El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

3 de Diciembre de 2012

Ocupar el lugar. Josefa Estepa (Córdoba)

01:11:00 , por jalvarez Spanish (ES)

El día 27 de octubre asistí a la conferencia que en la Sede de la ELP dictó Bernard Seynhaeve, director de "Le Courtil". Conforme lo iba escuchando me iba quedando, como se dice en mi pueblo, de boca abierta. Me sorprendía el deseo que sus palabras transmitían. Cómo al ocupar el lugar de Director de la institución, lo hacía movido por el deseo de hacer la función. Me sorprendía también cómo allí en su Centro no existía el “perfil profesional”, o al menos así lo entendí yo. Sino que cada profesional acudía donde el momento lo requería, y cómo el principal requisito que pedía a quien quería entrar a trabajar allí era que sintiera entusiasmo por su trabajo, porque eso se transmite.

En paralelo, yo iba pensando en el colegio donde trabajo, porque, curiosamente, esa misma semana, un alumno con bastantes dificultades me decía que “los maestros que más quieren a los niños son Cristóbal y Pedro”. Cristóbal es el portero. Pero el niño no se equivocaba.

Es muy raro el día en que Cristóbal no dedica parte de su jornada a ser maestro. Maestro en lo suyo. Y así lo captan los chiquillos, que en el fondo, lo que necesitan es un maestro, da igual de qué, inglés, mate, lengua, reciclaje, jardinería… Alguien que les ayude a dibujar un camino por donde orientarse en ese difícil trayecto de pasar de niños a adolescentes y a adultos. Alguien que quiera acompañarlos.

Cuando los llamados en muchos sitios alumnos disruptivos, que en mi cole se llaman por su nombre, empiezan a dar signos de estar hartos de estar sentados en clase, porque por sus particularidades ese momento llega de vez en cuando, antes de que irrumpa la tempestad, más de una vez, y de dos, se van a ayudarle a Cristóbal a regar los rosales, o a recoger el papel de las clases para reciclar, o a ayudar a los pequeños a leer o hacer la tarea, o a repartir las notas que ese día los niños tienen que llevar a sus casas…

Por supuesto que en el contrato de este señor no aparecen esas funciones. Digo yo que aparecerán las propias de un portero, pero que sin embargo, cuando ese lugar está ocupado por alguien movido por el deseo, eso tiene unas consecuencias claras en la dinámica del Centro.

Es tan contagioso el deseo que aunque no se quiera saber nada de él, se contagia en la mayoría de las ocasiones.

Igualmente mientras escuchaba cómo Seynhaeve había llegado a ocupar la dirección de le Courtil, cómo ocupaba ese lugar movido por el deseo, pensaba en cómo ese lugar es ocupado en mi colegio.

A veces, medio en broma, pero parto de que muchas veces se dicen en broma las cosas más serias, he comentado que el director no tiene en el colegio 400 alumnos sino 400 hijos. Dicho en serio, hay que decir que desde la dirección de un colegio se puede ocupar un lugar de Nombre del Padre, donde la norma que se intenta transmitir vaya de la mano del amor, de manera que cuando “hay que hablar con un niño”, se sienta protegido, y no castigado. Que la frustración no lo derrumbe, sino que le anime a volver a empezar. Y que tenga siempre muy claro que sus cosas nos importan, que queremos saber porqué pasó, qué le llevó a “sacar los pies del tiesto”, y que por más veces que los saque no va a salir expulsado, sino que su sitio está en el cole.

Creo que esa conferencia de Seynhaeve, ha sido de las más fructíferas para mí, pues cuando acabó yo tenía más ganas de volver a mi colegio que cuando empezó, algo de mi deseo se llevó un empujoncito que es de agradecer.

Ese día pensé que mi colegio es un buen lugar para poder trabajar orientada por el Psicoanálisis, porque hay lugares claves ocupados por el deseo de sujetos interesados por la singularidad de sus alumnos.

20 de Noviembre de 2012

Reseña del libro de Jean-Claude Maleval, “El autista y su voz”*. Alejandro Velázquez Romo (Barcelona)

00:22:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Celebramos con entusiasmo la edición en castellano del libro de Jean-Claude Maleval, El autista y su voz, traducido por Enric Berenguer, que pertenece a la Colección “Mente, salud y sociedad” de la Editorial Gredos-ELP dirigida por Vicente Palomera. Este libro hace serie con otros títulos de psicoanálisis de orientación lacaniana que se encuentran en las librerías de toda España debido al esfuerzo de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis por difundir el psicoanálisis en la civilización.

El autista y su voz de Jean-Claude Maleval es en principio un homenaje a Rosine y Roberto Lefort, fallecidos en 2007, por su dedicación y transmisión de la clínica como de la teoría de orientación lacaniana en el trabajo “con niños” psicóticos y autistas.

En este libro, Jean-Claude Maleval nos acerca a la profundidad del mundo autista introduciendo el objeto voz como un regulador fundamental en la vida de estos sujetos ya que pone en evidencia el horror que supone su encuentro.

Así, cuando el sujeto autista intenta comunicarse lo hace de manera que no pone en juego su goce vocal, su presencia y mucho menos sus afectos, ya que la dificultad del sujeto reside principalmente en adoptar una posición de enunciador protegiéndose de la emergencia angustiante del objeto voz por medio de la verborrea o el mutismo.

Ya en 1998, Jean-Claude Maleval con su artículo “Del autismo de Kanner al síndrome de Asperger”, proponía la tesis de la especificidad del autismo a partir de dos características principales: por un lado, el trastorno de la enunciación y, por otro, la defensa apoyada por un objeto fuera del cuerpo.

Tambien, el libro introduce muy acertadamente una indicación de Lacan de 1975 en la “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, donde señala que al niño autista “sin duda hay algo para decirle” y Jean-Claude Maleval señala que esto es posible siempre y cuando uno borre su propia enunciación al dirigirse a ellos, manteniendo permanentemente bajo control el objeto vocal.

De la misma manera, Jean-Claude Maleval invita a los psicoanalistas a prestar toda su atención a las autobiografías y textos escritos por autistas de alto nivel, ya que nos brindan testimonios excepcionales como es el caso de Temple Grandin, Donna Willams, Birger Sellin o Daniel Tammet.

Sin duda, es un libro que no puede dejar de leerse.

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Presentación del libro:
El viernes 23 de noviembre a las 19.30 h.
en el Ateneu Barcelonès.
Sala Sagarra. C/ Canuda, 6. 08002 Barcelona.

Intervienen: Jean-Claude Maleval, Enric Berenguer y Josep Mª Panés.
Presenta: Mario Izcovich.

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* Editorial Gredos-ELP, junio de 2011.

20 de Junio de 2012

Niños Amos.* Adela Fryd (Buenos Aires)

01:25:00 , por jalvarez Spanish (ES)

En la clínica de este nuevo siglo, es frecuente encontrar niños que son más amos que sus padres: niños que se ubican en una paridad asombrosa frente a cualquier adulto. Se trata de sujetos que ya desde los dos o tres años, parecen no responder a nadie. Y no responden de una manera particular: quieren ser reconocidos por el Otro y por los otros que los rodean, creen ser autónomos y comandar su elección de ser, funcionando así como niños “solos” que hacen lo que quieren. Marchan de este modo y aparentemente no hay nadie que los pueda detener.

Podríamos decir que este “tómame como soy porque yo soy así(1)” que con frecuencia se escucha en adultos, resulta absolutamente curioso al tratarse de niños. Pensamos en qué será de ese Niño Amo cuando sea adolescente, sin algún encuentro que desvíe, que le presente una salida, un diferente lazo al Otro que le permitiría reescribirse.

Por otro lado, eso es ir contra ese goce al que no quiere renunciar. Estos niños caprichosos, que no quieren entrar en razones, muestran que el “Yo quiero” es anterior al “Yo pienso”. Como dice J-A. Miller: “… la belleza del capricho es que el sujeto asume en él como propia la voluntad que lo mueve. Quiero aquello que me pulsiona, yo lo quiero, yo soy quien lo quiere”. Es en este punto donde lo que se impone es el gozar, un gozar narcisista autónomo con respecto a las disposiciones del Otro; esto es lo que los hace impermeables al Otro de la enseñanza.

Estos niños son ariscos a los significantes que son ofrecidos en el campo del Otro. Complicado en la alienación significante, el sujeto puede optar por una falsa separación. Es decir, que allí donde no se puede producir y donde hay dificultades en generar una separación, ésta termina jugándose en el cuerpo. Es precisamente en ese punto que podemos ubicar los casos de estos niños en posición de objeto, aquellos que frente a la interpelación del Otro, es decir, ante la pregunta por el deseo del Otro, responden en particular con el cuerpo. Son respuestas que pueden ir desde la abulia hasta la hiperactividad, pasando por el desgano y todas las variantes posibles de hacerse objeto para el Otro.

Así, en la clínica actual, la presencia y la frecuencia de esos casos, dicen algo de la época.(2) A veces se trata de niños identificados a la fantasmática del Otro materno donde, al no haber lugar para la falta y al no haber una pregunta sobre la misma, responden con el yo, con la impulsión o con una identificación al falo imaginarizado.

Entonces, ¿cómo se produjo la constitución subjetiva en estos niños? Si pensamos en los desarrollos de Freud para el narcisismo, el déficit en estos niños es en las marcas del Ideal del Yo como significantes de la batería del Otro. Podría hacerse un trabajo de interacción de los desarrollos de Freud respecto del narcisismo y el estudio del imaginario en Lacan. Partiendo de la constitución subjetiva y tomando el recorrido o el montaje de la pulsión, el objeto de la pulsión es organizado narcisísticamente (2) por la constitución del yo, un punto de entrecruzamiento entre ambas series. La serie de yo narcisismo-autoerotismo-relación de objeto, la serie de la pulsión oral-anal-fálica y para Lacan se agregan los objetos que organizan la demanda y del deseo en la transferencia, mirada y voz.

El déficit en la constitución del Ideal detiene la constitución subjetiva en las neurosis narcisistas y los fantasmas imaginarios se degradan en una insistencia del a-a’, en una especularidad pertinaz marcada por la agresividad y la tendencia suicida de un narcisismo no eficaz. En estos casos, el trabajo entre el objeto y el Ideal se obstaculiza muy temprano. A veces, los vemos apoderarse de un significante supuesto pero sostenido en una relación especular con el Otro, puede parecer una aparente separación pero, sin embargo, su yo queda ligado a un goce pulsional donde el yo ideal parece atestiguar un exceso incestuoso, que revela un conflicto no resuelto con el amor de Otro primordial. Falta un velo a la raíz gozante del amor.

Lacan nos plantea, en otro momento de su teorización, las dos operaciones de alienación y separación constitutivas que tienen consecuencias a nivel de la estructura. A partir de la alienación se puede decir que hay una fundación del Sujeto y en la operación de la separación, Lacan plantea que se trata de la constitución no del Sujeto, sino del deseo. En la separación se funda el deseo. En la alienación se produce esta constitución del Sujeto en el punto en donde el Sujeto se constituye en la medida en que se aliena a los significantes del Otro. Del lado del campo del Otro están los significantes, del lado del campo del Sujeto lo único que hay, y que se puede constituir solo a posteriori, es la pulsión; el recorte de la pulsión va a constituirse sólo en la medida en que pase por el Otro.

En el punto donde la cadena del Otro dice tal cosa, pero hay un intervalo de lo que no se dice, en ese punto el Sujeto puede situar algo de su deseo, o sea el punto de enigma del deseo del Otro. A partir de esa interrogación puede producirse la posibilidad del deseo.

Lacan también habla de libertad, en el sentido de la constitución de un deseo propio. En el intervalo es donde se produce la extracción del objeto, si el objeto se extrae puede instalarse una búsqueda deseante de ese objeto. Una vez que se produce la separación, Lacan nos dice, en Posición del Inconsciente, que la laminilla o la libido puede desplazarse e ir libidinizando los objetos del deseo y los significantes diferentes en su mundo. Es allí donde se arma el movimiento deseante de un Sujeto (3). Aunque estos pacientes tengan una astucia para manejarse con los significantes del Otro, tienen una gran pobreza en el campo del deseo. Allí es donde va la apuesta analítica a tramitar la separación. Pueden haber quedado casi coagulados por la marca de un significante que apunta a un sentido y que opera casi con la fuerza de un nombre propio, la separación es el problema. Es allí desde donde la voz y la mirada del lado del deseo del analista, jugados en la transferencia, lo saca de ese engarce a los objetos de la demanda con los que han quedado enlazados gozosamente. La transferencia es el lugar donde se sitúa la cuestión del deseo del analista en relación a la posibilidad de la separación. En muchos casos están investidos por un significante que toma un carácter fuertemente superyoico, que a veces se transforma en su destino: actúan y son percibidos como jugando en la cornisa.

Así, los padres quedan en posición de meros testigos de sus excesos, de esa lucha infinita para intentar separarse del Otro. Porque ocurre que estos niños si bien están alienados al deseo materno, lo están más aún al capricho de la madre, es decir, sin un pasaje por la ley. Por ello podemos decir -siguiendo a J-A. Miller- que se encuentran menos ligados al “fantasma” que a la pulsión. De este modo, al no aparecer la falta del Otro, no surge la pregunta sobre el enigma del deseo del Otro. Y lo que suele observarse en la pareja parental es que la madre toma al niño como objeto precioso mientras que el padre opera como un simple partenaire del niño.

Efectivamente, en estos niños algo se encuentra alterado en las operaciones de alienación y separación, y siguen alienados más que al deseo materno, a la lengua materna. Dicho de otro modo, ellos no aparecen ligados al fantasma, que en tanto tal es una respuesta a la pregunta por el deseo de la madre, ya que lo que falta es precisamente ese enigma. Falta, por lo tanto, la intermediación paterna por parte de estos padres, frecuentemente tan narcisistas, que dejan al niño del lado materno. Estos son los niños que se reivindican, como lo dice Freud (4), como una excepción, reivindicando el derecho de ser una excepción.

Un niño es adoptado por una mujer sola, una mujer de otra nacionalidad. Él concurre a una escuela bilingüe y es un buen alumno cuando lo desea. Al mismo tiempo provoca continuamente a la madre diciéndole que él quiere volver a la “madre de la panza”. Lo embargan ataques de furia. Se suceden situaciones muy difíciles en la escuela con agresiones, ataques de rabia hacia las maestras y el personal que lo cuida. Parece haber un profundo rechazo al Otro. Así, este niño que injuria permanentemente al Otro, con este rechazo a la madre se identifica al supuesto rechazo del Otro. Es curioso que esto empiece a suceder en el momento en que la madre se divorcia de un marido al que el niño siente como echado.

Este niño nace así a un mundo que vivencia como hecho de códigos caprichosos, ese es el mundo que él rechaza todo el tiempo: lo que le dan, todo lo que se le ofrece. Aparece un juego, se esconde, yo lo tengo que buscar, pero antes debo localizarlo con una frase. Es ese momento en el que él aparece jugando al “tono correntino” (5). Este juego es repetido varias veces. Le digo entonces que estoy buscando la voz correntina. En ese momento él me cuenta que es muy amigo del señor que cuida el campo de la madre, campo que está ubicado en el lugar donde fue adoptado. Se constata así que es en el encuentro dentro de un dispositivo analítico donde la instancia que hay en el Otro toca un punto de su manera de hablar, de su estilo de hablar, y lo reengancha a hilos de un lugar de su historia.

Freud nos enseñó que en la constitución de un sujeto, para que pueda acceder a la simbolización, es necesaria la separación del Otro. El niño del carretel nos muestra que él tuvo que privarse, separándose, privándose del goce de la mirada materna como objeto, cediendo un objeto al tiempo que hará aparecer los significantes del juego del fort-da (6). Se trata de ese carretel que ante la partida de la madre, entrando en relación con ese objeto, haciéndose mirar, va a permitirle recuperar la mirada del Otro. Por ello decimos que el fort-da es la matriz del fantasma, y que ese objeto es aquel con el cual el sujeto se relaciona cuando el Otro no está.(7)

La cura, en el dispositivo analítico, permitirá que estos niños se encuentren con nuestra mirada y nuestra voz como semblantes. No se tratará de restituir lo que no tuvieron, sino posibilitar que construyan algo diferente. Así, será posible en una cura maniobrar con estos objetos, sustraerlos, retirarlos, hacerlos ruidosos. Este encuentro del sujeto con el deseo del analista le da una oportunidad en la cura: recortar una mirada extasiada, una voz con tonada. En otras palabras, recortar este lazo en la transferencia permitirá descompletar, quitarle la fijeza a lo fugaz de ese goce y que aparezca otra cosa que el niño podrá inventar. Allí es donde nosotros apostamos a lo que Lacan llamaba la presencia del analista, porque lo contingente será que el niño, en un encuentro con un analista, pueda encontrar algo en su estilo, en su manera de alojarlo, que le permita y le dé posibilidad a un nuevo amor, el amor de transferencia.

Si dijimos que estos niños imaginarizan al Otro, si hablamos de una falicización del yo, acompañado de un goce que no cede y que insiste en el regodeo de un plus de gozar, se tratará de ver de qué manera puede producirse algo de la separación del objeto en relación al Otro. Como en el caso del niño correntino donde la voz dio la pista de un objeto que fue para él la posibilidad de un lazo distinto con el Otro, ya que en el mismo punto donde se produce la separación con el objeto, puede aparecer un nuevo objeto y los significantes que lo comandaban.

En este caso, se trató de, una vez localizado, separarlo de un significante hostil que imaginarizaba el rechazo, y propiciar que esos significantes se pusieran en juego de otra manera. En otro caso, un niño de cinco años oscilaba entre un juego muy ocurrente y un ignorar al Otro que a veces parecía un desafío y otras veces simplemente expulsaba, eliminaba al Otro. Era muy difícil ponerle límites porque simplemente no escuchaba. Era muy llamativa su mirada fuerte, fija, decidida. Él, casi todo el tiempo, hacía lo que quería. Sus conductas a veces llegaban a situaciones de riesgo. Un día se desprendió de la mano de la mucama y se fue a jugar al borde de una ventana. Su madre decía que le producía mucha fascinación su inteligencia, pero que siempre sintió que la sobrepasaba. Desde que abrió los ojos por primera vez como bebé, ella quedó impactada por esa mirada. “No era la de un bebé, sino la de un pequeño hombre.” Esto produjo entre ellos siempre un lazo de mucha tensión, por un lado, muy dedicada al niño, y por otro lado, sobre un clima donde el que comandaba era el niño. Un juego comienza a repetirse en sesión. Primero, dibuja muñecos con ojos grandes vacíos, corta en una entrevista ese papel en forma de careta, y queda la cara con los ojos vacíos puesta sobre su cara. Comienza una secuencia que repite donde juega con un espejo. Con el espejo enceguece mi mirada. Me doy vuelta con la silla y le retiro mi mirada. Queda conmovido, queda impactado.

En otras sesiones aparecerá otro juego. Tomará una muñeca y un muñeco, los hará encontrarse, se dirán “hola” y propondrán un juego. Aparece allí por primera vez un juego de uno con el otro.

Resumiendo: el fort-da freudiano será una orientación en la cura, para que allí se constituya algo diferente. Se trata de un nuevo tratamiento de la demanda, a través de su pasaje por el Otro. Una de las maniobras consistirá en hacer algo para instalar una falta y lograr el surgimiento de la demanda por parte de estos sujetos. Podemos plantearlo como un modo de tratamiento de lo pulsional por medio del deseo del Otro, situando así la voz y la mirada como objetos que están siempre presentes.

P.-G. Guéguen lo formula de esta manera: delimitar lo real. Se trata de apuntar a delimitar lo real para cada sujeto, o sea, aquello que quedó como un encuentro memorable con lo real. Ese es otro punto que me gustaría destacar: al tratarse de niños que monologan, sólo escuchan al Otro si el Otro dice lo que ellos saben. J-A. Miller nos sugiere que en estos casos deberíamos pensar en una clínica del despertar, más propiamente, de la pesadilla que lo acerca al objeto a. Si la pesadilla despierta es porque algo se impone, resuena en el cuerpo y rompe la homeostasis. El amor como operación está en la base de la humanización de la entrada en la cultura, y en ese sentido es algo que siempre implica una pérdida. Este amor es lo que los psicoanalistas denominamos amor de transferencia. Allí es donde se sitúa su fundamento que es lo que Lacan llamaba la presencia del analista.

Lo contingente será que el niño en un encuentro con un analista, con su presencia, pueda hallar algo que en su estilo, en su manera de alojarlo, dé la posibilidad a un nuevo amor y a su separación.

Notas:

1-. J-A. Miller “Usos del lapso”, Editorial Paidós, 2004, Capítulo 8 “Capricho y Voluntad”.
2-. Enric Berenguer “Psicoanálisis: enseñanzas, orientaciones, debates” Edición Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, pag 111.
3-. Clase Seminario “Pensar la castración en niños y adolescentes“, 1/9/2008, Patricio Alvarez.
4-. Sigmund Freud “Las excepciones: Ensayos de psicoanálisis aplicado”
5-. Tonada del español que se habla en la provincia de Corrientes, en la región del litoral de la República Argentina
6-. Sigmund Freud, 1920, “Más allá del principio del placer” Ensayos de psicoanálisis.
7-. Philippe Lacadée, 2003, “Le malentendu de l’enfant”, Cap 5, Ediciones Payot Lausanne.

* Publicado en PAPERS nº 9. Comité de Acción de la Escuela Una - Scilicet.

2 de Abril de 2012

Postfacio al libro de Donna Williams, “Alguien en algún lugar” -Diario de una victoria contra el autismo-. Enric Berenguer (Barcelona)

10:00:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Hoy lunes, 2 de abril, se celebra el DIA MUNDIAL DEL AUTISMO. Para esta ocasión sale a la luz en castellano, el libro de Donna Williams, titulado “Alguien en algún lugar”, que va a ser publicado por la editorial Need. El primero de una nueva colección: “La palabra extrema”.

El postfacio, que podrán leer a continuación, ha sido escrito por Enric Berenguer, miembro de la ELP, que nos hace saber el interés de esta la publicación con estas palabras:

“En el contexto actual, me parece que es un libro importante, ya que Donna es una representante de un discurso respetuoso con el psicoanálisis, partidario de un abordaje multidisciplinario, basado en la libre elección, y que plantea toda una serie de cuestiones éticas muy pertinentes sobre el tema que nos ocupa”.

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A su vez, Donna Williams ha escrito a Enric Berenguer para agradecerle su postfacio:

Hola Enrique.

Disfruté leyendo su prefacio.

Me parece muy bien.

También fue esclarecedor para mi que alguien se alegre del valor de mi trabajo en todos los campos.

A menudo mi trabajo es combatido, sin que la gente se dé cuenta de que lucho porque la talla única para todos no le sirve a nadie y porque se me impuso que virtualmente no hay condición alguna que deje a una persona sin la posibilidad de elección.

Sí, vivo con problemas de inmunidad/autoinmunidad y agnosias que impactan sobre mis elecciones, elecciones ligadas o no al autismo, pero al menos tengo esas elecciones, siento que las tengo, pero veo, como consultora, familias en las que el niño tiene aun que sentir la experiencia de ser una persona separada o un ser humano, no un objeto, por lo que están bloqueados en el conocimiento de ser activos a la hora de tomar partido por su propia condición.

Y como consultora, busco alterar la dinámica familiar de forma que la persona con autismo pueda al menos experimentar cambios fuera de esta dinámica estancada.

Así que buena suerte con la publicación. Puede utilizar libremente el prefacio que ha escrito, tan bien reflexionado y considerado. Y gracias por dejármelo leer.

Calurosamente,

Donna

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POSTFACIO al LIBRO de DONNA WILLIAMS, “ALGUIEN en ALGÚN LUGAR”. Por ENRIC BERENGUER.

La cuestión del autismo es objeto en la actualidad de agrios debates sobre la idoneidad de los diferentes tratamientos propuestos hasta ahora para esta problemática que, por sus características, ha desafiado más que ninguna otra los esfuerzos para tratar de entenderla. Pero en el mundo actual, este tipo de discusiones no permanece en el ámbito de los especialistas. Desde hace un tiempo, los nuevos medios de comunicación, las redes sociales, el relieve que ha tomado en diversos ámbitos el punto de vista de las familias de los afectados, los distintos lobbies con intereses mercantiles que tratan de influir en las administraciones y las instituciones políticas, constituyen un panorama enormemente complejo y confuso.

Recientemente en Europa, corrientes comportamentalistas han tratado de erigirse en una referencia única para el tratamiento del autismo, descalificando otros enfoques, como el psicoanalítico, para lo cual aducen argumentos supuestamente científicos. Estos intentos vulneran la libertad de elección que debería regir en éste como en otros ámbitos, así como el necesario pluralismo y la multidisciplinariedad aconsejables en las intervenciones.

Pero, como se dice a menudo, la primera víctima en una guerra es la propia verdad. Y la realidad que está en juego es mucho más compleja de lo que a veces se quiere hacer ver. Una cosa es la ciencia, muy parca en sus afirmaciones, otra muy distinta es el cientificismo, una ideología que pretende hablar en su nombre.

Frente a todo esto, la pregunta es dónde encontrar una referencia más real. Y lo más real no siempre tiene la forma que muchos consideran la única posible. Los cariotipos, los tests, las estadísticas, acaban diciendo de una persona mucho menos de lo que se suele creer. Por el contrario, la escucha, o la lectura, de un verdadero testimonio, de un testimonio de verdad, el de alguien que habla en nombre propio, sin defender los intereses de nadie, sin justificar a nadie, manteniéndose fiel en su narración al detalle de una experiencia que consigue traspasar a palabras que podemos entender, es algo que nos acerca mucho más a lo real que nos interesa. La voz de Donna Williams no es la única entre las de personas concernidas en primera persona por lo que se llama autismo. Pero su voz es única, como son únicos otros testimonios valiosos que han llegado a la opinión pública, porque cada uno trasmite una experiencia singular, irrepetible.

¿Cómo resumir lo que hace del testimonio de Donna Williams algo especialmente valioso? Se podrían mencionar muchas cosas en este sentido. Voy a destacar las que a mí me han parecido más importantes.

El relato de Donna es la historia de una lucha sin cuartel, de una persona decidida, que se sumerge hasta las profundidades de la desesperación, y que, contra todo pronóstico, se alza con una victoria indiscutible. Que narra con honradez, no sólo sus éxitos, sino también sus fracasos. Que muestra que, a menudo, la posibilidad de avanzar pasa por renunciar a soluciones que hubieran podido ser cómodas, pero que eran parciales y limitadoras. Que lo que se llama “tratamiento” del autismo es algo en lo que diferentes aportaciones pueden resultar importantes en diferentes momentos de la vida de la persona; pero que, en el fondo, todo verdadero tratamiento es sobre todo un autotratamiento, ya que la parte más crucial le corresponde siempre a ella, a su voluntad de cambiar, a su decisión, a su valentía, a un deseo profundo de salir de su encierro.

Es particularmente interesante el hecho de que, a lo largo de su vida, Donna Williams se benefició de tratamientos de orientaciones diferentes, incluso, en apariencia, opuestas, ya que fue atendida por una psicoanalista y por un psicólogo cognitivista. Sin embargo, ella tomó de cada tratamiento lo que en aquel momento podía darle y también fue capaz de situar qué no podía darle. Y ello no basándose en ideas a priori sobre lo que eran dichos tratamientos, sino a partir de su propia experiencia concreta. Así, Donna pudo situar muy bien los límites con los que tropezó su tratamiento con una psicoanalista, que fue incapaz de franquear ciertos límites impuestos por el propio funcionamiento autístico. Pero también es interesante que, cuando describe su tratamiento con el psicólogo cognitivista que la ayudó a dar un paso crucial en su cura, hable de él en términos que demuestran la imposibilidad de reducir la intervención a una pura técnica, a un adiestramiento. En su relación con el Dr. Marek, en efecto, encontramos muchos elementos que no podrían describirse en los términos del “condicionamiento”, sino que implican toda la densidad de una relación, en la que se aprecian cosas que los psicoanalistas podríamos describir también en términos de “transferencia”.

Y es que el testimonio de Donna Williams debería dar que pensar a todos: psicoanalistas, psicólogos clínicos, psicólogos cognitivistas, psiquiatras, educadores, políticos, familiares.

Empecemos por los psicoanalistas. El psicoanálisis freudiano fue concebido originalmente para el tratamiento de las neurosis, y supone una relación entre los síntomas y una verdad histórica de la persona que los sufre. La interpretación está pensada para movilizar ese valor de verdad de los síntomas y permitir su elaboración. Posteriormente, las psicosis fueron objeto de intentos de tratamiento sistemáticos y específicos, que ya llevaron a poner en tela de juicio la utilidad en tales casos de una práctica de la interpretación y exigieron un cambio radical de perspectiva. Pero el autismo tardó en encontrar un lugar entre las preocupaciones de los psicoanalistas. El primer caso de niño que hoy sería llamado autista, fue tratado, al parecer con éxito, por Melanie Klein, quien lo consideraba una forma peculiar de esquizofrenia, sin que ella misma pareciera convencida del diagnóstico. Posteriormente, Frances Tustin describió particularidades importantes del funcionamiento autístico, entre las que se destaca la relación con cierto tipo de objetos que ella llamó autísticos, diferenciándolos de los objetos transicionales descritos por Winnicott. La misma autora habla de “autismo encapsulado” y se refiere a la producción por parte del niño de una especie de barrera o caparazón que lo separa del mundo.

Serán Rosine y Robert Lefort, alumnos del psicoanalista francés Jacques Lacan, que se mantuvo muy atento a sus trabajos, quienes plantearán la hipótesis de un funcionamiento autístico que consideran netamente diferenciado de las psicosis, como una estructura diferente. Y describen un elemento nuevo de dicho funcionamiento, que hasta entonces había pasado desapercibido: el valor que tienen cierto tipo de identificaciones con figuras que para los autistas funcionan como dobles, por así decir, “en espejo”. Los Lefort, por otra parte, basándose en la teoría de Lacan, plantearon hipótesis novedosas para explicar los trastornos del lenguaje específicos de los autistas. Con ellas, tratan de dar cuenta de por qué para los llamados autistas el lenguaje parece estar cargado de un potencial destructivo, que evitan mediante un silencio obstinado, o bien mediante peculiares formas de hablar con las que eluden hacer un uso verdaderamente expresivo de la palabra.

Más recientemente, Éric Laurent añadirá una noción fundamental que permite entender mejor algunas intuiciones de Tustin antes mencionadas, corrigiéndolas. Se trata del concepto de “borde autístico”, un concepto que permite introducir, en la serie de construcciones con las que el autista se separa del mundo, una variedad mucho mayor, formas mucho más sutiles. Y esta nueva complejidad incluye también un gran potencial de cambio, de desplazamiento. Al no tratarse ya de una “segunda piel” (Tustin), ese borde es una frontera móvil, ampliable, en la que interviene también el lenguaje, así como construcciones con las que poco a poco el autista puede ir abarcando el mundo exterior, abriéndose a él a su manera, que es la única posible(1).

Pero, por encima de todo, lo que el psicoanálisis dice es que el autismo es un funcionamiento mediante el cual el sujeto trata de defenderse de una profunda angustia. Y lo hace con medios peculiares, que desafían la lógica del sentido común, pero que tienen su propia lógica que es preciso tener en cuenta.

Para los psicoanalistas, el testimonio de Donna Williams es de un valor excepcional, en la medida que contiene la expresión más detallada de la angustia de la que se trata, que no es cualquiera, así como de los mecanismos con los que la persona que la sufre trata de combatirla. Y, sobre todo, porque permite un nuevo desarrollo de una inspiración de Freud: todo síntoma, de los que se suelen considerar patológicos, no es sólo la expresión de una enfermedad, sino que incluye modos específicos de combatirla, es ya parte de la solución, que espera ser tenida en cuenta para una curación verdadera. En efecto, Donna demuestra que la necesidad de encerrarse en su mundo para evitar la angustia no excluye posibilidades de interacción, que no por ser sutiles son menos genuinas. Demuestra que las mismas construcciones con las que el autista lleva a cabo su muro tienen puertas y ventanas, que esperan a alguien que sepa verlas y entenderlas, para ayudar a que la propia persona afectada las abra desde dentro. Proporciona ejemplos impresionantes del funcionamiento de los dobles o espejos, vinculados también a una serie de objetos que ella fue construyendo, en cuya serie se aprecia una progresión hacia el sentimiento de pertenencia de un cuerpo propio, habitado por la vida y capaz de sentir emociones y afectos –capaz, en la misma medida, de entrar en relación con el cuerpo de los otros.

Ahora bien, esto implica –y ahí los psicoanalistas debemos estar particularmente atentos– que no se pueden aplicar al tratamiento del autismo muchas de las cosas que resultan útiles en otros casos. Por eso los psicoanalistas deben estar dispuestos a poner en tela de juicio lo que saben, con toda humildad, para volver a aprender, caso por caso, la lógica de un funcionamiento que más allá de ciertas tendencias generalizables siempre es único. Deben estar preparados para seguir los pasos de su paciente, aunque éstos describan recorridos aparentemente erráticos, porque en ellos están las claves.

No se accede a la palabra de una única forma, no se accede ni siquiera a asumir un cuerpo como propio de la misma manera. Y allí el psicoanalista no puede forzar nada, no debe inyectar ningún sentido, edípico u otro, ya que su paciente no lo espera ni está dispuesto a recibirlo. Ni siquiera puede saber de antemano cuál será la solución por la que, desde lo insondable de su ser, aquel niño o aquella niña, aquel joven o adulto, se decantará.

Para los comportamentalistas y/o cognitivistas, este testimonio es igualmente importante. La voz de Donna se alza con toda autoridad contra la idea de que alguien pueda ser sometido a un entrenamiento aversivo o, más en general, de condicionamiento, sin tener en cuenta su subjetividad, su sufrimiento, su consentimiento. Ni sin tener en cuenta, por qué no decirlo, su deseo, ya que la necesidad del autista de protegerse de un mundo que vive como hostil no es menos digna de respetar que las necesidades llamadas de socialización de una persona supuestamente normal. Por otra parte, como ella misma nos muestra de un modo particularmente lúcido, el éxito de cualquier programa que busque influir sobre una persona, sea ésta autista o no, debe de contar con su conformidad, su participación activa. Como Donna concluye: conseguir que un autista se comporte exteriormente como otros desean no implica haber modificado nada sustancial en su funcionamiento, ya que adoptar una posición pasiva o de aparente conformidad ante un entrenamiento (o ante cualquier intrusión, incluso agresión), puede ser la forma más sofisticada de defensa autística, una verdadera astucia capaz de engañar al entrenador más listo.

Los psicólogos cognitivistas deberían leer atentamente la descripción que hace Donna de un tratamiento como el que ella sigue, en el que el terapeuta mismo, su persona, está muy lejos de ser un factor secundario de la ecuación. Un tratamiento no será nunca la aplicación automática de una serie de reglas y algoritmos. Implica factores personales que de algún modo deben de ser tenidos en cuenta. Como Donna nos enseña, en el diálogo con el Dr. Marek ella pudo entender aspectos sutiles de su forma de pensar y de funcionar, y pudo usar los puntos de referencia que obtuvo para orientarse en su esfuerzo titánico por abandonar lo que había sido su mundo. Pero nada de ello hubiera sido posible sin su determinación, sin su propia decisión. Donna usa, en el mejor sentido, su tratamiento con el Dr. Marek. Y este uso que ella hace es algo que ningún condicionamiento podría lograr, porque depende de una elección que nadie, tampoco su psicólogo, podía hacer por ella. En este sentido, el tratamiento es una herramienta más, que al fin y al cabo quien la maneja es la propia Donna, aunque en ello cuenta con el apoyo inestimable de Marek. En cuando a este último, es interesante destacar que gran parte del éxito de su intervención reside, para Donna, en características personales y actitudes muy precisas: una posición respetuosa, no intrusiva, cierta implicación, pero no demasiada, saber esperar, incluso retroceder alguna vez, una gran paciencia, sensibilidad ante la angustia y también algo que, tal como ella lo describe, va más allá de la aplicación de un saber puramente técnico y entra en el terreno de cierta sabiduría. De este modo, con toda naturalidad, Donna limita la ambición del discurso de la ciencia, que pretende erradicar toda manifestación del sujeto como un estorbo, como una variable molesta –y esto tanto en lo referente al terapeuta como en lo referente a su paciente.

En cuanto a las familias de personas afectadas, este testimonio es igualmente de obligada lectura. Pone de manifiesto hasta qué punto algunas de las cosas que el entorno del autista llegaría a hacer, movido por la desesperación, no sólo pueden ser completamente inútiles, sino incluso perjudiciales. Donna describe cómo cierto tipo de presiones, que pueden llegar al maltrato, se convierten para el autista en el mejor aliado de su rechazo del mundo. En el polo apuesto, ella nos muestra que lo que más útil resulta a la larga, aquello que puede tender puentes hacia el mundo de los demás (¡hasta donde éste exista realmente!) es el detalle más discreto, el objeto más humilde, el dispositivo más extraño, los montajes más bizarros, que por su “anormalidad” suelen suscitar el rechazo. El autista, aunque no lo parezca, está siempre trabajando, no hace fiesta ni vacaciones, y nada de lo que hace puede descartarse como inútil: como mínimo, es un intento legítimo, que debemos poder acoger para ofrecerle vías de elaboración.

El testimonio de Donna enseña también a los familiares que, de un modo adaptado a las posibilidades de cada persona y de cada edad, el interesado siempre debe poder elegir, siempre debe contar al menos con cierto margen. No es que no se le trate de persuadir en algunos momentos: a veces incluso se puede requerir cierta presión para que aprendan (un forzamiento suave, para decirlo con Antonio di Ciaccia). En lo esencial, hay que respetar las resistencias a los tratamientos y durante los tratamientos. Y ni siquiera la aparente indiferencia, el sometimiento sin resistencia, son índices suficientes en los que podamos confiar. Hace falta una reflexión permanente, una sensibilidad atenta, para evitar forzamientos, coacciones casi invisibles. Jamás un ser humano debe ser sometido a una domesticación, por mucho que ésta se vista con el lenguaje y los modos de la ciencia. El fin no justifica los medios. Mucho menos cuando los fines son en sí mismos discutibles, ya que “enseñar” a alguien a hablar como un loro (o, dicho de otro modo, conseguir que pronuncie una serie de palabras adecuadas a ciertas situaciones y contextos) no tiene nada que ver con lo que de verdad es hablar, como Donna sabe mejor que nadie. Palabras, frases sofisticadas sintácticamente, correctas gramaticalmente, no por fuerza comunican, puede ser que no digan nada. Y palabras que no cumplen con ninguno de los cánones de lo establecido, a veces son portadoras del mensaje más fundamental de un ser humano.

¿Y los políticos, los administradores, aquellos de quienes dependen las políticas y los recursos públicos, también las leyes, las que se hacen y también las que no se deberían hacer? ¿Qué pueden aprender? Para ellos la lección de Donna es fundamental: no se puede simplificar lo que se llama “el tratamiento” que conviene a una persona que padece lo que ahora se llama autismo. La cura es un recorrido largo, en el que hay etapas muy diferentes, a lo largo de las cuales las necesidades de la persona van cambiando. A veces pueden se pueden requerir medios específicos, otras veces, los medios al alcance de cualquier niño o persona, usados quizás de un modo singular. No se trata de crear ghettos, sí territorios variados y permeables.

Pero ni siquiera dentro de una etapa determinada hay un único “tratamiento”, un único “programa”, que pueda pretender responder a todas las necesidades. Donna se benefició de cosas diversas, de un modo creativo. Unos vecinos bien dispuestos, en la campiña australiana, fueron para ella un recurso esencial. ¡Qué lección para toda la ideología subyacente en la idea tan en boga de “dispositivos específicos”! La conclusión es inequívoca: la oferta de tratamientos debe ser amplia, diversa, para que cada persona, con la ayuda de su familia si es una persona dependiente, pueda elegir lo que más le conviene, que quizás no sea lo mismo para todos, ni en todo momento. La libertad de elección, como comprobamos en la historia de Donna, no es un factor secundario sino esencial, porque lo fundamental de la cura pasa siempre por la decisión del propio interesado, y esto se opone a cualquier intento de definir un camino único para todos y en todo momento, dentro de una lógica que acaba siendo totalitaria a pesar de las buenas intenciones.

Más allá de todo esto. ¿Qué nos enseña a todos este testimonio único, con independencia de nuestra implicación o de nuestra profesión? Muchas cosas. Pero vamos a limitarnos a destacar una, que constituye una gran lección humana. Se trata de la cuestión de la responsabilidad subjetiva. Gran cuestión, en un mundo en el que muchos se amparan tras supuestas condiciones objetivas que, según dicen, hacen imposible una elección.

Donna, que sufrió lo que podría llamarse un maltrato infantil, y que no duda en describirlos, aunque siempre con una contención notable, no culpa a sus padres de su enfermedad. Plantea de un modo simple y conciso que no sitúa nada de aquello, por otra parte tan triste y terrible, como causa de lo que le ocurrió. Lo más sorprendente es hasta qué punto asume una responsabilidad subjetiva por sus síntomas. En efecto, reconoce sin ambages el peso que en ellos tenía una decisión íntima: el rechazo del mundo y la negativa a abandonar el suyo propio, cederlo a los demás. Sitúa claramente una decisión del sujeto que tiene un papel decisivo en la perpetuación de la enfermedad. Por eso, como ella misma pone de manifiesto, lo esencial de la cura pasa por una decisión, por un acto al mismo tiempo de deseo y de responsabilidad.

Es cierto que esta responsabilidad subjetiva es matizada, en la medida que, gracias a esta decisión de abandonar “su mundo” Donna se puede separar lo suficiente de su autismo como para diferenciarse de él de un modo claro. Y desde esta nueva posición puede decir algo al mismo tiempo enigmático y cargado de sentido. Dice, en efecto, que antes ella creía que quería ciertas cosas, cuando en realidad eran las cosas que quería el autismo. Que ahora ya sabe que en eso ella no podía elegir, aunque creyera que lo estaba haciendo, porque era el autismo el que decidía por ella. Y entonces, cuando puede decir, con toda firmeza, que ella no es su autismo, es cuando puede separarse de él de un modo efectivo. Y descubre que lo que había vivido como una libertad vertiginosa era una esclavitud, el sometimiento a una forma de funcionamiento.

Lo más enigmático, y al mismo tiempo lo más profundo, es que esto no anula cierta dimensión de responsabilidad que ella había aislado tan bien. ¿Cómo hacer compatibles estas dos afirmaciones aparentemente contradictorias? Donna nos conduce así a la raíz misma de la cuestión ética, a la que tanto esfuerzo han dedicado los filósofos.

Se trata de algo que puede ser pensado desde perspectivas muy distintas, y cada cual lo hará, sin lugar a dudas, a partir de su formación o del lugar que ocupa. Pero para extraer algo, lo más generalizable posible, diré lo siguiente. No hay ninguna enfermedad ni condición que sufra el ser humano que, aunque por un lado lo condicione, de modos a veces decisivos, incluso abrumadores, lo deje sin algún margen de elección posible, por mínimo que sea. Y, dentro de ese margen, el sujeto es responsable, aunque no sea responsable de su enfermedad en el sentido corriente. Del mismo modo que el sordo se puede amparar en su sordera al servicio de su no querer oír, o sea, puede desear no oír aunque esto parezca un hecho obligado, el autista puede desear autísticamente, puede aliarse con su condición. El síntoma, sea cual sea (ya sea su causalidad psíquica o física), tiende a imponerse al sujeto que lo padece, pero, al menos en una parte significativa, lo hace mediante cierta forma enigmática de persuasión –y de este efecto de persuasión, el sujeto es en parte responsable. La identificación con el síntoma es algo que responde a una lógica muy profunda, y tiene modalidades muy diversas. La experiencia del autismo nos demuestra que actúa desde momentos muy precoces de la vida del ser humano, en los que la diferencia, el margen, entre una condición objetiva (ya sea por efecto de una enfermedad o por cualquier otro factor) y una elección del sujeto es muy estrecho.

Esto está cargado de consecuencias y es una cuestión fundamental a añadir en un apartado de este debate, muchas veces planteado en términos simplistas: el referente a “la causa del autismo”.

Por ejemplo en el caso de la propia Donna, algunas enfermedades afectaron a la niña que ella era. Y ninguna dolencia del cuerpo deja de producir su impacto en la primera infancia. Por otra parte, ciertas formas de autismo se suelen asociar con enfermedades neurológicas graves, como el síndrome de Rett. Aunque sería más justo decir que en personas con síndrome de Rett se desarrolla con cierta frecuencia una sintomatología autística. Sin embargo, el caso de Annick Deshays demuestra que incluso alguien que sufre de dicho síndrome, y que desarrolló una sintomatología autística grave, ha podido luchar de un modo muy efectivo contra algo que parecía un destino ineludible.

Finalmente, lo que Donna aporta a esta cuestión de la responsabilidad y la causa añade un elemento fundamental a todo lo que se dice, con poco conocimiento de causa, sobre la supuesta culpabilización de los padres por parte del psicoanálisis u otras corrientes, y la supuesta desculpabilización que aportaría la ciencia al ofrecer una causa orgánica. Nada de eso. La misma complejidad de la cuestión de la responsabilidad (que no culpa) que Donna describe en su propia relación con el autismo, es la que describe con toda precisión en lo referente a sus padres. Es esa posibilidad de situar, de delimitar y por lo tanto limitar, la responsabilidad de cada uno lo que en realidad desculpabiliza. Que haya un trastorno o una enfermedad no te hace irresponsable, cambia los términos en los que esa responsabilidad se plantea.

En resumen: los llamados autistas tienen muchas cosas que decir y poseen sobre su condición un saber precioso, que todos debemos escuchar muy atentamente. La aportación de Donna Williams es enormemente valiosa y su voz, como la de otros, debe ser tenida en cuenta en un momento en que tantas decisiones están en juego. Entre otras cosas, para no olvidar la dimensión ética de lo que se discute.

Nota:
1-. Para profundizar estos temas: Jean-Claude Maleval, El autista y su voz, Ed. Gredos, Barcelona, 2011.

31 de Marzo de 2012

Crónica: Conclusiones del debate sobre la proyección del documental: “LA INFANCIA BAJO CONTROL”. Antonio de la Cueva Delgado (Sevilla)

15:18:00 , por jalvarez Spanish (ES)

PARTICIPANTES:
Técnicos profesionales en el ámbito social de la Administración. (Zona Triana-Los Remedios)

LUGAR:
Centro Servicios Sociales Comunitarios Triana-Los Remedios (Sevilla).

Coordinó el debate:
Antonio de la Cueva delgado. Psicólogo SS.CC. Psicólogo Clínico y Psicoanalista. SS.CC. Triana-Los Remedios

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Entre risas que contenían lo que poco después se debate entre las profesionales asistentes, todas coincidieron en una palabra que resumía la primera impronta del documental: “ESPANTO”.

Tras esta primera sensación, que hizo despertar de una forma viva el debate, podríamos resumir las siguientes ideas surgidas, que giraron no solo como Trabajadoras Sociales, Educadoras, Animadoras Socioculturales; sino también en su faceta de madres, pues también despertó algunas interrogantes sobre esa infancia controlada.

De forma resumida fueron las siguientes:

El hecho de que se utilice la ciencia y la genética no tanto con fines de prevención de la delincuencia juvenil, sino más bien para crear una población homogeneizada, que manifieste una conducta “normal”, alienada, nos recuerda a regímenes totalitarios, como el nazismo, etc.

En el vídeo que hemos visualizado, se considera al niño como un objeto. El profesional no se implica, es decir, no considera que él tenga algo que ver. Se concibe al niño como un enfermo que presenta una psicopatología. Se produce la estigmatización del menor. No hay, por tanto, responsabilidad del niño como sujeto de su propio desarrollo, de su propia vida.

Entendemos que hay un capitalismo tecnológico al servicio de la industria farmacológica. Así, se establece un modelo de sociedad que le interesa etiquetar. Es El mundo feliz de Aldous Huxley. El mercado es el que dictamina las normas alejadas del verdadero bienestar de la población. La ideología capitalista, aliada a la tecnología realizan un abuso de poder con el objeto de provocar servidumbres modernas y la homogeneización de la población.

Observamos cómo esta psicología científica de la “Evidencia” se basa en correlaciones, estadísticas, datos que se traducen en uniformidades, protocolos y clasificaciones que obvian la singularidad del individuo. Ni siquiera trabaja el profesional directamente con el niño, sino que le hacen a los progenitores un test de 113 preguntas. Y que decir del test Dominique, donde es la máquina la que hace la interpretación del sujeto. Nosotras consideramos que no todas las personas responden de la misma manera, porque en esta psicología de la “Evidencia”, nos preguntamos ¿qué es lo evidente? Claro, lo evidente es lo que se ve, y la neuroimagen nos da respuesta a ello. Para nosotras, para intervenir en el malestar del otro, habrá que escucharlo, y así se responsabiliza de sí mismo y de su malestar.

Vivimos en una época donde la Salud es una cuestión de Estado. Sin embargo, los nuevos profesionales se ven encorsetados en un sistema, que no les permite tratar a las personas como sujetos de su propio desarrollo, sino que muchas intervenciones son agresiones que reducen a la persona a un objeto.

En salud mental y en el trabajo social, nos encontramos en la actualidad con familias que vienen derivadas de “especialistas” que les han recetado la medicación del sujeto que presenta el síntoma. Tenemos que invertir muchos esfuerzos para desmontar esta idea de medicación. Pero ahora los profesionales no tienen autoridad ni reconocimiento. Actualmente existe en los ciudadanos multitud de vías para acceder a la información, sobre todo a través de Internet, en muchas ocasiones sesgada.

En cuanto al papel de la mujer “tradicional”, la función de control de los hijos recaía en la madre. Con la incorporación de la mujer al mercado laboral, esta función debe repartirse entre ambos progenitores. Pero lo cierto es que no es así. De esta manera, la madre se siente impotente por no poder realizar esta tarea satisfactoriamente, y esta sociedad, perversa, hace que se sienta culpable. Pero en realidad, todos y todas somos sujetos responsables, y nosotros como profesionales debemos trabajar este concepto, para así dejar la culpabilidad, que lo único que nos conduce es a un cortocircuito que no lleva a ningún sitio.

Las madres de hoy son muy diferentes a las de anteriores generaciones. Poseemos otra formación e información, y por tanto, actuamos desde este condicionamiento. Somos más controladoras, exigentes, porque la sociedad es así: competitiva. Entonces ¿quién se atreve a no apuntar a un hijo a clases extraescolares? Creemos que vivimos muy deprisa, con mucha ansiedad, sin tiempo para disfrutar de los momentos más cotidianos, como jugar en la arena, en el campo, etc. Hay nuevas patologías, porque la sociedad es distinta. Y la neurosis de los padres son transmitidas a los hijos. La sociedad en la que vive un menor es compleja, su entorno más cercano y su familia también, y existen multitud de factores que interactúan sobre el menor haciendo a esta persona única e irrepetible. ¿Cómo entonces se puede diagnosticar a través de pruebas tecnológicas?

Consideramos que los mecanismos de transmisión de valores se encuentran basados en una sociedad donde no existen sujetos con conciencia crítica, con interrogantes, “Anormales, desviados”, y así poder normalizar la conducta a través del conformismo, el adormecimiento, personas acríticas, ovejitas del rebaño bien controladas, “normales”.

Nosotros como profesionales tenemos la responsabilidad de tratar a las personas con las que trabajamos como sujetos, y hacer que ellas se pregunten, y que ellas decidan. El menor tiene que autorizar esta intervención y así propiciar una construcción subjetiva.

El debate concluyó con mucho entusiasmo en las participantes, agradeciendo que se lleven a cabo actos de este tipo. Todas consideraron la necesidad de realizar más reuniones con profesionales, pues todos estamos afectados, tanto a nivel profesional, como en el otro rol de madre/padre.

Como una especie de llama que se avivaba, algunas participantes querían trasladar el debate a sus compañeros de centro de trabajo. Así que todo quedó en “un continúa, nos vemos en mi centro de trabajo”. Nos quedan muchos lugares que recorrer: centros cívicos de participación ciudadana, centros de servicios sociales de la ciudad, centros de salud de Atención Primaria y Salud Mental, etc.; hasta el encuentro del 2 de Junio.

Agradecemos a todos su participación y especialmente a Ana Redondo y Manuela Moreno, sin las cuales no hubieran sido posibles estas notas.

14 de Febrero de 2012

El Superyó a medida: sobre el nuevo orden simbólico en el siglo XXI*. Entrevista con Eric Laurent (París)

15:04:00 , por jalvarez Spanish (ES)

@gente: El debate epistemológico en el siglo XXI incluye nuevos saberes, pregunto: ¿Con qué saberes los futuros psicoanalistas tendrán que aprender a dialogar y cuáles serian sus contribuciones?

Eric Laurent: El debate epistemológico para el psicoanálisis no es un debate que suceda en el cielo de las ideas. Es un debate crucial para la práctica del psicoanálisis en sí misma. El psicoanálisis puede dialogar con ciertos saberes que tengan en cuenta el inconsciente como dimensión esencial para una experiencia psicoanalítica, pues dependiendo de la concepción que se tenga del inconsciente, es posible dialogar con ese o aquél saber. Cuando Freud se dio cuenta de que el psicoanálisis tenia una parte ligada a la neurología y a la biología de su época, pudo dialogar a su modo con la neurología, y ese diálogo se llama “Proyecto de una psicología para Neurólogos”. Luego dialogó con la biología, y su modo de dialogar con esta fue describir algo hasta entonces completamente desconocido por la biología y que él llamó de “más allá del principio del placer”. Es decir, que él se dirigía a esos saberes, neurología, biología, pero para hacer surgir algo que era absolutamente desconocido en estos campos. O sea, la neurología conoció ese principio de la psicología que incluía el desplazamiento de la representación de las palabras, e igualmente la biología pudo conocer esto que era completamente extraño para su época, a saber, la pulsión de muerte.

Actualmente, en la biología, se habla del proceso de muerte de células de un modo radicalmente nuevo con la noción de apoptosis. La apoptosis, que significa una muerte celular programada, es considerada como uno de los mecanismos cruciales del organismo para la conservación del viviente, pero, nada de eso tiene relación con la pulsión de muerte. Aunque la apoptosis saque a la luz una especie de saber ya inscripto en el organismo, la pulsión de muerte es algo completamente distanciado de este saber. Y Lacan, con su modo de leer Freud, agregó que ese rasgo, que estaba presente en el “Proyecto”, no tenía relación con la física, tal como Freud pensaba, pero que respondía a otras leyes, como demostró la practica del psicoanálisis, y que se trataba del significante. Que se trataba del significante y también de un agujero. Un agujero en el significante, pero también un agujero en el cuerpo. Claro que una vez que tomamos las cosas de esa manera se promueve-una subversión entre el psicoanálisis y esos saberes.

Es realmente importante hacerles entender a los biólogos que lo real de ellos sobre la muerte es diferente de la pulsión de muerte y de la dimensión subjetiva. Del lado de los lingüistas, es importante demostrar que algo hace obstáculo en el lenguaje, y que la idea de una lengua sin equívocos es un sueño que ellos no consiguieron realizar.

Yo diría entonces que nuestro diálogo con los saberes, inclusive con las neurociencias, con las ciencias que se agarran a aquello que se puede decir con el significante, es en el sentido de hacer valer los objetos que llamamos de irreductibles a ese tipo de aproximación científica. Es esa la meta del psicoanálisis. Así como las ciencias del lenguaje se centran en la lengua, así como las ciencias de la lógica se centran en lo real, así como las ciencias clínicas se centran en la singularidad radical del síntoma, nuestro diálogo busca apuntar a nuestra irreductibilidad. Naturalmente, no implica en contentarnos con una especie de aislamiento benigno, satisfechos con nuestra particularidad. Tratase más bien de saber cómo demostrar nuestra posición, en la medida en que los saberes siempre se desplazan. Eso impone que debemos informarnos, pero informarnos de tal modo que podamos siempre hacer surgir lo que hay de irreductible en los fenómenos que componen el campo del psicoanálisis, fenómenos que no pueden ser abordados por ningún otro saber.

Hay, con mucha frecuencia en el psicoanálisis, inclusive porque muchas veces los psicoanalistas no están de acuerdo sobre como colocarse delante de los nuevos saberes, una tentación de hablar a partir del discurso de moda. O sea, en sintonía con el discurso dominante en determinado momento. Cuando la física fue dominante en una época hubo la tentativa de algunos psicoanalistas de incluir la cibernética para intentar resolver los problemas del psicoanálisis. En el momento actual, son las neurociencias que surgen como campo de saber dominante, y entonces surgen los psicoanalistas que tratan de crear el neuro-psicoanálisis, intentando copiar los modelos de las neurociencias. Así como, cuando la biología hizo sus avances, un tal Hartmann trató de reducir el psicoanálisis al contexto de la psicología general. Todo eso nos muestra cuál es la mala manera de dialogar. No se trata de tratar de entrar en la psicología general, en la neurología general o física general, se trata, para nosotros, precisamente de demostrar que en la civilización los saberes se acumulan, se substituyen, se desplazan, una vez que la civilización misma está en constante transformación y siempre hay nuevos problemas para ser solucionados.

Pues bien, a cada momento, nuestra contribución es la de mostrar lo que hay de irreductible en la experiencia psicoanalítica y, en especial, de la relación con aquel que el psicoanálisis llamó de parlêtre y de su relación con el goce. Y, de eso, nadie más allá del psicoanálisis, habla. Se trata precisamente de hacer evidente la pertinencia de esos fenómenos y de demostrar que ellos no pueden ser descriptos por otros abordajes a no ser que se haga a través de esa extraña experiencia que es el psicoanálisis y que, a pesar de no ser una ciencia, no puede existir sin la ciencia.

@gente - Aprendemos con Freud que el Superyó condenaba al hombre del siglo XIX a defenderse del goce. Con Lacan, aprendemos que el Superyó exigía del hombre en el siglo XX que gozase hasta el cansancio. ¿Y en el siglo XXI, que nos exigirá el Superyó?

E. Laurent - La diferencia entre el siglo XX y el siglo XXI es que los aparatos de masificación no son, de ninguna manera, los mismos. Los aparatos de masificación del siglo XX eran los de la ciencia laica y estaban bajo el dominio de la política. Ellos provocaron innumeras masacres y pesadillas de las cuales la humanidad despertó con mucha dificultad. Eso llevó a la humanidad a tener que elaborar un cierto número de recursos, de sueños, para remplazar esa pesadilla, pero que acabaron fracasando en el final del siglo XX. Hubo el sueño, tomando prestado el nombre del libro de Fukuyama, un sueño de “Fin de la Historia”, en el que se pensaba que, después de haber pasado por todo tipo de formas políticas, no habría nada más que variaciones de la democracia liberal. De eso resultó una especie de entusiasmo embriagado de los neoconservadores de llevar la democracia a todo el mundo, haciendo guerras, pero que, en el fondo, fue vivido como una especie de sueño de una liberación de algo que nadie sabía muy bien lo que era. La evidencia de un fin de la historia va en ese sentido.

Pero, en el inicio del siglo XXI, pasamos por un evento crucial, los atentados de 11 de septiembre en los Estados Unidos, donde una alarma como la de un despertador despertó al mundo para un nuevo tipo de discurso religioso que podría tranquilamente ser una religión común, pero mostró ser una variante política muy particular, el islamismo radical. Este se coloca como el enemigo del genero humano, al menos de todos los otros, teniendo como única visión reestablecer una nueva humanidad, proyecto naturalmente delirante que sería ella misma reducida a convertir a todo el mundo para ese Islam soñado por un determinado número de radicales. Se trata de la Yihad, la guerra santa, como un instrumento con el cual este objetivo sería alcanzado.

Los atentados mostraron la dimensión del proyecto e hicieron ver a la humanidad que el sueño neoconservador sobre el fin de la historia no iría suceder y que, por el contrario, tendríamos que enfrentar algo como una forma totalmente nueva de la manifestación de la pulsión de muerte. O sea, en el corazón mismo de la civilización surgió una pesadilla de otro orden que apunta hacia una posición absolutamente irreductible. Algo completamente separado de todo el sueño de una humanidad unida en torno de los mismos principios neoliberales y que, en el fondo, mostraron una especie de infantilidad o embriaguez de los sueños creados para la salida del siglo XX.

El siglo XXI trae entonces, por un lado, ese proyecto de separación radical, una humanidad separada del resto de la humanidad y, por otro, una especie de conformismo de masa en las democracias liberales donde el conformismo es hecho a medida. Es esa la paradoja, en cuanto en el siglo XX el conformismo implicaba “hacer como todo el mundo”, ahora, por el contrario, se trata de hacer cada uno a su modo. La paradoja es que cada uno tendrá un tatuaje diferente, pero todo el mundo tendrá un tatuaje, y eso porque lo simbólico por sí mismo ya no basta, entonces es necesario inventar cosas nuevas con el cuerpo. Pero, el hecho de que todos tendrán que inventar su solución particular no deja de ser un modo de conformismo del mundo actual. “¡Márquese cada vez más!”, “¡distíngase de los otros cada vez más!”, “sea el emprendedor de usted mismo, no seas el emprendedor de nadie más”. Es eso la solución a medida. Y eso es una variante del Superyó que es paradójica. Al mismo tiempo en que se exige una distinción absoluta, eso es hecho a partir de un proceso que es común a todos. La experiencia subjetiva en el siglo XXI tiene que tratar con ese Superyó a medida. Y eso no tiene nada que ver con el siglo XX. Vemos como, en este momento, las masas no se reagrupan más en torno del Uno, consecuentemente tienen que arreglárselas con el hecho de que no existe más el centro del imperio. No existe más el Uno, existe lo múltiplo. Y vemos cómo eso afecta, por ejemplo, a las mujeres que pasan a hacer parte de ese todo, o también cuando percibimos ese sueño de un retorno a la religión, presentes en ese o en aquel filósofo, como Sloterdijk, que sueña con formas religiosas nuevas centradas en lo múltiplo, soñadores de una especie de religión a medida para cada uno y que, aún así, haga lazo.

Entonces, una gama de pensadores diferentes trata de profundizar la paradoja de un lazo que contenga, al mismo tiempo, lo múltiplo. Y eso es, sin duda, una forma del Superyó en el siglo XXI que hace con que cada uno vaya en dirección a su plus de goce sin poder apoyarse en los discursos ya existentes.

@gente - ¿Cuál es el futuro para los niños sometidos a los imperativos de las evaluaciones escolares y científicas?

E. Laurent - Esa pregunta es crucial, pues los niños son el futuro. Los niños responden con una sensibilidad y vivacidad extremamente fuertes a esos cambios en la civilización. Es muy impresionante constatar el peso de la educación, el peso del saber que se impone, de modo cada vez más pesado, a la juventud. Lacan inventó la expresión astudé para los estudiantes sometidos a esa forma de aprendizaje en que el saber es reducido a su utilidad, un saber reducido a su aparato útil, a lo que es útil para los padres, quiero decir, a la economía, al aumento de las riquezas. La ciencia no es más la ciencia fundamental, la de los ingenieros que hace cortes, que permite encontrar soluciones, una ciencia que no se mezcla con las suposiciones de saber. Esa ciencia, cuando surgió en el siglo XVII, sacudió la religión. La creencia no fue más lo que era antes, es lo que Pascal llamó de silencio de los espacios infinitos. Dios se calló. De todas formas, eso acabó. Hoy vemos, con los ingenieros de las tecnociencias, que despunta un movimiento contrario y el en que hay una recrudescencia de la religión. Surge el sueño de religiones nuevas. Por ejemplo, los científicos que se ocuparon de la bomba atómica en Pakistán son místicos. Ellos creen en un dios particularmente feroz para quien la bomba atómica no es nada más que uno de sus instrumentos. Así, los fundadores de la investigación de la bomba atómica pakistaní pudieron leer en el Corán que las tempestades de brumas escritas en los textos sagrados eran previsiones de los efectos de las explosiones atómicas. Por otro lado, el uso, por el aparato del estado, de la educación para direccionar el aprendizaje para suplir sus necesidades de técnicos de alto nivel a cualquier precio, no deja de tener consecuencias. Tenemos como ejemplo el hecho de que en Harvard, en los cursos de medicina o física, más de dos tercios de los alumnos que consiguen entrar son originarios de los países asiáticos. En países como Corea del Sur, los alumnos desde los seis años comienzan a llenar los cuestionarios de los exámenes de admisión de Harvard que ellos harán diez años más tarde Y ellos son entrenados con un método y una disciplina de hierro. Esos casos son particulares, pero la lógica de fondo permanece, el mundo entero está entrando en ese nuevo régimen del saber. ¿Y qué es lo que se constata? Constatamos una extraña mutación en los jóvenes de nuestra humanidad. Si veinte años atrás los niños iban a la escuela, en el momento actual ellos comienzan a desarrollar síndromes y trastornos de atención que hacen que estén permanentemente agitados. A tal punto que, en determinados locales de América, un tercio de la población de jóvenes es sometida al uso de Ritalina o Concerta por sufrir de agitación. Esa mutación es, en efecto, un extraño fenómeno. ¿Por qué esos niños que, hace apenas treinta años, conseguían ir a la escuela y no eran consideradas agitados, ahora son diagnosticadas como hiperactivos? Ciertamente los niños siempre fueron agitados. Fue por eso inclusive que los ingleses inventaron el deporte. Inventaron el deporte como forma de permitir que, por la mañana, los jóvenes pudieran ir a la escuela y, a la tarde, pudieran enfrentarse agresivamente entre sí. El fútbol fue inventado para eso en Inglaterra. El problema es que el fútbol se tornó un instrumento para el business global, y vemos, con el escándalo actual de la FIFA, que ese instrumento pasó completamente al dominio del capital envolviendo enormes cuantidades de dinero...

De todos modos, volviendo a la cuestión de la juventud actual, el problema es que no se sabe más de qué modo es posible conversar con esa generación. Por un lado ellos, los jóvenes, se agitan y, por otro, se deprimen. Es notable, especialmente en los países asiáticos las estadísticas de suicidio entre los jóvenes. Así como, por otro lado, crece de modo impresionante en esos países el rechazo de ir a la escuela. Las llamadas fobias escolares, que anteriormente eran fenómenos marginales de la educación, se tornaron fenómenos de masa en determinadas regiones. Hoy encontramos jóvenes capaces de pasar meses sin salir de casa. Ese fenómeno de masa, que no por casualidad tiene un nombre japonés Hikikomori, marca el peso de las exigencias sobre la juventud asiática. Tenemos, por lo tanto, en la juventud actual, la presencia de fenómenos absolutamente inéditos que van de la agitación hipomaníaca a la depresión y el suicidio, y que son la reacción de esa juventud sometida a un régimen inédito en la historia.

Cuando sabemos el éxito que obtuvo en las librerías, en los Estados Unidos, el libro Tiger Mom, en el que una joven exitosa en Harvard considera la educación frenética e implacable que dio a sus hijos como la verdadera solución para la educación, vemos, en efecto, la manera como surge la receta para una educación suicida.

@gente – La palabra “orden” está presente en el título del próximo congreso de la AMP. Esa palabra está presente en la bandera de Brasil –Orden y Progreso– y tiene la influencia directa del positivismo de Auguste Comte. Por otro lado, la palabra orden está presente también en la nomenclatura de Linneo para explicar la jerarquización del ser vivo. Hay igualmente una ambigüedad de la palabra orden, tanto en portugués como en francés, que quiere imponer algo –dar una orden– e igualmente organizar. ¿Por qué entonces la elección de la palabra orden si vivimos en el mundo del desorden?

E. Laurent - El positivismo, precisamente, quiso salvar un determinado número de cosas, él es también una religión laica. Auguste Comte, en su delirio religioso, hizo de su imperativo “Orden y Progreso” algo especialmente delirante. De todos modos, el orden siempre tuvo como opuesto el caos. Dicho esto, no se debe ceder a la tentación de condenar todo y cualquier desorden. En el fondo observamos que hay un discurso actual de los nostálgicos del orden del siglo XX. “¡Ah, qué nostalgia de los tiempos de la religión, de los tiempos en que todavía creíamos en el padre!”, o sea, del tiempo en que todavía creíamos en algo mientras que ahora reina solo el desorden. Muy bien, no es de eso que se trata. Nosotros tenemos que tratar con un orden aún más terrible que se impone. Nosotros tenemos un nuevo orden que es impuesto, no solo por los nostálgicos del orden, sino también por las tentaciones securitarias que están en todas partes. Tenemos que tratar con un orden policial que, en nombre de la lucha contra el terrorismo, en nombre de la guerra contra la guerra, viola de todos los modos posibles las libertades públicas.

Los nostálgicos del orden son diferentes en los Estados Unidos, en Europa o en América Latina, pero las tentaciones de imponer el orden y la vigilancia están en todos ellos, inclusive en las democracias liberales. Ya no se trata más de las tentaciones fascistas y neo-fascistas del siglo pasado, cualquiera que sean las de los años treinta o las de los años setenta en América Latina. No es más de eso de lo que se trata. Estamos sometidos a la vigilancia absoluta, a un ojo absoluto, para servirnos de una expresión del libro de mi amigo Gerard Wacjman, como única garantía posible para una vida en común, y eso sobre un orden de hierro. Un orden de hierro que es ejercido a partir de las pantallas y múltiples cámaras que fijan esa mirada e invaden nuestra existencia. Todo eso forma parte de las condiciones que determinan nuestra relación con el goce y con el Superyó en el mundo actual.

Finalmente, para responder a la pregunta sobre cuál es el orden en el siglo XXI, yo diría que seria rechazar los semblantes del caos para hacer surgir las nuevas formas de orden requeridas por la sociedad de la vigilancia. Y nuestro modo de pensar esa sociedad de la vigilancia es demostrando que hay una sociedad del síntoma. Es el síntoma que organiza el mundo, y eso es para cada uno.

Eso es posible precisamente por el hecho de que el síntoma no es un caos. El síntoma no deja de tener una relación con aquello que hace la unidad de nuestro mundo. Es lo que Lacan quiso decir con el no-todo. El no-todo es una forma de organización de nuestro mundo. Una forma paradójica que tenemos que demostrar.

*Entrevista a cargo de la revista Agente Digital número 7 de La EBP Sección Bahia. http://agente.institutopsicanalisebahia.com.br/entrevista.html

1 de Febrero de 2012

Crónica: El contexto educativo «tiene que adaptarse al autista». Ivan Ruíz (Barcelona)

00:26:00 , por jalvarez Spanish (ES)

El psicoanalista Iván Ruiz Acero afirma que el autismo es un tema tan complejo que, en el momento en el que se presenta una u otra alternativa -escuela ordinaria, escuela especial- «el fracaso está asegurado». Se necesita, a su juicio, una red de atención lo suficientemente compleja, rica y vasta como para que se pueda producir la movilidad de un lugar a otro. «Lo fundamental -subraya- es encontrar el contexto educativo que se adapte a las necesidades del niño. Es una cuestión que también corresponde a los políticos, hay que inventar soluciones para cada niño y cada adulto. En un momento como el actual, resulta profundamente difícil, pero es así. Generalizar es caer en un error porque el autismo es una posición radical ante el mundo y no se puede hacer un grupo de personas con una posición radical ante el mundo».

El psicoanálisis lacaniano, en el que se ha formado y orienta su práctica y su clínica Iván Ruiz Acero, no considera que la culpa del autismo de un niño esté en sus padres, «es al contrario, son los padres que traen ya una culpabilidad de lo que les pasa a sus hijos. Y es con ésta con la que hay que trabajar, primero para desculpabilizarlos y después para ayudarlos a crear un vínculo nuevo con sus hijos».

Ruiz Acero también se refiere a la importancia, de una parte, del diagnóstico hecho en el momento adecuado y del tratamiento que se pone en marcha ahí y, de otra, del trabajo con los padres y de la confianza de estos en lo que se está haciendo. El tercer elemento fundamental en todo tratamiento en el pronóstico de las perspectivas para un niño autista es él mismo, «porque los hay que ante las ayudas que se ponen a su alcance dicen sí, sí pero no del todo o no, con lo cual hay que pensar que hay una parte de los avances que hace un niño que son responsabilidad de él. El psicoanálisis dignifica al autista y dignifica a sus padres».

En cuanto al tratamiento con el psicoanálisis, explica que «es muy diferente hacer que un niño diga cosas a interesarle en que diga cosas. También hay confianza y consentimiento del niño, que es lo que no se tiene en cuenta muchas veces en otros tratamientos. Así se consigue que empiece a hablar, a dibujar, le interese estar con nosotros, incluso aprenda y se relacione, se vincule con los demás. Es como conseguir que encuentre un lugar vivible en el mundo».

Iván Ruiz pronunció una conferencia ayer en Palencia, acto en el que se proyectó un trailer de 8 minutos de un documental que se estrenará en Barcelona el 2 de abril (puede que se pase aquí en esas fechas. Financiado con aportaciones de particulares y entidades, incluye testimonios de psicoanalistas, padres y un joven de 20 años con síndrome de Asperger.

Publicado en www.diariopalentino.es

11 de Diciembre de 2011

Crónica: Niños y jóvenes de hoy, ¿cómo se educan? Aportaciones desde la pedagogía y el psicoanálisis. Ana Zabala (Vitoria-Gasteiz)

12:53:00 , por jalvarez Spanish (ES)

El sábado, día 1 de octubre de 2011 en el Artium Centro Vasco de Arte Contemporáneo de Vitoria-Gasteiz, tuvo lugar la JORNADA DE ESTUDIO sobre el tema “Niños y jóvenes de hoy, ¿cómo se educan? Aportaciones desde la pedagogía y el psicoanálisis”, organizada por el Grupo de Investigación de Vitoria-Gasteiz: Conexiones Psicoanálisis-Educación(1).

Se reflexionó sobre lo que está pasando en la escuela: lo que no va, el malestar, el profesorado preocupado, el alumnado que no conecta, y las preguntas que todo esto suscita: ¿qué está ocurriendo?, ¿qué oferta educativa se está haciendo?, ¿cómo se educan los niños y jóvenes de hoy?

Las aportaciones de los dos discursos, el pedagógico, sostenido por maestros que saben ocupar su lugar, y el analítico, centrado en la singularidad de cada sujeto, nos permitieron, a través de la conversación entre profesionales, poner luz y abrir nuevas preguntas que nos posibilitan seguir trabajando.

En la apertura de la Jornada tomaron parte la responsable de Educación del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, Blanca Guerrero, la responsable del Grupo de Vitoria conexiones psicoanálisis-educación, Carmen Isasmendi, y la responsable de la organización de la Jornada, Anna Aromí.

Se continuó con la conferencia de la profesora de pedagogía social de la universidad de Barcelona, Violeta Núñez, titulada: "De todo quedaron tres cosas: la certeza de que estaba siempre comenzando, la certeza de que había que seguir y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar”, título basado en unos versos de Fernando Pessoa. Tras un recorrido por la educación desde los años ‘70 hasta la actualidad, y un análisis de los impactos de la mercantilización y la globalización hoy en día, Violeta Núñez nos habló, de la figura del profesor-artesano en la sociedad de la información, tratando de responder a dos preguntas básicas: cómo hacer con lo ineducable y cómo sostenerse como educador. Para ello se refirió a tres autores: Friedrich Fröbel, María Montessori y Maud Mannoni, y de ellos extrajo la figura del enseñante-artesano, el cual, dijo para finalizar su conferencia, “pone en circulación piezas de mecano y relatos inefables para armar cada vez, también él como Pessoa, un camino nuevo, un paso de danza, una escalera, un puente, un encuentro”.

A la conferencia y su posterior coloquio, siguieron dos mesas de experiencias, la primera contó con las intervenciones de tres coordinadoras del Grupo de Vitoria-Gasteiz conexiones psicoanálisis-educación: Ana Zabala (“El pasado nos enseña”), Matilde Lamas (“La educación, un presente continuo”), y Blanca Martínez Bellido (“Futuro imperfecto”), y su discusión corrió a cargo de la psicoanalista Mónica Marín, co-coordinadora del Instituto del Campo Freudiano. Esta mesa de experiencias se cerró con la proyección de un corto realizado por alumnos de secundaria del Instituto Samaniego de Vitoria-Gasteiz bajo la supervisión de Hélène Laurent.

Tras la comida se continuó con la segunda mesa de experiencias, en la que intervinieron Lidia Ramírez, psicoanalista en Barcelona, (“No me gustan las obligaciones”), María Verdejo, psicoanalista en Bilbao, (“Resolución de conflictos: una construcción particularizada”), y Maribel San Sebastián, maestra de primaria que actualmente trabaja temas de educación con profesores, padres y monitores de comedor (“La posición del maestro”). Ambas mesas permitieron una amena conversación sobre cómo se aprende del pasado, cómo se conforma un presente continuo, perfilando un futuro imperfecto, buscando resolución a los conflictos, asumiendo obligaciones, concretando la posición del maestro/a en la Escuela del siglo XXI.

Finalmente la Jornada contó con la intervención de Anna Aromí, psicoanalista en Barcelona, titulada “Conclusiones, ideas, problemas”. En ella, además de recoger el trabajo de toda esta fructífera Jornada, nos subrayó la necesidad de que los niños aprendan y la importancia de la cultura para la civilización de los seres hablantes. Nos dijo, respondiendo al título de la Jornada, que los niños y jóvenes de hoy se educan con urgencia, no solos, con los objetos culturales que les ofertamos. Finalmente nos animó a convocar nuevos espacios de conversación, grupos de trabajo y jornadas de estudio.
La Jornada concluyó con una audición de violonchelo a cargo del alumno del Conservatorio superior de música Jesús Guridi de Vitoria-Gasteiz, Eñaut Zubizarreta.

Notas:
1-. Este Grupo de Investigación inscribe su trabajo en el Seminario del Campo Freudiano - Bilbao

15 de Agosto de 2011

¿Quién fracasa?* Fernando Martín Aduriz (Palencia)

01:32:00 , por jalvarez Spanish (ES)

El fracaso escolar es el fracaso de la escuela como institución social y no sólo de los alumnos que fracasan. Trataré de argumentar esta tesis en diez puntos.

1. Un alumno puede fracasar. Juan Benet, el novelista autor de Volverás a Región, padre de muchos de los novelistas actuales, situó este axioma en una entrevista. La Constitución debía decir, simplemente: «Artículo único: el Estado español garantiza al español su derecho al fracaso»[1]. Ahorraría muchos disgustos aceptar el fracaso como escenario posible tantas veces en nuestra vida. Quien no acepta el fracaso y pretende el éxito full time paradójicamente se topa con el fracaso de haber dedicado una vida a triunfar sin comprender del todo el proverbio chino que reza, “cuando escuches los aplausos del triunfo resuenen en tus oídos las risas que provocaste con tu fracaso”. Uno, éxito, no puede darse sin el otro, fracaso, cual Fort-Da del niño freudiano. Freud en un texto no muy citado defiende el derecho del alumno de secundaria, a detenerse: «La escuela nunca debe olvidar que trata con individuos todavía inmaduros, a los cuales no se puede negar el derecho de detenerse en determinadas fases evolutivas, por ingratas que éstas sean».[2]

2. Freud reconoce un tipo de carácter descubierto en la labor analítica, los sujetos que fracasan al triunfar[3]. Dice de ellos que cuando satisfacen un deseo largamente acariciado entonces comienzan a fracasar. Pone ejemplos clínicos que muestran que cuando sustituyen a un anciano en su puesto, o cuando consiguen un propósito, entonces se derrumban. Freud dice que el yo tolera un deseo mientras es una simple fantasía, pero no cuando «amenaza convertirse en realidad». Lo llama «tendencias enjuiciadoras y punitivas que aparecen, muchas veces, donde menos esperábamos hallarlas». Este rehusarse al éxito, o dejarlo a medias o echarse en manos del tranquilizador fracaso encajaría con una serie de niños y adolescentes que aún cuando presentan todas las condiciones para el éxito se abrazan al fracaso como terapéutica que evita ora la mirada del Otro, ora el juicio denigratorio de los pares ora la competición con hermanos, padre o madre.

3. El éxito es colectivo, nunca personal. El fracaso es colectivo nunca personal. Sin el concurso de los otros no llegaríamos a nada. Nos necesitamos los unos a los otros mucho más de lo que demostramos cuando alardeamos de nuestros éxitos, que son societarios, tanto en la vida profesional, como en lo deportivo como en la vida política. Del mismo modo el fracaso de un alumno es el fracaso de todo un sistema pedagógico-social. Y los que triunfan en el sistema educativo lo hacen merced a la dedicación que se les presta en detrimento de otros que requieren de mayor dedicación y medios. Por eso el concepto de escuela cooperativa que apuesta por el crecimiento colectivo es más verdadero y más ético, en el sentido de virtuoso.

4. La escuela como institución ha recibido muchas críticas desde su implantación. Señalemos las de sobrevalorar la enseñanza de conocimientos e infravalorar los aspectos educativos. La de alentar la competición de unos con otros y no la cooperación, viendo el saber como una conquista y no como la plataforma de la que todos nos podemos beneficiar. La de vivir a espaldas del cambio social. La de no dejar penetrar en sus muros la ciencia. La de repetir y no innovar. La de usar materiales didácticos permanentemente obsoletos. La de no coeducar y acaso segregar por sexos. Todas esas críticas alentaron reformas, movimientos de renovación pedagógica, experiencias originales como Summerhill. Incluso el movimiento de homescholling, padres que educan a sus hijos en casa. Pero nada de eso ha servido para un cambio de la institución escolar en su conjunto, salvo experiencias muy elogiosas. La escuela erre que erre ha seguido sempiterna con cambios a lo Lampedusa, que las cosas cambien para que todo siga igual, y la mejor definición la aportó Moncada, sociólogo, en su genial El aburrimiento en la escuela, cuando expresó muy gráficamente este fracaso de la escuela en el cambio: si un maestro del Madrid de los Austrias resucitara se llevaría un buen susto al comprobar los aeropuertos o cualquier otro avance, pero se tranquilizaría mucho si penetrara en un recinto escolar, que permanece prácticamente igual dos siglos después, tarima, tiza, pizarra, pupitres, silencio, machadiana monotonía de lluvia tras los cristales. No hay institución más impermeable a los cambios, ni arquitectónicos, ni didácticos, ni de modificación de agrupamientos, ni de tiempos y calendarios, ni de invención de nuevas figuras de transmisión del conocimiento, ni de apertura al exterior, ni de nuevas formas de evaluación que la institución escolar, primaria y secundaria. Por reforzar hasta se han reforzado microinstituciones escolares denostadas como la horrible de los deberes, que son la estrella moderna, el significante más repetido por las madres del siglo XXI: ¡deberes!, ¡le ponen muchos deberes!, “no me hace los deberes”.

5. Segregar por competencia socio-económica ha sido un cuadro muy singular en la institución escolar. Reflejo de una sociedad de clases bien diferenciadas, ha usado de distintos mecanismos para este objetivo inconfesable de ser correa de transmisión de la organización social dominante y no de agente del cambio social. Mecanismos zafios en unos casos como el de separar por modos de vestimenta, el de diferenciar puertas de entrada, como otros más sutiles como la diferencia de trato y de castigo y premio. Pues bien, es evidente que el fracaso escolar golpea mucho más a alumnos pertenecientes a los estratos inferiores de la pirámide social.

6. Ocurre que el éxito escolar no lleva aparejado el éxito futuro[4]. Y que el fracaso escolar es sin embargo, la base del éxito económico de muchas gentes. Del “no se me daban los estudios”, “me puse a trabajar muy pronto”, a conseguir un éxito económico es una vieja historia, muy repetida en todos los tiempos. Pues bien, pareciera que lograr alejarse pronto del sistema educativo permite superar el techo que el entorno familiar y social pudiera corresponder. Ello nos plantea la pregunta de hasta qué punto la escuela buscaría el mínimo común para mantener el estatus de sometimiento al poder y mantener al máximo posible de sujetos en el nivel de la ignorancia. Una ignorancia buscada entonces a fin de perpetuar privilegios, ordenes, instituciones de dudosa credibilidad en nuestro siglo, diferencias abismales de distribución de la riqueza. Una ignorancia que permitiría mantener licenciados iletrados, masas frente al televisor, un nivel general de cultura lamentable para nuestra sociedad. Una sociedad que valoraría más el éxito económico que el intelectual, que abonaría gustosa más emolumentos a un economista que a un parvulista, y que entronizaría como modelos a imitar a los televisivos y famosos frente a los abnegados investigadores de ciencia.

7. La escuela fracasa en vivir de acuerdo a los avances de su tiempo e incorporarles, siempre llega con retraso. Un ejemplo en vivo y en directo lo hemos tenido con la irrupción de las nuevas tecnologías. Estudiantes avispados se prestaban a dar clases a la demanda de unos profesores de un Instituto extremeño a la salida de clase y extramuros de la escuela. Cuando la revolución tecnológica estaba en marcha, la escuela seguía con sus viejas fórmulas, mientras que allí afuera todo era ya diferente. Y encima con un comportamiento celoso, envidioso. Hoy, todavía asistimos al lamentable espectáculo de oposición, burla, competición, desprestigio por parte de responsables políticos y educativos de la institución escolar, del uso por parte de adolescentes y jóvenes de las Redes Sociales en Internet. Primero oímos hablar en términos de defensa y miedo, el ordenador era el demonio, quitaba tiempo, “en mi casa está prohibido”, y perlas de ese estilo, después: “que viene el tinti, el tonti, o como se llame, ¡peligro!” -para referirse al Tuenti-, y ahora ya juzgan inteligente incorporarse a las Redes Sociales, incluso como estrategia didáctica.

Y la Escuela 2.0 empieza a sonar junto al uso del ordenador en el aula, las pizarras electrónicas y el uso de lo audiovisual a profusión. Ni oír hablar aún de tablets, ni de e-books, cuando se sabe que si el objetivo de una escuela es preparar a los más jóvenes para su encuentro con la sociedad y el mundo, lo que ellos se van a encontrar es un mundo en el que no habrá apenas libros de papel, y en el que la brecha digital situará a un lado a un nuevo tipo de analfabetismo funcional.

8. Las políticas educativas confían en la educación para aliviar los problemas sociales, sean de violencia de género, de educación vial, de conducta alimentaria, embarazos no deseados, o de convivencia. Pero por un lado no alivian de carga lectiva y estas nuevas exigencias de preparación de los más jóvenes se abren hueco como pueden en la apretada agenda académica. Y por otro lado, terreno en el que los psicoanalistas podemos ser escuchados, desconocen que la educación no puede hacer nada frente a la pulsión, lo que le llevó a Freud a definir la educación como uno de sus tres imposibles junto a gobernar y psicoanalizar. Educar es imposible quiere decir que hay lo ineducable en el interior de cada uno de nosotros, lo que se resiste a entrar en los límites de lo que hace freno al goce, es decir a lo que no deja de insistir, lo que a la postre define nuestro ser, nuestro singular modo de goce, mucho más que nuestros pensamientos, nuestras lecturas o lo que comemos, vanos intentos de decir lo que somos. Somos lo que gozamos. Por eso los países de mejor nivel educativo como Finlandia permanecen a la cabeza en casos de violencia de género. Por eso en España aumentan los casos sin que la psicología cognitiva-conductual en el poder de los pasillos ministeriales dé respuesta más allá de crear ficciones jurídicas, de tirar de las campañas publicitarias, de sensibilización, de acudir a la escuela a organizar cursos, topándose una y otra vez con la cruda realidad del goce, de las condiciones de goce en las elecciones amorosas. Desconocer el tope del objetivo de toda institución que según Lacan no es otro que el de “refrenar el goce” significa alimentar los síntomas como plataformas de goce inasequibles al desaliento. El fracaso de las políticas educativas es pues estructural. Recurrir a lo que Lacan llamó ‘el credo de la imbecilidad’, los responsables educativos, para aliviar los efectos de un goce creciente a cielo abierto en el horizonte de recambio de la figura de un padre[5] del que se prescinde fácilmente sin apenas usar es recurso llamado al fracaso. Fracaso del que tampoco nadie quiere hacerse responsable cuando el retorno de esas campañas es más y más casos, más y más síntomas.

9. ¿Quién fracasa entonces en el fracaso escolar? No podemos robar la responsabilidad a cada sujeto, a cada alumno en las decisiones que toma, incluida la de fracasar, la de permanecer desatento, la de negar lo que ignora, la de decidir ser hiperactivo o molestar, o reclamar privilegios de extraterritorialidad, o la de hacer de la queja su pasión. Mucho menos, nosotros, psicoanalistas guiados por la enseñanza de Lacan quien nos mostró que en la locura se produce una decisión –insondable del ser- del sujeto. La decisión subjetiva, pues, del fracaso escolar ha de ser también encargada a cada alumno, en tanto vía de solución personal, que no global. Quiere esto decir que no hay que dejar en la estacada a alumnos que fracasan, privándoles de la verdad de su responsabilidad subjetiva que hay que mostrarles desde el primer minuto de su encuentro con el psicoanalista. Pero nunca, jamás, cuando se trata de alumnos con dificultades de aprendizaje. Señalaré la dislexia como ejemplo princeps. Un alumno disléxico presenta un serio handicap para el éxito escolar, es más, es un firme candidato al fracaso. Igualmente un alumno superdotado está cargado de razones suficientes en sus capacitaciones como para no verse obligado sino a elegir el fracaso como consecuencia de esa potencialidad incapaz de encajar en la vorágine escolar. Tampoco es posible responsabilizar a un sujeto de fracaso escolar si ha sido víctima de malos tratos, de abusos sexuales o de un trauma lo suficientemente obnubilador. Tampoco es responsable de su fracaso escolar el niño o adolescente enamorado, pues se sabe que el amor es una equivocación, una suplencia, pero un estado imposible de evitar. Los psicoanalistas no dejamos de sorprendernos de que apenas se indague en el estado amoroso de los niños, en sus momentos de desamor, en sus desenamoramientos, en sus amores “fou”, en sus flechazos y en su peculiar vivencia de un cuerpo que cambia a ritmo frenético. ¿Tan pronto se han olvidado los adultos y educadores de su propia infancia y adolescencia?

10. La salida al fracaso escolar con medidas como educación compensatoria, nuevos agrupamientos adecuados a cada nivel, postergar el tiempo de adquisición de aprendizajes -repetir curso-, aminorar el grado de cumplimiento de objetivos, multiplicar los responsables, introducir orientadores escolares, y otras medidas no han servido para disminuir las cifras de fracaso escolar cuanto al contrario de aumentarlas. Puestos a pedir, puestos a proponer soluciones, como todo el mundo de la educación ha puesto sobre la mesa sus recetas, nosotros los psicoanalistas pondríamos también las nuestras: la escuela está a falta del saber del psicoanálisis. Cuando un maestro se psicoanaliza, las cosas cambian. Cuando un orientador escolar está atravesado por la lectura del inconsciente, el suyo o por las ideas del psicoanálisis aplicado a la educación, algo cambia. Como en la salud mental los profesionales orientados por el psicoanálisis, en educación, como en servicios sociales, en enfermería, en el asesoramiento a los tribunales de justicia, el psicoanálisis que se orienta en Lacan tiene mucho que aportar.

Entre ello la lucidez de reconocer que tampoco el propio psicoanálisis es la panacea pues la cuestión está en la formación del psicoanalista que ha de producirse tan intensa y llevarse tan lejos como para saber que no hay posibilidad de tapón al agujero de la dificultad de vivir, y que el fracaso siempre lleva en sí unas gotas de éxito, o como estoy en Galicia diré que el éxito lleva siempre unas gotas de fracaso. O no.

Referencias:
1-. BENET, J., “Humor y fracaso”, en Cartografía personal, Cuatro Ediciones, Valladolid, 1997,p. 143.

2-. FREUD, S., “Contribuciones al simposio sobre el suicidio” (1910), en Obras Completas IV, RBA, Barcelona, 2006, p. 2416.

3-. FREUD, S., “Varios tipos de carácter descubiertos en la labor analítica” (1916), en Obras Completas IV, RBA, Barcelona, 2006, p. 2416.

4-. Mal de escuela, es una novela ejemplar en este sentido. Escrita por un alumno fracasado, ‘zoquete’, habla de su experiencia de exclusión, luego profesor. Igualmente se podría hablar de los fracasados que luego triunfaron en cualquier área humana. Ver PENNAC, D., Mal de escuela, De Bolsillo, Barcelona, 2009.

5-. Freud hará notar en “Sobre la psicología del colegial”, (1892), la relación entre padre y profesor.

From: http://aduriz.blogspot.com/search?updated-max=2011-01-13T10%3A17%3A00%2B01%3A00&max-results=10, con la amable autorización del autor.

5 de Junio de 2011

BOLETÍN ON-LINE nº 23. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". José R. Ubieto, José Luis Pardo, Irene Greiser, Rubén Panotto, Eugenio Castro.

11:55:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes


A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz

Freud inventa el psicoanálisis para dirigirse a ese elemento que la interdicción no logra resolver. Para él, el psicoanálisis es el lugar distinto al superyó que puede ofrecérsele a la civilización frente a la pulsión.

Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.

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Igualmente quedas invitado a visitar nuestro blog: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ y a hacerte amigo en Facebook de Servidumbres Voluntarias.

¡Buena lectura!

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¿POR QUÉ AMAMOS A NUESTROS LÍDERES?
José R. Ubieto
Desde LA VANGUARDIA, Tendencias / Domingo, 22 de mayo de 2011

El abuso de poder, por parte de los caudillos autoritarios, ha sido y es una constante en la historia de los pueblos. Lo que resulta más novedoso es la tendencia de algunos liderazgos, democráticamente legitimados, donde el abuso de poder alcanza incluso el ámbito sexual. En Europa, y en nuestro país, tenemos ejemplos muy conocidos y actuales de líderes imputados e incluso condenados por prácticas abusivas, sexuales o de corrupción económica y política. El rasgo común de estos líderes es el abuso, no el que tengan relaciones sexuales ilegitimas, pero consentidas mutuamente.

La paradoja es que estas prácticas en la mayoría de los casos, salvo los momentos puntuales donde aparecen denunciados, refuerzan su poder e incluso incrementan el apoyo de los ciudadanos. Muchos de ellos son conscientes de este hecho y se envalentonan y desafían a aquellos que les reprochan su actuación, a sabiendas que la publicidad de su abuso los hace más queridos por los suyos.

¿De qué pasta están hechos esos líderes que amamos? El escritor francés Étienne de La Boétie se refería en 1553 a las servidumbres voluntarias para describir el hecho de que “los tiranos cuanto más roban, más exigen, y cuanto más se arruinan y destruyen, más obtienen y más servidumbre obtienen”. Pero fue Freud en su “Psicología de las masas y análisis del yo” quien nos ofreció un análisis preciso de la función del amor al líder y la sumisión que comporta. Freud, al que no le faltaron ejemplos de dirigentes de su época, plantea dos características del líder: que dé la impresión de una fuerza considerable y que disponga de una gran libertad libidinosa. Un líder con esos atributos es amado por el pueblo porque permite a cada uno revestirse, en su servidumbre, de la fantasía de una omnipotencia “a la que no hubiese aspirado jamás”. Aquello que uno no puede conseguir –o que no sería capaz de realizar, aunque lo pensase- el líder lo efectúa por él.

Hoy vemos como algunos líderes actuales hacen de esa “libertad libidinosa” un rasgo personal destacado, sin pudor alguno. Su modo de satisfacción parece no regirse por los límites del humilde mortal y la exhibición de la opulencia y de cierta obscenidad es un dato básico de su estar en el mundo. Mostrar el lujo con el que viven los fortalece, a pesar de los “escándalos mediáticos”.

Freud percibió y adelantó algo que hoy es más verdad que nunca. Un líder capaz de hacer de la mediocridad, la vulgaridad e incluso el abuso, un estilo de mando, tiene asegurada la servidumbre de muchos ya que consigue que la realidad vital de esos sujetos, cercana a esa mediocridad, se eleve a un estatus de ideal de vida. Cuando el robo, la violencia, el desprecio por el otro, el abuso sexual, pasiones no ajenas a lo humano, devienen atributos de un líder, adquieren por ello una legitimación popular y aumentan considerablemente el carisma del jefe. Su estilo legitima las pasiones de sus seguidores aunque éstos no se atrevan a llevarlas a cabo.

De allí que la pasta de estos lideres no sea nada especial ni de un valor extraordinario. Basta que se trate de un personaje con una elevada sobreestimación de sí mismo, dispuesto a mostrar sus excesos, su consumo ilimitado, el impudor de su satisfacción. De esta manera obtienen la estima de aquellos que querrían parecérsele, salir de su miseria neurótica y gozar como él, sin culpa ni obstáculo alguno.

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NO ME HABLES DE OXFORD
José Luis Pardo
Desde Tribuna El País 01/05/2011

Por si fuera necesario, confieso de entrada mi admiración por universidades como las de Harvard, Yale, Cambridge, Oxford, Berkeley, París y otras, y añado que no solamente no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) reparo alguno en que las universidades españolas se parezcan a las de esa lista, sino que estaría encantado de que así fuera, como también me gustaría que España se pareciera en muchos otros indicadores a los países en donde residen esas instituciones.

Sin embargo, y por desgracia, a pesar de que el logro de este parecido fue una de las coartadas para su implantación, no tengo (ni he conocido a nadie que tenga) la impresión de que eso vaya a ocurrir con el Plan Bolonia -quien quiera darse un paseo por las universidades recién reformadas podrá ver que sus campus, incluso los nombrados "excelentes", siguen sin tener aún una atmósfera oxoniense, y que incluso son un poquito más cutres que antes y más parecidos a los patios de recreo de la ESO-; tampoco me parece que vaya a ser este el resultado de la aplicación de la burocracia delirante de las Agencias de Evaluación y del fascinante Estatuto del Profesorado que permitirá llegar a catedrático a base de ocupar puestos de gestión y con un cero en investigación (véase La universidad que viene: profesores por puntos, tribuna de J. A. de Azcárraga, en EL PAÍS del 3-3-2011). Finalmente, descreo también de que se vaya a alcanzar este objetivo practicando lo que el profesor José Montserrat, en una carta al director, llamaba acertadamente el "nacionalismo científico" defendido en estas mismas páginas por los profesores Ortín y Álvarez (No hay ciencia sin competición, EL PAÍS del 12-3-2011) y por todos los que nos marean con los famosos rankings de las mejores universidades del mundo.

Y no es que yo niegue la validez de estas clasificaciones: eso sería por mi parte tan estúpido como dudar de la eficacia del rating de la deuda por parte de las agencias de calificación del riesgo financiero, cuando veo la eficacia con la que disminuyen mi salario todos los meses. Pero así como los más de 3.000 firmantes del Manifiesto de economistas aterrados (Pasos Perdidos, Madrid, 2011) tienen dudas de que los mercados sean los mejores jueces de la solvencia de los Estados, yo también albergo algunas sobre la imparcialidad de esas clasificaciones, que guardan con la excelencia científica una relación parecida a la de la lista de Los 40 Principales con la calidad musical: nos dicen qué es lo que más se vende (y, en ese sentido, lo más competitivo), pero no siempre lo más vendido es lo mejor -espero que se me dispense de tener que argumentar exhaustivamente esta afirmación, acerca de la cual puede consultarse el instructivo Adiós a la Universidad, de Jordi Llovet (Galaxia Gutenberg, 2011).

Si nos llenan de admiración nombres como los de Oxford y Cambridge no es solo ni principalmente porque aparezcan en los primeros puestos de un hit parade del mercado del conocimiento que se publica desde hace cuatro días. Como señalaba Juan Rojo, para conocer la calidad de una universidad "no hace falta ningún formulario, ni el seguimiento del número de tutorías, ni el control del número de alumnos por clase. Ni siquiera hace falta usar la palabra Bolonia. Basta con atenerse a su prestigio científico reconocido". (El segundo principio de la termodinámica, EL PAÍS del 31-3-2011). Esa superioridad se debe, entre otras cosas, a la tradición que ha convertido a esas instituciones en lo que algunos llaman despectivamente "mausoleos de sabiduría", tradición que no hace reposar la excelencia solamente en llegar el primero a la meta (que no es precisamente el origen de la noción de "excelencia" que tan orgullosamente manejan hoy los partidarios del Espíritu Deportivo), sino ante todo en la autonomía del saber científico con respecto a los poderes económicos y políticos que siempre han tenido la tentación de controlar el conocimiento y de ponerlo a su servicio, siendo su independencia uno de los signos distintivos de las universidades desde que la ciencia se separó de la magia y de la teología.

Y este es uno de los motivos por los que me parecen preocupantes la confianza en la autorregulación del mercado del conocimiento mediante la libre competición -una creencia sobre la cual la actual situación económica mundial podría arrojar al menos algunas dudas- y la pretensión de sustituir las viejas universidades por nuevos "centros de producción de conocimiento". Pues, como señala acertadamente Simon Head en su comentario del último enero a El capitalismo académico y la nueva economía (Johns Hopkins U.P., 2011) en la revista de libros de The New York Times, lo que amenaza la calidad y la libertad académica de las universidades (incluidas Oxford y Cambridge) son los procedimientos de evaluación que hacen depender su continuidad y su sostenibilidad de parámetros fijados en términos extracientíficos, concretamente de la rentabilidad en la producción de conocimientos que tanto defienden los patrocinadores de los rankings universitarios, porque en este caso se corre el peligro de que -solo es un ejemplo- sean las empresas farmacéuticas las que decidan la orientación de la investigación en química orgánica o las Consejerías de las comunidades autónomas quienes determinen la dirección de los estudios de filología clásica. Por supuesto que puede uno defender, incluso por motivos patrióticos, ese modelo de producción competitiva para el mercado del conocimiento, pero quien lo haga debe admitir claramente que comporta la destrucción de las universidades ilustradas modernas tal y como las conocemos desde el siglo XVIII, del mismo modo que algunos dicen -basándose en clasificaciones completamente objetivas con respecto a la pujanza de los llamados "países emergentes"- que la democracia resulta poco competitiva en una economía globalizada.

En cuanto a las observaciones de psicología profunda y antropología fundamental sobre la esencia competitiva de la naturaleza humana con las que a veces se sazona esta polémica, su carácter puramente ideológico y vacío resalta claramente en el contraste entre la grandilocuencia de su retórica y la pobreza y confusión de sus argumentos (no se puede defender a la vez el carácter cooperativo y competitivo de la ciencia). Lejos de mí, en cualquier caso, la intención de minimizar el alcance del afán de gloria a lo largo de la historia de la humanidad: nunca faltaron guerras para atestiguar su inequívoca importancia. Pero si, a pesar de nuestros inveterados instintos bélico-deportivos, admitimos que no todo vale para ganar -pues el asesinato, la extorsión, el chantaje y la violencia son altamente competitivos y sin embargo los castigamos-, es que aceptamos que hay algo más importante que la competición misma, algo que es de otro orden que ella y a lo que ella debe someterse y que ha de limitarla, algo que los clásicos llamaban verdad, justicia y belleza (tres marías que, ay, tampoco van a salir en los rankings de la producción de conocimientos), algo que seguramente sigue pesando en el hecho de que, fueran cuales fueran los resortes psíquicos de los hombres que hicieron los descubrimientos correspondientes, todavía nos da un poquito de vergüenza decir que el teorema de Pitágoras, la ley de caída de los graves de Galileo o la teoría de la relatividad especial nos parecen admirables porque son muy competitivos.

Y es que la competitividad no deja de ser una relación entre los hombres. La ciencia, por el contrario, es primariamente una relación con las cosas que, por ser irreductible a las rivalidades humanas, puede a veces servir para hacer una paz digna entre mortales. Pero cuando la verdad acerca de las cosas se subordina a las ambiciones y rivalidades de los hombres, aunque ello suponga éxitos económicos o políticos a corto plazo, puede suceder que los puentes elevados bajo ese principio se derrumben al primer vendaval o que los edificios erigidos sobre esa base se vengan abajo dejando a la intemperie a sus habitantes, a pesar de haber ocupado en las clasificaciones mundiales un puesto tan glorioso como el de Lehman Brothers unos días antes de su quiebra, porque la naturaleza acaba sancionando -a menudo de forma poco diplomática- la miopía, la irresponsabilidad y la incompetencia de ese punto de vista tan deportivo.

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SER NOMBRADOS POR EL MANUAL, “SINDROME DE ALIENACIÓN PARENTAL”
Irene Greiser

Jean Claude Milner ubica a esta época no como la de vigilar y castigar sino como la de vigilar y controlar, y denuncia que la ideología de la evaluación en nombre del bien público se introduce en la salud mental con criterios de normatividad. Así se convierte en consigna política.

Si la ideología de la evaluación comienza con el papel del perito, haciéndose portavoz del sujeto reducido a su informe, hoy en día se ha sofisticado y ya ni es necesaria la voz del perito, porque el manual cumple ese papel.

Foucault, en su curso de 1975 “Los anormales” sitúa el giro que se produce en la psiquiatría cuando se separa de la cura para situarse en el plano de la higiene pública. A la clínica médica siempre le preocupó la salud de un paciente, no el universal de la higiene pública. Con el giro hacia la higiene se produce a su vez una redistribución de intereses: el médico deja de interesarse por el padecimiento del enfermo para interesarse en su peligrosidad. La figura del psiquiatra entra al servicio del control.

Si en un principio el poder del perito era otorgado para delimitar el terreno de la locura y el crimen, en la actualidad la alineación resulta ser un crimen: me refiero al síndrome de alienación parental.

Hay no sólo una diferencia diagnóstica entre síntoma y síndrome sino fundamentalmente una diferencia de orden ético: una que va de la mano de la psicología orientada por un delirio normativo que llevará a corregir el trastorno y otra es la ética del psicoanálisis que se orienta por el sujeto y lo preserva con su síntoma. Una, solidaria del bien público, y otra, de la singularidad del sujeto. Ese “sujeto supuesto salud”, conlleva a reducir a los sujetos al estatuto de cosas y hacer creer que se gobiernan solas. Eso es lo más cretino de las burocracias sanitarias, se sellan papeles, autorizados en un manual.

El síndrome de Sap (Síndrome de alineación parental) es una entidad nominalista que puja por ser incluida en el próximo DSM. Bajo una serie de conductas patrones se tipifica este síndrome como trastorno, aludiendo a la alineación sufrida por un niño por parte de uno de sus progenitores en contra del otro. Esto es considerado como síndrome de Sap.

No se trata tan sólo de la patologización de la conducta, sino del paso siguiente, que es su judicialización. Porque en sí mismo el código penal no cuenta con ley alguna que prohíba al sujeto estar alienado, ser agresivo o vulnerable.
El sap se inscribe como la respuesta sintomática de las mismas burocracias sanitarias y es otro de los nombres del delirio de normalidad.

Es un nominalismo que se inserta como modo de regulación del exceso que las mismas burocracias de la salud mental han generado con el empuje a la denuncia de los derechos avasallados del niño maltratado, abusado, vulnerado, etc. El niño entró a formar parte de la epidemia de juicios: denunciar a los padres, maestros, buscar al culpable cuando nadie se hace responsable. El niño que era víctima de abuso ahora entró en el banquillo del acusado, acusado de alienado.

Para el psicoanálisis no hay sujeto sin síntoma y el síntoma, no es un déficit ni un trastorno a corregir sino el modo particular que cada sujeto tiene de gozar del inconciente, y la alineación es de estructura. Es justamente ese “tú eres” que le viene del Otro aquello que le permite establecer un lazo.

Dos operaciones dan cuenta de las relaciones entre el sujeto y el Otro: una es la alineación y otra es la separación. El primer Otro encarnado en las figuras parentales nombra al sujeto con un tú eres. Ese tú eres niño bueno, tú eres mi compañera, tú eres mi salvador, responde al modo singular en que cada sujeto queda alienado al campo del Otro, y da cuenta de una servidumbre voluntaria a ese Otro que marca una singularidad que escapa a cualquier manual.

El orden de la ley y el orden de hierro
¡Algo ha cambiado!… En la época de Freud, Dora denuncia a su padre por tener una amante pero esa denuncia no se la hace a un juez sino a Freud. Juanito también protesta por el declive de la autoridad de su padre y le pide que se enfade si duerme con su madre. Por supuesto que Juanito también estaba alienado al deseo materno y por eso mismo hace una fobia. Pero ningunos de estos síntomas eran llevados a los juzgados. Otra es la situación actual. El nuevo orden simbólico queda a discreción ya no de los jueces sino de un orden burocrático que penaliza a los ninos alienados. El orden simbólico regulado por un padre cuyo deseo no es anónimo, hoy es sustituido por un nuevo orden burocrático del manual: ni la ley del padre, ni la ley jurídica. El régimen del no que la ley introduce está en declive, en ese mismo lugar se inserta el orden del manual o al arreglo entre las partes.

El ordenamiento del goce subsidiario de la triangularidad edípica cada vez esta siendo más ocupado por el Estado. La invención de dispositivos por parte del Estado para regular los desbordes pulsionales da cuenta del impasse ético. Los Comités de ética, mediaciones y evaluaciones periciales responden a este nuevo ordenamiento que suplen al reino del Uno.

El síndrome de Sap forma parte de ese nuevo nominalismo, asumido por lo social. Se trata de una modalidad burocrática subyacente al discurso universitario. La tiranía del saber de los manuales tambien son nuevos simbólicos, pero ese simbólico no representa a un sujeto, sino que produce su forclusión. Hay una relacion entre causa y consentimiento: la causa viene del otro pero el consentimiento es del sujeto, porque el sujeto niño también puede rechazar lo que le viene del otro.

La ley del padre universaliza para todos la misma solución. Pero ese orden sujetaba el deseo a una ley. El régimen de la ley no es el de la norma, ni el del acuerdo entre las partes. Si bien es cierto que la autoridad del padre está en declive, ¿es acaso una solución que se homogenice la posición de los hijos con los padres? Los hijos pueden recurrir al juez, se pide y se busca responsables por todas partes. Lacan denominó a esto la era del niño generalizado.

El régimen de la alienación del tú eres declina conjuntamente con el orden del discurso amo, y ese tú eres es sustituido por otro ordenamiento que es de hierro, porque no anuda al sujeto a ley del campo del Otro. Bajo el supuesto de normalidad regido por la tiranía del manual se sustituye el tú eres.

En el seminario 21 clase del 19 marzo Lacan introduce la función del ser nombrado para, aludiendo a una función que asume lo social en el lugar de la función del padre. Aclarando también que es el signo de una degeneración catastrófica. Resulta interesante destacar el carácter de esa sustitución: lo sustituido no es un subrogado paterno, sino que es la función misma del padre la sustituida por otra función que asume lo social que Lacan denomina “Nombrar para”. “Si lo que se sustituye es un elemento pero se conserva la función, también se conserva un orden, pero al sustituirse una función por otra hay una alteración en el orden. Al nombre del padre se le sustituye otra función, con un orden que sustituye al nombre del padre en su función de lazo”.

Querer sustituir esa servidumbre voluntaria constitutiva del sujeto por el ser nombrado por un manual es uno de los signos de degeneración catastrófica vaticinado por Lacan. El S1 que representa al sujeto lo hace para un S2, esa es la estructura constitutiva y alienante. El saber que se produce en un análisis se obtiene por el amor de transferencia .

Tú eres un Sap, tú eres violento no es un significante que anude al sujeto al Otro.
Ese tú eres le es dado por un manual de hierro y el DSM, es uno de los nombres de ese orden de hierro.

Bibliografía
J.A.Miller y E. Laurent “El Otro que no existe y sus Comites de Etica” . Ed Paidos
J. A Miller y J. C. Milner “Desea ud ser evaluado”. Ed. Miguel Gomez Ediciones
J.C.Milner La política de las cosas” . Ed
E. Laurent “El delirio de normalidad”
J. C. Indart Cursos dictados en la Eol
Irene Greiser “Delito y trasgresión “, un abordaje de la relación del sujeto con la ley”
Foro Madrid “Servidumbres Voluntarias”.

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AMARRADOS TECNOLÓGICAMENTE
Rubén Panotto
(Desde “El Litoral”, 29 de mayo de 2011. A sugerencia de Belkys Josefins Bracesco, Santa Fe, Argentina)

Quien tiene BlackBerry tiene Twitter. El primero es una computadora de bolsillo y el twitter una herramienta que permite emitir mensajes de acceso público. Cualquiera puede acceder y hacer seguimientos en forma anónima. Lamentablemente la aplicación más generalizada y siniestra la están llevando a cabo los funcionarios públicos y personajes muy conocidos, para defenestrar -a veces con lenguaje vulgar y grosero- a propios y extraños tan sólo con fines políticos y mezquinos, exponiéndose sin reservas a que las nuevas generaciones imiten sus bastardos procedimientos. Es apropiado mencionar también el uso atávico de celulares, como ese nuevo adminículo que llamamos blackberry. He recibido información sobre el significado de ese término, lo que transmito por considerarlo pedagógico: en Estados Unidos a los esclavos nuevos se les sujetaba una bola negra de hierro muy irregular con una cadena amarrada al pie para que no escaparan de los campos de algodón. Sus amos llamaban blackberry a esa bola que se asemejaba al fruto denominado mora. Ése era el símbolo antiguo de la esclavitud, que suponía que el sujeto estaba forzado a permanecer en esos campos sin poder escapar de su trabajo. En estos tiempos, a los empleados no les amarran una bola de hierro, en cambio -dice tal informe- se les otorga un blackberry para quedar inalámbricamente amarrados a su trabajo todo el tiempo. Así, cada uno de ellos no tiene manera de decir que no le llegó o no escuchó una llamada, porque ese chismoso aparatito avisa si abrió sus correos, marca citas y horarios, se apaga y enciende solo, mientras su familia e hijos le reclaman por falta de atención. En la actualidad, millones de personas están atadas a ese sistema virtual de esclavitud. Claro está -y cabe la salvedad- que bien utilizado es una herramienta idónea, casi maravillosa, para sobrellevar los altos decibeles de actividad del siglo XXI.

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Bibliografía razonada
SUMISIONES VOLUNTARIAS, de Gabriel Albiac. Edit. Tecnos.
Eugenio Castro

El filósofo G. Albiac, el de “La sinagoga vacía”, ha finalizado su docencia universitaria en 2010. Este libro recoge las Lecciones de Filosofía de la Historia del curso 2005. Recorre bajo en título “Sumisiones voluntarias” las servidumbres que van desde Maquiavelo- Guicciardini, La Boetie-Montaigne, Pascal, Spinoza.

Todos estos sabios del poder político son para Albiac “la invención del sujeto político”.

1.- En Maquiavelo y Guicciardini cómo mantener el poder del Estado forzando a que los sujetos se sujeten bien a él, que la virtud se considere en su etimología: La fuerza. Es el arte de forzar la sumisión voluntaria de lo que hoy llamamos ciudadanos. Monarquía fuerte o República fuerte tanto da, pero no un híbrido de ambas que no funcionará.

Para establecer ese Estado las guerras ayudan porque son el orígen de la unidad del Estado. Una invención regulada de un enemigo ayuda a esta unidad. Esto leyó Carl Schmitt en Maquiavelo el padre de la teoría política moderna.

2.- El siguiente autor La Boetíe, trata de cómo liberarse de las servidumbres simplemente dejando de sostener a los ” Maestramos”, ir contra Uno. “El poder que el gobernante ejerce sobre los gobernados no es otra cosa que el poder que los gobernados ejercen contra sí mismos”(Albiac). Como el poder del gobernante no reposa sino por la cesión que el ciudadano efectúa en él, la pregunta por qué el sujeto inventa un Maestramo para arruinar su vida. Si los ciudadanos dejaran de soportar al Maestramo éste dejaría de ser amo. Los ciudadanos son la peana que sostiene la estatua de Maestramo, basta que decidan dejar de ser peanas para que el Maestramo se hunda. Lo estamos viendo en África de Norte estos meses. El problema que su caída a veces no es tan románticamente pacífica y hace falta una guerra. Libia no está siendo Túnez o Egipto. La pregunta para nosotros incide sobre el por qué los sujetos prefieren sufrir pudiendo decir no. Lo escuchamos todos los días en los divanes, no tenemos más que escucharnos a nosotros mismos en ese mismo diván porque hay síntomas para todos los gustos y consentir la servidumbre es uno de ellos.

3.- Paso por encima de Pascal porque el tiempo apremia.

4.- Quiero darme de bruces con Spinoza, el judío de orígen bugarlés pues que su familia procede de Espinosa de los Monteros de donde escapó a Portugal y después a Amsterdam huyendo de una servidumbre insoportable. Lo que anota Albiac es como su Tratado Político no es sino la puesta en práctica de su Ética en donde el deseo es la fuerza para hacer algo y persistir en su ser de deseo. Aunque el sujeto trata de imponer el deseo singular a los otros a quienes queremos hacer a nuestra imagen, puede obtener más libertad en su asociación a otros deseantes en un Estado que si es democrático estará basado en la libertad de opinión, en la acción colectiva y orientado a la superación de la servidumbre y una paz positiva. No cualquier paz pues que los ciudadanos estarán armados. No una paz que sea sólo ausencia de guerra por temor ni una paz de ciudadanos apáticos gobernados como borregos que sería una servidumbre consentida.

4 de Junio de 2011

BOLETÍN ON-LINE nº 22. II FORO: LO QUE LA EVALUACIÓN SILENCIA "Las Servidumbres Voluntarias". Germán Cano, Mª Eugenia Insua, Juan Carlos Tazedjián, Fernando Martín Aduriz, Zacarías Marco.

11:52:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Madrid, Sábado 11 de junio de 2011. Círculo de Bellas Artes


A-FORISMO
Paloma Blanco Díaz

El psicoanálisis como factor de la política permitiría inaugurar una experiencia menos pobre, un nuevo tratamiento, distinto de la segregación y el odio, de los tres nombres de la imposibilidad.

Estimado lector, confío en que el contenido de A-FORO te resulte atractivo y estimulante.

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Igualmente quedas invitado a visitar nuestro blog: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com/ y a hacerte amigo en Facebook de Servidumbres Voluntarias.

¡Buena lectura!

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LA POLÍTICA PARALIZADA POR EL MIEDO
Germán Cano

Desde http://www.elpais.com/articulo/opinion/politica/paralizada/miedo/elpepiopi/20110513elpepiopi_11/Tes
¿Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo ¡Indignaos!, del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un best seller en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante: ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del compromiso ciudadano?

A la vista de esta cuestión, ciertos acontecimientos como el resurgir de la ultraderecha en toda Europa, la movilización del Tea Party en Estados Unidos o las altas expectativas electorales creadas por Marine Le Pen en las últimas elecciones cantonales francesas revelan un inquietante fenómeno: parece como si en momentos de crisis sólo la derecha tuviera la capacidad de canalizar la afectividad política, mientras que la izquierda solo supiera administrar.

¿Por qué cada vez más ocurren rebeliones y protestas violentas carentes de todo mensaje ideológico y basadas en un vago resentimiento? Posiblemente, porque hoy, en nuestro marco postpolítico y postideológico, la indignación no acierta a invertir sus movimientos reflejos en un marco narrativo inteligible. Al carecer de una cartografía cognitiva, la cólera explota en un acto políticamente sin sentido, tan ciego que atenta a veces incluso contra su propio perpetrador.

Es aquí donde, salvando ciertas distancias, resulta pertinente volver la mirada a ese singular laboratorio de crisis que fue la República de Weimar. De ese escenario, en el que Hitler supo sacar ventaja buscando chivos expiatorios, actualmente el neopopulismo derechista extrae sus oportunistas lecciones. Una de ellas es no temer caer en flagrantes incoherencias con tal de jugar en todos los tableros. No en vano Jean-Marie Le Pen se definía como un político que se encontraba "socialmente a la izquierda, económicamente a la derecha y, siempre, con Francia en el centro de sus pensamientos".

En primer lugar, cabe señalar que el problema económico de la República de Weimar se cifraba en la preponderante influencia especulativa del capital financiero sobre la esfera productiva. Cuando la burbuja de Weimar, mantenida artificialmente por Wall Street, explotó tras el hundimiento de la Bolsa norteamericana en 1929, los efectos no tardaron en percibirse. El recorte del gasto público y la eliminación de la financiación del sistema de cobertura del desempleo, una de las conquistas de la segunda fase de la República, generaron un clima de desafección radical hacia la clase política y un cinismo desilusionado sobre los que no tardó mucho en encender la mecha el populismo demagógico.

En concreto, un debate interesante para nosotros fue el de saber qué plan de acción podía ofrecer la izquierda para contrarrestar el creciente malestar de las precarizadas clases medias. Aquí el peligro estribaba en recaer en una estrategia dogmática de clase incapaz de tender puentes entre los "diferentes mundos". La buena aproximación pasaba por diseñar un programa no orientado a acelerar la crisis -el "cuanto peor, mejor"- ni, desde luego, a proponer soluciones de cirugía radical nacionalista.

En su ensayo Los empleados, Siegfried Kracauer mostraba así cómo la proletarización de las clases medias no conducía en ellas a ninguna conciencia crítica sobre el mapa general, sino al movimiento nacionalsocialista. Walter Benjamin, por su parte, investigaba cómo los individuos sacudidos por las conmociones sociales se veían obligados a anestesiarse en masa bajo la estética del espectáculo o la vigorexia deportiva para mantener cierta ortopedia narcisista. Bajo el shock, las facultades sensoriales dejaban de estar en contacto con la realidad y pasaban a ser un medio de defensa. Compárese la escenografía del Triunfo de la voluntad, de Leni Riefenstahl, donde se esconde toda vulnerabilidad, con la mirada de Chaplin al cuerpecito vapuleado en la cadena de montaje para apreciar cómo esta atrofia de la experiencia conducía a conclusiones políticas opuestas.

En plena crisis, Benjamin utilizó la expresión "melancolía de izquierda" para definir esta situación de parálisis. Si en esta situación de desmoronamiento de valores, la cólera experimentada tras el "engaño" político se canalizó mejor por la demagogia derechista fue, entre otras razones, por la ineptitud de una izquierda que, aferrada a planteamientos economicistas, entregó al enemigo la pedagogía sobre el campo expresivo. Absteniéndose de luchar en el terreno en el que aún se podía urbanizar políticamente la cólera y evitar su explosión en resentimiento, esta dejación nos ilustra para comprender lo que ocurre hoy cuando una racionalidad tecnocrática limitada a lo administrativo, cede el espacio de lo político y la indignación a los sectores reaccionarios.

Allí donde Benjamin y Kracauer, golpeados por el shock de Weimar y sus consecuencias regresivas y anestésicas, cartografiaron el alcance psicosocial de esta pérdida de experiencia, Naomi Klein ha tratado en los últimos años de investigar la relación entre el capitalismo neoliberal y los desastres naturales o políticos. No debe subestimarse esta comparación entre épocas: la privación sensorial e histórica de nuestra experiencia del mundo desemboca no pocas veces en un estado de desorientación en el que el individuo se siente tentado de buscar un amo al que pueda ceder voluntariamente su libertad.

En este sentido, Klein ha puesto de manifiesto cómo la nueva lógica del mercado diseñada por los Chicago boys se adapta como un guante al shock. En este telón de fondo privilegiado, las crisis sirven para imponer a las sociedades aún sumidas en un estado de conmoción nuevas privatizaciones y políticas de corte neoliberal. La imposición de esta dinámica, alérgica al intervencionismo estatal keynesiano, es facilitada cuando lo que allana el camino a la misma es algún tipo de cataclismo. Asimismo, la "intoxicación" del entorno de solidaridad, puesto bajo sospecha con la crisis, y la creación artificial de una atmósfera de miedo obligan a la población a hacer tábula rasa y blindarse frente al contexto social.

"A lo único que debemos temer es al miedo mismo". Tras la crisis de 1929, en su discurso de toma de posesión de 1933, el presidente de EE UU., F. D. Roosevelt pronunció estas famosas palabras. Hoy, no puede dejar de resonar su mensaje en un momento en el que la izquierda parece paralizada por el miedo, incluso por su miedo al miedo de la gente. La amarga lección de la República de Weimar para la tradición social de izquierdas fue comprobar que nada podía obtener del "cuanto peor, mejor". También los discípulos de Milton Friedman están de acuerdo. Como dijo el maestro: "Sólo una crisis -real o percibida- da lugar a un cambio verdadero. Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelve políticamente inevitable".

Sirviéndose del famoso cuento de Edgar Allan Poe, Un descenso al Maelström, el sociólogo Norbert Elias describe el tsunami provocado por los momentos críticos como un singular círculo vicioso. Este "doble vínculo" se desarrolla entre un peligro extremo y una intensa carga emocional susceptible de oscurecer un conocimiento cartográfico del acontecimiento. Esta oscilación entre el pánico y la anulación de la voluntad de saber es la que impide reaccionar de manera adecuada a la desorientación. Según la narración, de los tres hermanos que se encuentran en el centro del Maelström, sólo el más pequeño es capaz de sobreponerse al shock que le atenaza y hacerse un mapa general del movimiento sísmico. Sólo él es capaz de sobreponerse al compromiso precipitado por la catástrofe. Sólo quien tiene la habilidad de no dejarse llevar puede idear estrategias para salir del marasmo.

En este sentido, habría que matizar el recurrente mantra de que la derecha española actual no tiene programa; es que no necesita mapas: sólo confía en el shock.

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¿QUÉ SERVIDUMBRES EN LA PARENTALIDAD? LA PALABRA PROPIA FRENTE A LAS SERVIDUMBRES VOLUNTARIAS
Mª Eugenia Insua

Acaba de ser aprobado en la comunidad de Valencia una ley, la ley de custodia compartida impuesta, tras una separación matrimonial, como opción preferente cuando no hay acuerdo entre las partes. Ha sido aprobada en otras comunidades y se anuncia que la próxima será Galicia.

Es un fenómeno contemporáneo pedir al derecho que regule la institución familiar, donde la parentalidad ha sustituido, ha reemplazado la diferencia, borrando la asunción paterna y materna diferenciadas

La parentalidad se ha impuesto y con ello una vigilancia respecto de los abusos de los cuales el niño puede ser víctima, por eso nunca ha habido tanta preocupación por los derechos del niño.

Las asociaciones de padres como “SOS-Papá” reivindican que cuando no hay acuerdo, se imponga por ley la custodia compartida, aludiendo al llamado “Síndrome de alienación parental”, “S.A.P”, donde aluden al rechazo del hijo hacia un progenitor como consecuencia de la “programación” que el otro progenitor hace en ellos, concibiendo al niño sin palabra propia, reduciendo la cuestión subjetiva y de sufrimiento a un síndrome.

Este nuevo término, SAP se aplica para dar sentido y encasillar, donde el niño se vuelve ejemplar de una clase. Dicho síndrome no han logrado inscribirlo en el DSM-IV. Además el consejo general del poder judicial aconseja no sea admitido el S.A.P. en los casos de discusión de la custodia compartida. Las asociaciones de mujeres, como la asociación de mujeres juristas: “Themis” denuncian la custodia compartida impuesta, como intimidación, proponiendo solamente la custodia compartida si hay acuerdo, nunca dictada por un juez.

Hasta el momento, tras la ruptura matrimonial la custodia era compartida, si había esa voluntad por ambas partes. La novedad es que ante el desacuerdo, ¿se impone el compartir?

Es la lógica del universo moderno, por un lado, un intento de inventar nuevas formas de autoridad a través del imperativo de un poder impersonal y exterior y, por otro, una tendencia de la ley hacia lo contractual que descansa en la igualdad de las partes. En este caso estableciendo por ejemplo que el tiempo de estancia con uno y otro progenitor se repartirá en una proporción cercana al cincuenta por ciento. El contrato está vinculado con la evaluación, de modo que lo que en él no está expresamente permitido, no está permitido en absoluto. Sin embargo “la ley funciona tanto por su silencio como por lo que no dice” (1) dejando quizás lagunas que permitan su interpretación, permitiendo lo no expresamente prohibido. “El silencio de la ley es lo que la hace funcionar”(2).

Desde el psicoanálisis se trata de poner al niño a distancia del ideal familiarista. No se trata de hacer la ley en el lugar del legislador, pero si el psicoanálisis puede proponer otra operación que toque lo real por la palabra, una palabra en condiciones de vehiculizar el deseo como defensa frente al goce, una palabra singular. Privilegiando el caso por caso, lo no generalizable. “La evaluación ha elegido el peritaje, al elegir el peritaje, elije el control, al elegir el control abandona el sufrimiento a su suerte”. (3) No hay peritaje del sufrimiento, porque el sufrimiento sólo existe a través de la palabra propia y eso no se controla y no se evalúa.

“El psicoanálisis desde que nació, ha elegido la vertiente del sufrimiento contra la vertiente del control” (4), que en el caso del desencuentro familiar consistirá en posibilitar una interrogación del niño y del progenitor sobre su malestar, en posibilitar elaboraciones de lo que está en juego en el desencuentro, elaborando versiones del goce que encuentran en las nuevas situaciones. Cada caso conviene tratarlo de forma particular, abordando la particularidad de cada historia, implicando siempre la responsabilidad del sujeto.

Si “com-partir” la custodia se impone desde un poder exterior, impersonal y contractual, puede llevar a la servidumbre de “partir” la vida del niño a modo de juicio salomónico, porque cuando el sujeto se borra, el super-yo toma el lugar.

Notas
(1) J-A Miller.y J-C Milner“¿Desea usted ser evaluado? Miguel Gomez Ediciones
(2) Idem
(3) J-C. Milner . “La politica de las cosas”. Miguel Gomez Ediciones.
(4) Idem.


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LOS MEDIOS Y LA EVALUACIÓN DE LA CRISIS
Tazedjián

Comentando el artículo de Silvia Angulo y Raúl Montilla en La Vanguardia desde http://www.lavanguardia.com/vida/20110324/54132307418/la-crisis-condena-a-mas-de-50-000-familias-en-catalunya-a-quedarse-sin-casa-al-no-poder-pagar-la.html
“Según el secretario general de la Associació d'Usuaris de Bancs i Caixes de Catalunya, Jofre Farrés, la situación en la que están estas familias las conduce a la exclusión social. “Se convierten en morosos de por vida y se les puede embargar el suelo. No podrán ir a vivir a un piso de alquiler por la deuda contraída”, advierte. Ada Colau, de Afectados por la Hipoteca, aclara que “no son personas que no quieran pagar, es que no pueden”. Colau reclama la dación en pago y que los afectados por esta situación puedan continuar en la vivienda pagando un alquiler al banco.”

El artículo describe una serie de casos dramáticos de personas que están a punto de quedarse “sin casa”.

Negar la realidad de la crisis financiera de Europa- y de España en particular- sería, al menos, de ingenuos. Pero es de dominio público que muchos de los que “no pueden” pagar la hipoteca, son quienes han decidido voluntariamente- en tiempos de las “vacas gordas”- especular comprando 3 y 4 propiedades (hablo de trabajadores, no de especuladores profesionales). Ahora no es que se queden “sin casa” sino sin casas, sin las ganancias que esperaban obtener.

¿Reflejan -tanto la estadística como los comentarios “humanitarios”- esta situación? ¿No silencia la famosa “crisis económica” otras crisis que la potencian? La sociedad de consumo no es una sociedad de “malos” que venden y “buenos” que consumen. La hipoteca no es la única deuda a pagar, sino también el sometimiento superyoico a las leyes neoliberales del mercado.

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'MAL DE ESCUELA' CON 'LA PSICOLOGÍA DEL COLEGIAL'
Fernando Martín Aduriz

"A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro". A fuerza de oírlo. El nombre que le habían dado era el de 'nulidad escolar'.

Así es como Daniel Pennac en Mal de Escuela, introduce la cuestión de la nominación y del efecto que produce en los jóvenes, en los adolescentes, en los alumnos en general cuando tras ser evaluados, son adscritos a un lugar del que ya no podrán salir.

Una vez son nombrados como 'gentuza', tal y como relata Lacadée en El despertar y el exilio, refiriéndose al nombre que recibieron los jóvenes franceses de la periferia –“no son jóvenes, son gentuza”-, otras veces quienes molestan en clase son etiquetados como alumnos con TDHA tras un breve cuestionario de evaluación que permite encontrar ese nombre de moda, otras veces, en fin, como a autor de Mal de escuela, simple nulidad escolar. En todos los casos ya no resta sino saber identificarse a ese lugar.

Todo el texto Mal de escuela es el relato de una nulidad escolar que afirma con lucidez que los chicos, como dice, no pueden vivir sin pasión, despliegan la pasión del fracaso.

Lo que en nuestro tiempo se denomina fracaso escolar confunde la precisa diferencia entre enseñanza y educación. Mientras que la primera pone el énfasis en los aprendizajes, la segunda persigue el desarrollo del ser. Reducir la educación a la enseñanza comporta igualar la mala educación con los resultados académicos.

Pero sobre todo, en los últimos tiempos, supone fiarlo todo a los resultados, a la evaluación. Supone crear una frialdad en el trato, un utilitarismo, un uso del profesor como una herramienta, y una voracidad por no por la cooperación sino por el éxito, que lleva a algunos padres en USA a lo que un autor, (Sandel, Contra la perfección) llama la hiperpaternalidad, lo que les conduce a esconderse en los Colegios Mayores por la noche para ayudar a sus hijos a aprobar el examen de selectividad. O el ejemplo de la feroz lucha en China por aprobar ese examen selectivo llamado Gao Kao que marcará el destino de un alumno.

Atrás quedaron las palabras de Freud en 1914, en su texto “Sobre la psicología del colegial”, referidas al vínculo educativo, a la relación con los maestros: "Los cortejábamos o nos apartábamos de ellos, les imaginábamos simpatías o antipatías probablemente inexistentes, estudiábamos sus caracteres y sobre la base de estos formábamos o deformábamos los nuestros. Provocaron nuestras más intensas revueltas y nos compelieron a la más total sumisión; espiábamos sus pequeñas debilidades y estábamos orgullosos de sus excelencias, de su saber y su sentido de la justicia. En el fondo los amábamos mucho cuando nos proporcionaban algún fundamento para ello; no sé si todos nuestros maestros lo han notado. Pero no se puede desconocer que adoptábamos hacia ellos una actitud particularísima, acaso de consecuencias incómodas para los afectados. De antemano nos inclinábamos por igual al amor y al odio, a la crítica y a la veneración."

Freud despliega en ese breve texto la idea de que los maestros heredan en sí la figura del padre, y que tarde o temprano se vuelca en ellos la ambivalencia de sentimientos que otrora se deslizó sobre el propio padre, y añade: "si no tomáramos en cuenta lo que ocurre en la crianza de los niños y en la casa familiar, nuestro comportamiento hacia los maestros sería incomprensible; pero tampoco sería disculpable."

Quizá buena parte de los líos y conflictos de la convivencia en los Centros Educativos actuales se solucionarían echando un vistazo a este bello y breve texto freudiano. De hecho pueden leerse cual Kant con Sade estos dos libros de la Bibliografía para nuestro próximo Foro, Mal de escuela con Sobre la psicología del colegial. El segundo da la verdad del primero. Cuando un maestro no está situado en la correcta posición de Otro, preservando un lugar vacío, no confundiéndose con la ley, sino representándola, prestando su cuerpo para que sus alumnos vuelquen allí sus rabietas, temores, rebeldías, y cariños. Si un maestro se coloca como otro, en el eje imaginario y rivaliza de tú a tú con sus alumnos, o trata de ser un par más, un colega, un amigo, se topará con el retorno de lo peor, con la crueldad de los efectos de grupo, y se habrá puesto como diana para recibir los palos destinados a los padres dimisionarios de su función simbólica.

Un empuje destructivo
En el texto de presentación del Foro, Mercedes de Francisco habla de empuje destructivo como consecuencia para los sujetos que se encuentran constantemente evaluados y salen perdiendo de tanta comparación, como suelen decir. Pues bien en Mal de escuela, la autodestrucción se palpa, como cuando el padre del protagonista le dice: “Ah, Daniel, había olvidado por completo decírtelo, el suicidio es una imprudencia”.

Freud hablará en otro texto, Simposium sobre el suicidio, de que todo púber tiene derecho a detenerse: "La escuela nunca debe olvidar que trata con individuos todavía inmaduros, a los cuales no se puede negar el derecho de detenerse en determinadas fases evolutivas, por ingratas que éstas sean. No pretenderá arrogarse la inexorabilidad de la existencia; no querrá ser más que un jugar a la vida".

Entonces, casi mejor para nuestros adolescentes y jóvenes el ejercicio del derecho a detenerse, suspender, la pasión del fracaso, repetir curso, dejarse evaluar lo justo, buscar el propio camino, investigar qué es lo que se desea, y por supuesto vivir con distancia los efectos de la nominación -hoy en medio de la #spanishrevolution muchos hemos decidido ser también “perroflauta”, el último ejercicio de nominación-, vivir con ironía esas nominaciones, antes que aceptar servidumbres, paso previo a la aceptación de toda tiranía."A fuerza de oírlo me había hecho una representación bastante concreta de mi vida sin futuro".

BIBLIOGRAFÍA
-. FREUD, S. (1914), 'Psicología del colegial'.
-. FREUD, S. (1910), 'Contribuciones al Simposio sobre el suicidio'.
-. LACADÉE, Ph., (2007), El despertar y el exilio.
-. PENNAC, D. (2007), Mal de Escuela.

***

BIBLIOGRAFÍA RAZONADA
LA DIALÉCTICA DEL AMO Y EL ESCLAVO EN FIN DE PARTIDA, DE SAMUEL BECKETT.
Zacarías Marco
1. Referencias filosóficas.

Desde el campo de la filosofía creo que fue Günter Anders el primero que se refirió a la dialéctica del amo y el esclavo en Beckett, a propósito de su primera obra de teatro, Esperando a Godot. Pero va a ser en su segunda obra escénica, Fin de partida, estrenada en el año 1957, donde el escritor irlandés desarrolle esta dialéctica hasta convertirla en su eje central. Sólo cuatro años después apareció un extenso trabajo de Adorno titulado “Intento de entender Fin de partida” (1), texto de indudable valor histórico pero que no termina de sortear ciertos malentendidos en cuanto al problema del sentido. Adorno habla de una “ausencia organizada de sentido”, dice que “por eso la interpretación de Fin de partida no puede perseguir la quimera de expresar su sentido por mediación de la filosofía”, y concluye: “entenderla no puede significar otra cosa que entender su ininteligibilidad, reconstruir concretamente la coherencia de sentido de lo que carece de él”.

Desgraciadamente volvemos a encontrar un problema similar en el reciente trabajo del filósofo alemán Christoph Menke, El estado de la disputa, literatura y sociedad en Final de partida de Samuel Beckett (2) cuando afirma, por ejemplo, que “sus diálogos no comunican sentido alguno, sino que siguen un movimiento que se aleja del sentido”. Menke sigue la postura de Adorno y la enriquece considerablemente al pasar de la problemática social a la de los discursos, el del amo y el del esclavo, dos maneras afrontar la comunicación. Hace afirmaciones interesantes como, por ejemplo, que “la no autonomía que retiene a Clov en el lugar del esclavo es algo que el propio Clov produce mediante la prosa de su lenguaje”, pero, sin embargo, su deriva interpretativa hablando de oposición entre poesía tradicional y prosa de vanguardia se aleja del texto y termina eludiendo la problemática que aquí nos interesa. Por último, afortunadamente contamos con un reciente libro de Alain Badiou, Beckett. El infatigable deseo (3), con sugerentes desarrollos sobre la escena del ser, la manera beckettiana de hacer estallar el cogito cartesiano, y sobre la dialéctica del amo y el esclavo (aunque no referidas a Fin de partida).

2.Hamm y Clov.
Pero dejemos que sea Beckett quien presente el problema:

Hamm: ¿Por qué permaneces conmigo?

Clov: ¿Por qué me retienes?

Hamm: No hay nadie más.

Clov: No hay ningún otro empleo.

Hamm: Sin embargo, me abandonas.

Clov: Lo intento.

Hamm: No me quieres.

Clov: No.

Hamm: En otro tiempo me quisiste.

Clov: ¡En otro tiempo!

Hamm: Te he hecho sufrir demasiado. (Pausa.) ¿No?

Clov: No se trata de eso.

Hamm (ofendido): ¿No te he hecho sufrir demasiado?

Clov: Sí.

Hamm (aliviado):¡Ah! ¡Bueno! (Pausa. Con frialdad.) Perdón. (Pausa. Elevando la voz.) He dicho perdón.

3. El momento inaugural.
No parece que sea ininteligible... He escogido este diálogo por sus matices, su sentido del humor, y por la respuesta de Clov cuando dice “No se trata de eso”, respuesta enigmática que entiendo que apunta a algo que excede al conflicto entre dos. La tela de la araña no es sólo cosa de Hamm. En un nivel superior, parece evidente que hay una tela de araña que asigna los papeles, una especie de tablero de ajedrez donde ambos están atrapados y obligados a jugar, cada uno a su manera: uno abusando, el otro obedeciendo. Pero vayamos a la maniobra de Hamm. Creo que el texto ofrece un momento clave, inaugural, de esa dialéctica. Beckett trabaja la relación con la memoria de mil maneras a lo largo de toda su obra (La última cinta, Cómo es, Compañía...), en general, preocupado por mostrar el fracaso de una integración de lo rememorado que viniera a suplir una falta en ser radical. Pero en Fin de partida, el trabajo sobre la memoria lo va a realizar el amo y tiene otras coordenadas suplementarias. Veamos cómo lo hace.

Hamm se divierte adoptando la voz de narrador delante de su exiguo y menguante público, para elaborar el momento cumbre de la que él denomina “mi historia”. Observamos cómo conduce las cosas hasta ese punto final donde él se procura su goce. Como buen perverso llevará al otro a la transgresión de la Ley, que él ha sustituido por su propia versión, y se deleitará con el momento de indecisión previo de la víctima. Recordemos su relato: alguien vino suplicante en busca de ayuda, su hijo yace en espera de alimento a días ya de camino, Hamm le ofrece entrar a su servicio, salvarle a él la vida, a condición de que se olvide del hijo. Podemos incluso pensar que aquel que acudió en busca ayuda fuera el propio Clov. Da igual, lo importante es el arte que emplea para deleitase. El relato de Hamm se interrumpe a mitad de la obra justo en este momento, el de la propuesta envenenada, y retoma su conclusión al final. Un simple empujoncito suyo bastará para que el futuro sirviente acepte su propuesta y caiga inexorablemente del lado de su ley.

¿Qué se traiciona cuando uno se somete?

¿Hay acaso deseo fuera de la Ley?

Referencias
1 Theodor W. Adorno. Intento de entender Fin de partida. Notas sobre literatura II. Akal, 2003.
2 Christoph Menke. La actualidad de la tragedia: ensayo sobre juicio y representación. Visor, 2008.
3 Alain Badiou. Beckett. El infatigable deseo. Arena Libros, 2007.

2 de Junio de 2011

Novedad. FREUDIANA, nº 61. Revista de la Comunidad de Catalunya de la ELP.

11:43:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Isabelle Durand: Editorial (5)

LA ORIENTACIÓN LACANIANA
Jacques-Alain Miller: ¿Qué es lo real? (7)

EL PASE Y LAS LENGUAS EN LA ESCUELA UNA
Leonardo Gorostiza: El pase y las lenguas en la Escuela Una (23)

Harari: El pase, las lenguas y lalengua (27)

Elisa Alvarenga: ¿Hablar la lengua del Otro? (33)

Guy Briole: Contingencia de lenguas (37)

Eric Laurent: El pase entre las lenguas o Decir Babel (41)

ENSEÑANZAS DE LOS AE
Luis Tudanca: De la repetición de un destino a la invención de un signifcante nuevo (51)

tiglitz: Aquí hay gato encerrado. Sobre el efecto psicosomático (63)

Silvia Salman: El misterio del cuerpo que habla (69)

Patrick Monribot: Performance (77)

Hilario Cid: El AE en el banquete de los analistas (81)

LA LALENGUA EN LA EXPERIENCIA DE TRADUCIR
Suzanne Hommel: Golpean la lalengua. La violencia que implica todo trabajo con la lengua (87)

LOS HOMBRES Y SUS SEMBLANTES
Margarita Álvarez: La feminización lógica del hombre contemporáneo (93)

PRAXIS LACANIANA
Graciela Esebbag: A la espera (97)

uivarch: Hay una juntura entre mi cuerpo y la lengua francesa (103)

Claudia Iddan: Nombre propio (107)

Marta Serra Frediani: Un trayecto (123)

LA SALUD MENTAL INSISTE
Xavier Esqué: La constitución del campo de la llamada salud mental. Algunas cuestiones para el debate (129)

rnández Blanco: La salud mental a la luz de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (135)

Hebe Tizio: El higienismo de la salud mental y el real de la clínica (151)

Lidia Ramírez: ¿Adolescentes sanos? (157)

LECTURAS
Rosa Godínez: Manuel Fernández Blanco, La repetición como concepto fundamental del psicoanálisis, Ed. Capitón, Caracas, 2009 (163)

Lidia Ramírez: J. R. Ubieto, El trabajo en red. Usos posibles en Educación, Salud Mental y Servicios Sociales, Ed. Gedisa, Barcelona, 2009 (169)
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  • Psicoanálisis y civilización

    «Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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