El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

12 de Enero de 2009

Variantes del querer en la superficie del gusto*. Vilma Coccoz (Madrid)

01:06:37 , por jalvarez Spanish (ES)

Este título evoca un pasaje del comienzo del texto Kant con Sade que hace referencia a los cien años que fue necesario transitar en “las profundidades del gusto” para despejar el camino que hiciera practicable la vía de Freud, en la que el malestar que pesa sobre el deseo y el goce de los seres hablantes encontrara una resolución distinta a la condena religiosa o la búsqueda inútil de la absolución en sabidurías tan teóricas como inalcanzables.

Gracias a la subversión freudiana se logró formular una nueva razón práctica, una nueva ética, a partir del desciframiento de los síntomas y fantasmas inconscientes que asolaban la conducta y la conciencia de los seres hablantes.

Y, como bien observa Lacan, hicieron falta otros sesenta años para acceder a la lógica del asunto. Evidentemente, su texto Kant con Sade forma parte del esclarecimiento al que hemos accedido gracias a su enseñanza. Entretanto, como enunciaba Jacques-Alain Miller en Comandatuba (1), la moral civilizada se disolvió y el psicoanálisis participó en a esta disolución, en la medida en que contribuyó a penetrar y cuestionar los semblantes. El estado del discurso hipermoderno, caracterizado por el ascenso al cenit social del objeto a, implica la producción frenética y acelerada de objetos que se imponen al sujeto sin brújula, invitándolo a atravesar las inhibiciones. (2)

Cien años después de la invención del psicoanálisis, la operación de transformación de los gustos se vincula, esencialmente, a lo que segrega la superficie de las distintas pantallas, al valor arrollador de las imágenes que capturan el interés del homo videns con sus escopias corporales. “Lo he visto, lo quiero”. “Existe, es posible, quiero conseguirlo”, tales serían las formulaciones a las que se reducen las “variantes del querer” actualmente. Preferimos utilizar esta expresión para señalar la diferencia con las distintas cualidades del deseo inconsciente que la clínica psicoanalítica pudo deducir en la estructura de las neurosis que le tornan insatisfecho, imposible o prevenido. La “psicología profunda” -como llamaba Freud al psicoanálisis- descubrió estas formas del deseo tramadas intrínsecamente en las dificultades y paradojas del goce.

¿Qué aprendemos sobre el desvarío del goce una vez que, por estar permitido, se ha vuelto obligatorio? Que las distintas aspiraciones del querer orientadas a los semblantes sexuales, las pretensiones del pareser(3) en la sociedad del hipersexo, al no vincularse a la lógica del discurso, no hacen sino acrecentar el malestar respecto al goce, propio de nuestra condición se hablantes.

El cybersexo, sus prácticas, su lenguaje y su mercado tiene una influencia creciente en las expectativas de los jóvenes. Aunque no pueden desdeñarse otros factores cuya incidencia importa a la hora de valorar el panorama actual de los semblantes. Como, por ejemplo, los acelerados cambios jurídicos en las sociedades democráticas, que han hecho posible la concreción de reivindicados quereres, como el cambio de sexo de los transexuales, la adopción y el matrimonio de parejas homosexuales. También, y en muchos aspectos como causa de los cambios jurídicos, son relevantes los efectos de los avances en las técnicas de reproducción asistida y sus consecuencias en lo relativo al parentesco. El caso de T. Beaty ha saltado a los medios de comunicación como “el primer hombre embarazado”: él, antes ella, dice querer ser el padre de su hija. Así parece haber logrado hacer realidad la pretensión de muchos homosexuales, esto es, la separación de la filiación y el sexo.

No podemos desconocer el singular protagonismo que en este estado de cosas ha conquistado el cuerpo. Convertido, según Eric Laurent, en el nuevo tótem, el cuerpo parece haber conseguido coagular la diferencia entre el ser y la imagen, como si pudiera otorgar una clave esencial para la identidades inciertas. El imperativo “ser sexy” conquista cada día más almas en el mundo del hiperconsumo: desde las cada día más precoces “lolitas” a las adolescentes despistadas. Las revistas dirigidas a este joven público femenino reiteran sin cesar sus reclamos a la llamada “generación narciso” induciendo curiosos cambios en las significaciones, a través de los consejos: “sé feminista hasta en la cama”, “practica el amor propio, como ellos” (un curioso eufemismo de la masturbación).

Una producción incesante de iconos sexuales inunda el ciberespacio: el metrosexual, como Beckam, que cultiva la vanidad masculina y, aunque es heterosexual, se interesa más por la elegancia que por el sexo. El tecnosexual, como Bill Gates, definido como un narcisista urbano. Es deportista y se fascina por la informática y las nuevas tecnologías. El übersexual, como George Clooney, pretendido revival del galán de los años 20, sensible pero seguro, admite su lado femenino.

Las chicas sexys, “de armas tomar”, sin embargo, son modelos surgidos de personajes de ficción como Lara Croft, Kill Bill, las chicas “manga”. Estas últimas han sido escogidas para los moldes de las reall dolls, con peso, esqueleto y piel semejantes a las humanas, que también pueden ser diseñadas a la carta.

Las intervenciones de cirugía “hipersexualista” (4) ofrecen esperanzas a los excluidos de los cánones: en la sociedad del hipersexo los no sexys son condenados. Aunque ya tiene también sus mártires, como Lolo Ferrari, que murió luego de conseguir tener los pechos más voluminosos de Europa; y sus profetas, como los seguidores del anillo de la castidad aunque su razón de ser no arraiga en el rechazo del pecado sino en el temor a las enfermedades de transmisión sexual.

La denuncia, emprendida por una web de lesbianas, acerca de la existencia del faux homosexual, -que se dice tal sin serlo- revela, de una forma patética, que el discurso sobre lo sexual convoca, por estructura, una exigencia de verdad. Y sólo el discurso analítico ofrece una vía en la que orientarse en la estructura, al demostrar que la verdad es estrictamente correlativa del semblante, que Lacan homologa al discurso.(5) El psicoanálisis demuestra que “el plus de goce no se normaliza sino en la relación que se establece al goce sexual, en la medida en que éste se articula al falo, que es su significante. El falo es el goce sexual en tanto solidario de un semblante.”(6)

Hombre, mujer
En los años setenta, momento en que cobraron fuerza los estudios sobre la identidad y las teorías de género, Lacan afrontaba la demostración de un axioma decisivo respecto al goce: la ausencia de escritura de la relación sexual. Es evidente que él no desconocía tales trabajos, a juzgar, por ejemplo, por algunos pasajes de sus seminarios que parecen responder a directamente a dichos planteamientos. “La identificación sexual no consiste en creerse hombre o mujer sino en tener en cuenta que hay mujeres, en el caso del varón y de que hay hombres, en el caso de la niña.”(7)

Una y otra vez encontraremos en los resultados que ofrece la clínica psicoanalítica que la reducción del malestar que induce el goce, -lo real sin ley en el ser que habla-, depende de su ordenamiento, de su alojamiento en un orden de discurso. Y en este sentido es fundamental distinguir un orden de discurso de una ideología de dominio, confusión en la que se incurre al denunciar el supuesto falocentrismo freudiano.

La teoría constructivista de las identidades sexuales pretende desmontar la concepción de una sexualidad “natural” en la que la tradición patriarcal y heterosexual habrían asentado su dominio sexista. Las identidades sexuales, consideradas como meras ficciones, se convierten, por lo tanto, en entidades “móviles”: siendo construcciones culturales, elaboradas a partir de raíces sociales e históricas podrían ser modificadas por el sujeto en sus respuestas a la intimación del discurso.

A partir de la premisa del carácter performativo de las identidades se apostaría por una decisión, una elección subjetiva que, mediante la eficacia de la enunciación, conseguiría contrariar y evitar el dominio político ejercido por el discurso en la determinación de la identidad sexual. Esta teoría propone la alternativa de un “querer ser” frente al “deber ser” cuya aceptación o adaptación, efecto de la reiteración y de la constancia, harían suponer una esencia masculina o femenina “natural” cuando, en realidad, el sujeto es un vacío. Se promueve así la “autodesignación del sexo”, posible gracias a la diversidad de significaciones de los signos en función del contexto: negarse a ciertos sentidos y favorecer otros movilizaría la aparente esencialidad de las identidades.(8) En esta concepción la identidad es entendida como narración o construcción histórica y se cita como referencia, entre otros autores, a Lacan. Pero se toma en cuenta sólo la primera parte de su enseñanza, desconociendo los progresos que conoció el psicoanálisis después de la época estructuralista.

En el seminario …Ou pire Lacan insiste en el hecho de que cada uno de nosotros existe, a partir del significante, como sexuado. Como si el lenguaje formara una película invisible que cubre nuestros cuerpos se refiere a su delgadísimo espesor que, en lo relativo a la sexualidad, abarca una extensión mucho más vasta, una superficie mucho más amplia que en los animales. En ellos, cuando no están en celo, su comportamiento se parece muchísimo, como se comprueba al observar, por ejemplo, a los leones pequeños.

“Que haya hombre y mujer es asunto del lenguaje, aunque el valor del partenaire, ya sea hombre o mujer, es inaprensible al lenguaje.” En la dimensión del significante, el hombre y la mujer toman valores sexuales determinados porque para el ser hablante es “él” o es “ella” y eso existe en todas las lenguas del mundo, afirma Lacan (9). Se dice el hombre y la mujer pero no sabemos lo que son, el género les designa pero no les identifica, no les confiere una identidad. Aunque en esa época comenzó a ser cuestionada, lo cierto es que durante mucho tiempo “esta bipolaridad de valores ha sido considerada suficiente para soportar, para suturar lo que concierne al sexo.”(10)

Resulta cuanto menos sorprendente que, precisamente, en esos años en que se iniciaron los movimientos de cuestionamiento de las identidades sexuales, a través de la negación de una sexualidad natural, Lacan, por su parte, afirmara una diferencia natural entre la pequeña dama y el pequeño hombrecito, y ello en la medida en que “hay un real” en los hechos de la especie “hija de sus obras”, la especie que habla. Es preciso aclarar que “natural” para Lacan no significa anatómico ni sustancial, sino propio de la especie que habla: de la misma manera que se habla de números “naturales”, es posible hablar de tal diferencia natural. También hay que tener en cuenta, como lo recuerda Miller, que Lacan encontró el ejemplo de semblante en la naturaleza, en el meteoro, en el arco iris, en el trueno. De ello se desprende la distinción del semblante y lo real. Lo real es una consecuencia de lo imposible y con él se habla de estructura y no de naturaleza (11).

En el homosapiens los sexos parecen repartirse en dos partes de individuos que “se distinguen”. No que ellos se distingan a sí mismos sino que se les distingue. Lacan admite que el análisis ha desvelado una “vocación prematura” que cada quien experimenta por su sexo. Este hecho maravilla a los adultos: se dice del niño que “es inquieto, investigador, sensible a la vanagloria. Ella, la niña, en cambio, no piensa sino en cómo enfundar su figura en un agujero y rechaza dar los buenos días.” La gente se maravilla porque se muestran, tempranamente, conformes a los tipos de hombre y mujer, que tendrán que constituirse, más tarde, en torno a las consecuencias del precio que habrá tomado para ellos la “pequeña diferencia”. Aunque, por supuesto, también importa la manera en que ésta ha sido tratada por sus padres que les distinguirán, desde su propia subjetivación de la castración que el lenguaje impone a los seres hablantes.

La diferencia significante pasa “tramposamente” a lo real por intermedio del órgano: induce al error natural, esto es, a distinguirles por medio de la “pequeña diferencia”. Esta funciona como la trampa, el anzuelo (appât) del deseo sexual. En este error natural se fundamenta la desmesura actual que llamábamos sociedad del hipersexo.

De este desarrollo Lacan extrae importantes consecuencias clínicas. El psicoanálisis surgió como respuesta al discurso de la histérica, por haberle concedido la palabra para revelar lo que hay de semblante en dicho error natural. El transexual, por su parte, no quiere ser significado por el discurso sexual, quiere liberarse del “error natural” que introduce el significante por medio de la cirugía del órgano.

La homosexual, sostiene el discurso sexual (que es imposible) con toda seguridad y no se arriesga a tomar el falo como un significante.

Lacan no escatima elogios al movimiento de Las Preciosas que “definen admirablemente el ecce homo del amor” (12). En esa filiación culta ubica a la joven homosexual, paciente de Freud, dado que, en su comportamiento (digno del amor cortés) elevaba la falta fálica, a la dignidad de la Cosa. La homosexual se mueve como pez en el agua en el discurso del amor pero se amputa del discurso analítico -cuya estructura supone, precisamente, la dimensión del falo como semblante (13)- y permanece en una ceguera respecto del goce femenino.

Con todos los respetos que merece el movimiento feminista por el tesón y la fuerza con que han sabido defender y lo siguen haciendo, los derechos civiles de las mujeres, constatamos el riesgo que conlleva una “sexualización de la política”, muchas veces irreflexiva y parcial como la que concierne a la llamada “violencia de género”. Si tenemos en cuenta el dato escalofriante de que el 75 % de los casos de transgresión de la ley de alejamiento sea provocado por las propias mujeres. O casos como el que saltó a la prensa durante el pasado verano: un profesor de universidad que permanece en coma a raíz de los golpes que recibió en la desgraciada defensa de una mujer que estaba siendo azotada por su pareja y que, posteriormente, negaría los hechos. Estas paradojas morales han suscitado acalorados debates que conducen, a veces, y a falta de cernir su lógica, a lo peor, o sea, a la inculpación de la víctima.

Los trabajos del tecnofeminismo nos parecen demostrativos del callejón sin salida al que se puede llegar en la pesquisa de un discurso sexista. Algunos textos celebran el fin de la diferencia sexual gracias a la tecnología. Otros, en cambio, denuncian la incidencia en los nombres y en las actividades vinculadas a las nuevas tecnologías de la política de género. Desconociendo la mutación que está atravesando la concepción misma de humanidad -y que afecta a los hombres y a las mujeres-, una de sus adalides, Judi Wacjman, centra su crítica en el “sexismo” que determina la feminización de las máquinas. Se rebela ante la invención del robot K-bot porque tiene cara de mujer y expresa emociones: sonríe, puede hacer una mueca de burla o fruncir el ceño. (14)

Pero, por otra parte, llega a exaltar la capacidad de las mujeres por estar a la altura de los llamados “guerreros corporativos” que trabajan más de sesenta horas a la semana. Aunque llega a admitir que, por lo general, tales mujeres senior se ven obligadas a renunciar a la maternidad. El acento colocado en la igualdad de capacidades le hurta a esta autora la capacidad de espantarse ante los nuevos modos de esclavitud que trae consigo el estado actual del capitalismo.

El discurso del amo quiere que las cosas vayan bien. Sostiene pues, la igualdad entre el hombre y la mujer. El discurso analítico nos orienta para captar la lógica de lo que va mal, de lo que no marcha. ¿Qué nos enseña el discurso analítico? Lacan propone a los analistas explorar una nueva lógica derivada de la experiencia. Tenemos que tomar en consideración lo indecible, lo real del sexo, la ausencia de relación sexual para no imprimir el error natural respecto al goce en la interpretación de los síntomas. Lacan desconfía de los analistas que -aferrados como Ulises al mástil fálico- intentan no sucumbir al canto de las sirenas que traería como consecuencia la consideración estructural de la ausencia de la relación sexual en su intervención. Se fía, en cambio, Lacan, mucho más de la intuición de ciertos sujetos que manifiestan sus temores ante la posibilidad de analizarse porque, dice, “temen que podrían verse reducidas, podrían verse afectadas las relaciones interesantes, los actos apasionantes, incluso las perturbaciones creadoras que necesita dicha ausencia de relación.” Encontramos en esta aseveración una interesante consideración que alivia esta verdad de estructura de una significación de fatalidad e impotencia.

Una vez conquistadas las libertades cívicas inalienables de los homosexuales, se empiezan a constatar las consecuencias del discurso identitario, sostenido en una comunidad de goce el cual, al rechazar la dimensión real del sexo, deja a los sujetos atrapados en un discurso tipo disco rayado, girando en redondo, sin dialéctica, sin salida. Ya han comenzado a destacarse microtribus de carácter esencialmente mimético, a partir de figuras y prácticas de goce que reproducen en la comunidad de gays y lesbianas, las exclusiones y segregaciones sufridas por el discurso sexista. La incidencia de un discurso reivindicativo, de oposición a la homofobia, con su cultivo de la confrontación, abunda en el imaginario narcisista y contribuye a la errancia del goce. Lacan consideraba vano derramar la sangre contra un semblante (15), en la medida en que el ídolo que se intenta atacar esconde una identificación secreta por lo que, muchas veces, se acaba como mártir. Las transformaciones sociales sólo pueden advenir como consecuencia de cambios de discurso, de cambios en los gustos.

Las comunidades de gustos en las que intentan afianzarse las identidades sexuales debido al rechazo sostenido de lo real de la sexualidad que impone la estructura y merced al forzamiento de las identificaciones, pueden llegan a potenciar, al no conseguir alojarlo en un discurso, un goce descarriado y mortificante.

Hacer valer su identidad a través del ejercicio de una práctica sexual se convierte en un imperativo superyoico al que muchos sujetos quedan esclavizados, empujados a un cómputo de conquistas ciegas que requiere de un cotidiano esfuerzo, además de horas frente a la pantalla.

La estructura trinitaria del cuerpo que nos aporta la enseñanza de Lacan consigue superar la histórica dicotomía de alma-cuerpo, o anatomía-psiquismo: la eterna dualidad en la que echa raíces “el pensamiento del mango”, del dominio, de la identidad. La lógica ternaria del ser hablante permite concebir el cuerpo como un nudo de tres: la vida, la imagen o los pensamientos sobre el cuerpo –i(a) que Lacan asimila al “alma” y el saber inconsciente.

Por la vía del discurso analítico se ofrece una alternativa a los callejones sin salida en la que están atrapados los discursos relativos a las identidades sexuales. La interesante teoría queer, que destaca la distancia entre las identificaciones y el equívoco de las diversas prácticas sexuales. A diferencia del movimiento gay que pone el acento en la comunidad, el queer insiste sobre el derecho a la diferencia, a inventar una sexualidad diferente.(16) Pero, al desconocer lo real del goce, esta teoría yerra.

A distancia de los espejismos que invocan los quereres vinculados a las imágenes y a su desquiciado atractivo y de todos los cambios que la ciencia hace posible, el discurso analítico se propone contribuir a la semblantización del goce (17) propiciando su ordenamiento en una lógica encarnada: “Es en un discurso que los hombres y mujeres naturales tienen que hacerse valer como tales.” (18)

En un pasaje de Télévision (19) Lacan constataba la morosidad y el aburrimiento que aqueja a los jóvenes que se entregan a relaciones sin represión, lo cual le indujo a concluir que si los recuerdos de la represión familiar no fueran verdaderos, habría que inventarlos. Y ello debido a necesidades de la estructura: “El impasse sexual secreta ficciones que racionalizan lo imposible de donde éste proviene.” De ahí que Lacan considere que el “sexo-izquierdismo” que hacía furor en su época, redoblaba, con su intención liberadora, la maldición (20) que pesa sobre el sexo. El discurso analítico propone una ética del bien-decir una vez que se ha comprobado que el semblante es la condición del goce.

Gracias al semblante se consigue vestir lo real, civilizar el goce, a falta de lo cual, sólo se muestra como obscenidad. De esta manera, el sujeto puede obtener una brújula con la orientarse y construir un “semblante de comunicación”, un partenaire social y sexual que le convenga para aparecer (21) en el paisaje de la vida.

* Intervención en las VII Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, -ELP- Clínica del Lazo Familiar y de sus Nuevas Formas. Noviembre 2008


Notas:
1-. Jacques-Alain Miller: Una fantasía. Lacaniana Nº 3 E.O.L.Bueos Aires. 2005.Pág.9
2-. Idem, pág.10
3-. Escribimos pareser para traducir la condensación lacaniana entre parecer y ser (parêtre) con la que Lacan hace referencia a que el ser hablante está condenado a conquistar un ser de semblante.
4-. J.A.Miller: op.cit. Ver la distinción entre prótesis y postizo. Este último vinculado al semblante, no garantiza la función, a diferencia del primero. Pág. 162
5-. J.Lacan: D’un discours qui ne serait pas du semblant. Seuil. París. 2006.
6-. Idem. Pág.34
7-. “Y –agrega- lo que importa no es lo que ellos experimentan sino la situación real (…): para los hombres, la chica, el falo, los castra. Para las chicas, es parecido, el falo las castra porque ellas no adquieren sino un pene y es fallido”. Idem. Pág.34
8-. Si se es convocado a una determinada identidad y no se responde a ella sino que en la enunciación se lleva a cabo un acto performativo que ubica al sujeto en otro lugar, se habrá conseguido desvincularse de la alienación al discurso dominante.
9-.Es el principio del funcionamiento del género, incluso en el hermafrodita se podrá pasar de uno a otro pero no se lo llamará “eso” en ningún caso, a no ser que para manifestar un horror de tipo sagrado.
10-. J.Lacan:…Ou pire. Inédito. Clase del 12 de enero de 1972
11-. J.A. Miller, La naturaleza…. Pág. 14
12-. J.Lacan: …Ou pire. Inédito. Clase del 8 de diciembre de 1971
13-. En un trabajo sobre la joven homosexual hacemos referencia al rechazo de la joven a la interpretación de Freud según la cual su conducta de desafío al padre provenía de su amor despechado. Ella había deseado un hijo, el falo del padre, lo que supone su consideración de significante, pudiendo ser metaforizado por el hijo.
14-. Esta autora puede quedarse tranquila, ya se están comercializando los boy dolls.
15-. J.Lacan: D’un discours qui ne serait pas du semblant. Seuil.París 2006. Pág.29
16-. Eric Laurent: Ni Ganymède, ni made in gay. La Cause Freudienne nº 55
17-. En su conferencia del último congreso de la AMP, en Buenos Aires, Jacques-Alain Miller afirmó que la semblantización de la experiencia analítica, requiere, por parte de los analistas, una mayor exigencia en la búsqueda de lo real.
18-. J.Lacan: D’un discours… pág.146
19-. J.Lacan: Télévision, en Autres Ecrits. Seuil. París. 2001. pág 532
20-. Lacan habla de malédiction, que permite el equívoco entre maudire y dire mal, que se puede trasladar al español también: maldecir y decir mal.
21-. Cambiamos la ortografía de “apareser” para indicar la condensación que hace referencia al “ser” en juego en el “aparecer”, en el ser de semblante al que está destinado el ser hablante.

18 de Diciembre de 2008

El niño como real del delirio familiar. Eric Laurent (París)

01:08:07 , por jalvarez Spanish (ES)

Los días 8 y 9 de Noviembre se celebraron ante una nutrida asistencia, las VII Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, -ELP- bajo el título Clínica del Lazo Familiar y de sus Nuevas Formas.

Los excelentes trabajos desarrollados tanto en las plenarias, como en las salas simultaneas, así como los presentados por los Analistas de la Escuela, -AE-, tuvieron un excelente colofón en la Conferencia de Eric Laurent titulada “El niño como real del delirio familiar”, y de la cual ofrecemos una amplia reseña que, a buen seguro, será tan orientadora como lo fue para todos los asistentes que allí nos encontrábamos.

Eric Laurent comenzó planteando la fractura que ha sufrido la familia tradicional a partir de lo que él mismo definió como la
hipermodernidad, recordando el peso que tenía la familia como institución y evocando la importancia que le concedía Hegel, para el cual era la primera institución que articulaba la naturaleza y la sociedad civil.

A partir de aquí, dejamos la palabra a Eric Laurent.

La hipermodernidad interviene sobre la definición de la familia Aristotélico-Tomista modificando cada uno de los términos. La familia definida a partir del casamiento es algo que pertenece al siglo pasado. La familia actual incluye múltiples formas de unión de facto o de derecho. Estas familias que pueden ser monoparentales, homoparentales, hacen aparecer en la actualidad al casamiento como un lujo institucional. La prueba es que hoy sólo recurre a él, en Francia, no mas del 40% de la población.

Aquella familia se sostenía en el casamiento entre un hombre y una mujer; y hoy ¿quién sabe qué es exactamente un hombre o una mujer en una época de trastorno de género generalizado?... Por ejemplo, en el caso de las parejas unisex, ¿cómo estar seguro de que el otro es del mismo sexo? Esta es la pregunta queer, que plantea que la categoría de sexo está construida socialmente; por tanto, es un universal extraño y a partir de ahí ya nadie puede estar seguro de nada.

Igualmente para criar a los niños, ¿quién sabe hoy qué es la educación?, ¿quién sabe hoy lo que significa criar a un niño? Existen multitud de expertos que están en desacuerdo, y se proponen una burbuja de soluciones, -al estilo de la burbuja financiera-, que amenaza con estallar a cada rato, mostrando el desasosiego y la angustia profunda de la institución escolar en la que, en lugar de responder a lo que significa educar y transmitir un saber, sólo encontramos lamentaciones sobre lo imposible que es educar a los niños.

Así que los niños tampoco están concebidos dentro del casamiento, y muchos son concebidos con la ayuda de la ciencia, no sin que se acabe produciendo una especie de objetos con los cuales no se sabe bien qué hacer; me refiero a los embriones en serie producto de la experimentación.

Por tanto, la hipermodernidad opera sobre los términos de lo que antaño era la familia tal y como lo hace sobre otros sectores de la cultura, revelando el carácter ficcional de los lazos familiares y sociales. Es como el capitalismo, tiene una función de destrucción creadora: destruye la tradición y hace proliferar una nube de nuevas formas; y estas formas, como no están consolidadas por el tiempo, son lazos mucho más frágiles. Las normas, como las leyes están siempre mal hechas, y como en la actualidad no hay tiempo de darse cuenta de hasta qué punto están mal hechas, se vuelven obsoletas antes de poder consolidarse.

Nos encontramos aquí con una paradoja que constató nuestra colega María José Freiría en su ponencia, y es que, al mismo tiempo que se sofistican las ficciones, cada vez insiste más la nostalgia en el Derecho Natural. Para ella esto es una paradoja, ya que ¿cómo con esta proliferación ficcional no conseguimos dejar de lado esta creencia en lo natural de la institución familiar? Sin embargo, esto es una paradoja fundamental. Porque surge al mismo tiempo en el que la nube de ficciones, en sus incertidumbres mismas, ofrece un campo nuevo a las concepciones más o menos delirantes de los padres sobre lo qué quieren de un niño, y se puede ver bien cómo cumplen con su culpa al no estar a la altura de los ideales transmitidos por la tradición o, si no, por la televisión, por las historias que allí se cuentan; en definitiva, el storytelling general.

Lo convencional de las ficciones al mismo tiempo revela cada vez más el carácter de objeto real del niño, objeto pasionalmente deseado y rechazado al mismo tiempo. Es decir, lo que queda disfrazado, disimulado por la hipótesis institucional es que este niño como objeto de pasión es algo que obstaculiza, que hace objeción a la creencia en lo ficcional.
Vemos este doble movimiento en las dos grandes escuelas sociológicas sobre la evolución de las familias y que inspiran las leyes del amo. Para una de ellas, la familia ha dejado de ser una institución, y lo importante es el uso que la gente hace de esas ficciones: cuál es la más popular, la menos..., y esto llega hasta el derecho fiscal para considerar a cuál conviene subvencionar, etc. Así que considerar que la familia no es una institución, es considerar que es como la religión en la laicidad post-revolucionaria, es decir, que pertenece al registro privado.

Para la otra, que está cercana a la Iglesia, la familia se mantiene como una institución; y frente a la diversidad existente, incluso a la inexistencia del lazo familiar, entonces se decreta que cuando incluso no hay familia existe una. Y existe una a partir de una operación mágica que consiste en mantener la ficción de que es el hijo el que crea la familia. Ya al nacer, sólo por nacer, crea la familia. Esta ficción jurídica permite mantener la ficción religiosa adaptada a los descubrimientos de la ciencia, ya que gracias al código genético se puede asegurar que el niño va a tener su número de código, número calculable, y se puede afirmar que si no se encuentran los padres se podrán realizar los test que permitan definir la paternidad. En definitiva, una operación que reduce la filiación a una categoría burocrática.

Sin embargo, esta esperanza de encontrar un límite, una roca debajo del mundo de las ficciones tiene sus impasses, y el caso presentado por Guy Briole en la Plenaria de apertura lo demostró. Una vez que aparecen estas bodas soñadas entre la institución familiar y la ciencia surge la pregunta por la causa. Es decir, lejos de ser un límite, la genética abre al mundo nuevas ficciones, abre un imperio de historias, de storytelling. Además, nos hace entrar en el mundo encantado de la medicina predictiva: con el código genético uno puede soñar cuáles van a ser sus vidas posibles; qué riesgo tiene de contraer tal o cual enfermedad, cómo será la vida con un 70% de probabilidades de desencadenar un cáncer linfomático entre los 56 y los 62 años. ¿Cómo es una vida así?, ¿cómo soñarla? Hay toda una industria que ya está preparada para explicar lo que es vivir una vida así. Y vamos a tener manuales de cómo vivir la vida, educarnos a cómo vivir la vida debajo de estas ficciones que van a provocar una nueva desorientación en las ficciones jurídicas.

La cuestión es que la familia, frente a este mundo encantado, puede llegar a ser el lugar transitorial que permita calcular cuál es el riesgo al que ya estamos expuestos. En este sentido, la historia, la herencia -incluida la herencia genética-, va a ser sólo un momento transitorio. Con la exploración global del código genético, cada uno de nosotros vamos a poder calcular cuáles son los riesgos a los que estaremos expuestos. Es decir, la ciencia va a decir mucho más sobre nuestras herencias que lo que podrá hacer la familia.


Entraremos en un mundo en que habrá que detener la pasión de autogeneración de los sujetos que podrán volcar on-line su propio código genético ya descifrado para todos aquellos que les puedan ayudar a sostener la ficción de cómo vivir su vida bajo los riesgos a los cuales están expuestos; seguramente en el futuro en Face-Book estarán los códigos genéticos de cada uno de ellos. James Watson y Craig Venter ya han puesto en línea sus propios códigos y animan a constituir la secta de la gente apasionada por esto.

Ahora bien, sean las ficciones jurídicas, sean las ficciones científicas, todo ello nunca podrá dar cuenta del punto de real de lo que es el origen subjetivo de cada uno. O sea, la malformación del deseo del cual cada uno proviene; no la malformación genética, sino la malformación de lo que fue el encuentro fallido entre los deseos que a cada uno de nosotros nos propulsó al mundo.

En este fallo particular en el encuentro entre los sexos, -y no importa si son o no del mismo sexo-, y el deseo de niño, eso siempre será como el encuentro del paraguas y la máquina de coser sobre la mesa de disección... ¿Quién podrá saber de qué extrañeza del goce proviene? El origen mítico que sostiene las ficciones nunca dejará de interrogar este punto en el cual el origen no puede responder al misterio de quién soy yo, ni a la imposibilidad de ser causa de sí mismo...

El deseo de la madre, -especialmente destacado en la ponencia de Toni Vicens-, en su desciframiento tiene un límite: el niño nunca podrá descifrar este código extraño del cual proviene, revelándose entonces por lo que es: un obstáculo para la familia y sus ideales. De la misma manera que el Padre Ideal es el padre muerto, la familia ideal es una familia sin niños... Cuando el niño aparece, el círculo de familia explota, se fragmenta.

En la medida en que el padre o la madre no se fundamentan más que en un ideal delirante, ficcional o científico, revela cuál ha de ser la posición del analista y que no es otra que la de proteger a los niños de los delirios familiaristas, proteger a los niños de los “lazos familiares”, de sus nuevas formas, de las pasiones que las habitan; del infanticidio profundo que es el deseo de muerte escondido en el lazo familiar. En definitiva, la posición del analista ha de ser la de proteger al niño de los delirios familiaristas de sus padres.

La familia y el lazo familiar se sueña a sí misma como el lugar en el cual se podría operar la transmutación entre función y ficción. Este fue el sueño de Karl Abraham dentro del psicoanálisis. K. Abraham tenía una idea de la ficción del desarrollo del niño: el psicoanálisis consistía en llevar al niño de la mano, hacerlo pasar por los distintos estadios, -orales, anales, genitales-, para finalmente llegar al buen uso del órgano genital dentro de la ficción edípica. Y así, integrando la diversidad pulsional se obtenía una transmutación que permitía introducir al niño en una ficción consoladora, es decir, a un goce que tenía un nombre en tanto vinculado al falo. Esto aún se mantiene en algunas corrientes analíticas. Por ejemplo, cuando se trata al niño psicótico y se demuestra, después del tratamiento, que el niño ha elaborado una organización portadora de valencias edípicas que le permiten una cierta combinación de su organización pulsional que tiene un valor pseudoneurótico. Esta concepción de las cosas define más bien lo que es una psicoterapia. Lo dijo Lacan de una manera tajante: “Una psicoterapia consiste en hacer creer al sujeto en su padre”; lo que define el límite entre lo que es la orientación lacaniana, psicoanalítica como tal, de lo que es la psicoterapia. Y esta diferencia es esencial.

Sin embargo, a la luz de la organización sintomática, -que es distinta a la organización neo-edípica-, lo que organiza el mundo de las pulsiones, -más allá de la creencia en el semblante del padre-, es el síntoma. Esto es un paso más en el psicoanálisis planteado después de Freud por los alumnos de K. Abraham, como Melanie Klein que, sin embargo, no lo siguió en su fascinación por la ficción paternal. Este paso fue articulado por Lacan en los años ’60, planteando que el niño, una vez que se va más allá del semblante paterno, se revela como un objeto como tal. Y es a partir del niño como objeto, y no sólo de la madre, que se puede reconfigurar la posición paternal. No a partir del nombre, -tal y como nos lo recordaba Toni Vicens-, sino a partir del lazo con este objeto.


Definir al padre como una función, tal y como lo formuló Lacan, es un paso decisivo, porque de una función no se puede definir el conjunto de los casos que abarcan dicha función. La función no es definida a partir de una esencia, o de sus caracteres como un concepto, sino que es definible por las realizaciones de las variables que constituyen su desarrollo. La función paternal no podemos conocerla sino a partir de los modelos que ella misma realiza. Si ser es ser el valor de una variable, ser un padre es ser uno de los modelos de realización, uno de los valores -a, b, c,...- de la función paternal. Y los padres, uno por uno, son las versiones de goce de esta función. Son padre-versiones, perversiones. Por tanto, no se trata del padre en tanto que nombre-semblante, sino que se trata del objeto a.

En nuestro campo analítico tenemos algo en común con la física cuántica en la que cada objeto se puede definir a partir de su velocidad o de su posición o, como en el caso de la luz, como onda o como corpúsculo. Así, de la misma manera podemos definir en nuestro campo un objeto a partir de su posición significante, o a partir de su posición de objeto.

Lacan nos proporcionó la definición de un padre a partir del objeto a con la fórmula de que: “Un padre no tiene derecho al respeto y al amor, mas que si dicho amor está perversamente orientado. Es decir, si hace de una mujer objeto a, causa de su deseo. Pero lo que una mujer acoja así no tiene nada que ver en la cuestión. De lo que ella se ocupa es de otros objetos a que son los hijos”. Esta frase es una trenza muy precisa. Según esto, ser un padre es haber tenido la perversión particular de atarse a los objetos a de una mujer. Es un lazo muy particular, muy social y deja abierto el hecho de que una mujer pueda ser, o no, aquella con la que el padre ha tenido los hijos. Esta es una formulación muy actual que conviene a las familias recompuestas.

Sin embargo hay un quiasma. Porque según la estructura del deseo masculino, el hombre se ata a los objetos a que causan su deseo. Por ejemplo, el fetichista tiene la perversión de atarse al falo que falta a la madre poniendo en juego un fetiche particular. Lacan también define al padre, en cierto modo, desde un fetichismo particular. No se trata de un objeto que no está en su lugar, sino de un objeto que una mujer ha producido. El niño es objeto a de la madre.

En cierto sentido, se puede hablar de un entrecruzamiento de la padreversión-perversión y de la perversión maternal que enlaza madre e hijo, y que tiene siempre un carácter de locura a dos. Como se ve en los casos que más llaman la atención, los de infanticidio, que fascinan por el enigma que representan, por la puesta en cuestión de todo ideal posible; fascinan y a la vez angustian. O también la disimulación de los embarazos tal y como ocurrió en Francia, que fascinaron porque mostraban bien cómo “el niño” puede llegar a generar ese tipo de pasiones que forman parte de esta locura particular que hace al lazo maternal.

Si un hombre se ocupa de los objetos a de una mujer, Lacan añade que, lo quiera o no, ocupará el lugar paternal, es decir, esto no tiene nada que ver con la voluntad. Y precisamente no tiene nada que ver con la voluntad de ser padre. Si el psicoanálisis puede proteger a los niños de los delirios familiares, se trata de aliviar especialmente a los hombres de sus delirios de paternidad. Del lado neurótico, para aliviarse de la carga de su deseo el sujeto neurótico quiere completarse al síntoma familiar: el de ser un buen padre de familia; imagina que esto le podría dar la llave imposible del deseo. Y también existen las variantes delirantes de esto, de las cuales trató Paloma Larena, con un caso muy llamativo: un delirio de paternidad de parte de un hombre que tiene consecuencias terribles para el hijo.


En este sentido, frente a la hipermodernidad y sus efectos, nos interesa sólo el punto en el que nosotros debemos orientarnos frente al enloquecimiento general. No dejarnos enloquecer por estos vértigos, y no reasegurarse en posiciones conservadoras del tipo, “¡Ah, que bueno que era el Edipo antes de 1910!”... Sí, ¡pero eso era en el siglo pasado!, cuando antes de la I Guerra Mundial aún se podía creer en el padre. De esta forma, hay que decir que la posición conservadora es un impasse total; y la fascinación por las utopías supuestamente progresistas, también.

Frente a estos dos escollos, que son nuestro Caribdis y Escila, es necesario navegar con la brújula que tiene en cuenta al reconfiguración de las familias a partir del objeto a. Y que nos permite separar todas las tentativas de reestablecer las creencias en el padre, -por ejemplo, bajo la fórmula actual de reestablecer la autoridad paternal, enseñar a los padres a tener autoridad, crear escuelas de padres para enseñarles el buen comportamiento..., etc-, todo esto no los va a aliviar de la culpa fundamental de existir.

Por tanto, nuestra brújula es el objeto a en tanto que anuda el goce y la culpa de existir. Analizando este lazo, con esta brújula fundamental podremos ayudar a nuestros hermanos... humanos.


Todos estamos embrollados en nuestro goce y estamos del mismo lado, tanto los analistas como los otros. Pero podemos tratar de transmitir esta brújula que con seguridad puede ser muy útil a muchos.

Transcripción: José Manuel Alvarez. Revisada y autorizada amablemente por el autor.

20 de Noviembre de 2008

No faltan normas, falta otra autoridad*. Maricel Chavarría (Barcelona)

00:53:57 , por jalvarez Spanish (ES)

VII Jornadas de la ELP, “Clinica del Lazo Familiar y de sus nuevas formas”

Para el psicoanálisis, la auténtica autoridad se deriva de cómo la persona soluciona su simple culpa de existir


Con la irrupción de los nuevos modelos de familia, la autoridad ha dejado de sostenerse en la fórmula tradicional. La relación paterno-filial basada en aquellos ideales sociales se ha visto cuestionada y hoy se sostiene en afectos compartidos o, en caso de fracaso, en la vía judicial. La gran pregunta viene siendo... ¿dónde hallar la autoridad antes fundida en la tradición?

En tiempos en que se cuestionan los resultados educativos de los jóvenes y el efecto que sobre las nuevas generaciones tiene la ausencia de unos valores tradicionales, domina la teoría de que los padres deben recobrar una autoridad perdida. Se reclama la vuelta a modelos educativos más estrictos frente a la cultura del dejar hacer, la que ha diluido la autoridad de los padres para establecer en el seno de la familia relaciones más libres e igualitarias. A todo esto, un grupo de psicoanalistas propone una tercera vía:

"Vivimos en un mundo en el que nadie tiene autoridad, reina el imperio de la impotencia. En pleno crac mundial, estamos a la espera de un mágico Bretton Woods que restaure la autoridad en los mercados financieros. Y la crisis de autoridad también afecta a la familia", afirma Eric Laurent, Delegado general de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, en las Jornadas sobre la clínica del lazo familiar que la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis acaba de celebrar en Barcelona.

¿Qué hacer? ¿Reemplazar la autoridad definitivamente por normas?, se pregunta Laurent. ¿Queremos cursillos en los que los padres aprendan a tener autoridad? ¿Supernannies con sistemas de recompensa y castigos que fabriquen padres útiles y prácticos?

"Esta no parece ser la solución - señala el psicoanalista José Ramón Ubieto-, ni tampoco retornar a la tradición, pues la familia tradicional como modelo universal ya no existe, ya no hay la mejor solución familiar. Todas las formas, la monoparental, la adoptiva... son ficciones que permiten a un sujeto crecer y desarrollarse. Ningún modelo es óptimo ni ninguno genera una patología".

El problema, asegura Laurent, continuista de Jacques Lacan, con quien coinciden en esta entrevista los también psicoanalistas Shula Eldar y Manuel Fernández Blanco, es que todo el asunto de la autoridad, de la mayor o menor mano dura, es un falso problema. "El problema es la culpa de existir", argumenta Laurent.

"En realidad, el mundo funciona sin autoridad, porque siempre nos preguntamos 'en nombre de qué estoy haciendo lo que hago'. Y frente a eso hay dos opciones: la conservadora es llamar a la responsabilidad (uno no tiene autoridad pero sí es responsable y culpable de sí mismo y de los hijos), o bien, si se es más progresista, se dice que vamos a ayudar con un sistema de prótesis diversas. Pero el problema central es la culpa de existir, de ser padres, porque uno nunca será lo suficientemente auténtico ni buen padre. Vive la culpa de no poder lograr el ideal. La salida, a menudo, es tratar la culpa de uno, enfrentarla, no dejarse llevar por todas esas máscaras que vienen a cubrir lo que uno no quiere saber".

Los psicoanalistas destacan que, más allá de cualquier forma que adopte la familia, bajo esa realidad plural, lo que persiste es el deseo de tener un hijo. El niño -esgrimen- aparece en su dimensión de objeto deseado, precioso, como un capital que se produce,... y cuando se hace real, pone en jaque la idealización del amor en el lazo familiar.

"No se trata, en muchos casos, de aprender a ser padres, sino de tratar la culpa, que está vinculada a algo relativo al surgimiento del goce sexual", concluye Laurent. "La realidad es -añade Ubieto- que nunca hubo otra autoridad más auténtica que la que deriva de un saber hacer con lo más importante: las relaciones sexuales, entendidas como el encuentro con el otro, con el cuerpo como sede de satisfacción". "Lo crucial -prosigue- es autorizarse a estar aquí, pues esa culpa nos empuja a ser buenos padres, demasiado buenos, olvidándose de la propia condición sexual. Y transmitiendo un estilo de vida".

* Publicado en el periódico La Vanguardia. 17 de noviembre 2008

6 de Noviembre de 2008

Apuntes para un trabajo sobre la autoridad* Hebe Tizio (Barcelona)

01:14:06 , por jalvarez Spanish (ES)

Hablar de nuevas formas de autoridad auténtica y establecer su relación con la familia resulta difícil, como lo es siempre que uno se refiere a lo que toca el momento en que se vive porque no hay la distancia suficiente para reflexionar.

El tema de la autoridad me preocupa desde hace tiempo porque es un lugar común decir que hay “falta de autoridad” y que por eso hay problemas con los adolescentes y niños de hoy, no sólo en el ámbito familiar. Ni que decir que los tiempos moralizadores que vivimos abundan en esta línea y las supuestas soluciones que se ofrecen tematizan retornos autoritarios. Esta orientación hace recaer todo el peso en los sujetos que supuestamente necesitarían el tratamiento de una mano más firme. Creo que no se trata de “falta de autoridad” sino de una autoridad diferente y sobre esto el psicoanálisis tiene algo que decir.

Se podría hacer la historia de la humanidad a partir de las diferentes modalidades que ha asumido la relación autoridad-poder. En ese proceso, determinado por los cambios de discurso, se han ido desnudando poco a poco los velos de la sacralidad y separando la autoridad y el poder.

Para occidente ese movimiento ha seguido los avatares de la función del padre, y ahora la cuestión se juega en relación al núcleo de la autoridad, ¿qué es lo verdaderamente auténtico de la autoridad? No es lo mismo obedecer por temor al castigo que dejarse orientar. Efectivamente se puede hablar de la necesidad de una orientación en la vida y, cuando esto falta, de sujetos desorientados. Hay que recordar que el término orientación hace referencia a determinar la posición o dirección de algo respecto a un punto cardinal. Y que viene de orientar que deriva de oriente del latín orĭens, -entis, part. act. de orīri-, aparecer, nacer.

Se trata de una autoridad que oriente en relación al punto cardinal del sujeto y no del autoritarismo del castigo. Hoy el castigo casi no tiene efecto, no existe lo ejemplificador porque no se sacan consecuencias. Por eso es interesante estudiar las nuevas formas disciplinarias en la época de lo “políticamente correcto” como, por ejemplo, el uso que se hace de la medicación.

¿Se trata de pérdida de autoridad o de la pérdida del poder que muestra lo que hay detrás de ese velo? ¿Cómo se sostiene la autoridad sin el poder directo? Porque el poder directo hace que el sujeto obedezca, pero esto no es lo mismo que el consentimiento. El psicoanálisis, por el momento en que surge, interroga las bases de la autoridad y el poder. El psicoanálisis introduce una nueva autoridad, pues pone en primer plano la transferencia y el mandar no como amo sino como resto.

El núcleo mismo de la autoridad no está en el poder sino en el deseo puesto en juego, en la satisfacción que produce una función bien estructurada sintomáticamente pues permite sostener un agujero.

La autoridad implica el reconocimiento del Otro, es lo que la diferencia del autoritarismo. Pero no se trata de la demanda de reconocimiento que siempre desautoriza, sino del reconocimiento causado, efecto que viene por añadidura, porque se hace lo que se cree que se debe hacer para sostener la función de manera competente. Dicho en otros términos, no hay autoridad sin transferencia, y lo que se transmite es la fortaleza del propio anudamiento sintomático que sostiene agujeros que permiten inventar.

La familia es la institución encargada de la operación civilizadora sobre el goce y encarna así al Otro regulador que realizaría una transmisión adaptativa siempre traumática. ¿Cómo se hace esta operación? El psicoanálisis pone de manifiesto que hay un aspecto irreductible de la transmisión. Se trata de la función de residuo que se juega en la necesidad de un deseo que no sea anónimo para humanizar al viviente.

Los niños y jóvenes de hoy -que se orientan más por el objeto, que buscan la información en Internet-, saben reconocer que la única garantía de la autoridad es el deseo. Muchos de sus rechazos son respuestas a las formas anacrónicas que velan un deseo muerto que se traduce muchas veces en odio. En realidad, buscan despertar en el otro el punto vivo pues necesitan la ayuda de una orientación y por ello son muchos los que consienten al análisis.

Se trataría de pensar una autoridad instrumento, pragmática y flexible, que puede dar elementos para que cada uno haga su propio trabajo, encuentre su propio tema que es una forma de trabajar su síntoma, pues es una autoridad del lado de la autorización. Esto es lo que responsabiliza pues permite construir.

Como resultado de este trabajo se me vuelve a platear la cuestión de la formación del analista y creo poder entender mejor porqué Lacan hablaba de su posición de analizante en su Seminario, y se preguntaba de dónde viene eso, “esa enseñanza cuyo efecto soy”. Con ello señalaba que se autorizaba a ser efecto de su síntoma y esta autorización generaba transferencia.

* Resumen de la alocución de la autora en el espacio de la Comunitat de Catalunya de la ELP “Hacia las VII Jornadas de la ELP”.

5 de Noviembre de 2008

Cómo criar a los niños*. Entrevista a Eric Laurent (París)

13:32:43 , por jalvarez Spanish (ES)

Verónica Rubens: Usted ha dicho que allí donde no hay más familia, ella subsiste a pesar de todo. ¿Qué es lo que subsiste?

Eric Laurent: A partir de un momento que se puede pensar como el fin de una cierta forma tradicional de familia, y desde la igualdad de los derechos, sea entre hombres y mujeres, entre niños y padres o entre las generaciones, se desplazó la manera como se articulaba la autoridad. Además, con la separación entre acto sexual y procreación, y con la procreación asistida, vemos una pluralización de formas de vínculos que permiten articular padres y niños fuera de la forma tradicional. Una de las discusiones entre las civilizaciones de los países hoy es qué es lo que se puede llamar familia alrededor de un niño. Esto se puede hacer tanto con familias monoparentales como cuando hay dos personas del mismo sexo o varias personas que se ocupan de él. Es lo que queda de lo que era la oposición, en un momento dado, entre un modelo de familia tradicional o nada, nada que se pudiera llamar familia según la definición del código civil napoleónico, desde el punto de vista laico: una cierta forma que permitía transmitir los bienes y articular los derechos, pero afuera no había ni bienes ni derechos. Ahora hay pluralización completa y se sigue hablando de familia porque es una institución que permite bienes y derechos y la articulación entre generaciones. Entonces, es lo que queda; en ese sentido, creo que hay una conversación a través de nuestra civilización, un interrogante que da muchas respuestas, que algunos aceptan, otros rechazan y otros quieren mantener una forma definida, con un ideal determinado.

Laurent afirma que pensar la figura del padre hoy es un asunto crucial. Y que, incluso cuando el padre falta, lo que hoy no falta es un discurso acerca de lo que para ella es un padre, aun si está ausente. Además, la madre a su vez ha tenido un padre. Lacan trató de separar el padre del Nombre del Padre, es decir, de esta función paradojal prohibición-autorización, que puede funcionar o no más allá de las personas presentes.

Verónica Rubens: Actualmente, los nuevos roles de las mujeres en el mercado de trabajo y las innovaciones producidas por la ciencia llevan a escenarios impensables hace algunos años en cuanto a los modos de reproducción. ¿Qué tiene para decir el psicoanálisis ante esto?

Eric Laurent: En todas estas variaciones o creaciones diversas, distintos discursos van a entrar en conflicto sobre lo que son el padre o la madre en esta ocasión. Pero lo que vemos es que nadie quiere tener hijos sin padres. Es muy llamativo, pero las peleas jurídicas de las comunidades gay y lesbiana para ser reconocidos como padres y madres de hijos, son para poder utilizar los nombres de la familia. El niño es confrontado al hecho de que fuera de la familia circulan otros discursos. ¿Cómo orientarse entonces cuando, por ejemplo, el niño es concebido por fertilización asistida con donante anónimo? Los chicos en la escuela le dicen: “¿Dónde está tu padre?” Y el niño contesta: “Yo no tengo padre”. ¿Cómo no va a tener un padre? Eso es imposible... Y entonces, ¿cómo va a contestar y sostenerse con eso? ¿Cómo va a inventar una solución, un discurso posible? El psicoanálisis puede, precisamente, ayudar a que en estas circunstancias el niño, la madre, puedan orientarse en un espacio en el cual sea posible usar los términos padre-madre de una manera compatible con el discurso común.

Verónica Rubens: Usted ha dicho que en los momentos de grandes cambios los chicos son las primeras víctimas, son los primeros en sufrir el impacto de estos cambios. ¿Cuáles son las cuestiones en juego para los chicos que están creciendo?

Eric Laurent: Múltiples. Las formas de patología del lazo social con los chicos y entre los chicos se ven a través de las quejas de los que están a cargo de ellos, especialmente de los pedagogos, con el papel esencial que ahora desempeña la escuela en la civilización. No hace mucho que la escuela tiene este papel tan importante para criar a los niños. Antes, la articulación con la religión, la moral, el Estado, el ejército, tenían un peso, había una variedad de instituciones. Cada vez más se reduce el peso de éstas para centrarse en la gran institución escolar, que recoge a los niños y trata de ordenarlos a partir del saber. Una dificultad para los chicos de hoy (y lo vemos en la enorme cantidad de niños diagnosticados con déficit de atención o hiperactividad) es la de poder quedarse sentados cinco horas en una escuela, lo que no sucedía en otras civilizaciones. Lo curioso es que parece como una epidemia el hecho de que hay más y más chicos que no pueden renunciar a este goce de cuerpo a cuerpo, de las peleas, la agresión física, sin hablar de la violencia desproporcionada, característica de las pandillas de adolescentes. Todo este sufrimiento funda la idea de una patología de la infancia y la adolescencia. Se dice que los chicos no soportan las prohibiciones, no toleran las reglas.

Verónica Rubens: ¿Podría aclarar un poco más qué pasa ahora en las escuelas?

Eric Laurent: Al poner la educación universal y decir que todos los niños tienen iguales derechos, al meterlos a todos en el mismo dispositivo, hay patologías que entran dentro de este dispositivo escolar que no estaban antes. Por otro lado, con la precarización del mundo del trabajo cada vez más niños son abandonados por la presión que hay. Antes tenían madres para ocuparse de ellos. Ahora se ocupa el televisor. La televisión es como una medicación, es como dar un hipnótico: hace dormir... Es una medicación que utilizan tanto los niños como los adultos para quedarse tranquilos delante de las tonterías de la pantalla. Pero el televisor en común para toda la familia no es la oración común de la tradición, aquella que permitía vincular a los miembros de la familia a través de rituales. Cuando el único ritual es la televisión, comer delante de ella, hablar sobre ella o quedarse en silencio frente al aparato, esto permite articular poco esta posición del padre entre prohibición y autorización. La escuela es precisamente la que articula entonces esta función: los maestros aparecen como representantes de los ideales y esto agudiza la oposición entre niño y dispositivo escolar, transformando las patologías, que no pueden reducirse estrictamente a algo biológico ni a algo cultural, en la imbricación de éstos dentro del dispositivo de la escuela.

Verónica Rubens: Usted ha mencionado a Lewis y a Tolkien como dos personas que desde la literatura quisieron proponer modelos identificatorios posibles. En una época de caída de los ideales, ¿cómo orientar a los niños en ese sentido?

Eric Laurent: La literatura es siempre una excelente vía para orientarse. Después del derrumbe de la Primera Guerra Mundial, del derrumbe de los ideales, los intelectuales estaban preocupados por cómo orientarse y orientar a la generación que venía. Algunos escritores explícitamente pensaron en elaborar con su obra una manera de proteger al niño de la tentación del nihilismo y orientarlo en la cultura y en las dificultades de la civilización, presentar figuras en las cuales el deseo pudiera articularse en un relato. Con “El señor de los anillos”, Tolkien hizo una tentativa de proponer a los chicos, a los jóvenes, una versión de la religión, un discurso sobre el bien y el mal, una articulación sobre el goce, los cuerpos, las transformaciones del cuerpo, todos esos misterios del sexo, del mal, que atraviesa un niño; versiones de la paternidad. Tolkien consiguió algo: hay muchos niños para los cuales el único discurso que han conocido y que les interesa sobre esto es “El señor de los anillos” en los tres episodios. De la misma manera, un escritor católico, como C. S. Lewis, hizo con las “Crónicas de Narnia” una versión de la mitología cristiana sobre el abordaje de los temas del bien y del mal, de la paternidad, de la sexualidad. Gracias al cine, Tolkien salió de sus años treinta, pero para una generación fue “Harry Potter”, que articula la diferencia entre el mundo de los humanos y el mundo ideal de los brujos, poblado de amenazas, donde el bien y el mal se presentan como versiones del discurso.

Verónica Rubens: ¿Qué pueden encontrar los chicos en la literatura?

Eric Laurent: “Harry Potter” fue, para muchos chicos, incluso los míos, una compañía: ir creciendo de la infancia a la adolescencia a lo largo de los cinco o seis tomos de la historia. Además, presentó figuras de identificación muy útiles. Un niño podía prestar atención por lo que le decía Harry Potter, precisamente, sobre cómo se articulan el bien y el mal, sobre cómo hay que comportarse en la vida y cómo manejarse en las apariencias y en los sentimientos contradictorios que uno puede conocer al mismo tiempo. Son herramientas para salvar a las generaciones de la tentación del nihilismo, del pensar que no hay nada que valga la pena como discurso. Cuando nada vale como discurso, hay violencia. El único interés, entonces, es atacar al otro. La crisis de los ideales que se abrió con el fin de la Primera Guerra no se ha desvanecido. ¿A qué deberíamos prestarle atención? Hoy vemos un llamado a un nuevo orden moral, apoyado en el retorno de la religión como moral cotidiana. Cuando en Europa hay violencia en los suburbios, se hace un llamado a los imanes musulmanes para que dirijan un discurso de paz a los jóvenes de la inmigración. También a los curas, para tratar de ordenar un poco el caos engendrado por estos jóvenes desamparados que manifiestan conductas estrictamente autodestructivas por la desesperanza en la que están sumidos. En la esfera política, a través de la famosa oposición entre las cuestiones de issues (temas) y values (valores), vemos que ahora el tema es moral. Hay una tendencia a pensar que para volver a obtener una cierta calma en la civilización se necesita multiplicar las prohibiciones, que la “tolerancia cero” es muy importante para restaurar un orden firme, que la gente tenga el temor de la ley para luchar contra sus malas costumbres. Los analistas, frente a esta restauración de la ley moral, saben que toda moral comporta un revés, que es un empuje superyoico a la transgresión. Precisamente, la idea de los analistas en su experiencia clínica es que saben que cuando la ley se presenta sólo como prohibición, incluso prohibición feroz, provoca un empuje feroz, sea a la autodestrucción, sea a la destrucción del otro que viene sólo a prohibir. Hay que autorizar a los sujetos a respetarse a sí mismos, no sólo a pensarse como los que tienen que padecer la interdicción, sino que puedan reconocerse en la civilización. Esto implica no abandonarlos, hablarles más allá de la prohibición, hablar a estos jóvenes que tienen estas dificultades para que puedan soportar una ley que prohíbe pero que autoriza también otras cosas. Hay que hablarles de una manera tal que no sean sólo sujetos que tienen que entrar en estos discursos de manera autoritaria, porque si se hace esto se va a provocar una reacción fuerte con síntomas sociales que van a manifestar la presencia de la muerte.

Verónica Rubens: ¿Cómo criar a los niños en esta época?

Eric Laurent: Hay que criar a los chicos de una manera tal que logren apreciarse a sí mismos, que tengan un lugar, y que no sea un lugar de desperdicio. En la economía global actual, el único trabajo que puede inscribirse es uno de alta calificación, al cual no siempre van a tener acceso. No podemos pensar que vamos a salir adelante sólo con la idea de que si uno trabaja bien y tiene un diploma va a encontrar un trabajo. Hay niños que no van a entrar y, a pesar de esto, tienen que tener un lugar en nuestra civilización. No hay que abandonarlos. Y éste es el desafío más importante que tenemos, el deber que tenemos nosotros frente a ellos. Concebir un discurso que pueda alojarlos dentro de la economía global.

* From La Nación Digital

4 de Noviembre de 2008

La cuestión de los sexos: igualdad, diferencia, fenómenos de violencia*. Estela Paskvan (Barcelona)

00:45:53 , por jalvarez Spanish (ES)

Centraré la cuestión de la igualdad y diferencia de los sexos por lo que creo es el núcleo de esa cuestión y que nos distingue de otras teorías y también de otras clínicas. En general se aborda dicha igualdad o diferencia desde una perspectiva simétrica. No es la nuestra porque ni Freud ni Lacan lo plantearon así. Nosotros aseveramos que No hay simetría sexual. Esto no es sólo una cuestión teórica sino que tiene consecuencias en diversos órdenes que están de muy actualidad en toda España.

Veamos algunas de esas cuestiones que se ponen en juego en torno a este primer eje temático propuesto para nuestras próximas jornadas.

1) Si analizamos los discursos enfrentados en la pasada legislatura a raíz de la instauración del matrimonio entre personas del mismo sexo, podemos discernir dos posiciones fundamentales.

La primera: son los defensores del modelo tradicional de familia que consideran la diferencia de los sexos como un dato de la naturaleza; es una retórica organicista. Sostienen que las identidades masculina y femenina están vinculadas a la reproducción y éste es el fin de la sexualidad humana. Todas las ficciones imaginarias y simbólicas que inscriben la copulación y la reproducción derivan de un orden natural preexistente.

Hay que decir que esta perspectiva “extrema” en tanto desconoce en su totalidad todos los cambios producidos –por ejemplo los métodos anticonceptivos que ponen en entredicho el precepto de la sexualidad para la procreación- sólo es sostenida por la iglesia y algunas asociaciones a ella vinculadas. Pero su poder en España es sumamente importante.

En lo que nos atañe respecto de la “naturaleza de los sexos” hay algo a considerar. Es la famosa aserción freudiana “la anatomía es el destino”. Hablar hoy de destino vinculado a la diferencia anatómica, cuando los cuerpos pueden ser modificados “a piacere”, puede resultar anacrónico. Pero sí es importante ver cómo se ha producido en la actualidad un desplazamiento de la idea de “destino” que ha pasado a vincularse a la de “determinación genética”. Si bien eso comenzó con la investigación de algunas enfermedades –fundamentalmente con determinados cánceres- que señalaban en consecuencia la “vulnerabilidad genética” para los que acceden a esos exámenes y la consiguiente “prevención” que atender, el modelo comienza a extenderse a todo tipo de trastorno. El slogan implícito es: “encontraremos el gen que le dirá su factor de riesgo”. Pero hay que decir, que desde el momento en que puede escribirse el libro de los genes, éstos pueden modificarse. En consecuencia, ya no estamos en el terreno de la naturaleza sino de lo real.

Y siguiendo con el tema que nos ocupa, hoy es viable la manipulación de los cromosomas y, por lo tanto, es posible la elección del sexo biológico de los niños que se quieran engendrar. Están por verse las consecuencias que tendrán sobre los sujetos tales operaciones genéticas.

La segunda: vayamos al otro extremo, representado sobre todo por agrupaciones que se autodenominan de “Gays y lesbianas” (una corriente de opinión muy importante que cuenta con un movimiento instituido –social y político- también considerable). El argumento fundamental consiste en asimilar la diferencia de los sexos a la pareja hombre-mujer, y esta pareja a la heterosexualidad. Entonces, las ecuaciones son: diferencia de los sexos = pareja hombre-mujer = heterosexualidad. Esto lleva a la oposición entre dos sexualidades: la heterosexualidad y la homosexualidad.

Freud -ya hace casi un siglo- al comentar un caso (“la joven homosexual”) separaba y no confundía la posición sexual (masculina o femenina) con “el modo de elección de objeto” (homosexual o heterosexual) e incluso decía que son independientes una cosa y la otra. Es decir, la elección de ser hombre o mujer no prejuzga la elección de objeto (homosexual-heterosexual) y recíprocamente la elección de un tipo de objeto (homosexual, por ejemplo) no determina “a priori” la identidad sexual. ¡Y lo decía a principios del siglo pasado! Sin embargo, no se puede negar esta nueva “partición sexual” que se ha instaurado socialmente con todas las consecuencias que ello comporta y que se ponen en juego diariamente en nuestra clínica.

2) Como veremos, del psicoanálisis, es decir, de Freud y Lacan, se toma sólo lo que conviene. Esto es evidente en lo que se conoce como “la teoría del género” cuya expansión en el ámbito universitario es muy importante y es en realidad, la que está en el origen de las argumentaciones contra la anterior corriente organicista o natural. Ella arranca de la distinción de Stoller enunciada en el título de su libro “Sex and gender”. ¿Qué es el sexo? Resumiendo, éste se reduce a una definición biológica. Pero como Stoller es un clínico que ha leído a Freud, entonces, el “género” se distingue del sexo como “identidad” y puede oponérsele. (No olvidar que Stoller hizo importantes y loables estudios con transexuales) Así introduce la oposición masculino/femenino como polos de identificación a un sexo. En última instancia, la “identidad” sexual es independiente del sexo biológico. ¿Cómo no reconocer aquí los aportes de Freud y Lacan? Salvo un “detalle”, no precisamente menor. Cuando Lacan habla de “sexuación” u “opción de identificación sexuada”, esa elección no ignora el goce que pasa por el cuerpo. Si bien la noción de “cuerpo” no es asimilable a la anatomía, tampoco es sólo el “cuerpo del lenguaje”. Hay un cuerpo gozante que no escapa a lo real. Y también hay diferentes goces que, por otra parte, no son simétricos ni complementarios.

Es lo que sistemáticamente ignora y obvia la teoría del género, lo real del goce implicado en la sexualidad. El núcleo de la cuestión es que ni Freud ni Lacan plantearon la diferencia entre los dos sexos bajo una perspectiva simétrica. ¿Por qué? Porque ambos intentaron dar cuenta de las preguntas que surgían en la experiencia clínica en torno al goce implicado en la partición sexual.

3) Veamos una consecuencia importante. La llamada “violencia de género” es en nuestra época y en España un fenómeno social alarmante. Resulta paradójico que al mismo tiempo en que parecieran ceder los viejos prejuicios que rodean la sexualidad, la agresión y el crimen de mujeres se hacen diariamente presentes en los medios. ¿Por qué las mujeres son –y han sido sistemáticamente- un objeto de violencia? Existen diversas teorías antropológicas, culturales y sociales que han dado sus respuestas y que fundamentan muchas de las medidas tomadas en pos de la igualdad de oportunidades entre los sexos. Sin desmerecer los logros que se han conseguido, hay que decir que esas respuestas son insuficientes para explicar este fenómeno de violencia.

Los psicoanalistas disponemos de razones de mucho peso que aportar que se centran precisamente alrededor de la asimetría sexual. Tanto para los hombres como para las mujeres lo femenino es “altero”, una alteridad radical. Tenemos el Uno que inscribe el goce fálico tanto para hombres como para mujeres, y el Otro goce que no es simétrico ni complementario. Este Otro se descubre imposible de reducir al Uno mismo a pesar de los esfuerzos del amor cuando no del odio que ello suscita.

* Alocución de la autora en el espacio de la Comunitat de Catalunya de la ELP “Hacia las VII Jornadas de la ELP”. Barcelona, 1 de julio de 2008

29 de Septiembre de 2008

Clínica del Lazo Familiar y sus Nuevas Formas. VII Jornadas de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (Barcelona)

15:37:57 , por jalvarez Spanish (ES)

NOTA INFORMATIVA:
El plazo para la inscripción a las jornadas
a precio reducido termina el día 30 de septiembre
http://www.elp-debates.com/jornadas.html


PRESENTACIÓN
Hoy ya no hablamos de familia sino de familias, en plural: monoparentales, reconstituidas, adoptivas, homoparentales, las llamadas “living apart together”... Esta pluralización no sólo indica diversidad de formas, sino sobre todo implica que ya no es posible pensar la familia y la función paterna en la lógica de lo universal; que es preciso captar que si hay diversidad de respuestas es porque ninguna ficción alivia al sujeto del hecho que es él quien debe constituir e inventar su propia familia.

Las ficciones clásicas –novelas familiares– se sostenían en los lazos biológicos como los referentes unívocos del parentesco. Hoy, mediante las NTRA (Nuevas Técnicas de Reproducción Asistida), asistimos a la disyunción de la reproducción y el parentesco de una manera más radical, lo que cuestiona el carácter “natural” de la familia y plantea nuevas paradojas de las que el derecho debe hacerse cargo y que además ponen en primer plano los lazos libidinales tributarios de las posiciones sexuadas de los sujetos y de sus satisfacciones sintomáticas.

El ideal de la familia a la carta, sueño hipermoderno de una elección que eludiría la cuestión del sexo y su transmisión, encuentra sus límites en los impases entre generaciones, manifiestos en la desorientación de muchos padres e hijos, y en la tensión, siempre latente, de la diferencia de los sexos.

El tema elegido para estas Jornadas: la clínica del lazo familiar, quiere centrarse, más allá de sus transformaciones, en la incidencia subjetiva de las nuevas configuraciones familiares.

De la diversidad de ese lazo y, sobre todo. de la función que cumple para cada sujeto, da cuenta la clínica que el psicoanálisis practica en las consultas privadas, en los centros de psicoanálisis aplicado y en la múltiples instituciones públicas (clínicas, sociales y educativas) en las que colaboran los analistas de la ELP. Esta clínica testimonia de las particularidades e impases del lazo, de lo atemporal y de sus nuevas formas.

El trabajo se ordenará de acuerdo a los siguientes ejes:
- La cuestión de los sexos en la actualidad: igualdad y diferencia
- Invenciones familiares
- Nuevas formas de autoridad
- Adoptar y acoger
- Familia y psicosis

130 euros (hasta el 30 de septiembre)
150 euros (desde el 1 de octubre)
80 euros (estudiantes con acreditación)

FORMA DE PAGO:
1.- Inscripción y pago on-line: http://www.elp-debates.com/catalogo_web.aspx?tipo=I
2.- Ingreso o transferencia bancaria a nombre de Escuela Lacaniana de Psicoanálisis VII Jornadas ELP.
La Caixa: Cta. Nº 2100 3359 12 2200072988.

Imprescindible enviar conformidad de aceptación de pago (en el caso de pago vía on-line) o justificante de ingreso o de la transferencia, junto con el boletín de inscripción a la Comisión organizadora por una de las siguientes opciones:

1.- por Fax: 93 459 32 54
2.- por correo electrónico: cdcelp@ilimit.es
3.- por correo postal a la Sede de Barcelona de la ELP: Av. Diagonal, 333, 3º 1ª, 08037 Barcelona

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    «Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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