El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

21 de Noviembre de 2014

TIRESIAS// ELLAS ELIGEN // ADOLESCENTES, ELECCIÓN Y NORMA

10:09:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

ELLAS ELIGEN

Vía JornadasELP

Cada época tiene su erótica con sus objetos y sus ficciones acerca de la pasión amorosa. La erótica cumple una función básica: ocultar que la armonía de los sexos es imposible, llenando ese vacío con palabras, imágenes y objetos que lo cubran. El amor cortés o el romanticismo son hitos en esta historia, ficciones donde el protagonismo de la mujer, como señora a servir o como mujer atrevida y apasionada, se opondrá al posterior conservadurismo que la relega, en el matrimonio burgués, a madre y ama de casa. Hoy la erótica es múltiple, se sirve a la carta y a la medida de la fantasía de cada uno. Hay tantas como fantasmas sexuales: voyeristas, masoquistas, sádicos, inclusosexless, aquellos que exigen precisamente la ausencia del acto sexual. Dentro de esta diversidad hay una característica común: la incidencia de la lógica capitalista confiere hoy a toda erótica su carácter de producto, su condición de mercancía existente en el mercado. El oficio más antiguo del mundo se disfraza para ello con eufemismos como el beneficio mutuo (www.seekingarrangement.com/) o bajo lemas pseudo masoquistas como el exitoso Grey o la web /manservants.co/ donde el hombre-criado sirve a la señora con su código de caballero moderno. Como todo producto, su acceso debe regularse por un contrato y tanto si se trata de prostitución encubierta como simplemente de web de citas, la clave está en eliminar la sorpresa, minimizar el riesgo del encuentro sexual, que cada uno sepa exactamente qué puede esperar del otro y limitar así el rechazo. En cierto modo “limpiar” lo sexual de sus impurezas, convertir lo que podría ser deseo oscuro en una transparente voluntad. La app Good2go, creada por una madre de estudiantes, se propone como una herramienta para tener relaciones sexuales consensuadas previniendo o reduciendo así el abuso sexual”, lo que incluye un test de sobriedad y el “sí quiero” explícito. Una de las webs más exitosas llega de Francia, donde tiene más de 5 millones de usuarios registrados y ahora ya en versión española: www.adoptauntio.es. El concepto es simple: “El cliente manda y, en este caso, las clientas. ¡Las damas primero! En el supermercado de las citas, las mujeres encuentran buenos chollos”. Su símbolo, presente ya en muchas estaciones de metro, es un carrito de supermercado donde las mujeres van tirando los chicos “chollos”. La metáfora de la compra no es sólo –como pretenden- una broma ingeniosa, sitúa la relación bajo la lógica del mercado. La novedad es que aquí, como en la web de Manservants, son ellas quienes eligen aunque paguen ellos. Sus promotores no dudan en presentar como uno de sus objetivos fundamentales “la igualdad de género” (sic). Ahora ellas dan el primer paso: “deja a un lado los prejuicios, complejos, miedos y saca ese poder de seducción que todas las mujeres poseemos. Tú eres quien lleva las riendas”. La cuestión es saber qué eligen realmente, porque como explica una paciente, usuaria de la app de encuentros Tinder, “lo que me gusta es que me puntúen, saber a cuantos gusto, lo del sexo no me interesa”. La popularidad contabilizada es un rasgo común a todas estas propuestas. Esta nueva erótica parece concebir la relación sexual como una transacción comercial: fácil, rápido y seguro. Ya Lacan describió al capitalismo como contrario al amor por el hecho de que no deja ningún margen para la falta, que todo en él, sexo y ternura incluidos, aparecen reciclados en mercancías-fetiches.

José Ramón Ubieto. Miembro de la ELP y de la AMP

 

 

ADOLESCENTES, ELECCIÓN Y NORMA

Vía JornadasELP

Sigmund Freud nos introduce a la idea de que la sexualidad humana no es un hecho de naturaleza, es decir, lo biológico no determina la posición sexuada hombre o mujer. Se trata siempre  de una elección de la propia posición sexual en el encuentro con el otro sexo.

Y en este encuentro siempre hay algo del orden de lo contingente.

Es en la pubertad cuando  se asume una posición respecto a la elección del objeto y preferencia sexual.

J. Lacan en su texto “El despertar de la Primavera” hablando de la pubertad, nos sitúa en la pregunta de  que es para “los muchachos hacer el amor con las muchachas” y añade  “se produce un descubrimiento, en la relación del sentido con el goce”.

En este descubrimiento el púber se servirá de lo que tiene a su disposición para dar una respuesta a lo que surge como nuevo.

Así, en el paso de la sexualidad infantil a la sexualidad adulta se produce una reedición del encuentro con la pulsión sexual y,  en  este encuentro, algo nuevo, del orden del goce, pone a prueba la solución encontrada en la primera infancia.

Desde el inicio S. Freud , define la relación del sujeto con el Otro sexual como traumática. En el sentido de que no hay significante que de la formula de la relación sexual ,dirá mas adelante Lacan.

En este sentido podemos entender la frase de Lacan, “no hay relación sexual”, es decir, no hay una norma que defina la relación entre los sexos, siempre hay algo del orden del malentendido.

Así el sujeto, apresado en las redes del lenguaje, del Otro del significante, se enfrenta con la cuestión de su identidad sexual no sin vacilaciones.

Entonces, como puede un adolescente responder a ese encuentro con lo sexual?

-El  Síntoma, entendido como solución de compromiso, vendrá en el lugar de la respuesta del sujeto a este encuentro, siempre enigmático con un goce desconocido. Es lo que Lacan señala en el texto “El despertar de la primavera “como los sueños de los adolescentes.

-El pasaje al acto, cuando el sujeto no puede encontrar una respuesta fantasmatica que enmarque el despertar de su excitación sexual.

Dos breves ejemplos:

1-“No hi haurà mes festes per Sant Valentí”, es el titulo de una obra de teatro breve, escrita por el dramaturgo mallorquín Jaume Miro y basada en un hecho real ocurrido en EEUU.

La acción se desarrolla en el gimnasio de un Instituto. Dos  jóvenes amigos discuten. Uno de ellos, A. le propone a B. que sea su pareja en la fiesta de San Valentín del Instituto.. B. rechaza la invitación y expresa su incomodidad ante el comportamiento de su amigo. Interroga sus gestos, su manera de  vestir, su actitud y sus palabras. Que haces? Presenciamos su incomodidad por el acercamiento del amigo que, en un momento de la obra, le da un beso. Visiblemente alterado lo empuja.

Se intercambian palabras: “no aceptas la diferenciayo solo te pido que seas mi pareja”, pueden haber parejas diferentes, donde esta escrito lo que hay que hacer”? Discuten, se produce una pelea entre ambos. B se encuentra sin palabras que vengan en su ayuda para  entender lo que le ocurre y se produce el acto homicida.

Porque el acto homicida, nos podemos preguntar?

Podemos decir que se trata de un encuentro, encuentro traumático (en palabras de S. Freud), donde no hay respuesta desde la norma, la norma en este caso no incluye la diferencia, aparece la mirada de los otros. Hay un encuentro con un goce que excede al saber “porque te vistes así, dirá con clara molestia, porque me pides que te acompañe, no son parejas de chico/chica las que tienen que ir a la fiesta”?. Son interrogaciones al amigo que velan sus propias dudas y preguntas y  para las que no encuentra respuesta. Podemos hacer la siguiente hipótesis ; hay un encuentro con lo real  y no hay significantes que vengan a nombrar la falta de relación sexual.

El sujeto de este modo se encuentra ante el agujero, con angustia y desconcierto lo que le lleva al acto homicida.

2. Soy gay?

Esta es la pregunta que dirige un adolescente a su analista después de su primer encuentro sexual con una chica, encuentro en el que se produce una eyaculación precoz.

Intervengo para poner en cuestión el “ser gay “y mostrar mi sorpresa, invitándole a seguir hablando. Esto abre nuestros próximos encuentros que muestran los significantes que anteceden a este encuentro y que le permitirán hablar de la pareja parental y de las identificaciones que para el han operado.

“Las chicas no me ponen”, dirá, acompañado de una gran angustia. El quería formar una familia, tener hijos, tener una pareja y ahora ya no encuentra el sentido. “Que haré? dirá”

No entiende como su madre no se ha separado de su padre. Figura que detesta pero que a la vez ejerce una gran influencia. Son las palabras del padre, en su niñez las que retornan “pareces un marica, siempre pegado a las faldas de tu madre” . En su encuentro con la chica podemos hacer la siguiente hipótesis:  por una parte no esta a la altura de responder a lo que ella le pide, (algo aparece como enigmático del lado del goce de la mujer ) retornando las palabras del padre y su propia posición de goce como el niño protegido de la madre. Ambos encuentros dan como resultado su respuesta sintomática.

El tratamiento le va a  permitir salir de este impasse y ,de momento, encontrar una nueva pareja esta vez del lado del amor. Pareja con la que comparte aficiones, charlas, comprensión. ”Ella me escucha, podemos hablar, lo que pone a distancia, de momento el encuentro sexual”. La interrogación por la pareja parental le abre a nuevos significantes.   Determinara este encuentro sus  elecciones en un futuro?

Que respuestas encontramos en adolescentes cuando la norma no sirve para dar respuesta a lo particular del encuentro sexual?

No hay norma para todo, y mas si se trata del encuentro con la sexualidad.

Quien dice lo que le corresponde hacer, vestir, jugar a un niño/niña, chico/chica.

Es el otro social, cultural, familiar el que va significando del lado niño/niña, aunque los patrones hayan cambiado, lo que corresponde a cada uno. Son patrones tomados de significantes culturales y sociales.

Será necesario que cada uno haga su  camino para encontrar la propia respuesta. Y no siempre en el camino obtendrá los elementos para responder.

Carmen Grifoll. Miembro ELP yAMP. Barcelona.

18 de Noviembre de 2014

¿Qué es el psicoanálisis lacaniano? Los poderes de la palabra. Andrés Borderías. 25 de Septiembre de 2014. Ciclo conferencias NUCEP.

14:57:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

DESCARGA AQUÍ EL TEXTO DE ANDRÉS BORDERIAS "LOS PODERES DE LA PALABRA" (PDF)

 

 

CICLO DE CONFERENCIAS: INTRODUCCIÓN A LA ORIENTACIÓN LACANIANA (Nucep-Madrid 2014)

¿QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS LACANIANO?

2º Los poderes de la palabra. Andrés Borderías. 25 de Septiembre de 2014.

Reseña realizada por: Miguel Ángel Alonso

Andrés Borderías, miembro de la ELP y de la AMP, fue el encargado de dictar la segunda conferencia del ciclo ¿Qué es el psicoanálisis Lacaniano? Comenzó su disertación estableciendo el lugar privilegiado de la palabra, en tanto revela su potencia para curar, enfermar, marcar un destino, etc., tal como se observa en la clínica de las diferentes estructuras clínicas. Es la palabra articulada al deseo, al goce, a la enunciación, es decir, al modo particular en que es acogida por cada sujeto. Cuestión central para el discurso psicoanalítico, pues en su concepción de la estructura subjetiva y del síntoma, establece la articulación de esa palabra –sustentadora del orden simbólico— con el cuerpo y la subjetividad. Premisas que sirvieron para que el conferenciante desplegara la posición de Sigmund Freud en relación al poder de esa palabra, un aspecto, sin duda, problemático. Pues en contraposición a la conducta normalizadora de otros estamentos clínicos en relación a la palabra y al sujeto que la sostiene, identificándose con el lugar del saber acerca del sufrimiento subjetivo, Sigmund Freud consideró que existía una “causalidad y una determinación inconsciente del síntoma”, de tal manera que quien ostentaba el saber era el propio paciente. Es decir, el mismo paciente debía de responsabilizarse de elucidar y descifrar su propio padecimiento para posibilitar un nuevo destino subjetivo. Ese sería el modo en que el sujeto puede encontrar, con la ayuda de la interpretación, una articulación nueva con la palabra, “respetuosa con su propia verdad” como sujeto hablante.

 

Para sustentar estas hipótesis, Borderías desarrolló uno de los casos más conocidos de la clínica freudiana, el de Isabel de R. Relató los síntomas histéricos que aquejaban a la paciente, destacando, precisamente, la posición de Freud frente al relato de la paciente, preocupándose por que ella recordase la “impresión psíquica a que se anudó la génesis primera” de los síntomas corporales, exhortándole a que comunicase todo lo que se le ocurriera al respecto. De esta manera estaba poniendo en juego la “causa ausente”, “un saber no sabido”. Vemos el uso que hace Freud del poder de la palabra, responsabilizando a la analizante del encuentro con la causa a través del despliegue de la asociación libre y abriendo la dimensión inconsciente. Mostró en este desarrollo la estructura verbal del síntoma, las traducciones significantes del mismo, las metáforas como símbolos de sus pensamientos dolorosos, es decir, particularidades del recorrido clínico que permitieron el alivio del dolor por el ejercicio de la palabra.

 

La investigación freudiana fue más allá de lo que proponían estos primeros casos, pues además de la cuestión del sentido descubierto en el desciframiento del síntoma, Freud descubrió que “el síntoma tiene como función operar como una manera particular de defensa ante lo real, el goce del cuerpo, la muerte y la castración”. En palabras de Andrés Borderías, el análisis del sujeto no va a transcurrir en la búsqueda de sentido a través de una conversación entre dos personas, “sino como la experiencia de elucidación de la significación coagulada para un sujeto en sus síntomas. Por eso el analista se retira de la escena, dejando al sujeto sin un interlocutor que le despiste de esa dimensión velada, su vínculo y determinación por el Otro que le corresponde”.

 

Se relativizó, entonces, el poder de la palabra, dado que los síntomas escondían el fantasma del sujeto y su núcleo libidinal, pulsional. Estructura que implica que el síntoma no sea tan fácil de dilucidar, sino que insiste y repite alojándose en el escenario de la transferencia, lugar donde se establece una tensión entre el saber y el goce, cuestión que el analista ha de saber manejar para facilitar al analizante un cambio de su destino localizando el goce opaco del síntoma.

 

Se repasaron luego estas cuestiones a la luz de la enseñanza de Jacques Lacan, su etapa estructuralista mostrando la lógica del síntoma a partir de los aportes de la lingüística moderna, etapa en la que el inconsciente estaba estructurado como un lenguaje. Quedaron apuntadas diferentes modalidades de interpretación, la puntuación de la cadena significante, el corte del relato, la alusión, la cita, el equívoco, etc. Pero como oposición a la cuestión estructuralista, Borderías resaltó también la dimensión no dialéctica de la palabra, el “gocesentido que penetra el cuerpo”, señalando, de esta manera, lo real en lo simbólico. El poder de la palabra, entonces, radicaría más en el goce que alcanza el cuerpo del parlêtre, de todo lo cual expuso un ejemplo clínico para ilustrar la cuestión.

 

14 de Noviembre de 2014

TIRESIAS// ELEGIR EL SEXO // EL CUERPO EN DISPUTA: APUNTES PARA UNA ANTIBIOLOGÍA LACANIANA.

14:00:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

ELEGIR EL SEXO

 

Se puede, hoy día, elegir el sexo. No solamente en el registro de los semblantes: podemos intervenir directamente sobre el sexo mediante la cirugía plástica y los tratamientos hormonales. Algunos- los transexuales y los transgénero- quieren, claramente, pasar de un sexo al otro. Otros- los intersexo- buscan resolverlo en la ambigüedad. Sea cual sea la elección en juego, ésta revela que podemos, hoy día, intervenir sobre el destino de la sexuación.

La elección transexual

La clínica de aquéllos que deciden cambiar de sexo sobre la base de una anatomía considerada como fisiológica es, evidentemente, diferente de la de aquélla y aquellos que nacen con una anatomía ambigua en relación a la cual habría que decidir. Se trata de dos situaciones totalmente diferentes. En el caso de la transexualidad, es el sujeto el agente del cambio. En el caso de los intersexo, hasta el momento han sido los padres o los médicos quienes deciden un sexo de atribución dejando al sujeto, a posteriori, saber qué hacer con eso; todo esto está en proceso de cambiar, abriendo nuevas preguntas sobre el destino sexual más allá de todo lo que se había dicho hasta el momento.

Para ilustrar la clínica de la transexualidad en el niño, podría citar a una adolescente que tiene ahora 16 años quien, desde pequeña, dice sentirse un chico en el cuerpo de una chica, con la voluntad absoluta de cambiar de sexo. Se ha sentido siempre un chico con un cuerpo que no parecía pertenecerle. No soporta sus reglas y utiliza un DIU para evitarlas. No soporta sus senos; esconde su pecho utilizando camisetas amplias. Quisiera cambiarse el nombre. Se siente invadida por sus propias hormonas femeninas. No ha tenido jamás un momento de duda respecto de ser un chico. Por otro lado, sólo siente deseo por las chicas, nunca por los chicos, lo que constituye, para ella, una prueba de ser un chico. Cuando está con un chico, no siente deseo porque a éste le atraen las chicas. Y es solamente cuando está con una chica que ella se siente realmente un chico, un chico heterosexual. Resumiendo, como ella misma dice, “Me siento completamente un chico y no veo las cosas como los demás me ven”.

El intersexo empujado a la elección

Para la clínica intersexo, podría citar a un chico de genotipo XX que presenta una ambigüedad genital desde su primera infancia. A partir de la pubertad se le hacen intolerables los dolores en el vientre de cada mes. Tiene pechos que le resultan insoportables. Presiona sus senos con cinta adhesiva para que no se le noten, en particular cuando juega al fútbol del que es un apasionado. Ha entendido que son sus hormonas femeninas las que le provocan este tipo de fenómenos. Sus hormonas le empujan allí donde él  no quiere ir. Cuando le pregunto sobre lo que sabe al respecto, dice: “No puedo ponerle un nombre. No sé de qué se trata pero sé que me curaré de esto…Curado de qué? De esta enfermedad… Qué es esta enfermedad? No lo sé”. Agrega, sin embargo, que quiere que los médicos lo transformen en un chico, sin estas hormonas femeninas que lo abruman. Dice haberse enamorado de algunas chicas: frente a esto, aunque sea nombrado como XX, afirma ser heterosexual cuando está con una chica. En resumidas cuentas, se siente un chico. Pero, al asumir el caso de este chico XX, un ginecólogo concienzudo le ha preguntado si no quería conservar su útero para el caso en que quisiera, más tarde, tener un hijo. Esta pregunta lo ha abatido; él, que quería liberarse de esta presión hormonal que lo empuja allí donde él no quiere ir.

La sexuación revisitada

La clínica de los transexuales y de los intersexo son dos campos completamente diferentes. Definimos, por un lado, problemas de diferenciación sexual y, por otro, problemas con la identidad de género. Sin embargo, ambas apuntan hacia las mismas preguntas que obligan a revisar por completo los destinos de la sexuación.

Es, particularmente desde Stoller ([1]), que hablamos de identidad de género (Stoller, 1968) según una lógica de las clases en referencia a los ideales del sexo que funcionan como puntos de referencia pero también como normas. Con los “Gender Studies” (Estudios sobre género) aparece un punto de vista crítico, constructivista, que presenta los sexos como construcciones sociales y culturales más allá de cualquier punto de vista naturalista, pero si fuéramos más allá con la crítica, podríamos ver la determinación social como algo que procede de un sistema de causalidad que opera de la misma manera que las determinaciones biológicas, genéticas y hormonales.

Sin embargo, lo que revela la clínica de la elección del sexo es un más allá de la identidad que no es tenida en cuenta en tanto permanecemos fijados en la problemática de la identidad, a saber: por una parte, la cuestión del deseo; por otra, la de la procreación y, finalmente, la cuestión de la sexualidad y de la elección del tipo de goce.

Vemos claramente, en los dos casos presentados, que sus preguntas tocan el eje del deseo aún más que el de la identidad. Que, tanto uno como otro, son potencialmente tocados por la pregunta de la procreación, ya sea por su imposibilidad como por su posibilidad mantenida. Es también alrededor de la cuestión sexual- del deseo y de la elección sexual, más allá de toda problemática de la identidad- que los proyectos médicos de los tratamientos en juego han basculado.

Un cambio de paradigma

Se ha aplicado, desde los años 50,  y siguiendo los avances de la endocrinología y de la cirugía plástica, el llamado paradigma de Johns Hopkins, producto de la convergencia entre el endocrinólogo John Money y el psicoanalista Stoller. Se pensaba que la única solución en caso de intersexualidad era la atribución de un sexo claro lo antes posible, eligiendo, del lado de los médicos, aquél que fuera el más estable posible, en particular al momento de la pubertad, con la idea de que un niño, para constituirse, debía poder apoyarse sobre una clara diferenciación sexual. A fuerza de afirmar esto fue barrada la ambigüedad. Se podría decir que los niños intersexo sufren, de entrada, una falta de ambigüedad. El sexo es aquello que más provee de significación. Si es puesto en cuestión, se impone su significación. Y es una significación sexual unívoca la que se impone, en caso de desarmonía entre el sexo cromosómico y el fenotípico, sobre la ambigüedad que está presente y con la cual el sujeto puede jugar en tanto no haya un tope biológico apremiante.

Sea cual fuere, no existe un marcador claro de la diferencia sexual. Ni el sexo cromosómico ni el sexo genético ni el sexo endocrinológico ni el sexo cerebral ni el sexo morfológico ni el género permiten resolver la cuestión de la diferencia de los sexos.

Las prácticas contemporáneas alrededor de la intersexualidad y de la transexualidad demuestran la elección del sexo como algo que se sitúa en un más allá de la identificación. Obligan a ir más allá de una lógica de las clases para ordenar la pregunta de la diferencia de los sexos, de su falta de igualdad o de su lucha por la paridad, para acercarse a una lógica de la subjetivación que pone el juego la elección del tipo de goce.

Se podría, en efecto, distinguir una sexuación imaginaria que tiene que ver, efectivamente, con la identidad, una sexuación simbólica con la nominación y la afiliación, y una sexuación real que toca la elección del goce, entre un goce fálico y un goce otro ([2]), entre un goce transparente, marcado por el significante, y un goce opaco, para retomar la expresión de Jacques-Alain Miller.

El más allá del masculino y el femenino

Tiresias pudo experimentar el goce de los dos sexos, pudiendo decir que el goce de la mujer es otro y va más allá de aquél del hombre. Él pagará con la vista, aun cuando Zeus lo transformará a continuación en adivino. Como lo demuestra Nicole Loraux, todo parte de la fascinación de Grecia por el otro femenino ([3]), dónde la identidad del hombre ya no se opone a la de la mujer: obtiene algo de ella, por el contrario. Y el guerrero es más viril cuando abriga en él la feminidad: el héroe más valiente, como Aquiles, es aquel que siente miedo y ha llorado.

Como en el caso del héroe griego, el amor también implica el deseo masculino del lado de una feminización y, quizás, en contrapunto, el deseo femenino sobre la vía de una falicización. Entre masculino y femenino, la partición no es simple. Y el amor lo complica aún más. El amor se conjuga con la no-relación sexual. En el amor, como dice Lacan, se conjugan el deseo y el goce ([4]), Y no hay sino el amor del lado de lo ideal- es decir, del objeto amado puesto en el lugar del ideal del Yo- pero hay también el amor que conduce a las fronteras de lo Real que es de un orden totalmente distinto y que se ubica en otro estado. Y aún hay las dos vertientes del amor entre amar “amar” o bien amar “ser amado”. El hecho de amar marca al sujeto con el signo (-). El hecho de ser amado lo marca con el signo (+) ([5]).

Se ve bien que estamos lejos de la lógica del acomodamiento de las identidades sexuales, en la complementariedad que podría hacer suponer la partición de la diferencia de los sexos según una visión del tipo de la de Aristófanes en El Banquete de Platón.

Tanto de uno como de otro lado, nos apoyamos en lo que Freud llamaba “el rechazo de la feminidad” (Ablehnung des Weiblichkeit) ([6]). Esta formulación resulta enigmática. Se trata de extraer de ésta el fundamento lógico sin el cual no podemos intervenir en el campo de la sexuación. El rechazo de la feminidad es algo que se produce del lado de ambos sexos. Del lado de la mujer, a través de la envidia del pene; del lado del hombre, a través del rechazo de la pasividad. Es, paradójicamente, el rechazo de la feminidad lo que crea la igualdad entre los sexos. Está presente tanto en los hombres como en las mujeres. Está presente y oculto en la clínica de la intersexualidad y de la transexualidad. Lo femenino es lo íntimo excluido, lo que Lacan designa como éxtimo, esa parte de uno desconocida en uno, como el origen. Esto desconocido es también una cierta ignorancia que señala al inconsciente: el inconsciente como ignorando la contradicción, la negación, el tiempo y el espacio. El inconsciente ¿ignora la diferencia sexual? He aquí dónde se aloja la complejidad de la clínica de aquéllos que se lanzan al hecho de intervenir sobre la diferencia sexual.

Del destino anatómico a la elección

Hemos pasado del destino anatómico ([7]) a la elección. En relación a esto podríamos preguntarnos si no hemos pasado de la tiranía de la anatomía, que imponíamos como un destino, a la tiranía de la elección. Para los intersexo, hemos pasado del paradigma Johns Hopkins, donde los médicos decidían el sexo al momento del nacimiento mediante los tratamientos quirúrgicos y hormonales que imponían, a la idea de dejar al sujeto elegir, cuando esté en condiciones de hacerlo, sin hacer ninguna otra intervención que resulte irreversible.

Para los sujetos sin ambigüedad genital pero dudosos en relación a qué dirección darle a su sexuación, algunos clínicos en Holanda o en los Estados Unidos (Boston), practican la llamada “puberty freezing” (congelamiento de la pubertad), bloqueando la pubertad mediante hormonas a fin de que los caracteres sexuales secundarios no se desarrollen para, de esta manera, no tener que suprimirlos ulteriormente. Como escribe el Dr. Spack de Boston ([8]), ya no es necesario que el niño sea prisionero de su cuerpo. Hay que ajustar la apariencia del cuerpo a la posición del sujeto. El cuerpo es plástico, maleable. Es ésta una razón para que se transforme, a su vez, en rehén del sujeto? Hemos pasado de la anatomía como destino a la idea de que cualquiera puede hacer lo que desee con sus atributos sexuales, con la tendencia, hoy en día, de poder evitar que los atributos sexuales aparezcan para no llevar al sujeto a pensar demasiado y a realizarse una cirugía para corregir el cuerpo rechazado en el cual se halla inmerso.

Estamos, en efecto, en un sistema de 360º, tal el nombre de una asociación de Ginebra que reagrupa a gays, lesbianas, travestis, transexuales, transgénero, intersexo y heterosexuales sin exclusión alguna. Todo ha de ser posible sin el tope de lo imposible. Por ejemplo, la militancia de los transgénero (que deben ser distinguidos de los transexuales) reivindica la posibilidad de poder procrear según su sexo inicial más allá del cambio de sexo, en tanto se les impone a los transexuales la condición de ser estériles.

Según el mito de Pandora, que marca el pasaje de lo autóctono (el hecho de nacer de la tierra, o de dónde venga uno) a la reproducción sexual, la aparición de la diferencia de los sexos en la reproducción (a través del acoplamiento de Deucalión y Pirra), introduce también el hecho de ser mortal ([9]). Es, quizás la muerte, como algo secundario a la diferencia sexual, lo que está en juego en las prácticas que quieren intervenir sobre la realidad de esta diferencia? Intervenir sobre la diferencia de los sexos, anularla incluso, para sustraerse a la muerte. Permitir la reproducción en la clínica transgénero es también perpetuar la parte inmortal en el viviente mortal, lo que está en el corazón del acto de la procreación ([10])

¿Qué podemos elegir?

¿Podemos elegir el sexo? Este proyecto nos retrotrae a la cuestión de saber qué es la diferencia sexual. Para Freud, recordémoslo, no hay sino una libido, la masculina. Tal como escribe en Tres ensayos sobre teoría sexual: “La libido es, de manera habitual y conforme a las leyes, de naturaleza masculina, tanto si se manifiesta en el hombre como en la mujer” ([11]). Precisará, más tarde, que la verdadera fórmula es la siguiente: “No hay sino una libido que está puesta al servicio de la función sexual tanto masculina como femenina” ([12]). Freud sostiene, entonces, un monismo libidinal que, en sí mismo, implica una asimetría entre lo masculino y lo femenino, como dos modos de ramificación de la libido. Más que oponer lo masculino a lo femenino, Lacan ha distinguido el goce fálico de lo que ha llamado como un goce Otro, un goce suplementario, que ya hemos mencionado, y que constituye el enigma de lo femenino, enigma que permanece en el corazón de la clínica de la sexualidad, de la no-relación sexual ([13]).

¿En qué reside la diferencia de los sexos? Como ya hemos visto, no existe un marcador claro de esta diferencia, contrariamente a lo que esperaban aquéllos que quieren resolver la cuestión de la elección del sexo. La diferencia no es un estado objetivable: se trata, más bien, de un operador que hace que cada uno pueda situarse de una manera mixta (dual) en relación a una diferencia sexual, en relación a una diferencia que no es localizable.

¿Elegir el sexo? Para poder elegir es necesario que haya una diferencia sobre la cual poder situarse. La diferencia es neta, no así la elección del sujeto que puede ser incierta, ambigua; es contra lo cual resisten finalmente los avances contemporáneos de intervención sobre el sexo.

Recordemos, a propósito de esto, lo que Freud decía en Tres ensayos de teoría sexual: “en el ser humano no encontramos ni masculinidad pura ni feminidad pura, ni en el sentido psicológico ni en el sentido biológico” ([14]). En tanto la pregunta sobre qué es la diferencia de los sexos permanece sin respuesta, cada sujeto viene a situarse, a su manera siempre singular y finalmente imprevisible, más o menos cerca del lado hombre o del lado mujer de los seres parlantes, como lo ha elaborado Lacan en las fórmulas de la sexuación. La sexuación es algo distinto a la conformación de una identidad sexual.

En relación a la diferencia de los sexos, cada cual con su bricolaje, con su solución más allá de los ideales del sexo de atribución, más allá del sexo biológico, más allá de las certezas asignadas y también más allá de las incertidumbres prescritas que pueden llevar, finalmente, a una alienación paradójica de la libertad. Sea lo que sea, se trata de ir más allá de aquello que nos determina, preservando un sitio para lo inesperado. Incluso en el genoma hay lugar para lo singular, para aquello que permite no alienarse siquiera a la libertad ([15])

François Ansermet. Miembro NLS y AMP. Ginebra.

 

Traducción: Diego Trejo

Revisado por: Gaby Medin

 

[1]Robert Stoller, Recherches sur l’identité sexual, París, Gallimard, 1968

[2]Ver la cuestión del goce Otro más allá de una lógica regida por el falo: Jacques Lacan, Una carta de almor, El Seminario Libro XX, Aún. Ediciones Paidós 1981.p. 95-108.

[3]Nicole Loraux, Las expériences de Tirésias. Le féminin et l’homme grec. París, Gallimard, NRF 1989.

[4]“Sólo el amore permite al goce condescender al deseo”. Jacques Lacan,  El Seminario, Libro X, LA angustia1962-63, Paidós 2006.

[5]Jacques-Alain Miller, “Les labyrinthes de l’amour ”, La lettre mensuelle, nº 109, mai 1992, pp. 18-22

[6]Sigmund Freud, “Análisis terminable e interminable” (1937), en Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXIII p.211

[7]A destacar la palabra que Freud toma prestada de Napoleón para transponerla a propósito del devenir sexual: “La anatomía es el destino” (1923)

[8]B.W.D. Reed, P.T. Cohen-Kettenis, T. Reda, N. Spack, “Medical care for gender variant young people: Dealing with practical problems”, Sexologies (2008) 17, pp.258-264; Ellen Perrin, Nicolas Smith, Catherine Davis, Normal Spack, Martin D. Stein, “Gender variant and gender disphorya in two young children”, J. Dev. Pediatr, vol 31, nº2, 2010, pp. 161-164

[9]Nicoles loraux, Né de la terre, La livrarie  du XXe siécle, París, Seuil, 1996

[10]Ver las declaraciones de Diótima referidas por Sócrates en El Banquete de Platón: “He aquí en qué reside la inmortalidad en el ser viviente: en el embarazo y la procreación”. Platón, El Banquete.

[11]Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, (1905), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo VII, p. 109

[12]Sigmund Freud, La feminidad, XXXIIIª Conferencia, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis (1933), Sigmund Freud Obras completas. Amorrotu editores. Buenos Aires 1998. Tomo XXII, p. 104

[13]Ver Lacan a propósito de la no-relación sexual y sobre el hecho de que la sexualidad “haga un agujero en lo Real”, nadie se ha salido con éxito: Jacques Lacan,Prefacio a El despertar de la primavera (1974), en Otros escritos, Paidós 2012, p. 587.

[14] Sigmund Freud, Tres ensayos de teoría sexual, op. Cit,

[15] Eva Pigeois, L’intersexualité ou les ambigüités de la liberté. Mental 22, 2009, p: 205-209.

 

 

EL CUERPO EN DISPUTA: APUNTES PARA UNA ANTIBIOLOGÍA LACANIANA.

No se trata del género en disputa como afirma el título de un renombrado libro de J. Butler. Lo que se teje en los debates en torno al género encuentra su urdimbre en otra entidad no menos insustancial que el disputado género en las teorías feministas y Queer, se trata del cuerpo disputado.

No se es el cuerpo, se tiene un cuerpo. Esta sentencia sostenida por Lacan desde suSeminario 2, y acentuada en su conferencia sobre Joyce el sínthoma, puede ser discutida incluso invalidada, pero allíradica uno de los ápices en los que la disyunción establece la forma de relación entre el saber psicoanalítico y otros saberes. Lo discutido no es el género, las identificaciones o identidades que se adquieren ampulosamente bajo la performatividad elástica de un justo reclamo a la diversidad y excepción. La cuestión es, desde una lectura lacaniana -hay muchas-, los elementos de una antibiología con relación al cuerpo. Hay ruptura a partir de la noción de sujeto de Lacan de cualquier identificación del “ser”con el cuerpo. El sujeto estásujetado al significante, y por tanto su ser, su falta en ser, se supedita al saber. Del cuerpo queda des-sujetado como para encontrar allísu identificación, de este cuerpo se padece. Su emblema, desde fines del siglo XIX, lo constituye lo histérico. El sujeto estáafectado de cuerpo. No sabemos quées un cuerpo, padecemos de él, es un síntoma como tal. Arreglárselas con ello es una tarea que para algunos requiere de invenciones extraordinarias.

 

El psicoanálisis se ubica en la falla de esta identificación del sujeto con el cuerpo. No procede desde su ética a borrar esta falla inaugural, ofrece una experiencia para que cada cual devele o construya formas de hacer con esa oquedad entre el cuerpo y el saber. Su posición no es de prescripción ni tampoco de proscripción a las prácticas y modos de vivir el cuerpo. Nesciencia, más ignorancia que necia es lo que permite al discurso analítico afirmar que el cuerpo no es Uno, que no hay unicidad ni connaturalidad del cuerpo con el mundo. Desde ese desafío a la necedad se ve llevado a la lógica como necesidad, no hay naturalidad desde que advenimos a un mundo que nos precede y nos habla. ¿Cómo nos habla? ¿Nombra los sexos? Sí, y desde allíse introduce el equívoco. Cuál es el bien decir para el sexo, esa es la pregunta que desplaza o centra la disputa en el género y el cuerpo en cuestión. ¿Son dos, tres o múltiples los géneros? No es allídonde se discute, sino del equívoco de la lengua para nombrar los cuerpos. Cuerpos que para el discurso sustancialista -a veces sostenido veladamente por los discursos en disputa, incluso el psicoanálisis- preceden a los discursos que se ven impotentes para nombrarles adecuadamente. No se es el cuerpo, se tiene. Y se tiene sin garantías de una conquista, no es una disputa ganada de antemano. Si se constituye el cuerpo y se lo posee, entonces podremos interrogarnos forzadamente a quéhacer con él. Tenerle no exime de conflicto, bajo la modalidad de padecerle para el gozo y el dolor. La imagen del cuerpo propio nos afecta porque nunca fue propio anticipadamente, se precipitóen el Otro o el semejante que encarna esa exterioridad. El cuerpo nos viene del Otro, no es lo más propio, no hay propiedad privada para el ser hablante o bien podemos mal-decir, cuerpo-hablante.

 

En esa disputa la biología no es garante, no es el ADN, los cromosomas ni las hormonas, ni los genitales lo que dice del cuerpo. El cuerpo se dice, se lo dice y por ello se lo mal-dice. No es previo, es consecuencia y no siempre lograda, aún lograda esmalograda. La disputa se juega en la lengua, la “lengua está hecha de goce”nos puntuaba Lacan en su Tercera. Un goce que es inseparable del saber en tanto éste es significante y al serlo conmemora las emergencias del goce que no es sin el cuerpo. No hay una manera sin errar con relación al cuerpo. No es por un supuesto estatuto real de éste que no puede nombrársele, eso sería el error sustancialista de algunos de los discursos dominantes que han colonizado sutilmente los discursos subversivos para disputarse el género y los cuerpos. No hay cuerpo en términos de la biología, no es la unidad del individuo, es la fragmentación de un decir, de significaciones y sentidos. En ellos hay algo que insiste, la falla del saber acerca de él. No es lo real entendido como lo real sustancial, aquella pasión del Siglo XX nombrada asípor A. Badiou. Es lo real por la imposibilidad, lo que no permite sutura, no hay pase de lo imposible, se impone irreductible. Allíen esa espacialidad topológica el cuerpo ocupa un lugar sin garantías para nombrar el sexo. ¿Cuántos son los sexos?

José Alberto Raymondi. Participante NUCEP. Doctorando Facultad de Filosofía Universidad Complutense de Madrid.

Referencias bibliográficas:

Badiou, Alain. (2009) El siglo. Buenos Aires. Ed. Manantial.

Butler, Judith (2007) El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (2009) El Seminario 20. Aun. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (2010) El Seminario 2. El yo en la teoría de Freud. Buenos Aires. Ed. Paidós.

Lacan, Jacques (1988) “La tercera”en: Intervenciones y textos 2. Buenos Aires. Ed. Manantial.

12 de Noviembre de 2014

Artículo en "Revista del Siglo de Europa" por Gustavo Dessal, psicoanalista y coautor de ‘El retorno del péndulo

09:44:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

Vía Revista del Sigo de Europa Descarga la entrevista completa aquí (PDF)

 

“LA POLÍTICA NO
ES LO QUE HACEN LOS
POLÍTICOS”

“LA POLÍTICA NO ES LO QUE HACEN LOS POLÍTICOS”

 

Psicoanalista y escritor,. el argentino Gustavo Dessal arma, junto al sociólogo polaco Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2010, en El retorno del péndulo (Fondo de Cultura Económica) un ensayo a cuatro manos sobre cuestiones clave del mundo contemporáneo. Los dos intercambian material por correo electrónico con el concepto de lo líquido como horizonte. Dessal, que es docente del Instituto del Campo Freudiano en España, profundiza sobre la sociedad en la que vivimos. La entrevista se hace en su consulta, donde no falta un diván. Para la charla, opta por sentarse en un sillón y mantener el contacto visual con el entrevistador. En esta ocasión, es él el que habla y abre sus pensamientos ante cómo afecta lo líquido “a todos los órdenes de la existencia”

 

Por Luis Marchal

¿A qué equivale el concepto de lo líquido?

—Lo líquido es el modo en el que Bauman nombra la transformación que se produce en el mundo capitalista a partir de la segunda mitad del siglo pasado, tras la II Guerra Mundial, cuando se consolida la disolución de las grandes ideologías. El sistema patriarcal, las ideologías políticas, los sistemas religiosos... Todo eso comienza a perder fuerza y las leyes del mercado y la economía se apoderan de todos los aspectos de la vida. Ya casi no existe diferencia alguna entre aquello que es objeto de la mercantilización y aquello que no lo es. No hay nada prácticamente que haya quedado fuera del mercado. El ejemplo más brutal de esto está en las relaciones amorosas, que ya forman parte de la mercantilización que gobierna el mundo. Hoy en día, la gente cada vez utiliza más las tecnologías, internet y las páginas web, para conocerse.

—¿Estamos, quizá, en un mundo muy in- dividualizado y es ya casi la única manera de hacerlo?

—Efectivamente. Pero, antes había otros modos. No digo esto en sentido crítico. No quiero establecer un juicio moral. Es el he- cho de que todos los valores que gobernaban durante siglos la vida se van disolviendo. De ahí, el concepto de lo líquido.

—¿Sucede lo mismo con las relaciones políticas?

—Con todo. Se va disolviendo la diferencia entre la derecha y la izquierda, entre lo público y lo privado, entre lo íntimo y lo que no lo es. El concepto de lo líquido tiene una gran potencia, porque afecta a todos los órdenes de la existencia. También hay que tener en cuenta que hay cosas que siguen siendo muy sólidas. El poder sigue siendo sólido. El poder lo siguen teniendo los que lo han tenido siempre. Hay cosas que no se vuelven líquidas, aunque cobran apariencia líquida.

—¿La crisis económica ha evidenciado más esto de que el poder sigue siendo sólido?

—Por supuesto. Lo que ocurre es que la crisis económica en realidad es un nombre falso para un cambio de paradigma. No es- tamos ante uno de los tantos tropiezos o accidentes de la economía mundial, como ha ocurrido en otras ocasiones. Estamos an- te un cambio estructural del sistema capitalista, donde hay cosas que ya no van a retornar.

—Sin embargo, se habló al principio de la crisis de la refundación del capitalismo y parece que sigue igual.

—Barack Obama dijo que se iba a crear un nuevo sistema, que se iba a rehumanizar. Efectivamente, se ha producido una trans- formación que recibe el falso nombre de crisis. Una crisis es algo que tiene un retorno. Uno tiene una crisis, la atraviesa y vuelve al estado anterior. O salimos fortalecidos de un accidente que hemos padecido o de una enfermedad que padecemos. Aquí se trata de una transformación donde hay cosas que nunca van a volver a ser como eran antes.

—¿Cuáles?

—El trabajo. La relación en el trabajo se ha vuelto líquida. Cada vez son menos las personas que tienen un trabajo fijo. O uno que vaya a durar mucho tiempo. O que vaya a realizarse durante mucho tiempo en el mismo lugar. La gente, ahora, tiene que estar más o menos preparada para cambiar de trabajo con mucha frecuencia. Tener más de uno, porque es muy difícil encon- trar un empleo a tiempo completo. Estar dispuesto a cambiar de ciudad, de país. Se requiere eso, una persona que tenga casi la facultad de lo líquido. De ser fácilmente transportable de un lado para otro. ¿Cómo se puede hacer eso compatible con los lazos amorosos, familiares o de amistad? Es difícil.

—¿Cada vez somos más individualistas y nos cuesta renunciar a cosas por el otro?

—Las transformaciones sociales han hecho que, en las últimas décadas, la llamada realización personal se haya convertido en un ideal que socialmente se promueve. Todo el mundo quiere su realización personal. La gente no está muy dispuesta a hacer demasiadas concesiones a eso. Cuando se encuentra con que hay situaciones que requieren hacer concesiones, se producen grandes conflictos. Los hombres quieren su realización personal, las mujeres quieren su realización personal. Todo eso son realidades nuevas que no se pueden cuestionar moralmente. Eso es lo que la Iglesia o las religiones hacen. Intentan mantener un discurso moral que intente amonestar las cosas que suceden.

—En su libro, escribe que “Dios es el resultado de un grandioso proceso de sublimación”.

—El Dios monoteísta es el resultado de un proceso cultural extraordinario. Ha consistido en lograr que los múltiples temores a los que los seres humanos hemos estado siempre expuestos se concentren en uno solo. La invención del monoteísmo supuso obedecer a un solo amo, temer a uno solo y esperar el beneplácito de uno solo. Eso desembocó en una gran economía. Conlle- vó una posibilidad de ejercer un control político muy grande y, al mismo tiempo, mantener a las poblaciones con un cierto orden mucho más manejable. Dios tiende en los últimos tiempos a ser sustituido por la ciencia. Se pretende que la ciencia ocupe el lugar que antes tenía Dios. Por eso, la Iglesia ha mantenido siempre una disputa muy grande con la ciencia. Comprendieron que la ciencia iba a terminar rivalizando con la palabra divina.

—¿Quizá la Iglesia lo ha comprendido en el presente y con el Papa Francisco están cambiando las cosas?

—Claro, porque la Iglesia católica ha sido siempre de una astucia y de una inteligencia de sacarse el sombrero. A diferencia de los otros dos grandes monoteísmos, el islámico y el judaísmo, la Iglesia católica ha tenido la extraordinaria habilidad de estar siempre anticipándose al movimiento de la historia. Ha sabido maniobrar para estar en la superficie, pegada a los hechos. Cuestionándolos, pero siempre ha sabido negociar. De ahí, su extraordinaria supervivencia. El catolicismo, independientemente del número de fieles que tenga, es verdaderamente la religión que ha triunfado.

—¿Tiene futuro?

—Cada vez más. Paradójicamente, uno de los retornos del péndulo es la religión. Nos encontraremos con un mundo más des- humanizado, más tecnificado. No obstan- te, por esa misma razón, tendrá necesidad de explicaciones y necesidad de que alguien proporcione sentido a la insensatez creciente de la vida. Cada vez más, la gente va a encontrar más consuelo en la reli- gión. Eso sí, hay que tener en cuenta una cosa muy importante. Cuando hablamos de religión, ahí entran todas. No es que la Iglesia católica tenga asegurado su futuro, o los protestantes lo tengan asegurado. No. Observemos el fenómeno que ocurre en Latinoamérica. Allí, el aumento de la religiosidad es algo espectacular. ¿Cuáles son las religiones que prosperan? Todas aquellas que en realidad la Iglesia católica considera sectas. Los adventistas, los evangelistas,... Por eso, creo que este Papa tiene la suficiente clarividencia para darse cuenta de que hay que ponerse a tono con las necesidades de la gente. O la gente va a buscar eso en otras religiones.

—¿Qué efectos tiene el capitalismo sobre las personas?

—El capitalismo sólo puede admitir en su seno, en el estado actual del capitalismo, a una proporción pequeña de la humanidad. Antes, el capitalismo absorbía a todo el mundo. Los que quedaban fuera eran los que Marx denominaba el ejército de reserva. Eran personas que estaban desempleadas, pero que estaban allí, a disposición del sistema. En algún momento, los iba a necesitar. Ahora, ya hay millones y millones de personas en el mundo que nunca más van a ser empleadas para nada. Son desechos definitivos. Eso es lo que ha creado catástrofes humanitarias que son irrecuperables. Ya hemos perdido la noción de los millones de personas que viven en campos de refugiados, y que no tendrán jamás un retorno a la vida que tenían antes. Lamentablemente, para Occidente eso son cosas que quedan como muy lejos.

—¿Aquí vemos peligrar nuestro Estado del Bienestar?

—En las grandes capitales de España todavía lo vemos poco. Somos una sociedad donde hay una tendencia a la privacidad del padecimiento. Hay un pudor en la sociedad que hace que la gente disimule mucho sus carencias. ¿Hasta cuando se va a poder resistir eso? No lo sabemos. Si hay una cosa que yo he aprendido, una de las cosas que más he valorado en los 32 años que llevo viviendo en España, es el sentido de pudor, pero en el sentido noble y digno de la palabra. Hay un pudor pacato, pero también hay un pudor que significa no hacer un exhibicionismo de los problemas.

—¿Las vergüenzas las lavamos en casa?

—Exactamente. Hay algo en la psicología de España, quizá también como producto de la impronta de la Iglesia, de no hacer una exhibición de los problemas. Lamentablemente, el Gobierno actual se está aprovechando mucho de eso. Le resulta muy ventajoso la dificultad o el pudor que la gente tiene para mostrar sus necesidades. La gente de verdad debería en este momento ejercer una presión muchísimo más grande.

—¿Se refiere a lo de la “mayoría silenciosa” que se queda en casa?

—Efectivamente.

—Entonces, ¿deberíamos de estar manifestándonos más en la calle?

—Se han dado muchas manifestaciones. No quitemos mérito a la Marea Blanca, a la Marea Verde o a la Marea Roja. Y alguna cosa se ha conseguido. No obstante, creo que es poco en proporción a todo el atropello que se ha cometido en un país en el que habíamos alcanzado cotas y logros sociales a la altura de los países más desarrollados de Europa.

—¿Por eso surgen partidos como Pode- mos, que muestra que hay gente harta del establishment político?

—Sí. Yo soy por ahora muy cauto al respecto. Podemos despierta mi simpatía. También debo decir que yo pertenezco a una ge- neración acostumbrada a una política más o menos tradicional, en el sentido de la derecha y de la izquierda. Entonces, es una fórmula nueva que miro con verdadera expectativa. He conocido ejemplos semejantes en Argentina a partir del año 2000. Se intentaron crear organizaciones de este tipo. Finalmente, no prosperaron allí. Evidentemente, son dos realidades distintas. Dos historias diferentes. Esperemos que esto prospere, porque necesitamos, no una transformación cosmética de la política, sino una transformación verdaderamente desde la raíz. Las personas jóvenes ya no creen en la política que se ha dado hasta ahora. Y eso es algo muy peligroso. Porque la política es indispensable. No podemos imaginar un mundo sin política. Lo político también tiene su dignidad. La vida es política. La política no es lo que hacen los políticos.

7 de Noviembre de 2014

TIRESIAS// QUÉ FAROLES PARA UN AGUJERO IMPOSIBLE (MARTA GARCIA DE LUCIO) // TIRESIAS EN LA CIUDAD DEL ESPECTÁCULO (ROSA GODINEZ)

16:03:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

QUÉ FAROLES PARA UN AGUJERO IMPOSIBLE

 

VIA JORNADASELP

La fraternidad entre filosofía y psicoanálisis radica en dejar abierta la cuestión de la verdad que el discurso de la ciencia ignora y el discurso capitalista banaliza

Rithée Cevasco

Para poder poner a dialogar dos campos que trabajan la subjetividad como son el Psicoanálisis y la Teoría Queer, es necesario hacer unas aclaraciones previas sin las cuales la conversación se ve absolutamente obstaculizada. En primer lugar, el psicoanálisis como corpus teórico nace de la clínica y se aboca de vuelta a ella. Trata de la singularidad en su sentido más radical, si bien se sirve de orientaciones generales. La Teoría Queer sin embargo, es fruto de la reflexión filosófica, y da cuenta de las condiciones sociales que posibilitan modos de subjetivación de unas normas de género que generan a su vez una oposición entre los incluidos y los excluidos. Podríamos decir pues, que el primero se dedica a los recovecos de la psique singular, y la segunda se concentra en un nivel más de lo político. El Psicoanálisis, pues, se hace preguntas sobre la estructuración psíquica de los sujetos, mientras que la Teoría Queer se las hace en torno a las condiciones de posibilidad de la subjetividad, al marco social. Estas diferencias no significan per se, que ambos campos ignoren las consecuencias del discurso del otro. Hasta qué punto conviene que se tengan en cuenta ya es harina de otro costal. ¿Le interesa al Psicoanálisis tener en cuenta la carga semántica de “lo femenino” y “lo masculino”? ¿Es importante para la práctica clínica abordar la cuestión de la diferencia sexual no sólo a partir de la estructuración psíquica, sino también de lo que precede a ésta? Y del mismo modo ¿Es necesario que la Teoría Queer aprehenda lo psíquico para su filosofía crítica y para sus prácticas políticas?

Para ambos discursos, el sexo es consecuencia de un proceso, si bien para cada uno se trata de un proceso distinto. Lacan nos aporta las fórmulas de la sexuación como momento de una estructuración del sujeto en relación al goce, es decir, en un momento dado, el sujeto elige inconscientemente un goce: el goce fálico (masculino), o el goce no-todo fálico (goce otro, goce femenino). El sexo pues no tiene que ver con la anatomía, ni con el género sino con un modo de gozar. Butler, por otro lado, nos trae el asunto de la norma como forma de regular una materialización del sexo, que no es ni enteramente biológico ni meramente cultural, a través de la reiteración (un asunto interesante sería ver qué conexiones y desconexiones podemos encontrar entre esta reiteración de la norma, y la repetición sintomática del inconsciente), “afirmar que las diferencias sexuales son indisociables de las demarcaciones discursivas no es lo mismo que decir que el discurso causa la diferencia sexual” (Butler: 2002). Lo importante aquí, es que sea como fuere, no hay sexo sin marco social de producción del mismo, si bien esto no implica un discurso todopoderoso.

¿Puede resolverse la cuestión de la diferencia sexual, exclusivamente desde el psicoanálisis, o desde las teorías construccionistas, o desde la biología? Que a cada campo le interese poner el foco en uno u otro lugar, no conlleva una exclusión inevitable del resto. De hecho, alumbrar siempre genera sus sombras, y quizás es desde varios puntos de iluminación que esas sombras puedan ser menos. No hay duda de que dar cabida al inconsciente en lo político, ha de servir para desenredar ciertas cuestiones, se me ocurre por ejemplo, la confusión entre aceptación y conformismo. Llevándolo al terreno de la diferencia sexual, podríamos decir que la aceptación del modo de goce propio –que deviene de un trabajo de análisis previo que lo ha puesto de manifiesto-, la aceptación del sexo, facilita, en alguna medida, la vida al sujeto, y esto no tiene que ver con ningún tipo de conformismo. La aceptación que llega a través del análisis en el campo de lo singular, puede trasladarse a lo colectivo, generando otro tipo de política. Una política más alerta a lo singular. Pero por otro lado, ¿les interesa a los psicoanalistas pensar el sexo desde las teorías que se centran sobre todo en el terreno de cultivo del mismo? ¿Cabe seguir preguntándose qué queremos decir cuando enunciamos “hombre” y “mujer” a la hora de examinar las fórmulas de la sexuación que propone Lacan? ¿Qué elementos afectan a la constitución psíquica del sujeto a la hora de tomar una posición respecto al falo (tenerlo o serlo)?  Donde pudiera resultar evidente para algunos tales significantes, es de vital importancia para aproximarse a eso que podríamos llamar roces de verdad teórica desde el pensamiento teórico y la práctica clínica, mantener vivos los interrogantes que nos permiten avanzar en el terreno analítico.

Este Ser-para-el-sexo, no resulta una tarea fácil de encarnar, no es sencillamente una doblegación del ser al sexo, sino más bien una complicada cruzada interior del sujeto por, una vez hecha la elección inconsciente del modo de goce, encajar en uno u otro, en un marco que establece las reglas del juego a priori (Es de este marco que se encargan de pensar las Teorías de Género). Esto es lo que podríamos llamar género. Pues si en definitiva la diferencia sexual nada tiene que ver con el género, ni con el sexo anatómico ¿Por qué llamarlo femenino o masculino? ¿Por qué encontramos más mujeres del lado del goce no-todo y más hombres del lado del goce fálico? Creo que es interesante no dejar estas preguntas cerradas con respuestas en torno a cierta inocencia del lenguaje, o a algún tipo de argumento ad verecundiam. Luego, el empeño más allá de la batalla interior, consiste en además, proporcionar una relación sexual que es imposible. De esto se deriva la siguiente conclusión: si no es posible para un sujeto encarnar un sexo en paz, como iban a poder dos sujetos encontrarse en alguna suerte de proporción armoniosa entre ambos. Y de ahí, los síntomas. Esta dificultad en encontrar una forma calma de vivir el sexo, se puede resolver en la clínica, más o menos -ya sabemos que una cura como tal, no la hay-. Sin embargo, ¿resta esto relevancia al pensar y maniobrar en lo político para que el sexo tenga otras condiciones de posibilidad en lo social, y por lo tanto otras consecuencias en la subjetividad? Y, es más, ¿no es importante para el analista estar advertido de esto para evitar prejuicios? Si bien es cierto que el analista debe estar vacío de éstos durante su práctica clínica, es menester hacerse dos preguntas ¿Es posible esto incluso cuando uno más tarde piensa y trabaja sobre el caso que tiene entre manos? Y ¿tiene importancia lo que escriben los analistas en revistas y libros que se divulgan así entre sus aprendices?

Es evidente que mucho sufrimiento subjetivo se deriva de esas relaciones con el goce de las que estamos inadvertidos. Y que este sufrimiento no es, en absoluto, exclusivo de las mujeres. No es por una cuestión de justicia en el ámbito de lo subjetivo, que me parece importante aceptar la invitación a pensar la cuestión junto con otros ámbitos teóricos. Me parece fundamental por diversas razones. Hoy hay elementos que nos empujan a repensar lo femenino y lo masculino: la transexualidad –que ya no podemos pensar tan rápidamente como un producto de la psicosis- y la gestión psico-sanitaria de la misma; los tipos distintos de familia; la devaluación del Nombre del Padre; etc.  Además, no sobra dejar ciertas preguntas abiertas cuyas respuestas aceptemos como afectadas por las contingencias socio-culturales de cada época. Cada ficción subjetiva en torno al sexo encuentra su eco en las ficciones de la época. Qué consecuencias tienen estas ficciones en el plano individual, de pareja, y colectivo, es la poza en el que cada campo se sumerge de manera distinta, con fines distintos. Que los fantasmas anden peleados –o amándose demasiado el uno al otro- en el plano imaginario, probablemente no basta para dar cuenta de los problemas de la diferencia sexual; quizás, para tener una perspectiva más amplia, sea necesario finalmente ahondar en las fuentes nutritivas de las que se alimentan esos fantasmas más allá de lo familiar, de la experiencia singular. Por ello, un diálogo entre el Psicoanálisis y las Teorías de Género, se presenta de lo más interesante, ya que ambos tratan de dar cuenta de ese mismo campo problemático que no ha dejado de ser un enigma a pesar de todas las pesquisas -científicas, filosóficas, psicológicas, subjetivas…- llevadas a cabo a lo largo de la historia de la humanidad. Ninguna respuesta clausura la cuestión, es un agujero insondable. Queda sólo el husmear.

Marta García de Lucio, participante del NUCEP -  Madrid

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TIRESIAS EN LA CIUDAD DEL ESPECTÁCULO

 

VÍA JORNADASELP

Si Tiresias se paseara por los círculos sociales de este siglo XXI sin duda le surgirían muchos interrogantes. Para inmiscuirse y pasar desapercibido debería adoptar algunas de las figuras que le son propias como la de mediador. Para ver qué rasgos de época y qué estilos de vida tienen los hombres de hoy, no le haría falta visión alguna, a pesar de que el mundo de hoy está atravesado por la imagen. Con su saber escuchar, su saber hablar y su saber hacer bajo su forma andrógina bastaría para hacerse una idea de que “asistimos al espectáculo del acontecimiento imprevisto” (J.-A. Miller, Los usos del lapso, p. 118).  No obstante, pasados ya el primer decenio del cambio de siglo, descubriría que ciertos avances que producen cambios en las maneras de funcionar, de trabajar y de hablar ya no provocan tanto asombro. Nos estamos acostumbrando a lo sorprendente, a lo increíble. Se modifica el campo del lenguaje, el orden simbólico ya no es el mismo, y cambian los contenidos y formas de las palabras mismas y su uso.

Tiresias aprendería rápido que se habla de muy diferente manera ya no, por supuesto, en comparación con la Grecia clásica, sino respecto a un tiempo anterior reciente que padece modificaciones constantes producidas, sobre todo, por los intereses del mercado de consumo. Incorporamos modos de decir diversos que nombran lo nuevo. Cuando en un instante del tiempo digital uno encuentra casi todo lo que quiere saber. ¿Qué profecías contemporáneas podría hacer Tiresias hoy?

Tiresias andrógino ¿quizá podría entender mejor que nosotros la aspiración a la feminización del mundo propia de este nuevo siglo? En la pregunta por el goce de los sexos: ¿quién tiene más placer sexual, la mujer o el hombre? Lacan le asignaría estar en una posición femenina por estar en función de interpretar la particularidad del goce. De esta manera, Tiresias clásico en su vestimenta actual estaría más cerca de la figura del analista. Pues, cada cual en su función, pueden mediar en las paradojas de la época y en el fuera de sentido de lo real sin ley que le es propio. Lo más importante, no obstante, es saber hacer con lo que resta, con lo imposible de decir y de asimilar.

Se apercibiría que “El psicoanálisis cambia, esto no es un deseo, es un hecho, cambian en nuestros despachos de analistas…” (J.-A. Miller en “El inconsciente y el cuerpo hablante”) lo cual da cuenta del nuevo régimen de vida y de las nuevas maneras de hacer de los sujetos y de sostener el lazo social. Hemos pasado de la época freudiana de la represión de la sexualidad al tengo derecho a gozar, que pone en juego el cuerpo, y que en un extremo llega a la puesta en acto de una obscenidad, en ocasiones absoluta. Siempre es de orden sexual pero toma formas diferentes plasmándose en imágenes de matanzas, situaciones de pobreza extremas, nuevas enfermedades por contagio, que dan cuenta de las diversas modalidades de la pulsión y de las manifestaciones de lo real indecible.

Antes en el orden del Nombre del padre, la transgresión y la infracción se manifestaban en el marco de la ley que, como tal, marcaba una regulación. Ahora dicha regulación se pide a gritos en la profusión de los pasajes al acto de hombres y mujeres. Sus cuerpos lo expresan de diversas formas.

Como señala J.-A. Miller, esta era conoce la difusión masiva de lo que se llama el porno y que es el coito exhibido, convertido en espectáculo y en un show fácil de acceder vía internet. Pero todas estas manifestaciones no dicen más que lo que Lacan plantea en su Seminario 23 que “hay un problema en la vida que no tiene solución, pero que no puede dejar de plantearse: No hay relación sexual para la especie humana”.  Las elecciones de sexo hoy contienen en sí mismas una paradoja, pues la mayor libertad de expresión que la sociedad actual permite no se acompaña de la ausencia de malestar y de conflictos, presente por otra parte, e ineludible, en la propia operación subjetiva en juego.

Tiresias se plantearía la cuestión del deseo, qué quieren los hombres y las mujeres de hoy. Lo cual pasaría necesariamente por escuchar a los unos y a las otras, en particular. Si le invitáramos a pasar por nuestras consultas se toparía con que el deseo hoy se hace sentir bajo la forma de la voluntad. ¿Entendería, no obstante, “cómo puede el deseo bajo la forma de la voluntad volverse perentorio, imperativo…”? ¿Cómo se registra en cada sexo? De hecho, lo distintivo del deseo, sobre todo en el escenario actual, es el deseo que pasa al acto, que quiere, que se vuelve voluntad. Ésta presenta sus afinidades con la feminidad, lo cual nos lleva la vía del capricho. Tiresias vería que “el mercado constituido por la sociedad donde nos desplegamos es una cultura del capricho” (JAM, Los usos del lapso, p. 128).

La inconstancia, la inestabilidad, la banalización, el horror al saber inscrito en la peculiaridad de esta época, responden a un real caprichoso. Tiresias se iría de la ciudad del espectáculo, pasando un tiempo como convidado especial en la consulta de los psicoanalistas, sabiendo de la existencia del acontecimiento imprevisto que, como dice JAM, es uno de los nombres de lo real. Se llevaría también algo valioso para anunciar a los suyos: y es que en esta era digital aún están los psicoanalistas bregando para impedir que la sociedad actual no elimine caprichosamente el lugar del pârletre y sus acontecimientos de cuerpo.

*Sociedad del espectáculo que se plasma en las noticias diarias donde el rasgo del exceso se refleja en la cascada de imágenes que llegan por pantalla (diarios y revistas virtuales, you-tube, blogs, magazines, telediarios…) de corrupción en la política, epidemias, muertes y violencia en directo, vida íntima de famosos y gente corriente, etc…”

Rosa Godínez. Miembro ELP y AMP.

5 de Noviembre de 2014

IV Conversación Clínica del Seminario del Campo Freudiano en Bilbao

14:04:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

Publicamos este video realizado por un Equipo de Bilbao con motivo de la Conversación Clínica del Seminario del Campo Freudiano de Bilbao, con la presencia de Jean Louis Gault.

3 de Noviembre de 2014

RESEÑA SEMINARIO DE LA ESCUELA EN LA COMUNIDAD DE CASTILLA Y LEÓN DE LA ELP (VIRGINIA GONZÁLEZ, PALENCIA)

12:33:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

La formación del psicoanalista y su orientación por lo real

Un día pierdes movilidad, otro día pierdes la vista, otro pierdes la capacidad auditiva, pero lo malo es el día que pierdes la curiosidad. Cuando todo deja de interesarte te das cuenta que te tienes que morir, y cada día que vives de más ya empieza a ser una faena[1].

Ramón Carande, historiador y economista palentino.

La agradable mañana de otoño daba comienzo con la presentación de Ángela González en la que dejaba claro que la formación del analista y su producción no pueden ser consideradas equivalentes.

En una breve referencia a Eric Laurent, comentaba que el psicoanalista no es autista. El psicoanalista no cesa de dirigirse al interlocutor benevolente, a la opinión ilustrada, a la que anhela conmover y tocar a favor de la causa analítica.

A este respecto,  Jesús Ambel nos trasladó sus primeras impresiones sobre la ciudad de Palencia: “El psicoanálisis está presente en la ciudad”. Esto nos anima a seguir trabajando, pues es síntoma de que el discurso analítico ha calado en la Vieja Castilla y deja constancia de que el inconsciente tiene la virtud de hacer lazo social.

Alfredo Cimiano nos situó en los orígenes del psicoanálisis con un texto titulado “La formación del psicoanalista de Freud a Lacan”.

De manera muy detallada nos introdujo en las circunstancias históricas que han llevado hasta la formación del analista actual. Desde el autoanálisis de Freud hasta la formación de la Escuela por Lacan en junio de 1964, en la que se puso a trabajar a los psicoanalistas, para que en su seno se interrogasen, para que inventasen. En este punto Alfredo nos habló de la importancia de escuchar en vivo y en directo el testimonio de los AE en los que está presente la enunciación. Jesús Ambel y Carmen Conca expresaron que en estos testimonios queda patente que los psicoanalistas lacanianos no son expertos porque ubican en el núcleo de su formación un no saber, punto central de la formación orientada a lo real. Este es el reverso del discurso del amo contemporáneo, que apunta a saberlo todo, a protocolarizar todo rompiendo con la tradición humanista de los griegos y produciendo expertos a favor de la homogeneización absoluta.

Virginia González continuó hablando sobre este tema con el texto titulado “Puntos de partida para la formación y orientación por lo real de las nuevas generaciones”. Nos sitúa entre la monotonía de la mera adquisición de saberes a la que estamos acostumbrados y la orientación a lo real en la formación del psicoanalista. Se centra en la necesidad de romper con esa monotonía, para dar paso a la curiosidad, y a un deseo de saber que como indicaba Jesús ambel, no es natural y por eso hace falta un análisis.

Esta rotura con la adquisición de saberes es el paso imprescindible para formar parte de las nuevas generaciones, siendo también preciso un trabajo de elaboración propia y un intercambio activo de conocimientos. Esta es la verdadera orientación a lo real, que se obtiene en el fruto del análisis conformando un trípode junto con los seminarios de formación teórica y la transmisión pragmática de la práctica en las supervisiones. Jesús Ambel completó este trípode con el interés por el final de análisis, el psicoanálisis aplicado y el discurso analítico en la ciudad. Concretamente, nos centramos en el interés por el final del análisis, entendido como un beneficio social porque se pone el resto de goce al servicio de la Escuela, del psicoanálisis y de la ciudad.

Este resto sintomático se pone a trabajar en la Escuela para el Psicoanálisis en sentido clínico, en una biblioteca, como docente, en conferencias… y si se puede contar y entresacar la singularidad nos encontraremos al servicio del Pase. Es decir, el deseo del analista estará en la posición de obtener la diferencia absoluta. Carmen Conca nos recordó la importancia de asistir a los Testimonios del Pase que se realizan cada año en las Jornadas, donde podremos escuchar en primera persona la orientación a lo real y el aprovechamiento del resto de goce sintomático en la Escuela para el Psicoanálisis.

Roberto Martínez de Benito cambió de tercio el tema de la mañana con el texto titulado “Algunas cuestiones “imbéciles”…”. Nos habló desde su experiencia clínica con psicóticos graves (esquizofrénicos en su mayoría), y de su relación con desmontar la defensa, desordenar la defensa contra lo real en este tipo de pacientes en los que el inconsciente está a cielo abierto.

Esto nos valió para ver que hay que poner en cuestión cada día lo que sabemos (lo hacía el propio Lacan), puesto que la sociedad está en un continuo proceso de cambio y el psicoanálisis cambia con la época. No obstante, siempre hay que ver caso por caso ya que el precio del ser hablante es que el goce no está regulado, y no hay que tocar la relación privilegiada que un psicótico tiene con un goce desregulado.

Hay que tener presente que lo que cambia un análisis es el régimen de goce reglamentado por el fantasma, pero hay que tener en cuenta que el descontrol del goce hace difícil volver a las estructuras clínicas clásicas (psicosis/neurosis/perversión), y por esto debemos trabajar acorde con el cambio del psicoanálisis en una época en la que lo fundamental es gozar.

Clausuró la conversación José María Álvarez mediante una pequeña reflexión de cada uno de los textos que se presentaron en la Conversación teniendo en cuenta la singularidad de cada uno de sus escritores. Además, destacó la importancia de diferenciar la formación del analista de la producción del analista, siendo el psicoanálisis una técnica que no puede aprenderse en los libros.

Desde la Comunidad de Castilla y León queremos agradecer a Carmen Conca y Jesús Ambel la animación de una conversación que ha mantenido viva la curiosidad, el deseo de saber y el deseo de seguir inventando.

Virginia González Diez

Socia Comunidad de Castilla y León de la ELP

 


[1] http://vozacida.blogspot.com.es/2013/11/por-curiosidad.html

28 de Octubre de 2014

TIRESIAS// Ser mujer es agotador (Fernando Martín Aduriz)// (Hacerse un cuerpo (Chus Gómez)

12:14:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

Ser mujer es agotador (Fernando Martín Aduriz, Palencia)

Un transexual vive la posición del arrepentido. Ha sido mujer, y esta experiencia lo ha agotado. Exclama pues, “ser mujer es agotador”. Quiere volver a ser hombre. La noticia ha saltado estos días: ser mujer es agotador.

Tiresias fue mujer siete años, siete. Y después volvió a ser varón. Entonces le consultaron: y Tiresias afirmó con rotundidad que el hombre sólo experimentaba una décima parte del placer que vive la mujer, lo que le permitió obtener de los dioses dos cosas: una buena ceguera, y una larga vida.

Nuestro transexual, pues, Chelsea Attonley quiere volver a ser Matthew por unas razones muy claras. Primero, él mismo lo narra: ”siempre he deseado ser una mujer, pero ninguna cirugía puede darme un cuerpo femenino real así que siento que estoy viviendo una mentira”. Segundo, los tratamientos hormonales le han llevado a una depresión y a un estado de ansiedad. Tercero, no se encuentra a si mismo/a, ergo, no encuentra trabajo. En una palabra, que ya ha empezado con la testosterona.

La enseñanza del caso público de Chelsea/Matthew para nosotros es importante. El juego de las identificaciones, de lo imaginario de una forma, no da para definir el estatuto simbólico de un género. No ha bastado la modificación, tampoco, del cuerpo real, para encontrar la definición a la pregunta qué soy, hombre o mujer.

El acomodo placentero en tanto ella, Chelsea, a Matthew, él, no le acaba de convencer.¡La identidad sexual! Ay, qué complicación definirse como hombre o como mujer, qué tesitura la de este joven Tiresias. Cuánto nos aclararía su discurso si pudiéramos obtener su testimonio en nuestras próximas Jornadas de la Escuela Lacaniana. Pero de momento, y a falta de que acudiera a un analista a comprobar las auténticas razones de ese encuentro agotador con el ser mujer, nos orientamos por la enseñanza de Lacan. Y así, sabemos que situarse en una posición, masculina, femenina, homo, travesti…no alcanza para dar cuenta del modo particular de goce. Chelsea se refiere a agotamiento. ¿Qué ha agotado? Cree que es ser mujer lo que es agotador. Pero también lo es ser hombre. Y, a lo que se ve, travesti. Es el deseo lo agotado, pues no lo ha encontrado vía identidad, y tampoco ha encontrado la llave del acceso al goce de las mujeres, ese que Tiresias evaluó, y ahora trata de recuperar el tiempo perdido en esa búsqueda. (Es pertinente evocar en este punto lo que Lacan muestra respecto al falo, aunque refiriéndose a los neuróticos, en La dirección de la cura, ‘ya sea que sepa que el Otro no lo tiene o bien que lo tiene, porque en los dos casos su deseo está en otra parte: es el de serlo, y es preciso que el hombre, masculino o femenino, acepte tenerlo y no tenerlo, a partir del descubrimiento de que no lo es’).

Nuestro agotado sujeto ha hecho una viaje de ida hacia el ser mujer y ahora pretende hacerlo de vuelta hacia ser el hombre, pero aún no sabemos la verdad de ese trayecto, la causa, y la posición subjetiva que determinan sus elecciones de identidad sexual.

Lo que finalmente no deja de ser baladí es la cuestión que plantea el periodista en la noticia. Insiste en mencionar quién sufraga esas operaciones de cambio de género, que al parecer es el erario público, pero creo que la correcta forma de interpretar esto es apelando a la necesidad para este sujeto de contar con la mirada del Otro, de solicitar su respaldo, de introducir el asunto en el campo del Otro, al no efectuar tales operaciones por la vía de su privacidad. Razón de más para tenerlas en cuenta, comentarlas y estudiarlas.

Fernando Martín Aduriz, miembro de la ELP y la AMP. Palencia.

 

 

HACERSE UN CUERPO (Chus Gómez)

Estamos a finales de los 70, recién acabada la dictadura. R estrenaba sus veintitantos. Su infancia ya dejaba clara su posición de elegido del lado materno y la imposibilidad para encarnar el ideal paterno, que como un imperativo  había guiado al resto de hermanos varones: pertenecer a las “fuerzas y cuerpos” de seguridad del estado ocupando una función de rango como el padre ocupaba.

El relato familiar era toda una declaración de intenciones y de mandatos superyoicos que constituían el ideal familiar que cada uno de los hijos acabó encarnando simbolicamente salvo R que lo encarnó en lo Real puesto que a la ley simbólica no podía someterse.

Previamente y pese a todo, cansado de oír las quejas sobre su condición de excluido, aceptó pasivamente ingresar en la academia militar, para ver si se hacía por fin “un hombre”. Lo expulsaron por “no acatar las normas y por sus tendencias homosexuales”.

Siempre había preferido los juegos con muñecas o  con animales, especialmente los pájaros y en su defecto su apuesta había sido jugar en soledad. Al respecto de su tiempo en la academia,dirá:“aquello no era para mí”.

Su rebeldía con las normas, le llevó a su primer ingreso psiquiátrico a los 18 años. Duró 8 meses. El motivo del ingreso: un acto suicida, que inauguraría una serie larga: ahorcamiento delante de una iglesia, precipitación por una terraza…varios envenenamientos con psicofármacos… Algo singular los une: la presencia de gente en la escena.

Al salir de alta, y después de un tiempo, reúne una cantidad de dinero que le permite irse a vivir a una gran ciudad en donde ejerce la prostitución homosexual, sin implicación afectiva de ningún tipo.

Regresa de nuevo y se somete a una IQ de cambio de sexo. Se convierte así en La Mujer…que deslumbra al otro por su belleza.

Su empuje a la mujer había sido encarnado en lo Real del cuerpo. Podríamos elucubrar que quizás la imposibilidad de asumir la castración simbólica fue desplazada y actuada en la castración química…

Nos dirá que hubo un tiempo en el que fue feliz. Que su nueva condición de travesti le procuró reconocimiento y éxito social permitiéndole su invento hacer lazo en el mundo. Incluso con esa condición singular trabajó cuidando niños.

La felicidad quebró cuando unos años más tarde irrumpieron en escena las voces:

“Hasta entonces vivía feliz, tenía pájaros, plantas y atendía mi casa. Tenía la gracia que tienen las mujeres, hasta que empecé a oír voces…una de hombre, otra de mujer y una asexuada…criticaban todo lo que hacía, me llamaban de todo…furcia, o me decían sígueme a mí…Después empecé a sentirme deprimido porque la gente no me entendía…Ahora me siento sin sexo, el miedo que tengo es haber perdido la libertad. Para mis padres era un monstruo, me operaria me quitaría los pechos porque mis padres lo quieren. El médico me lo aconsejó, aunque psiquicamente siempre seré mujer”

En esta coyuntura se somete de nuevo a otra IQ, posiblemente muy presionado por su familia, en un intento de recuperar la “decencia social”, su cuerpo recupera su aspecto masculino.

Como en el mito de Tiresias ha encarnado los dos cuerpos, si bien como psicótico que es, independiente del cuerpo biológico que encarne, su posición será siempre la de la hacer existir La Mujer.

Es una etapa convulsa, con continúas entradas y salidas del psiquiátrico, mucho sufrimiento y conflictos en casa con sus padres y hermanos para los que es “un degenerado”.

Sus preguntas en ese momento son existenciales: “¿quién soy yo?” y su correlato afectivo la depresión. Está perdido, sin salida, ni sentido en su vida.

Escucha la voz aguda de una mujer que le dice: “vivo en ti”.

Ingresos y más ingresos…deprimido, abatido, “con las puertas cerradas”.

“Mi madre no es mi madre, es un ama de cría…mi padre no es mi padre, es mi padrastro…ellos juegan al juego de la sin razón y yo al de la razón. Mi madre es Marlene Dietrich. La madre se diferencia del ama de cría en que el ama de cría te olvida y la madre no” “mi madre no pregunta…hurga en mi vida”

Hoy R mantiene un aspecto masculino ya de cierta edad, su belleza femenina, extraordinaria hace años, es solo un recuerdo, que se ha cansado de relatar a unos y otros.

Es un hombre apreciado y querido en su entorno de amigos…pocos. Siempre ha sido amable.

Hoy arrastra la vida como puede lastrada por una enfermedad crónica que merma aún más su vitalidad marchita.

Son los rescoldos mortecinos del empuje a la mujer que un día pasó a lo real del cuerpo para encarnar La Mujer que lo fue de todos los hombres que como travesti la buscaban: “Era la mejor“(sic)

Chus Gómez. Miembro ELP y AMP

24 de Octubre de 2014

Vídeo de la presentación y coloquio de la película "A cielo abierto"

14:17:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

Como os comentábamos el pasado 5 de septiembre en este mismo blog, el 17 de octubre se presentó en el cine Artistic Metropol, junto con un coloquio, la película de mismo

Os dejamos el vídeo

 

 

 

20 de Octubre de 2014

Reseña de la conferencia El ser humano, un compuesto trinitario de simbólico, imaginario y real (Vilma Coccoz, Madrid) por Miguel Ángel Alonso

21:19:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

CONFERENCIAS DE INTRODUCCIÓN A LA ORIENTACIÓN LACANIANA

(Nucep-Madrid)

¿QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS LACANIANO?

Coordinan: Amanda Goya y Gustavo Dessal

El ser humano, un compuesto trinitario de simbólico, imaginario y real

Vilma Coccoz (2-10-14)

Reseña de la conferencia: Miguel Ángel Alonso


Vilma Coccoz fue la psicoanalista encargada de dictar la cuarta conferencia del ciclo ¿Qué es el psicoanálisis Lacaniano? ¿Cómo estar seguros de que lo que vivimos no es un sueño? fue la pregunta que inauguró esta conferencia, pregunta apoyada en el célebre sueño de  Chuang Tzu, poeta chino del Taoísmo, que dice así: “Un día soñé que era una mariposa que volaba libre por el cielo, sin saber que era Chuang Tzu. Cuando desperté de golpe, vi que era Chuang Tzu. Pero ahora no puedo saber si soy Chuang Tzu que soñaba que era una mariposa o soy una mariposa que sueña que es Chuang Tzu”, sueño donde se expresa la inquietud ontológica propia del ser hablante, que manifiesta la incertidumbre respecto a la identidad, y que muy bien puede estar en el origen de una demanda de análisis. ¿Cómo estar seguros de que lo que vivimos no es un sueño?

Si la mariposa y Chuang Tzu son diferentes, ¿cómo asegurar esa diferencia? Al despertar vio que era Chuang Tzu, pero no es la visión, la imagen del cuerpo, la imagen narcisista o del yo la que le otorga la necesaria certeza,  Chuang Tzu no era idéntico a sí mismo, no sabía quien era, incertidumbre vital sobre la que se volcó el pensamiento occidental dando diferentes respuestas. La tradición occidental se esmeró en resolverla a través del pensamiento. Platón asimiló nuestra vida a una caverna en la que vemos las cosas sólo en su carácter de sombras y reflejos. Aseveró que es el conocimiento de las verdaderas ideas el que nos aporta la solución a nuestras dudas. No por nada a esta corriente del pensamiento se le llamó idealismo. A este  se le opuso otro movimiento, el materialismo. Precisamente, una de las críticas que recibió el psicoanálisis  por parte del marxismo fue que, al acentuar la importancia de lo subjetivo, del inconsciente, dejaba de lado la realidad contundente de lo social.

La historia del pensamiento se jalona alrededor de dualidades: idea/materia, alma/cuerpo, psique/instinto, subjetivo/objetivo. El Psicoanálisis introduce el tres: Real- Simbólico e Imaginario, lo que permite orientarse de otra manera en la estructura. La Iglesia católica lo supo al ocuparse de fundamentar la Trinidad, Freud la ubicó en su justo lugar, no en el cielo sino en la tierra, en la relación entre los sexos: la otra mujer, el tercero perjudicado como requisitos del deseo, allí donde la relación entre dos no puede escribirse.

Pero la consistencia del discurso religioso recibió una conmoción con Descartes, quien inaugura el sujeto moderno y con él la muerte de Dios. Él nos cuenta que buscaba un método que le permitiera vivir siguiendo un camino recto. Vilma narró tres sueños del filósofo, dos traumáticos y el último apacible, que Descartes interpretó como mensajes divinos. Dios es el nombre que se le ha dado al inconsciente, a lo que no sabemos de nosotros mismos, nos enseña Lacan. Los sueños aludían a la verdad y a la falsedad de los conocimientos humanos y de las ciencias en general. Sabemos que con la aplicación del método de dudar de todo Descartes llega a una certeza que no es ajena a la implantación de la ciencia moderna, el célebre: Cogito ergo sum. Con Galileo, con el cual Descartes se identificaba, se inicia el camino de establecer las leyes universales que rigen el movimiento de los cuerpos celestes y los terrestres, asentándolas en los principios matemáticos y no en las engañosas percepciones.

Pero también este furor científico llegaría a adentrarse en el campo de lo subjetivo intentando establecer las leyes de su funcionamiento: la psicología llamada científica postulaba sus principios de la normalidad,  la psiquiatría describía las leyes de la enfermedad construyendo los cuadros patológicos.

Hasta que, en el curso del siglo XIX el discurso de las llamadas histéricas, “marcado por el signo del engaño”, vendría, cual epidemia, a poner en jaque a los sabiondos que insistían en asegurar que Chuang Tzu jamás puede ser una mariposa, que las razones objetivas y materiales así lo prueban y que quien sostenga lo contrario está loco o miente deliberadamente.

V.Coccoz hizo entonces referencia a la carta 137 que, tres siglos después, Freud dirigía a Fliess, donde confiesa un deseo, que en su casa fuese puesta una placa con la leyenda: “El día 24 de julio de 1895, el Dr. Sigmund Freud halló el misterio del sueño.” Hacía referencia al sueño de Irma, con el cual tuvo la certeza del inconsciente, ligado a la singularidad, imponiéndose la evidencia de Otra realidad, de Otra escena poderosa y determinante hecha de lenguaje. Es en ese ámbito en el que el significante “mariposa” o la incertidumbre de Chuang Tzu toman su valor.

Freud llegó al sueño como consecuencia de haberse encontrado en la disposición de escuchar la palabra de aquellas mujeres juzgadas como mentirosas, porque sus síntomas no estaban vinculados a ninguna causa orgánica, es decir, “científicamente demostrable.” .  Se impuso así la evidencia de Otra realidad a la que denominó Otra escena, y la juzgó más poderosa y determinante que aquella que percibimos, vinculada a deseos inconfesables para la moral consciente. Construyó un aparato psíquico triple: inconsciente, preconsciente y consciente. Más tarde, al comprobar su insuficiencia, lo corrigió mediante otra trinidad, el Ello, el yo y el superyó.

El encuentro de Jacques Lacan, joven psiquiatra con la locura, vendría a socavar los cimientos de tales tradicionales bifurcaciones artificiales que habían llegado a borrar el descubrimiento de Freud. Pronto comprendió el alcance del reclamo del psicótico a que fuera admitido el carácter real de sus vivencias. El alienado se rebelaba así a la autoridad de los “doctores”.

Aquí ya no se trataba de ningún trastorno de la imaginación, de la percepción, como podrían sostener los científicos, o los seguidores de Freud, que habían perturbado su creación. Por su parte, Lacan rescata la dimensión ética de la vivencia del delirante, negándose a la estigmatización de la locura y mostrándose dispuesto a recibir la lección acerca de la condición humana que ella nos brinda.  Llegará a definir la experiencia de la psicosis como un trabajo muy serio, como un ensayo de rigor.

La disposición de Lacan a escuchar a los pacientes hizo posible captar la lógica del pasaje al acto en la “paranoia de autopunición” padecida por su paciente Aimée. Porque su justa apreciación exigía su ordenamiento en categorías ajenas a las del discurso médico. Se requería, para captar la lógica que había motivado el acto de Aimée, la distinción de, por una parte, la captura psíquica en lo imaginario, la seducción alienada en una imagen de sí misma que se ha independizado del reconocimiento de los otros, y que, llegado el caso, sólo encuentra en el acto violento una vía para hacerse valer.  Aimée creía ser Aimée. En su caso, Chuang Tzu creía ser Chuang Tzu.

Y, por otro lado, era preciso diferenciar la dimensión de lo simbólico, el orden rechazado por la palabra del delirante cuya “libertad negativa” se niega a la dialéctica y al orden del discurso compartido.  También, supuso cernir el “retorno en lo real” de la tendencia suicida, estructural al narcisismo (como ilustra el mito de Narciso) que ocasiona el atentado.

Así fue tomando forma el trípode de real, simbólico e imaginario, eje de la novedosa lectura lacaniana de Freud, indispensable para ordenar los registros en los que se distribuye nuestra experiencia subjetiva. Se trata de una triplicidad elaborada al filo de la clínica, gracias a la cual es posible distinguir que hay palabras que toman un valor diferente según su inscripción se produzca en un registro u otro. La palabra delirante, la imagen alucinada, se ubican en el registro real, heterogéneo a lo simbólico y a lo imaginario.

Este sería el marco que posibilitaría la solución a la parábola de Chuang Tzu, que permitiría alojar su singularidad y establecer la raíz de la diferencia real entre la mariposa y Chuang Tzu.

La angustia, el signo de lo real, compromete al cuerpo con una fenomenología característica, no se deja dominar por el pensamiento, siendo el afecto que no engaña. La certeza de la angustia testimonia de algo que no podrá ponerse en duda, que va más allá de las apariencias. La angustia lacaniana es productiva, es un acicate para la búsqueda de un saber. Para la psicología o la psiquiatría, la angustia es un obstáculo que trastorna el acceso a la realidad, perturbando el pensamiento.

En cambio, para Lacan, la angustia constituye una vía de acceso a lo real, siendo el pensamiento, las representaciones del yo y el mundo correlativo,  un modo de evitar lo real. Por ese motivo la angustia funciona como el motor de la cura, si bien es preciso modularla.  Es la brecha que hace posible llegar a saber cómo han sido anudados los tres registros mediante la operación del cuarto, el síntoma. Por eso Lacan decía que es conveniente saber contar hasta cuatro.

El analista es llamado a una noble función en este mundo, la de hacerle un lugar a lo real de cada uno, al modo en que pinta los significantes con los colores de su mirada, raíz de su existencia, escritura de su mismidad. A sabiendas de que no hay modelos, ni identidades absolutas, y que cada quien tiene derecho a instruirse en el modo singular, único, incomparable en que se asomó a la vida a partir de las necesidades más humildes. Y así acceder a saber hacer algo con ello, conseguir sacarle partido a su síntoma.

 

16 de Octubre de 2014

Sutilezas, Por GABRIELA GALARRAGA (Barcelona)

10:56:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

Sutilezas. Consecuencias de la última enseñanza de lacan, Gerardo Arenas (compilador), Grama ediciones, Buenos aires, 2013.

 

Este libro es la transcripción de un debate sostenido en la Escuela de Orientación Lacaniana, a lo largo de varias noches y a partir de la lectura minuciosa del Curso Sutilezas Analíticas (Paidós, 2011) dictado por Jacques-Alain Miller en 2008-2009.

En una propuesta y formato muy interesante, no se trata meramente de los trabajos de lectura presentados por los participantes, sino que cuenta con la discusión posterior a su lectura, con sus comentarios, preguntas y aportes de una audiencia muy dispuesta al debate. Es así como lo señala su compilador, Gerardo Arenas, al decir que “el presente libro tiene sin duda mucho más que diez autores”. Gerardo Arenas es psicoanalista y físico. Ha publicado Estructura lógica de la interpretación (Atuel, 1998), Usos de la interpretación en las psicosis (libro digital, Russell, 2001), En busca de lo singular. El primer proyecto de Lacan y el giro de los setenta (Grama, 2010), y La flecha de Eros (Grama, 2012).

En el curso Sutilezas Analíticas, Miller invita a pensar la praxis que se deduce de la última enseñanza de Lacan, a revisar sus fundamentos, su orientación, sus efectos.

El título del curso alude al escrito de Freud La sutileza de un acto fallido, pero parte de una inquietud de Pascal: ¿por qué alguien hábil en asuntos de lógica puede no tener talento para las relaciones sociales y recíprocamente? A lo que Pascal responde: Porque los problemas lógicos se resuelven mediante la demostración, mientras que las relaciones humanas dependen de cuestiones de sutileza.

Algo que se juega dentro del psicoanálisis: el espíritu de demostración y el de sutileza. El término sutileza designa el modo de aprehender lo singular. La tríada sutileza, saber hacer y singularidad será el eje de este curso.

Los trabajos compilados por Arenas y las discusiones que les siguieron  apuntan a poder definir mejor la elaboración de la noción del analista como sinthome. Se trata en definitiva de un trabajo de Escuela: el repensar muchas cuestiones a la luz de la última enseñanza de Lacan.

De ahí que inicialmente se plantearan diez preguntas, que delinean algunas rutas por las cuales transita el debate.

La primera es sobre la relación que hay entre la novedosa orientación por lo singular y la conocida orientación por lo real.

 

La segunda es cómo incide la última enseñanza de Lacan sobre el deseo del analista cuando este se define en términos de lo singular.

Frente al goce diferenciado de lo real, ¿qué consecuencias tiene esto sobre el goce y sobre lo real?

La cuarta pregunta candente: ¿qué significa en la práctica un analista sinthome? ¿Qué implicancias tiene esto sobre la lógica y sobre la dirección de la cura?

En Sutilezas analíticas Miller indica que el campo de lo real debe dividirse en dos: un real imposible, universal y negativo, y otro real contingente, singular y positivo. ¿Qué real corresponde al psicoanálisis? ¿Cuál es el real propio del psicoanálisis?

En séptimo lugar, si según Miller los presupuestos del pase del 67 deben ser reconsiderados, evaluados, cuestionados, ¿cómo redefinir el pase en función del sinthome, de la singularidad del parlêtre? A su vez, ¿tiene esto consecuencias sobre el dispositivo del pase? ¿Cómo repensar el pase?

Y por último, si el objetivo del análisis es crear una nueva alianza con el sinthome que permita al parlêtre arreglarse dignamente con él, ¿qué lugar darle al fantasma y a su atravesamiento?

Partiendo de esta ruta de trabajo, Patricio Álvarez, Gabriela Camaly, Alejandro Daumas, Pablo Fridman, Gabriela Grinbaum, Ernesto Sinatra (quien incita a Gerardo Arenas a organizar el debate), Gustavo Stiglitz, Mónica Wons y Luis Erneta, se prestan a dejarse llevar por un camino “sinuoso pero con dirección”1.

Como señala Luis Erneta en su Postfacio “La compleja trama desplegada hace, de éste, libro de consulta y no solo de lectura”2.

 

Gabriela Galarraga

 


1 VVAA, Sutilezas. Consecuencias de la última enseñanza de lacan, Gerardo Arenas (compilador), Grama ediciones, Buenos aires, 2013, pág. 175.

2 Ibid., pág. 175.

10 de Octubre de 2014

Crónica: La significación lacaniana de la cura o el elogio de la anormalidad, de Gustavo Dessal (NUCEP), por Miguel Ángel Alonso (Madrid)

14:03:00 , por Redactor-FMA Spanish (ES)

 

En el comienzo del curso 2014-15, la psicoanalista Amanda Goya presentó el ciclo de conferencias titulado ¿Qué es el psicoanálisis lacaniano?*, situando tres hitos significativos en su consolidación: el descubrimiento del inconsciente y la sexualidad por parte de Sigmund Freud; el establecimiento del corte como particularidad de la sesión lacaniana y el trabajo de Jacques-Alain Miller relativo a la Enseñanza de Lacan.

A continuación presentó al primer conferenciante, el psicoanalista Gustavo Dessal, que con el título La significación lacaniana de la cura o el elogio de la anormalidad, inauguró el ciclo.

Comenzó diseccionando etimológicamente el significante “cura”, transitando desde el sentido que le otorgaron disciplinas como medicina y filosofía, hasta llegar a la concepción que asume el psicoanálisis. Desde el “Kairos” griego: curacuidados, nos remitió a un sentido amplio del término: “el tiempo que requiere cada cosa”. Así centró el contexto en el campo específico del psicoanálisis. Ese tiempo fue proyectado en dos direcciones, hacia el paciente, con su preocupación respecto a la duración de su análisis, y hacia el ser del sujeto, evocado por Lacan cuando plantea: “Se necesita tiempo para ser”. Consideración con la que nos aproximó al planteamiento heideggeriano relativo a la “impropiedad del ser”, a su inconsistencia –o en términos psicoanalíticos, desamparo originario, falta de fundamento natural por la incidencia del lenguaje sobre el sujeto. Dessal añadió el carácter no armónico de la sexualidad humana descubierto por Freud. Todo ello haría necesario lo que Heidegger nombraba como “cuidado del ser”.

Establecidos los terrenos donde se juega la subjetividad humana: lenguaje, muerte y sexualidad, esta sumatoria conforma el trasfondo de la existencia y muestra el trastorno de lo humano como consustancial a su condición, no como afección contingente que, una vez resuelta, otorgaría un grado de felicidad natural. Desde esta perspectiva, “el cuidado del ser” no tendría que ver con la búsqueda de un ideal, sino con ocuparse de la inconsistencia, de la “falta en ser”, del vacío del sujeto, o lo que es lo mismo, de la incomprensibilidad de la muerte o la perturbación y desproporción que se deriva de lo sexual. Este sería el sentido de la palabra “cura” en psicoanálisis.

Un título de Sigmund Freud: “Psicoanálisis: tratamiento por el espíritu”, autorizó a Dessal para reflexionar acerca del “espíritu” del psicoanálisis y su ética singular, vinculada a las resistencias que suscita el psicoanálisis a lo largo del tiempo. Y es que el problema interno del psicoanálisis es su implicación con lo real, ese resto no simbolizable con el cual permanece en una tensión irreductible. Muchas resistencias partirían del rechazo de ese real estructural con el cual el psicoanálisis no teme comprometerse. Punto esencial para conducirnos a la concepción lacaniana de la "cura".


En primer lugar, diferenció al psicoanálisis de la ciencia en cuanto a la no equivalencia entre los criterios de verdad y demostración. Así mismo, lo diferenció de las psicoterapias y profesiones sanitarias, aunque comparta con ellas la obtención de beneficios terapéuticos, cuestión insuficiente para nombrar lo específico del psicoanálisis. Con estos criterios, ¿en qué consiste la formación del analista? Imprescindible, a diferencia de las psicoterapias, su experiencia como analizante. Con estas diferenciaciones, el psicoanálisis reclama su lugar en la vida pública, pero “negándose a ser regulada por las normas que rigen los asuntos públicos”; el psicoanálisis debe ejercerse dentro de una comunidad institucional, la Escuela; y los psicoanalistas han de hacerse cargo de las resistencias que estas peculiaridades puedan provocar.
Este espíritu del psicoanálisis no consistiría, por tanto, en una ideología normativa, sino en una fidelidad a la condición del ser hablante. Sólo en el ámbito de palabra inherente al ser hablaríamos de “cura” analítica. Una “cura” solicitada por parte del ser, por su falta de esencia, identidad y consistencia. Las vías para los cuidados del ser pueden ser variadas. Una de las privilegiadas es la ficción –fantasma inconsciente del sujeto— donde éste encuentra argumentos estructuradores para su existencia. Una ficción, hay que decir, atravesada por la satisfacción inconsciente proveniente de las zonas erógenas. Otra de las vías, sin duda paradójica, pero también estructuradora, sería el síntoma, pues en él se aloja el ser, a pesar del sufrimiento que aporta. Lo paradójico sería que nos quejamos del síntoma pero también nos aferramos a él. Algo parecido a lo que ocurre con el delirio, al que Freud no dudó en calificar como intento de curación.

Esta enumeración de elementos entraría dentro de la concepción psicoanalítica de la “cura”, fundamentales para sostener los argumentos con los que el psicoanálisis se siente autorizado a intervenir manteniendo distancia con cualquier tipo de ideología. Dentro de estos argumentos se señaló un curioso paralelismo entre la definición de psicoterapia establecida por Lacan y la pulsión de muerte freudiana. Si la meta de la psicoterapia es devolver a un sujeto a su estado anterior, también en la pulsión de muerte freudiana se trata de eso. Reconociendo el valor que pueden tener las psicoterapias, Dessal piensa que la analogía no es un disparate si pensamos que lo terapéutico actúa en contra del síntoma, mientras el psicoanálisis se detiene, éticamente, en la función del síntoma sabiendo la relación que guarda con el ser del sujeto. El psicoanálisis considera al síntoma como reservorio de una sabiduría no sabida por el sujeto, pero que da densidad a su existencia.

Para asentar esta posición ética relativa a los cuidados del ser, Gustavo abordó la cuestión de la creencia tomando el ensayo de Lacan La ciencia y la verdad. Trajo a colación cuatro praxis, ciencia, magia, religión y psicoanálisis, enlazadas por la creencia en tanto constituye su punto de partida. La diferencia está en el abordaje de esta cuestión significante. En el psicoanálisis, la creencia se juega en la dialéctica entre sujeto y síntoma, a lo cual se añade la interpretación del analista. Lo importante para el ser es que el sujeto consienta en dejarse enseñar, no por el psicoanalista, sino por el síntoma, cosa que no ocurre siempre. En eso consiste leer el síntoma por el sujeto. Planteamiento alejado de manuales de autoayuda, consejos, ideales de normalidad y felicidad homologados por protocolos cognitivo-conductuales.

En esta lectura del síntoma estaría implicada la cuestión ética, pues cuando el sujeto lee el síntoma descubre algo que no está escrito. Es decir, el sentido recubriría una falla originaria, la misma ausencia que hace impropio al ser. Fundándose en ella, el psicoanálisis sostiene que la normalidad es un concepto aberrante, inhumano y contrario al ser de nuestra condición hablante. Por ello, el corolario a esta reseña no puede ser otro que las palabras con las que Gustavo finalizó su exposición, pues expresan el carácter excepcional de una “cura”, la del psicoanálisis, alejada de las promesas narcisistas de completitud, y ligada a lo que conocemos como “diferencia absoluta”:

¡Mírate! Tú también eres eso en lo que no solo no te has reconocido, sino de lo que nada has querido saber. Pero no temas: no solo no es tan malo como parece, sino que incluso es probable que sea lo que más te pertenece. No malgastes tu tiempo buscándote en el espejo de los otros, y prepárate para darle un mejor uso a tu inconsciente. Si por el contrario, lo que verdaderamente deseas es ser normal, entonces has venido al lugar equivocado”.

 

* Ciclo de Conferencias NUCEP (Nuevo Centro de Estudio de Psicoanálisis -Madrid-)

 

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    «Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»

    Jacques-Alain Miller, Cartas a la opinión ilustrada.

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