simbólico no representa a un sujeto, sino que produce su forclusión. Hay una relacion entre causa y consentimiento: la causa viene del otro pero el consentimiento es del sujeto, porque el sujeto niño también puede rechazar lo que le viene del otro.
La ley del padre universaliza para todos la misma solución. Pero ese orden sujetaba el deseo a una ley. El régimen de la ley no es el de la norma, ni el del acuerdo entre las partes. Si bien es cierto que la autoridad del padre está en declive, ¿es acaso una solución que se homogenice la posición de los hijos con los padres? Los hijos pueden recurrir al juez, se pide y se busca responsables por todas partes. Lacan denominó a esto la era del niño generalizado.
El régimen de la alienación del tú eres declina conjuntamente con el orden del discurso amo, y ese tú eres es sustituido por otro ordenamiento que es de hierro, porque no anuda al sujeto a ley del campo del Otro. Bajo el supuesto de normalidad regido por la tiranía del manual se sustituye el tú eres.
En el seminario 21 clase del 19 marzo Lacan introduce la función del ser nombrado para, aludiendo a una función que asume lo social en el lugar de la función del padre. Aclarando también que es el signo de una degeneración catastrófica. Resulta interesante destacar el carácter de esa sustitución: lo sustituido no es un subrogado paterno, sino que es la función misma del padre la sustituida por otra función que asume lo social que Lacan denomina “Nombrar para”. “Si lo que se sustituye es un elemento pero se conserva la función, también se conserva un orden, pero al sustituirse una función por otra hay una alteración en el orden. Al nombre del padre se le sustituye otra función, con un orden que sustituye al nombre del padre en su función de lazo”.
Querer sustituir esa servidumbre voluntaria constitutiva del sujeto por el ser nombrado por un manual es uno de los signos de degeneración catastrófica vaticinado por Lacan. El S1 que representa al sujeto lo hace para un S2, esa es la estructura constitutiva y alienante. El saber que se produce en un análisis se obtiene por el amor de transferencia .
Tú eres un Sap, tú eres violento no es un significante que anude al sujeto al Otro.
Ese tú eres le es dado por un manual de hierro y el DSM, es uno de los nombres de ese orden de hierro.
Bibliografía
J.A.Miller y E. Laurent “El Otro que no existe y sus Comites de Etica” . Ed Paidos
J. A Miller y J. C. Milner “Desea ud ser evaluado”. Ed. Miguel Gomez Ediciones
J.C.Milner La política de las cosas” . Ed
E. Laurent “El delirio de normalidad”
J. C. Indart Cursos dictados en la Eol
Irene Greiser “Delito y trasgresión “, un abordaje de la relación del sujeto con la ley”
Foro Madrid “Servidumbres Voluntarias”.
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AMARRADOS TECNOLÓGICAMENTE
Rubén Panotto
(Desde “El Litoral”, 29 de mayo de 2011. A sugerencia de Belkys Josefins Bracesco, Santa Fe, Argentina)
Quien tiene BlackBerry tiene Twitter. El primero es una computadora de bolsillo y el twitter una herramienta que permite emitir mensajes de acceso público. Cualquiera puede acceder y hacer seguimientos en forma anónima. Lamentablemente la aplicación más generalizada y siniestra la están llevando a cabo los funcionarios públicos y personajes muy conocidos, para defenestrar -a veces con lenguaje vulgar y grosero- a propios y extraños tan sólo con fines políticos y mezquinos, exponiéndose sin reservas a que las nuevas generaciones imiten sus bastardos procedimientos. Es apropiado mencionar también el uso atávico de celulares, como ese nuevo adminículo que llamamos blackberry. He recibido información sobre el significado de ese término, lo que transmito por considerarlo pedagógico: en Estados Unidos a los esclavos nuevos se les sujetaba una bola negra de hierro muy irregular con una cadena amarrada al pie para que no escaparan de los campos de algodón. Sus amos llamaban blackberry a esa bola que se asemejaba al fruto denominado mora. Ése era el símbolo antiguo de la esclavitud, que suponía que el sujeto estaba forzado a permanecer en esos campos sin poder escapar de su trabajo. En estos tiempos, a los empleados no les amarran una bola de hierro, en cambio -dice tal informe- se les otorga un blackberry para quedar inalámbricamente amarrados a su trabajo todo el tiempo. Así, cada uno de ellos no tiene manera de decir que no le llegó o no escuchó una llamada, porque ese chismoso aparatito avisa si abrió sus correos, marca citas y horarios, se apaga y enciende solo, mientras su familia e hijos le reclaman por falta de atención. En la actualidad, millones de personas están atadas a ese sistema virtual de esclavitud. Claro está -y cabe la salvedad- que bien utilizado es una herramienta idónea, casi maravillosa, para sobrellevar los altos decibeles de actividad del siglo XXI.
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Bibliografía razonada
SUMISIONES VOLUNTARIAS, de Gabriel Albiac. Edit. Tecnos.
Eugenio Castro
El filósofo G. Albiac, el de “La sinagoga vacía”, ha finalizado su docencia universitaria en 2010. Este libro recoge las Lecciones de Filosofía de la Historia del curso 2005. Recorre bajo en título “Sumisiones voluntarias” las servidumbres que van desde Maquiavelo- Guicciardini, La Boetie-Montaigne, Pascal, Spinoza.
Todos estos sabios del poder político son para Albiac “la invención del sujeto político”.
1.- En Maquiavelo y Guicciardini cómo mantener el poder del Estado forzando a que los sujetos se sujeten bien a él, que la virtud se considere en su etimología: La fuerza. Es el arte de forzar la sumisión voluntaria de lo que hoy llamamos ciudadanos. Monarquía fuerte o República fuerte tanto da, pero no un híbrido de ambas que no funcionará.
Para establecer ese Estado las guerras ayudan porque son el orígen de la unidad del Estado. Una invención regulada de un enemigo ayuda a esta unidad. Esto leyó Carl Schmitt en Maquiavelo el padre de la teoría política moderna.
2.- El siguiente autor La Boetíe, trata de cómo liberarse de las servidumbres simplemente dejando de sostener a los ” Maestramos”, ir contra Uno. “El poder que el gobernante ejerce sobre los gobernados no es otra cosa que el poder que los gobernados ejercen contra sí mismos”(Albiac). Como el poder del gobernante no reposa sino por la cesión que el ciudadano efectúa en él, la pregunta por qué el sujeto inventa un Maestramo para arruinar su vida. Si los ciudadanos dejaran de soportar al Maestramo éste dejaría de ser amo. Los ciudadanos son la peana que sostiene la estatua de Maestramo, basta que decidan dejar de ser peanas para que el Maestramo se hunda. Lo estamos viendo en África de Norte estos meses. El problema que su caída a veces no es tan románticamente pacífica y hace falta una guerra. Libia no está siendo Túnez o Egipto. La pregunta para nosotros incide sobre el por qué los sujetos prefieren sufrir pudiendo decir no. Lo escuchamos todos los días en los divanes, no tenemos más que escucharnos a nosotros mismos en ese mismo diván porque hay síntomas para todos los gustos y consentir la servidumbre es uno de ellos.
3.- Paso por encima de Pascal porque el tiempo apremia.
4.- Quiero darme de bruces con Spinoza, el judío de orígen bugarlés pues que su familia procede de Espinosa de los Monteros de donde escapó a Portugal y después a Amsterdam huyendo de una servidumbre insoportable. Lo que anota Albiac es como su Tratado Político no es sino la puesta en práctica de su Ética en donde el deseo es la fuerza para hacer algo y persistir en su ser de deseo. Aunque el sujeto trata de imponer el deseo singular a los otros a quienes queremos hacer a nuestra imagen, puede obtener más libertad en su asociación a otros deseantes en un Estado que si es democrático estará basado en la libertad de opinión, en la acción colectiva y orientado a la superación de la servidumbre y una paz positiva. No cualquier paz pues que los ciudadanos estarán armados. No una paz que sea sólo ausencia de guerra por temor ni una paz de ciudadanos apáticos gobernados como borregos que sería una servidumbre consentida.
4 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 22. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Germán Cano, Mª Eugenia Insua, Juan Carlos Tazedjián, Fernando Martín Aduriz, Zacarías Marco.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
El psicoanálisis como factor de la política permitiría inaugurar una experiencia menos pobre, un nuevo tratamiento, distinto de la segregación y el odio, de los tres nombres de la imposibilidad.
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¡Buena lectura!
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LA POLÍTICA PARALIZADA POR EL MIEDO
Germán Cano
Desde http://www.elpais.com/articulo/opinion/politica/paralizada/miedo/elpepiopi/20110513elpepiopi_11/Tes
¿Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo ¡Indignaos!, del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un best seller en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante: ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del compromiso ciudadano?
A la vista de esta cuestión, ciertos acontecimientos como el resurgir de la ultraderecha en toda Europa, la movilización del Tea Party en Estados Unidos o las altas expectativas electorales creadas por Marine Le Pen en las últimas elecciones cantonales francesas revelan un inquietante fenómeno: parece como si en momentos de crisis sólo la derecha tuviera la capacidad de canalizar la afectividad política, mientras que la izquierda solo supiera administrar.
¿Por qué cada vez más ocurren rebeliones y protestas violentas carentes de todo mensaje ideológico y basadas en un vago resentimiento? Posiblemente, porque hoy, en nuestro marco postpolítico y postideológico, la indignación no acierta a invertir sus movimientos reflejos en un marco narrativo inteligible. Al carecer de una cartografía cognitiva, la cólera explota en un acto políticamente sin sentido, tan ciego que atenta a veces incluso contra su propio perpetrador.
Es aquí donde, salvando ciertas distancias, resulta pertinente volver la mirada a ese singular laboratorio de crisis que fue la República de Weimar. De ese escenario, en el que Hitler supo sacar ventaja buscando chivos expiatorios, actualmente el neopopulismo derechista extrae sus oportunistas lecciones. Una de ellas es no temer caer en flagrantes incoherencias con tal de jugar en todos los tableros. No en vano Jean-Marie Le Pen se definía como un político que se encontraba "socialmente a la izquierda, económicamente a la derecha y, siempre, con Francia en el centro de sus pensamientos".
En primer lugar, cabe señalar que el problema económico de la República de Weimar se cifraba en la preponderante influencia especulativa del capital financiero sobre la esfera productiva. Cuando la burbuja de Weimar, mantenida artificialmente por Wall Street, explotó tras el hundimiento de la Bolsa norteamericana en 1929, los efectos no tardaron en percibirse. El recorte del gasto público y la eliminación de la financiación del sistema de cobertura del desempleo, una de las conquistas de la segunda fase de la República, generaron un clima de desafección radical hacia la clase política y un cinismo desilusionado sobre los que no tardó mucho en encender la mecha el populismo demagógico.
En concreto, un debate interesante para nosotros fue el de saber qué plan de acción podía ofrecer la izquierda para contrarrestar el creciente malestar de las precarizadas clases medias. Aquí el peligro estribaba en recaer en una estrategia dogmática de clase incapaz de tender puentes entre los "diferentes mundos". La buena aproximación pasaba por diseñar un programa no orientado a acelerar la crisis -el "cuanto peor, mejor"- ni, desde luego, a proponer soluciones de cirugía radical nacionalista.
En su ensayo Los empleados, Siegfried Kracauer mostraba así cómo la proletarización de las clases medias no conducía en ellas a ninguna conciencia crítica sobre el mapa general, sino al movimiento nacionalsocialista. Walter Benjamin, por su parte, investigaba cómo los individuos sacudidos por las conmociones sociales se veían obligados a anestesiarse en masa bajo la estética del espectáculo o la vigorexia deportiva para mantener cierta ortopedia narcisista. Bajo el shock, las facultades sensoriales dejaban de estar en contacto con la realidad y pasaban a ser un medio de defensa. Compárese la escenografía del Triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, donde se esconde toda vulnerabilidad, con la mirada de Chaplin al cuerpecito vapuleado en la cadena de montaje para apreciar cómo esta atrofia de la experiencia conducía a conclusiones políticas opuestas.
En plena crisis, Benjamin utilizó la expresión "melancolía de izquierda" para definir esta situación de parálisis. Si en esta situación de desmoronamiento de valores, la cólera experimentada tras el "engaño" político se canalizó mejor por la demagogia derechista fue, entre otras razones, por la ineptitud de una izquierda que, aferrada a planteamientos economicistas, entregó al enemigo la pedagogía sobre el campo expresivo. Absteniéndose de luchar en el terreno en el que aún se podía urbanizar políticamente la cólera y evitar su explosión en resentimiento, esta dejación nos ilustra para comprender lo que ocurre hoy cuando una racionalidad tecnocrática limitada a lo administrativo, cede el espacio de lo político y la indignación a los sectores reaccionarios.
Allí donde Benjamin y Kracauer, golpeados por el shock de Weimar y sus consecuencias regresivas y anestésicas, cartografiaron el alcance psicosocial de esta pérdida de experiencia, Naomi Klein ha tratado en los últimos años de investigar la relación entre el capitalismo neoliberal y los desastres naturales o políticos. No debe subestimarse esta comparación entre épocas: la privación sensorial e histórica de nuestra experiencia del mundo desemboca no pocas veces en un estado de desorientación en el que el individuo se siente tentado de buscar un amo al que pueda ceder voluntariamente su libertad.
En este sentido, Klein ha puesto de manifiesto cómo la nueva lógica del mercado diseñada por los Chicago boys se adapta como un guante al shock. En este telón de fondo privilegiado, las crisis sirven para imponer a las sociedades aún sumidas en un estado de conmoción nuevas privatizaciones y políticas de corte neoliberal. La imposición de esta dinámica, alérgica al intervencionismo estatal keynesiano, es facilitada cuando lo que allana el camino a la misma es algún tipo de cataclismo. Asimismo, la "intoxicación" del entorno de solidaridad, puesto bajo sospecha con la crisis, y la creación artificial de una atmósfera de miedo obligan a la población a hacer tábula rasa y blindarse frente al contexto social.
"A lo único que debemos temer es al miedo mismo". Tras la crisis de 1929, en su discurso de toma de posesión de 1933, el presidente de EE UU., F. D. Roosevelt pronunció estas famosas palabras. Hoy, no puede dejar de resonar su mensaje en un momento en el que la izquierda parece paralizada por el miedo, incluso por su miedo al miedo de la gente. La amarga lección de la República de Weimar para la tradición social de izquierdas fue comprobar que nada podía obtener del "cuanto peor, mejor". También los discípulos de Milton Friedman están de acuerdo. Como dijo el maestro: "Sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable".
Sirviéndose del famoso cuento de Edgar Allan Poe, Un descenso al Maelström, el sociólogo Norbert Elias describe el tsunami provocado por los momentos críticos como un singular círculo vicioso. Este "doble vínculo" se desarrolla entre un peligro extremo y una intensa carga emocional susceptible de oscurecer un conocimiento cartográfico del acontecimiento. Esta oscilación entre el pánico y la anulación de la voluntad de saber es la que impide reaccionar de manera adecuada a la desorientación. Según la narración, de los tres hermanos que se encuentran en el centro del Maelström, sólo el más pequeño es capaz de sobreponerse al shock que le atenaza y hacerse un mapa general del movimiento sísmico. Sólo él es capaz de sobreponerse al compromiso precipitado por la catástrofe. Sólo quien tiene la habilidad de no dejarse llevar puede idear estrategias para salir del marasmo.
En este sentido, habría que matizar el recurrente mantra de que la derecha española actual no tiene programa; es que no necesita mapas: sólo confía en el shock.
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¿QUÉ SERVIDUMBRES EN LA PARENTALIDAD? LA PALABRA PROPIA FRENTE A LAS SERVIDUMBRES VOLUNTARIAS
Mª Eugenia Insua
Acaba de ser aprobado en la comunidad de Valencia una ley, la ley de custodia compartida impuesta, tras una separación matrimonial, como opción preferente cuando no hay acuerdo entre las partes. Ha sido aprobada en otras comunidades y se anuncia que la próxima será Galicia.
Es un fenómeno contemporáneo pedir al derecho que regule la institución familiar, donde la parentalidad ha sustituido, ha reemplazado la diferencia, borrando la asunción paterna y materna diferenciadas
La parentalidad se ha impuesto y con ello una vigilancia respecto de los abusos de los cuales el niño puede ser víctima, por eso nunca ha habido tanta preocupación por los derechos del niño.
Las asociaciones de padres como “SOS-Papá” reivindican que cuando no hay acuerdo, se imponga por ley la custodia compartida, aludiendo al llamado “Síndrome de alienación parental”, “S.A.P”, donde aluden al rechazo del hijo hacia un progenitor como consecuencia de la “programación” que el otro progenitor hace en ellos, concibiendo al niño sin palabra propia, reduciendo la cuestión subjetiva y de sufrimiento a un síndrome.
Este nuevo término, SAP se aplica para dar sentido y encasillar, donde el niño se vuelve ejemplar de una clase. Dicho síndrome no han logrado inscribirlo en el DSM-IV. Además el consejo general del poder judicial aconseja no sea admitido el S.A.P. en los casos de discusión de la custodia compartida. Las asociaciones de mujeres, como la asociación de mujeres juristas: “Themis” denuncian la custodia compartida impuesta, como intimidación, proponiendo solamente la custodia compartida si hay acuerdo, nunca dictada por un juez.
Hasta el momento, tras la ruptura matrimonial la custodia era compartida, si había esa voluntad por ambas partes. La novedad es que ante el desacuerdo, ¿se impone el compartir?
Es la lógica del universo moderno, por un lado, un intento de inventar nuevas formas de autoridad a través del imperativo de un poder impersonal y exterior y, por otro, una tendencia de la ley hacia lo contractual que descansa en la igualdad de las partes. En este caso estableciendo por ejemplo que el tiempo de estancia con uno y otro progenitor se repartirá en una proporción cercana al cincuenta por ciento. El contrato está vinculado con la evaluación, de modo que lo que en él no está expresamente permitido, no está permitido en absoluto. Sin embargo “la ley funciona tanto por su silencio como por lo que no dice” (1) dejando quizás lagunas que permitan su interpretación, permitiendo lo no expresamente prohibido. “El silencio de la ley es lo que la hace funcionar”(2).
Desde el psicoanálisis se trata de poner al niño a distancia del ideal familiarista. No se trata de hacer la ley en el lugar del legislador, pero si el psicoanálisis puede proponer otra operación que toque lo real por la palabra, una palabra en condiciones de vehiculizar el deseo como defensa frente al goce, una palabra singular. Privilegiando el caso por caso, lo no generalizable. “La evaluación ha elegido el peritaje, al elegir el peritaje, elije el control, al elegir el control abandona el sufrimiento a su suerte”. (3) No hay peritaje del sufrimiento, porque el sufrimiento sólo existe a través de la palabra propia y eso no se controla y no se evalúa.
“El psicoanálisis desde que nació, ha elegido la vertiente del sufrimiento contra la vertiente del control” (4), que en el caso del desencuentro familiar consistirá en posibilitar una interrogación del niño y del progenitor sobre su malestar, en posibilitar elaboraciones de lo que está en juego en el desencuentro, elaborando versiones del goce que encuentran en las nuevas situaciones. Cada caso conviene tratarlo de forma particular, abordando la particularidad de cada historia, implicando siempre la responsabilidad del sujeto.
Si “com-partir” la custodia se impone desde un poder exterior, impersonal y contractual, puede llevar a la servidumbre de “partir” la vida del niño a modo de juicio salomónico, porque cuando el sujeto se borra, el super-yo toma el lugar.
Notas
(1) J-A Miller.y J-C Milner“¿Desea usted ser evaluado? Miguel Gomez Ediciones
(2) Idem
(3) J-C. Milner . “La politica de las cosas”. Miguel Gomez Ediciones.
(4) Idem.
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Tazedjián
Comentando el artículo de Silvia Angulo y Raúl Montilla en La Vanguardia desde http://www.lavanguardia.com/vida/20110324/54132307418/la-crisis-condena-a-mas-de-50-000-familias-en-catalunya-a-quedarse-sin-casa-al-no-poder-pagar-la.html
“Según el secretario general de la Associació d'Usuaris de Bancs i Caixes de Catalunya, Jofre Farrés, la situación en la que están estas familias las conduce a la exclusión social. “Se convierten en morosos de por vida y se les puede embargar el suelo. No podrán ir a vivir a un piso de alquiler por la deuda contraída”, advierte. Ada Colau, de Afectados por la Hipoteca, aclara que “no son personas que no quieran pagar, es que no pueden”. Colau reclama la dación en pago y que los afectados por esta situación puedan continuar en la vivienda pagando un alquiler al banco.”
El artículo describe una serie de casos dramáticos de personas que están a punto de quedarse “sin casa”.
Negar la realidad de la crisis financiera de Europa- y de España en particular- sería, al menos, de ingenuos. Pero es de dominio público que muchos de los que “no pueden” pagar la hipoteca, son quienes han decidido voluntariamente- en tiempos de las “vacas gordas”- especular comprando 3 y 4 propiedades (hablo de trabajadores, no de especuladores profesionales). Ahora no es que se queden “sin casa” sino sin casas, sin las ganancias que esperaban obtener.
¿Reflejan -tanto la estadística como los comentarios “humanitarios”- esta situación? ¿No silencia la famosa “crisis económica” otras crisis que la potencian? La sociedad de consumo no es una sociedad de “malos” que venden y “buenos” que consumen. La hipoteca no es la única deuda a pagar, sino también el sometimiento superyoico a las leyes neoliberales del mercado.
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'MAL DE ESCUELA' CON 'LA PSICOLOGÍA DEL COLEGIAL'
Fernando Martín Aduriz
"A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro". A fuerza de oírlo. El nombre que le habían dado era el de 'nulidad escolar'.
Así es como Daniel Pennac en Mal de Escuela, introduce la cuestión de la nominación y del efecto que produce en los jóvenes, en los adolescentes, en los alumnos en general cuando tras ser evaluados, son adscritos a un lugar del que ya no podrán salir.
Una vez son nombrados como 'gentuza', tal y como relata Lacadée en El despertar y el exilio, refiriéndose al nombre que recibieron los jóvenes franceses de la periferia –“no son jóvenes, son gentuza”-, otras veces quienes molestan en clase son etiquetados como alumnos con TDHA tras un breve cuestionario de evaluación que permite encontrar ese nombre de moda, otras veces, en fin, como a autor de Mal de escuela, simple nulidad escolar. En todos los casos ya no resta sino saber identificarse a ese lugar.
Todo el texto Mal de escuela es el relato de una nulidad escolar que afirma con lucidez que los chicos, como dice, no pueden vivir sin pasión, despliegan la pasión del fracaso.
Lo que en nuestro tiempo se denomina fracaso escolar confunde la precisa diferencia entre enseñanza y educación. Mientras que la primera pone el énfasis en los aprendizajes, la segunda persigue el desarrollo del ser. Reducir la educación a la enseñanza comporta igualar la mala educación con los resultados académicos.
Pero sobre todo, en los últimos tiempos, supone fiarlo todo a los resultados, a la evaluación. Supone crear una frialdad en el trato, un utilitarismo, un uso del profesor como una herramienta, y una voracidad por no por la cooperación sino por el éxito, que lleva a algunos padres en USA a lo que un autor, (Sandel, Contra la perfección) llama la hiperpaternalidad, lo que les conduce a esconderse en los Colegios Mayores por la noche para ayudar a sus hijos a aprobar el examen de selectividad. O el ejemplo de la feroz lucha en China por aprobar ese examen selectivo llamado Gao Kao que marcará el destino de un alumno.
Atrás quedaron las palabras de Freud en 1914, en su texto “Sobre la psicología del colegial”, referidas al vínculo educativo, a la relación con los maestros: "Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos, les imaginábamos simpatías o antipatías probablemente inexistentes, estudiábamos sus caracteres y sobre la base de estos formábamos o deformábamos los nuestros. Provocaron nuestras más intensas revueltas y nos compelieron a la más total sumisión; espiábamos sus pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus excelencias, de su saber y su sentido de la justicia. En el fondo los amábamos mucho cuando nos proporcionaban algún fundamento para ello; no sé si todos nuestros maestros lo han notado. Pero no se puede desconocer que adoptábamos hacia ellos una actitud particularísima, acaso de consecuencias incómodas para los afectados. De antemano nos inclinábamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración."
Freud despliega en ese breve texto la idea de que los maestros heredan en sí la figura del padre, y que tarde o temprano se vuelca en ellos la ambivalencia de sentimientos que otrora se deslizó sobre el propio padre, y añade: "si no tomáramos en cuenta lo que ocurre en la crianza de los niños y en la casa familiar, nuestro comportamiento hacia los maestros sería incomprensible; pero tampoco sería disculpable."
Quizá buena parte de los líos y conflictos de la convivencia en los Centros Educativos actuales se solucionarían echando un vistazo a este bello y breve texto freudiano. De hecho pueden leerse cual Kant con Sade estos dos libros de la Bibliografía para nuestro próximo Foro, Mal de escuela con Sobre la psicología del colegial. El segundo da la verdad del primero. Cuando un maestro no está situado en la correcta posición de Otro, preservando un lugar vacío, no confundiéndose con la ley, sino representándola, prestando su cuerpo para que sus alumnos vuelquen allí sus rabietas, temores, rebeldías, y cariños. Si un maestro se coloca como otro, en el eje imaginario y rivaliza de tú a tú con sus alumnos, o trata de ser un par más, un colega, un amigo, se topará con el retorno de lo peor, con la crueldad de los efectos de grupo, y se habrá puesto como diana para recibir los palos destinados a los padres dimisionarios de su función simbólica.
Un empuje destructivo
En el texto de presentación del Foro, Mercedes de Francisco habla de empuje destructivo como consecuencia para los sujetos que se encuentran constantemente evaluados y salen perdiendo de tanta comparación, como suelen decir. Pues bien en Mal de escuela, la autodestrucción se palpa, como cuando el padre del protagonista le dice: “Ah, Daniel, había olvidado por completo decírtelo, el suicidio es una imprudencia”.
Freud hablará en otro texto, Simposium sobre el suicidio, de que todo púber tiene derecho a detenerse: "La escuela nunca debe olvidar que trata con individuos todavía inmaduros, a los cuales no se puede negar el derecho de detenerse en determinadas fases evolutivas, por ingratas que éstas sean. No pretenderá arrogarse la inexorabilidad de la existencia; no querrá ser más que un jugar a la vida".
Entonces, casi mejor para nuestros adolescentes y jóvenes el ejercicio del derecho a detenerse, suspender, la pasión del fracaso, repetir curso, dejarse evaluar lo justo, buscar el propio camino, investigar qué es lo que se desea, y por supuesto vivir con distancia los efectos de la nominación -hoy en medio de la #spanishrevolution muchos hemos decidido ser también “perroflauta”, el último ejercicio de nominación-, vivir con ironía esas nominaciones, antes que aceptar servidumbres, paso previo a la aceptación de toda tiranía."A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro".
BIBLIOGRAFÍA
-. FREUD, S. (1914), 'Psicología del colegial'.
-. FREUD, S. (1910), 'Contribuciones al Simposio sobre el suicidio'.
-. LACADÉE, Ph., (2007), El despertar y el exilio.
-. PENNAC, D. (2007), Mal de Escuela.
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BIBLIOGRAFÍA RAZONADA
LA DIALÉCTICA DEL AMO Y EL ESCLAVO EN FIN DE PARTIDA, DE SAMUEL BECKETT.
Zacarías Marco
1. Referencias filosóficas.
Desde el campo de la filosofía creo que fue Günter Anders el primero que se refirió a la dialéctica del amo y el esclavo en Beckett, a propósito de su primera obra de teatro, Esperando a Godot. Pero va a ser en su segunda obra escénica, Fin de partida, estrenada en el año 1957, donde el escritor irlandés desarrolle esta dialéctica hasta convertirla en su eje central. Sólo cuatro años después apareció un extenso trabajo de Adorno titulado “Intento de entender Fin de partida” (1), texto de indudable valor histórico pero que no termina de sortear ciertos malentendidos en cuanto al problema del sentido. Adorno habla de una “ausencia organizada de sentido”, dice que “por eso la interpretación de Fin de partida no puede perseguir la quimera de expresar su sentido por mediación de la filosofía”, y concluye: “entenderla no puede significar otra cosa que entender su ininteligibilidad, reconstruir concretamente la coherencia de sentido de lo que carece de él”.
Desgraciadamente volvemos a encontrar un problema similar en el reciente trabajo del filósofo alemán Christoph Menke, El estado de la disputa, literatura y sociedad en Final de partida de Samuel Beckett (2) cuando afirma, por ejemplo, que “sus diálogos no comunican sentido alguno, sino que siguen un movimiento que se aleja del sentido”. Menke sigue la postura de Adorno y la enriquece considerablemente al pasar de la problemática social a la de los discursos, el del amo y el del esclavo, dos maneras afrontar la comunicación. Hace afirmaciones interesantes como, por ejemplo, que “la no autonomía que retiene a Clov en el lugar del esclavo es algo que el propio Clov produce mediante la prosa de su lenguaje”, pero, sin embargo, su deriva interpretativa hablando de oposición entre poesía tradicional y prosa de vanguardia se aleja del texto y termina eludiendo la problemática que aquí nos interesa. Por último, afortunadamente contamos con un reciente libro de Alain Badiou, Beckett. El infatigable deseo (3), con sugerentes desarrollos sobre la escena del ser, la manera beckettiana de hacer estallar el cogito cartesiano, y sobre la dialéctica del amo y el esclavo (aunque no referidas a Fin de partida).
2.Hamm y Clov.
Pero dejemos que sea Beckett quien presente el problema:
Hamm: ¿Por qué permaneces conmigo?
Clov: ¿Por qué me retienes?
Hamm: No hay nadie más.
Clov: No hay ningún otro empleo.
Hamm: Sin embargo, me abandonas.
Clov: Lo intento.
Hamm: No me quieres.
Clov: No.
Hamm: En otro tiempo me quisiste.
Clov: ¡En otro tiempo!
Hamm: Te he hecho sufrir demasiado. (Pausa.) ¿No?
Clov: No se trata de eso.
Hamm (ofendido): ¿No te he hecho sufrir demasiado?
Clov: Sí.
Hamm (aliviado):¡Ah! ¡Bueno! (Pausa. Con frialdad.) Perdón. (Pausa. Elevando la voz.) He dicho perdón.
3. El momento inaugural.
No parece que sea ininteligible... He escogido este diálogo por sus matices, su sentido del humor, y por la respuesta de Clov cuando dice “No se trata de eso”, respuesta enigmática que entiendo que apunta a algo que excede al conflicto entre dos. La tela de la araña no es sólo cosa de Hamm. En un nivel superior, parece evidente que hay una tela de araña que asigna los papeles, una especie de tablero de ajedrez donde ambos están atrapados y obligados a jugar, cada uno a su manera: uno abusando, el otro obedeciendo. Pero vayamos a la maniobra de Hamm. Creo que el texto ofrece un momento clave, inaugural, de esa dialéctica. Beckett trabaja la relación con la memoria de mil maneras a lo largo de toda su obra (La última cinta, Cómo es, Compañía...), en general, preocupado por mostrar el fracaso de una integración de lo rememorado que viniera a suplir una falta en ser radical. Pero en Fin de partida, el trabajo sobre la memoria lo va a realizar el amo y tiene otras coordenadas suplementarias. Veamos cómo lo hace.
Hamm se divierte adoptando la voz de narrador delante de su exiguo y menguante público, para elaborar el momento cumbre de la que él denomina “mi historia”. Observamos cómo conduce las cosas hasta ese punto final donde él se procura su goce. Como buen perverso llevará al otro a la transgresión de la Ley, que él ha sustituido por su propia versión, y se deleitará con el momento de indecisión previo de la víctima. Recordemos su relato: alguien vino suplicante en busca de ayuda, su hijo yace en espera de alimento a días ya de camino, Hamm le ofrece entrar a su servicio, salvarle a él la vida, a condición de que se olvide del hijo. Podemos incluso pensar que aquel que acudió en busca ayuda fuera el propio Clov. Da igual, lo importante es el arte que emplea para deleitase. El relato de Hamm se interrumpe a mitad de la obra justo en este momento, el de la propuesta envenenada, y retoma su conclusión al final. Un simple empujoncito suyo bastará para que el futuro sirviente acepte su propuesta y caiga inexorablemente del lado de su ley.
¿Qué se traiciona cuando uno se somete?
¿Hay acaso deseo fuera de la Ley?
Referencias
1 Theodor W. Adorno. Intento de entender Fin de partida. Notas sobre literatura II. Akal, 2003.
2 Christoph Menke. La actualidad de la tragedia: ensayo sobre juicio y representación. Visor, 2008.
3 Alain Badiou. Beckett. El infatigable deseo. Arena Libros, 2007.
1 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 20. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA, "Las Servidumbres Voluntarias". Javier Ladrón de Guevara, Ricard Arranz, Ricardo Acevedo, Shaila García Catalán.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
El anudamiento entre lo singular y lo común es una de las acepciones que podemos dar al psicoanálisis como síntoma de la izquierda.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
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¡Buena lectura!
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UN FALLO EN LA INSTITUCIÓN DE SALUD
Javier Ladrón de Guevara (NEL-La Habana)
El Otro evaluador funciona muy bien en las instituciones de salud mental.
La sociedad actual marca un ritmo acelerado donde los “profesionales de la salud “creen que no hay tiempo para escuchar al paciente, no hace falta escuchar lo que en ellos ya no funciona, cuando “la mente no sirve”, para qué pierden su tiempo oyendo a un loco, sino es para medicar y clasificar. Es así como marcha la organización que emplea a psiquiatras y psicólogos, es su política y les va muy bien, ¡hasta tienen su manual de clasificación!, actualizado cada cierto tiempo para llenar sus agujeros y que todo marche bien. Entonces no necesitan más nada que aprender de memoria la lista de síntomas que aparecen en su libro de preferencia (DSM, CIE o Glosario Cubano,… un poco más adaptado a nuestras características…), aprender cómo situar de un lado o de otro a ese que viene pidiendo ayuda o que es traído por alguien: psicótico o neurótico o deficitario o trastorno de personalidad o todo junto, entonces a cada quien su pastillita o su electricidad en el cerebro.
Usted posee determinadas características que se salen de lo común y puede ser tomado como alguien que no es muy ajustado mentalmente y, por tanto, candidato posible a engrosar las estadísticas de trastornados.
La tarea se resuelve rápido, eliminar el síntoma, adaptar a la persona a un estándar de salud, tanto como puedan y si no,… bueno, entonces se corre el riesgo de ser internado,… ajustado.
Es así como van las cosas en las instituciones de salud, con su ritmo de promesas de bienestar y sordera, sin tener en cuenta lo que dice el sujeto, no hay sujetos, sólo números, objetos portadores de trastornos.
¿Para qué les sirve escuchar?, es mejor andar sin oreja si ya todo está sabido de antemano, en la academia y en los manuales. Para los “profesionales” ahora es mucho más fácil ubicar en un trastorno que escuchar.
Por suerte existe el psicoanálisis, con un oído presto a oír, como un agujero en el discurso del manual que no juzga ni clasifica, sino que permite que se aloje lo más singular de cada quien, su relación particular consigo mismo y con los demás ayudando a descifrar el mensaje del inconsciente, expresado por excelencia en el síntoma.
Me interesa compartir algo de mi experiencia personal y que creo se ajusta al tema de este foro: estuve visitando el Hospital Psiquiátrico de mi provincia Santiago de Cuba, en función de entrevistar a pacientes diagnosticados como esquizofrénicos que me ayudarían en mi tesis de diplomante en Psicología. Debía encontrarme con un psicólogo de la institución, quien me serviría de guía, al no encontrarlo decido ir por mi cuenta a una de las salas donde seguro encontraría a los sujetos de mi investigación.
Al abrir la puerta de una de ellas, había un grupo de enfermeras llenando unos papeles y se podía ver algunos pacientes haciendo cola para tomar alguna bebida (era su horario de merienda). Asomo la cabeza por la puerta y le pregunto a una de las enfermeras por el colega que yo buscaba, pero ella no entiende muy bien y me grita: ¡Busca tu vaso!, de pronto no comprendo y seguramente se dio cuenta pues tuvo que repetirme: ¡que busques tu vaso!, o sea, que me uniera a la fila de pacientes que esperaban el líquido de su merienda, para ella yo era seguramente uno que se había salido sin que ellas se percataran, el estereotipo funcionó muy bien: un tipo peludo, sin afeitar y desubicado es igual a un “enfermo mental”, la matemática de la psiquiatría actual es exacta.
Después de la sorpresa que me causó el malentendido me dio bastante gracia y tuve que entrar a la sala para que la enfermera notara que andaba con la bata que se usa en las instituciones de salud y que me autorizaba a estar del lado de “los cuerdos”.
Ella por supuesto pidió disculpas y casi se muere de la pena, y yo no pude encontrar al colega, así que me dispuse a entrevistar por mi cuenta. Pero es irónico, si yo no hubiese tenido conmigo ese objeto de los médicos, tal vez hubiese tendido que tragarme algunas pastillas o recibir corriente por las sienes, quizás si me hubiese puesto poco colaborador y no hubiese sido tan gracioso para mí. La línea divisoria entre lo que puede ser locura o cordura es un invento macabro que puede ser puesto en ridículo por lo más singular que tiene cada uno.
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EL FUTURO, ¡LOS PSICOFÁRMACOS A LA CARTA GENÉTICA!
Ricard Arranz
“El futuro de la psiquiatría es el tratamiento a la carta. (Una empresa genética en asociación con un laboratorio farmacéutico ubicada en Madrid) ha desarrollado un test genético que permite recopilar toda la información fármaco-genética del paciente psiquiátrico mediante un sencillo análisis de saliva”. Esta información se puede encontrar en el periódico “La Vanguardia”, en fecha 8 de noviembre de 2010.
En Cataluña, otra empresa genética en asociación con otro laboratorio farmacéutico, “la oposición” según ellos mismos, están intentando implementar, con la ayuda de los psiquiatras, el avance tecnológico, en las instituciones publicas de salud mental, en fecha abril de 2011.
¿En que consiste? ¿Qué relación tiene con las “servidumbres voluntarias”? Y ¿qué interés tiene para el psicoanálisis? Son las respuestas que intentaré responder con este pequeño trabajo.
¿En que consiste? El invento es el mismo: con un sencillo análisis de saliva del paciente se puede genéticamente localizar los fármacos que van a ser mejor metabolizados, ello permite escoger los tratamientos evitando los no efectivos, los intolerados y los que producen efectos secundarios indeseables.
La primera empresa busca una aplicación en el ámbito psiquiátrico privado, de manera que el paciente que lo solicite voluntariamente, por un precio razonable, puede saber cuál es el mejor tratamiento para él, de por vida, ya que el mapa genético no varía.
La segunda empresa intenta su aplicación en la esfera de las entidades públicas, de manera que el psiquiatra pueda tener una información adicional en el momento de prescribir. Como en ámbitos como los trasplantes o la oncología está resultando de utilidad, es de prever que también lo sea en la psiquiatría.
¿Qué relación tiene con las “servidumbres voluntarias”? En el primer caso, es claro que es una “servidumbre voluntaria” por parte del paciente al avance de la ciencia. En el segundo, hay que plantear la autorización de este, pero como es un beneficio para él, es de suponer su autorización “servicial”.
El riesgo de esta servidumbre depende del resultado, ya que, al ser los mejores fármacos y de por vida, se plantea un doble problema. Si son efectivos, la dificultad es que lo serán de por vida, por tanto no se puede dejar de tomar el tratamiento. Si no son efectivos, el tema entonces es que el recurso farmacológico no es operativo o produce efectos adversos indeseables e inevitables, y aparece la pregunta sobre que tratamiento sí es válido.
¿Qué interés tiene para el psicoanálisis? Se ve claro que el avance de la ciencia intenta borrar al sujeto. El interlocutor de la enfermedad son los cromosomas y no el sujeto. Eso hace que pueda pensarse como prescindible la figura del sujeto/paciente y también la del terapeuta. Haciendo un poco de ficción, (inaplicable en la actualidad ya que es necesaria la petición del médico al laboratorio, pero no descartable en un futuro dada la asunción de competencias que están tomando otros profesionales como la enfermería por ejemplo) nos podemos imaginar a un familiar de un paciente que lleva la muestra de saliva de éste directamente al laboratorio.
La apuesta es que el sujeto no se va a dejar eliminar, que va a insistir en su demanda al Otro que es la del tratamiento del goce, y no va a dejar borrar su subjetividad. No es lo mismo tratar al organismo como ocurre con los trasplantes o el cáncer, que con el sujeto de la palabra (“parletre”) y su inconsciente.
Hay una elección que cada uno hace de las “servidumbres voluntarias”, las que son operativas son aquellas que se dirigen al inconsciente y mediante la transferencia a un otro que supuestamente sabe algo del mismo: el psicoanálisis.
El avance técnico en cuestión, entonces, solo afecta al médico, quien tal vez puede hacer un buen uso del mismo, siempre y cuando no se anule en la relación con el paciente, ya que si hace esto puede quedar como un técnico, mero instrumento, borrado como sujeto. Algo, que por otro lado, el paciente no le va a permitir.
¿Cuál debe ser la posición del psicoanálisis?, ¿oponerse a los avances técnicos? No me parece lo mejor, creo que el psicoanálisis debe estar advertido y advertir de los límites de estos avances, orientar respecto a las implicaciones para los sujetos, y sobre todo, creo que el psicoanálisis debe estar allí en el momento en que estos limites e implicaciones se manifiesten, para poder ofrecer una alternativa que acoja al sujeto, y tal vez al terapeuta, proponiendo un tratamiento de la palabra y del goce de estos y no de sus genes.
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BIBLIOGRAFÍA RAZONADA
SOBRE “LA ABUNDANCIA QUE CREA ESCASEZ” DE EDUARDO SERRANO MUÑOZ (Editorial: Erasmus. Colección: Pensamiento del Presente)
Ricardo Acevedo
Nuestro buen amigo Eduardo, ampliamente comprometido en los avatares contemporáneos, deja constancia en este texto, de las consecuencias nefastas de las economías neoliberales sobre la subjetividad.
Informado sobre el Foro de Las Servidumbre Voluntarias, no sólo ha expresado su entusiasmo y coincidencia en el propósito del mismo, sino que ha seleccionado él mismo, los siguientes párrafos de su libro para ampliar nuestro fondo bibliográfico.
p. 144-145
Hay abundantes pruebas de que la disciplina impuesta a los trabajadores está motivada más por perpetuar el dominio social [GAUDEMAR 1991: 104, 105 y 110; PAREJO 1997: 117 y 119] que por imponer una lógica maquinista de óptima eficacia. Dicho de otra manera, la producción económica oculta (...) permite la producción de hombres. Si ahora vamos al polo del consumo, encontramos que la publicidad es un verdadero trabajo cuya materia prima es la subjetividad de los consumidores, disparando sus apetencias en determinadas direcciones, así como contribuir a la galvanización y orientación del campo social general. Para ello se requiere la colaboración del consumidor; éste no se asimila a una materia más o menos inerte y moldeable. El consumidor es también parte activa, productor de sí mismo, incorporando como parte de su intimidad las funciones de trabajador y materia prima; siendo los medios de producción, y esto es esencial, exteriores, siempre exteriores y ajenos.
p. 146-147
[…] la decisión de Henry Ford sobre la duplicación del sueldo de sus obreros suponía mucho más que la “[...] cadena invisible que unía a los trabajadores con su lugar de trabajo, impidiéndoles movilidad [...]” [BAUMAN 2003: 64], era su encierro en la burbuja bipolar de producción-consumo, es decir, el biodispositivo de monopolio radical: Ford, fabricante de automóviles y de automovilistas; la palabra fordismo parece ahora más pertinente que nunca.
p. 147
En la medida en que las relaciones sociales de los ciudadanos son intermediadas por mercancías1 la construcción de un sujeto completo bajo control económico se hace posible. La opacidad de estos procesos graduales, difusos, inmersivos, favorece que parcelas enteras de la vida social sean controladas desde instancias exteriores, y no precisamente del tipo político convencional. La intermediación universal de las relaciones sociales por parte de las mercancías es lo que hace posible que el Capital se convierta en la instancia definitiva y “natural” del gobierno de las sociedades capitalistas, un biogobierno en cuanto las mercancías todas construyen igualmente las condiciones de existencia material, social y subjetiva de los integrantes de dichas sociedades.
p.148
El resultado es que el ciudadano…, después de más de un siglo de transporte mecanizado, percibe la realidad que le rodea como dada y natural, especialmente cuando está imposibilitado de adquirir una perspectiva genética de su propia condición y de esa realidad contextual. De algún modo vive en una burbuja sin historia
p. 171
Aparte de los casos específicos, de un modo muy general vemos como en la esfera del consumo también se extiende la fórmula del monopolio radical desde el momento en que el consumidor es también producido (producción de demanda), igual que las mercancías (la oferta). Esto puede ser observado en terrenos más concretos, con sus importantes peculiaridades que sólo se explican por el uso de tecnologías muy específicas. Es el caso de la salud, donde se dan claramente fenómenos parecidos: los enfermos son fabricados al mismo tiempo que las medicinas apropiadas para ellos; no quiere decir esto que se produzcan enfermos desde el punto de vista biológico, más bien se trata de la construcción de una receptividad, con una alta dosis de condicionamiento subjetivo. Y sin que por ello sean descartables tácticas mucho más directas de producción biológica de la enfermedad.
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LA PROFECÍA DE LA IMAGEN-MUNDO: PARA UNA GENEALOGÍA DEL PARADIGMA INFORMATIVO SOBRE EL TEXTO DE PALAO ERRANDO, JOSÉ ANTONIO (2004), Valencia, Ediciones de la Filmoteca (Instituto Valenciano de Cinematografía Ricardo Muñoz Suay), 522 páginas.
Shaila García Catalán
“Sería nuestra tarea encontrar los principios (en sentido inaugural, no axiomático) de una ética transmediática, que necesariamente habrá de ser una ética del singular […]. No puede ser una ética preceptiva, ni universalista, ni relativista, sino una ética contingente, no absoluta, que tenga en su base un sabernos finitos, efímeros y mortales. En definitiva, vivos” (Palao, 2004: 469).
La profecía de la imagen-mundo: para una genealogía del paradigma informativo de José Antonio Palao Errando es un libro que no tiene target. Target es el término publicitario que nombra al público objetivo, al trozo estadístico de mercado al que va dirigida la publicidad y la comunicación de un producto o una institución. Por ello, de entrada, es un libro raro, o lo que es lo mismo, extraordinario, efecto de un cruce lúcido entre teoría de la imagen, psicoanálisis y filosofía que impide la especialización y provoca que el lector siempre se sienta otro, no señalado como destinatario.
El autor comienza su contundente recorrido teórico con la profecía heideggeriana de que el mundo se convertirá en imagen para fundamentar que la verdad contemporánea se impone como una verdad audiovisual, universal y mediatizada, id est, sin sujeto. Para fundamentar su apuesta discursiva transita los distintos estadios de la imagen -la fotografía, el cine, la televisión e internet- señalando que cada evolución tecnológica que deriva en un nuevo modo o medio de representación no responde a un progreso natural sino que supone otro intento (siempre) fallido de captar el referente, pues a pesar de que el universo nos ignora, no hay ni referente ni verdad sin sujeto. Sin embargo, los sujetos demandan, en una clara expresión de servidumbre voluntaria, que las claves del mundo les sean dadas en clave informativa convirtiéndose en consumidores mientras ilusionan ser ciudadanos. Este entramado lógico responde a lo que el autor ha llamado paradigma informativo, marco científico de pensamiento que no busca un horizonte común tal y como ocurría en el programa emancipador de la modernidad, sino que es pura sofisticación del pensamiento único.
Indagar en la lógica del paradigma informativo es, como poco, una tarea compleja. Sin embargo, la apuesta política y poética del autor no busca la divulgación, modalidad contemporánea del saber que trata de hacer de todo conocimiento, información clara y sentido común. Pero, por suerte, el sentido queda del lado del sujeto y, como decía Lacan, la claridad es una fantasía. Aun así, el libro es un riesgo. Un modo de no ser cómplices de la servidumbre voluntaria es el atrevimiento por entenderse y por adentrarse en la emboscada de lo imposible.
29 de Mayo de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 19. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Ignacio Castro, Graciela Amorín, Gretel Abed Heikimian, Antonio García Cenador.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
“El discurso del Amo ha logrado su máxima consumación con el discurso capitalista, poniendo entre paréntesis su carácter civilizador. La traba ha sido levantada. El crecimiento del impasse que habitaba el núcleo mismo de la civilización ha vencido su límite.” Manuel Montalbán Peregrín en “Comunidad e Inconsciente. El Psicoanálisis ante el hecho social” (Miguel Gómez Ediciones. Málaga, 2009).
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
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Igualmente quedas invitado a visitar nuestro blog: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ y a hacerte amigo en Facebook de Servidumbres Voluntarias.
¡Buena lectura!

Desde Bloc de l'Àngel Pagès. Seaview Submarine
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UNA SEGUNDA TRANSICIÓN
Ignacio Castro
Es de agradecer la intención, pero los periodistas del Washington post se confunden, como es habitual en su gremio. Esta no ha sido la “primavera de la frustración” en España, sino la de la decisión resuelta y contagiosa, aunque después acabe -no lo esperamos- como el rosario de la aurora. La frustración fue todo lo anterior que, aunque duró años, les pasó desapercibido. Qué vamos a reprocharles, pobres, si sus colegas de aquí tampoco se enteran.
El 15-M es desde hace días la potencia inaudita de construir la propia vida sin miedo a la libertad, al margen de todos los que quieren hacerse cargo de nuestro bien a cualquier precio. Ya ocurría soterradamente en millones de personas, pero no lo percibíamos. Como en el caso de ese pequeño desliz neoyorquino de un dirigente del FMI, los que mandan han tomado nuestra muda depresión por “sexo consentido”. Le puede ocurrir a cualquiera. Pero ahora damos por supuesto el fin del equívoco sexual y el consiguiente proceso de denuncia por violación. Que la presidenta de la Comunidad de Madrid le suene mal el adjetivo real para el sustantivo democracia sólo se debe a su animadversión a los sinónimos de común y su preferencia por otros adjetivos. Por lo demás, si la Puerta del Sol ha perdido su aire radiante y tiene un aspecto un poco tunecino…, qué se le va a hacer, son nuestros vecinos. Lo que siguen son reflexiones filosóficas marginales que, naturalmente, pueden ahorrarse, tanto si son militantes de un lado como del otro.
I
Estos días demuestran a gritos lo que ya sabíamos, que la gente se las arregla a solas, sin contar con los líderes audiovisuales. Lo que se junta desde mucho antes del día 15, lo que de hecho da consistencia a este movimiento, es la sabiduría de una soledad compartida. “Abandono vivido en común”, como se dijo en unos tiempos que estos militantes de la democracia real no vivieron, afortunadamente para todos. ¿Qué encontramos al bajar por fin a la calle? La alegre comunidad de las fuerzas anónimas. Ante la huelga de brazos caídos del Estado y sus servicios mínimos, el voluntarismo máximo en el cual se comparte todo, ideas, consignas y bocadillos. Por supuesto, todo el desorden del mundo, a veces sin altavoces y coreando consignas superpuestas, pitidos estridentes y algarabía con delicioso aire árabe. Por supuesto, algunos alborotadores vocacionales en los bordes. Al cabo de unos días, muchos mirones y hasta turistas. Pero en conjunto, extremadamente vital, emocionante, confiado y también divertido. No sólo indignación, sino ante todo jovialidad en estado puro frente a este funeral a plazos que nos ofrece la información diaria y la agonía política parlamentaria mezclada con la mitología de moda, la estadística. Tristeza y hartazgo atravesados hasta la insolencia de decir en alto: miserables gestores, no nos representáis, no os necesitamos, no necesitamos vuestro permiso. En efecto, tan poco pan y tanto chorizo, por repetir una consiga célebre, acaba hartando. Y llega un momento en que, aunque seas moderado en tus ideas, pierdes el miedo a gritar, a bajar a la calle y juntarte con don nadies como tú. De ahí esta adhesión casi jubilosa a un destino de todas formas sometido al sacrificio. ¿No es esta la generación que el admirado Felipe González calificaba de “perdida”? Pues bien, aquí están, haciendo de su perdición un arma.
II
¿Y mañana? ¿Y después, en junio? Claramente, uno de los retos es la estabilidad, darle algún tipo de permanencia a la generosa energía de este movimiento sin caer otra vez en el latifundismo partidario. Lo mejor de este movimiento es su ambigüedad no calculada, incluso el hecho de que ni siquiera sea radical o anticapitalista. Gracias a ello, queda ya alguna certeza. Primero, se vote como sea el día 22, será lo mismo. Mejor dicho, nada será igual porque, aparte de los números, habrá cambiado el sentido de cada voto y el sentido de la democracia día a día, entre cada cita electoral.
Es probable que Democracia Real siga existiendo. En todo caso, parte de la población y algunos políticos menos corruptos habrán tomado buena nota de los acontecimientos de estos días. Cuando el poder no respeta a las personas, de pronto estas dejan de rivalizar y empiezan a respetarse mutuamente. Si la única circulación en esta sociedad es la de las elites y las redes, la abstracción del dinero y la información en tiempo real, ahora la gente se junta en el tiempo diferido del espacio, en el tiempo físico de la concentración. Se junta contra la circulación virtual de los flujos, intrínsecamente “piramidales”. Concentrada, la comunidad lucha contra la dispersión de este poder que nos quiere aislados, comunicados a distancia. El 15-M también se rebela contra el último refugio de la sociedad de espectáculo, el desfile televisual de las estrellas, de las víctimas y la organización social de la caridad. Lo que los expertos han tardado en perdonarle a los protagonistas de la Puerta del Sol y muchas plazas españolas, es que no se conformen con ser víctimas y hayan salido del purgatorio.
III
El “blanco y negro” de decisiones ocultas siempre está tras el color. Frente a la pesadez de las instituciones binarias –aunque haya más, siempre son dos las que acaparan la hegemonía- por fin ocurrió la vitalidad, el río de lo popular. Para los políticos profesionales y periodistas la perplejidad consiste sobre todo en el hecho de que la gente no espere al guión informativo y a la agenda política para decidir qué quiere en la vida pública. Con o sin permiso, manifestarse significa desbordar el aislamiento privado a que nos someten los que quien vernos como un público cautivo -eso es para ellos el sistema- y pasar a la acción, la acción de marchar gritando lo que piensas. Por fin la vida inunda la calle de la historia, compartimentada hasta ahora por esta miseria cotidiana que administran los medios y los partidos. Tanto monta, monta tanto, pues se dan de comer mutuamente.
IV
No dejan de tener algo de razón, a su pesar, los políticos conservadores que comparan el movimiento 15-M con la marcha nocturna contra las mentiras del PP en la noche del 13 de marzo de 2004. Sólo que ahora los manifestantes se enfrentan a las mentiras de la clase política en bloque, a todo el espectro ideológico parlamentario. Y esto además en la capital de España, donde precisamente se suman la política estatal del PSOE y la política regional del PP, ambas profundamente inmorales. Los expertos, políticos o periodistas, siempre aludirán a manipulaciones oscuras, pero lo que es sorprendente en este caso, lo que tiene de emocionante para unos y de preocupante para otros, en pleno proceso electoral, es que miles de jóvenes hayan abandonado el victimismo y la manipulación mayoritaria de la que son objeto para salir a la calle denunciando la infamia de esta democracia virtual y sus operaciones teatrales.
V
Frente a la indiferencia de la gestión, esta grisalla del comentario frívolo ininterrumpido, la información basura, las mentiras a medias y el aplazamiento perpetuo, por fin la decisión popular, la rabia jovial de gritarles treinta verdades como puños al arco entero de la mediocracia. Y esa deliciosa generosidad callejera, donde cada cual intenta escuchar o buscar consignas que tengan resonancia. El eco multiplicado de miles de pequeños descontentos, parecidos en el tono, al fin se unifica en emblemas que extienden la equivalencia como un reguero de pólvora. Por eso dicen: “No estamos aquí para reclamar sencillamente el acceso a hipotecas o para protestar por las insuficiencias del mercado laboral. Esto es un acontecimiento. Y como tal, un suceso capaz de dotar de nuevos sentidos a nuestras acciones y discursos”. Así pues, por una vez, cada voto, cada abstención, representará una vida. No se trata sólo de números, sino de sentido. Y esto a partir del sentido del humor de la gente que por una vez pierde el miedo y quiere que la calle rehaga el pulso de la democracia.
VI
No es tanto entonces, o no simplemente, una lucha “antisistema”, como una negativa a que ellos, esa casta que dice representarnos desde sus asientos de primera, detenten la exclusiva de lo que es el sistema con el pensamiento único de la bisagra partidista. Es significativo que, a espaldas de los problemas reales del país, los dos grandes partidos se pase el día insultándose: se odian como colegas, para que no se vea todo lo que les une. Se tiran todo el día los trastos a la cabeza porque mantienen una complicidad profunda en lo fundamental, en entender la política como gestión, marketing de la pasividad de los otros.
VII
Pensándolo bien, esto es una lucha por lo que debe ser el sistema. ¿Quiénes son realmente “antisistema”, aunque no precisamente jóvenes? Si entendemos por sistema el régimen real en el que vive la gente de a pie, “antisistema” son ellos, la laya descarada de banqueros y políticos que nos gobiernan, ayudados por sus correveidiles periodísticos. Fíjense además en la gracia de las coincidencias. Los mismos días que comienza el movimiento en Madrid y toda España, la autoridad máxima del celebrado FMI, el sujeto que decide cuándo y cómo se renegocia la deuda de un pueblo griego empujado a la ruina por “nuestro sistema”, es sorprendido en un hotel neoyorquino cuya habitación cuesta por noche cuatro o cinco veces más que el sueldo medio que ganan estos jóvenes que se manifiestan. ¿No hay razones entonces, no para indignarse, sino para decidirse? Aunque después resulte que no violó a la camarera, sino que sólo la sometió a múltiples vejaciones, el precio de la habitación donde este socialista da rienda suelta a sus dotes de mando es un dato en sí mismo obsceno, profundamente insultante. Y la misma vejación es la que él y sus amigos cometen con nosotros, también bajo la apariencia de consentimiento. La diferencia es que esta vez, pensando que el recinto era seguro, a este líder mundial “se le fue la mano”. Bien podíamos elegir a Strauss-Kahn patrón de todo este movimiento que grita basta ya a esta “violencia de género”, global y económicamente calculada, a la que se nos somete. ¿Qué minuta diaria tendrá su prestigioso equipo de abogados -“La batalla no acaba más que comenzar”, dicen- ¿y quién la paga? Seguro que el dato es tan escandaloso o más que lo que ya hemos visto hasta ahora. Esta es la elite que dirige la Europa que admiramos.
VIII
Sin saberlo, y esto es lo mejor, los protagonistas de estos días no son ni siquiera “postmarxistas”. Nunca han sido empleados de esa homogeneidad ideológica de clase que no ha generado, desde hace mucho, otra cosa que inercia y connivencia con el automatismo del sistema. Afortunadamente para su salud mental, la mayoría de los miembros activos de Democracia Real nunca han sido “víctimas” ni del franquismo, ni del marxismo…, ni siquiera del pensamiento débil propio de los nativos digitales.
El maltrato que han sufrido por parte del sistema es para ellos el colmo de lo analógico, pues siempre nos recuerda una escena originaria que querríamos olvidar. Ellos, a través de la precariedad programada, saben algo de eso. Piensan por fin a golpe de sentimiento. De ahí que, al margen de partidos y sindicatos, se hayan adueñado del kilómetro cero de las comunicaciones. Es hora también de recordar que el fenómeno 15-M pone en su justo término a cierta mitología de las redes. Las han utilizado como herramienta, las han forzado como se hace con una llave inglesa, lejos de esa euforia tecnológica que sólo lleva al intercambio de bobadas, esa interactividad idiota del narcisismo tipo Mira mi foto. Por el contrario, esa común presencia del intercambio en espacio real disipa la mitología digital como un juego de niños. También enseña a discutir largamente sin odiarse. Común presencia frente al tiempo real del sistema en red que nos mantenía presos del aislamiento conectado. Sobre todo, la tecnología que se está usando a fondo es la de la vida que no depende de la información, la decisión de llevar el sentimiento a la palabra y a la acción común, que no cede ni ante las prohibiciones de la intocable Junta Electoral.
IX
Sin ser llamados, quieren “participar”: hacer algo por el Estado, ya que el Estado no hace nada por ellos. ¿Jóvenes antisistema? No, gracias, el piropo emociona, pero es excesivo. Y en exceso desinteresado. Ni tan jóvenes ni tan “antisistema”. Sin ningún afán visible y necesario de Revolución a la antigua usanza, estos jóvenes de entre 20 y 40 años que comenzaron el movimiento, quieren simplemente una sociedad menos corrupta y cutre, que permita trabajar. Quieren un sueldo digno y respirar sin la pistola de la precariedad en la cabeza. La vida ya es mortal: ¿ha de ser humillante además? ¿Es mucho pedir que tenga esquinas de sosiego? Cansados de unos políticos, unas coartadas ideológicas y unos cómplices comunicadores que se limitan a administrar el oscurantismo –una muestra de ellos es el tratamiento que han dado durante días a esta irrupción- han tomado la calle. Gracias, hay que decirlo, a que no es en absoluto visible una “ideología” común. Más bien la indignación, y la consiguiente burla, frente a las ideologías globales que se limitan a sobrevolar la vida popular, siempre en sillones de primera y con estadísticas amañadas en la mano. De igual modo que Bush durante días y días no pisó el barro del Katrina, así nuestros políticos, amurallados en sus respectivos aparatos partidarios y en sus cálculos electorales. Hay gente clave del PP y el PSOE que ha crecido literalmente dentro del aparato, sin pisar la calle. Algunos hemos pensado que el escándalo gremial de los controladores aéreos, con sus sangrantes privilegios impunes durante años, se debía a que representaban el ideal de una clase político-mediática que sólo sabe sobrevolar, controlar a distancia.
X
En cierto modo, la gestión aparentemente neutra de estos expertos que nos manejan y han convertido la democracia en una pantomima, le dice a los manifestantes lo que decía Franco: “Hagan como yo, no se metan en política”. Es decir, déjense gobernar por quienes saben mejor que ustedes cuáles son sus problemas y sus soluciones, qué es lo que realmente necesitan. Y esto tiene el descaro de decirlo la elite de políticos y periodistas que hace veinte años que no bajan a la calle sin una nube de asesores, secretarios, escoltas y un Audi de cristales opacos esperando cerca. Del mismo modo que los expertos que nos gobiernan jamás toman el metro, tampoco se enteran de cuál es el maltrato real que siente la juventud. De tal ninguneo sistemático, del que los culpables -en su distancia mediática- ni se enteran, esta propuesta de democracia real, que les pilla totalmente por sorpresa. “¿Cómo, pero no vivimos ya en democracia?”. Pues no, no lo sienten así millones de personas, en España y en Europa. Las alusiones en la prensa europea a la plaza de Tahrir nos vinculan con cierto nepotismo con el que toman distancias, a la vez que intentan marcar los Pirineos y evitar el efecto contagio. Nos gustaría que la mancha del kilómetro cero se extendiera a Inglaterra, Francia e Italia, pero no es fácil, habida cuenta del control de la información y posiblemente una política social un poco más inteligente.
XI
Mientas tanto, estos jóvenes españoles cometen el pecado de los pecados, ignorando la mítica fecha electoral y el sacramento de elegir entre dos versiones simétricas de la misma miseria. Esto ya es intolerable, se dice el tertuliano medio: ¿a quiénes sirven estos jóvenes irresponsables? La comparación con Egipto indigna a nuestros analistas políticos, naturalmente embutidos en el racismo Norte-Sur. Pero es evidente que hay concomitancias y que España se ha hecho eco tardío de los acontecimientos del sur del Mediterráneo. Con el mismo gesto altanero que tuvieron con Túnez y Egipto, la clase política europea no puede imaginar que los pueblos tengan su propia percepción de las cosas, su propio proyecto, su propia concepción de la democracia, al margen de la bazofia que se les sirve desde arriba. Han tomado su silencio, su resistencia sorda durante años, su depresión, por aquiescencia. Por lo tanto, dicen, si de repente alguna gente se levanta, es que alguien está detrás manipulándoles. Ya conocen el refrán: Piensa el ladrón…
XII
Inanidad de poder, vacío con el que se juega día a día igual que se juega con la inercia, el fatalismo global y la depresión a cámara lenta. Lo mejor del librito de Hessel, en su sencillez, es su llamada a la movilización individual, la fe en que “el mundo” cambia si uno se pone en marcha a partir de su percepción y su sentimiento. Precisamente el gran ardid fatalista del “sistema” son las fuerzas ciegas del mercado, la “mano invisible” y acéfala que gobierna los pueblos desde las alturas de Bruselas, París, Bohn o Wall Street. Pero de repente a estos jóvenes les importa un comino toda esa letanía a la que nos habíamos adaptado. Sólo saben, y es suficiente para rebelarse, que su presente es miserable y su futuro no promete nada mejor, al contrario. Así pues, ¿qué tienen que perder? Tiene gracia ver a los analistas políticos tartamudear ante un acontecimiento para el que no estaban preparados. De pronto, resulta que la gente no es idiota. Viven aquí, trabajan aquí, aman y sufren aquí. Quieren por tanto empezar a cambiar las cosas, aquí y ahora. También quieren que respondan los políticos a los cuales les pagamos, no ya su tren de vida, sino su “jet de vida”. Por eso nuestros eurodiputados se resisten a viajar todas las semanas en clase turista, pues alegan estar muy estresados. Es de suponer el chiste que Democracia Real haría aquí.
XIII
A pesar de todos los escándalos, quizás hoy nuestra primera corrupción es la del particularismo, la endogamia y su inercia. Me refiero al caciquismo institucional que funciona en todos los ámbitos de la vida pública española, desde la Universidad a los organismos oficiales de música contemporánea. La Transición nos liberó pacíficamente de la dictadura. Lo que pide tal vez el movimiento Democracia Real es una segunda transición que nos permita dejar atrás esta democracia osificada, bloqueada por la dictadura financiera europea y nuestra burbuja partidista.
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27N
Graciela Amorín
Tenían al principio, supongamos -tomo un ejemplo al azar- a un psicólogo. Al final tienen en su lugar a un psicólogo evaluado. Por supuesto, no notan la diferencia. El psicólogo no-evaluado y el psicólogo evaluado tienen los mismos rasgos, el mismo comportamiento, pero, en realidad, se ha producido una sustitución muy importante, puesto que el psicólogo evaluado entra en el conjunto de los seres y objetos evaluados. Se ha convertido en un valor con rostro humano. Jean-Claude Milner.
El 30 de marzo último apareció en el BOE una ley cuya disposición adicional sexta permite a los licenciados y graduados en Psicología ejercer provisoriamente, durante un plazo de 12 meses, actividades sanitarias, siempre que acrediten la formación adecuada. Se pretende, así -en palabras de Felicísimo Valbuena- “evitar que continúe desangrándose hasta su muerte el colectivo de decenas de miles de psicólogos dedicados a la psicología clínica desde hace décadas”.
Los primeros tres artículos del mencionado autor, colgados en Internet (La Psicología como profesión sanitaria), describen con claridad el proceso.
Al examen del 27 de noviembre de 2010 habían sido convocados 1.368 psicólogos por no haber acreditado la susodicha formación adecuada. Tuvieron el ánimo de presentarse 766 personas, llegadas para ello desde todo el territorio español, de las cuales el 77% no logró, tampoco en esta ocasión, acreditar sus saberes. A este elevado porcentaje de los happy few invitados a ser evaluados y a todos los otros miles de psicólogos que no han obtenido el título de Especialista en Psicología Clínica, se les invita, el 30 de marzo, a que se sometan a una nueva evaluación para poder seguir trabajando. Pero esta tercera evaluación caducará al cabo de un año. Parece una muestra de lo que Jean-Claude Milner llama “ilimitación de los procesos de evaluación”.
Inés es una licenciada en Psicología y psicoanalista que se presentó al examen del 27N. Ya en Atocha, ella se preguntaba quiénes, entre los pasajeros que esperaban en el andén, iban a Cantoblanco para presentarse al examen. Creyó que pocos lo harían, no veía a nadie repasar apuntes. Pero al llegar al campus bajó mucha gente, algunos incluso con maletas. Una pequeña multitud enfiló hacia las facultades. Inés se les unió, olvidó que traía dibujado un plano para no perderse. Llegaron a la Facultad de Psicología y subieron las escalinatas.
Estaba cerrada. No era ahí el examen, lo recordaron al unísono, riéndose de sí mismos. El examen era en la Facultad de Derecho. Repetían que iban como borregos. Inés pensó que sí y que se referían, también, al hecho de aceptar ser examinados.
Lo más odioso del examen y del curso del COP fue que se la evaluara -después de haberse formado y haber atendido siempre como psicoanalista- por sus conocimientos en psicología clínica cognitivo-conductual (PCCC).
No es que en el examen del 27 de noviembre no hubiese habido ninguna pregunta sobre psicoanálisis. Hubo algunas, pero ¿qué respuesta le iba parecer bien a un tribunal que no entendía de psicoanálisis? ¿La que más se acercara a las pautas de la psicoterapia cognitivo-conductual?
Las psicoanalistas, en el curso, eran minoría absoluta. Ella creyó que por haber estudiado tarde y en la Complutense, le resultaría más fácil. Cree haber entendido, por ejemplo, desde el punto de vista de los animales de laboratorio, porqué una aspirina es un reforzamiento negativo. Bastaba imaginarse ratón, pulsar la palanquita de las aspirinas hasta que caía en su boca abierta la que volvía a quitarle el dolor de cabeza. La supresión del dolor de cabeza incrementaba la probabilidad de que volviese a pulsar la palanquita para tomar aspirinas.
Preparar el examen para obtener el título de Especialista la atrajo porque vislumbró allí la posibilidad de trabajar en una institución. Pero la PCCC era una densa acumulación de registros, experimentos, cuestionarios, trastornos, estadísticas, diagnósticos, tratamientos psicológicos eficaces, tratamientos probablemente eficaces, tratamientos en fase experimental… Y más, mucho más.
Las terapias psicodinámicas nunca figuraban como eficaces. Sólo aparecían como tratamientos en fase experimental, para un par de trastornos del DSM IV TR.
Inés había aprobado sin problemas los exámenes de la facultad. ¿Por qué no iba a poder aprobar esto ahora, 18 años después? Fantaseó, incluso, con incorporar el título de Especialista a su currículum y llevarlo al INEM.
Encaró este aprendizaje con entusiasmo y disciplina, como las asignaturas de la facultad. Había textos curiosos, interesantes, quizás útiles. Sacó en préstamo, de los libros indicados, todos los que encontró en bibliotecas públicas. Pero no había relación entre el tiempo disponible -tres meses- y la cantidad de información que se suponía que debía tener asimilada para el 27N. Era como intentar beber el agua de una piscina. A veces se preguntaba si de verdad los profesores pensaban que tendrían tiempo de consultar la bibliografía que iban recomendando o si lo que sugerían eran chascarrillos de humor negro. Inés dice ser bastante obsesiva, no podía estudiar todo aquello como quien memoriza una poesía. Necesitaba contextualizar los conceptos, afianzarlos. Pero tanto los esquemas de los profesores como los dos tomos del Manual Oposición PIR preparado por el COP de Asturias, presentaban todo ya leído y condensado. Le resultaban indigeribles.
En cambio le interesó, al menos como conocimiento del medio, la mayor parte de los dos tomos del Manual de Psicopatología de Belloch, Sandín y Ramos. Descargó de Internet todas las Guías de Práctica Clinica, referidas a dolencias psíquicas, editadas por el Ministerio de Sanidad. Sólo alcanzó a leer una, la referida a la depresión mayor en el adulto. Recuerda dos recomendaciones: Terapia electroconvulsiva, sí. Hierba de San Juan, no.
En una biblioteca encontró el Libro de Casos del DSM IV TR, una traducción bastante mala, donde los profesionales -la mayoría médicos- solían ocupar su tiempo visitando a los pacientes dentro de sus propias consultas. Inés lo fue leyendo durante los viajes en metro y, tras la lectura de cada caso, sin mirar el final del texto, intentaba acertar con la etiqueta diagnóstica. Piensa que es un tipo de etiqueta con adhesivo perenne, de la misma índole que el goce. Una vez que la colocan no hay nada que la quite. También los tratamientos operan como etiquetas, y de calidad superior. Inés cree que nadie supera, sin secuelas, el ser tratado como objeto de la psiquiatría, ni aún en los casos en que la indicación de pasar por ello pudo haber sido la decisión terapéutica más acertada.
Regresa a la mañana del examen. ¿La traicionó el inconsciente o los límites biológicos? Había dormido, como de costumbre, sólo cuatro horas. Ya no suele dormir más. Si 18 años atrás le bastaba con haber dormido una hora, ahora tendría que sobrarle con cuatro. Pero a las tres horas de estar lidiando con ese conjunto interminable de preguntas malvadas, le pareció que no podía pensar más. Dejó el móvil en el escritorio de la funcionaria, para que lo silenciara ella si sonaba la alarma a la hora de la medicina, y se dirigió al servicio. No percibió que la funcionaria la seguía. Luego, tras regresar en su compañía, otra vez ante esas preguntas tramposas, decidió que tenía que dar por terminada la parte teórica, debía comenzar con los casos prácticos. Pero había dudado tanto que no había contestado ni el mínimo para aprobar. Durante el curso del COP les habían insistido en que, si dudaban, no contestasen muchas más de las necesarias, solo algunas, pues descontaban puntos por los errores. Para colmo, dejó casi todas las preguntas de reserva sin responder, no imaginó que pudieran hacer falta. En la facultad, nunca nadie había impugnado ninguna pregunta. Fue un grave error, porque anularon diez preguntas entre las más de 70 impugnaciones que leyó. Los textos de las impugnaciones la dejaron anonadada. El que sabe, sabe, y el que no sabe, examina. Era evidente.
Terminó la parte práctica y vio que, pasadas ya las 4 horas disponibles para la prueba, quedaba solo ella en la sala. Y la funcionaria, claro. Revisó rapidísimo la primera parte, confirmó lo menos dudoso de lo dudoso y dio por terminado el examen. Le hace bien pensar que un par de días después, sin repasar, completó la primera parte y si aún hubiese sido la mañana del examen, hubiese aprobado. Quizás, con diez años menos, hubiese tenido más agilidad para caer de pie en las casillas apropiadas. O no, porque lo logró un porcentaje muy pequeño de quienes se presentaron.
Pasadas unas semanas desde el 27N, le llegó del INEM una citación para un proceso de selección. Si tras una primera evaluación era considerada apta, podría realizar un curso de formación, de 280 horas, sobre Procesos de Evaluación según Normas ISO. No, no se presentó.
Notas:
MILLER, JACQUES-ALAIN y MILNER, JEAN-CLAUDE. ¿Desea usted ser evaluado? Miguel Gómez, Málaga, 2004.
VALBUENA, FELICÍSIMO. La Psicología como profesión sanitaria. http://www.lavozlibre.com/noticias/blog_opiniones/32/234569/la-psicologia-como-profesion-sanitaria/1
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CIÓN A LA ÉTICA DEL DESEO
Gretel Abed Heikimian
“No podemos eludir la impresión de que el hombre suele aplicar cánones falsos en sus apreciaciones, pues mientras anhela para sí y admira en los demás el poderío, el éxito y la riqueza, menosprecia en cambio los valores genuinos que la vida le ofrece”. Sigmund Freud.
Quisiera comenzar este texto mencionando que el tema del foro: Las servidumbres voluntarias, ha creado un impacto profundo en mí, pues el tema que llevo desarrollando con el título de la Ética del Deseo, es una propuesta que reivindica toda la posición esquemática y tradicional del sistema “evaluatorio”, que encasilla y pone a los individuos una etiqueta o en palabras de Lacan el hecho de ser subordinados a un significante amo que los determina a modo de imperativo. Dicha determinación pone de manifiesto la imposibilidad de creación, de libertad y hasta de acción. Por este hecho quisiera contribuir en la medida de lo posible con el tema que he venido desarrollando a lo largo de mi estancia en Madrid y a lo largo de mi formación como analista lacaniana.
La Ética del Deseo propone una caída de los ideales, de los falsos prejuicios, de las diversas formas que hacen de este sistema político y social una homologación entre los miembros. Descubre en cambio la posibilidad de elegir ceder o no ceder ante el deseo, retomando lo que para mí es una de las más importantes propuestas lacanianas en materia de ética y ¿por qué no? de clínica también. El tema de servidumbres voluntarias, apunta a que hay en este hecho una elección de por medio, es decir que hay una elección en la palabra “voluntaria” en ser “sirviente del sistema”. Por lo tanto este hecho podría revertirse a manera de pregunta: ¿deseas ser sirviente del sistema?
De aquí la propuesta de una elección y no de un imperativo a seguir, es decir, que exista la posibilidad de no ceder ante el deseo, como aquello “particular” que nos habita.
Nos encontramos frente a una era de crisis, depresión, angustia, apatía, pérdida de identidad. La cultura de la posmodernidad; denota una época de individualismo, de consumo masificado, de homogeneización, de desencanto de ídolos y desenmascaramiento de tabúes.
Estos fenómenos sociales ponen en entredicho el papel de la ética actual. El psicoanálisis ha creado vuelcos decisivos en dicha disciplina. Los descubrimientos freudianos y posteriormente lacanianos han revolucionado la concepción filosófica del ser humano y ha tenido serias implicaciones en el ámbito cultural ejerciendo una fuerte influencia en esta época de cambios y transformaciones.
La manera en que este Otro absoluto, deje de gobernar sobre nuestras decisiones y elecciones, y cómo este Otro que en la ética tradicional tiene la connotación de un absoluto y a priori, será entonces el esquema fundamental que el psicoanálisis refuta, abriendo la posibilidad de que este Otro no sea absoluto sino como dice Lacan, evanescente y entonces poder acceder a una Ética donde el eje esté basado en el deseo.
¿Pero qué es el deseo? Esta pregunta ciertamente no tiene una respuesta unívoca, sino que se manifiesta por estar relacionado con el lenguaje, “a una cierta relación del sujeto al significante” , esta relación que se va transformando gradualmente pues el sujeto tiene una relación al significante de cierta manera evanescente. El deseo reposa pues sobre la tendencia, de la cual es un caso particular y más complejo, el deseo de un acto y esto es lo que muestra la relación del deseo con la ética.
Lacan encuentra una manera de descubrir el deseo más allá de la Ley. En este sentido, lo esencial de la ética del psicoanálisis es “formular la posibilidad de una relación que evite las trampas de inculpación superyoicas…” Cuando Lacan menciona “no cedas en tu deseo”, el deseo del que se trata ya no es el deseo transgresor generado por la ley prohibitiva, y por lo tanto involucrado en una dialéctica morbosa con esa ley; se trata en cambio de la fidelidad al propio deseo.
De modo que la situación crucial del psicoanálisis es que, el círculo vicioso entre la ley y el deseo o el círculo vicioso del superyó quede anulado, dejando paso y libertad de despliegue al deseo y reduciendo la culpa. En este sentido también implica en sus más profundas raíces la aceptación de la muerte. Para Lacan, el ámbito ominoso que está más allá del orden del ser es lo que denomina “entre dos muertes”, el dominio preontológico de las apariciones espectrales monstruosas, el dominio “inmortal”; y esto en el sentido de lo que Lacan llama laminilla, la monstruosa libido “muerta, no muerta”.
La evaluación, en cambio: vela la falta. Es decir, pone ahí un significante donde no lo hay; no hay relación sexual afirma Lacan, cuestión que pone en evidencia la falta en ser y no trata de cubrir lo real. Este vacío queda como motor del deseo, a diferencia de taponarlo, de extinguirlo o mortificarlo con un significante evaluador.
Lo que Lacan llama “ceder ante el deseo”, se acompaña siempre del destino del sujeto. Cuando el sujeto se traiciona su vía, cuando cesa a su deseo, es que se cumple su destino y la tendencia a la repetición. Por eso yo diría: la inconsciencia es destino. Lo que quiere decir que cae en la dialéctica viciosa del superyó y mientras más es alimentado, más demandante es que éste se torna. Lo interesante es que el deseo nunca va a dejar de cesar, sino hasta ser cumplido: hasta la muerte, por eso se convierte en una situación persecutoria, el destino es persecutorio. Lo que se torna en una situación muy conflictiva: en una lucha de fuerzas; pero es entonces el paso crucial; entrar más allá del ámbito simbólico y en este caso “evaluador”, el estar entre-las-dos-muertes lo que libera, y autonomiza al sujeto pera ser un ser “realmente ético” o si se quiere un creador: ir más allá de los límites simbólicos y tener un mínimo acceso a lo real.
Así se deja ver como el camino se torna hacia la falta. Ahí donde la nada, se vuelve parte esencial, ahí donde encuentra una función importantísima, que no puede más ser apartada y mucho menos oculta.
Esta serie de significaciones evaluadoras intentan justamente velar la falta y como consecuencia: la no aceptación de la muerte; la mortificación del deseo, el aislamiento, la vergüenza, la culpa, etcétera. En pocas palabras esto es lo que “la evaluación silencia”.
Referencias:
Jaques Lacan, Seminario 6, El deseo y su interpretación, clase 1 del 12 de noviembre de 1958.
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ía Cenador
Existe una legislación que invita a ser evaluado con diferentes grados de minusvalía psíquica. Si Vd. logra un mínimo de discapacidad será recompensado con subvenciones. Por ejemplo, si Vd. compra un coche, podrá deducir un porcentaje del impuesto de matriculación.
Naturalmente, esto se hace bajo el amparo de los derechos del usuario.
Voy a transcribir algunos párrafos de un artículo de JOSÉ ANTONIO NARANJO.
JOSÉ ANTONIO NARANJO: “Violentar las libertades”, en RAZÓN DEL PSICOANÁLISIS. ELP-RBA. Barcelona, 2006.
“Mientras el goce permanezca el mismo, las elecciones permanecerán inalterables y la libertad se vuelve nula, aplastada por la repetición”. (Pág. 72).
“Lo novedoso de la violencia actual contra las libertades es que se hace en nombre del derecho. Es éste el autoritarismo democrático: acotar las libertades amparándose en los llamados derechos del consumidor, del usuario, del enfermo. Esta es la paradoja, y todo esto hecho bajo el amparo del nuevo fetiche, la ciencia, lo que permite legislar de una manera absoluta en una sociedad bien democrática.
“El control, los datos estadísticos, la evaluación cuantitativa, todo esto no es más que la forclusión del sujeto en acto. Esta es la violencia de la situación actual: Todo para el sujeto pero sin el sujeto. Y aquí está la trampa, porque ¿cómo ir contra el absolutismo sin ser tachado por ello de enemigo de las libertades, cuando ese absolutismo se ampara en la defensa de los derechos de la ciudadanía?”(pág. 74).
28 de Mayo de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 18. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Carlos Fernández Liria, Camen Alda.

A-FORISMO
“Los jóvenes salieron a la calle y súbitamente todos los partidos envejecieron…”. En esta ocasión recurrimos a una contribución de El Roto, imprescindible como toda su producción diaria, aparecida recientemente.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
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Servidumbres Voluntarias.
¡Buena lectura!
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CUATRO PREGUNTAS(1) SOBRE BOLONIA(2)
Entrevista a Carlos Fernández Liria por Mercedes de Francisco y Julia Gutiérrez
MdF, JG: ¿Qué significa demandas de la sociedad (3), en qué sentido han cambiado y por qué eso exige una reforma de la universidad y qué implica esa adaptación?
Carlos Fernández Liria: Se responde fácil. El intérprete de las demandas sociales es la OMC a través del Acuerdo General de Comercialización de Servicios (GATS), y cuando los intérpretes son fundamentalmente la escuela de Chicago, lo que demanda la sociedad es sencillamente lo que más beneficia a las empresas. La fórmula es muy simple: a ellos no les interesa privatizar la universidad porque les interesa que todo lo que tenga pérdidas esté sufragado con dinero público. Lo que les interesa es poner todo lo rentable al servicio de las demandas empresariales. Y eso es muy fácil: es precisamente de lo que trataba el libro de Jacques-Alain Miller y Milner(4) estamos continuamente evaluados y cada paso que queremos dar tenemos que someternos a una evaluación minuciosa.
Es todo lo contrario de lo que ellos llaman la universidad feudal que es que el catedrático ha aprobado ya unas oposiciones, un tribunal le ha dado carta blanca y, por tanto ya la sociedad se fía de él y él monta su proyecto de investigación, contrata a sus ayudantes, decide por dónde tienen que ir las líneas de investigación de su departamento. Ahora se dice: estos señores van a ser evaluados de forma continua, van a tener que formarse de forma continua, van a tener que demostrar lo que valen de forma continua, y por lo tanto van a poder ser castigados de forma continua por lo que digan, hagan, etc. Esa es la nueva filosofía, las agencias de control que en último extremo las hay estatales y las hay privadas.
Pero resulta que los criterios con los que te juzgan las agencias de evaluación estatales los dicta una agencia de evaluación de artículos científicos Thomson Reuters que es la que dice qué revista vale y qué revista no vale, qué revista es de impacto,... son ellos los que deciden por dónde tiene que ir la ciencia y por dónde no tiene que ir. Esto significa que los profesores van a tener que estar sometiéndose a evaluaciones continuamente, no podemos parar en ningún momento de solicitar proyectos de investigación para pedir dinero, ahora bien ¿cómo se consigue dinero?, aquí está el truco de cómo poner el dinero público al servicio de las empresas privadas. Cualquier cosa que solicites hay un apartado que pone fuentes de financiación externas; si tienes fuentes de financiación privada te conceden dinero público y si no, no te conceden ni un duro de dinero público. Es decir, conceden dinero público a lo que previamente ha demostrado tener interés para la empresa privada. Eso quiere decir que las empresas privadas a través de estos grupos y proyectos de investigación se apropian de una gran cantidad de dinero público, y también de un ejército de becarios a los que no pagan, es una mano de obra tan barata que es gratis, porque los becarios son pagados con dinero público.
MdF, JG: ¿Y qué va a pasar con la filosofía?
Carlos Fernández Liria: Con la filosofía nada porque nunca vamos a conseguir fuentes de financiación externa. Lo malo es cuando nos intentan tranquilizar y nos dicen que los filósofos tenemos un interés empresarial impresionante. Necesitan filósofos para domesticar a zafios ejecutivos: a las bestias pardas del capitalismo salvaje los tenemos que domesticar nosotros dándoles clase de educación para la ciudadanía.
La facultad de filosofía va a perdurar, pero con esa función de domesticación de ejecutivos agresivos, de animación cultural de grupos en reuniones del alto mundo empresarial. No entienden que la filosofía no es eso. Todas las carreras teóricas van a quedar mutiladas de todo aquello que no tenga una demanda empresarial, para la filosofía es trágico, pero para la física teórica, para la matemática teórica, para la investigación científica desinteresada, pues esto es el fin, y como algunos pensamos que la universidad y la academia es precisamente el lugar de la investigación científica desinteresada, pues es sencillamente el fin de la universidad y la sustitución de la universidad por una escuela de profesionales muy atenta a las necesidades empresariales del momento, y siempre y cuando sea rentable.
MdF, JG: ¿Qué supone dejar de hablar de contenidos y sustituirlo por competencias(5)?
Carlos Fernández Liria: El caballo de Troya para que el mundo académico acepte esta reconversión industrial, porque esto en realidad es una reconversión industrial en la educación, ha sido una especie de filosofía pedagógica.
MdF: Cognitivo conductual
Carlos Fernández Liria: Efectivamente, como sabían que el mundo académico no iba aceptar una reconversión industrial así como así, había que presentarlo como otra cosa, y han ensayado lo que ya ensayaron con la LOGSE en la secundaria: presentar la reconversión industrial del sector público de la enseñanza superior como una revolución educativa. Para ello han llamado a psicólogos y pedagogos para que les prestaran el lenguaje, y ese ha sido el de las competencias.
Dicen que lo que no necesitan son esos títulos rígidos que convierten a una persona en físico, en matemático, filóloga, sino a un personal científico muy joven que pueda aprender muy rápidamente porque las empresas necesitan un profesional muy flexible que pueda cambiar a la misma velocidad que cambia el mercado y la economía, y como cambia muy rápido, solicitan a la universidad un profesional muy flexible que pueda aprender muy rápidamente. Para eso tiene que ser, para empezar, joven y además hay que acortar y diversificar las titulaciones. Consideran que lo que el mercado necesita es ese profesional que vale para todo y que es capaz de adaptarse a las circunstancias a una velocidad vertiginosa, para eso es necesario evaluar todo el rato sin parar qué persona vale para cada caso.
MdF, JG: ¿Cómo afecta eso a la relación de los estudiantes con el saber?
Carlos Fernández Liria: Los estudiantes tienen que dejar de pretender saber, te lo dicen así, el cometido ya no es aprender, el cometido es aprender a aprender, que la empresa necesita que tú aprendas cualquier cosa, que tú seas capaz de aprenderlo muy rápidamente, que seas un experto en aprender cualquier cosa muy rápido; no se trata de enseñarte saber sino competencias. Los contenidos ya no valen para nada. Nos han llegado a decir que los contendidos no hace falta aprenderlos porque los contenidos están en internet, en Wikipedia. Ese es el nuevo mundo académico que nos espera, no se dan cuenta de que un científico no se puede formar buscando en Wikipedia. En realidad, saben lo que hacen, lo que quieren decir es que no se puede mantener una inmensa universidad con dinero de los impuestos para formar en contenidos a un montón de población que las empresas no necesitan.
El papel de la psicopedagogía ha sido verdaderamente pernicioso. Están muy enfadados conmigo los psicopedagogos por un artículo que he sacado (6), porque me acusan de haber generado una guerra civil interna entre la facultad de filosofía y la de pedagogía, que es verdad que se ha generado, hay un guerra civil en este momento, no soy yo el que la ha montado, la hemos montado unos cuantos, les hemos acusado de lo que han hecho, les han prestado el lenguaje.
MdF: ¿Y por qué no psicología, por qué la dejáis fuera?
Carlos Fernández Liria: En principio la Psicología es la base más profundad de todo esto pero el papel activo de gestión ha sido mucho menor. Te cuento porqué los pedagogos y no los psicólogos. Son los pedagogos los que han sacado su tajada con el master de formación del profesorado. Han conseguido que se les paguen los servicios prestados en esta reconversión industrial gracias a que han prestado su ideología y su lenguaje, han hecho todos los documentos y se les ha pagado. Es una jugada diabólica, maquiavélica que consiste en que Bolonia ha reducido todas las carreras, en la práctica, a casi la mitad y nos dicen que no pasa nada porque luego viene el master pero esto es mentira. En primer lugar, porque con el master entramos ya casi en terreno de la enseñanza privada, pero resulta que además los pedagogos han conseguido que para ser profesor de enseñanza media haya que cursar el CAP (7) pero convertido en master. Eso quiere decir que todas las carreras teóricas que tienen como salida profesional casi exclusivamente la enseñanza, no tienen más remedio que cursar el master de pedagogía para buscarse la vida porque, de lo contrario, no pueden presentarse a oposiciones. Este es el chantaje al que ahora nos someten los pedagogos. En la Complutense hemos forzado la cosa gracias a un encierro que duró 6 meses prácticamente. Fue una batalla heroica por parte de los alumnos, se pasaron 6 meses durmiendo en el suelo se consiguió que la complutense dijera que no a la Orden Ministerial.
La jugada es terrorífica quiere decir que los master que nosotros ofrezcamos en física o en filosofía o en matemáticas nunca van a poder competir con el master de los pedagogos porque nuestros alumnos tienen que ganarse la vida, y naturalmente para poder presentarse a oposiciones si tienen que pagarse un master, que ya de por si va a ser muy caro, se van a pagar el master de pedagogía que les permite trabajar. Sencillamente han hecho un trabajo mafioso de disfrazar de otra cosa una reconversión industrial y se les ha pagado de forma mafiosa regalándoles los alumnos de los master potenciales de todas las carreras que tienen como salida profesional la enseñanza secundaria. Ese master lo tienen que cursar todos los que tienen que presentarse a una oposición.
MdF, JG: ¿Qué es la transferencia y porqué se introduce?
Carlos Fernández Liria: Es la ideología de la sociedad de conocimiento. El conocimiento se ha convertido en el factor productivo por excelencia, es algo así como que en lugar de vivir en la sociedad industrial vivimos en la sociedad del conocimiento, el conocimiento es el medio económico más valioso de todos y por tanto la universidad -que es la que produce los conocimientos- tiene que amoldarse a esa sociedad del conocimiento y transferir sus conocimientos.
Lo que te están diciendo en realidad es que como se ha descubierto que el conocimiento es un factor mercantil de primer nivel, ahora se va a regir como todas las cosas mercantiles. Y claro, eso es tanto como decir que el mercado va a tener voz y voto en la producción de conocimientos. Lo que ellos no saben es que probablemente el mercado no sea un buen investigador científico, ni siquiera para lo que ellos pretenden, ni siquiera para la rentabilidad empresarial. Entonces dicen, queremos poner el conocimiento al servicio del capital, pero es tanto como destruir el conocimiento. Y lo conseguirán, y no les importará porque al fin y al cabo, si destruyen vidas humanas ¿por qué no van a destruir el conocimientos?, si lo que ha habido antes -o al mismo tiempo que la destrucción de la universidad-, ha sido la destrucción del sistema sanitario mundial o la destrucción de los medios de subsistencia más elementales de la mitad de la población mundial; en realidad esto es la misma lógica y ahora ya nos toca a nosotros.
MdF: A nosotros los psicoanalistas nos interesa demostrar que esta línea cognitivo-conductual está al servicio del control. Incluso ahora, los conductistas asociados con los neurólogos inciden fomentando la medicación en los niños amparándose en diagnósticos como el “síndrome de hiperactividad y déficit de atención”, convirtiéndolos desde su más temprana infancia en consumidores de productos farmacéuticos.
Carlos Fernández Liria: Es terrorífico. La doctrina del Shock comienza precisamente con la psicología y viene a decir que todo el modelo del liberalismo viene de los paradigmas psiquiátricos. De la psiquiatría pasó a la tortura y de la tortura al neoliberalismo. La psiquiatría se convirtió en una técnica de tortura y el capitalismo aprendió cómo torturar a toda una sociedad.
MdF: Aquí lo sabíamos con Vallejo Nájera y López Ibor que eran dos psiquiatras fundamentales para la dictadura franquista. Sometían a la gente “molesta” a las curas de sueño a las curas insulínicas, entre otras. Ahora ya están investigando la pastillita para los soldados de Irak para borrarles los traumas. Todo va a estar marcado por lo que le interesa a las empresas. Ha sido todo un sistema de control. El franquismo supo muy bien que tenía que tener a la psiquiatría de su lado. El psicoanálisis ha podido crecer manteniéndose en los márgenes, por lo menos en España. En este país hubo una reforma aparentemente progresista que fue la LOGSE. Por eso los nombres son importantes. Hay que tener cuidado con pensar que el capitalismo es acéfalo. Es el mecanismo del mercado, hacer creer que no hay nadie a quien pedir cuentas.
Carlos Fernández Liria: El propio Gabilondo ha jugado su papel y Berzosa también porque son rectores y tienen su responsabilidad. Yo se lo dije a Berzosa en el paraninfo.
MdF, JG: ¿Podría haber otra forma de convergencia?
Carlos Fernández Liria: Claro, era de cajón, estaba súper fácil. Europa ha querido converger con las directrices de la OMC y punto. Toda Europa va con la lengua fuera para cumplir con lo que la OMC dicto en Nueva Zelanda. ¿Qué querían que las universidades convergieran y que hubiera un dialogo entre las universidades?, más fácil imposible. Se trataba de multiplicar por 100 las becas Erasmus y ya tienes la convergencia. Un sistema de homologación de títulos no me parece tan complicado. Que las mejores universidades europeas convergieran era fácil de montar no hacía falta más que una buena administración que homologara los títulos, y para eso sólo hacen falta cuatro burócratas que trabajen y eso sí, mucho dinero para movilidad y no había que haber tocado nada, ni revolución educativa, ni competencias, ni psicopedagogía, ni nada de nada. Pero no querían eso, lo que querían es lo que han conseguido: destruir la universidad pública y ponerla al servicio de la empresa privada. Pero en toda Europa.
Notas:
(1) Las preguntas han sido elaboradas mediante el análisis de la terminología utilizada en la legislación de adaptación del llamado Plan Bolonia.
(2) El proceso de Bolonia toma su nombre de la Declaración de Bolonia firmada el 19 de junio de 1999 por los ministros de educación de la Unión Europea en Bolonia y que supone la creación, en 2010, del Espacio Europeo de Educación Superior.
(3) La exposición de motivos de la Ley Orgánica 4/2007, de 12 de octubre, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/2001 de Universidades justifica: se trata de ofrecer una formación que de respuesta a las necesidades de la sociedad.
Y en el La flexibilidad y la diversidad son elementos sobre los que descansa la propuesta de ordenación de las enseñanzas oficiales como mecanismo de respuesta a las demandas de la sociedad.
(4) Jacques-Alain Miller y Milner ¿Quiere usted ser evaluado?
(5) La adquisición de competencias básicas como principal objetivo de la educación es introducida en la LOE Ley orgánica de Educación Las competencias básicas definidas por la OCDE (Proyecto DeSeCo) Definición y Selección de Competencias son: comunicación lingüística, matemática, conocimiento y la interacción con el mundo físico, social y ciudadana, cultural y artística, aprender a aprender, Autonomía e iniciativa personal.
También en el Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, por el que se establece la ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales: Los planes de estudios conducentes a la obtención de un título deberán tener en el centro de sus objetivos la adquisición de competencias por parte de los estudiantes.
(6) Manifiesto Contra el Nuevo Máster de Formación del Profesorado El País (3 de noviembre de 2008)
(7) Curso de Adaptación Pedagógica, hasta ahora, el requisito para poder presentarse a las oposiciones de secundaria y que en muchas facultades era una mera formalidad.
Desde OBSERVATORIO PSI de la FEEP. Número 6/09 y http://ampblog2006.blogspot.com/search?q=bolonia
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¡Si se pudiera lobotomizar la Cosa mental! El proceso ya está en marcha, los expertos comenzaron su labor de ilusionar el porvenir del ser hablante, con el proyecto bio-neuro-tecnocrático que avanza deforestando la subjetividad.
Quieren deshacerse de lo mental puesto que estorba al furor curandi que impregna el paradigma de las ciencias de la salud mental. El contenido del reportaje de Mónica López, (El País, 29/11/2010, link), da otra vuelta más al bucle de lo sabido bajo la apariencia de lo nuevo, sacando a la luz los datos de un informe redactado por un comité de expertos en neuropsiquiatría. El nuevo enfoque de la esquizofrenia que cambia de dolencia psiquiátrica a neurológica, enunciado subrayado, transparenta la desnudez epistemológica de las creencias y estrategias de la bioneurotecnología. Estas dosis informativas entregan al lector apresurado de hoy, el método de cómo leer la realidad psíquica cortocircuitando lo mental.
El reportaje sigue la línea simplificadora que caracteriza a las publicaciones de este diario en materia de salud mental. Es evidente que la tendencia actual del periodismo de investigación no engrosa las filas del “Contra Uno” de la Boétie, sino las del Dos, es decir, las de los expertos en “Bioneuro”.
Si el título enuncia que la mente no falla, es porque sus producciones sintomáticas ahora son evidencias y certezas. Los enigmas no existen. La gnoseología sobre la esquizofrenia y los métodos psicoterapéuticos desarrollados a lo largo de la Historia de la psiquiatría, de la psicología y del psicoanálisis no existieron. Sin historia no es posible pensar pero no se trata de eso, sino de hacer tabula rasa. Mejor dejarse llevar por la compulsión acéfala de producir datos, tener más, más datos tangibles, seriados, desdoblados para tapar lo imposible, con la esperanza de que el dato escondido llegará a visualizarse.
Por obra del nuevo enfoque el significante esquizofrenia es un resto vaciado de contenido, un sucedáneo neurocerebral. Basta con hacer juegos malabares, borrar lo psíquico de la dolencia y cambiarla de mano: De las manos de la psiquiatría pasa a la neurología y al cognitivismo. Localizada en el cerebro, dentro de dos décadas, podría detectarse en estadios precoces. El ilusionismo no agujerea, guía a los expertos y les mantiene el ánimo esperanzado.
El paradigma genético-evolutivo ve crucial la prevención, no activar el mal. Hay que evitar los maltratos infantiles, el estrés o el consumo de drogas activadores del daño cerebral, evitar sus devastadores efectos. Evitar para no confrontarse. Domina la certeza del Todo-saber, como voluntad de goce: Ya se sabe que hay que saber prevenir y curar el daño del no saber y el saber que no se sabe en el presente lo traerá el futuro saber.
¿Cómo se tratará la esquizofrenia en 2030? La voz oracular del neuropsiquiatra norteamericano Thomas Insel, responde: con el cambio de enfoque se podrá prevenir. Renglón seguido reconoce que son predicciones basadas más en la esperanza. Esperanza e ilusión son sinónimos. Freud categorizó la ilusión como una creencia basada en el cumplimiento de deseo, definiéndola como creencia indemostrable, al igual que las religiones. ¿Nos alcanzarán los delirios si nos perdemos en los dédalos del cerebro?
De momento las novedosas y sofisticadas máquinas panópticas que apuntalan los discursos de las ciencias de la salud mental seducen al usuario. Tranquiliza saber que no falla la mente sino la mecánica de la máquina del cerebro; la avería se hace transparente por resonancia magnética y el mecánico se encargará de arreglarla.
De una reforma en su agujero (tourbillonnaire)
La colonización de la Cosa mental por las neurociencias es la crónica de un desastre anunciado en la nota que Lacan escribió en 1969 para el espacio Libres opiniones de Le Monde. Le pidieron que opinara sobre la reorganización de la psiquiatría, pero nunca publicaron su nota. La publicó después con el exergo: No hay opiniones libres. (pas tout Lacan, sitio ELP).
Entre otras cosas, denunciaba y auguraba la mutación de la psiquiatría en “sociatría”. Veía necesaria la disyunción entre neurología y psiquiatría, ya que la conjunción sostenida durante veinte años por los propios psiquiatras, disolvía los tesoros de un saber construido en el curso de la Historia de la psiquiatría. Era un valor a transmitir en la formación universitaria. Quería decirlo aunque fuera demasiado tarde, porque los mismos psiquiatras, señalaba Lacan, se regocijan ahora viendo el final, advenido por la fuerza de las cosas, es decir, de la verdad cuando aúlla.
De las partículas del Amo pulverizado en el 68, salieron los S2, los expertos, que con los poderes que les otorga la marca de su traje, pueden desplazar la Cosa mental al cerebro, abonando la precariedad simbólica de los seres hablantes. La alienación de la psiquiatría en el discurso bio-neuro-cognitivista, es una manera de “evitar” saber más sobre el dios oscuro de la locura.
El sufijo del S1 es neuro-real
Las utopías autoritarias producidas por los comités de expertos están basadas en la creencia de que sólo existe lo reductible a la cifra cuantificable. La cifra será la garantía del ser al dejar de operar los S1 en el nivel de lo Verdadero y lo Bueno, quedando subordinados a los criterios de los expertos.
El cognitivismo, es exclusivismo del S2. Sólo conoce el S2 y el sistema de significantes. Lo que es del orden del $, del objeto “a” y del S1 son términos que no pueden inscribirse en su mundo.
La imaginería de la actividad neuronal por resonancia magnética nos dota de “un potente imaginario del simbólico”. Lo real se volvió neuronal. Son conclusiones transmitidas por J.-A. Miller. (Curso 16/1/2008).
Los analistas estamos concernidos por el saber-hacer-con-eso.
Comentario al artículo http://www.elpais.com/articulo/sociedad/falla/mente/cerebro/elpepisoc/20101129elpepisoc_1/Tes
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AVANCE BIBLIOGRÁFICO II
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25 de Mayo de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 16, II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Maite Esteban, Enrique Rivas.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Carmen Cruz nos envía estas palabras y una frase que hemos decidido incluir entre nuestros A-forismos:
Os quiero enviar esta pequeña gran frase de un grafitti en mi ciudad y mi juventud: "No son más grandes, es que estamos de rodillas".
Es una frase que de vez en cuando me viene a la memoria por lo que en su día me tocó...
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EN LA DICTADURA DE LA INMEDIATEZ, LA REVOLUCIÓN HA DE HACERSE A FUEGO LENTO
Maite Esteban
¿Como actuar con diligencia en los avatares de la vida contemporánea? Creo que la formulación de esta pregunta, puede tener lugar para aquellos que se han desplazado, al menos algo, de la queja globalizada que hace referencia a una de las pandemias del siglo XXI: “carecer de tiempo”, el sujeto actual en sus distintas modalidades declina este sintagma, y se presenta en lo que de tragicomedia tiene su cotidianidad: un sujeto apresurado y fundamentalmente desorientado, incluso en aquellos donde el semblante pudiera despistarnos, respecto de lo que es fundamental en él, es decir, en lo que de extraviado presenta.
En la conferencia de J.-A. Miller, en Comandatuba (texto de referencia para el próximo congreso de la AMP) nos plantea la moral perdida, esa moral civilizada en el sentido freudiano , como una brújula que al menos aún esta en la memoria de muchos, pero que ya no cumple esa función de dique , y cuya primera e importante grieta se manifestó en la crueldad de la época victoriana, en esta moral a mediados del siglo XIX, algo empezaba a ser el síntoma, que encarnaba esa grieta en la civilización.
Un siglo y medio mas tarde tenemos una idea mas consolidada de ese síntoma. Uno se sitúa en el observatorio de la vida cotidiana y ve desfilar el resultado de esa deflación de la moral en cualquiera de sus presentaciones, tenemos por ejemplo la propuesta formal de los que dirigen los programas espectáculos de la caja tonta, con esta frecuente invitación: “diga lo que le apetezca”, la regla de la libre asociación freudiana, toma en el contexto referido, carácter de lo que ya no es lo que era, el orden simbólico se oferta y aparece mas desarticulado que nunca, debilitado, exhausto por un plus de goce cada vez mas fundamentalista.
De la regla freudiana, sabemos no sólo que no es libre, sino que de seguirla en el dispositivo analítico, nos encontraremos con la oportunidad única, si se dan los coordenadas necesarias, para construir el síntoma que estaba a la espera de ese sujeto extraviado, haciendo de esa creación el arma para intervenir en la experiencia en curso.
Entiendo que a los analistas practicantes y aquellos que se incorporen a sus filas en estos tiempos de aguas turbulentas, solo les queda cocer a fuego lento, (es la lentitud subsidiaria de las servidumbres del lector que uno es), ese enjambre que son las formaciones del inconsciente, y cuyo néctar, de llegar la experiencia a termino, es un nuevo amor.
El analizado llegado a esos confines y advertido como nunca de la verdad del trauma, en el sujeto que habla, puede mientras la condición biológica sea humana operar en los huecos del imperio “neuro”.
El imperio neuro desde luego contraataca, el tratamiento con la neuroimagen no es ciencia ficción, las red neuronal se oferta como la cartografía para localizar las claves del comportamiento todavía humano: prevenir y tratar con estimulación cerebral y psicofármacos, y además con una exhaustiva evaluación previa que permitirá con el protocolo adecuado, y a la mayor brevedad prevenir porque saben, que es mejor prevenir que curar…, nosotros diríamos que en este imperio es mejor forcluir que dejar entrar.
Las herramientas lacanianas, bien manejadas, permiten en el oficio de analizante esa talla que es la operación reducción, para llegado el momento en cada cual, dejarse sorprender por lo que siempre estuvo ahí, esperando aquello que pudiera actuar como puente y lanzadera
Recordemos. Freud fue un encuentro inédito para la histérica, la histérica ya existía sin Freud, pero la unión entre ambos tuvo importantes consecuencias , si ambos no se cogen de la mano, viviríamos en otro mundo, pero el que habitamos definitivamente se afecto cuando el doctor neurólogo Freud, consintió a perderse con las histéricas de su momento, tomémoslo como la mejor invitación, y en el mejor de los sentidos, alentemos el descubrimiento a condición de no renunciar a nuestro fuego lento, y siempre con nuestras cartas de navegación: Freud, Lacan, Miller, Laurent...
Por que no pensar que la neurowoman, en lo que de humana tenga, nos pueda con su síntoma guiar por caminos todavía no transitados; quién puede afirmar que ella no batalle ante semejante intento de forclusión?, ¿y que su neuroangustia le haga llegar a nuestro dispositivo?
Desde luego debemos estar atentos para dar la mejor acogida, sin olvidar nuestra brújula por excelencia, no es solo que esta sea la mejor entrada, en tanto lo que ella tiene de señal, de orientación, es la necesidad de hacerla siempre entrar, para guiarnos en el estado actual de la civilización. ¿No fue así como Freud pudo crear esto que llamamos psicoanálisis?, ¿no fue precisamente avanzando sobre el vacío que da cuerpo a la angustia?, ¿no fue porque abandono la posibilidad de acomodarse en la hipnosis o la sugestión lo que permitió señalar la arquitectura del sujeto?
Mientras podamos localizar la angustia y balizarla con nuestras herramientas lacanianas, podremos responder con nuestras armas, favoreciendo así un mañana menos flaco de memoria y animar una clínica que no deje al sujeto contemporáneo, como lo hace actualmente , durmiendo y no impunemente, sobre lecho de caimanes.
Para que el sujeto no se olvide, tenemos que custodiar lo que de él sabemos, desde que Freud dejara de ser el neurólogo que era, la elaboración de nuestros queridos y a veces odiados maestros, nos acompaña, y esa es nuestra fortuna, también la vertiente mas apaciguadora, pero hemos de contar a su vez con las señales intransferibles pero si enseñables, si transmisibles de lo que en cada uno la angustia logre acercar, la cita con la causa.
Como nos dice Bassols, en terminaciones de análisis, hemos de desear que nuestro viaje a Ítaca, sea largo, hemos de hacerlo a fuego lento, estamos advertidos de la tiranía de la inmediatez del amo actual , de su programa para borrar lo humano y convertirnos en “un máquina”, esa expresión tan divulgada por cierto, por los adolescentes de ahora , lo que no debiera impedir, reformular como seguir conversando con él, a condición de no caer en sus fauces...
La historia reciente de la Escuela sabe de los efectos de esa tensión y sobre ello sigue reflexionando, tenemos próximamente PIPOL 5. En su historia reciente, concretamente en PIPOL 3, y poniendo la mirada en PIPOL 4, Miller nos habla del lugar Alfa, para aclarar que este no es un lugar de escucha sino de respuesta, señala que hoy en día, un lugar de escucha es un sitio en que un sujeto es invitado a desahogarse sin medida, ciertamente son muchos los lugares que en la actualidad tienen este formato aunque puedan presentarse con distintos ropajes. En mi experiencia como residente de los servicios de salud mental, y creo que en los años trascurridos desde entonces no ha cambiado mucho esto, en los distintos dispositivos, el paciente es invitado a hablar, y por tanto a desahogarse, pero con una medida: la del tiempo del amo.
Este quiere mostrar su eficacia, agilizando para ello las listas de espera, porque hay que tener satisfecho al demandante, y mostrar de este modo su eficacia, ya que no hace esperar al usuario, “quiere su bien” y sabe que este carece de tiempo, convirtiendo la inmediatez de esa respuesta en la mas exitosa de las operaciones.
Las herramientas lacanianas tienen otra medida, un Lugar Alfa, es aquel, como cita Miller: “en el que por la operación de un analista, el parloteo se revela como conteniendo un tesoro, el tesoro de un sentido otro que valga, como respuesta, es decir como saber llamado inconsciente”. Por tanto, para que pueda existir un lugar Alfa, la cuestión no es de tiempo, sino de que la operación sea dirigida por un analista.
De momento estamos emplazados a continuar reflexionando sobre el tema, a conversar entre nosotros, pero también entre otros, especialmente ahí donde no contamos con el extravío de la en ocasiones malentendida complicidad, y si esto ocurriera, tener la decisión analítica de disipar el malentendido, que es el verdadero acto de comunicación y del que debemos esperar todavía sus efectos, porque si esto no tuviera ya lugar ¿ qué conversación queda? , pues bien para terminar decir que tristemente si así fuera, solo quedaría el parloteo, borrando de el , ese tesoro del que sabemos ,porque hace ya unos cuantos años, hubo un feliz encuentro , el día que un neurólogo vienes y querido maestro nuestro ,se dejo llevar por un camino nuevo.
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RESPUESTA A LAS SERVIDUMBRES VOLUNTARIAS
Enrique Rivas (A propósito de los textos de presentación de Mercedes de Francisco y Paloma Blanco Díaz de A-Foro 1)
“A-FORO es el boletín on-line del II Foro: “Las Servidumbres Voluntarias”. Nace con vocación de dar cabida y lugar a la voz y la letra de aquellos que se sientan concernidos por lo que la evaluación, como práctica preeminente de la que el discurso del poder hace uso, silencia. Publicaremos textos, entrevistas, noticias, curiosidades, anécdotas y ocurrencias, incluso. Recogerá también informaciones organizativas y prácticas sobre el Foro. Pretende un estilo estimulante, liviano, atractivo y ágil. Nos orienta en nuestra reflexión el pensamiento de Sigmund Freud y Jacques Lacan. En la elaboración freudiana no hay oposición entre lo cultural y lo clínico”.
Siguiendo el hilo de los textos inaugurales, nosotros podemos decir:
En primer lugar, el discurso de la servidumbre voluntaria de la Boètie, fue escrito a mediados del siglo XVI, a la salida de época medieval en la que abundaban las Satrapías, las Tiranías de los Señores plenipotenciarios y terratenientes y en cuya organización social no mediaban precisamente los intereses por los derechos humanos y respeto a las libertades civiles. Pero no porque las clases subalternas se sometieran al tirano de turno, sino porque el Señor del feudo o del burgo, dueño absoluto de vidas y haciendas y con todos los privilegios, incluyendo el derecho de pernada, sometían al pueblo con todo el poder que se le otorgaba en función de sus meritos de guerra. Por lo tanto no se puede decir que hubiera un sometimiento voluntario a las fechorías y abusos del tirano agresor. Queremos decir no obstante que la servidumbre jamás era un destino voluntario. Son pues dos significantes que se excluyen en su sentido, en su significación y en la estructura. Excluyendo en lo general a aquellos sujetos que por su especial anomalía encontraran en la servidumbre una forma explícita o implícita de goce, como rasgo perverso de su posición subjetiva.
Por otra parte y en una visión panorámica y retrospectiva de la historia de las dominaciones de los pueblos, cuesta pensar que la posición de los mismos fuera de sometimiento acrítico a los dictadores de turno, que no fuera por la debilidad organizativa de las resistencias a la opresión o por la violencia incontenida de la represión de las clases dominantes sobre las clases subalternas.
Que decir, sino de las distintas situaciones históricas en que los distintos gobiernos autocráticos, en su versiones diversas del soberano, organizaron la represión de los derechos y libertades fundamentales de los pueblos a los que sometían.
Distinguiendo las distintas edades, desde la prehistoria, a los tiempos antiguos, modernos y postmodernos que para España es desde la invasión árabe (año 711), la edad media hasta (1517) con Carlos I, la edad moderna (1808) y los tiempos contemporáneos hasta nuestros días, etc.; en las que la figura del Soberano estuvo investido de absoluta autoridad y la ejerció a través de los siglos de manera despótica y violenta, fueran las que fueran las maneras en que los pueblos sometidos se rebelaran contra la tiranía eventual. Y sin embargo la historia está plagada de ejemplos de rebelión de los pueblos contra los Soberanos inclementes y autócratas sean cuales fueran las formas de dominación autocrática y fueran los que fueran los levantamientos revolucionarios de las clases oprimidas.
Desde la rebelión de los siervos de la gleba en el antiguo régimen, pasando por las revoluciones burguesas, la revolución francesa, la revolución rusa del 17. Las rebeliones de los pueblos de Indochina contra la invasión y dominación de Diên-Biên-Fhù y la larga lucha del pueblo vietnamita contra la dominación de los EEUU ocupantes, en la que la revolución se nutría de soldados jóvenes y de niños engendrados durante varias generaciones para abrazar las armas contra el invasor. O las rebeliones de muchos pueblos africanos, en el pasado siglo; hasta el levantamiento espontáneo y actual de los pueblos del norte de África contra los tiranos que han masacrado vilmente a sus congéneres (Túnez, Egipto, Libia, Arabia Saudita, Yemen, etc.)
¿Se podría pensar que en todas sediciones de los pueblos oprimidos por las distintas tiranías operaron los mecanismos internos conscientes e inconscientes de Las servidumbres voluntarias? En años mas recientes, ¿se puede pensar que: el movimiento de los panteras negras en EEUU, los movimientos revolucionarios que surgen al calor de la guerra civil española y que nutrieron la confrontación y resistencia al ejercito nacional-fascista, el exterminio de los judíos en el Holocausto por los nazis, etc., etc., fueron manifestaciones en el siglo XX de las servidumbres voluntarias de los distintos pueblos y movimientos populares sometidos ciegamente a la invasión y dominio de los tiranos de turno?
Remontándonos al final del siglo XIII, en que los “adscripsticios” (siervos rurales encargados de las labores de la tierra) y los siervos personales (encargados de labores domésticas), al servicio ambos del poder de los señores propietarios del Predio (Finca), tras no poder abandonar la tierras de cultivo tienen que soportar la esclavitud a la voluntad de los grandes propietarios de la tierra y en cuyos vínculos no se pueden dar las condiciones para la rebelión, aunque hubiera conciencia de la explotación y de las penurias de sus existencias.
¿Es en estas condiciones de vida y de explotación que se pueda hablar de que el sometimiento del trabajador al amo fueran la causa de las actitudes tiránicas del señor plenipotenciario? A finales del siglo XIII y comienzos del XIV, la servidumbre tiende a desaparecer, rompiéndose el lazo del hombre con la tierra liberándose del yugo personal, pasando a constituirse los medios de producción artesanal y dando lugar a nuevas formas de lazo social a través de vínculos comerciales y económicos teniendo que pagar tributos, de manera que emergen nuevas formas de explotación y servidumbre no voluntaria sino necesaria por impotencia.
En varios siglos siguientes aparece la revolución industrial con grandes condiciones de concentración de las clases proletarias que ante las nuevas formas de explotación se generarían las condiciones para diversas revueltas del proletariado expropiado del valor de su fuerza de trabajo, por los grandes propietarios de los medios de producción. Dudamos que estas condiciones de explotación y expolio del trabajo como mercancía, el trabajador pudiera ser cómplice por sometimiento a la figura soberana del capitalista.
Según continua el escrito de Paloma Blanco, “El surgimiento del sujeto está anudado al Otro socio-cultural de cada época”, es decir alienados al discurso del Otro y en definitiva en una posición de servidumbre a los significantes de la trama simbólica en la que emerge incondicionalmente el sujeto: “en este lazo el sujeto singular, cada uno de nosotros, nos sentiremos siempre un poco fuera de lugar, inadaptados”,… y discordantes -decimos- y dependerá de las vicisitudes de la existencia del sujeto y del sufrimiento que esta dependencia del Otro le haya inferido y de la interrogación sobre sus posibles causas, para que el sujeto se proponga la investigación de las mismas en un acto de subversión frente a la inevitable dependencia de la trama asfixiante de sus determinaciones invalidantes, aceptando el psicoanálisis como posibilidad. Posibilidad de conculcar los significantes amos que le constituyeron y de acceder al objeto que le da su ser aunque sea inútil e in-significante. Y continúe su vida dependiendo del mismo y pueda hacer algo con esa causa, misión o creación.
En relación al texto de presentación de Mercedes de Francisco y en el que dice: “En principio, parecería que se trata de evaluar instituciones, grupos y no de individuos, pero son los individuos los evaluados, y el resultado de ella es tener a hombres y mujeres marcados por la comparación con el grupo de referencia o los parámetros que las agencias de evaluación imponen”,… en tal caso diríamos: ¿Y cual es el colectivo humano o los individuos que están por fuera de la evaluación? Y ¿no se está comparando permanentemente al sujeto que alza la voz o muestra su discrepancia respecto al discurso del amo, con el grupo de referencia o los parámetros que las “agencias de evaluación” imponen o las cúpulas de poder de los diversos colectivos, asociaciones, partidos, movimientos sociales, Escuelas, etc. que exigen para mantener la uniformidad el sometimiento a los discursos canónicos de turno?”. Y continúa: “Esta comparación siempre se salda con un negativo. En la clínica que nos ofrece la experiencia analítica esto es patente y claro, cada vez que el sujeto se compara sale ‘perdiendo’. Nos atreveríamos a decir que el poder de la evaluación es tiránico porque lo que en esencia pretende, más que la propia evaluación, es conseguir del sujeto su consentimiento a esta operación”.
Por eso decíamos más arriba que el sometimiento a los discursos dominantes y al ideal del líder (con plena conciencia y determinación de seguimiento acrítico a los discursos canónicos), producirá indefectiblemente un efecto de masificación, de destrucción subjetiva y de correa de trasmisión no de la idea preponderante, que también, sino de la voluntad dominante de quien, lo sepa o no, ejerce su poder persuasivo y evalúa a quien no sigue el rumbo identificatorio con aquel que nos está evaluando. Estos “movimientos sociales”, “organizaciones científicas”, “partidos políticos”, “organizaciones sindicales”, o los efectos “de los aparatos y cúpulas” de dichas organizaciones científicas y políticas en las “bases de las militancias” si están condicionados, ellas sí, por la Servidumbre Voluntaria. Y que implica para los sujetos concernidos, su adscripción al grupo de pertenencia, en función de los significantes que los ordenan y constituyen como tales grupos.
¿Y cuál es el colectivo humano a nivel social o político-reiteramos -o los sujetos en la estructura que están por fuera de la evaluación? Y las cúpulas de poder de los diversos colectivos, asociaciones, partidos, movimientos sociales, escuelas, etc., ¿no exigen para mantener la uniformidad y el sometimiento, la servidumbre ciega a los discursos canónicos de uso interno de los mismos?
Esta es, no obstante, la historia misma de todo ser nacido en el seno de una trama y estructura simbólica, por ejemplo la de la familia. Que vivirá en los primeros tramos de su vida o perpetuamente atenazado por su “servidumbre” a los significantes que lo constituyeron. Otro destino tendrá, el sujeto que alcance la capacidad y posea la potencia crítica de separarse del discurso que lo funda. Aunque seguirá inmerso en el discurso social, sometido a los significantes del amo, y por tanto tendrá que renovar permanentemente su posición crítica y su deseo de distanciarse o emanciparse de los semblantes que le constituyen. Y esta transformación no es fácil de conquistarla si no es a través de un acto de ruptura con la conciencia de la servidumbre o a través de la decisión de atravesar la experiencia de confrontarse a su división subjetiva y alcanzar su diferencia absoluta, la de su ideal y el goce que lo esclaviza.
Y continúa el texto: “Con este consentimiento, con esta servidumbre, dejamos de lado lo incomparable de cada uno y pasamos a formar parte de esa masa evaluada. ¿Qué consecuencias tiene esto para los sujetos?: el propio rechazo de sí mismos, un empuje destructivo, al considerarse menos que los otros y, por lo tanto, merecedores de sufrir las consecuencias de este “déficit”. Vemos así proliferar los estados depresivos, angustiosos... las adicciones”.
Nosotros añadimos que esto es lo mismo que decir que la Depresión y la Angustia y las Adicciones tienen que ver con la baja de la “autoestima” o la “heteroestima”, que al fin y al cabo son lo mismo. Se está soslayando la función que cumplen en estos estados del ánimo, la pérdida, la culpa, cuando no el retorno desde lo real del filo mortal del lenguaje o la identificación del sujeto al objeto de desecho, al kakon, al objeto indigno en el caso de las melancolías o la depresión psicótica.
Y sigue Mercedes-“Pero también, esto explicaría la sorprendente docilidad con la que los ciudadanos aceptan este estado de cosas que los lleva a la impotencia frente a cualquier acción que pudieran acometer. Ya Étienne de la Boétie ponía en primer término esa servidumbre voluntaria, como lo único que en último término explicaría el éxito de cualquier tiranía”.
Consideramos que La Servidumbre sea voluntaria o involuntaria, es una posición del sujeto frente a los imperativos del Otro y no se desprende de dicha servidumbre nada mas y nada menos, que los efectos consciente o inconscientes del hecho estructural y ontológico de que el sujeto lo quiera o no es efecto del significante. Y en los casos en que la servidumbre a los imperativos del Otro sea ciega y totalmente acrítica devendrá la estulticia y el sometimiento sintomático del sujeto. Y en el caso de que la existencia del sujeto sea invadida de “sentido ominoso y generalizado de la realidad”, estará sumergiéndose en la paranoia en sus múltiples manifestaciones. Paranoia que es una doble forma de sometimiento y rebelión a los significantes del Otro y sus efectos de confinamiento.
Finalmente dice el texto: “Es este consentimiento del sujeto lo que en última instancia la hace posible. ¿Qué de lo propiamente subjetivo podría explicar esto? Con S. Freud y J. Lacan encontraremos respuestas a estas preguntas que se desplegarán en nuestro Foro. El psicoanálisis, por ocuparse de lo incomparable e inconmensurable de cada uno, permite a los sujetos reencontrarse con lo que les ha sido arrebatado, con lo imposible de evaluar”.
Por tanto -añadimos- que ese núcleo de innombrable e inconmensurable tenga que ser evaluado para que el sujeto sea nominado en su ser de analista y que pueda a su vez estar en condiciones de transmitir lo que fue su experiencia del inconsciente para los demás miembros de la escuela, implica, queramos o no, que la evaluación no renuncia. Y las servidumbres voluntarias o involuntarias tampoco.
Los analistas debemos estar advertidos continuamente en que dimensión de la servidumbre estamos situando nuestro acto, y nuestra pertenencia, asumiendo los efectos de una alienación a su vez dignificante y masificadora que en definitiva constituyen la conciencia de nuestra servidumbre voluntaria.
24 de Mayo de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 15, II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Guy Briole, Rosa Godínez, Antonia García Lozano, Concha Lechón.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
Los usos del plus de goce por parte del discurso capitalista, no son ajenos a la responsabilidad del discurso del psicoanálisis que nos concierne a los que participamos de este modo de lazo social.
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LA EVALUACIÓN Y PROTOCOLIZACIÓN DE LA SOCIEDAD
Guy Briole
El médico del siglo XXI debería interrogarse sobre el lugar que ocupa a veces con un cierto celo -en el seno de una sociedad contable- en la suerte que les espera a los improductivos, a los ancianos, a los otros marginalizados y, sin duda, a los enfermos.
El médico no se siente concernido por estos interrogantes. No entiende lo que se quiere de él. Ha puesto una doble capa de plomo sobre el sentido profundo de su acción: lo humano y la ciencia. El progreso es la palabra-amo, el de la ciencia que debe beneficiar al hombre. Sin embargo, la idealización del progreso, puesta al servicio de los estados gestores, produce un deslizamiento hacia lo inhumano y hacia la desfiguración de la sociedad a la que el progreso supuestamente debe aportar un suplemento de bienestar. En el contexto cientificista de la medicina actual, es flagrante que “la biología abandone la palabra por la cifra”(1) y que el médico no sea más que el instrumento de lo que él cree organizar. Ello se decide en otro lugar, en las esferas políticas que confían los proyectos de salud de sus poblaciones a manos de estadistas, de economistas y de físicos. En Francia es el CEA (Comisariado para la Energía Atómica) quien prepara el hombre de mañana con los proyectos NeuroSpin y Clinatec y que se quiere en la avanzadilla de la nueva medicina, en particular la de los protocolos (2).
La medicina protocolizada y la evaluación
Los protocolos entran en el campo de la regularización social por una codificación de las relaciones entre las personas de un mismo grupo y también entre diferentes grupos sociales, e incluso entre los estados.
La palabra protocolo ha aparecido de modo tardío en el vocabulario médico, primero en el campo de la cirugía -el protocolo quirúrgico- se extendió después a otras prácticas, particularmente a la oncología. Se trata de una serie de actos fijados previamente y que se deben aplicar en el tratamiento y el seguimiento de un enfermo. Un protocolo se aplica en función de criterios diagnósticos agrupados para formar categorías de grupos de pacientes. Es el método estadístico que valida la elección del tratamiento. El protocolo incluye la modalidad de la prescripción, la elección del o de los medicamentos, la duración del tratamiento, los criterios evolutivos y las normas de la cura.
La medicina protocolizada es la consecuencia misma de la evaluación cuando el enfermo sólo es considerado según lo que cuesta y según lo que se puede obtener de él considerándolo como un objeto de experiencia.
La medicina se queda como un gran campo experimental. Esto se verifica en todos los momentos difíciles de la historia y cuando la ética no está de acuerdo con la práctica. El protocolo es el otro nombre de la experimentación. La protocolización de la medicina produce esta ruptura brutal de la transferencia con el médico en beneficio de la medicina de masas. El protocolo está hecho para aplicar a las masas.
La sociedad compasiva
La compasión es el sentimiento que lleva a compartir el sufrimiento del otro. Se trata de un sentimiento noble pero expuesto a todas las ambivalencias: compasión pública versus condescendencia privada.
En su uso social la compasión trae una pasión por la igualdad que lleva a desviarse de una “política de las singularidades”(3) y conduce a una política de masas. Así, la universalización de la compasión necesita un tratamiento de las masas para contener una demanda infinita e indiscriminada.
En una sociedad en que la compasión se erige como modelo general, se llega a una protocolización de las relaciones con la queja, con la falta. A aquél que se queje de una dificultad se le opondrá un malestar mayor, y a aquél que tiene un trabajo y protesta de las condiciones en que lo ejerce se le propondrá la compasión por aquellos ¡que no tienen trabajo! Al parado se le ofrece la compasión de los psiquiatras adornada con algunos antidepresivos y ansiolíticos.
La protocolozación es, a nivel social, pasar de la reivindicación legítima a la aceptación compasiva. Es decir, renunciar al propio deseo a través de la identificación con la desgracia de los otros.
Es quizás también renunciar al deseo a causa de sentirse invadido por la culpa de estar a cargo de los otros, de estar ya marcado por un rechazo contable. Al mismo tiempo, uno puede felicitarse por el aumento de la esperanza de vida, como uno de los triunfos de la medicina, y de exponer precisamente el coste social de este progreso. La misma persona se cuenta a la vez en las buenas cifras del progreso y es estigmatizada en las malas del sobrecoste.
He aquí reavivada una cuestión sobre su propia existencia; la pregunta de Ché voi? Retomada bajo la forma de “¿Para quién cuento todavía?” Es otro quien saca cuentas. El rechazo conduce a la aceptación de retirarse del mundo, es decir a anticiparlo. Existir para alguien es rápidamente soluble en una contabilidad del dinero familiar o público. A esto, es necesario añadir la falta de tiempo que cada cual puede consagrar a aquellos que están en una situación difícil. El mundo avanza inexorablemente dejando en la cuneta a una cohorte de excluidos.
Genetistas, biólogos, comportamentalistas, ingenieros en nanotecnología, reguladores de las señales de información, neurocirujanos, economistas, políticos, todos se afanan en reordenar el sufrimiento somático y psíquico en una protocolización hecha en nombre del coste de la sanidad pública y del ¡interés general!
Bienestar versus deseo
El protocolo como evaluación induce una mortificación de la vida y precipita al deseo al lecho de muerte. Las consecuencias son inmediatas para los pacientes pero, más allá, alcanzan -incluso si no se sabe todavía- a los practicantes del protocolo, a los miembros del “cuerpo médico”. Este cuerpo está enfermo de la melancolía que lo habita, de ser el cuerpo caído destinado a convertirse en el que aplica lo que se decide en otra parte. El esfuerzo más grande que hacen los médicos –para no perder totalmente su credibilidad– es, en el mejor de los casos, intentar justificar la elección de los medicamentos por la ciencia o, en el peor, participar en la coerción de los cuerpos. Se convierten en comerciales del cientificismo, esclavos de la industria farmacéutica y de la voluntad de control social de las políticas.
La protocolización genera este nuevo malestar que surge en el punto de falta de compromiso personal del médico. Son las encuestas de satisfacción, los índices de éxito, las curvas evaluativas, las que palían esta falta de compromiso. El “dígame, doctor” ha perdido su sentido. No tienen ya nada que decir y no se sienten ya comprometidos por su palabra. El protocolo validado es lo único que les queda de palabra en su relación con el otro. Ellos mismos son evaluados.
El psicoanalista se interroga, también, para saber qué hace con su palabra. Está concernido por lo que pasa en la sociedad en la que se desplaza, donde ejerce su práctica. No es extraterritorial. Sin embargo, aunque es uno entre los otros, se distingue por no ser como los otros por el lugar que le confiere la manera que tienen los otros de dirigirse a él y, por su parte, por la singularidad con la que responde.
El psicoanalista, a causa de su recorrido analítico personal, sabe lo que de la palabra supone un compromiso en su relación con los pacientes, en el uno por uno de su escucha.
Hablar se distingue de ser el portavoz de los “datos científicos”. El psicoanalista sostiene su palabra allí donde aquellos que se refieren al discurso de la ciencia sostienen “el estado actual de los conocimientos” que respondería a todos los modos de goce modernos.
El discurso psicoanalítico es el que puede introducir un corte en los modos de goce modernos. Este corte se sitúa en oposición a lo normativo; es contingente en relación a los tropiezos del deseo. En este sentido el acto del analista escapa a la randomización de lo reproducible. Así, si uno de los criterios científicos de la evaluación es “la experimentación reproducible y cuantificable”, el psicoanálisis constituye una excepción radical. Es refractario al protocolo. Ello no lo descualifica en nada; lo deja abierto al deseo.
Traducido por Neus Carbonell
Referencias
1-. Steiner G., Langage et silence. Paris, Les belles lettres, 2010, p. 25.
2-. Briole G., Bioquímica no Lacaniana, in : Las ciencias inhumanas, Madrid, Gredos, 2009, p.131.
3-. Torres Mora J. A., La politique des particularités, in : Psychanalystes en pise directe sur le social, Mental, n°20, février 2008, p. 178.
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UNA CUESTIÓN DE ELECCIÓN
Rosa Godínez
En el marco que nos mueve a manifestar y denunciar lo que la evaluación silencia promovido por este II Foro, quiero decir lo que el término servidumbre(s) voluntaria(s)” me ha hecho trabajar hasta el momento.
Recurro a la semántica para verificar el significado de los términos en juego y tratar el sentido, que me despierta dicho enunciado, que surge para mí de la conexión entre el significante y la práctica.
La servidumbre, según la acepción en el Diccionario del uso del español, María Moliner, apunta a: obligación y dependencia que se encuentra pesada. Este punto me hace pensar en las políticas actuales que inciden en el tejido social y en la renombrada salud mental. El enfoque empresarial que hoy prevalece apuesta por planificar y programar servicios y recursos sanitarios para enfermos mentales con la intención de que saneen e higienicen sus trastornos al mejor precio para el amo: el silencio del decir del sujeto. Esto, sin duda, tiene un coste pesado para todos.
Si a esto añadimos el calificativo “voluntaria”, lo dictado por la voluntad, me cuestiona lo que hay de intencionado o de intención en la respuesta de servidumbre, en hacerse siervo, cuando no servil, del discurso imperante. Un discurso que contempla el individuo como objeto a evaluar, corregir, sancionar o sanar, expulsándolo fuera incluso de territorios marginales, guetos, cuando el sujeto no se somete al protocolo de evaluación y de control impuesto para la ocasión.
Lo voluntario pues remite a la voluntad que es materia del yo, siempre del orden de las buenas o las malas intenciones. Nada más incierto y engañoso. Para Lacan el yo es un objeto y tiene una función imaginaria: “un objeto particular en el interior de la experiencia del sujeto”(1). Entre el yo y el inconsciente “hay (una) diferencia radical”(2). El sujeto del inconsciente es nadie, descompuesto y fragmentado; lo cual nada tiene que ver con la fragmentación y parcialización que pretende el discurso de los especialistas al servicio de la política reglamentista actual. Desde aquí, se ve y se trata al hombre o al niño como trozos de cuerpo enfermo que hay que medir y medicar; haciendo callar o ahogando en el sujeto la manifestación de la causa psíquica, del síntoma.
Éste es el caso del padre de un niño que atiendo. En una entrevista reciente vociferó su superyó: Se enrabió en una suerte de identificación brutal a los significantes amos que corren hoy por las instituciones médicas y/o psicológicas absorbidas por el Ideal del control de la cognición y de la conducta. No todo tiene que ver con la posición subjetiva de este hombre, pues en él habla también el lenguaje de los tecnócratas al servicio de la ciencia.
Me pedía que le escribiera un informe con pautas y arrojaba su impotencia en su rechazo ante la manera de trabajar los desórdenes del hijo a partir de la escucha. Quería pruebas objetivas. En el supuesto que ahí podía despuntar una demanda bajo la angustia: las pautas, le dije que eso lo podíamos hablar (como en otras ocasiones). El niño en esta escena en que el padre manifestaba su enojo contra el psicoanálisis aplicado a la institución dijo: Papa, papa…, no ves que estoy contento…, que hace días que duermo bien porque ya no tengo esos sueños horribles… Además ya sabes que el cole me va ahora bien. El padre no escuchaba, pero el analista sí.
Miré al niño moviéndose inquieto ante la obcecación del padre que atentaba contra el amor de transferencia. Despedí al padre, des-alojándolo de la consulta, dando dos citas: una para el hijo y otra para él para hablar, no respondiendo a lo que me exigía. Desde luego, puedo decir que en esta escena no intervine desde la voluntad. Pero quedó en mí algo demasiado pesado.
El ejemplo me sirve no para tratar aquí la clínica de este hombre ni la de su hijo, sino para decir acerca de la respuesta, de la posición a tomar del psicoanalista frente a la indecencia del discurso actual.
La pregunta entonces ¿qué respuestas, qué acciones, qué operaciones analíticas orientan al psicoanalista en la institución para no entrar en un juego de sometimiento a las políticas actuales que trabajan por y para el poder y no, por supuesto, para los ciudadanos, y menos aún para el sujeto? Se trata pues de una elección. Una elección, por una parte, que atañe a la institución y, por otra, una elección particular del trabajador en ella. Por tanto, para el psicoanalista no se trata de voluntad, se trata de su deseo. Pues, en palabras de Lacan: “Las resistencias tienen su sede en el yo. Lo que pertenece al yo es eso que a veces denomino la suma de los prejuicios que implica todo saber y que cada uno de nosotros individualmente arrastra”. (3)
Se trata, en definitiva, de una cuestión de elección, es decir, de deseo y de goce, si queremos responder a la subversión que el psicoanálisis propone. Es decir, gozar de nuestro trabajo tomando la distancia posible de las presiones y empujes sociales e institucionales, si eso es posible.
Por ello decía recientemente en la CdC, en el espacio de trabajo hacia PIPOL 5, que me preocupaba aún más que la deriva del Otro, la nuestra. Esto es, cuando podemos identificarnos o ceder (dado que corremos ese riesgo en todo momento) frente a aquellos significantes en tanto nombres del discurso del otro que asientan una realidad: salud mental, programación, eficacia, eficiencia, evidencia… Esta pendiente requiere de un freno continuo. Una vía, entre otras, es poder decirlo, escribirlo, pasarlo.
Referencias
1-J. Lacan, Seminario 2, El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica”, Paidós, 1978, p.73
2- Ibid,p.96
3- Ibid,p.68.
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Bibliografía razonada
DEL NIÑO PROGRAMADO, AL HOMBRE SIN CUALIDADES
Antonia García Lozano
A propósito del texto de Miller sobre el hombre sin cualidades, se me ocurre el siguiente comentario: el modo actual de gestionar la salud mental de los ciudadanos, se rige por protocolos con los que se evalúa tanto a usuarios, como a profesionales de la sanidad. En la actualidad no se hace política sanitaria, se gestiona y desde ahí, todos somos cuantificables.
Sometidos a controles de calidad para demostrar que son dignos de confianza, se establece la lógica de la demostración de un saber anónimo e impersonal.
El criterio que predomina es el de “ADAPTACIÓN”, hay que adaptarse!, como imperativo superyoico y el que no se adapta es porque padece un “trastorno” que deberá ser evaluado, para aplicarle el programa que corresponda.
Según Miller: la salud mental es el ideal de un sujeto para el que lo real cesaría de ser insoportable. Cuando se parte de esto no se encuentran mas que trastornos mentales, disfuncionamientos. Es preciso que la lengua, la nuestra, no se deje ganar por el sintagma de trastorno mental. El concepto de trastorno mental lleva implícito el concepto de salud mental y ha deshecho las soberbias entidades nosológicas heredadas de la clínica clásica. El trastorno mental es una unidad, es algo que puede cernirse, ubicarse con el método de las casillas.
Se trata de la imposible ambición de que el saber domine al goce. El resultado que se espera de este dominio, está encarnado en los cuestionarios de salud mental.
En lo que se refiere a la salud mental infantil, se niega la posibilidad de que el niño haga su propia invención, se les somete a una evaluación exhaustiva a base de test psicométricos y pruebas diagnósticas para clasificarlos en categorías. Detrás de las siglas TGD aparecen sujetos que desde muy temprana edad (2/3 años) son catalogados como autistas. A estos niños se les aplica técnicas de adiestramiento, que producen niños robotizados, fruto de un aprendizaje mecánico y estereotipado.
Cuando se trata de TDAH, la etiqueta conlleva el fármaco, tanto padres como educadores, lo piden como “solución al problema”, aunque no exista causa orgánica que lo justifique.
Los etiquetados como ASPERGER son los sujetos sometidos a todo tipo de programas: Programa de apoyo cognitivo-verbal, programa de estimulación neurocognitiva, programa cognitivo-conductual, programa de habilidades sociales y escolares, programa de incremento léxico, programa de sintaxis, programa de morfología y programa familiar. Estas son las recomendaciones que prescribe un equipo especializado en TMG (trastorno mental grave).
En la medida que la ideología de la evaluación se ejerce potenciando la uniformidad, el para todos, hay cierto disforme que tiende a manifestarse en la clínica y que estaría ligado a lo que se llama progreso. El resultado del progreso se revela en las clasificaciones diagnosticas, que segrega a los sujetos que no se ajustan al patrón de conducta de “normalidad”. Son sujetos excluidos de la comunidad escolar.
La metamorfosis de la ciencia en técnica, como dice J. Alemán, genera la alianza entre neurociencias, cognitivismo e industria farmacológica tratando de eliminar la palabra, eso que hace de cada uno, un sujeto incomparable.
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REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA: Freudiana 45. LA ERA DEL HOMBRE SIN CUALIDADES (Jacques-Alain Miller).
SERVIDUMBRES IMAGINARIAS
Concha Lechón
Los sufrimientos de la neurosis y de la psicosis son para nosotros la escuela de las pasiones del alma, del mismo modo que el fiel de la balanza psicoanalítica, cuando calculamos la inclinación de la amenaza sobre comunidades enteras, nos da el índice de amortización de las pasiones de la civitas.
En ese punto de juntura de la naturaleza con la cultura que la antropología de nuestros días escruta obstinadamente, sólo el psicoanálisis reconoce ese nudo de servidumbre imaginaria que el amor debe siempre volver a deshacer o cortar de tajo. Jacques Lacan(1)
Este breve extracto, rico en referencias y orientaciones, me ha sugerido algunas reflexiones.
Lacan rescata como pasiones del ser(2): el amor, el odio y la ignorancia. Sabemos de las nefastas consecuencias cuando predomina la alianza entre odio e ignorancia. La solución que da Lacan, por el amor, ante el nudo de la servidumbre imaginaria, está en la misma dirección, a mi entender, que la orientación que da Eric Laurent al final de la entrevista publicada en este Boletín, un amor que proteja del goce, en solidaridad con él: un nuevo amor es lo que nos queda para mantener a distancia el imperativo de goce sea cual sea la forma con la cual se presenta.(3)
Freud dedicó un capítulo a Los vasallajes del yo, definiendo el yo como una pobre cosa sometida a tres servidumbres: el mundo exterior, la libido del ello y la severidad del superyó, (4) sometido a la pulsión y al superyó, al imperativo de gozar.
El psicoanálisis es una praxis que da la posibilidad de tratar lo real por lo simbólico (5). Es decir, tratar las modalidades de goce y encontrar formas más “civilizadas” de habitar la pulsión; por esto me parece que debe hacerse escuchar.
La escalada de la escrutación, obstinada en la era de la globalización por su pasión por la cifra, intenta borrar lo más particular de cada quien, lo que le empuja a hacerse notar de otro modo, a veces con estruendos.
La cifra con la que se pretende evaluar aplasta la subjetividad, en palabras de Jacques Alain Miller: El evaluado es radicalmente y de entrada un devaluado. (6)
Un muchachito se mostraba contento por haber obtenido una puntuación de 3 en un examen (en un baremo de 0 a 10) alegaba: “¡Tres es más que cero!”, podemos pensar que estaba contento por no haber sido aplastado por la nulidad del cero.
Referencias
(1). Lacan, J. El estadio del espejo como formador de la función del yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Escritos 1. Siglo XXI editores. 1987. p. 92 - 93
(2). Lacan, J La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2. Siglo XXI editores.1988. p. 607
(3). Laurent, E. A-foro Nº 3. 24 de Marzo 2011
(4). Freud, S. El yo y el ello. Amorrortu editores, Buenos Aires. 1986. Vol. XIX. p. 56
(5). Lacan, J. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Piados. Buenos Aires, 1989. p. 14
(6). Miller, J.A. Curso del 16 de Enero de 2008
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Correcciones
Jesús Sebastián, autor del texto titulado Actualidad de La Boétie o una nueva forma de la tiranía: la gestión de la calidad me ha remitido la corrección que seguidamente incluyo.
Estimada Paloma, por si te parece de interés publicarla, adjunto esta corrección a un error que he detectado en el breve texto que remití y aparece publicado en A-Foro 14: en la cita que hago del texto de La Boetie doy como referencia la edición de Tecnos, pero el texto que cito lo había tomado de una de las muchas páginas de internet en las que se publica el texto, en concreto de: http://www.mundolibertario.org/archivos/documentos/tiennedelaBotie_discursosobrelaservidumbrevoluntaria.pdf (páginas 7, 14 y15).
La cita correspondiente a la edición de Tecnos, Madrid 2010, presenta una traducción más depurada y es la siguiente:
“Es increíble ver cómo el pueblo, desde que se le ha sojuzgado, cae pronto en un olvido tan profundo de su libertad que ya le es imposible despertar para reconquistarla: sirve tan gustosamente y tan bien que, al verlo, se diría que no sólo ha perdido su libertad, sino además ganado su servidumbre”. El joven Etienne lo entiende así: “Y voy ahora a un punto que es, según creo, el resorte y el secreto de la dominación, el apoyo y el fundamento de la tiranía. Aquel que piense que las alabardas, los policías y las rondas nocturnas afianzan a los tiranos, se equivoca grandemente… Y quien quiera seguir el hilo verá que no seis mil, sino cien mil, y aun millones, tienen con ellos al tirano por la cadena ininterrumpida que los une y liga a él,… En suma, por las ganancias y los favores que se reciben de los tiranos, se llega al punto que resulten casi tan numerosos los hombres a los cuales les aprovecha la tiranía, como los hombres que desean la libertad. Así es como el tirano avasalla a sus súbditos, a unos mediante los otros” (páginas 43, 85, 87, 89 y 91).
23 de Mayo de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 14, II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Juan Carlos Tazedjián, Miquel Bassols, Iñaki Viar, Jesús Sebastián.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
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PRESENTACIÓN
Paloma Blanco Díaz
A-Forismo: La evaluación silencia la diferencia absoluta que cifra de la singularidad del sujeto, esa magnitud sin medida inabordable por la cuantificación.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante y te invito a participar también en él tomando la palabra, enviando tus comentarios, reflexiones, observaciones o materiales que consideres de interés en relación al tema que nos ocupa a montblanc@cop.es
Si deseas suscribirte al boletín on-line A-FORO, puedes darte de alta en olga.monton.al@gmail.com
Igualmente quedas invitado a visitar nuestro blog: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ y a hacerte amigo en Facebook de
Servidumbres Voluntarias.
¡Buena lectura!
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LA DIFERENCIA ABSOLUTA
Juan Carlos Tazedjián
En un dossier sobre los 35 años del golpe militar en Argentina, aparecido en el periódico Página 12 de hoy, el columnista Pablo Feimann, publica un artículo al que titula La negatividad absoluta, del que extraigo el siguiente párrafo:
“Los números de muertos serán distintos. Pero, ¿desde cuándo importan las estadísticas cuando hablamos de seres humanos? Un secretario de Cultura que puso la actual administración de la Ciudad de Buenos Aires dijo la siguiente atrocidad: ‘En Europa diez mil muertos no son nada’. Esa cifra le había destinado a los desaparecidos de la Argentina, la comparaba con las de los judíos, las de los armenios, las de los camboyanos y concluía: ¿qué son diez mil muertos? ¿Qué es un muerto? Para el que muere es todo. Es la negatividad absoluta. No hay que transformar la vida en una estadística. Cada ser que muere es un absoluto. De ahí esa notable reflexión: no mataron seis millones de judíos. Mataron a uno seis millones de veces. No mataron treinta mil argentinos (todos inocentes, ya que ninguno fue juzgado): mataron a uno treinta mil veces.”
Toda evaluación -casi siempre apoyada en estadísticas- silencia el uno por uno, el cada uno con su diferencia absoluta. Y la famosa Ley de Obediencia Debida, por la que no sólo no se indultó sino que ni siquiera se juzgó a miles de torturadores y asesinos, silenció la servidumbre voluntaria a la que cada uno de ellos se sometió. “Obediencia”, otro de los nombres de esa esclavitud.
http://www.pagina12.com.ar/diario/especiales/subnotas/164788-52695-2011-03-24.html
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PARADOJAS DE LA “GESTIÓN” DE LA SALUD MENTAL
Miquel Bassols
“Gestión”: este es el término que se ha ido extendiendo subrepticiamente desde el mundo empresarial a los ámbitos más diversos de la vida cotidiana. Se habla de gestión de los recursos, de gestión de proyectos, pero también de gestión del conocimiento, de gestión del ambiente y de la cultura, de gestión de la vida familiar. Igualmente se utiliza la expresión “gestión clínica y sanitaria” para designar la acción en las políticas de la salud. Y también se escuchan cada vez más expresiones como la “gestión psicológica de la angustia”, “gestión de la vida sexual”, de las relaciones interpersonales… Decididamente, “gestión” es hoy uno de los significantes-amo de nuestra realidad, el significante que gobierna la política que interpreta y a la vez produce la significación de esa realidad.
“Gestión” es el significante de lo que debe andar y funcionar según la norma más o menos estadística, la norma con la que se interpreta lo “normal” y que reduce así la singularidad de cada sujeto a la medida que se aparta de ella. La política reducida a la gestión necesita, como si fuera su mejor instrumento, la lógica de la evaluación continuada para justificar su eficacia. Pero la evaluación no es, en realidad, un instrumento, un método de aspecto más o menos científico al servicio de la política reducida a la gestión, sino su ideología más espontánea, tan espontánea que se da por sentada su validez en un acuerdo tácito entre políticos y asesores expertos. La pareja gestión–evaluación se ha convertido así en el recurso mayor frente a los impasses que lo real del síntoma presenta al discurso del Amo.
Este recurso se hace especialmente acuciante y sintomático cuando se trata del ámbito de actuación en las políticas de Salud Mental: cuanto más se “gestionan” recursos y personas en pie de igualdad, más el síntoma se hace escurridizo en su singularidad.
Así nos lo muestra de manera tan franca como opaca a esta lógica el documento publicado el año 2007 por el Ministerio de Salud español, titulado Estrategia en Salud Mental del Sistema Nacional de Salud. El documento traza un recorrido de las políticas de salud mental en España desde 1985, momento en que se elaboró el Informe de la Comisión Ministerial para la Reforma Psiquiátrica, para marcar después las directrices actuales a seguir en el marco europeo.
Sorprende en primer lugar que la autoridad del documento diga sostenerse en una supuesta “unanimidad” de las opiniones de los diferentes sectores y orientaciones implicados en los programas de Salud Mental: “Unanimidad, evaluación y realismo (…) La fuerza de este planteamiento no está en su parte técnica o científica, que también, sino sobre todo en la autoridad que le confiere reflejar una opinión unánimemente compartida. La psiquiatría y la psicología, antaño lastradas por la especulación y la ideología, son ahora materias que basan sus planteamientos en la experiencia y en el método científico” (p. 18). A decir verdad, en este campo hay de todo menos unanimidad, empezando por la propia consideración epistemológica de calificar de científica a la psiquiatría y la psicología actuales, siguiendo por las concepciones clínicas tratadas (sobre la esquizofrenia, los estados depresivos o sobre la misma angustia) y terminando por los modos propuestos para su tratamiento.
Digámoslo sin reparos: es precisamente la falta de unanimidad, la diversidad de orientaciones y perspectivas, lo que hace más productiva y finalmente más democrática la realidad de un campo en el que no hay posibilidad de homogenización ni de perspectiva única. Y es resguardando la posibilidad de esta diversidad, especialmente de la diversidad de tratamientos, como se resguarda a la vez el derecho permanente del sujeto a la elección.
¿Cómo podría haber unanimidad, por ejemplo, ante el supuesto ideológico tan gigantesco implicado en el siguiente enunciado cuando es planteado como principio de una política: “Hay datos que revelan una relación estrecha entre el capital social de una comunidad y la salud mental de sus miembros” (p. 20)? La referencia a la recogida empírica de esos “datos” como argumento de cientificidad parecerá pura ironía a un pensamiento mínimamente crítico. Hay quien podría sostener incluso la relación inversa entre estas dos nociones, imposibles de cuantificar por otra parte: a mayor “capital” libidinal acumulado por el sujeto, mayor trastorno y segregación se produce en su vínculo con el Otro social. Un caso de paranoia podría demostrarnos, sin lugar a dudas, tanta verdad científica en esta correlación como en la anterior.
La metáfora económica del “capital social” como signo de buena salud lleva, en efecto, a paradojas insolubles en la defensa ideológica de la “gestión y evaluación de la salud mental”. Entre ellas, la que tiene el mayor interés clínico desde el psicoanálisis: cuanto más se “gestionan” recursos y personas con el criterio prioritario de la eficacia a corto plazo, más el síntoma se hace escurridizo en su singularidad, más retorna de manera insidiosa como segregado por el sistema, más este retorno repetido exige al sistema nuevos recursos. De hecho, el documento mismo no deja de señalar esta paradoja cuando da cuenta de la inflación de recursos cada vez mayor que debe soportar el sistema, denunciando de hecho lo mismo que promueve: “El gasto sanitario ha crecido de forma importante en las últimas décadas. Con el fin de controlarlo, las Administraciones sanitarias han adoptado criterios de gestión empresarial y de mercado, con el riesgo de anteponer la economía a cualquier otra consideración” (p. 30).
Hay que recurrir entonces a otros principios y valores que los económicos, a otras variables que la eficacia y la rentabilidad a corto plazo. ¿Cuáles? Los que la propia ideología de la evaluación promueve como signos de salud mental. La llamada “resiliencia” en primer lugar (p. 75), término técnico con el que hoy se designa el fin último de una terapéutica que promueva esa idea de salud, lo que hace unas décadas se definía de manera más simple como fin de las terapias de modificación de la conducta y que llegó también a una versión degradada del psicoanálisis: adaptación a la realidad. Pero el movimiento circular de la paradoja de la gestión y la evaluación de la salud mental encuentra de nuevo su significación economicista a la hora de justificar su promoción: “La salud mental es un valor por sí mismo: contribuye a la salud general, al bienestar individual y colectivo y a la calidad de vida; contribuye a la sociedad y a la economía incrementando el mejor funcionamiento social, la productividad y el capital social” (p. 74). Es lo que se da en llamar “salud mental positiva” para distinguirla, en una nueva perspectiva, de la que se centraría en el mero tratamiento de los “trastornos mentales”.
En esta nueva perspectiva, la salud, y especialmente la que se califica de mental, no es ya el “silencio de los órganos” con las que el clasicismo de un Claude Bernard la definió, sino un claro objeto de mercado, un plus que, como indicaba Jacques Lacan a propósito de la felicidad, se ha convertido en factor de la política.
Notas:
(1) Para dar sólo una referencia, de corte tan “científico” como las que se incluyen en el documento, ver: Germán Berríos, Psicopatología descriptiva. Nuevas tendencias, Ed. Trotta, Madrid 2000, así como las recientes críticas de este autor a los métodos de la Evidence Based Medicine.
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Hace unos días acudí a un taller mecánico para reparar una pequeña avería en mi coche. Me la arreglaron, pagué y me fui. Estaba yo contento por haber resuelto ese ligero contratiempo cuando recibí una llamada telefónica:
“¿Es usted el Sr. Iñaki Viar?”. Contesté afirmativamente.
“¿Tendría la amabilidad de responder a unas preguntas? Se trata de una encuesta sobre el arreglo de su coche, con el fin de mejorar el servicio”. De acuerdo también. Y ahí empezaron las preguntas de la encuesta:
“¿Respecto al tiempo empleado para el arreglo está usted: muy satisfecho, bastante satisfecho, poco satisfecho, nada satisfecho? Contésteme con una de las opciones que le planteo”.
Contesté que “muy satisfecho”. Y siguieron más preguntas sobre el resultado, las explicaciones, la atención, etc. Tras cada pregunta la voz me repetía las cuatro opciones: Muy… Bastante… Poco… Nada…
Por abreviar el tedio, y sin mayores objeciones sobre el objeto de la llamada, para acabar cuanto antes contesté mecánicamente la primera respuesta: “Que muy…”
La voz añadió unas precisiones sobre que mis respuestas se mantendrían anónimas y nos se haría ningún otro uso de las mismas. A lo que contesté, ya algo hastiado, que me daba igual el uso que hicieran de ellas.
Por fin acabada la conversación, me pregunté -esta vez yo mismo- por la razón de mi desagrado. Caí en la cuenta de que no había sido una conversación, que sólo había podido responder con sus respuestas, como un loro, y que no había podido añadir ninguna otra cosa que se me ocurriera. Como, por ejemplo, que me había parecido algo caro el arreglo. Y, para rematarlo, aquella insinuación sobre el anonimato y el uso de mis repuestas…, como si hubiese lugar a que uno respondiera algo indebido.
Lo que me desagradaba es que habían obtenido mi consentimiento para el procedimiento. En nombre de grandes ideales de Buen Servicio, Eficiencia, Colaboración…, en nombre, pretendidamente, de la Ciencia. Si te niegas a participar es como si fueras en contra de todo ello. Uno es tomado por sorpresa y para cuando se percata ya está evaluado como consumidor. O ha colaborado en la evaluación de otros: del taller mecánico, del propio encuestador telefónico, etc. Pues bien, yo ya era un ser evaluado; pertenecería en adelante al conjunto de seres evaluados.
Es éste el paradigma de la evaluación: Aplicación de la matemática a la subjetividad, cuantificación del vínculo social, tal es su pretensión. Para ello imprescindible es el consentimiento. “La sumisión es consentida” escribió Étienne de la Boétie. Es lo que le da la apariencia de legitimidad.
Si bien parece una anécdota trivial que sucede a las personas todos los días, no hay más que trasladarla a los múltiples lugares donde se reproduce: trabajadores y empleados en sus empresas, usuarios y profesionales de diversos servicios, para constatar el alcance social de sus efectos. En mi caso se trataba de una empresa privada, pero si es el poder político, el Estado a través de sus diversas agencias, quien nos encuesta, entonces estamos ya en el procedimiento evaluador que se extiende a lo largo y ancho de nuestra sociedad.
Esa reducción a la cantidad es una apisonadora de los sujetos, de sus historias, de los vínculos sociales. Todo se reduce, se aplana. El enemigo es la singularidad. Lo inaceptable es lo particular. La evaluación propone cuantificación contra enunciación. Cuenta todo para descontar al sujeto. Que solamente le queden las palabras del Otro.
Es una cuestión de masas. De masas medidas y pesadas, utilizables en la ingeniería social, cuyo máximo enemigo es el deseo. Y es que el deseo fastidia los parámetros con cuyo manejo la burocracia aspira a perpetuarse para, sobre todo, seguir evaluando. La evaluación crea la necesidad de más evaluación. Es altamente adictiva. Por tanto un fin en sí misma. Repetición infinita, goce del evaluador y del sumiso evaluado. Pero siempre en nombre de ideales propuestos por los medios de comunicación y los políticos como el Bien Común. Como si extrajeran el máximo común divisor de los ciudadanos y así obtuvieran la definición de sus deseos. Lo que sí es cierto es que la evaluación divide al sujeto ciudadano. Le empuja a la renuncia de su modo propio, desprecia su juicio íntimo que queda aprisionado por las cadenas de ítems.
Dice Jacques-Alain Miller, en “Desea usted ser evaluado”, que “la evaluación significa conectar el goce único, goce siempre solitario y autista del sujeto con el Otro, el gran Otro, el Otro universal del significante que es el lugar donde se realiza el ciframiento”.
Una pesadilla orwelliana se dibuja en el horizonte social y político: el Big Brother sabe muy bien lo que te conviene. Lo tiene todo medido, pesado, calculado. Es el ciudadano que no acepta someterse el que se hace daño a sí mismo. El asocial que no quiere el bien para todos. Mal asunto para él. Deberá, quizá el poder salvarlo de sí mismo. Esta perspectiva totalitaria es frecuente en la literatura de ciencia ficción. Es la sugerida por el avance científico que destila su ideología fundamentalista de que la ciencia es el único camino para un futuro mejor. Es la atribución a la ciencia y a la técnica de ese poder único para proporcionarnos la felicidad lo que desprende ese aire siniestro que refleja esa literatura. La evaluación también es hija del cientifismo. Nos ofrece contabilizar el goce a cambio de nuestra libertad de elegir. No entiende la clase evaluadora que la libertad de elegir es nuestra responsabilidad en la clínica. Jamás entenderían el consejo freudiano de recibir al paciente como si fuera el primero.
En el psicoanálisis lacaniano tenemos ya un recorrido importante en la lucha contra la utilización indebida de las técnicas evaluadoras. Nuestra fuerza reside en que tratamos a los pacientes como únicos. Y no los comparamos. En que nunca abdicaremos de nuestro propio juicio, de nuestro criterio responsable. Cada uno en su lugar. Habrá que ceder, a veces, a los imperativos administrativos. Necesitamos una táctica política: ellos tienen el poder. Pero tenemos que mostrar nuestro rechazo, hacer prevalecer el discurso analítico sobre las vacuas generalidades y la estulticia de quienes nos propongan: “¿muy…bastante…poco…nada…?”.
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ACTUALIDAD DE LA BOÉTIE O UNA NUEVA FORMA DE LA TIRANÍA: LA GESTIÓN DE LA CALIDAD
Jesús Sebastián
1. La utilidad, la necesidad y la importancia de determinados procedimientos de verificación aplicados a los procesos de fabricación y producción, o al producto acabado, en el campo de la industria y en otros campos de la actividad humana, está fuera de duda. Por ejemplo, las determinaciones analíticas de microbiología, de materiales inorgánicos, etc., en los procesos de elaboración de determinados alimentos, son procedimientos imprescindibles para su viabilidad. Si se añade a esto el establecimiento de mecanismos de control que aseguren la aplicación regular de estos procedimientos, estamos describiendo un aspecto del control de la calidad aplicada a la industria de la alimentación.
Estos procedimientos pueden funcionar como control de la calidad del producto o de su proceso de producción, lo que no es en absoluto lo mismo. De hecho, solapar o escamotear esta diferencia entre producto y proceso de producción, es una manera frecuente de presentar las certificaciones de calidad.
La metodología de esos procedimientos de determinación microbiológica, pueden aplicarse sin problemas, por ejemplo, al control de la asepsia de un quirófano o del material quirúrgico de un hospital, pero si intentamos su aplicación a determinados ámbitos de la práctica sociosanitaria o educativa, resulta sencillamente imposible y, cuando se fuerza esta aplicación, el resultado es la impostura y el fraude. Un fraude descarado, conocido y consentido.
Porque, ¿cuál es el índice que, equivalente a ese que proporciona el análisis microbiológico, podríamos establecer para verificar qué, en la intervención de un psicólogo o un logopeda, en un servicio de atención a la infancia? En la práctica psicoanalítica tenemos alguna idea del espesor de la tarea y de su dificultad.
2. El forzamiento en la aplicación de la metodología propia del discurso del control de la calidad y sus certificaciones, a determinados procedimientos y metodologías de la intervención social, sanitaria y educativa intenta evitar esa imposibilidad y esa dificultad, esquivarla, trampearla. Desde el primer paso, que sería tratar la dificultad misma de establecer un punto de partida que aporte criterios y estándares para la evaluación.
Esta impostura tiene varias vertientes:
- Una primera, a la que ya hemos aludido, consiste en no explicitar y detallar claramente qué se certifica. En el campo de la intervención sociosanitaria, es frecuente que las acreditaciones o certificaciones de calidad se refieran exclusivamente a un procedimiento administrativo, o a una parte de un procedimiento administrativo, que además puede ser poco relevante en relación al objetivo o tarea asistencial de la organización. Pero las organizaciones y entidades que las ostentan no explicitan este detalle y las hacen valer como certificaciones que interesan a toda la actividad que desarrolla dicha organización. Este uso de las certificaciones de calidad está generalizado y consentido tanto por las agencias evaluadoras y certificadoras, como por las autoridades implicadas en cada sector de actividad.
- Una segunda faceta de esta impostura se produce cuando esas certificaciones o acreditaciones funcionan, precisamente, evitando y esquivando la reflexión sobre la práctica que se realiza en dichas organizaciones: ¿qué hacen y cómo lo hacen, con cada uno de los sujetos que atienden? La certificación viene a ahorrar el esfuerzo de la exposición sistemática o del testimonio de su práctica, de cada profesional y con cada uno de los sujetos atendidos, caso por caso.
- Un tercer aspecto del fraude funciona cuando el discurso de la gestión de la calidad consigue sustituir, suplantar y relegar, en las organizaciones y en las empresas, el discurso propio de la lucha por las condiciones laborales y salariales. Este aspecto, impresionante por la participación y complicidad que supone de las organizaciones sindicales, está muy bien localizado y exhaustivamente tratado por un investigador del Centro de Investigación Socio-Técnica (CISOT) de Barcelona, organismo que forma parte del Centro de Investigaciones Estratégicas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT), del Ministerio de Ciencia e Innovación. Joaquín Navajas en su tesis doctoral presentada en 2003 en la Unidad de Psicología Social del Departamento de Psicología de la Salud y de Psicología Social de la Universidad Autónoma de Barcelona, analiza el proceso de instalación del discurso de la gestión de la calidad, “que inunda todos los poros de la vida social” como “un proceso de colonización de la subjetividad (1)”. Orienta su investigación a establecer una genealogía de este discurso, localizando y desvelando cómo el discurso de la gestión de la calidad promueve la emergencia y circulación de determinados significados del término calidad pero esconde y oculta arbitrariamente otros.
Este investigador define estos procedimientos de evaluación, que tienen lugar en las organizaciones bajo el rótulo de gestión de la calidad, como prácticas de dominación y de control de los trabajadores, “prácticas que sobrepasan el marco del management y configuran un discurso que contribuye a mercantilizar nuestro mundo social (...) Este discurso (…) se asienta sobre principios tan simples como ‘la calidad es cosa de todos’ (o la obligación inevitable de participar), ‘la mejora continua’ (o más precisamente definido, el principio de la mejora continua de la productividad en la organización, pero no de las condiciones laborales –o sociales- de los sujetos que la conforman), y el trabajo en equipo (o el principio de vigilar y controlar a los iguales)”(1).
3. Lo asombroso, y aquí la actualidad del texto de La Boétie, es contemplar cómo todo el mundo, desde los gestores en nuestras administraciones hasta los responsables de las organizaciones sociales, corre a ponerse en manos de estas agencias evaluadoras sin ninguna crítica. Al contrario, estamos a un paso de que haya que pasar un examen previo para conseguir ser admitidos a la evaluación. Como dijera La Boétie: “Apenas puede creerse la facilidad con que el vasallo olvida el don de la libertad, su apatía en recobrarla y la naturalidad con que se sujeta a la esclavitud, que se diría que no ha perdido su libertad sino ganado su esclavitud”. El joven Etienne lo entiende así: “Llego ahora a un punto que es, a mi parecer el principal secreto y resorte de la dominación, el más grande apoyo y fundamento de la tiranía. El que cree que las alabardas y los esbirros salvan a los tiranos, en mi concepto se equivoca grandemente (…) El que pretenda desenvolver esta madeja, verá que seis mil, y aún cien mil y millones, concurren de acuerdo, formando una cadena ininterrumpida que da fuerza al tirano, (…) no queda nadie sin participar del botín o por lo menos del reparto (...) Así, el tirano sojuzga a unos súbditos por medio de otros. También lo dice así: “En suma, los favores y beneficios que prodigan los tiranos se dirigen únicamente a aumentar el número de quienes consideran provechosa la tiranía, en términos que pueda rivalizar con el de los amantes de la Libertad”(2).
4. La verificación acerca de lo que es más conveniente y lo mejor, el interés por desentrañar cómo está hecho y por establecer cómo hacerlo correcta y pertinentemente, es un interés propio de la hechura de lo humano, tan propio como el rigor que conviene a semejante tarea, rigor que debe impedir tomar determinados atajos, en este caso el de pretender convertir nuestra práctica en las instituciones en un asunto de manual, bajo esta tendencia que Jacques Alain Miller retrata como la pasión norteamericana del “how to”: “cada cosa en el mundo, cada actividad en el mundo es susceptible de tener un “how to”, cómo hacerlo… Se puede tener un cómo conducir un automóvil, pero de allí a saber cómo conducirse con los hombres, con las mujeres, con los niños, con los astros, con sí mismo, con el cuerpo… Es la formalización generalizada”(3). El discurso de la gestión de la calidad toma en este plano una dimensión chabacana y chapucera, es decir, avanza a toda máquina. No es verdad que quiera saber, quiere imponerse. Otro frente, en realidad, el mismo.
Notas:
1. Joaquín Navajas. “De la calidad de vida laboral a la gestión de calidad. Una aproximación psicosocial a la calidad como práctica de sujeción y dominación”. (Tesis doctoral) páginas 12 y 434. El número de las páginas corresponde a la numeración del texto, diferente a la numeración del documento tal como se puede consultar en:
http://www.tdx.cat/TDX-0503104-143747
ne de la Boétie, Discurso de la servidumbre voluntaria. Editorial Tecnos. Madrid 2010.
3. Jacques-Alain Miller, Estructura, Desarrollo e Historia. GELBO, Santa Fé de Bogotá 1998, página 41.
«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



