20 de Junio de 2012
Niños Amos.* Adela Fryd (Buenos Aires)
En la clínica de este nuevo siglo, es frecuente encontrar niños que son más amos que sus padres: niños que se ubican en una paridad asombrosa frente a cualquier adulto. Se trata de sujetos que ya desde los dos o tres años, parecen no responder a nadie. Y no responden de una manera particular: quieren ser reconocidos por el Otro y por los otros que los rodean, creen ser autónomos y comandar su elección de ser, funcionando así como niños “solos” que hacen lo que quieren. Marchan de este modo y aparentemente no hay nadie que los pueda detener.
Podríamos decir que este “tómame como soy porque yo soy así(1)” que con frecuencia se escucha en adultos, resulta absolutamente curioso al tratarse de niños. Pensamos en qué será de ese Niño Amo cuando sea adolescente, sin algún encuentro que desvíe, que le presente una salida, un diferente lazo al Otro que le permitiría reescribirse.
Por otro lado, eso es ir contra ese goce al que no quiere renunciar. Estos niños caprichosos, que no quieren entrar en razones, muestran que el “Yo quiero” es anterior al “Yo pienso”. Como dice J-A. Miller: “… la belleza del capricho es que el sujeto asume en él como propia la voluntad que lo mueve. Quiero aquello que me pulsiona, yo lo quiero, yo soy quien lo quiere”. Es en este punto donde lo que se impone es el gozar, un gozar narcisista autónomo con respecto a las disposiciones del Otro; esto es lo que los hace impermeables al Otro de la enseñanza.
Estos niños son ariscos a los significantes que son ofrecidos en el campo del Otro. Complicado en la alienación significante, el sujeto puede optar por una falsa separación. Es decir, que allí donde no se puede producir y donde hay dificultades en generar una separación, ésta termina jugándose en el cuerpo. Es precisamente en ese punto que podemos ubicar los casos de estos niños en posición de objeto, aquellos que frente a la interpelación del Otro, es decir, ante la pregunta por el deseo del Otro, responden en particular con el cuerpo. Son respuestas que pueden ir desde la abulia hasta la hiperactividad, pasando por el desgano y todas las variantes posibles de hacerse objeto para el Otro.
Así, en la clínica actual, la presencia y la frecuencia de esos casos, dicen algo de la época.(2) A veces se trata de niños identificados a la fantasmática del Otro materno donde, al no haber lugar para la falta y al no haber una pregunta sobre la misma, responden con el yo, con la impulsión o con una identificación al falo imaginarizado.
Entonces, ¿cómo se produjo la constitución subjetiva en estos niños? Si pensamos en los desarrollos de Freud para el narcisismo, el déficit en estos niños es en las marcas del Ideal del Yo como significantes de la batería del Otro. Podría hacerse un trabajo de interacción de los desarrollos de Freud respecto del narcisismo y el estudio del imaginario en Lacan. Partiendo de la constitución subjetiva y tomando el recorrido o el montaje de la pulsión, el objeto de la pulsión es organizado narcisísticamente (2) por la constitución del yo, un punto de entrecruzamiento entre ambas series. La serie de yo narcisismo-autoerotismo-relación de objeto, la serie de la pulsión oral-anal-fálica y para Lacan se agregan los objetos que organizan la demanda y del deseo en la transferencia, mirada y voz.
El déficit en la constitución del Ideal detiene la constitución subjetiva en las neurosis narcisistas y los fantasmas imaginarios se degradan en una insistencia del a-a’, en una especularidad pertinaz marcada por la agresividad y la tendencia suicida de un narcisismo no eficaz. En estos casos, el trabajo entre el objeto y el Ideal se obstaculiza muy temprano. A veces, los vemos apoderarse de un significante supuesto pero sostenido en una relación especular con el Otro, puede parecer una aparente separación pero, sin embargo, su yo queda ligado a un goce pulsional donde el yo ideal parece atestiguar un exceso incestuoso, que revela un conflicto no resuelto con el amor de Otro primordial. Falta un velo a la raíz gozante del amor.
Lacan nos plantea, en otro momento de su teorización, las dos operaciones de alienación y separación constitutivas que tienen consecuencias a nivel de la estructura. A partir de la alienación se puede decir que hay una fundación del Sujeto y en la operación de la separación, Lacan plantea que se trata de la constitución no del Sujeto, sino del deseo. En la separación se funda el deseo. En la alienación se produce esta constitución del Sujeto en el punto en donde el Sujeto se constituye en la medida en que se aliena a los significantes del Otro. Del lado del campo del Otro están los significantes, del lado del campo del Sujeto lo único que hay, y que se puede constituir solo a posteriori, es la pulsión; el recorte de la pulsión va a constituirse sólo en la medida en que pase por el Otro.
En el punto donde la cadena del Otro dice tal cosa, pero hay un intervalo de lo que no se dice, en ese punto el Sujeto puede situar algo de su deseo, o sea el punto de enigma del deseo del Otro. A partir de esa interrogación puede producirse la posibilidad del deseo.
Lacan también habla de libertad, en el sentido de la constitución de un deseo propio. En el intervalo es donde se produce la extracción del objeto, si el objeto se extrae puede instalarse una búsqueda deseante de ese objeto. Una vez que se produce la separación, Lacan nos dice, en Posición del Inconsciente, que la laminilla o la libido puede desplazarse e ir libidinizando los objetos del deseo y los significantes diferentes en su mundo. Es allí donde se arma el movimiento deseante de un Sujeto (3). Aunque estos pacientes tengan una astucia para manejarse con los significantes del Otro, tienen una gran pobreza en el campo del deseo. Allí es donde va la apuesta analítica a tramitar la separación. Pueden haber quedado casi coagulados por la marca de un significante que apunta a un sentido y que opera casi con la fuerza de un nombre propio, la separación es el problema. Es allí desde donde la voz y la mirada del lado del deseo del analista, jugados en la transferencia, lo saca de ese engarce a los objetos de la demanda con los que han quedado enlazados gozosamente. La transferencia es el lugar donde se sitúa la cuestión del deseo del analista en relación a la posibilidad de la separación. En muchos casos están investidos por un significante que toma un carácter fuertemente superyoico, que a veces se transforma en su destino: actúan y son percibidos como jugando en la cornisa.
Así, los padres quedan en posición de meros testigos de sus excesos, de esa lucha infinita para intentar separarse del Otro. Porque ocurre que estos niños si bien están alienados al deseo materno, lo están más aún al capricho de la madre, es decir, sin un pasaje por la ley. Por ello podemos decir -siguiendo a J-A. Miller- que se encuentran menos ligados al “fantasma” que a la pulsión. De este modo, al no aparecer la falta del Otro, no surge la pregunta sobre el enigma del deseo del Otro. Y lo que suele observarse en la pareja parental es que la madre toma al niño como objeto precioso mientras que el padre opera como un simple partenaire del niño.
Efectivamente, en estos niños algo se encuentra alterado en las operaciones de alienación y separación, y siguen alienados más que al deseo materno, a la lengua materna. Dicho de otro modo, ellos no aparecen ligados al fantasma, que en tanto tal es una respuesta a la pregunta por el deseo de la madre, ya que lo que falta es precisamente ese enigma. Falta, por lo tanto, la intermediación paterna por parte de estos padres, frecuentemente tan narcisistas, que dejan al niño del lado materno. Estos son los niños que se reivindican, como lo dice Freud (4), como una excepción, reivindicando el derecho de ser una excepción.
Un niño es adoptado por una mujer sola, una mujer de otra nacionalidad. Él concurre a una escuela bilingüe y es un buen alumno cuando lo desea. Al mismo tiempo provoca continuamente a la madre diciéndole que él quiere volver a la “madre de la panza”. Lo embargan ataques de furia. Se suceden situaciones muy difíciles en la escuela con agresiones, ataques de rabia hacia las maestras y el personal que lo cuida. Parece haber un profundo rechazo al Otro. Así, este niño que injuria permanentemente al Otro, con este rechazo a la madre se identifica al supuesto rechazo del Otro. Es curioso que esto empiece a suceder en el momento en que la madre se divorcia de un marido al que el niño siente como echado.
Este niño nace así a un mundo que vivencia como hecho de códigos caprichosos, ese es el mundo que él rechaza todo el tiempo: lo que le dan, todo lo que se le ofrece. Aparece un juego, se esconde, yo lo tengo que buscar, pero antes debo localizarlo con una frase. Es ese momento en el que él aparece jugando al “tono correntino” (5). Este juego es repetido varias veces. Le digo entonces que estoy buscando la voz correntina. En ese momento él me cuenta que es muy amigo del señor que cuida el campo de la madre, campo que está ubicado en el lugar donde fue adoptado. Se constata así que es en el encuentro dentro de un dispositivo analítico donde la instancia que hay en el Otro toca un punto de su manera de hablar, de su estilo de hablar, y lo reengancha a hilos de un lugar de su historia.
Freud nos enseñó que en la constitución de un sujeto, para que pueda acceder a la simbolización, es necesaria la separación del Otro. El niño del carretel nos muestra que él tuvo que privarse, separándose, privándose del goce de la mirada materna como objeto, cediendo un objeto al tiempo que hará aparecer los significantes del juego del fort-da (6). Se trata de ese carretel que ante la partida de la madre, entrando en relación con ese objeto, haciéndose mirar, va a permitirle recuperar la mirada del Otro. Por ello decimos que el fort-da es la matriz del fantasma, y que ese objeto es aquel con el cual el sujeto se relaciona cuando el Otro no está.(7)
La cura, en el dispositivo analítico, permitirá que estos niños se encuentren con nuestra mirada y nuestra voz como semblantes. No se tratará de restituir lo que no tuvieron, sino posibilitar que construyan algo diferente. Así, será posible en una cura maniobrar con estos objetos, sustraerlos, retirarlos, hacerlos ruidosos. Este encuentro del sujeto con el deseo del analista le da una oportunidad en la cura: recortar una mirada extasiada, una voz con tonada. En otras palabras, recortar este lazo en la transferencia permitirá descompletar, quitarle la fijeza a lo fugaz de ese goce y que aparezca otra cosa que el niño podrá inventar. Allí es donde nosotros apostamos a lo que Lacan llamaba la presencia del analista, porque lo contingente será que el niño, en un encuentro con un analista, pueda encontrar algo en su estilo, en su manera de alojarlo, que le permita y le dé posibilidad a un nuevo amor, el amor de transferencia.
Si dijimos que estos niños imaginarizan al Otro, si hablamos de una falicización del yo, acompañado de un goce que no cede y que insiste en el regodeo de un plus de gozar, se tratará de ver de qué manera puede producirse algo de la separación del objeto en relación al Otro. Como en el caso del niño correntino donde la voz dio la pista de un objeto que fue para él la posibilidad de un lazo distinto con el Otro, ya que en el mismo punto donde se produce la separación con el objeto, puede aparecer un nuevo objeto y los significantes que lo comandaban.
En este caso, se trató de, una vez localizado, separarlo de un significante hostil que imaginarizaba el rechazo, y propiciar que esos significantes se pusieran en juego de otra manera. En otro caso, un niño de cinco años oscilaba entre un juego muy ocurrente y un ignorar al Otro que a veces parecía un desafío y otras veces simplemente expulsaba, eliminaba al Otro. Era muy difícil ponerle límites porque simplemente no escuchaba. Era muy llamativa su mirada fuerte, fija, decidida. Él, casi todo el tiempo, hacía lo que quería. Sus conductas a veces llegaban a situaciones de riesgo. Un día se desprendió de la mano de la mucama y se fue a jugar al borde de una ventana. Su madre decía que le producía mucha fascinación su inteligencia, pero que siempre sintió que la sobrepasaba. Desde que abrió los ojos por primera vez como bebé, ella quedó impactada por esa mirada. “No era la de un bebé, sino la de un pequeño hombre.” Esto produjo entre ellos siempre un lazo de mucha tensión, por un lado, muy dedicada al niño, y por otro lado, sobre un clima donde el que comandaba era el niño. Un juego comienza a repetirse en sesión. Primero, dibuja muñecos con ojos grandes vacíos, corta en una entrevista ese papel en forma de careta, y queda la cara con los ojos vacíos puesta sobre su cara. Comienza una secuencia que repite donde juega con un espejo. Con el espejo enceguece mi mirada. Me doy vuelta con la silla y le retiro mi mirada. Queda conmovido, queda impactado.
En otras sesiones aparecerá otro juego. Tomará una muñeca y un muñeco, los hará encontrarse, se dirán “hola” y propondrán un juego. Aparece allí por primera vez un juego de uno con el otro.
Resumiendo: el fort-da freudiano será una orientación en la cura, para que allí se constituya algo diferente. Se trata de un nuevo tratamiento de la demanda, a través de su pasaje por el Otro. Una de las maniobras consistirá en hacer algo para instalar una falta y lograr el surgimiento de la demanda por parte de estos sujetos. Podemos plantearlo como un modo de tratamiento de lo pulsional por medio del deseo del Otro, situando así la voz y la mirada como objetos que están siempre presentes.
P.-G. Guéguen lo formula de esta manera: delimitar lo real. Se trata de apuntar a delimitar lo real para cada sujeto, o sea, aquello que quedó como un encuentro memorable con lo real. Ese es otro punto que me gustaría destacar: al tratarse de niños que monologan, sólo escuchan al Otro si el Otro dice lo que ellos saben. J-A. Miller nos sugiere que en estos casos deberíamos pensar en una clínica del despertar, más propiamente, de la pesadilla que lo acerca al objeto a. Si la pesadilla despierta es porque algo se impone, resuena en el cuerpo y rompe la homeostasis. El amor como operación está en la base de la humanización de la entrada en la cultura, y en ese sentido es algo que siempre implica una pérdida. Este amor es lo que los psicoanalistas denominamos amor de transferencia. Allí es donde se sitúa su fundamento que es lo que Lacan llamaba la presencia del analista.
Lo contingente será que el niño en un encuentro con un analista, con su presencia, pueda hallar algo que en su estilo, en su manera de alojarlo, dé la posibilidad a un nuevo amor y a su separación.
Notas:
1-. J-A. Miller “Usos del lapso”, Editorial Paidós, 2004, Capítulo 8 “Capricho y Voluntad”.
2-. Enric Berenguer “Psicoanálisis: enseñanzas, orientaciones, debates” Edición Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, pag 111.
3-. Clase Seminario “Pensar la castración en niños y adolescentes“, 1/9/2008, Patricio Alvarez.
4-. Sigmund Freud “Las excepciones: Ensayos de psicoanálisis aplicado”
5-. Tonada del español que se habla en la provincia de Corrientes, en la región del litoral de la República Argentina
6-. Sigmund Freud, 1920, “Más allá del principio del placer” Ensayos de psicoanálisis.
7-. Philippe Lacadée, 2003, “Le malentendu de l’enfant”, Cap 5, Ediciones Payot Lausanne.
* Publicado en PAPERS nº 9. Comité de Acción de la Escuela Una - Scilicet.
13 de Junio de 2012
Reseña: El poder judical no puede limitar la acción especializada del control psico-social. ¿Estarán ejerciéndolo unos paranoicos (¿Habrá tests que lo confirmen, tests que lo desmientan?)* Pablo Villate (Bilbao)
Willkommen, Bienvenus, Welcome, como en la película Cabaret, podríamos decir, con la perspectiva que se abre con este tema: La infancia bajo control
Podríamos pensar que nadie más autorizado que alguien de algún modo relacionado con el psicoanálisis -dado que no hay analista posible que no pase por analizarse-, para decir que, a los clasificadores y controladores de lo psico-social, habría que clasificarlos eficaz y directamente como única garantía posible ante las derivas paranoides (aktion) que puede tomar su acción!
Seguramente no puede plantearse de igual manera en todas las profesiones, pero desde “el médico cúrate a ti mismo”, pasando por el no hay psicoanalista sin análisis personal, tampoco tendría que llegar esto de que ni los jueces pueden limitar la acción de los controladores psicosociales porque a los expertos se les reconoce un poder, tal como se formula por el Tribunal Supremo en nuestro país y se ha aplicado recientemente en el proceso de homologación de los psicólogos clínicos, ¡¡¡omnímodo!!!
Así sólo el encuentro de la universidad con el poder político -sea legislativo o, aún más cuestionable, administrativo- vienen a suplir esa falta de garantía del sistema jurídico respecto a lo social.
Da la impresión de que ni ese sistema, ni mucho menos el sistema psicotécnico, ni el sistema político, son capaces de garantizarnos que su acción esté a salvo de una deriva paranoica del higienismo. Tal como advierte el profesor Gori (Roland Gori, profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) al final de la película “La infancia bajo control”:
“En el fondo este asunto de los trastornos de conducta (...) no apunta a prevenir la delincuencia, sino más a habituar a la población común a aceptar una trazabilidad del comportamiento. Y es ahí donde hay una relación extremadamente problemática justamente con lo político. Sobre los usos de la ciencia, particularmente la genética, como modo de gestión de las poblaciones, hemos conocido tiempos muy sombríos no hace mucho”.
La serie de intervenciones realizadas en ocasión de la proyección de dicha película convocadas por la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Bilbao, parecen ilustrarlo muy bien:
-Desde el campo educativo, las dos intervenciones aportadas fueron muy claras. Beatriz Tomey (gipe-scfbi) lamentaba la escasez de espacios para reunirse en torno a la posibilidad de un análisis crítico sobre cuestiones como esta. Resulta entonces que los maestros se encuentran consintiendo –como el Tribunal Supremo, diría yo- eso en lo que les meten los técnicos psi: rellenar los cuestionarios que van a ser el fundamento del diagnóstico de TDH, colaborar con la aplicación sistemática de un control y medicalización, que en muchos casos no sólo no ayudan a los alumnos que pueden estar en dificultades, sino que los patologizan y complican la labor de los educadores interesados en atender al hecho de que sus alumnos pueden consentir o no en tanto sujetos.
Inmaculada Mtnz de Icaya (qiepe-Gazteiz-scfbi) no tardó en dar una definición a la altura del fenómeno, el higienismo del siglo XXI, que parece dejar aún menos margen de oposición a su acción autoritaria por esta deriva cientificista empeñada en subsanar, de modo absoluto (dándose un poder ¿omnímodo?), todos los errores de conducta del ser humano: fe en la ciencia y pensamiento único relacionados con el pretexto de la buena convivencia ¿por qué tiene tanto éxito en países considerados la avanzadilla de la educación –EEUU, Canadá, Francia, Alemania, Bélgica-?
-Desde la clínica, lo primero, los casos. Elena Usobiaga (gepna-icf) recordó los episodios de ira que “el hombre de los lobos” presentó de pequeño y la interpretación que Freud hizo al respecto. Pese a la lógica de quienes, tal como muestra el citado documental, buscan el germen de la delincuencia, el joven ruso pudo no resultar muy normal para muchos pero nunca fue un hombre violento.
Lo que sí parece bastante violento es que, clasificando por la conducta sin preocuparse por la causa de la inquietud manifiesta de un sujeto, se den casos como el del niño con síndrome de Asperger que venía siendo medicado con metilfenidato pese a los efectos indeseables que le causaba, como a la chica que deliraba que su madre era una doble, de donde la tensión agresiva hacia ella hasta que el asunto fue situado de buena manera. De modo aún más preciso, aumentar la dopamina (metilfenidato) no sólo desinhibe, incluida la conducta violenta, sino que también incrementa el riesgo de desencadenamiento de una psicosis.
Pía Nebreda (g autismo elp-bi) nos presentó a un niño que pululaba solo por la escuela, agresivo, sus compañeros descontrolados se reducían para él a un caos sonoro del que tenía que defenderse. Pese a dar pasos ubicándose respecto a la lecto-escritura seguía agrediendo. La posibilidad de serle interpretado que algo de todo eso hacía signo de su anhelo de relacionarse con sus compañeros produjo la emergencia del sujeto “¡Ah, ya comprendo!”, respondió. La confianza del clínico en que había que darle su oportunidad al sujeto estaba desde antes, nos explicaba Pía: si no, no queda más que el recurso al control y, en estos casos tan sensibles a la figura del perseguidor, el ejercicio del control sobre ellos aumenta su gran dificultad.
María Verdejo (gini-cereda-scfbi) mostró, con un caso ya desplegado en otra carta al Forum3, cómo un adulto puede necesitar tiempo para llegar a tomar a un niño como sujeto de pleno derecho, incluido un derecho a resistirse a un cambio de tutora. El cambio es aún más especialmente bienvenido si, como en el caso, es su madre quien, de no escucharla, da el paso a plantearse la diferente manera de decir las cosas que puede encontrar en su hija. Y esta puede llegar a decir que un poco de medicación para determinadas tensiones en sus relaciones escolares, puede ser aceptable.
Alberto Lasa (U. terapéutico-educativa Ortuella), un poco dividido entre psiquiatría y psicoanálisis, defendía con Canguilhem que la biología es mucho más que física o química, de modo que a esa psiquiatría -que el documental denuncia- prefiere llamarla neuroquímica más que biologicista. Señalaba las fatales consecuencias de identificar prevención con previsión, y las de la generalización del discurso plano que suprime la complejidad y lo específico de la historia del sujeto. Definió el momento en que estamos como el de la “sacralización de la pauta” que, afectando tanto al psicoanálisis como a la psiquiatría, hace desaparecer el factor humano de tal modo que la epigenética (transformaciones postnatales del potencial genético) sólo vuelve a estar de moda en tanto se traduce en términos de rentabilidad para la industria farmacéutica.
-Desde el público, un efecto muy particular causado por el documental: ¡verles las caras! como causa de cierta angustia. Ver las caras de esas expertas observando, cuantificando, clasificando, decidiendo sobre el sujeto sin contar con él. Esos expertos justificando la selección de las poblaciones en términos de escala de sospecha policial, respondiendo con infantilismo a la pregunta del niño que cuestionaba a qué venía aplicarle la escala del test Dominique... ¿una sociedad infantilizada que “se defiende” de la madurez de sus niños?
No por nada surgió también el comentario de que a Edelman, el pope del diagnóstico de déficit de atención e hiperactividad, le han encausado en USA no por el dinero recibido de las farmacéuticas –que eso no es delito allí- sino por no haber pagado sus impuestos; como le pasó a Al Capone
-Como Colofón, leímos la cita de Lacan (... para que los hombres aprendan a soportarse entre sí...) que aparece en el último nº(32) de la revista del mismo nombre, propusimos continuar estas elaboraciones haciendo serie con el trabajo que realizaremos con Gustavo Dessal (en torno a uno de los “Otros escritos” de Lacan, “Alocución sobre las psicosis del niño”) y con Jorge Alemán porque, aún desde cierta soledad respecto al empuje tecno(ideo)lógico de la época, la política de un planteamiento orientado parece posible frente a la potencia del eje que forman el control psicotécnico, farmacológico y político.
* Encuentro en la BOL (Biblioteca de Orientación Lacaniana –Bilbao-)
20 de Abril de 2012
Lecturas Críticas - Hacia el Forum de Sevilla. José María Álvarez y Roberto Martínez de Benito, Mª José Freiría, Mariam Martín Ramos, Dolors Tohà, Rosa Godínez.
EL PODER DE LA CIENCIA FICCIÓN. A PROPÓSITO DE LAS TAXONOMÍAS PSIQUIÁTRICAS
José María Álvarez y Roberto Martínez de Benito
Al clasificar las enfermedades mentales y embrollarse en disquisiciones diferenciales, mediante un prodigio retórico consiguen los expertos desplazar la atención del problema fundamental, esto es, la definición de enfermedad mental. Cualesquiera que sean los paradigmas o modelos argüidos, en el fondo siempre podrán reducirse a las posiciones adoptadas frente a las dos grandes preguntas formuladas por el pathos. Pues su estudio nos obliga a decidir y tomar partido ante un par de cuestiones decisivas. La primera, referida a la sustancia, esencia o naturaleza de la enfermedad mental, implica una elección epistemológica: ¿la enfermedad mental es una construcción discursiva o un hecho de la naturaleza? La segunda, relativa a sus límites y fronteras, nos avoca a dos interrogantes a menudo enlazados: en primer lugar, las relaciones entre lo uno y lo múltiple; en segundo lugar, la articulación o la contraposición entre lo continuo y lo discontinuo.
Sobre este suelo se asientan todas las reflexiones psicopatológicas y las construcciones taxonómicas. De forma absolutamente original, Freud elaboró una psicología patológica basada en la elección inconsciente de mecanismos defensivos y en los efectos patógenos que ella conlleva. El clasicismo lacaniano supuso un desarrollo y perfeccionamiento de este modelo de las estructuras (clínicas) freudianas. Confirmando una tendencia acorde con la madurez y la experiencia clínica, tanto Freud como Lacan relativizaron, con el paso de las décadas, la perspectiva estructural (discontinua) y se abrieron a otra más continuista, perfectamente conjugable con la anterior. Si algo llama la atención de la psicopatología psicoanalítica es la perdurabilidad de sus categorías clínicas, lo que contrasta con la continua renovación de las nosotaxias psiquiátricas.
Inspirándose en el método científico, las actuales taxonomías psiquiátricas aspiran a ordenar las enfermedades mentales mediante un marco homogéneo de referencia, tanto descriptivo como semántico. Para ello proponen una terminología universal que engloba las referencias clínicas y las de investigación en el campo de la salud mental. Desde luego, estos objetivos son muy loables siempre y cuando se limiten a recomendaciones surgidas de construcciones discursivas y preserven al sujeto en las clasificaciones propuestas.
En contraste con la relativa modestia de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, los últimos DSM transmiten una ideología biomédica que encumbra la enfermedad y allana cualquier retoño de subjetividad, es decir, desposeen al sujeto de su participación en el malestar que le aqueja. Quizá el mérito de la extensión de esta ideología cientificista deba atribuirse a Robert Spitzer, el principal hacedor del DSM-III (1980). Con esta taxonomía supuestamente “descriptiva” y “ateórica”, mediante un prodigio retórico admirable, el otrora psicoanalista Spitzer da la puntilla a la orientación psicoanalítica, hasta entonces imperante.
Cuando se observa la trastienda de la ciencia, la contundencia de sus argumentos se desvirtúa al instante. Tras tanta pompa se oculta el método de consenso que afianza esas nosotaxias. Pues a través del consenso de expertos es como se llega a la definición operativa de los trastornos y su agrupación en clases. Estos grupos de expertos recogen una opinión mayoritaria de lo que algunos profesionales de la salud mental consideran un determinado trastorno; después, proponen una definición descriptiva mediante los síntomas que se cree los conforman; finalmente, los agrupan en torno a criterios de clase: trastornos psicóticos, del humor, del desarrollo, etc.
A partir del proceso descrito, se procede a estudios de campo consistentes en la validación de estos presuntos diagnósticos mediante el estudio estadístico de poblaciones a las que se ha realizado un determinado diagnóstico. En algunos casos, dicho proceso puede culminar en la confirmación de una especie estadísticamente consistente, de lo que se concluye su existencia real. Con esta pirueta, un dato meramente estadístico se transforma en una categoría nosológica real.
No hay que estar muy versado en metodología para colegir sobre la escasa certidumbre científica de este modelo, el más bajo en la medicina basada en pruebas. Sobre el desconocimiento de la etiología o la fisiopatología de las enfermedades mentales se erigen estos edificios nosotáxicos, depurados en su acabado pero huecos en el fundamento clínico. Todo ello pone de manifiesto lo alejados de las ciencias de la naturaleza que se halla estos saberes y lo cercanos que están a la ciencia ficción. Sin embargo, esta ideología y su omnímodo poder se extiende como la lava, arrasando cualquier diferencia subjetiva y reduciéndolo todo a un silencio deshumanizado.
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(A)COGIDOS POR EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO
Mª José Freiría
La Convención internacional sobre los Derechos del Niño (CDN) convertida en ley en 1990 y, por tanto, de obligado cumplimiento por todos los países firmantes, reconoce a los niños como titulares activos de sus propios derechos, separándolos así del lugar incontestable en el que se situaban respecto a los padres, la familia y los adultos en general.
Se trata del niño como sujeto de pleno derecho.
Es evidente que una ley, además de tener sus propias limitaciones conceptuales, siempre es respondida, interpretada, asumida, manejada, incluso desechada de modos muy diversos.
La CDN contiene una particularidad que la atraviesa y compete a todos sus artículos. Se trata de uno de sus principios fundamentales, el de que todas las acciones que se realicen deben contemplar “el interés superior del niño”. Definir este principio resulta tan complejo que, además de aparecer problematizado en cada uno de los artículos de la ley, hay 6 artículos específicos dedicados a su interpretación, con el uso de ejemplos prácticos.
Si el derecho es para todos, la noción de interés abre una grieta, ya que exige una estimación más específica y da cuenta de una dimensión subjetiva en juego. Se trata entonces de los derechos fundamentales de los que debe gozar el niño, bañados por las contingencias propias de cada vida particular.
El acogimiento familiar, históricamente librado a la espontaneidad personal o a las acciones de beneficencia, es ahora investido como medida de protección de los derechos del niño.
Se trata de un cambio conceptual en marcha desde hace algunos años, que atañe tanto a la función del acogimiento como a las familias de acogida, a las familias biológicas y al lugar del niño.
Los padres y las madres, duales en estos casos, deben tomar posición respecto a ese principio fundamental que atraviesa la ficción de derecho en la que el niño está a-cogido, su interés superior. El acogimiento mismo viene a responder a eso, pues se conceptualiza como la medida más conveniente para un niño en situación de desamparo.
La pregunta sobre cuál es el interés del niño en estos procesos, siempre muy complejos, tiende a cerrarse fácilmente y de formas muy diversas, a menudo desde el lado del interés que tiene el niño como objeto para cada uno, para cada padre, cada madre o cada profesional.
Sin olvidar los casos más extremos de violación de sus derechos, tomemos como ejemplos la reivindicación del valor superior de los lazos de sangre, la aplicación de estilos educativos idealizados y todos los intentos de sometimiento del niño a los delirios familiaristas particulares.
Pero me parece que este principio tiene una virtud y es que no deja de producir un cierto efecto de retorno de una pregunta nunca contestada del todo.
Una pregunta que en estos lugares de trabajo con los niños, en los diferentes dispositivos de protección se ha de mantener abierta. Puede servir para proteger al niño de las pasiones que habitan los lazos familiares, de las condiciones de goce que envuelven las voluntades de cuidados, de la pulsión de muerte que empuja silenciosa en el lazo familiar, en los padres, en las madres y en los propios niños.
Porque en el niño también hay algo que le a-coge, un modo de satisfacción pulsional al que quedará fijado y del que tendrá que responder. Le será muy útil tomar a su cargo la pregunta por aquello en lo que se sostiene su interés, más allá del registro imaginario de sus múltiples intereses, en su vertiente de apertura hacia lo real pulsional (a).
Pero para eso le hará falta una transmisión, tal vez producida en el encuentro con alguien en posición de analista, dentro o fuera del abrigo de un dispositivo específico de tratamiento.
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LOS PADRES, EL NIÑO CON PROBLEMAS Y EL PSICOANALISTA
Mariam Martín Ramos
El pasado 3 de marzo pude asistir a la primera reunión de debate sobre el próximo Forum de Sevilla. Las aportaciones particulares que los colegas han puesto en marcha en las distintas instituciones y distintos lugares de nuestra geografía donde trabajan, permitieron mantener un renovado entusiasmo porque, en cada lugar, aquellos que nos orientamos por el discurso analítico damos muestras de consentir, de promover formas dúctiles, casi diría de invenciones para que allí donde se ejerce el poder de las prácticas de control, éste quede minimizado, quede incluso desmantelado y dé lugar a un espacio de subjetividad.
Lo debatido, mi propia práctica, que con padres de niños autistas es de acompañamiento y sostenimiento durante el tratamiento de sus hijos y las lecturas, me decidieron aceptar la invitación de poder entregar algunos comentarios para este continuo trabajo de elaboración previo al Foro de Sevilla que la comunidad analítica realiza.
Es cierto que se nos hace cada vez más patente que los síntomas o las formas actuales de los síntomas quieren ser tratadas desde una perspectiva social más que subjetiva. Se quiere así obviar cualquier determinación subjetiva, inconsciente, del padecimiento con el que cualquier ser hablante se presenta. Desde esa perspectiva, se entiende bien que los tratamientos del síntoma no son, en realidad, más que formas de control que provienen del lugar del Otro social, del Otro del Estado porque el síntoma deviene, entonces, un problema de orden social o, como formula J-A. Miller, de orden público.
El discurso de la evaluación, los protocolos de actuación, los manuales de buenas prácticas, la construcción estadística de los síntomas, los cuestionarios y tests del comportamiento y de conducta, la lógica de la eficacia y rentabilidad, son los recursos con los que estas prácticas de control se ponen en marcha. A partir de aquí, las formas de intervención están abocadas a la cronificación del síntoma, fijándolo en categorías monosintomáticas, a su medicalización transformándolo en un trastorno del organismo o a la judicialización del síntoma con ordenamientos judiciales preventivos frente a la violencia de genero o cambios de las leyes de responsabilidad del menor en la violencia social, por citar sólo algunos.
Del lado del sujeto, lo importante es que queda des-responsabilizado en relación con aquello que le sucede, con respecto a lo que padece, imposibilitado a producir un saber sobre lo que le pasa y abocado a soportar el empuje acéfalo de la pulsión, la desregulación del goce, y sus derivas de la culpa o la victimización.
Frente a este modo imperante de tratamiento del malestar en la civilización, el papel de los profesionales cuya actuación tiene un impacto directo sobre la sociedad es fundamental, pues o bien producen actuaciones para dejar abierto el espacio de la subjetividad o ellos mismos se convierten en transmisores activos e incluso pasivos de estos modos de control.
En este sentido, en la actualidad, somos testigos de que dentro de distintos colectivos surge de manera más fuerte la alerta, la llamada de atención frente a la pérdida de su función, denunciando la imposibilidad de producir un acto informativo, un acto médico, un acto pedagógico o un acto jurídico.
Por otro lado, me preguntaba ¿cuál es la posición de los padres respecto de estas prácticas de control en el tratamiento del síntoma? Más aún cuando el síntoma se refiere a las formas más radicales de padecimiento, como en el caso del las psicosis y el autismo y en donde el protocolo de actuación y la pauta está mucho más presente.
Tomando sólo una vertiente de este aspecto complejo, el hecho de que, en los padres de niños autistas con los que trabajaba, el saber estuviera del lado del profesional con su diagnostico, sus protocolos y sus pautas, les impedía la elaboración de un saber sobre su propio hijo con una incidencia en la imposibilidad de poder decidir ahí donde la pauta recibida no funcionaba.
Poder abrir un espacio regular para poder hablar de las preocupaciones del día a día con sus hijos autistas, les permitió la abertura a su propio discurso, un discurso en el que pueden sostener sus propias decisiones aún a riesgo de darse cuenta de que tampoco funcionan. Poder reconocer que no se trata de soluciones cerradas, sino de ir construyendo, poco a poco, soluciones que siempre quedarán descompletadas y poder soportar ese modo descompletado sin el miedo a creer que no saben, a que no están haciendo lo mejor ni a sentirse culpables. Esta ha sido la apuesta, pues sin esta posibilidad de un lugar para hacer surgir la dimensión de sujeto de los padres, sus posiciones dentro del tratamiento de sus hijos, sin saberlo, podrían hacerlos participes de estas técnicas y mecanismos del control proveniente del otro social.
Por tanto, la forclusión de la dimensión de sujeto que promueve el discurso de la evaluación atañe tanto a los profesionales como a aquellos que nos vienen a consultar. Del lado de los profesionales, que realizan su labor en los distintos ámbitos sociales, se les impide realizar su función, es la manera que tiene de arrollar este discurso y del lado el psicoanalista que es el que sostiene de manera más radical el surgimiento y el sostenimiento de la dimensión de sujeto, en el caso de los niños con graves dolencias, promover la dimensión de sujeto de los padres ha sido fundamental para producir una apertura a la dimensión de sujeto de sus hijos.
Y es por eso que el Forum de Sevilla es una cuestión que nos concierne a todos.
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(IN)CERTEZAS BORRASCOSAS EN LA EDUCACIÓN
Dolors Tohà (Pedagoga en un Equipo de Asesoramiento Psicopedágogico -EAP-). Barcelona.
En el libro ¿Quiere usted ser evaluado? Jean-Claude Milner plantea los dos paradigmas que rigen nuestra actualidad: el paradigma problema-solución y el de la evaluación. Nos muestra cómo un problema viene a ser sustituido por “su solución”. Actualmente la solución puede ser la propia evaluación, es decir, la solución al problema será tener el “problema evaluado”. Así, un objeto queda sustituido por un objeto evaluado y un niño también puede sustituirse por un objeto evaluado, es decir, medido y mesurado.
Para la actual reforma educativa, la LOE, las finalidades de la educación son: aprender a ser, aprender a estar, a habitar el mundo y aprender a aprender. Conseguir estas finalidades-ideal, desde estos dos paradigmas y bajo el discurso de la primacía causa-efecto, da lugar a escenarios de lo más inverosímiles. Quizás podría expresarse mejor esta fragmentación en el estilo de las viñetas de cómic.
Medidas para combatir el fracaso escolar, programas de “impulso” de la lectura, programas de “convivencia”, “detección” de los trastornos de aprendizaje, y un sinfín de proyectos de una ingenuidad infantil asombrosa, son lanzados como la nueva Biblia de nuestros tiempos. Todo ello va obturando la vida de unos Centros educativos en los que la petrificación subjetiva aumenta a la velocidad que acontecen los fenómenos. Unos acontecimientos, aparentemente desconectados y dispares, que no pueden ser “leídos” sino respondidos desde la urgencia. En este panorama, el saber no sólo queda desplazado sino que no halla por donde circular. Las certezas ocupan su lugar. La amenaza de lo incierto causa terror. Así, se corre hacía el ideal, ignorando que en realidad se huye despavoridamente de algo, la incerteza, que está permanentemente al acecho.
Desde esta lógica, las dificultades en la lectura, cálculo, comportamiento… son sustituidas por su protocolo específico.
Una de las “causas” del fracaso escolar, por ejemplo, es que se ha “detectado” que los alumnos llegan a secundaria sin haber adquirido “una buena competencia lectora”. Afortunadamente ya ha aparecido “la solución”: el lanzamiento del programa “impulso a la lectura”.
Pero, ¿cómo leer en una realidad que corre ante nuestros ojos de forma tan vertiginosa? ¿Acaso lo pueden los que obedecen ciegamente al imperativo “inmediatez”? ¿Y los que sólo alcanzan a plantearse qué protocolo aplicar? Entonces, ¿quiénes son los que no pueden leer? ¿Es posible hacer alguna lectura desde la condición de objeto susceptible de ser mesurado y medido?
Otro aspecto que resulta inquietante es el empuje a la autonomía en los niños. “¡Hay que fomentar la autonomía!”, otra de las certezas-premisa básicas para que los niños puedan “aprender a aprender”. ¿Cómo puede articularse la autonomía desde la lógica del control? Han de aprender a organizarse a la hora de entregar las tareas que se les pide, muchas veces desde el exceso y la desregularización. Eso sí, deben organizarse de un modo determinado y en unos tempos que “son los correctos”. ¿Cómo van a organizarse si no se acoge su particular “saber hacer”?
¿Cómo puede responderse a eso si no es grabando un policía en el interior de cada niño? Tal vez, cuando se habla de “impulsar la autonomía”, cabe plantearse si la auténtica finalidad que se pretende desde las administraciones del poder - que entienden la educación desde el control- sea inyectar al vigilante en cada uno.
Bajo la máscara “políticamente correcto”, los Centros cuentan con unos espacios “para la reflexión, la coordinación, la planificación”. Acostumbran a colapsarse de certezas encadenadas, en formato “causa-efecto”, “problema-solución”. O bien, en espacios para decidir dónde se pone la cruz al protocolo. Desde mi lugar como asesora, resulta una proeza introducir algún interrogante ante algo que opera y es aceptado como un axioma divino, sin más.
En este empuje hacia la acción y la inmediatez, hoy en día, darse un tiempo para la elaboración es una heroicidad.
Desde el marco de mi trabajo en un equipo de asesoramiento psicopedagógico, hemos creado un espacio fuera de “lo urgente”. Un Seminario formado por maestros de educación especial, psicopedagogos de secundaria, de equipos de asesoramiento psicopedagógico y de Servicios Específicos. Inscrito en el horario laboral. Oficial, es decir, está contemplado en el plan de formación permanente y al realizarlo se adquieren puntos para la promoción profesional. Nos amparamos en la lluvia de adjetivos que operan para calificar lo que algo no es (escuela inclusiva, trabajo cooperativo, escuela comprensiva). Y nos adscribimos a uno de ellos: “la práctica reflexiva”.
Nos permitimos el lujo de llamarlo lugar de desaceleración. No pretendemos “solucionar” nada. Estamos abiertos a que pueda surgir algo nuevo de verdad, una invención. Un paréntesis entre todas estas “supuestas novedades” que emanan aceleradamente y que sólo vienen a perpetuar a que se repita “lo mismo de siempre”. Hemos podido sostener, de forma heroica, permanecer desorientados por un tiempo y desobedecemos al imperativo “concluye ya”.
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MUCHACHOS QUE HABLAN DESDE SU SINGULARIDAD
Rosa Godínez
Escribiendo algunas notas previas en relación al Foro La infancia bajo control que se celebrará en Sevilla, me encuentro con el acontecimiento de otra celebración: la presentación ayer martes 3 de abril en Barcelona del documental “Unes altres veus” de nuestro colega y amigo, Iván Ruíz
Esta presentación da un giro al escrito que estaba confeccionando para las Lecturas críticas. Aunque no-todo.
Una vez que la mirada del psicoanálisis ha logrado atravesar la pantalla, de la buena manera, ha producido un contenido discursivo que llega a la red social y ha plasmado una imagen, a mi parecer de una excelente calidad artística, nos queda no sólo dar la enhorabuena a los productores y actores de este especial film, si no también continuar con nuestra particular tarea como psicoanalistas. Sostener y transmitir el nudo entre clínica y política.
Ayer en la calle tomada por familiares, amigos y amantes del psicoanálisis, me ocurrió algo inesperado. Fue el encuentro con algunos, no anónimos. Antes de la entrada al cine, me acerqué a una pareja de padres de un niño púber (autista) que atiendo desde una institución pública. La madre no sabía si saludarme o no. No quería molestar. Sabíamos, sin decirlo, que ahí los que estábamos, lo hacíamos en calidad de espectadores expectantes, de acompañantes de nuestros colegas de l´Associació Teadir, y sobre todo estábamos ahí, sencillamente y complicadamente, como SUJETOS. Por tanto, algo nos unía. De esta manera, la mujer me presentó a su marido, padre de mi paciente. Al que, a pesar del tiempo transcurrido en alojar y escuchar a su hijo, aún no había conocido. Este evento pues nos acercó. Y allí, en ese lugar y en ese momento, escuché al padre hablándome de su hijo. La transferencia en juego, siempre se ha de mantener y cuidar. Dado el escenario del acontecimiento no era fácil manejarse, puesto que los afectos estaban en juego. Pero, en definitiva, estábamos todos en calidad de hombres y mujeres acarreando cada uno su síntoma.
Como decían los colegas psicoanalistas en el documental, cada sujeto inventa su manera particular para manejarse en el mundo. Y no hay una única manera, por fortuna. Hay la singularidad de cada uno. En el mundo del autista, esta singularidad es absoluta, radical.
El otro encuentro fue con el chaval protagonista del documental. Me acerqué a él, con tiento, y me presenté. Sus palabras y su posición de amabilidad eran muy asombrosas, dedicándole al Otro un tiempo particular para contar –por supuesto a su manera- la alegría del momento. Entonces, una pregunta por mi parte, ¿un lapsus? produjo una conversación particular; en el punto en que cada uno soporta su propio autismo. ¿Qué tal, cómo lo llevamos?, en lugar de ¿Qué tal, cómo lo llevas? Ante el asombro de los dos, conseguí precisarle que me refería al bullicio, al lugar atestado de gente que obligaba al sujeto a estar por unos y otros. En fin, a la cuestión del lazo social. ¡Ah, bueno, muy bien, estoy muy contento!, espetó jubiloso. “Lo malo es que quizá no puedo parar de hablar”. “No te preocupes -le digo- esto y otras cosas nos pasan a todos”. Nos despedimos desde una cercanía singular, la que se produce entre quienes captan que hay un deseo en juego.
nta que en la escena se jugaba también la cuestión que me encamina hacia el Fórum-Sevilla. Esto es, acercar a los otros la experiencia con los chavales cuya singularidad es extrema. ¿Qué ocurre sino con la angustia generalizada y desencadenada en el otro, véase el cuerpo del profesorado actual, el de los padres también, que miran fascinados la clínica del actuar de estos muchachos?. Este es un fenómeno diferente al del autismo por el ruido social que se genera, pero no tan distanciado, puesto que el niño o el joven actuador se encierra, y de manera muy complicada, en su goce autístico.
Como transmite Daniel Pennac en su libro: Mal de escuela, pasar por la experiencia, si de ello el sujeto saca un provecho, te habilita para poder saber hacer allí: “De modo que yo era un mal alumno. Cada anochecer de mi infancia, regresaba a casa perseguido por la escuela. Mis boletines hablaban de la reprobación de mis maestros. (…) llevaba a casa unos resultados tan lamentables que no eran compensados por la música, ni por el deporte, ni, en definitiva, por actividad extraescolar alguna.(…) Y yo no comprendía” (p.17).
Fue por el deseo del sujeto, a través del deseo del Otro como señala Lacan, que Daniel se hizo profesor de instituto y escritor. Debemos pues, decirles a nuestros jóvenes que siempre hay la posibilidad de un porvenir.
2 de Abril de 2012
Postfacio al libro de Donna Williams, “Alguien en algún lugar” -Diario de una victoria contra el autismo-. Enric Berenguer (Barcelona)
Hoy lunes, 2 de abril, se celebra el DIA MUNDIAL DEL AUTISMO. Para esta ocasión sale a la luz en castellano, el libro de Donna Williams, titulado “Alguien en algún lugar”, que va a ser publicado por la editorial Need. El primero de una nueva colección: “La palabra extrema”.
El postfacio, que podrán leer a continuación, ha sido escrito por Enric Berenguer, miembro de la ELP, que nos hace saber el interés de esta la publicación con estas palabras:
“En el contexto actual, me parece que es un libro importante, ya que Donna es una representante de un discurso respetuoso con el psicoanálisis, partidario de un abordaje multidisciplinario, basado en la libre elección, y que plantea toda una serie de cuestiones éticas muy pertinentes sobre el tema que nos ocupa”.
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A su vez, Donna Williams ha escrito a Enric Berenguer para agradecerle su postfacio:
Hola Enrique.
Disfruté leyendo su prefacio.
Me parece muy bien.
También fue esclarecedor para mi que alguien se alegre del valor de mi trabajo en todos los campos.
A menudo mi trabajo es combatido, sin que la gente se dé cuenta de que lucho porque la talla única para todos no le sirve a nadie y porque se me impuso que virtualmente no hay condición alguna que deje a una persona sin la posibilidad de elección.
Sí, vivo con problemas de inmunidad/autoinmunidad y agnosias que impactan sobre mis elecciones, elecciones ligadas o no al autismo, pero al menos tengo esas elecciones, siento que las tengo, pero veo, como consultora, familias en las que el niño tiene aun que sentir la experiencia de ser una persona separada o un ser humano, no un objeto, por lo que están bloqueados en el conocimiento de ser activos a la hora de tomar partido por su propia condición.
Y como consultora, busco alterar la dinámica familiar de forma que la persona con autismo pueda al menos experimentar cambios fuera de esta dinámica estancada.
Así que buena suerte con la publicación. Puede utilizar libremente el prefacio que ha escrito, tan bien reflexionado y considerado. Y gracias por dejármelo leer.
Calurosamente,
Donna
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POSTFACIO al LIBRO de DONNA WILLIAMS, “ALGUIEN en ALGÚN LUGAR”. Por ENRIC BERENGUER.
La cuestión del autismo es objeto en la actualidad de agrios debates sobre la idoneidad de los diferentes tratamientos propuestos hasta ahora para esta problemática que, por sus características, ha desafiado más que ninguna otra los esfuerzos para tratar de entenderla. Pero en el mundo actual, este tipo de discusiones no permanece en el ámbito de los especialistas. Desde hace un tiempo, los nuevos medios de comunicación, las redes sociales, el relieve que ha tomado en diversos ámbitos el punto de vista de las familias de los afectados, los distintos lobbies con intereses mercantiles que tratan de influir en las administraciones y las instituciones políticas, constituyen un panorama enormemente complejo y confuso.
Recientemente en Europa, corrientes comportamentalistas han tratado de erigirse en una referencia única para el tratamiento del autismo, descalificando otros enfoques, como el psicoanalítico, para lo cual aducen argumentos supuestamente científicos. Estos intentos vulneran la libertad de elección que debería regir en éste como en otros ámbitos, así como el necesario pluralismo y la multidisciplinariedad aconsejables en las intervenciones.
Pero, como se dice a menudo, la primera víctima en una guerra es la propia verdad. Y la realidad que está en juego es mucho más compleja de lo que a veces se quiere hacer ver. Una cosa es la ciencia, muy parca en sus afirmaciones, otra muy distinta es el cientificismo, una ideología que pretende hablar en su nombre.
Frente a todo esto, la pregunta es dónde encontrar una referencia más real. Y lo más real no siempre tiene la forma que muchos consideran la única posible. Los cariotipos, los tests, las estadísticas, acaban diciendo de una persona mucho menos de lo que se suele creer. Por el contrario, la escucha, o la lectura, de un verdadero testimonio, de un testimonio de verdad, el de alguien que habla en nombre propio, sin defender los intereses de nadie, sin justificar a nadie, manteniéndose fiel en su narración al detalle de una experiencia que consigue traspasar a palabras que podemos entender, es algo que nos acerca mucho más a lo real que nos interesa. La voz de Donna Williams no es la única entre las de personas concernidas en primera persona por lo que se llama autismo. Pero su voz es única, como son únicos otros testimonios valiosos que han llegado a la opinión pública, porque cada uno trasmite una experiencia singular, irrepetible.
¿Cómo resumir lo que hace del testimonio de Donna Williams algo especialmente valioso? Se podrían mencionar muchas cosas en este sentido. Voy a destacar las que a mí me han parecido más importantes.
El relato de Donna es la historia de una lucha sin cuartel, de una persona decidida, que se sumerge hasta las profundidades de la desesperación, y que, contra todo pronóstico, se alza con una victoria indiscutible. Que narra con honradez, no sólo sus éxitos, sino también sus fracasos. Que muestra que, a menudo, la posibilidad de avanzar pasa por renunciar a soluciones que hubieran podido ser cómodas, pero que eran parciales y limitadoras. Que lo que se llama “tratamiento” del autismo es algo en lo que diferentes aportaciones pueden resultar importantes en diferentes momentos de la vida de la persona; pero que, en el fondo, todo verdadero tratamiento es sobre todo un autotratamiento, ya que la parte más crucial le corresponde siempre a ella, a su voluntad de cambiar, a su decisión, a su valentía, a un deseo profundo de salir de su encierro.
Es particularmente interesante el hecho de que, a lo largo de su vida, Donna Williams se benefició de tratamientos de orientaciones diferentes, incluso, en apariencia, opuestas, ya que fue atendida por una psicoanalista y por un psicólogo cognitivista. Sin embargo, ella tomó de cada tratamiento lo que en aquel momento podía darle y también fue capaz de situar qué no podía darle. Y ello no basándose en ideas a priori sobre lo que eran dichos tratamientos, sino a partir de su propia experiencia concreta. Así, Donna pudo situar muy bien los límites con los que tropezó su tratamiento con una psicoanalista, que fue incapaz de franquear ciertos límites impuestos por el propio funcionamiento autístico. Pero también es interesante que, cuando describe su tratamiento con el psicólogo cognitivista que la ayudó a dar un paso crucial en su cura, hable de él en términos que demuestran la imposibilidad de reducir la intervención a una pura técnica, a un adiestramiento. En su relación con el Dr. Marek, en efecto, encontramos muchos elementos que no podrían describirse en los términos del “condicionamiento”, sino que implican toda la densidad de una relación, en la que se aprecian cosas que los psicoanalistas podríamos describir también en términos de “transferencia”.
Y es que el testimonio de Donna Williams debería dar que pensar a todos: psicoanalistas, psicólogos clínicos, psicólogos cognitivistas, psiquiatras, educadores, políticos, familiares.
Empecemos por los psicoanalistas. El psicoanálisis freudiano fue concebido originalmente para el tratamiento de las neurosis, y supone una relación entre los síntomas y una verdad histórica de la persona que los sufre. La interpretación está pensada para movilizar ese valor de verdad de los síntomas y permitir su elaboración. Posteriormente, las psicosis fueron objeto de intentos de tratamiento sistemáticos y específicos, que ya llevaron a poner en tela de juicio la utilidad en tales casos de una práctica de la interpretación y exigieron un cambio radical de perspectiva. Pero el autismo tardó en encontrar un lugar entre las preocupaciones de los psicoanalistas. El primer caso de niño que hoy sería llamado autista, fue tratado, al parecer con éxito, por Melanie Klein, quien lo consideraba una forma peculiar de esquizofrenia, sin que ella misma pareciera convencida del diagnóstico. Posteriormente, Frances Tustin describió particularidades importantes del funcionamiento autístico, entre las que se destaca la relación con cierto tipo de objetos que ella llamó autísticos, diferenciándolos de los objetos transicionales descritos por Winnicott. La misma autora habla de “autismo encapsulado” y se refiere a la producción por parte del niño de una especie de barrera o caparazón que lo separa del mundo.
Serán Rosine y Robert Lefort, alumnos del psicoanalista francés Jacques Lacan, que se mantuvo muy atento a sus trabajos, quienes plantearán la hipótesis de un funcionamiento autístico que consideran netamente diferenciado de las psicosis, como una estructura diferente. Y describen un elemento nuevo de dicho funcionamiento, que hasta entonces había pasado desapercibido: el valor que tienen cierto tipo de identificaciones con figuras que para los autistas funcionan como dobles, por así decir, “en espejo”. Los Lefort, por otra parte, basándose en la teoría de Lacan, plantearon hipótesis novedosas para explicar los trastornos del lenguaje específicos de los autistas. Con ellas, tratan de dar cuenta de por qué para los llamados autistas el lenguaje parece estar cargado de un potencial destructivo, que evitan mediante un silencio obstinado, o bien mediante peculiares formas de hablar con las que eluden hacer un uso verdaderamente expresivo de la palabra.
Más recientemente, Éric Laurent añadirá una noción fundamental que permite entender mejor algunas intuiciones de Tustin antes mencionadas, corrigiéndolas. Se trata del concepto de “borde autístico”, un concepto que permite introducir, en la serie de construcciones con las que el autista se separa del mundo, una variedad mucho mayor, formas mucho más sutiles. Y esta nueva complejidad incluye también un gran potencial de cambio, de desplazamiento. Al no tratarse ya de una “segunda piel” (Tustin), ese borde es una frontera móvil, ampliable, en la que interviene también el lenguaje, así como construcciones con las que poco a poco el autista puede ir abarcando el mundo exterior, abriéndose a él a su manera, que es la única posible(1).
Pero, por encima de todo, lo que el psicoanálisis dice es que el autismo es un funcionamiento mediante el cual el sujeto trata de defenderse de una profunda angustia. Y lo hace con medios peculiares, que desafían la lógica del sentido común, pero que tienen su propia lógica que es preciso tener en cuenta.
Para los psicoanalistas, el testimonio de Donna Williams es de un valor excepcional, en la medida que contiene la expresión más detallada de la angustia de la que se trata, que no es cualquiera, así como de los mecanismos con los que la persona que la sufre trata de combatirla. Y, sobre todo, porque permite un nuevo desarrollo de una inspiración de Freud: todo síntoma, de los que se suelen considerar patológicos, no es sólo la expresión de una enfermedad, sino que incluye modos específicos de combatirla, es ya parte de la solución, que espera ser tenida en cuenta para una curación verdadera. En efecto, Donna demuestra que la necesidad de encerrarse en su mundo para evitar la angustia no excluye posibilidades de interacción, que no por ser sutiles son menos genuinas. Demuestra que las mismas construcciones con las que el autista lleva a cabo su muro tienen puertas y ventanas, que esperan a alguien que sepa verlas y entenderlas, para ayudar a que la propia persona afectada las abra desde dentro. Proporciona ejemplos impresionantes del funcionamiento de los dobles o espejos, vinculados también a una serie de objetos que ella fue construyendo, en cuya serie se aprecia una progresión hacia el sentimiento de pertenencia de un cuerpo propio, habitado por la vida y capaz de sentir emociones y afectos –capaz, en la misma medida, de entrar en relación con el cuerpo de los otros.
Ahora bien, esto implica –y ahí los psicoanalistas debemos estar particularmente atentos– que no se pueden aplicar al tratamiento del autismo muchas de las cosas que resultan útiles en otros casos. Por eso los psicoanalistas deben estar dispuestos a poner en tela de juicio lo que saben, con toda humildad, para volver a aprender, caso por caso, la lógica de un funcionamiento que más allá de ciertas tendencias generalizables siempre es único. Deben estar preparados para seguir los pasos de su paciente, aunque éstos describan recorridos aparentemente erráticos, porque en ellos están las claves.
No se accede a la palabra de una única forma, no se accede ni siquiera a asumir un cuerpo como propio de la misma manera. Y allí el psicoanalista no puede forzar nada, no debe inyectar ningún sentido, edípico u otro, ya que su paciente no lo espera ni está dispuesto a recibirlo. Ni siquiera puede saber de antemano cuál será la solución por la que, desde lo insondable de su ser, aquel niño o aquella niña, aquel joven o adulto, se decantará.
Para los comportamentalistas y/o cognitivistas, este testimonio es igualmente importante. La voz de Donna se alza con toda autoridad contra la idea de que alguien pueda ser sometido a un entrenamiento aversivo o, más en general, de condicionamiento, sin tener en cuenta su subjetividad, su sufrimiento, su consentimiento. Ni sin tener en cuenta, por qué no decirlo, su deseo, ya que la necesidad del autista de protegerse de un mundo que vive como hostil no es menos digna de respetar que las necesidades llamadas de socialización de una persona supuestamente normal. Por otra parte, como ella misma nos muestra de un modo particularmente lúcido, el éxito de cualquier programa que busque influir sobre una persona, sea ésta autista o no, debe de contar con su conformidad, su participación activa. Como Donna concluye: conseguir que un autista se comporte exteriormente como otros desean no implica haber modificado nada sustancial en su funcionamiento, ya que adoptar una posición pasiva o de aparente conformidad ante un entrenamiento (o ante cualquier intrusión, incluso agresión), puede ser la forma más sofisticada de defensa autística, una verdadera astucia capaz de engañar al entrenador más listo.
Los psicólogos cognitivistas deberían leer atentamente la descripción que hace Donna de un tratamiento como el que ella sigue, en el que el terapeuta mismo, su persona, está muy lejos de ser un factor secundario de la ecuación. Un tratamiento no será nunca la aplicación automática de una serie de reglas y algoritmos. Implica factores personales que de algún modo deben de ser tenidos en cuenta. Como Donna nos enseña, en el diálogo con el Dr. Marek ella pudo entender aspectos sutiles de su forma de pensar y de funcionar, y pudo usar los puntos de referencia que obtuvo para orientarse en su esfuerzo titánico por abandonar lo que había sido su mundo. Pero nada de ello hubiera sido posible sin su determinación, sin su propia decisión. Donna usa, en el mejor sentido, su tratamiento con el Dr. Marek. Y este uso que ella hace es algo que ningún condicionamiento podría lograr, porque depende de una elección que nadie, tampoco su psicólogo, podía hacer por ella. En este sentido, el tratamiento es una herramienta más, que al fin y al cabo quien la maneja es la propia Donna, aunque en ello cuenta con el apoyo inestimable de Marek. En cuando a este último, es interesante destacar que gran parte del éxito de su intervención reside, para Donna, en características personales y actitudes muy precisas: una posición respetuosa, no intrusiva, cierta implicación, pero no demasiada, saber esperar, incluso retroceder alguna vez, una gran paciencia, sensibilidad ante la angustia y también algo que, tal como ella lo describe, va más allá de la aplicación de un saber puramente técnico y entra en el terreno de cierta sabiduría. De este modo, con toda naturalidad, Donna limita la ambición del discurso de la ciencia, que pretende erradicar toda manifestación del sujeto como un estorbo, como una variable molesta –y esto tanto en lo referente al terapeuta como en lo referente a su paciente.
En cuanto a las familias de personas afectadas, este testimonio es igualmente de obligada lectura. Pone de manifiesto hasta qué punto algunas de las cosas que el entorno del autista llegaría a hacer, movido por la desesperación, no sólo pueden ser completamente inútiles, sino incluso perjudiciales. Donna describe cómo cierto tipo de presiones, que pueden llegar al maltrato, se convierten para el autista en el mejor aliado de su rechazo del mundo. En el polo apuesto, ella nos muestra que lo que más útil resulta a la larga, aquello que puede tender puentes hacia el mundo de los demás (¡hasta donde éste exista realmente!) es el detalle más discreto, el objeto más humilde, el dispositivo más extraño, los montajes más bizarros, que por su “anormalidad” suelen suscitar el rechazo. El autista, aunque no lo parezca, está siempre trabajando, no hace fiesta ni vacaciones, y nada de lo que hace puede descartarse como inútil: como mínimo, es un intento legítimo, que debemos poder acoger para ofrecerle vías de elaboración.
El testimonio de Donna enseña también a los familiares que, de un modo adaptado a las posibilidades de cada persona y de cada edad, el interesado siempre debe poder elegir, siempre debe contar al menos con cierto margen. No es que no se le trate de persuadir en algunos momentos: a veces incluso se puede requerir cierta presión para que aprendan (un forzamiento suave, para decirlo con Antonio di Ciaccia). En lo esencial, hay que respetar las resistencias a los tratamientos y durante los tratamientos. Y ni siquiera la aparente indiferencia, el sometimiento sin resistencia, son índices suficientes en los que podamos confiar. Hace falta una reflexión permanente, una sensibilidad atenta, para evitar forzamientos, coacciones casi invisibles. Jamás un ser humano debe ser sometido a una domesticación, por mucho que ésta se vista con el lenguaje y los modos de la ciencia. El fin no justifica los medios. Mucho menos cuando los fines son en sí mismos discutibles, ya que “enseñar” a alguien a hablar como un loro (o, dicho de otro modo, conseguir que pronuncie una serie de palabras adecuadas a ciertas situaciones y contextos) no tiene nada que ver con lo que de verdad es hablar, como Donna sabe mejor que nadie. Palabras, frases sofisticadas sintácticamente, correctas gramaticalmente, no por fuerza comunican, puede ser que no digan nada. Y palabras que no cumplen con ninguno de los cánones de lo establecido, a veces son portadoras del mensaje más fundamental de un ser humano.
¿Y los políticos, los administradores, aquellos de quienes dependen las políticas y los recursos públicos, también las leyes, las que se hacen y también las que no se deberían hacer? ¿Qué pueden aprender? Para ellos la lección de Donna es fundamental: no se puede simplificar lo que se llama “el tratamiento” que conviene a una persona que padece lo que ahora se llama autismo. La cura es un recorrido largo, en el que hay etapas muy diferentes, a lo largo de las cuales las necesidades de la persona van cambiando. A veces pueden se pueden requerir medios específicos, otras veces, los medios al alcance de cualquier niño o persona, usados quizás de un modo singular. No se trata de crear ghettos, sí territorios variados y permeables.
Pero ni siquiera dentro de una etapa determinada hay un único “tratamiento”, un único “programa”, que pueda pretender responder a todas las necesidades. Donna se benefició de cosas diversas, de un modo creativo. Unos vecinos bien dispuestos, en la campiña australiana, fueron para ella un recurso esencial. ¡Qué lección para toda la ideología subyacente en la idea tan en boga de “dispositivos específicos”! La conclusión es inequívoca: la oferta de tratamientos debe ser amplia, diversa, para que cada persona, con la ayuda de su familia si es una persona dependiente, pueda elegir lo que más le conviene, que quizás no sea lo mismo para todos, ni en todo momento. La libertad de elección, como comprobamos en la historia de Donna, no es un factor secundario sino esencial, porque lo fundamental de la cura pasa siempre por la decisión del propio interesado, y esto se opone a cualquier intento de definir un camino único para todos y en todo momento, dentro de una lógica que acaba siendo totalitaria a pesar de las buenas intenciones.
Más allá de todo esto. ¿Qué nos enseña a todos este testimonio único, con independencia de nuestra implicación o de nuestra profesión? Muchas cosas. Pero vamos a limitarnos a destacar una, que constituye una gran lección humana. Se trata de la cuestión de la responsabilidad subjetiva. Gran cuestión, en un mundo en el que muchos se amparan tras supuestas condiciones objetivas que, según dicen, hacen imposible una elección.
Donna, que sufrió lo que podría llamarse un maltrato infantil, y que no duda en describirlos, aunque siempre con una contención notable, no culpa a sus padres de su enfermedad. Plantea de un modo simple y conciso que no sitúa nada de aquello, por otra parte tan triste y terrible, como causa de lo que le ocurrió. Lo más sorprendente es hasta qué punto asume una responsabilidad subjetiva por sus síntomas. En efecto, reconoce sin ambages el peso que en ellos tenía una decisión íntima: el rechazo del mundo y la negativa a abandonar el suyo propio, cederlo a los demás. Sitúa claramente una decisión del sujeto que tiene un papel decisivo en la perpetuación de la enfermedad. Por eso, como ella misma pone de manifiesto, lo esencial de la cura pasa por una decisión, por un acto al mismo tiempo de deseo y de responsabilidad.
Es cierto que esta responsabilidad subjetiva es matizada, en la medida que, gracias a esta decisión de abandonar “su mundo” Donna se puede separar lo suficiente de su autismo como para diferenciarse de él de un modo claro. Y desde esta nueva posición puede decir algo al mismo tiempo enigmático y cargado de sentido. Dice, en efecto, que antes ella creía que quería ciertas cosas, cuando en realidad eran las cosas que quería el autismo. Que ahora ya sabe que en eso ella no podía elegir, aunque creyera que lo estaba haciendo, porque era el autismo el que decidía por ella. Y entonces, cuando puede decir, con toda firmeza, que ella no es su autismo, es cuando puede separarse de él de un modo efectivo. Y descubre que lo que había vivido como una libertad vertiginosa era una esclavitud, el sometimiento a una forma de funcionamiento.
Lo más enigmático, y al mismo tiempo lo más profundo, es que esto no anula cierta dimensión de responsabilidad que ella había aislado tan bien. ¿Cómo hacer compatibles estas dos afirmaciones aparentemente contradictorias? Donna nos conduce así a la raíz misma de la cuestión ética, a la que tanto esfuerzo han dedicado los filósofos.
Se trata de algo que puede ser pensado desde perspectivas muy distintas, y cada cual lo hará, sin lugar a dudas, a partir de su formación o del lugar que ocupa. Pero para extraer algo, lo más generalizable posible, diré lo siguiente. No hay ninguna enfermedad ni condición que sufra el ser humano que, aunque por un lado lo condicione, de modos a veces decisivos, incluso abrumadores, lo deje sin algún margen de elección posible, por mínimo que sea. Y, dentro de ese margen, el sujeto es responsable, aunque no sea responsable de su enfermedad en el sentido corriente. Del mismo modo que el sordo se puede amparar en su sordera al servicio de su no querer oír, o sea, puede desear no oír aunque esto parezca un hecho obligado, el autista puede desear autísticamente, puede aliarse con su condición. El síntoma, sea cual sea (ya sea su causalidad psíquica o física), tiende a imponerse al sujeto que lo padece, pero, al menos en una parte significativa, lo hace mediante cierta forma enigmática de persuasión –y de este efecto de persuasión, el sujeto es en parte responsable. La identificación con el síntoma es algo que responde a una lógica muy profunda, y tiene modalidades muy diversas. La experiencia del autismo nos demuestra que actúa desde momentos muy precoces de la vida del ser humano, en los que la diferencia, el margen, entre una condición objetiva (ya sea por efecto de una enfermedad o por cualquier otro factor) y una elección del sujeto es muy estrecho.
Esto está cargado de consecuencias y es una cuestión fundamental a añadir en un apartado de este debate, muchas veces planteado en términos simplistas: el referente a “la causa del autismo”.
Por ejemplo en el caso de la propia Donna, algunas enfermedades afectaron a la niña que ella era. Y ninguna dolencia del cuerpo deja de producir su impacto en la primera infancia. Por otra parte, ciertas formas de autismo se suelen asociar con enfermedades neurológicas graves, como el síndrome de Rett. Aunque sería más justo decir que en personas con síndrome de Rett se desarrolla con cierta frecuencia una sintomatología autística. Sin embargo, el caso de Annick Deshays demuestra que incluso alguien que sufre de dicho síndrome, y que desarrolló una sintomatología autística grave, ha podido luchar de un modo muy efectivo contra algo que parecía un destino ineludible.
Finalmente, lo que Donna aporta a esta cuestión de la responsabilidad y la causa añade un elemento fundamental a todo lo que se dice, con poco conocimiento de causa, sobre la supuesta culpabilización de los padres por parte del psicoanálisis u otras corrientes, y la supuesta desculpabilización que aportaría la ciencia al ofrecer una causa orgánica. Nada de eso. La misma complejidad de la cuestión de la responsabilidad (que no culpa) que Donna describe en su propia relación con el autismo, es la que describe con toda precisión en lo referente a sus padres. Es esa posibilidad de situar, de delimitar y por lo tanto limitar, la responsabilidad de cada uno lo que en realidad desculpabiliza. Que haya un trastorno o una enfermedad no te hace irresponsable, cambia los términos en los que esa responsabilidad se plantea.
En resumen: los llamados autistas tienen muchas cosas que decir y poseen sobre su condición un saber precioso, que todos debemos escuchar muy atentamente. La aportación de Donna Williams es enormemente valiosa y su voz, como la de otros, debe ser tenida en cuenta en un momento en que tantas decisiones están en juego. Entre otras cosas, para no olvidar la dimensión ética de lo que se discute.
Nota:
1-. Para profundizar estos temas: Jean-Claude Maleval, El autista y su voz, Ed. Gredos, Barcelona, 2011.
31 de Marzo de 2012
Crónica: Conclusiones del debate sobre la proyección del documental: “LA INFANCIA BAJO CONTROL”. Antonio de la Cueva Delgado (Sevilla)
PARTICIPANTES:
Técnicos profesionales en el ámbito social de la Administración. (Zona Triana-Los Remedios)
LUGAR:
Centro Servicios Sociales Comunitarios Triana-Los Remedios (Sevilla).
Coordinó el debate:
Antonio de la Cueva delgado. Psicólogo SS.CC. Psicólogo Clínico y Psicoanalista. SS.CC. Triana-Los Remedios
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Entre risas que contenían lo que poco después se debate entre las profesionales asistentes, todas coincidieron en una palabra que resumía la primera impronta del documental: “ESPANTO”.
Tras esta primera sensación, que hizo despertar de una forma viva el debate, podríamos resumir las siguientes ideas surgidas, que giraron no solo como Trabajadoras Sociales, Educadoras, Animadoras Socioculturales; sino también en su faceta de madres, pues también despertó algunas interrogantes sobre esa infancia controlada.
De forma resumida fueron las siguientes:
El hecho de que se utilice la ciencia y la genética no tanto con fines de prevención de la delincuencia juvenil, sino más bien para crear una población homogeneizada, que manifieste una conducta “normal”, alienada, nos recuerda a regímenes totalitarios, como el nazismo, etc.
En el vídeo que hemos visualizado, se considera al niño como un objeto. El profesional no se implica, es decir, no considera que él tenga algo que ver. Se concibe al niño como un enfermo que presenta una psicopatología. Se produce la estigmatización del menor. No hay, por tanto, responsabilidad del niño como sujeto de su propio desarrollo, de su propia vida.
Entendemos que hay un capitalismo tecnológico al servicio de la industria farmacológica. Así, se establece un modelo de sociedad que le interesa etiquetar. Es El mundo feliz de Aldous Huxley. El mercado es el que dictamina las normas alejadas del verdadero bienestar de la población. La ideología capitalista, aliada a la tecnología realizan un abuso de poder con el objeto de provocar servidumbres modernas y la homogeneización de la población.
Observamos cómo esta psicología científica de la “Evidencia” se basa en correlaciones, estadísticas, datos que se traducen en uniformidades, protocolos y clasificaciones que obvian la singularidad del individuo. Ni siquiera trabaja el profesional directamente con el niño, sino que le hacen a los progenitores un test de 113 preguntas. Y que decir del test Dominique, donde es la máquina la que hace la interpretación del sujeto. Nosotras consideramos que no todas las personas responden de la misma manera, porque en esta psicología de la “Evidencia”, nos preguntamos ¿qué es lo evidente? Claro, lo evidente es lo que se ve, y la neuroimagen nos da respuesta a ello. Para nosotras, para intervenir en el malestar del otro, habrá que escucharlo, y así se responsabiliza de sí mismo y de su malestar.
Vivimos en una época donde la Salud es una cuestión de Estado. Sin embargo, los nuevos profesionales se ven encorsetados en un sistema, que no les permite tratar a las personas como sujetos de su propio desarrollo, sino que muchas intervenciones son agresiones que reducen a la persona a un objeto.
En salud mental y en el trabajo social, nos encontramos en la actualidad con familias que vienen derivadas de “especialistas” que les han recetado la medicación del sujeto que presenta el síntoma. Tenemos que invertir muchos esfuerzos para desmontar esta idea de medicación. Pero ahora los profesionales no tienen autoridad ni reconocimiento. Actualmente existe en los ciudadanos multitud de vías para acceder a la información, sobre todo a través de Internet, en muchas ocasiones sesgada.
En cuanto al papel de la mujer “tradicional”, la función de control de los hijos recaía en la madre. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral, esta función debe repartirse entre ambos progenitores. Pero lo cierto es que no es así. De esta manera, la madre se siente impotente por no poder realizar esta tarea satisfactoriamente, y esta sociedad, perversa, hace que se sienta culpable. Pero en realidad, todos y todas somos sujetos responsables, y nosotros como profesionales debemos trabajar este concepto, para así dejar la culpabilidad, que lo único que nos conduce es a un cortocircuito que no lleva a ningún sitio.
Las madres de hoy son muy diferentes a las de anteriores generaciones. Poseemos otra formación e información, y por tanto, actuamos desde este condicionamiento. Somos más controladoras, exigentes, porque la sociedad es así: competitiva. Entonces ¿quién se atreve a no apuntar a un hijo a clases extraescolares? Creemos que vivimos muy deprisa, con mucha ansiedad, sin tiempo para disfrutar de los momentos más cotidianos, como jugar en la arena, en el campo, etc. Hay nuevas patologías, porque la sociedad es distinta. Y la neurosis de los padres son transmitidas a los hijos. La sociedad en la que vive un menor es compleja, su entorno más cercano y su familia también, y existen multitud de factores que interactúan sobre el menor haciendo a esta persona única e irrepetible. ¿Cómo entonces se puede diagnosticar a través de pruebas tecnológicas?
Consideramos que los mecanismos de transmisión de valores se encuentran basados en una sociedad donde no existen sujetos con conciencia crítica, con interrogantes, “Anormales, desviados”, y así poder normalizar la conducta a través del conformismo, el adormecimiento, personas acríticas, ovejitas del rebaño bien controladas, “normales”.
Nosotros como profesionales tenemos la responsabilidad de tratar a las personas con las que trabajamos como sujetos, y hacer que ellas se pregunten, y que ellas decidan. El menor tiene que autorizar esta intervención y así propiciar una construcción subjetiva.
El debate concluyó con mucho entusiasmo en las participantes, agradeciendo que se lleven a cabo actos de este tipo. Todas consideraron la necesidad de realizar más reuniones con profesionales, pues todos estamos afectados, tanto a nivel profesional, como en el otro rol de madre/padre.
Como una especie de llama que se avivaba, algunas participantes querían trasladar el debate a sus compañeros de centro de trabajo. Así que todo quedó en “un continúa, nos vemos en mi centro de trabajo”. Nos quedan muchos lugares que recorrer: centros cívicos de participación ciudadana, centros de servicios sociales de la ciudad, centros de salud de Atención Primaria y Salud Mental, etc.; hasta el encuentro del 2 de Junio.
Agradecemos a todos su participación y especialmente a Ana Redondo y Manuela Moreno, sin las cuales no hubieran sido posibles estas notas.
17 de Marzo de 2012
Debates sobre la infancia actual. Mª. Àngels Cabiró (Barcelona)
El pasado viernes 9 de marzo tuvo lugar en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona un encuentro, bajo el título, Debates sobre la infancia actual. Dicha actividad fue organizada en colaboración con el Centro de Estudio e Investigación del Niño en el Discurso Psicoanalítico (CEREDA), la Sección Clínica de Barcelona y la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona; forma parte de las actividades preparatorias del Forum 3 que se realizará próximamente en Sevilla.
Nos reunimos medio centenar de personas, aproximadamente, para compartir la proyección del documental “La infancia bajo control” (“L’enfance sous contrôle”), de Marie- Pierre Jauny, una película realizada por Arte (Francia) en el año 2010.
Seguidamente, participamos del interesante debate que estuvo presidido por la mesa formada con los siguientes profesionales: Enric Font -maestro y director del CEE Vil·la Joana-, Anna Fornós -neuropediatra y directora asistencial de ASPACE-, Carmen Grifoll -psicoanalista miembro de la ELP y coordinadora del Grupo de Investigación “Clínica amb nens”, Red Cereda- y Mario Izcovich -psicoanalista miembro de la ELP y director de la BCFB-. Trataré de referir algunos de los puntos de la película que más llamaron nuestra atención y sobre algunas de las inquietudes que animaron la conversación posterior.
El documental nos enseñó experiencias, entrevistas y proyectos que se están llevando a cabo en diferentes centros asistenciales de Europa, EEUU y Canadá provocando gran preocupación e indignación en todos nosotros. Enric Font subrayaba, especialmente, el factor miedo que produce esta extensión tan amplia del fenómeno, de muchos lugares del mundo. Christopher Lane señalaba en el reportaje (profesor de Historia de la psiquiatría en la Universidad de North Western de Chicago) como el concepto de normalidad se está reduciendo considerablemente. Lo que antes era considerado con el término de “problema” (diferentes tipos de robo, de agresividad, de mentiras…), que formaba parte del desarrollo normal de un niño y de un adolescente, ahora son “trastornos” que los profesionales en nombre de la ciencia previenen y medicalizan. Carmen Grifoll remarcaba cómo se confunden al equiparar violencia e instinto, olvidándose del lenguaje, lo más propio del ser humano.
Roland Gori (profesor de Psicopatología en la Universidad de Aix- Marseille I) destacaba en el film, que todas estas actuaciones profesionales se están llevando a cabo bajo la preocupante bandera de la “racionalización médica, sin tener en cuenta el contexto social”. La historia del niño o del adolescente no es tenida en cuenta. El sentido que estos síntomas pueden tomar para un sujeto en el seno de su entorno social y familiar, es borrado totalmente. La palabra del niño no es tenida en cuenta, tampoco su síntoma.
Ciertas voces en el film tratan de justificar dichas intervenciones. Jean-Claude Ameisen (médico inmunólogo, Presidente del Comité Consultivo y de Ética del INSERM) justifica que un niño, cuando tiene una conducta con agresividad o con ensimismamiento, es un niño que sufre y, que por lo tanto, es un niño al que hay que ayudar. Sí, podríamos estar de acuerdo, pero tendríamos que abrir un debate que nos permitiera pensar las diferentes modalidades clínicas de intervención disponibles para ayudar a un niño o un adolescente y no solo tener presentes los tipos de evaluación.
Las formas que presenciamos en la película bordean lo absurdo. Sin embargo, el documental intercala pequeñas viñetas cinematográficas para introducir ciertas interrogaciones: ¿Dónde están los padres de estos niños? Parecería que los padres andan desbordados con sus trabajos, y desde un supuesto acto de paternidad responsable, depositan a sus hijos a los expertos con evidencias científicas de la ciencia moderna. Alianza que deja al niño solo con su sufrimiento, pero bajo el control evaluativo.
Presenciamos, en el film, las actuaciones del Dr. Olivier Revol (psiquiatra infantil en el Hospital Neurológico de Lyon) cómo dirige sus preguntas estandarizadas a Thibaut, un niño de 5 años y 3 meses que está ingresado por agredir a otros niños. Parece que los niños que son señalados como difíciles por la familia o por la escuela en Francia pueden quedar en observación, ingresados durante una semana, sin ver a sus padres. Procedimientos que son una recomendación del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica) y que consisten en un examen de salud a partir de los 36 meses de edad. Como comentaba Carmen Grifoll, no vemos ningún interés por la causa, ningún interés por la palabra, por el lenguaje y sus efectos en el ser humano. Por lo tanto, observamos en el reportaje una concepción del niño muy alejada a la concepción psicoanalítica, la que nos proponen Freud y Lacan.
El documental sigue el hilo del DSM. El manual de diagnóstico estadístico de los problemas mentales publicado por la Sociedad Americana de Psiquiatría. El DSM que se impuso como referencia mundial en materia de psiquiatría. El DSM que tiene su primera edición en 1952 y que desde entonces se va actualizando, integrando más y más patologías de forma preocupante. Sigue pretendiendo ser una herramienta de diagnóstico y también servir a las definiciones estándares, con fines de investigación. Hasta 1973 la homosexualidad figuraba como un trastorno mental. Por lo tanto, estamos ante un recorrido de 60 años de progresiva implantación, es decir, estamos ante políticas de cambio lento que ponen a prueba nuestra capacidad de resistencia y que hacen que no dejemos de preguntarnos: ¿Hasta cuándo?
Como bien señala Roland Gori en el reportaje, los criterios que aparentan ser médicos, no lo son porque implican criterios de orden moral, social y político. Por lo tanto, en lugar de instaurar una claridad diagnóstica, instauran etiquetas de progresiva oscuridad uniformizante, homogenizante. Carmen Grifoll destacaba especialmente este punto, de cómo la psiquiatría ha cambiado en nuestra época, de cómo se ha alejado de la clínica y ha favorecido los fines estadísticos y de investigación.
¿Cómo diferenciar un comportamiento normal de un comportamiento patológico? El documental nos enseña cómo los diferentes países buscan sus instrumentos de medida y de evaluación del comportamiento basados en los criterios del DSM. El niño resulta una suma de datos, curvas y perfiles. Por ejemplo, solamente queremos destacar el aberrante programa informático denominado el “Dominique Interactivo” donde se le pregunta al niño: ¿Ya entraste a una casa rompiendo la cerradura o la ventana? ¿Ya robaste atacando a las personas? ¿Tienes a veces ganas de morir?
Una tecnología que pretende eliminar la interpretación del profesional y por ello utiliza el programa informático para que las respuestas del niño ingresen directamente en el ordenador, sin “interferencias” de una posible interpretación del evaluador o del clínico. Mario Izcovich destacaba la imagen de un niño que preguntaba ¿Para qué sirve la escala? Y cómo va cambiando la imagen de la cara del niño a medida que va recibiendo del adulto un discurso indescifrable para él. Dicha secuencia fue rescatada en diferentes momentos del coloquio, desde una pregunta ética que insistía en todos nosotros.
¿Qué se hace con los niños diagnosticados? La respuesta terapéutica que nos enseña el documental pasa por la preocupante medicación sistemática y sin escrúpulos: Ritalina, Risperdal, Seroquel, Prozac… prescribiéndose a niños cada vez más pequeños. No son medicaciones inocuas, Anna Fornós nos detallaba las consecuencias. Ahora, los trastornos de conducta son reducidos a un simple desequilibrio químico, a un cerebro que no funciona bien. Mario Izcovich señalaba como cada época tiene su manera de concebir al niño y destacaba como tres ejes en nuestra civilización contemporánea: que no se tiene en cuenta al sujeto, que el comportamiento del niño es patologizado y medicalizado en exceso.
Anna Fornós reflexionaba en positivo en relación a los avances en la neuroimagen, especialmente destacaba su contribución, en su práctica, en el diagnóstico de lesiones cerebrales. Al mismo tiempo destacaba cómo la mujer se embaraza tarde y cómo tiene poco en cuenta el proceso de crianza, de atención a su hijo, como si le faltase espacio mental para atenderlo. Subrayaba la importancia de la interactuación de los elementos biológicos, genéticos, emocionales, del entorno…, en el sentido que el bebé nace vulnerable y con un cerebro que necesitará de mucho tiempo para que acabe de evolucionar, y que sabemos que dicha evolución se produce en el proceso de interacción en el grupo de crianza. Nos recordaba que gemelos separados, genéticamente iguales, son diferentes.
También, Anna Fornós, intentaba rescatar lo positivo de las neurociencias. Nos explicaba en qué consiste la epigenética. Destacaba como cuando se habla de activar y desactivar genes, en según qué tipo de enfermedades no genera ninguna alarma social, el cáncer de colon, por ejemplo, pero que cuando se desplaza a los trastornos de conducta las cosas cambian. Evidentemente. Seguía valorando los estudios que se llevan a cabo en las neurociencias, en el sentido que nos ayudan a entender el cerebro como una red de circuitos en continuo cambio, destacando la plasticidad neuronal, y que por lo tanto, que la biología se modifica con el entorno.
Enric Font insistía que los niños enfermos mentales necesitan de una respuesta desde la escuela, porque la escuela necesita ser para todos. Apelaba a nuestra responsabilidad social, a que el niño llegue como llegue a la escuela necesita de nuestro buen criterio para ser educado. El film aludía a Rousseau, a que Rousseau se había equivocado y Enric Font lo rebatía. Se preguntaba cómo acercarse al niño que sufre, y subrayaba que el niño tiene que autorizarnos. Sugería que en dicha espera, el adulto, la escuela debe ir tejiendo un vínculo de confianza acompañado de límites también, evidentemente, pero que debe de seguir allí, a la espera.
No se trata de dar una pastilla para que el niño deje de molestar, se trata de otra cosa. Los niños perturban, pero están diciendo algo, tiene un sentido aquello que les perturba, si no hay posibilidad de construcción subjetiva no hay posibilidades de encontrar un lugar en el mundo. Se trata de entender que su recorrido educativo pasa por diferentes modalidades de goce, de obedecer y no obedecer, y que por lo tanto nos encontraremos con un recorrido que estará acompañado inevitablemente de síntomas, no podemos prescindir de ellos. Eugenio Díaz, desde el psicoanálisis, se preguntaba: ¿Cómo explicamos todo eso?
Enric Font refiere como Thibaut no aprenderá a leer, porqué no quiere aprender a leer, no le interesa por el momento. Y cómo seguir estando a su lado para que se atreva a dar el paso. Carmen Grifoll añadía cómo desde el psicoanálisis se entiende que el sujeto no nace sino que se constituye, y que hay una responsabilidad que atañe al niño, al sujeto. Eugenio Díaz insistió decididamente en el tema de la responsabilidad. Insistió, en dialogo con el documental y las neurociencias, como hay un más allá que apunta a una desresponsabilización, como que habría un terreno complicado, oscuro, que nos aparece sólo insinuado, en relación a tomar a la persona como objeto, a tomar a la persona sin que pueda decidir. Cuestiones éticas de gran envergadura son las que quedaron planteadas en el debate.
17 de Febrero de 2012
Experiencias y proyectos de Centros para Adolescentes orientados por el Psicoanálisis*. Carmen Campos (Cádiz)
El Grupo de Investigación del Niño y el Adolescente en el Discurso Psicoanalítico de la NRC en Sevilla, se reunió el pasado 14 de enero para realizar una sesión de trabajo en colaboración con la Asociación de Escucha a Menores en Dificultad (ADEAMED) a la que fueron invitados dos colegas de Zaragoza, Miembros de la ELP-AMP, con amplia experiencia en el trabajo institucional tanto en atención temprana cómo en las cuestiones relativas a los menores tutelados.
La sesión de trabajo se hizo coincidir con la apertura del centro El Barco del Arroz, local de ADEAMED en Cádiz, dónde se realizaran sus actividades de formación, atención a menores, familias y otras colaboraciones con La BIBLIOTECA DE ORIENTACIÓN LACANIANA de la Sede de Sevilla de la CdA de la ELP y con el Espacio del ICF en Sevilla.
Bajo el título: “Experiencias y Proyectos de Centros para Adolescentes Orientados por el Psicoanálisis”, se desarrolló la sesión de trabajo, que en la mañana contó con Jesús Sebastian, que nos realizó un amplio desarrollo de su experiencia cómo gerente tanto en la Fundación de Atención Temprana, cómo en la Fundación para la Atención Integral del Menor.
Explicó su decisión personal de pasar en un momento dado al ámbito de la gestión para facilitar “Espacios de Trabajo a otros”, al modo que él pensaba se debían articular las intervenciones.
Sostiene que lo importante en cualquier institución es que sea un “Recurso de Acogida”, partiendo del principio que esto se haga bien luego pueden desarrollarse otras cosas. Analizamos los recursos que implica un Centro de Acogimiento Residencial Específico, tanto a nivel de de la sociedad mercantil cómo de la dirección, con el equipo técnico y el equipo educativo.
Explicó la experiencia de los Talleres de Motivación, que pusieron en marcha en el Centro de Menores, y subrayó el cuidado que se debe tener para no emplear el término terapéutico que es un significante muy rechazado entre los propios menores.
Tras el descanso para comer, un paseo por el Pópulo y por el Campo del Sur para asomarnos al Atlántico, continuamos la sesión de trabajo dónde Paloma Larena desarrolló la importancia de la “Función Educadora” y propuso que hay que encontrar la forma en la que dialoguen los distintos ámbitos: educativos, clínico y social. Explicó la importancia de “Humanizar la Aplicación de la Norma”, tratando lo particular de cada sujeto y teniendo en cuenta cada sujeto de la decisión.
Es fundamental promover la “Conversación entre el Equipo Técnico y el Equipo Educativo”, para llegar a consensos, evaluar y elaborar los efectos de cada decisión. El psicoanálisis nos enseña que educarse no es imponer, sino crear un “Vínculo Educativo que provoque un Consentimiento a renunciar al goce”.
Cuando se promueve un Centro de Acogida, el tiempo para la formación del equipo técnico y educativo siempre resulta insuficiente y hay que insistir en la formación continuada y en la supervisión.
Tomemos un ejemplo de la forma de intervención orientada por el psicoanálisis, frente a la sanción de separar a un menor del grupo que siempre figura en los reglamentos de régimen interno de los Centros de Menores. Se observó que siempre era el mismo educador el que se quedaba con los menores de aislamiento, se realizó un pequeño forzamiento de modificar esta práctica haciendo que todos los educadores, el psicólogo, el personal sanitario, rotaran en la aplicación de esta sanción. Esto provocó cambios, se aplicaba menos la medida correctora y los aislamientos duraban menos.
Este forzamiento apunta a quitar automatización y poder a los educadores, ya que la seguridad que implica el atenerse a normas fijas, se automatiza sin tener en consideración ninguna particularidad.
Es por esto que hay que resaltar la importancia de la supervisión externa del trabajo del Centro para estar atentos a estas cuestiones del trabajo diario, y provocar un agujero en el saber, trabajar a partir de lo que no sabemos, conversar sobre los casos, abrir preguntas, construir los casos y una estrategia de intervención.
Se trata de introducir el rigor en la institución para ir contra la banalización, riesgo al que todos estamos expuestos, lo que se sabe cobra un nuevo valor y se puede ordenar de otra forma. Se facilitan las herramientas para categorizar los datos y las experiencias. Se le pide al educador que de cuenta en líneas breves de porqué elige presentar un determinado caso al espacio de supervisión externa. La conversación debe proseguir entre los componentes del equipo más allá del Espacio de Supervisión, si es posible al día siguiente.
Trás finalizar la sesión de trabajo realizamos la apertura del “CENTRO EL BARCO DEL ARROZ” con las palabras de la presidenta de ADEAMED -Carmen Campos- y un brindis con vino de Jerez, que pasamos a resumir:
“Estimados colegas hoy tengo el placer de inaugurar este centro de ADEAMED en Cádiz, contando con la colaboración de todos los socios, desde que hace nueve años, decidiéramos que siguiendo la orientación de J.-A. Miller, promover la escucha al menor cómo “herramienta social insustituible”. Nuestra apuesta fue crear un espacio donde se ponga de manifiesto el poder de la palabra confrontada al poder de la escucha. Por esto ADEAMED no se pensó alrededor de un trastorno o un diagnóstico, sino de sobre un modo de intervenir sobre las dificultades de los menores.
Hoy muy especialmente por el deseo decidido de algunos, entre ellos de Antonio Molinero, socio de la Sede de Sevilla de la Comunidad Andaluza de la ELP e integrante de ADEAMED, con su generosidad en facilitarnos las cosas, tenemos este espacio que permitirá poner más cuerpo a nuestra apuesta. Más aún, en un tema tan importante para nosotros como es la atención a los menores en nuestra Comunidad Andaluza, de lo cual tenemos bastante experiencia por el propio trabajo de cada uno y por el intercambio con distintas instituciones ya sean de carácter social, de salud mental, educativas o del propio Defensor del Pueblo y del Menor Andaluz, con los que venimos conversando durante estos años.
No quiero dejar de mencionar a nuestras propias instituciones cómo el Espacio del ICF en Sevilla, El Grupo de Investigación sobre el niño y el adolescente en Sevilla de la NRC y La Biblioteca de Orientación Lacaniana de la Sede de Sevilla de la CdA de la ELP, que nos apoyan decididamente
Recién parido el nuevo año renovamos nuestra apuesta por la invención que articula lo singular de cada localidad con la orientación de la Escuela Una, es por ello que desde que se creó ADEAMED en el 2004 hemos compartido de distintas formas espacios de trabajo con los colegas de la ELP, o amigos vinculados al psicoanálisis de orientación Lacaniana.
Quiero agradecer a aquellos que participaron en nuestras Jornadas o en los Talleres de formación. Gracias a Jesús Ambel, Franscec Vilá Eugenio Díaz, Rosa María Miró, Paloma Larena, Jesús Sebastian y al Defensor del Pueblo Andaluz y del Menor, José Chamizo de la Rubia.
Hemos realizado un recorrido largo en estos años y pasado por distintos lugares, siempre cedidos que no suponían ningún costo salvo el trabajo, sin embargo, ya estamos seguros de poder sostener económicamente un espacio propio, conscientes de que hay que hacerlo con nuestro trabajo.
Seguirán los talleres de expresión con menores y el trabajo de entrevistas individuales que nos deriven desde distintas instituciones, como ya estaba establecido entre nuestros objetivos y hemos venido haciendo.
Tenemos el proyecto que hoy nos ha convocado a trabajar en esta sesión del Grupo de Investigación en colaboración con ADEAMED, para avanzar en el proyecto del que algunos somos promotores y otros están interesados en conocer o colaborar de distinta forma para la creación de un Centro de Acogimiento Residencial Terapéutico para Adolescentes con Trastornos de Conducta secundarios a Trastorno Mental.
Creo que es un proyecto ambicioso para nosotros y para la presencia del psicoanálisis en el Siglo XXI, buscando respuestas a dificultades que cada vez llaman más a las puertas de los distintos recursos públicos y privados.
Hoy damos el paso firme hacia ese proyecto con la apertura de este centro que será nuestra base de operaciones para continuar en la misma línea de trabajo que ya inventamos, sólo qué con más recursos.
Entonces os presento a nuestra primera criatura “CENTRO DEL BARCO DEL ARROZ” y explicaré porqué hemos elegido nombrarlo así, seguramente los que sois de Cádiz cómo yo, ya lo habéis adivinado, tiene que ver con el hecho que las gentes de Cádiz tenemos una peculiar relación con el lenguaje, en el sentido de la forma en la que se usamos el ingenio, el humor y la ironía.
Utilizamos expresiones cómo: “Más perdido que el barco del Arroz (Má perdio que´l barco l´arroz)”. Esta frase se usa para referirse al despistado o a la desaparición de algo: “Está más perdido que el barco del arroz”.
Es un dicho que data desde la hambruna de la posguerra de la dictadura franquista, un barco cargado de arroz se hundió frente a las costas de Cádiz, al mojarse la carga el arroz se hinchó e hizo que se fuera a pique, siendo absolutamente irrecuperable.
Hay diferentes versiones de la procedencia de este barco que nunca llegó a Cádiz. Algunos cuentan que la mercancía era enviada desde Argentina por Eva Perón, amiga de Franco. Otros que lo enviaban los Estados Unidos y que fue abordado por estraperlistas. Circula también la versión de que el barco nunca existió y que fue una mera propaganda franquista para calmar la inquietud de la población hambrienta.
Bueno, nuestro BARCO DEL ARROZ no está perdido, ha llegado a Cádiz, sin la carga mojada, esta ciudad hambrienta de psicoanálisis y con jóvenes decididos a demostrar el poder de esta práctica.
*Sesión de trabajo del Grupo de Investigación del Niño y el Adolescente en el Discuros Psicoanalítico de la NRC de Sevilla (Actividad en Cádiz).
20 de Diciembre de 2011
¿De qué sufren hoy los niños y adolescentes? José R. Ubieto (Barcelona)
El periodo vital de la infancia y la adolescencia no está exento de padecimientos psíquicos. Sus manifestaciones más importantes giran alrededor de la escuela y de los aprendizajes, principal foco socializador, tanto por lo que se refiere a la adquisición de conocimientos y de hábitos como a la interacción social con sus semejantes.
Es allí donde constatamos cómo los niños sufren cuando son objeto de acoso (bullying) o bien en situaciones de violencia en la relación con los adultos, adoptando a veces las formas de comportamientos perturbadores. La relación que mantienen con el saber y los aprendizajes no siempre resulta fácil y muchas veces constatamos la ausencia de un deseo y de un consentimiento a aprender. La proliferación del denominado TDAH (Trastorno por déficit de atención con hiperactividad), diagnóstico que sirve en muchos casos como cajón de sastre, incluye verdaderas dificultades de atención, vinculadas a conductas hiperactivas, pero también otras situaciones de origen y etiología diferente.
Otros escenarios privilegiados para captar los sufrimientos son las relaciones sociofamiliares y, por supuesto, las vivencias personales donde encontramos manifestaciones diversas: fenómenos de violencia intrafamiliar (maltratos) y de violencia social; agresiones sexuales y conflictos inter-generacionales; reacciones de ansiedad y estados depresivos que condicionan los rendimientos académicos y también la socialización y el desarrollo personal.
Quizás la novedad más radical de este nuevo siglo se refiere a lo que podríamos llamar las “patologías del exceso” vinculadas al consumo y a la relación de dependencia y adicción a los objetos, preferentemente los gadgets (móviles, ordenador, videoconsolas) y los tóxicos (alcohol, cannabis). Resulta frecuente recibir a pacientes jóvenes (16-30 años) que consultan preocupados por los excesos que cometen los fines de semana en las fiestas o salidas con amigos.
Excesos que los angustian y desorientan porque, más allá de las “medidas” (¡tantas cervezas, tantos porros, tantas horas..!) no encuentran otra referencia más sólida para nombrar esa satisfacción “líquida”. Incluso en ocasiones presentan lagunas de memoria, producto en parte del efecto tóxico pero también de la ausencia de un relato que de sentido a conductas con un marcado carácter compulsivo, carentes de significación.
Esos excesos, a veces espectaculares y que por ello alarman e inquietan a los adultos, no siempre son sinónimo de placer. En realidad enmascaran fenómenos de angustia e inhibiciones con relación a elecciones que postergan: relaciones de pareja, estudios, carreras profesionales. A las dificultades actuales de la emancipación, algunas objetivas (paro juvenil, dificultad de acceso a una vivienda), se suman las propias de alguien que debe renunciar a la comodidad y seguridad del grupo familiar, y asumir un riesgo, personal e intransferible, para verificar si está o no a la altura de las expectativas, las propias y las ajenas.
Obviar ese riesgo, bajo la forma de un exceso frecuente, es una tentación (nada ajena al marketing) que empuja a algunos jóvenes a eternizar ese momento vital en la fiesta colectiva.
La trampa es que los riesgos así evitados retornan, como ocurre siempre con lo reprimido, aumentados bajo la forma de malestares psíquicos diversos y/o de las llamadas “conductas de riesgo”, con consecuencias más graves.
* Publicado en LA VANGUARDIA, Tendencias / Viernes, 18 de noviembre de 2011. Con la amable autorización del autor.
11 de Diciembre de 2011
Crónica: Niños y jóvenes de hoy, ¿cómo se educan? Aportaciones desde la pedagogía y el psicoanálisis. Ana Zabala (Vitoria-Gasteiz)
El sábado, día 1 de octubre de 2011 en el Artium Centro Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria-Gasteiz, tuvo lugar la JORNADA DE ESTUDIO sobre el tema “Niños y jóvenes de hoy, ¿cómo se educan? Aportaciones desde la pedagogía y el psicoanálisis”, organizada por el Grupo de Investigación de Vitoria-Gasteiz: Conexiones Psicoanálisis-Educación(1).
Se reflexionó sobre lo que está pasando en la escuela: lo que no va, el malestar, el profesorado preocupado, el alumnado que no conecta, y las preguntas que todo esto suscita: ¿qué está ocurriendo?, ¿qué oferta educativa se está haciendo?, ¿cómo se educan los niños y jóvenes de hoy?
Las aportaciones de los dos discursos, el pedagógico, sostenido por maestros que saben ocupar su lugar, y el analítico, centrado en la singularidad de cada sujeto, nos permitieron, a través de la conversación entre profesionales, poner luz y abrir nuevas preguntas que nos posibilitan seguir trabajando.
En la apertura de la Jornada tomaron parte la responsable de Educación del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Blanca Guerrero, la responsable del Grupo de Vitoria conexiones psicoanálisis-educación, Carmen Isasmendi, y la responsable de la organización de la Jornada, Anna Aromí.
Se continuó con la conferencia de la profesora de pedagogía social de la universidad de Barcelona, Violeta Núñez, titulada: "De todo quedaron tres cosas: la certeza de que estaba siempre comenzando, la certeza de que había que seguir y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar”, título basado en unos versos de Fernando Pessoa. Tras un recorrido por la educación desde los años ‘70 hasta la actualidad, y un análisis de los impactos de la mercantilización y la globalización hoy en día, Violeta Núñez nos habló, de la figura del profesor-artesano en la sociedad de la información, tratando de responder a dos preguntas básicas: cómo hacer con lo ineducable y cómo sostenerse como educador. Para ello se refirió a tres autores: Friedrich Fröbel, María Montessori y Maud Mannoni, y de ellos extrajo la figura del enseñante-artesano, el cual, dijo para finalizar su conferencia, “pone en circulación piezas de mecano y relatos inefables para armar cada vez, también él como Pessoa, un camino nuevo, un paso de danza, una escalera, un puente, un encuentro”.
A la conferencia y su posterior coloquio, siguieron dos mesas de experiencias, la primera contó con las intervenciones de tres coordinadoras del Grupo de Vitoria-Gasteiz conexiones psicoanálisis-educación: Ana Zabala (“El pasado nos enseña”), Matilde Lamas (“La educación, un presente continuo”), y Blanca Martínez Bellido (“Futuro imperfecto”), y su discusión corrió a cargo de la psicoanalista Mónica Marín, co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano. Esta mesa de experiencias se cerró con la proyección de un corto realizado por alumnos de secundaria del Instituto Samaniego de Vitoria-Gasteiz bajo la supervisión de Hélène Laurent.
Tras la comida se continuó con la segunda mesa de experiencias, en la que intervinieron Lidia Ramírez, psicoanalista en Barcelona, (“No me gustan las obligaciones”), María Verdejo, psicoanalista en Bilbao, (“Resolución de conflictos: una construcción particularizada”), y Maribel San Sebastián, maestra de primaria que actualmente trabaja temas de educación con profesores, padres y monitores de comedor (“La posición del maestro”). Ambas mesas permitieron una amena conversación sobre cómo se aprende del pasado, cómo se conforma un presente continuo, perfilando un futuro imperfecto, buscando resolución a los conflictos, asumiendo obligaciones, concretando la posición del maestro/a en la Escuela del siglo XXI.
Finalmente la Jornada contó con la intervención de Anna Aromí, psicoanalista en Barcelona, titulada “Conclusiones, ideas, problemas”. En ella, además de recoger el trabajo de toda esta fructífera Jornada, nos subrayó la necesidad de que los niños aprendan y la importancia de la cultura para la civilización de los seres hablantes. Nos dijo, respondiendo al título de la Jornada, que los niños y jóvenes de hoy se educan con urgencia, no solos, con los objetos culturales que les ofertamos. Finalmente nos animó a convocar nuevos espacios de conversación, grupos de trabajo y jornadas de estudio.
La Jornada concluyó con una audición de violonchelo a cargo del alumno del Conservatorio superior de música Jesús Guridi de Vitoria-Gasteiz, Eñaut Zubizarreta.
Notas:
1-. Este Grupo de Investigación inscribe su trabajo en el Seminario del Campo Freudiano - Bilbao
19 de Agosto de 2011
“¿QUÉ ESTÁ PASANDO?” Respuesta desde Londres. Penny Georgiou (Londres)
A principios de esta semana, nuestro querido amigo Gustavo Dessal me envió un amable y preocupado mensaje con el interrogante: “¿Qué está pasando?”. Esta es mi respuesta.
“He estado pensando sobre tu pregunta: la situación aquí en el Reino Unido. Desde luego, cuando lo real muestra su rostro insensato, hay siempre muchos elementos en danza.
Algunos años atrás, la perspectiva de los disturbios (una violencia en las calles que conmovía la vida de todos) me angustiaba. Era lo que dirigía mi atención hacia la política en el año 2006. Aunque no se trataba de un propósito explícito, era algo en lo que estaba trabajando para prevenir (cosa poco probable) o al menos situarme en una mejor posición para soportar y responder a lo que vendría. Tal vez el resultado fuese estar un poco más preparada de lo que estaba. Era mi preocupación fundamental ante la posibilidad de que mis hijos tuviesen hijos. En ese sentido, mis modestos esfuerzos han ido en la dirección de contribuir a que el mundo sea un lugar menos inhóspito para su generación. (Entretanto, en el día de hoy esperamos el niño de mi hijo y mi nuera).
Lo que viene a continuación, no es ni sagacidad ni fatalismo. Simple lógica.
La cuestión fundamental es que, una vez que aceptamos que el cambio climático es real y tiene consecuencias, (algo que requiere un gran esfuerzo de negación dada la evidencia tanto lógica como empírica que nos rodea), entonces no es tan difícil reconocer el resto. Lo digo en el sentido de que el consecuencialismo se instala de tal modo que no puede dejar de conmover lo inconmovible: a nosotros mismos.
La “crisis financiera” se estaba elaborando claramente dentro de nuestra comprensión de los ciclos económicos, pero tan pronto como se estableció el calendario de consecuencias para el cambio climático, un calendario tan breve (IPCC AR 4 2007, que nos daba tan solo un margen de diez años para actuar antes de que...), fue inevitable que los factores que gobiernan los ciclos económicos no fuesen los únicos que modelasen la capacidad del discurso de los negocios para reinventarse de entre las ruinas.
El malestar es una consecuencia lógica obvia de todo esto. Sin embargo, hemos visto el malestar en formas muy variadas últimamente (por ejemplo, en los países árabes). El nuestro tiene su carácter propio.
Aunque el desencadenamiento se situó en un joven (Mark Duggan) tiroteado por la policía en Tottenham y la manifestación pacífica de la familia exigiendo una respuesta a ese hecho, lo que sucedió encontró en ello simplemente la oportunidad para irrumpir. El aspecto de nuestro malestar en esta ocasión es de una banalidad obscena. Lo primero que podemos decir es que se trata de una desinhibición.
Es llamativo que el ataque se haya cebado en las tiendas y grandes almacenes. Saqueo, desde luego, pero también incendio y destrucción. Los robos han sido mayormente de objetos banales: video-juegos, pantallas planas de televisión, zapatillas, mercancías de tiendas deportivas. Esto es posiblemente una reacción del sujeto que es objeto de la publicidad, y cuyo deseo es causado por estos objetos que no valen nada.
Una crisis nos ha despertado de la fiesta esta mañana. El periódico
The Guardian (1) señala el hecho de que J.D. Sports ha sido la tienda popular más saqueada. J.D. Sports ha promocionado sus productos usando la imagen del “gangster chic”, y los saqueadores asisten a los tribunales vestidos de impecable traje.
Otro elemento sorprendente, y ligado a este, es que el grito de batalla “Podemos tomar lo que nos dé la gana, podemos hacer lo que nos da la gana”, es simplemente la réplica de lo que las elites han hecho desde tiempos inmemoriales. A principios de este año, Jacques-Alain nos habló de los fractales en el Congreso de la NLS. Esto nos permite pensar en un isomorfismo entre la pequeña “imagen/historia/sinsentido” y la gran “imagen/historia/sinsentido” en este caso.
La estructura de este acto brutal de romper el escaparate, entrar dentro y tomar lo que uno quiere (aplastar y agarrar), es en definitiva el modo en que opera el poder económico, y cómo obtiene las leyes que legitiman sus acciones, o las ignora cuando puede y le conviene. En vano se ha reivindicado el prestigio. Una clave de todo esto es la orientación de los jóvenes a partir de los 12 años, que buscan algo, o alguien a quien seguir: una manera de ser.
Tras una serie de escándalos en los años pasados, (banqueros, miembros del Parlamento y ahora los Murdochs y los teléfonos intervenidos), ha quedado expuesto a los oídos y los ojos de la opinión pública lo que otrora solía suceder de forma más discreta, aunque no menos brutal: cómo opera este “aplastar y agarrar” en la clase dominante. Cómo la gente utiliza su proximidad al poder, al puesto o a la tecnología para tomar lo que quiere simplemente porque puede hacerlo, sin ninguna clase de límites o restricciones internos. Por ejemplo, intervenir el buzón de voz de una niña, Milly Dowler (3), que había sido asesinada, y escuchar sus mensajes; incluso borrar algunos de ellos cuando el buzón estaba lleno y dejar espacio para mensajes que dieran carnaza a las noticias. Aunque han habido miles de casos de teléfonos intervenidos, cuando este llegó a la luz gracias a la tenacidad de un miembro laborista del Parlamento (4) y algunos otros, esta brecha conmovió los límites sagrados de esta sociedad. Una niña muerta ya no es juego limpio. Finalmente, aquí también se trazó una raya.
Uno de los periódicos publicó un artículo muy interesante (5). Nunca leo este periódico, pero era el único del que pude disponer una noche en el tren (6). A grandes rasgos, Rupert Murdoch es al parecer muy aficionado al cotilleo. Suele llamar a sus ejecutivos a las 3 de la mañana para preguntarles qué es lo que han oído. Su amor por el cotilleo, por saber lo que hay que saber, es lo que probablemente ha mantenido la unidad de News Corp durante todos estos años. En cierto modo, le juntan estas flores personalmente: homenaje a papá.(7)
La policía ha quedado seriamente dañada por este escándalo mediático y la práctica (nada infrecuente) de pagar a policías para que proporcionen información para las noticias. Así, los Padres caen, los semblantes están siendo atacados o demuestran ser un peso excesivo para aquellos que deben encarnarlos. Nuestro trabajo es muy oportuno.
Entre otras cosas, estos acontecimientos dan consistencia a las consecuencias del ataque incesante al lazo social ejercido por el discurso del mercado en su carrera hacia ninguna parte, en su afán de superar todos los récords en la obtención de beneficio, y hacer saltar así una a una las sinapsis de la vida civilizada.
Pero todavía hay otras cosas. Espero que pronto podamos hablar sobre temas más felices.”
Penny.
(Traducción: Gustavo Dessal)
Notas:
1 http://www.guardian.co.uk/uk/2011/aug/12/uk-riots-gangster-chic-brands
2 http://www.bbc.co.uk/news/uk-14458424
3 http://www.independent.co.uk/news/media/press/news-of-the-world-hacked-milly-dowlers-phone-when-rebekah-brooks-was-editor-2306961.html
4 http://www.guardian.co.uk/politics/2011/aug/02/tom-watson-phone-hacking
5 http://www.mirror.co.uk/news/top-stories/2011/07/21/inside-rupert-murdoch-s-lair-his-life-his-rules-115875-23285218/
6 Desde el escándalo de los teléfonos intervenidos, y ahora los saqueos, ya nadie deja el Metro/Evening Standard (un periódico londinense gratuito) en el tren. Cuando regreso tarde por la noche, los puntos de distribución solían estar vacíos, pero era muy fácil encontrar ejemplares en los asientos del tren. Ahora ya no.
7 “Se podría describir su uso del teléfono como ‘terrorismo telefónico’. No le gusta llenar los silencios. Odia la pequeña conversación, pero ADORA el cotilleo”. Bruce Dove, ex-ejecutivo de Murdoch, dijo: “Rupert Murdoch sin un teléfono es como un alcohólico sin su bebida”.
5 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 23. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". José R. Ubieto, José Luis Pardo, Irene Greiser, Rubén Panotto, Eugenio Castro.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
Freud inventa el psicoanálisis para dirigirse a ese elemento que la interdicción no logra resolver. Para él, el psicoanálisis es el lugar distinto al superyó que puede ofrecérsele a la civilización frente a la pulsión.
Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.
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¡Buena lectura!
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¿POR QUÉ AMAMOS A NUESTROS LÍDERES?
José R. Ubieto
Desde LA VANGUARDIA, Tendencias / Domingo, 22 de mayo de 2011
El abuso de poder, por parte de los caudillos autoritarios, ha sido y es una constante en la historia de los pueblos. Lo que resulta más novedoso es la tendencia de algunos liderazgos, democráticamente legitimados, donde el abuso de poder alcanza incluso el ámbito sexual. En Europa, y en nuestro país, tenemos ejemplos muy conocidos y actuales de líderes imputados e incluso condenados por prácticas abusivas, sexuales o de corrupción económica y política. El rasgo común de estos líderes es el abuso, no el que tengan relaciones sexuales ilegitimas, pero consentidas mutuamente.
La paradoja es que estas prácticas en la mayoría de los casos, salvo los momentos puntuales donde aparecen denunciados, refuerzan su poder e incluso incrementan el apoyo de los ciudadanos. Muchos de ellos son conscientes de este hecho y se envalentonan y desafían a aquellos que les reprochan su actuación, a sabiendas que la publicidad de su abuso los hace más queridos por los suyos.
¿De qué pasta están hechos esos líderes que amamos? El escritor francés Étienne de La Boétie se refería en 1553 a las servidumbres voluntarias para describir el hecho de que “los tiranos cuanto más roban, más exigen, y cuanto más se arruinan y destruyen, más obtienen y más servidumbre obtienen”. Pero fue Freud en su “Psicología de las masas y análisis del yo” quien nos ofreció un análisis preciso de la función del amor al líder y la sumisión que comporta. Freud, al que no le faltaron ejemplos de dirigentes de su época, plantea dos características del líder: que dé la impresión de una fuerza considerable y que disponga de una gran libertad libidinosa. Un líder con esos atributos es amado por el pueblo porque permite a cada uno revestirse, en su servidumbre, de la fantasía de una omnipotencia “a la que no hubiese aspirado jamás”. Aquello que uno no puede conseguir –o que no sería capaz de realizar, aunque lo pensase- el líder lo efectúa por él.
Hoy vemos como algunos líderes actuales hacen de esa “libertad libidinosa” un rasgo personal destacado, sin pudor alguno. Su modo de satisfacción parece no regirse por los límites del humilde mortal y la exhibición de la opulencia y de cierta obscenidad es un dato básico de su estar en el mundo. Mostrar el lujo con el que viven los fortalece, a pesar de los “escándalos mediáticos”.
Freud percibió y adelantó algo que hoy es más verdad que nunca. Un líder capaz de hacer de la mediocridad, la vulgaridad e incluso el abuso, un estilo de mando, tiene asegurada la servidumbre de muchos ya que consigue que la realidad vital de esos sujetos, cercana a esa mediocridad, se eleve a un estatus de ideal de vida. Cuando el robo, la violencia, el desprecio por el otro, el abuso sexual, pasiones no ajenas a lo humano, devienen atributos de un líder, adquieren por ello una legitimación popular y aumentan considerablemente el carisma del jefe. Su estilo legitima las pasiones de sus seguidores aunque éstos no se atrevan a llevarlas a cabo.
De allí que la pasta de estos lideres no sea nada especial ni de un valor extraordinario. Basta que se trate de un personaje con una elevada sobreestimación de sí mismo, dispuesto a mostrar sus excesos, su consumo ilimitado, el impudor de su satisfacción. De esta manera obtienen la estima de aquellos que querrían parecérsele, salir de su miseria neurótica y gozar como él, sin culpa ni obstáculo alguno.
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NO ME HABLES DE OXFORD
José Luis Pardo
Desde Tribuna El País 01/05/2011
Por si fuera necesario, confieso de entrada mi admiración por universidades como las de Harvard, Yale, Cambridge, Oxford, Berkeley, París y otras, y añado que no solamente no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) reparo alguno en que las universidades españolas se parezcan a las de esa lista, sino que estaría encantado de que así fuera, como también me gustaría que España se pareciera en muchos otros indicadores a los países en donde residen esas instituciones.
Sin embargo, y por desgracia, a pesar de que el logro de este parecido fue una de las coartadas para su implantación, no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) la impresión de que eso vaya a ocurrir con el Plan Bolonia -quien quiera darse un paseo por las universidades recién reformadas podrá ver que sus campus, incluso los nombrados "excelentes", siguen sin tener aún una atmósfera oxoniense, y que incluso son un poquito más cutres que antes y más parecidos a los patios de recreo de la ESO-; tampoco me parece que vaya a ser este el resultado de la aplicación de la burocracia delirante de las Agencias de Evaluación y del fascinante Estatuto del Profesorado que permitirá llegar a catedrático a base de ocupar puestos de gestión y con un cero en investigación (véase La universidad que viene: profesores por puntos, tribuna de J. A. de Azcárraga, en EL PAÍS del 3-3-2011). Finalmente, descreo también de que se vaya a alcanzar este objetivo practicando lo que el profesor José Montserrat, en una carta al director, llamaba acertadamente el "nacionalismo científico" defendido en estas mismas páginas por los profesores Ortín y Álvarez (No hay ciencia sin competición, EL PAÍS del 12-3-2011) y por todos los que nos marean con los famosos rankings de las mejores universidades del mundo.
Y no es que yo niegue la validez de estas clasificaciones: eso sería por mi parte tan estúpido como dudar de la eficacia del rating de la deuda por parte de las agencias de calificación del riesgo financiero, cuando veo la eficacia con la que disminuyen mi salario todos los meses. Pero así como los más de 3.000 firmantes del Manifiesto de economistas aterrados (Pasos Perdidos, Madrid, 2011) tienen dudas de que los mercados sean los mejores jueces de la solvencia de los Estados, yo también albergo algunas sobre la imparcialidad de esas clasificaciones, que guardan con la excelencia científica una relación parecida a la de la lista de Los 40 Principales con la calidad musical: nos dicen qué es lo que más se vende (y, en ese sentido, lo más competitivo), pero no siempre lo más vendido es lo mejor -espero que se me dispense de tener que argumentar exhaustivamente esta afirmación, acerca de la cual puede consultarse el instructivo Adiós a la Universidad, de Jordi Llovet (Galaxia Gutenberg, 2011).
Si nos llenan de admiración nombres como los de Oxford y Cambridge no es solo ni principalmente porque aparezcan en los primeros puestos de un hit parade del mercado del conocimiento que se publica desde hace cuatro días. Como señalaba Juan Rojo, para conocer la calidad de una universidad "no hace falta ningún formulario, ni el seguimiento del número de tutorías, ni el control del número de alumnos por clase. Ni siquiera hace falta usar la palabra Bolonia. Basta con atenerse a su prestigio científico reconocido". (El segundo principio de la termodinámica, EL PAÍS del 31-3-2011). Esa superioridad se debe, entre otras cosas, a la tradición que ha convertido a esas instituciones en lo que algunos llaman despectivamente "mausoleos de sabiduría", tradición que no hace reposar la excelencia solamente en llegar el primero a la meta (que no es precisamente el origen de la noción de "excelencia" que tan orgullosamente manejan hoy los partidarios del Espíritu Deportivo), sino ante todo en la autonomía del saber científico con respecto a los poderes económicos y políticos que siempre han tenido la tentación de controlar el conocimiento y de ponerlo a su servicio, siendo su independencia uno de los signos distintivos de las universidades desde que la ciencia se separó de la magia y de la teología.
Y este es uno de los motivos por los que me parecen preocupantes la confianza en la autorregulación del mercado del conocimiento mediante la libre competición -una creencia sobre la cual la actual situación económica mundial podría arrojar al menos algunas dudas- y la pretensión de sustituir las viejas universidades por nuevos "centros de producción de conocimiento". Pues, como señala acertadamente Simon Head en su comentario del último enero a El capitalismo académico y la nueva economía (Johns Hopkins U.P., 2011) en la revista de libros de The New York Times, lo que amenaza la calidad y la libertad académica de las universidades (incluidas Oxford y Cambridge) son los procedimientos de evaluación que hacen depender su continuidad y su sostenibilidad de parámetros fijados en términos extracientíficos, concretamente de la rentabilidad en la producción de conocimientos que tanto defienden los patrocinadores de los rankings universitarios, porque en este caso se corre el peligro de que -solo es un ejemplo- sean las empresas farmacéuticas las que decidan la orientación de la investigación en química orgánica o las Consejerías de las comunidades autónomas quienes determinen la dirección de los estudios de filología clásica. Por supuesto que puede uno defender, incluso por motivos patrióticos, ese modelo de producción competitiva para el mercado del conocimiento, pero quien lo haga debe admitir claramente que comporta la destrucción de las universidades ilustradas modernas tal y como las conocemos desde el siglo XVIII, del mismo modo que algunos dicen -basándose en clasificaciones completamente objetivas con respecto a la pujanza de los llamados "países emergentes"- que la democracia resulta poco competitiva en una economía globalizada.
En cuanto a las observaciones de psicología profunda y antropología fundamental sobre la esencia competitiva de la naturaleza humana con las que a veces se sazona esta polémica, su carácter puramente ideológico y vacío resalta claramente en el contraste entre la grandilocuencia de su retórica y la pobreza y confusión de sus argumentos (no se puede defender a la vez el carácter cooperativo y competitivo de la ciencia). Lejos de mí, en cualquier caso, la intención de minimizar el alcance del afán de gloria a lo largo de la historia de la humanidad: nunca faltaron guerras para atestiguar su inequívoca importancia. Pero si, a pesar de nuestros inveterados instintos bélico-deportivos, admitimos que no todo vale para ganar -pues el asesinato, la extorsión, el chantaje y la violencia son altamente competitivos y sin embargo los castigamos-, es que aceptamos que hay algo más importante que la competición misma, algo que es de otro orden que ella y a lo que ella debe someterse y que ha de limitarla, algo que los clásicos llamaban verdad, justicia y belleza (tres marías que, ay, tampoco van a salir en los rankings de la producción de conocimientos), algo que seguramente sigue pesando en el hecho de que, fueran cuales fueran los resortes psíquicos de los hombres que hicieron los descubrimientos correspondientes, todavía nos da un poquito de vergüenza decir que el teorema de Pitágoras, la ley de caída de los graves de Galileo o la teoría de la relatividad especial nos parecen admirables porque son muy competitivos.
Y es que la competitividad no deja de ser una relación entre los hombres. La ciencia, por el contrario, es primariamente una relación con las cosas que, por ser irreductible a las rivalidades humanas, puede a veces servir para hacer una paz digna entre mortales. Pero cuando la verdad acerca de las cosas se subordina a las ambiciones y rivalidades de los hombres, aunque ello suponga éxitos económicos o políticos a corto plazo, puede suceder que los puentes elevados bajo ese principio se derrumben al primer vendaval o que los edificios erigidos sobre esa base se vengan abajo dejando a la intemperie a sus habitantes, a pesar de haber ocupado en las clasificaciones mundiales un puesto tan glorioso como el de Lehman Brothers unos días antes de su quiebra, porque la naturaleza acaba sancionando -a menudo de forma poco diplomática- la miopía, la irresponsabilidad y la incompetencia de ese punto de vista tan deportivo.
***
SER NOMBRADOS POR EL MANUAL, “SINDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL”
Irene Greiser
Jean Claude Milner ubica a esta época no como la de vigilar y castigar sino como la de vigilar y controlar, y denuncia que la ideología de la evaluación en nombre del bien público se introduce en la salud mental con criterios de normatividad. Así se convierte en consigna política.
Si la ideología de la evaluación comienza con el papel del perito, haciéndose portavoz del sujeto reducido a su informe, hoy en día se ha sofisticado y ya ni es necesaria la voz del perito, porque el manual cumple ese papel.
Foucault, en su curso de 1975 “Los anormales” sitúa el giro que se produce en la psiquiatría cuando se separa de la cura para situarse en el plano de la higiene pública. A la clínica médica siempre le preocupó la salud de un paciente, no el universal de la higiene pública. Con el giro hacia la higiene se produce a su vez una redistribución de intereses: el médico deja de interesarse por el padecimiento del enfermo para interesarse en su peligrosidad. La figura del psiquiatra entra al servicio del control.
Si en un principio el poder del perito era otorgado para delimitar el terreno de la locura y el crimen, en la actualidad la alineación resulta ser un crimen: me refiero al síndrome de alienación parental.
Hay no sólo una diferencia diagnóstica entre síntoma y síndrome sino fundamentalmente una diferencia de orden ético: una que va de la mano de la psicología orientada por un delirio normativo que llevará a corregir el trastorno y otra es la ética del psicoanálisis que se orienta por el sujeto y lo preserva con su síntoma. Una, solidaria del bien público, y otra, de la singularidad del sujeto. Ese “sujeto supuesto salud”, conlleva a reducir a los sujetos al estatuto de cosas y hacer creer que se gobiernan solas. Eso es lo más cretino de las burocracias sanitarias, se sellan papeles, autorizados en un manual.
El síndrome de Sap (Síndrome de alineación parental) es una entidad nominalista que puja por ser incluida en el próximo DSM. Bajo una serie de conductas patrones se tipifica este síndrome como trastorno, aludiendo a la alineación sufrida por un niño por parte de uno de sus progenitores en contra del otro. Esto es considerado como síndrome de Sap.
No se trata tan sólo de la patologización de la conducta, sino del paso siguiente, que es su judicialización. Porque en sí mismo el código penal no cuenta con ley alguna que prohíba al sujeto estar alienado, ser agresivo o vulnerable.
El sap se inscribe como la respuesta sintomática de las mismas burocracias sanitarias y es otro de los nombres del delirio de normalidad.
Es un nominalismo que se inserta como modo de regulación del exceso que las mismas burocracias de la salud mental han generado con el empuje a la denuncia de los derechos avasallados del niño maltratado, abusado, vulnerado, etc. El niño entró a formar parte de la epidemia de juicios: denunciar a los padres, maestros, buscar al culpable cuando nadie se hace responsable. El niño que era víctima de abuso ahora entró en el banquillo del acusado, acusado de alienado.
Para el psicoanálisis no hay sujeto sin síntoma y el síntoma, no es un déficit ni un trastorno a corregir sino el modo particular que cada sujeto tiene de gozar del inconciente, y la alineación es de estructura. Es justamente ese “tú eres” que le viene del Otro aquello que le permite establecer un lazo.
Dos operaciones dan cuenta de las relaciones entre el sujeto y el Otro: una es la alineación y otra es la separación. El primer Otro encarnado en las figuras parentales nombra al sujeto con un tú eres. Ese tú eres niño bueno, tú eres mi compañera, tú eres mi salvador, responde al modo singular en que cada sujeto queda alienado al campo del Otro, y da cuenta de una servidumbre voluntaria a ese Otro que marca una singularidad que escapa a cualquier manual.
El orden de la ley y el orden de hierro
¡Algo ha cambiado!… En la época de Freud, Dora denuncia a su padre por tener una amante pero esa denuncia no se la hace a un juez sino a Freud. Juanito también protesta por el declive de la autoridad de su padre y le pide que se enfade si duerme con su madre. Por supuesto que Juanito también estaba alienado al deseo materno y por eso mismo hace una fobia. Pero ningunos de estos síntomas eran llevados a los juzgados. Otra es la situación actual. El nuevo orden simbólico queda a discreción ya no de los jueces sino de un orden burocrático que penaliza a los ninos alienados. El orden simbólico regulado por un padre cuyo deseo no es anónimo, hoy es sustituido por un nuevo orden burocrático del manual: ni la ley del padre, ni la ley jurídica. El régimen del no que la ley introduce está en declive, en ese mismo lugar se inserta el orden del manual o al arreglo entre las partes.
El ordenamiento del goce subsidiario de la triangularidad edípica cada vez esta siendo más ocupado por el Estado. La invención de dispositivos por parte del Estado para regular los desbordes pulsionales da cuenta del impasse ético. Los Comités de ética, mediaciones y evaluaciones periciales responden a este nuevo ordenamiento que suplen al reino del Uno.
El síndrome de Sap forma parte de ese nuevo nominalismo, asumido por lo social. Se trata de una modalidad burocrática subyacente al discurso universitario. La tiranía del saber de los manuales tambien son nuevos simbólicos, pero ese simbólico no representa a un sujeto, sino que produce su forclusión. Hay una relacion entre causa y consentimiento: la causa viene del otro pero el consentimiento es del sujeto, porque el sujeto niño también puede rechazar lo que le viene del otro.
La ley del padre universaliza para todos la misma solución. Pero ese orden sujetaba el deseo a una ley. El régimen de la ley no es el de la norma, ni el del acuerdo entre las partes. Si bien es cierto que la autoridad del padre está en declive, ¿es acaso una solución que se homogenice la posición de los hijos con los padres? Los hijos pueden recurrir al juez, se pide y se busca responsables por todas partes. Lacan denominó a esto la era del niño generalizado.
El régimen de la alienación del tú eres declina conjuntamente con el orden del discurso amo, y ese tú eres es sustituido por otro ordenamiento que es de hierro, porque no anuda al sujeto a ley del campo del Otro. Bajo el supuesto de normalidad regido por la tiranía del manual se sustituye el tú eres.
En el seminario 21 clase del 19 marzo Lacan introduce la función del ser nombrado para, aludiendo a una función que asume lo social en el lugar de la función del padre. Aclarando también que es el signo de una degeneración catastrófica. Resulta interesante destacar el carácter de esa sustitución: lo sustituido no es un subrogado paterno, sino que es la función misma del padre la sustituida por otra función que asume lo social que Lacan denomina “Nombrar para”. “Si lo que se sustituye es un elemento pero se conserva la función, también se conserva un orden, pero al sustituirse una función por otra hay una alteración en el orden. Al nombre del padre se le sustituye otra función, con un orden que sustituye al nombre del padre en su función de lazo”.
Querer sustituir esa servidumbre voluntaria constitutiva del sujeto por el ser nombrado por un manual es uno de los signos de degeneración catastrófica vaticinado por Lacan. El S1 que representa al sujeto lo hace para un S2, esa es la estructura constitutiva y alienante. El saber que se produce en un análisis se obtiene por el amor de transferencia .
Tú eres un Sap, tú eres violento no es un significante que anude al sujeto al Otro.
Ese tú eres le es dado por un manual de hierro y el DSM, es uno de los nombres de ese orden de hierro.
Bibliografía
J.A.Miller y E. Laurent “El Otro que no existe y sus Comites de Etica” . Ed Paidos
J. A Miller y J. C. Milner “Desea ud ser evaluado”. Ed. Miguel Gomez Ediciones
J.C.Milner La política de las cosas” . Ed
E. Laurent “El delirio de normalidad”
J. C. Indart Cursos dictados en la Eol
Irene Greiser “Delito y trasgresión “, un abordaje de la relación del sujeto con la ley”
Foro Madrid “Servidumbres Voluntarias”.
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AMARRADOS TECNOLÓGICAMENTE
Rubén Panotto
(Desde “El Litoral”, 29 de mayo de 2011. A sugerencia de Belkys Josefins Bracesco, Santa Fe, Argentina)
Quien tiene BlackBerry tiene Twitter. El primero es una computadora de bolsillo y el twitter una herramienta que permite emitir mensajes de acceso público. Cualquiera puede acceder y hacer seguimientos en forma anónima. Lamentablemente la aplicación más generalizada y siniestra la están llevando a cabo los funcionarios públicos y personajes muy conocidos, para defenestrar -a veces con lenguaje vulgar y grosero- a propios y extraños tan sólo con fines políticos y mezquinos, exponiéndose sin reservas a que las nuevas generaciones imiten sus bastardos procedimientos. Es apropiado mencionar también el uso atávico de celulares, como ese nuevo adminículo que llamamos blackberry. He recibido información sobre el significado de ese término, lo que transmito por considerarlo pedagógico: en Estados Unidos a los esclavos nuevos se les sujetaba una bola negra de hierro muy irregular con una cadena amarrada al pie para que no escaparan de los campos de algodón. Sus amos llamaban blackberry a esa bola que se asemejaba al fruto denominado mora. Ése era el símbolo antiguo de la esclavitud, que suponía que el sujeto estaba forzado a permanecer en esos campos sin poder escapar de su trabajo. En estos tiempos, a los empleados no les amarran una bola de hierro, en cambio -dice tal informe- se les otorga un blackberry para quedar inalámbricamente amarrados a su trabajo todo el tiempo. Así, cada uno de ellos no tiene manera de decir que no le llegó o no escuchó una llamada, porque ese chismoso aparatito avisa si abrió sus correos, marca citas y horarios, se apaga y enciende solo, mientras su familia e hijos le reclaman por falta de atención. En la actualidad, millones de personas están atadas a ese sistema virtual de esclavitud. Claro está -y cabe la salvedad- que bien utilizado es una herramienta idónea, casi maravillosa, para sobrellevar los altos decibeles de actividad del siglo XXI.
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Bibliografía razonada
SUMISIONES VOLUNTARIAS, de Gabriel Albiac. Edit. Tecnos.
Eugenio Castro
El filósofo G. Albiac, el de “La sinagoga vacía”, ha finalizado su docencia universitaria en 2010. Este libro recoge las Lecciones de Filosofía de la Historia del curso 2005. Recorre bajo en título “Sumisiones voluntarias” las servidumbres que van desde Maquiavelo- Guicciardini, La Boetie-Montaigne, Pascal, Spinoza.
Todos estos sabios del poder político son para Albiac “la invención del sujeto político”.
1.- En Maquiavelo y Guicciardini cómo mantener el poder del Estado forzando a que los sujetos se sujeten bien a él, que la virtud se considere en su etimología: La fuerza. Es el arte de forzar la sumisión voluntaria de lo que hoy llamamos ciudadanos. Monarquía fuerte o República fuerte tanto da, pero no un híbrido de ambas que no funcionará.
Para establecer ese Estado las guerras ayudan porque son el orígen de la unidad del Estado. Una invención regulada de un enemigo ayuda a esta unidad. Esto leyó Carl Schmitt en Maquiavelo el padre de la teoría política moderna.
2.- El siguiente autor La Boetíe, trata de cómo liberarse de las servidumbres simplemente dejando de sostener a los ” Maestramos”, ir contra Uno. “El poder que el gobernante ejerce sobre los gobernados no es otra cosa que el poder que los gobernados ejercen contra sí mismos”(Albiac). Como el poder del gobernante no reposa sino por la cesión que el ciudadano efectúa en él, la pregunta por qué el sujeto inventa un Maestramo para arruinar su vida. Si los ciudadanos dejaran de soportar al Maestramo éste dejaría de ser amo. Los ciudadanos son la peana que sostiene la estatua de Maestramo, basta que decidan dejar de ser peanas para que el Maestramo se hunda. Lo estamos viendo en África de Norte estos meses. El problema que su caída a veces no es tan románticamente pacífica y hace falta una guerra. Libia no está siendo Túnez o Egipto. La pregunta para nosotros incide sobre el por qué los sujetos prefieren sufrir pudiendo decir no. Lo escuchamos todos los días en los divanes, no tenemos más que escucharnos a nosotros mismos en ese mismo diván porque hay síntomas para todos los gustos y consentir la servidumbre es uno de ellos.
3.- Paso por encima de Pascal porque el tiempo apremia.
4.- Quiero darme de bruces con Spinoza, el judío de orígen bugarlés pues que su familia procede de Espinosa de los Monteros de donde escapó a Portugal y después a Amsterdam huyendo de una servidumbre insoportable. Lo que anota Albiac es como su Tratado Político no es sino la puesta en práctica de su Ética en donde el deseo es la fuerza para hacer algo y persistir en su ser de deseo. Aunque el sujeto trata de imponer el deseo singular a los otros a quienes queremos hacer a nuestra imagen, puede obtener más libertad en su asociación a otros deseantes en un Estado que si es democrático estará basado en la libertad de opinión, en la acción colectiva y orientado a la superación de la servidumbre y una paz positiva. No cualquier paz pues que los ciudadanos estarán armados. No una paz que sea sólo ausencia de guerra por temor ni una paz de ciudadanos apáticos gobernados como borregos que sería una servidumbre consentida.
4 de Junio de 2011
BOLETÍN ON-LINE nº 22. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Germán Cano, Mª Eugenia Insua, Juan Carlos Tazedjián, Fernando Martín Aduriz, Zacarías Marco.

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes
A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz
El psicoanálisis como factor de la política permitiría inaugurar una experiencia menos pobre, un nuevo tratamiento, distinto de la segregación y el odio, de los tres nombres de la imposibilidad.
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¡Buena lectura!
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LA POLÍTICA PARALIZADA POR EL MIEDO
Germán Cano
Desde http://www.elpais.com/articulo/opinion/politica/paralizada/miedo/elpepiopi/20110513elpepiopi_11/Tes
¿Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo ¡Indignaos!, del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un best seller en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante: ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del compromiso ciudadano?
A la vista de esta cuestión, ciertos acontecimientos como el resurgir de la ultraderecha en toda Europa, la movilización del Tea Party en Estados Unidos o las altas expectativas electorales creadas por Marine Le Pen en las últimas elecciones cantonales francesas revelan un inquietante fenómeno: parece como si en momentos de crisis sólo la derecha tuviera la capacidad de canalizar la afectividad política, mientras que la izquierda solo supiera administrar.
¿Por qué cada vez más ocurren rebeliones y protestas violentas carentes de todo mensaje ideológico y basadas en un vago resentimiento? Posiblemente, porque hoy, en nuestro marco postpolítico y postideológico, la indignación no acierta a invertir sus movimientos reflejos en un marco narrativo inteligible. Al carecer de una cartografía cognitiva, la cólera explota en un acto políticamente sin sentido, tan ciego que atenta a veces incluso contra su propio perpetrador.
Es aquí donde, salvando ciertas distancias, resulta pertinente volver la mirada a ese singular laboratorio de crisis que fue la República de Weimar. De ese escenario, en el que Hitler supo sacar ventaja buscando chivos expiatorios, actualmente el neopopulismo derechista extrae sus oportunistas lecciones. Una de ellas es no temer caer en flagrantes incoherencias con tal de jugar en todos los tableros. No en vano Jean-Marie Le Pen se definía como un político que se encontraba "socialmente a la izquierda, económicamente a la derecha y, siempre, con Francia en el centro de sus pensamientos".
En primer lugar, cabe señalar que el problema económico de la República de Weimar se cifraba en la preponderante influencia especulativa del capital financiero sobre la esfera productiva. Cuando la burbuja de Weimar, mantenida artificialmente por Wall Street, explotó tras el hundimiento de la Bolsa norteamericana en 1929, los efectos no tardaron en percibirse. El recorte del gasto público y la eliminación de la financiación del sistema de cobertura del desempleo, una de las conquistas de la segunda fase de la República, generaron un clima de desafección radical hacia la clase política y un cinismo desilusionado sobre los que no tardó mucho en encender la mecha el populismo demagógico.
En concreto, un debate interesante para nosotros fue el de saber qué plan de acción podía ofrecer la izquierda para contrarrestar el creciente malestar de las precarizadas clases medias. Aquí el peligro estribaba en recaer en una estrategia dogmática de clase incapaz de tender puentes entre los "diferentes mundos". La buena aproximación pasaba por diseñar un programa no orientado a acelerar la crisis -el "cuanto peor, mejor"- ni, desde luego, a proponer soluciones de cirugía radical nacionalista.
En su ensayo Los empleados, Siegfried Kracauer mostraba así cómo la proletarización de las clases medias no conducía en ellas a ninguna conciencia crítica sobre el mapa general, sino al movimiento nacionalsocialista. Walter Benjamin, por su parte, investigaba cómo los individuos sacudidos por las conmociones sociales se veían obligados a anestesiarse en masa bajo la estética del espectáculo o la vigorexia deportiva para mantener cierta ortopedia narcisista. Bajo el shock, las facultades sensoriales dejaban de estar en contacto con la realidad y pasaban a ser un medio de defensa. Compárese la escenografía del Triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, donde se esconde toda vulnerabilidad, con la mirada de Chaplin al cuerpecito vapuleado en la cadena de montaje para apreciar cómo esta atrofia de la experiencia conducía a conclusiones políticas opuestas.
En plena crisis, Benjamin utilizó la expresión "melancolía de izquierda" para definir esta situación de parálisis. Si en esta situación de desmoronamiento de valores, la cólera experimentada tras el "engaño" político se canalizó mejor por la demagogia derechista fue, entre otras razones, por la ineptitud de una izquierda que, aferrada a planteamientos economicistas, entregó al enemigo la pedagogía sobre el campo expresivo. Absteniéndose de luchar en el terreno en el que aún se podía urbanizar políticamente la cólera y evitar su explosión en resentimiento, esta dejación nos ilustra para comprender lo que ocurre hoy cuando una racionalidad tecnocrática limitada a lo administrativo, cede el espacio de lo político y la indignación a los sectores reaccionarios.
Allí donde Benjamin y Kracauer, golpeados por el shock de Weimar y sus consecuencias regresivas y anestésicas, cartografiaron el alcance psicosocial de esta pérdida de experiencia, Naomi Klein ha tratado en los últimos años de investigar la relación entre el capitalismo neoliberal y los desastres naturales o políticos. No debe subestimarse esta comparación entre épocas: la privación sensorial e histórica de nuestra experiencia del mundo desemboca no pocas veces en un estado de desorientación en el que el individuo se siente tentado de buscar un amo al que pueda ceder voluntariamente su libertad.
En este sentido, Klein ha puesto de manifiesto cómo la nueva lógica del mercado diseñada por los Chicago boys se adapta como un guante al shock. En este telón de fondo privilegiado, las crisis sirven para imponer a las sociedades aún sumidas en un estado de conmoción nuevas privatizaciones y políticas de corte neoliberal. La imposición de esta dinámica, alérgica al intervencionismo estatal keynesiano, es facilitada cuando lo que allana el camino a la misma es algún tipo de cataclismo. Asimismo, la "intoxicación" del entorno de solidaridad, puesto bajo sospecha con la crisis, y la creación artificial de una atmósfera de miedo obligan a la población a hacer tábula rasa y blindarse frente al contexto social.
"A lo único que debemos temer es al miedo mismo". Tras la crisis de 1929, en su discurso de toma de posesión de 1933, el presidente de EE UU., F. D. Roosevelt pronunció estas famosas palabras. Hoy, no puede dejar de resonar su mensaje en un momento en el que la izquierda parece paralizada por el miedo, incluso por su miedo al miedo de la gente. La amarga lección de la República de Weimar para la tradición social de izquierdas fue comprobar que nada podía obtener del "cuanto peor, mejor". También los discípulos de Milton Friedman están de acuerdo. Como dijo el maestro: "Sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable".
Sirviéndose del famoso cuento de Edgar Allan Poe, Un descenso al Maelström, el sociólogo Norbert Elias describe el tsunami provocado por los momentos críticos como un singular círculo vicioso. Este "doble vínculo" se desarrolla entre un peligro extremo y una intensa carga emocional susceptible de oscurecer un conocimiento cartográfico del acontecimiento. Esta oscilación entre el pánico y la anulación de la voluntad de saber es la que impide reaccionar de manera adecuada a la desorientación. Según la narración, de los tres hermanos que se encuentran en el centro del Maelström, sólo el más pequeño es capaz de sobreponerse al shock que le atenaza y hacerse un mapa general del movimiento sísmico. Sólo él es capaz de sobreponerse al compromiso precipitado por la catástrofe. Sólo quien tiene la habilidad de no dejarse llevar puede idear estrategias para salir del marasmo.
En este sentido, habría que matizar el recurrente mantra de que la derecha española actual no tiene programa; es que no necesita mapas: sólo confía en el shock.
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¿QUÉ SERVIDUMBRES EN LA PARENTALIDAD? LA PALABRA PROPIA FRENTE A LAS SERVIDUMBRES VOLUNTARIAS
Mª Eugenia Insua
Acaba de ser aprobado en la comunidad de Valencia una ley, la ley de custodia compartida impuesta, tras una separación matrimonial, como opción preferente cuando no hay acuerdo entre las partes. Ha sido aprobada en otras comunidades y se anuncia que la próxima será Galicia.
Es un fenómeno contemporáneo pedir al derecho que regule la institución familiar, donde la parentalidad ha sustituido, ha reemplazado la diferencia, borrando la asunción paterna y materna diferenciadas
La parentalidad se ha impuesto y con ello una vigilancia respecto de los abusos de los cuales el niño puede ser víctima, por eso nunca ha habido tanta preocupación por los derechos del niño.
Las asociaciones de padres como “SOS-Papá” reivindican que cuando no hay acuerdo, se imponga por ley la custodia compartida, aludiendo al llamado “Síndrome de alienación parental”, “S.A.P”, donde aluden al rechazo del hijo hacia un progenitor como consecuencia de la “programación” que el otro progenitor hace en ellos, concibiendo al niño sin palabra propia, reduciendo la cuestión subjetiva y de sufrimiento a un síndrome.
Este nuevo término, SAP se aplica para dar sentido y encasillar, donde el niño se vuelve ejemplar de una clase. Dicho síndrome no han logrado inscribirlo en el DSM-IV. Además el consejo general del poder judicial aconseja no sea admitido el S.A.P. en los casos de discusión de la custodia compartida. Las asociaciones de mujeres, como la asociación de mujeres juristas: “Themis” denuncian la custodia compartida impuesta, como intimidación, proponiendo solamente la custodia compartida si hay acuerdo, nunca dictada por un juez.
Hasta el momento, tras la ruptura matrimonial la custodia era compartida, si había esa voluntad por ambas partes. La novedad es que ante el desacuerdo, ¿se impone el compartir?
Es la lógica del universo moderno, por un lado, un intento de inventar nuevas formas de autoridad a través del imperativo de un poder impersonal y exterior y, por otro, una tendencia de la ley hacia lo contractual que descansa en la igualdad de las partes. En este caso estableciendo por ejemplo que el tiempo de estancia con uno y otro progenitor se repartirá en una proporción cercana al cincuenta por ciento. El contrato está vinculado con la evaluación, de modo que lo que en él no está expresamente permitido, no está permitido en absoluto. Sin embargo “la ley funciona tanto por su silencio como por lo que no dice” (1) dejando quizás lagunas que permitan su interpretación, permitiendo lo no expresamente prohibido. “El silencio de la ley es lo que la hace funcionar”(2).
Desde el psicoanálisis se trata de poner al niño a distancia del ideal familiarista. No se trata de hacer la ley en el lugar del legislador, pero si el psicoanálisis puede proponer otra operación que toque lo real por la palabra, una palabra en condiciones de vehiculizar el deseo como defensa frente al goce, una palabra singular. Privilegiando el caso por caso, lo no generalizable. “La evaluación ha elegido el peritaje, al elegir el peritaje, elije el control, al elegir el control abandona el sufrimiento a su suerte”. (3) No hay peritaje del sufrimiento, porque el sufrimiento sólo existe a través de la palabra propia y eso no se controla y no se evalúa.
“El psicoanálisis desde que nació, ha elegido la vertiente del sufrimiento contra la vertiente del control” (4), que en el caso del desencuentro familiar consistirá en posibilitar una interrogación del niño y del progenitor sobre su malestar, en posibilitar elaboraciones de lo que está en juego en el desencuentro, elaborando versiones del goce que encuentran en las nuevas situaciones. Cada caso conviene tratarlo de forma particular, abordando la particularidad de cada historia, implicando siempre la responsabilidad del sujeto.
Si “com-partir” la custodia se impone desde un poder exterior, impersonal y contractual, puede llevar a la servidumbre de “partir” la vida del niño a modo de juicio salomónico, porque cuando el sujeto se borra, el super-yo toma el lugar.
Notas
(1) J-A Miller.y J-C Milner“¿Desea usted ser evaluado? Miguel Gomez Ediciones
(2) Idem
(3) J-C. Milner . “La politica de las cosas”. Miguel Gomez Ediciones.
(4) Idem.
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Tazedjián
Comentando el artículo de Silvia Angulo y Raúl Montilla en La Vanguardia desde http://www.lavanguardia.com/vida/20110324/54132307418/la-crisis-condena-a-mas-de-50-000-familias-en-catalunya-a-quedarse-sin-casa-al-no-poder-pagar-la.html
“Según el secretario general de la Associació d'Usuaris de Bancs i Caixes de Catalunya, Jofre Farrés, la situación en la que están estas familias las conduce a la exclusión social. “Se convierten en morosos de por vida y se les puede embargar el suelo. No podrán ir a vivir a un piso de alquiler por la deuda contraída”, advierte. Ada Colau, de Afectados por la Hipoteca, aclara que “no son personas que no quieran pagar, es que no pueden”. Colau reclama la dación en pago y que los afectados por esta situación puedan continuar en la vivienda pagando un alquiler al banco.”
El artículo describe una serie de casos dramáticos de personas que están a punto de quedarse “sin casa”.
Negar la realidad de la crisis financiera de Europa- y de España en particular- sería, al menos, de ingenuos. Pero es de dominio público que muchos de los que “no pueden” pagar la hipoteca, son quienes han decidido voluntariamente- en tiempos de las “vacas gordas”- especular comprando 3 y 4 propiedades (hablo de trabajadores, no de especuladores profesionales). Ahora no es que se queden “sin casa” sino sin casas, sin las ganancias que esperaban obtener.
¿Reflejan -tanto la estadística como los comentarios “humanitarios”- esta situación? ¿No silencia la famosa “crisis económica” otras crisis que la potencian? La sociedad de consumo no es una sociedad de “malos” que venden y “buenos” que consumen. La hipoteca no es la única deuda a pagar, sino también el sometimiento superyoico a las leyes neoliberales del mercado.
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'MAL DE ESCUELA' CON 'LA PSICOLOGÍA DEL COLEGIAL'
Fernando Martín Aduriz
"A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro". A fuerza de oírlo. El nombre que le habían dado era el de 'nulidad escolar'.
Así es como Daniel Pennac en Mal de Escuela, introduce la cuestión de la nominación y del efecto que produce en los jóvenes, en los adolescentes, en los alumnos en general cuando tras ser evaluados, son adscritos a un lugar del que ya no podrán salir.
Una vez son nombrados como 'gentuza', tal y como relata Lacadée en El despertar y el exilio, refiriéndose al nombre que recibieron los jóvenes franceses de la periferia –“no son jóvenes, son gentuza”-, otras veces quienes molestan en clase son etiquetados como alumnos con TDHA tras un breve cuestionario de evaluación que permite encontrar ese nombre de moda, otras veces, en fin, como a autor de Mal de escuela, simple nulidad escolar. En todos los casos ya no resta sino saber identificarse a ese lugar.
Todo el texto Mal de escuela es el relato de una nulidad escolar que afirma con lucidez que los chicos, como dice, no pueden vivir sin pasión, despliegan la pasión del fracaso.
Lo que en nuestro tiempo se denomina fracaso escolar confunde la precisa diferencia entre enseñanza y educación. Mientras que la primera pone el énfasis en los aprendizajes, la segunda persigue el desarrollo del ser. Reducir la educación a la enseñanza comporta igualar la mala educación con los resultados académicos.
Pero sobre todo, en los últimos tiempos, supone fiarlo todo a los resultados, a la evaluación. Supone crear una frialdad en el trato, un utilitarismo, un uso del profesor como una herramienta, y una voracidad por no por la cooperación sino por el éxito, que lleva a algunos padres en USA a lo que un autor, (Sandel, Contra la perfección) llama la hiperpaternalidad, lo que les conduce a esconderse en los Colegios Mayores por la noche para ayudar a sus hijos a aprobar el examen de selectividad. O el ejemplo de la feroz lucha en China por aprobar ese examen selectivo llamado Gao Kao que marcará el destino de un alumno.
Atrás quedaron las palabras de Freud en 1914, en su texto “Sobre la psicología del colegial”, referidas al vínculo educativo, a la relación con los maestros: "Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos, les imaginábamos simpatías o antipatías probablemente inexistentes, estudiábamos sus caracteres y sobre la base de estos formábamos o deformábamos los nuestros. Provocaron nuestras más intensas revueltas y nos compelieron a la más total sumisión; espiábamos sus pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus excelencias, de su saber y su sentido de la justicia. En el fondo los amábamos mucho cuando nos proporcionaban algún fundamento para ello; no sé si todos nuestros maestros lo han notado. Pero no se puede desconocer que adoptábamos hacia ellos una actitud particularísima, acaso de consecuencias incómodas para los afectados. De antemano nos inclinábamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración."
Freud despliega en ese breve texto la idea de que los maestros heredan en sí la figura del padre, y que tarde o temprano se vuelca en ellos la ambivalencia de sentimientos que otrora se deslizó sobre el propio padre, y añade: "si no tomáramos en cuenta lo que ocurre en la crianza de los niños y en la casa familiar, nuestro comportamiento hacia los maestros sería incomprensible; pero tampoco sería disculpable."
Quizá buena parte de los líos y conflictos de la convivencia en los Centros Educativos actuales se solucionarían echando un vistazo a este bello y breve texto freudiano. De hecho pueden leerse cual Kant con Sade estos dos libros de la Bibliografía para nuestro próximo Foro, Mal de escuela con Sobre la psicología del colegial. El segundo da la verdad del primero. Cuando un maestro no está situado en la correcta posición de Otro, preservando un lugar vacío, no confundiéndose con la ley, sino representándola, prestando su cuerpo para que sus alumnos vuelquen allí sus rabietas, temores, rebeldías, y cariños. Si un maestro se coloca como otro, en el eje imaginario y rivaliza de tú a tú con sus alumnos, o trata de ser un par más, un colega, un amigo, se topará con el retorno de lo peor, con la crueldad de los efectos de grupo, y se habrá puesto como diana para recibir los palos destinados a los padres dimisionarios de su función simbólica.
Un empuje destructivo
En el texto de presentación del Foro, Mercedes de Francisco habla de empuje destructivo como consecuencia para los sujetos que se encuentran constantemente evaluados y salen perdiendo de tanta comparación, como suelen decir. Pues bien en Mal de escuela, la autodestrucción se palpa, como cuando el padre del protagonista le dice: “Ah, Daniel, había olvidado por completo decírtelo, el suicidio es una imprudencia”.
Freud hablará en otro texto, Simposium sobre el suicidio, de que todo púber tiene derecho a detenerse: "La escuela nunca debe olvidar que trata con individuos todavía inmaduros, a los cuales no se puede negar el derecho de detenerse en determinadas fases evolutivas, por ingratas que éstas sean. No pretenderá arrogarse la inexorabilidad de la existencia; no querrá ser más que un jugar a la vida".
Entonces, casi mejor para nuestros adolescentes y jóvenes el ejercicio del derecho a detenerse, suspender, la pasión del fracaso, repetir curso, dejarse evaluar lo justo, buscar el propio camino, investigar qué es lo que se desea, y por supuesto vivir con distancia los efectos de la nominación -hoy en medio de la #spanishrevolution muchos hemos decidido ser también “perroflauta”, el último ejercicio de nominación-, vivir con ironía esas nominaciones, antes que aceptar servidumbres, paso previo a la aceptación de toda tiranía."A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro".
BIBLIOGRAFÍA
-. FREUD, S. (1914), 'Psicología del colegial'.
-. FREUD, S. (1910), 'Contribuciones al Simposio sobre el suicidio'.
-. LACADÉE, Ph., (2007), El despertar y el exilio.
-. PENNAC, D. (2007), Mal de Escuela.
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BIBLIOGRAFÍA RAZONADA
LA DIALÉCTICA DEL AMO Y EL ESCLAVO EN FIN DE PARTIDA, DE SAMUEL BECKETT.
Zacarías Marco
1. Referencias filosóficas.
Desde el campo de la filosofía creo que fue Günter Anders el primero que se refirió a la dialéctica del amo y el esclavo en Beckett, a propósito de su primera obra de teatro, Esperando a Godot. Pero va a ser en su segunda obra escénica, Fin de partida, estrenada en el año 1957, donde el escritor irlandés desarrolle esta dialéctica hasta convertirla en su eje central. Sólo cuatro años después apareció un extenso trabajo de Adorno titulado “Intento de entender Fin de partida” (1), texto de indudable valor histórico pero que no termina de sortear ciertos malentendidos en cuanto al problema del sentido. Adorno habla de una “ausencia organizada de sentido”, dice que “por eso la interpretación de Fin de partida no puede perseguir la quimera de expresar su sentido por mediación de la filosofía”, y concluye: “entenderla no puede significar otra cosa que entender su ininteligibilidad, reconstruir concretamente la coherencia de sentido de lo que carece de él”.
Desgraciadamente volvemos a encontrar un problema similar en el reciente trabajo del filósofo alemán Christoph Menke, El estado de la disputa, literatura y sociedad en Final de partida de Samuel Beckett (2) cuando afirma, por ejemplo, que “sus diálogos no comunican sentido alguno, sino que siguen un movimiento que se aleja del sentido”. Menke sigue la postura de Adorno y la enriquece considerablemente al pasar de la problemática social a la de los discursos, el del amo y el del esclavo, dos maneras afrontar la comunicación. Hace afirmaciones interesantes como, por ejemplo, que “la no autonomía que retiene a Clov en el lugar del esclavo es algo que el propio Clov produce mediante la prosa de su lenguaje”, pero, sin embargo, su deriva interpretativa hablando de oposición entre poesía tradicional y prosa de vanguardia se aleja del texto y termina eludiendo la problemática que aquí nos interesa. Por último, afortunadamente contamos con un reciente libro de Alain Badiou, Beckett. El infatigable deseo (3), con sugerentes desarrollos sobre la escena del ser, la manera beckettiana de hacer estallar el cogito cartesiano, y sobre la dialéctica del amo y el esclavo (aunque no referidas a Fin de partida).
2.Hamm y Clov.
Pero dejemos que sea Beckett quien presente el problema:
Hamm: ¿Por qué permaneces conmigo?
Clov: ¿Por qué me retienes?
Hamm: No hay nadie más.
Clov: No hay ningún otro empleo.
Hamm: Sin embargo, me abandonas.
Clov: Lo intento.
Hamm: No me quieres.
Clov: No.
Hamm: En otro tiempo me quisiste.
Clov: ¡En otro tiempo!
Hamm: Te he hecho sufrir demasiado. (Pausa.) ¿No?
Clov: No se trata de eso.
Hamm (ofendido): ¿No te he hecho sufrir demasiado?
Clov: Sí.
Hamm (aliviado):¡Ah! ¡Bueno! (Pausa. Con frialdad.) Perdón. (Pausa. Elevando la voz.) He dicho perdón.
3. El momento inaugural.
No parece que sea ininteligible... He escogido este diálogo por sus matices, su sentido del humor, y por la respuesta de Clov cuando dice “No se trata de eso”, respuesta enigmática que entiendo que apunta a algo que excede al conflicto entre dos. La tela de la araña no es sólo cosa de Hamm. En un nivel superior, parece evidente que hay una tela de araña que asigna los papeles, una especie de tablero de ajedrez donde ambos están atrapados y obligados a jugar, cada uno a su manera: uno abusando, el otro obedeciendo. Pero vayamos a la maniobra de Hamm. Creo que el texto ofrece un momento clave, inaugural, de esa dialéctica. Beckett trabaja la relación con la memoria de mil maneras a lo largo de toda su obra (La última cinta, Cómo es, Compañía...), en general, preocupado por mostrar el fracaso de una integración de lo rememorado que viniera a suplir una falta en ser radical. Pero en Fin de partida, el trabajo sobre la memoria lo va a realizar el amo y tiene otras coordenadas suplementarias. Veamos cómo lo hace.
Hamm se divierte adoptando la voz de narrador delante de su exiguo y menguante público, para elaborar el momento cumbre de la que él denomina “mi historia”. Observamos cómo conduce las cosas hasta ese punto final donde él se procura su goce. Como buen perverso llevará al otro a la transgresión de la Ley, que él ha sustituido por su propia versión, y se deleitará con el momento de indecisión previo de la víctima. Recordemos su relato: alguien vino suplicante en busca de ayuda, su hijo yace en espera de alimento a días ya de camino, Hamm le ofrece entrar a su servicio, salvarle a él la vida, a condición de que se olvide del hijo. Podemos incluso pensar que aquel que acudió en busca ayuda fuera el propio Clov. Da igual, lo importante es el arte que emplea para deleitase. El relato de Hamm se interrumpe a mitad de la obra justo en este momento, el de la propuesta envenenada, y retoma su conclusión al final. Un simple empujoncito suyo bastará para que el futuro sirviente acepte su propuesta y caiga inexorablemente del lado de su ley.
¿Qué se traiciona cuando uno se somete?
¿Hay acaso deseo fuera de la Ley?
Referencias
1 Theodor W. Adorno. Intento de entender Fin de partida. Notas sobre literatura II. Akal, 2003.
2 Christoph Menke. La actualidad de la tragedia: ensayo sobre juicio y representación. Visor, 2008.
3 Alain Badiou. Beckett. El infatigable deseo. Arena Libros, 2007.











«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



