El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

18 de Junio de 2013

Entrevista a Anna Aromí “Para conocer el inconsciente, tienes que pagar con los prejuicios”. Lidia Vidal (Barcelona)

01:13:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Por primera vez en sus veinticinco años de historia la Sección Clínica de Barcelona hace unas jornadas de puertas abiertas desde mañana hasta el sábado (Via Laietana, 64). Quieren mostrar su trabajo en la formación no sólo de psicoanalistas, sino también de otros tipos de profesionales interesados en el psicoanálisis.

Lidia Vidal: La crisis ha hecho aumentar un 19% el número de casos de depresión en el Estado español. Se supo en el Congrés Català de Salut Mental. ¿Qué se puede hacer desde el psicoanálisis?
Annas Aromí: Jacques Lacan ya avanzó que se presentarían en forma de epidemia, tal como estamos viendo, la depresión, el autismo, la hiperactividad... Él lo analizaba como un efecto de la conjunción del discurso del capitalismo con el discurso de la ciencia. ¿Qué se puede hacer? Acercarse caso por caso para ver, por ejemplo, que no todo es depresión. Es decir, que encontramos personas que están en un momento de duelo o de tristeza normales y, en cambio, en el otro extremo personas con una melancolía muy grave. ¿Qué mantiene el diagnostico junto? Todos ellos, con su diversidad de vidas y de dificultades, toman la misma medicación.

Los profesionales de la salud advierten sobre el abuso de antidepresivos, ansiolíticos y pastillas para dormir. ¿Qué sucede si sólo nos medicamos y no afrontamos el problema?
Es difícil ir contra el discurso ambiente. Pero es la única salida si queremos mantenernos como sujetos y con el deseo particular de cada uno. A mí vienen a verme personas diciendo que no saben gestionar sus emociones. ¿Acaso somos capitalistas que tenemos que gestionarlas como si fueran un capital económico? En cualquier caso, no estamos contra el uso terapéutico de la medicación cuando es necesaria, pero tenemos en cuenta que no estamos hechos únicamente de neuronas, de ADN, o de sistema nervioso, también estamos hechos de palabras. El psicoanálisis se ocupa de la parte que tiene que ver con el lenguaje.

¿Qué aprenderíamos si nos escuchásemos?
No es fácil escucharse, y a veces es necesario ayuda para hacerlo. Podríamos decir que el psicoanálisis de orientación lacaniana opera con el lenguaje de una forma parecida a la de Ferran Adrià con los alimentos. Todos sabemos cocinar unos macarrones, pero él toma el trigo por un lado, la semilla del tomate por otro... y con eso hace una construcción original. En psicoanálisis el mismo discurso nos ayuda a separar los elementos y ver cómo se puede componer un nuevo plato que nos ayude a vivir mejor. La diferencia es que el cocinero no es el analista, es el propio analizante.

En este sentido, ¿el psicoanálisis incide en coger el toro por los cuernos de nuestra vida?
La vida es el camino que hemos hecho y cómo queremos continuar haciéndolo. Porque eso que llamamos futuro nos lo ganamos cada día. Por tanto, coger el toro por los cuernos es plantearse de donde sacamos las fuerzas para levantarnos: nuestro deseo.

¿Qué nos aporta el psicoanálisis que no hagan otras disciplinas también dedicadas a la psique?
En otras disciplinas lo que podemos esperar de una escucha es ayuda, comprensión, coaching... pero el psicoanálisis es una transformación en la que se pierden cosas. Otras prácticas prometen lo que el sujeto ganará; en cambio, para conocer tu inconsciente, que es de lo que se trata en psicoanálisis, tienes que estar dispuesto a pagar con los prejuicios que tienes sobre tí mismo y sobre el mundo. ¿Qué ganarás? Un acceso a una libertad en relación con tu deseo.

Los psicoanalistas tienen fama de ser cerrados. ¿A qué se debe que ahora abran puertas?
Se están proponiendo algunas leyes, tanto en España como en otros países, que plantean que el psicoanálisis no es suficientemente bueno para tratar casos como los de autismo, por ejemplo, y en cambio es sabido que los grandes avances con autistas provienen de la orientación lacaniana. Hay clínicas en Barcelona, Francia o Bélgica que hacen un trabajo excelente; por esto estamos contra los ataques, totalmente intencionados, que está recibiendo el psicoanálisis. Es por eso que abrimos puertas y explicamos lo que hacemos y la formación que damos.

¿Cuál es la orientación de futuro?
El futuro es hoy. Y tenemos un problema si el discurso que impera es “todos iguales”. Hay desconfianza hacia los políticos, pero muchos se olvidan de hacer política ¡y sólo hacen gestión! Y esto afecta también al psicoanálisis porque para gestionar se necesitan encuestas, agrupar a depresivos, hiperactivos... Seis millones de parados es una cifra inabarcable mentalmente, pero si es un vecino, un familiar… ¿qué tipo de sujeto se configura, está reducido a la cifra o utiliza su originalidad? Las singularidades no se pueden agrupar, pero esta idea va contra la gestión. Y se culpa a la población diciendo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Los corruptos no se sienten culpables y, en cambio, los pobres que no han cometido ninguna infracción a menudo tienen sentimiento de culpa. Entonces, si se quiere hablar de culpa, lo hacemos en serio y con un psicoanalista.
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* Entrevista publicada en el Diari El Punt, en la edición del 12.6.13. Disponible en su versión original en: http://www.elpuntavui.cat/noticia/article/2-societat/14-salut/653941-per-coneixer-linconscient-has-de-pagar-amb-els-prejudicis.html

9 de Junio de 2013

¿Necesitamos salvadores? Un mito muy masculino*. José R. Ubieto (Barcelona)

02:22:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La crisis, una de cuyas ventajas es hacer más visible lo social, nos devuelve el mito clásico del salvador, mito muy masculino. Un hombre, sólo ante el peligro, antepone el interés colectivo (patria, institución) a cualquier otro personal que debe ser sacrificado en aras del primero. Coincidiendo con la marcha de Mourinho, Aznar anuncia su regreso a la política activa. Dos hombres y un mismo destino: salvar a una institución en declive (Madrid, España) y devolverle el honor mancillado.

Sin entrar en las claves partidistas, hay detalles compartidos en su modus operandi, empezando por este objetivo (goal) común. Uno y otro son ejemplares en la aplicación de la teoría neurótica (Freud): “la culpa es siempre del otro que no deja de satisfacerse a costa mía y en mi perjuicio” (privilegios arbitrales, demandas insolidarias,..). El otro tiene pues el goce que a mí me quita, goce que siempre debe ser contado y calculado (tantos penaltis, tantos agravios,..).

Esta tesis, sin dialéctica posible, legitima una respuesta que a veces justifica la propia impunidad. Para este fin cualquier medio está aceptado, incluidos los “digitales”: el dedo propio en el ojo ajeno o el dedo erecto como signo del poder fálico, que desconoce el límite de las reglas colectivas y espera ahorrarse el pago establecido. Si a eso se suma la debilidad del antecesor, el rito de salvación encuentra su legitimidad completa.

¿Resultados? En términos de outputs conocemos los datos del entrenador: escasos y con una relación coste-beneficio muy negativa. En término de outcomes (beneficios del método que revierten en aprendizaje para próximas iniciativas) la cosa pinta peor: división interna en sus filas y aumento notable de la hostilidad con el entorno. Poco aprendizaje, pues, para tanto esfuerzo.

El regreso anunciado del hombre que un día, a propósito de las razones de la guerra de Irak o del cambio climático, declaró que a él no le importaban las causas, sólo los hechos (por cierto, inventados) ¿qué legado nos dejará tras su paso? La ética de las buenas intenciones tiene el riesgo de ignorar las consecuencias de los actos bienintencionados y además suele revestirlos con un velo sobre la memoria histórica (no hay que olvidar que aquí se trata de un regreso).

Europa, y España, nos ofrecen hoy muchos ejemplos del retorno de este mito, que más tarde o más temprano, se confronta a aquello que vela el mito: el culto a la personalidad y la arbitrariedad del acto redentor. Salvar al otro, y más cuando éste no lo pide, no parece entonces un buen método para el otro ni para la convivencia social. Otra cosa son los beneficios para sí mismo.
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*Publicado en LA VANGUARDIA/Tendencias. Con la amable autorización del autor.

Visite: http://joseramonubieto.blogspot.com.es/

1 de Junio de 2013

Crónica: La angustia en la época de la transparencia: ¿Cómo librarse de la mirada absoluta? Miguel Ángel Alonso (Madrid)

15:45:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Dentro del Ciclo de Introducción a la orientación lacaniana, el viernes 24 de Mayo de 2013 se celebró la última conferencia de este curso. Llevó por título La angustia en la época de la transparencia: ¿Como librarse de la mirada absoluta?, fue dictada por Rosa López e introducida por Amanda Goya, quien enmarcó la misma dentro de la ya ineludible reflexión acerca del sometimiento que padecemos, en el momento civilizatorio actual, por una mirada que se constituye con pretensiones de universal y absoluta, con la consiguiente carga paranoica que pudiera proyectar sobre el entramado social. Este hecho, para algunos pensadores, estaría promoviendo una mutación ontológica del ser y del sujeto contemporáneo.

El título tomado como referencia fue El ojo absoluto, de Gerard Wajcman, tanto por la disección que realiza sobre la civilización actual, como por la toma en consideración del tema objeto de la conferencia, ese ojo que ejerce su mirada desde todas partes pretendiendo la transparencia total, ante la cual el psicoanálisis contrapone el elogio de la sombra.

Rosa López, en primer lugar, expuso la incidencia que, con carácter general, tiene el objeto mirada sobre el ser humano. Se trataría de una mirada que siempre viene del Otro. Distinguió dos vertientes de la misma, una nos haría sentir valiosos por darnos un lugar en el deseo, la otra nos arrojaría a una angustia exponencial que nos hace sentir desecho, resto caído de la escena. Relacionadas con las dos vertientes aparecen dos categorías, el deseo y la angustia, muy próximas entre sí, separadas tan solo por una frontera lábil.

El acento de la conferencia fue colocado sobre la angustia en relación a la mirada del Otro. Al respecto se evocó la fábula lacaniana sobre el sujeto enfrentado a la mantis religiosa y al enigma de saber qué objeto es para la mirada de la mantis. Ilustración del sujeto alcanzado por su propia extrañeza, incluido a título de objeto arrojado al capricho del deseo del Otro. El ejemplo trasmite la experiencia de fractura y las dificultades para construir una identidad.

Como preámbulo al análisis de la civilización actual, se trazó un paralelismo entre la secuencia anterior y los fenómenos psicóticos. Se trajo a colación a Víctor Taus, alumno de Freud, y su artículo De la génesis del aparato de influencia en la esquizofrenia, donde describe formas de delirio en las que el sujeto es objeto de una perniciosa influencia proveniente de una maquinaria exterior. Rosa López presentó dos casos clínicos documentados en el artículo. Allí, el sentimiento paranoico del sujeto no puede ocultarse a la proliferación de miradas amenazadoras del Otro, quedando condenado a la inmovilidad absoluta. Una vez más, los sujetos psicóticos aparecen como visionarios, permitiendo predecir la llegada de una nueva civilización y constatar cómo la realidad supera, en mucho, al delirio.

El comienzo de El ojo absoluto de Gerard Wajcman, señala con precisión uno de los temas de la conferencia: “Una mutación sin precedentes está teniendo lugar en la historia de los hombres”. Mutación no realizada en secreto, sino a la vista, transformadora del mundo sin que los seres humanos nos demos cuenta, pues estamos asentados en un mundo que transita a gran velocidad, sin demora para una reflexión serena sobre esas transformaciones irreversibles.

A continuación, un planteamiento sugerente, la transformación de los ideales en imperativos. Si en el siglo XVIII, el significante ideal era la felicidad; en el XIX era la libertad; en el XX la salud; todavía sería pronto para aventurar el ideal del siglo XXI. Si seguimos a Wajcman, podemos pensar en el ideal de transparencia. La cuestión es que estos ideales, surgiendo como benéficos, son transformados en imperativos que muestran su vertiente mortífera. Como imposición de ideologías, el fundamentalismo de la salud prescribe lo bueno y lo malo; el ideal de felicidad se transforma en imperativo que obliga a gozar más y más.

En relación con el ideal de transparencia, en la actualidad todo puede ser visto, operaciones en directo, cuerpos que se trocean, etc. Lo que no es visto no existe. Al respecto, uno de los ejemplos más dramáticos es la negación de la existencia de los campos de exterminio alegando que no se han visto. La ideología de la transparencia abarca todos los campos humanos, la ciencia, la política, la medicina, la geografía, la vida privada, etc. Dos ejemplos, Facebook y Wikilieaks, uno aboliendo la vida privada, el otro los secretos del poder.

Una precisión interesante. Cuando Wajcman habla de ojo absoluto, no se refiere a la mirada tradicional de Dios, sino a los artilugios técnicos que pululan por las esquinas de las calles, y que graban nuestra imagen en todo momento. Objetos técnicos siniestros, porque ni siquiera precisan dormir, ven sin cesar, sin parpadeos.

Rosa López realizó una lectura clínica de la mirada absoluta en la civilización. En efecto, no parece muy aventurado emparentarla al delirio paranoico, riguroso, que no duda, que otorga sentido a todo lo que acontece. Es inevitable escuchar las resonancias. Este rigor absoluto puede relacionarse con la aspiración científica de que todo lo real sea visible y calculable. Se pueden poner múltiples ejemplos de encarnación, por parte de la ciencia, del imperativo de transparencia. Uno de ellos sería la máquina de resonancia magnética NeuroSpin, presentada como la revolución que entenderá el cerebro carteándolo en imágenes. En ese mapa, supuestamente, aparecerían las emociones, las percepciones, la conciencia, y hasta los pensamientos. Es la alianza entre política y ciencia.

Vemos que el imperativo es exigente. No se conforma con visualizar los órganos internos, además quiere arrancar el misterio de la subjetividad, nuestros más íntimos deseos, arrancar el inconsciente, eso que hace que el sujeto no pueda ser transparente consigo mismo. Algo pueril, pero con efectos devastadores que amenazan a todos. Es decir, la ciencia, no solamente ignora la singularidad del sujeto, la forcluye. Su afán universalista, regido por la ley del “para todos”, excluiría la singularidad, haría al sujeto invisible, transformándolo en cuerpo y en puro objeto de investigación. Es la idolatría consistente en naturalizar el espíritu.

¿Cuál sería el efecto más evidente producido por esta situación? Rosa López evocó a Jacques Lacan: “La angustia es el sentimiento que surge de esa sospecha que nos embarga cuando nos reducimos a un cuerpo”.

Esto llevó a reflexionar sobre los escenarios que la ciencia no tiene en cuenta. El sujeto es un exiliado de la naturaleza, de la biología, habita en lo simbólico, en el lenguaje. Es necesario entender que no somos un cuerpo, sino que tenemos un cuerpo. Por eso el ser humano ha de construir una identidad. Hechos como la sexualidad, la alimentación, la defecación, etc., quedaron afectados por las palabras, distorsionados y extraviados de sus rieles naturales. La ciencia y la tecnología no pueden organizar un retorno a la vida natural. Es tarea imposible.

La hipótesis hacia la que confluyó la argumentación tiene que ver con la cuestión de la transparencia. Un ejemplo, las ecografías de los fetos fotografiados en tres dimensiones. Algo siniestro, el niño mirado antes de salir del cuerpo materno. Wajcman lo ilustra de esta manera: “Bienvenido al mundo del hombre transparente”. Otro ejemplo, las cámaras de vigilancia domésticas, prótesis del ojo de la madre para la asistenta y el niño que toma a su cargo. Miradas imperativas, promoviendo un afán de evaluación encarnado por instituciones, médicos, educadores, conductistas, cognitivistas, sometidos por ideologías imperativas.

Estaríamos ante un sujeto tomado como objeto y enfrentado al enigma de la mirada del Otro. En la actualidad, el Otro es la ciencia, con su enorme capacidad para cambiar la naturaleza del mundo y del sujeto. Esto se enmarcaría dentro de la alianza entre ciencia y tecnología, una alianza que no es inocua, sino que induce al establecimiento de una ideología imperativa. Se trata de un encuentro con el cuerpo, transformado en objeto de investigación y mercancía. Órganos que se venden y se fabrican, lo cual nos sitúa en el escenario de Blade Runner, donde ya no se podía diferenciar a los humanos de los replicantes.

Ante esta evidente mutación civilizatoria surgieron algunas preguntas: ¿Tenemos algún margen de respuesta ante este panorama? ¿Este dispositivo puede borrar la experiencia de la verdad y del inconsciente? ¿Por qué en las consultas no aumentan los casos de paranoia? ¿Por qué no nos molesta que nos graben todo el tiempo? ¿Qué es lo que hace que el ser humano obedezca un orden que le resulta insatisfactorio?

En primer término, no aumentan los casos de paranoia porque ya formamos parte del sistema. Nuestro goce consiste en mirar y ser mirados. el mundo se constituye como omnivoyer.

En segundo lugar, el sujeto obedece a un orden insatisfactorio porque, como descubrió Freud, el sujeto se entrega al amo. Es una servidumbre que obedece a la estructura del sujeto.

Tercero, el psicoanálisis acoge y resguarda la categoría de la imposibilidad, que lo es de una síntesis total del sujeto, de un saber total, de una verdad absoluta. Habría un límite infranqueable que ningún saber puede traspasar.

Cuarto, también acoge al sujeto del inconsciente, postulándose a contracorriente de los afanes de la ciencia, pues los seres humanos no somos ecuaciones. Reivindica el derecho a la intimidad, a lo oculto, la defensa de la sombra frente a la luz totalitaria.

Quinto, se trataría de recuperar la subjetividad. Es la tarea que impone el psicoanálisis en su viaje a un real que no puede ser representado. Sería el modo que tiene el sujeto de recuperar la dignidad del deseo, el pudor de lo íntimo, y un saber hacer con lo extraño que lo habita.

18 de Mayo de 2013

La feminización del mundo: el nuevo orden del toxicómano. Ernesto Sinatra (Buenos Aires)

02:22:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La hipermodernidad es No-Toda
Partimos de una hipótesis*: la hipermodernidad, con su proceso de globalización, empuja al estado actual de la civilización denominado feminización del mundo [1] y el nuevo orden del toxicómano se inscribe en esas coordenadas.

Se trata del pasaje del Todo y la excepción –que caracteriza a la sexualidad masculina- al No-todo que rige el lazo izquierdo de las fórmulas de la sexuación; o para decirlo de otro modo, ajustando la teorización: es el tránsito del Otro que existe al Otro que no existe[2].

Afirmar que el Otro no existe indica la negación de los dos principios que sustentaban la lógica del Todo: la excepción falla en su función (desaparece, el padre ya no regula con su prohibición), lo que produce el estallido del Todo (el conjunto no cierra, pierde su consistencia). Tal inexistencia del universal cede su lugar a la generalización: el no-todo en todas partes, indica Miller[3], lo que da lugar a la multiplicación de fenómenos en red. Internet es, tal vez, la más precisa mostración de este acontecimiento de masas que en su extensión horizontal, no permite situar un Todo, impide cerrar el conjunto, armar un universal.

Como un efecto del furor de la web surge el intento de controlar, de regular Google, sobre el fondo de los escándalos producidos por las filtraciones de informaciones reservadas, hackeadas por Wikileaks.

En esta línea leemos hoy la globalización desde la posición del no-todo que corresponde en las fórmulas a la posición femenina. Se trata de destacar ahora que el modo de goce contemporáneo está determinado ya no más desde la perspectiva del padre como significante amo (S1) de la civilización, ya no más desde su función de prohibición (padre como agente de la castración), ya no más desde la negativización del goce, sino desde su positivación, desde la mostración del goce que hay.

Es ése el alcance de la frase de Jacques Lacan -pescada por Jacques-Alain Miller- que indica que el plus de gozar hoy ha ascendido al cenit de la civilización. El goce –el plus de gozar- se ha tragado al Ideal: es la satisfacción lo que rige el estado actual de la civilización y ya no el ideal.

Desde la perspectiva del No-Todo volvemos a considerar las cuestiones de las toxicomanías en la hipermodernidad, ya no desde la perspectiva discursiva del padre -quien como elemento complementario, antinómico, administraba la prohibición y estructuraba jerárquicamente las agrupaciones; ya no desde el Todo organizado y organizador que aquél aseguraba con su conjunto cerrado de leyes que regulaban el goce.

Freud interpretó a su época: el malestar era el síntoma que mostraba que la renuncia pulsional (¡hay que dejar de gozar! como mandato paterno de la civilización) no reinstalaba la felicidad, sino que –por el contrario- reforzaba el circuito infernal del superyó reintroduciendo la ferocidad del goce, ahora con la prohibición.

Hasta ese entonces, el conjunto se sostenía en el Todo a partir de la culpa y el castigo, de los pecados y su expiación: el imperativo proscriptivo de la civilización reforzaba el superyó. La iglesia florecía hasta allí con su negocio: “¡hay que dejar de gozar!” pero si has pecado, puedes expiar tus pecados; pero entonces vuelves a gozar, y entonces vuelves a la Iglesia para volver a expiar…, etc.

El imperativo actual de la civilización ha devenido "¡hay que gozar!", en una época que sabe demasiado de la inexistencia de la relación sexual: el estado debe regular lo que hasta ayer era considerado un derecho divino, no tan sólo natural: el matrimonio adviene igualitario, la identidad de género deja de soldar cuerpo y sexo.

De un lado el avance mediático del goce sexual ("todo para ver"); del otro la criminalidad exponenciada, muestra el espectro del goce que va "de la cosquilla a la parrilla".

La formulación freudiana del siglo pasado de "los delincuentes por sentimiento de culpabilidad" parece haber retornado ahora de un modo feroz, caracterizando la falta ostensible de la barrera del no. No es -al menos no solamente- que el castigo anticipa la culpa, sino que a menudo la sustituye: en muchos casos no hay evidencias clínicas de culpabilidad, sino una oscura percepción por parte del sujeto de un castigo que merecería, sin poder precisar bien por qué.

Debemos también mencionar otros fenómenos de la época del No-Todo: asesinatos a mansalva en lugares públicos, actos criminales realizados porque sí, es decir: sin más significación que su ejecución misma. No sólo sin culpa, sino también sin motivo, sólo la acción impulsiva contra el Otro (o contra sí mismo). Estas acciones criminales se han diseminado por doquier como un signo de la desaparición de la función del NO, aquella que -en el nombre del padre- aseguraba la función de la excepción (¿por qué no hacerlo?).

Es preciso destacar que las drogas suelen ser en estos casos, instrumentos no sólo de empuje a la acción, sino además de desculpabilización.

Las tribus urbanas muestran la coalescencia del goce y el saber
Para resistir a la inexistencia del Todo, proliferan micro-totalidades que intentan restituir un dominio en “un campo muy restringido del saber”[4]: a ellas responden ultra-especialistas que se dedican a explicarlos.

El ejemplo que da Miller es el de los Otaku –personalidades monomaníacas refugiados en una zona del saber que exploran hasta intentar totalizarla[5]- agregaremos las tribus urbanas, a partir de las cuales distinguimos un rasgo diferencial en la configuración de las micro-totalidades, la coalescencia saber + goce: Skaters, Grunges, Góticos, Heavies, Hard Cores, Skin Heads, Emos, Raperos, Floggers... la lista no cierra mostrando su inconsistencia estructural.

Se nombra un goce, se lo aísla, se lo asocia con un saber bien delimitado, se inventa una clase a partir de destacar esa coalescencia goce/saber ¡y ya está! Se ha constituido una micro-totalidad.

El elemento aglutinante de las tribus parece ser –lo que llamaré- un goce éxtimo: exclusión del universo social con inclusión solidaria en la banda; marginación de las leyes del Otro con inserción fuertemente normativa en su micro-totalidad. Las substancias tóxicas suelen ser, entre ellos, coadyuvantes del lazo asociativo.

Para explicar cada micro-totalidad, surgen los ultra-especialistas. Pero ¡cuidado psicoanalistas!, ya que también los especialistas han pluralizado las toxicomanías clasificándolas en múltiples adicciones: al trabajo, al alimento, al juego, al sexo, a las dietas...

Es preciso recordar que es el goce que desborda cualquier clasificación, y que él nunca podrá ser reabsorbido por el significante.

Los no-incautos del inconsciente yerran, como el toxicómano
Miller en su Curso del 2009 -Sutilezas Analíticas - sostiene que la teoría de la libido freudiana cree en la relación sexual, mientras que la teoría de las pulsiones de Lacan parte de la inexistencia de la relación sexual ¿Cuál es la diferencia? Es que si se parte de que no hay relación sexual no hay un goce que una vez hubo y que está perdido, sino que todos los goces son equivalentes. Pero que tampoco habría un goce que convendría ¿Y entonces que hay? Un goce, un goce, un goce,… la singularidad de una forma de vida; es decir, de lo múltiple de las formas de goce, de lo que el goce sexual es uno entre otros.

Se trata entonces de caracterizar los fenómenos actuales para deducir de ellos cuál es la particularidad de los goces que los comanda. Y las toxicomanías ocupan aquí un lugar decisivo, ya que la liberación social de la prohibición paterna y el consiguiente empuje al goce son un campo fértil para el consumo de substancias ilícitas.

La dialéctica prohibición-empuje al goce estalla de un modo inercial en las narices de los legisladores cuando pretenden volcarse de un lado o del otro del disenso: si la respuesta promueve liberar las drogas, se torna inevitable un llamado al consumo; mientras que, al revés, si la respuesta surge del lado de la prohibición, la respuesta de los verdaderos consumidores tampoco se hace esperar: “¡Ah, me lo prohibís! Entonces… quiero más!!!"

La criminalización del consumo (prohibición) o su sanitarización (legalización), ambas tienen, además, efectos paradojales: la primera castiga luego de culpabilizar, la segunda victimiza para después curar; pero -en verdad- ambas convergen en no responsabilizar al sujeto de las elecciones realizadas. Aunque, en rigor, el problema es que los sistemas institucionales que existen para intentar regular el goce a partir del Estado de derecho, no tienen dicha función ya que sólo pueden dirigirse al sujeto como universal, y es harto evidente el modo en el que fallan cuando intentan dirigirse a uno por uno.

Es en ese campo -estrecho- de la promoción de las responsabilidades subjetivas, singulares, en el que encuentra su razón de existir -precisamente- el psicoanálisis… y el psicoanalista hace su ingreso como un ser extraño al campo del Derecho, no menos extraño a las normas que rigen a la sociedad de consumo -pero paradójicamente, nunca excluido de ella- aunque crítico con el discurso dominante que encarna hoy la ciencia. En fin, como bien lo señala Eric Laurent, el psicoanalista ocupa ese lugar extraño como un inmigrante y bien sabemos las dificultades que acarrea dicha posición de extimidad.

Como el Dios Jano, el problema de la legalización de las toxicomanías muestra, una vez más, las dos caras de la pulsión de muerte repartidas entre prohibición y empuje al goce[6] ¿Cómo responder entonces con estas notas a la legislación en cierne?

La época del No-Todo esta centrada en lo ilimitado, en la ausencia de prohibición a partir de la falta de límites ¿Cuál era el invento del Padre? Hacer creer que lo que no es sino imposibilidad, es prohibición. Esa es la tontería que cree el neurótico y que constituye su debilidad mental: creer que está prohibido lo que es imposible, es decir, lo que no hay.

Y es en este punto, el de la increencia en el padre, donde reencontramos a nuestros toxicómanos; ellos han sido pioneros en avanzar por los senderos del No-Todo en el nombre del goce[7]; ellos han hecho resonar en sus cuerpos los ecos de la pulsión de muerte intentando desalojar de allí las marcas de castración -adjudicadas al padre. Por eso, a fuerza de ser no-incautos, los drogadictos erraron su destino, ya que esas marcas que adjudicaron a la insistencia del padre, no eran sino el signo de la imposibilidad de la relación sexual que afecta a cada parlêtre.

Este paso: del cínico al incauto, es el que amenaza constantemente retornar aplastando al toxicómano. Mientras tanto, él -y ella- siguen consumiendo sus cuerpos para seguir sin consumir el inconsciente.

Y una vez más a tono con la hipermodernidad (concentración, densificación de los valores de la modernidad, no su Aufhebung [8]) el toxicómano muestra la particularidad de la época al situar una paradoja en el centro del goce que obtiene en el momento del flash: si bien la defensa contra el goce femenino actúa en ambos sexos y las drogas con su fuerte impulso autoerótico cortan al sujeto del partenaire evitando la apuesta sexual, también es cierto que con el uso de ciertas drogas parecería alcanzarse una sensación extática que podría identificarse con el goce femenino. Así considerado, el uso de ciertas drogas sería tanto un rechazo del goce femenino como una coartada para acceder a él sin pasar por el hombre como relais: orgasmos autoeróticos con la droga como partenaire.

Una mujer histérica "cansada de los hombres", "eterna anorgásmica", comprobó en el análisis la causa de su adicción: llegó al consumo luego de un desencuentro con su "enésimo" partenaire (del que no paraba de quejarse); interrogada por las drogas empleadas indicó que eran las mismas del susodicho. Siguiendo las vías de la identificación, por despecho, había conservado la substancia y –nuevamente– perdido el partenaire. Es de destacar que esta solución le producía un goce "poderoso, ¡lo más parecido a un orgasmo que tuve en mi vida!".

De la falta de amor al goce -¿femenino?- prescindiendo del partenaire, empleando la plasticidad identificatoria femenina moldeada, ahora, sobre la droga arrancada al hombre.

Consideraciones finales: sobre el goce hipermoderno
Una interrogación final recae sobre la época: ¿Se desprende necesariamente el goce femenino de la estructura del No-Todo?

Ya que cabe destacar aquí que sólo el goce femenino se exceptúa del cierre autista del goce[9], y es notorio que existe una variedad de goces contemporáneos que no parecen prescindir del falo, y a los que no consideraríamos goce femenino, a pesar de que es evidente que su locus nascendi es el No-Todo.

La paradoja se intensifica al considerar que es el rechazo de la femineidad lo que afecta al parlêtre (hombres y mujeres) de un modo estructural bajo la forma del fantasma fálico[10].

La hipótesis de una densificación de goce fálico no regulado por el Nombre del Padre (lo que sería la causa de las presentaciones bizarras de algunas satisfacciones actuales) debería ser considerada, lo que nos llevaría a concluir que del No-Todo no se desprenda necesariamente goce femenino. Salvo que se generalice la extensión de este concepto identificándolo con la satisfacción que se extrae de un cuerpo en su singularidad, más allá del significante, del falo y del NP –es la vía que ha seguido recientemente Jacques-Alain Miller en El ser y el Uno en su Curso de la orientación lacaniana.

Una vez más, la toxicomanía -con el desorden de los objetos que impulsa- muestra el estado actual de la civilización y nos obliga como practicantes del psicoanálisis a caracterizarlo para responder en acto a las urgencias cotidianas.
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Notas:
1. En su Curso del 2011 –El Ser y el Uno (inédito)- Jacques A.-Miller sitúa que la fractura entre el viejo y el nuevo orden, el main stream del Siglo XXI lo constituye la "aspiración a la femineidad".

2. MILLER, J.-A: Seguimos aquí los desarrollos de Jacques A-. Miller en El Otro que no existe y sus comités de ética (con E. Laurent); PAIDÓS Editorial;Págs. 76/77

3. MILLER, J.-A: Íbid; Pág. 77

4. MILLER, J.-A. : "El inconsciente es político"; en LACANIANA N°1 (EOL); pág. 16: "Siempre se puede explicar que la estructura del no-todo es abstracta y que, de hecho, en la realidad las cosas no funcionan así. Y es que esta máquina implica la constitución insistente de micrototalidades que, al ofrecer nichos, abrigos, cierto grado de sistematicidad, estabilidad, codificación, permiten restituir cierto dominio. Sin embargo, esto es a costa de una especialización extrema de los sujetos allí atrapados, que traduce la presencia de dicha máquina. Así para restituir un dominio, es preciso elegir un campo muy restringido de significantes, un campo muy restringido de saber".

5. Íbid; pág. 17

6. LAURENT, Eric: Entrevista en Revista Ñ del 10 de mayo de 2012: "Entre el empuje al goce y la prohibición, el problema no se resolverá por una dialéctica que ya mostró sus resultados. Es necesario inventar instrumentos de orientación, incluso instrumentos legales nuevos para salir de esa falsa oposición, que es la doble cara de la pulsión de muerte."

7. Paradójicamente: sin nombre, ya que al goce siempre lo visten con los semblantes del Otro de la civilización, sobre todo para burlarse luego de ellos

8. Con la caída del padre que declinó en la declinación de la virilidad, asistimos a lo que Lyotard denominó pos-modernidad, es decir, la época del Otro que no existe en la que se suponían superadas las condiciones socio-históricas de la modernidad; eran sus consecuencias la caída de los meta-relatos, de aquellas configuraciones que sostenían el discurso de las generaciones: la religión, el marxismo (incluso el psicoanálisis al ser considerado como una cosmovisión); se comenzó a descreer de los instrumentos conceptuales absolutos que aplicarían códigos con valor universal, supuestos explicar el Todo de lo que acontece. A la teorización de pos-modernidad de Lyotard, respondió Gilles Lipovetsky con el concepto de híper-modernidad, en el que se destaca la concentración de los objetivos de la modernidad y ya no su Aufhebung, no la superación dialéctica de la modernidad.

9. MILLER, J-.A. La fuga del sentido –Los cursos psicoanalíticos de J.A.Miller- Ed. Paidós; pág. 221

10. MILLER, J-.A. El Ser y el Uno; Curso de la Orientacón Lacaniana 2011, (inédito) cuarta clase del 9 de febrero: "el fantasma instituyente del sujeto es fálico".

* From: http://virtualia.eol.org.ar/025/template.asp?Malestar-en-la-civilizacion/La-feminizacion-del-mundo.html

9 de Mayo de 2013

Guerra entre los sexos: feminicidio. Irene Greiser (Buenos Aires)

01:43:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Controversias jurídicas ¿Qué lugar para la mujer en el código civil?
Enmarcada dentro de la ley de violencia de género, el feminicidio es una categoría jurídica que aspira a cobrar estatuto de ley. Más allá de su sanción, merece una lectura esta respuesta del derecho a una clínica que cada vez se encuentra más judicializada. La mujer pensada a través del discurso de género, es llevada al punto más alto y las nuevas ficciones jurídicas testimonian que lo femenino esta en el cenit de la civilización.

Existe un proyecto de ley en la Argentina*, que al proponer una penalidad más severa al homicidio de mujeres que al de hombres, le otorga un lugar superlativo a la mujer, lo cual desde el punto de vista jurídico es redundante en tanto ya estaría contemplado por el código, como agravado por el vínculo. Por otro lado, también se puede leer un exceso en el lugar concedido a la mujer en tanto La Declaración Universal de los Derechos Humanos , lo son a favor de todas las personas, sin distinción de ninguna clase. ¿Si los derechos universales del hombre no hacen distinción ni de raza ni de sexo por qué se debería de castigar con una pena mayor a quien comete un homicidio de una mujer? Por lo general son casos de crímenes pasionales, entonces cabe otra pregunta: ¿La ley contempla el caso que una mujer por pasión mate a otra mujer? Más allá de las controversia jurídicas es evidente que el tratamiento de lo femenino se torna problemático, para lo jurídico también ¿Cómo legislar lo femenino? ¿Dónde ubicar a la mujer en el código civil?

El feminicidio se inscribe como unos de los nombres del actual malestar en la civilización, el malentendido sexual estalla bajo la modalidad de «guerra entre los sexos». Desde los medios periodísticos asistimos a una modalidad en expansión «Las mujeres quemadas». En Argentina esta modalidad se inicia a partir del caso de Wanda Tadei quemada por su marido y luego ese procedimiento se extendió como una epidemia. Pero esta peste no sólo es local. También proliferan en Europa. Es una peste que se emparenta con el estado actual de la civilización.

Del exilio de los sexos a la guerra entre los sexos
Hay un exilio entre los sexos que es fundante para el psicoanálisis y cada época ha dado diferentes tratamientos a lo femenino. Lo femenino ha estado en el cenit de diferentes formas: el amor cortes, las musas inspiradoras y en la actualidad hay una epidemia “la quema de mujeres”. Un tratamiento de lo femenino que implica su rechazo.

Hay otras modalidades de rechazar lo femenino, la misoginia, la ética del soltero, pero ¿qué goce puede llevar a un hombre a querer quemar a una mujer y ver como ese cuerpo se consume? En la época del amor cortés, la cortesía hacia la dama también daba cuenta de un ascenso al cenit de lo femenino pero la dama era abordada a través de la poesía: la poesía suplía el encuentro con el cuerpo de la mujer. Pero la época actual no es la del “amor cortés”, la cortesía dio paso a los cortes o la quema de los cuerpos.

Estamos en una época de amores trágicos, amores perros. Adolecentes que se cortan el cuerpo, se clavan cuchillos por amor, chicas que se cortan la cara porque una miro el novio de la otra. “Guerra entre los sexos” ¿Por qué el exilio de los sexos, que es de estructura, hoy toma la forma del exterminio del Otro, habida cuenta que el Otro sexo es lo femenino radicalmente Otro?¿Qué ocurre con las mujeres?¿Qué ocurre con los hombres?

Discurso analítico y discurso victimológico
Desde la ley de violencia de género y los medios periodísticos las mujeres son víctimas. Pero la partición víctima-victimario no es una partición congruente con el discurso analítico. Para el psicoanálisis existen las posiciones sexuadas y allí tenemos una partición femenino–masculino.

Las formulas de la sexuación dan cuenta de dos lógicas, la masculina que por contar con una excepción que objeta el régimen fálico hace posible un goce regulado, y el armado de un todo. Pero la lógica femenina en sí misma objeta al todo, al no contar con la excepción. Que no exista uno que diga que no, conlleva a que la mujer se inscriba bajo la modalidad del no-toda en el régimen fálico, no niega el régimen fálico sino que objeta el universal, niega el Todo. Las formulas de la sexuación atañen no sólo a la posición sexuada de un sujeto: también desde allí podemos hacer una lectura del lazo social.

Jean Claude Milner, ubica a la posición del judío como quien trae la peste justamente porque objeta el todo. Desde esa perspectiva, la mujer comparte la misma posición con el judío y el analista, en tanto niegan el todo y el universal. De allí en más, tanto el judío como la mujer como el psicoanálisis mismo, pueden ser tratados como una peste.

Ahora bien, si del lado femenino de las fórmulas el “no existe uno que diga que no” es interpretado como ninguno, entonces tenemos un tratamiento que es el exterminio: cámara de gas y mujeres quemadas, son el tratamiento para aquellos que niegan el todo. Para el discurso analítico la problemática se plantea entonces no tanto como violencia de género entre víctimas-victimarios sino como se aloja la peste femenina: Ese Otro sexo, el femenino que es una alteridad tanto para los hombres como para las mujeres.

Víctimas–violentas
En “Clínica de la posición femenina”, J.-A. Miller plantea una clínica para la posición femenina, y a partir de ello deduce algunos puntos de interés para pensar cuestiones del derecho. Es desde la posición del no tener, de estar en menos que la mujer reivindica el tener, y plantea, buscar en esa posición el origen de la justicia distributiva, en la medida en que la posición femenina se relaciona con la verdad y la injusticia.

Por supuesto que esto puede llevar a una mujer a querer encarnar “La verdad” o constituirse en el lugar de “La mujer”, que no existe. La maternidad es la vía por excelencia a través de la cual la mujer reivindica su posición de no tener, y el hijo pasa a ser uno de sus bienes suplementarios, y esa perspectiva forma parte de la patología femenina.

Esa clínica de la posición femenina supone dos soluciones para la mujer, una, por la vía del tener, que consiste en poner al niño como tapón, y otra, por la del ser, que supone hacerse un ser a partir de la nada. Esa clínica femenina es caracterizada por Miller como una clínica de la inconsistencia, de la falta de identidad y del descontrol.

El personaje de Medea, contemporáneo hoy en día, se ve en una clínica en la cual proliferan las venganzas femeninas amparadas en la ley de violencia de género. Son las víctimas violentas, no sólo con los hombres sino con cualquiera que intente cuestionar su causa. Mujeres que ejercen su violencia y el deseo de destruir al hombre que las dejo de amar o se fue con otra.

Hombres golpeadores
Si bien es cierto que hay mujeres que son víctimas violentas, no se puede negar la evidencia de la existencia de hombres golpeadores. Se torna necesario indagar qué pasa con la virilidad, leída a la luz del declive del discurso amo. Las quejas de las mujeres es que ya no quedan hombres. ¿Qué ocurre entonces con la virilidad?

Para Freud, la virilidad debía estar amenazada, el atributo fálico debía estar amenazado por el padre para poder ponerlo en ejercicio, esa era la condición del advenimiento viril. Miller en su texto “Buenos Días Sabiduría”, hace referencia a ese declive y afrma que el declive del padre va acompañado de un declive en la virilidad. Y toma el ejemplo del dandy, como el último de los hombres, refiere el dandy es el macho.

Para Lacan, a partir del Seminario 22 , la función de un padre no sólo es derivada como agente de la castración y de introducir la ley, sino de hacer una trasmisión, que ese lugar de excepción devenga modelo, que sirva de modelo de la función: es decir, que ese padre dé una versión de cómo aloja lo femenino. Ese padre es un padre encarnado y particularizado, y viril. Que da una versión del tratamiento de lo femenino.

Hoy en día ese padre ha dimitido de esa función. Los padres en el lugar de goce tienen a la droga o el alcohol. Hay una clínica de pasajes al acto en los hijos que son respuesta, no al abandono o a la falta de amor del padre sino al tratamiento que ese padre hace de la mujer. [1]

Las Fórmulas de la sexuación sostienen una virilidad que cuenta con un padre que hace de modelo de la función y objeta el para-todo, hay uno que dice que no. Esa objeción permite alojar a lo femenino. El hombre violento, golpeador, el hombre que no puede hablar con ella ni alojarla es una modalidad del macho que, al no contar con una excepción que amenace su potencia fálica, se ve arrastrado a un goce en el cual esa potencia fálica aparece ilimitada.

En la Argentina tenemos un caso, el caso del odontólogo Barreda que mató a su mujer, a sus hijas y a su suegra. Sin entrar en el caso me interesa señalar el uso que se ha hecho de Barreda: se convirtió en el ídolo de los hombres y la fuente de inspiración de músicos que le han dedicado sus canciones, y de programas televisivos. Se convirtió en hombre excepcional.

¿Qué ocurre con la virilidad que quienes matan o queman a las mujeres se convierten en modelos? La Segregación, la misoginia, apartar a las mujeres de ciertos lugares reservados para los hombres, hacerles usar el velo islámico, manuales de cómo tratar a las mujeres, incluso los dictados de la moda son es una cuestión, son tratamientos de lo femenino. Una cosa son las formas discursivas y la segregación intrínseca a todo discurso, otra cosa el tratamiento forclusivo que se ubica por fuera del discurso.

Decir de ellas «son todas unas putas», «son todas locas» del todo o del no-todo, «judío de mierda» son hechos de dichos, desde ya que pueden ser ofensivos; pero la cámara de gas y el feminicidio no es un hecho de dicho, es el pasaje al acto criminal.

La ética del soltero, puede contemplarse como ética, pero el feminicidio no responde a la ética del soltero sino al exterminio de lo Otro en tanto alteridad radical.

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* Esta Ley fue aprobada en el Parlamento Español la pasada legislatura. (Nota del Redactor, jalvarez)
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Notas
1. En mi libro Delito y Trasgresión: un abordaje psicoanalítico de la relación del sujeto con la ley, cf. “Relato un caso de parricidio como respuesta a la perversión paterna».

Referencias bibliográficas
• FREUD, S. (1924): “La sepultamiento del complejo de Edipo”, en Obras Completas, Amorrortu, Buenos aires, 1976, T. 19.
• GREISER, I. (2008): Delito y Trasgresión: un abordaje psicoanalítico de la relación del sujeto con la ley, Grama, Buenos Aires, 2008.
• GREISER, I. (2012): Psicoanálisis sin Diván, Paidós, Buenos Aires, 2012.
• LACAN, J. (1950): «Introducción teórica de las funciones del psicoanálisis en criminología», en Escritos 1, Siglo XXI, México, 1984.
• LACAN, J. (1974-75): El seminario 22: «RSI», inédito.
• MILNER, J.-C. (2012): “Lacan el judío”, en Virtualia 24, Revista digital de la Escuela de orientación lacaniana, abril 2012, http://virtualia.
eol.org.ar/024/template.asp?Estudios/Lacan-el-judio.html
• MILLER, J.-A. (1996): “Buenos Días Sabiduría”, en Colofón N° 14, Madrid, 1996. MILLER, J.-A. (2001): “Teoría del Capricho”, en Enlaces, año
3, nº 6, Buenos Aires, 2001.
• MILLER, J.-A. (1992): “Clínica de la posición femenina”, Introducción a la clínica lacaniana. Conferencias en Espeña, Escuela Lacaniana de
Psicoanálisis, Barcelona, 2007.
• ONS, S. (2009), Violencia/s, Paidós, Buenos Aires, 2009.

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2 de Mayo de 2013

¿Desea usted ser evaluado... o analizarse? Iván Ruiz Acero (Barcelona)

00:21:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La evaluación se ha convertido hoy en el modo como dotar de garantía -esa es la pretensión- al objeto que está en juego en las relaciones entre los seres humanos. Nada escapa a lo que ha venido a llamarse el «discurso de la evaluación». Cualquier producto que pretenda hacerse entrar en el mercado debe pasar por un estricto control de calidad que lo valide para ser comercializado. Se convierte, así, en el producto de su propia evaluación.

Hemos asistido en pocas décadas, por ejemplo, a la desaparición de muchos alimentos primarios, pues para considerarlos como tal, como alimentos de consumo, deben pasar por sistemas de estrictos control de calidad en los que se les aplican las modificaciones correspondientes hasta convertirlos en otra cosa, comercializables, pero otra cosa.

La conocida ISO (International Organization for Standardization) es una organización no-gubernamental establecida en 1947, que tiene como misión la promoción de estándares internacionales relativos a bienes y servicios. Se ha convertido en la referencia mundial que dicta los procedimientos necesarios para que algo pueda cobrar, después de su proceso de control de calidad, el estatuto de objeto, y pueda circular como tal por el mundo.

Podría pensarse que las razones de una modificación tal de los procesos de producción responden únicamente al perfeccionamiento de lo que conocieron los siglos XVIII y XIX como la industrialización. Sin embargo, lo que se nos presentan hoy como las razones más poderosas que subyacen en la modificación del estatuto de objeto es lo que impone hoy el discurso capitalista, el capitalismo avanzado como han resuelto en llamar otros.

El «discurso de la evaluación» es, entonces, el siervo del discurso del capitalismo, pues los procesos del primero consisten en producir objetos de consumo válidos para el segundo. Se trata de que todo objeto que sirva para el consumo entre en el mercado después de haberse evaluado las condiciones que permitan gozar al sujeto de ese objeto. Es lo que a Jacques Lacan le llevó a hablar del Capitalismo como de un discurso, el quinto si lo añadimos a los cuatro discursos con los que había ordenado los funcionamientos del lazo social(1).

En el año 1975, Lacan anticipó la lógica de lo que vemos hoy en el capitalismo llegar a su máxima expresión: “el capitalismo va demasiado rápido, se consume, se consuma tan bien que termina por consumirse” (Lacan, 1992, p. 28). En efecto, en el propio funcionamiento voraz del objeto, del que el sujeto extraería el goce que le falta, el capitalismo se consume a sí mismo pero el sujeto también. El discurso capitalista lleva en su propia estructura los cuatro términos y las cuatro posiciones en las que el sujeto entra en el discurso como objeto del otro.

Lacan se refiere a la angustia del sujeto como bien preciado, pues es un afecto, entre los otros, que no engaña. Cuando el capitalismo se sirve de esa angustia para prometerle al sujeto el objeto que lo colmará, lo está situando en posición de objeto, pues sus elecciones, sus preferencias, están sometidas a la lógica del discurso que necesita de él su angustia, su división. No podía hacerse esperar, entonces, que la evaluación entrase en el campo de la política, convirtiéndola en la «política de las cosas», expresión de Jean-Claude Milner con la que ha titulado uno de sus últimos libros (Milner, 2011).

Si los mecanismos de evaluación permiten medir y controlar lo que a un objeto lo convierte en cosa, ¿por qué no hacerlo con el ser humano, de quien su variabilidad es la gran amenaza de cualquier orden establecido? Se trata entonces de convertir al individuo contemporáneo, al ciudadano, al empleado o al usuario, en cosa, gracias al control y la evaluación eficaces de las variables implicadas en cada contexto.

Hace algunos años tuvo lugar en París un interesante diálogo entre Jean-Claude Milner y Jacques-Alain Miller, en el marco del Curso «La Orientación lacaniana» que este último, psicoanalista y responsable del establecimiento de los Seminarios y Textos de Jacques Lacan, dicta anualmente en la Universidad París- VIII. El aggiornamiento de la teoría y práctica psicoanalíticas, que Jacques-Alain Millar lleva a cabo en su curso, es fiel a la propuesta de Lacan sobre la promesa del psicoanálisis: introducir algo nuevo aunque sea por medio de la interpretación de los falsos semblantes con los que la civilización, en cada momento histórico, esconde su malestar. La clínica del sujeto, que la escucha del psicoanalista privilegia, no va por tanto sin la clínica de la civilización, y ahí, al psicoanálisis, le corresponde desvelar esos impasses. Es por esta razón que Miller invitó a sus clases al que es considerado hoy uno de los lingüistas más importantes en Francia, y que formó parte de la intelectualidad francesa de los años sesenta y setenta con los que Lacan nutría sus intercambios.

Las conversaciones entre Miller y Milner, que tuvieron lugar durante las clases del 3 y 10 de diciembre de 2003, fueron publicadas primero en francés y, hace muy poco, en 2004, en castellano. El título ¿Desea usted ser evaluado?, condensa en sí mismo la interpretación con la que el psicoanálisis lacaniano señala el cambio radical producido en las formas del vínculo social; o, dicho más precisamente, el modo en cómo ha sido substituido el ya antiguo contrato social.

Los problemas con los que la sociedad se encuentra hoy son planteados al político a la espera de una solución. Es este el nuevo paradigma de las relaciones entre la política y la sociedad. Y esta solución es planteada por la política y esperada por los sujetos contemporáneos en términos de evaluación. Lo que hemos llamado al inicio el «discurso de la evaluación» es en realidad una nueva configuración del vínculo entre los seres humanos que pretende referirse lo más posible a la medida y a lo calculable. Milner presenta la evaluación como un sistema de creencia que constituye el alpha y el omega de la solución que se propondrá a todo problema planteado. Lo que en otra época funcionaba como un tercero, el gran Otro, la ley, ha sido borrado en beneficio del estadio del espejo que confronta a la soledad de un individuo frente a otro. Solo cuenta lo que ha sido expresamente estipulado por las partes firmantes del contrato. Ya no estamos en el régimen de la ley sino en la emergencia de un contrato, en el que lo que no expresamente dicho no cuenta para nada. Así, la evaluación emerge como un fenómeno de civilización que eleva ese contrato al elemento garante del vínculo entre los seres humanos: “la evaluación es un procedimiento pesado. Esta pesadez surge de la lógica del contrato, no de la lógica de la ley” (Miller y Milner, 2004, p. 27), dice Miller en la primera de las conversaciones.

Ningún sujeto es hoy ajeno a los procesos de evaluación. Las grandes empresas gestionan desde Recursos Humanos la implicación de sus empleados en los procesos de producción, pero no solo eso, controlan desde los procesos de selección de personal; o desde la formación que les brindan después, sus capacidades, sus motivaciones y toda una serie de variables que correspondían, hasta hace poco, a la intimidad de cada sujeto. La evaluación de los procesos lleva incluso a la paradoja de aplicar los mismos métodos para medir las variables de los productos que fabrica una multinacional, por ejemplo, que para evaluar las empresas de servicios en salud mental.

Pero tampoco el ámbito universitario ha podido frenar la conquista del discurso de la evaluación en el corazón de lo que fuera su objeto más preciado: el saber. El conocido Proceso de Bolonia ha arrancado el saber de lo que se sostenía en un vínculo de transmisión -lo que Freud reconoció pronto como el amor de transferencia- y ha confrontado a la comunidad universitaria a la lógica empresarial más mortífera. Nos encontramos ante el rasero que la evaluación necesita aplicar a todo aquello susceptible de ser evaluado. Y es el individuo mismo quien consintiéndolo, o sin saberlo, “acepta que su capacidad evaluadora sea a su vez evaluada en el marco de un nuevo contrato”. Miller explica, así, la seducción que el discurso actual de la ciencia ejerce sobre la evaluación además de lo sibilino de su procedimiento:

“Los evaluadores se presentan en nombre de la ciencia […] es una iniciación y se transmite como una iniciación. Se puede ver como aquello que tienta a la gente, en el sentido de la tentación, de prestarse a la evaluación, diciendo: Una vez que usted será acreditado-evaluado, podrá evaluar a otros. El contenido mismo de la evaluación, de la operación evaluadora, se escapa. Es un cuestionario, entrevistas, este tipo de cosas. Lo más importante es que el otro haya consentido a la evaluación. Consentir a ser evaluado es mucho más importante que la operación de evaluación en sí misma. Digamos incluso: la operación es la de obtener su consentimiento a la operación (Miller y Milner, 2007, p. 31).

Lo que el procedimiento revela es su propia perversión en la que lo que se está realmente el juego es la obtención del consentimiento ciego del sujeto, que “hace pasar a un ser de su estado de ser único al estado de uno-entre-otros. Es lo que el sujeto gana, o pierde, en la operación: él acepta ser comparado, se vuelve comparable, accede al estado estadístico” (Miller y Milner, 2007, p. 31).

Si el psicoanálisis de Jacques Lacan tiene una función en este siglo es justamente preservar lo que la evaluación sacrifica en su proceso, esto es lo más singular de cada sujeto, que no puede ser asumido por ninguna lógica de grupo. El psicoanálisis lacaniano se erige así en un discurso opuesto a la lógica de la evaluación. Si pudiéramos referirnos a algún tipo de evaluación surgida del vínculo asimétrico entre el analizante y el analista, hablaríamos de la evaluación a la que cada sujeto puede acceder desde el corazón de su experiencia psicoanalítica. De ella, el sujeto podrá sopesar los efectos de su propia palabra en el malestar que lo condujo al analista y la reorientación sobre su propio deseo que este encuentro pudo haber producido. Entonces, la pregunta lanzada por este libro contendrá en sí misma su propia respuesta: ¿Desea usted ser evaluado… o analizarse?

Notas:
1-. Para seguir la construcción de los cuatro discursos, ver Lacan, 1992.
______________

Referencias:
-. Lacan, Jacques (1992). Seminario XI. El reverso del psicoanálisis. Buenos Aires: Ed. Paidós
-. Lacan, Jacques (1992). El Seminario. Libro XI. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós
-. Milner, Jean-Claude (1997). La política de las cosas. Málaga: Miguel Gómez Editores
-. Miller, Jacques-Alain y Milner, Jean-Claude (2004) ¿Desea usted ser evaluado? Málaga: Miguel Gómez Editores

From: http://psicologiasocial.uab.es/athenea/index.php/atheneaDigital/article/view/-1170-Ruiz

23 de Abril de 2013

Maratón. Fernando Martín Aduriz (Palencia)

22:06:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Cuando he llegado a la meta en una carrera de maratón de media distancia he encontrado sensaciones dispares. La de Murakami, Haruki, el escritor japonés, cuando llegó a Maratón procedente de Atenas fue: «Por fin llego a la meta. No siento de ningún modo la satisfacción de haber logrado nada»(1). Hoy, al escribir este texto a sugerencia de Antoni Vicens, trato lo primero de imaginar la sensación de quienes el pasado día quince de abril en la avenida de Bolyston, Boston, tras llegar a meta siguieron corriendo para donar sangre a la multitud herida, una vez confirmado que el ruido eran bombas y no cohetes artificiales, y que decenas de personas mutiladas exigían de los maratonianos aún un esfuerzo más. También imagino la sensación de quienes fueron detenidos sólo dos kilómetros antes de finalizar la prueba, y su pregunta, que sería la mía, de por qué no podían cruzar la meta tras meses de entrenamiento.

Conocemos el destino de un niño de ocho años que se encontraba allí tras ver llegar a la meta a su padre. A veces, no tantas como me hubiera gustado, mis hijos me han ido a ver llegar a la meta, y en la última, cuando aún me restaban cinco kilómetros buscando de dónde sacar fuerzas para seguir -siempre lo mismo- fantaseaba con que su mirada burlona me iba a permitir un segundo de alegría. En seis ocasiones he concluido una Media Maratón, y en las seis el paso por meta cumple tanto una función alegre como de pregunta por el sin-sentido de aquello. Pero como no se trata de enfermar de sentido, de nuevo trato de usar del síntoma con desapego.

Las bombas de Boston me recuerdan el empeño histórico del ser humano por mostrar lo mejor justo al lado de lo peor. Ligan ese instante de felicidad para tantos y tantos, con la presencia de lo peor de lo humano. Lo mejor, con el horror. La meta como satisfacción y también como evocación del agujero, siempre presente.

Y luego están nuestros otros más cercanos. Nuestros acompañantes, como se ha constatado en Boston, ciudad cuya seña de identidad importante es el histórico maratón, terminan siendo partícipes de todo lo que rodea una carrera así. Unos amigos se reparten a lo largo del Maratón de Madrid, muy próximo ahora y en estado de alerta tras Boston, para entregar agua a su maratoniano hijo. La felicidad se comparte, o se comparte el haber logrado nada, que diría Murakami. Sabemos por Lacan, lo importante que es esa nada.

En cualquier caso, las bombas de Boston no son un ataque a un símbolo, sino un ataque real a personas, a seres humanos, al igual que el 11-S no era un ataque a unas torres emblemáticas, como mostró Éric Laurent en su conferencia de Madrid del 8 de mayo de 2004 tras el 11-M, donde no los definió como atentados a significantes amo, sino que los denominó “crímenes en masa”(2) y donde diferenció la maléfica voluntad del terrorista, del mal encuentro con la catástrofe natural, cuya referencia es la mala voluntad de los dioses.

En ese mismo libro que antes he citado, y que fue mi objeto causa para volver a correr, Murakami afirmaba que «no existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura», pero la secuela de este crimen posterior a la fantasía de los terroristas hermanos de Boston, este horror que nos va a asociar para siempre la meta de una Maratón, -la de Boston aún más, aunque publicitada la convocatoria de 2014, seguramente con el noble objetivo de taponar el agujero-, es un horror puro traumatismo y es por eso que ahora, una vez más, “nos encontramos con la impotencia del discurso a la hora de leer el acontecimiento”, Laurent dixit, y también, siguiendo su lectura de los ataques terroristas y de la estela que dejan, pienso que lo que ahora nos aguarda, al menos ante los próximos maratones, es lo que propone denominar angustia pre-traumática.

Por mi parte, y tras la Vigo-Baiona, ya pienso en correr algún día la Behobia-San Sebastián, la más bella, dicen, de los maratones de media distancia. En otros términos, el inconsciente sigue siendo Baltimore al amanecer, y la lectura de sus destellos finalmente ocupa todos nuestros días. Por lo que ante lo imprevisible del horror que anida en el ser humano, sabemos que siempre amanece, que no es poco.

Notas:
1-. MURAKAMI, H., De qué hablo cuando hablo de correr, Tusquets, Barcelona, 2010, p. 89.
2-. LAURENT, É, “El tratamiento de la angustia postraumática: sin estándares pero no sin principios”, en El psicoanálisis, núm., 7, p., 36, ELP, Barcelona, 2004.

22 de Abril de 2013

“La crisis cura, a la fuerza, los excesos del consumismo vacuo”. Entrevista a Manuel Fernández Blanco* (La Coruña)

00:37:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Manuel Fernández Blanco, psicólogo clínico del Chuac, participa en las jornadas organizadas por el Instituto del Campo Freudiano que se celebran desde hoy en la Fundación Paideia bajo el título Tu yo no es tuyo.

—Inquietante, ¿no?
—Es una ambición que cada uno encuentre su yo auténtico, pero comprobamos que la mayoría no podemos identificarnos con todo lo que hacemos, soñamos o pensamos. El yo es una identificación imaginaria y a veces no nos reconocemos frente al espejo. Nacemos sin yo, y más adelante se hará depender de los ideales. Si el ideal es la belleza, tienes que aparecer guapo siempre; si es la inteligencia, listo siempre. Pero eso esclaviza, porque cuando uno no puede dar esa imagen, aparece la angustia.

—¿Hasta enfermar?
—En lo cotidiano siempre hay cosas, goces, que nos hacen vernos extranjeros para nosotros mismos: «Cómo yo, pensando lo que pienso, puedo desear esto o hacer esto». Aquí está una versión de tu yo no es tuyo. Un neurótico obsesivo tiene que lavarse las manos compulsivamente hasta el punto de despellejarse la piel, lo juzga absurdo, pero no puede evitarlo aun sabiendo que no es racional. Probablemente tiene su origen en que la mancha que intenta lavar no sale con agua y jabón. Hay algo más detrás. Cuando produce un sufrimiento importante e interfiere notablemente en la vida, constituye algo patológico.

—¿Hay nuevos trastornos?
—Ha cambiado. Antes el yo era esclavo de los ideales. Ahora vivimos una época de individualismo y narcisismo extremo. El sujeto moderno se afirma en el derecho a gozar del modo que quiere, es el empresario de su propia vida. En cierto modo, hoy día todo el mundo es soltero. Por eso, las patologías más dominantes tienen que ver con las dependencias ampliadas: al alcohol, las drogas, el juego, pero también la tecnología, las compras... Estamos en el yo me arreglo solo, y en una casa de cuatro, cada uno tiene su pantalla.

—¿Estamos más solos que nunca?
—SÍ. Es un poco contradictorio, porque el narcisismo siempre implica al otro, buscamos el reconocimiento del otro para ser yo. Pero si antes se oponía el yo al goce, o entraba en conflicto, ahora el yo se plantea desde el derecho al goce autista, y aunque nos arrepintamos, repetimos. La mayor voluntad no es la conciencia, sino las pulsiones, y uno es más bien su síntoma.

—¿Eso lleva a lo patológico?
—Hay quien repite felizmente, entre comillas, porque la felicidad permanente es complicada fuera de la debilidad mental. Pero si nos exigimos ser felices permanentemente, estamos abocados a la depresión generalizada, porque aún encima de no lograr el éxito, somos culpables de no lograrlo.

—¿Es una tendencia al alza?
—Los síntomas existieron siempre, pero las patologías de actuar para no pensar, ahora son más prevalentes. El yo clásico sufría por ser contradictorio, porque sentía o deseaba cosas inadecuadas. El yo actual es un derechista: tengo derecho a ser como me dé la gana. Es el Simplemente hazlo de Adidas o el Nada es imposible de Nike. Y creer que todo es posible lleva al desastre. Puede ser un imperativo atroz. Antes estaba la culpabilidad por gozar del modo inadecuado, ahora la culpabilidad por no gozar lo suficiente.

—Pese a todos los avances, ¿Ia sociedad está más enferma?
—El individualismo extremo ha propiciado que las respuestas colectivas no estén tan en primer plano. Empiezan, pero curiosamente no son movimientos sociales clásicos, que planteaban respuestas globales. Van por barrios, los desahuciados por un lado, las preferentes por otro... Muchas gente se pregunta por qué no hay un estallido social. Y lo que vemos son respuestas autopunitivas. La mayor violencia ahora es contra uno mismo porque la crisis ha desposeído de aquello que se consideraba garantizado, seguro, y aún encima el único culpable es uno mismo. La gente que se está suicidando no es marginal, vive todo esto como un fracaso personal. Son las consecuencias del neo-liberalismo del sujeto.

—¿La crisis traerá algo positivo?
—Durante años sostuvimos el ser en el tener. Cuando todos éramos ricos, la felicidad se sostenia en el consumo, y el sistema en la caducidad acelerada de los objetos. Había que tener lo último. En esa lógica entraban también las relaciones personales y eso llevaba a una fragilidad social de los lazos familiares. De algún modo, la crisis ha sido un antídoto. La felicidad no vive exclusivamente de los objetos y la civilización no se puede sostener solo en el hedonismo, en el principio del placer, porque siempre llama a ir más allá. Esto es lo que la crisis cura. Sí, la crisis cura, a la fuerza, de ciertas cosas, como de los excesos del consumismo vacuo que generaba insatisfacción. Había algo de exceso, para empezar, en el propio sistema capitalista, en la producción, las finanzas,... un sistema pulsional que lo devoraba todo y rápido, incluso a sus hijos. Hay una parte buena de la crisis porque recupera la idea de que la felicidad no hay que sostenerla en el consumo ilimitado. Pero al tiempo pasamos a lo contrario: del culto a la marca a que falte el arroz, y eso no entraba ahora en el programa, en la posguerra sí, pero ahora no. Se nos hizo creer que las cosas siempre irían a mejor, y no es verdad, y al no entrar en el programa del sujeto, los efectos son más arrasadores.

* From “La Voz de Galicia” (ed. paper), del 12 de abril de 2013

19 de Abril de 2013

Unas notas sobre el niño*. Patricia Heffes (Barcelona)

12:12:00 , por jalvarez Spanish (ES)

A partir de considerar el sintagma “Después del Edipo” como uno de los modos de decir “Nuestro modo de goce” (1), me ha parecido pertinente incluir en este espacio preparatorio al Congreso europeo, la cuestión de la maternidad y sus consecuencias respecto de los niños. Recordemos que Lacan utiliza esta expresión, “nuestro modo de goce”, para modalizar el concepto de goce según las variaciones que vislumbraba en la relación de lo simbólico con lo real.

Estas reflexiones que hoy comparto con vosotros, son un comienzo de respuesta a una pregunta surgida de la práctica en una institución para niños pequeños (0 a 6 años), en la que realizo fundamentalmente orientación clínica y diagnósticos diferenciales. La pregunta es qué de lo que se presenta como problemático en el niño induce a error a la hora de diagnosticar. La búsqueda de respuesta me llevó a revisar la “Nota sobre el niño”(2), en sus distintos aspectos.

En primer lugar, lo que ha llamado mi atención es que hay una serie de fenómenos que “sueltos”, tomados a primera vista, inducen al practicante a ubicarlos del lado de la psicosis o del autismo. Sin embargo, la experiencia muestra que muchos de ellos no lo son.

Enunciaré algunas de estas cuestiones:
a-. Mujeres en tanto madres al modo de las “sólo madres” o “madres solas”

b-. Un padre homologable a la madre en lo que tiene que ver con la crianza. Hace lo que debe hacer sin otro modelo que la madre misma.

c-. Gran cantidad de consultas por un mal funcionamiento fisiológico (el adverbio no tiene más referencia que la propia casuística en la institución). Niños y niñas menores de dos años son derivados por los pediatras (con el punto de mira del trastorno) porque no quieren evacuar las heces, por ejemplo. Estos casos contrastan con otros en los que el control de esfínteres no se concreta hasta bordeando los cuatro años.

d-. Niños muy pequeños que rechazan los alimentos, pero no desnutridos ni en peligro de ello. El niño no come, o come pocas cosas y muy limitado. No está enfermo.

e-. Otros, con casi cuatro años, toman el biberón combinado con las comidas, no hablan mucho y muerden sus uñas hasta el límite del dolor.

f-. Muchos niños duermen con sus padres, con ambos o con uno u otro. La pareja de padres deja de compartir cama para hacerlo con los hijos.

g-. Los hay que no hablan hasta los tres años y cuando lo hacen, no se les entiende casi nada.

Estos “motivos de consulta”, en sí mismos, están dentro de la rutina. Lo que los hace llamativos es la recurrencia; y por otro lado, se destaca la posición de la familia respecto de ellos. No parece preocuparles el síntoma en sí, ni siquiera lo interpretan como tal. Existe una ajenidad con eso que le ocurre al niño, pero al mismo tiempo les inquieta por la proximidad. Eso que inquieta se presenta ligado a lo insoportable para la madre, en la mayoría de los casos.

A partir de aquí surgieron más preguntas. ¿Qué relación tiene hoy una mujer con la maternidad, partiendo de la hipótesis de que algo ha cambiado en los modos de goce? En tal caso, ¿qué de la nota sobre el niño de 1969, habría que reconsiderar?

Un apunte previo sirve a esta consideración. En 1967, Lacan(3) ubica el ser-para-el-sexo como aquello que somos llamados a sostener por efecto de la subversión freudiana. En dialéctica con el ser-para-la-muerte de Heidegger, Lacan señala la operación freudiana que colocó al goce en el centro de la cuestión.

Ser-para-el-sexo es un modo de nombrar la castración freudiana, mientras que Lacan reserva el ser-para-la-muerte a la relación del sujeto con el Otro, para nombrar la muerte del Otro. El ser-para-el-sexo remite al descubrimiento de la propia castración. De aquí que Lacan afirme que la entrada en un psicoanálisis proviene precisamente, de la dificultad de ser-para-el-sexo. Lo difícil es cómo establecer el estatuto del fantasma en la posición sexuada, lo cual, dice Lacan, se vela en la idea engañosa de “elección” subjetiva entre neurosis, perversión o psicosis. Es a causa de esa dificultad que nos vemos llevados a formular un fantasma postizo, a saber: la armonía en el útero materno.

Los términos que constituyen la Nota sobre el niño aparecen planteados con una lógica clara en esta alocución del ’67: la posición sexuada, el fantasma, el objeto condensador de goce, las posiciones subjetivas y también se reconoce allí, la consideración de la sexualidad femenina como preliminar al tratamiento del niño.

Con estos apuntes y situados después del Edipo, se puede hacer una relectura de la Nota e intentar sacar algunas consecuencias. Divido la lectura en tres puntos:

1) Hay tres funciones: de la familia, del padre y de la madre. De la función de residuo de la familia conyugal, como lo dice J.-A. Miler(4) se verifica que permanece dominante, modificada apenas por la homosexualidad. Permanece por su función de residuo como estado de pequeño objeto a. La familia conyugal resiste porque opera en la transmisión de aquello que constituye al sujeto, la transmisión de que no hay proporción sexual. Se trata de la relación con un deseo que no sea anónimo, lo que implica que el sujeto sea llamado por un Je.

La función de la madre basada en los cuidados por un interés particularizado, siguiendo la vía de sus carencias. En este caso, el ser-para-el-sexo está definido por la función materna misma.

En cuanto a la función del padre, la Nota dice que su nombre es el vector de una encarnación de la Ley en el deseo. En la actualidad es más evidente que la dicha función paterna no es necesariamente encarnada por “un padre”. Sin embargo, hay una ley que se encarna en un deseo para que un nuevo ser sea posible. J.-A. Miller se refiere a la cuestión de la ley en su relación con el deseo ubicándolo como su contraefecto. La ley es el deseo, pero es inoperante en relación con el goce.(5)

2) En cuanto al síntoma del niño, responde a lo que hay de sintomático en la estructura familiar. Recordemos que Lacan lo define como el síntoma que representa la verdad de la pareja en la familia. Es el síntoma que depende de la subjetividad de la madre y ubica al niño como correlato de un fantasma. O bien, el niño realiza la presencia del objeto a en el fantasma.

Considerando que sólo se trata de semblantes, vemos como la referencia al falo se neutraliza, los nombres del padre se pluralizan y el Deseo de la Madre deja de ser barrado por la ley y el orden tradicional. Para usar un significante actual, hay un desorden.

El síntoma es planteado en la Nota como representante de la verdad -hermana de goce-; por lo cual, sería en este punto donde habría que buscar la variación. Es decir, en la vía de lo que hoy nombramos como feminización del goce; goce que supone un real sin ley.

Efectivamente, el síntoma del niño representa una verdad y también depende de la subjetividad de la madre. El niño, o bien, viene a refrenar el goce de la madre; o bien, lo representa.

Centrar la práctica analítica sobre el goce como acontecimiento del cuerpo, es lo que permite escapar a la dialéctica interdicción-permisión.(6)

3) Los diagnósticos
La subjetividad moderna se caracteriza por la tendencia a unificar los modos de satisfacción. “Feminización del mundo” ha querido Jacques-Alain Miller llamar a este fenómeno, para explicar el predominio de un modo de goce que impera sobre el sujeto en la época. La feminización del mundo es una manera de decir que lo que domina es que no hay un solo modo de gozar, sino múltiples y que el predominio fálico a la hora de guiar la pulsión ha dejado paso a una multiplicidad que obliga a cuestionar los supuestos.

Desde esta perspectiva, las tres estructuras freudianas se debilitan y surge como respuesta a la pregunta por el síntoma, los modos de goce.

La maternidad, como todos los fenómenos humanos que pueden subjetivarse, ha sufrido los avatares de las distintas épocas. Mujeres solas que acceden a la maternidad; parejas homosexuales que deciden ser padres; transexuales que siendo ahora hombres engendran niños a partir de conservar sus órganos femeninos, etc.

La relación de la madre con el niño está siendo afectada por los modos de gozar de la época. Y la pregunta por el síntoma del niño, hay que dirigirla hacia el lugar que este viene a ocupar respecto del goce: representarlo, refrenarlo, ser su objeto.

De la experiencia sabemos que tan solo con intervenir para detener el embate de ese goce sobre el niño, surge una vivificación que posibilita, en muchos de esos casos, la constitución de un síntoma. De lo contrario, el niño es envestido por ese goce y no aparece más que como un cuerpo mortificado.

NOTAS:
(1) Lacan, J. Otros escritos. “Televisión”, p.560, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012
(2) Lacan, J. Otros escritos. “Nota sobre el niño”, Ed. Paidós, Bs.As., 2012
(3) Lacan, J. Otros escritos. “Alocución sobre la psicosis del niño”. Ed. Paidós, Bs. As., 2012
(4) Miller, J.-A. “El revés de la familia”, en Consecuencias Nº 8, Revista digital, abril de 2012
(5) Miller, J.-A. Sutilezas analíticas, Ed. Paidós, p.282, Buenos Aires, 2011
(6) Miller, J.-A. Curso del 2 de marzo de 2011. Inédito.

* Presentado en el espacio Con PIPOL VI: “Después del Edipo. Diversidad de la práctica psicoanalítica en Europa” en la Sede-Barcelona de la Comunitat de Catalunya de la ELP.

10 de Abril de 2013

El porvenir de la salud mental en manos de Nuka. José R. Ubieto (Barcelona)

15:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Obsoleto el modelo paternalista que rigió la relación asistencial (clínica, educativa y social), hoy se consolida un nuevo paradigma de abordaje del malestar psíquico. Fruto de la alianza entre las “neurociencias de éxito” (no confundir con los avances científicos serios en este campo) y la dominante y omnipresente reingeniería social. Su característica principal es renunciar a escuchar al sujeto, cerrándole la boca con el abuso de la medicación y el mal uso de los protocolos. Coherente con su reducción del sujeto al hombre neuronal (“Y el cerebro creó al hombre” Damasio dixit).

Sus efectos secundarios son ya una realidad en los dispositivos asistenciales: desconfianza de los pacientes, posición defensiva de los profesionales, aumento de la burocratización y debilitamiento del vínculo transferencial.

Se trata de un paradigma que deja solo al sujeto frente a su dolor y genera odio porque transforma la mirada inquisitiva del psi en una nominación degradante, vía la etiqueta diagnostica o incluso el insulto, menos sutil (simulador, tramposo,...).

La salud es hoy un asunto público, forma parte de la política y también del negocio. Es, sin duda, un factor clave de la economía como lo muestran las cifras astronómicas de la industria farmacéutica y las empresas de biotecnología.

Eptisa Casta Salud, división del grupo de ingeniería Eptisa, es una de las empresas, participadas por fondos de inversión, que está especializándose en la gestión privada de la salud mental en nuestro país. En la actualidad dispone de 5 centros de salud mental con 1.000 camas y 450 trabajadores en Asturias, Ávila, Madrid y el País Vasco (http://www.castasalud.es/es/). Combina esta actividad con estudios de mercado, consultoría en salud mental y la distribución de metadona para los centros del Instituto de Adicciones de Madrid salud.

Sus responsables ejecutivos ponen el énfasis en la innovación que suponen sus métodos, que incluyen lugares de práctica para estudiantes universitarios (UCM y UAM) y la joya de la corona: el robot terapéutico japonés de nombre Nuka*. Con la forma de una foca bebé está dotado de cinco sensores (tacto, luz, audición, temperatura y postura) que le permiten interactuar con los pacientes, estimulándolos y a la vez relajándolos cuando procede. Incorpora registros positivos y negativos de los pacientes y los procesa para establecer un feed-back con ellos. Conocida como PARO (Personal Asistant RObot), Nuka se ofrece como una herramienta terapéutica basada en la idea de evolución de la terapia animal, promete beneficios similares a la terapia animal suprimiendo los posibles riesgos derivados de ésta.

Experimentado por primera vez en Fukushima, con los ancianos supervivientes del tsunami, a los que ayudó a sobrevivir al trauma de la catástrofe, se ofrece ahora como el partener del malestar psíquico. La agradable textura del robot peluche versus la ira y el descontrol impulsivo de los pacientes tratados.

Adele Robots, la compañía distribuidora contempla el ámbito socio-sanitario como uno de los de mayor potencial de crecimiento y de aplicación de la robótica. Nuka cumple bien con los requisitos del método LEAN, referencia clave en la reingeniería: barato (para la empresa, gratis ya que sus 70.000 euros de coste los financiamos los contribuyentes europeos), de “probada” eficacia empírica (avalado por el Centro de Investigación de Enfermedades neurológicas de la Fundación Reina Sofía), extremadamente rentable (sustituye el trabajo de varios cuidadores y terapeutas) y con un gran porvenir en la expansión prevista de la empresa en Europa del este y Latinoamérica.

El hombre neuronal cifrado en los 5 registros de Nuka, traumatizado por el tsunami de la hipermodernidad, está en manos de una solicita foca-bebé. La reingeniería social aplicada al malestar psíquico ha encontrado en la terapia animal una superación de los costes de las “viejas” terapias, eliminado cualquier desperdicio (la muda, significante amo en el método LEAN) que la singularidad pudiera hacer emerger.

* http://www.adelerobots.com/es/nuka/

8 de Abril de 2013

Conversación con Christian Laval en la sede de Barcelona de la ELP. Graciel.la Monés (Barcelona)

02:07:00 , por jalvarez Spanish (ES)

“El yo aparece en primer lugar como sujetado (assujeti) como asujeto. Escribí esta palabra en alguna parte para designar al sujeto en la medida en que éste sólo se produce dividido en el discurso. Si de entrada el animal que habla no puede abrazarse al partenaire más que sujetado es porque él fue desde siempre hablante y porque en el encuentro mismo de este abrazo sólo puede formular el “tú eres” matándose”. J. Lacan: “De un Otro al otro”, cap. V: “Yo soy lo que yo es”.

Del momento utilitarista a la sociedad neoliberal
Christian Laval, sociólogo, autor junto con Pierre Dardot, filósofo, del libro La nueva razón del mundo. Del momento utilitarista a la sociedad neoliberal (Ed. Gedisa, Barcelona, 2013) estuvo en la Sede de Barcelona de la Comunitat de Catalunya de la ELP el pasado mes de marzo de 2013 para charlar con los psicoanalistas sobre sus tesis. Dos días antes, la editorial Gedisa había sido presentado su libro en el Instituto Francés de Barcelona.

La conversación se organizó con dos discutidores, Enric Berenguer, meimbro de la ELP y la AMP y docente del ICF, y Miquel Bassols, miembro de la ELP y la AM, vicepresidente de la AMP y coordinador del ICF en España. Y el acto fue presentado por Begoña Ansorena, miembro de la ELP y la AMP.

El libro es un ensayo sobre la sociedad neoliberal. Ambos autores han trabajado anteriormente sobre Marx: Sauver Marx (2007), y Marx, Prénom Karl (2012). Christian Laval está especializado en la filosofía utilitarista de Bentham sobre la que ha publicado varias obras, entre ellas La escuela no es una empresa (2004). Otros trabajos suyos son L’homme économique, Essai sur les racines du néoliberalisme (2007), La nouvelle école capitaliste (2011) y Marx au combat (2012).

La conversación tomó como base el lugar que Lacan da al utilitarismo (“Es el momento del hombre en que vivimos”) y el plus de gozar como generador de nuevos síntomas.

En relación a la exposición de Christian Laval, situaré los puntos básicos en los que incidió:

1-. Señaló que hacía referencia a Canguilhem y a Foucault y sus trabajos sobre la norma y la resistencia a su imposición. Su elaboración se da en el contexto de una repolitización de los medios psi confrontados a la imposición de una “normativización” de las prácticas en salud mental.

2-. Otro punto de encuentro entre clínica y política serían las nuevas patologías asociadas a las nuevas formas de gobierno. En consecuencia P. Dardot participó en un trabajo colectivo La nuit sécuritaire y C. Laval colaboró con dos psicoanalistas que han publicado L’appel des appels.

3-. Un tema para el debate sería cómo pensar la historicidad del sujeto a partir de la fabricación del sujeto neoliberal o neosujeto planteada en su libro. Así como el sujeto se produce dividido por la cadena del lenguaje (perspectiva estructural) el neosujeto sería el producto de una transformación histórica. Con esta idea pretenden iniciar un debate con los psicoanalistas haciendo un uso libre de conceptos tomados de Foucault y de Lacan.

4-. Así, a partir de 1980, inician un trabajo sobre el utilitarismo desde Bentham. Toman la “historicidad subjetiva” como “genealogía del yo” pensando las mutaciones de su forma en la historia. Abandonan la perspectiva estructural del sujeto para abordarlo desde una perspectiva histórica marxista de que “el hombre se produce a sí mismo”.

El utilitarismo marcaría una basculación histórica considerando al hombre moderno en tanto que máquina económica y rompiendo así con la tradición sociológica anterior. Lacan definiría al “hombre económico” dando un paso más a través de su lectura de Hegel.

5-. Desde su primer trabajo El hombre económico estudian la diferencia entre neoliberalismo y el utilitarismo benthamiano. Así, con Bentham pasamos de una normatividad orientada por la idea de salvación a una normatividad guiada por el interés y su cálculo.

El “hombre económico” se construye como el motor que produce un equilibrio entre micro y macrocosmos. Una homeostasis que se logrará por el cálculo del interés como principio de todo lo humano. Freud heredaría esta concepción económica al plantear su aparato psíquico como tensión entre principio del placer y principio de realidad.

El gobierno liberal utilitarista se basa en la libertad de elección según el interés. Pero esta libertad se encuadra a través de un marco jurídico que predetermina las posibilidades de elección según un interés común: “La mayor felicidad para el mayor número”.

En cambio, en el gobierno neoliberal hay diferentes efectos subjetivos. Así como en el anterior había una limitación, el neoliberalismo lleva la lógica de la ilimitación. Se trata de sobrepasar de forma constante e infinita los límites tal como se hace en los deportes de alta competición. Y esa exigencia extiende el proceso evaluador a todos los medios profesionales. Entonces la lógica financiera tendría como efecto una nueva forma de subjetivación correspondiente al plus de gozar lacaniano. El momento actual es el de la subjetividad contable dónde el “sí mismo” que se construye deviene un capital a gestionar.

6-. En el último libro sobre Marx toman el concepto de plusvalía (Mehrwert) en la versión lacaniana de mehrlust (plus de gozar). Justamente esa acepción de la palabra Lacan la tomaría de Thompson, secretario de Bentham.

El Otro simbólico quedaría así transformado, no regulado, por un principio de cuantificación de todas las actividades humanas.

Discusión
Miquel Bassols planteó seis puntuaciones:
1. Si en la actual coyuntura se da una repolitización del mundo psi es en relación a una politización ya existente.

Así, Jaques-Alain Miller, en la reciente Conversación Clínica de Barcelona dio una idea del vínculo entre clínica y política contraria a una gestión del trastorno como error en relación a una realidad normativizada. Por ello sostenemos una política del síntoma, de la solución que cada sujeto da frente a lo real.

2-. En relación al debate sobre el estatuto de lo simbólico se trataría del poder de la ficción, de la palabra cuando afirmamos que “lo simbólico ya no es lo que era” se nos plantea un problema clínico. Implica que ya no se puede analizar sino en el después del Edipo.

3. Distinguir entre los conceptos de simbólico en los años ‘50 y los años ‘70 implica pensar en una historicidad estructural del sujeto, en la perspectiva lectora de “Lacan contra Lacan”

En el último Lacan, la historización/histerización por el plus de gozar nos daría la historicidad del sujeto neoliberal. Entonces, el debate entre historia y estructura sería un falso debate. Puesto que en su base común tendríamos la hystoria, la “proton pseudos”o ficción fundamental.

4-. En el próximo Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (2014) abordaremos lo que no cambia, lo real. Ficción construida por Lacan (en un “fuera de la historia”, como su núcleo traumático) que plantea el problema del goce más allá del utilitarismo.

5-. En el capítulo 9 del libro de Laval se aborda una nueva coyuntura en la relación entre capitalismo y ciencia. La ciencia en el siglo XVII tendría como objeto el saber. Durante el siglo XX y, sobre todo, a partir de 1947, por la colaboración entre la ciencia-ejército y las empresas, aparece la tecnociencia cuyo objetivo es el poder. El hombre produciendo el “post-humano” sería el ser hablante afectado por la tecnociencia.

6-. Así como el hombre homeostático se da por el fracaso del principio del placer. Se introduce entonces la dimensión del superyó en tanto goce de lo inútil, que es el goce que comanda el mercado actualmente.

Miquel Bassols señaló también que hay un texto inédito de Lacan (de 1969) sobre los términos para el plus de gozar. En él se plantearía si el plus de valor y el plus de gozar tendrían una relación de analogía u homología. Lacan se decantaría por la homología puesto que el objeto plus de gozar sería causa y no efecto del mercado.

Christian Laval apunta que si lo simbólico no es lo mismo, en el momento del estructuralismo lacaniano se obturaba la idea de una historicidad de lo simbólico. Había ausencia de conversación sobre este punto con los psicoanalistas, aun realizando su trabajo en el Departamento de la Universidad de París VIII. En otro momento, como el actual, en un movimiento que se dibuja entre la teoría y la acción (clínica, política), fuerza que los psicoanalistas tomen posición en este debate.

Enric Berenguer planteó que la transformación de lo simbólico a través del utilitarismo implica un sujeto sin Otro ya que se desmonta la idea tradicional de autoridad. Entonces, tendría su garantía en un principio real, hay unas leyes de lo real en Bentham. ¿El neoliberalismo lo ha abandonado? ¿La garantía última sería o no sería lo real?

Si lo real tampoco es una garantía pasamos de un real con ley a un real sin ley, que es el que toma el último Lacan. La articulación entre S y R (cuerpo gozante) es lo que hace Bentham. En tanto que las palabras conciernen a un goce, el control por la construcción simbólica apunta a una regulación del goce. Se plantea por tanto una historicidad de lo simbólico y de lo real. También se plantea la relación entre la jouissance del parlêtre y la historicidad del sujeto.

Otras intervenciones
Neus Carbonell apuntó a la transformación de lo S en R, por ejemplo, la noción del padre definida ahora por la tecnociencia.

Carmen Alda señaló un artículo de Lacan sobre la reforma universitaria “De una reforma en su agujero”.

Howard Rouse preguntó si en Foucault había división del sujeto.

Irene Domínguez planteó la posibilidad de considerar el síntoma como defensa ante el goce ilimitado.

Otra intervención señaló cómo la política del síntoma implicaba ahora incidir en el medio laboral en relación a los modelos de evaluación por competencias.

A modo de colofón, Laval planteó que si el parlêtre implica un sujeto dividido (estructuralmente) en todas las épocas, lo que conlleva una tensión interna entre hystoria y estructura.

A través de Freud y Lacan se plantea una problemática política: si se desconfía de la emancipación a través de la palabra (como en cualquier práctica de la confesión) y se aproxima la problemática del goce a su regulación jurídica.

29 de Marzo de 2013

Neoliberalismo y subjetividad*. Jorge Alemán (Barcelona)

13:24:00 , por jalvarez Spanish (ES)

I
El neoliberalismo no es sólo una ideología que defienda la retirada del Estado, su desmantelamiento a favor del mercado, o un dejar hacer a la “mano invisible” del capitalismo financiero. Tal como ya lo ha demostrado Michel Foucault, en “el nacimiento de la biopolítica”, y actualmente Christian Laval y Pierre Dardot, el neoliberalismo, a diferencia del liberalismo clásico o el neoconservadurismo, es una construcción positiva, que se apropia no sólo del orden del Estado, sino que es un permanente productor de reglas institucionales, jurídicas y normativas, que dan forma a un nuevo tipo de “racionalidad” dominante.

Esta racionalidad actualmente se ha adueñado de todo el tejido institucional de la llamada Unión Europea, en la consumación final de su estrategia de dominación. El neoliberalismo no es sólo una máquina destructora de reglas, si bien socava los lazos sociales, a su vez su racionalidad se propone organizar una nueva relación entre los gobernantes y los gobernados, una “gubernamentabilidad” según el principio universal de la competencia y la maximización del rendimiento extendida a todas la esferas públicas, reordenándolas y atravesándolas con nuevos dispositivos de control y evaluación: como insistió Foucault, explicando la génesis del neoliberalismo, es la propia población la que pasa a ser objeto del saber y el poder.

II
Remarcando entonces el carácter “constructivo” del neoliberalismo y no sólo su faz destructiva, o insistiendo en el orden que se pretende hacer surgir a partir de sus destrucciones, se puede mostrar que las técnicas de gobernación propias del neoliberalismo tienen como propósito, en consonancia con la racionalidad que lo configura, producir, fabricar, un nuevo tipo de subjetividad. A diferencia del sujeto moderno, diferenciado en sus fronteras jurídicas, religiosas, institucionales, etc., el sujeto neoliberal se homogeneiza, se unifica como sujeto “emprendedor”, entregado al máximo rendimiento y competencia, como un empresario de sí mismo. Un empresario de sí mismo que, a diferencia de los “cuidados de sí” clásicos o modernos que apuntaban, en el caso clásico, a protegerse de los excesos, en el caso moderno, a buscar la mejor adaptación o alienación soportable, el empresario de sí, el sujeto neoliberal, vive permanentemente en relación con lo que lo excede, el rendimiento y la competencia ilimitada.

III
Las técnicas de gestión, los dispositivos de evaluación, los coach, los entrenadores personales, los consejeros y estrategas de vida son el suplemento social del sujeto neoliberal producido por los dispositivos de la racionalidad neoliberal.

El sujeto neoliberal, viviendo fuera de su límite, en el goce de la rentabilidad y la competencia y estableciendo consigo mismo la lógica del emprendedor está a punto de fracasar a cada paso. El stress, el ataque de pánico, la depresión, “la corrosión del carácter”, lo precario, lo líquido y fluido, etc., constituyen el medio en que el sujeto neoliberal ejerce su propio desconocimiento de sí, con respecto a los dispositivos que lo gobiernan. Esos dispositivos que le reclaman que sea “el actor de su propia vida”, el que racionaliza su deseo en la competencia y en la técnica de conducirse a sí mismo y a los demás, este es ahora el verdadero “management del alma” del que habló Lacan en los ’50 y ahora se consuma.

IV
El neoliberalismo se propone como la racionalidad actual del capitalismo. Podemos afirmar que su racionalidad cumple con lo analizado por Heidegger con respecto a las “estructuras de emplazamiento” del ser propias de la técnica, que provocan en el ser humano una presentación de su existencia en forma de cálculo de sí, o con lo planteado por Lacan en el Discurso Capitalista, donde el sujeto ya sólo está condicionado por la “plusvalía” de goce. El fin último del neoliberalismo es la producción de un sujeto nuevo, un sujeto íntegramente homogeneizado a una lógica empresarial, competitiva, comunicacional, excedida todo el tiempo por su performance. Sin la distancia simbólica que permita la elaboración política de su lugar en los dispositivos que amaestran su cuerpo y su subjetividad.

V
¿Pero se puede producir enteramente al sujeto? ¿Tienen los dispositivos el poder y la fuerza material para secuestrar al sujeto y volverlo un “neosujeto” emprendedor de sí? He aquí uno de los grandes debates contemporáneos: ¿el sujeto es meramente una producción histórica efectuada por los dispositivos del poder y el saber, como piensan los foucaultianos? O, como han pensado Freud, Heidegger y Lacan, hay ciertos elementos en la propia constitución estructural del sujeto, que ningún orden político-histórico puede integrar al menos en forma total y definitiva. La posible lucha contra el neoliberalismo depende de esta cuestión: ¿qué hay en el advenimiento del sujeto en su condición mortal, sexuada y mortal, que no pueda ser atrapado por los dispositivos de producción de subjetividades específico del neoliberalismo?

VI
Latinoamérica es actualmente, en alguno de sus países, la primera contraexperiencia política con respecto al orden racional dominante en el siglo XXI. El neoliberalismo se extiende no sólo por los gobiernos, circula mundialmente a través de los dispositivos productores de subjetividad. Por ello a Latinoamérica le corresponde la responsabilidad universal de ser el lugar donde se pueda indagar todo aquello que en los seres hablantes mujeres y hombres no está dispuesto para alimentar la extensión ilimitada del sujeto neoliberal.

*From: PÁGINA 12 (http://www.pagina12.com.ar/)

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    «Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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