03.07.09
Nuestra pragmática*. Estela Paskvan (Barcelona)
_12.jpg)
Las prácticas terapéuticas que tienen por fin la adaptación de los sujetos a la realidad, parten de una suposición: una separación nítida entre la realidad psíquica de los sujetos y su realidad social. Sin embargo, el psicoanálisis lo ha puesto en cuestión desde sus orígenes, es decir, desde Freud. Muy pronto se reveló que no había conflicto entre los denominados “principio del placer” y “principio de realidad”, y que por el contrario, existía una continuidad entre ellos: los dos estaban al servicio de la obtención de una satisfacción. Lacan demostraba cómo la realidad de cada uno se construye como un montaje simbólico e imaginario siendo el fantasma su marco. En síntesis, no es con la realidad donde se juega un real franqueamiento. Freud lo encontró en ese “más allá del placer” y Lacan diferenciando “realidad” de “real”. Ésta es la razón que orienta y diferencia nuestra práctica: abordamos la situación subjetiva de cada uno sabiendo que las realidades psíquica y social están estrechamente vinculadas, y hasta tal punto, que se vuelve superfluo tratar de diferenciarlas.
Entonces, ¿de qué se sostiene la realidad psíquica? Lacan mostró que la estabilidad subjetiva estaba condicionada por la articulación de tres registros netamente diferentes y que él nombró “real, imaginario y simbólico”. Nada garantiza que ellos se sostengan juntos asegurando una consistencia. Es lo que revela nuestra época en la que desaparece el Nombre del Padre y el anclaje y protección que brindaba. También para nosotros, en nuestra práctica, ya no podemos ampararnos en él. Por lo tanto, conviene ser pragmáticos advertidos de ese real siempre en juego, prestemos atención a lo que no funciona.
En algunos sujetos la “desinserción” social es consecuencia de la desconexión de alguno de los registros haciéndose difícil franquear el abismo. En estos casos, no se trata tanto de “estar identificados con…”, sino que por el contrario, la dificultad reside en que el sujeto no puede representarse por un significante para los otros. El sentido y la significación se encuentran así comprometidos y con ellos el sentimiento de realidad. En estos casos la inserción pasa un significante, por posibilitar la producción de un S1 que pueda entrar en cadena. Algunos sujetos muy frágiles se presentan bajo un significante que implica “exclusión”, “desinserción”, etc., y luego comprobamos que han logrado con ese nombre hacerse representar y que paradójicamente han conseguido así organizar su mundo. Es por eso que conviene ser prudentes y precisar bien en cada uno en qué consiste su imposible de soportar, para así orientar adecuadamente nuestra intervención.
Para otros sujetos, los fenómenos de exclusión social, están más bien referidos a otro ante el que no pueden responder. En los casos más graves, sufren de un Otro que no pueden limitar y entonces los objetos de ese Otro -voz o mirada- resultan invasivos. No es de extrañar entonces el recurso al aislamiento, al rechazo de cualquier lazo. Insistir en insertarlos sin tener en cuenta ese sufrimiento sólo puede agravar su malestar. Más bien convendría orientarnos por “desinsertar al Otro” (1), es decir, ponerlo fuera de juego, aislarlo o acotarlo según las posibilidades. Es entonces que el sujeto tendrá la oportunidad de establecer alguna relación con los otros, aunque sea bajo la forma de un ritual mínimo de significantes o de usos mucho más complejos.
En el mejor de los casos, nos encontramos con sujetos que sufren de los lazos y vínculos sociales ya establecidos, es decir, que disponen de un anclaje subjetivo -ya sea síntoma o fantasma (2)- que estructura su realidad. Entre éstos, los neuróticos son los que sufren verdaderamente, es decir, de la verdad de sus vínculos y relaciones sociales, en sus angustias, inhibiciones o síntomas. Según el caso, se pueden poner en juego tanto las identificaciones del sujeto como el Otro construido, “formateado” a la medida de los objetos de goce. Tocar la primacía de una o la consistencia del otro, tendrá efectos reales en su mundo.
Hemos comprobado, en no pocas ocasiones, que cuando los sujetos producen una nueva nominación, así sea mínima o transitoria, se abre la posibilidad de variar esos lazos y vínculos. Si el significante del Nombre del Padre ha perdido su privilegio, en su lugar puede existir el recurso singular de una nominación. Es la orientación que Lacan da a nuestra pragmática, “pasar del padre a condición de servirse de él”.
Pero también se trata de nuestra inserción. No nos referimos ahora al ámbito social en general. Se trata de cómo nos insertamos en cada caso, de cómo nos convertimos en el partener adecuado para cada uno, con la presencia y las palabras que convienen. Siempre es una apuesta, a renovar una y otra vez.
* Grupo de Investigación “Clínica del sinthoma” ICF Barcelona
Notas:
1) Expresión usada por Jeanette Valinas en “Rencontre clinique du 8 septembre”, “Les feuillets du Courtil” nro. 28
2) Jacques-Alain Miller ha destacado que la escritura “sinthome” que Lacan privilegia en su última enseñanza es un mixto de síntoma y fantasma.
30.06.09
En el fundamento de la realidad social está el lenguaje. Clara Bardón (Barcelona)
_11.jpg)
Titulo así estas notas para abrir algunas líneas de reflexión acerca de la frase, tomada del texto de presentación de PIPOL 4 de J.-A. Miller, en el apartado “Operación verdad”. J.-A. Miller añade el siguiente comentario que se refiere a una cita de J. Lacan en el seminario Aún (pág. 55): “Entendamos por ello la estructura que emerge de la lengua que se habla bajo el efecto de la rutina del lazo social. Es la rutina social la que hace que el significado pueda atesorar sentido, ese sentido que está dado por el sentimiento de cada uno de formar parte de su mundo, es decir, de su pequeña familia y de todo lo que gira alrededor”.
Partimos de la idea de que la realidad social es el lenguaje, que está ahí antes de la aparición del sujeto quien lo toma a partir de lo hablado por los otros y también de que la estructura del lenguaje como tal implica unas normas sintácticas y gramaticales, que existe una matriz fonemática para cada lengua, las palabras recogidas en el diccionario, los usos compartidos de determinadas expresiones. Es el lenguaje en tanto lengua hablada que vehiculiza una norma que sirve para comunicarse y establecer esa rutina social.
Pero hay también otro nivel del lenguaje, a partir de lo que entendió cada uno de esa lengua del Otro que produce las investiduras particulares de cada uno y que da lugar a un uso privado de la lengua con un acento singular, propio, que no sirve a la comunicación, en el que nadie da a una palabra el mismo sentido que el otro y, por tanto, no está articulado a un saber que pueda ser compartido sino al goce del sujeto.
Por ello, para que el sujeto pueda sostenerse en el lenguaje y ser representado por él, es preciso que esté articulado en un discurso que instale las coordenadas simbólicas, es decir, que el significante debe estar articulado a otros significantes produciendo un saber e incluir de alguna manera al goce del sujeto. En el discurso, además, se sitúa el sujeto en una determinada posición. Es desde esa posición en el discurso como el sujeto puede representarse mediante el lenguaje frente al Otro y puede hacer lazo social.
Estar en un discurso permite orientarse en el mundo con respecto a lo qué hay que hacer para arreglárselas con el cuerpo, en la relación con los otros; sitúa al sujeto para responder ante determinadas situaciones, da un lugar desde donde dirigirse al otro.
La realidad psíquica implica que lo simbólico y lo real estén anudados por lo imaginario para que se produzca el sentido (fabricado entre lo simbólico y lo imaginario) que pueda ser compartido con los otros. En ocasiones, lo imaginario que permite que las palabras puedan decir las cosas, está desanudado y se producen fenómenos de lenguaje con un acento de singularidad: ideas fijas con un sentido particular, intención de significación inefable, desorganización de la sintaxis, significantes nuevos o con una significación nueva y, en general, expresiones de la lengua corriente que para el sujeto tienen un uso particular, una significación nueva y no están articulados en un discurso.
La realidad psíquica es lo que permite también, para cada sujeto, poner el mundo en orden, es lo que hace que cada uno esté más o menos ubicado en su cabeza y en su cuerpo, lo que permite experimentar los pensamientos como propios y no producidos en el exterior y vividos como ajenos.
Hay sujetos que, al estar fuera del discurso, deben desplegar un considerable esfuerzo de invención para realizar un uso del cuerpo y tener un funcionamiento en lo social que parezca ordinario, son anudamientos precarios en sujetos que tienen, por ello, una conexión frágil con el otro y son más vulnerables ante las diversas dificultades y avatares que se encuentran en la vida. En tales circunstancias, el vacío de significación los sume en la perplejidad y la necesidad de inventar significaciones nuevas y singulares que les permitan llenar ese vacío en la significación. Este desorden, por fuera del discurso comporta a su vez un desorden libidinal porque está afectado el sentimiento y el sentido mediante el cuál el sujeto se une a la vida.
Para estos sujetos se trata de inventar, fuera del discurso, un referente que pueda servir para producir respuestas particulares que engloben de una u otra forma el goce, le pongan límite y produzcan un sentido. Inventar algo que le pueda servir para sostener, aunque sea mínimamente, esa rutina social es algo del orden de una pragmática, como señala J.-A. Miller en el texto citado, es del orden del “saber-hacer con”, del saber “arreglárselas con”.
27.06.09
El odio como vínculo y ruptura. Miquel Bassols (Barcelona)
_10.jpg)
El odio aparece de entrada como una ruptura del vínculo social. Si el amor une, el odio desune, separa. Pero esta apreciación es sólo un primer acercamiento a las múltiples paradojas que debemos estudiar en la clínica y la pragmática de los modos de desinserción en psicoanálisis. De inmediato se hace patente que el odio es también uno de los vínculos más fuertes que el sujeto puede mantener con el otro y con sus objetos. De hecho, tal como Freud señaló en su texto princeps sobre “Las pulsiones y sus destinos”, el odio es, como relación con el objeto, más antiguo que el amor, nace de la repulsa primitiva del mundo exterior.
El odio llega a ser incluso el principio activo que genera ese “exterior” a partir de un rechazo original que trazará las fronteras, siempre vacilantes, con lo “interior”. Así, amor y odio se muestran indisociables en su principio y no se opondrán el uno al otro sino ambos a la indiferencia. Jacques Lacan creó un neologismo, la “hainamouration”, para indicar ese punto crucial de reversibilidad del amor y el odio. Entonces, el odio es también un vínculo con el objeto. Hay que precisar cuál.
En todo caso, si puede hablarse hoy de “odio social”, incluso de “grupos de odio”, para describir los vínculos grupales fundados en el rechazo de lo Otro es porque el odio mismo puede funcionar como un significante del vínculo social. Los grupos racistas y xenófobos, las respuestas de grupos sociales fundados en el rechazo a la inmigración o a la religión del Otro, son buen ejemplo de ello. Es el lado significante del odio, el que encuentra una representación en múltiples fenómenos subjetivos y sociales.
Del lado pulsional, la cuestión parece más abstrusa. Recordemos de nuevo el texto de Freud donde afirma que la pulsión ni ama ni odia, sólo se satisface. Y se satisface a expensas del amor y del odio, rodeando el objeto para volver de forma autoerótica sobre su fuente. En realidad, hace falta la aleación de la pulsión con el narcisismo, con la relación libidinal, con la imagen del propio cuerpo, para que surja el metal del amor y del odio. La satisfacción de la pulsión, que traducimos con el término lacaniano de “goce” (jouissance) puede ser entonces, ella misma, objeto del odio, del rechazo más radical del sujeto cuando lo experimenta como un goce Otro. Situamos en esta vertiente toda una serie de fenómenos que el término “desinserción” puede muy bien agrupar por los efectos que produce como formas de vínculo y de ruptura. Son los fenómenos subjetivos más paradójicos que encontramos en el odio a lo más querido, en el pasaje al acto de la violencia dirigida a lo más próximo, incluso a una parte del propio sujeto: la violencia llamada de modo tan inapropiado “violencia de género”, la violencia ejercida voluntaria o involuntariamente hacia los niños, hacia los locos, hacia los sujetos que son objeto de la exclusión social, pero también el acto suicida que apunta a tocar la raíz de ese odio en el propio sujeto... En esta vertiente, es cierto, no se promueven grupos o asociaciones fundadas en el odio dirigido a estos objetos. El goce, en su vertiente más intolerable, no promueve el vinculo social sino su ruptura en el retorno más puro de la pulsión sobre el propio sujeto.
Quedan por ver entonces las formas que toma este retorno cuando el objeto del odio se revela como inseparable del propio sujeto.
24.06.09
Crónica: “Qué autoridad”. Antonio Vergara Moragues (Sevilla)
.jpg)
Dentro del ciclo de conferencias “Sufrimientos actuales” que se viene realizando como actividad de extensión abierta a la ciudad, organizada por la Sede de la ELP en Sevilla, Estanislao Mena nos ofreció en el pasado mes de Abril una conferencia titulada “Qué autoridad”. Esta conferencia que se impartió en Sevilla en La Casa del Libro, se realizó posteriormente en Cádiz en la Asociación de la Prensa, como apertura de una nueva etapa donde las actividades de extensión estarán presentes en esta ciudad.
Con un título ambiguo, quiso enlazar la idea de la anterior conferencia del mismo ciclo impartida por Vilma Coccoz, afirmando como el enorme sufrimiento actual de los adolescentes está vinculado al problema de la autoridad. Una cuestión importante de partida es preguntarse quién reviste a la persona de algún poder o mando, y qué condiciones debe poseer para ello.
El principio de autoridad, (en tanto que garante de la paz) constituye el fundamento del derecho, por tanto es la autoridad y no la verdad la que dicta la ley. Para occidente el movimiento de la autoridad y el poder ha girado alrededor del padre, y esto es fundamental para el psicoanálisis, ya que el declive del padre representa el declive de la autoridad y de la transferencia en la autoridad.
En Freud a lo largo del desarrollo de su descubrimiento del inconsciente hay tres versiones del padre. De un primer padre perverso en su teoría de la seducción se pasa al padre del Edipo en una segunda versión y una tercera, que para Lacan fue la creación un verdadero mito moderno con todas sus propiedades, es decir, el mito del padre totémico.
En cuanto a esta tercera versión del padre, Freud la continúa en su texto “Moisés y el monoteísmo”, donde desarrolla como el judío añora al padre muerto y espera su retorno encarnado en el Mesías, lo que los redimirá. Lo interesante de esta última versión del padre muerto es que enlaza con la versión del padre de la horda primitiva, al final es la muerte del padre la que permite la instauración de una autoridad que reparta los bienes, en función de las leyes simbólicas que posibilitan la entrada de la cultura en la civilización.
Lacan parte de Freud para aislar este Nombre del Padre, es lo que efectúa una separación entre el Deseo de la Madre y el hijo, al hacer esta función libera al niño de quedarse pegado al Deseo de la Madre, y poder de esta forma orientar su deseo hacía otro lugar, poder tener un deseo propio. Lo podemos decir de otro modo, este Nombre del Padre hace lo que el padre del Edipo: separar al niño de la madre, con una variante esencial, este no es el Padre del “no”, es el Padre que autoriza, que dice sí, que dice esto no, pero aquello sí.
En la enseñanza de Lacan, hay Nombres del Padre, lo pluraliza en cualquier otro significante que permita poner el Deseo de la Madre en un lugar diferente del hijo. Cuando esto funciona, el deseo se orienta, el sujeto toma los rasgos identificatorios que necesita para constituir sus ideales y esto le permite encontrar la guía que lo va a orientar en la vida.
También aquí se puede ver como poder y autoridad van de la mano. El psicoanálisis introduce una nueva autoridad al poner en primer plano la transferencia, para que se establezca un Otro de la Ley al que le transferimos un poder.
El fin de la época freudiana del padre, la anticipó Lacan en el año 1938 en su texto “Los complejos familiares”, y se pone en acto en nuestros días, donde hay un desfallecimiento del Nombre del Padre por inconsistente.
Esto, Lacan lo despejó cuando dijo que el Otro estaba tachado, es decir, en falta, que había una inconsistencia de este Otro. En nuestra época, gracias a Lacan, “sabemos de manera explícita o implícita, ignorándolo, inconscientemente, que el Otro es solo un semblante (1).
En la actual sociedad infantilizada se ha pasado de una sociedad de padres e hijos a una de hermanos, socavándose aún más la incomplentud del Otro. ¿Se trata de pérdida de autoridad o de la pérdida del poder que muestra que lo que hay es un semblante? ¿Cómo se sostiene la autoridad sin el poder directo? El poder directo hace que el sujeto obedezca pero esto no es lo mismo que el sujeto consienta.
Tomó una viñeta clínica de un artículo aparecido en la Revue de la Cause Freudienne 54, titulado Adolescents et pères-postiches de Catherine Lazarus-Matet, donde puede apreciarse como la ausencia del padre en la infancia y la posterior imposición en la adolescencia de la relación con este, impuesta por la madre y por la insistencia del padre, coloca al sujeto en una encrucijada convirtiendo el no al padre en una solución sintomática donde toma un rasgo identificatorio de esta, que le permite establecer otro lazo que lo autoriza.
Éric Laurent ha planteado la necesidad de un nuevo amor por el padre: “La paternidad difractada, definida por normas eminentemente variables, convendría especialmente a las nuevas disposiciones de las familias recompuestas. Es una versión reformista del padre al fin reconducido a una función de instrumento de utilidad social, separada de sus dramas.”(2) Con respecto a la traducción de la autoridad en la sociedad, este mismo autor dice: “Queremos ser bien sancionados, pero por Autoridades cuyas manifestaciones sean lo menos evidente posible. Es su equivocación lo que es preciso temer”.(3)
Un psicoanalista intenta trabajar con aquellos que no pueden soportar las dificultades de eso que su condición particular de sujeto del Inconsciente añade a la dureza del siglo.
En definitiva, la autoridad que esperamos, una autoridad auténtica, una autoridad que no está basada en el poder, sino en el “deber de verdad”. Aquí hay resonancias de los textos de Lacan de los años 50, donde se detiene sobre la noción de responsabilidad haciéndola condescender a la clínica, a una cura que posibilite transmutar la culpabilidad del sujeto en responsabilidad.
Notas:
1-. Jacques.-Alain Miller El Otro que no existe y sus comités de ética. United Symptoms p. 11
2-. Éric Laurent ” Freudiana 53 “Un nuevo amor por el padre” p. 95
3-. Éric Laurent Élucidation nº 2 “Que autoridades para que castigos” p. 28
19.06.09
I Jornada de l’Àrea Infanto-Juvenil del Sagrat Cor, Serveis de Salut Mental de Martorell i CDIAP de Sant Boi de Llobregat. Mari Cruz Fernández (Barcelona)
.jpg)
El título de la Jornada ha sido “Rebuig del saber i (des)inserció. Trastorn Mental Greu, Autisme i Fracàs Escolar” y tuvo lugar el día 8 de Mayo 2009 en el Auditorio Joan Cererols de Martorell.
La asistencia ha sido muy numerosa y mayoritariamente formada por personas del área de la pedagogía, de la enseñanza, de la psicología, del trabajo social, psiquiatría..., de la zona de Martorell, Sant Boi y l’Anoia, junto con otros colegas de Barcelona
A la conferencia inaugural fue invitada Hebe Tizio quien nos habló del rechazo del saber y de la subjetividad.
Hebe Tizio comenzó dando cuenta de la invención freudiana que propuso un juicio que subvirtió la lógica, el juicio de atribución que admite o impugna la representación de la realidad y sitúa el saber como base de esa subjetividad; se trata de un saber fundacional que se caracteriza por ser rechazado por el sujeto y pone en juego su consentimiento. De esta forma se configura el saber como una atribución que sostiene la realidad. El sujeto aprende sobre algo que no se puede reconocer, previo, por esta razón el niño ha de aprender para que su subjetividad se anude. Pero la paradoja de este anudamiento subjetivo es que lo más íntimo de cada uno es inaccesible.
Sucede a veces que el otro social desestabiliza las construcciones defensivas de algunos chicos, detrás de un comportamiento descabellado puede haber una defensa, una lógica en juego que se puede investigar. El educador debe manejar la distancia entre su ideal y las posibilidades de cada sujeto, respetando su particularidad. Cada chico nos señala hasta dónde podrá llegar, ya que siempre se juega algo del encuentro con lo íntimo en relación al saber, por eso preguntan hasta que se inventan una respuesta, y por eso puede aparecer el rechazo y su respuesta de no querer saber más. Por está razón, la ilustración o información de la cuestión sexual no produce todos los efectos deseados, ya que cada sujeto tiene un aparato de lectura propio de esa información.
Resulta evidente que no son los chicos los que se quejan del fracaso escolar, los que se quejan son las escuelas y los padres. Sin embargo, hay una demanda escondida en el niño, es necesario ayudarle a construir una formulación de su dificultad, a veces un “no sé” sirve para que se pueda solicitar ayuda, un llamado al otro: se trata de ayudarles a sintomatizar a encontrar sus propias respuestas.
Formalizar la práctica educativa mediante la supervisión, la escritura, es un ejercicio de separación, siempre necesario ya que tener experiencia no significa ser inefable. Esa separación permite trabajar con el intervalo, con lo que no está programado, con la elección. Si se aceptan los protocolos para tapar el agujero del no saber, no se hace un buen uso, ya que des-insertan al profesor de su función porque siguen una lógica homogénea y, si no hay satisfacción en esa función, se sustituye por el control y las sanciones, se pierde la dimensión de la enseñanza, el maestro ya no es más el mediador entre el niño y el mundo.
Después de la conferencia y del animado debate se dio paso a una mesa redonda con tres ponencias, la primera sobre “La psicosis infantil, entre el no-saber y la certeza” preparada por la Dra. Matilde Jiménez , la segunda “Què sap el nen autista”, por Josep Mª Panés , y la tercera “Fracaso escolar o rechazo escolar”, por Graciela Esebbag. También hubo un buen debate alrededor de los trabajos presentados.
A continuación se realizaron dos talleres simultáneos, sobre “Psicosis infantil y autismo: las respuestas de la escuela” y sobre “Fracaso escolar: estrategias, invenciones y recursos”, cuyos resultados se expusieron en plenario.
Despidió la Jornada Francisco Burgos , agradeciendo la nutrida asistencia y participación entusiasta de las personas que se acercaron a este primer encuentro CSMIJ/CDIAP en Martorell.
17.06.09
Novedad: El trabajo en red. Usos posibles en Educación, Salud Mental y Servicios Sociales. Autor: José Ramón Ubieto
.jpg)
Hablar hoy de “trabajo en red” implica clarificar el modelo en que uno lo
sostiene, ya que hay varios usos posibles de la red. El modelo común es
concebir ésta en los términos de la “reingeniería”: esto es, como un
circuito donde se trata de poner a circular al sujeto bajo la perspectiva
de la máxima rentabilidad y por tanto de la optimización máxima de los
recursos. Esto implica que el vínculo priorizado entre los servicios y los
profesionales es la derivación de un lugar de la red a otro, partiendo de
un conjunto de protocolos previamente definidos y establecidos. Sabemos de
las consecuencias de este modelo: lo más grave es la deriva en la que
quedan muchos de estos sujetos y los conflictos que se generan entre los
servicios de la red.
El otro modelo posible es organizar la red a partir del lugar central que
toma el caso y de los interrogantes que suscita en los diversos
profesionales. Esto implica que la red pueda alojar la particularidad de
cada situación, definida desde una perspectiva de análisis global. Esta
elección privilegia otro tipo de vínculo entre los profesionales, más
centrado en sostener una conversación permanente acerca del caso y los
interrogantes concretos que éste plantea.
Este libro analiza los fundamentos teóricos de las prácticas de red e
incluye aportaciones precisas sobre el método, partiendo de una experiencia
en curso, el proyecto Interxarxes, una innovadora iniciativa en la gestión
de los servicios sociales consistente en el establecimiento de una red de
coordinación regular y estable –en el ámbito del distrito de Horta-Guinardó
(Barcelona, España) – entre los distintos actores implicados en la salud,
la educación y la atención social de la población infantil.
Jose Ramón Ubieto Pardo (Sabiñago, Huesca) es psicólogo clínico y
psicoanalista, así como miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y
de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Asimismo, es profesor de la
Universidad Oberta de Catalunya (UOC) y Consultor de los Programas AEU
(Altos Estudios Universitarios)del Instituto de Neurociencias y Salud
Mental de Barcelona, en colaboración con la Universidad de León.
Colaborador habitual del diario La Vanguardia, ha publicado en diversas
revistas nacionales e internacionales, ha coordinado los libros: Los
psicólogos en los Servicios Sociales de Atención Primaria y Adolescèncias i
vincles y es coautor de Grupos, Red y Comunidad (2002), Adopción y
acogimiento familiar: perspectivas (2004), Teoría psicoanalítica:
reflexiones para la intervención clínica (2006), Destinos de amor (2006) y
El Libro Blanco del Psicoanálisis (2007).
Para más información o contactar con el autor promocion@gedisa.com
12.06.09
Jornada PIPOL IV en Madrid: Sinthomatizar la (des)inserción*. Vilma Coccoz (Madrid)
_09.jpg)
En sus palabras de introducción a la jornada de trabajo sobre Pipol IV, Vicente Palomera aportó una muy novedosa perspectiva desde la que concebir la sinthomatización de la desinserción. A partir de la consideración del estado líquido de la civilización que estamos atravesando, Vicente encontró, en una cita del Seminario XXIII, la indicación precisa que debe orientar nuestra pragmática. Esto es, la contemplación de los puntos de elección subjetivos que permiten una solidificación, los puntos en torno a los cuales puede operarse el anudamiento propio del sínthoma, como la solución particular a cada ser hablante.
Este aporte contribuye a expandir el campo de referencias que permiten ordenar, en nuestra clínica pragmática, la problemática de la desinserción. Entendiendo que, en el psicoanálisis, dicha expresión viene a indicar una perspectiva nueva, en contraste a la “dogmática” de la clínica diferencial entre neurosis y psicosis, según lo expuso Jacques-Alain Miller en ocasión de la conversación clínica del 8 de septiembre de 2008 en Courtil (1).
El tema de la desinserción social tiene un largo recorrido en las políticas sanitarias y sociales. Desde la concepción del discurso del amo se elaboran las medidas y recursos destinados a favorecer la “reinserción”, basados en soluciones homologables. Patrick Declerck, en su libro Los náufragos, define la ideología que sustenta estas acciones: La resinserción supone, la mayoría de las veces, de manera implícita o explícita, la idea de un regreso del sujeto al seno de la normalidad social y económica. Esta representación va acompañada de una dimensión espacial. Se suele imaginar al sujeto como una pieza del puzzle aislada y, por eso mismo, carente de sentido, que volveríamos a colocar (…)en su lugar preciso, insertado, ciudadano por fin entre otros, en el marco de las obligaciones del funcionamiento social, económico y relacional. Curado, autónomo, viviría el resto de su existencia, colmado de las delicias de la normalidad, es decir, en definitiva, del trabajo.” (2)
De ahí que, según versa la presentación de la jornada del 30 de mayo en Madrid (3), la original “apuesta del psicoanálisis no es hacer desaparecer la desinserción que forma parte del malestar de la civilización sino invitar a saber hacer con ella, que se sinthomatice. La reinserción, si es el caso, vendrá por añadidura.” Esta perspectiva clínica sobre la desinserción se desprende del diagnóstico del estado actual de los discursos en la medida en que “el Nombre del padre no tiene más la función que ha operado durante el curso de los siglos. (…) Lo que ha venido a ocupar el lugar (del nombre del padre) es el ser nombrado para… ejercer tal función, tal empleo. Por ejemplo: soy secretario general, soy consejero, etc. He aquí lo que otorga un anclaje al sujeto.” En este punto de su exposición Jacques-Alain Miller avanzaba una tesis de gran alcance, clínico y doctrinal: “Esto aclara el problema del desasimiento social o de la desinserción: cuando se pierde el nombre del empleo, se producen consecuencias que eventualmente se parecen a aquéllas que hemos ordenado en la rúbrica “forclusión del nombre del padre.” (4)
Entre las referencias lacanianas que forman el suelo de nuestra investigación actual, Judith Miller había aportado algunas, de suma importancia, que son contemporáneas a la elaboración de la lógica del fantasma como “lo que opera la entrada del sujeto a lo real”, o sea, a un imposible lógico, lo que podrá dar lugar a “…la inserción del sujeto supuesto saber en lo real” (5) en la operación de la transferencia.
En el seminario XIV Lacan distingue la existencia del sujeto “de hecho” de la existencia “de derecho”, derivada de su alojamiento en el discurso. Podemos pensar que dicha diferencia sustenta la distinción, el texto de La Equivocación el sujeto supuesto saber:
“a) la inserción del ser vivo en la realidad que es lo que de ella imagina y que puede calibrarse por el modo en que ante ella reacciona.
b) el lazo del sujeto con un discurso del que puede ser reprimido, es decir, no saber que ese discurso lo implica.” (6)
Los casos presentados por Rosa Liguori, Ana Castaño y Silvia Nieto ilustran esta diferencia entre la inserción del vivo y el lazo al discurso: testimonian de una realidad, sumamente precaria en su aspecto de wirklichkeit, de realidad operativa y, por otra parte, evidencian un desasimiento del lazo al discurso. Se presentan como seres vivos pero sin el recurso al inconsciente y al fantasma para ordenar el goce -debido a la ausencia de función del objeto a y el menos phi-, que asegura la “inserción del goce en el deseo.” (7)
En esta jornada de trabajo hemos tenido ocasión de verificar el modo en que se orienta nuestra pragmática en la clínica de la desinserción. Cada una de las intervenciones analíticas ha hecho presentes la falla de A, la ausencia de saber en la lógica del discurso. Gracias a su mediación, se hizo efectivo el hueco necesario para que el saber comenzara a elaborarse por parte de sujeto, iniciándose así su trabajo de inserción, en el lazo del discurso, de lo real particular que define su existencia como hablante. En palabras de Pierre-Gilles Guéguen (8), siendo como somos, todos, desinsertados del Otro, cada uno tiene el derecho de construir la realidad que le conviene a su lugar en la estructura y a partir de su lazo particular a la lengua. Quien orienta su acción desde el discurso analítico asume la responsabilidad de propiciar esta construcción.
* Intervención de Vilma Coccoz en la jornada preparatoria PIPOL IV el día 30 de mayo de 2009
Notas
1-. Reencontré clinique du 8 septembre avec la participation de Jacques-Alain Miller. Les feuillets du Courtil nº 28. Pág. 14
2-. Patrick Declerck: Los náufragos. AEN, 2006. Pág. 229-230
3-. Texto elaborado por Carmen Cuñat y Mónica Untemberger
4-. Jacques-Alain Miller, En Les feuillets…. Nº 28. Pág 15
5-. J. Lacan. Reseñas de enseñanza. La lógica del fantasma. Hacia el tercer encuentro del Campo Freudiano. Buenos Aires. 1984. Pág. 43-4
6-. J. Lacan. La equivocación del sujeto supuesto saber. En Momentos cruciales de la experiencia analítica. Manantial. Buenos Aires. 1987. Pág.31
7-. Jacques-Alain Miller. Curso 1, 2, 3, 4.
8-. Pierre-Gilles Guéguen: Nous sommes tous désinsérés. En Lettre Mensuelle nº 277
09.06.09
Psicoanálisis y Universidad. Manuel Montalbán Peregrín (Málaga)

La relación entre psicoanálisis y universidad puede ser problematizada desde ópticas diferentes. Ambos tienen un soporte institucional que en innumerables ocasiones ha entrado en contacto. Así muchas de las actividades de extensión de la Escuela impulsada por J. Lacan se han realizado con apoyo universitario. En este sentido hemos de estar alerta también respecto a la "confusión sobre el cero" que Lacan (1) resalta en La Proposición del 9 de octubre de 1967, como aquel movimiento institucional que, rechazando la diferencia entre la nada (ausencia) y el vacío (elemento neutro, lugar topológico de alojamiento de la alteridad), pretende ocultar las fisuras del saber con la aditiva acumulación de nulidades de pensamiento.
Atendiendo a la sincronía estructural discursiva ingeniada por el propio Lacan, el discurso universitario y el discurso psicoanalítico participan de una cierta complementariedad paradójica, especialmente respecto al saber. Las universidades, como nos recuerda Miller (1990) (2), se crean en torno al siglo XII como modo de concentración, regularización y uso del saber por parte del poder, saber que primitivamente estaba localizado en el esclavo. A finales del XIX el descubrimiento freudiano supone la existencia de un saber desconectado del conocimiento, un saber que no se sabe. A partir de ahí, el siglo XX ha sido, en muchos sentidos, el siglo del psicoanálisis, protagonismo éste compartido también con el hecho que la ciencia ha alcanzado su más lograda expresión pulsional, "saber por saber, sin querer saber nada de las consecuencias", independientemente del ideal de utilidad, puro saber del amo, a sus órdenes. En la articulación lacaniana no hay que olvidar que para el discurso universitario el S2, el saber, ocupa el lugar dominante, del orden, del mando, sustentado en el nivel de su verdad por el significante amo, S1.
Discurso del Psicoanálisis:

Discurso universitario:

A pesar de su positivismo inicial, Freud se las ingenia para diferenciar el psicoanálisis de la ciencia, también del saber universitario. Ya en 1919 Freud (1979) (3) distingue dos perspectivas para abordar la enseñanza del psicoanálisis en la universidad: el punto de vista universitario y el propio del psicoanálisis. Desde el lado universitario, Freud enfatiza las ventajas formativas que sobre los profesionales de la salud mental, y no sólo ellos, supondría el acceso a la teoría y la técnica psicoanalítica. Desde el psicoanálisis mismo, Freud valora la satisfacción que a todo psicoanalista le supone la incorporación de ese nuevo saber a la enseñanza universitaria si bien insiste en que la universidad no es imprescindible para adquirir esta formación, pues esa labor es desarrollada dentro del propio análisis así como por las asociaciones que entre otros objetivos atienden también el formativo. En una entrevista realizada por George Sylvester Viereck para "Glimpses of the Great" en 1930, el fundador del psicoanálisis desconfía sobradamente de la popularidad del psicoanálisis, especialmente en los Estados Unidos, y evidencia un movimiento conjunto al de la generalización popular del mismo que supone el intento de apropiación por parte de la clase médica del campo analítico. Freud (Viereck- Freud, 1930:153) (4) apunta que:
"Puede resultar fatal para el desarrollo del psicoanálisis dejarlo exclusivamente en manos de los médicos. La formación médica es con igual frecuencia un obstáculo y una ventaja en el ejercicio del psicoanálisis. Desde luego, es un obstáculo cuando ciertas convicciones científicas, comúnmente aceptadas, arraigan demasiado profundamente en la mente de los estudiantes".
Aun así, en el mismo año 1919 se instituye la primera cátedra de psicoanálisis del mundo en la universidad de Budapest. Desde entonces la enseñanza del psicoanálisis en la universidad ha estado sujeta a avatares diversos tanto en Europa como en América. En la actualidad la enseñanza universitaria del psicoanálisis en países como Gran Bretaña, Alemania, Francia, Bélgica, Italia y España, se centra en la formación postgrado de carácter eminentemente teórico. La oferta es variada según los países así como respecto a la orientación psicoanalítica desde la que se imparten estos estudios, conectados en muchas ocasiones a programas más amplios de formación en psicoterapia. En este sentido, se trata también de un período de cambio en tanto que la cartografía definitiva de la enseñanza universitaria en nuestro país está pendiente del desarrollo del llamado Espacio Europeo de Educación Superior. De todos modos, los acuerdos existentes, sobre formación básica y capacidades y conocimientos estructurantes, entre los centros universitarios que impartirán en España el futuro grado en psicología, por ejemplo, no contemplan el psicoanálisis más que de manera transversal y residual, ligado a la historia de la disciplina o a los antecedentes teóricos de algunas materias.
En alguna otra ocasión he escrito que desde la universidad el psicoanálisis se percibe como un movimiento unitario pero a la vez heterogéneo; unitario, en referencia a toda la mitología que se le presupone, y heterogéneo, en tanto que después de Freud, si no antes, el psicoanálisis como teoría y como práctica va a seguir derroteros variados, a través de la psiquiatría, propiamente dicha, la psicología (del yo, fenomenológica, sistémica, de la personalidad), las terapias alternativas, el propio saber universitario, etc. La posición de Lacan es también original en este punto, y quizá por ello difícilmente asimilable por las estructuras universitarias. El retorno a Freud que nos propone articula el inconsciente como un saber, un saber de correspondencias entre las palabras. Ante la pregunta de una joven estudiante en la visita que realiza al centro experimental universitario de Vincennes en 1969 sobre el porqué los estudiantes no pueden convertirse en psicoanalistas tras su paso por la enseñanza superior, Lacan responde que el psicoanálisis no se transmite como cualquier otro saber.
Frente al problema de las instituciones analíticas que Lacan denuncia en la década de los cincuenta y sesenta, cuyo efecto será su excomunión de la I.P.A., se apuesta por una novedad en el funcionamiento que incide en la función de garante de la Escuela por él propuesta: la distinción entre grado y jerarquía. Es interesante resaltar que esta distinción conceptual coincide con un viraje significante inédito en la historia del movimiento psicoanalítico, el uso del término Escuela, en cuya elección no parece ajena la preocupación central de Lacan por la formación del psicoanalista. Una Escuela que, a pesar de la vinculación, a veces estrecha, de Lacan con la universidad, no será universitaria. No se tiene en el horizonte fundacional de esta Escuela el ideal de un saber definitivo, amo y señor, sino más bien una negatividad de saber, una producción de saber en reserva, la posibilidad de lo que Lacan llamará el único saber oportuno. Frente al saber universitario Lacan propone una Escuela donde el lugar del no saber no sea taponado, donde el menos de saber ocupe un lugar central, como posibilidad de producción.
En la entrevista antes mencionada, Viereck preguntaba a Freud si éste seguía poniendo el máximo énfasis en el sexo. Freud, tras insistir en la importancia de lo que reside "más allá" del placer, responde (Viereck-Freud, 1930: pág. 157):
"Puedo haber cometido muchos errores, pero estoy completamente seguro de que no me equivoco al considerar predominante el instinto sexual. Dado que se trata de un instinto tan poderoso, choca con especial frecuencia con las convenciones y salvaguardias de la civilización. Como mecanismo de autodefensa, la humanidad intenta negar su suprema importancia".
Frente a la fantasmagoría posfreudiana, Lacan retoma este relativo énfasis sexual del psicoanálisis desde una dimensión lógica, problematizando las relaciones entre sexo, lenguaje y saber. La lógica lacaniana se remite a las identificaciones sexuales en tanto que independientes de su base biológica. La posición masculina o femenina no queda determinada exclusivamente por el componente biológico sino que implica la puesta en funcionamiento del aparato simbólico, constituido por el lenguaje, que conlleva una consecuencia harto imprevisible, el inconsciente. No hay entonces un saber natural, un instinto sexual como saber en lo real del ser hablante. No es posible establecer un saber sobre ese real. La contingencia del encuentro crea una ilusión de posibilidad que condicionará lo que después se repite, el etcétera. El sujeto corrobora lo imposible cuando se hace posible el encuentro sexual. La imposibilidad se constata a través de una posibilidad contingente.
El inconsciente, por tanto, es un saber en el que se busca la respuesta a la pregunta por el sexo, por lo que es la relación sexual; un saber inventado, puesto en el lugar de otro que no está; un saber en el que se encuentra un goce; un saber que no tiene conocimiento de sí, un saber que el sujeto (del inconsciente) no sabe que sabe. El dispositivo psicoanalítico pretende poner a trabajar al que sabe sin saber que sabe. A este respecto escribe J. A. Miller (1998, pág.155) (5):
"Del analizante es de quien se espera la materia prima del saber y he ahí la causa de que no se lo pueda enseñar".
Es más, Miller entiende que frente al discurso universitario el psicoanálisis invita al sujeto que habla a excluirse de saber, a desligarse del imperativo de saber lo que dice. La irreductibilidad del inconsciente condiciona que el saber que se juega en el análisis no sea un conocimiento absoluto.
¿Qué lugar reserva la universidad al psicoanálisis? Es difícil dar una respuesta cerrada a esta pregunta. Muchas veces es el de la perplejidad. Otras, Freud lo sabía bien, el del ostracismo. De cualquier modo, el escenario posmoderno, que impregna también el decir docente, reivindica el refugio del lenguaje, donde ciertas lecturas de la enseñanza del Lacan (psico)lingüista son utilizadas sin recato. En la actualidad, el psicoanálisis es un invitado recurrente, a veces incómodo, en las tertulias de las ciencias sociales y la teoría crítica, principalmente. Esta incomodidad se hace más manifiesta sobre todo en la vertiente del goce, pues como apunta Miller. el discurso universitario con la simulación del saber por el saber no pretende otra cosa que la dominación del goce. De cualquier modo, desde las coordenadas lacanianas la universidad es para el psicoanálisis más el ágora que la Academia. Jacques Lacan impartió su seminario del curso 1969-1979 en la Facultad de Derecho. El 13 de mayo de 1970 el centro universitario permaneció cerrado y Lacan intercambió en las escaleras del Panteón diversas intervenciones con un grupo reducido de participantes de su seminario. Ante una pregunta que en el texto del seminario XVII aparece como inaudible, Lacan (1992:158) (6) afirma respecto de la función de la universidad:
"Ésta tiene en efecto una función extremadamente precisa, que tiene relación en cada momento con el estado en que se encuentra el discurso del amo, o sea, su elucidación. Este discurso, en efecto, ha sido durante mucho tiempo un discurso enmascarado. Irá estando cada vez menos enmascarado por su necesidad interna".
Notas:
(1) Lacan, J., Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela, en Momentos cruciales de la experiencia analítica, Manantial, Buenos Aires, 1987.
(2) Miller, J.A. (1990) Conferencia de la Madraza, Del Saber Inconsciente a la Causa Freudiana. Cuadernos Andaluces de Psicoanálisis, 2, pág. 10-20.
(3) Freud, S. (1979) ¿Debe Enseñarse el Psicoanálisis en la Universidad? En S. Freud, Obras Completas, vol. XVII. Buenos Aires: Amorrortu.
(4) Viereck, G.S /Freud, S. (1930) Freud, el Padre del Psicoanálisis. Glimpses of the Great. En 4ª entrega de la serie "150 años de entrevista". El País Semanal, 1998.
(5) Miller, J.A. (1998) Elucidación de Lacan. Buenos Aires: Paidós.
(6) Lacan, J. (1992) El Seminario, libro XVII. El reverso del psicoanálisis. Barcelona: Paidós.
From:
THE PSY OBSERVATORY of the EFSP www.efsp.eu/psy/en
EL OBSERVATORIO PSI de la FEEP www.efsp.eu/psy/es
L'OBSERVATOIRE PSY de la FEEP www.efsp.eu/psy/fr
L'OSSERVATORIO PSI della FESP www.efsp.eu/psy/it
04.06.09
¿Hablamos de desadaptación cuando decimos desinserción? Montse Puig (Barcelona)
_08.jpg)
Los términos “adaptación” y “reinserción” orientan muchas de las políticas sanitarias y sociales actuales. Tenemos ejemplo de ello tanto en los programas especializados dedicados a evitar la exclusión social de diversos colectivos de individuos que son tomados por un rasgo que los homogeneiza y en el que se identifica la causa de su exclusión (emigrante, toxicómano, esquizofrénico, parado, etc.), como el diagnóstico cada vez más extendido de los “Trastornos adaptativos”, bajo el que va a parar, ordenado por el DSM IV, el sufrimiento de muchos sujetos.
Detengámonos en el ideal de adaptación en referencia al diagnóstico de “trastornos adaptativos”. ¿Qué se necesitaría para no padecer uno de estos trastornos? Se trataría de que los sujetos pudieran ser lo suficientemente dúctiles para saber sortear o responder de una manera ponderada a sus fuerzas y condiciones a los cambios que la vida les trae. La evolución darwiniana de la adaptación de las especies, es decir el vel exclusivo “adaptarse o morir” se encuentra de forma maniquea en el fondo de las propuestas adaptativas que se ofrecen en algunos casos a los sujetos “desadaptados”.
Por otra parte, en nuestra civilización que ha sido calificada como la “sociedad del riesgo”, los cambios tienen frecuentemente una connotación de estresantes o nefastos para el sujeto. La sorpresa, lo inesperado, lo contingente llega siempre de forma amenazante para un sujeto que se encuentra en muchas ocasiones sin poder responder. El trastorno en la adaptación se plantea entonces como un modo de patología en la que el sujeto es demasiado permeable a lo inesperado de la vida. El ideal de la fortaleza del yo está sin duda evocado.
Entonces, si el sujeto no debe estar afectado por los acontecimientos de su vida, ¿no sería esa la máxima exclusión del sujeto, su máximo aislamiento defensivo? En el otro extremo de la misma problemática encontramos el llamado “trastorno límite de la personalidad”, tan en boga actualmente, en el que todo, hasta el menor acontecimiento, tiene valor de encuentro desestabilizador para el sujeto, y al que las terapias cognitivo-conductuales propuestas intentan aportar suficiente estabilización “interna”, de modo que aprendan a controlar y ponderar sus sentimientos, reacciones emocionales y continuos pasajes al acto como modo de respuesta. Pero ¿no estaríamos con estos sujetos en la máxima inclusión? La llamada al término medio no resuelve el problema porque el planteamiento de la adaptación, de la “modificación de sus hábitos, sus tendencias o su capacidad de manera adecuada a unas circunstancias o actividad nuevas”, escamotea el problema de que no existe una “realidad exterior” a la que el sujeto debería adaptarse o asumir que no sea siempre traumática. Si no es traumática es que de algún modo no es “exterior”. Por ello decimos que “La realidad psíquica es la realidad social”.
¿De qué hablamos cuando usamos el par desinserción-inserción? Estos son términos que no están extraídos del discurso del psicoanálisis y su práctica, por ello para poder orientarnos hemos de poder entender no sólo cuál es su campo semántico sino también cuál es su uso es decir qué real constituyen.
Si tomamos al campo de lo social como el campo del Otro, es decir, el campo del lenguaje con sus leyes, podremos decir que la inserción implica una relación de inclusión del sujeto con el efecto de regulación de goce correspondiente de modo que una comunidad pueda instaurarse. En este orden el significante amo, el polo simbólico de la identificación, aporta al sujeto su estar en el mundo constituyendo al mismo tiempo a éste. En este sentido es que decimos que no hay sujeto sin Otro, anudando, como ya hizo Freud, la realidad psíquica a la realidad social. ¿Qué protegería al sujeto para que la mayoría de los acontecimientos de la vida no tuvieran estatuto de encuentros de trauma? Sin duda el Otro y su relación siempre fantasmática con él. Toda una serie de síntomas se pueden desprender de ello. Síntomas de la relación del sujeto con su Otro, síntomas en relación con los ideales y sus identificaciones.
Pero sabemos que no son éstos los términos en los que se juega la “subjetividad moderna”. Con la orientación aportada por Jacques-Alain Miller definimos a la época actual como la del Otro que no existe, en la que el estatuto de semblante del Otro ya ha sido desvelado, que no se organiza alrededor del significante amo y de sus diversas encarnaciones sino por el acceso al objeto y la satisfacción.
Entonces ¿qué hace de cemento en la civilización? Por un lado, podemos decir que “La inexistencia de Otro implica y explica la promoción del lazo social en el vacío que abre”. El lazo social se encontraría pues a modo de suplencia en el lugar del Otro. ¿Podemos mantener entonces los términos de inserción para la inclusión del sujeto?, ¿dónde se tendría que insertar? La estructura del discurso es el que, como nos señala J.-A. Miller, viene a sustituir a la del Otro como garante de lo Real haciendo existir la realidad “psíquica-social”. Los síntomas serán los que conllevan la búsqueda de la legitimidad de los modos de gozar, donde esa legitimación de encuentra en él “como otros”. El sujeto se enfrenta a tener que autorizarse sin la guía de la ley y, al fluctuar las significaciones, la angustia aparece en primer plano. No olvidemos las distintas formas de nostalgia del padre que traerán formas de fundamentalismo de distintos colores.
La última enseñanza de Lacan da una nueva perspectiva a la afirmación “la realidad psíquica es la realidad social” y permite interrogarnos sobre otro significado posible de lo que podemos entender por el binario inserción-desinserción. Se trata de tomar la problemática no del lado de las suplencias del Otro que no existe, sino de los modos de funcionamiento sin el Otro. Se trata del anudamiento con suficiente consistencia entre Simbólico, Real e Imaginario que constituya el sentido, siempre imaginario, y permita al sujeto hacer con su cuerpo de modo que el goce pueda estar anclado al sentimiento de la vida; es decir, pueda ser compartido por otros, pueda en definitiva construirse para él. Los distintos modos en los que este anudamiento fracasa en cada sujeto da el modo en los que el lazo social flaquea y el modo de anudamiento, el sinthoma da la estructura misma del lazo posible.
Tenemos así tres modos de lazo social que J.-A. Miller aísla en la enseñanza de Lacan y que merecen nuestro estudio para poder entender los resortes de nuestra acción y como algunos intentos colectivos actuales. La identificación, el discurso y el sinthoma producen una clínica (variedades del síntoma) y los tres son aparatos para “hacer-con” lo Real entendido como lo imposible de inscribirse, lo que no deja de no escribirse.
01.06.09
«La anorexia expresa un problema respecto al goce del cuerpo». Entrevista* a Domenico Cosenza (Italia)
.jpg)
El psicoanalista italiano Domenico Cosenza, asesor científico de la Asociación para el Tratamiento de la Anorexia, plantea en esta entrevista algunas de las claves de los trastornos alimentarios para su abordaje clínico. Cosenza, que dirige en Italia el Instituto Freudiano, es también miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y acaba de publicar Jacques Lacan y el problema de la técnica en psicoanálisis.
-¿Qué significado tienen los trastornos alimentarios desde el punto de vista del psicoanálisis?
Domenico Cosenza: Para el psicoanálisis, anorexia y bulimia no son trastornos, sino desviaciones respecto a una normalidad que hay que reconducir. Se trata de síntomas de nuevo género, de soluciones (aunque patológicas) que permiten a sujetos frágiles encontrar un punto de identificacion en una coyuntura difícil de la vida, en la mayoría de los casos en la adolescencia. Son respuestas a la dificultad del sujeto respecto al goce de su cuerpo, en el tiempo de elección de su identidad sexual y de orientación de su existencia.
-«La soledad genera obesidad». ¿Qué hay detrás de la anorexia?
Domenico Cosenza: La anorexia, la bulimia y la obesidad sólo existen en abstracto. En la experiencia clínica vemos una pluralidad diferenciada de manifestaciones de estos síntomas, cuya función es diferente. Por ejemplo, una cosa es no comer porque es la única manera para que mis padres me vean y me escuchen; otra cosa es dejar de comer porque tengo la certidumbre que los otros me envenenan o me contaminan la comida. En el primer caso, el rechazo de la comida es una demanda inconsciente para se acerquen al sujeto; en el segundo, una defensa respecto a la invasión de un otro amenazante. Mi tesis es que en el corazón de quien sufre de anorexia y bulimia hay un rechazo fundamental: rechaza porque ha sido rechazado a un nivel íntimo de su experiencia que él mismo no conoce. El problema es ubicar el rechazo. No es sólo a la comida, es el lazo social mismo, el goce sexual, el cuerpo como campo de deseo a ser rechazado... La epidemia pertenece a factores sociales del mundo contemporáneo y desarrollado, como la centralidad del aparentar y consumir como imperativos de la sociedad postmoderna. Pero requieren causas familiares y factores que pertenecen a la singularidad del sujeto.
-¿Se pueden prevenir?
Domenico Cosenza: La mejor prevención es la formacion de adultos que tienen una tarea en el desarrollo de la personalidad de los jóvenes: padres y madres, profesorado, profesionales de la Salud Mental. No creo mucho en una prevención directa sobre el síntoma específico con los jóvenes. Puede tener un efecto ambivalente, imitativo. Más que hablar en las clases de anorexia y bulimia, mejor la prevención primaria con ellos sobre el malestar de los adolescentes.
-¿Qué hay que hacer cuando se ven los primeros síntomas?
Domenico Cosenza: Hay que intervenir clínicamente. La mayoría de pacientes no piden ayuda, porque en realidad no quieren dejar el síntoma. Son los padres, los adultos angustiados de esta condición de la hija y es esencial acoger la demanda de los padres.
-¿Cómo trata el psicoanálisis la anorexia y la bulimia?
Domenico Cosenza: Ante todo, no poniéndose el objetivo de eliminar el síntoma de repente. Anorexia y bulimia han sido para el sujeto una solución -aunque maligna- a un malestar subjetivo radical. Es prioritario permitir al sujeto producir una palabra sobre este malestar que él mismo ignora en su fuente. Tarea muy difícil porque en la primera fase, la anoréxica experimenta una verdadera luna de miel con su propio síntoma, como el toxicómano con la droga, y no quiere en ninguna manera dejarlo. Es la salida de esta luna de miel, la experiencia de que el síntoma produce sufrimiento y no sólo goce, la que va permitir un viraje en el tratamiento. Al mismo tiempo, el analista tiene que saber que el poder de la palabra con estos síntomas tiene límites: en las fases agudas necesita una intervención médica e incluso hospitalización.
-¿Recomienda grupos de pacientes para el tratamiento?
Domenico Cosenza: Sí, pero bajo condiciones precisas. No todos los casos se benefician del trabajo grupal.
-La delgadez es la imagen física de la anorexia. ¿Y la psíquica?
Domenico Cosenza: Una de las paradojas es que el sujeto se ve demasiado gordo respecto a su imagen ideal. La relación de la anoréxica con el espejo representa bien esta paradoja: la necesidad de ir al encuentro con el espejo, y el efecto maligno de cada encuentro.
*Publicado en el Diario de León en Mayo de 2009.
«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



