El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

20 de Mayo de 2012

Lecturas Críticas - Hacia el Forum de Sevilla. María Verdejo, Mercedes Cano Valero.

01:54:00 , por jalvarez Spanish (ES)

“REINTRODUCIENDO LA RESPONSABILIDAD DE LA CONDUCTA” (Más allá del control).
María Verdejo

Quiero compartir con ustedes las palabras que una madre produjo como respuesta a las intervenciones que se le pedían en relación a su hija y que me han puesto al trabajo para este tercer foro de la ELP.

En primer lugar y brevemente situaré el momento en el que se produce.

La hija, de 11 años, está en ese momento viviendo durante la jornada escolar en un Hogar funcional, acudiendo al domicilio familiar una tarde durante la semana y el fin de semana. Fue ésta una intervención resultado del trabajo bajo transferencia realizado en el Centro de Día al que la niña acudía.

La menor presenta un TMG y, tanto los padres como ella misma, solicitaron un período de distanciamiento puntual en una época en la que los padres se constituyeron en figuras persecutorias para la menor, produciéndose situaciones de riesgo reales en la convivencia familiar.

En el tiempo de la entrevista comentada, la familia se halla en un contexto de cambio de tutora de referencia en el Hogar funcional y, de posible retorno de la menor al hogar familiar.

Es en el contexto de las entrevista habidas con la madre que ella se descubre respondiendo con una nueva posición para con su hija, posición que la afianza para sostener el retorno de la menor a la convivencia familia.

Marta -nombre supuesto- relata la respuesta que ha podido realizar tras un primer momento de sobresalto tras la llamada que recibe de las educadoras del Hogar.

Le comunican que han solicitado una nueva consulta de psiquiatría para su hija, para valorar que le aumenten la toma de medicación por el desbordamiento que muestra en las últimas dos semanas.

Como respuesta a este “sobresalto”, la madre ha podido responder más allá de la inhibición o la disputa, respuestas que han ido pudiendo elaborar en su propio trabajo personal. Esta madre ha podido ver-se dando un lugar a la subjetividad de su hija en la conversación con la educadora.

La respuesta de la educadora muestra el cambio de paradigma que en el modelo social actual se está realizando en referencia a la interpretación de las conductas de los niños. La educadora interpela a la madre desde este nuevo paradigma: el cambio de la conducta de su hija obedece a una ingesta medicamentosa insuficiente como resultado de su psicopatología, excluyendo el contexto en el que ahora se encuentra la menor, un cambio de educadora de referencia en un tiempo de posible retorno al hogar familiar.

“Ella me dijo que yo ya debía saber que mi hija no está capacitada para asumir las normas sociales, y que la nueva educadora de referencia estaba realizando bien sus funciones, incluso le estaba dedicando una mayor atención.

“No podía hacerme escuchar cuando trataba de decirles que eso era una de las cosas que nosotros hacíamos y que la condujo a lo peor. Que mi hija necesitaba tiempo para las situaciones nuevas y, sobre todo, que cuentan con ella para cualquier cambio”.

“En otro momento –continua diciendo la madre-, yo hubiera arremetido contra el Hogar, pero me contuve, y pensé que lo importante era intentar que mi hija fuese escuchada por la psiquiatra y que ella valorara teniendo en cuenta más cosas que su enfermedad.

“En la consulta, cuando la psiquiatra me preguntó porqué habíamos querido acompañarla, dado que las dificultades no se presentaban en la convivencia familiar, sólo en el Hogar, con el permiso de mi hija, le comenté que ella, mi hija, nos había contado en su última salida con nosotros cómo ella estaba resistiéndose del cambio de tutoras de referencia y que nos había contado que no podía soportar la atención tan especial que esta nueva tutora tenía. Le dije que si tenían que aumentarle la medicación estaba bien, pero que estimaba que también había que considerar algunas circunstancias, porque, hasta ese momento, tampoco su hija había mostrado dicho comportamiento. Después me callé. La psiquiatra pudo introducir este tema en la conversación con mi hija”.

La menor pudo reconocerse en su desbordamiento y dar cuenta de cómo ella estaba contribuyendo al mismo al negarse a hablar con la nueva tutora, y extraer de la consulta que ella misma no había hablado de que no le gustaba tanta atención, que prefería que siguieran como lo hacía la otra tutora, que estaba demasiado enfadada y así ella sabía que no podía hablar. Se propuso una solución intermedia, ofreciéndole el auxilio de un fármaco puntualmente para reducir la angustia que la nueva situación le provocaba y así ver si ella podía encontrar una manera de hablar con la tutora nueva.

“Al salir de la consulta –sigue contando Marta- me sorprendió favorablemente mi hija. Nos dijo que ella sabía que las medicinas son importantes, pero que ella no es las medicinas, las medicinas la ayudan, pero lo que le ocurría no era una cosa que se solucionaba sólo con medicinas. Que eso lo había aprendido con su terapeuta en el Centro de Día. Se las tomaría para poder estar más tranquila y poder así hablar sobre eso que le estaba pasando, porque ella se había dado cuenta de que tampoco se encontraba bien así en el piso. Ella había aprendido que cuando ya estaba así de alterada, a veces era mejor tomar una medicina que la permitiera parar, y cuando encontrara la manera de resolverlo, volvería a ver a la psiquiatra para hablar de ello.

“Me doy cuenta de que yo he cambiado. Ahora puedo escuchar a mi hija, saber que cuando ella se altera no es ni un capricho ni el resultado de una enfermedad. Yo antes actuaba como la educadora, no la escuchaba, sólo quería controlarla. Pero no es de control de lo que se trata, ni del de ella, ni del mío. He aprendido que mi hija no es la enfermedad, es una persona a la que le afectan las cosas, aunque quizás, ella tenga una manera diferente de decirlo”.

Esta madre, con su testimonio, nos descubre de los efectos que están en la otra cara del control de las conductas, esto es, del vaciamiento de la capacitación del sujeto para interpretar su propia experiencia vital más allá del organismo que la mantiene con vida.

“Soy más que las medicinas” ha podido servirle, entre otras cosas, para retomar el lazo con su nueva tutora y retomar la vida cotidiana en el Hogar

El efecto de este vaciamiento de responsabilidades abre las puertas a la posibilidad de una nueva forma de desamparo o amenaza para las infancias contemporáneas.

La biologización de la conducta humana abre las puertas a la reedición de un Ideal ya conocido: la prevención. Concepto que despliega una nueva forma de higienismo social, nuevos imperativos de salud y de adaptación conductual. Reduccionismo ilusorio que no es más que una idea, como todos sabemos gracias a Freud, las ideas generan ideologías con sus inevitables adhesiones, creencias y profesiones de fe, y recordemos, los adeptos la eligen no por su valor espiritual sino por sus ilusorias promesas, perdiendo así la capacidad de pensar por sí mismos.

En este caso, es la palabra de los padres la que puede contribuir a dar un espacio a su hija más allá de una supuesta organicidad en la lectura de su conducta. Ellos ahora, pueden mirar y apostar su escucha al servicio de la subjetividad, tanto la de de su hija como de la suya propia.

"Soy más que las medicinas" es la invención que esta niña sostiene para hacerse responsable de sus actos haciendo un buen uso de la medicación y retomar el lazo con su nueva tutora, reiniciando el ciclo de vida en el que se encuentra.

Quisiera cerrar el texto con las palabras que inician la película, V de Vendetta:

“Nos dicen que recordemos los Ideales, no al hombre. Que un hombre se puede acabar, lo pueden detener, pueden matarle y pueden olvidarle; pero, trescientos años más tarde, los Ideales pueden surgir cambiando al mundo. Yo he visto con mis propios ojos el poder de los Ideales, he visto matar por ellos y morir por defenderlos. Pero, no se puede besar un Ideal, ni tocarlo. Los Ideales no sangran, no sufren, ni tampoco aman. No es un Ideal lo que yo echo de menos. Es un hombre, un hombre al que nunca olvidaré”.

***

UN TRABAJO SIN DERROTA

Mercedes Cano Valero
, enfermera de la Unidad Infanto-Juvenil de Cádiz, lleva 26 años atendiendo a niños en dispositivos públicos. En 1981 formaba parte del llamado Centro de Diagnóstico y Orientación Terapéutica de Higiene Mental Infantil, para posteriormente incorporarse desde sus inicios a la Unidad Infanto-Juvenil. Refiere que le marcó de manera muy especial en sus comienzos la posibilidad que tuvo de trabajar con un psicoanalista porque le permitió introducir otra visión. Amante del mar, utiliza el doble sentido de un término marinero “derrota” para describir su trabajo de todos estos años, “inicié mi trabajo sin derrota”, sin una línea trazada en navegación para trasladarse de un lugar a otro. Creo que en esta expresión que nos regala podemos encontrar una muy buena respuesta a la infancia bajo control.

Carmen Campos, responsable de la Biblioteca de Orientación Lacaniana de Sevilla, conversa con ella en la siguiente entrevista.

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En estos años de trabajo ¿has podido observar una evolución en los modelos de intervención?

Hace 25 años los niños eran atendidos por neuropsiquiatras con formación en adultos. Más tarde, con la reforma psiquiátrica, se intentó introducir un modelo de atención más psicológico–social con un equipo multiprofesional, pero en la actualidad vuelve a imperar el modelo biologicista.

Siento profundamente el escasísimo tiempo y los pocos recursos de los que disponemos. Ya sea por la exigencia y angustia de los padres, de los profesores y maestros, de los “miedos” propagados por los medios de comunicación y los programas de formación sanitarias, lo cierto es que, cada vez más, los niños y sus padres acuden a demandar más y más medicamentos para no pensar, pues la inseguridad que todo ello les produce es enorme. Por eso creo que, cada día, se crean, mantienen y controlan de forma alarmante cientos de pacientes y nunca hay tiempo para los más graves y las demandas se cronifican y perpetuán de por vida.

A veces me pregunto por lo que estamos haciendo. Nos estamos quedando sin tiempo para escuchar al niño. Se habla “por” el niño y no “con” el niño. Nos perdemos en coordinaciones entre Salud, Servicios Sociales y Educación, repetimos actuaciones, rellenamos papeles, informes, escalas y hojas de evaluaciones… Y todo ello sin un sentido preciso para los padres y para muchos profesionales. Se realiza un abordaje defensivo, con escaso tiempo y mucha burocracia.

Pero lo cierto es que el niño necesita un espacio propio para poder permitirse dejar suelto ese hilo invisible y silencioso del cual suave y respetuosamente podamos tirar, ya sea mediante el juego, los dibujos, la entrevista con sus padres, etc.

En último Congreso Nacional de Enfermería de Salud Mental, celebrado hace escasamente un mes con la participación de más de 600 profesionales, se vio claro que este colectivo persiste y continúa apostando por un modelo social y de escucha del paciente. Lo que más se repitió en el Congreso fue: “dedicarnos más al paciente y menos al psiquiatra”.

¿Crees que han variado las demandas de atención en relación a diferentes diagnósticos a lo largo de estos años?

Los diagnósticos cambian pero los problemas permanecen. La industria farmacéutica crea riqueza y esto ha sido aceptado con gran peso por el Sistema Sanitario en general y la Psiquiatría Infantil no se libra de todo esto.

Sabemos que los diagnósticos son un convencionalismo para dar nombres a los problemas, pero cuando se convierten en un fin en sí mismo todavía se crean más problemas.

Sus consecuencias por tanto son un mayor control y el ser precipitadamente diagnosticados y medicados por TDAH o por problemas de conducta.

Hace años se diagnosticaban mucho las famosas “Disfunciones Cerebrales”, un cajón de sastre para todo aquello que se desconocía. Ahora son los “Trastornos de Conducta” los que van en aumento estadísticamente cada año. Los menores se han convertido en un grave problema social, cuya consecuencias trascienden a las propias familias, para recaer en el vecindario, la escuela, el sistema sanitario o los Tribunales de Justicia. En palabras del Defensor del Pueblo y del Menor de Andalucía, que es bueno que esté en el Forum, “los poderes públicos se han mostrado incapaces durante años, no solo de reconocer la importancia del problema, sino, de ofrecer respuestas eficaces al mismo” (Informe sobre menores con trastornos de conducta en Andalucía 2007).

Entonces, ¿te parece que se abusa de determinados diagnósticos o piensas que se dan determinados problemas de forma casi epidémica en la infancia?

En el caso de los niños hiperactivos esto se pone más claramente de manifiesto. Hay mucha facilidad para este diagnóstico, vienen con él puesto desde la escuela, o acuden ¡porque creen que lo pueden llegar a tener con dos años de edad! Los propios padres y sus pediatras piden control y seguimiento, o saben que pueden rellenar las escalas y conseguir el ansiado estimulante para estudiar y no molestar en clase.

En mi Unidad somos conscientes de esto. La medicina ayuda, no cura, pero este diagnóstico podría estar convirtiéndose en casi epidemia, como con los Trastornos de Conducta, la palabra está en la calle y esto le da forma y demanda.

Como diría el psiquiatra J.L. Pedreira, “el TDAH se constituye, como ante otros cuadros, en un paradigma de globo hinchable, que puede tornarse inmanejable si no se hace con rigor científico, mente y sensatez crítica y prudencia profesional.” Coincido en su concepción de la generación Concerta, o generación Strattera, no sabemos el impacto que causará y es muy preocupante.

La hipermedicalización y la práctica generalizada de la medicina defensiva deben ser analizadas desde la ética. Supongo que de estos temas se hablará en el Forum de Sevilla.

Los niños que atiendo llegan, en su mayoría, tras un proceso diagnóstico y un juicio clínico y, a veces, tras algunos años de tratamiento. También llegan muchos con indicaciones precisas de lo que tengo que hacer… Cuestiones que, por supuesto, “no discuto”. Pero lo que sí hago es mi propia valoración, en la que priorizo siempre la relación que puedo llegar a tener con el niño y la familia desde la confianza y el respeto. Si esto no lo consigo, los cambios siempre son más difíciles.

Creo que esta oportunidad que me brindas también es el lugar para comunicar que nunca, en ningún momento, he mirado y me he relacionado con el niño como si estuviera enfermo sino como un sujeto que sufre de forma particular. Estoy segura de que esto lo aprendí, casi sin darme cuenta, del psicoanálisis y me ha ayudado mucho más de lo que soy consciente. Inicié mi trabajo sin derrota alguna, en el sentido marinero y también en no dejar de luchar, sin guías, sin maestro buscando un espacio para mí y para el niño.

Tu formación ha sido muy variada y práctica ¿qué te parecen las aportaciones del psicoanálisis lacaniano?

Cierto, mi formación ha sido muy variada. Mi aprendizaje ha sido muy práctico y sobre todo personal. He leído, estudiado y recibido gran variedad de conocimientos, pero entre ellos nunca he dejado de leer psicoanálisis. Creo que el psicoanálisis abrió el espacio de la escucha, nos sitúa frente a sujetos, no ante trastornos y síntomas tratables, también a la posibilidad lógica de que todo no puede resolverse.

No es casualidad que, desde hace muchísimos años, la cita con la que he iniciado los cursos de formación que he dado sobre Salud Mental Infantil, sea una frase de Maud Mannoni: “Un síntoma no necesita ser suprimido, es preferible comprender su causa inicial, lo que el niño intenta decir con ello de forma ruidosa en un lenguaje sin palabras”.

Considero que la parte más enriquecedora de este enfoque, es que en lugar de buscar una normativización conductual o en lugar de tratar de obtener niños "en serie", todos estudiosos, obedientes, deportistas, con habilidades sociales, propone que la propia persona sea fiel a su deseo y pueda interiorizar las normas, los valores culturales como una herramienta más de su desarrollo y no como un ideal al que debe llegar por fuerza. Defiende una ética que respeta al niño y al adolescente, con su estructura familiar y personal pero asumiendo siempre que hay algo irreductible, que le hacen único, distinto al resto.

Sé que te has interesado por participar en el Forum que se realizará próximamente en Sevilla, ¿podrías darnos algún argumento por el que crees interesante para los trabajadores de la Salud Mental acudir a este evento?

En mi opinión el argumento principal tiene que ver con lo mencionado anteriormente del componente ético. El Forum tiene como bandera precisamente denunciar el control al que la población infanto-juvenil se ve sometida desde diversos sectores sociales: el educativo, el familiar y, por supuesto sirviendo a los anteriores, el terapéutico.

Los profesionales funcionamos en numerosas ocasiones como agentes de control social, lo queramos o no, nos demos cuenta o no. Tendemos a justificar ese rol aludiendo a nuestras buenas intenciones, a nuestro afán de ayudar antes que de hacer daño. Lacan combatió durante toda su enseñanza contra esa ética de las buenas intenciones y valoró la ética de las consecuencias, de las responsabilidades, justamente porque respondiendo de nuestros actos podemos asumirlos como propios, en algunos casos, enmendarlos y mejorarlos. El control que en la actualidad se ejerce sobre la infancia roza lo paranoico y su base, su justificación, precisamente está en ampararse en las buenas intenciones.

Es muy cómodo ser curador y cuidador, porque nuestra sociedad produce cantidades increíbles de enfermedades, el problema está en que reproducimos los intereses de nuestro grupo profesional o del sector sanitario en general y poco hacemos para cambiar las relaciones de poder que generan las enfermedades.

El poder se asocia a la capacidad de ejercer una acción represiva, pero yo propongo hablar de poder en términos de ejercicio de relaciones, con una influencia positiva, como profesionales en contacto directo con los niños y sus familias. Para bien o para mal lo ejercemos.

Poniendo énfasis en estas circunstancias, haciéndolas aún más visibles, se facilitará que los profesionales tomemos responsabilidad respecto a esto, lo cual conllevaría una toma de decisiones basada más en el deseo de preservar el deseo del niño.

Me gustaría añadir un último argumento por el que este evento interesa a los profesionales de Salud Mental: el Forum nos va a permitir, a los que estamos acostumbrados a escuchar las mismas reflexiones y consecuencias lógicas una y otra vez, pensar de otra forma, ver nuestra realidad desde una óptica diferente.

La verdad no puede ser jamás universal, imponer algo así es establecer un dogma inflexible propio de fanáticos, la verdad por tanto es siempre singular e individual. El afán cientificista, que busca una única verdad universal en números e imponerla a todo el mundo, genera eso que se ha llamado "pensamiento único". Y dentro de ese pensamiento único estamos inmersos e intentando sobrevivir los profesionales.

Es por ello que este Forum puede darnos un aire refrescante y ayudarnos a hacer ciencia de la buena, la que nos ayuda a comprender mejor el mundo respetando y utilizando los pensamientos minoritarios que son, al fin y al cabo, los que siempre han posibilitado el progreso.

From: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com.es/

16 de Mayo de 2012

Política del síntoma, políticas delirantes*. Margarita Álvarez (Barcelona)

01:09:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Recién celebrado el V Centenario de la publicación del Elogio de la locura (1511), de Erasmo, recordemos que fue en esta obra prínceps donde el renacentista planteó que la locura, el grano de locura de cada cual, es parte necesaria, es decir, ineliminable, de nuestra naturaleza y, por tanto, importa saber hacer con él, ya se trate del propio o del ajeno.

Con unas palabras que no dejan de evocarme ciertas resonancias de aquella obra, Jacques Lacan planteó en 1978 que “todo el mundo es loco, es decir, delirante”. Esto sitúa para cada uno que la pulsión siempre encuentra un modo de satisfacerse y que el real implicado en dicha satisfacción singular constituye el núcleo duro de todo síntoma. A la vez, ello erradica toda idea de normalidad, y por tanto de patología. Y compromete necesariamente al psicoanálisis en la vía de la política del síntoma, una política singular que no es para todos.

Toda orientación que, en nombre de cualquier “para todos”, o de un supuesto bien común, no reconozca esta singularidad pulsional que habita en cada uno como resultado del encuentro singular en su historia entre la satisfacción del cuerpo y las marcas de lalengua no puede más que considerarse ilusoria cuando no delirante, en tanto forcluye la dimensión del sujeto así como borra la de su goce.

Y en tanto quiere forzar a entrar en los carriles de lo simbólico lo real que por definición le resiste, tales orientaciones son tributarias del discurso del amo, que Jacques Lacan aisló como el envés del discurso del analista nacido de la invención freudiana.

Tendríamos entonces por un lado la política el síntoma y, por otro, las políticas delirantes que asentándose en el desconocimiento de la pulsión, no hacen sino preparar su desencadenamiento más funesto.

Así, la política del capitalismo globalizado que, simultáneamente a la “crisis” que nos sacude y precariza, no deja de prometer la felicidad para todos, asegurándonos tener derecho a ella, sin poner ninguna medida desde hace cuatro años para que esta crisis encuentre un término.
Sin duda, las llamadas “ciencias” económicas no son susceptibles de proveer los medios ni incluso de prever estas crisis, que resultan de su invención.

Las técnicas salidas de estas “ciencias” no invaden menos las sociedades civiles, transformando a los ciudadanos en consumidores-productores, como testimonia el mismo lenguaje médico que aprehende al enfermo como un cliente de servicios que son progresivamente privatizados en nombre de la necesaria rentabilidad de servicios antes públicos.

En nombre de la misma rentabilidad, el universal se impone como norma: los usuarios son sometidos por igual a los protocolos y a las leyes del mercado hasta el punto de que los evaluadores solo reconocen como “buenas prácticas” aquellas que se caracterizan por el abandono de toda clínica. Las entidades clínicas son reemplazadas por categorías construidas a partir de medicamentos supuestamente susceptibles de remediar los déficits o trastornos de los que estas prácticas mismas hacen el inventario.

Estos medicamentos se imponen rápidamente a los usuarios a través de recetas financieramente fructuosas emitidas por profesionales formados con rapidez en estas técnicas llamadas educativas, que no son más que condicionamientos donde Skinner repite a Pavlov en programas tan delirantes como peligrosos, en los que no hay lugar ni para el sujeto, ni para el acto terapéutico, importando solo la ilusión de un programa lo más perfecto posible.

Desconocer el discurso del analista no le impide existir. Ahora bien, cada uno sabe, desde Freud, que las formaciones del inconsciente, y especialmente los síntomas, expulsados por la puerta retornan abruptamente por la ventana, y que el malestar es intrínseco a la civilización. No se trata por otro lado -señala Lacan-, de que el discurso del analista se vuelva dominante, ya que este discurso excluye la dominación, en otras palabras, no enseña nada. No tiene nada de universal, por eso no es materia de enseñanza.

El discurso analítico, que preserva el caso por caso sin renunciar a la formación de los clínicos, ni caer en el mercantilismo, tendrá que encontrar cómo sostener un lenguaje que informe a los sujetos de la operatividad de sus efectos, que no prive a nadie de su creatividad propia, ni de su poesía en tanto que ser inmerso en el lenguaje y, por este hecho, marcado irremediablemente por él.

(*) Editorial de Colofón 32: "Políticas delirantes", boletín de la Federación Internacional de Bibliotecas del Campo Freudiano (FIBOL), Barcelona, marzo 2012.

12 de Mayo de 2012

La infancia bajo control. Vilma Coccoz (Madrid)

15:43:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis invita a su tercer Foro que, con el título La infancia bajo control, tendrá lugar en Sevilla, el día 2 de junio de 2012.

Tres son ya una serie: el tercero se une al primero, que tuvo lugar en Barcelona en junio de 2010, Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: el autismo. Y otorga un sentido nuevo al segundo, realizado en junio de 2011, en Madrid, Las servidumbres voluntarias.

El Foro es un acontecimiento de la comunidad analítica, un encuentro ciudadano y amistoso con otros discursos comprometidos en la salvaguarda de la subjetividad y la cultura, en franca oposición a la ideología de la evaluación.

El Foro es un momento de conclusión luego de un tiempo de elaboración que, en este caso, cuenta con eventos que se llevan a cabo en las distintas comunidades y sedes de la ELP; con comentarios y textos y, también, con un sustancioso material audiovisual.

En este caso la organización del Foro de Sevilla ha distribuido un documental emitido por Televisión española

http://www.youtube.com/watch?v=4uY84ylCA7A

y un extraordinario film de animación:

http://www.youtube.com/watch?v=OfWge0t0dk8&feature=youtu.be

El documental homónimo del Foro, realizado por Marie-Pierre Jaury en 2010, está siendo proyectado y comentado en distintas ciudades de la geografía española, en lugares diversos y representativos para la ciudadanía, en la serie de actos preparativos del Foro de Sevilla.

En ocasión de su presentación en Cruce (1), la psicoanalista, miembro de la ELP, Vilma Coccoz, presentó el acto de proyección y debate con las palabras que a continuación transcribimos.

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LA INFANCIA BAJO CONTROL. Vilma Coccoz

Es ya un hecho admitido y comentado desde los más diversos ámbitos de la sociedad, el carácter fabuloso de las transformaciones que se están produciendo en la civilización a causa de la llamada “revolución tecnológica”.

Los profundos cambios que percibimos en muchos aspectos de nuestras vidas, se hacen sentir, ¿cómo no? En el estado actual de los discursos. Ciertos conceptos, ciertos juicios que parecían referencias inamovibles en la conformación de nuestra realidad o, al menos, que podían considerarse estables, presentan, actualmente, un carácter “líquido”, según la expresión de Bauman. Conceptos tales como familia, educación, transmisión, autoridad, se vuelven porosos, escurridizos. Sufren una mutación sin precedentes.

Lacan había demostrado que los discursos, concebidos como modos del lazo social, como formas distintas de ordenamiento de la realidad social, no se constituyen de cualquier manera, sino que responden a una lógica muy precisa de funcionamiento y, por lo tanto, desde el punto de vista de su lógica interna, no existen mil maneras de construir un discurso. Lacan les redujo sólo a cuatro.

Sin embargo, años después, tuvo que rendirse a la evidencia y admitir el quinto, el discurso capitalista, -surgido de una transformación del discurso del amo-, al que calificó de “endiabladamente astuto”. Uno de los caracteres específicos del discurso capitalista es haber conseguido eliminar la dimensión de la verdad, de manera tal que, incluso la denuncia de sus efectos, aún siendo muy verdadera, acaba siendo engullida por su movimiento voraz hasta anular su eficacia.

Pier Paolo Pasolini, en una entrevista realizada en 1975, recientemente publicada por el periódico La República (2), reflexionaba acerca de la transformación antropológica que se estaba produciendo en Italia debido al imperio consumista. El fascismo-clerical, aún con su comparsa de conceptos absolutos de Dios, familia, patria, ejército, no había conseguido cambiar el carácter de los italianos.

En cambio, constataba que el consumismo trae aparejado un fascismo muchísimo peor porque destruye el humanismo. El fascismo, como régimen totalitario, enmarcado en el discurso del amo, puede generar la revuelta, la insurrección.

Ante un régimen totalitario es posible fraguar una oposición. En cambio, el consumismo tiene un alcance totalizante, advertía el artista.

El consumismo posee un carácter “medusante”, “tantalizante”, que dirían los franceses, penetra en nuestros poros sin que nos demos cuenta. El consumismo induce la sugestión, se distribuye insidiosamente, todo lo traga y lo transforma en el imparable cómputo de valores mercantiles. Uno de sus triunfos evidentes ha sido la operación en torno al término “seguridad” hasta convertirlo en un concepto absoluto, en un significante amo que ordena nuestras existencias. El horror de las personas es “quedar fuera”... del trabajo, de la sociedad, de lo admitido. Por consiguiente, el valor esencial es “mantenerse a salvo”, “estar seguro” y, la consecuencia inmediata, intentar eliminar aquello que perturba el orden, la supuesta seguridad. Frágil orden ficticio conseguido a fuerza de movilizar el afecto más primario, el miedo.

En este marco, se comprende que la “preocupación” por atrapar las raíces biológicas de la delincuencia, -uno de los factores de perturbación de la seguridad- se haya extendido rápidamente. Una nueva forma de la infancia diabólica se pergeña con las investigaciones psicológicas, inspiradas por la ideología de la evaluación. Los “avances científicos” pregonan el diagnóstico precoz de los “futuros violentos”, de los “fuera de las normas” o “asociales”. Los denominados “expertos” nutren sus tests y protocolos con presupuestos suculentos aportados por la industria farmacológica. Y así están consiguiendo medicar con psicotrópicos a una población de pequeños cada vez más pequeños, con el argumento de que la agresividad, la impulsividad de hoy serán, mañana, delito. Está escrito en el funcionamiento cerebral, aseguran.

Esta nueva forma de manipulación de la infancia, por medio de la incontestable y aplastante superioridad del adulto sobre el joven se cobija en el efecto hipnótico que trae aparejado el adjetivo “científico”, cuya sola invocación sirve para acallar muchas voces, y muchas conciencias.

Pero es un hecho que, un importante campo de la investigación, otrora desinteresada de la ciencia, sirve hoy a imperativos intereses que dictaminan los mercados.

En ocasión de una asamblea del Movimiento 15M del Barrio de Chamberí, el escritor José Luis Sampedro afirmaba que el Dios Dinero tiene los días contados. En la época de los griegos, decía, Dios era el Hombre, luego Dios fue Dios. Más tarde, fue desbancado por la Razón, suplantada, a su vez, por el Dinero.

Al igual que Freud, que enunciaba en medio de la catástrofe de la Gran Guerra que el deber del viviente es conservar la Vida, Sampedro se pronunciaba a favor de un nuevo Dios al que servir. Nuestro deber, el del ser humano, es servir a la Vida. Somos la vanguardia de la Vida, clamaba, debido a la complejidad de la que estamos hechos los seres de palabra.

Cada ser de palabra es la encarnación única de una compleja realidad que va más allá de nuestra biología. Se puede sucumbir al canto de las sirenas que reiteran su estribillo machacón: “la raíces de nuestra conducta están en la genética, en el quimismo cerebral, ¡está demostrado, es científico!”. Se puede sucumbir, pero no nos enseña nada. Al contrario, la sabiduría anida en el conflicto interno, en las disidencias que sufrimos en el camino de nuestra formación y en el que la educación tiene un valor fundamental.

El discurso analítico nos enseña cada día la capacidad de creación infinita de adaptación a esta realidad que manifiesta el ser humano. La sutil y poderosa combinación en la que nacen las elecciones decisivas de nuestras vidas, el imprevisible efecto que alcanzan las palabras y los silencios de nuestros próximos en nuestra manera de ser, la singular materia de la que están hechos nuestros pensamientos y deseos inconscientes. La práctica analítica ha verificado que las dificultades y los síntomas de la infancia tienen un valor relacional, por eso es en el marco de una relación de palabra, la analítica, donde el síntoma entrega sus secretos, donde se descifran sus enigmas.

Cada ser tiene el legítimo derecho a hacer su recorrido vital, tejido con lo heredado y lo azaroso. Perfilado por lo que escoge y lo que rechaza, sin tener que rendirse a oscuros dioses que dictaminan, ya desde sus primeros pasos, que su destino ha sido escrito en caracteres científicos.

Nosotros tenemos el deber de proteger ese derecho, es decir, de proteger la palabra, que es proteger la Vida.

Notas:

1-. El acto fue coordinado por Vilma Coccoz, responsable del Departamento de Psicoanálisis con niños y Mónica Unterberger, responsable del Espacio Madrileño de Psicoanálisis con niños.

2-. Debo a nuestro colega italiano Maximiliano Rebeggiani el descubrimiento de esta referencia en su texto: Totalizzante ma non Totalitario (inédita)

9 de Mayo de 2012

“Una de las maneras de sustraerse a la técnica, es la política”.* Entrevista a Jorge Alemán (Madrid)

01:55:00 , por jalvarez Spanish (ES)

En su último libro, “Soledad: Común. Políticas en Lacan” (editorial Capital Intelectual), el psicoanalista argentino Jorge Alemán aborda los efectos de la técnica sobre la sociabilidad contemporánea, los sujetos y las naciones, diferenciando los escenarios europeos, norteamericanos, asiáticos y latinoamericanos, en una perspectiva que jamás pierde de vista tanto la obra de Lacan como la de Heidegger. Esta es la conversación con Ñ digital.

-En su opinión, el colapso financiero europeo y sus desinencias hacia otras zonas del globo, ¿es una crisis socioeconómica o una mutación epocal?

-El orden simbólico en el siglo XXI cambió notoriamente en los últimos 20 años. Por eso, creo que es importante introducir un matiz sobre la palabra crisis. En general, se tienden a pensar las crisis -de cualquier clase- como dislocaciones que se producen en algún momento y que luego, por diversas razones, remitiendo. Es decir: de una crisis se espera que termine y que se restablezca un momento anterior. En el caso de la situación actual, yo pienso que no va a haber un restablecimiento sino que lo que se está configurando es un nuevo modelo de acumulación del capital que ahora se estabiliza tal como Karl Marx lo había formulado bajo la epifanía de que todo lo sólido se iba a desvanecer en el aire. Eso por un lado.

-¿Y por el otro?

-Acompañando, es un momento de constitución de un orden inédito, donde la dimensión de la técnica, según el análisis que hizo Martin Heidegger, ha logrado constituir una estructura de emplazamiento que organiza a los pueblos, a las naciones y a los sujetos bajo una serie de dispositivos que ya no se pueden comprender según las lógicas simbólicas tradicionales. Son dispositivos de control donde funcionan protocolos de evaluación, objetivación, planificación, producción biopolítica (de los sujetos), etcétera. En Europa no parece existir ninguna posibilidad de interrumpir ese circuito. No surgen experiencias, que tendrían que ser experiencias políticas, que puedan interrumpir el circuito entre esos dispositivos de control y los sujetos bajo control.

-Eso tiene consecuencias clínicas.

-Por supuesto. Al no generarse nuevos lazos sociales lo que se constan son pasajes al acto, suicidios, toxicomanías, new age, sistemas de autoayuda, depresiones masivas, ataques de pánico, medicalización e infantilismo generalizado.

-¿Qué quiere decir con infantilismo generalizado?

-Es una manera de nombrar cierta forma de habitar el mundo, un mundo donde nadie está atravesado por una idea. Las personas están encorsetadas entre las opiniones. Están reducidas a su cuerpo y las opiniones. Es como si a los sujetos que circulan en esos dispositivos se los condenara a vivir entre opiniones y cuerpos. Pero el orden simbólico es algo más que opiniones y cuerpos. El orden simbólico está en relación con una verdad. No con una verdad que se construya reflexivamente sino con una verdad que se tiene que descifrar, que interpela. Esa experiencia de ser interpelado, que interpela, que empuja a que el sujeto tenga que descifrar su posición, esos dispositivos de control, la reprimen. El capitalismo actual no permite pensar cuál es el lugar de su corte o su interrupción. Y la técnica funciona de una manera tal que agota a la realidad en esos dispositivos.

-¿Y entonces?

-Y entonces hay que preguntarse si en este escenario hay lugar para un relato emancipatorio. Es decir, frente a esta situación, es imprescindible pensar cuáles serían las modalidades actuales, y bajo qué vías atravesar esta situación. Y para eso, creo, habría que redefinir la experiencia política.

-¿Cómo es eso?

-En mi último libro desarrollo la cuestión a fondo. A mi juicio, la redefinición de la experiencia política exige implicar al sujeto, establecer una nueva lógica de la relación política-sujeto. No creo que hoy haya un sujeto histórico que por su propio movimiento teleológico y de manera endógena, a través de la lucha de clases, sea susceptible de transformar la situación, tal como se definía en el marxismo clásico. Tampoco creo, como lo formula la filosofía italiana, con Toni Negri a la cabeza, que esta estructura tardocapitalista esté generando lo que ellos llaman un “general intellect”, que consistiría en una experiencia de lo común, de producción de subjetividad que lograría, en un momento dado, sustraerse a los dispositivos tecnocráticos y a los del capital. En esa lectura inmanentista, creo que subsiste la creencia de que el propio movimiento interno del capitalismo producirá su atravesamiento, lo que volvería a la política (que incluye la gestión) innecesaria. No creo en eso.

-Heidegger dice que la ciencia no piensa.

-La fórmula de Heidegger es que lo grave de esta época es que aún no se piensa. Está en su seminario “¿Qué significa pensar?”. Ahí hay una serie de teoremas (Heidegger era mucho más lógico y formal que lo que muchos de sus comentadores creen) donde dice que hay una suerte de pliegue donde la ciencia deviene en técnica. Pero la ciencia no es la técnica. La ciencia -en el sentido moderno de su acepción- tenía alguna relación con la verdad. En la experiencia de la ciencia estaba el descubrimiento, la subjetivación, la fundación de un nuevo ámbito. Y a la vez, siempre definía un nuevo objeto. A través de la ciencia siempre aparecía un nuevo objeto en el mundo. La técnica no tiene ningún objeto. Al contrario: es la integración de todos esos saberes al servicio de destruir la imposibilidad, al servicio de producir un nuevo tipo de realidad donde lo imposible no tenga lugar. En la ciencia había imposible, había límite. La técnica es la introducción de lo ilimitado. En la técnica, lo imposible quedó erradicado, y prolifera, se expande de una manera rizomática, transversal, conectando todo con todo. Entonces se vuelve más difícil establecer un corte. Esta no es la época de la ciencia sino de la técnica. Heidegger creyó que había una forma de responder a la técnica, por medio de la serenidad. Decir que sí y que no a la vez. Habitar la técnica, porque no se puede caer en una posición nostálgica anterior. Y encontrar un espacio de sustracción. La única forma, creo, es a través de la política.

-La política está cuestionada desde todos los lugares posibles.

-Es cierto. Pero existen diferencias. Los europeos que no piensan igual que cierto nihilismo muy de moda, piensan que para que suceda algo nuevo en el campo de la política hay que ser fiel a los acontecimientos. Los acontecimientos -y me refiero a Alain Badiou- se traducen como aquello que surge -en un estado de cosas- de manera incalculable, indeterminada e imprevisible. Un acontecimiento es algo que no estaba previsto. Y un acontecimiento político es algo que no está controlado ni por el capital ni por el estado. Y podría haber política en la medida que apareciera un sujeto que sea capaz de subjetivar, y de ser fiel a ese acontecimiento. En general, para los filósofos europeos postmarxistas, la forma-estado y la forma-partido ya no son vías idóneas para constituir una experiencia política que comprometa al sujeto. Estos pensadores cuestionan al Estado, al partido pero también a los derechos humanos, entre otras cosas porque los propios partidos socialdemócratas se ocuparon de borrar la diferencia entre derecha e izquierda. Pero cuando piensan a América latina en los mismos términos, se les escapa cierta especificidad.

-¿Cuál sería esa especificidad?

-Creo que en América latina el Estado puede seguir siendo una superficie de inscripción de procesos emancipatorios. Los derechos humanos, particularmente en la Argentina, han sido una operación decisiva para la construcción de un nuevo proyecto político. Y la construcción regional latinoamericana, no pienso que sea una experiencia a desestimar. No me parece que sea algo que pueda ser fácilmente subsumido por el estado dominante de las cosas. Pienso que la construcción de hegemonías en el sentido de Antonio Gramsci, de Ernesto Laclau, pensadas con las lógicas de Lacan, son pertinentes para entender los procesos políticos latinoamericanos. Es lo que estamos viviendo, con sus ventajas y sus desventajas. En el mundo de hoy, el escenario norteamericano es el de la dominación empresarial y el capitalismo de estado de los chinos es muy inquietante (y novedoso). China está demostrando de una forma muy efectiva la circulación de la forma-mercancía, sin la necesidad de una burguesía, la que se suponía era la clase social encargada de pilotear ese movimiento. Autoritarismo sin burguesía y mano de obra barata, en términos de PBI, no es fácil de asimilar. Y no es una solución a largo plazo para las problemáticas del sujeto. Aunque esa cultura desconozca lo que es el individualismo.

*From: Ñ digital.
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Jorge-Aleman-politicas-en-Lacan_0_689331306.html

6 de Mayo de 2012

Unes Altres Veus. ¿Autismo y psicoanálisis? Erick González (Barcelona)

01:16:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Esto que desplegaré a continuación no es una reseña del documental Unes Altres Veus, sino el testimonio de mi experiencia con respecto a él. Sin embargo para contextualizar dicha experiencia lo que puedo decir es que Unes Altres Veus es un documental sobre el autismo, que al estilo de una narración centrifugada que es acogida por un discurso, el discurso psicoanalítico, pone en tensión lo heterogéneo y la singularidad. Se trata de un documental muy versátil, que consta de distintas líneas pero que cuya narración se centra en lo que dice Albert –un chico diagnosticado como Síndrome de Asperger, una forma de lo que se llama “autismos de alto rendimiento”- sobre su autismo, pero donde la resonancia de lo que dice va más allá del “trastorno”, convirtiéndose poco a poco en un documento interesantísimo donde se ponen en tela de juicio asuntos como la normalidad y la realidad, lo que nos lleva a reflexionar sobre el lenguaje, el humor, la enfermedad e incluso la muerte.

En este punto, puede estar surgiéndoles la pregunta de ¿cómo es que en un documental sobre el autismo se dice algo sobre la lengua?, es decir, ¿cómo es que centrándose en un chico autista puede desplegarse una narrativa? Y además, ¿qué tiene el psicoanálisis para hacer con los sujetos autistas si se trata en dicha disciplina, de una cura por la palabra, y al menos lo primero que nos viene al pensamiento, lo primero asociado al término autista es que se trata de personas, niños mayormente, que no hablan? En un primer nivel se puede decir, que si les surge esta pregunta es importante que vayan a ver el documental.

El contexto en el que surge este documental también me parece relevante establecerlo, es el de una disputa que silenciosa la mayor parte de las veces y no tan silenciosa en otras, es iniciada por ciertos lobbys que relacionados a la industria farmacéutica primordialmente, han emprendido por la vía política con la intención de homogeneizar el tratamiento del autismo, utilizando los semblantes del cientificismo en un terreno en el que se ha demostrado que no existe una causalidad comprobada. ¿Qué significa esto? Que se plantea disfrazado de enmienda democrática, el slogan de que el tratamiento ha de ser igual para todos, pero en donde lo que eso significa es la erradicación de aquellas modalidades de tratamiento que sean diferentes a la cognitivo-conductual, que teniendo su utilidad sin duda, seguramente deja de abordar ciertos aspectos del autismo, que son radicalmente apremiantes de ser abordados, como lo puede ser el valor creativo y único del síntoma de cada niño autista como posibilidad de sostenerse en el mundo, de una manera en la que el otro sea menos amenazante, o en la que se deja completamente de lado la particularidad del sujeto, aplicando un tratamiento “tipo”, con una horma para todos. Pero además, donde lo que se aparece como más ominoso es la intención de impedir la libertad de elección de los padres del tratamiento que deben recibir sus hijos, e incluso de borrar la posibilidad de elegir una manera de estar en el mundo, de estos chicos que una de las cosas que revelan, si les es permitido desplegar algo de su singularidad, es un compromiso con un trabajo impactante al respecto de lo que significa eso de estar en el mundo.

En lo que se corresponde a mi recorrido por este campo, y a mi llegada a una de las maravillosas butacas del cine Verdi en el estreno del documental, se trata en primer lugar de una experiencia de unos cuatro años realizando acompañamientos terapéuticos a chicos autistas y psicóticos desde una perspectiva u orientación psicoanalítica lacaniana, y en segundo lugar, el de una experiencia inaugural de unas colonias para niños autistas en el verano del año 2011. En la vía de pensar para la situación de Cataluña la creación de una institución al menos, que se convierta en múltiples instituciones, es decir, una para cada chico autista que llegue a ella, este documental es un paso hacia adelante, una estaca imponente en el terreno, que puede convertirse en edificio.

Ya sumergiéndome en el documental lo que puedo decir es que al principio, en los primeros minutos, llegué a pensar que aparecían ante mí una serie de testimonios sobre el autismo construidos con palabras en el aire y un poco sin fondo, pero felizmente se trataba de una una falsa apariencia. Esto, dura poco, y tiene su efecto. Incluso creo que en este punto es en donde me conmovió más la obra, al subvertir ese comienzo, como poniendo en acto en el documental mismo, el discurso que se va desplegando sobre el autismo, en lo que dicen los educadores, psicólogos, psiquiatras, filósofos de profesión, pero psicoanalistas en acto, y por el mismo Albert, que nos cuenta de primera mano lo que es ser un autista, lo que es ser en su autismo, y lo que va más allá de eso, como una experiencia particular de sujeto.

El documental entonces cobra vida, cuando los padres son apelados por las excentricidades de sus hijos, por sus quehaceres tal vez estériles, por la repetición, las preguntas sorprendentes, por el rechazo a la identificación, siempre de una manera única, como si se tratara de un dejo artístico, allí donde parece no haber palabras. Es el momento de la demostración del documental, del posicionamiento del psicoanálisis con respecto a esta clínica. La clínica orientada por una posición ética, la de tomar estos absurdos, este tirarse y darle golpecitos al suelo, por ejemplo, insistentemente como un síntoma, un padecimiento que para el psicoanálisis no se trata de amputar, normalizar, pedagogizar, sino más bien de la labor de ser enseñados por él, apostando por el hecho a demostrar siempre que dicho quehacer, que incluye un malestar, está estructurado como un lenguaje y tiene ribetes de invención única.

El documental entonces se convierte en institución. Nos muestra esa clase de espacio que describe Alexandre Stevens como una institución fabricada para cada uno. Unes Altres Veus, sólo se hace eco de esa individualidad radical.

Unes Altres Veus nos acerca a lo que es la sencillez, en la que un niño a contraluz danza en solitario, y en donde la apuesta es la de sostener la posibilidad de que esa danza sea el trazado de un texto que pueda tener a lectores advertidos, interesados pero no invasivos. Y entonces tal vez, cuando algo se puede leer es susceptible de crear vínculos, vínculos desde los cuáles poder hacer un tratamiento de ese mundo tan ajeno para al autista, y así poder declinarlo en una especie de recipiente vacío, donde se pueda depositar una voz que sea propia.

3 de Mayo de 2012

“El Psicoanálisis es el reverso de la Política”*. Jacques-Alain Miller (París)

01:07:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Anguila
El autor examina las íntimas, escurridizas y eléctricas relaciones entre el psicoanálisis y la política: si bien “el psicoanálisis es exactamente el reverso de la política”, sucede que “el inconsciente es la política”. Por lo demás, “indudablemente el psicoanálisis no es revolucionario” pero “es subversivo” y “produjo daños sensacionales en la tradición”.

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Por Jacques-Alain Miller *
El inconsciente no conoce el tiempo, pero el psicoanálisis, sí. El psicoanálisis da lo que Stendhal llamaba “la audacia de no ser como todo el mundo”. Ahora bien, hoy en día, todo el mundo aspira a no ser como todo el mundo. Este era indudablemente el caso de Lacan y su modo de no ser como todo el mundo le fue por otra parte a menudo reprochado. En relación con la política, él enseñaba sobre todo la desconfianza respecto de los ideales, de los sistemas, de las utopías, que siembran el campo político. No creía en las leyes de la historia. Ni una palabra permite creer que mantenía la idea de una ciudad radiante, ya sea situada en el pasado o proyectada en el futuro. Ni nostalgia, ni tampoco esperanza, sino una gran sobriedad respecto de la política, acompañada de numerosos comentarios que iban desde la ironía hasta el cinismo, marcados por sarcasmos y burlas, que subrayan que la política es a la vez cómica y asesina. De las Memorias del cardenal de Retz había retenido lo siguiente: “Siempre son los pueblos los que pagan el precio del acontecimiento político”. Describía también al conquistador, llegando siempre con la misma orden en la boca: “¡A trabajar!”. Para Lacan, la alienación al trabajo era un hecho de estructura, pero que no introducía una revuelta colectiva propiamente dicha, la lucha de clases alentando a los explotados a combatir para convertirse en los explotadores de mañana. Resumiendo, diríamos que en el campo político Lacan estaba en contra de todo lo que está a favor.

Además, la política procede por identificaciones. Manipulando palabras clave e imágenes busca capturar al sujeto, mientras que lo propio del psicoanálisis consiste en operar a la inversa, ir en contra de las identificaciones del sujeto. Una a una, la cura las deshace, las hace caer como las capas de una cebolla. Enfrentar al sujeto con su propio vacío, permitiéndole así despejar el sistema que, a su pesar, ordenaba sus lecciones y su destino. En este sentido, el psicoanálisis es exactamente el reverso de la política.

Pero el inconsciente es otra cosa. Lacan decía habitualmente que “el inconsciente es la política”. No es una sustancia escondida en el individuo, en su mundo cerrado, que se trataría de forzar. El inconsciente es una relación y se produce en una relación. Es por ello que tenemos acceso a él en una relación con ese otro que es un analista. En la vida psíquica de un sujeto, un otro siempre está ya implicado como modelo, objeto, sostén u obstáculo. La psicología individual es de entrada psicología social. Si el hombre es un animal político, es por ser a la vez hablante y hablado por los otros. Sujeto del inconsciente, recibe siempre de un otro, del discurso que circula en el universo, las palabras que lo dominan, que lo representan y que lo desnaturalizan también.

El psicoanálisis enseña algo sobre el poder, la influencia que se puede ejercer; no hace falta mucho para imponerse: esencialmente, algunas palabras bien elegidas. Convertida en una industria capital para el consumo, la publicidad ha sacado ampliamente provecho de esto. En las democracias como las nuestras, la política ya no puede dirigirse a aquellos que todavía llamamos ciudadanos sin pasar por la publicidad. El marketing político se ha transformado en un arte e incluso en una industria que produce un montón de siglas, slogans, emblemas, pequeñas frases; y esto, en función de los datos recolectados por encuestas de opinión, sondeos agudos y grupos de discusión; escuchar lo que allí se dice sirve en primer lugar para cernir los términos susceptibles de imponerse a la opinión. Es asombroso que, lejos de ocultarse estas manipulaciones, se las exhibe. Informado de la existencia de las mismas, el público quiere conocerlas, visitar las bambalinas. No sólo se pone en escena el decorado, sino que también se convierte en espectáculo el reverso del decorado; al menos, uno de los reversos del decorado.

Los que practican la política son los primeros en saber que ésta no es más una cuestión de grandes ideales, sino de pequeñas frases. Ellos se las arreglan con eso y los ciudadanos parecen querer que así sea. Que la política no esté más idealizada no es una desgracia de la democracia. Sin duda ése es su destino, su lógica y, si así puedo decirlo, su deseo. La decadencia generalizada de lo absoluto en el campo político es notoria: algo bueno en oposición al fanatismo, pero que no abre la vía a la discusión racional entre ciudadanos desapasionados. Estamos en el reino de la opinión. El debate público se desarrolla sobre un fondo de increencia, de engaño, de manipulación declarada y consentida.

Esta es la regla del juego, deplorarlo también forma parte de él. Ya nadie denuncia esto como abyecto, excepto algunos maldicientes o imprecadores, que por otra parte hemos reducido a la impotencia. Si acaso alguno de ellos tiene talento, nos felicitamos del condimento que aporta al debate público. Forma parte del mismo movimiento de la civilización que revela sin descanso el carácter artificial, construido, de todas las cosas en este mundo: el lazo social, las creencias, las significaciones. El psicoanálisis participa de esto, ya que ningún otro discurso ha sido más potente en sacudir los semblantes de la civilización.

Aquel que practica el psicoanálisis debe lógicamente querer las condiciones materiales de su práctica. La primera es la existencia de una sociedad civil stricto sensu, distinta del Estado. El psicoanálisis no existe allí donde no está permitido practicar la ironía. No existe allí donde no está permitido cuestionar los ideales sin sufrir por ello. En consecuencia, el psicoanálisis es claramente incompatible con todo orden totalitario. Al contrario, el psicoanálisis hace causa común con la libertad de expresión y el pluralismo. Mientras la división del trabajo, la democracia y el individualismo no hayan producido sus estragos, no habrá lugar para el psicoanálisis.

El liberalismo no es, sin embargo, la condición política del psicoanálisis. En los Estados Unidos, por ejemplo, si bien el psicoanálisis lacaniano interesa a los intelectuales, su práctica real sólo subsiste. Según la opinión de Freud, el psicoanálisis se desnaturalizó al atravesar el Atlántico; los inmigrantes que lo difundieron dejaron Europa detrás como un mal recuerdo y sólo les quedó conformarse a los valores del american way of life. Esta expresión cayó en desuso, ya que este estilo de vida se está volviendo cada día más el nuestro; si el divorcio de las sensibilidades y de las costumbres entre Estados Unidos y Francia, incluso Europa, pudo por supuesto cristalizarse a nivel político, no impidió de ningún modo la americanización en marcha.

Como tal, el psicoanálisis ¿es revolucionario o reaccionario? Se trata de un Jano, un señuelo, que se utiliza explícitamente en los debates de sociedad en los que al psicoanálisis se le hace decir una cosa y su contrario. Pero su doctrina sólo requiere que un analista esté allí antes que nada para psicoanalizar y subsidiariamente para hacer avanzar al psicoanálisis y difundirlo en el mundo; aún mejor, si para esto interviene en el debate público.

Indudablemente, el psicoanálisis no es revolucionario. Sin duda, se dedica más bien a poner en valor invariantes que a depositar sus esperanzas en cambios de orden político. Pretende operar a un nivel más fundamental del sujeto, donde los puntos del espacio-tiempo están en una relación topológica y ya no métrica. Lo más distante se revela de repente lo más próximo. Un psicoanalista es de buen grado partidario del “Nada nuevo. Más eso cambia y más es la misma cosa”, profesa el analista; salvo que tal vez pueda empeorar, si alguna vez se creyó que podía ser mejor.

El psicoanálisis no es revolucionario, pero es subversivo, que no es lo mismo, es decir que va en contra de las identificaciones, los ideales, las palabras clave. Es bien conocido que nos preocupamos cuando alguien cercano comienza un análisis: tememos que deje de honrar a su padre, a su madre, a su pareja y a su Dios; algunos, por otra parte, aspiraron, sin éxito, a un psicoanálisis adaptativo más que subversivo.

No nos engañemos, “más eso cambia y más es la misma cosa”, pero ¡cambia de todos modos! Que siga siendo la misma cosa significa: lo que se gana por un lado, se pierde por otro, y esto no se reabsorbe. Si es subversivo, no por ello el psicoanálisis es progresista ni reaccionario. ¿Sería entonces desesperanzado? Digamos más bien que un psicoanálisis opera de la esperanza. Procede a la ablación de la esperanza y un cierto alivio resulta de ello.

No sólo los psicoanalistas no son militantes del psicoanálisis –excepto a veces, y no necesariamente para su felicidad–, sino que son más bien propensos a fastidiar a los militantes. Resulta de ello que los psicoanalistas se muestran frecuentemente muy abrumados por su operación que sacudió todos los semblantes, en particular todas las normas que atemperaban la relación sexual insertándola en la familia y la procreación. Los psicoanalistas hubieran querido que los semblantes de antes resistieran hasta el fin de los tiempos. ¡Lejos de ello! El psicoanálisis produjo daños sensacionales en la tradición. A estos desastres se sumaron las posibilidades inéditas que ofrecen los avances de la biología, la reproducción asistida, la clonación, el desciframiento del genoma humano, la perspectiva de que el hombre mismo se convierta en un organismo genéticamente modificado. Está claro que el Nombre-del-Padre ya no es más lo que era.

* Ex presidente de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. El texto es transcripción de la conferencia “Anguille en politique”, dictada en radio France-Culture en 2005; traducida al español por Daniela Fernández, especialmente para Página/12, con relación a la visita del dictante, quien participa en el VIII Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, “El orden simbólico en el siglo XXI no es más lo que era”, que se celebra en estos días en Buenos Aires.

From: http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-192679-2012-04-26.html

30 de Abril de 2012

¡¡¡Novedad!!! La Construcción del Caso en el Trabajo en Red. -Teoría y Práctica-. José Ramón Ubieto* (Barcelona)

00:41:00 , por jalvarez Spanish (ES)

De nuestro colega, José Ramón Ubieto, que también es asiduo colaborador de este BLOG, se nos anuncia la inminente aparición en las librerías de su último libro, La Construcción del Caso en el Trabajo en Red. -Teoría y Práctica-. Y nosotros, con mucho gusto, y felicitando al autor, trasladamos este anuncio a los asiduos lectores del BLOG-ELP.

Cordialmente.
Jalvarez
Redactor BLOG-ELP.

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Sinopsis
Los casos no existen per se, existen los expedientes que recogen las informaciones sobre el sujeto y su familia, la cronología de las actuaciones, pero eso no basta para captar la lógica del caso. Necesitamos construir el caso a partir de un saber que ponga el foco en esa lógica, partiendo de la formulación de hipótesis interpretativas de los fenómenos observados y de las posiciones subjetivas, las de los diversos miembros de la familia y las nuestras mismas, como profesionales que interactuamos con ellos. Para encontrar ese hilo conductor hay que aceptar que cada caso es único, singular, a pesar de todos los rasgos comunes que pueda tener con otros.

El método de la construcción del caso, que hemos puesto a prueba en el Programa Interxarxes (2000-2012) propone una serie de casos como forma evaluativa del trabajo en red, proceso más acorde con la naturaleza de nuestra tarea ya que parte del propio sujeto como el primero que construye su caso como una defensa frente a ese real que le desborda (violencia, ruptura, fracaso, exclusión). Esa construcción original, que tomamos como su invención, es nuestro punto de partida, no para asumirla acríticamente, sino para confrontar a ese sujeto con sus dichos y sus actos. Esa operación sólo es posible si previamente hemos sido capaces de establecer un vínculo transferencial que permita que nuestra palabra encuentre algún eco en el propio sujeto atendido.

ÍNDICE

Introducción

CAPÍTULO I. La atención de casos en el trabajo en red
1. Un nuevo paradigma en la relación asistencial
1.1. La religión del cientificismo
1.2. Idolatría del management

2. Nuestro método: la centralidad del caso
2.1. ¿Por qué es necesario un método para la construcción del caso?
2.2. Un método «contaminado» por la subjetividad
2.3. Producir colectivamente un nuevo saber sobre el caso
2.4. Las leyes del método (I): la repetición
2.5. Las leyes del método (II): tomar en cuenta lo inconsciente
2.6. Las leyes del método (III): el vínculo transferencial

3. Procedimientos y herramientas en el trabajo en red
3.1. El trabajo en equipo como preliminar
3.2. La teoría de los ciclos como guía de actuación
3.3. Una «disciplina» como soporte de la construcción del caso
3.4. La interdisciplinariedad como paradigma
3.5. La conversación: un principio rector
3.6. Propuesta de guión para la construcción del caso

CAPÍTULO II. Casos prácticos: discusión y análisis
1. Adolescencias y trabajo en red

1.1. Caso A
1.2. Caso B

2. Negligencias parentales y trabajo en red
2.1. Caso C
2.2. Caso D
3. Patologías mentales y trabajo en red
3.1. Caso E
3.2. Caso F
4. Inmigración y trabajo en red
4.1. Caso G
4.2. Caso H
5. Fenómenos de violencia y trabajo en red
5.1. Caso I
5.2. Caso J

CAPÍTULO III. Ideas y conclusiones
Abreviaturas
Bibliografía

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Link página web
http://www.editorialuoc.com/laconstruccindelcasoeneltrabajoenred-p-969.html?cPath=1

Compra online:
http://www.editorialuoc.cat/laconstruccindelcasoeneltrabajoenred-p-969.html?cPath=1
Disponible en librerías (Mayo)

* J. Ramón Ubieto: Psicólogo clínico y Psicoanalista. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Profesor de la Universidad Oberta de Catalunya y Consultor de del Instituto de Neurociencias y Salud Mental de Barcelona.

Colaborador habitual del diario “La Vanguardia”, ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales. Autor del libro “El trabajo en red. Usos posibles en Educación, Salud mental y Servicios Sociales” (Gedisa, 2009), ha coordinado los libros “Los Psicólogos en los Servicios Sociales de Atención Primaria” y “Adolescències i Vincle(s)”. Es coautor de otros títulos como: “Adopción y Acogimiento familiar: perspectivas” -2004, UB-, “Teoría psicoanalítica: reflexiones para la intervención clínica” (2006, UOC), “El Libro blanco del Psicoanálisis” (2007, RBA), “Intervenciones clínicas en las familias” (2009, Emaús), “Suicidio, medicamentos y orden público” (2010, Gredos) y “Violencia en las escuelas” (2011, Grama).

26 de Abril de 2012

¡Novedad! Letras nº 4 - Revista de Psicoanálisis de la Comunidad de Madrid-ELP

13:38:00 , por jalvarez Spanish (ES)

EDITORIAL
02 Andrés Borderías

AGENDA
03 Cultura, Ideas, Política, Novedades

DOOSSIER: Letras del síntoma
12 Las mentiras de la felicidad / Lo real del Sinthome. Eric Laurent

16 A cada uno su síntoma. Vilma Coccoz

20 Consonancias. Esthela Solano-Suárez

23 Una idea sensible de lo real. Una discontinuidad en la escritura matemática. Nathalie Charraud

25 El equívoco. Marie Hélène-Brousse

27 Lo que el tatuaje escribe en el cuerpo. El tatuaje como signo. Claudine Foos

EL PASE
32 Seminario del Pase en Madrid, 26 de Noviembre de 2009. Bernard Seynhaeve

39 El relieve de la voz. Araceli Fuentes.

CLÍNICA
44 Cuando en la psicosis los órganos hablan solos. Gustavo Dessal

48 Lo flou de la franja. Geneviève Clotour

50 El encuentro niño – analista. Ana Lía Gana

55 Ares y la guerra asoladora. Marina Averbach

59 La anorexia en el espejo. Amanda Goya

LETRAS EN LA CIUDAD
66 La histeria ayer y hoy. Dolores Castrillo

72 “¡Compra!” “¡Opérate!”, emergencias de una falla. Celeste Stecco

74 Planeta Justine. Melancolía, Lars von Trier, una mujer andaluza. Enric Berenguer

77 Capitalismo y subjetividad. Luis Fermín Orueta

VARIOS
80 Normas de publicación. Boletín de suscripción

24 de Abril de 2012

“El discurso capitalista excluye al amor”. Silvia Ons (Buenos Aires)

02:20:00 , por jalvarez Spanish (ES)

La psicoanalista Silvia Ons acaba de publicar Comunismo sexual (Paidós), donde se aprovecha de esa conjunción para reflexionar desde su práctica sobre las relaciones sociales en un mundo esclavo de la imagen, el espectáculo y el consumo, y cómo impacta ese formato del ente en las mujeres, los hombres y el amor entendido en su más amplia acepción. Esta es la conversación que sostuvo con Ñ digital.

Pablo E. Chacón -El libro invita a pensar una época de cambio: promiscuidad generalizada a la vez que indiferencia y desconexión, desencuentros múltiples, encuentros virtuales, etc. Y si nos remitimos a la historia del comunismo, estas conductas también estarían ordenadas por un socialismo menos libertario que autoritario. ¿Esto es así?

Silvia Ons -El título es irónico. Así como Freud cuestionó las premisas psicológicas del comunismo como ideología, cabe realizar una operación similar respecto a las nuevas perspectivas que pregonan una suerte de “comunismo sexual”. Y recordar que (Freud) no emitió juicio sobre el comunismo desde el punto de vista económico sino sobre su concepción del hombre. Para él, la premisa psicológica del comunismo es “una vana ilusión”, ya que cancelando la propiedad privada no se eliminarían cuestiones relativas al goce, la agresión, el apetito de posesión, etc. Además, no cree en el nacimiento de un nuevo hombre, idea que le resulta afín con creencias religiosas de redención. Acuerdo con la idea de que el comunismo sexual pregonado en los albores de la Unión Soviética estaba anclado en una ideología que le daba sentido. Ahora, asistimos a una suerte de “comunismo secularizado”. Tomé el término de la manera en que los swingers bautizan a su práctica, pero más allá de ella; porque esa consigna está –de alguna manera– presente en las llamadas “comunidades de goce”. La transformación de prácticas sexuales en movimientos, consignas, modalidades, formas de vida, páginas en Internet, pretensiones de subcultura, no es algo típico de los swingers. Si en la época victoriana el psicoanálisis cuestionaba la pretensión de igualación de los ideales en sus ambiciones hegemónicas, hoy también le compete realizar esa operación respecto a las perspectivas que intentan homogeneizar los goces.

-Comunismo sexual está muy centrado en ciertas posiciones juveniles: el uso (y abuso) del viagra; el exhibicionismo de la “intimidad”. ¿Existe una nueva juvenilia que hace uso de los soportes digitales “ignorando” las “bondades” (y complicaciones) del amor? ¿Por qué pensás que los adultos, a la vez, hacen un culto de la juventud, casi como si fuera una mercancía?

-Jacques Lacan dice que el discurso capitalista excluye al amor. Los enamorados se bastan a sí mismos y en esto se alejan del consumo; de ahí que el amor sea enemigo del capitalismo. En el amor, el otro no es una moneda de cambio sino que se revela como insustituible. Y a la inversa, Marx descubrió que en el capitalismo el valor de uso, subjetivo, es sustituido por el valor de cambio: las cosas no valen por sí mismas sino por el valor de mercado. El detalle que se agrega en el capitalismo tardío es que lo mismo vale para los sujetos, y de ahí el drama de devenir obsoleto como los objetos. El culto por la juventud se basa, buena parte, en este principio. Hace tiempo, (Claude) Lévi-Strauss observó que el consumo estaba transformando a los estadounidenses en niños al acecho de novedades. Lacan se refirió a la figura del niño generalizado inspirándose en un texto de (André) Malraux: “No hay personas mayores”, respondió el confesor de las Antimemorias cuando se le preguntó qué había aprendido en sus largos años de sacerdocio.

-¿Entonces?

-Entonces, por un lado el mercado empuja a que los individuos se conviertan en consumidores responsables, gestores de su vida. Y por el otro funciona como un agente “infantilizador” del sujeto. Adultos que compran ositos infantiles y que llevan camisetas Barbie, que van en patineta tarareando melodías de los programas televisivos. Los perfumes con olores colegiales, el gel que simula chocolate. Los viejos quieren parecer jóvenes y los jóvenes adultos se niegan a envejecer. Y conforme se desarrolla el mercado del “consumo regresivo”, la negativa a envejecer comienza cada vez más rápido; los individuos parecen querer vivir en la prolongación eterna de la infancia o juventud. El propósito crucial del consumo no es satisfacer necesidades sino convertir al consumidor en producto, elevar su estatus al de “bien de cambio”. Eso explica la importancia de la depresión: no ser “bien de cambio” es no pertenecer a esa lógica. No sé si los jóvenes ignoran las bondades y complicaciones del amor; creo, más bien, que se topan con su dificultad y con lo que se ofrece (la “previa”, el viagra, las drogas) para taponar la posibilidad de un encuentro amoroso.

-La “intimidad” en las redes sociales, ¿no supone un cortocircuito entre los sujetos, un déficit de encuentros cara a cara, el goce de una soledad culposa? ¿Esta es la intimidad que propone el mundo contemporáneo? ¿O eso no es intimidad?

-De acuerdo. Creo que hay una abolición de la intimidad. El mercado da para todo y los fantasmas se ofrecen cual mercancías. Lo que era clásicamente íntimo se brinda a consumir sin pudor. A medida que se debilita el espacio público, lo privado se hace obscenamente público. Internet favorece que los fantasmas privados adquieran consistencia, espesor, y que se realicen sin mediación, pruritos, vergüenza, multitud de escenificaciones sexuales encuentran por ese camino la manera más fácil de concretarse. Considero que la realización automática de los fantasmas tiene relación con la ausencia del rostro; el rostro está omitido en ese tipo de contactos, pese a las fotos, pese a las cámaras en las que se ven las imágenes de las personas en juego, pese a que luego, en un encuentro se vean la cara. Es necesario detenerse en la significación de la presencia del rostro ya que –es mi hipótesis– esa presencia tiene función de límite en las consumaciones fantasmáticas. Basta pensar en la forma en que el impulso fantaseado se antepone a la historicidad del sujeto, a su rasgo singular. Ese impulso va primero, es idéntico al sujeto que está en juego, y se le adelanta. Alguien enuncia sus preferencias sexuales por Internet y esas preferencias toman un valor que antes no tenían: transformadas en mercancía, adquieren un valor agregado. Es el valor de cambio descrito por Marx, en la medida en que ingresa al mercado lo que antes era sólo valor de uso. Aquí hay que entender el mercado no sólo como dispositivo financiero sino como una vitrina en la que algo se da a ver para ser elegido según “el gusto”. Y de la misma manera que cualquier experto en economía sabe que la oferta genera demanda, habría que preguntarse si el gran abanico de perversiones en la actualidad no está favorecido por las mismas ofertas.

-¿Podría decirse que René Descartes es el primer teórico del “macho alfa”, según podría deducirse del texto; y que el fracaso de esa figura no implica al autor del “Discurso del método” más que de forma anecdótica?

-En todo caso, Descartes fue un “macho alfa” interpelado por una mujer. Posterior al Discurso del Método están Las pasiones del alma. El escrito está basado en la correspondencia que el filósofo mantuvo con Elisabeth de Bohême. Frente a las dolencias que padece, él le propone un uso de las pasiones. Con sus síntomas, la princesa pondrá el acento sobre el límite interno del sistema cartesiano. Ella leyó las Meditaciones y se interesó particularmente sobre la relación entre el alma y el cuerpo: si se parte de la distinción entre res cogitans, donde el atributo principal es el pensamiento, y res extensa, donde el atributo principal es la materia, ¿cómo es que uno afecta al otro? La pregunta de la princesa excede el marco epistémico, concierne a sus más profundas dolencias: problemas estomacales, respiratorios, estados depresivos, fiebres a repetición. Descartes capta que esos síntomas no se resuelven desde la medicina; provienen de las enfermedades del alma, anticipando así, al menos en un punto, el descubrimiento freudiano. Pero Descartes no es Freud, aunque Elisabeth tenga semejanzas con nuestras conocidas histéricas. Entonces, intenta hacer de la princesa una heroína corneliana. Es suficiente –le dice– que por la fuerza de la virtud tranquilice a su alma, a pesar de las desgracias de la suerte. Son interesantes las réplicas de la princesa; marcan una hiancia entre la teoría cartesiana y la práctica, sus síntomas no obedecen al imperio de la razón e inspiran la escritura del Tratado de las pasiones. En la correspondencia entre el filósofo y la princesa encontramos la eficacia de la transferencia amorosa. En Los principios, Descartes afirma la importancia de la voluntad. Sin embargo, en las cartas a Elisabeth, no cree en las exaltadas declaraciones de los hombres de Corneille, que sometían la pasión a una razón soberana. Vemos allí el resultado fructífero de un ‘macho alfa’ en su encuentro con una dama.

-¿Cuál es su opinión sobre Guy Debord y su sociedad del espectáculo? ¿De qué espectáculo se trataría en esta época?

-Debord pensó algo que es fundamental en esta época: ubicó un nuevo valor que ya no es el “ser” ni el “tener” sino el “aparecer”. De ahí la importancia mediática y el afán por aparecer a cualquier precio y de cualquier manera. Vivimos en el colmo de la sociedad del espectáculo y creo que habría que pensar a (Martin) Heidegger cuando habló del mundo como imagen y escribió La época de la imagen del mundo, donde afirma, luego de explicar cómo cada época se basa en una interpretación diferente del ente, que lo que caracteriza a la modernidad es el mundo como imagen.

-La cultura de la imagen cruzada con la velocidad, ¿favorece la anulación del silencio, la calma, el trabajo sobre uno mismo?

-Habría que escribir un tratado acerca del valor del silencio para la reflexión. Los espacios antes reservados al silencio hoy están ocupados por aparatos para estar “conectados”: el celular, la computadora, la televisión. No me refiero sólo al silencio para pensar algo “serio”, sino el silencio para fantasear, retraernos a nuestra “morada”. Lejos quedaron las ensoñaciones en los viajes. Casi todos están presos de los celulares. Se vive estimulado por imperativos de goce, por una velocidad cruzada por la imagen. Pascal decía que “nuestros sentidos no perciben nada extremo. Demasiado ruido nos ensordece. Demasiada luz nos deslumbra. Nosotros no sentimos ni el frío extremo, ni el calor extremo. Las cualidades excesivas nos son enemigas, y no sensibles, no las sentimos, las sufrimos”. El filósofo capta que en el extremo, en psicoanálisis llamado exigencia de goce superyoico, se produce un alejamiento del campo sensible. Paul Virilio muestra que eso equivale a tratar lo viviente como motor, máquina de acelerar. Ya decía Nietzsche que lo que más le importa al hombre moderno no es el placer ni el displacer sino la excitación. Cuando se quiere dar cuenta de un estado de excitabilidad, se dice que alguien está “eléctrico”, aludiendo a un cuerpo que no parece humano; también cuando se habla de “máximo rendimiento”, se dice “es una máquina”; ponerse en carrera es tener “pilas”, y ponérselas, la demanda dirigida a quien “se cuelga”.

-¿Por qué razón se supone que las mujeres soportan mejor estas nuevas condiciones que los hombres? ¿Alcanza con decir que ellas se han falicizado y los hombres acobardado?

-Creo que no se puede generalizar, pero diría que el hombre tiene un goce más localizado, y la mujer más disperso. Eso hace –quizá– que ellas puedan adaptarse mejor a la dispersión del mundo actual. La pluralidad del goce femenino hace que muchas mujeres puedan reponerse ante una pérdida, “armándose” con otra cosa. Para muchos hombres, esa pérdida puede ser fatídica. Basta con pensar en las depresiones y suicidios de algunos que pierden su espacio “fálico” en una empresa, o en su propia casa.

From: http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/Entrevista-Silvia-Ons-El-discurso-capitalista-excluye-al-amor_0_680332204.html

20 de Abril de 2012

Lecturas Críticas - Hacia el Forum de Sevilla. José María Álvarez y Roberto Martínez de Benito, Mª José Freiría, Mariam Martín Ramos, Dolors Tohà, Rosa Godínez.

00:51:00 , por jalvarez Spanish (ES)

EL PODER DE LA CIENCIA FICCIÓN. A PROPÓSITO DE LAS TAXONOMÍAS PSIQUIÁTRICAS
José María Álvarez y Roberto Martínez de Benito

Al clasificar las enfermedades mentales y embrollarse en disquisiciones diferenciales, mediante un prodigio retórico consiguen los expertos desplazar la atención del problema fundamental, esto es, la definición de enfermedad mental. Cualesquiera que sean los paradigmas o modelos argüidos, en el fondo siempre podrán reducirse a las posiciones adoptadas frente a las dos grandes preguntas formuladas por el pathos. Pues su estudio nos obliga a decidir y tomar partido ante un par de cuestiones decisivas. La primera, referida a la sustancia, esencia o naturaleza de la enfermedad mental, implica una elección epistemológica: ¿la enfermedad mental es una construcción discursiva o un hecho de la naturaleza? La segunda, relativa a sus límites y fronteras, nos avoca a dos interrogantes a menudo enlazados: en primer lugar, las relaciones entre lo uno y lo múltiple; en segundo lugar, la articulación o la contraposición entre lo continuo y lo discontinuo.

Sobre este suelo se asientan todas las reflexiones psicopatológicas y las construcciones taxonómicas. De forma absolutamente original, Freud elaboró una psicología patológica basada en la elección inconsciente de mecanismos defensivos y en los efectos patógenos que ella conlleva. El clasicismo lacaniano supuso un desarrollo y perfeccionamiento de este modelo de las estructuras (clínicas) freudianas. Confirmando una tendencia acorde con la madurez y la experiencia clínica, tanto Freud como Lacan relativizaron, con el paso de las décadas, la perspectiva estructural (discontinua) y se abrieron a otra más continuista, perfectamente conjugable con la anterior. Si algo llama la atención de la psicopatología psicoanalítica es la perdurabilidad de sus categorías clínicas, lo que contrasta con la continua renovación de las nosotaxias psiquiátricas.

Inspirándose en el método científico, las actuales taxonomías psiquiátricas aspiran a ordenar las enfermedades mentales mediante un marco homogéneo de referencia, tanto descriptivo como semántico. Para ello proponen una terminología universal que engloba las referencias clínicas y las de investigación en el campo de la salud mental. Desde luego, estos objetivos son muy loables siempre y cuando se limiten a recomendaciones surgidas de construcciones discursivas y preserven al sujeto en las clasificaciones propuestas.

En contraste con la relativa modestia de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la OMS, los últimos DSM transmiten una ideología biomédica que encumbra la enfermedad y allana cualquier retoño de subjetividad, es decir, desposeen al sujeto de su participación en el malestar que le aqueja. Quizá el mérito de la extensión de esta ideología cientificista deba atribuirse a Robert Spitzer, el principal hacedor del DSM-III (1980). Con esta taxonomía supuestamente “descriptiva” y “ateórica”, mediante un prodigio retórico admirable, el otrora psicoanalista Spitzer da la puntilla a la orientación psicoanalítica, hasta entonces imperante.

Cuando se observa la trastienda de la ciencia, la contundencia de sus argumentos se desvirtúa al instante. Tras tanta pompa se oculta el método de consenso que afianza esas nosotaxias. Pues a través del consenso de expertos es como se llega a la definición operativa de los trastornos y su agrupación en clases. Estos grupos de expertos recogen una opinión mayoritaria de lo que algunos profesionales de la salud mental consideran un determinado trastorno; después, proponen una definición descriptiva mediante los síntomas que se cree los conforman; finalmente, los agrupan en torno a criterios de clase: trastornos psicóticos, del humor, del desarrollo, etc.

A partir del proceso descrito, se procede a estudios de campo consistentes en la validación de estos presuntos diagnósticos mediante el estudio estadístico de poblaciones a las que se ha realizado un determinado diagnóstico. En algunos casos, dicho proceso puede culminar en la confirmación de una especie estadísticamente consistente, de lo que se concluye su existencia real. Con esta pirueta, un dato meramente estadístico se transforma en una categoría nosológica real.

No hay que estar muy versado en metodología para colegir sobre la escasa certidumbre científica de este modelo, el más bajo en la medicina basada en pruebas. Sobre el desconocimiento de la etiología o la fisiopatología de las enfermedades mentales se erigen estos edificios nosotáxicos, depurados en su acabado pero huecos en el fundamento clínico. Todo ello pone de manifiesto lo alejados de las ciencias de la naturaleza que se halla estos saberes y lo cercanos que están a la ciencia ficción. Sin embargo, esta ideología y su omnímodo poder se extiende como la lava, arrasando cualquier diferencia subjetiva y reduciéndolo todo a un silencio deshumanizado.

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(A)COGIDOS POR EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO
Mª José Freiría

La Convención internacional sobre los Derechos del Niño (CDN) convertida en ley en 1990 y, por tanto, de obligado cumplimiento por todos los países firmantes, reconoce a los niños como titulares activos de sus propios derechos, separándolos así del lugar incontestable en el que se situaban respecto a los padres, la familia y los adultos en general.

Se trata del niño como sujeto de pleno derecho.
Es evidente que una ley, además de tener sus propias limitaciones conceptuales, siempre es respondida, interpretada, asumida, manejada, incluso desechada de modos muy diversos.

La CDN contiene una particularidad que la atraviesa y compete a todos sus artículos. Se trata de uno de sus principios fundamentales, el de que todas las acciones que se realicen deben contemplar “el interés superior del niño”. Definir este principio resulta tan complejo que, además de aparecer problematizado en cada uno de los artículos de la ley, hay 6 artículos específicos dedicados a su interpretación, con el uso de ejemplos prácticos.

Si el derecho es para todos, la noción de interés abre una grieta, ya que exige una estimación más específica y da cuenta de una dimensión subjetiva en juego. Se trata entonces de los derechos fundamentales de los que debe gozar el niño, bañados por las contingencias propias de cada vida particular.

El acogimiento familiar, históricamente librado a la espontaneidad personal o a las acciones de beneficencia, es ahora investido como medida de protección de los derechos del niño.

Se trata de un cambio conceptual en marcha desde hace algunos años, que atañe tanto a la función del acogimiento como a las familias de acogida, a las familias biológicas y al lugar del niño.

Los padres y las madres, duales en estos casos, deben tomar posición respecto a ese principio fundamental que atraviesa la ficción de derecho en la que el niño está a-cogido, su interés superior. El acogimiento mismo viene a responder a eso, pues se conceptualiza como la medida más conveniente para un niño en situación de desamparo.

La pregunta sobre cuál es el interés del niño en estos procesos, siempre muy complejos, tiende a cerrarse fácilmente y de formas muy diversas, a menudo desde el lado del interés que tiene el niño como objeto para cada uno, para cada padre, cada madre o cada profesional.

Sin olvidar los casos más extremos de violación de sus derechos, tomemos como ejemplos la reivindicación del valor superior de los lazos de sangre, la aplicación de estilos educativos idealizados y todos los intentos de sometimiento del niño a los delirios familiaristas particulares.

Pero me parece que este principio tiene una virtud y es que no deja de producir un cierto efecto de retorno de una pregunta nunca contestada del todo.

Una pregunta que en estos lugares de trabajo con los niños, en los diferentes dispositivos de protección se ha de mantener abierta. Puede servir para proteger al niño de las pasiones que habitan los lazos familiares, de las condiciones de goce que envuelven las voluntades de cuidados, de la pulsión de muerte que empuja silenciosa en el lazo familiar, en los padres, en las madres y en los propios niños.

Porque en el niño también hay algo que le a-coge, un modo de satisfacción pulsional al que quedará fijado y del que tendrá que responder. Le será muy útil tomar a su cargo la pregunta por aquello en lo que se sostiene su interés, más allá del registro imaginario de sus múltiples intereses, en su vertiente de apertura hacia lo real pulsional (a).
Pero para eso le hará falta una transmisión, tal vez producida en el encuentro con alguien en posición de analista, dentro o fuera del abrigo de un dispositivo específico de tratamiento.

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LOS PADRES, EL NIÑO CON PROBLEMAS Y EL PSICOANALISTA
Mariam Martín Ramos

El pasado 3 de marzo pude asistir a la primera reunión de debate sobre el próximo Forum de Sevilla. Las aportaciones particulares que los colegas han puesto en marcha en las distintas instituciones y distintos lugares de nuestra geografía donde trabajan, permitieron mantener un renovado entusiasmo porque, en cada lugar, aquellos que nos orientamos por el discurso analítico damos muestras de consentir, de promover formas dúctiles, casi diría de invenciones para que allí donde se ejerce el poder de las prácticas de control, éste quede minimizado, quede incluso desmantelado y dé lugar a un espacio de subjetividad.

Lo debatido, mi propia práctica, que con padres de niños autistas es de acompañamiento y sostenimiento durante el tratamiento de sus hijos y las lecturas, me decidieron aceptar la invitación de poder entregar algunos comentarios para este continuo trabajo de elaboración previo al Foro de Sevilla que la comunidad analítica realiza.

Es cierto que se nos hace cada vez más patente que los síntomas o las formas actuales de los síntomas quieren ser tratadas desde una perspectiva social más que subjetiva. Se quiere así obviar cualquier determinación subjetiva, inconsciente, del padecimiento con el que cualquier ser hablante se presenta. Desde esa perspectiva, se entiende bien que los tratamientos del síntoma no son, en realidad, más que formas de control que provienen del lugar del Otro social, del Otro del Estado porque el síntoma deviene, entonces, un problema de orden social o, como formula J-A. Miller, de orden público.

El discurso de la evaluación, los protocolos de actuación, los manuales de buenas prácticas, la construcción estadística de los síntomas, los cuestionarios y tests del comportamiento y de conducta, la lógica de la eficacia y rentabilidad, son los recursos con los que estas prácticas de control se ponen en marcha. A partir de aquí, las formas de intervención están abocadas a la cronificación del síntoma, fijándolo en categorías monosintomáticas, a su medicalización transformándolo en un trastorno del organismo o a la judicialización del síntoma con ordenamientos judiciales preventivos frente a la violencia de genero o cambios de las leyes de responsabilidad del menor en la violencia social, por citar sólo algunos.

Del lado del sujeto, lo importante es que queda des-responsabilizado en relación con aquello que le sucede, con respecto a lo que padece, imposibilitado a producir un saber sobre lo que le pasa y abocado a soportar el empuje acéfalo de la pulsión, la desregulación del goce, y sus derivas de la culpa o la victimización.

Frente a este modo imperante de tratamiento del malestar en la civilización, el papel de los profesionales cuya actuación tiene un impacto directo sobre la sociedad es fundamental, pues o bien producen actuaciones para dejar abierto el espacio de la subjetividad o ellos mismos se convierten en transmisores activos e incluso pasivos de estos modos de control.

En este sentido, en la actualidad, somos testigos de que dentro de distintos colectivos surge de manera más fuerte la alerta, la llamada de atención frente a la pérdida de su función, denunciando la imposibilidad de producir un acto informativo, un acto médico, un acto pedagógico o un acto jurídico.

Por otro lado, me preguntaba ¿cuál es la posición de los padres respecto de estas prácticas de control en el tratamiento del síntoma? Más aún cuando el síntoma se refiere a las formas más radicales de padecimiento, como en el caso del las psicosis y el autismo y en donde el protocolo de actuación y la pauta está mucho más presente.

Tomando sólo una vertiente de este aspecto complejo, el hecho de que, en los padres de niños autistas con los que trabajaba, el saber estuviera del lado del profesional con su diagnostico, sus protocolos y sus pautas, les impedía la elaboración de un saber sobre su propio hijo con una incidencia en la imposibilidad de poder decidir ahí donde la pauta recibida no funcionaba.

Poder abrir un espacio regular para poder hablar de las preocupaciones del día a día con sus hijos autistas, les permitió la abertura a su propio discurso, un discurso en el que pueden sostener sus propias decisiones aún a riesgo de darse cuenta de que tampoco funcionan. Poder reconocer que no se trata de soluciones cerradas, sino de ir construyendo, poco a poco, soluciones que siempre quedarán descompletadas y poder soportar ese modo descompletado sin el miedo a creer que no saben, a que no están haciendo lo mejor ni a sentirse culpables. Esta ha sido la apuesta, pues sin esta posibilidad de un lugar para hacer surgir la dimensión de sujeto de los padres, sus posiciones dentro del tratamiento de sus hijos, sin saberlo, podrían hacerlos participes de estas técnicas y mecanismos del control proveniente del otro social.

Por tanto, la forclusión de la dimensión de sujeto que promueve el discurso de la evaluación atañe tanto a los profesionales como a aquellos que nos vienen a consultar. Del lado de los profesionales, que realizan su labor en los distintos ámbitos sociales, se les impide realizar su función, es la manera que tiene de arrollar este discurso y del lado el psicoanalista que es el que sostiene de manera más radical el surgimiento y el sostenimiento de la dimensión de sujeto, en el caso de los niños con graves dolencias, promover la dimensión de sujeto de los padres ha sido fundamental para producir una apertura a la dimensión de sujeto de sus hijos.

Y es por eso que el Forum de Sevilla es una cuestión que nos concierne a todos.

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(IN)CERTEZAS BORRASCOSAS EN LA EDUCACIÓN
Dolors Tohà
(Pedagoga en un Equipo de Asesoramiento Psicopedágogico -EAP-). Barcelona.

En el libro ¿Quiere usted ser evaluado? Jean-Claude Milner plantea los dos paradigmas que rigen nuestra actualidad: el paradigma problema-solución y el de la evaluación. Nos muestra cómo un problema viene a ser sustituido por “su solución”. Actualmente la solución puede ser la propia evaluación, es decir, la solución al problema será tener el “problema evaluado”. Así, un objeto queda sustituido por un objeto evaluado y un niño también puede sustituirse por un objeto evaluado, es decir, medido y mesurado.

Para la actual reforma educativa, la LOE, las finalidades de la educación son: aprender a ser, aprender a estar, a habitar el mundo y aprender a aprender. Conseguir estas finalidades-ideal, desde estos dos paradigmas y bajo el discurso de la primacía causa-efecto, da lugar a escenarios de lo más inverosímiles. Quizás podría expresarse mejor esta fragmentación en el estilo de las viñetas de cómic.

Medidas para combatir el fracaso escolar, programas de “impulso” de la lectura, programas de “convivencia”, “detección” de los trastornos de aprendizaje, y un sinfín de proyectos de una ingenuidad infantil asombrosa, son lanzados como la nueva Biblia de nuestros tiempos. Todo ello va obturando la vida de unos Centros educativos en los que la petrificación subjetiva aumenta a la velocidad que acontecen los fenómenos. Unos acontecimientos, aparentemente desconectados y dispares, que no pueden ser “leídos” sino respondidos desde la urgencia. En este panorama, el saber no sólo queda desplazado sino que no halla por donde circular. Las certezas ocupan su lugar. La amenaza de lo incierto causa terror. Así, se corre hacía el ideal, ignorando que en realidad se huye despavoridamente de algo, la incerteza, que está permanentemente al acecho.

Desde esta lógica, las dificultades en la lectura, cálculo, comportamiento… son sustituidas por su protocolo específico.

Una de las “causas” del fracaso escolar, por ejemplo, es que se ha “detectado” que los alumnos llegan a secundaria sin haber adquirido “una buena competencia lectora”. Afortunadamente ya ha aparecido “la solución”: el lanzamiento del programa “impulso a la lectura”.

Pero, ¿cómo leer en una realidad que corre ante nuestros ojos de forma tan vertiginosa? ¿Acaso lo pueden los que obedecen ciegamente al imperativo “inmediatez”? ¿Y los que sólo alcanzan a plantearse qué protocolo aplicar? Entonces, ¿quiénes son los que no pueden leer? ¿Es posible hacer alguna lectura desde la condición de objeto susceptible de ser mesurado y medido?

Otro aspecto que resulta inquietante es el empuje a la autonomía en los niños. “¡Hay que fomentar la autonomía!”, otra de las certezas-premisa básicas para que los niños puedan “aprender a aprender”. ¿Cómo puede articularse la autonomía desde la lógica del control? Han de aprender a organizarse a la hora de entregar las tareas que se les pide, muchas veces desde el exceso y la desregularización. Eso sí, deben organizarse de un modo determinado y en unos tempos que “son los correctos”. ¿Cómo van a organizarse si no se acoge su particular “saber hacer”?

¿Cómo puede responderse a eso si no es grabando un policía en el interior de cada niño? Tal vez, cuando se habla de “impulsar la autonomía”, cabe plantearse si la auténtica finalidad que se pretende desde las administraciones del poder - que entienden la educación desde el control- sea inyectar al vigilante en cada uno.

Bajo la máscara “políticamente correcto”, los Centros cuentan con unos espacios “para la reflexión, la coordinación, la planificación”. Acostumbran a colapsarse de certezas encadenadas, en formato “causa-efecto”, “problema-solución”. O bien, en espacios para decidir dónde se pone la cruz al protocolo. Desde mi lugar como asesora, resulta una proeza introducir algún interrogante ante algo que opera y es aceptado como un axioma divino, sin más.

En este empuje hacia la acción y la inmediatez, hoy en día, darse un tiempo para la elaboración es una heroicidad.

Desde el marco de mi trabajo en un equipo de asesoramiento psicopedagógico, hemos creado un espacio fuera de “lo urgente”. Un Seminario formado por maestros de educación especial, psicopedagogos de secundaria, de equipos de asesoramiento psicopedagógico y de Servicios Específicos. Inscrito en el horario laboral. Oficial, es decir, está contemplado en el plan de formación permanente y al realizarlo se adquieren puntos para la promoción profesional. Nos amparamos en la lluvia de adjetivos que operan para calificar lo que algo no es (escuela inclusiva, trabajo cooperativo, escuela comprensiva). Y nos adscribimos a uno de ellos: “la práctica reflexiva”.

Nos permitimos el lujo de llamarlo lugar de desaceleración. No pretendemos “solucionar” nada. Estamos abiertos a que pueda surgir algo nuevo de verdad, una invención. Un paréntesis entre todas estas “supuestas novedades” que emanan aceleradamente y que sólo vienen a perpetuar a que se repita “lo mismo de siempre”. Hemos podido sostener, de forma heroica, permanecer desorientados por un tiempo y desobedecemos al imperativo “concluye ya”.

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MUCHACHOS QUE HABLAN DESDE SU SINGULARIDAD
Rosa Godínez

Escribiendo algunas notas previas en relación al Foro La infancia bajo control que se celebrará en Sevilla, me encuentro con el acontecimiento de otra celebración: la presentación ayer martes 3 de abril en Barcelona del documental “Unes altres veus” de nuestro colega y amigo, Iván Ruíz

Esta presentación da un giro al escrito que estaba confeccionando para las Lecturas críticas. Aunque no-todo.

Una vez que la mirada del psicoanálisis ha logrado atravesar la pantalla, de la buena manera, ha producido un contenido discursivo que llega a la red social y ha plasmado una imagen, a mi parecer de una excelente calidad artística, nos queda no sólo dar la enhorabuena a los productores y actores de este especial film, si no también continuar con nuestra particular tarea como psicoanalistas. Sostener y transmitir el nudo entre clínica y política.

Ayer en la calle tomada por familiares, amigos y amantes del psicoanálisis, me ocurrió algo inesperado. Fue el encuentro con algunos, no anónimos. Antes de la entrada al cine, me acerqué a una pareja de padres de un niño púber (autista) que atiendo desde una institución pública. La madre no sabía si saludarme o no. No quería molestar. Sabíamos, sin decirlo, que ahí los que estábamos, lo hacíamos en calidad de espectadores expectantes, de acompañantes de nuestros colegas de l´Associació Teadir, y sobre todo estábamos ahí, sencillamente y complicadamente, como SUJETOS. Por tanto, algo nos unía. De esta manera, la mujer me presentó a su marido, padre de mi paciente. Al que, a pesar del tiempo transcurrido en alojar y escuchar a su hijo, aún no había conocido. Este evento pues nos acercó. Y allí, en ese lugar y en ese momento, escuché al padre hablándome de su hijo. La transferencia en juego, siempre se ha de mantener y cuidar. Dado el escenario del acontecimiento no era fácil manejarse, puesto que los afectos estaban en juego. Pero, en definitiva, estábamos todos en calidad de hombres y mujeres acarreando cada uno su síntoma.

Como decían los colegas psicoanalistas en el documental, cada sujeto inventa su manera particular para manejarse en el mundo. Y no hay una única manera, por fortuna. Hay la singularidad de cada uno. En el mundo del autista, esta singularidad es absoluta, radical.

El otro encuentro fue con el chaval protagonista del documental. Me acerqué a él, con tiento, y me presenté. Sus palabras y su posición de amabilidad eran muy asombrosas, dedicándole al Otro un tiempo particular para contar –por supuesto a su manera- la alegría del momento. Entonces, una pregunta por mi parte, ¿un lapsus? produjo una conversación particular; en el punto en que cada uno soporta su propio autismo. ¿Qué tal, cómo lo llevamos?, en lugar de ¿Qué tal, cómo lo llevas? Ante el asombro de los dos, conseguí precisarle que me refería al bullicio, al lugar atestado de gente que obligaba al sujeto a estar por unos y otros. En fin, a la cuestión del lazo social. ¡Ah, bueno, muy bien, estoy muy contento!, espetó jubiloso. “Lo malo es que quizá no puedo parar de hablar”. “No te preocupes -le digo- esto y otras cosas nos pasan a todos”. Nos despedimos desde una cercanía singular, la que se produce entre quienes captan que hay un deseo en juego.

nta que en la escena se jugaba también la cuestión que me encamina hacia el Fórum-Sevilla. Esto es, acercar a los otros la experiencia con los chavales cuya singularidad es extrema. ¿Qué ocurre sino con la angustia generalizada y desencadenada en el otro, véase el cuerpo del profesorado actual, el de los padres también, que miran fascinados la clínica del actuar de estos muchachos?. Este es un fenómeno diferente al del autismo por el ruido social que se genera, pero no tan distanciado, puesto que el niño o el joven actuador se encierra, y de manera muy complicada, en su goce autístico.

Como transmite Daniel Pennac en su libro: Mal de escuela, pasar por la experiencia, si de ello el sujeto saca un provecho, te habilita para poder saber hacer allí: “De modo que yo era un mal alumno. Cada anochecer de mi infancia, regresaba a casa perseguido por la escuela. Mis boletines hablaban de la reprobación de mis maestros. (…) llevaba a casa unos resultados tan lamentables que no eran compensados por la música, ni por el deporte, ni, en definitiva, por actividad extraescolar alguna.(…) Y yo no comprendía” (p.17).

Fue por el deseo del sujeto, a través del deseo del Otro como señala Lacan, que Daniel se hizo profesor de instituto y escritor. Debemos pues, decirles a nuestros jóvenes que siempre hay la posibilidad de un porvenir.

From: http://loqueevaluacionsilencia.blogspot.com.es/

17 de Abril de 2012

Entrevista a Ivan Ruiz. Elisenda Roca (Barcelona)

14:42:00 , por jalvarez Spanish (ES)

Silvia Cortés e Iván Ruiz (Barcelona 1976) han dirigido el documental Unes altres veus / Otras voces. Una mirada diferente sobre el autismo, producido por Teidees Audiovisuals. Este Psicólogo, dedicado al Psicoanálisis, conoce el autismo muy de cerca.

Ivan Ruiz, pianista y profesor del Conservatorio del Liceo, decidió estudiar psicología para después especializarse en psicoanálisis. Preside la Asociación Teadir, desde la que las familias de criaturas con autismo defienden la pluralidad de tratamientos. Iván me lo explica con una voz reposada y melódica, como si le hablara a su hijo Héctor, que tiene seis años y es autista.

¿Qué percepción tienen los autistas del mundo?
Como dice Albert, un joven de 21 años que tiene un tipo de autismo conocido como Síndrome de Asperger: “Intentad entender cómo vivo yo el mundo y entenderéis como lo vivís vosotros”. Los autistas creen que el entorno les es hostil, que es un caos donde hay demasiado ruido. No entienden cómo se rige, cómo funciona. Con frecuencia toman la posición de no interesarse por una realidad que consideran complicada y agresiva.

¿Dices que toman una posición. ¿Quieres decir que no nacen autistas?
No, no hay ningún estudio científico que lo demuestre. Las primeras sintomatologías del autismo aparecen a los 6 ó 7 meses de vida y hasta los dos años. De manera abrupta, el niño se cierra y no acepta el vínculo con el otro. Deja de mirar, deja de escuchar, se tapa los oídos, deja de comer o el hecho de comer se vuelve muy complicado, deja de hablar si es que decía alguna cosa y se construye un mundo interno las veinticuatro horas del día.

¿Se conoce cuál es la causa del autismo?
No, y cualquier teoría concluyente sobre esto caería en una falsedad. No hay ningún estudio ni prueba científica que certifique la causa del autismo. Desde el psicoanálisis se interpreta que hay un posicionamiento muy decidido y radical de la criatura que, por lo que sea, decide detenerse en su desarrollo y en el vínculo social, y satisfacerse con lo que tiene a su alcance, que es o bien su cuerpo o bien algunos objetos que escoge...

¿El tratamiento precoz es fundamental?
En los primeros años de vida se cristalizan las maneras de entender el cuerpo y de acceder a los otros, de comunicarse. Que la criatura ponga en marcha defensas radicales, no mire, no hable, no juegue como lo hacen los otros no quiere decir que no haga nada. Tienen una actividad interna constante. Pero ¿cómo pueden entender lo que les rodea si rechazan la comunicación y la presencia del otro? Es desesperante que tu hijo rechace una caricia, un abrazo, un beso, si no entiendes que el contacto físico puede ser una amenaza para el niño, es transgredir su espacio. Y cada niño autista es diferente, cada uno tiene una manera de defenderse.

¿Un autista ha de seguir una escolarización ordinaria?
No siempre. Es muy importante que los profesionales que trabajan con él puedan valorar que tipo de escolarización le conviene. Lo ideal sería que todos estuviesen integrados, pero a veces es imposible.

¿Tenemos escuelas especializadas en nuestro país?
Hay una red educativa y asistencial variada y compleja que permite diferentes recorridos. Un niño puede tener la alternativa de ir a una escuela especial o a una unidad médico-educativa cuando deja de funcionar bien en una escuela ordinaria. La atención educativa aquí e inigualable, superior a la de otros países europeos. La red de atención precoz –para niños de 0 a 6 años con dificultades específicas-, que dependen del Bienestar Social, no existen en ningún lugar más de Europa. Tenemos centros multidisciplinarios para cada zona, con psicólogos, educadores, trabajadores sociales, neuropediatras, logopedas, fisioterapeutas y psicoanalistas que pueden tratarlos de una manera global.

Tu hijo es autista.
Mi hijo presentó muy pronto la sintomatología habitual. Gracias a mi formación y a mi dedicación al autismo, pude detectar rápidamente sus dificultades. Con su madre empezamos a buscar las maneras de ayudarlo. Su evolución es hoy extraordinaria.

¿La música les ayuda a relacionarse?
Absolutamente. Es un campo de investigación que abre una dimensión diferente: la música es un lenguaje que frecuentemente aceptan mejor. En Igualada hago un taller de música para niños con autismo. ¡Es impresionante el cambio que hacen! ¡Hay niños que no hablan y en cambio cantan! Es emocionante ver cómo interaccionan: quieren tocar el instrumento del otro, se pelean. Pelearse es comunicarse y es muy interesante. La música es una grieta a través de la cual ven que el otro no es peligroso.

¿Las redes sociales les pueden ayudar a comunicarse?
Internet puede ser un medio interesante para vincularse con el otro. Hay personas con autismo que escriben en un blog, que cuelgan fotografías…

Hablamos siempre de los niños, ¿pero donde están los autistas jóvenes y mayores? ¿Trabajan? ¿Cómo se relacionan?
Es verdad, de los autistas de veinte a setenta años no se habla. Nadie sabe nada, no se sabe qué dicen, cómo ven el mundo. Nadie les escucha, nadie les da la palabra. Por eso hemos querido hacer este documental, porque están y porque tienen cosas que decir.

Traducción: Magda Acero

14 de Abril de 2012

Presentación en Granada de la "Primera sesión" de Gérard Miller. Mónica Francés (Granada)

01:05:00 , por jalvarez Spanish (ES)

José Luis Chacón, Director de la BOL-Granada, abrió el acto y Mónica Francés, escritora, actriz y crítica de teatro, presentó la película e introdujo el debate.

Para variar y jugar un poco a partir de esta situación –la de presentarles un documental– me van a permitir inventar (en estos dos tiempos que tenemos, este el previo, y el posterior en el que conversemos tras visualizar el documental) una presentación que no es al uso. Entendiendo por presentación al uso aquella en la que se nos dan o aventuran notas, claves de lectura, un pequeño marco en el que situar la pieza o el autor; y sobre todo, aquella en la que el presentador conoce de antemano, ya ha visto la película o leído el libro del que se va a hablar.

Bien, muy al contrario de esto elijo presentarles el documental desde mis ganas, mis expectativas, esto es: sin haberlo visto. Invento, me atrae ser la presentadora que presenta lo que (desea ver pero) todavía no ha visto, al hilo de dos cuestiones:

Porque mantiene la lógica de la “primera vez”, el documental se titula La sesión primera y ahí resuena: no sólo las expectativas que cada uno de nosotros podamos tener como espectadores -tirar un poco más del hilo de esa pregunta común “a ver qué nos cuentan”- y/sino sobre todo también, porque guiña un ojo a La Expectativa, porque Señoras, señores... para expectativas, sin duda, las del analizante al comienzo de un análisis, las del sujeto que camina, acude al encuentro de la sesión primera.

Por la sinopsis sabemos el trazo grueso “de qué va”: entrevistas a analizantes y psicoanalistas. Habla de una práctica, la psicoanalítica, centrándose en la sesión y por el título supongo, suponemos, pone el énfasis en la sesión primera.

One, Uno.-Primera cuestión que surge meramente a partir de ahí: La figura del Entrevistador… ¿Comparte protagonismo con analistas y analizantes? ¿Se incluye en la puesta en escena, lo recoge también la cámara? ¿Por qué narrativamente se elige hacer una elipsis o no de esa figura? ¿Es, será un narrador omnisciente o un mero conector que enlaza fragmentos de discurso, a modo de variaciones sobre un mismo tema? ¿Se tratará de conducirnos a una conversación íntima, privada? ¿Estarán cómodos? (Como en el poema de Eliot) ¿tomarán el té y las tostadas antes de que el entrevistador les lance a una pregunta abrumadora?... El entrevistador es un inductor a la palabra, al discurso de otro. ¿Se parecerá a un presentador que recibe invitados o al que presenta un tema a través de los agentes implicados –algo más televisivo? Más aún: ¿es posible una identificación del espectador con esa figura?

One, Dos.- Por la sinopsis sabemos también el marco, la localización, la puesta en escena, el lugar en donde se rueda: un teatro. Me pregunto si será un teatro lujoso, glamuroso, de prestigio, un teatro de estructura clásica, a la italiana, operístico, monumental, un teatro comme ill faut. Propone hablar de una práctica –la sesión psicoanalítica– en el lugar de otra, la teatral. Freud habló del inconsciente como la “otra escena” y la puesta en escena del documental inscribe esa metáfora primera de forma –diríamos– literal. Esa puesta en escena del documental, a modo de texto y contexto pero en términos culinarios, vendría a decir…: Si en la sesión psicoanalítica se cuece un flan es al calor, en, el baño maría del inconsciente. Me pregunto:

-. Si esos atributos del teatro –lujoso, glamuroso, de prestigio– apuntan hacia una suerte de revalorización, de oda al inconsciente, al sujeto del inconsciente y,

-. Desde luego (me pregunto) cómo moverá a esas figuras del analizante y el analista en esa localización, en las distintas zonas o partes funcionales de un teatro. En las butacas –el lugar del espectador–. En la escena, el escenario –el lugar del actor, el de la ficción, pero también, el lugar en el que se la juega el creador–. Entre las bambalinas o lo que llaman el back-stage –lugar donde se arma la ficción y por donde pululan atrezzo, vestuario, actores, regidores, la máquina del humo o de la lluvia; elementos, imágenes personajes que entran y salen a escena, pero que se oculta, no se da a ver al espectador.

En un análisis qué sería el telón o el linde del proscenio, el límite entre escenario y patio de butacas. ¿Qué hay del orden de la ficción y de la verdad, en un análisis? ¿Acaso importa, como a veces ni tan siquiera en el teatro?

Uno, dos, Tres.- Si el espectador paga por asistir a cada función, y esto le permite juzgar (es uno de los orígenes del teatro, le diferencia del fiel que acude a una misa, le otorga una primera distancia del discurso, de la ficción en términos brechtianos), qué hay del analizante cuando paga al analista tras activar la puesta en marcha de cada sesión… ¿Qué dirán unos y otros en el documental del dinero? el dinero, el dinero…, se tratará, qué hay en sesión del “dinerito justo para entendernos”. Tal vez, en una doble acepción, del analizante con el analista, a través del analista… alcanzar a entenderse –el analizante–, en un sentido reflexivo. Y, sin embargo, se me hace que el dinero a lo largo de un análisis, como en el teatro, tiene un efecto V, brechtiano, distanciador. Siguiendo el paralelismo ¿no se podría en cierta medida entender un análisis como buscarse un guía, un buen mozo de servicio que nos lleve desde el lugar del actor –el escenario– pasando por todo el entramado de las bambalinas hasta el patio de butacas, una butaca –al lugar del espectador? Para mostrarnos el constructo, el artificio, la ficción, todo el entramado que en buena medida permanece oculto y en el que se urde, teje, nuestra historia. Tal vez para que el sujeto pueda “adueñarse” de otro modo, tal vez, de su historia.

Ahora bien: qué hay del sujeto que vive en el umbral de la pobreza, o del que está recluido en una institución en la que no maneja moneda-dinero. ¿dará cuenta el documental, qué hay de todos aquellos para los que sé de buena tinta el psicoanálisis y sus profesionales responden desde instituciones públicas (hospitales, La Otra Psiquiatría, centros de atención a drogodependientes) o privadas (fundaciones) pero completamente al margen de la consulta privada? ¿Documenta o no eso?, ¿asoman las grandes patologías?

¿Será restrictivo el documental al espectro del neurótico –la patología más común– estará asociada, será restrictivo a la clase media y alta? Parece que entrevista del sujeto más anónimo a la primera dama de Francia. La más fashion entre las primeras damas, la Bruni. Por la sinopsis sabemos que entre ese abanico de sujetos que entrevista hay psicoanalistas de prestigio, cineastas, diseñadores de moda. ¿Asomará también en el documental una suerte de parade, de desfile de lo que Gorki llamaría “la inteligenzia”, una clase culta? Si es así, ¿para qué?

Hasta aquí les lanzo estas cosas que se me ocurren solo por la sinopsis y mis ganas, la expectativa también de cazar identificaciones en la puesta en escena del documental de esas dos prácticas en las que participo y pago: el teatro y el psicoanálisis

Y Un, Dos, Tres, Cuatro… ¡Dentro vídeo!

Notas en casa II.
- Para romper el hielo o prender el fuego de la conversación una vez visto el documental.

Considero que el realizador y psicoanalista Gerard Miller ha creado un hermoso documental divulgativo de la terapia psicoanalítica centrándose en una praxis muy concreta: la clínica de la neurosis en el seno de la consulta privada. Si bien, igual que apunta acertadamente a documentar la existencia de los centros CPCT (centros de consulta gratuita: en los que creo se ofrece una consulta/semana durante 4 meses. Y en los que es muy importante saber –como me señalaba José Luis Chacón en la conversación previa que tuvimos de cara a estar aquí hoy– que el paciente no tiene opción a elegir al analista ni viceversa, es una decisión administrativa como señala uno de los entrevistados “uno se sube a un tren o a otro, dice”) y, por tanto, ha de realizar una transferencia reduplicada: por encima del analista, con el propio psicoanálisis. Pues bien, a mí me hubiera gustado que al menos apuntara someramente también que la clínica de orientación psicoanalítica o lacaniana es mucho más amplia y excede al ámbito de la consulta privada.

Escribo y repito es un hermoso documental divulgativo, en la medida en la que, si bien hay un tratamiento estético muy cuidado, con cierto vuelo poético; no hay una sublimación estética como objeto o creación artística. Y no por el género, sino por el acento. Hay un afán de claridad expositiva y el cómo lo dice, la narrativa elegida, no tiene el eje de coordenadas o el registro en el vuelo poético. En este sentido, me atrae la manera en la que baila en un discreto 2º plano la imagen del entrevistador: como un pequeño momento a elipsis –cuando no lo registra la cámara– o a mudo –desde el plano fondo– de ese narrador omnisciente que también es y que pasa, según convenga, de primera a tercera persona.

El teatro.
El teatro, el teatro, el teatro, el teatro aquí es donde el documental me llama, plantea preguntas, cuestiona, interroga, me toca. Como ese ramo artificial de rosas blancas que se cita en el documental. Tal vez, me pone en evidencia algo –como esa mujer que al presentarse lo hace en trinidad, acompañada de sus dos hijos–. Lo diré de inmediato, puede ser verdad o mentira, pero diría el documental me evidencia no sólo o tanto las bambalinas del inconsciente urdiendo la puesta en marcha, el decorado o el más mínimo sutil gesto de nuestras vidas sino, (y aquí me enturbio, pero diría) me evidencia las bambalinas de la propia sesión.

Me permite ver algo que he vivido durante años en sesión pero no había visto (vale decir…) ¿aislado, exteriorizado? Y es precisamente la conexión entre teatro y psi, algo que cada uno en su lógica comparten. Yo, que he trabajado como actriz durante años, es más, con Sara Molina –cuya práctica y creación tienen una fuerte impronta lacaniana–, que cuando empiezo mi análisis trabajo como actriz y por aquel tiempo acabo de estrenarme como crítica teatral… veo ahora… las bambalinas de la propia sesión. Y es… el efecto brechtiano, el efecto V, el distanciamiento tan brutal, extraordinario y singular que la sesión activa. Distanciamiento [dos puntos]: del que enuncia respecto al enunciado, la palabra, respecto al decir, al texto, al discurso. He ahí el acontecimiento del que habla un psicoanalista: engancha al analizante –no a la persona/al lugar adecuado– sino al decir, a la palabra, desde luego, de otro modo… ¿valdría decir con un efecto de desrealización, de antinaturalismo?

Aquí es donde suenan los mariachis…, y se me ocurren un puñado de metáforas para explicar la manera en la que un analista te “devuelve” tus palabras. Me refiero, a lo mismo que el analizante de gafas de la Rue Chabrol refiere como el tono singular del analizante, la forma en la que las frases quedan suspendidas, la “exterioridad” que asoma dice cuando el analista repite un fragmento de sus palabras pero le cambia el tono. Y diría… se parece a veces como si te las devolviera dentro del bocadillo de una viñeta, otras es como si fuera uno conduciendo por la ciudad y te las devolviera de pronto impresas en el cuerpo de una gran valla publicitaria; o bien, como ir caminando por la calle y escucharlas en boca del grupo de mariachis con los que te cruzas y pasan de largo… En fin, tan extraño y extraordinario es ese efecto.

Cuando acudo al teatro, espero que suceda también otra suerte de acontecimiento, El acontecimiento, aquel que convoca la auténtica obra de arte: que suceda, nombre ese instante, ese espacio-tiempo compartido como una experiencia vital. (Y me vuelvo a poner turbia). Sin embargo, cuando uno acude a sesión, el lugar donde uno se la juega (no precisamente con garbanzos como decía P. Leconte) con lo que atañe a su vida: resulta que uno se encuentra con-la-… ficción.

Pero cuidado, cuidado, cuidado, por favor, léase “ficción” en su sitio, su lugar (…pero ¿cuál, qué lugar?). Como quiera que sea, no pierdo nunca de vista, Señoras, señores que un análisis no es en absoluto, ni muchísimo menos, una experiencia estética. Lo cual ni quita ni pone al hecho de que para poeta, la “otra escena”, el inconsciente, donde tienen lugar las escenas del sueño o se fraguan los síntomas, o el poema, que el sujeto inventa.

Documenta bien la cinta que la cura analítica, la sesión, es una experiencia [gestos con la boca] de palabra en la que –tal y como afirma certeramente una analizante, una de las dos escritoras– es a menudo [(…)silencio de expectación] el silencio quien sirve la puesta en escena de la palabra (“se aprende a interpretar también los silencios” dice). En términos teatrales, si tuviéramos que poner esa escena en marcha (la de la palabra puesta en escena, servida por el silencio), se trataría de llevar al límite cierta economía teatral, sería tal vez una escena visualmente siniestra, sin duda también beckettiana: se trataría de la puesta en escena de una voz, sin más.

Hay muchas, muchas cosas reseñables en este documental. Por ejemplo, ética y estéticamente me atrae mucho la manera en la que el psicoanalista –creo es Luis Solano– se refiere al silencio del analista: “Es un silencio que está habitado, no es un silencio sin palabra, no es un silencio sin gestos, sin movimientos del cuerpo, de mi cuerpo en sesión. Entonces, el silencio es algo que ofrece siempre un lugar al sujeto que habla, de inscripción”.

(Pequeño Aparte) Lo que entre otras cosas he escuchado en el documental a través del tercer oído.
Lo del tercer oído es un modo chistoso de referirme a la idea de que todo analizante, digamos aquel que ha entrado bien en faena, es un sujeto algo entrenado en leer el inconsciente; y no sólo su inconsciente, sino también lo inconsciente que surge a su alrededor, probablemente, en boca de otros. Con el tercer oído, me sonrío seguro viendo el documental en dos sitios. Uno es cuando hablando del diván, un analizante dice, creo es el actor, de una forma muy resuelta y como quien dice algo de puro evidente, ingenioso: “Un carnicero tiene un cuchillo; un psi tiene un diván” ¿De entre todas las profesiones y sus objetos asociados del mundo mundial; cuál elige? ¿De quién habla? Me da que no hay tal comparación –la conciencia se equivoca. Oigo: “Un psi tiene un cuchillo; quiero decir… un psi tiene un diván”. Es un chiste, igual que la viñeta de Prem o Prim o Piem (¡fantásticas, con esa música que elige “I am a vampire”!) aquella en la que se ve un analista como un señor sabio de barba larga apaciblemente sentado, como-si-nada pero con un ejercicio de fuerza bruta por delante, tiene un gran pico, un martillo (un instrumento) justo al lado de su silla para lidiar con la cabeza del paciente, un cubo compacto, bien cementado de ladrillos.

Otro sitio: La analizante de blusa rosa, mediana edad y pelo rubio corto, cuando afirma hablando de la 1ª sesión, dice: “Supe, desde el primer día: que sería una vez en mi vida, y que sería con él”. ¡Oh, cielos!, si pareciera que estuviera hablando de a primera vista el encuentro con él, el primer y único: el Gran Amor ¿de su vida? Bueno, he ahí la transferencia que se dirime en el amplio abanico que va entre esos dos polos –del Carnicero al Gran Amor–, pasa por distintos estadios que refieren muy bien las declaraciones de los analizantes. La transferencia no es un contrato cerrado o fijo al que uno se atenga y que se firme y selle el primer día, sino cada vez que uno decide volver a llamar a la puerta y pagar el dinero, el “dinerito justo” en cada sesión.

Más cosas:

-. En relación al teatro:

El comienzo del documental, rodándolo vacío y toda la coreografía, el movimiento, el camino que recorre la cámara, remite sin duda como un paralelismo al recorrido, al rumbo, a la deriva (se trate de un tren o como a mí me asoma más, a barco-buque) que inaugura la primera sesión, emprende todo análisis.

Las figurillas, las figuras del psi y el analizante: ¿Por qué rueda siempre a los analistas, esa cuadrilla, en el ambigú? No les saca un pie de ahí, porqué quedan como por fuera de sala. Sin embargo, los analizantes son una suerte de peones que sí mueve, sí baila de aquí para allá: los vemos en el patio de butacas, muy bonito ese plus de intimidad que recoge cuando rueda a esa mujer en el palco. Muy sugerente ese analizante (creo es el actor) que rueda en escena, en mitad del decorado –que varía en un par de ocasiones pero siempre reproduce una escenita de salón, típica del drama familiar burgués que se da sobre todo del XVIII en adelante (en el caso español, de Moratín a la Rosita de Lorca). En el hall, sentada tras un espejo; al pie de las escaleras...

… En fin, es mucho y tanto más de lo que se puede hablar, comentar. Pero yo ya… cherché, cherché a little silence, callarme un rato, como la analizante que decía cherché, cherché, Je cherché le diván… Y otro no, claro...

Esto [al público]: Dime que me calle. Je cherché, cherché… Por favor… ¿si? ¡Sara [a alguien entre el público]: dame un “¡calla!” lorquiano!

Hummmmmmmmmm.

[imagen-haiku de Presentadora que presentando calla]

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