24 de Mayo de 2013
LA CAZA de Thomas Vinterberg. Irene Domínguez (Barcelona)
La caza, última película de Thomas Vinterberg, desgarradora, conmovedora y profundamente humana es, sin lugar a dudas, una obra maestra. En su sencillez argumentativa está condensada y reflejada la estructura misma del vínculo social de ese animal civilizado que es el ser humano. La caza de venados en un bucólico y tranquilo pueblecito, dará un encuadre preciso de eso que comporta la civilización. El instinto humano de matar sublimado en actividad colectiva, es mucho más que un deporte: está al servicio de transmitir lo que quiere decir ser un hombre. En el ritual de iniciación del cazador, los jóvenes reciben por parte del padre la escopeta e ingresan, de este modo, en el círculo de la hombría colectiva, abandonando la infancia para siempre.
Lucas, un hombre recién separado, profesor de escuela que se ha quedado sin empleo, se incorpora a trabajar en el parvulario de su pueblo. Comparte con los amigos de la infancia la afición por la caza, las reuniones, la amistad… Todo bien. En su nuevo trabajo los niños juegan con él, la directora está contenta, todo está en orden… hasta que un día, un acontecimiento, aparentemente banal, trastocará su vida y la de su entorno. Klara, la hija de 5 años de su mejor amigo, un poco enfadada porque éste no quiere ser su novio, miente. Le cuenta una mentira a la directora de la guardería. Le dice que Lucas le ha enseñado la verga.
A partir de aquí, se va tejiendo una acusación de abuso sexual que se hará extensible a todos los niños del parvulario. La mentira de la niña dispara, por parte de los adultos, la fabricación de un monstruo. El afable profesor despierta del sueño e ingresa en la pesadilla de la realidad. Nadie, a excepción de su hijo y dos o tres amigos, va a creerle. Lucas es culpable del peor crimen que se puede cometer. Poco importa que la justicia no pueda hallar indicio alguno de lo “ocurrido”, ni siquiera que la niña repita que eso no sucedió, que Lucas no le hizo nada. Ya no hay marcha atrás. Una vez impresa la acusación en el tejido social, ésta va a quedar grabada con sangre y él pagará por ésta.
El pueblo entero lo va a señalar con el dedo, expulsándolo del último rincón de sus casas, de sus tiendas, de su iglesia. Nada importa que hasta el momento fuera un buen tipo, conocido y amado por todos.
Se puede entender bien el rechazo que suponen, aún hoy, las tesis de Freud sobre la sexualidad infantil. La pureza de los niños es incuestionable. Pero no sólo eso: la película muestra la ceguera constitutiva de lo que envuelve el amor y la estofa con la que está hecha el lazo social. La acusación de monstruosidad volcada sobre este hombre, da cuenta de la constitutiva del ser humano, haciendo caer con furia toda la fuerza del rechazo, la humillación, la mentira y el desprecio sobre alguien que no tiene, siquiera, la oportunidad de defenderse. Lucas encarna el objeto a del sujeto colectivo. Se convierte en su elemento éxtimo: lo más íntimo deviene lo más siniestro y debe ser expulsado afuera. Poco importan sus actos hasta ese momento… él es ahora el basurero donde irá a parar toda la mierda: ese es el precio a pagar por vivir en comunidad. El culpable detenta el goce más oscuro, y así, todos los demás están a salvo.
Es interesante ver que la naturaleza misma de la acusación proviene del colectivo, no la encarna nadie y en ese sentido es mucho más feroz e indestructible. La comunidad se revitaliza, está fuertemente conmovida y unida frente al culpable. Por eso la sentencia judicial a su favor no cambia un ápice las cosas, porque lo que es juzgado no son los hechos, sino su condición humana. La película muestra magistralmente la fragilidad de la realidad y la paz social, anclada en el goce oscuro de la pulsión de muerte, en donde el amor al prójimo es su siniestro velo.
Lacan, en El seminario de la Ética del Psicoanálisis, se expresa así: “La realidad es precaria. Y, precisamente en la medida en que su acceso es tan precario, los mandamientos que trazan sus vías son tiránicos. En tanto que guías hacia lo real, los sentimientos son engañosos”. Lo muestra bien su última escena, donde Lucas, cual venado, se convierte en el blanco al que apunta la escopeta de la sombra de un vecino, que no duda en disparar a matar.
Al salir del cine escucho a un chico decir: “No hay que hacerse profesor de niños pequeños”. Pienso que esa frase bordea una verdad. De alguna manera Lucas paga el precio por salirse de los roles establecidos, porque la chispa que enciende el suceso no es casual, es estructural. Hubiera sucedido de todos modos. En el ritual social la crianza de los niños es función de las mujeres. Las manifestaciones de afecto y cariño hacia los niños provenientes de los hombres están prohibidas, pues llevan intrínsecas la acusación sobre el goce sexual. El único escenario de afecto para los hombres está reservado a su función paterna.
Esta sutil y suculenta película, lejos de ser el relato de un hecho aislado de un pueblecito perdido en algún rincón del mundo, muestra la génesis, desde sus entrañas, de las peores atrocidades cometidas por los hombres. Versa sobre la formación del racismo, sobre el mecanismo de la segregación y el odio, en donde el rechazo a la otredad pulveriza, en un instante, el dulce sueño del amor comunitario, haciendo aparecer lo más detestable de nuestra condición humana.
21 de Mayo de 2013
El destino del Padre y su incidencia en la adolescencia*. Damasia Amadeo de Freda (Buenos Aires)
Freud establece una relación entre el destino de la subjetividad y el complejo de Edipo. A lo largo de su obra vemos cómo la figura del padre se vuelve central. La articulación del padre y el complejo de castración será determinante en las posiciones sexuales, tanto en la niña como en el varón. Como sabemos, dicha articulación será distinta en ambos sexos: la niña entra al complejo de Edipo a partir de saberse castrada como su madre, lo cual implica el abandono de dicho objeto de amor primario, para pasar al complejo de Edipo positivo; el varón, por su parte, renuncia a la madre para preservar su órgano y se identifica al padre bajo la forma del ideal a alcanzar. De esta manera sale del complejo de Edipo y entra en la latencia. Para los dos sexos la pubertad será el momento de reactualización de la elección de objeto infantil pero con la particularidad del hallazgo del nuevo objeto por fuera del otro parental.
La revolución que implica la "metamorfosis de la pubertad", y la crisis que supone la entrada en la adolescencia como momento de pasaje hacia la edad adulta, queda ilustrada por la comparación que hace Freud en 1934, en una carta dirigida a Arnold Zweig, en la que compara el momento sombrío de la adolescencia, momento al que de ninguna manera él querría volver, con los tiempos oscuros que se anunciaban con la entrada del nazismo en Viena. Si bien la comparación parece exagerada, era ese el sentimiento de Freud.
Veinte años antes, en 1914, en el texto "Sobre la psicología del colegial"[1], Freud relata su experiencia de adolescente en un tono menos lúgubre. En este texto, que fue escrito como homenaje al cincuentenario del colegio donde cursó sus estudios secundarios, Freud se retrotrae a la segunda mitad del siglo XIX para pensar la adolescencia a partir de su propia experiencia.
Este texto es ante todo un homenaje al padre, a la importancia que este tiene en la infancia para el niño. Las nuevas figuras de autoridad halladas en la adolescencia, representadas por maestros y profesores -a los que Freud también rinde homenaje allí-, son sucedáneos del padre y serán las responsables de hacer surgir el deseo de aprender, orientando al adolescente en la elección de las vocaciones definitivas para la edad adulta.
Freud llegará a decir ahí que el destino de un adolescente, en cuanto a poder descubrir y llevar a delante una vocación, dependerá en gran medida del buen encuentro con los profesores en esta época de la vida.
La actitud del niño, llegado a la pubertad, es caracterizada en ese texto por una lucha interna en abandonar las identificaciones al padre, destituirlo del lugar del ideal para así dar lugar a las nuevas identificaciones y a los nuevos ideales representados por las figuras de la educación. Dicho momento está caracterizado fundamentalmente por la rebeldía y la ambivalencia y se manifiesta en el cuestionamiento al padre, en su destitución en tanto garante más importante hasta ese momento de la verdad para el niño.
Bien se puede pensar que la crisis de la adolescencia que Freud planteara en este texto, era solidaria también del abandono de identificaciones sólidas y bien consolidadas que el ideal paterno proveyera al niño. Ese momento implicaba, entre otras cosas, el pasaje de esas identificaciones endogámicas a las exogámicas impuestas por la cultura. Es decir, las nuevas figuras del ideal ofrecidas por la educación escolar, en tanto orientadoras de vocaciones y deseos acordes a los intereses del adolescente, se desprenderían y tendrían su punto de apoyo en la orientación dada por el padre, lo cual supone también la idea de un Otro sólido y consistente que amortiguaría la crisis que el paso por la adolescencia implica necesariamente.
En la enseñanza de Lacan no hay homogeneidad con respecto a la noción del padre. A lo largo de los años vemos que esta se modifica. El primer momento se caracteriza por la reducción del personaje de la realidad a una función: el significante del Nombre del Padre. Dicha transformación se basa en el movimiento propio de su enseñanza, pero no deja de estar relacionada con la observación temprana que hace de su declive y que se puede ver ya en 1938, en el texto "La familia"[2].
De todos modos, el significante del Nombre del Padre no estaba muy alejado del mito del Edipo freudiano. Su función, que es la de sustituir al significante del Deseo del Madre para la emancipación del niño, si bien hace desaparecer a los personajes de la realidad para remitirlos a una función puramente lógica, metaforiza de todos modos el pasaje por el complejo de Edipo.
La posterior transformación del Nombre del Padre es llevada hasta su pluralización, y finalmente se verá reducida a ser un elemento más entre otros cuyo objetivo es el de mantener unidos los tres registros, lo cual modifica sustancialmente la idea freudiana del Edipo como articulador central. Ya no se tratará más del determinismo que dichos elementos introducen en la subjetividad del niño y que estaban estrechamente ligados al otro parental. Esta trasformación conceptual modifica la idea del determinismo que supone la noción de estructura y abre a la noción de creación que se desprende de la última enseñanza de Lacan.
Hoy, estamos en la época del Otro que no existe y del ascenso al cenit social del objeto a. Por otra parte, la época nos muestra por todas partes que del declive del padre, que arrastra a todas las figuras de autoridad, no se puede responsabilizar al psicoanálisis. Más bien es el amo oculto del capitalismo el que favorece esta caída. En este sentido, el psicoanalista es aquel que lee "la subjetividad de su época" y el que la interpreta.
El declive del padre y de los ideales, que encuentra su forma más acabada en la inconsistencia del Otro, ilustrada en todas sus formas en el mundo contemporáneo, tiene efectos en el modo de pensar la clínica.
Es esta última perspectiva la que propongo para pensar la clínica de los adolescentes en la actualidad. Algunos casos en los que la función paterna parece estar en cuestión, estar muy descalificada o simplemente ausente, la aparición en el análisis de un significante promisorio para el futuro pareciera venir a ordenar un Otro para ellos. El deseo de ser "bombero", en un adolescente que había tenido serias conductas piromaniacas en la niñez, las cuales testimoniaban de un empuje de la pulsión que parecería no encontrar ningún freno ni límite en la función del padre, transformó al significante "bombero" en un elemento ordenador de su futuro. La firme decisión de otro de llegar a ser "militar" -presentándose ya a las primeras entrevistas con dicho uniforme que la institución elegida para sus estudios secundarios le obligara a llevar- encontró su origen en un recuerdo de la infancia en el que el ser saludado por su nombre por el policía del barrio hizo del ser nombrado por un ser nombrado para y compensó el desentendimiento temprano de su padre respecto de él. Finalmente, la aparición del deseo de estudiar "criminología", en una adolescente cuyas coordenadas simbólicas respecto de su nacimiento están impregnadas de muerte y de rechazo por parte del padre, y cuyo entorno familiar actual no es mucho mejor, va en la misma dirección.
La hipótesis que me interesa introducir es la de que un significante cualquiera puede venir a ordenar una existencia y proyectarla hacia el futuro. De la misma manera que en la época de Freud -época de la existencia de un Otro consistente- este ordenamiento hacia el futuro era remitido exclusivamente a la transmisión que hiciera el padre y las figuras que lo representaban, así fuera para seguirlas o para oponérseles, en la actualidad el psicoanálisis puede tomar el relevo de esta función.
Mi idea es que el Otro cambia y que el psicoanálisis puede ayudar al adolescente a encontrar significantes que otrora se le adjudicaban al padre como principal agente de su transmisión. La clínica con adolescentes me enseña que el psicoanálisis puede ayudarlos a encontrar un significante propio por donde orientar sus deseos en una época marcada por la inconsistencia del Otro.
Notas:
1-. Freud, Sigmund. "Sobre la psicología del colegial", en: Obras completas Tomo II. Ed. Biblioteca Nueva. Madrid, España. 1973. Cap: LXXVIII
2-. Lacan, Jacques. La Familia. Ediciones Homo Sapiens, Argentina, 1977.
18 de Mayo de 2013
La feminización del mundo: el nuevo orden del toxicómano. Ernesto Sinatra (Buenos Aires)
La hipermodernidad es No-Toda
Partimos de una hipótesis*: la hipermodernidad, con su proceso de globalización, empuja al estado actual de la civilización denominado feminización del mundo [1] y el nuevo orden del toxicómano se inscribe en esas coordenadas.
Se trata del pasaje del Todo y la excepción –que caracteriza a la sexualidad masculina- al No-todo que rige el lazo izquierdo de las fórmulas de la sexuación; o para decirlo de otro modo, ajustando la teorización: es el tránsito del Otro que existe al Otro que no existe[2].
Afirmar que el Otro no existe indica la negación de los dos principios que sustentaban la lógica del Todo: la excepción falla en su función (desaparece, el padre ya no regula con su prohibición), lo que produce el estallido del Todo (el conjunto no cierra, pierde su consistencia). Tal inexistencia del universal cede su lugar a la generalización: el no-todo en todas partes, indica Miller[3], lo que da lugar a la multiplicación de fenómenos en red. Internet es, tal vez, la más precisa mostración de este acontecimiento de masas que en su extensión horizontal, no permite situar un Todo, impide cerrar el conjunto, armar un universal.
Como un efecto del furor de la web surge el intento de controlar, de regular Google, sobre el fondo de los escándalos producidos por las filtraciones de informaciones reservadas, hackeadas por Wikileaks.
En esta línea leemos hoy la globalización desde la posición del no-todo que corresponde en las fórmulas a la posición femenina. Se trata de destacar ahora que el modo de goce contemporáneo está determinado ya no más desde la perspectiva del padre como significante amo (S1) de la civilización, ya no más desde su función de prohibición (padre como agente de la castración), ya no más desde la negativización del goce, sino desde su positivación, desde la mostración del goce que hay.
Es ése el alcance de la frase de Jacques Lacan -pescada por Jacques-Alain Miller- que indica que el plus de gozar hoy ha ascendido al cenit de la civilización. El goce –el plus de gozar- se ha tragado al Ideal: es la satisfacción lo que rige el estado actual de la civilización y ya no el ideal.
Desde la perspectiva del No-Todo volvemos a considerar las cuestiones de las toxicomanías en la hipermodernidad, ya no desde la perspectiva discursiva del padre -quien como elemento complementario, antinómico, administraba la prohibición y estructuraba jerárquicamente las agrupaciones; ya no desde el Todo organizado y organizador que aquél aseguraba con su conjunto cerrado de leyes que regulaban el goce.
Freud interpretó a su época: el malestar era el síntoma que mostraba que la renuncia pulsional (¡hay que dejar de gozar! como mandato paterno de la civilización) no reinstalaba la felicidad, sino que –por el contrario- reforzaba el circuito infernal del superyó reintroduciendo la ferocidad del goce, ahora con la prohibición.
Hasta ese entonces, el conjunto se sostenía en el Todo a partir de la culpa y el castigo, de los pecados y su expiación: el imperativo proscriptivo de la civilización reforzaba el superyó. La iglesia florecía hasta allí con su negocio: “¡hay que dejar de gozar!” pero si has pecado, puedes expiar tus pecados; pero entonces vuelves a gozar, y entonces vuelves a la Iglesia para volver a expiar…, etc.
El imperativo actual de la civilización ha devenido "¡hay que gozar!", en una época que sabe demasiado de la inexistencia de la relación sexual: el estado debe regular lo que hasta ayer era considerado un derecho divino, no tan sólo natural: el matrimonio adviene igualitario, la identidad de género deja de soldar cuerpo y sexo.
De un lado el avance mediático del goce sexual ("todo para ver"); del otro la criminalidad exponenciada, muestra el espectro del goce que va "de la cosquilla a la parrilla".
La formulación freudiana del siglo pasado de "los delincuentes por sentimiento de culpabilidad" parece haber retornado ahora de un modo feroz, caracterizando la falta ostensible de la barrera del no. No es -al menos no solamente- que el castigo anticipa la culpa, sino que a menudo la sustituye: en muchos casos no hay evidencias clínicas de culpabilidad, sino una oscura percepción por parte del sujeto de un castigo que merecería, sin poder precisar bien por qué.
Debemos también mencionar otros fenómenos de la época del No-Todo: asesinatos a mansalva en lugares públicos, actos criminales realizados porque sí, es decir: sin más significación que su ejecución misma. No sólo sin culpa, sino también sin motivo, sólo la acción impulsiva contra el Otro (o contra sí mismo). Estas acciones criminales se han diseminado por doquier como un signo de la desaparición de la función del NO, aquella que -en el nombre del padre- aseguraba la función de la excepción (¿por qué no hacerlo?).
Es preciso destacar que las drogas suelen ser en estos casos, instrumentos no sólo de empuje a la acción, sino además de desculpabilización.
Las tribus urbanas muestran la coalescencia del goce y el saber
Para resistir a la inexistencia del Todo, proliferan micro-totalidades que intentan restituir un dominio en “un campo muy restringido del saber”[4]: a ellas responden ultra-especialistas que se dedican a explicarlos.
El ejemplo que da Miller es el de los Otaku –personalidades monomaníacas refugiados en una zona del saber que exploran hasta intentar totalizarla[5]- agregaremos las tribus urbanas, a partir de las cuales distinguimos un rasgo diferencial en la configuración de las micro-totalidades, la coalescencia saber + goce: Skaters, Grunges, Góticos, Heavies, Hard Cores, Skin Heads, Emos, Raperos, Floggers... la lista no cierra mostrando su inconsistencia estructural.
Se nombra un goce, se lo aísla, se lo asocia con un saber bien delimitado, se inventa una clase a partir de destacar esa coalescencia goce/saber ¡y ya está! Se ha constituido una micro-totalidad.
El elemento aglutinante de las tribus parece ser –lo que llamaré- un goce éxtimo: exclusión del universo social con inclusión solidaria en la banda; marginación de las leyes del Otro con inserción fuertemente normativa en su micro-totalidad. Las substancias tóxicas suelen ser, entre ellos, coadyuvantes del lazo asociativo.
Para explicar cada micro-totalidad, surgen los ultra-especialistas. Pero ¡cuidado psicoanalistas!, ya que también los especialistas han pluralizado las toxicomanías clasificándolas en múltiples adicciones: al trabajo, al alimento, al juego, al sexo, a las dietas...
Es preciso recordar que es el goce que desborda cualquier clasificación, y que él nunca podrá ser reabsorbido por el significante.
Los no-incautos del inconsciente yerran, como el toxicómano
Miller en su Curso del 2009 -Sutilezas Analíticas - sostiene que la teoría de la libido freudiana cree en la relación sexual, mientras que la teoría de las pulsiones de Lacan parte de la inexistencia de la relación sexual ¿Cuál es la diferencia? Es que si se parte de que no hay relación sexual no hay un goce que una vez hubo y que está perdido, sino que todos los goces son equivalentes. Pero que tampoco habría un goce que convendría ¿Y entonces que hay? Un goce, un goce, un goce,… la singularidad de una forma de vida; es decir, de lo múltiple de las formas de goce, de lo que el goce sexual es uno entre otros.
Se trata entonces de caracterizar los fenómenos actuales para deducir de ellos cuál es la particularidad de los goces que los comanda. Y las toxicomanías ocupan aquí un lugar decisivo, ya que la liberación social de la prohibición paterna y el consiguiente empuje al goce son un campo fértil para el consumo de substancias ilícitas.
La dialéctica prohibición-empuje al goce estalla de un modo inercial en las narices de los legisladores cuando pretenden volcarse de un lado o del otro del disenso: si la respuesta promueve liberar las drogas, se torna inevitable un llamado al consumo; mientras que, al revés, si la respuesta surge del lado de la prohibición, la respuesta de los verdaderos consumidores tampoco se hace esperar: “¡Ah, me lo prohibís! Entonces… quiero más!!!"
La criminalización del consumo (prohibición) o su sanitarización (legalización), ambas tienen, además, efectos paradojales: la primera castiga luego de culpabilizar, la segunda victimiza para después curar; pero -en verdad- ambas convergen en no responsabilizar al sujeto de las elecciones realizadas. Aunque, en rigor, el problema es que los sistemas institucionales que existen para intentar regular el goce a partir del Estado de derecho, no tienen dicha función ya que sólo pueden dirigirse al sujeto como universal, y es harto evidente el modo en el que fallan cuando intentan dirigirse a uno por uno.
Es en ese campo -estrecho- de la promoción de las responsabilidades subjetivas, singulares, en el que encuentra su razón de existir -precisamente- el psicoanálisis… y el psicoanalista hace su ingreso como un ser extraño al campo del Derecho, no menos extraño a las normas que rigen a la sociedad de consumo -pero paradójicamente, nunca excluido de ella- aunque crítico con el discurso dominante que encarna hoy la ciencia. En fin, como bien lo señala Eric Laurent, el psicoanalista ocupa ese lugar extraño como un inmigrante y bien sabemos las dificultades que acarrea dicha posición de extimidad.
Como el Dios Jano, el problema de la legalización de las toxicomanías muestra, una vez más, las dos caras de la pulsión de muerte repartidas entre prohibición y empuje al goce[6] ¿Cómo responder entonces con estas notas a la legislación en cierne?
La época del No-Todo esta centrada en lo ilimitado, en la ausencia de prohibición a partir de la falta de límites ¿Cuál era el invento del Padre? Hacer creer que lo que no es sino imposibilidad, es prohibición. Esa es la tontería que cree el neurótico y que constituye su debilidad mental: creer que está prohibido lo que es imposible, es decir, lo que no hay.
Y es en este punto, el de la increencia en el padre, donde reencontramos a nuestros toxicómanos; ellos han sido pioneros en avanzar por los senderos del No-Todo en el nombre del goce[7]; ellos han hecho resonar en sus cuerpos los ecos de la pulsión de muerte intentando desalojar de allí las marcas de castración -adjudicadas al padre. Por eso, a fuerza de ser no-incautos, los drogadictos erraron su destino, ya que esas marcas que adjudicaron a la insistencia del padre, no eran sino el signo de la imposibilidad de la relación sexual que afecta a cada parlêtre.
Este paso: del cínico al incauto, es el que amenaza constantemente retornar aplastando al toxicómano. Mientras tanto, él -y ella- siguen consumiendo sus cuerpos para seguir sin consumir el inconsciente.
Y una vez más a tono con la hipermodernidad (concentración, densificación de los valores de la modernidad, no su Aufhebung [8]) el toxicómano muestra la particularidad de la época al situar una paradoja en el centro del goce que obtiene en el momento del flash: si bien la defensa contra el goce femenino actúa en ambos sexos y las drogas con su fuerte impulso autoerótico cortan al sujeto del partenaire evitando la apuesta sexual, también es cierto que con el uso de ciertas drogas parecería alcanzarse una sensación extática que podría identificarse con el goce femenino. Así considerado, el uso de ciertas drogas sería tanto un rechazo del goce femenino como una coartada para acceder a él sin pasar por el hombre como relais: orgasmos autoeróticos con la droga como partenaire.
Una mujer histérica "cansada de los hombres", "eterna anorgásmica", comprobó en el análisis la causa de su adicción: llegó al consumo luego de un desencuentro con su "enésimo" partenaire (del que no paraba de quejarse); interrogada por las drogas empleadas indicó que eran las mismas del susodicho. Siguiendo las vías de la identificación, por despecho, había conservado la substancia y –nuevamente– perdido el partenaire. Es de destacar que esta solución le producía un goce "poderoso, ¡lo más parecido a un orgasmo que tuve en mi vida!".
De la falta de amor al goce -¿femenino?- prescindiendo del partenaire, empleando la plasticidad identificatoria femenina moldeada, ahora, sobre la droga arrancada al hombre.
Consideraciones finales: sobre el goce hipermoderno
Una interrogación final recae sobre la época: ¿Se desprende necesariamente el goce femenino de la estructura del No-Todo?
Ya que cabe destacar aquí que sólo el goce femenino se exceptúa del cierre autista del goce[9], y es notorio que existe una variedad de goces contemporáneos que no parecen prescindir del falo, y a los que no consideraríamos goce femenino, a pesar de que es evidente que su locus nascendi es el No-Todo.
La paradoja se intensifica al considerar que es el rechazo de la femineidad lo que afecta al parlêtre (hombres y mujeres) de un modo estructural bajo la forma del fantasma fálico[10].
La hipótesis de una densificación de goce fálico no regulado por el Nombre del Padre (lo que sería la causa de las presentaciones bizarras de algunas satisfacciones actuales) debería ser considerada, lo que nos llevaría a concluir que del No-Todo no se desprenda necesariamente goce femenino. Salvo que se generalice la extensión de este concepto identificándolo con la satisfacción que se extrae de un cuerpo en su singularidad, más allá del significante, del falo y del NP –es la vía que ha seguido recientemente Jacques-Alain Miller en El ser y el Uno en su Curso de la orientación lacaniana.
Una vez más, la toxicomanía -con el desorden de los objetos que impulsa- muestra el estado actual de la civilización y nos obliga como practicantes del psicoanálisis a caracterizarlo para responder en acto a las urgencias cotidianas.
______________
Notas:
1. En su Curso del 2011 –El Ser y el Uno (inédito)- Jacques A.-Miller sitúa que la fractura entre el viejo y el nuevo orden, el main stream del Siglo XXI lo constituye la "aspiración a la femineidad".
2. MILLER, J.-A: Seguimos aquí los desarrollos de Jacques A-. Miller en El Otro que no existe y sus comités de ética (con E. Laurent); PAIDÓS Editorial;Págs. 76/77
3. MILLER, J.-A: Íbid; Pág. 77
4. MILLER, J.-A. : "El inconsciente es político"; en LACANIANA N°1 (EOL); pág. 16: "Siempre se puede explicar que la estructura del no-todo es abstracta y que, de hecho, en la realidad las cosas no funcionan así. Y es que esta máquina implica la constitución insistente de micrototalidades que, al ofrecer nichos, abrigos, cierto grado de sistematicidad, estabilidad, codificación, permiten restituir cierto dominio. Sin embargo, esto es a costa de una especialización extrema de los sujetos allí atrapados, que traduce la presencia de dicha máquina. Así para restituir un dominio, es preciso elegir un campo muy restringido de significantes, un campo muy restringido de saber".
5. Íbid; pág. 17
6. LAURENT, Eric: Entrevista en Revista Ñ del 10 de mayo de 2012: "Entre el empuje al goce y la prohibición, el problema no se resolverá por una dialéctica que ya mostró sus resultados. Es necesario inventar instrumentos de orientación, incluso instrumentos legales nuevos para salir de esa falsa oposición, que es la doble cara de la pulsión de muerte."
7. Paradójicamente: sin nombre, ya que al goce siempre lo visten con los semblantes del Otro de la civilización, sobre todo para burlarse luego de ellos
8. Con la caída del padre que declinó en la declinación de la virilidad, asistimos a lo que Lyotard denominó pos-modernidad, es decir, la época del Otro que no existe en la que se suponían superadas las condiciones socio-históricas de la modernidad; eran sus consecuencias la caída de los meta-relatos, de aquellas configuraciones que sostenían el discurso de las generaciones: la religión, el marxismo (incluso el psicoanálisis al ser considerado como una cosmovisión); se comenzó a descreer de los instrumentos conceptuales absolutos que aplicarían códigos con valor universal, supuestos explicar el Todo de lo que acontece. A la teorización de pos-modernidad de Lyotard, respondió Gilles Lipovetsky con el concepto de híper-modernidad, en el que se destaca la concentración de los objetivos de la modernidad y ya no su Aufhebung, no la superación dialéctica de la modernidad.
9. MILLER, J-.A. La fuga del sentido –Los cursos psicoanalíticos de J.A.Miller- Ed. Paidós; pág. 221
10. MILLER, J-.A. El Ser y el Uno; Curso de la Orientacón Lacaniana 2011, (inédito) cuarta clase del 9 de febrero: "el fantasma instituyente del sujeto es fálico".
15 de Mayo de 2013
Sobre el título del PIPOL 6 "Las mujeres se conjugan en futuro". Una reflexión. Lidia Ramírez (Barcelona)
Esta reflexión considera una impresión y algunos cuestiones que se han ido poniendo de manifiesto en los espacios de la CdC de la ELP, destinados a trabajar el tema al que nos convoca el próximo encuentro PIPOL 6.
En primer lugar la impresión que me causó la imagen que acompaña el nuevo título, “una heroína”, pensé. Perseguí la imagen que tenía en la cabeza y la localicé en el cuadro “La libertad guiando al pueblo” pintado por Eugène Delacroix en 1830 y del que el autor dice: "Si no he luchado por la patria, por lo menos pintaré para ella". Un cuadro, por cierto, recientemente atacado por una mujer joven que escribió en él “AE911” antes de ser detenida.
En las reuniones que hicimos para trabajar el tema del PIPOL 6, emergieron dos lapsus al nombrar el título. Creo que se trata de pensar estos lapsus como efecto del trabajo, efecto de lo que llamamos la Escuela sujeto. Uno fue "Las mujeres se 'conjuran' en futuro" y el otro, "Las mujeres se conjugan en 'femenino'".
La otra cuestión que quería tomar, fue la pregunta sobre el tratamiento de la pulsión de muerte después del Edipo, que surgió en relación al lugar que ocupan en lo social la emergencia de los nuevos movimiento sociales, especialmente en España el de la Plataforma contra los desahucios, que está liderado por una mujer.
Lo que me incomodaba todo el tiempo era cómo articular, la posición "no toda" con este título que me evoca, de entrada, la imagen de una heroína, y que entiendo como una versión del "toda" que no es la posición "toda" de la madre
Freud termina su conferencia sobre "La feminidad" diciendo: “Eso es todo lo que tenía para decirles acerca de la feminidad. Es por cierto incompleto y fragmentario y no siempre suena grato… Si Uds. quieren saber más acerca de la feminidad, inquieran a sus propias experiencias de vida, o diríjanse a los poetas, o aguarden hasta que la ciencia pueda darles una información más profunda y mejor entramada”.
En "deas directrices para un congreso sobre la sexualidad femenina", Lacan termina su trabajo con un punto que llama “La sexualidad femenina y la sociedad”, en él sitúa "quedan algunas cuestiones que plantear sobre las incidencias sociales de la sexualidad femenina":
La primera es ¿por qué falta un mito que dé cuenta del Edipo padre e hija?
La segunda, ¿cómo situar los efectos sociales de la homosexualidad femenina...?
La tercera, ¿por qué la instancia social de la mujer sigue siendo trascendente al orden del contrato que propaga el trabajo?
La cuarta, ¿es por su efecto por lo que se mantiene el matrimonio en la declinación del paternalismo?
Se trata, concluye, de “cuestiones todas ellas irreductibles a un campo ordenado de las necesidades”.
En el comienzo del trabajo que he mencionado, Freud se preguntó por qué incluyó “La feminidad” entre una de sus últimas conferencias y respondió diciendo que “el enigma de la feminidad ha puesto cavilosos a los hombres de todos los tiempos” y lo acompaña de un poema de Heine:
"Cabezas con gorros jeroglíficos,
cabezas de turbante, otras de negra birreta,
cabezas con peluca, y millares
de pobres, traspiradas cabezas humanas..."
Tanto para Freud como para Lacan la pregunta por la sexualidad femenina desemboca en la cuestión de la homosexualidad femenina y en ambos autores el eje central es en relación a los interrogantes sobre el amor que la homosexualidad femenina pone de manifiesto.
Realmente las cuestiones que deja planteadas Lacan nos vienen muy bien para tomarlas en el tiempo actual
Lo que podemos alcanzar en la actualidad es que la relación con el Otro sexo no es algo supeditado a las diferencias sexuales que pone de manifiesto la anatomía, sino que el Otro sexo se juega también en la relación homosexual. Dice Lacan: “La otredad del sexo se desnaturaliza por esta enajenación. El hombre sirve de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma como lo es para el”.
Leyendo las palabras de Clotilde Leguil en LC 304, “la relación del sujeto con su propia feminidad pone en juego una relación con la desaparición del ser”, me he preguntado, dado que lo femenino no es una propiedad de las mujeres, y que es un enigma tanto para él como para ella, ¿qué tratamiento de la pulsión de muerte si las mujeres se “conjuran” en “femenino”?.
Ahora bien la incomodidad en relación al título añadido nos pone a trabajar, porque si podemos seguir sosteniendo que para la niña el Edipo es un puerto de llegada, como nos enseñó Freud, la pregunta, en la serie de las que nos deja Lacan sería ¿y después?
12 de Mayo de 2013
El ejercicio de un poder, correlato de la impotencia. Ana Jiménez (Madrid)
"Nuestra intención es mostrar en qué la impotencia para sostener auténticamente una praxis se rebaja, como es común en la historia de los hombres, al ejercicio de un poder"(1).
Esta es la frase de Lacan que me evocan, siempre, las situaciones que violentan, de alguna manera, a los menores con que trabajamos. También se me vino a la cabeza cuando el Defensor del Pueblo inició su investigación sobre el funcionamiento de los Centros Específicos (es así como se llaman los centros terapéuticos de que dispone el Sistema de Protección de menores en España).
Esta investigación se realizó a partir de las quejas de padres “angustiados y desvalidos” ante “las dificultades que para la convivencia suponen los graves problemas de inadaptación familiar y social de sus hijos”; y a partir de las denuncias de educadores que trabajaban en este tipo de centros: irregularidades y vulneraciones de derechos, tales como prohibir a los menores la asistencia a un centro educativo, administrarles medicación contra su voluntad y sin la debida prescripción médica, o imponerles como castigo medidas de contención o de aislamiento, según se recoge en el Informe.(2) Además, en pocos meses habían tenido lugar tres suicidios, y una tentativa.
Mientras el Defensor del Pueblo realizaba su investigación, le envié un escrito titulado "Otros modos son posibles". En él recurría a la frase de Lacan antes citada para señalar la lógica en juego en prácticas que violentan a estos chicos. Por otro lado, presentaba la experiencia de la práctica entre varios como el modo de tratar las manifestaciones del malestar de estos chicos, acogidos en una institución.
No puedo saber si el escrito que envié se tuvo en cuenta, pero en las Recomendaciones(3) del informe que elaboró, el Defensor del Pueblo señala “que no le corresponde decantarse por una u otra de las modalidades de atención que deben desarrollarse en estos recursos”; denuncia “que los modelos de intervención que se vienen desarrollando actualmente no están cumpliendo los objetivos que deberían perseguir, adolecen de una alarmante falta de garantías de los derechos de los menores y limitan en muchos casos sus posibilidades de desarrollo”; y recomienda “profundizar en la investigación de otros paradigmas o proyectos de intervención que favorezcan la autonomía del menor, para que pueda afrontar su futuro en mejores condiciones".(4)
Yo no entendí inmediatamente esta frase de Lacan cuando la leí. Después la he ido transmitiendo a algunos educadores, en ocasiones en que se actualizaba, y han proferido exclamaciones del tipo ¡Es verdad!, o ¡Está claro! Esta frase… toca.
Notas :
1] Lacan, Jacques. La dirección de la cura y los principios de su poder. Escritos 2. Siglo veintiuno.
2] Defensor del Pueblo. "Informes, Estudios y Documentos. Centros de Protección de Menores con Trastornos de Conducta y en Situación de Dificultad Social", 2009.www.defensordelpueblo.es
3] Ibidem nota 2
4] Ibidem notas 2 y 3.
From: http://www.europsychoanalysis.eu/index.php/site/page/es/7/es/bulletin/%20-%20somPN13_9_es
9 de Mayo de 2013
Guerra entre los sexos: feminicidio. Irene Greiser (Buenos Aires)
Controversias jurídicas ¿Qué lugar para la mujer en el código civil?
Enmarcada dentro de la ley de violencia de género, el feminicidio es una categoría jurídica que aspira a cobrar estatuto de ley. Más allá de su sanción, merece una lectura esta respuesta del derecho a una clínica que cada vez se encuentra más judicializada. La mujer pensada a través del discurso de género, es llevada al punto más alto y las nuevas ficciones jurídicas testimonian que lo femenino esta en el cenit de la civilización.
Existe un proyecto de ley en la Argentina*, que al proponer una penalidad más severa al homicidio de mujeres que al de hombres, le otorga un lugar superlativo a la mujer, lo cual desde el punto de vista jurídico es redundante en tanto ya estaría contemplado por el código, como agravado por el vínculo. Por otro lado, también se puede leer un exceso en el lugar concedido a la mujer en tanto La Declaración Universal de los Derechos Humanos , lo son a favor de todas las personas, sin distinción de ninguna clase. ¿Si los derechos universales del hombre no hacen distinción ni de raza ni de sexo por qué se debería de castigar con una pena mayor a quien comete un homicidio de una mujer? Por lo general son casos de crímenes pasionales, entonces cabe otra pregunta: ¿La ley contempla el caso que una mujer por pasión mate a otra mujer? Más allá de las controversia jurídicas es evidente que el tratamiento de lo femenino se torna problemático, para lo jurídico también ¿Cómo legislar lo femenino? ¿Dónde ubicar a la mujer en el código civil?
El feminicidio se inscribe como unos de los nombres del actual malestar en la civilización, el malentendido sexual estalla bajo la modalidad de «guerra entre los sexos». Desde los medios periodísticos asistimos a una modalidad en expansión «Las mujeres quemadas». En Argentina esta modalidad se inicia a partir del caso de Wanda Tadei quemada por su marido y luego ese procedimiento se extendió como una epidemia. Pero esta peste no sólo es local. También proliferan en Europa. Es una peste que se emparenta con el estado actual de la civilización.
Del exilio de los sexos a la guerra entre los sexos
Hay un exilio entre los sexos que es fundante para el psicoanálisis y cada época ha dado diferentes tratamientos a lo femenino. Lo femenino ha estado en el cenit de diferentes formas: el amor cortes, las musas inspiradoras y en la actualidad hay una epidemia “la quema de mujeres”. Un tratamiento de lo femenino que implica su rechazo.
Hay otras modalidades de rechazar lo femenino, la misoginia, la ética del soltero, pero ¿qué goce puede llevar a un hombre a querer quemar a una mujer y ver como ese cuerpo se consume? En la época del amor cortés, la cortesía hacia la dama también daba cuenta de un ascenso al cenit de lo femenino pero la dama era abordada a través de la poesía: la poesía suplía el encuentro con el cuerpo de la mujer. Pero la época actual no es la del “amor cortés”, la cortesía dio paso a los cortes o la quema de los cuerpos.
Estamos en una época de amores trágicos, amores perros. Adolecentes que se cortan el cuerpo, se clavan cuchillos por amor, chicas que se cortan la cara porque una miro el novio de la otra. “Guerra entre los sexos” ¿Por qué el exilio de los sexos, que es de estructura, hoy toma la forma del exterminio del Otro, habida cuenta que el Otro sexo es lo femenino radicalmente Otro?¿Qué ocurre con las mujeres?¿Qué ocurre con los hombres?
Discurso analítico y discurso victimológico
Desde la ley de violencia de género y los medios periodísticos las mujeres son víctimas. Pero la partición víctima-victimario no es una partición congruente con el discurso analítico. Para el psicoanálisis existen las posiciones sexuadas y allí tenemos una partición femenino–masculino.
Las formulas de la sexuación dan cuenta de dos lógicas, la masculina que por contar con una excepción que objeta el régimen fálico hace posible un goce regulado, y el armado de un todo. Pero la lógica femenina en sí misma objeta al todo, al no contar con la excepción. Que no exista uno que diga que no, conlleva a que la mujer se inscriba bajo la modalidad del no-toda en el régimen fálico, no niega el régimen fálico sino que objeta el universal, niega el Todo. Las formulas de la sexuación atañen no sólo a la posición sexuada de un sujeto: también desde allí podemos hacer una lectura del lazo social.
Jean Claude Milner, ubica a la posición del judío como quien trae la peste justamente porque objeta el todo. Desde esa perspectiva, la mujer comparte la misma posición con el judío y el analista, en tanto niegan el todo y el universal. De allí en más, tanto el judío como la mujer como el psicoanálisis mismo, pueden ser tratados como una peste.
Ahora bien, si del lado femenino de las fórmulas el “no existe uno que diga que no” es interpretado como ninguno, entonces tenemos un tratamiento que es el exterminio: cámara de gas y mujeres quemadas, son el tratamiento para aquellos que niegan el todo. Para el discurso analítico la problemática se plantea entonces no tanto como violencia de género entre víctimas-victimarios sino como se aloja la peste femenina: Ese Otro sexo, el femenino que es una alteridad tanto para los hombres como para las mujeres.
Víctimas–violentas
En “Clínica de la posición femenina”, J.-A. Miller plantea una clínica para la posición femenina, y a partir de ello deduce algunos puntos de interés para pensar cuestiones del derecho. Es desde la posición del no tener, de estar en menos que la mujer reivindica el tener, y plantea, buscar en esa posición el origen de la justicia distributiva, en la medida en que la posición femenina se relaciona con la verdad y la injusticia.
Por supuesto que esto puede llevar a una mujer a querer encarnar “La verdad” o constituirse en el lugar de “La mujer”, que no existe. La maternidad es la vía por excelencia a través de la cual la mujer reivindica su posición de no tener, y el hijo pasa a ser uno de sus bienes suplementarios, y esa perspectiva forma parte de la patología femenina.
Esa clínica de la posición femenina supone dos soluciones para la mujer, una, por la vía del tener, que consiste en poner al niño como tapón, y otra, por la del ser, que supone hacerse un ser a partir de la nada. Esa clínica femenina es caracterizada por Miller como una clínica de la inconsistencia, de la falta de identidad y del descontrol.
El personaje de Medea, contemporáneo hoy en día, se ve en una clínica en la cual proliferan las venganzas femeninas amparadas en la ley de violencia de género. Son las víctimas violentas, no sólo con los hombres sino con cualquiera que intente cuestionar su causa. Mujeres que ejercen su violencia y el deseo de destruir al hombre que las dejo de amar o se fue con otra.
Hombres golpeadores
Si bien es cierto que hay mujeres que son víctimas violentas, no se puede negar la evidencia de la existencia de hombres golpeadores. Se torna necesario indagar qué pasa con la virilidad, leída a la luz del declive del discurso amo. Las quejas de las mujeres es que ya no quedan hombres. ¿Qué ocurre entonces con la virilidad?
Para Freud, la virilidad debía estar amenazada, el atributo fálico debía estar amenazado por el padre para poder ponerlo en ejercicio, esa era la condición del advenimiento viril. Miller en su texto “Buenos Días Sabiduría”, hace referencia a ese declive y afrma que el declive del padre va acompañado de un declive en la virilidad. Y toma el ejemplo del dandy, como el último de los hombres, refiere el dandy es el macho.
Para Lacan, a partir del Seminario 22 , la función de un padre no sólo es derivada como agente de la castración y de introducir la ley, sino de hacer una trasmisión, que ese lugar de excepción devenga modelo, que sirva de modelo de la función: es decir, que ese padre dé una versión de cómo aloja lo femenino. Ese padre es un padre encarnado y particularizado, y viril. Que da una versión del tratamiento de lo femenino.
Hoy en día ese padre ha dimitido de esa función. Los padres en el lugar de goce tienen a la droga o el alcohol. Hay una clínica de pasajes al acto en los hijos que son respuesta, no al abandono o a la falta de amor del padre sino al tratamiento que ese padre hace de la mujer. [1]
Las Fórmulas de la sexuación sostienen una virilidad que cuenta con un padre que hace de modelo de la función y objeta el para-todo, hay uno que dice que no. Esa objeción permite alojar a lo femenino. El hombre violento, golpeador, el hombre que no puede hablar con ella ni alojarla es una modalidad del macho que, al no contar con una excepción que amenace su potencia fálica, se ve arrastrado a un goce en el cual esa potencia fálica aparece ilimitada.
En la Argentina tenemos un caso, el caso del odontólogo Barreda que mató a su mujer, a sus hijas y a su suegra. Sin entrar en el caso me interesa señalar el uso que se ha hecho de Barreda: se convirtió en el ídolo de los hombres y la fuente de inspiración de músicos que le han dedicado sus canciones, y de programas televisivos. Se convirtió en hombre excepcional.
¿Qué ocurre con la virilidad que quienes matan o queman a las mujeres se convierten en modelos? La Segregación, la misoginia, apartar a las mujeres de ciertos lugares reservados para los hombres, hacerles usar el velo islámico, manuales de cómo tratar a las mujeres, incluso los dictados de la moda son es una cuestión, son tratamientos de lo femenino. Una cosa son las formas discursivas y la segregación intrínseca a todo discurso, otra cosa el tratamiento forclusivo que se ubica por fuera del discurso.
Decir de ellas «son todas unas putas», «son todas locas» del todo o del no-todo, «judío de mierda» son hechos de dichos, desde ya que pueden ser ofensivos; pero la cámara de gas y el feminicidio no es un hecho de dicho, es el pasaje al acto criminal.
La ética del soltero, puede contemplarse como ética, pero el feminicidio no responde a la ética del soltero sino al exterminio de lo Otro en tanto alteridad radical.
________________
* Esta Ley fue aprobada en el Parlamento Español la pasada legislatura. (Nota del Redactor, jalvarez)
________________
Notas
1. En mi libro Delito y Trasgresión: un abordaje psicoanalítico de la relación del sujeto con la ley, cf. “Relato un caso de parricidio como respuesta a la perversión paterna».
Referencias bibliográficas
• FREUD, S. (1924): “La sepultamiento del complejo de Edipo”, en Obras Completas, Amorrortu, Buenos aires, 1976, T. 19.
• GREISER, I. (2008): Delito y Trasgresión: un abordaje psicoanalítico de la relación del sujeto con la ley, Grama, Buenos Aires, 2008.
• GREISER, I. (2012): Psicoanálisis sin Diván, Paidós, Buenos Aires, 2012.
• LACAN, J. (1950): «Introducción teórica de las funciones del psicoanálisis en criminología», en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1984.
• LACAN, J. (1974-75): El seminario 22: «RSI», inédito.
• MILNER, J.-C. (2012): “Lacan el judío”, en Virtualia 24, Revista digital de la Escuela de orientación lacaniana, abril 2012, http://virtualia.
eol.org.ar/024/template.asp?Estudios/Lacan-el-judio.html
• MILLER, J.-A. (1996): “Buenos Días Sabiduría”, en Colofón N° 14, Madrid, 1996. MILLER, J.-A. (2001): “Teoría del Capricho”, en Enlaces, año
3, nº 6, Buenos Aires, 2001.
• MILLER, J.-A. (1992): “Clínica de la posición femenina”, Introducción a la clínica lacaniana. Conferencias en Espeña, Escuela Lacaniana de
Psicoanálisis, Barcelona, 2007.
• ONS, S. (2009), Violencia/s, Paidós, Buenos Aires, 2009.
7 de Mayo de 2013
La Subjetividad en la era de la Crisis Globalizada. “La significación del dinero en la vida de los seres hablantes”. Darío Fariña (Madrid)
Sobre un tema tan espinoso como el dinero, hoy más acuciante que nunca, nos habló el pasado lunes 29 de abril Amanda Goya, una de las coordinadoras desde hace años de este ciclo de conferencias del Nucep en Madrid, siempre destinado a temas candentes del momento actual de la Civilización, y a cómo estos determinan muchos de los infortunios de los sujetos contemporáneos.
La conferencia fue coordinada esta vez por Dolores Castrillo, en ausencia del otro coordinador de estas conferencias Gustavo Dessal, quien realizó una breve presentación del tema, refiriéndolo en especial a la experiencia analítica, como lugar privilegiado donde verificar eso que el sujeto considera lo más valioso del mundo, eso a cuya posesión los seres humanos consagran tantos desvelos, eso que es causa de tantas satisfacciones y desvaríos, ese objeto que mueve el mundo, dotado de un brillo tan irresistible, pero que no deja de guardar una oscura y estrecha relación con lo más íntimo y lo más sucio de cada uno de nosotros.
En tres puntos dividió Amanda Goya su interesantísima conferencia, con los que abordó registros diferentes del tema, de más decir que de una enorme complejidad.
Llamó: Tiranía del dinero al primer punto, en el que presentó algunas coordenadas para entender la eclosión de la actual crisis económica. Y sirviéndose de un apólogo al que tituló La fábula de los Goldsmith, explicó el origen de la Banca alrededor de una operación por la cual la Banca crea dinero de la nada, ex-nhilo. Cuando el papel moneda se separa de su referente en oro, y los billetes, pagarés, bonos, o lo que sea, entran en una centrífuga espiral de multiplicación exponencial que no parece tener límite, los resultados son cifras tales como que cada año la economía real crea en todo el mundo una riqueza estimada en 45 billones de euros, mientras que en la esfera financiera, en el mismo lapso de tiempo, los mercados mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros, o sea setenta y cinco veces lo que produce la economía real.
¿Qué respaldo tienen estas cifras? Citando un artículo aparecido en El atlas financiero de Le Monde Diplomatique: La estafa del siglo, de Ignacio Ramonet, Amanda Goya tomó de este artículo la expresión mercados buitres, como una interpretación de Ramonet sobre el goce que comanda la llamada crisis económica, que según Ramonet, no es una crisis, es una estafa.
En el segundo punto que tituló: La ecuación: dinero-excrementos, recordó sucintamente la teoría freudiana que da cuenta del fundamento pulsional del dinero en los seres hablantes, su raíz erótico-anal, subrayando el carácter de hallazgo que supuso el descubrimiento freudiano del dinero como objeto erógeno, especialmente en la neurosis obsesiva, que ilustró con una pincelada del famoso historial que Freud titulara El hombre de las ratas.
Sobre La cuestión del dinero en Psicoanálisis, o mejor dicho, en la experiencia psicoanalítica, se centró la tercera y última parte que coronó la conferencia. Recordó que Freud hacía del pago por las sesiones analíticas un principio no técnico sino ético, porque involucra el compromiso del sujeto con su palabra. Opuesto a la gratuidad del tratamiento psicoanalítico contra la que aduce enjundiosos argumentos, Freud, no obstante, flexibiliza este principio en ocasión de la primera guerra y sus terribles secuelas psicológicas en las llamadas por entonces neurosis de guerra. La creación del Instituto Berlín en aquellos años veinte, donde se daban tratamientos gratuitos a una población sin recursos, y a su vez se impartían cursos de formación a sus practicantes, fue una experiencia muy importante para los analistas discípulos de Freud.
Algo similar se llevó a cabo hace unos años en el Campo Freudiano con el dispositivo del C.P.C.T (Centro Psicoanalítico de Consultas y Tratamientos), creado primero en Paris y luego extendido por muchas ciudades, aquí en España llegaron a haber cuatro Centros (Barcelona, Madrid, Bilbao, Málaga). El Centro ofrecía un tratamiento de dieciséis sesiones como máximo para pacientes de escasos recursos económicos. Los pacientes no pagaban honorarios por sus entrevistas y tampoco los practicantes cobraban. Esta experiencia de unos pocos años, incluido el cierre de muchos de los Centros, reabrió el debate sobre la gratuidad en la comunidad analítica, un debate que por supuesto no está zanjado y que como se ve, retorna cada cierto tiempo, dependiendo de ciertas circunstancias.
En este caso la creación de estos Centros obedeció a la encarnizada contienda que libran los psicoanalistas lacanianos contra los psicólogos congnitivo-conductuales y a un deseo de demostración de la eficacia cualitativa del psicoanálisis, contra la supuesta objetivación cuantitativa de las T.C.C.
Time is money, Tiempo es dinero, reza un conocido slogan muy representativo de nuestra época. Es justamente esta ecuación la que Lacan desarticula rompiendo el standar de la sesión de cincuenta minutos inventado por Freud y adoptado dogmáticamente por la I.P.A. Con su innovación de la sesión corta y del corte interpretativo de la sesión, lo que puede estrechar o alargar su duración según lo que el analista lee en lo que escucha en la palabra de su analizante, Lacan rompe la relación: Tanto dura, tanto vale. Es esta una manera de tomar el dinero de una forma diferente a como funciona en la economía política, es decir, como una mercancía que hace las veces de equivalente general de todas las mercancías, según lo definiera Marx en El Capital.
Una sesión no vale por lo que haya podido durar, vale por el corte que orienta el bien-decir del sujeto. (Con un interesantísimo debate se prolongó la sesión hasta una hora bien avanzada).
4 de Mayo de 2013
Dormir no es tan fácil. Vicente Palomera (Barcelona)
Dormir no es tan fácil como parece. El número de clínicas del sueño lo atestigua. En 1900, Freud descubrió que el sueño era una ficción en la que se cifra el deseo del sujeto y que, más fundamentalmente, la función del sueño es asegurar el dormir. Era una formulación sorprendente. “¿Cómo?” –puede decir nuestro interlocutor– “¿el deseo humano es deseo de dormir? ¡Qué descubrimiento! De ser así, mejor vayámonos todos a dormir”. Pero, dormir es una actividad compleja: lo saben bien los insomnes, los sonámbulos y quienes, angustiados ven su descanso asaltado por terribles pesadillas. Las pesadillas pueden expresar un miedo casi mortal, con sensaciones de opresión que dificultan la respiración y, llegado el caso, con la convicción de una completa parálisis. Todo indica que el camino de la representación normal del sueño puede verse trabado por alguna razón.
Sabemos que el sistema de expresión que es el sueño posee sus propias leyes (Freud, La interpretación de los sueños, 1900). Exige que todas las significaciones, hasta las ideas más abstractas, se expresen por medio de imágenes. El lenguaje, las palabras, no constituyen, según Freud, una excepción a este respecto; se encuentran en el sueño como elementos significantes y no por el sentido que poseen en el lenguaje verbal. Esta condición comporta dos consecuencias: conduce a seleccionar, entre las diversas ramificaciones de las ideas esenciales del sueño, aquella que permite una representación visual (Darstellbarkeit). Esta sería una condición que no parece cumplirse en la pesadilla.
Cuando, en 1931, el psicoanalista británico Ernest Jones publica su estudio sobre la pesadilla (On Nightmare, 1931), muestra que lo correlativo a la pesadilla es el íncubo o el súcubo, es decir, aquel ser que te oprime el pecho con todo su peso opaco de goce extranjero. En este magistral ensayo nos encontramos con la lámina del cuadro de Johann Heinrich Füssli titulado “Pesadilla”, donde se ve una muchacha que se despierta aterrada al ver que sobre su vientre se ha acostado un pequeño monstruo negro. La pesadilla es experimentada como presencia de un Otro inquietante, ilustrada por la figura del íncubo, ese ser maligno que hace sentir todo su extraño peso de goce que nos aplasta. La pesadilla indica pues que la angustia se presenta como un desbordamiento de lo imaginario en lo real del cuerpo.
Jorge Luis Borges, que conocía el libro de Jones, evocaría este mismo cuadro para referirse a una de sus pesadillas más recurrentes: "Siempre sueño con laberintos o con espejos. En el sueño del espejo aparece otra visión, otro temor de mis noches que es la idea de las máscaras. Siempre las máscaras me dieron miedo. Sin duda sentí en mi infancia que si alguien usaba una máscara estaba ocultando algo horrible. A veces me veo reflejado en el espejo, pero me veo reflejado como una máscara. Tengo miedo de arrancar la máscara porque tengo miedo de ver mi verdadero rostro, que imagino atroz” (Las siete noches, 1980).
A su manera, Borges nombra la máscara como la envoltura del real que acompaña las actividades del sujeto. Es la razón por la cual, en una sesión de su Seminario dedicado a La angustia (el 12 de diciembre de 1962), Lacan subraya que “la angustia de la pesadilla es experimentada, hablando con propiedad, como la del goce del Otro". La expresión goce del Otro adquiere todo su valor, indicando que la pesadilla pone en juego un goce oscuro que no se presenta en forma de lenguaje: de él no se puede decir nada, es opaco, impensable e innombrable.
Pero que una cosa no se pueda pensar o nombrar no implica que no pueda ser experimentada. Hay existencias que no tienen nombre, ni representación significante y no por eso son menos reales. Igual que la angustia, la pesadilla es un acontecimiento corporal que hace presente lo indecible, aquello que de lo humano es inhumano y escapa a la solidaridad con la palabra. La pesadilla pone en juego un goce opaco, desconocido y, por ello mismo, sumamente desagradable para el soñante, al hundir sus raíces en un punto límite que Freud llamó “el ombligo del sueño”, punto que nos conecta con lo no reconocido (Unerkannt) y no reconocible.
Tanto las afirmaciones de Borges como las de Lacan tienen un denominador común: la pesadilla y los sueños de angustia nos ponen frente a esa opacidad del goce Otro que, en su despliegue, nos visita. Por todo ello, en cada despertar de la pesadilla, de algún modo sobrevivimos a esa vivencia tan próxima a la muerte y la locura.
Si por su funcionamiento y modalidad de representación el sueño debe generar satisfacción, la pesadilla sería el fracaso del deseo del sueño, deseo de dormir. En suma, si el sueño es una satisfacción obtenida por medio de representaciones de palabras, la pesadilla encarna el fracaso de la figuración del deseo inconsciente del soñante. La pesadilla es un sueño coartado en su finalidad.
Finalmente, las pesadillas nos confrontan con una cuestión central en nuestra experiencia como seres hablantes: ¿qué hace que eso que los sueños nos susurran pueda llegar a despertar algo que toca la belleza del sueño de un modo a veces atroz y punzante? En verdad, las pesadillas se ven seguidas por un sobresaltado despertar, quedando interrumpido nuestro reposo antes de que el deseo reprimido del sueño haya alcanzado, en contra de la censura, su completa realización. En estos casos, el sueño no ha podido cumplir su función, pero ello no modifica en nada su peculiar naturaleza.
Como señalamos más arriba, el sueño es como un vigilante nocturno encargado de proteger nuestro reposo contra posibles perturbaciones. Pero también los vigilantes despiertan al vecindario cuando se sienten demasiado débiles para alejar sin ayuda ninguna la perturbación o el peligro. No obstante, conseguimos muchas veces continuar durmiendo aún en el momento en que el sueño comienza a hacerse sospechoso y amenaza convertirse en pesadilla. En tales casos, solemos decirnos, sin dejar de dormir: «No es más que un sueño», y proseguimos nuestro reposo.
* From: La Vanguardia, Suplemento Culturas/s, nº566, 24 de abril de 2013, p. 4.
2 de Mayo de 2013
¿Desea usted ser evaluado... o analizarse? Iván Ruiz Acero (Barcelona)
La evaluación se ha convertido hoy en el modo como dotar de garantía -esa es la pretensión- al objeto que está en juego en las relaciones entre los seres humanos. Nada escapa a lo que ha venido a llamarse el «discurso de la evaluación». Cualquier producto que pretenda hacerse entrar en el mercado debe pasar por un estricto control de calidad que lo valide para ser comercializado. Se convierte, así, en el producto de su propia evaluación.
Hemos asistido en pocas décadas, por ejemplo, a la desaparición de muchos alimentos primarios, pues para considerarlos como tal, como alimentos de consumo, deben pasar por sistemas de estrictos control de calidad en los que se les aplican las modificaciones correspondientes hasta convertirlos en otra cosa, comercializables, pero otra cosa.
La conocida ISO (International Organization for Standardization) es una organización no-gubernamental establecida en 1947, que tiene como misión la promoción de estándares internacionales relativos a bienes y servicios. Se ha convertido en la referencia mundial que dicta los procedimientos necesarios para que algo pueda cobrar, después de su proceso de control de calidad, el estatuto de objeto, y pueda circular como tal por el mundo.
Podría pensarse que las razones de una modificación tal de los procesos de producción responden únicamente al perfeccionamiento de lo que conocieron los siglos XVIII y XIX como la industrialización. Sin embargo, lo que se nos presentan hoy como las razones más poderosas que subyacen en la modificación del estatuto de objeto es lo que impone hoy el discurso capitalista, el capitalismo avanzado como han resuelto en llamar otros.
El «discurso de la evaluación» es, entonces, el siervo del discurso del capitalismo, pues los procesos del primero consisten en producir objetos de consumo válidos para el segundo. Se trata de que todo objeto que sirva para el consumo entre en el mercado después de haberse evaluado las condiciones que permitan gozar al sujeto de ese objeto. Es lo que a Jacques Lacan le llevó a hablar del Capitalismo como de un discurso, el quinto si lo añadimos a los cuatro discursos con los que había ordenado los funcionamientos del lazo social(1).
En el año 1975, Lacan anticipó la lógica de lo que vemos hoy en el capitalismo llegar a su máxima expresión: “el capitalismo va demasiado rápido, se consume, se consuma tan bien que termina por consumirse” (Lacan, 1992, p. 28). En efecto, en el propio funcionamiento voraz del objeto, del que el sujeto extraería el goce que le falta, el capitalismo se consume a sí mismo pero el sujeto también. El discurso capitalista lleva en su propia estructura los cuatro términos y las cuatro posiciones en las que el sujeto entra en el discurso como objeto del otro.
Lacan se refiere a la angustia del sujeto como bien preciado, pues es un afecto, entre los otros, que no engaña. Cuando el capitalismo se sirve de esa angustia para prometerle al sujeto el objeto que lo colmará, lo está situando en posición de objeto, pues sus elecciones, sus preferencias, están sometidas a la lógica del discurso que necesita de él su angustia, su división. No podía hacerse esperar, entonces, que la evaluación entrase en el campo de la política, convirtiéndola en la «política de las cosas», expresión de Jean-Claude Milner con la que ha titulado uno de sus últimos libros (Milner, 2011).
Si los mecanismos de evaluación permiten medir y controlar lo que a un objeto lo convierte en cosa, ¿por qué no hacerlo con el ser humano, de quien su variabilidad es la gran amenaza de cualquier orden establecido? Se trata entonces de convertir al individuo contemporáneo, al ciudadano, al empleado o al usuario, en cosa, gracias al control y la evaluación eficaces de las variables implicadas en cada contexto.
Hace algunos años tuvo lugar en París un interesante diálogo entre Jean-Claude Milner y Jacques-Alain Miller, en el marco del Curso «La Orientación lacaniana» que este último, psicoanalista y responsable del establecimiento de los Seminarios y Textos de Jacques Lacan, dicta anualmente en la Universidad París- VIII. El aggiornamiento de la teoría y práctica psicoanalíticas, que Jacques-Alain Millar lleva a cabo en su curso, es fiel a la propuesta de Lacan sobre la promesa del psicoanálisis: introducir algo nuevo aunque sea por medio de la interpretación de los falsos semblantes con los que la civilización, en cada momento histórico, esconde su malestar. La clínica del sujeto, que la escucha del psicoanalista privilegia, no va por tanto sin la clínica de la civilización, y ahí, al psicoanálisis, le corresponde desvelar esos impasses. Es por esta razón que Miller invitó a sus clases al que es considerado hoy uno de los lingüistas más importantes en Francia, y que formó parte de la intelectualidad francesa de los años sesenta y setenta con los que Lacan nutría sus intercambios.
Las conversaciones entre Miller y Milner, que tuvieron lugar durante las clases del 3 y 10 de diciembre de 2003, fueron publicadas primero en francés y, hace muy poco, en 2004, en castellano. El título ¿Desea usted ser evaluado?, condensa en sí mismo la interpretación con la que el psicoanálisis lacaniano señala el cambio radical producido en las formas del vínculo social; o, dicho más precisamente, el modo en cómo ha sido substituido el ya antiguo contrato social.
Los problemas con los que la sociedad se encuentra hoy son planteados al político a la espera de una solución. Es este el nuevo paradigma de las relaciones entre la política y la sociedad. Y esta solución es planteada por la política y esperada por los sujetos contemporáneos en términos de evaluación. Lo que hemos llamado al inicio el «discurso de la evaluación» es en realidad una nueva configuración del vínculo entre los seres humanos que pretende referirse lo más posible a la medida y a lo calculable. Milner presenta la evaluación como un sistema de creencia que constituye el alpha y el omega de la solución que se propondrá a todo problema planteado. Lo que en otra época funcionaba como un tercero, el gran Otro, la ley, ha sido borrado en beneficio del estadio del espejo que confronta a la soledad de un individuo frente a otro. Solo cuenta lo que ha sido expresamente estipulado por las partes firmantes del contrato. Ya no estamos en el régimen de la ley sino en la emergencia de un contrato, en el que lo que no expresamente dicho no cuenta para nada. Así, la evaluación emerge como un fenómeno de civilización que eleva ese contrato al elemento garante del vínculo entre los seres humanos: “la evaluación es un procedimiento pesado. Esta pesadez surge de la lógica del contrato, no de la lógica de la ley” (Miller y Milner, 2004, p. 27), dice Miller en la primera de las conversaciones.
Ningún sujeto es hoy ajeno a los procesos de evaluación. Las grandes empresas gestionan desde Recursos Humanos la implicación de sus empleados en los procesos de producción, pero no solo eso, controlan desde los procesos de selección de personal; o desde la formación que les brindan después, sus capacidades, sus motivaciones y toda una serie de variables que correspondían, hasta hace poco, a la intimidad de cada sujeto. La evaluación de los procesos lleva incluso a la paradoja de aplicar los mismos métodos para medir las variables de los productos que fabrica una multinacional, por ejemplo, que para evaluar las empresas de servicios en salud mental.
Pero tampoco el ámbito universitario ha podido frenar la conquista del discurso de la evaluación en el corazón de lo que fuera su objeto más preciado: el saber. El conocido Proceso de Bolonia ha arrancado el saber de lo que se sostenía en un vínculo de transmisión -lo que Freud reconoció pronto como el amor de transferencia- y ha confrontado a la comunidad universitaria a la lógica empresarial más mortífera. Nos encontramos ante el rasero que la evaluación necesita aplicar a todo aquello susceptible de ser evaluado. Y es el individuo mismo quien consintiéndolo, o sin saberlo, “acepta que su capacidad evaluadora sea a su vez evaluada en el marco de un nuevo contrato”. Miller explica, así, la seducción que el discurso actual de la ciencia ejerce sobre la evaluación además de lo sibilino de su procedimiento:
“Los evaluadores se presentan en nombre de la ciencia […] es una iniciación y se transmite como una iniciación. Se puede ver como aquello que tienta a la gente, en el sentido de la tentación, de prestarse a la evaluación, diciendo: Una vez que usted será acreditado-evaluado, podrá evaluar a otros. El contenido mismo de la evaluación, de la operación evaluadora, se escapa. Es un cuestionario, entrevistas, este tipo de cosas. Lo más importante es que el otro haya consentido a la evaluación. Consentir a ser evaluado es mucho más importante que la operación de evaluación en sí misma. Digamos incluso: la operación es la de obtener su consentimiento a la operación (Miller y Milner, 2007, p. 31).
Lo que el procedimiento revela es su propia perversión en la que lo que se está realmente el juego es la obtención del consentimiento ciego del sujeto, que “hace pasar a un ser de su estado de ser único al estado de uno-entre-otros. Es lo que el sujeto gana, o pierde, en la operación: él acepta ser comparado, se vuelve comparable, accede al estado estadístico” (Miller y Milner, 2007, p. 31).
Si el psicoanálisis de Jacques Lacan tiene una función en este siglo es justamente preservar lo que la evaluación sacrifica en su proceso, esto es lo más singular de cada sujeto, que no puede ser asumido por ninguna lógica de grupo. El psicoanálisis lacaniano se erige así en un discurso opuesto a la lógica de la evaluación. Si pudiéramos referirnos a algún tipo de evaluación surgida del vínculo asimétrico entre el analizante y el analista, hablaríamos de la evaluación a la que cada sujeto puede acceder desde el corazón de su experiencia psicoanalítica. De ella, el sujeto podrá sopesar los efectos de su propia palabra en el malestar que lo condujo al analista y la reorientación sobre su propio deseo que este encuentro pudo haber producido. Entonces, la pregunta lanzada por este libro contendrá en sí misma su propia respuesta: ¿Desea usted ser evaluado… o analizarse?
Notas:
1-. Para seguir la construcción de los cuatro discursos, ver Lacan, 1992.
______________
Referencias:
-. Lacan, Jacques (1992). Seminario XI. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Ed. Paidós
-. Lacan, Jacques (1992). El Seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós
-. Milner, Jean-Claude (1997). La política de las cosas. Málaga: Miguel Gómez Editores
-. Miller, Jacques-Alain y Milner, Jean-Claude (2004) ¿Desea usted ser evaluado? Málaga: Miguel Gómez Editores
From: http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/-1170-Ruiz
29 de Abril de 2013
Crónica: Presentación* del libro de Donna Williams: “ALGUIEN EN ALGÚN LUGAR” Diario de una victoria contra el autismo. Dolores García de la Torre (A Coruña)
El pasado sábado 20 de abril tuvo lugar en la Biblioteca Miguel González Garcés, en A Coruña, la presentación del libro de Donna Williams, “Alguien en algún lugar”, Diario de una victoria contra el Autismo.
El acto fue coordinado por Almudena Collantes (miembro de la ELP en A Coruña), y la presentación corrió a cargo de nuestro colega en Barcelona, Enric Berenguer, autor del posfacio del libro. Esperábamos contar con la presencia, a través de videoconferencia, de la propia autora pero no pudo ser por cuestiones técnicas. Aun así, la presentación fue muy bien acogida por el público asistente, profesionales que, de un modo u otro, se acercan al mundo del autismo, padres de sujetos con autismo y estudiantes.
Enric Berenguer nos hizo participes del recorrido que le llevó a realizar el posfacio de este libro y a inaugurar con él la colección “la palabra extrema” de la editorial Need.
Resultó emocionante escuchar cómo el primer libro que esta misma autora publicó “Nadie en ningún lugar”, le llevó a ponerse en contacto con ella y cómo a partir de ese momento empieza una relación vía mail que culmina con la publicación en España de este segundo texto.
Lo más destacable de la presentación fue la reflexión a la que nos invitó Enric Berenguer sobre el uso de tratamientos diversos que puede hacer el sujeto autista si somos dóciles a su singular recorrido. Nos hizo partícipes del impacto que causaron en él los textos de esta autora, en el sentido de la lucha, de la que ella misma testimonia, para conseguir superar sus dificultades.
Nos planteó reflexionar acerca de que no se trata de domesticar las conductas de estos sujetos, sino de preguntarnos qué significan y qué función cumplen para cada uno de ellos en su recorrido. En este sentido, hizo referencia a diferentes viñetas clínicas que permitieron al público asistente comprender mejor de qué se trata, y también al recorrido de esta mujer que la llevará a escribir estos textos de los que, en palabras de Enric Berenguer, podemos aprender mucho, ya que nos permiten entender mejor los mecanismos de los sujetos autistas y por lo tanto también estar abiertos a nuevos modos de intervención, sin olvidar que nos dirigimos a un sujeto.
Hay una frase en el libro de la autora que me impactó y enlaza con lo aportado por Enric Berenguer en su presentación, ella dice “…necesitaba a un guía que me siguiera…”.
Efectivamente, como él muy bien subrayó, hay que ser dóciles en el tratamiento con estos sujetos y dejarse enseñar, no se trata de llegar a ellos con un saber preestablecido sino más bien en dejarse enseñar por su recorrido. Así, remarcó cómo incluso en el tratamiento cognitivo-conductual, al que recurre esta autora en un determinado momento de su vida, el terapeuta consiente a las limitaciones que ella le plantea y esto le permite un beneficio de dicho tratamiento. En este mismo sentido, Enric Berenguer destacó algo que ya incluye en el posfacio del libro y es que en realidad el tratamiento en este caso es fundamentalmente un autotratamiento, una lucha sin cuartel de un sujeto decidido a salir de su encierro.
Enric Berenguer también nos ofreció una imagen realista de la situación de impotencia que, en ocasiones, conlleva el trato, tanto de las familias como de los profesionales, con estos sujetos, indicando de manera sencilla una clave que podría resumirse en dos palabras “paciencia infinita”. Para añadir, además, que en algunos casos se consiguen considerables avances, pero no en todos, lo que nos sitúa bien en la realidad del acercamiento del psicoanálisis a cualquier sujeto, la política del uno por uno y del no todo.
La presentación del libro cumplió muy bien su función ya que promovió en el público asistente el deseo de leerlo y muchos de ellos lo adquirieron allí al salir.
* Presentación organizada por la Biblioteca de Orientación Lacaniana en A Coruña
26 de Abril de 2013
Crónica: DESPUÉS DEL EDIPO, TODOS ANALIZANTES*. Margarita Álvarez (Barcelona)
El pasado 6 de abril se celebró en la Sede de Barcelona de la Comunitat de Catalunya de la ELP , el seminario que el Consejo de Administración puso en marcha en cada comunidad como trabajo preparatorio del Segundo Congreso Europeo de Psicoanálisis, PIPOL 6: Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro.
Después del Edipo, todos analizantes fue el título elegido por el Consejo para esta mañana de trabajo. En la presentación, Begoña Ansorena, secretaria y tesorera de la CdC-ELP, recordó el contexto del título y sus coordenadas: el Consejó lo decidió en relación al tema de las simultáneas de PIPOL 6 y, en las orientaciones que nos dio para el trabajo, planteó que se trataba de explorar “la triangularización formada por el caso, la institución y la experiencia del practicante como analizante”. Podemos extraer allí, señaló, tres ejes: “El del terapeuta con el paciente (el caso), el del terapeuta con la institución, y el del terapeuta con su propio análisis”. Después del Edipo trae a primer plano así la fórmula “todos analizantes”: “El practicante –sitúa el texto del Consejo- es también (en otra escena, pero no segregada) analizante. (…) Todos iguales frente a la experiencia del inconsciente y de lo real, pero también uno por uno en la no-relación singular”.
El seminario se organizó alrededor, y a partir, de los trabajos de tres miembros de nuestra comunidad: Susana Brignoni, Estela Paskvan y José Ramón Ubieto. Y contamos para su despliegue, con los comentarios y la animación de dos miembros del Consejo que se desplazaron a Barcelona para trabajar con nosotros: Mónica Unterberger (Madrid), y Fernando Martín Aduriz (Palencia).
Después de la breve presentación, los tres ponentes leyeron sus textos. Pudimos escuchar las distintas resonancias que el título y las orientaciones del Consejo habían producido en cada uno de ellos, así como la elaboración singular que habían seguido. Como los textos saldrán publicados en Freudiana 68, me limitaré aquí a reseñar las cuestiones que más resonaron y se retomaron en el debate posterior.
Algunas cuestiones extraídas de los textos
Susana Brignoni comenzó interrogando el término “analizante” para situar seguidamente que un analizante extrae consecuencias de su propia experiencia. Afronta el encuentro con el S(A barrado) y avanza en permanente tensión entre la elaboración de saber y el agujero a mantener hasta el encuentro con el acontecimiento de goce, producto del encuentro entre el significante y el cuerpo: eso que goza en silencio pero que sin embargo habla.
A partir de la experiencia con el propio goce, el analizante puede hacer algo con él y con el otro: su propia experiencia sobre lalengua le da acceso a la del otro.
El texto de José Ramón Ubieto ilustró acerca de cómo la experiencia extraída de su propio análisis sobre unas respuestas hiperactivas que afectaban a su cuerpo, en forma de accidentes sin subjetivación posible, le permitieron descompletar el diagnóstico de TDAH con el que vino un niño a la consulta y orientar la cura hacia la invención sintomática.
La frase materna “eres un inconsciente” que sancionaba estas conductas propias le llevó a la cuestión de la inconsciencia del padre, bajo la forma del reproche “Padre, ¿no ves que estoy ardiendo?”. Sin embargo, su análisis le llevó a poder situar después que, en el encuentro con el goce, el silencio del Otro es estructural. Cernir ese punto le permitió entender que hay en cada caso algo fijo que el sujeto no puede dejar de atender, y que ese algo tiene que ver con el eco en el cuerpo de un decir.
Entonces, tal y como señaló Estela Paskvan, después del Edipo la brújula es el sinthome, lo real del goce como acontecimiento de cuerpo. El analista del siglo XXI es aquel que, en los distintos lugares donde ejerce su práctica, enfrenta los nuevos malestares del siglo. No se trata tanto de dónde trabaja sino de que, lo haga donde lo haga, se mantenga en el discurso analítico.
Trabaje solo o con otros, en el momento del acto, el analista siempre está solo. Por eso es necesaria una Escuela donde proseguir la formación que es permanente y donde resolver los interrogantes que la clínica plantea. Se trata de construir una comunidad de experiencia.
El analista actual -señaló- es discreto. Sin embargo, generar y participar en movimientos es más y más perentorio; la urgencia por defender la causa analítica es cada vez mayor.
La conversación
En la segunda parte, tuvo lugar el debate que estuvo coordinado por mí misma, en tanto directora de la Comunidad, y animado por Fernando Martín Aduriz y Mónica Unterberger, los dos consejeros que vinieron a trabajar con nosotros. Por mi parte, me pareció interesante subrayar que para aproximar un tema es necesaria siempre una posición de lectura, lo que conlleva poder poner una distancia, un cuestionamiento, una desuposición de saber(1), no solo sobre lo que se nos dice, como señaló Lacan en 1972, sino también, como él mismo había señalado ya en 1955 (2), en relación a uno mismo, a lo ya sabido. Es importante no dar el enunciado por evidente sino hacer el ejercicio de transformarlo en una x, un enigma, abordarlo con un ¿qué quiere decir? Esto se pone especialmente en juego cuando el título se presenta como una afirmación, como ocurre con el título del Segundo Congreso europeo o con el título mismo de este seminario. Es necesario dialectizar estos enunciados afirmativos, con el fin de que no devengan imperativos y, al enmudecernos, nos impidan producir.
A continuación, cada uno de los consejeros desplegó un comentario recogiendo distintos puntos de cada texto.
Mónica Unterberger señaló de entrada el malestar actual de la civilización, cuyas coordenadas son la ciencia y el capitalismo y cuyos síntomas visibles irrumpen tanto en la cultura como en el caso por caso. El psicoanálisis tiene cada vez instrumentos más afinados para abordar unos y otros, pero tenemos que cuidar -precisó- la manera en que nos relacionamos con este saber, la forma en que lo usamos.
En esta línea, hizo referencia al planteamiento que hace Christine Le Boulengé(3), en relación a su experiencia en la institución: si los significantes que utilizamos en psicoanálisis están en posición de ideal son ineficaces, no podemos servirnos de ellos para orientarnos en la clínica: no agujerean el discurso del amo sino que lo alimentan.
Por ello, el trabajo de las simultáneas del Segundo Congreso pretende sacar a la luz el trabajo de los practicantes en las instituciones, tomando en consideración las dificultades con que ellos se topan pero también los hallazgos que les permite su posición de analizantes, así como el discurso que sostiene o atraviesa a cada una de ellas.
Entonces, se trata de tomar el “todos analizantes” no como un ideal sino como una orientación, un enunciado que permite depurar la experiencia analítica de cada uno. Y, así, acceder “a la función del saber en su modo más subversivo”(4).
En relación al sintagma lacaniano “después del Edipo”, presente tanto en el título del congreso como en el del seminario, Mónica Unterberger insistió también en que se trata de ponerlo a trabajar. De ningún modo implica prescindir de la estructura sino que se trata de ver los anudamientos RSI de cada uno, lo que hace de marco, lo que desborda el marco, lo singular.
¿Cómo puede abordar el psicoanálisis las manifestaciones del real sin ley propio de nuestra época que se manifiesta en un recrudecimiento del fundamentalismo institucional, en la locura del cientificismo ilimitado, en el desenfreno obsceno del capitalismo y en un malestar que, a veces, lleva a lo peor? Ésta es la urgencia -señaló Mónica Unterberger-, que convoca a los psicoanalistas hoy.
Por su parte, Fernando Martín Aduriz comenzó haciendo referencia a un artículo de Javier Sampedro, publicado en El País digital dos días antes (4/4/2013), con el titulo: “La verdadera interpretación de los sueños”. Tal como avanza el subtítulo, “Científicos de Kioto logran descifrar la actividad de la mente dormida”, el autor plantea en el texto que la neurología ya está solo a un paso de leer los sueños, si es que no lo ha dado ya, porque “Yukiyasu Kamitani y sus colegas del Laboratorio de Neurociencia Computacional ATR, en Tokio, han puesto a punto una especie de diccionario que traduce la actividad cerebral de sus voluntarios humanos durante el sueño”. Hay que decir, lo cual ya habla por sí solo, que además la muestra estudiada fueron tres individuos.
Fernando Martín Aduriz explicó que al ver el título en el periódico digital, él y otros colegas consiguieron presionar para que en la primera página de la versión impresa se cambiara por: “La interpretación real de los sueños” (El País, 6.4.2013). Así, si en la versión primera se da a entender que hay una interpretación verdadera de los sueños, que no es la nuestra, en la segunda versión, no se trata de que nuestra versión no sea verdadera sino que quizás sea un poco irreal, lo cual es un impacto un poco menor.
En todo caso, es un ejemplo más entre muchos que confirma la urgencia, señalada por Estela Paskvan en su texto, de defender la causa analítica. No podemos no participar.
El TDAH, que toma José Ramón Ubieto en su texto, es un significante amo actual que da una versión desubjetivada del sufrimiento humano. Y nosotros -señaló Martín Aduriz- podemos incidir en él.
Pero, ¿cómo podemos hacerlo? Retomó entonces una frase del trabajo de Susana Brignoni según la cual “los psicoanalistas somos sabios de un saber sobre el que no podemos conversar” (5).
¿Cómo hacer para que nos asociemos, para no dejar de hacerlo, para sostener una Escuela construida sobre un imposible, cómo hacer lazo con el otro, cómo soportar la diversidad y sostener nuestra singularidad?
Por otro lado, ¿qué analista después del Edipo? Se refirió de nuevo entonces al texto de Estela Paskvan: el analista es el que surge del desecho, el que sabe serlo. Ha de aceptar la opacidad de lo real del goce que nunca se liquida, que insiste en volver siempre al mismo lugar.
A continuación, se inició el debate que fue muy animado y contó con numerosas e interesantes intervenciones. Por razones de extensión, me limitaré a señalar asimismo solo algunas de ellas.
Hebe Tizio señaló que el sintagma “después del Edipo” es una orientación a tomar el discurso analítico desde otra perspectiva, con un uso más pragmático.
En el fondo, implica un cuestionamiento del analista que, tal como señala el término “analizante”, es un producto del discurso analítico, no es extraterritorial. Cuando Lacan hablaba de su posición analizante se preguntaba: “¿De dónde viene eso, esa enseñanza cuyo efecto soy?” (6).
Francesc Vilà señaló la pasión actual por la univocidad de la lengua, por querer eliminar su equivocidad: por ejemplo se diagnostica de TDAH, de manera unívoca, a un niño con problemas de atención.
José Ramón Ubieto retomó una frase del texto de Susana Brignoni, “La conversación es la manera de hacer con el imposible”, para señalar que el progreso de la tecnología y el discurso de las neurociencias avanzan en la dirección de borrar el imposible con un ideal de univocidad sin querer saber nada, sin hacerse cargo del retorno pulsional que ese borramiento produce en sus modos más funestos. El analista no puede abstenerse de intervenir para señalar ese funcionamiento sintomático.
A continuación surgieron varias preguntas y comentarios en relación al tema del saber del analista, y de su no saber.
Volviendo a la cita de Lacan mencionada antes, “Los psicoanalistas son los sabios de un saber acerca del cual no pueden conversar", Susana Brignoni señaló que la conversación requiere la caída de la posición de sabio. Hay que pagar con la propia persona, como hizo el mismo Lacan, para poder avanzar.
Mónica Unterberger hizo hincapié en operar desde el “no saber”, noción que, como advirtió también Estela Paskvan, no se debe banalizar. No se trata de no saber sino de una posición en relación al saber. Me parece que en este punto podemos recordar que Freud mismo ya había señalado la necesidad de “olvidar” lo ya sabido y escuchar cada caso como si fuera el primero. Podemos resumir: la necesidad de escuchar. Lacan retomó el consejo freudiano en el subtítulo de uno de sus escritos: “Lo que el psicoanalista debe saber: ignorar lo que sabe”(7). Unas páginas más adelante añadió que el analista no se puede adentrar en la práctica sino “reconociendo en su saber el síntoma de su ignorancia”. (…) La ignorancia no debe tomarse aquí como una ausencia de saber sino (…) como una pasión del ser, una vía en la que el ser se forma, y que es la forma más elaborada del saber(8).
Ese mismo año, Lacan hace un señalamiento similar en relación a la lectura cuando se pregunta qué quiere decir saber leer: hay gente que parece que lee pero solo lo simula: ya “sabe” lo que pone el texto y ya no se molesta en leer lo que pone (9).
Entonces, se trata de interrogar en este caso el título “todos analizantes”. No dar por supuesto lo que quiere decir. Cuando nos interrogamos sobre ello, y mostramos nuestro no saber, lo que no entendemos, algo de lo que decimos puede resonar en otros, en lo que ellos tampoco entienden. Y esto permite conversar y avanzar.
En relación a esto, el nuevo título del Segundo Congreso también ha sembrado desconcierto -como sabemos, el título cambió el pasado mes de marzo después de unos días taquicárdicos de eventos y noticias: liberación de Rafah, Conversación Clínica en Barcelona, creación del Instituto Internacional Jacques Lacan. Tengo que decir que, de entrada, yo también sentí desconcierto. Sin embargo, el nuevo título ha adquirido para mí después toda su lógica.
Después del Edipo las mujeres se conjugan en futuro, podemos pensarlo me parece como una vuelta más respecto al título de este Seminario de la Escuela. El “todos analizantes” implica mantener abierta la dimensión del agujero del S(A barrado), es decir, salir del funcionamiento “todo” que provee el falo y regirse por la lógica del “no todo”. Esto lleva a “las mujeres se conjugan en futuro”, entendiendo este enunciado lógicamente: en tanto la lógica del “todo” es la lógica de la tradición y de lo ya escrito, es decir, una lógica masculina, la lógica femenina del “no todo” es la lógica del futuro. Ella atraviesa los modos de lectura tradicionales para leer la clínica y la civilización a partir de la lógica del “no todo”. Sin embargo, me quedan dos interrogantes: ¿Por qué hablar de las “mujeres” si estamos hablando de la lógica femenina? ¿Y por qué seguimos refiriéndonos al futuro cuando esa lógica hace tiempo que ya está aquí sin esperarnos?
Para finalizar, quiero agradecer en especial a Susana Brignoni, José Ramón Ubieto y Estela Paskvan, cuyos textos nos permitieron trabajar, así como a Fernando Martín Adúriz y Mónica Unterberger su compañía, su tiempo, su esfuerzo y sus aportaciones, que han sido importantes para nosotros, así como la compañía, aportaciones y comentarios de todos los asistentes y participantes. Todo ello ayuda a construir y sostener una comunidad de experiencia.
Notas:
1. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires.: Paidós, 1992, pp. p. 80 y 83.
2. Lacan, Jacques: El Seminario, libro III: Las psicosis (1955-1956). Buenos Aires: Paidós, 1984, p. 297.
3. Le Boulengé, Christine: “Ce qui anime le fondateur laissera sa trace sur l’institution et sur ceux qui y travaillent”. En: PIPOL News 11.
4. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XVI: De un Otro al otro (1968-1969). Buenos Aires: Paidós, 2008, p. 220.
5. Lacan, Jacques: “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad” (1967). En: Otros escritos. Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 379.
6. Lacan, Jacques: El Seminario, libro XX: Aún (1972-1973). Buenos Aires.: Paidós, 1992, p. 38.
7. Lacan, Jacques: “Variantes de la cura-tipo” (1955). En: Escritos, t. I. México: Siglo XXI Editores, 1984, p. 338.
8. Ibídem, pp. 344-345.
9. Lacan, Jacques: El Seminario, libro III: Las psicosis, op. cit., p. 297.
* Reseña del Seminario de la Escuela en la Comunitat de Catalunya.
23 de Abril de 2013
Maratón. Fernando Martín Aduriz (Palencia)
Cuando he llegado a la meta en una carrera de maratón de media distancia he encontrado sensaciones dispares. La de Murakami, Haruki, el escritor japonés, cuando llegó a Maratón procedente de Atenas fue: «Por fin llego a la meta. No siento de ningún modo la satisfacción de haber logrado nada»(1). Hoy, al escribir este texto a sugerencia de Antoni Vicens, trato lo primero de imaginar la sensación de quienes el pasado día quince de abril en la avenida de Bolyston, Boston, tras llegar a meta siguieron corriendo para donar sangre a la multitud herida, una vez confirmado que el ruido eran bombas y no cohetes artificiales, y que decenas de personas mutiladas exigían de los maratonianos aún un esfuerzo más. También imagino la sensación de quienes fueron detenidos sólo dos kilómetros antes de finalizar la prueba, y su pregunta, que sería la mía, de por qué no podían cruzar la meta tras meses de entrenamiento.
Conocemos el destino de un niño de ocho años que se encontraba allí tras ver llegar a la meta a su padre. A veces, no tantas como me hubiera gustado, mis hijos me han ido a ver llegar a la meta, y en la última, cuando aún me restaban cinco kilómetros buscando de dónde sacar fuerzas para seguir -siempre lo mismo- fantaseaba con que su mirada burlona me iba a permitir un segundo de alegría. En seis ocasiones he concluido una Media Maratón, y en las seis el paso por meta cumple tanto una función alegre como de pregunta por el sin-sentido de aquello. Pero como no se trata de enfermar de sentido, de nuevo trato de usar del síntoma con desapego.
Las bombas de Boston me recuerdan el empeño histórico del ser humano por mostrar lo mejor justo al lado de lo peor. Ligan ese instante de felicidad para tantos y tantos, con la presencia de lo peor de lo humano. Lo mejor, con el horror. La meta como satisfacción y también como evocación del agujero, siempre presente.
Y luego están nuestros otros más cercanos. Nuestros acompañantes, como se ha constatado en Boston, ciudad cuya seña de identidad importante es el histórico maratón, terminan siendo partícipes de todo lo que rodea una carrera así. Unos amigos se reparten a lo largo del Maratón de Madrid, muy próximo ahora y en estado de alerta tras Boston, para entregar agua a su maratoniano hijo. La felicidad se comparte, o se comparte el haber logrado nada, que diría Murakami. Sabemos por Lacan, lo importante que es esa nada.
En cualquier caso, las bombas de Boston no son un ataque a un símbolo, sino un ataque real a personas, a seres humanos, al igual que el 11-S no era un ataque a unas torres emblemáticas, como mostró Éric Laurent en su conferencia de Madrid del 8 de mayo de 2004 tras el 11-M, donde no los definió como atentados a significantes amo, sino que los denominó “crímenes en masa”(2) y donde diferenció la maléfica voluntad del terrorista, del mal encuentro con la catástrofe natural, cuya referencia es la mala voluntad de los dioses.
En ese mismo libro que antes he citado, y que fue mi objeto causa para volver a correr, Murakami afirmaba que «no existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura», pero la secuela de este crimen posterior a la fantasía de los terroristas hermanos de Boston, este horror que nos va a asociar para siempre la meta de una Maratón, -la de Boston aún más, aunque publicitada la convocatoria de 2014, seguramente con el noble objetivo de taponar el agujero-, es un horror puro traumatismo y es por eso que ahora, una vez más, “nos encontramos con la impotencia del discurso a la hora de leer el acontecimiento”, Laurent dixit, y también, siguiendo su lectura de los ataques terroristas y de la estela que dejan, pienso que lo que ahora nos aguarda, al menos ante los próximos maratones, es lo que propone denominar angustia pre-traumática.
Por mi parte, y tras la Vigo-Baiona, ya pienso en correr algún día la Behobia-San Sebastián, la más bella, dicen, de los maratones de media distancia. En otros términos, el inconsciente sigue siendo Baltimore al amanecer, y la lectura de sus destellos finalmente ocupa todos nuestros días. Por lo que ante lo imprevisible del horror que anida en el ser humano, sabemos que siempre amanece, que no es poco.
Notas:
1-. MURAKAMI, H., De qué hablo cuando hablo de correr, Tusquets, Barcelona, 2010, p. 89.
2-. LAURENT, É, “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares pero no sin principios”, en El psicoanálisis, núm., 7, p., 36, ELP, Barcelona, 2004.












«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



