El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

1 de Febrero de 2012

Crónica: El contexto educativo «tiene que adaptarse al autista». Ivan Ruíz (Barcelona)

00:26:00 , por jalvarez Spanish (ES)

El psicoanalista Iván Ruiz Acero afirma que el autismo es un tema tan complejo que, en el momento en el que se presenta una u otra alternativa -escuela ordinaria, escuela especial- «el fracaso está asegurado». Se necesita, a su juicio, una red de atención lo suficientemente compleja, rica y vasta como para que se pueda producir la movilidad de un lugar a otro. «Lo fundamental -subraya- es encontrar el contexto educativo que se adapte a las necesidades del niño. Es una cuestión que también corresponde a los políticos, hay que inventar soluciones para cada niño y cada adulto. En un momento como el actual, resulta profundamente difícil, pero es así. Generalizar es caer en un error porque el autismo es una posición radical ante el mundo y no se puede hacer un grupo de personas con una posición radical ante el mundo».

El psicoanálisis lacaniano, en el que se ha formado y orienta su práctica y su clínica Iván Ruiz Acero, no considera que la culpa del autismo de un niño esté en sus padres, «es al contrario, son los padres que traen ya una culpabilidad de lo que les pasa a sus hijos. Y es con ésta con la que hay que trabajar, primero para desculpabilizarlos y después para ayudarlos a crear un vínculo nuevo con sus hijos».

Ruiz Acero también se refiere a la importancia, de una parte, del diagnóstico hecho en el momento adecuado y del tratamiento que se pone en marcha ahí y, de otra, del trabajo con los padres y de la confianza de estos en lo que se está haciendo. El tercer elemento fundamental en todo tratamiento en el pronóstico de las perspectivas para un niño autista es él mismo, «porque los hay que ante las ayudas que se ponen a su alcance dicen sí, sí pero no del todo o no, con lo cual hay que pensar que hay una parte de los avances que hace un niño que son responsabilidad de él. El psicoanálisis dignifica al autista y dignifica a sus padres».

En cuanto al tratamiento con el psicoanálisis, explica que «es muy diferente hacer que un niño diga cosas a interesarle en que diga cosas. También hay confianza y consentimiento del niño, que es lo que no se tiene en cuenta muchas veces en otros tratamientos. Así se consigue que empiece a hablar, a dibujar, le interese estar con nosotros, incluso aprenda y se relacione, se vincule con los demás. Es como conseguir que encuentre un lugar vivible en el mundo».

Iván Ruiz pronunció una conferencia ayer en Palencia, acto en el que se proyectó un trailer de 8 minutos de un documental que se estrenará en Barcelona el 2 de abril (puede que se pase aquí en esas fechas. Financiado con aportaciones de particulares y entidades, incluye testimonios de psicoanalistas, padres y un joven de 20 años con síndrome de Asperger.

Publicado en www.diariopalentino.es

19 de Noviembre de 2009

Crónica: La caza del Snark. “A la búsqueda de un semblante nuevo”. Conferencia de Eric Laurent. (José Manuel Alvarez – Barcelona)

00:53:39 , por jalvarez Spanish (ES)

En la bella y acogedora ciudad de Valencia han tenido lugar en un marco incomparable a las orillas del “río” Turia, las VIII Jornadas de la ELP “La soledad del psicoanalista. La práctica analítica”, que convocaron a más de 250 personas en dos días de intenso y fructífero trabajo, y cuya organización por parte de los colegas de la ELP de Valencia estuvo más que a la altura de las circunstancias.

Durante el desarrollo de las mismas, la información on-line por medio de Tweeter, se fue ofreciendo puntualmente a modo de titular periodístico, de lo esencial de cada una de las plenarias y salas simultaneas, tal y como están recogidos en el post anterior.

El cierre de las Jornadas estuvo a cargo de Eric Laurent, bajo el título “La caza del Snark. En búsqueda de un semblante nuevo”, clara referencia al título del poema de Lewis Carroll, La caza del Snark, y que planteó como una orientación hacia el VII Congreso de la AMP que se celebrará en París del 26 al 30 de abril de 2010, cuyo título es “Semblante y Sinthoma”.

Eric Laurent, comenzó planteando que las intervenciones en estas VIII Jornadas de los AE de la AMP, Celine Menghi, Bernard Seynhave y Antoni Vicens, habían marcado un punto de capitón que orientaba hacia el próximo Congreso de la AMP, “Semblante y Sinthoma” en un primer momento, ha aparecido como una materia difícil de desarrollar, dadas las dificultades en hacer un nuevo uso del semblante, del analista en posición de semblante.

Señaló que después de las Jornadas de la ECF en París la semana anterior, -con una multitudinaria asistencia de bastante más de 2.000 personas-, se trataba ahora de reinventar un semblante nuevo para los psicoanalistas, más afín a la época en la que vivimos y a las demandas que se dirigen al psicoanálisis. Y eso, señaló Eric Laurent, también exige un reinvención de la Escuela.

Situó las coordenadas del debate actual en los años 1900-05 en las personas de Freud, y en el diálogo Husserl-Frege, para hacer entender que la ambición de Jacques Lacan fue, entre otras, dar una respuesta al impasse del discurso filosófico, un impasse que se encarna entre lo visible y lo invisible, muy bien formulado por Merleau Ponty, referencia de Lacan en el Seminario XI.

La solución de M. Ponty para salir de ese impasse, fue añadir la fenomenología del cuerpo propio para regular la relación al Otro por medio de la forma, de la imagen.

Sin embargo, esa regulación vuelve a encontrar su límite, -el propio impasse que pretende solucionar-, en todo lo tocante a la relación sexual. Frente a la relación sexual, toda empatía pretendidamente regulada mediante la forma, no nos permite ubicarnos. Es más, lo sexual, siempre irrumpe como lo que no puede reducirse ni regularse mediante ninguna forma. Es un encuentro siempre traumático que desbarata todas las coordenadas subjetivas. Y aquí hizo mención del célebre caso de El Hombre de Lobos, la escena traumática de la visión del coito parental, y la inintegrable aparición y desaparición del pene por parte del sujeto que mira la escena.

Los propios psicoanalistas postfreudianos también intentaron esa regulación mediante la introducción de la teoría de la “buena distancia con el objeto”. Era su manera de resolver por su parte el impasse arriba mencionado.

En la actualidad, una nueva ideología de la regulación por la imagen, -una nueva esperanza-, pretende la misma operación, pero esta vez revestida con un ropaje científico y su la teoría de las neuronas espejo: regularse con el Otro a partir de un grupo de neuronas cuyas características especulares, supuestamente, regulan al sujeto -por empatía- en su relación al otro.

Sin embargo, Lacan nos alivia de esta esperanza planteando la esquizia entre el ojo y la mirada, e introduciendo el semblante fálico, una categoría especial, un lugar donde sólo hay ausencia, y nos aleja así de la perspectiva filosófica sobre el ser, la posibilidad para el sujeto de ser representado. Lacan nos propone que el objeto es, él mismo, un semblante, una forma sin forma.

Este punto desemboca en la concepción de Lacan sobre “la letra”; y señaló que no es una impresión, como lo planteaba Derrida, y tampoco es exactamente lo que se puede leer en el texto de Freud “El Block maravilloso”. Lacan pasa justamente por la Lituraterre, para mostrar que la letra no es sino “lo que ha sido borrado a lo largo de la historia en los encuentros del sujeto con el goce”.

La operación analítica hace surgir el hueco de la letra, que no es sino un silencio, un lugar de articulación entre palabra y letra. Esto nos recuerda porqué Lacan llegó a anhelar un “discurso sin palabras”.

Evocó la figura de las mujeres, la difamación, la queja masculina de que nunca dicen lo que quieren, su silencio, su callarse a lo largo de la historia, para señalar que en esto, la orientación de Lacan -como analizante-, fue la de ir más allá, considerando que era verdad que a lo largo de la civilización las mujeres se callaron; pero se callan porque precisamente ellas mismas están en el lugar de la letra, y tienen la misma relación con el semblante fálico que lo tiene la letra con el vacío de su silencio. Es precisamente porque ellas están en ese lugar que dejan a la palabra fálica el destino de enredarse. Las mujeres, manteniéndose en esta posición de silencio, pueden reinventar los semblantes que permiten que se mantenga el discurso con palabras en un horizonte fálico, que es también una versión de ese semblante.

La época que nos convoca, siendo fiel a las indicaciones de Lacan, pone el acento en el hecho del Siglo XXI es una ruptura con la difamación sobre las mujeres que se había producido en los siglos precedentes; en definitiva, que ese lugar se desplaza, de manera que veremos surgir nuevas exigencias.

En ese sentido, el analista ha de saber que siendo él un semblante -en el sentido de que es un semblante que está en el lugar de la letra-, puede, siendo fiel a lo que fue la experiencia de su análisis, -es decir, el aislamiento del sinthoma como tal, ese nuevo estado de la relación entre la sustancia y el significante a través de la letra; siendo fiel a esta orientación, puede autorizarse en su relación al sinthoma para reinventar los semblantes de lo que tiene que ser el analista en la nueva época que nos convoca.

Manteniéndonos fieles a esa orientación, -concluyó Eric Laurent-, hemos de cambiar todo, y no a la manera del discurso del amo que encarnaba el Príncipe Salinas -cambiar todo para que nada cambie-, sino cambiar todo para que podamos, realmente, reinventar el semblante que conviene al nuevo estatuto del sinthoma en la civilización.

* Podrán descargar aquí La Caza del Snark de Lewis Carroll

http://www.google.es/url?sa=t&source=web&ct=res&cd=8&ved=0CCoQFjAH&url=http%3A%2F%2Fwww.edu.mec.gub.uy%2Fbiblioteca%2520digital%2Flibros%2FC%2FCarrol%2C%2520Lewis%2520-%2520La%2520Caza%2520del%2520Snark%2520Una%2520Agonia%2520en%2520Ocho%2520Espanto.htm&ei=PosES53hGdXajQf0sdWyAQ&usg=AFQjCNG0Et4qeP2zLm2X51Y6taRbTD-jeQ&sig2=AEULj49wVBi6w-3nhSIAXA

17 de Noviembre de 2009

TWITTER EN LA ELP. Por Fernando Martín Aduriz (Palencia) y Xavier Giner (Valencia)

13:46:13 , por jalvarez Spanish (ES)

Paso a paso, desde la iniciativa de Éric Laurent, se precipitaron los acontecimientos, pero lo mejor es que el lector pueda seguir los Tweets en los que tanto en España como en Francia y en América, -de Italia estaba presente en Valencia Marco Focchi-, se siguió el acontecimiento de las VIII Jornadas ELP:

RT@fmaduriz: @jamplus

Éric Laurent crea en España la Comision Twitter Jornadas ELP de Valencia: Cuñat, Giner, DeFrancisco, Vicens y Aduriz
1:12 AM Nov 14th from Echofon

RT @fmaduriz: #JornadasELP:

Carmen Carceller cita a M Duras: “La soledad no se encuentra, se hace sola”

Entre Xavier Giner y Fernando M. Aduriz van desplegando los diversos Tweets:

@fmaduriz ELP en Valencia,

Guy Briole: “Una cierta cesion del goce de la soledad es necesaria para entrar en analisis”

Jorge Aleman, esto es lo politico:
“el irreductible solitario particular encuentro del sujeto con lo real de la lengua”

Carmen Cuñat: la sabiduría de una niña psicótica:
“hay q cuidarse, cuidarse la cabeza”, dicho a un mendigo al salir de sesión

Marco Focchi: “estas jornadas permiten ver la articulación soledad del analista y la comunidad analítica”
about 23 hours ago from Twitterrific

Luis M Carrión: Sobre la practica del control: se controla lo pegoteado de los restos sintomáticos
about 24 hours ago from Twitterrific

Marta Davidovich: A vueltas con el superyo femenino: O el Witz o la locura
about 24 hours ago from Twitterrific

Mercedes de Francisco: Del estar solo a la soledad vertida por la vía del reconocimiento de las marcas del exilio subjetivo
about 24 hours ago from Twitterrific

Pedro Villate, del aislamiento de “zoólogo” a la soledad del “grabador” en un caso de psicosis
12:15 PM Nov 15th from Twitterrific

Eric Laurent: “El viento de Valencia sopla con la dulzura y la fuerza de Levante”
12:12 PM Nov 15th from Twitterrific

Fernando M. Aduriz: Al inconsciente siempre de guardia responde la disponibilidad del analista
6:43 PM Nov 14th from Twitterrific

Marta Serra: Taxonomía de los extravíos del acto analítico.Practica del control, herramienta lacaniana versus extravíos acto
6:41 PM Nov 14th from Twitterrific

Manuel F. Blanco: Lo que cumple función de causa en la Escuela es la colectivización de la diferencia absoluta
5:03 PM Nov 14th from Twitterrific

Miquel Bassols: Declinaciones y usos de la soledad. Del estar a solas con el objeto al estar a solas con la causa analítica
5:02 PM Nov 14th from Twitterrific

Vicente Palomera: “El analista no tiene descendientes”
2:10 PM Nov 14th from Twitterrific

El domingo noche Miquel Basssols colgó varios Tweets, que por su interés reproducimos, acompañados de traducciones que desde otros países se iban efectuando:

mibapu Haiku Laurent enigmatique, en effet: les fleurs nouvelles etant les analystes, la diagonale etant methode de Cantor pour trouver transfinits
about 13 hours ago from Tweetie

mibapu Laurent-Haiku a Valencia: dans vase vide de Heidegg, pas de substances misterieuses mais fleurs nouvelles produites par diagonale
de Cantor
about 13 hours ago from Tweetie

aubedelune RT @mibapu: L.-Haiku: ds le vase d” Heidegger il n’ya pa d subst mysterieusses, mé ds fleurs nouvelles produites par la diagonal cantoriana
about 13 hours ago from TweetDeck

Eric Laurent en Valencia: en el jarrón de Heidegger no hay substancias misteriosas sino flores nuevas producidas por la diagonal cantoriana
about 13 hours ago from Tweetie

rickost @mibapu "Silence brisé dans tous les coins de l”Espagne." Formidable ! Un exemple en 140 signes ?
about 13 hours ago from web

Eric Laurent in Valencia: "the analyst, semblance in the place of the letter, must know how to reinvent himself in the new times"
about 13 hours ago from web

Eric Laurent en Valencia: l’analyste, semblant qi vient au lieu d l lettre, doit savoir s reinventer dans cette nouvelle époque"
about 13 hours ago from TweetDeck

Asamblea ELP en Valencia: amplio debate, vivo e intenso, sobre la política de la Escuela. Silence brisé dans tous les coins de l”Espagne.
about 13 hours ago from Tweetie

Eric Laurent en Valencia: el analista, semblante que viene al lugar de la letra, debe saber reinventarse en esta nueva época.
about 13 hours ago from Tweetie

Carmen Cuñat en Valencia: cómo escuchar niña autista a contracorriente de políticas de integración imperantes que la dejan sola sin saberlo
about 13 hours ago from Tweetie

Jorge Alemán en Valencia: tratar al retorno del pasado, sin nostalgia y con la energía de lo venidero; ¡guerra aplicada del deseo de durar!
about 13 hours ago from Tweetie

13 de Noviembre de 2009

Cómo entender la soledad del analista. Jorge Sosa (Barcelona) “La Escuela y su psicoanalista”, de Jacques-Alain Miller. Iván Ruiz (Barcelona) La Escuela comunidad y la Escuela sujeto. Josep María Panés (Barcelona)

01:15:03 , por jalvarez Spanish (ES)

Cómo entender la soledad del analista. Jorge Sosa (Barcelona)

Lacan diferencia entre la causa del deseo y el objeto del deseo, y señala también que la interpretación apunta a la causa, es decir, a lo que el deseo vela en su orientación hacia el objeto. La causa, el plus de goce que llamamos objeto “a”, es entonces eso de lo que el sujeto huye, eso que lo angustia y hace que busque alivio en el Otro, un sentido a su malestar. En otras palabras, busca que el Otro tome a su cargo la responsabilidad de ese exceso que rompe el principio del placer. Se podría decir entonces que por la vía del fantasma el sujeto hace pasar el goce al campo del Otro, dándole una consistencia y una función gracias a la cual “no está solo”. En la clínica vemos hasta qué punto el sujeto está dispuesto a sostener esta relación con un Otro fantasmático con tal de no asumir el plus de goce.

Se supone que el analista está en otra posición. En el último párrafo del seminario sobre la angustia leemos: “Conviene, sin duda, que el analista sea alguien que, por poco que sea, por algún lado, algún borde, haya hecho entrar su deseo en este “a” irreductible, lo suficiente como para ofrecer a la cuestión del concepto de la angustia una garantía real”. Reintegrar el deseo a su causa implica el recorrido inverso que el de la constitución del síntoma como defensa frente al goce del inconsciente. También implica desandar el camino que hace consistir al Otro como partenaire del sujeto y soporte del goce del cual no se hace responsable. Por otra parte Lacan aclara que reintegrar el deseo a su causa no tiene nada que ver con ningún tipo de autoconciencia ni con ser “causa de sí”, ya que de este postulado no podría surgir ninguna “garantía real”. Dicha garantía surge en todo caso de la deflación del Otro que produce un análisis y de la asunción por parte del sujeto de su “ser de goce” en su opacidad. Alcanzar ese punto en el que se separan el Otro y el goce, y el Otro deja de ser el soporte del goce rechazado, abre la posibilidad del acto analítico, donde el analista no está como sujeto sino como objeto, incluso como desecho del Otro.

Entonces ¿qué clase de soledad es la del analista? Evidentemente no tiene nada que ver con el aislamiento fantasmático donde el sujeto se pone en escena o con el de la psicosis en que el Otro está más presente que nunca. Es la soledad del que sabe que el Otro no existe y por lo tanto sólo él es responsable de sus actos y de su goce. Pero que no lo conduce al aislamiento sino a interesarse por el otro precisamente por ser otro y no por ser su reflejo narcisista o su kakon odioso. De ahí que Lacan, en su discurso a los católicos, proponga una manera diferente de entender el amor al prójimo: se trataría de amar al prójimo en tanto él también está sólo y confrontado con el mismo vacío del Otro. Cito: ”¿Sólo he logrado introducir en su espíritu las cadenas de esta topología que pone en el centro de cada uno de nosotros este lugar abierto desde donde la nada nos interroga sobre nuestro sexo y nuestra existencia? Este es el sitio donde tenemos que amar al prójimo como a nosotros mismos, porque en él este lugar es el mismo” (pag. 61). Amar al prójimo en tanto él también tiene que arreglárselas con ese real que escapa a cualquier sentido y que es el mismo que nos agujerea a cada uno de nosotros. Es este saber lo que sostiene y orienta al analista en el dispositivo analítico a la hora de acompañar a otros en la experiencia de atravesar la angustia y hacer algo con ese vacío.

Pero qué hacer con este saber en el campo social, político y cultural más allá del dispositivo analítico. Allí también se podría decir que el analista, o en este caso los analistas, experimentan cierta soledad, puesto que como dice Lacan, el psicoanálisis es un síntoma de la civilización. Además agrega que la civilización trabaja con ardor para curarse de ese síntoma, para reprimirlo, para ahogarlo en el sentido. ¿Cómo intervenir en estos campos teniendo como referencia un saber que la humanidad rechaza y que es la causa de todos los delirios que inventa para no despertar de su sueño, aunque este sueño sea lo más parecido a una pesadilla? Hacer de este saber una bandera es temerario, implica que el psicoanalista sea rechazado junto con el inconsciente. La escuela es en todo caso el lugar idóneo para preservar este saber y desarrollarlo, así como para pensar las maneras de incidir en la sociedad y asegurar su transmisión. Entiendo que en su relación con la causa analítica el analista siempre está solo, pero esa soledad a la hora de responsabilizarse de su acto lo impulsa a asociarse con otros para hacer existir ese síntoma tan útil para la humanidad que es el psicoanálisis.

“La Escuela y su psicoanalista”, de Jacques-Alain Miller. Iván Ruiz (Barcelona)

La pregunta que la Escuela debe promover siempre abierta es: ¿Qué es un analista? De hecho, en la definición de Escuela ofrecida por Lacan en 1964, año de la proclamación de su «Acto de fundación», no hay estrictamente nada que defina al psicoanalista; hay un agujero en ese lugar.

El texto aquí comentado, «La Escuela y su psicoanalista», pertenece a la Sesión inaugural del I Seminario del Campo Freudiano en Andalucía, dictada por Jacques-Alain Miller en 1990. Fue entonces el momento de la creación de la Escuela Europea de Psicoanálisis, una ocasión óptima para revisar la fundación de la Escuela que llevó a cabo Lacan.

En dos tiempos, fue. El primero, en 1964, con su «Acto de fundación» y el segundo, en 1967, con la «Proposición del 9 de octubre sobre el psicoanalista de la Escuela». Entre el primer tiempo y el segundo pasaron tres años, periodo de gestación que llevó a Lacan desde la soledad del Fundo tan solo como siempre he estado en mi relación con la causa psicoanalítica a la proposición que sometió a discusión después entre los que le siguieron.

Miller se refiere al primer tiempo como la elección forzada de Lacan: ... sólo le quedaba desaparecer del psicoanálisis o formar su propia Escuela. Sabía, y dijo, que no hay sujeto colectivo de la enunciación, que quien dice Fundo lo hace solo. Pero para ello, el solo en francés (seul) le dispensó una doble significación: no es lo mismo estar solo (être seul) que ser el único (être le seul). Así, quien funda una escuela ya no está sólo, se considera uno más en la lista de miembros.

En el Fundo performativo y unilateral no encontramos nada de la definición y la habilitación del psicoanalista. Es por ello, señala Miller en la clase «Del acto a la proposición» de su curso El banquete de los analistas, que se produjo una insurrección bastante rápida de sus alumnos analistas. Lo que se destaca en el texto de la Fundación es el trabajo. Para Lacan se trataba de un trabajo producido en carteles. Así, decir que la Escuela es un órgano de trabajo es decir también que no es un órgano de reconocimiento de los analistas. Si se efectúa algún reconocimiento es el del trabajo, cosa que implica encontrar permanentemente las vías necesarias para la difusión de las producciones que de ese modo han sido producidas.

En el vacío del lugar del psicoanalista en la Escuela se elevará, tres años después de la Fundación, la «Proposición...». En ella se consideraba la relación de garantía entre el sujeto y la formación que recibe, y explicitaba el principio el analista solo se autoriza a sí mismo. Luego, el pase y la «Proposición...» son una propuesta a la Escuela sobre la base del «Acto de fundación», que responde a la pregunta precisa por la garantía que dicha Escuela puede aportar de que un sujeto, un analista, proviene de su formación.

En el tiempo uno fue la Escuela con sus trabajadores; en el tiempo dos consistió en definir al psicoanalista adecuado para esta Escuela de trabajadores. No trabajadores cualquiera sino aquellos permeables a la inducción misma a la que apunta mi enseñanza, decía Lacan, refiriéndose a lo que llamará la «transferencia de trabajo». La Escuela y su psicoanalista están llamados a albergar el vacío de una enseñanza no encerrada en sí misma, sino con efectos fuera de ella, que induzca a otros a realizar un trabajo.

Referencias:
Miller, J.-A. Introducción a la clínica lacaniana. Ed. Gredos, Barcelona. 2006.

Íbid. Pág. 252.

Lacan, J. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”. Momentos cruciales de la experiencia analítica. Ed. Manantial, Buenos Aires. 1987. Pág. 7.

Miller, J.-A. El Banquete de los analistas. Ed. Paidós, Buenos Aires. 2000. Pág. 210.

Miller, J.-A. Introducción a la clínica lacaniana. Ed. Gredos, Barcelona. 2006. Pág. 265.

La Escuela comunidad y la Escuela sujeto. Josep María Panés (Barcelona)

La “Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”, de J.-A. Miller, y Los objetos de la pasión, de E. Laurent, aportan herramientas de gran utilidad para tratar los impasses de la Escuela; también los actuales.

Tomo esta primera cita del texto de Miller: “Lo colectivo, las formaciones colectivas, los grupos, también una Escuela, se analizan como una multiplicidad de relaciones individuales respecto al Uno del Ideal del yo.”

En los períodos de crisis se acentúan los fenómenos grupales en el funcionamiento de la Escuela, en perjuicio de la verdadera conversación entre sus miembros. Aquello que entra en crisis en la función del Ideal, también presente en la Escuela -“Si hubiera una anulación de la función del Ideal, no habría comunidad de Escuela” -, produce una acentuación del malestar; malestar que llama a la interpretación, que tiene siempre “un efecto disgregativo”, por el que “cada uno es reenviado a su propia soledad”. En su ausencia -o en el rechazo de sus efectos- la lógica que Freud aisló en la psicología de las masas, y que Miller revisa en el citado texto, abre la puerta a los efectos imaginarios, que se hacen presentes en la escena, y que hacen surgir un Otro nuevamente consistente -el del amor, el odio, la suposición de mala fe.

Mi recurso para descompletar a este Otro fue, durante bastante tiempo, un cierto uso del saldo cínico: no esperar demasiado de la Escuela que, sostenida por una comunidad, no podría nunca verse libre de los efectos de grupo; así, creía mantenerme a distancia de lo que me aparecían como excesos, de entusiasmo o de decepción.

Una tesis de Laurent me aporta, en este punto, un efecto de interpretación: “La construcción de la Escuela de Psicoanálisis es un anti-cinismo en acto. La Escuela está hecha para dar un lugar que no sea cínico, un lazo social posible en la ciudad de los analistas, allí mismo donde los analistas no creen más en los significantes-amo.”

Este lazo social es posible; sólo posible, pero posible. Y apostar por él, implicaba tomar la palabra para salir del aislamiento en el que también es posible quedar atrapado; aislamiento que, queriendo tomar distancia del Ideal, dejaba fuera al Otro de la Escuela que, a un cierto nivel, es el de la enunciación concreta, contingente, de cada uno de los colegas; sí, a este nivel se producen, eventualmente, los efectos imaginarios, pero es también la única vía por la que se avanza en la construcción de la Escuela.

La argumentación de Laurent prosigue, acotando la función del Ideal: “Sabemos bien que no vamos a encontrar aquella Escuela donde el S1 y el S2 estén tranquilos. Y, a pesar de todo, pasamos nuestro tiempo repensando la Escuela, teniendo crisis en la Escuela y recreando la Escuela. En efecto, es así, no hay otra solución, hay sólo el deseo de la Escuela.”

Este planteamiento está en las antípodas de la idea de Escuela como Ideal performativo, que se realizaría por la sola formulación de sus principios y la adhesión de sus miembros. Se trata, entonces, de la Escuela como un funcionamiento; un funcionamiento posible, efecto de un trabajo en acto, orientado por el “deseo de la Escuela”; un funcionamiento quizás intermitente, sometido a un efecto de pulsación, de apertura y cierre, análogo al del inconsciente (Lacan, Seminario XI).

Al igual que la Escuela “no es idéntica a la asociación legal que constituye para dar lugar a la emergencia de su sujeto supuesto saber” (Miller), la Escuela no se confunde con lo ineliminable del funcionamiento de toda comunidad: los narcisismos, las camarillas (la multiplicación fractal de la estructura y el funcionamiento del grupo, dentro del grupo mismo), los excesos en las afinidades y los rechazos.

Miller afirma (en un texto del que no conservo la referencia) que todo conflicto es fantasmático y es abordado en tanto que tal; pero el real en juego podrá ser -o no- cernido, localizado, nombrado. Topar con un real -también en la política de la Escuela- no implica una crisis; quizás ésta se produce si la respuesta a ese encuentro se hace desde el fantasma, articulado con el “Otro de síntesis” (en expresión de Enric Berenguer) que es, para cada cual, la Escuela.

“Eso que Lacan llama una Escuela es una formación colectiva de la cual, en teoría, cada miembro lo sabe. (…) esto es, que cada uno está solo: solo con el Otro del significante, solo con el propio fantasma –que tiene un “pie en el Otro”- solo con el propio goce éxtimo” . (Miller)

Este saber implica una relación con el discurso analítico que no es cualquiera. Es una relación de sujeción al discurso analítico, que se produce, en primer lugar, en la práctica analítica, en cada cura, en cada verdadero acto analítico. Pero, al nivel de la Escuela, la sujeción al discurso analítico -al que la vida de la comunidad tendría que poder ajustarse, como límite a lo grupal- implica que la queja no vaya sin la rectificación subjetiva que todo verdadero análisis ha de producir, casi como una instancia permanente en el sujeto: ¿cuál es mi parte en el desorden que señalo o denuncio en el Otro?

La apuesta de la Escuela “presupone, en efecto, que sea posible una comunidad de sujetos que conocen la naturaleza de los semblantes y cuyo Ideal, el mismo para todos, no es otra cosa que una causa experimentada para cada uno a nivel de su propia soledad subjetiva, como una elección subjetiva propia (…) que implica una pérdida.” (Miller)

La sujeción al discurso analítico es lo que puede hacer posible esa comunidad de sujetos que, paradójicamente, articulen su relación al Ideal con el saber sobre su soledad. Y, según la lógica de los dos textos citados, esa es la condición para que en la Escuela no predomine la dimensión de la comunidad, del grupo, en perjuicio de la dimensión del sujeto.


COMISIÓN BIBLIOGRÁFICA: Carmen Garrido, Gracia Viscasillas, Julio González

12 de Noviembre de 2009

Salir del autismo. Rosa Ruiz (San Sebastián)

00:12:44 , por jalvarez Spanish (ES)

Al ensayar hacer por encargo un comentario de un texto, capítulo o párrafo bajo el epígrafe “La soledad del analista. La práctica analítica”, he de decir que me apuró. No sabía qué podía decir sobre ello pero lo que si sabía era que no quería ni inhibirme ni callarme. Quizás el secreto estaba en salir del autismo del goce, para dirigir mi soledad a un escrito que pudiera ser leído entre otros haciendo así serie.

Así fue que en medio de este camino inicial solitario, me encontré con otros escritos que cito. Uno, el libro de Marguerite Duras donde habla de la soledad como un ejercicio indispensable e intrínseco para poder escribir, producir. Soledad que pasa por la operación de separación del Otro. Al seguir su texto, se contempla como la escritora a través de su obra anuda: la soledad, la escritura y el cuerpo. Dice: “La soledad de la escritura es una soledad sin la cual el escribir no se produce (…) Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir (…) Esta soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir”. “La soledad, la soledad también significa: o la muerte, o el libro. (…) Pero, ante todo, significa el alcohol. Whisky, eso significa”. Se puede hablar de que la soledad en ella produce las dos vertientes del objeto a: la marcada por el deseo, por lo que le causa y le lleva a escribir e incluso a vivir y la otra faz que queda como un resto, de un plus de gozar, que se manifiesta embebido de la pulsión oral. A mi parecer, es la escritura la que la “salva” y la hace salir de una parte de su goce solitario.

Otro escrito con el que me topé fue el artículo de Melanie Klein quien nos habla también sobre el sentimiento de soledad. En términos generales lo que he entendido de su lectura es que para ella la soledad es un “estado” interno derivado principalmente de la vivencia emocional temprana, donde predomina la ansiedad depresiva de haber sufrido una pérdida irreparable bien de la madre como objeto primitivo, bien de un objeto que se perdió en el propio sujeto. En todo caso son las pérdidas sucesivas de las relaciones objetales en la infancia las que provocan los sentimientos de soledad. Lo que llama la atención es que más allá de lo que llama un estado normal de soledad, debido a las sucesivas perdidas en el desarrollo de integración del niño, asocia también la soledad a la convicción de no pertenecer a ninguna persona o grupo; aunque en realidad tiene un significado mucho más profundo: “(…) la sensación de que no se está en posesión total del propio sí mismo, que uno no se pertenece por completo a sí mismo ni, por lo tanto tampoco a nadie más”. Finalmente la autora, acaba señalando que la asunción del sentimiento de soledad por parte del sujeto es algo necesario, estimulante para favorecer las relaciones objetales con otros. Se deduce de ello, que la pérdida de objeto (duelo) que conlleva a la soledad es productiva para salir del narcisismo o goce autista solitario.

Si partimos del hecho de que el analista en su práctica y ante el acto está solo, nos podemos preguntar: ¿cómo el psicoanálisis produce lo colectivo con la soledad?, ¿qué lazo establece con el Otro?. Sabemos que Lacan creó su Escuela a partir de su soledad para hacer lazo. Se dirigió a un Otro (barrado) en favor de la causa analítica. “Fundo -tan solo como siempre lo estuve en mi relación con la causa psicoanalítica-…” Es a partir de este acto de fundación que va de lo particular del sujeto de Lacan, a lo colectivo de la Escuela, donde se puede ubicar lo que Jacques-Alain Miller formula como la Escuela sujeto. Es decir, una suma de soledades cuyo ideal está moderado, limitado por la “causa” de cada uno. Es este objeto causa del deseo lo que particulariza a un sujeto y lo sitúa en el nivel de la propia soledad subjetiva, separándolo del Otro. Esta separación va a la par de la producción del analista como objeto a, y es indisociable del dispositivo del “pase” que Lacan inventó para rendir cuenta de la nominación de un analista que ha llegado al final de su experiencia. Podemos situar en este punto el deseo del analista y decir con J.-A. Miller que este deseo es el que hace del analista un resto, un objeto separado del Otro, un solitario que resiste a la identificación colectiva.

Me parece importante llegado a este punto diferenciar lo que es la soledad, del autismo. Podemos decir que el psicoanalista “no” está del “todo” solo, está causado –por la causa analítica y para transmitirla necesita servirse de un Otro: (Escuela, pase, conversar con la opinión y la civilización…). Eric Laurent dice al respecto: “El psicoanalista no es autista (…) nunca está solo, sino que depende, como en el chiste, de un Otro que le reconozca. (…) El psicoanalista es aquel que afirma haber obtenido de la experiencia aquello que podía esperar de ella y, por lo tanto, afirma haber franqueado un ‘pase’(…)”. Podemos decir que la soledad del analista sería una “decisión” subjetiva para no quedar aislado con su modo de goce sino ponerlo al servicio de la causa analítica.

Del recorrido hecho por los diferentes artículos y autores, se deduce que la soledad al igual que la angustia -aunque indica un duelo, proceso de separación del Otro- es productiva: produce el objeto. Este objeto hace un “buen partenaire” para el analista, pues le permite relanzar el deseo, la causa analítica. Ello sin olvidar que no hay un deseo puro, que como final de un análisis queda un real indomable, un goce sintomático que corre el riesgo de poner “remedio”, taponar el deseo, su causa o hiancia. Quizás el mantener la antorcha encendida sobre este peligro, y ser recordado sobre todo últimamente por “al menos uno”, impulsa a cada analista a estar en posición de ser analizantes de su propio inconsciente. Abonarse al inconsciente es estar constantemente abriendo brecha a ese “no quiero saber nada de eso”.

Referencias:

Duras, M. “Escribir”. Tusquets Editores, p. 16-17-21-.

Klein, M. “Sobre el sentimiento de soledad” (1963). Obras completas tomo 3 “Envidia y gratitud y otros trabajos”. Editorial Paidós, p. 308-311-318.

Lacan, J. “Acto de fundación -21 de Junio de 1964”. En el anuario de la ELP.

Miller, J.-A. “Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela”. Revista de Psicoanálisis nº 1de la ELP, p. 69.

Miller, J.A. “Quelle politique lacanienne pour 2009? ». La lettre mensuelle nº 273. ECF, (2008).

Laurent, E. « Principios rectores del acto analítico” – Congreso AMP, Comandatuba (2004.

11 de Noviembre de 2009

Cuánto me gusta tu nombre, Soledad. Eugenio Castro (Vigo)

10:23:35 , por jalvarez Spanish (ES)

Es una canción de cuando se hacía la mili. La estrofa finalizaba: También me gusta todo lo demás.

De eso se trata.

Cuando Lacan dice “ tan solo como siempre he estado con relación a la causa”, hace un acto de fundación que es lo fecundo de su soledad. Le gustaba también todo lo demás Es su manera de arreglarse con su sínthoma, Una salida airosa para poder “hacer durar su duro deseo”( Radiofonía) y prolongar a Freud de otra manera.

Este truco de la soledad que siendo verdadero es un semblante, lo han aprendido los discípulos de Lacan. Cuando un lacaniano se siente solo, témanse lo peor o lo mejor, ha fundado algo: una Escuela, un CPCT, una revista, un cártel , una institución paralela, cualquier cosa con tal de no sentirse desamparado.

Este Congreso de la ELP en Valencia es un paradigma. El Comité Científico se siente solo ante las pocas ponencias propuestas, ante la escasa libidinización que tiene le ELP para sus miembros. Su presidenta como El Alcalde de Móstoles llama a rebato: “¡La patria está en peligro, acudid a salvarla !”. El Alcalde de Móstoles envía la proclama a sus vecinos y al Alcalde de Navalcarnero. Desde allí se constituya una red de proclamas de alcaldes para impedir la caída de Madrid.

La ELP pasa efectivamente por momentos difíciles y ante tal inquietante soledad funda
una red WWW: “La Vanguardia de Valencia”.

Lo inquietante de la soledad que produce un punto de angustia sería que se realizara que el psicoanálisis pueda desaparecer en nuestra época. Y ante la angustia hay la posibilidad de un pasaje al acto, de un acting out o de un acto verdadero.

La libido, retirada de la ELP ¿hacia dónde se extravía? ¿Por qué derroteros se ha perdido esa libido? ¿Con qué malas compañías se ha juntado?

El trabajo en la Escuela y para la Escuela se desvió en distracciones variopintas del mundanal ruido imaginando que este pudiera resolver el problema del porvenir del Psicoanálisis. Estar y predicar en todos los foros de la sociedad imaginando que desde allí la Escuela se renovaría con nuevas generaciones de psicoanalistas es un espejismo, es un acting out por una mala interpretación de lo que es la función de la Escuela.
Hacer existir el Psicoanálisis en los diversos discursos sociales se ha logrado muy parcialmente y a costa de dejar el trabajo de Escuela desierto. Tenemos nuestra presencia como conviene a una época de lo visual, pero no hay una generación de relevo en nuestra ELP. No salen de esos foros a los que acudimos y en donde disertamos en tertulia con los otros, gentes que se echen en el diván para llevar un psicoanálisis hasta el final. Probablemente sí los hay como clientes de psicoanálisis aplicado a la terapeútica.

En “El banquete de los analistas” dice J-A Miller que “los analistas van contra la ronda del mundo”. No se adaptan fácilmente a los Amos y cuando les bailan el agua, ¡malo! “Lo que sé es que el Discurso del analista no puede sostenerse con uno solo. Tengo la suerte de que haya quienes me siguen. El discurso tiene por consiguiente su probabilidad” (Lacan: Televisión pag. 116).

Creo que hay que dar un golpe de timón a nuestra Escuela para no imposibilitar la probabilidad de que el Discurso del Analista persista más allá de nosotros mismos. No hay que desesperar pues ya se hizo la experiencia, la contraexperiencia y se puede hacer la recontraexperiencia. Puede ser algo divertido y hasta apasionante. Que la Escuela pase por un control y que los AE sobre todo se pongan al trabajo de elaborar sobre sus impases. Todos podemos (Yes we can). Todos podemos entrar en la red de El Alcalde de Móstoles para repensar sin desvíos del deseo que nos importa.

10 de Noviembre de 2009

Bibliografía razonada. José Luis Chacón (Granada)

15:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

“Fundo, tan sólo como siempre he estado en mi relación con la causa analítica, la Escuela”…
J. Lacan Acto de Fundación(1964)

“Jamás aceptaría formar parte de un club que me admitiera a mí como socio.”
Julius Marx

Quizás resulte un atrevimiento relacionar estas dos citas. En todo caso, y al hacerlo, ensayamos en primer lugar que Groucho, el más Marx de los hermanos Marx, era más lacaniano que marxista. Lacaniano porque, en esa aporía precisamente, denuncia el discurso del amo y su “para todos” y apunta hacia lo singular del sujeto. Lacaniano porque pone en relación particular y externo como un ocho interior para explicitar el adentro y afuera, y descompletar con “al menos uno que no”, al club del que formaría parte.

Pero también, me atrevería a decir, pertenecer a la Escuela de Lacan es ser un poco grouchista. Exiliados del Otro, solos frente a la causa del deseo, pertenecemos a un club de misántropos descreídos de club alguno. Pero no por ello nos instalamos en el estoicismo, el escepticismo o el cinismo. Al menos no es lo que se espera de un recorrido suficiente para que aparezca el deseo del analista. El deseo inédito del analista del que, como señala Miller, apenas se ha constatado en la historia, abre a una convicción: no venceremos con Lacan más que a través del discurso al que nos debemos.

En este sentido la Escuela se nos muestra como el lugar necesario para la verificación del discurso analítico. Y, además, en continua revisión y actúalización en cada momento o impasse histórico. Si J-A Miller, desde su advertida soledad, se pregunta en su último curso por la función de los A. E. -que apenas se percataron del rumbo que tomaban los CPCT para las Escuelas- es porque apunta al anudamiento que supone el pase con la Escuela. Anudamiento que modifica la Escuela pero también la propia noción de lo que es un psicoanalista, de su formación o de la cura, y no solo por lo que se refiere a su final. Es una perspectiva clínica de lo real “que tiene en cuenta los desplazamientos doctrinales del inconsciente, no solo el de Freud, sino el de Lacan mismo”. Porque el analista forma parte del propio concepto de inconsciente. Y es, precisamente, ¿Qué es un psicoanalista?, la pregunta a la que la Escuela y uno por uno estamos llamados a contestar. Porque no es seguro que cualquiera ejerza de ello… tan solo como siempre se está…

El deseo del analista es -como lo llama Miller- impuro, no es un concepto universal que pueda aplicarse en todos los casos, sino como sinthome de cada uno, como aquello que en esa función opera como certeza en acto, ligada a una relación con las propias marcas de goce que se han desligado del deseo propio de la neurosis, del deseo de muerte. En este sentido, el deseo del analista es lo que queda al final o del recorrido de un análisis y el acto o la intervención del analista van más allá de su fantasma.

En la IPA todo era seguro. Se hacía un didáctico, se supervisaba sosegadamente, poco a poco, generalmente con el mismo analista y se pertenecía a la IPA. La propia Comunidad incorporaba escasos analistas a sus filas para poder controlarlos. Pero lo cierto es que si uno pertenecía a la IPA, entonces -se deducía- era analista. Pero no así en las Escuelas de Lacan que se definen por un conjunto de alumnos en posición de aprender, que discuten sobre temas comunes, más que de analistas que se reconocen entre sí bajo una égida. Esta es una interrogación que nunca despejó Lacan porque, precisamente, se trata de una comunidad que acoge a analistas, que solo reconoce a algunos por un escaso tiempo y que se encuentra reunida en torno a un agujero de saber. Como dice Jacques-Alain Miller “la comunidad no es tanto un Otro al cual se pertenece como un elemento, sino como un objeto a, con el cual la relación no es de pertenencia. Más bien como un objeto a que nos divide como sujetos. Y pertenecemos solamente a la Comunidad, en tanto que contiene este a divisor”.

En la entrevista a Esthela Solano que recoge la Revista de la EOL Lacaniana de Psicoanálisis 7, ésta afirma: “ Me di cuenta que no había que esperar nada del Otro de la Escuela, que el Otro de la Escuela es uno, y uno, y uno por uno, y que cada uno es el Otro de la Escuela, y que de lo que se trata es precisamente de arriesgar, de poner, de jugar, de apostar, porque sin cada uno de nosotros no hay psicoanálisis. Es decir que cada uno sostiene en su lugar el discurso analítico y la relación con la Escuela, la propia existencia de la Escuela” .

Así, el discurso del analista es sin sostén del Otro y la Escuela se nos presenta entonces, como señala E. Laurent, como un lugar y un concepto necesarios para la verificación, para la creación de estructuras de verificación, de que hay analistas y que estos saben hacer no sólo con su síntoma, sino también... Escuela. En este sentido el discurso del analista está más cerca de Cicerón que de las Escuelas epicúreas o estoicas.

Referencias:

“No seré yo quien vencerá, sino el discurso al que sirvo”J. Lacan: citado por J-A Miller en El triunfo de J. Lacan, Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis 5 (1991) Introducción a la Clínica Lacaniana. Conferencias en España. ELP-RBA 1996

L. de Angelo El pase sinthome y la nueva clínica. AMP 2008

J-A. Miller Intervención mesa redonda Jornadas de la EOL 1997“El psicoanalista y su comunidad” recogido en “El psicoanalista y sus síntomas” Paidós. 1998


E. Solano. Entrevista. El pase “Revista Lacaniana de Psicoanálisis” 7. Publicación de la EOL. Buenos Aires 2008

E. Laurent “Notas sobre el saber hacer en Psicoanálisis” “Los objetos de la pasión” Tres haches. Buenos Aires. 1992

10 de Noviembre de 2009

O aislamiento o Escuela. Fernando Martín Aduriz (Palencia)

00:53:33 , por jalvarez Spanish (ES)

Primero, una cita bibliográfica que no está en la lista: es un texto de Miquel Bassols titulado “Soledades y estructuras clínicas” (Freudiana, núm. 12, 1994). Allí el autor se acerca al asunto que nos ocupa cuando establece el afecto de soledad en el caso de las psicosis y dice: “(...) queda más bien del lado del Otro, –cosa que experimentan muy frecuentemente aquellas personas que trabajan con sujetos autistas”-. Realmente es así; en la clínica con autistas nos encontramos con sus silencios o sus estereotipias y rituales perennes, que hacen de nosotros unos sujetos aislados. Podemos oponer este significante, aislamiento, al concepto Escuela.

En un momento como psicoanalistas optamos por una de dos, o aislamiento o Escuela. Es lo que aparece en alguna referencia bibliográfica. La pregunta de Hilario Cid es: “cómo podrá el analista, definido por su soledad, entrar a formar parte de una comunidad”, en el artículo “Soledad y comunidad de los analistas”, (Virtualia, núm. 4, Claudine Foos). Una posible respuesta orientativa la da el mismo autor en otro texto de la Bibliografía (Cid, Hilario, “El pase en la actualidad o el pase sinthome”, 3 semanas previas. www.elp-debates.com) “lo único que nos pone un tope, que nos despierta, es lo real”.

El “tormento de la Escuela”
O aislamiento o Escuela, es la opción pese al “tormento de la Escuela”. Es una expresión de Éric Laurent, que aparece en la lista de la Bibliografía razonada, al final de la Primera Conferencia en Bahía, publicada en , Los objetos de la pasión” (p. 33).

Creo que si oponemos al tormento de la Escuela el tormento del aislamiento no hay color. Tormento escolar.

Daré la cita completa de ese texto de Laurent: “La construcción de la Escuela de Psicoanálisis es un anti-cinismo en acto. La Escuela está hecha para dar un lugar que no sea cínico, un lazo social posible en la ciudad de los analistas, allí mismo donde los analistas no creen más en los significantes-amos. Con todo, continuamos ‘repensando la Escuela’ y eso quiere decir que estamos siempre con el tormento de la Escuela, pues no se encuentra nunca la buena fórmula para la Escuela. Podemos decir que es un anti-cinismo porque, para nosotros, esto nos trae un tormento suplementario. Sabemos bien que no vamos a encontrar aquella Escuela donde el S1 y el S2 estén tranquilos. Y, a pesar de todo, pasamos nuestro tiempo repensando la Escuela, teniendo crisis en la Escuela y recreando la Escuela. En efecto, es así, no hay otra solución, hay sólo el deseo de la Escuela”.

Por otro lado otra pista del mismo autor la encontramos en otra lectura recomendada: El Tao del psicoanalista (Cuadernos andaluces, núm. 27, p. 27. O bien esta referencia bibliográfica se encuentra en “El camino del psicoanalista”, La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, (Cap. XI, p.181). Al final del texto, Éric Laurent define el Tao del psicoanalista como la posibilidad de mantenerse en su lugar tras las rupturas, las fracturas. El tránsito a la soledad del psicoanalista implicaría transitar por fracturas para llegar al punto correcto, al borde entre hacer y hablar.

El psicoanalista puede no estar solo
Claudio Magris escribió en El infinito viajar, que no hay viaje sin que se crucen fronteras... psicológicas, lingüísticas... invisibles... El viaje del psicoanalista hacia la soledad puede que sea un viaje que ha de permitir necesariamente pasar una frontera, una ruptura, una fractura. Como señala Manuel Fernández Blanco en “La soledad del psicoanalista” (Finisterre Freudiano, nº 11), “el sujeto nunca está solo. Nunca está solo porque siempre hace pareja con su goce, con su objeto de goce, aunque sea en soledad o, aún más, con la soledad misma como objeto, como medio de goce”. El viaje ha de conllevar “la destitución subjetiva, atravesar el plano de las identificaciones y la pantalla del fantasma...”, pues desde la soledad en la que desde ese instante el psicoanalista se encuentra que ya puede “relacionarse con el otro desde su particularidad, no exclusivamente desde el lugar que el fantasma le asigna. De este modo, es posible elegir en el otro su diferencia, permite elegir de modo diferente, aún en lo mismo.”

Abandonar, en el camino, esa pareja puede no ser posible. De ese modo, entonces, en esta lógica, el psicoanalista no estaría nunca solo, sino haciendo pareja con su objeto de goce. Pasar a la soledad tras la ruptura, tras los giros, es posible. Y beneficioso: abre un modo diferente de encuentro con el otro.


Escuela versus rutina
Es ahora Lacan quien en el “Acto de Fundación”, (Anuario de la ELP), al hablar de los trabajos en la Escuela, pide que éstos busquen “el cuestionamiento de la rutina establecida”. (También explicado por Miller en “La Escuela y su psicoanalista”, Introducción a la clínica lacaniana, p. 254). En cierto modo, la soledad es una rutina, quizá ese es su mayor encanto. Y si se traslada esa forma rutinaria de relación con el mundo al ámbito de la Escuela, nos encontremos no sólo con un tormento de Escuela, sino con una Escuela rutinaria. Jacques-Alain Miller defendía recientemente la sorpresa, (Ver “Un nuevo concepto para las 38 Jornadas”, Diario de las Jornadas, núm. 1, AMP-site) para evitar que sea la sempiterna perdedora. Y Éric Laurent, en otro texto de la Bibliografía de estas Jornadas, Entre transferencia y repetición (Atuel, p. 83), recordaba a Beckett (“¡Pulverízalo un poco más!”) para representar los intentos en la sabiduría obsesiva de que nada se mueva.

La Escuela iría así a contracorriente de la soledad y de su corolario, la mortal rutina. La apuesta por lo sorprendente, por el acontecimiento imprevisto, es una apuesta por el no aislamiento de la propia Escuela, destino posible si no sabe oponerse a la rutina propia, cercana al enclaustramiento.

Miller en el último capítulo del texto de la Bibliografía, El banquete de los analistas (p. 417), define al analista como “personaje completamente nuevo en la historia de las prácticas”. Y añade: “es posible afirmar que el deseo de saber significa que se quiere ser abandonado”. Esta frase, a mi juicio, es la pieza clave para cernir el concepto de soledad del psicoanalista.

Entonces, el camino del psicoanalista, tras el paso de las fronteras, tras las operaciones de destitución subjetiva, progresivas o instantáneas, puede vivir su soledad en un enclave –la Escuela–, siempre susceptible de mejorar para poder ser sorprendente incluso para ella misma. O eso o el aislamiento.

9 de Noviembre de 2009

Un modo singular de escritura. Ricardo Rubio (Valencia)

10:36:15 , por jalvarez Spanish (ES)

Quisiera hacer un ejercicio de estilo, imitando el punto de perplejidad de un paciente, cuya viñeta clínica, pretendo hacer resonar con las clases del 10 y 17 de diciembre del 2008, del curso de J.-A. Miller “Cosas de finura en psicoanálisis”.

Donde el paciente se esfuerza en buscar un Sujeto supuesto saber que enlace y de sentido a las piezas sueltas de su escritura, yo, voy a prescindir del hilo, usaré solo la aguja, es decir, pondré por escrito, en un juego de azar, las frases subrayadas en el curso de J.A. Miller, luego, en el relato de la viñeta clínica, haré un intento de dilucidar lo particular y lo singular:

“El analista no es una memoria, no hace benchmarking, no compara: recibe la emergencia de lo singular. En todo caso, es lo que implica la orientación hacia lo singular”.

“Lo que Lacan llama síntoma, es por excelencia el concepto singular, aquel que no tiene otra extensión más que el individuo”.

“El discurso analítico, la institución del psicoanálisis confronta al analista con lo singular, y como es insostenible, y bien, se refugia en lo particular”.

“La orientación hacia lo singular no quiere decir que no se descifre el inconsciente. Quiere decir que esta exploración encuentra necesariamente un tope, que el desciframiento se detiene en el fuera de sentido del goce, y que, al lado del inconciente, donde eso habla - y donde eso habla a cada uno, porque el inconciente es siempre sentido común -, al lado del inconciente, está lo singular del síntoma, donde eso no le habla a nadie.”

“Lo que distingue a Joyce,… es que Joyce está identificado a ese singular,…es que él ha encarnado el síntoma. … Es que ha encarnado lo singular allí donde el común de la gente lo borra, allí donde el común de la gente se apresura en abonarse al inconciente”.

“… pág. 556 de Los Otros escritos: ‘Todo en un análisis está por obtenerse’ - es de este modo como Lacan resume la posición de Freud – está por obtenerse como si nada por otra parte se hubiera establecido. Veo allí presente lo que para mi es la orientación hacia lo singular.”

“…lo singular requiere el instante de ver. Hace prevalecer el instante de ver. Modela el entender sobre el instante de ver. Invita, en la práctica del psicoanálisis a mantenerse en el instante de ver”.

“La orientación hacia lo singular apunta, en cada uno, al goce propio del síntoma en tanto que excluido del sentido”,

“El psicoanalista reclama. Para protegerse de lo singular, una asistencia que encuentra en la clase diagnostica y en el grupo analítico – es lo que Lacan designó como SAMCDA, Sociedad de Asistencia Mutua Contra el Discurso Analítico”.

“El analista es un síntoma. Está soportado por el sentido, entonces se lo exime de sus motivaciones, no se explicará. Más bien jugará al acontecimiento de cuerpo, al semblante del traumatismo. Y le será necesario sacrificar mucho para merecer ser, o ser tomado por, un trozo de real”.

Todo lo anterior es importante, pero el paciente que traigo, sabe que, todo lo que se habla es mentira, se refiere al campo del leguaje con el que los humanos se comunican, no entiende cómo la gente no se da cuenta de la mentira, pero también sabe que, aunque eso es así, tiene que encontrar un modo de participar de la mentira, si no, está abocado a lo peor. A lo que el llama “el caos”, eso que le come y lo hace estar perdido, a merced de eso, lo más antiguo, que él no puede tocar, pero que, si lo toca a él, puede desaparecer.

Su vida es un esfuerzo para poner cierta distancia entre la conciencia de sí y el caos. Puede hablar y leer, pero no puede escribir. No sabe cómo pudo sacar su carrera universitaria, tampoco cómo consigue mantener durante los seis últimos años el trabajo que desarrolla de funcionario. No tiene memoria de cómo lo hace,

Se ha inventado un modo de escritura que consiste en lo siguiente, es su creación en los siete años de análisis: Toma la idea sobre la que tiene que escribir, en una gran pizarra dibuja palabras e ideas sobre el tema, no sabe cómo juntarlas, pero ha descubierto un sistema. Busca en Internet discursos que tengan que ver con su idea y entonces, coloca poco a poco las palabras de la pizarra, en ese discurso de otro, hasta sentirlo como propio.

Esta escritura toma para el paciente la forma de litoral, aquello que separa dos cosas que no tienen forma de mantenerse unidas. Esta escritura, es el litoral por el que se mantienen juntos el cuerpo fragmentado y el goce. Podría decirse que es una escritura que hace sinthome. Lo singular viene al lugar de lo particular que no hay, el Nombre del Padre.

7 de Noviembre de 2009

La soledad del psicoanalista. Araceli Fuentes (Madrid)

23:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La soledad del psicoanalista es el resultado de un largo y a veces arduo proceso: el de su propio análisis. En el transcurso del mismo el analizante recorre un camino que se dirige a la soledad que implica separarse del Otro. La caída de las identificaciones alienantes y lo que Lacan ha llamado la travesía del fantasma forman parte de un proceso de separación que incluye un duelo, en este caso programado, un duelo por la pérdida, no del analista, del que el analizante se separa al final, sino de la seguridad que encontraba en su fantasma.

El fantasma en su versión imaginaria es conocido por el sujeto y es de lo que éste se queja: “abusan de mí”, me excluyen”,… etc., es lo que el sujeto cree haber sido para el Otro, su mito. La travesía del fantasma supone el atravesamiento de sus envolturas imaginarias y se corresponde con una doble prueba: A través de la asociación libre el analizante llega al fin de la explotación de la cadena significante produciéndose la caída del sujeto-supuesto-saber. De este modo el sujeto hace la prueba de que el saber es incompleto y no pude nombrar su ser. Pero no basta con esto, una segunda prueba es necesaria: es preciso que el sujeto pueda tomar acta de que el objeto que se introduce entre su falta de sujeto y la falta del Otro, no es otra cosa que su propia pulsión. Es decir, que para el sujeto no hay otro ser que el pulsional y que éste nada le asegura respecto al Otro.

Cuando el analizante hace la prueba de que el Otro no es completo sino que está agujereado, agujero que antes estaba velado por su propio ser de goce alojado allí, se produce una deflacción del Otro, éste pierde su consistencia. Esta doble prueba implica una pérdida, la de la consistencia atribuida al Otro y también una ganancia, el aligeramiento del peso que el Otro tenía para el sujeto. La extracción del objeto fuera del campo del Otro consiste en extraer el goce de ese lugar y al hacerlo lo que se le revela al sujeto es la inexistencia del Otro.

Lacan en la “Proposición”, dice que el nuevo efecto que se espera de la travesía del fantasma es que ese “plus de gozar” extraído sirva de gozne a la puerta que abre el pasaje de analizante a analista y que el sujeto pueda hacer de ese “plus” otro uso distinto al del fantasma que, como sabemos, lo utiliza para velar dicho agujero. El atravesamiento del fantasma y la identificación al síntoma como resto de goce ineliminable marcan el final lógico de un análisis.

El analista se produce en su propio análisis y se autoriza de sí mismo: El analista que se autoriza de sí mismo y no del Otro es el analista producido a partir del objeto que el es. Se trata de una autorización sin el Otro y en acto, y no de una declaración. Autorizarse de sí mismo en acto es una autorización que no se funda en el Sujeto-supuesto-Saber sino en el objeto y una vez producido un analista, este sólo existe en su acto, acto que es sin Otro que lo garantice.

Este recorrido tiene consecuencias apreciables con respecto al estatuto de la castración y a la posición del sujeto frente a la misma: la castración deja de ser una pasión (que implicaría la ficción de creer que la castración tiene un autor: el Otro), y se convierte en algo equivalente al sujeto mismo, es a lo que Lacan se refiere cuando habla de “hacer de la castración sujeto”. Esta asunción de la castración conlleva la caída de las reivindicaciones y de las demandas apasionadas dirigidas al Otro y esto sin duda supone una importante ganancia para el afecto societatis.

Lacan en Radiofonía utiliza la expresión: “hacerse a ser” que es lo contrario de la “pasión de ser”. “Hacerse a ser” consiste en hacerse un ser que incluya la castración, es decir acostumbrase a ser como todo el mundo, e incluso acostrumbrarse a ser sin el Otro, a ser solo. Este “hacerse a ser solo”no implica estar aislado de los otros, no impide los encuentros, por el contrario, la asunción de la castración facilita los encuentros, los propicia y los hace llevaderos.

Acostumbrase a ser sin el Otro, acostumbrarse a ser “eso”, lo que queda cuando se han atravesado los espejismos y las ilusiones narcisistas, “eso” que se ha aprendido en el psicoanálisis sobre sí mismo no nos pone al resguardo de futuras sorpresas en la vida, en lo que puede venir después; eso podemos constatarlo y es lo que nos enseña que un análisis llevado a su término deja siempre algo no sabido.


Bibliografia:
Jacques Lacan, “Radiofonía y televisión”. Editorial Anagrama.

Jacques Lacan, “Proposition du 9 octobre 1967 sur le psychanalyste de l´École”, Autres écrits, Éditions du Seuil, Paris

Jacques Lacan, «Compte rendu du Séminaire 1966-67, la logique du fantasme». Editions du Seuil, Paris

5 de Noviembre de 2009

La soledad del analista. Luis-Salvador López Herrero (León)

14:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Acabo de aterrizar. Me piden que participe para la reflexión bibliográfica con celeridad. Lo pienso y dudo -porque no va con mi estilo tanta rapidez-, pero lo acepto y escribo, porque reconozco que me interesa la temática acerca de la soledad del analista y su articulación con la Escuela, como promotora del trabajo analítico.

La soledad siempre me ha parecido un estado afectivo necesario para la creatividad y, no me cabe duda que la Escuela ha sido para mí, un buen instrumento para este logro. Pero no es fácil, sin embargo, articular soledad y Escuela. Al menos, a priori, no van de suyo. Entonces, ¿cómo pincelar todo este asunto?

Siempre me ha llamado la atención ese comentario que Miller rescata de Lacan, en su texto, La Escuela y su psicoanalista(1999). Lacan está esbozando, con tormento, la creación de su Escuela. Pero no en cualquier momento, sino en esa encrucijada crucial en donde se ve obligado a tener que abandonar la IPA y fundar su Escuela.

“En aquel momento había un grupo de alumnos suyos que querían salvarlo y formar una escuela de notables. Sin embargo, semanas después, Lacan dio a conocer ese texto donde dice ‘fundo solo’. En aquel contexto, era decir que no estaba fundando con ellos. Lacan se planteaba como el ‘más uno’ de la Escuela, sin estar incluido en la serie. Y el performativo, así como el ‘más uno’, comportan la soledad. Es un tema para reflexiones infinitas; además, invita a pensar qué le llevó a esa soledad” (1).

A qué apunta esa soledad de Lacan. Un paciente me dice: “Me siento solo”. Su supuesta soledad remite a las diferentes sensaciones vertidas, en su mente, acerca del alejamiento del Otro a partir de una enfermedad. No le llaman las amistades, el médico no se preocupa suficientemente de su estado, su mujer sigue haciendo su vida mientras él se ve postrado con su rumiación pertinaz… Le interpreto al hilo de su historia: “Más que soledad, usted se siente abandonado”.

La palabra abandono tiene aquí una connotación francamente diferente a la de soledad. Mientras “abandono” remite a la espera del Otro, bien sea a su demanda o a su deseo, la soledad, bien entendida, apunta a un modo de estar en la vida mucho más íntimo –y quizás más consustancial con la condición del ser parlante-, que tiene como efecto estelar el acto creativo. La soledad, aunque parezca todo lo contrario, no sólo sería uno de los aspectos más verdaderos de la condición del sujeto, sino también el acicate de la creación. Así puede ser para todos; así fue siempre. Pero hay que descubrirla, “de la buena manera”, para precipitar junto a ella ese acto que verdaderamente hace corte con el Otro y permite crear. Justamente la experiencia analítica permite iluminar esa parcela de soledad y de respuesta creativa que bordea el agujero particular de cada uno, permitiendo la presencia del acto creativo como efecto o respuesta a “eso”.

Por eso la soledad, bien entendida, no es el abandono del Otro ni siquiera su alejamiento momentáneo, sino más bien la plena aceptación de la singularidad, y de la particularidad más íntima, que marca la diferencia y tensiona cualquier lazo. Es, en cierto modo también, una forma de aceptar esa condición particular de goce capaz de instrumentalizar ese malestar inherente que despierta lo real.

En este sentido, creo que la creatividad lleva a la soledad y también a la responsabilidad de un acto que brota a partir de lo más singular de uno.

Entonces, ¿qué le llevó a Lacan a esa soledad? La soledad del analizante que busca y encuentra, en su recorrido particular, su propio objeto, su invención. De este modo, la invención de Lacan, el objeto a, necesitaba para su desarrollo posterior la presencia de un nuevo marco, una nueva Escuela que pudiera albergar su descubrimiento, libre ya de los anclajes oxidados y maniatados de la IPA. Por eso, en rigor, Lacan no es abandonado por la IPA, sino que es él quien abandona a esa institución para poder ir cerniendo, de un modo mucho más singular, su propio descubrimiento.

De ahí que a la pregunta que se le realizó, una vez pasados los cuatro años de fundación y dirección de la Escuela: “¿Y ahora qué pasa con la dirección? Lacan miró para otro lado y continuó con otros dieciséis años” (2), para proseguir así, solo, pero no aislado, con su labor singular creativa.

Notas:
(1) Página 252, Introducción a la clínica Lacaniana, Jacques-Alain Miller, RBA, Barcelona, 2006
(2) Ibid. Página 253.

4 de Noviembre de 2009

Del aislamiento a la soledad. Susana Brignoni (Barcelona)

14:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Tomaré del artículo de Philippe La Sagna (“De l’isolement à la solitude”) aquellas cuestiones que muestran un movimiento bascular en la subjetividad entre aislamiento y soledad. Así como hay una tensión entre lo social y lo subjetivo, o entre el individuo y el grupo, también en la historia de nuestra civilización, y en nuestra época más reciente se manifiesta una tensión entre el aislamiento y la soledad.

En la clínica con niños y adolescentes recibimos demandas de padres angustiados por no saber cómo comunicar, cómo dialogar con hijos que, a sus ojos, están encerrados con un nuevo partenaire al que ellos en general no tienen acceso o les cuesta comprender. Este partenaire, el ordenador, según los padres aísla al niño en un mundo donde las interacciones no son posibles. Sin embargo, cuando escuchamos a estos niños y adolescentes las versiones que ellos narran de esta relación nos indican a menudo que el ordenador es un medio que han encontrado para poder trabajar una cierta separación. Se trata de un trabajo que el mismo sujeto desconoce pero que va haciendo en su experiencia a partir de los objetos que él escoge de la oferta social.

Respecto a los objetos que el sujeto escoge, La Sagna hace una distinción: el objeto puede ser sólo una fuente de estimulación o excitación, como un tóxico, y el sujeto puede gracias a él aislarse. Es decir, que no se trata del objeto escogido sino del tratamiento que se le da. La soledad es un modo de poder separarse de ese tratamiento del objeto. Es decir, que estos niños apoyarían la distinción que La Sagna nos propone entre aislamiento y soledad. La tesis es doble: por un lado, “la soledad no es el aislamiento”, y por otro, “el aislamiento evita la soledad”.

En esta distinción aparece de entrada la relación al Otro: mientras en el aislamiento se trata de su exclusión, en la soledad lo que está en juego es la separación. El aislamiento aparece como una maniobra de evitación del sujeto respecto a la falta. La soledad en cambio adviene cuando nos confrontamos con la falta en el Otro y con la falta en nosotros mismos. Pero esta confrontación es producto de una elaboración. Por eso, nos señala La Sagna, en la soledad hablamos de la existencia de una “frontera” entre unos y otros. Metáfora, no banal, desde el momento en que la frontera es lo que se puede traspasar, abrir y cerrar de acuerdo a ciertas reglas. En cambio, en el aislamiento, dice, se trata de un muro, de un cierre, que convoca a la ruptura. Vemos entonces que el par aislamiento/soledad puede correlacionarse con el par de ruptura/separación.

Pero, ¿qué acogida dar a estas modalidades de presentación del sujeto? ¿Cómo el analista puede orientar al sujeto hacia lo que es el encuentro con la soledad real y que implica la verificación de la inexistencia del Otro? La Sagna nos dice que el analista se acerca al aislamiento del sujeto para que él pueda construir una nueva soledad a partir de la cuál salir del aislamiento. Es decir, que de lo que se trata allí es de la operación de separación: ha de caer el objeto del aislamiento para que se ponga en juego la noción de falta y aparezcan las condiciones para la transferencia. De hecho, La Sagna nos dirá que estar aislado socialmente es a menudo el signo de una soledad que no ha sido construida. La construcción de esa soledad abre la puerta al vínculo, que nunca es adaptativo, y así podemos observar cómo individuos aparentemente adaptados en sus colectivos en realidad están profundamente aislados.

Finalmente, el encuentro con la inexistencia del Otro ¿adónde nos conduce?, ¿qué afectos puede provocarnos? ¿Qué cierra y qué abre? Puede provocarnos un vacío profundo, puede producirnos un dolor que nos conducirá a un trabajo de duelo, o tal vez puede despertar el entusiasmo de aquel que separado, toma a su cargo su propio deseo. Esta soledad construida es una “solución” a la versión de la inexistencia del Otro que deja “colgado” al sujeto. Es por eso que para el psicoanálisis de orientación lacaniana, concluye La Sagna, no se trata de la comunicación, no se trata de la empatía o de las técnicas profesionales para sacar al sujeto del aislamiento, sino más bien se trata de la transmisión de que en ese lugar donde el Otro está ausente, puede haber otra cosa como efecto de su ausencia: se trata de un saber, no cualquiera, el saber inconsciente que hace que el sujeto se encuentre con su verdadera soledad, ya no precaria.

LA SAGNA, PHILIPPE. “De l’isolement à la solitude”. En La Cause freudienne nº 66, 05/2007.

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    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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