26 de Octubre de 2012
Asesinos solitarios, matanzas colectivas. José Ramón Ubieto (Barcelona)
La tentativa de un joven que preparaba una matanza en la Universidad de Illes Balears, imitando los sucesos de Columbine, hay que ponerla en serie con otras anteriores consumadas. Todas ellas ofrecen diversas claves de lectura: la patología mental del agresor, la tenencia de armas por parte de la población, las motivaciones racistas o la influencia de las ficciones (series y películas) con fuerte contenido violento. Hay un detalle en el que vale la pena detenerse, presente en estos episodios: el mensaje que el propio agresor envía y que termina por llegar al destinatario.
Puede tratarse de un blog/diario, como en este caso, de letras de canciones (Wisconsin), una carta-paquete dirigida al psiquiatra (Aurora), un vídeo casero alojado en alguna web (Toulouse) o un libro con sus reflexiones personales (Utoya). Este hecho pone de manifiesto que no se trata de un acto impulsivo, un pronto irracional, desconectado del Otro. Más bien parece que siempre hay algo que decir o que mostrar y no quieren que su acto y su nombre queden en el olvido.
Es así porque en el origen hay una tesis paranoica radical, fundada en un sentimiento de exclusión, un rechazo que imputan a un otro colectivo (familia, clase, comunidad religiosa, estado). En muchos casos ese rechazo se corresponde a episodios de acoso escolar, abandono familiar, maltratos o abusos. Aquí no es el hecho en sí lo que cuenta, sino la interpretación que ese sujeto le ha dado en términos de segregación y perjuicio.
Limpiar esa “mancha”, borrar esa impureza del otro deviene entonces, para estas personas, una misión a planificar cuidadosamente. Wade M. Page, sospechoso del asesinato de Wisconsin, dijo haber creado su banda musical “End Apathy” para combatir la “degradación del valor de la vida humana” producida por “la sumisión a la tiranía y la hipocresía”.
La certeza de su tarea se impone como una idea fija y solitaria, salvo en casos excepcionales cuando encuentran un partenaire con planteamientos similares. La participación de algunos de ellos en unidades militares, como el caso de Page, proporciona una “salida” fallida a ese odio acumulado.
Predecir estos actos, como cualquier otra conducta, resulta iluso ya que el comportamiento humano no responde a patrones exactos como los objetos simples que estudia la física y que describen trayectorias predecibles de acuerdo a leyes fijas. Los sujetos somos más imprevisibles y nos orientamos por esa “decisión insondable del ser” (Lacan), de acuerdo a esquemas complejos, no lineales.
Un dato no menor, presente en muchos casos y detectado por los propios servicios secretos de los EEUU, a raíz de la matanza de Columbine, es la ingesta desde la infancia, y por largos periodos, de psicoestimulantes prescritos por un supuesto trastorno de hiperactividad.
La combinación de anonimato y difusión global que ofrece la red resulta un estímulo muy apreciado para su objetivo de gritar el odio y mostrar la realización de su misión. A veces ese “ruido” virtual es compatible con cierta “normalidad” social y su silencio suele ser más expresivo que la verborrea bravucona de otros violentos.
Quizás la constante más notable sea el aislamiento personal y la desconexión social de estos sujetos, salvo cuando encuentran el asidero de una “ideología “ racista que parece funcionar como rasgo colectivo y lo disimula. Aquí funciona la polaridad ellos-nosotros, más que la convicción intelectual.
*Publicado en La Vanguardia, Tendencias.
Visite: http://joseramonubieto.blogspot.com.es/
23 de Octubre de 2012
Crónica: “Los expulsados del capitalismo salvaje”. Candela Dessal López (Madrid)
La disertación del psicoanalista Gustavo Dessal hurga en las heridas abiertas del (des)orden moral de la modernidad y ofrece una interpretación del malestar civilizatorio esclarecida por la visión analítica.
El desarrollo paralelo de ciencia y capitalismo fue la llave de paso de un sujeto atravesado por la pulsión de muerte para poder explotar su goce más perverso: el monopolio sistematizado del dolor de existir. Hoy la dignidad del hombre no es el punto de partida, sino el privilegio que se recibe cuando se logra encajar dentro de los límites del sistema, con el riesgo perpetuo de caer en el saco roto de los desafiliados, de los expulsados, de los desechos cosificados, desclasados y arrojados al no-mundo.
La singularidad de la lectura que hace Dessal acerca de la condición trágica de la existencia es que no se limita a denunciar las relaciones de poder, la presión de los mercados o una clase política mercenaria del capital como sujetos abstractos confabulados a favor de las fuerzas del mal contra la bondad natural del ser humano. Lo perturbador de su declaración, que confirma algo que Freud y Lacan ya pudieron enunciar, es que Eros no es el dios monoteísta del inconsciente, sino que Thánatos es su infame reverso. Y esa agresividad pulsional del hombre se vuelve mortal bajo las condiciones de la modernidad: la racionalidad científica, que libra al goce de los significantes del Nombre del Padre (como la deidad o la naturaleza); y el capitalismo, que a través de lo que Marx llamó “fetichismo de la mercancía” permite convertir al sujeto en un objeto del deseo del Otro, del goce ajeno.
La modernidad ha sido, siguiendo este argumento, el escenario del desencantamiento del mundo, de su declive moral. Pero, al mismo tiempo, es esa grieta en el consenso de la bondad natural humana lo que convierte al psicoanálisis en una imprescindible herramienta de defensa ante el dolor de existir, una oportunidad de reintroducir al desecho en el mundo, de orientar su cura a través de la reconciliación con lo insondable del ser, capaz de gozar en el sufrimiento. Esta oportunidad de redención que brinda el psicoanálisis se convierte en un compromiso moral urgente dentro de un mundo en el que la expansión incontrolable de desechos humanos se ha vuelto parte del paisaje común.
* Conferencia pronunciada en el ciclo de conferencias del Nucep 2011/12 (Madrid)
20 de Octubre de 2012
AMOR A LA LETRA (3)- Bibliografía Razonada XI Jornadas de la ELP: Un nuevo Amor... Gloria Flores, Vicente Palomera, Rosa López Sánchez, María Navarro.
EL AMOR AL NOMBRE
Gloria Flores
“La poesía, como el amor siempre están en entredicho”
Mi comentario hace referencia a un libro que se titula “El Amor al Nombre” de Martine Broda y que constituye un ensayo sobre la poesía y la lírica amorosa hermosísimo. Cuando lo leí recordé una conversación privada con Marie Hélène Brousse, hace ya muchos años, en la que yo le comentaba que cuando escribía poesía no había un destinatario en lo real sino que iba dirigida a esa Cosa imaginaria de la que ya hablaba Lacan, incluso a un nombre. Encontré la misma tesis en Martine Broda, cuyo ensayo propone profundas lecturas de poetas, desde Dante al Aragon del “Loco de Elsa”, todos ellos ligados a la problemática amorosa.
De todos los capítulos he seleccionado “El Amor al Nombre”, al azar. Ya Broda nos recuerda en la primera página de su libro que desde Lacan, “se puede hablar de que el sujeto que se enuncia líricamente, al precio de una pérdida narcisista, no tiene nada de un yo ni tampoco está solo, ya que, aun siendo todo deseo singular, la cuestión del deseo es una cuestión universal”. La autora intentará deconstruir la “doxa” en la que estamos instalados respecto a la lírica. Siempre nos hemos perdido en la “translation” y han llegado hasta nosotros textos aberrantes debido a ello. En la lírica el sujeto de la enunciación no tiene porque confundirse con el enunciado, el poeta sería una pura instancia de enunciación. De hecho Diótima, en El Banquete de Platón, bosquejará un paralelismo entre la poesía y el amor y Lacan nos lo recuerda constantemente.
El poeta persa Djamí, por boca de Aragon dirá “Practico con tu nombre/el juego del amor”. Esto es escribir, hacer el amor a un nombre, como Du Bellay “lleno con un hermoso nombre ese espacio vacío”. Formar tejido (texto), a falta de consistencia, en torno a un nombre, hace dique contra la angustia y adviene la urdimbre de la lengua suspendida en torno a un significante que no es cualquiera, es un nombre. Un nombre que puede ser pantalla para proteger a una mujer real, como en el caso de Dante, donna dello schermo como el senhal en los trovadores. Broda dirá que este nombre es falso porque se interpone con relación al objeto sin nombre del fantasma, en dirección a la Cosa que es innombrable.
Recuerdo un poema que escribí hace diez años en el que decía “el poeta miente, siempre ha mentido”. La falsedad poética surge donde la falta clama o donde el signo arrastra el deseo. Todo amor es metonímia. Fueron los poetas árabes (Lean, por favor, “El Collar de la Paloma”, un bellísimo Ars Amandi escrito por un árabe en la ciudad donde vivo en la Edad Media), los que inventaron todo el amor cortés, encubriendo como si de una divinidad se tratara, el nombre del imposible objeto de amor.
__________________________
SOBRE M. DURAS Y EL AMOR
Vicente Palomera
M. Duras escribió mucho sobre el amor, especialmente sobre su final. Podemos aprender mucho del amor sólo cuando éste es substituido por otro.
En Lacan hay diversas vertientes del amor y seguramente tantas como formas en las que Lacan amó (amor a la imágen, al don, al objeto agalmático, a la causa del deseo, al sinthoma). Estas diversas modalidades de amar parecen sucederse y sustituirse entre sí, pero lo que permanece como pregunta es saber cómo un amor reemplaza a otro.
Se ha dicho y escrito mucho que lo que caracteriza al amor es fundamentalmente el hecho de enamorarse. En la lengua inglesa y francesa el comienzo del amor se expresa con las palabras fall y tomber, que indican la caída, cuando tropieza y es golpeado por él. En la lengua italiana y española el verbo enamorarse, el sustantivo enamoramiento, y el adjetivo enamorado indican un proceso en el cual el “flechazo” o el “rapto” son un momento, un acontecimiento. El enamoramiento caracteriza inconfundiblemente el inicio, el origen, las mañanas del amor, el amor en su estado naciente.
Pero, lo que Lacan encuentra en Duras –y seguramente fue lo que le interesó a Lacan– es que ella no nos muestra tanto un interés por el amor in status nascendi, como por el momento en el que el objeto de amor queda al desnudo, es decir, cuando un amor ha llegado a su fin y el objeto amado se ve despojado de la imagen que hasta entonces lo recubría, es decir, el momento en el que el amor abandona su objeto para dirigirse a otro nuevo.
En su comentario sobre El arrebato de Lol V. Stein, Jacques Lacan lo plantea en forma de un interrogante: ¿No basta esto para que reconozcamos lo que le ha sucedido a Lol, y que revela lo que concierne al amor; o sea, a esa imagen, imagen de sí mismo, con que el otro nos reviste y nos viste, imagen que nos deja, cuando nos despojan de ella?
Podríamos decir que para Duras el modo en que un amor termina nos puede enseñar mucho más sobre el amor que el modo en que este nace. Es interesante que, si bien muchas de sus novelas describen amores que acaban, sin embargo, es notable que ese amor que llega a su fin no desemboca nunca en el odio. El final de un amor surge en un contexto en el que el personaje atisba en su pareja el comienzo de un nuevo amor. ¿Qué es el amor? Creo que podemos extraer una “definición” del amor en Duras que parece tautológica. Podríamos formularla así: un amor es lo que acaba cuando nace un nuevo amor. ¿Qué queda cuando un amor reemplaza otro?, ¿qué queda del amor cuando es substituido por otro? En verdad, ella se esforzó por dar forma a esta concepción en varias novelas suyas.
Lacan cree pertinente tomar la novela central, El arrebato de Lol V. Stein, aunque la primera de esta serie de novelas fue Las diez y media de una noche en verano. En su comentario sobre el El arrebato de Lol V. Stein, Lacan se refiere también a esta primera novela de la serie, en la que se describen dos dramas. Una pareja viaja con una amiga a España. Una tormenta los retiene en el hotel de un pueblo. En ese pueblo ha habido un asesinato. Un hombre mató a su mujer después de descubrirla en los brazos de otro. Tras el asesinato, huye. La policía está buscándolo. En un determinado momento del relato, en el hotel en el que se hospedan, María descubre, por el resplandor de un relámpago, a su marido besándose con la amiga y, también, ve en el techo al asesino fugitivo buscado por la policía. María se debate entre salvar al asesino, asesinar a su marido y la amiga o suicidarse por la relación que ella tiene con el alcohol. En el relámpago que ilumina las diez y media de la noche de verano está todo el núcleo de la esta breve novela. María dice entender lo que fue su amor por este hombre justo en el momento en que ve nacer en él un nuevo amor por otra mujer. Digamos que entiende lo que fue su amor justo en el momento en que lo pierde. Pero en todo esto no hay nada dramático. Es evidente que en María hay un cierto goce en la substitución del amor, ya que no siente celos y tampoco muestra odio respecto a la rival. El odio, en verdad, hace que falte aquello que hay de substitución en todo amor.
En la historia, el odio corresponde al hombre buscado por la policía, porque ha matado a la mujer y el amante de la mujer. Como Dupin, en La carta robada de E.A. Poe, María es la única persona que logra verlo, oculto en un techo. Digamos que este hombre, invisible para todos, imperceptible como una mancha en el techo, se identifica con esa mancha para esconderse, él mismo se había convertido en una mancha.
Entonces ¿por qué ve la mancha María? Porque ella misma se había convertido también en una mancha a causa del otro amor, es decir, reducida a una mirada que es una mancha a causa del nuevo amor de su pareja. María esconde a ese hombre en un campo de centeno, aunque llega demasiado tarde para salvarlo y el hombre se suicida.
Por su parte, en El arrebato de Lol V. Stein, la historia de Lol V. Stein que ve cómo, en el transcurso de un baile, otra mujer, Anne-Marie Stretter le arrebata a su novio, Lol V. Stein es como aspirada por esa escena, quedando atrapada en ella en la que esa mujer se lleva a su amante. Encontramos la misma estructura, que bien podríamos definir así: Podemos descubrir lo que sostenía un amor cuando éste llega al final y somos substituidos por otro objeto de amor.
__________________________
EL GOCE DEL UNO NO ES SIGNO DE AMOR
Rosa López Sánchez
Jacques Lacan comienza el seminario Aun con su famosa frase: “El goce del Otro no es signo de amor”, comentada en innumerables ocasiones. No quiero detenerme en esta fórmula, sino en aquella otra con la que el libro XX encuentra su punto final: “Saber lo que la pareja va a hacer no es prueba de amor”. Como puede comprobarse, ambas comparten el mismo modo de construcción lingüística, lo que produce un efecto de abrochamiento entre la apertura y el cierre del seminario.
En el contexto de este capítulo podemos deducir que ese saber sobre los actos del otro no puede pensarse como una prueba de amor sino más bien de odio.
Lacan se despide dirigiendo a su auditorio una pregunta que tiene cierto tono de reproche: “¿Seguiré el año próximo? ¡Hagan sus apuestas! ¿Querrá decir que los que adivinen es porque me quieren? Saber lo que la pareja va a hacer no es prueba de amor”.
¿En quiénes está pensando cuando dice esto? Hay un hecho que le había afectado bastante en aquellos días y al que se refiere en páginas anteriores. Se trata de la aparición del libro Le titre de la lettre (El título de la letra) escrito por Philippe Lacoue-Labarthe y Jean-Luc Nancy, esos subalternos cuyo nombre no quiere mencionar. La paradoja de este libro es que los autores, que utilizaron para hacer su trabajo de maestría el escrito La Instancia de la letra, lo leyeron con “tanto amor” (subraya Lacan con ironía) que desembocaron finalmente en el odio más frontal. Es porque no le presuponían el saber, por lo que pudieron leerle mejor que los que le amaban. Del mismo modo, Lacan asegura que aquellos que vienen a escucharle con asiduidad para utilizar en su contra el saber que les ofrece, son los que probablemente adivinen qué va a hacer el próximo año.
Estamos de lleno en el terreno de la transferencia, donde la oscilación entre el amor admirativo al saber supuesto en el analista puede dar lugar al odio desconsiderado de ese saber, incluso a la crítica más aguda. En estos párrafos Lacan interpela a su audiencia en numerosas ocasiones, habla de sí mismo, y transmite su propia experiencia respecto a los efectos de amor u odio producidos por la exposición de su saber. También declara su deseo soñado de encontrar un día la sala del seminario vacía y, entonces, poder dedicarse a abanicárselas en lugar de quedarse hasta las cuatro de la madrugada fabricando un saber que, quizás, no sirva para nada.
En la pagina 83 del Seminario XX, Lacan muestra que tanto el amor como el odio están íntimamente relacionados con el saber: “A aquel a quien supongo el saber lo amo.... si digo que me odian es porque me de-suponen el saber”. Ahora bien, es fundamental distinguir cuál es la diferencia entre estos dos modos de saber, el que anima el amor y el que da lugar al odio.
El saber del amor
"Todo amor encuentra su soporte en cierta relación entre dos saberes inconscientes" (Aun, pág. 174). Esta relación entre saber y amor es el resorte del SSS en la transferencia y guarda también el secreto de la elección del objeto de amor que fue largamente estudiada por Freud.
Lacan toma como punto de partida la inexistencia de la relación sexual para entender el estatuto del amor. No hay relación sexual porque el goce del Otro es siempre inadecuado.
Del lado del hombre, es un goce con un componente perverso que le lleva a reducir a su pareja a la dimensión de objeto a. Del lado de la mujer, es un goce loco, enigmático, errático. Ante este fatal destino, la respuesta amorosa viene a ser una apuesta valiente que se pone a prueba
El amor es del orden de la contingencia, frente a la relación sexual que pertenece a la categoría de la imposibilidad. Una contingencia que surge en ciertos encuentros cuando entre los dos miembros de la pareja se produce un modo de reconocimiento muy particular. Se reconocen en sus síntomas, en sus afectos, en sus fallas, en definitiva, en todo aquello que marca la huella de su exilio como seres hablantes de la relación sexual (“A mí me pasa, lo mismo que a usted”, reza una conocida canción de amor...).
Lacan nos ofrece en este seminario una visión muy diferente de la idea freudiana del amor narcisista, que sitúa al otro en el lugar del ideal del yo. Lo que en Freud es desconocimiento de ese fatal destino en el que consiste la ausencia de relación sexual, en Lacan es ahora (no siempre fue así) valentía. Desde la perspectiva de la contingencia, el amor no se da entre un yo y el ideal, sino entre dos exiliados que por un instante encuentran un refugio común. Lo que despierta el amor por el otro es aquello de lo que cojea, su falta, porque en el amor se produce el reconocimiento del modo en que el partenaire se encuentra afectado por el saber inconsciente. Entonces, dos saberes inconscientes entran en sintonía.
El saber en el odio
El problema surge cuando pretendemos saber más sobre el otro, incluso, podríamos decir, cuando se quiere saber “demasiado”. No nos alcanza con el reconocimiento de ese sujeto del inconsciente, también queremos aprehender su ser. Si la relación de sujeto a sujeto mueve al amor, la relación de ser a ser conduce indefectiblemente al odio, porque se dirige al goce. El amor promueve un acompañamiento en la vida como paliativo de la soledad, pero cuando entra en escena el goce de cada uno se rompe toda ilusión de compañía, porque el goce es siempre goce del uno (autista, solitario) y no consuena con el otro. Si el goce es lo más singular y solitario del ser hablante, en esta dimensión no hay lazo posible.
El drama del amor se produce al querer pasar de la contingencia a la necesidad, es decir, cuando se intenta que la experiencia que hizo cesar la imposibilidad de la relación sexual perdure en el tiempo, lo que implica ya la repetición. ¿Cómo no caer en esa deriva hacia la necesidad que acaba por degradar el amor? Odiamos a aquel que amamos porque se ha convertido en algo necesario, y el sentimiento de dependencia vital nos lleva inevitablemente hacia el odio.
Lacan creó el neologismo hainamouration (odioenamoramiento) para indicar ese punto crucial de reversibilidad del amor en odio que transforma al partenaire en algo insoportable. Esa cara que antes nos fascinaba, ahora ya no podemos ni verla y esa manera de ser que nos enternecía por sus fallas comienza a resultarnos insufrible. No aguantamos ni lo que dice ni lo que hace, porque sabemos demasiado sobre su modo de goce que nos excluye.
Subrayemos que en el odio lo que esta en juego es el “modo” de gozar del partenaire cuyos signos reconocemos y hasta sabríamos describir, pero no podemos experimentarlo porque se trata del goce del Uno. Aunque Lacan no llega a decirlo me parece que con este último capítulo podríamos rectificar su formula inicial ( que él mismo encuentra precaria) y afirmar: el goce del Uno no es signo de amor.
Frente al goce Uno del semejante la respuesta puede ser el rechazo (cuyo máximo exponente es el odio del racismo) o la aceptación. Desafortunadamente, el odio es un sentimiento más estable y radical que el amor, porque no depende de un discurso que lo sostenga.
Llegados a este punto propongo que pensemos si la reversión del amor en odio es absolutamente inevitable o, por el contrario, el análisis puede darle al amor otro destino.
Por una parte, algunas psicosis nos demuestran que no todo odio proviene del amor, ni es susceptible de reversibilidad alguna. Por otra, la psicopatología de la vida cotidiana da prueba de la existencia de parejas que pueden amarse sin que el odio se convierta en una pasión que los consume.
En cuanto a la experiencia analítica, es crucial diferenciar el deseo de saber del sujeto sobre la letra de su propio goce, un deseo que le permite acceder a su síntoma, del deseo de saber sobre el goce del partenaire, como propone la sexología, creyendo que de esa forma puede hacer existir la relación sexual. El psicoanálisis, por el contrario, no promueve esa orientación del saber sobre el ser del otro, que Lacan califica como “demasiado”, pues conduce a lo peor.
El resultado de un análisis no excluye completamente el odio y no nos convierte en bellas almas angelicales. Por el contrario, el odio cumple una función en la vida y también en la transferencia, pues otorga la lucidez que nos permite situar algo de la letra. La cuestión estriba en que el odio no se convierta en una pasión que degrade constantemente el amor.
Podemos esperar que durante el proceso analítico (y no solo en el final del mismo) se abra la posibilidad de soportar el modo de goce solitario del partenaire sin que eso provoque nuestro rechazo, ni se constituya en una afrenta narcisista, o de lugar a un sentimiento de abandono.
__________________________
DEL AMOR IMPOSIBLE O A CASI TODOS NOS SIGUE ENAMORANDO CASABLANCA
María Navarro
A pesar del discurso generalizado, que insiste en tapar la falta a toda costa, del debilitamiento en los lazos de amor, del llamado amor líquido, los analistas seguimos escuchando cómo el síntoma nombra a cada uno de nuestros pacientes en sus dilemas con el Otro. Y todo dilema conlleva en la disimetría que lo constituye una pregunta por el amor. Sea cual sea la modalidad. Todo el recorrido de un análisis atraviesa el embrollo donde se van despejando, sobre un fondo de ausencia, los nombres que pusimos al velo del amor, aquello que del inconsciente habla y hace síntoma, sus vacilaciones, sus límites, su voracidad, su odio, su dolor, su estrago, su infinitud o su apatía, hasta la depuración. Nombres del amor para inventar uno nuevo.
Ausencia, que nos remite a la falta como condición y velo porque es la ilusión de su existencia lo que permite significarlo y trasmitirlo. Lacan definió al amor de varias maneras a lo largo de su enseñanza y todas ellas encierran -independientemente del momento teórico que abordan- una resonancia poética. Ya sea la que se refiere al Banquete de Platón o al Ars amandi de Ovidio, explicitando su vinculación al arte y a la sublimación en el seminario de la Ética cuando lo comparó al arte de amar y poético propia del amor cortés.
La creación poética cortés implica un paradigma de sublimación pues se articula en referencia a la Cosa que Freud aisló como el primer exterior alrededor del cual se organiza toda la andadura del sujeto frente al mundo de sus deseos. Un objeto que, por naturaleza, está perdido y que le permite situar el lugar de la Cosa y plantear, a partir de la sublimación inherente al arte, un objeto enloquecedor, un partenaire que Lacan llamó inhumano. Pues encontramos en este amor una exaltación donde el ideal lleva a una función de límite, mostrando lo que no se puede franquear a través de hacer al objeto inaccesible. El objeto está separado, como lo está la mujer del hombre, confirmando así la imposibilidad de la relación sexual en tanto complementariedad de los sexos, pues la dama ocupa el lugar de la ausencia de la Cosa, o de aquello que da cuenta de esa ausencia y que Lacan llamó el objeto a.
Esta manera de amar, aunque se aleja de las actuales en su forma de abordar al otro sexo, será la que realce Lacan al final de su enseñanza, en su seminario L’insú, para presentarla como la forma que nos muestra que su lógica sigue definiendo los parámetros dentro de los cuales los dos sexos se relacionan entre sí. Para suplir la ausencia de la relación sexual se finge que uno es el que lo obstaculiza. Un velo con formas exquisitas, que permite abordar la dificultad de enfrentarse a lo que no existe. Se trata de una manera de hacer presente y ausentar a la vez aquello que la Dama representa, que no es otra cosa que un vacío, al igual que el amor que a ella se destina.
Hay una película que quisiera reseñar para estas Jornadas pues su guión se acerca a la manera cortés, en la que se dan varias de las condiciones que esta modalidad de amor requiere: la dama estará comprometida con otro, la relación se mantendrá oculta así como será necesaria una prueba de amor del caballero. Se trata del clásico dirigido por Michel Curtiz, Casablanca (1942) en la que mas allá del marco sociopolítico de la Segunda Guerra mundial que aborda, nos encontramos con una historia de amor imposible, a un hombre, Rick, (Humphrey Bogart) que ha de elegir entre el amor y lo que considera correcto, para dar las pruebas que la bella Ilsa (Ingrid Bergman) pide, para salvarla y cuya prueba, una carta, cumple la condición de mostrarle su amor y mantenerla a la vez inaccesible. El salvoconducto que la llevará lejos con su marido, Victor Lazlo. Rick tomará una decisión que dice ser la correcta pero su precio es perderla a pesar de la posibilidad de huir juntos. Siendo la ciudad de París el espacio que quedará en sus palabras para ubicar ese amor: Siempre nos quedará París dirá Rick velando así lo real de la imposibilidad de la relación a pesar del cuestionamiento de Ilsa al verdadero amor que debería existir entre los dos. Escritura de amor que, oculto aunque a la vista de todos como lo fuera en la carta robada de Poe, contiene nada mas que la ausencia, para sobrevivir, más allá de todos los desastres y convertirse en uno.
____________________________
Les recordamos que pueden consultar los números anteriores, tanto de Amor a la letra como de las Cartas de aLmor en la página Web de las Jornadas
http://www.elp-debates.com/jornadas.html
17 de Octubre de 2012
Cartas de aLmor. Aperiódico de las XI Jornadas de la ELP Nº 4. Oscar Ventura, Eugenio Castro, Eric Laurent, Anaëlle Lebovits-Quenehem, Isabel Alonso Martín.
EDITO.
Oscar Ventura
Dos momentos de concluir ya están aquí. Por un lado la comisión científica va recibiendo los textos definitivos de las 56 intervenciones que han sido aceptadas. El lunes 15 es el día límite. A partir de allí el amor que inspiraron las ponencias será letra definitivamente. Por otro lado, también el mismo lunes se cierra el primer plazo de inscripción para las jornadas. El consejo de la Escuela está evaluando la posibilidad de prolongar este plazo. La idea es facilitar la mayor presencia posible en La Coruña en un momento donde toda España respira al compás de la incertidumbre económica. El Consejo de la Escuela es sensible a esta cuestión. Puntualmente llegarán las informaciones al respecto.
A continuación otro número de cartas.
El amor descompleta la significación, hace que allí donde se escribe no se pueda decir de él la última palabra. Si hay un significante privilegiado para entender la lógica de lo Uno y lo múltiple ese es el del amor. Los mínimos detalles de su experiencia, para cada uno, se vuelven fundamentales. Y cuando los espejismos son reducidos su inscripción queda por fuera del campo de la identificación. El testimonio de su experiencia verifica que no hay posibilidad de homologación, no está inventada su clonación por el momento. No hay pues un amor igual a otro. No somos más que uno. El Amor aspira al Uno. Y para entendernos, nos dice Lacan en Encore ... Hay tantos Unos como se quiera; que se caracterizan cada uno por no parecerse en nada... Pero no obstante los ecos del amor no dejan de resonar en el conjunto, Estos ecos son la presencia, aún, de que el amor sigue siendo el medio privilegiado de hacer con lo imposible. El tránsito necesario para no hacer del goce pura obscenidad.
Sin embargo no podemos obviar la pretensión del discurso que hoy habita el lazo social. Su empuje a reducir el amor a una construcción que sueña con volverlo fórmula universal. Desde rastrear su origen en un gen que pueda identificarlo, hasta la supuesta química que lo desencadenaría, pasando por las pedagogías del encuentro sexual... La búsqueda de su certeza no es más que la impotencia de un aullido que trata de hallar en el amor la ley que a lo real le falta.
Es probablemente en este punto donde todo se vuelve deriva. Entre la universalidad de su presencia y la diferencia absoluta de su consumación hay el abismo que abre la ausencia de la relación sexual. El acto analítico modula ese abismo hasta volverlo, cuando se consiente a ello, la causa misma del deseo. La praxis del Psicoanálisis revela que el amor es puro acontecimiento, él se inscribe más allá, tanto de la verdad formalizada, como de los cautiverios imaginarios por los que transita. Si hace signo es porque en todo ese embrollo no hay más que pura ausencia. Es sólo bajo este telón de fondo que él puede volverse nuevo, sorprender al sujeto como decía Lacan en “un decir que hace acontecimiento. Que hace resonancia en el inconciente del Otro”(1).
No vale la pena perderse el último número de Le Diable Probablement, un monográfico que apunta al corazón bajo el titulo Amoureux: http://www.lediableprobablement.com/
En este número entonces dos cartas llegan desde París y una de Vigo. Un poeta las comenta.
Continuamos...
Nota:
Jacques Lacan, Seminario XXI Les-non-dupes-errent. Inédito. 12 de Febrero de 1974.
___________________
El envío de los textos para Cartas de Almor: Eugenio Castro: eugeniocastro@telefonica.net y Oscar Ventura: o.ventura@arrakis.es
********
COMENTARIOS
Eugenio Castro
0.-Se nota en estas tres Cartas de aLmor que “el amor es llevado a la existencia por lo imposible del vínculo sexual con el objeto de esa imposibilidad”(Lacan Seminario XXI). Se ve en el tan comentado Amor Cortés. Pero dado que las Jornadas son en Galicia en donde la particularidad del amor discurre sobre todo por la vía de las Cantigas de Amigo de una abundancia sospechosa pues que de los 90 autores que las utilizaron la mitad eran gallegos. Pocos las utilizaron en Occitania y bastantes en Portugal, y varios en las Jarchas, pero los gallegos llevan la palma. Hasta Román Jakobson dedica uno de sus trabajos a una cantiga de amigo del vigués Martín Codax.
1.-Lacan, hasta donde conozco, nunca cita las Cantigas de Amigo. Son sin embargo a mi parecer otra forma de abordar la no relación sexual, que tiene su enjundia y no poca. En la Cantigas de Amigo, el trovador varón se coloca en posición femenina de amante-amiga que espera siempre en vano que el amigo-amado llegue para el encuentro erótico. No es la “miha senhor” del amor cortés en donde el trovador varón eleva a la mujer al nivel del ideal inalcanzable como forma de mostrar esa imposibilidad de relación de proporción sexual. Aquí es un varón el amado, un amigo como en el Cantar de los Cantares bíblico. No es la relación de sumisión a la Dama que en la vida real estaba bastante subyugada en la Edad Media. Las cantigas de amigo son de ´”una relación paritaria” como señala la profesora de Compostela Dª Elvira Fidalgo en su libro “De amor y de burlas” de la Editorial Nigratea. Esta “relación paritaria” pero a la vez disimétrica por las posiciones de amante y amado de la Cantigas de Amigo es en donde mejor se aprecia que es en la transitividad de los verbos utilizados (Jakobson dixit) en donde aparece mejor la reciprocidad del amor. Los dos son de semejante nivel social aunque no tanto de estructura y es el mismo amante-amiga quien se inventa esa reciprocidad aunque nunca sea correspondido. El amigo-amado nunca llega ante la amante-amiga impedido por las altas olas del mar de Vigo que se lo impiden, porque la amante no tiene “barqueiro nin remador”, porque además ella no sabe remar y además está en la Isla de San Simón cercada por la mar bravía. Allí en espera del amigo “morrerei fermosa no mar maior, en atendend’o meu amigo”. El amor y la muerte.
En todo caso es también en estas cantigas la “no hay relación sexual” del Amor Cortés.
2.- Sepan que en nombre de esta “No hay…”, tiene en el Seminario XIII (El objeto del psicoanálisis 9-II-1966) el nombre de “la diferencia”.
Además esa ambigüedad, de la posición varón-amiga-amante, funciona como uno de los nombres del equívoco y todo equívoco es signo de una imposibilidad entre los sexos pero también de los pueblos (Véase L’ etourdit).
3.- E. Laurent aborda esta imposibilidad acentuando la disimetría que con el amor tienen el varón y la varona. El goce en silencio del varón y otro el de una mujer. No son lo mismo. Una silencia y el otro calla..
4.- Otro punto es la faceta de esa extraña homeopatía psicoanalítica de que las palabra de amor reparan con las palabras y las letras lo que lalengua deshizo en el ser viviente condenándolo a vagar como hablanteser. Es un “similem simílibus curare” en donde sin embargo, por la disimetría radical de los sexos, el que va para analista puede hacer el amor con el Inconsciente como nuevo amor. Realizar el sueño del amor de que dos sentidos se reunan en uno. Pero…”destino fatal” porque ese equívoco que es el inconsciente, muestra la imposibilidad de la relación y uno que queda con las ganas y el apaño de otro sínthoma. Es un apaño pero no es moco de pavo.
********
UN AMOR MÁS DIGNO
Eric Laurent
A lo largo de su obra Lacan ha abordado la disimetría de los sexos respecto al amor de diferentes maneras, primero como interrogación sobre los místicos y su lugar extraño para enunciar; a continuación: podríamos también oponer el estilo fetichista del amor en el hombre al estilo erotomaníaco en la mujer. En efecto sabemos, cualquiera que hayan sido clínicamente las tentativas de encontrar en la mujer el equivalente de la clínica del fetiche en el hombre, por ejemplo en el fetichismo de las telas, de la envoltura, que no son suficientes, se quedan cortas. El hombre fetichista elige la ropa interior, el zapato, de una manera precisa. Las damas que tienen fetichismo por las telas, más bien se las ponen encima. Es el resorte de la industria del fetiche, rama importante de la industria de nuestro tiempo. La publicidad busca la industrialización de la diferencia entre el punto de vista masculino y femenino bajo la forma: “me gusta llevar lo que a él le gusta tocar”.
Por el contrario, en la clínica de la erotomanía, tenemos en efecto una gran disimetría, la erotomanía es, en un gran porcentaje, femenina. Cuando Lacan habla de “estilo erotomaníaco” del amor femenino, es para colocar en primer plano la certeza del amor. Hace referencia a una versión de la erotomanía que ha producido su maestro en psiquiatría De Clérambault. Este hablaba de lo que llamaba el postulado: el sujeto dice – me ama, estoy segura. No soy yo quien le ama, es él quien me ama. Una verdadera erotomanía estaba siempre construida sobre este postulado. La extraña consecuencia de este amor es que no solamente es él quien me ama, si no que me habla. Todo se convierte en palabra del ser amado y todo es señal del ser amado.
Del lado del hombre, se goza en silencio. El fantasma opera en silencio. Y hay toda una patología particular del lado masculino. El hombre que no debe ser molestado por el ruido o por la palabra fuera de lugar mientras está a lo suyo. O que incluso exige que, si hay palabras, deben todas estar vinculadas al vocabulario en juego en la sexualidad, y no a otro. Del lado de la dama, es necesario que el ser amado hable: “háblame”. Hay aquí toda una disimetría que es uno de los resortes cómicos de las dificultades del amor.
De hecho, el sujeto femenino busca también un goce silencioso. Es el que se alcanza en la experiencia mística. Se encuentra en la notación que Dios se calla, y que se manifiesta por su pura presencia. Es esta relación con la falta en el Otro que Lacan ha apuntado. En el Otro, las mujeres están en relación con ese lugar en el que faltará la última palabra sobre el amor (A barrado). Frente a esta falta, del lado masculino, está el objeto del fantasma, y del lado femenino, lo que llegará al final en su lugar, como dice Jacques Alain Miller en un artículo [1], es el goce de la palabra (A barrado). No es hablar en el sentido de hablar para no decir nada, no es hablar como se dice: “las mujeres hablan, hablan mucho más que los hombres, lo que ha hecho el éxito del teléfono móvil, etc.”; ellas hablan, pero no es este el asunto, es solo la superficie. El elemento profundo es que hace falta que se hable para gozar. El punto en el que del lado femenino la palabra se calla, es también el punto en el que se goza de la palabra. Es el punto del que no puede decirse nada, todas las palabras desfallecen. En este lugar paradójico se manifiesta la esencia misma de la palabra y el punto donde ella desfallece. Es ahí donde las mujeres recobran el silencio de un amor más digno que la charlatenería que describen sus laberintos.
Nota:
[1] “ La Maladie d’amour ”, La Cause freudienne, n° 40.
********
EL DIABLO EN EL CORAZÓN
Anaëlle Lebovits-Quenehem
Del amor se ha dicho todo y sin embargo no se ha terminado. Si se habla de amor tanto y cada vez más, es esencialmente para intentar reducir mediante la palabra lo que la palabra ha introducido de desorden en materia de relación entre los sexos, en los seres hablantes. Y es porque ninguna palabra alcanza adecuadamente este objetivo que justamente no acabamos de hablar de ello.
Aún más y todavía más, este sentimiento demasiado humano hace de nuestras vidas un infierno o el paraíso terrenal, según. Existen muchos partenaires a lo cuales amar y por los que queremos ser amados: hombre o mujer, amante o amigo, hijos o padres, Dios o santos, hermano o hermana, vivo o muerto, y también, el realizador para el actor, el público para el artista, el psicoanalista para el analizante, el editor para el escritor, el profesor para el estudiante…. y recíprocamente.
Sea cual sea el precio a pagar y el compañero que se escoja, el amor exige el gesto de reciprocidad. Es por esto que el sujeto hablante que busca el amor, está dispuesto a los mayores sacrificios con el fin de obtener del Otro aunque solo sea un signo. Los sombríos kamikazes que ofician en nombre del amor de Dios llevan al extremo este rasgo localizable en los amantes apasionados, prestos al sacrificio de su vida para asegurarse ser amados. Romeo y Julieta son sin duda, más que cualquier otras, dos figuras alegóricas del sacrificio que el amor invoca. Llevan esta cuestión al paradigma: el amor puede hacerse estrago y puede hacer signo, de la misma forma que el odio, de una pasión de la ignorancia decidida.
Pero existe también una forma de amor que hace del deseo su causa final y eficiente (como se expresaría Aristóteles), un amor articulado al deseo, un amor que es bueno sentir y en su caso hacer sentir, un amor articulado al riesgo, a la apuesta, un amor que compromete para lo mejor. Porque si el amor se siente más allá del bien y del mal, hay una dimensión ética en la medida en la que solo existe ética del deseo, como Jaques Lacan ha hecho valer con fuerza.
Puesto que sin embargo hay que darse cuenta de que una sola palabra designa estas dos formas de amor de caracteres antagónicos y efectos opuestos, consideremos que el amor es el sentimiento más apropiado para revelar, al mismo tiempo que lo esconde, la divergencia fundamental que caracteriza la relación entre los sexos, en esencia inconmensurables el uno y el otro, y por ello condenados a no poder relacionarse jamás. Si el amor que lleva al sacrificio pretende llenar este hiato irreducible, el amor movido por el deseo lo tiene en cuenta y se acomoda. El amor puede cubrir y agotar el deseo, o bien al contrario promoverlo: he aquí lo que hace la sal y el veneno. Y si existen dos grandes clases de amor, cada uno las siente ambas en proporciones variables.
Para hablar de amor bajo todas sus formas, este número 10 del Diable probablement se ha reunido con algunas estrellas del cine francés, artistas que nos apresuramos a ver interpretar para nosotros las historias de amor las más felices y las más desesperadas, las más simples y las más sofisticadas, una y otra vez. Y queremos creer en estas historias, y queremos creer que los que las interpretan saben arreglárselas con el amor y sus preocupaciones. Esta época supone entonces que los actores poseen un tal saber sobre este tema que las revistas people colocan en su portada los amores reales de algunos de ellos. Pero aquí, nada de cotilleos: los actores nos hablan de ellos y nos enseñan sobre su representación del amor, es decir, sobre la manera cómo se las arreglan con el malentendido fundamental que rige las relaciones humanas.
Le Diable se adueña entonces aquí de esta tema forever actual bajo los proyectores de Denis Podalydès, Léa Seydoux, André Wilms, Charlotte Rampling, Anne-Lise Heimburger, Philippe Caubère, Valeria Bruni-Tedeschi, Éric Caravaca, Amira Casar, Dominique Blanc, Arthur Igual y Marina Hands. El dossier de la redacción está dedicado, por otro lado, a la manera de amar en los albores del siglo XXI. Ya que no se ama hoy como se amaba ayer. Esta época imprime su marca hasta en este sentimiento existencial. En cuanto a las crónicas, encontraremos al director Matthias Lanhoff en “La Théatrale”, al realizador Patrice Leconte en “Entretien dans le tumulte”, al Kremlin en “L’internationale”, The Artist en “Derrière l’écran” mientras que Noam Assayag canta al amor en “Apoème”. Una razón para aprender bellas historias sobre el vigor del amor que lleva la voz cantante en la comedia humana.
********
¿SERÁS AMOR...?
Isabel Alonso Martín
Los hombres y las mujeres nos enamoramos ¿ Por qué se produce este acontecimiento? De Homero a Leonard Cohen pasando por trovadores y demás poetas, el amor ha sido cosa de escritura.
Nosotros analistas, nos orientamos en la enseñanza de Lacan. Aún es un seminario en el que dará vueltas en torno al amor . Algunos apuntes:
1.- “Todo amor encuentra su soporte en cierta relación entre dos saberes inconscientes” añadiendo cuando se refiere a la elección de amor que se trata de “un reconocimiento por signos puntuados enigmáticamente”.[1]
Amor y goce, ¿cómo poder resolver la cuestión del amor cuando parte del goce Uno y de la inexistencia de la relación sexual ?
Cuando se refiere a la demanda de amor apunta al amuro, (homofónico de amor en francés): “es el amuro, lo que aparece en señales extrañas sobre el cuerpo”[2]
Podemos tratar de entenderlo: los signos de goce, goce que realiza la auténtica pareja del sujeto mediante el plus de goce.
Hay un muro que separa a los sujetos, para que se puedan enlazar, Lacan da una clave: éste plus de goce se puede vestir con el hábito del amor.
Es un hábito, una vestidura que se teje con hilos hechos de síntomas y afectos[3], de lo más singular de cada uno, como aquel paciente que se enamora de mujeres-niñas, en tanto le resuenan de una manera particular o la mujer que encuentra en la mirada de un hombre,” mirada mágica”, un signo de su rasgo propio de “indómita”.
El encuentro amoroso está marcado siempre por la contingencia, los partenaires podrán vislumbrar en ese otro amoroso un saber inconsciente, al que van a responder sinthomaticamente.
2.- “Un instante da la ilusión de que la relación sexual cesa de no escribirse, durante ese tiempo de suspensión lo que sería la relación sexual encuentra en el ser que habla su huella y su espejismo” Prosigue “ el desplazamiento del cesa de no escribirse al no cesa de escribirse, es decir de la contingencia a la necesidad, este es el punto de suspensión del que se ata todo amor”[4]
Esta contingencia del encuentro amoroso, hace creer que la relación sexual existe, disfraza el muro que separa al hombre y a la mujer y ambos creen ojear el espejismo de hacer de dos uno. Este espejismo que se rompe, como en una mujer que acude desconsolada porque se había roto la ”burbuja del amor” al comprobar que su novio no respondía a todas sus demandas, algunas imposibles.
El amor surge entre dos, ante la aparición en el otro del amor, de un signo singular algo que se trata de aprehender.
Enamoramiento en un instante fugaz, momento en el que se muestra un trozo del goce del sujeto que hace que otro lo capte y le resuene en su cuerpo, en aquello que le es muy propio y preciado, como “la paciente indómita” que percibió un goce propio que nombró como “salvaje” en ese hombre elegido.
3.- Algo hace signo “en el encuentro en la pareja de los síntomas”[5]. Se abre la posibilidad del amor en “eso” que también está de alguna manera en la singularidad del amado.
Este signo que aparece de una forma fugaz muestra un trocito de real, la marca de una inscripción de una escritura, de una letra.
De cómo se haga este amor dependerá de esos dos sujetos, tocados y afectados por su síntoma, de su posición en la pareja y de la envoltura que puedan inventar, de cómo puedan y quieran tejer con los hilos del amor.
El amor es una forma de hacer con el amuro, esta vestidura amorosa separará al partenaire de ser un mero medio y objeto de goce.
El amor también es discurso por tanto también es una escritura, de como dos que se aman escriben el amuro.
Para terminar un fragmento de” Razón de Amor” escrito en 1936 por Pedro Salinas
¿Serás amor
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio es separarse.
En el primer encuentro
con la luz ,con los labios
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo,
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra de la primera condena de la vida.
__________________
Edición de cartas de aLmor: Oscar Ventura. o.ventura@arrakis.es
14 de Octubre de 2012
Crónica: “El triunfo planetario del discurso capitalista. Consecuencias subjetivas de la instauración del estado de malestar”*. José Alberto Raymondi (Madrid)
Bajo el titulo: “El triunfo planetario del discurso capitalista. Consecuencias subjetivas de la instauración del estado de malestar”, Luis Seguí, nos llevó por senderos históricos que se remontan a 1847, cuando Marx y Engels redactaron el “Manifiesto del Partido Comunista”.
Tal recorrido, impactante y directo, nos introdujo rápidamente en el contexto de una realidad social y política en donde la lucha de clases, la organización de las menos favorecidas, el desarrollo exponencial del capitalismo y sus respectivas consecuencias en la vida cotidiana de las familias y comunidades de los diferentes países que impulsaron este cambio en el mundo, se dejó entrever desde los primeros minutos de su exposición.
Tal camino histórico fue siguiendo un itinerario donde lo que se sostenía en el Manifiesto Comunista a mediados del siglo XIX se hacía patente en los Estados Unidos de América, en el continente Europeo y luego en cada uno de los países que siguieron el curso de lo que parecía indetenible, en términos no sólo históricos, sino fundamentalmente políticos y económicos: el capitalismo y el libre mercado.
Sin embargo, rápidamente y advertido por el discurso psicoanalítico, Luis señalaba que la tesis de Marx y Engels en su concepción progresiva y lineal de la historia, no estaba destinada a seguir un curso de progreso indefinido, ignoraban que la historia es “ese lugar donde lo reprimido retorna”. Lo que sí se erigía como una conclusión a mantener de la tesis expresada en el Manifiesto, es que la lucha de clases es el motor de la historia. Y aunque pueda ser una tesis a debatir desde diferentes ámbitos del saber, Luis nos condujo por esos senderos y nos demostraba que la lucha social y de clases, era lo que permitía hacer obstáculo a un devenir, avasallante, de un capitalismo que gradualmente se fue haciendo hegemónico y triunfante, como ya anunciaba en el titulo de esa noche.
Conocer y repasar los distintos eventos que fueron “marcando” la dialéctica del devenir histórico, se nos hizo imprescindible a la luz de la argumentación en la que nos guiaba el ponente. Una pregunta surgía silente de escucharle: ¿Adónde nos lleva con este énfasis en la lucha de clases, el papel de los sindicatos en el mundo, su surgimiento, sus acciones sociales, sus reinvidicaciones? Y paralelamente se insinuaba, a medida que avanzaba en su exposición, que la respuesta no era explícita, sin embargo, estaba presente desde el inicio mismo de su recorrido. El desarrollo industrial crecía, el orden capitalista conquistaba más y más espacio, el mercado y el consumo dominaban simultáneamente la vida y prioridades de los sujetos. Este “darwinismo social” citado por Luis, se encontraba con una resistencia, un punto en la cadena de ascenso de ese sistema que se proponía colonizar todos los espacios de la vida pública y privada de lo social. Si ese triunfo planetario no se instaló antes, en la versión que lo conocemos actualmente, se debió, -así se insinúa en la presentación-, a esa “lucha” que ofrecía resistencia a un devenir que insistía en imponerse. La estratificación social, la lucha de clases, no han sido las mismas desde su surgimiento, han ido variando sus composiciones a lo largo de la historia hasta nuestros tiempos, lo que ha permanecido invariable, ha sido y son, los intereses enfrentados entre “dominados y dominantes”, “gobernados y gobernantes” “empresario y empleados”, diversas categorías que dan cuenta de la desigualdad y la imposición de los intereses de unos sobre otros; distintos autores citó el ponente para sostener su planteamiento.
Esta desigualdad que desde el inicio quedó acentuada a modo de diagnóstico y programa de acción en el Manifiesto de Marx, no sólo sigue vigente, nos mostró Luis, con datos y cifras de “reciente actualidad”, sino que esta desigualdad se ha incrementado exponencialmente, la cifra de los que tienen mucho con relación a los que tienen poco es inmensa, citando el caso de España, son 1.737.600 hogares en los que todos sus integrantes están en paro y apenas algunos perciben un ingreso por la vía de una ayuda de seis meses por parte del estado. Esta desigualdad, no sólo en la brecha entre quienes ganan y los que no, se ha incrementado, sino entre la cantidad minoritaria de quienes pertenecen a la clase de “triunfantes” y la inmensa mayoría que quedan relegados del sistema. Luis, afirmaba, hacia el final de su exposición que “actualmente el sistema expulsa a los que no puede absorber”. El rol y la función de la clase trabajadora organizada a través de sindicatos, si bien no logró revertir este avance y dominio del sistema capitalista, atenuó y logró conquistas invaluables a lo largo de la historia y de esta lucha. Sin embargo, hoy están, en palabras del ponente, bajo “una campaña de debilitamiento y ninguneo”.
Quedó demostrada al final de la exposición, su atinada cita del Manifiesto al inicio de la misma. Se abría, concomitante a este desarrollo, la pregunta por las condiciones de la subjetividad en este “Estado del malestar”, que a modo de sustitución significante desplazó al “Estado de Bienestar”, que hasta hace pocos años reinaba en Europa y sobre todo en España. Estado de bienestar que no dejaba de contener en sí mismo, quizás, el núcleo de este malestar y desigualdad imperante.
Las coordenadas para la subjetividad actual están contorneadas y atravesadas, nos dejaba “entrever” Luis, por la primacía del hiperindividualismo, la promesa inmediata de la satisfacción a demandas fabricadas por la instalación omnipresente del mercado de consumo. El uso por parte del sistema capitalista de la técnica y la ciencia al servicio de producir mercancías que perpetúen el goce mortífero y circular del sujeto. Un escenario que ya Lacan dibujaba con sorprendente vigencia en los años setenta cuando dictaba su Seminario sobre el “Reverso del psicoanálisis”.
Es que, frente el triunfo y hegemonía de este discurso capitalista que ocupa, de acuerdo a Lacan, el lugar del amo actual, el discurso analítico se erige como el “reverso” del discurso capitalista, en sus antípodas, un lugar y un saber que se orienta por no ceder al imperativo de goce que impone este nuevo orden mundial.
Y citando las palabras finales de la extraordinaria conferencia de Luis Seguí, nos preparamos para el próximo encuentro de este imperdible ciclo de conferencias: “Si sabemos que, como dijo hace cien años Max Weber, la historia muestra que para conseguir lo posible hay que perseguir lo imposible una y otra vez”, nos topamos así bajo estás palabras de Weber, ante la pregunta ¿qué queremos conseguir?, y es que estamos concernidos en este giro de la historia.
* Conferencia pronunciada en el ciclo de conferencias del Nucep 2011/12 (Madrid)
10 de Octubre de 2012
“Adolescencias por venir”, Colección Gredos-ELP, Fernando Martín Aduriz (Compilador), Gredos-ELP, Barcelona, junio 2012. Alejandro Velázquez (Barcelona)
El libro adolescencias por venir es producto del encuentro entre Fernando Martín Aduriz y Vicente Palomera durante una conferencia en mayo de 2010 en la Universidad de León. La conferencia que Vicente Palomera dicto abrió la reflexión del auditorio para la edición de este libro que contiene diez y siete textos de los cuales diez ya habían sido publicados previamente en el número 23 de la revista Mental, y ahora han sido traducidos para esta edición de la Colección Gredos-ELP; además, siete fueron escritos expresamente para este libro que es una apuesta por mostrar que existen diversidad de formas de vivir la adolescencia y pluralidad de adolescentes buscando su salida uno por uno.
El libro se divide en dos apartados adolescentes por venir y cuando un adolescente encuentra un psicoanalista, el primero trasmite la experiencia en el trabajo con adolescentes y el segundo como bien lo indica el titulo acentúa la importancia del encuentro con un analista.
Adolescencia por venir
En este apartado encontramos la trasmisión de ocho experiencias con adolescentes: primero Hugo Freda (psicoanalista en París) define la crisis de la adolescencia como la crisis del padre; segundo Philippe La Sagna (psicoanalista en Marsella) plantea la adolescencia generalizada en un mundo liquido; tercero Marco Focchi (psicoanalista en Milán) sitúa la apertura sobre lo posible, lo que acontece en la adolescencia; cuarto Philippe Lacadée (psicoanalista en Burdeos) encuentra el lugar del sujeto en el orden simbólico donde inscribe su falta en una filiación individual y colectiva; quinto Domenico Cosenza (psicoanalista en Milán) pone en cuestión la adolescencia como momento de crisis estructurante en la experiencia del sujeto en la época del Otro que no existe; sexto Daniel Roy (psicoanalista en Burdeos) define la protección del adolescente como la protección del momento crucial en el que el sujeto es confrontado a una situación radicalmente nueva; séptimo Luis Seguí (abogado en Madrid) señala como las buenas intenciones de las instituciones al impartir la ley ponen en riesgo al sujeto; octavo y ultimo de este apartado es Fernando Martín Aduriz (psicoanalista en Castilla y León) que introduce el derecho a detenerse del adolescente como un tiempo de fabricación de coartadas que permitan dar tiempo a la construcción del semblante preciso.
Cuando un adolescente encuentra un analista
El segundo apartado cuenta con nueve textos: primero Vilma Coccoz (psicoanalista en Madrid) nos enseña como construir el túnel es igual a atravesarlo pero siempre en compañía del Otro: padres, profesores, tutores y/o analista; segundo Héléne Deltombe introduce el nuevo termino adulescente para caracterizar a los adolescentes que no alcanzan a salir por no encontrar un Otro que les acompañe en la transición; tercero Clara Bardón (psicoanalista en Barcelona) presenta un caso atendido con seis y luego con diez y seis años para mostrar cómo el lugar vacío del Otro en la trasferencia es importante en la desestabilización; cuarto Silvia E. Tendlarz señala que no hay adolescentes en análisis, hay sujetos, en singular; quinto Luz Fernández (psicoanalista en Vigo) muestra como un caso puede ser estabilizado por dos significantes ser feo o ser guapo que son su éxito o fracaso a la hora de hacer lazo social; sexto Dolores García de la Torre (profesora en la Coruña) trasmite con un caso los enigmas de la feminidad que se despiertan en la adolescencia; séptimo Mario Izcovich (psicoanalista en Barcelona) presenta un caso donde para el adolescente la manera de nombrar a un psicoanalista es sinónimo de alguien que lo escucha; octavo Ana Castaño, Graciela Sobral (psicoanalistas en Madrid) describen los enigmas femeninos en la adolescencia como una forma de situarse ante la posición femenina que no es algo natural; noveno y ultimo Josep Sanahuja (psicoanalista en Tarragona) nos dice que el impasse de la adolescencia es un impasse estructural que tiene que ver con como cada uno resuelve el impasse del deseo.
Todos estos textos son acompañados por la lectura atenta de Freud, Lacan y Miller quienes Orientan para transitar por la experiencia de acoger la singularidad de la adolescencia por venir que no deja de no escribirse.
________________________
* “Adolescencias por venir” será presentado en la Biblioteca del Campo Freudiano de Tarragona el próximo 18 de Octubre y en la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona el día 19.
6 de Octubre de 2012
Cartas de aLmor. Aperiódico de las XI Jornadas de la ELP Nº 3. Eugenio Castro, Antoni Vicens, Vilma Coccoz, Margarita Álvarez.
EDITO
Eugenio Castro
0.- Lacan cuando se da de bruces con el Nudo Borromeo en el año de …Ou pire, se percata de repente de que en realidad siempre se había interesado por los anudamientos. Fué a partir de sus estudios de anatomía en donde precisamente vio que en el organismo humano no había nudos. Mas tarde se percató de que en los arabescos de la cultura árabe sucedía lo mismo.
Si ustedes van al Monasterio de San Andrés de Arroyo, cerca de Aguilar de Campoó (Palencia), se sorprenderán al ver que hay una celosía de arabesco que para mi estupefacción y cierto regodeo (no lo negaré) contradecía la apreciación de Lacan. Inquirí a la guía al respecto y el desconcierto que me producía. La monja me aclaró burlona: pero es que tiene influencia cristiana porque se trata de la obra de un mudéjar. Creo que Lacan no sacó una gran nota en la asignatura de anatomía, pero los efectos de esa apreciación da mucho que pensar.
1.- Las tres Cartas de aLmor fueron a pescar sus anudamientos, cada cual en un Seminario de Lacan, para los tres llegar a la misma conclusión: que el nudo del amor está hecho para suplir la imposible relación entre los sexos. Antoni Vicens lo pesca en el Seminario XX. Vilma Coccoz en los Seminarios VII y RSI, Margarita Alvarez en el Seminario XI.
2.-En el texto de Antoni Vicens no se resalta la relación del amor a la imagen o al perfil, sino con el volumen de los cuerpos que tratan en vano de anudarse en topologías de arabesco. Como hay imposibilidad de anudamiento de los cuerpos, aparece la consistencia imaginaria. Por no poder hacer de dos uno, como hace el inconsciente en el equívoco, añadimos un tercero que los anuda y eso es el signo de amor.
3.-Respondiendo a los versos de Tudal (Hablo a los muros), Lacan dice que sí, que entre el hombre y la mujer está el amor. Que entre el hombre y el amor hay un mundo, es decir la mujer. Pero que entre el hombre y el muro infranqueable está la Carta de Amor. Se puede romper el muro y agujerearlo y entonces pasamos a terrenos del deseo. Con los anudamientos del Seminario XI de los anillos de Benn, Margarita ha leído el amor sin límites.
4.-Es condición que el amor tenga que llevar la marca de lo imposible de la relación (que a veces Antoni Vicens llama “trato”) sexual y para demostrarlo está la Dama del Amor Cortés. A partir de ese imposible aparecen trovadores y poetas que no cesan de escribir sus trovas, música y poemas. Pareciera que somos nosotros los que obstaculizamos esa relación, pero lo es por estructura. Lo que Vilma Coccoz despliega aquí sucintamente (en sus estudios ampliados sobre el tema está con todo lujo de detalles) es la conexión que Lacan había hecho entre el amor loco de Bretón y los surrealistas y el Amor cortés.
El envío de los textos para Cartas de Almor: Eugenio Castro: eugeniocastro@telefonica.net y Oscar Ventura: o.ventura@arrakis.es
*******
IMPOSIBLE AMOR: ESCRÍBEME
Antoni Vicens
Entre los sexos hay un abismo de sinsentido: tal parece ser la lección del Seminario XX, Encore, de Jacques Lacan. El cuerpo, portador de la diferencia aparente de sexos, es también portador de la muerte. Es a partir de ahí que el cuerpo puede hacer signo, signo de su unidad imaginaria, aunque porosa. El amor es una relación de uno a uno, con lo que se constituye en el obstáculo mayor al deseo y, querido como tal, preferible a la parte constitutiva de los deseos.
El uno del amor surge de la insuficiencia del lenguaje a la hora de formular el deseo. Todo lo dicho en el amor (esa es la condición) toma entonces valor de signo, más que de discurso. Todo gira entonces alrededor de amor como pivote, eje, punto de apoyo para un giro de discurso. Mientras que lo que caracteriza al significante es que siempre puede reformularse, el signo del amor sostiene, con una alusión a la eternidad, la vida más allá de la vida, la ley más acá de la ley. Ese signo, erigido como obstáculo al deseo, provoca a su vez el deseo.
El signo proviene de la contingencia (lo que cesa de no escribirse) para elevarla a un valor de necesidad (algo que no cesa de escribirse). Ahí está la letra de amor, la letra que encarna el ser atrapando el signo en lo que tiene de rastro o trazo inexistente justo antes de escribirlo.
*******
AMOR CORTÉS, AMOR LOCO, AMUR
Vilma Coccoz
Lacan considera que el amor loco de André Breton se parece al amor cortés. ¿en dónde reside la semejanza entre la versión surrealista y la medieval acerca del vínculo amoroso?
El recorrido del estudio que Lacan ha realizado nos enseña que la invención del amor cortés, una peculiar ficción de la relación entre los sexos, fue una manera de responder al malestar en la cultura que se había hecho sentir por el lado de las mujeres. Ellas no estaban ya dispuestas a consentir con el lugar de súbditas que se les asignaba en el discurso del amo, querían algo más. Poetas y trovadores lo supieron escuchar y propiciaron la creación de un nuevo semblante, la Dama, a partir del cuidadoso diseño de la conducta que debía respetar, en el acercamiento, el Caballero, semblante viril del deseante. En la lógica de este nuevo amor se incluía la imposibilidad, lo real, que pasó a convertirse en un rasgo del objeto que causa el deseo. Su cara de partenaire inhumano y cruel, porta también el nombre de lo propio de las pulsiones. Es, como ellas, “cruel y egoísta”. Según Miller el amor cortés crea un envoltorio de lo éxtimo, de esta parte tan íntima como desconocida de la subjetividad que es el goce. Lo cual exige pensar el amor en la lógica de tres términos.
Breton propone un amor loco, un amor pasión, exclusivo. Se coloca a distancia de los discursos de la decepción, resultado de la fractura inevitable de la ceguera inicial. Porque el elemento tercero no radica en la falla del objeto. Al igual que el poeta cortés, el artista resguarda la triplicidad en la estructura del lazo amoroso, si bien de otro modo. Toma en consideración la incidencia de lo que denomina “azar objetivo”, una serie de elementos, presentes pero no visibles en el momento del enamoramiento y que van a mostrarse en los encuentros posteriores. Gracias a una experiencia razonada, se puede advertir a qué responden esos elementos desconocidos, inconscientes. El análisis le enseña que muchos indicios, que pueden parecer contingentes y casuales, poseen un sentido, además de evidenciar una relación a su obra. Porque para Breton el amor es una experiencia estética, vinculada a la poesía y al estilo de vida surrealista. Incluso en lo hostil, este amor puede encontrar un motivo de felicidad, cuando lo incomprensible llega a ser descifrado.
Relata lo ocurrido en un momento en que la vivencia amorosa se ve perturbada por sensaciones que le incomodan. Sucede en una estancia en la playa, junto a su mujer. Según van pasando las horas empieza a sentirse mal, irritado, molesto. El malestar, que proviene de la Cosa, de lo real, se lo adjudica a su partenaire. La distancia entre ellos se traduce físicamente. Al punto de que la idea de la separación va ganando terreno. Gracias a su análisis minucioso, llegará a vincular ese fastidio a su verdadera causa, a un encuentro con lo lúgubre. Se dará cuenta de que, durante un paseo, fue perturbado por distintos signos, unos pájaros, la vista de una casa donde, según se informó luego, se había cometido un horrible asesinato. Él explica así de qué manera ha incorporado ese fragmento de lo real (no en sentido lacaniano) como el motivo que genera el malestar en el amor.
Es la manera surrealista de tomar en consideración lo irreductible de lo real en el ser hablante, y adjudicarle un sentido. En determinados momentos, en forma de irrupción súbita la naturaleza, de lo azaroso, lo real adquiere una presencia inquietante, siniestra, que acaba horadando el sentimiento del amor, el cual quedará a salvo al volver a colocar en su sitio la estructura triple del amor.
Lo que Breton llama “azar objetivo” es una forma de das Ding, la presencia de un goce ineliminable e irreductible. Pero desplazado hacia un sentido del azar, que él considera “objetivo”. De ahí que el juicio de Lacan ante este intento no deja lugar a dudas “el modo surrealista jamás ha desembocado en nada. No ha especializado el nudo borromeo de la buena manera”[1]
El amor resultado de la experiencia analítica, del doloroso camino de la transferencia, no desconoce el lugar de das Ding, de la causa, no niega la imposibilidad de la relación sexual, el muro ante el que se estrellan las esperanzas de escribirla. Por el contrario, está destinado a revelarlo. Gracias al equívoco, en francés, entre amour y muro, Lacan inventa la palabra amur para nombrar un amor nuevo, el amor borromeo, que incluye el muro, lo imposible, en su lógica.
Esta solución no es ninguna una pastoral, tiene cierta una sintonía con el amor cortés, (Lacan dixit). Significa que quien ha hecho la experiencia del inconsciente debe estar advertido de la estructura triple del amor y del inevitable malestar que acecha al parlêtre, que proviene de lo real lacaniano, del cuerpo.
¿Podríamos decir que ésa es nuestra especialidad? Que los psicoanalistas de orientación lacaniana sabemos desenredar el nudo del amor de la buena manera? En nuestras próximas jornadas tendremos ocasión de valorarlo.
Notas:
[1] Seminario RSI (inédito)
*******
UN AMOR SIN LÍMITES. HACÍA UNA NUEVA CONCEPCIÓN DEL AMOR
Margarita Álvarez
En relación al tercer eje de las jornadas -la transformación del amor que produce la experiencia analítica-, encontramos en el Seminario XI de Jacques Lacan, la idea de que al final del análisis puede emerger la significación de un amor sin límites. Voy a hacer seguidamente un pequeño recorrido por el último capítulo del seminario, para tratar de situarla. (1)
Un amor sin límites
En el Seminario XI, Lacan establece las operaciones de causación subjetiva para dar cuenta en esos momentos de la constitución del sujeto y la producción del objeto. Recordaré tan solo que en la primera operación, el viviente se aliena al Otro del significante, desaparece bajo los significantes del Otro, que pasan a representarle. En la segunda, se separa del Otro del significante, que pasa a ser un Otro deseante, es decir, a estar barrado. La pregunta del sujeto respecto a este Otro pasa de un “¿qué quiere decir?” a un ¿qué me quiere? ¿qué objeto soy para él? El sujeto responderá a dicha pregunta en términos fantasmáticos quejándose, denunciando, etc., el goce del Otro. El Otro le quiere chupar, devorar, dañar, destruir… En otras palabras, quiere gozar de él, o lo que es lo mismo, quiere su castración.
El sujeto, en el análisis tendrá que separarse de ambas figuras del Otro: el Otro del significante y el Otro planteado aquí todavía en términos de deseo, pero que más adelante Lacan situará en términos de goce.
Respecto al primero, el sujeto tendrá que confrontarse a los significantes primordiales a los que está sujeto, los cuales desconoce. Una vez caídas en el análisis estas identificaciones ideales que le determinan (S1), se trata de extraer el objeto a, que la escena fantasmática vela.
El atravesamiento de la pantalla del fantasma permite desvelar el objeto con el que el sujeto juega su partida. No se trata del goce del Otro sino del propio. En esos párrafos, Lacan introduce que “la experiencia del fantasma fundamental deviene la pulsión” (2). A continuación, se pregunta por ella: “¿Cómo puede un sujeto que ha atravesado el fantasma radical vivir la pulsión? O lo que es lo mismo, ¿qué estatuto tiene la pulsión una vez atravesado el fantasma?
Esto -dice-, solo puede abordarse en esos momentos al nivel del analista, “en la medida que se le exige haber recorrido en su totalidad el ciclo de la experiencia analítica” (3). Es este recorrido lo que permite operar el deseo del analista, que Lacan define en este seminario como el deseo de mantener lo mas separado posible el plano del Ideal y el del objeto. “Se trata [para el analista], de llevar la experiencia del sujeto al plano en el cual puede presentificarse, de la realidad del inconsciente, la pulsión” (4). Allí ya no es más cuestión del “Otro me hace” sino de un “hacerse uno mismo”.
En la siguiente página, Lacan plantea que “el amor solo puede postularse en ese más allá (la cursiva es mía) donde, para empezar, renuncia a su objeto” (5).
De entrada, el amor requiere de la ley y la castración, es decir, de la operación de la metáfora paterna, sin la cual no puede “instituirse una relación vivible, temperada, de un sexo con el otro”. La operación del padre da una versión del objeto de amor y, de este modo, el amor tiene límites, es limitado.
Pero el amor -señala Lacan- solo puede postularse más allá de ello: más allá del padre, del Edipo y de la ley, es decir de lo imaginario y lo simbólico -donde lo había situado hasta la fecha. Solo después de haberse separado del Otro, “puede surgir allí la significación de un amor sin límites, por estar fuera de la ley, único lugar donde puede vivir” (6).
Entiendo que al final del análisis se puede imaginar, pensar una significación del amor por fuera de la versión del padre, más allá del inconsciente. Sería un amor que tocaría lo real. En este sentido, la noción de un “amor sin límites”, del que habla Lacan en 1964, podría pensarse ya en la línea de la noción de “un nuevo amor” que planteará en los años 70.
Notas
1. J. Lacan: Seminario, libro XI: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964). Buenos Aires: Paidós, 1987.
2. Ibídem, p. 281.
3. Ibídem.
4. Op. cit, p. 282.
5. Op. cit., p. 283.
6. Op. cit., p. 284.
_________________
Edición de Cartas de Almor: Oscar Ventura o.ventura@arrakis.es
3 de Octubre de 2012
Cuerpos violentados. ¿Por qué se consiente? José R. Ubieto (Barcelona)
Es habitual escuchar relatos de deportistas que se quejan de la presión que sienten para alcanzar el éxito y de cómo deben forzar su cuerpo hasta límites insospechados, un sufrimiento físico y psicológico que sólo el brillo de las medallas parece ocultar.
“No pain, no glory” es un viejo lema que acompaña el esfuerzo como requisito para alcanzar el objetivo, sea éste de elite o de la práctica deportiva común. El problema es cuando el éxito tiene un precio que desborda al sujeto mismo. Muestra entonces su reverso que no es otro que la ferocidad de un imperativo sin límites que pide siempre más. Hace un par de años conocimos el caso de un concursante de sauna, en Finlandia, que murió al ganar una competición por violentar su cuerpo hasta la muerte.
¿Cómo consiente alguien a una presión extrema? Una respuesta simple sería reducir la causa a la demanda insistente y abusiva del otro (entrenador, familia, sociedad). Sin descartar este factor, la pregunta es por qué el sujeto consentiría a esa coacción durante tanto tiempo.
Hay factores ligados al momento vital (infancia, adolescencia) del deportista y a la fascinación que produce en él la influencia de un tutor poderoso y reconocido como experto o triunfador en ese mismo ámbito.
Pero hay otro factor clave ligado a la significación que tiene hoy el cuerpo para todos nosotros. El psicoanalista Jacques Lacan nos recordaba que el hombre está capturado por la imagen de su cuerpo, lo adora como si fuese su única consistencia. El cuerpo se convierte así en nuestro nuevo partenaire y por eso asistimos a un culto alrededor de ese nuevo ídolo. Hoy la búsqueda de la excelencia pasa por un nuevo coraje que discipline el cuerpo: desde el body building hasta la creciente industria del dopaje y el mercado de remodelado del cuerpo, que alcanza a actores, deportistas, militares y ciudadanos de a pie.
Todas estas estrategias de disciplinar los cuerpos apuntan en la misma dirección: alcanzar una imagen de nosotros mismos aceptable y amable para el otro, lo que incluye también el creciente furor por los tatuajes, tan presentes en los deportistas de élite. La paradoja es que el cuerpo en sí carece de límites y siempre pide “un esfuerzo más”, lo que puede alimentar el sadismo de algunos o llegar al extremo de la muerte como freno final.
“En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto sino se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en sí mismo cualidades y habilidades que se exigen a todo producto de consumo”. Esta afirmación de Bauman explica muy bien esta nueva violencia a la que se ve sometido el cuerpo y el sujeto, que exige convertirse en un producto.
________________________
Publicado en LA VANGUARDIA, Tendencias / 27 de septiembre de 2012. Con la amable autorización del autor.
Visite: http://joseramonubieto.blogspot.com.es/
29 de Septiembre de 2012
AMOR A LA LETRA (2)- Bibliografía Razonada XI Jornadas de la ELP: Un nuevo Amor... Manuel Montalbán Peregrín, Hebe Tizio.
Estimados colegas,
Tenemos el placer de remitirles la tercera entrega de la Bibliografía Razonada, acogida bajo el epígrafe Amor a la Letra, para libidinizar, además de razonar, dicha sección.
Contamos en esta ocasión con la participación de nuestros colegas Manuel Montalbán y Hebe Tizio. En su texto, M. Montalbán nos recuerda la valiosa producción que la historia del Campo Freudiano en España nos ha dejado como bagaje y rescata de sus anaqueles sendos trabajos de Mercedes de Francisco (1989) y María Luisa de la Oliva (1996), con tanta pertinencia como vigencia sobre el tema que ocupa nuestras Jornadas. Por su parte, H. Tizio nos remite dos precisas y preciosas referencias sobre San Juan de la Cruz que Lacan toma en sus seminarios III y XX. En la primera ocasión, Lacan lo cita para ilustrar la experiencia verdadera por la vía poética y diferenciarla de la experiencia de Schereber y en la segunda, para tratar la función del amor místico en relación al goce femenino.
Deseándoles a todos ustedes buena lectura, quedan invitados a participar con su comentario (no superior a 3.000 caracteres), que puede versar sobre cualquier referencia bibliográfica relacionada con el tema que nos ocupa y que les resulte especialmente querida o interesante. Asimismo, están también invitados a enriquecer las referencias bibliográficas con las aportaciones que consideren oportunas, siguiendo con precisión el formato en el que éstas han aparecido en el primer avance bibliográfico. Pueden dirigir sus textos a la atención de la responsable de la Comisión Bibliográfica, Paloma Blanco Díaz (montblanc@cop.es).
Les recordamos que pueden consultar los números anteriores, tanto de Amor a la letra como de las Cartas de almor en la página Web de las Jornadas
http://www.elp-debates.com/jornadas.html
************
TANTAS REFERENCIAS INSPIRADORAS…
Manuel Montalbán Peregrín
La producción bibliográfica del Campo Freudiano, y sus antecedentes, en España es muy fecunda y valiosa. Desde hace años, cuando elijo un tema de estudio suelo dedicar un tiempo previo a la aventura de rastrear referencias en la BOL de la sede o en mis propios anaqueles. Podemos encontrar textos notables e inspiradores, firmados por colegas que, por estar publicados en las décadas de 1980-90, antes de la eclosión de la red y en ediciones de tirada limitada, difícilmente aparecen, no ya disponibles, sino reseñados siquiera en las búsquedas de internet.
Para el tema que nos ocupará en las próximas Jornadas quiero rescatar dos publicaciones, que ilustraré con un par de artículos. La primera es el volumen coral “Lo Masculino y lo Femenino”, aparecido en 1989, testimonio de las Jornadas de Psicoanálisis del mismo título celebradas en Madrid y organizadas por Analytica, Ateneo Freudiano, Serie Psicoanalítica, con la colaboración del Centro de Estudios Freudianos de Granada y del Centro Psicosocial de Pamplona. Son muchas las contribuciones interesantes y directamente relacionadas con nuestros ejes de A Coruña, pero me voy a centrar brevemente en la ponencia de Mercedes de Francisco, titulada “El encuentro amoroso”. Parte de la idea de que en la obra de Lacan el amor ocupa un lugar central. Repasa de manera sucinta y precisa las referencias lacanianas para una teoría del amor, en relación a la falta y al deseo, para arribar a la dimensión real del psicoanálisis: “Al ser humano no le queda más salida que estar del lado del hombre o de la mujer (…) En el amor no se trata del sexo, sino de si se está en posición de amante o de amado. El amor encubre, vela la imposibilidad de la relación sexual. La imposibilidad de escribir UNO”. El amor en la experiencia analítica es a través de lo cual las cuestiones que no andan, por las cuales se llega a una consulta, se ponen en juego. Respecto al nuevo amor, Mercedes de Francisco advierte que no se trata de que el final del análisis conlleve el final del amor, cayendo en una posición escéptica o nihilista al comprender la nada como causa del deseo, al conocer las reglas del juego. Más bien, se trataría de seguir jugando, de “apostar” (aunque sea un juego subversivo tan diferente al que nos proponían Sheldon Adelson y la ya dimitida Esperanza Aguirre), “dejar de ser inocentes, no denunciar siempre la paja en el ojo ajeno, no ser los que con nuestras quejas fortalezcamos los discursos del Amo, y que el coraje para nosotros no sea una palabra que nos provoque pudor”.
Otra fuente inagotable de satisfacción para mí es el número 14 de la Revista Colofón, de abril de 1996, donde aparece entre otras exquisiteces un hermoso texto de J.-A. Miller sobre la tesis de Kojève: Lo viril ya no existe. Voy a retomar, sin embargo, el artículo “Diario de un Seductor. Soren Kierkegaard”, donde Mª Luisa de la Oliva recrea la nimia aventura de seducción, como la califica Lacan, que Johannes, protagonista alter-ego del autor, realiza en su búsqueda de “lo esencial femenino”. Frente al catálogo infinito de D. Giovanni, Johannes, en su tortuosa relación con Cordelia, quiere ir más allá de lo terrenal, del falo. En el capítulo “Dios y el goce de La (tachada) mujer” del Seminario XX resuena la cuestión de lo electivo respecto al goce suplementario, ese goce que se siente y del que nada se sabe. Así Lacan menciona a san Juan de la Cruz, un místico, para quien ser varón no le obligó a colocarse del lado del para-todos, pudiendo vislumbrar un goce más allá. Pero ahí situamos quizá también a Kierkegaard, que pudo tener acceso (a esto no es ajena la Cordelia de carne y hueso, Regina Olsen) a la dimensión del deseo de un bien de segundo grado cuya causa no fuera el objeto a.
De la Oliva nos aclara este pasaje. Kierkeggard trata de separar la obturación de S de A tachado con a, operación propia de la lógica masculina. Sin embargo, su torpeza es que en esta acción no se encamina al más allá místico sino al callejón sin salida de la impotencia, para construir el universal de la mujer, haciéndola existir como toda. Pretender castrarse, renunciando al amor y al goce sexual, no es lo mismo para el hombre que poner en juego la propia castración, única vía para devolverle a la mujer “ese goce suyo que no la hace toda suya”, como orienta Lacan en L’Etourdit.
************
SAN JUAN DE LA CRUZ Y EL AMOR MÍSTICO
Hebe Tizio
Era obligado que al pasar por Ávila se me hicieran presentes las referencias a la mística que había trabajado en distintas ocasiones y que se concretizaron en la poesía de San Juan. Así comenzó a esbozarse la respuesta a la invitación de presentar una lectura sobre el amor en el marco del trabajo preparatorio de la Jornada de la ELP sobre ese tema.
Jacques Lacan en el Seminario XX introduce una segunda referencia a San Juan de la Cruz que tiene toda su importancia. La primera referencia al Doctor de la Iglesia está en el Seminario III donde aparece como testimonio de una verdadera experiencia por la vía de la poesía lo que lo diferenciaría de Schreber. La referencia del Seminario XX es sobre las fórmulas de la sexuación y siguiendo la indicación de lectura de los místicos que da Lacan se puede ver cómo el amor místico permite alcanzar el goce de la posición femenina.
Para introducir la lectura anoto brevemente la función del amor en el camino de San Juan.
Para el santo el alma es el efecto del Otro del Amor. Es la fortaleza de ese “credo” que lo sostiene en la Noche oscura, donde dudas y tentaciones lo asechan. La Noche oscura produce “Nada”, sequedad de los apetitos sensitivos y espirituales. Para San Juan el alma sale de sí, se desnuda por la purificación del amor, se disfraza con el vestido que agrada al Amado pero no lo encuentra fuera sino escondido dentro de sí y para encontrarlo debe esconderse como Él.
De este modo el alma “aunque no es sustancia de Dios porque no puede sustancialmente convertirse en El, pero estando unida como aquí está con Él y absorta en El, es Dios por participación de Dios”. Pero en esta unión hay una “tela” que “divide la junta del alma con Dios” y sólo deja traslucir la divinidad.
El “toque inefable del Verbo” es “ajeno a todo modo y manera y libre de todo tono y figura y accidentes que es lo que suele ceñir y poner a raya a la sustancia. Y así este toque de que aquí se habla por cuanto es sustancial, es a saber de la divina sustancia es inefable.”
“Y de este bien que el alma goza, a veces redunda en el cuerpo la unción del Espíritu Santo y goza toda la sustancia sensitiva, y todos los miembros y huesos y médulas, no tan remisamente como comúnmente suele acaecer, sino con sentimiento de grande deleite y gloria, que se siente hasta en los últimos artejos de pies y manos”.
“Pero todavía dices: puesto que está en mi El que ama mi alma ¿cómo no lo hallo ni lo siento? La causa es porque está escondido, y tú no te escondes también para hallarle y sentirle; porque el que ha de hallar una cosa escondida, tan a lo escondido y hasta lo escondido donde ella está ha de entrar, y cuando la halla él también está escondido como ella.”
El no poder decir sobre el éxtasis encuentra una precisa explicación: “…porque como aquella sabiduría interior es tan sencilla, tan general y espiritual, que no entró al entendimiento envuelta ni paliada con alguna especie o imagen sujeta al sentido.”
Referencias
Se pueden consultar varias ediciones y también on-line
http://www.statveritas.com.ar/Libros/Libros-INDICE.htm
Obras Completas de San Juan de la Cruz. Biblioteca de autores cristianos. 2009
Obras Completas San Juan de la Cruz. Alianza 2003
San Juan de la Cruz Poesía Completa. Planeta. 1986
26 de Septiembre de 2012
¡GIRADOS! Éric Laurent (París)
Miradas al mundo actual publicadas en 1931 por Paul Valéry contienen una “Nota sobre la decadencia y grandeza de Europa” ya aparecida en una revista, en 1927. En las múltiples reediciones de ese texto, esta nota fue conservada. Contiene una definición de la Nación que se opone a la falsa claridad de la vulgata sobre el “carácter de las naciones”. La nación es a la vez una “noción poderosa” e indefinible. “Los hombres, no obstante, cuando se sirven entre ellos de esos indefinibles, se comprenden unos a otros muy bien. Esas nociones son, pues, claras y suficientes una respecto de la otra; oscuras y como indefinidamente divergentes en cada tomado por separado”.
Él hizo aparecer así una familia de nociones, y la eficacia propia de los “símbolos vagos e impuros de la reflexión”, siempre útiles de considerar en la política especulativa sobre la naturaleza del “lazo social”. Solo los símbolos vagos se aproximan a ese lazo pulsional que conecta a los ciudadanos más allá del concepto claro y distinto. La actualidad francesa, volcada a la elección presidencial en menos de 100 días, está dolorosamente atravesada por un sentimiento indefinible. Se constata la situación fuera de norma a la que la economía globalizada está sometida, llamando para hacer frente allí a las decisiones excepcionales por parte de los responsables. Al mismo tiempo, se expande el sentimiento de un vacío en el que se despliega el enfrentamiento de dos campos. No es un vacío indiferenciado, está polarizado, pero no deja de ser un vacío.
Un observador exterior, John Vinocur, comentarista atento del New York Times de la política europea desde el punto de vista de la derecha americana, lo estigmatiza en un editorial con fecha del 12 de enero bajo el titulo “La surrealista competencia presidencial francesa”. Los candidatos emplean los mismos “subterfugios”, “Hollande piensa que si evita compromisos de campaña claramente definidos, puede evitar todo lo que podría específicamente disminuir su amplia ventaja sobre Sarkozy en los sondeos actuales. El presidente se centra sobre la definición de su rol con respecto a los franceses como protector combativo y experimentado, y no como un administrador de reformas que son remedios necesarios”. En resumen, denuncia lo indefinible. Quizás advierte ese rasgo demasiado claramente, lo mismo que el observador extranjero a la Nación, que, según Valéry, “advierte demasiado potentemente, y no siente esta cantidad de correspondencias íntimas y de reciprocidades invisibles por las que se cumple el misterio de la unión profunda de miles de hombres”.
Algunos observadores franceses piensan que la “guerra fiscal” es la principal apuesta de la campaña, y permite una polarización suficiente entre derecha e izquierda con grandes llamados a la justicia redistributiva. El contenido exacto de las medidas que se tomarán hace posible una redefinición constante que abre la vía a múltiples interpretaciones.
¿El sentimiento de vacío indefinible no aparece en todas nuestras democracias? Las que están regidas por los técnicos (Italia, Portugal, España) y las otras. La misma campaña americana parece golpeada por este síndrome. La reciente primaria republicana de New Hampshire aseguró la victoria del candidato Mitt Romney, quien se presenta como el Yo ideal de la inmensa mayoría. Sería la mejor imagen, el más exitoso de la mayoría de los electores republicanos. La espiritual y ácida Maureen Dowd, observa el mismo 12 de enero que, entre las múltiples ideas empresariales, Mitt Romney había tenido la de una compañía de juguetes que fabricaba muñecas a medida, “a imagen” de cada uno. Él mismo, por su aspecto suave, se presenta como un Ken doll. Sin embargo, soltó un elemento personal en esta primaria. Interrogado sobre lo que constituía el meollo de la diferencia entre la reforma del sistema de salud —que había puesto en práctica como gobernador de Massachusetts— y el que el presidente Obama hizo votar, no se contentó con hacer referencia a la “elección de los prestadores de servicios”, en la tradición liberal soft. Y añadió espontáneamente: “Me gusta poder cambiar a las personas que son mis prestadores de servicios”. Inmediatamente sus competidores republicanos lo denunciaron como la encarnación del capitalista cruel contra los trabajadores, incapaz de representar los intereses de la pequeña población de los Tea-partys. Luego, intentó volver sobre sus propios pasos, pero no hizo más que repetir, de un modo menor, un arrepentimiento que había hundido la candidatura de su padre a la presidencia americana en tiempos de la guerra de Vietnam. Algo de su goce pulsional que hubiera debido permanecer oculto, quedó así al descubierto.
Ciertamente, las emisiones de tele-realidad americanas develan mucho más cruelmente que en Europa el goce del “You’re fired”. Los animadores de este tipo de emisiones, que en realidad son empresarios, de Donald Trump a P. Diddy, ponen en escena el sueño del empresario americano que fue exitoso a partir de nada, asumiendo este goce. Éste puede ser compartido con los “Jurados populares” de American Idol o con otras emisiones del mismo tipo, pero allí se soporta más encarnación gozante que bajo el velo europeo que permite el recurso al “impuesto de la hipocresía”, según la expresión de Jacques-Alain Miller.
El goce pulsional manifiesta que no es sólo el cimiento de la nación, sino también su destrucción posible. El conformismo buscado por los candidatos a la presidencial americana va a la par con programas imprecisos que los observadores denuncian y no es extraño a esta manifestación pulsional que había que ocultar. ¿El vacío, la suspensión de las definiciones y de los programas no son propicios a la inscripción de un real que escapa a las definiciones bien limadas de un programa que el candidato se cuidará bien de aplicar en razón “de acontecimientos exteriores” apremiantes? En realidad, ¿habrá que lamentarse?
Hay alguien que en Europa aplica su programa, contra viento y marea: es Viktor Orban en Hungría. Actúa, por más que haya protestas de los antitotalitarios y del conjunto de la Unión Europea. En ese vaso del vacío indefinible, podemos estar atentos a las manifestaciones del real pulsional que llena el así llamado vacío de la campaña. Entre ellas, una es el pequeño tercio de los franceses que se adhieren a las ideas del Frente Nacional, goce malvado del “You’re fired de la Nation Providence”. Aquí, se juega más colectivamente, pero la pulsión está convocada.
From: www.lacanquotidien.fr
22 de Septiembre de 2012
Cartas de aLmor. Aperiódico de las XI Jornadas de la ELP. Nº 2. Oscar Ventura, Francisco-Hugo Freda, Amanda Goya, Marta Maside, Lope de Vega.
EDITO.
SECUENCIAS, AMOR Y POESÍA
Oscar Ventura
Alrededor de 50 ponencias ha recibido hasta el momento la comisión científica. No son pocas, las tres últimas jornadas de la Escuela llevan el rasgo de un aumento significativo y nuevo de las intervenciones, A Coruña ya verifica esta tendencia. Probablemente su número aumentará. La comisión decidió extender hasta el próximo sábado el plazo para la presentación de argumentos. Un esfuerzo de logística será necesario, la comisión de organización está advertida. El texto definitivo de las ponencias se espera, sin concesiones me dicen, el 15 de Octubre a la medianoche, buena hora para estas cosas. Aquellos que tengan algo que decir sobre el amor y que todavía no se han despertado de un agosto tórrido; tienen de aquí al sábado para ser escuchados en las jornadas de la Escuela. Lacan decía que “las mejores cosas, -casi siempre- se hacen bajo la urgencia”... El tiempo para comprender está comprimido...
El Programa de las jornadas será amplio El viernes tres acontecimientos preliminares, en el corazón ilustrado de la ciudad. El paraninfo y el rectorado de la Universidad de A Coruña serán el escenario. A las 15:00 las Jornadas de la Diagonal Hispanohablante; a las16:00 tendrá lugar la I Jornada de la Red Psicoanálisis y Medicina: “Psicoanálisis y medicina, hoy” y a las 20:00 un “Debate entre el Psicoanálisis y la Cultura”. El sábado y el Domingo las Jornadas.
A la Asamblea general programada para el sábado por la tarde le tocará decidir, una vez más, el destino de la escuela en los próximos dos años. Una numerosa representación de colegas europeos nos acompañan en el viaje. El programa va delineándose. El Pase será un eje privilegiado. Los testimonios de los AE son siempre el punto de escansión para la Escuela, la orientación necesaria. Y nada más oportuno que el amor para dar cuenta de lo inédito para cada uno. Eso que ocurre cuando la travesía del amor en un análisis consiente por fin al acto decisivo, el que implica la extracción del objeto. Después lo nuevo.
Un colega me preguntaba si era posible abrir una dialéctica sobre los textos que aquí publicamos. Están todos invitados a ello.
Eduardo Acevedo nos envía un link que remite a un artículo del ensayista y escritor Manuel Cruz, catedrático de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Barcelona. Premio Jovellanos de Ensayo 2012 por el libro Adiós, historia, adiós. Vale la pena detenerse en él: http://elpais.com/elpais/2012/06/18/opinion/1340016658_376168.html Una escritura que se deja leer. Y que interroga al amor desde los buenos lugares. Las citas al excelente tema de la cantautora británica Adele: Someone like you http://www.youtube.com/watch?v=cwuLj33YyPk y al libro de Miquel Bassols Tu yo no es tuyo, forman parte de una reflexión que sabe leer lo contemporáneo.
En esta tercer entrega de las cartas: tres nombres propios escoltan a un poeta inmortal.
En dos versiones que no dejan de tener su origen en lo más noble de la pulsión; la letra del poeta por un lado, la de Lope de Vega y la voz, esta vez de Manuel Dicenta, cerramos este número de las cartas.
Lope de Vega supo transmitir, como muy pocos, y con una sencillez asombrosa aquello que del amor puede decirse. Sabía decirlo, efectivamente, y allí reside su honestidad, pues sus palabras no son otra cosa que el testimonio de su vida que el supo volverla poesía, la fuerza de un destino atravesado de una punta a la otra por las palabras de amor. Sin concesiones “Qué más mata esperar el bien que tarda, que padecer el mal que ya se tiene”, escribía muy temprano cuando las vicisitudes amorosas lo habían hecho desistir de sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares, en 1581. Y un poco más adelante, ya curtido definitivamente en la proliferación de la experiencia amorosa, nos dejó la sutileza de empezar este poema que les ofrecemos nombrando al amor bajo esa forma de ausencia que sólo se encarna en el cuerpo: “Desmayarse” quiso llamarlo. Bella metáfora para reconocer allí la falta que estructura todo aquello que en la existencia concierne a la experiencia del amor...
Seguimos.
El envío de los textos para Cartas de Almor: Eugenio Castro: eugeniocastro@telefonica.net y Oscar Ventura: o.ventura@arrakis.es
*************
HACER EL AMOR
Francisco-Hugo Freda
Comencemos por el título. Rimbaud declara: “No amo a las mujeres, al amor hay que reinventarlo, lo sabemos”.
Borges podría responderle: “Las razones para amar o para odiar son infinitas.” Sin embargo, la fórmula de Rimbaud resume lo que hoy nos reúne.
¿Hay una crisis del amor? Si seguimos al poeta, es evidente; a tal punto que hay que reinventarlo. Los elementos que lo componen están ahí, pero la forma ya no sirve.
¿El psicoanalista, puede ayudar al poeta en la tarea? Mi respuesta es positiva, pero impone ciertos cuidados.
La transferencia es uno de los nombres del amor, es el alma del psicoanálisis, una zona privilegiada, como decía Freud. Él elevó el amor a la categoría de condición de posibilidad, produciendo una revolución en el campo del saber y haciendo posible la emergencia del psicoanalista. Hay una operación muy especial que acompaña dicho movimiento: articular el amor con el saber y sacarle al amor toda connotación sexual. Lo que implicó para el analista una elección: el acto analítico o el acto sexual.
El amor también sufre del tiempo, lo mina desde adentro, sacándole el carácter de eterno que lo fundaba, al menos para la religión.
El psicoanálisis no fue ajeno a ese movimiento: ligó el amor al ser y diferenció las condiciones del amor de las condiciones del goce. La neurosis da cuenta de ello y si por casualidad los psicoanalistas no lo saben es porque la psicoterapia los ha enceguecido.
De esas dos condiciones algo ya podemos decir: el goce tiene su objeto -la gama es enorme-, no así el amor, que de hecho encarna la ausencia absoluta del mismo.
Que el niño se sienta amado por su madre es casi natural, pero que de ese lazo se quiera sacar una definición del amor es un error grosero, dado que ese paraíso de amor puro nunca existió porque el amor materno se sostiene de la prestancia fálica que el niño representa.
Sin embargo, de dicha relación quedan los signos del amor, lo que hace que de ahí en más no se pueda concebir el amor sin el Otro. Que luego se busque desesperadamente ese Otro que hace posible que el amor pueda volver a encarnarse, es inevitable. Pero el fracaso de dicha búsqueda está asegurado, por la simple razón de que el amor no se busca, se encuentra. Es el encuentro el que hace del amor un hecho diferente que no se confunde con ningún otro sentimiento. Dicho encuentro es único y no hay que confundirlo con la pasión amorosa, ya que el amor, a diferencia de aquella, crea un agujero del cual puede nacer eventualmente un nuevo nombre.
La pasión amorosa siempre tiene su tiempo, lo que al mismo tiempo la agota, con la nota de desencanto que siempre deja.
¿Quién no ha escuchado el lamento del neurótico que relata sus desavenencias sentimentales haciendo referencia al desgaste que el tiempo ha producido en su relación sentimental? El amor es más duro, más enigmático, prescinde del Otro. Imagino que nadie creerá que confundo el narcisismo de la pasión amorosa, donde el sujeto hace uno con el otro, con el amor, que es sin Otro, que es puro significante sin significación.
Me permitiré hacer una pequeña incursión en nuestra práctica. El análisis comienza con lo que llamaré: una pasión por el otro, una pasión por mi persona, de la cual como analista debo hacerme cargo, a pesar de la mentira que comporta. Eso me enseñó un paciente quien después de haber hecho una selección minuciosa de todos los analistas que le recomendaban y con los cuales había tenido por lo menos una entrevista, llega a la conclusión de que es solamente conmigo con quien podrá resolver lo que lo aqueja desde hace muchos años.
Evidentemente, no me preocupé por su sufrimiento sino por las leyes que orientaban su elección. ¿Cómo elige usted? le pregunté. Y la respuesta, que no se hizo esperar, recayó sobre mi persona mucho más que sobre sus criterios de elección, puro reflejo de la identificación imaginaria necesaria para poner en juego el primer momento del análisis. Que dichos criterios le hayan permitido deshacerse del síntoma que lo agobiaba desde siempre fue un hecho, pero se necesitó mucho tiempo para que pudiera tener una idea de cómo elegía. Fundamentalmente, nunca elegía, operaba por descarte, por conveniencia, por oportunidad, por pequeñas y miserables razones, por miedo, y de ese modo había hipotecado su existencia. Si hubiese elegido realmente, sería otro. Ese otro es su inconsciente, que está mucho más en el futuro anterior de su elección que en su historia. Lejos de mantener su pasión amorosa, se despidió indicando que ahora podía amar sus palabras y que de ese amor se tejería su destino.
Se trata aquí del verdadero sentido de la transferencia, de la más radical, donde se transfiere, casi en el sentido bancario del término, el amor que se depositó en mí.
Pero ¿hay un amor nuevo?, la pregunta existe en el psicoanálisis. Jacques-Alain Miller se la dirigió a Jacques Lacan en esos términos. ¿Qué podemos decir hoy al respecto? ¿La hemos respondido? No estoy tan seguro, la tendencia es olvidar las líneas directrices que Lacan dio.
Veamos algunas. La primera: está el amor que encuentra en su manera de decir “te amo” la completud imaginaria que en general no es más que una variante del “me amo”. A esta forma, Lacan le opuso otra: “el amor inédito”, es decir, el amor que no está editado, que no encuentra ninguna referencia en el Otro y este es el que el análisis propone en su final y del cual Lacan quería saber si podríamos decir algo.
Dicho amor inédito arrastró en su silencioso desarrollo al Otro, al punto de hacerlo inexistir. Fue ese el camino que le reservó Lacan a la fórmula de la transferencia negativa de Freud, no como un puro sentimiento de hostilidad sino como el prolegómeno de un nuevo nombre del sujeto.
No me sorprende, ahora que escribo estas líneas, haber encontrado en Lacan la continuación lógica de su idea. Es evidente que si se piensa un mundo donde el Otro no existe, la onda de choque se hace sentir en la matriz estructurante del registro imaginario. El 16 de Marzo de 1976, Lacan traza la línea de trabajo; abre una puerta que hasta ese momento era inexpugnable diciendo: “es preciso estrellarse, si puedo decir así, contra un nuevo imaginario que instaura el sentido”.
Estimado Rimbaud: Usted tiene razón cuando dice que hay que reinventar el amor, usted dio en la tecla. Hoy esa operación es necesaria si se quiere amar lo que usted llama “las mujeres”. Pero hay algo que usted no sabe: las susodichas mujeres que vienen a contarme a mí sus sueños, en general, no aman mucho a las de su género, y sobre todo a la madre, aunque en el fondo no es lo más importante. Lo que no aman fundamentalmente es la mujer que hay en ellas, ya que cuando habla, dice cosas que van contra las mujeres. Pero no se asuste, a los hombres también les pasa lo mismo. Ellos no saben que la mujer que los habita también habla en ellos. Pero hay una diferencia importante, seres humanos hay a montones, algunos vestidos de hombres, otros de mujeres. Pero nombres de mujer hay pocos. Tal vez la solución esté allí: la mujer es uno de los nombres de lo real. Y se trata de amar lo real. Por ahí seguramente pasará lo que hay que reinventar.
Los poetas, mi querido Rimbaud, nos complican la vida. Oiga lo que nos dice nuestro admirado Walt Whitman: “El que camina una sola legua sin amor, camina amortajado a su propio funeral…”
Como verá, no podemos concluir… la pregunta subsiste. El real del amor resiste.
**********
LA ATOPÍA DEL PSICOANALISTA
Amanda Goya
Siempre me sobrecogió que Lacan eligiera a Sócrates para invocar la función del analista, una figura cuyo trágico final no parece suscitar muy buen augurio. Poco antes de llegar al ecuador de su enseñanza, al viraje hacia lo real que supuso su concepto de angustia en los años sesenta, la silueta de Sócrates resume cuestiones cruciales para su enseñanza del psicoanálisis. Es alguien acusado y condenado por socavar los cimientos sobre los que estaba construida Atenas, su ciudad; el mismo del que el oráculo proclama ser el más sabio, pero quien se consagra a denunciar la impostura de todo saber que solape su inconsistencia.
Resulta que ese infatigable preguntón, como lo llama en su comentario sobre El Banquete, está poseído por una certeza: quiere decir la verdad, como declara al comienzo de su defensa en el juicio en el que un tribunal ateniense lo condenará por impiedad y por pervertir a los jóvenes. ¿Y cómo Sócrates concibe que esa verdad pueda ser dicha? Oigamos cómo se dirige a los atenienses en su alegato: ...vais a oír frases dichas al azar con las palabras que me vengan a la boca, porque estoy seguro que es justo lo que digo... [1] Aquí parece situarse en posición de analizante, de quien cree en la palabra como vehículo de la verdad, y por ello se hará merecedor de una condena a muerte en la consideración de los atenienses, salvo para sus discípulos, entre los cuales Platón le permitirá alcanzar la inmortalidad. Lacan le reconoce ser quien instaura la epistém? en su mundo, elevando la coherencia pura del significante a la potencia absoluta, a la potencia de único fundamento de certidumbre... [2] , lo que le dará ese carácter fascinante, original, seductor, frente a los sofistas.
Sócrates no es un sofista, es un sabio, porque sabe no saber, parafraseando a Virginio Baio, un sabio en el amor, porque no se deja engañar por sus espejismos, porque descifra su misterio, su vacío central: que el amante no sabe lo que le falta y el amado no sabe lo que tiene, y que lo que le falta a uno no es lo que está escondido en el otro. Por consiguiente, Sócrates no consiente a la metáfora del amor que el bello, insolente e impúdico Alcibíades le exige, y por eso prefigura la función del analista.
Sócrates elige la muerte antes que desdecirse, antes que suplicar su absolución, y en la cima de su acto espeta a sus acusadores: yo mostré no con palabras sino con hechos que a mí la muerte, si no resulta un poco rudo decirlo, me importa un bledo, pero que, en cambio, me preocupa absolutamente no realizar nada injusto o impío. [3] Cuando ya reside entre-dos-muertes, dice de él Lacan: el hombre aspira a aniquilarse en ella para inscribirse en los términos del ser (...) pero la gotita que hay que tragarse es que el hombre aspira a destruirse allí donde se eterniza. [4]
No esperamos un destino trágico para el analista en nuestro mundo, aunque su atopía es palpable en muchos registros y su futuro es a todas luces incierto, pero su lugar de agente en el discurso analítico continúa teniendo al amor como condición de posibilidad, aunque lo que el discurso le reserve sea volverse un deshecho.
¿Y si el amor se extingue...?
Notas:
[1] Platón. Diálogos. Apología de Sócrates, ap.32.d. Pag.148. Biblioteca Clásica Gredos.
[2] J.Lacan. Seminario VIII La Transferencia, cap.VII, pag.122. Ed. Paidós.
[3] Platón. Op.cit. pag. 172.
[4] J. Lacan. Op.cit. pag.
*******
EL AMOR A LA PALABRA
Marta Maside
¿Se puede amar a la palabra? ¿Es esta una buena fórmula? Repasemos las consecuencias de su exceso y su defecto. ¿Dónde ubicar el nuevo amor?
La palabra trae consigo la identificación, la detención, la mortificación significante; si se la libidiniza demasiado. Las patologías mentales más frecuentes que se trataban cuando Freud realizó el descubrimiento del inconsciente así lo atestiguaron. El sentido se imponía y el goce estaba fuertemente reprimido. El superyó castigaba al cuerpo por su intención de gozar.
Pero la palabra también trae consigo la vehiculización del deseo, la posibilidad de separación y de invención, el saber inconsciente. ¿Cómo conjugamos todos estos elementos? En su justa medida, si ésta existe. Estos elementos por constitutivos parecen necesarios, imprescindibles más bien en la constitución lógica y subjetiva del ser humano.
El desuso de la palabra ha traído consigo la destrucción del amor. Amar a la palabra puede muy bien pues, para empezar, ser una buena fórmula. Una fórmula que nos traen los nuevos tiempos como una elección forzada: amar a la palabra con todas las consecuencias, sabiendo que es el recurso del que dispone el ser humano para permanecer humano. Y parece que es discurso analítico inventado por Lacan el que está en la mejor disposición de ayudar a desgranar lo útil de lo gozoso que convive en el lenguaje, para cada sujeto de una manera. Adela Fryd nos recordaba en su artículo “Niños amos” (Papers nº9) que el Ideal del yo ha de constituirse mediante la palabra, antes de ser desechado. De otro modo lo que se produce es un mal narcisismo, o tal vez un a-narcisismo inoperante, mal entendido. Estos niños crecen y se hacen independientes, al menos económicamente, y tarde o temprano gobiernan el mundo.
Amar de otra manera, amar como nos enseñó Lacan, supone pasar del padre sirviéndose de él. Supone ir más allá de la identificación que nos brinda el sentido, saber que ésta existe y que es necesaria, y saber cómo funciona pero sin caer en la trampa de su engaño. Saber de la vertiente gozosa y contingente que conforma lalangue. Si esto funciona para los analistas, como demuestran los AEs con sus testimonios, puede funcionar para cualquier sujeto cuya ética pase por consentir a ello y atravesar el horror al saber. Al menos, hay que poner el recurso al servicio de cualquier sujeto, para que pueda servirse de él si así lo desea. Hoy más que nunca, este es el deber del analista.
Estoy de acuerdo con nuestro colega Oscar Ventura cuando dice que quizá no se trata tanto de espantarse por la destrucción del amor como de seguirlo haciendo, uno por uno, encuentro por encuentro. No se trata de temer al fracaso en nuestra tarea, pues como nos lo avanzó el sabio Lacan, éste está ya asegurado. Se trata de no dejarse desanimar demasiado, pues la experiencia analítica nos enseña, tanto la propia como la de otros sujetos que están a nuestro cargo, que a veces funciona y a veces no.
Quiero traer aquí para acabar esta breve reseña los versos de una antigua canción del grupo Radio Futura:
...y es que el amor es una enfermedad,
que una vez contraída no se cura
y por más que uno quiera perdura
y se contagia con facilidad.
********
Desmayarse
Lope de Vega
http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_voz1.php&wid=1244&p=Lope%20de%20Vega&t=Varios%20efectos%20del%20amor&o=Manuel%20Dicenta
Desmayarse,
atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.
Lope de Vega (1562-1635)
Cien poemas de amor de la lírica en lengua castellana,
Editorial Lumen, Barcelona 1987
___________________________
Edición de cartas de aLmor: Oscar Ventura. o.ventura@arrakis.es
19 de Septiembre de 2012
AMOR A LA LETRA - Bibliografía Razonada XI Jornadas de la ELP: Un nuevo Amor... Miquel Bassols, Mónica Unterberger, Gustavo Dessal, Araceli Fuentes.
LEER A AUSIÀS MARCH*: EL AMOR Y EL SABER
Miquel Bassols
¿Podemos encontrar algo nuevo en el amor leyendo a un autor del siglo XV? Si duda, si ese autor es Ausiàs March, el poeta valenciano considerado, junto a François Villon, el momento culminante de la lírica de su época, entre el meteoro del amor cortés a punto de desaparecer y el momento señalado por Jacques Lacan en varias ocasiones como el nacimiento de un nuevo discurso del amor.
Entre los múltiples puntos de interés que la poesía de Ausiàs March presenta para un lector de Jacques Lacan, señalemos la vertiente que mejor nos enseña el vínculo del amor con las paradojas de la transferencia, entendida como sujeto supuesto saber.
Nadie como Ausiàs March ha sabido formular estas paradojas en la experiencia de un amor siempre contradictorio, lejos finalmente de toda idealización primera. Pero es precisamente siguiendo las consecuencias de esta desidealización donde se produce el encuentro con aquello que no hace amable al amor pero que nos indica el lugar de su causa. Es ahí donde el sujeto del amor encuentra lo más valioso del saber que buscaba, evitándolo sin saberlo, en su experiencia.
Vayan dos citas al respecto.
1) La primera, tan famosa como evocadora del amor como contingencia en su disyunción con el saber:
Amor, de vós io en sent més que no en sé,
de què la part pijor me'n romandrà;
e de vós sap lo qui sens vós està.
A joc de daus vos acompararé.
Amor, de vos yo siento más de lo que sé,
de lo que la parte peor me quedará,
y de vos sabe el que sin vos está:
con juego de dados os compararé.
2) La segunda, tan poco comentada como enigmática para quien quiera seguir la introducción del sujeto a la causa inconsciente del amor:
Creixent saber, l·ignorança·s desperta;
al qui més sab li corre major dubte:
en aquell temps que res no sé, no dubte,
e·l grosser foll tota cosa l·és certa.
En son saber algú no·s glorieje;
algú no sap del saber lo subjecte:
l'ànima és, e sol sabem l'effecte.
Creciendo saber, la ignorancia se despierta;
a quien más sabe le sobreviene mayor duda:
en aquel tiempo en que nada sé, no dudo,
al tosco loco todo le parece cierto.
Nadie se vanagloria en su saber;
nadie sabe del saber el sujeto:
el alma es, y sólo sabemos el efecto.
Es este sujeto del saber que no se sabe a sí mismo, —aquí “sujeto” debe entenderse también en el sentido clásico del “objeto del saber”—, es este sujeto tan cercano al sujeto del inconsciente freudiano, el que Ausiàs March aborda en la experiencia del amor. Y es allí donde el lector que quiera seguir sus meandros encontrará también las razones para acercarlo a las paradojas del amor de transferencia.
*Ausiàs March, Obra poética (Selección bilingüe). Introducción de Joaquim Molas, traducción de Pere Gimferrer, Alfaguara, Madrid 1978.
_______________
AMOR DE TRANSFERENCIA
Mónica Unterberger
La transferencia fue descubierta por Freud como motor y obstáculo al trabajo analítico. Todos las cuestiones que comporta el amor, se juegan ahí. El amor que allí se muestra, y se hace presente exige un esclarecimiento acerca de lo que lo define en la experiencia analítica. Al respecto, Lacan no deja lugar a dudas (Sem XI, pp-257-8): “el efecto de transferencia (...) este efecto es el amor. Como todo amor, sólo es localizable en el campo del narcisismo: amar, es esencialmente querer ser amado”.
Lo que orienta esta reflexión sobre el concepto de Transferencia, especialmente el amor llamado de transferencia, es esa estrecha vinculación con los embrollos en los que el amor queda enredado. Embrollos en los que se enredan todas esas concepciones, obras de la sublimación del amor, que conocemos multiplicadas según la época en la que surgen, Tema presente en estas Jornadas que examinan los destinos del amor , bajo transferencia, en la experiencia analítica. En este sentido, el Seminario XI de Los Cuatro conceptos Fundamentales ofrece una oportunidad interesante para dar una vuelta por su complejidad. Allí Lacan propone la transferencia como uno de los conceptos fundamentales del psicoanálisis. Atraviesa todo el seminario y es interrogada uno y otra vez, hasta las últimas reuniones. A medida que avanza en la articulación se ocupa del amor con el que se inicia la transferencia, en sus diferentes funciones y relaciones:
1. el amor en su función de engaño;
2. el objeto a, detrás de todo amor;
3. la operación del deseo del analista: diferenciar el I(A) del a.
¿Cuál es la complejidad del concepto de transferencia? Primera aproximación.
En uno de sus extremos, eso que en el sujeto inicia el trabajo en el dispositivo, debe ser puesto en acto para que entregue los significantes a los que obedece la singular configuración de goce bajo la que se presenta un sujeto que demanda un análisis. En el otro extremo, que implica el recorrido, el final alcanzado, es la presencia del deseo del analista la que opera y maniobra en y con la transferencia para que el “sujeto pueda reconocerse en ese punto de carencia “ (pp.274- Los Cuatro Conceptos Fundamentales), que constituye el hiato inaugural de la división del sujeto, lo que dicho de otro modo, le revele al que realiza la experiencia, de qué estan hechos los destinos del amor a los que sirve.
Al ocuparse de la transferencia, Lacan tiene que ocuparse del amor, en sus tres dimensiones: imaginario, simbólico y real. Mientras lo imaginario queda ligado al narcisismo, a lo mismo, a la alienación a la imagen, lo simbólico a la significación que compone la modalidad del Otro del amor, enmarcado por la ventana que abre la singular configuración del fantasma, lo real nos lo introduce como lo que hay detrás del amor, su soporte y allí va a hablar del objeto a, ligado a la pulsión en su recorte de goce. Cuestión que se lee en esa estupenda formula al final que dice “porque amo en ti, algo más que en ti, te mutilo”. Lo que importa señalar en este seminario es justamente este examen de los tres registros del amor y como concebir su incidencia en la transferencia y el hecho que despliega sin descuidar- mejor dicho: poniendo en primer plano- la operación y maniobra que el analista, desde el deseo del analista como operador, debe ejercer para lo que define como la “diferencia absoluta” a obtener entre el punto del Ideal, desde donde se ve amable y ese otro, desde donde el sujeto se ve causado por el objeto pequeño a. (pp.273-idem-ant.).
¿Cuál es la complejidad del concepto de transferencia? Segunda aproximación.
Que al resultar ser la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente, (pp.161.-idem.ant.) presentifica en la experiencia tanto el amor que engaña, envuelve en i(a), pero tambien protege lo real como lo que está detrás del amor, es decir.: lo que causa al sujeto del deseo, -indicada ya por Freud como la presencia de lo libidinal- y lo representa en los significantes privilegiados en los que uno y el otro se cruzan, fijan el objeto del goce en el fantasma y se separan. Es a lo que nos remite Lacan cuando al hablar del efecto de transferencia, nos dice que este “amor viene a oponerse en su función esencial, “su función de engaño”: “hecha para oponerse a esa revelación del punto de ligazón con su propio deseo.” Hay que esperar ese efecto de transferencia- amor- para interpretar. Pero ese efecto de transferencia cierra al sujeto al efecto de nuestra interpretación. Solo en la experiencia analítica, se pone en acto la transferencia en tanto presentifica los destinos de la pulsión y las formas, la modalidad, su traducción en significación, su determinación fantasmática, en las que el amor muestra y revela en su función de engaño, esa cara de resistencia por las que “se opone a esa revelación del punto de ligazón “ (ídem. ant.) que el sujeto mantiene con su propio deseo, en términos de Lacan.
¿Cuál es la complejidad del concepto de transferencia? Tercera aproximación.
Que su raíz está estrechamente vinculada a lo real de la pulsión y en su puesta en acto de la realidad del inconsciente, muestra la estofa de la que está hecha: identificaciones que dan el color al vacío del amor; goce en más que muestra sus fijaciones y los objetos pequeños a que lo causan desde el fantasma; coalescencia entre el I(A)- significante singular- y el objeto a, soporte alrededor del cual la demanda se organiza, sin que el sujeto lo sepa y que viene a cubrir la hiancia, el hiato de la división inaugural en ese advenimiento en el que se constituye como tal. De ahí que solo en la experiencia analítica, con el operador del deseo del analista, en tanto éste es lo que resulta del recorrido y efecto de un análisis llevado hasta su final lógico, es posible elaborar un saber sobre los destinos que ha tomado el amor. Dicho de otro modo y parafraseando a J.-A. Miller, “más que saber, se trata de qué quiere el Otro -Che vuoi?- y, lo que es más importante ¿a dónde conduce?”. Lo esencial, si puedo decirlo así, en ese movimiento, es elevar el amor a la dignidad. de un objeto que lo causa. Digamos, es una reinvención del amor, al modo en el que la poética de Rimbaud lo escribe: “reinventar el amor”. Ni devaluarlo ni formalizarlo, tampoco elevarlo a sus formas místicas, románticas o surrealistas. En este seminario anticipa el valor que toma el amor en el seminario de Aún y es en ello que nada más lejos del pensamiento de Lacan que su devaluación.
La insistencia de Lacan en el seminario XI en relación al amor llamado de transferencia es la ocasión para captar las servidumbres de las que está hecho. Saca al amor de transferencia de la cárcel a la que lo habían enviado otras concepciones de la experiencia analítica. Le restituye el estatuto que le concierne: el efecto de transferencia es “ese efecto de engaño en tanto se repite en el aquí y ahora”, pero que se repita no quiere decir que se reduzca la transferencia a la repetición y tampoco que sea “sombra de los antiguos engaños de amor “sino que su puesta en acto es la condición donde puede aislarse su puro funcionamiento de engaño, hecho para deslizar la modalidad fantasmática bajo la que el sujeto del inconsciente encuentra la satisfacción pulsional”.
Como bien lo subraya Alain Badieu (Elogio del Amor) quizás el amor, que no es sin su partenaire, incluya algo de cada una de esas versiones -místicas, románticas, surrealistas- sin reducirlo a ninguna de ellas, en tanto en el fondo de lo que se trata es de restituirle al amor su dignidad. Y eso no es, en la experiencia analitica, sin hacerle decir a qué goce sirve su envoltura o su función de engaño.
_______________
¿SE ACABA EL AMOR?
Gustavo Dessal
Los psicoanalistas no tenemos una teoría sobre el cambio. Familiarizados con la repetición, con la adherencia de la libido, como lo llamaba Freud, o con la inercia del goce, para emplear los términos lacanianos, estamos en mejores condiciones para explicar la constancia de la pulsión que lo nuevo. A ciencia cierta, ni siquiera podemos formular con verdadera precisión las razones por las cuales el analizante consigue, en determinado momento, modificar su relación con lo real. Verificamos que eso sucede, y construimos un saber sobre ello, pero en el mejor de los casos no deja de ser una demostración tautológica. A la hora de hablar sobre el cambio, sobre “lo nuevo”, acudimos frecuentemente a la fenomenología social. Constatamos, al igual que los sociólogos, que los semblantes cambian conforme se modifican las estructuras culturales, y concluimos que el amor está en crisis. Lo está, sin duda, y nadie mejor que Zygmunt Bauman, con su concepto del “amor líquido”, para describir la viscosidad actual de los lazos amorosos. Sin embargo, es interesante comprobar que nuestra experiencia clínica nos muestra el fenómeno amoroso atravesado por una auténtica división. Por una parte, la devaluación de la fe en la durabilidad del amor. Pero por otra, y como una prueba más de que el inconsciente desconoce el principio de contradicción, ese descrédito no afecta a la creencia inconsciente en el amor como aquello que puede hacer cesar la no relación sexual.
Tal vez uno de los autores que mejor reflejan esta contradicción, y que apuestan por una teoría que no solo no anuncia una decadencia del amor, sino todo lo contrario, es el sociólogo Ulrich Beck, director del Instituto de Sociología de la Universidad de Munich, que publicó El normal caos del amor (Paidos, Barcelona 2001) en colaboración con su compañera Elisabeth Beck-Gernsheim. La tesis central del libro (recomiendo especialmente el capítulo titulado “La religión terrenal del amor”) es la siguiente: “El ansia por el amor como confianza y patria crece en el entorno de la duda y de las incertidumbres que la modernidad produce. Si no hay nada seguro, si incluso el respirar ya está envenenado, la gente corre detrás de los sueños irreales del amor, hasta que éstos se convierten en pesadillas”.
El creciente índice de divorcios no afecta al número de parejas que incansablemente, ya sea mediante los procedimientos tradicionales, o de forma más heterodoxa, se establecen. Más aún, los autores proponen la interesante idea de que el amor es una utopía capaz de sobrevivir a la crisis de todas las instituciones. Nosotros podemos traducir esto en nuestros términos: cuando las formas culturales del amor colapsan junto con todos los valores asociados al discurso del amo, es el momento en que la eficacia sintomática del amor como ficción singular puede tomar el relevo de las creencias que se disuelven. El amor, incluso en los tiempos actuales, sigue siendo una experiencia de creación de sentido cuya eficacia reside ahora en que no depende como antaño del discurso instituido.
“El amor anida en símbolos que los amantes tienen que crear ellos mismos en la historia de su amor para superar su extrañeza...”. Tal vez esta facultad creadora del amor-síntoma pueda obrar como resistencia al influjo mortífero del oscurantismo científico y político, y sea la oportunidad para que el sujeto encuentre un nuevo refugio contra el malestar en la cultura.
_______________
LO QUE PUEDE PROMETER EL ANÁLISIS RESPECTO AL AMOR…
Araceli Fuentes
Lo que puede prometer el análisis respecto al amor, depende de lo que puede inscribirse de la palabra del analizante. La elaboración del Inconsciente solo permite escribir el Uno, el uno del goce, sea letra o signo, pero no escribe el dos del amor. Sin embargo no podemos imaginar que el análisis no tenga efectos sobre el amor y en 1975, en la “Nota italiana”, Lacan emplea la expresión “un amor más digno” para referirse a ese cambio. Ese amor más digno sería un amor que habría percibido su núcleo real, fuera de sentido. Un amor que se habría convertido en un síntoma en el que ya no se cree más, pues al haber tomado la medida del Inconsciente Real y de la contingencia del encuentro que le es solidaria, ya no se interrogaría sobre su sentido, pues habría percibido la dimensión del goce fuera de sentido que se aloja allí. Sería un amor ateo, no transferencial, no menos sólido que otros pero seguramente menos parlanchín.
Bibliografía:
Jacques Lacan, “Nota italiana”, 1973, Otros escritos, Pág. 327. Ed. Paidós.
Colette Soler, L´ inconscient réinventé, Ed. PUF
___________________
Comisión Bibliográfica, Paloma Blanco Díaz (montblanc@cop.es).












«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



