11.05.08
Art & Co - José Manuel Alvarez (Barcelona)
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Buenas noticias cuando el psicoanálisis es considerado, entre otras muchas cosas, como lo que es: en este caso, una buena compañía en el amplio campo del arte junto con otras disciplinas: filosofía, antropología, literatura, sociología, arquitectura, ensayo..., etc., pues esto y mucho más es lo que ofrece la nueva revista Art & Co editada por la Asociación de Amigos de Arco, de la cual han aparecido dos números -el número 1 correspondiente a Invierno 2008 y el número 2 Primavera 2008-, y que ya en el Editorial del primero, su directora Ángela Molina, marca de una manera muy definida la línea programática de lo que el lector podrá encontrar en sus bellas y muy cuidadas páginas:
“La cultura vive un periodo reactivo y es obligación de la crítica la búsqueda de nuevos espacios de expresión, disentimiento y conflicto. Ninguna sociedad ha estado jamás tan estandarizada como la nuestra. Vivimos un momento histórico de tiempos homogéneos formateados por el poder de las imágenes mediáticas que marcan un ritmo sometido al perpetuo cambio de modas y marcas. En estas condiciones, muy pocos se plantean la posibilidad de mudar el sistema. ¿Cómo cambiar lo que está cambiando constantemente? El fin de la historia es el mundo sin tiempo, o el mundo en rápida rotación, de ideas, de modos de pensar, imágenes, escenarios arquitectónicos, exposiciones, escaparates... La importancia de los equipamientos culturales, ferias y bienales –mimetizadas recíprocamente-, se mide casi exclusivamente en términos de audiencias; el arte se interpreta frecuentemente en relación a su éxito comercial, incluso las prácticas ligadas a la crítica institucional acaban siendo dirigidas, como por control remoto, por el sistema del arte, y colocadas en un nuevo nicho que las vacía de toda negatividad.
El arte tiene que ver cada vez menos con la cultura y con los afectos, y más con los efectos y la mercancía. Hoy la crítica no hace más que reafirmar ese statu quo; es un aparato retórico tercamente detenido, paralizado, desactivado, que se refuerza en extirpar cualquier traza de análisis. La crítica ha sido esquilada y despojada de la realidad, se ha convertido en una abstracción sin referentes y, en el peor de los casos, al servicio del poder, de la costumbre y del reconocimiento.
En esta situación, es necesario el papel objetivo de los agentes culturales, intelectuales y artistas, para rehabilitar la crítica y convertirla de nuevo en una posibilidad y garantía de conocimiento, un localizador de las dinámicas de los significados ocultos bajo unos valores ideológicos cada vez menos sofisticados y más globalizados. Sin olvidar su función principal, actuar de mediadora entre la obra artística y el público.
La nueva publicación Art & Co quiere ser un ejemplo programático de lo que entendemos por cultura, una negociación entre distintos individuos y colectivos sociales”.
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Y en efecto, el lector podrá recorrer en las más de 100 páginas de esta revista que cuenta además con una elevada calidad gráfica, por más de 25 artículos tan atrayentes y evocadores como son: Lo crítico y lo político en el arte, de Nelly Richard; El arte después de la ecología, de Max Andrews; Ciudad por llegar, de Paulo José Miranda; Higienópolis, “el Kindergarten” del modernismo, de Raul Fuste Lores; Sobre la censura, de Javier Echervarría, entre muchos otros correspondientes al número 1, en el que destacaremos dos excelentes contribuciones: “Le Novel Ane”, una política del síntoma, de Miquel Bassols, en el que realiza un recorrido que va más allá de la mera presentación de la revista Le Novel Ane y su último número 8 para profundizar en la segunda parte del título, "una política del síntoma", y “Atravesados por la Belleza” de Neus Carbonell, comentado el libro del siempre fascinante François Cheng, -traductor, poeta y profesor del Instituto Nacional de Lenguas y Civilizaciones de lenguas Orientales de la Universidad de París III-, “Cinco meditaciones sobre la belleza”.
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Ya en el número 2, otro editorial en tono irónico-crítico de su directora Ángela Molina, sobre el más que cuestionable efecto Guggenhein, nos pone en situación de reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la función de los museos:
“El octogenario Gehry planea repetir ad infinitum la fórmula del proyectista escultor entregado al capricho de los gobiernos megalómanos. Los Emiratos Árabes son su próxima meta. (...) Es cierto que la fórmula de Bilbao ha tenido un claro éxito (político) pero ha demostrado ser un fracaso (cultural). El efecto abrumador de sus gigantescas salas donde acomodar todo el arte de posguerra y sus muchos descendientes, además de costosísimas instalaciones de arte contemporáneo, es directamente proporcional al vacío intelectual que generan en el espectador, que acaba físicamente engullido por la ballena. (...) Vivimos bajo el síndrome de Blade Runner: una mezcolanza de muchedumbres en medio de un bazar de alta tecnología que parecen haber emigrado al otro lado del Pacífico sin más espacio público que el de la ficción, el de las réplicas. Fin de la sociedad civil. Presumiblemente, el futuro de todo gran museo de arte moderno, pasará por su capacidad de atracción de multitudes, millones de individuos que indefectiblemente proyectarán en ellos sus fantasías inconscientes y deseos de ser envueltos en un manto de seguridad”.
Mordaz e incisiva apertura de un número en el que el lector podrá encontrar, entre otros, artículos tan interesantes como La “Biblioteca de agua” de Roni Horn, por Geir Svasson; La última jugada de Bobby Fischer, por Harfn Jokulsson; o La página en Blanco, de Miquel Bassols, sobre la obra del pintor Kazemir Malevich y sus dos famosos cuadros, “Cuadro blanco sobre fondo negro” (1915), y “Cuadro blanco sobre fondo blanco” (1918), obras de las que se sirve para realizar un atrayente recorrido en la que lo visible consigue hacerse todavía más visible a fuerza de adquirir invisibilidad, y una reseña también de M. Bassols, sobre el muy interesante libro de Martín Jay, Ojos abatidos -La denigración de la visión en el pensamiento francés del siglo XX-, además de otro extenso y excelente comentario de nuestra colega Neus Carbonell en el que polemiza con Linda Noclin, autora del libro titulado “Courbet” e historiadora del arte y especialista justamente en la obra del pintor Gustav Courbet, -el autor del famoso y más que escandaloso cuadro “El Origen del Mundo”, cuyo poseedor durante años fue el propio Jacques Lacan y que, por motivos obvios, mostraba siempre con suma prudencia-.
En definitiva, una revista Arte & Co, repleta de buenos artículos, con una excelente calidad de edición que contrasta con su más que comedido precio -8 Euros-, y que animamos al lector a hacerla suya dirigiéndose, no al kiosco más cercano, ya que ahí posiblemente no la encuentre, sino a su librería de referencia donde le proporcionarán el cuidado y el mimo que su edición merece.
07.05.08
Crónica: “El estado de los adolescentes en la actualidad: diferentes perspectivas”. Patricia Heffes (Barcelona)
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Esta vez fue el Colegio de Psicólogos de Cataluña (COPC) el que el pasado mes de abril albergó el discurso del psicoanálisis para dar cuenta de la actualidad de la práctica con adolescentes en una mesa redonda bajo el título “El Estado de los Adolescentes en la Actualidad: Diferentes perspectivas”, los Grupos de Trabajo del COPC, “Adolescencia y Clínica” y “Adolescencia y Educación”, se reunieron para realizar esta convocatoria.
El espíritu de la organización fue generar un encuentro entre diferentes discursos con la condición de sostener un debate basado en la escucha y el diálogo. Educación, medicina y psicoanálisis coexistieron en tiempo y espacio, dando lugar a puntos de encuentro y de diálogo. Mario Izcovich (Coordinador del grupo de Trabajo sobre Adolescencia y Clínica) y Olga Piazuelo del grupo de trabajo sobre Adolescencia y educación) organizaron el evento, invitando a Daniel De León, Licenciado en Pedagogía Terapéutica; fundador y director del Centro Terapéutico L’Alba; Norma Lafuente, Psicóloga-Psicoanalista, miembro de la ELP-Catalunya y miembro del Grupo de Trabajo de Adolescencia y Clínica; Victoria Vicente, Psicóloga especialista en Psicología Clínica, Psicoanalista, Miembro responsable del programa CPCT jov@es del Centro Psicoanalítico de Consultas y Tratamiento, Psicóloga del CSMIJ de la Corporación Sanitaria Parc Taulí; y el médico pediatra de atención primaria Josep Mª Bofarull Bosch, miembro de la Junta de la Sociedad Española de medicina del Adolescente (SEMA) y pediatra acreditado en medicina del adolescente por la AEP (Asociación Española de Pediatría)
Partiendo de los conceptos del psicoanálisis, Norma Lafuente fue quien propuso practicar la escucha como recurso privilegiado para localizar aquello que hace signo y estableció la diferencia entre pubertad, como aquello que refiere a los cambios fisiológicos y corporales, y adolescencia, como la interpretación que cada sujeto da a esos cambios. En este sentido situó a la sexualidad como la emergencia de algo nuevo diferenciándola de la idea de progreso lineal o aún de reordenamiento, para articularla con los síntomas típicos (cuestiones con el saber, con el cuerpo, con la autoridad).
Así se abrió paso al relato por parte de Daniel De León de la experiencia de educación terapéutica del Centro El Alba que a partir de un caso dejó la evidencia del valor de la escucha como estrategia principal a la hora de “convertir” ese disloque en un sujeto capaz de orientarse y crear sus propias estrategias. De León concluyó desechando el “ya pasará” por ser invalidante y propuso el trabajo profesional y social para conseguir que los adolescentes con trastorno mental puedan reinsertarse creativamente.
El discurso médico también aportó una mirada interesante a la hora de pensar los vínculos de los adolescentes con los otros, con el cuerpo, con los padres... Joseph Mª. Bofarull señaló que la adolescencia es un cambio cuyo fundamento no es sólo de orden biológico, en plena concordancia con los ponentes que lo precedieron; se trata también de una cuestión del ser, ser en estado de cambio, dolorido, angustiado, que busca afirmar su identidad. Bofarull concluyó su presentación formulando algunas preguntas que interrogan el lugar de los mayores en los padecimientos y trastornos.
Fue Victoria Vicente quien cerró el orden de las ponencias con la pregunta “¿De qué sufren los adolescentes?” y apoyada en su experiencia en el CPCT y en el CSMIJ; desplegó tres puntos a modo de respuesta. Una presentación que se destacó por su precisión y claridad, concluyó proponiendo renovar la apuesta en la práctica con adolescentes la cual exige diferenciar sufrimiento de patología.
Responsabilidad, época, riesgo, omnipotencia, sexo, consumo; así como patologización, padres y profesionales; fueron los términos que recogió el público a la hora de sus intervenciones. Las cuestiones con la autoridad que la adolescencia plantea inevitablemente fue respondida por el Dr. Bofarull con su apuesta no poco esperanzada de hacer de los padres “dictadores amorosos”. Hemos visto un público lleno de preguntas e interesado en escuchar estrategias y alternativas para llevar adelante su práctica.
Mario Izcovich, hizo el cierre recordando las dificultades que plantea la adolescencia a los padres en su función y destacando la importancia que tiene para el adolescente hacerse un nombre y buscar un lugar en el mundo.
04.05.08
Monstruos familiares*. José Ramón Ubieto (Barcelona)

El tabú del incesto es el principio regulador de los lazos familiares. Alrededor de esa prohibición se organizan los deseos y los vínculos, lo que está prohibido, pero también lo que resulta permitido para cada uno. Tiene pues una función constituyente y estructurante de la dinámica familiar. Ni siquiera es necesario que la ley recoja esa prohibición para que funcione en la inmensa mayoría de los casos.
A veces no es así y entonces lo familiar deviene siniestro, se revela como algo monstruoso, ajeno por completo al ideal de armonía del núcleo familiar. La clínica nos muestra ejemplos de madres que toman a su hijo como un objeto del cual no pueden desprenderse y lo llevan consigo a todas partes, lecho conyugal incluido. O padres que hacen de sus hijas un objeto para la satisfacción sexual desde edades tempranas. Las causas de estas conductas son variadas y no siempre implican una patología mental grave, de carácter delirante, en el adulto. A veces se trata de sujetos que no están dispuestos a renunciar al objeto prohibido y franquean ese umbral pasando al acto. Se autorizan a ellos mismos a darse esa satisfacción.
El caso de Josef Fritzl nos confronta, de manera más radical que otros, con ese más allá del principio del placer al que se refería Sigmund Freud, ciudadano austriaco también, y cuya obra surge en una Viena cruce de todas las formas posibles de familia.
El horror que produce este caso, por su crudeza y por las consecuencias que deja, se incrementa por la cantidad de interrogantes que suscita y que alcanzan a todos: esposa, hija, familia extensa, vecinos, policía local... ¿Cómo es que nadie supo nada de esa otra escena familiar que habitaba justo debajo de la familia respetable de los Fritzl? Escena, por otra parte, que redoblaba la original, donde vivía la hija-madre también con tres hijos-nietos y un televisor como pantalla central del domus.
Toda familia se organiza en torno a un secreto y cuando se trata del incesto, el drama es que confesarse ese horror arruina por completo toda versión natural e ideal de la familia y revela que lo monstruoso habita el propio interior.
Lo monstruoso es el nombre que damos a un lazo entre dos sujetos en el que uno deviene objeto de la voluntad de satisfacción del otro, sin que el amor o el deseo puedan funcionar como límite a ese real.
Cuando ningún velo puede seguir ocultándolo y eso sale a la luz, cada uno, como ya le ocurrió a Natascha Kampusch, que ya ha ofrecido su ayuda, debe interrogarse acerca de su posición, de lo que hizo y de lo que consintió, a veces mirando para otro lado.
* Artículo aparecido en LA VANGUARDIA el jueves 1 de mayo de 2008. Se publica aquí con la debida autorización.
01.05.08
Pacientes. Vicente Verdú (Madrid)

No todo sufrimiento es una enfermedad, pero el enorme almacén de fármacos y psicofármacos dispuestos para cualquier dolor ha convertido a la población en un cerrado conjunto de pacientes.
El pesar amoroso o el dolor de un luto pueden aliviarse con medicamentos pero ¿no es restar importancia al sufrimiento no permitirle darse a conocer?, ¿no es denigrar al individuo procurarle drogas que le niegan el derecho a contemplar nítidamente su adversidad y a afrontarla sin alienarse?
La extrema medicalización de la vida va camino de empalidecer la vida y progresivamente a decolorar su panorama. La consecuencia simultánea es el allanamiento del sujeto y su creciente privación de valor.
Parecía que la medicina sólo acudía para devolvernos los colores y olores a la salud. Ahora, además, acude para aportarnos una materia que sólo debe oler y saber de un modo más dulce. ¿Felicidad? El concepto de la felicidad preparada tiende a su descaracterización y su fuerza declina hasta el mundo, cada vez más común, de la fibromialgia.
From--> http://www.elboomeran.com/blog/11/vicente-verdu/
Con la amable autorización del autor.
28.04.08
Crónica: V Debate de Actualidad: Ab-usos del Protocolo. María José Freiría & Laura Canedo (Barcelona)
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El pasado 4 de abril tuvo lugar en la Sede de Barcelona de la Comunidad de Cataluña de la ELP, el V Debate de Actualidad. La gran afluencia de asistentes dio cuenta del interés del tema escogido para la ocasión: los usos, pero también los abusos que se hacen de los protocolos, como práctica cada día más extendida y no sin consecuencias.
En esta ocasión contamos con dos invitados, Hebe Tizio y Guy Briole, ambos miembros de nuestra Escuela, y reconocidos también por su extensa labor en el ámbito universitario.
Previo a sus exposiciones, José Castillo presentó la mesa invitando a una reflexión sobre lo que implica el uso del protocolo si su puesta en acto deja cercenada la ética en la que se supone que se sostiene. Así, citó a Lacan en su aportación a las Jornadas psiquiátricas de Bonneval de 1946: “(…) Toda actitud insegura respecto a la verdad sabrá siempre desviar a nuestros términos de su sentido, y estas especies de abusos nunca son inocentes”.
Hebe Tizio, bajo el título “El protocolo y las reglas de la práctica”, hizo un recorrido etimológico del término “protocolo”, analizando a continuación los supuestos sobre los que se asienta su construcción, su funcionamiento y sus efectos.
Algunas preguntas articularon su presentación: ¿Quiénes hacen los protocolos? ¿Para qué? ¿Cuáles son sus consecuencias al ser utilizados como mecanismo de control tanto del sujeto como de quien lo administra? ¿Cuál es su punto ciego que emerge en la política de la evaluación? Contrapuso entonces el protocolo, en tanto práctica ordenada por un conjunto de reglas, a la clínica, en tanto práctica orientada por unos principios. El protocolo, en su afán primero de autenticidad, finalmente sólo se autentifica a sí mismo, y en ningún caso a aquello que se supone que es su objeto de evaluación, especialmente si a lo que se refiere es al sujeto.
Por otro lado, funcionando el protocolo a partir de las directrices del mundo empresarial, en las que la rentabilidad y la buena gestión son objetivos prioritarios, la paradoja es justamente el resto que su abuso produce. Este resto es la mortificación del deseo de cada profesional, que al ser convocado a administrar estos protocolos, ve degradada su práctica clínica y diagnóstica a una pura gestión evaluativa; este resto es también la devaluación del sujeto a puro objeto de evaluación, ya se trate de un estudiante, de un ser que sufre algún malestar, o del profesional mismo que administra los protocolos.
Para concluir, Hebe Tizio formuló la pregunta: Entonces, ¿qué hacer frente al voraz imperativo protocolario? Si las consecuencias de esta práctica son los profesionales abrumados, aislados y deprimidos, lo importante es hacerle frente, oponiendo a esta práctica la resistencia propia del deseo. Se trataría de no dejar de dar cuenta de la eficacia de la práctica bien orientada, de la importancia de la ayuda entre las diferentes disciplinas a fin de elaborar nuevas respuestas, que aboguen por el sujeto y por su deseo, como principios rectores.
A continuación, Guy Briole, bajo el título “La protocolización de la sociedad: una negación del deseo”, presentó algunas claves sobre el origen del protocolo, en tanto práctica que en su empleo científico tiene como objetivo suprimir la subjetividad. Abordó luego su extensión al campo de la regulación social, para poner de relieve las consecuencias de un uso perverso de los mismos, al ser un método diseñado para ser aplicado a la masa, implicando un cercenamiento del sujeto.
Tomó la medicina como un ámbito inmerso en el empuje a la protocolización de la sociedad. Así, el psiquiatra moderno, siguiendo las directrices de la “medicina científica”, el cognitivismo y la lógica de gestión, abandona la clínica y el manejo de la transferencia en provecho de la automatización evaluativa del malestar y la universalización de prescripciones y, con ello, el sufrimiento particular del sujeto. De esta forma, el profesional queda a disposición de la sociedad mercantil y en perjuicio de una política de las particularidades.
De esta forma, bajo el imperativo de lo experimentalmente cuantificable y reproducible, donde el médico adviene protocolizado, no hay lugar para el enfermo, sino para la enfermedad. Pero en esta pasión por la igualdad, en la que todos serían medidos por la misma vara, lo que retorna es la queja y la falta imposibles de protocolizar; malestares que insisten en lo social.
Por tanto, el psicoanálisis, en tanto práctica bajo transferencia que acoge la subjetividad que rige todo malestar, deviene, si cabe, más relevante, ya sea como clínica o como discurso que permite contrarrestar la vorágine evaluativa.
A continuación tuvo lugar un largo debate de gran interés.
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En primer término, se abordó la distancia que media entre los “programas” que se implementaban hace unos años, que albergaban una cierta promesa civilizadora, y que estaban orientados por unos principios, frente a los protocolos actuales como aplicación de reglas al servicio del control.
Otra cuestión fue la verificación en la práctica diaria de los abusos del protocolo y sus consecuencias: la proliferación y cronificación de pacientes, estudiantes y profesionales abrumados, que pierden el gusto por aquello a lo que se dedican, produciéndose bolsas de fijación de goces que no se pueden tratar.
Se esclarecieron algunos puntos de la lógica actual de aplicación de los protocolos, tanto en el campo educativo, como médico, psicológico y social: los protocolos, dirigidos al profesional, al decirle exactamente todo lo que tiene qué hacer en cada caso, vienen al lugar de la formación. Por otro lado, convierten el acto médico en una pura gestión. Su carácter es evaluativo y no diagnóstico, siendo el objeto de evaluación no sólo el paciente, sino también al profesional. Los protocolos son el nuevo nombre de la experimentación que se ha perdido incluso en el campo de la medicina. Es un control de poblaciones desde el punto de vista económico.
Se señaló que cada día deviene entonces más importante la apertura hacia nuevas respuestas, que permitan mantener abierta la fisura por donde asoma el deseo. Todo profesional, regido por la ética de la buena orientación tiene oportunidades para inventar respuestas que invaliden el encasillamiento protocolario, pues es en este punto al cual el psicoanálisis es refractario a dichos protocolos.
Es así también para el psicoanálisis lacaniano, que tiene su propio programa, tal y como recordó Guy Briole: el de reconquistar el campo freudiano, que implica mantener una posición ética respecto a lo que queremos alcanzar.
Una vía más son nuestros Debates de Actualidad, a los que están todos invitados.
«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



