21 de Mayo de 2013
El destino del Padre y su incidencia en la adolescencia*. Damasia Amadeo de Freda (Buenos Aires)
Freud establece una relación entre el destino de la subjetividad y el complejo de Edipo. A lo largo de su obra vemos cómo la figura del padre se vuelve central. La articulación del padre y el complejo de castración será determinante en las posiciones sexuales, tanto en la niña como en el varón. Como sabemos, dicha articulación será distinta en ambos sexos: la niña entra al complejo de Edipo a partir de saberse castrada como su madre, lo cual implica el abandono de dicho objeto de amor primario, para pasar al complejo de Edipo positivo; el varón, por su parte, renuncia a la madre para preservar su órgano y se identifica al padre bajo la forma del ideal a alcanzar. De esta manera sale del complejo de Edipo y entra en la latencia. Para los dos sexos la pubertad será el momento de reactualización de la elección de objeto infantil pero con la particularidad del hallazgo del nuevo objeto por fuera del otro parental.
La revolución que implica la "metamorfosis de la pubertad", y la crisis que supone la entrada en la adolescencia como momento de pasaje hacia la edad adulta, queda ilustrada por la comparación que hace Freud en 1934, en una carta dirigida a Arnold Zweig, en la que compara el momento sombrío de la adolescencia, momento al que de ninguna manera él querría volver, con los tiempos oscuros que se anunciaban con la entrada del nazismo en Viena. Si bien la comparación parece exagerada, era ese el sentimiento de Freud.
Veinte años antes, en 1914, en el texto "Sobre la psicología del colegial"[1], Freud relata su experiencia de adolescente en un tono menos lúgubre. En este texto, que fue escrito como homenaje al cincuentenario del colegio donde cursó sus estudios secundarios, Freud se retrotrae a la segunda mitad del siglo XIX para pensar la adolescencia a partir de su propia experiencia.
Este texto es ante todo un homenaje al padre, a la importancia que este tiene en la infancia para el niño. Las nuevas figuras de autoridad halladas en la adolescencia, representadas por maestros y profesores -a los que Freud también rinde homenaje allí-, son sucedáneos del padre y serán las responsables de hacer surgir el deseo de aprender, orientando al adolescente en la elección de las vocaciones definitivas para la edad adulta.
Freud llegará a decir ahí que el destino de un adolescente, en cuanto a poder descubrir y llevar a delante una vocación, dependerá en gran medida del buen encuentro con los profesores en esta época de la vida.
La actitud del niño, llegado a la pubertad, es caracterizada en ese texto por una lucha interna en abandonar las identificaciones al padre, destituirlo del lugar del ideal para así dar lugar a las nuevas identificaciones y a los nuevos ideales representados por las figuras de la educación. Dicho momento está caracterizado fundamentalmente por la rebeldía y la ambivalencia y se manifiesta en el cuestionamiento al padre, en su destitución en tanto garante más importante hasta ese momento de la verdad para el niño.
Bien se puede pensar que la crisis de la adolescencia que Freud planteara en este texto, era solidaria también del abandono de identificaciones sólidas y bien consolidadas que el ideal paterno proveyera al niño. Ese momento implicaba, entre otras cosas, el pasaje de esas identificaciones endogámicas a las exogámicas impuestas por la cultura. Es decir, las nuevas figuras del ideal ofrecidas por la educación escolar, en tanto orientadoras de vocaciones y deseos acordes a los intereses del adolescente, se desprenderían y tendrían su punto de apoyo en la orientación dada por el padre, lo cual supone también la idea de un Otro sólido y consistente que amortiguaría la crisis que el paso por la adolescencia implica necesariamente.
En la enseñanza de Lacan no hay homogeneidad con respecto a la noción del padre. A lo largo de los años vemos que esta se modifica. El primer momento se caracteriza por la reducción del personaje de la realidad a una función: el significante del Nombre del Padre. Dicha transformación se basa en el movimiento propio de su enseñanza, pero no deja de estar relacionada con la observación temprana que hace de su declive y que se puede ver ya en 1938, en el texto "La familia"[2].
De todos modos, el significante del Nombre del Padre no estaba muy alejado del mito del Edipo freudiano. Su función, que es la de sustituir al significante del Deseo del Madre para la emancipación del niño, si bien hace desaparecer a los personajes de la realidad para remitirlos a una función puramente lógica, metaforiza de todos modos el pasaje por el complejo de Edipo.
La posterior transformación del Nombre del Padre es llevada hasta su pluralización, y finalmente se verá reducida a ser un elemento más entre otros cuyo objetivo es el de mantener unidos los tres registros, lo cual modifica sustancialmente la idea freudiana del Edipo como articulador central. Ya no se tratará más del determinismo que dichos elementos introducen en la subjetividad del niño y que estaban estrechamente ligados al otro parental. Esta trasformación conceptual modifica la idea del determinismo que supone la noción de estructura y abre a la noción de creación que se desprende de la última enseñanza de Lacan.
Hoy, estamos en la época del Otro que no existe y del ascenso al cenit social del objeto a. Por otra parte, la época nos muestra por todas partes que del declive del padre, que arrastra a todas las figuras de autoridad, no se puede responsabilizar al psicoanálisis. Más bien es el amo oculto del capitalismo el que favorece esta caída. En este sentido, el psicoanalista es aquel que lee "la subjetividad de su época" y el que la interpreta.
El declive del padre y de los ideales, que encuentra su forma más acabada en la inconsistencia del Otro, ilustrada en todas sus formas en el mundo contemporáneo, tiene efectos en el modo de pensar la clínica.
Es esta última perspectiva la que propongo para pensar la clínica de los adolescentes en la actualidad. Algunos casos en los que la función paterna parece estar en cuestión, estar muy descalificada o simplemente ausente, la aparición en el análisis de un significante promisorio para el futuro pareciera venir a ordenar un Otro para ellos. El deseo de ser "bombero", en un adolescente que había tenido serias conductas piromaniacas en la niñez, las cuales testimoniaban de un empuje de la pulsión que parecería no encontrar ningún freno ni límite en la función del padre, transformó al significante "bombero" en un elemento ordenador de su futuro. La firme decisión de otro de llegar a ser "militar" -presentándose ya a las primeras entrevistas con dicho uniforme que la institución elegida para sus estudios secundarios le obligara a llevar- encontró su origen en un recuerdo de la infancia en el que el ser saludado por su nombre por el policía del barrio hizo del ser nombrado por un ser nombrado para y compensó el desentendimiento temprano de su padre respecto de él. Finalmente, la aparición del deseo de estudiar "criminología", en una adolescente cuyas coordenadas simbólicas respecto de su nacimiento están impregnadas de muerte y de rechazo por parte del padre, y cuyo entorno familiar actual no es mucho mejor, va en la misma dirección.
La hipótesis que me interesa introducir es la de que un significante cualquiera puede venir a ordenar una existencia y proyectarla hacia el futuro. De la misma manera que en la época de Freud -época de la existencia de un Otro consistente- este ordenamiento hacia el futuro era remitido exclusivamente a la transmisión que hiciera el padre y las figuras que lo representaban, así fuera para seguirlas o para oponérseles, en la actualidad el psicoanálisis puede tomar el relevo de esta función.
Mi idea es que el Otro cambia y que el psicoanálisis puede ayudar al adolescente a encontrar significantes que otrora se le adjudicaban al padre como principal agente de su transmisión. La clínica con adolescentes me enseña que el psicoanálisis puede ayudarlos a encontrar un significante propio por donde orientar sus deseos en una época marcada por la inconsistencia del Otro.
Notas:
1-. Freud, Sigmund. "Sobre la psicología del colegial", en: Obras completas Tomo II. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, España. 1973. Cap: LXXVIII
2-. Lacan, Jacques. La Familia. Ediciones Homo Sapiens, Argentina, 1977.
19 de Abril de 2013
Unas notas sobre el niño*. Patricia Heffes (Barcelona)
A partir de considerar el sintagma “Después del Edipo” como uno de los modos de decir “Nuestro modo de goce” (1), me ha parecido pertinente incluir en este espacio preparatorio al Congreso europeo, la cuestión de la maternidad y sus consecuencias respecto de los niños. Recordemos que Lacan utiliza esta expresión, “nuestro modo de goce”, para modalizar el concepto de goce según las variaciones que vislumbraba en la relación de lo simbólico con lo real.
Estas reflexiones que hoy comparto con vosotros, son un comienzo de respuesta a una pregunta surgida de la práctica en una institución para niños pequeños (0 a 6 años), en la que realizo fundamentalmente orientación clínica y diagnósticos diferenciales. La pregunta es qué de lo que se presenta como problemático en el niño induce a error a la hora de diagnosticar. La búsqueda de respuesta me llevó a revisar la “Nota sobre el niño”(2), en sus distintos aspectos.
En primer lugar, lo que ha llamado mi atención es que hay una serie de fenómenos que “sueltos”, tomados a primera vista, inducen al practicante a ubicarlos del lado de la psicosis o del autismo. Sin embargo, la experiencia muestra que muchos de ellos no lo son.
Enunciaré algunas de estas cuestiones:
a-. Mujeres en tanto madres al modo de las “sólo madres” o “madres solas”
b-. Un padre homologable a la madre en lo que tiene que ver con la crianza. Hace lo que debe hacer sin otro modelo que la madre misma.
c-. Gran cantidad de consultas por un mal funcionamiento fisiológico (el adverbio no tiene más referencia que la propia casuística en la institución). Niños y niñas menores de dos años son derivados por los pediatras (con el punto de mira del trastorno) porque no quieren evacuar las heces, por ejemplo. Estos casos contrastan con otros en los que el control de esfínteres no se concreta hasta bordeando los cuatro años.
d-. Niños muy pequeños que rechazan los alimentos, pero no desnutridos ni en peligro de ello. El niño no come, o come pocas cosas y muy limitado. No está enfermo.
e-. Otros, con casi cuatro años, toman el biberón combinado con las comidas, no hablan mucho y muerden sus uñas hasta el límite del dolor.
f-. Muchos niños duermen con sus padres, con ambos o con uno u otro. La pareja de padres deja de compartir cama para hacerlo con los hijos.
g-. Los hay que no hablan hasta los tres años y cuando lo hacen, no se les entiende casi nada.
Estos “motivos de consulta”, en sí mismos, están dentro de la rutina. Lo que los hace llamativos es la recurrencia; y por otro lado, se destaca la posición de la familia respecto de ellos. No parece preocuparles el síntoma en sí, ni siquiera lo interpretan como tal. Existe una ajenidad con eso que le ocurre al niño, pero al mismo tiempo les inquieta por la proximidad. Eso que inquieta se presenta ligado a lo insoportable para la madre, en la mayoría de los casos.
A partir de aquí surgieron más preguntas. ¿Qué relación tiene hoy una mujer con la maternidad, partiendo de la hipótesis de que algo ha cambiado en los modos de goce? En tal caso, ¿qué de la nota sobre el niño de 1969, habría que reconsiderar?
Un apunte previo sirve a esta consideración. En 1967, Lacan(3) ubica el ser-para-el-sexo como aquello que somos llamados a sostener por efecto de la subversión freudiana. En dialéctica con el ser-para-la-muerte de Heidegger, Lacan señala la operación freudiana que colocó al goce en el centro de la cuestión.
Ser-para-el-sexo es un modo de nombrar la castración freudiana, mientras que Lacan reserva el ser-para-la-muerte a la relación del sujeto con el Otro, para nombrar la muerte del Otro. El ser-para-el-sexo remite al descubrimiento de la propia castración. De aquí que Lacan afirme que la entrada en un psicoanálisis proviene precisamente, de la dificultad de ser-para-el-sexo. Lo difícil es cómo establecer el estatuto del fantasma en la posición sexuada, lo cual, dice Lacan, se vela en la idea engañosa de “elección” subjetiva entre neurosis, perversión o psicosis. Es a causa de esa dificultad que nos vemos llevados a formular un fantasma postizo, a saber: la armonía en el útero materno.
Los términos que constituyen la Nota sobre el niño aparecen planteados con una lógica clara en esta alocución del ’67: la posición sexuada, el fantasma, el objeto condensador de goce, las posiciones subjetivas y también se reconoce allí, la consideración de la sexualidad femenina como preliminar al tratamiento del niño.
Con estos apuntes y situados después del Edipo, se puede hacer una relectura de la Nota e intentar sacar algunas consecuencias. Divido la lectura en tres puntos:
1) Hay tres funciones: de la familia, del padre y de la madre. De la función de residuo de la familia conyugal, como lo dice J.-A. Miler(4) se verifica que permanece dominante, modificada apenas por la homosexualidad. Permanece por su función de residuo como estado de pequeño objeto a. La familia conyugal resiste porque opera en la transmisión de aquello que constituye al sujeto, la transmisión de que no hay proporción sexual. Se trata de la relación con un deseo que no sea anónimo, lo que implica que el sujeto sea llamado por un Je.
La función de la madre basada en los cuidados por un interés particularizado, siguiendo la vía de sus carencias. En este caso, el ser-para-el-sexo está definido por la función materna misma.
En cuanto a la función del padre, la Nota dice que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo. En la actualidad es más evidente que la dicha función paterna no es necesariamente encarnada por “un padre”. Sin embargo, hay una ley que se encarna en un deseo para que un nuevo ser sea posible. J.-A. Miller se refiere a la cuestión de la ley en su relación con el deseo ubicándolo como su contraefecto. La ley es el deseo, pero es inoperante en relación con el goce.(5)
2) En cuanto al síntoma del niño, responde a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. Recordemos que Lacan lo define como el síntoma que representa la verdad de la pareja en la familia. Es el síntoma que depende de la subjetividad de la madre y ubica al niño como correlato de un fantasma. O bien, el niño realiza la presencia del objeto a en el fantasma.
Considerando que sólo se trata de semblantes, vemos como la referencia al falo se neutraliza, los nombres del padre se pluralizan y el Deseo de la Madre deja de ser barrado por la ley y el orden tradicional. Para usar un significante actual, hay un desorden.
El síntoma es planteado en la Nota como representante de la verdad -hermana de goce-; por lo cual, sería en este punto donde habría que buscar la variación. Es decir, en la vía de lo que hoy nombramos como feminización del goce; goce que supone un real sin ley.
Efectivamente, el síntoma del niño representa una verdad y también depende de la subjetividad de la madre. El niño, o bien, viene a refrenar el goce de la madre; o bien, lo representa.
Centrar la práctica analítica sobre el goce como acontecimiento del cuerpo, es lo que permite escapar a la dialéctica interdicción-permisión.(6)
3) Los diagnósticos
La subjetividad moderna se caracteriza por la tendencia a unificar los modos de satisfacción. “Feminización del mundo” ha querido Jacques-Alain Miller llamar a este fenómeno, para explicar el predominio de un modo de goce que impera sobre el sujeto en la época. La feminización del mundo es una manera de decir que lo que domina es que no hay un solo modo de gozar, sino múltiples y que el predominio fálico a la hora de guiar la pulsión ha dejado paso a una multiplicidad que obliga a cuestionar los supuestos.
Desde esta perspectiva, las tres estructuras freudianas se debilitan y surge como respuesta a la pregunta por el síntoma, los modos de goce.
La maternidad, como todos los fenómenos humanos que pueden subjetivarse, ha sufrido los avatares de las distintas épocas. Mujeres solas que acceden a la maternidad; parejas homosexuales que deciden ser padres; transexuales que siendo ahora hombres engendran niños a partir de conservar sus órganos femeninos, etc.
La relación de la madre con el niño está siendo afectada por los modos de gozar de la época. Y la pregunta por el síntoma del niño, hay que dirigirla hacia el lugar que este viene a ocupar respecto del goce: representarlo, refrenarlo, ser su objeto.
De la experiencia sabemos que tan solo con intervenir para detener el embate de ese goce sobre el niño, surge una vivificación que posibilita, en muchos de esos casos, la constitución de un síntoma. De lo contrario, el niño es envestido por ese goce y no aparece más que como un cuerpo mortificado.
NOTAS:
(1) Lacan, J. Otros escritos. “Televisión”, p.560, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012
(2) Lacan, J. Otros escritos. “Nota sobre el niño”, Ed. Paidós, Bs.As., 2012
(3) Lacan, J. Otros escritos. “Alocución sobre la psicosis del niño”. Ed. Paidós, Bs. As., 2012
(4) Miller, J.-A. “El revés de la familia”, en Consecuencias Nº 8, Revista digital, abril de 2012
(5) Miller, J.-A. Sutilezas analíticas, Ed. Paidós, p.282, Buenos Aires, 2011
(6) Miller, J.-A. Curso del 2 de marzo de 2011. Inédito.
* Presentado en el espacio Con PIPOL VI: “Después del Edipo. Diversidad de la práctica psicoanalítica en Europa” en la Sede-Barcelona de la Comunitat de Catalunya de la ELP.
5 de Abril de 2013
Crónica: ADOLESCENCIAS POR VENIR. Lierni Irizar (San Sebastián)
El día 8 de marzo se presentó en San Sebastián el libro “Adolescencias por venir" de la editorial Gredos.
Esta actividad, organizada por la Biblioteca de Orientación Lacaniana -Sede San Sebastián de la ELP- contó con la colaboración de la Biblioteca Municipal de la ciudad, en cuyo local se realizó la presentación.
La presentación corrió a cargo de Isabel Montes, (directora de la B.O.L. de la Sede de San Sebastián), quien mostró su especial satisfacción por presentar este libro, no solo desde su experiencia clínica con adolescentes, sino también desde su trabajo de años desde el marco de Escuelas de Padres en diferentes centros de la ciudad. La posibilidad de compartir un libro escrito por psicoanalistas, orientados por Freud, Lacan y J.-A. Miller, pero con un lenguaje claro, de divulgación, abierto a ser leído por profesores, padres y otros profesionales que trabajen con adolescentes.
Tras explicar la estructura coral del libro (17 textos de 17 autores), puso en valor las diferentes aportaciones de cada autor, que consiguen abrir interesantes preguntas sin zanjar las respuestas con axiomas absolutos, dejando una puerta abierta a la investigación y al debate.
El título de “adolescencias”, en plural, establece así una apuesta por remarcar que existen diversidad de formas de vivir la adolescencia y una pluralidad por tanto de adolescentes, cada uno con su experiencia y su historia particular, buscando y encontrando las salidas.
Destacó también la importancia de la orientación psicoanalítica que no ofrece recetas estandarizadas, ni protocolos, sino que se orienta por la práctica del uno por uno.
Señaló la diferencia, que se plantea en alguno de los textos, entre orientaciones psicológicas que insisten en “saciar el apetito adolescente de identidad” y el enfoque del psicoanálisis que consiste en acompañar a cada adolescente en la búsqueda de la causa de su deseo, de su singularidad y encontrar ahí su autorización.
El libro plantea también cuestiones relativas a la adolescencia en la actualidad, en el siglo XXI y, por tanto, no es ajeno al marco histórico social contemporáneo, ya que “no hay adolescente sin Otro”, es decir, sin sus padres, profesores, la institución o el analista. Recalcó la importancia de no dejar a los adolescentes solos. Que los adultos que les acompañan, sea desde el marco que sea, estén a la altura de su función.
Tras esta presentación, Isabel Montes pasó la palabra a los tres participantes en la mesa.
En primer lugar, Fernand M. Aduriz, compilador y autor de uno de los textos, nos explicó que se cerraba en San Sebastián el ciclo de presentaciones del libro, tras una variada experiencia de presentaciones en distintas comunidades. Parece que el libro ha tenido muy buena acogida, lo que hace plantear la posibilidad de una 2ª edición.
Comenzó su intervención planteando la adolescencia como un discurso que no tiene edad y señaló la diferencia entre acción y acto, como un modo de separar adolescencia y madurez. Retomaba así el texto de Philippe Lasagna, que plantea que los adolescentes son muy activos, pero, por el contrario, no hacen nada en el sentido de un acto concebido como una acción que tiene consecuencias. Retomó también la idea de este autor que afirma que la elección de los adolescentes es no elegir. Estar entre varias hipótesis sin elegir ninguna y probando un poco todas. Esta circunstancia, enmarcada además sobre ese fondo de lo "liquido " que impera en nuestra época. Antes uno no tenía que elegir ya que sabía dónde viviría, más o menos con quién se iba a casar y qué oficio iba a desempeñar "para siempre”. Hoy se considera que el sujeto puede tener varias vidas, varios oficios, incluso varias familias.
Planteó también la adolescencia como la clínica del amor y se refirió a la adolescencia en el momento contemporáneo, con sus dificultades en el lazo social, y en la que surgen fenómenos como "el botellón" que se pretende prohibir sin ofrecer alternativas a los jóvenes, que carecen de lugares donde encontrarse. Así mismo se refirió a cuestiones identificatorias con ejemplos como el de “las tribus urbanas” y también a las formas actuales de tratamiento: la medicación (droga legal) y el esteroide cognitivo.
Insistió en la importancia de mantener abierta la conversación entre los adultos y los jóvenes.
Posteriormente, Vilma Coccoz, autora de uno de los textos del libro, realizó una interesante reflexión con el título “Palabra de cada uno”, que transcribimos a continuación:
“Uno de los principios fundamentales de la práctica psicoanalítica es acoger las diferencias subjetivas considerando a cada quien, uno por uno, en su singularidad. Y ello con el fin de que cada uno encuentre su manera de decir, su enunciación personal. Lo que llamamos “estilo”, es el color de la palabra, depende de ese lugar desde donde se habla. Difiere del rol, que puede aprenderse y repetirse, y de los enunciados, del conjunto de lo que se dice. Ese lugar desde el que hablamos se traduce por una manera de decir, y por lo tanto, por una manera de escuchar. El lugar desde donde se habla es lo que llamamos “posición subjetiva” y es convocada cuando debemos pronunciarnos ante las cosas importantes en la vida, las cosas en las que nos comprometemos y en las que encontramos una satisfacción.
Desde ese lugar de la palabra pueden surgir auténticos actos de palabra. Un acto es algo muy distinto de un comportamiento. Hanna Arendt, en los años ‘60, anticipaba lo peor si prosperaba la psicología de la conducta porque pensaba que ello traería como consecuencia la supresión de las diferencias personales, aquellas que hacen los actos memorables, ejemplares, dignos de ser recordados.
El psicoanálisis nos enseña que la matriz de ese lugar desde donde hablamos se ha forjado a partir de lo que Lacan llama “nuestras necesidades más humildes” durante nuestra experiencia de la infancia. Formamos parte del mundo y de su murmullo constante, de su incesante blablá. Nada nos garantiza que podamos, que sepamos en todo momento hablar desde ese lugar genuino.
Psicoanalizarse enseña a asumir el riesgo de ese lugar, consintiendo al vértigo que supone la ausencia de garantías, cada cual habla en su nombre y además, nada nos asegura que sepamos hacerlo en cada momento. Aunque, por eso mismo, cuando acontece, nos reporta, en términos de Virginio Baio, la alegría del acto ético.
Ese es el lugar que conviene cuando recibimos un jovencito o jovencita en nuestra consulta, el lugar que le otorga la posibilidad de ocupar el suyo, su lugar auténtico en la palabra, su decir propio, que tiene que ir conformándose en el enfrentamiento a poderosas fuerzas. Por una parte, los discursos de los adultos, por otra, la palabra de sus pares y, por último, lo que acontece en su cuerpo. No nos extrañe que se despiste a veces, en el abanico de posibles donde busca probar y probarse a sí mismo que es real, que lo que está viviendo no es un sueño. Por eso Lacan, contrario a toda visión romántica, vinculaba esta época de la vida al despertar. Porque es un momento de encuentro con un imposible, con un límite de la estructura en lo relativo a la sexualidad. (Si pensamos que todo es posible andamos extraviados). Lacan decía, respecto a las ficciones que prohíben el goce que, si no existieran, habría que inventarlas. Y ello en la medida en que las prohibiciones prefiguran el lugar de lo imposible que salvaguarda el deseo.
Lacan definía al adulto como aquél responsable de su goce, es decir, de las consecuencias de sus actos y palabras. Ironizaba al considerar que, en su mayoría, los adultos se presentan como adulterados.
En el intercambio con los jóvenes, en nuestra necesaria conversación, es importante respetar la disimetría entre adultos y adolescentes. Los jóvenes de hoy tienen un radar muy sensible a la impostura y no actúan como antaño, rebelándose, denunciándola. Se callan, renuncian, lo dan por perdido, se repliegan en un moroso abatimiento.
Nos corresponde a nosotros aclararnos y esforzarnos en ocupar el lugar que conviene para ayudarles en la ardua tarea de afianzar su decir, su manera singular de enfrentarse a la existencia. Cada ser que llega a este mundo debe recorrer ese camino y cada uno representa una experiencia inédita. Así se desprende de lo que dice el poeta Xabier Lete, en una hermosa canción de la que hay diferentes versiones”.
Izarren Hautsa
El polvo de las estrellas se convirtió un día
En germen de vida
Y de él surgimos nosotros en algún momento
Y así vivimos, creando y recreando nuestro ámbito.
Sin descanso. Trabajando pervivimos
Y a esa dura cadena estamos atados.
(…)
El hombre (…)
Busca afanosamente la sabiduría y la luz
Y en esa búsqueda no conoce el descanso
Se orienta por sendas oscuras
Y va inventando nuevas leyes,
Jugándose en ello la vida.
(…)
Del mismo tronco del que nacimos nosotros
Nacerán otras ramas jóvenes que continuarán la lucha.
(…)
Por la fuerza y evidencia de los hechos
Convertirán en fecunda y racional realidad
Lo que en nosotros es sueño y deseo.
Finalizó su intervención afirmando: ¡Qué bueno sería un encuentro de adultos y jóvenes para comentar este precioso poema!
Por último, intervino Juan Jesús Ugarte, psiquiatra y psicoanalista en Bilbao, quien alabó la idea del libro, muy útil para la clínica, y comenzó subrayando el plural del título “adolescencias” o dicho de otro modo, la Adolescencia no existe. No hay adolescente típico, no hay un universal del adolescente sino que estamos ante una multiplicidad de singularidades (como señala S. Tendlarz). El adolescente queda situado en el intersticio en el que es aún el depositario del discurso del Otro y se trata para él de producir un efecto de separación en el que abandona la niñez y elige una posición como sujeto frente al goce.
Entre los diversos trabajos que conforman el libro, todos ellos muy instructivos, destacó dos. En primer lugar el de Hugo Freda, en el que se subraya cómo las nuevas formas del síntoma se imponen como un modo de "hacer". Este "hacer", ya adelantado por Lacan, tiene una serie de funciones y entre ellas, la más importante, la de restituir la figura del padre. En esta configuración "lo social" va a tomar el relevo de la función del padre. La crisis de la adolescencia puede ser definida entonces como una crisis del padre. En segundo lugar, se centró en el texto de Dolores García de la Torre, "¿Conviene al educador estar analizado?" donde examina el modo en que la experiencia analítica permite al educador analizante un abordaje nuevo en lo imposible de la educación. Resalta los aspectos del deseo del educador y la transferencia del alumno a los maestros como fundamentales en la experiencia educativa, aspectos ya señalados por Freud en el texto "Sobre la psicología del colegial" (1914).
Terminó su intervención recomendando vivamente la lectura del libro a todos aquellos que trabajan con adolescentes, tanto del campo psi como de la educación.
Tras las intervenciones tuvimos la oportunidad de asistir al intercambio de pareceres entre los ponentes y el público asistente entre los que se encontraban profesionales de la educación, padres, y psicoanalistas de la ciudad. No faltaron en el debate ejemplos divertidos extraídos de la práctica clínica, como el del joven que afirmaba estar harto de unos padres, que desde que había devenido adolescente, habían decidido hablarle todo el tiempo de sexo. O ejemplos más dramáticos como el de un joven que tras cinco años de terapia cognitivo-conductual y un intento de suicidio, afirma ante el analista que es la primera vez que alguien le escucha a él sólo, sin la presencia de la madre.
Tuvimos el honor por tanto de cerrar en Donostia la serie de presentaciones de este libro valioso para cualquiera que quiera acercarse a pensar las adolescencias y el modo de acompañar a los adolescentes uno por uno.
16 de Febrero de 2013
Novedad: Pensar las adolescencias. Susana Brignoni. Ed. UOC. Lidia Ramírez (Barcelona)
El título de este libro está muy bien elegido porque la autora trata el tema de las adolescencias como un proceso que abarca no sólo el trabajo que ella realiza con los adolescentes y con los profesionales que trabajan con ellos, sino también el efecto de experiencia que ha significado para ella estos encuentros. Este efecto que plantea como "preguntas que en algún momento de mi práctica el encuentro con algún adolescente me ha provocado, o bien preguntas a partir de las cuales he podido conversar con educadores", ha estado trabajado con las reflexiones que ha producido y con las referencias a los diferentes autores que ha consultado, es lo que se transmite y por eso el lector tiene la sensación de estar en conversación con la autora.
En la introducción Susana Brignoni se refiere al "exceso" como el significante con que la época nombra a los adolescentes, tanto por el lado de los medios de comunicación, como por la forma como se presentan algunos diagnósticos, y se plantea "abordar las cuestiones que caracterizan a la adolescencia a partir de dos ejes, lo diacrónico y lo sincrónico que permanentemente se cruzan".
El libro está dividido en cuatro grandes apartados: Nuestra época y la adolescencia, Adolescencia y pubertad, Los síntomas y las adolescencias y Los educadores frente a las adolescencias.
Para poder abordar la adolescencia es necesario "ser contemporáneos", y toma la referencia de Agamben para explicar que ser contemporáneo significa percibir la oscuridad de la propia época, por lo cual una de las primeras indicaciones que encontramos en este libro es que, para poder acercarnos al estudio de la adolescencia, es necesario "iluminar eso que queda velado" y pensar en el adolescente como alguien "marcado por un sufrimiento que no cesa, respecto al cual tiene una relación de extranjería", por lo que "no encuentra fácilmente lugares en los que poder inscribir lo que le pasa, ni localiza fácilmente a un referente a quien dirigir un llamamiento y solicitar un apoyo". De la misma forma, Susana indica que en la estructura del adolescente encontramos algo que es del orden de la soledad y una desconexión respecto de sus propios actos.
En el segundo apartado, Susana Brignoni propone que pensar las adolescencias es cosa de los adultos, como es cosa de los adolescentes "atravesar su experiencia vital", y que para ello es necesario que el adulto no quiera llenar con su saber la falta de entendimiento, sino que el adulto debe usar ese conocimiento para tratar su propia posición. Propone el "acompañar" como una forma de nombrar lo que significa estar al lado del adolescente, "ni por delante, como voz de la experiencia, ni por detrás ausentándose" y lo considera una buena herramienta para explorar "la distancia justa que hay que establecer en el vínculo"
El psicoanálisis permite plantear que además de la pregunta por el ser, para el adolescente está fundamentalmente la pregunta por el deseo y, en este sentido, "el sujeto está dividido en una lucha por descubrir la vía de su deseo y las formas de expresión que le convienen para inscribirse en el lazo social".
Tomando la referencia de A. Stevens, la dificultad para el adolescente es que mientras la adolescencia se le plantea como "la edad de todos los posibles", justamente de lo que se trata es del "encuentro con un imposible", este imposible tiene que ver con el hecho de que para los seres humanos, no hay una respuesta establecida a cómo hacer con el otro sexo y es lo que produce malestar. Este malestar es la pubertad. "El puber es el aquel que ya tiene el cuerpo preparado como si fuera un adulto y es allí donde se produce una división porque subjetivamente aún no lo es". Hay un aspecto imaginario de la transformación del cuerpo que requiere de un tiempo de elaboración porque lo que se impone para el sujeto en este momento es un tiempo de duelo: duelo por el cuerpo infantil, duelo por la infancia en sí misma y sus identificaciones y el duelo por el vínculo con los padres. El cuerpo del adolescente es un cuerpo que le habla al sujeto pero que le habla un lenguaje que él desconoce, por eso tomando la referencia de P. Lacadée, la verdadera crisis de la adolescencia es una crisis de lenguaje porque "el lenguaje construido al amparo de los padres, se presenta impotente para nombrar".
El empeño del adolescente, es para hacerse escuchar, y esta escucha a lo que apunta es a ayudarles a construirse un nuevo punto de vista desde el que mirarse, un lugar en el otro de referencia en el que puedan ser "amables".
Mientras la pubertad es un hecho generalizable, las adolescencias son las respuestas particulares, uno por uno, que cada sujeto inventa frente a ese indecible de la pubertad. Todas estas respuestas son las respuestas sintomáticas a la cuestión de la pubertad.
El tercer apartado comienza con una pregunta ¿qué es un síntoma para el psicoanálisis? La respuesta tiene tres partes. En primer lugar, la que hace referencia a la época y al hecho de que "cada época tiene su modo de pensar lo normal y lo patológico". En la época en que vivimos resulta necesario diferenciar entre trastorno y síntoma. Mientras el trastorno es tomado como una manifestación, el síntoma lo entendemos como "la emergencia de una verdad del sujeto que él mismo desconoce".
La estructura del síntoma presenta dos caras, en una lo que encontramos es una satisfacción inconsciente y en la otra, un sufrimiento que es "el motor para querer deshacerse de él". El síntoma implica un goce que frecuentemente la persona misma desconoce pero sobre el que tiene una responsabilidad. Es necesario reconocer ese goce y la implicación que uno tiene en él, para que se pueda ayudar a transformar aquello por lo que el sujeto sufre. No podemos olvidar la perspectiva del síntoma como solución a aquello de lo que sufre el sujeto, es desde esta perspectiva que Susana plantea la adolescencia como "la solución sintomática a la presencia inquietante de la pubertad", por eso no se trata de eliminar el síntoma, sino de "usarlo como palanca: darle una nueva circulación que permita deshacer su carácter estigmatizante".
En la época actual, los adolescentes se hacen representar muy a menudo por un síntoma con el que llaman nuestra atención. De esta representación obtienen un lugar que no siempre es un buen lugar. Los adolescentes son "obedientes" al lugar que el otro les da y hoy en día estos lugares están nombrados, muchas veces, con el nombre de los diagnósticos. Ser un toxicómano o una anoréxica puede comportar que el adolescente se quede fijado a ese lugar. Por eso la recomendación de Bernfeld a los educadores es no dejarse impresionar demasiado por esas presentaciones y ofrecer oportunidades para que el sujeto pueda cambiar de lugar. "El cambio del sujeto es efecto del cambio de lugar".
Como síntomas actuales en las adolescencias y desde su experiencia en el trabajo en CRAEs, Susana plantea cuatro: las explosiones fuera de lugar, las marcas en el cuerpo, las fugas y los tóxicos. Se trata de síntomas del "lazo social" ya que muchos de ellos se producen como "fenómenos de identificación a un grupo y hacen muy difícil el abordaje singular de un síntoma".
El libro acaba tomando una referencia de Winnicott en la que señala que "lo que está en juego en esta etapa es la posibilidad de que haya un encuentro entre el adolescente y un referente adulto" y nos deja una recomendación al Otro que trata al adolescente, que "se deje incomodar" y que no retroceda frente a aquellas cuestiones que los adolescentes hacen presente y que provocan nuestra inquietud.
En pocas páginas Susana Brignoni consigue transmitir una forma de pensar las adolescencias que constituye una muy buena herramienta de trabajo, especialmente porque ha conseguido decir las cosas, muy bien dichas.
3 de Enero de 2013
Escuchar la diversidad*. Isabel Alonso Martín (Vigo)
Escucho a sujetos que viven en las llamadas casas de familia o casas de acogida (modalidad de institución pequeña, en la que viven 6 ó 7 sujetos que han sido separados de sus familias de origen por estar en situación de desamparo, abandono o haber sufrido la violencia del Otro, acompañados de sus educadores). Son sujetos acogidos y tutelados por la administración de la comunidad autónoma en la que trabajo.
Mi trabajo lo realizo encontrándome con estos sujetos y con sus educadores en mi consulta, y con los equipos técnicos de la Administración en sus despachos:
1) Los niños o adolescentes son traídos a la consulta por sus educadores a causa de sus dificultades en sus lazos, por su sufrimiento, por su malestar, por su desorientación, es decir, por aquellos síntomas que son discordantes para el Otro, ya sean sus educadores, los servicios sociales o la escuela. En ocasiones algunos sujetos han pedido ser atendidos por decisión propia.
La posibilidad de encontrarse con un analista les abre una puerta a ser escuchados en su particularidad, y yo les invito a que se hagan portavoces de sus palabras.
El paso previo al inicio de la experiencia es el consentimiento subjetivo del niño o del adolescente, más allá de la demanda de las instituciones. Este consentimiento a la experiencia apunta a que el sujeto se vea implicado en aquellas cosas de las que él o los otros se quejan, a que se pueda separar del síndrome de la institución (el Otro es responsable de mis males, el estado debe reparar mis heridas...) y ofrecerles un dispositivo donde puedan tener un lugar propio a partir del cual se puedan responsabilizar de sus síntomas.
Promover que estos sujetos tomen la palabra implica que sean tomados en su particularidad, que se sientan autorizados para tratar de saber acerca de su malestar, que puedan vislumbrar que sus conductas sintomáticas y repetitivas son una respuesta, un funcionamiento, a lo marcado por lalengua en sus acontecimientos con lo real; que puedan tomar posición en relación a sus dichos y estén dispuestos a hacer una demanda frente a su desorientación, a su sufrimiento.
Es un ejercicio de relanzar la palabra allí donde está el acto. Se trata, en muchos casos, de que el sujeto pueda incluirse en el discurso. Para otros, se trata de buscar puntos de amarre allí donde están desconectados; pero en todos los casos es necesario que la transferencia se ponga en marcha para sostener el SsS y que el amor al inconsciente ocupe su lugar.
Si esto se logra y se les da un tiempo estarán confrontados a la posibilidad de elegir: otra vía para para moverse por la vida, otra manera de hacer más allá de la repetición sintomática, e inventar maneras propias para regular su goce, en muchas ocasiones desbordado, entrever su propio deseo, en fin, inventar un modo de sostenerse localizando apaños propios e incluso poder elegir otro destino
2) Encuentros con los educadores
En esta experiencia también me reúno con los educadores responsables de los niños o adolescentes con una cierta frecuencia, tratando de establecer una “conversación entre varios”.
Estos encuentros son un marco en los que desde mi posición orientada por el psicoanálisis lacaniano no les doy consejos, ni pautas, no uso mi saber. Me coloco más del lado del vacío de saber e invito a la conversación partiendo de las cuestiones que a ellos les interrogan, les angustian, para no cerrarlas con un saber preestablecido, tratando de que se produzca una apertura para que puedan hacerse preguntas acerca de su posición en la institución, acerca de su posición con respecto a cada uno de los sujetos con los que conviven y vayan surgiendo maneras de hacer diferentes con cada niño o joven teniendo en cuenta el estilo propio de cada educador.
Que estos educadores se sientan agujereados, movidos de su lugar de todopoderosos, interrogados acerca del uso -o en ocasiones abuso- de las normas como única manera de limitar, facilita su relación y su lazo con los niños, con los jóvenes dándoles la posibilidad de acogerlos de otra manera.
El efecto de estos encuentros varía en cada educador, pero de alguna manera para algunos ha supuesto un encuentro con el psicoanálisis, con un “tratamiento que no es como los otros”, la aparición de una transferencia y posibilitado que aparezca incluso una demanda propia de análisis ante un malestar subjetivo.
3) Encuentros con los equipos técnicos de la Administración
Algunos equipos técnicos de la administración acceden a encuentros, reuniones para hablar y conversar acerca de estos niños, casi siempre tutelados. Estas conversaciones, cuando surgen, han posibilitado que pueda acompañar a algunos sujetos en proceso de adopción, que pueda escuchar a posibles padres adoptantes y, sobre todo, a recibir en mi consulta a sujetos con graves dificultades.
Mis maniobras van encaminadas a que los técnicos estén dispuestos a darles un lugar, a que decidan escuchar a estos niños, adolescentes con sus rasgos, con sus dificultades, en su singularidad separándoles de ser meros expedientes, o de ser unos espectadores pasivos frente a las decisiones que les conciernen.
El efecto es doble, del lado de los niños o jóvenes, que puedan encontrar interlocutores en la administración con los que poder abordar cuestiones que les atañen: cómo es su futuro, la manera de vincularse o desvincularse de su familia de origen, cómo regular sus tiempos de estancia en las instituciones cuando se acercan a la mayoría de edad...
Del lado de los técnicos, encontrase con estos chicos los separa de ser meros burócratas de la “protección de menores”, los separa de la políticas totalizantes, uniformizantes y los coloca más cercanos atención del uno por uno.
Mientras para mí supone encontrar en el caso por caso. también inventar y escuchar la diversidad.
* From: PIPOL NEWS nº 12
20 de Noviembre de 2012
Reseña del libro de Jean-Claude Maleval, “El autista y su voz”*. Alejandro Velázquez Romo (Barcelona)
Celebramos con entusiasmo la edición en castellano del libro de Jean-Claude Maleval, El autista y su voz, traducido por Enric Berenguer, que pertenece a la Colección “Mente, salud y sociedad” de la Editorial Gredos-ELP dirigida por Vicente Palomera. Este libro hace serie con otros títulos de psicoanálisis de orientación lacaniana que se encuentran en las librerías de toda España debido al esfuerzo de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis por difundir el psicoanálisis en la civilización.
El autista y su voz de Jean-Claude Maleval es en principio un homenaje a Rosine y Roberto Lefort, fallecidos en 2007, por su dedicación y transmisión de la clínica como de la teoría de orientación lacaniana en el trabajo “con niños” psicóticos y autistas.
En este libro, Jean-Claude Maleval nos acerca a la profundidad del mundo autista introduciendo el objeto voz como un regulador fundamental en la vida de estos sujetos ya que pone en evidencia el horror que supone su encuentro.
Así, cuando el sujeto autista intenta comunicarse lo hace de manera que no pone en juego su goce vocal, su presencia y mucho menos sus afectos, ya que la dificultad del sujeto reside principalmente en adoptar una posición de enunciador protegiéndose de la emergencia angustiante del objeto voz por medio de la verborrea o el mutismo.
Ya en 1998, Jean-Claude Maleval con su artículo “Del autismo de Kanner al síndrome de Asperger”, proponía la tesis de la especificidad del autismo a partir de dos características principales: por un lado, el trastorno de la enunciación y, por otro, la defensa apoyada por un objeto fuera del cuerpo.
Tambien, el libro introduce muy acertadamente una indicación de Lacan de 1975 en la “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, donde señala que al niño autista “sin duda hay algo para decirle” y Jean-Claude Maleval señala que esto es posible siempre y cuando uno borre su propia enunciación al dirigirse a ellos, manteniendo permanentemente bajo control el objeto vocal.
De la misma manera, Jean-Claude Maleval invita a los psicoanalistas a prestar toda su atención a las autobiografías y textos escritos por autistas de alto nivel, ya que nos brindan testimonios excepcionales como es el caso de Temple Grandin, Donna Willams, Birger Sellin o Daniel Tammet.
Sin duda, es un libro que no puede dejar de leerse.
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Presentación del libro:
El viernes 23 de noviembre a las 19.30 h.
en el Ateneu Barcelonès.
Sala Sagarra. C/ Canuda, 6. 08002 Barcelona.
Intervienen: Jean-Claude Maleval, Enric Berenguer y Josep Mª Panés.
Presenta: Mario Izcovich.
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* Editorial Gredos-ELP, junio de 2011.
11 de Noviembre de 2012
Crónica: “La lectoescritura en la era digital” Rodolfo Alegre, Dolors Arasanz, Carla Rojo (Barcelona)
La noche del lunes 15 de octubre, más de medio centenar de personas asistimos a la charla inaugural del Grupo de Investigación “Clínica del Sinthome”; un encuentro con el escritor Jorge Carrión, moderado por Estela Paskvan, cuyo tema fue "La lectoescritura en la era digital".
Encontramos allí un espacio que nos permite iniciar un trabajo esperado: el de compartir en esencia los aportes venidos de la mano, en este caso, de las nuevas tecnologías. La velada, además de resultar muy amena, nos brindó la oportunidad de asomarnos al mundo de las series televisivas emergidas como fenómeno de culto en la última década, que sin duda están produciendo a la vez que reflejando una serie de cambios en la modalidad de lectura y escritura de los sujetos actuales. Series que reflejan según el autor, la historia de la televisión en las últimas décadas del siglo XX y que dan cuenta de la realidad social en la que están inmersas.
Fuimos guiados en este recorrido por un experto y apasionado del tema, sobre el que ha publicado libros como Teleshakespeare (Errata Naturae, 2011) o artículos como Telefreud, en los se ha ocupado de aplicar los métodos del análisis literario a las producciones mainstream, series televisivas, películas, cómics o videojuegos, que actualmente conforman una red de retroalimentación tanto a nivel de contenidos como de participantes en el proceso creativo, con un nivel de calidad y difusión inéditos y que recién ahora están siendo objeto de este tipo de análisis.
Este abordaje nos permitió acercarnos a ciertos rasgos constructivos propios de estas producciones, marcadas por la multiplicidad de tramas presentes en sus relatos. La diversidad entre los géneros es una constante que gravita en las series, para superarla. Su intrusión y coexistencia se manifiestan en su jubilosa representación: drama, animación, comedia, acción alcanzan una continuidad casi inadvertida. En la inquietud del espectador rige, más allá de la trama, aunque no sin ella, lo “bien realizado, la buena producción”.
Una de las características destacadas durante la charla fue la tensión presente en la trama entre la serialización, la fragmentación del relato y la unidad de sentido que debe conservar una serie, que, al límite, siempre ha de poder presentarse en una frase.
Existen peculiaridades de lenguaje tales como la necesaria condensación en el tiempo o el recurso a la construcción de artefactos que facilitan el armado de la trama, como los murales, un recurso visual cuya lectura, mimada por la cámara, sirve para que tanto el espectador como un personaje puedan reconstruir la historia o anticipar acontecimientos futuros.
El uso masivo de las nuevas tecnologías ha dado lugar a nuevos contextos de circulación y de lectura de lo audiovisual y lo literario. Podría decirse que una pantalla nunca está sola, siempre hay otras, la televisión convive en simultáneo con el portátil, el ipad, el móvil. Cada una es multiplicada y comentada por las otras; inevitablemente el proceso de construcción del relato ha mutado.
Durante este encuentro fue posible acercarse sin dramatismo, con aire fresco, al lugar y la relación que los sujetos actuales mantienen con la lectura través de estas producciones. Las teleseries circulan por el ciberespacio a dos niveles simultáneos: el del consumo y el de la interpretación, confluyendo ambos ocasionalmente, en la reescritura. La relación muchas veces apasionada que millones de espectadores mantienen con ellas, da lugar a la participación en foros, la creación de subproductos que a su vez se convierten en objetos de culto, generando un proceso indefinido que subvierte profundamente el lugar del emisor y el receptor, el creador y el espectador, el productor y el consumidor.
Una de las cuestiones fundamentales que atraviesa uno de sus textos, “Telefreud”, es la presencia del psicoterapeuta en algunas de las series analizadas. El autor toma una cita del guionista de “Los Soprano”, D. Chase: “Quiero que el espectador descifre lo que es importante, que haga, de hecho, el mismo trabajo que está haciendo la Dra. Melfi”. El psicoterapeuta aparece como un conductor de la trama de la serie, vehículo de interpretación del personaje y la vez forma de acelerar la iluminación del mismo.
Respecto a la serie “Los Soprano”, donde el psicoterapeuta tomará esta función, es posible interpretar a los personajes, dice el autor, “gracias a este marco de psicoanálisis light que ha inventado la ficción audiovisual”. El psicoterapeuta es un lector del protagonista, función que aparece como heredera del investigador privado, personaje sobre el cual recaía la labor de desciframiento del sentido de la serie. La clave de la terapia, tal como se presenta en las series es que el psicoterapeuta se convierta en un alter ego del espectador que va desenmarañando la oscuridad inicial del protagonista, a partir de una serie de esquemas de fácil comprensión para el espectador. Está lo enigmático del personaje que el psicólogo ayuda a descifrar. La terapia se convierte entonces un recurso narrativo para el desarrollo de la serie.
Queda a nuestro cargo intentar ver qué efectos tendrá todo este panorama presente, en el parlêtre. Tenemos por delante un tiempo de trabajo para esbozar nuestras hipótesis.
Tomando palabras del propio Jorge Carrión, podemos decir que “trabajar sobre el presente da muchas oportunidades de equivocarse”, pero hoy sabemos que asumir este riesgo nos permite colocarnos en la posición que nos conviene.
8 de Noviembre de 2012
Crónica: Mesa Debate “Psicosis y Pubertad”*. Paloma Larena (Zaragoza)
Viernes 26 de octubre, apertura de actividades del ICF en Zaragoza, 12h. ¡Llenazo! Nos reunimos en el salón de actos del Centro cultural Ibercaja-Actur más de 190 personas para conversar sobre la fragilidad de algunos jóvenes ante los cambios en la pubertad. Asistieron orientadores, profesores y universitarios del ámbito educativo, profesionales de la salud mental, de los servicios sociales, participantes en las actividades de la ELP y el ICF... y otros.
La coordinación de la Mesa la realizó Teresa Colomer, miembro de la ELP y Directora Clínica del Centro de Dia de Salud Mental Infanto-Juvenil de Movera, institución médico-educativa que acoge adolescentes con trastornos mentales graves.
En primer lugar intervino Enric Berenguer, nuestro docente invitado, que con su estilo próximo y certero empezó definiendo la educación como “la tarea de poner al sujeto particular en relación con lo universal”, la educación propone sentidos compartidos a los que el sujeto psicótico le es difícil sumarse.
Planteó Enric ¿cómo incluir en la escuela a sujetos excepcionales? Mediante “trajes a medida”, que van desde hacer un lugar particular en la escuela ordinaria, hasta, cuando el malestar es más insoportable para el joven, centros educativos específicos, como el de Movera. Los cambios corporales de la pubertad pueden dejar a los jóvenes ante un enigma, para el que no tienen el significante que puede dar sentido. Tenemos la responsabilidad de construir con ellos, discursos en los que puedan encontrar su lugar de excepción.
El siguiente ponente fue Ángel García, de uno de los Equipos de Orientación Psicopedagógica de Zaragoza, que habló de la intervención y el apoyo al profesorado realizado desde la administración pública. Propuso un modelo inclusivo de atención a la diversidad, con adaptaciones curriculares y la participación de la familia y los agentes de salud. Habló también de la importancia de la Atención Precoz.
A continuación Teresa Colomer presentó el Centro de Día, que orientado por la clínica está ya en su quinto año de funcionamiento. Es el único de estas características que hay en Aragón, y lo que empezó como una experiencia piloto de coordinación entre Educación y Salud, está consolidándose como un lugar de hospitalidad para los jóvenes entre 9 y 16-18 años, que temporalmente no pueden seguir su formación en la escuela ordinaria. Uno por uno son escuchados, alojados y se les ayuda a realizar un recorrido que les permita volver integrarse en un contexto escolar o laboral. Para ello, se mantiene un trabajo en red con los centros educativos de procedencia y se realiza un seguimiento tras su incorporación posterior. Puso algunos ejemplos de cómo han abordado las respuestas agresivas de algún joven o el aislamiento de otros.
Marimar Lacruz y Andrés Avila, maestros de Pedagogía Terapéutica en el centro de Movera presentaron su forma de trabajo diario con los jóvenes basado en un periodo largo de acogida, las actividades en pequeños grupos y la atención individual.
Se plantearon varias preguntas desde el público y en el coloquio surgió el tema de las “epidemias diagnósticas” actualmente en relación con el TDAH y sus efectos en la infancia.
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* La Mesa debate se integra en el tema del curso ICF que es el Seminario 3 de J. Lacan, “Las Psicosis”.
26 de Octubre de 2012
Asesinos solitarios, matanzas colectivas. José Ramón Ubieto (Barcelona)
La tentativa de un joven que preparaba una matanza en la Universidad de Illes Balears, imitando los sucesos de Columbine, hay que ponerla en serie con otras anteriores consumadas. Todas ellas ofrecen diversas claves de lectura: la patología mental del agresor, la tenencia de armas por parte de la población, las motivaciones racistas o la influencia de las ficciones (series y películas) con fuerte contenido violento. Hay un detalle en el que vale la pena detenerse, presente en estos episodios: el mensaje que el propio agresor envía y que termina por llegar al destinatario.
Puede tratarse de un blog/diario, como en este caso, de letras de canciones (Wisconsin), una carta-paquete dirigida al psiquiatra (Aurora), un vídeo casero alojado en alguna web (Toulouse) o un libro con sus reflexiones personales (Utoya). Este hecho pone de manifiesto que no se trata de un acto impulsivo, un pronto irracional, desconectado del Otro. Más bien parece que siempre hay algo que decir o que mostrar y no quieren que su acto y su nombre queden en el olvido.
Es así porque en el origen hay una tesis paranoica radical, fundada en un sentimiento de exclusión, un rechazo que imputan a un otro colectivo (familia, clase, comunidad religiosa, estado). En muchos casos ese rechazo se corresponde a episodios de acoso escolar, abandono familiar, maltratos o abusos. Aquí no es el hecho en sí lo que cuenta, sino la interpretación que ese sujeto le ha dado en términos de segregación y perjuicio.
Limpiar esa “mancha”, borrar esa impureza del otro deviene entonces, para estas personas, una misión a planificar cuidadosamente. Wade M. Page, sospechoso del asesinato de Wisconsin, dijo haber creado su banda musical “End Apathy” para combatir la “degradación del valor de la vida humana” producida por “la sumisión a la tiranía y la hipocresía”.
La certeza de su tarea se impone como una idea fija y solitaria, salvo en casos excepcionales cuando encuentran un partenaire con planteamientos similares. La participación de algunos de ellos en unidades militares, como el caso de Page, proporciona una “salida” fallida a ese odio acumulado.
Predecir estos actos, como cualquier otra conducta, resulta iluso ya que el comportamiento humano no responde a patrones exactos como los objetos simples que estudia la física y que describen trayectorias predecibles de acuerdo a leyes fijas. Los sujetos somos más imprevisibles y nos orientamos por esa “decisión insondable del ser” (Lacan), de acuerdo a esquemas complejos, no lineales.
Un dato no menor, presente en muchos casos y detectado por los propios servicios secretos de los EEUU, a raíz de la matanza de Columbine, es la ingesta desde la infancia, y por largos periodos, de psicoestimulantes prescritos por un supuesto trastorno de hiperactividad.
La combinación de anonimato y difusión global que ofrece la red resulta un estímulo muy apreciado para su objetivo de gritar el odio y mostrar la realización de su misión. A veces ese “ruido” virtual es compatible con cierta “normalidad” social y su silencio suele ser más expresivo que la verborrea bravucona de otros violentos.
Quizás la constante más notable sea el aislamiento personal y la desconexión social de estos sujetos, salvo cuando encuentran el asidero de una “ideología “ racista que parece funcionar como rasgo colectivo y lo disimula. Aquí funciona la polaridad ellos-nosotros, más que la convicción intelectual.
*Publicado en La Vanguardia, Tendencias.
Visite: http://joseramonubieto.blogspot.com.es/
10 de Octubre de 2012
“Adolescencias por venir”, Colección Gredos-ELP, Fernando Martín Aduriz (Compilador), Gredos-ELP, Barcelona, junio 2012. Alejandro Velázquez (Barcelona)
El libro adolescencias por venir es producto del encuentro entre Fernando Martín Aduriz y Vicente Palomera durante una conferencia en mayo de 2010 en la Universidad de León. La conferencia que Vicente Palomera dicto abrió la reflexión del auditorio para la edición de este libro que contiene diez y siete textos de los cuales diez ya habían sido publicados previamente en el número 23 de la revista Mental, y ahora han sido traducidos para esta edición de la Colección Gredos-ELP; además, siete fueron escritos expresamente para este libro que es una apuesta por mostrar que existen diversidad de formas de vivir la adolescencia y pluralidad de adolescentes buscando su salida uno por uno.
El libro se divide en dos apartados adolescentes por venir y cuando un adolescente encuentra un psicoanalista, el primero trasmite la experiencia en el trabajo con adolescentes y el segundo como bien lo indica el titulo acentúa la importancia del encuentro con un analista.
Adolescencia por venir
En este apartado encontramos la trasmisión de ocho experiencias con adolescentes: primero Hugo Freda (psicoanalista en París) define la crisis de la adolescencia como la crisis del padre; segundo Philippe La Sagna (psicoanalista en Marsella) plantea la adolescencia generalizada en un mundo liquido; tercero Marco Focchi (psicoanalista en Milán) sitúa la apertura sobre lo posible, lo que acontece en la adolescencia; cuarto Philippe Lacadée (psicoanalista en Burdeos) encuentra el lugar del sujeto en el orden simbólico donde inscribe su falta en una filiación individual y colectiva; quinto Domenico Cosenza (psicoanalista en Milán) pone en cuestión la adolescencia como momento de crisis estructurante en la experiencia del sujeto en la época del Otro que no existe; sexto Daniel Roy (psicoanalista en Burdeos) define la protección del adolescente como la protección del momento crucial en el que el sujeto es confrontado a una situación radicalmente nueva; séptimo Luis Seguí (abogado en Madrid) señala como las buenas intenciones de las instituciones al impartir la ley ponen en riesgo al sujeto; octavo y ultimo de este apartado es Fernando Martín Aduriz (psicoanalista en Castilla y León) que introduce el derecho a detenerse del adolescente como un tiempo de fabricación de coartadas que permitan dar tiempo a la construcción del semblante preciso.
Cuando un adolescente encuentra un analista
El segundo apartado cuenta con nueve textos: primero Vilma Coccoz (psicoanalista en Madrid) nos enseña como construir el túnel es igual a atravesarlo pero siempre en compañía del Otro: padres, profesores, tutores y/o analista; segundo Héléne Deltombe introduce el nuevo termino adulescente para caracterizar a los adolescentes que no alcanzan a salir por no encontrar un Otro que les acompañe en la transición; tercero Clara Bardón (psicoanalista en Barcelona) presenta un caso atendido con seis y luego con diez y seis años para mostrar cómo el lugar vacío del Otro en la trasferencia es importante en la desestabilización; cuarto Silvia E. Tendlarz señala que no hay adolescentes en análisis, hay sujetos, en singular; quinto Luz Fernández (psicoanalista en Vigo) muestra como un caso puede ser estabilizado por dos significantes ser feo o ser guapo que son su éxito o fracaso a la hora de hacer lazo social; sexto Dolores García de la Torre (profesora en la Coruña) trasmite con un caso los enigmas de la feminidad que se despiertan en la adolescencia; séptimo Mario Izcovich (psicoanalista en Barcelona) presenta un caso donde para el adolescente la manera de nombrar a un psicoanalista es sinónimo de alguien que lo escucha; octavo Ana Castaño, Graciela Sobral (psicoanalistas en Madrid) describen los enigmas femeninos en la adolescencia como una forma de situarse ante la posición femenina que no es algo natural; noveno y ultimo Josep Sanahuja (psicoanalista en Tarragona) nos dice que el impasse de la adolescencia es un impasse estructural que tiene que ver con como cada uno resuelve el impasse del deseo.
Todos estos textos son acompañados por la lectura atenta de Freud, Lacan y Miller quienes Orientan para transitar por la experiencia de acoger la singularidad de la adolescencia por venir que no deja de no escribirse.
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* “Adolescencias por venir” será presentado en la Biblioteca del Campo Freudiano de Tarragona el próximo 18 de Octubre y en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona el día 19.
12 de Septiembre de 2012
XI Jornadas de estudio de la Diagonal Hispanohablante de la NRC. “Sorpresas e invenciones: Psicoanálisis con niños”
A Coruña, 9 Noviembre 2012
De 15:30 a 19:30hs
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CON LA CONFERENCIA DE DOMINIQUE HOLVOET
Presidente de la NLS y Director pedagógico de Le Courtil
“EL NIÑO CREADOR”
El título de la “XI Jornada de estudio de la Diagonal Hispanohablante” está en sintonía con el interés del psicoanálisis por la determinación subjetiva e inconsciente de los síntomas y la invención que cada sujeto puede obtener de una experiencia psicoanalítica, en tanto es el tratamiento del Otro traumatizante el que se pone en juego para encontrar e inventar un Otro que le permita al niño un lazo social más digno.
La clínica es lo que el psicoanálisis quiere poner en primer plano, en una época de deriva hacia la medicalización de la infancia, donde el síntoma, tomado como un trastorno del organismo, queda limitado a las coordenadas de la biología o la genética, reduciéndose la complejidad de la que estamos hechos los seres hablantes. Si la subjetividad del niño es silenciada, no podrá producir un saber sobre lo que le ocurre que le permita responsabilizarse.
La propuesta es tratar los malestares del niño a través de la palabra -a través de las formaciones del inconsciente- que pueden presentarse en la clínica en forma de dibujos, juegos o relatos donde el analista ofrece un lugar de escucha y pone en valor lo que el niño expresa en su decir, ya que las palabras y los silencios tienen un efecto imprevisible.
Si el analista ofrece un lugar de escucha es porque el inconsciente se articula al lenguaje y a la presencia del analista, que por su acto lo hace surgir. El inconsciente no está ahí, se produce bajo transferencia, en la relación que se establece entre al analista y el sujeto niño. Los síntomas tienen también un valor relacional, por eso, precisamente, en la relación analítica es donde el síntoma va a entregar sus secretos, es donde van a descifrarse sus enigmas, donde va a perfilarse lo que el sujeto escoge o rechaza, y donde puede modificarse un destino.
Lacan nos invita a construir una clínica en la que el inconsciente sea el resorte de la práctica y eso apunta directamente al acto del analista que con su intervención localiza y posibilita el surgimiento del inconsciente pero no habrá surgimiento del inconsciente sin que el analista ponga su deseo, su deseo entendido como un deseo depurado por su propio análisis.
El encuentro con el deseo del analista puede producir efectos de sorpresa, y la sorpresa lleva a que el niño se haga responsable de su posición, no solo que modifique su conducta, sino su posición, transformando al sujeto, haciéndolo salir de su repetición mortificante.
El acto de Freud que permitió la invención del psicoanálisis, se repite en cada análisis, cuando el analista pone en suspenso su saber, sus prejuicios, para dar la palabra al sujeto al que se le supone un saber y el analista con su acto debe dar la posibilidad de que ese saber se despliegue.
El acto analítico implica una destitución respecto al saber establecido como única manera de acoger al inconsciente como saber inesperado. Y un analista es por tanto alguien que, por su formación y su propio análisis, no se defiende del saber inconsciente, no se protege, no mira al otro a través de la ventana de su fantasma, es por eso que se deja sorprender.
En el acto analítico el analista está como objeto. Esto quiere decir que solo “a posteriori” puede reconocer su acto, es decir, a partir de sus efectos no calculados. Estos efectos son un decir verdadero, singular del sujeto, una palabra que lo modifica, y por lo tanto tiene también valor de acto.
Testimoniar de la experiencia del inconsciente, que transitan los niños en la clínica, será el objetivo de las XI Jornadas de trabajo de la Diagonal HH
Comisión científica: Carmen Campos, Almudena Collantes, Ana Lía Gana, Mª Eugenia Insua (responsable), Mariam Martín, Jorge Sosa
20 de Junio de 2012
Niños Amos.* Adela Fryd (Buenos Aires)
En la clínica de este nuevo siglo, es frecuente encontrar niños que son más amos que sus padres: niños que se ubican en una paridad asombrosa frente a cualquier adulto. Se trata de sujetos que ya desde los dos o tres años, parecen no responder a nadie. Y no responden de una manera particular: quieren ser reconocidos por el Otro y por los otros que los rodean, creen ser autónomos y comandar su elección de ser, funcionando así como niños “solos” que hacen lo que quieren. Marchan de este modo y aparentemente no hay nadie que los pueda detener.
Podríamos decir que este “tómame como soy porque yo soy así(1)” que con frecuencia se escucha en adultos, resulta absolutamente curioso al tratarse de niños. Pensamos en qué será de ese Niño Amo cuando sea adolescente, sin algún encuentro que desvíe, que le presente una salida, un diferente lazo al Otro que le permitiría reescribirse.
Por otro lado, eso es ir contra ese goce al que no quiere renunciar. Estos niños caprichosos, que no quieren entrar en razones, muestran que el “Yo quiero” es anterior al “Yo pienso”. Como dice J-A. Miller: “… la belleza del capricho es que el sujeto asume en él como propia la voluntad que lo mueve. Quiero aquello que me pulsiona, yo lo quiero, yo soy quien lo quiere”. Es en este punto donde lo que se impone es el gozar, un gozar narcisista autónomo con respecto a las disposiciones del Otro; esto es lo que los hace impermeables al Otro de la enseñanza.
Estos niños son ariscos a los significantes que son ofrecidos en el campo del Otro. Complicado en la alienación significante, el sujeto puede optar por una falsa separación. Es decir, que allí donde no se puede producir y donde hay dificultades en generar una separación, ésta termina jugándose en el cuerpo. Es precisamente en ese punto que podemos ubicar los casos de estos niños en posición de objeto, aquellos que frente a la interpelación del Otro, es decir, ante la pregunta por el deseo del Otro, responden en particular con el cuerpo. Son respuestas que pueden ir desde la abulia hasta la hiperactividad, pasando por el desgano y todas las variantes posibles de hacerse objeto para el Otro.
Así, en la clínica actual, la presencia y la frecuencia de esos casos, dicen algo de la época.(2) A veces se trata de niños identificados a la fantasmática del Otro materno donde, al no haber lugar para la falta y al no haber una pregunta sobre la misma, responden con el yo, con la impulsión o con una identificación al falo imaginarizado.
Entonces, ¿cómo se produjo la constitución subjetiva en estos niños? Si pensamos en los desarrollos de Freud para el narcisismo, el déficit en estos niños es en las marcas del Ideal del Yo como significantes de la batería del Otro. Podría hacerse un trabajo de interacción de los desarrollos de Freud respecto del narcisismo y el estudio del imaginario en Lacan. Partiendo de la constitución subjetiva y tomando el recorrido o el montaje de la pulsión, el objeto de la pulsión es organizado narcisísticamente (2) por la constitución del yo, un punto de entrecruzamiento entre ambas series. La serie de yo narcisismo-autoerotismo-relación de objeto, la serie de la pulsión oral-anal-fálica y para Lacan se agregan los objetos que organizan la demanda y del deseo en la transferencia, mirada y voz.
El déficit en la constitución del Ideal detiene la constitución subjetiva en las neurosis narcisistas y los fantasmas imaginarios se degradan en una insistencia del a-a’, en una especularidad pertinaz marcada por la agresividad y la tendencia suicida de un narcisismo no eficaz. En estos casos, el trabajo entre el objeto y el Ideal se obstaculiza muy temprano. A veces, los vemos apoderarse de un significante supuesto pero sostenido en una relación especular con el Otro, puede parecer una aparente separación pero, sin embargo, su yo queda ligado a un goce pulsional donde el yo ideal parece atestiguar un exceso incestuoso, que revela un conflicto no resuelto con el amor de Otro primordial. Falta un velo a la raíz gozante del amor.
Lacan nos plantea, en otro momento de su teorización, las dos operaciones de alienación y separación constitutivas que tienen consecuencias a nivel de la estructura. A partir de la alienación se puede decir que hay una fundación del Sujeto y en la operación de la separación, Lacan plantea que se trata de la constitución no del Sujeto, sino del deseo. En la separación se funda el deseo. En la alienación se produce esta constitución del Sujeto en el punto en donde el Sujeto se constituye en la medida en que se aliena a los significantes del Otro. Del lado del campo del Otro están los significantes, del lado del campo del Sujeto lo único que hay, y que se puede constituir solo a posteriori, es la pulsión; el recorte de la pulsión va a constituirse sólo en la medida en que pase por el Otro.
En el punto donde la cadena del Otro dice tal cosa, pero hay un intervalo de lo que no se dice, en ese punto el Sujeto puede situar algo de su deseo, o sea el punto de enigma del deseo del Otro. A partir de esa interrogación puede producirse la posibilidad del deseo.
Lacan también habla de libertad, en el sentido de la constitución de un deseo propio. En el intervalo es donde se produce la extracción del objeto, si el objeto se extrae puede instalarse una búsqueda deseante de ese objeto. Una vez que se produce la separación, Lacan nos dice, en Posición del Inconsciente, que la laminilla o la libido puede desplazarse e ir libidinizando los objetos del deseo y los significantes diferentes en su mundo. Es allí donde se arma el movimiento deseante de un Sujeto (3). Aunque estos pacientes tengan una astucia para manejarse con los significantes del Otro, tienen una gran pobreza en el campo del deseo. Allí es donde va la apuesta analítica a tramitar la separación. Pueden haber quedado casi coagulados por la marca de un significante que apunta a un sentido y que opera casi con la fuerza de un nombre propio, la separación es el problema. Es allí desde donde la voz y la mirada del lado del deseo del analista, jugados en la transferencia, lo saca de ese engarce a los objetos de la demanda con los que han quedado enlazados gozosamente. La transferencia es el lugar donde se sitúa la cuestión del deseo del analista en relación a la posibilidad de la separación. En muchos casos están investidos por un significante que toma un carácter fuertemente superyoico, que a veces se transforma en su destino: actúan y son percibidos como jugando en la cornisa.
Así, los padres quedan en posición de meros testigos de sus excesos, de esa lucha infinita para intentar separarse del Otro. Porque ocurre que estos niños si bien están alienados al deseo materno, lo están más aún al capricho de la madre, es decir, sin un pasaje por la ley. Por ello podemos decir -siguiendo a J-A. Miller- que se encuentran menos ligados al “fantasma” que a la pulsión. De este modo, al no aparecer la falta del Otro, no surge la pregunta sobre el enigma del deseo del Otro. Y lo que suele observarse en la pareja parental es que la madre toma al niño como objeto precioso mientras que el padre opera como un simple partenaire del niño.
Efectivamente, en estos niños algo se encuentra alterado en las operaciones de alienación y separación, y siguen alienados más que al deseo materno, a la lengua materna. Dicho de otro modo, ellos no aparecen ligados al fantasma, que en tanto tal es una respuesta a la pregunta por el deseo de la madre, ya que lo que falta es precisamente ese enigma. Falta, por lo tanto, la intermediación paterna por parte de estos padres, frecuentemente tan narcisistas, que dejan al niño del lado materno. Estos son los niños que se reivindican, como lo dice Freud (4), como una excepción, reivindicando el derecho de ser una excepción.
Un niño es adoptado por una mujer sola, una mujer de otra nacionalidad. Él concurre a una escuela bilingüe y es un buen alumno cuando lo desea. Al mismo tiempo provoca continuamente a la madre diciéndole que él quiere volver a la “madre de la panza”. Lo embargan ataques de furia. Se suceden situaciones muy difíciles en la escuela con agresiones, ataques de rabia hacia las maestras y el personal que lo cuida. Parece haber un profundo rechazo al Otro. Así, este niño que injuria permanentemente al Otro, con este rechazo a la madre se identifica al supuesto rechazo del Otro. Es curioso que esto empiece a suceder en el momento en que la madre se divorcia de un marido al que el niño siente como echado.
Este niño nace así a un mundo que vivencia como hecho de códigos caprichosos, ese es el mundo que él rechaza todo el tiempo: lo que le dan, todo lo que se le ofrece. Aparece un juego, se esconde, yo lo tengo que buscar, pero antes debo localizarlo con una frase. Es ese momento en el que él aparece jugando al “tono correntino” (5). Este juego es repetido varias veces. Le digo entonces que estoy buscando la voz correntina. En ese momento él me cuenta que es muy amigo del señor que cuida el campo de la madre, campo que está ubicado en el lugar donde fue adoptado. Se constata así que es en el encuentro dentro de un dispositivo analítico donde la instancia que hay en el Otro toca un punto de su manera de hablar, de su estilo de hablar, y lo reengancha a hilos de un lugar de su historia.
Freud nos enseñó que en la constitución de un sujeto, para que pueda acceder a la simbolización, es necesaria la separación del Otro. El niño del carretel nos muestra que él tuvo que privarse, separándose, privándose del goce de la mirada materna como objeto, cediendo un objeto al tiempo que hará aparecer los significantes del juego del fort-da (6). Se trata de ese carretel que ante la partida de la madre, entrando en relación con ese objeto, haciéndose mirar, va a permitirle recuperar la mirada del Otro. Por ello decimos que el fort-da es la matriz del fantasma, y que ese objeto es aquel con el cual el sujeto se relaciona cuando el Otro no está.(7)
La cura, en el dispositivo analítico, permitirá que estos niños se encuentren con nuestra mirada y nuestra voz como semblantes. No se tratará de restituir lo que no tuvieron, sino posibilitar que construyan algo diferente. Así, será posible en una cura maniobrar con estos objetos, sustraerlos, retirarlos, hacerlos ruidosos. Este encuentro del sujeto con el deseo del analista le da una oportunidad en la cura: recortar una mirada extasiada, una voz con tonada. En otras palabras, recortar este lazo en la transferencia permitirá descompletar, quitarle la fijeza a lo fugaz de ese goce y que aparezca otra cosa que el niño podrá inventar. Allí es donde nosotros apostamos a lo que Lacan llamaba la presencia del analista, porque lo contingente será que el niño, en un encuentro con un analista, pueda encontrar algo en su estilo, en su manera de alojarlo, que le permita y le dé posibilidad a un nuevo amor, el amor de transferencia.
Si dijimos que estos niños imaginarizan al Otro, si hablamos de una falicización del yo, acompañado de un goce que no cede y que insiste en el regodeo de un plus de gozar, se tratará de ver de qué manera puede producirse algo de la separación del objeto en relación al Otro. Como en el caso del niño correntino donde la voz dio la pista de un objeto que fue para él la posibilidad de un lazo distinto con el Otro, ya que en el mismo punto donde se produce la separación con el objeto, puede aparecer un nuevo objeto y los significantes que lo comandaban.
En este caso, se trató de, una vez localizado, separarlo de un significante hostil que imaginarizaba el rechazo, y propiciar que esos significantes se pusieran en juego de otra manera. En otro caso, un niño de cinco años oscilaba entre un juego muy ocurrente y un ignorar al Otro que a veces parecía un desafío y otras veces simplemente expulsaba, eliminaba al Otro. Era muy difícil ponerle límites porque simplemente no escuchaba. Era muy llamativa su mirada fuerte, fija, decidida. Él, casi todo el tiempo, hacía lo que quería. Sus conductas a veces llegaban a situaciones de riesgo. Un día se desprendió de la mano de la mucama y se fue a jugar al borde de una ventana. Su madre decía que le producía mucha fascinación su inteligencia, pero que siempre sintió que la sobrepasaba. Desde que abrió los ojos por primera vez como bebé, ella quedó impactada por esa mirada. “No era la de un bebé, sino la de un pequeño hombre.” Esto produjo entre ellos siempre un lazo de mucha tensión, por un lado, muy dedicada al niño, y por otro lado, sobre un clima donde el que comandaba era el niño. Un juego comienza a repetirse en sesión. Primero, dibuja muñecos con ojos grandes vacíos, corta en una entrevista ese papel en forma de careta, y queda la cara con los ojos vacíos puesta sobre su cara. Comienza una secuencia que repite donde juega con un espejo. Con el espejo enceguece mi mirada. Me doy vuelta con la silla y le retiro mi mirada. Queda conmovido, queda impactado.
En otras sesiones aparecerá otro juego. Tomará una muñeca y un muñeco, los hará encontrarse, se dirán “hola” y propondrán un juego. Aparece allí por primera vez un juego de uno con el otro.
Resumiendo: el fort-da freudiano será una orientación en la cura, para que allí se constituya algo diferente. Se trata de un nuevo tratamiento de la demanda, a través de su pasaje por el Otro. Una de las maniobras consistirá en hacer algo para instalar una falta y lograr el surgimiento de la demanda por parte de estos sujetos. Podemos plantearlo como un modo de tratamiento de lo pulsional por medio del deseo del Otro, situando así la voz y la mirada como objetos que están siempre presentes.
P.-G. Guéguen lo formula de esta manera: delimitar lo real. Se trata de apuntar a delimitar lo real para cada sujeto, o sea, aquello que quedó como un encuentro memorable con lo real. Ese es otro punto que me gustaría destacar: al tratarse de niños que monologan, sólo escuchan al Otro si el Otro dice lo que ellos saben. J-A. Miller nos sugiere que en estos casos deberíamos pensar en una clínica del despertar, más propiamente, de la pesadilla que lo acerca al objeto a. Si la pesadilla despierta es porque algo se impone, resuena en el cuerpo y rompe la homeostasis. El amor como operación está en la base de la humanización de la entrada en la cultura, y en ese sentido es algo que siempre implica una pérdida. Este amor es lo que los psicoanalistas denominamos amor de transferencia. Allí es donde se sitúa su fundamento que es lo que Lacan llamaba la presencia del analista.
Lo contingente será que el niño en un encuentro con un analista, con su presencia, pueda hallar algo que en su estilo, en su manera de alojarlo, dé la posibilidad a un nuevo amor y a su separación.
Notas:
1-. J-A. Miller “Usos del lapso”, Editorial Paidós, 2004, Capítulo 8 “Capricho y Voluntad”.
2-. Enric Berenguer “Psicoanálisis: enseñanzas, orientaciones, debates” Edición Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, pag 111.
3-. Clase Seminario “Pensar la castración en niños y adolescentes“, 1/9/2008, Patricio Alvarez.
4-. Sigmund Freud “Las excepciones: Ensayos de psicoanálisis aplicado”
5-. Tonada del español que se habla en la provincia de Corrientes, en la región del litoral de la República Argentina
6-. Sigmund Freud, 1920, “Más allá del principio del placer” Ensayos de psicoanálisis.
7-. Philippe Lacadée, 2003, “Le malentendu de l’enfant”, Cap 5, Ediciones Payot Lausanne.
* Publicado en PAPERS nº 9. Comité de Acción de la Escuela Una - Scilicet.














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