El Psicoanálisis Lacaniano en España

El Blog de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis

08.02.10

“No estoy seguro de que exista una crisis”. Entrevista* a Jorge Alemán (Madrid)

15:32:09, por jalvarez Spanish (ES)

Borja Campoy: ¿Cómo se ve desde el psicoanálisis la situación económica?

Jorge Alemán: Se ven muchos artefactos que impiden que tengamos memoria. El capitalismo reina porque los sujetos responden en todo tiempo a la novedad, sin hacerse cargo de la historia de cada uno.

B. C.: En su conferencia va a abordar el asunto de la crisis financiera...

Jorge Alemán: La palabra “crisis” implica una apertura a un nuevo estado de las cosas, por lo que no estoy seguro de que exista una crisis. La crisis es para el ciudadano, pero no para el sistema. No nos abrimos a una nueva situación histórica, vamos a permanecer igual.

B. C.: ¿No cree qué el hombre puede reinventarse con esta situación?

Jorge Alemán: Me gusta la frase de que el hombre se reinventa, pero para ello tiene que proponer otra vida en común. Tiene que haber una reinvención política en la forma de pensar nuestra relación con el entorno que nos rodea.

B. C.: ¿Qué problemas detecta?

Jorge Alemán: El problema es que no hay una brújula. Ahora todos somos víctimas o consumidores, y a veces las dos cosas. Hay que volver a pensar en dónde estamos y quiénes somos. ¿Cuánto tiempo se aceptará esto? Igual siempre.

B. C.: ¿De qué forma afecta esto a la inmigración?

Jorge Alemán: Ahí hay un drama. Hay gente que sobra, que antes era requerida por su bajo coste y ahora está de más. Esto hace que te preguntes porqué con esta crisis no ocurre nada.

B. C.: ¿Qué opina de la relación cultural entre España y Argentina?

Jorge Alemán: España y Argentina mantienen una conversación cultural histórica por diversas razones: los exilios, lo generado en la literatura y el cine... La relación es permanente: el rock and roll, las coproducciones en el cine, el diálogo entre intelectuales...

B. C.:¿Esto se sigue manteniendo?

Jorge Alemán: Claro. Grandes ídolos actuales en Argentina son españoles, como Joaquín Sabina, que ahora está de gira allá. En España también hay ejemplos, como el homenaje que se le hizo a Mercedes Sosa o la muestra sobre los 40 años de Les Luthiers que se estrena hoy en Madrid.

B. C.: ¿De qué modo se refleja en la literatura?

Jorge Alemán: Muchos escritores españoles vivieron en Argentina, como Ayala o Alberti. Y ahora en España residen entre 30 y 40 novelistas argentinos. Hay absoluta compresión en las dos literaturas.

B. C.: ¿En la música?

Jorge Alemán: Gran parte de los fenómenos del rock en España vienen de grupos como Tequila o Los Rodríguez. Y de ahí quedaron Ariel Rot, Andrés Calamaro o Coti.

B. C.: ¿Y en el cine?

Jorge Alemán: Ricardo Darín es el ejemplo más claro. En la gran hecatombe económica de Argentina en 2001, se produjo un gran impulso del cine. El país se recompuso a través de la cultura.

* Publicado en: http://www.diarioinformacion.com/cultura/2010/02/05/seguro-exista-crisis/976571.html

06.02.10

Psicoanálisis aplicado a la terapéutica: Una experiencia de investigación y tratamiento de la Fibromialgia*. Santiago Castellanos de Marcos (Madrid)

01:22:20, por jalvarez Spanish (ES)

Como ustedes saben, la fibromialgia es un padecimiento cuyo síntoma cardinal es el dolor generalizado en el cuerpo, acompañado de otros trastornos corporales. Este es un fragmento de una paciente que relata en la primera entrevista: “Me han puesto esa etiqueta de fibromialgia y nos tratan como apestadas, como que estamos locas, no dormimos, tenemos tanto dolor que no remite con nada, tomo muchos analgésicos y no me hacen nada de bien. Cuando fui al traumatólogo me dolía todo como si tuviera cardenales, ahora ya no me deja, es continuo, cuando se me fue la regla me puse mucho peor, me entra mucho cansancio, estoy como sin fuerzas. No hay sitio en mi cuerpo que diga hoy no me duele esto. Cuando tuve a mi último hijo no podía cogerle de la cuna”.

El “dolor” es como una gran autovía por la que el ser humano se ve obligado a circular en muchas ocasiones aunque el origen del recorrido sea diferente y el destino también. A veces, por diferentes razones no sabemos salir de esa autovía una vez que entramos, o no salimos por el camino adecuado y volvemos al mismo lugar. Entonces, puede suceder que el cuerpo se hace cargo del síntoma y hable a su manera, en un lenguaje inmanejable para el discurso de la ciencia.

En este momento no hay teoría en la medicina sobre la causalidad de la fibromialgia, ni tampoco tratamiento eficaz. ¿Cómo es posible que suceda esto en la época en que la tecnología ha conseguido un desarrollo tan colosal y que el cuerpo puede ser estudiado, fotografiado, analizado y tratado hasta límites nunca antes conocidos? La paradoja radica en que el colosal desarrollo de la ciencia y la tecnología incluye un problema: la exclusión de la subjetividad del paciente.

La creciente hegemonía de las corrientes más biologicistas han apartado de la práctica clínica la consideración del sujeto que habla y ha retornado a las teorías según las cuales los síntomas pueden ser explicados a partir de las alteraciones que se producen en los neurotransmisores cerebrales y los sistemas neurohormonales y endocrinos que los regulan. Casi todo se podría explicar por los diferentes niveles de serotonina o dopamina, los déficits y excitaciones que se producen en el órgano de los órganos: el cerebro. Este reduccionismo biologicista impide comprender la relación que puede existir entre las perturbaciones corporales y las anímicas y conduce los tratamientos a un callejón sin salida.

La exclusión de la subjetividad tiene sus consecuencias. En general, los pacientes de fibromialgia, mujeres en su gran mayoría, circulan por el sistema sanitario sin encontrar un camino adecuado que les ayude a resolver la encrucijada en que les ha colocado su enfermedad.

Creo que es apropiado recordar la intervención de Jacques Lacan, durante una mesa redonda bajo el lema El lugar del psicoanálisis en la medicina auspiciada por el colegio de médicos en el hospital parisino La Salpetriere, el 16 febrero de 1966. Lacan dice: “Permítanme delimitar más bien como falla epistemosomática el efecto que tendrá el progreso de la ciencia sobre la relación de la medicina con el cuerpo…”. Cuando habla del concepto de falla epistemosomática, en este momento de su enseñanza, se refiere a la falla que se establece por el hecho de que la medicina no incorpora la incidencia del inconsciente, del lenguaje sobre el cuerpo.

Entonces en esa falla epistemosomática de la medicina sobre el cuerpo se puede alojar la práctica del psicoanálisis. A esa verificación responde este trabajo de investigación que se ha realizado durante cinco años y que está sustentado en la experiencia clínica y los historiales clínicos de más de 30 pacientes que se atendieron.

El dolor según Freud
Los primeros historiales clínicos de las pacientes que atendí se desarrollaron en las coordenadas de una clínica freudiana. El síntoma del dolor podía descifrarse, tenía un sentido.

Freud construye el psicoanálisis sobre la base de un modelo con dos niveles de integración, lo somático y lo psíquico. Al mismo tiempo propone las claves para el diagnóstico diferencial de los fenómenos somáticos y los psíquicos. Freud, que se especializó en neurología, diferencia la lógica de la estructura anatómica del sistema nervioso central que hay en las afectaciones orgánicas, de la psicopatología que responde a la lógica de las representaciones mentales conscientes e inconscientes.

Freud publica en 1895 el caso de Isabel de R. donde da cuenta de la cura de una paciente que en la actualidad podría ser diagnosticada de fibromialgia. Cuando la atiende Freud, Isabel Von de R. tenía 24 años y padecía desde hacía más de dos años dolores en las piernas y otras zonas del cuerpo y dificultad para caminar.

En los últimos años diversos acontecimientos traumáticos habían sobrevolado su vida: había fallecido el padre, su madre tuvo que someterse a una grave operación y después falleció su hermana. Freud dice que los dolores y su padecimiento la apartaban del trato social y de los placeres propios de su edad. Se quejaba de grandes dolores al andar, intensa fatiga, viéndose obligada a guardar reposo. Un siglo después este relato lo presentan más de un millón de personas en España, según estadísticas oficiales del ministerio de sanidad.

El procedimiento de Freud consistía en tratar de que la paciente enlazara por medio de la asociación las diferentes zonas dolorosas y las escenas enlazadas a esa sensación dolorosa. De esta forma iba haciendo un recorrido. Para Freud el síntoma del dolor puede descifrarse, tiene un sentido. Se trata de la huella de las palabras, de los significantes. Uno de los carriles que podemos encontrar en esa autovía es el del inconsciente, la vía regia para resolver el síntoma.

Tras el largo y exitoso tratamiento, Freud reflexiona acerca de qué es lo que se convierte en dolor físico, a lo cual responde con cierta prudencia que algo que hubiera podido y debido llegar a ser un dolor psíquico. “El motivo fue la defensa del yo contra dicho grupo de representaciones, incompatible con él, y el mecanismo de la conversión por el cual, en lugar de los sufrimientos anímicos que la sujeto se había ahorrado, aparecieron dolores físicos, iniciándose así una transformación cuyo resultado positivo fue que la paciente eludió el insoportable estado psíquico, si bien a costa de una anomalía psíquica, la disociación de la conciencia, y de un padecimiento físico, los dolores que constituyeron el punto de partida de una astasia-abasia” .

Tengo que señalar que las primeras pacientes que atendí respondían a la dirección de la cura en los términos en que operaba Freud, en la lógica de la neurosis. Atendí una serie de pacientes en las que podríamos considerar el dolor crónico del cuerpo como la manifestación somática del “dolor de existir”.

Una viñeta clínica
Una mujer de 48 años que se casó embarazada a los diecinueve. Relata una larga historia de dolores corporales generalizados. Ella habla de los problemas de alcoholismo de su marido y de que su dolor comenzó en una de sus recaídas. Desde entonces se ha planteado en varias ocasiones la posibilidad de la separación. Poco tiempo después habla del alcoholismo del padre que ha condicionado los avatares de su vida amorosa. Su vida ha sido un infierno, pero ahora que su marido solamente bebe de forma muy ocasional, las cosas siguen igual. Reconoce que desde hace muchos años no soporta que se acerque a ella y hasta duermen en habitaciones separadas.

Aquí se pone en juego una nueva dimensión del síntoma, que he podido observar de forma sistemática en muchos historiales clínicos. Algo queda elidido o problematizado por defecto o por exceso, estando el dolor directamente articulado con el deseo. Es en la medida en que puede preguntarse por su lugar en la pareja, tras un año de tratamiento, que ella puede encontrar un camino adecuado para salir de la autovía del dolor.

Ha pasado del síntoma del dolor, -un síntoma mudo sujetado al cuerpo-, a la apertura de una neurosis en la que la cuestión de la feminidad y la sexualidad ocupa el primer plano. El cuerpo no responde cuando su partenaire se acerca a ella. Su cuerpo está mortificado, por fuera de la dialéctica del deseo, es un desierto de goce y aparece el dolor en el lugar en que ella no encuentra ninguna tramitación posible con el goce de la vida.

Sin embargo, poco tiempo después me encontré con las dificultades propias de esta clínica desde el psicoanálisis y los primeros casos de psicosis, lo que me llevo a un replanteamiento del trabajo de investigación y a formular la hipótesis de la fibromialgia como un fenómeno transclínico.

La fibromialgia como fenómeno transclínico
La fibromialgia hay que considerarla como un padecimiento complejo. En ella nos encontramos con el síntoma del dolor como acontecimiento del cuerpo, pero “embrollado”, con el fenómeno psicosomático en el límite de la estructura del lenguaje y con fenómenos del cuerpo característicos de la estructura de la psicosis.
Podemos tratar el dolor como acontecimiento del cuerpo “embrollado”; en el que el goce está deslocalizado y se experimenta como dolor generalizado.

El tratamiento consiste en utilizar las herramientas del psicoanálisis lacaniano para que se pueda producir una localización y reducción del goce. Tomar el dolor como un acontecimiento del cuerpo supone para la práctica analítica una serie de dificultades y problemas que es necesario tener en cuenta.

En primer lugar, tal y como señala Miller, “nos encontramos con sujetos embrollados por el cuerpo, y a tal punto que el tema se plantea a menudo tratando de saber si el sujeto es analizable, porque, para analizarse, no hay que estar exageradamente embrollados por el cuerpo. Es necesario al menos que el sujeto pueda desembrollarse, y eso se logra con la simbolización”. Hay que considerar que la palabra “embrollos” tenía una connotación especial para Lacan en su última enseñanza: la relación a lo real. Lo real es el negativo de lo verdadero en el sentido en que no está ligado a nada, no tiene ley, no obedece a ningún sistema, está por fuera del lenguaje y no se deja dominar por lo simbólico ni lo imaginario; lo real enreda lo verdadero.

En segundo lugar, podríamos decir que lo característico del síntoma es la radical separación entre la subjetividad y el dolor. El elemento común que encontramos es el del rechazo al saber, al inconsciente, a la vertiente simbólica del síntoma como mensaje. El dolor es un síntoma que no pide nada, es la pura manifestación de un goce deslocalizado, algo muy diferente a los síntomas de la época de Freud. El síntoma es dirigido al médico para que le dé una respuesta de su causa y de su tratamiento, el paciente se sitúa siempre por fuera de su implicación en el mismo. Y en esto sí hay una línea común con las coordenadas de esta época que rechaza el saber, de decadencia de las referencias ligadas al ideal y de vacilación de los semblantes ligados a la cultura.

Lacan dice que el análisis recurre a pesar de todo al sentido para resolver el goce del síntoma. Si el sujeto nos propone la nada, el sinsentido del síntoma, nuestra apuesta es por que algo del sinsentido del síntoma se pueda tramitar por la vía de la simbolización.

El dolor y los fenómenos del cuerpo en la psicosis
En el ser humano la constitución de un cuerpo no sucede de forma natural. La reintegración en el cuerpo del lenguaje no está asegurada de antemano. Miller señala cómo esto abre el campo de los discursos que dicen lo que hay que hacer del cuerpo, lo que se llama educación: “La buena educación es, en gran medida, el aprendizaje de las soluciones típicas, de las soluciones sociales para resolver el problema que plantea al ser hablante el buen uso de su cuerpo y de las partes de su cuerpo: con esto hay que hacer esto, con esto otro hay que hacer esto. Esta distribución no opera en el esquizofrénico”.

Se trata de la distinción entre el organismo y la función, que siempre es problemática. En el esquizofrénico los órganos pasan fuera del cuerpo, en el sentido en que toman vida ellos mismos, tienen su propia vida, su propio lenguaje. Si no se produce la operación simbólica que permite que el cuerpo se pueda constituir, reunificar y sostener, nos encontramos con las perturbaciones corporales propias de la psicosis. El sujeto no ha encontrado la manera adecuada de ligar el órgano del lenguaje al resto. En la topología de los nudos es como si el registro de lo imaginario, el cuerpo, se encontrara desanudado del registro de lo simbólico y lo real, sin hacer cadena.

El sujeto psicótico, en ocasiones, encuentra sus propias invenciones para hacer algo con este problema de estructura, hacer algo con ello. El órgano del lenguaje del sujeto produce un ser hablante, es decir, le otorga un ser, pero al mismo tiempo le otorga también un tener, su tener esencial que es el cuerpo. El dicho esquizofrénico, Lacan considera que se especifica por el hecho de que para él, el problema del uso de los órganos es especialmente agudo y que tiene que tener recursos sin el auxilio de discursos establecidos, es decir que está obligado a inventar un discurso, está obligado a inventar sus apoyos, sus recursos, para poder hacer uso de su cuerpo y de sus órganos”

En la clínica de la fibromialgia, cuando aparecen los fenómenos del cuerpo propios de la psicosis, en los que un paciente puede decir “me duelen hasta las cejas”, “no puedo dormir por el dolor que me producen las sábanas” o “desde que me levanto no puedo caminar porque el dolor me inunda todo el cuerpo, no hay nada de mi cuerpo que no me duela”, etc., en muchas ocasiones se produce un cierto pasaje por la hipocondría.

Nos encontramos con la clínica en que las alucinaciones cenestésicas corporales y la certeza de padecer una enfermedad incurable ocupan el centro de la escena. La angustia invade al sujeto porque es el momento en que el goce del cuerpo se experimenta, allí donde el lenguaje tendría que haber producido el silencio. En estas ocasiones, siempre se trata de saber si la convicción de carácter delirante se produce en las coordenadas de un trastorno neurótico o psicótico.
Si la hipocondría incluye los síntomas del dolor de forma generalizada es probable que la misma medicina pueda proponer una nominación a los fenómenos del cuerpo: fibromialgia.

En una ocasión, me di cuenta de que una paciente esperaba siempre en la sala de espera leyendo libros sobre la fibromialgia. En ellos encontraba una orientación e incluso una explicación acerca de los dolores corporales, de carácter bizarro y claramente alucinatorios, que le producían una gran incapacidad vital. Tras la muerte del padre se rompió algo en ella en relación a su vínculo con la vida, atormentándose en múltiples ocasiones con la idea del suicidio. La relación con su pareja le resultaba insoportable, dándose la circunstancia de que compartían el mismo trabajo. Fue a través del diagnostico de fibromialgia que ella pudo encontrar una nominación de los fenómenos del cuerpo que le resultaban tan inquietantes. A través de este diagnóstico pudo dejar de trabajar y evitar, durante la jornada laboral, el encuentro con su marido, del cual tampoco se podía separar. En este caso hubo un pasaje por la hipocondría que produjo momentos de desesperación, angustia e ideas autolíticas y una nominación que permitió a la paciente iniciar un proceso de tramitación de una invalidez permanente para tener una prestación de la Seguridad Social.

El tratamiento de esta paciente se inició respetando el síntoma porque tenía una función de anudamiento que no se podía interrogar directamente. Se inició una conversación acerca de lo que le convenía a su estructura y lo que no le convenía sin cuestionar los trámites legales en que se encontraba. Fue precisa la indicación de medicación para contener los fenómenos del cuerpo y de esta forma aliviar algo del sufrimiento que padecía.

Este caso ilustra muy bien cómo la nominación que desde el discurso de la ciencia se realiza de los fenómenos del cuerpo puede tener la función de anudamiento, de forma que por la vía de una identificación −“tengo fibromialgia”− se provee de un pequeño “punto de capitón”. Esto se puede observar clínicamente sobre todo en las psicosis ordinarias, en las que el sujeto ha inventado en su vida pequeñas soluciones que han impedido el desencadenamiento de su psicosis, pero que en determinadas situaciones de la vida pueden ser insuficientes y entonces aparecen el dolor y los fenómenos del cuerpo.

Aquí entramos en todos aquellos casos clínicos en que se puede considerar el dolor como un síntoma de anudamiento o que cumple una función en la psicosis. En cualquier caso, este anudamiento suele ser precario y rudimentario porque en muchas ocasiones otras funciones corporales se encuentran extremadamente debilitadas. Levantarse, desplazarse o realizar las tareas más elementales de la vida cotidiana puede suponer un gigantesco esfuerzo por carecer de los instrumentos que el discurso simbólico introduce para sostener un cuerpo.

Consideraciones finales
1.-Lo novedoso es el florecimiento del síntoma, hasta el punto de que se ha convertido en un problema de salud a gran escala por los enormes gastos sanitarios que genera.

En la civilización actual, caracterizada por el rechazo al saber y a los ideales de la cultura y la palabra, lo que aparece es el lenguaje del cuerpo en sus diferentes modalidades. El cuerpo que está marcado por el lenguaje habla a su manera. El cuerpo es cada vez más sintomático, se expresa con sus síntomas, que habitualmente son dirigidos al médico para que le proporcione una solución.

En los historiales clínicos se puede constatar que casi siempre hay algo en la vida del sujeto que tuvo un carácter traumático y provocó una ruptura libidinal que no pudo ser asimilada. Entonces el cuerpo actúa en cortocircuito soportando el síntoma del dolor que no ha sido tramitado por la vía simbólica, de los afectos, de la angustia o del sufrimiento humano.

2.-En la clínica de la fibromialgia es fundamental un trabajo de articulación y colaboración del psicoanálisis y la medicina. La función del médico en este escenario es fundamental porque se trata de conducir al paciente de la orilla de lo somático a la orilla de la subjetividad. Esta operación se puede producir siempre y cuando el médico no retroceda ante la impotencia en que le coloca el saber de la ciencia y quiera ir un poco más allá, dando lugar a la escucha del sufrimiento del paciente. El médico debe tomarse un tiempo para ubicar las coordenadas de la vida en que se ha ido produciendo la aparición del dolor. Esto solamente es posible si no se precipita en tapar el agujero de la demanda.

3.-En la clínica de la fibromialgia nos encontramos con el problema de la estigmatización del diagnóstico, con los pacientes que tras un largo recorrido por el sistema sanitario terminan identificándose al mismo, descargándose de la responsabilidad subjetiva por el goce que soportan. En estos casos es fundamental la clínica del diagnóstico diferencial de la estructura, discriminar en las entrevistas preliminares si los síntomas corporales se producen en el marco de la neurosis o de la psicosis. La orientación de la cura es radicalmente diferente. En el caso de la estructura psicótica el síntoma puede tener una función de anudamiento del cuerpo que no se puede conmover sin preparar las condiciones para que otra suplencia pueda ocupar ese lugar.

4.- Las terapias de orientación cognitivo-conductual toman como orientación fundamental la adaptación al dolor, colocando a los pacientes en un callejón sin salida. Si la medicina no dispone de un tratamiento adecuado, entonces el psicólogo lo que debe hacer es un tratamiento para que el paciente pueda vivir con el dolor, sin preguntarse acerca de su función ni de la relación que pueda tener con los avatares de su vida.

Por otro lado, el inconsciente no es un objeto que pueda ser maniobrado con consejos o desde un punto de vista técnico o científico sino que, al contrario, es un saber que escapa no sólo al discurso de la ciencia, sino también al mismo sujeto. Las técnicas y los consejos que establecen las TCC para tratar el dolor están condenadas al fracaso. Puede haber algunos pacientes que puedan presentar una mejoría momentánea por el solo hecho de que alguien les atiende o les da un lugar, pero al final retorna el síntoma si no es movilizado el goce que lo sostiene. Es posible una salida distinta a la de la adaptación al dolor. Es la apuesta clínica desde el psicoanálisis de orientación lacaniana.

En el caso de las coordenadas de la neurosis se trata de que el paciente pueda hacer un recorrido a través de la simbolización que le permita un tratamiento del goce y salir de la petrificación del cuerpo fijado al dolor crónico, que generalmente le aparta del movimiento de la vida. Se trata de producir una modificación en el registro del goce para que el sujeto pueda establecer otro tipo de vínculos, encontrar su lugar en el mundo, aunque sea a la manera neurótica, y se produzca una cierta pacificación del goce del cuerpo.

5.-Junto al mundo que funciona según las leyes de la ciencia nos encontramos con “lo que no anda”, que es lo que Lacan llamó lo real. El padecimiento de la fibromialgia lo podemos considerar como aquello que “no anda” para la ciencia. El psicoanálisis reserva un lugar a eso que “no anda” y ésa es la “razón del psicoanálisis”.

En 1975 Lacan aclaró cuál era el tipo de racionalidad constitutiva del psicoanálisis y de la práctica psicoanalítica: “Lo real es lo que no anda. El mundo marcha, gira en redondo, es su función de mundo. Para percibir que no hay mundo (…) basta destacar que hay cosas que hacen que el mundo sea inmundo, si me permiten expresarme de este modo. De esto se ocupan los analistas (…) sólo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner pecho todo el tiempo, para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia”.

En el mundo de hoy en que el discurso del psicoanálisis se cuestiona por obsoleto y anticuado este trabajo de investigación ha tratado de dar testimonio de la razón de su existencia, aquella que opera por los desfiladeros en que la ciencia fracasa. “Lo que no anda” es un operador fundamental para la experiencia del psicoanálisis de orientación lacaniana.

* Resumen de la intervención oral presentada en la defensa del DEA. Intervención completa en: http://psicoanalisisymedicina.blogspot.com/
Con la amable autorización del autor.

03.02.10

La disculpa*. Fernando Martín Aduriz (Palencia)

15:20:25, por jalvarez Spanish (ES)

De un hecho de educación se ha pasado a una estrategia de habilidad social, sintagma maldito este de las habilidades sociales, tan de moda en algunos ambientes. De un hecho de cortesía, de cuidado por el otro, de respeto, la disculpa ha pasado a formar parte de una táctica aconsejada por el asesor de comunicación. El circuito va así: primero meten la pata, hacen declaraciones raras, o se comportan inadecuadamente, y acto seguido aparecen en los medios pidiendo disculpas. Pero ni tan siquiera se sienten culpables, lisa y llanamente lo hacen por indicaciones de sus asesores.

Desde luego el sentimiento de culpa tiene su recorrido. Sabemos que cuando alguien se siente culpable tiene siempre las mejores razones para ello, y no conviene desculpabilizar. Otra cosa es desangustiar, que sí. Las dificultades con la culpa se avienen muy mal con el tranquilizante, sea químico o bienintencionado, porque su registro está oculto, y sus hondas raíces llevan a escenarios muy protegidos en los que cuesta bastante entrar, más bien hay que colarse cuando el sujeto está más desprevenido y relaja sus guardias pretorianas. Con la culpa, con la vergüenza, con el sentimiento de ridículo podemos, no obstante, comunicarnos con honestidad cuando estamos frente a seres humanos con alma.

Pero con el desalmado cotidiano, ahora asesorado en algún cursillo de habilidades sociales para ejecutivos, nuestra única opción al escuchar sus disculpas es sonreir: soy humano, me equivoqué, pido disculpas, aprendí la lección, nunca más, etc. Enternecedor. Los tipos se quedan tan anchos y hasta puede que despierten aplausos entre el sector ingenuo. Sin embargo este par disculpa-habilidad social es tramposo, es un trabajo de impostura.

Las disculpas son un hecho necesario para la convivencia cuando nacen del interés por el otro, por tener en cuenta que ha podido molestarle nuestra actitud, nuestro retraso, nuestras formas, o simplemente nuestras palabras. Pero cuando pasan a convertirse en el resultado de una instrucción, de un entrenamiento en habilidades sociales son abominables. Esos entrenamientos evitan escuchar las razones del sujeto del inconsciente y sus lógicas, desprecian la subjetividad y anulan la espontaneidad. Otra cosa es pasarse el día pidiendo perdón por existir. Lo peor es que la culpa y la disculpa eluden el sentido de la responsabilidad. Pedir disculpas no es responder de los actos.

* Publicado en DIARIO PALENTINO el jueves 21 de enero de 2010. Con la amable autorización del autor.

01.02.10

¿Ayudan las ficciones literarias a entender la violencia sexista? José Ramón Ubieto (Barcelona)

01:21:28, por jalvarez Spanish (ES)

La principal novedad que aporta la adolescencia es que la vida aparece desprovista de sentido. Las palabras que hasta entonces servían al joven para situarse en el mundo, tomadas de los adultos, pierden su valor. Incluso muchas de ellas se rechazan por ser signo de impostura e inservibles para nombrar todos los cambios que supone la pubertad.

Surgen afectos de angustia, perplejidad y malhumor por la falta de palabras que puedan nombrar esa novedad en el cuerpo y en las relaciones personales, sexuales y sociales. Las respuestas a este malestar son variadas y unas más logradas que otras. Las hay que tratan de ahorrarse el encuentro con el otro que queda sustituido por la alienación al objeto (consumos de todo tipo), por el rechazo (anorexia) o por el pasaje al acto (conductas de riesgo, errancias, violencia).

Pero también encontramos el recurso a la invención y la creación para bordear ese vacío que surge y darle formas artísticas y creativas (teatro, música, danza, nuevas tecnologías, juegos de rol). La escritura sigue siendo uno de los recursos privilegiados en sus diversas expresiones: letras musicales, poesías, diarios, relatos,…El interés que despierta concursos como Ficcions, impulsado por deria.cat así lo prueba.

La violencia sexista es sin duda un tema que les concierne muy directamente porque pone a prueba las vías de salida de ese nuevo interrogante que es la sexualidad en acto, más allá de las fantasías infantiles. Disponer de ficciones sobre el tema escritas por ellos y para ellos es ya una forma de respuesta. Una invención más operativa y útil que muchas de las bien intencionadas campañas que proponen ideales de conducta sin tener en cuenta las verdaderas preguntas -no exentas de apremios subjetivos- que se plantean ellos sobre la relación con el nuevo partenaire sexual.

* Artículo publicado en el periódico La Vanguardia. Con la amable autorización del autor.

30.01.10

Mal día para pescar. Irene Domínguez Díaz (Barcelona)

14:37:11, por jalvarez Spanish (ES)

Excelente película del hasta ahora desconocido Álvaro Brechner que muestra, de una forma cercana, entrañable y con una narrativa inmejorable, el incesante baile entre los semblantes y el síntoma de los protagonistas de esta bonita historia.

El Príncipe Orsini es el mánager y representante del ex campeón mundial de lucha libre, Jacob van Oppen, un alemán grandullón, un luchador venido a menos. Su inicio nos ofrece el desenlace, como hace tiempo nos tiene acostumbrados el cine; eso sí, tenuemente velado: en un teatro de pueblo, sacan a un luchador casi muerto. Desde el primer momento, la trama se presenta clara a los ojos del espectador: Orsini es un farsante, un vividor ambulante, un hombre que se cree más listo que nadie y que ha hecho de la creación de una ficción, su modo de vida. Podríamos decir que él es un maestro de los semblantes; no en vano lleva el nombre de un famoso prestidigitador y no por casualidad, lo adorna con un rango monárquico. El embaucador hace creer a los pueblerinos de los lugares donde aparece, su propuesta: el espectáculo, único en el planeta, de ver al hombre más fuerte del mundo, con la añadidura de un ingrediente suculento: desafía con una muy generosa recompensa, a cualquiera que se atreva a resistir, tan sólo tres minutos en el ring, frente al campeón. Orsini es un profesional, lo tiene todo calculado: escoge contrincantes acabados o bien, los compra para que abandonen antes del combate. La segunda parte de su tarea, consiste en mantener creyendo a Jacob -un alemán bobalicón y domesticado por sus mentiras- que él sigue siendo el Campeón.

Pero el destino ha decidido, esta vez, jugarles una pasada. Llegarán a Santa María, su siguiente víctima, y ofrecerán el combate el mismo día que en el pueblo se organiza el concurso de pesca. Muy seguro de sus habilidades dialécticas, el Príncipe no tarda en convencer al director del diario local de la ocasión única que representa el evento. Éste accede a ayudarlo, aunque como el resto de los personajes, desde el primer momento se percata de la mentira de Orsini. Los preparativos para el combate sufren, sin embargo, un percance: una mujer, que no se deja engañar por los semblantes, decide presentar a su novio, apodado “el Matador”, al desafío: quiere la recompensa para casarse, quiere ver el dinero y no retrocede ante la historia de ficción, que trata de ofrecer el mánager, para comprar la retirada del contrincante que sabe muy superior.

El Campeón, por su lado, pasea su cuerpo viejo y enfermo a los ojos del pueblo, siempre bajo la mirada vigilante de Orsini que trata a toda costa de esconderlo para hacer vivir su leyenda. El grandullón espera una llamada que lo devuelva a su tierra como lo que fue, y sale de su agujero para hablar con Jesucristo en la Iglesia. Mientas, su representante trata de ir sorteando, con maestría de artífice, las complicaciones que se le van presentando.

Evidentemente, no tiene los dólares del desafío y la mujer no da su brazo a torcer. La potencia de sus mentiras empieza a alcanzarlo. Pero es un hombre sensato, no es un loco, y sabe muy bien, por sus cálculos, que lo único que pueden hacer, es desaparecer. Así, frente al Campeón, reconoce que ha perdido: le confiesa que él siempre lo apaña todo, pero esta vez, se le ha escapado de las manos. Rasguña la mentira que ha sostenido durante todos estos años: confiesa la verdad. Pero entonces Jacob entra en juego: él es el Campeón del Mundo y piensa aceptar el desafío. Decide atravesar el montaje de la historia de su acompañante y hacerlo realidad. Para él no hay ningún engaño que desvelar, nada lo va a detener. Incluso, nos sorprende sacando de su chistera, el dinero requerido.

El Príncipe se está destronando, se lo juega todo. El artista, el bohemio, el amo del semblante, cae en su propia trampa: pica el anzuelo que le tienden los viejos del pueblo, y pierde todo lo que le queda al póker. Pero un momento antes de su ruina, cuando creía haber engañado a los bobos, nos obsequia con un dicho: “si no tienes suerte, es mal día para pescar”. Y es que esa, es la metáfora que da cuenta de su propia situación.

El momento esperado llega. Hasta ahí, seguimos con nuestro marco de la historia en el mismo lugar: El Matador va a luchar contra el Campeón –mucho más fuerte, joven y sano que éste-, la mujer se siente victoriosa ante el fajo de billetes, el director del periódico se sienta a alimentar su experta perspicacia e inteligencia, y Orsini ofrece una mirada honesta a su partenaire , mezcla de pena, pésame y culpa. Los semblantes han caído, la verdad va a ser desvelada.

Es entonces cuando la película deviene un suerte de ejemplo epistémico de lo que es un acontecimiento, de lo que sucede cuando algo cesa de no inscribirse. El Campeón se queda inmóvil, es alcanzado por la brutalidad de la bestia de su contrincante: se deja coger, eleva los ojos al cielo, está recostado frente al poste de una esquina del ring, parece Cristo en el momento de la crucifixión. Entonces, en un solo instante, con una fuerza sobrenatural, toma al Matador como si de una pluma se tratara, y lo lanza encima de la fila de asientos del teatro Apolo. La leyenda deviene realidad y nos regala a todos una enseñanza: que la falsa línea que separa mentira de verdad, sólo puede ser construida a partir del marco del fantasma de cada cual. Ni los semblantes son mentira, ni la nada que ocultan, la verdad, y, en un instante, siempre inesperado, algo ocurre y todo cambia. Esta lúcida mostración sobre lo que constituye un acontecimiento, nos enseña cómo, después de él, ya nadie puede seguir siendo igual. La pareja sintomática se desanuda: el embaucador se libera de su propio embuste, ya no puede seguir siendo el Príncipe; el encuentro con su castración, lo pone andar aliviado, sin rumbo y sin corona. El Campeón, una vez demostrada su verdad, puede dejar el traje y retomar su camino de vuelta a casa. Y el resto, es decir, el director del periódico, la mujer y el espectador, han recibido su lección: “los que no se engañan yerran”, tal como nos dice Lacan.

Y es que su título, denomina, de una forma magistral, de lo que se trata: para el Príncipe Orsini era un “mal día para pescar”, siguiendo su sentido metafórico; pero también para Jacob, pues, cuando se combate, no se puede ir de pesca. Sin contar la dimensión de engaño que conlleva este peculiar deporte, tranquilo y apacible pero consistente en hacer picar un anzuelo, ese que contiene la trampa fundamental: la de pensar que los semblantes no hablan con lo real.

28.01.10

Una oportunidad política*. Juan Carlos Tazedjián (Valencia)

01:16:30, por jalvarez Spanish (ES)

Con la expresión “izquierda lacaniana” intentamos concebir a ese evento real, como el hecho “político” sobre el que un “saber hacer con” la “política” puede dirimirse, resolverse de un modo distinto a como lo hace la actitud conservadora y defensiva que promueve el miedo por aquello “desconocido” que puede llegar con el acontecimiento. Esto exige también separar, en la medida de lo posible, al psicoanálisis del “liberalismo lúcido” que se concibe a sí mismo como el único remedio infalible para la amenaza totalitaria. Este liberalismo tiene especiales dificultades para asumir que ciertas formas de explotación y desigualdad social, también constituyen una corrosión de la experiencia democrática en la sociedad civil. (Jorge Alemán)

Pareciera que la obra no tiene introducción, ya que no figura como tal, pero el “para” y los puntos suspensivos de su título son la mejor introducción posible a este inquietante libro.

Hay en esta recopilación de conferencias, textos y debates, un hilo conductor que las vertebra, y es la ardua y rigurosa tarea de contribuir a una reflexión seria “para”, “en la dirección de”, “hacia”, una izquierda del futuro. “La nota- aproximación aquí presentada, intentará entonces darle alguna verosimilitud a su título”, dice el autor.

Evidentemente, “izquierda” y “lacaniana” no parecen dos términos con vocación de estar juntos, ni en el discurso de la izquierda ni en la enseñanza del propio Lacan. Y en el intento de hacer verosímil su articulación, Alemán llega mucho más lejos de lo que pretende, sentando las bases, los fundamentos, de lo que llama “una eventual izquierda” y también “(…) algo así como una izquierda lacaniana”. Ni duda, ni vacilación, esta forma de nombrar su invención implica localizarla en el espacio propio, tanto de la izquierda como del psicoanálisis creado por Freud y recreado por Lacan: el de la conjetura . Espacio que en distintos momentos de la historia del psicoanálisis y la izquierda ha sido colonizado por el dogmatismo o la claudicación. Su propuesta tiene el incalculable valor de alejarse del primero sin caer en el eclecticismo del “todo vale mientras el relato esté bien construido” y del segundo, sin ceder a cierta tentación postmoderna de identificar los fracasos de la izquierda con una imposibilidad histórica.
“¿Qué significa ser de izquierda en el siglo XXI?” Alemán intenta responder a esta pregunta desarrollando ciertos puntos que trabaja “a la vez -dice- que intentaré determinar en qué puede consistir lo que llamo una izquierda lacaniana” . Y ese “a la vez” nos indica que, aunque no se trate de lo mismo, no son cosas distintas. No hay otra forma de realizar esta demostración sin el recurso discursivo que permite la banda de Moebius, esa figura topológica que en apariencia tiene dos caras pero que nos damos cuenta que es una cuando pasamos del exterior al interior, o viceversa, sin atravesar ningún borde. Dicho de otra forma: el lacanismo no es la cara interior de esa posible izquierda ni la izquierda es la súper-estructura de un lacanismo que está en la base.

Mi hipótesis es que Alemán, sin asimilar izquierda con lacanismo, nos dice que la izquierda del siglo XXI será lacaniana o no será. Lo cual no quiere decir que su discursividad estará impregnada de términos lacanianos sino que es en la enseñanza de Lacan sobre el sujeto, la segregación, la dominación, el discurso del amo, el discurso capitalista, la tiranía del superyo, la ideología como “lugar privilegiado en la fijación del sujeto a su realidad fantasmática” donde podemos encontrar los puntos de anclaje que nos permitan pensar una izquierda posible del futuro, capaz de producir la desestabilización del sujeto autista-consumista del neoliberalismo.

La propuesta de constitución de esta izquierda, requiere la previa deconstrucción de una izquierda “clásica” para la que el capitalismo es una necesidad histórica y el socialismo tiene en el horizonte el ideal de una sociedad sin antagonismos, reconciliada consigo misma, es decir apolítica. Ideal del que Freud y Lacan demostraron su carácter fantasmático, por ser lo que viene a taponar “la fractura incurable y sin solución” del sujeto, tanto en lo más singular como en lo social. Alemán se hace cargo de este “pesimismo” freudo-lacaniano, descubriendo en su propio seno, lo que llama “una oportunidad de política”. Entiendo esta oportunidad como una de las traducciones posibles del Kayrós griego, hijo de Chronos, cuyo tiempo es el del momento justo, la ocasión. El autor habla de una temporalidad- distinta a la del progreso- la del futuro anterior: “Lo que habré sido para lo que estoy llegando a ser…”. Temporalidad que, a mi criterio, no sólo no se opone sino que es solidaria del kayrós, ya que “lo que habré sido” es inseparable del momento oportuno de la decisión.

Esta noción, de origen sartreano y retomada por Lacan, es un punto clave de la propuesta de Alemán. “…la expresión izquierda lacaniana, es entre otras cosas un modo de volver a poner en cuestión el valor de la decisión, cuando se toma desde un fondo indecidible y sin garantías. Esto también implica indagar qué es una decisión en política, especialmente cuando ésta no remite al campo del cálculo utilitario de los semblantes, o dicho de otra manera, cuando se trata de una decisión que no está de entrada promovida y amparada por el discurso del amo” . Este fondo indecidible y sin garantías no es un fallo, ni una carencia de la aproximación de Alemán; por el contrario, es algo así como la marca de origen, el sello inaugural de una izquierda que pueda llamarse lacaniana, donde ningún Otro del dogma, del saber, de la predicción iluminada o de la evaluación técnica de su legitimidad, pueda cortar las alas del riesgo, la invención y la creación.

Por todo esto, los puntos suspensivos abren un espacio para lo no-sabido, para la docta ignorancia. Son puntos que mantienen “en suspenso” al lector, intimándolo a hacerse cargo con su decisión, de consentir a su inclusión activa en la provocación del autor. Después de leer la última página, alguien puede cerrar el libro y darse cuenta de que es de izquierda o que es lacaniano. Pero no basta con enterarse- como Monsieur Jourdain- que se habla en prosa, es preciso, al decir de J.-A. Miller, “un esfuerzo de poesía”. En otras palabras, ni ser de izquierda ni ser lacaniano, pueden pensarse de la misma forma antes y después del último libro de Jorge Alemán.

* Publicado en el nº 263 de El Viejo Topo. Con la amable autorización del autor.

25.01.10

¿Todos deprimidos? Psicoanálisis y depresión*. Margarita Álvarez (Barcelona)

00:48:26, por jalvarez Spanish (ES)

El uso extenso que se hace, desde hace unos años, del término “depresión”, la frecuencia cada vez mayor con que se hace su diagnóstico, junto al hecho de que, según las consideraciones de la OMS, la depresión podría devenir en pocos años una auténtica pandemia psicológica, vuelve necesario interrogarla. Se trata de poner la depresión en cuestión. De ahí el título elegido.

De manera cada vez más preocupante, los manuales de clasificación y diagnóstico de las enfermedades mentales organizan los síndromes en función de los efectos de los medicamentos, eliminado cualquier consideración al sujeto. Para las neurociencias, la depresión sería una enfermedad, un desajuste neuroquímico, una respuesta orgánica inadecuada a los problemas de la existencia, que se explicaría por razones biológicas, incluso genéticas. El aumento de número de casos no sería más que el reflejo de que hay mejores instrumentos de diagnóstico. Dado el coste sanitario que la atención a la depresión requiere, el coste económico que las bajas con este diagnóstico suponen al Estado, y el riesgo de suicidio que algunos casos podrían implicar, el objetivo de las políticas sanitarias es perfeccionar los métodos de detección y diagnosticar a los deprimidos lo antes posible, es decir, a ser posible antes de que estén deprimidos. Por eso, frecuentemente se recetan antidepresivos cuando hay desánimo, “para que no vaya más”, para prevenir la depresión, es decir, por el bien de la persona, que pasa de esta manera a engrosar lógicamente las estadísticas de los casos de depresión -sin duda la industria farmacéutica extrae de ello enormes beneficios y ayuda con sus campañas publicitarias a provocar un sobreconsumo de antidepresivos por fuera de sus indicaciones.

Consideramos que hay una lógica pervertida en este razonamiento, o como mínimo extraviada, es decir, desorientada, sobre la que los profesionales tenemos que reflexionar. Estar bajo, “down”, “depre”, desanimado, flojo, abatido, fatigado, sentirse vacío, aburrido, sin ganas... son algunas de las formas con las que el sujeto moderno expresa su malestar subjetivo, la sensación de que algo no funciona. No hay quue escucharlo como un signo de un problema neuroquímico sino como una metáfora del sufrimiento del sujeto en su relación consigo mismo y con los otros.

El psicoanálisis cuestiona el uso extendido del diagnóstico de depresión y la medicación generalizada con la que dicho uso se acompaña, que parece aspirar a eliminar cualquier signo de malestar de nuestras vidas. No hay duda de que el diagnóstico de depresión aumenta también en una época donde es obligatorio, imperativo, ser feliz.

Es necesario abrir espacios de reflexión sobre los tratamientos que hacemos y los programas que creamos, sostenemos o padecemos. No existen terapéuticas ni programas neutros: si pensamos y decimos, es decir, tratamos al sujeto, como enfermos nacidos con un trastorno de origen oscuro pero probablemente hereditario (cuestión que por mucho que se repita nunca ha sido probada), como si lo que le ocurre no tiene nada que ver con él, como si no puede hacer otra cosa para sentirse mejor que medicarse, le desresponsabilizamos de lo que le ocurre, como si no estuviera implicado íntimamente en lo que le pasa, como si no pudiera hacer nada para cambiar, lo cual es por sí mismo depresivo. No le tratamos como sujeto de su malestar sino que le reducimos a ser el objeto de un desajuste.

Tal como plantea la clínica psicoanalítica, el abordaje de ese cajon de sastre que se llama depresión, no puede hacerse sin una ética que tenga en cuenta que la relación del sujeto con la pulsión se sitúa en ese espacio que Freud nombró con un más allá del principio del placer y que si lo excluimos de nuestro campo retorna con una fuerza cada vez más funesta. En relación al abordaje de la llamada “depresión” hay entonces una clínica, una ética y una política a tener en cuenta.

* Extracto del texto leído en la apertura de la IV Jornada Clínica del CPCT de Barcelona: “¿Todos deprimidos? Clínica y ética de la depresión”.

23.01.10

Arte y parte. 1ª muestra de expresión plástica. Adolfo Santamaría (Valencia)

12:00:00, por jalvarez Spanish (ES)

Arte, parte, expresión (plástica, escrita….) son los términos con los que iniciamos esta muestra que recoge el momento de confluencia del trabajo de Vila-real y Castellón. La expresión en cualquiera de sus formas nos hace formar parte, nos sostiene y hace habitable el lazo social.

Sobre una red hemos querido representar el vínculo con el mundo y la función que el arte ocupa en ese anhelo. Pero arte es inseparable de la mano que plasma la emoción, el sentimiento… el goce que en definitiva es la huella de la pasión por la existencia.

La muestra que presentamos incluye el trabajo individual de Manuel Vives, Agustín Falomir, Paco Vicent, Miguel Calduch, Raul Medel, Ana Mancebo que han utilizado la pintura (óleo, tinta) el dibujo y el modelado escultórico.

El trabajo colectivo de las dos sedes del HD se ha realizado alrededor del “Viaje a Valencia” con la visita a la exposición de Sorolla y a la Pinacoteca Psiquiátrica (1915-1990) en noviembre. Este “viaje” no nos dejó indiferentes, los carteles que se presentan en esta muestra lo ponen de manifiesto.

Esta muestra de expresión, la primera, aspira a la continuidad, pero era necesario el esfuerzo de mostrar. Crear no es ajeno a nuestra condición, humana; nos hace ser arte y parte.

Participantes

Manuel Vives
Agustín Falomir
Paco Vicent
Miguel Calduch
Raúl Medel
Ana Mancebo
Vila-real hospital de día
Castellón hospital de día

Organizadores:

mar, olga, isabel, marinela,
yolanda, david, eli, carmen, tica,
judith, alejandro, silvia, piedad,
adolfo, cruz, begoña, fina, nuria,
nieves, marta, antonia, estanis,
miguel, alejandra, olaya, dolores,
luis, david, mªcarmen, david,
alicia, maría, cristian, josemiguel,
guillem, josemaría, manuel, juan,
daniel, anabelén, anabel, victor,
manolo, susana, rosa, gloria, fran,
maricarmen, bernardo, mariajose,
juanma, marta, mari, andrés,
joseantonio

Lugar: c/ Cardenal Costa nº 10
Castellón

Fechas:

23 de diciembre a 5 de enero
(Laborables de 11.00 a 15.00)

7 de enero a 30 de enero
(Laborables de 11.00 a 16.30)

21.01.10

Crónica: Presentación del libro de Domenico Cosenza “Jacques Lacan y el problema de la técnica en psicoanálisis”. Silvia Grases (Barcelona)

01:04:37, por jalvarez Spanish (ES)

El viernes 15 de enero de 2010 tuvo lugar en Barcelona la presentación del libro de Domenico Cosenza “Jacques Lacan y el problema de la técnica en psicoanálisis”, editado por Gredos en la colección Mente, Salud, Sociedad, en un acto organizado por la Biblioteca del Campo Freudiano de Barcelona.

El acto contó con la presencia, junto al autor, de Juan Ramón Lairisa, director de la Biblioteca, Elvira Guilañá, psicoanalista AME de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, y Silvia Grases, psicoanalista miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y traductora del libro.

Juan Ramón Lairisa abrió el acto de presentación de este libro, en el que el autor investiga ese ámbito problemático que fue la técnica para Lacan. A la luz de la enseñanza lacaniana, la técnica en psicoanálisis no consiste en un conjunto de normas estándar, sino que es un ámbito vivo y en relación con la lógica del inconsciente.

Elvira Guilañá inició su intervención animando al lector a leer detenidamente la introducción del libro, destacando que en ella el autor brinda una auténtica guía de lectura. En su participación hizo un recorrido a través de las tres partes que componen el libro, destacando la claridad de transmisión del autor y el eje que atraviesa el texto, esto es, la apuesta de Lacan por reconducir la técnica psicoanalítica a la retórica, siguiendo la lógica del inconsciente.

Silvia Grases se refirió al libro desde su experiencia como traductora, posición especial que introduce al traductor en la escritura propia de un autor determinado y lo conecta con su manera particular de usar la lengua. Destacó el espíritu de transmisión del libro y su excelente documentación, de la que dan cuenta las numerosas notas al pie y referencias bibliográficas.

A continuación tomó la palabra el autor, Domenico Cosenza, psicoanalista AME de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi y profesor del Istituto Freudiano y de la Sezione Clinica de Milán. Cosenza subrayó que el libro, en tanto tesis con la que devino docente del Istituto Freudiano en Italia en 2002, plantea desde el comienzo el problema de la transmisión. Añadió que esta investigación supuso para él reconstruir por escrito el camino de su orientación y que en algunos temas, y ante la falta de referencias, hubo de remitirse a su propia experiencia.

Se encontraba entre los presentes Vicente Palomera, director de la colección, que recordó haber escuchado a Domenico Cosenza en la presentación del DEA en el que se fundamentó este libro, en Roma en 2002. Fue ahí donde nació la idea de su publicación en castellano, que pudo hacerse realidad con la creación de esta colección de Gredos, dedicada fundamentalmente a dar a conocer en lengua castellana obras de psicoanalistas de otras Escuelas de la Escuela Una. Vicente Palomera lanzó además la apuesta de actualizar este trabajo, inquietud que el autor expresó compartir, destacando que la orientación de Lacan es la que hoy está en condiciones de mostrar con rigor que la técnica no se reduce a la cuantificación.

Cerramos esta reseña con una cita de Lacan recogida por el autor en la introducción de su libro, cita que destacó en esta presentación como el punto clave que había guiado su investigación: “No tenemos otro designio que el de advertir a los analistas sobre el deslizamiento que sufre su técnica, si se desconoce el verdadero lugar donde se producen sus efectos” , Jacques Lacan (La dirección de la cura y los principios de su poder).

18.01.10

¿El sujeto puede ser transparente?* José R. Ubieto (Barcelona)

12:00:00, por jalvarez Spanish (ES)

El debate actual sobre el uso de escáneres que desnudan en los aeropuertos va más allá de la medida concreta y del ámbito especifico de los vuelos. De hecho se incluye en una lógica mucho más amplia y que se sostiene en un ideal de transparencia y en el imperativo de lo “evidente” como garantía universal.

Hoy no se autoriza ninguna intervención en el ámbito de la subjetividad que no esté basada en las llamadas “evidencias científicas”. Una psicoterapia, un programa reeducativo, un proyecto de acción social sólo reciben financiación si responden a esa doble exigencia de transparencia y evidencia científica, principios de la evaluación de sus resultados.

¿Quién podría oponerse a esas buenas intenciones, que además parecen basarse en certezas y evidencias aportadas por la ciencia? De la misma manera ¿Quién podría resistirse a las recomendaciones sanitarias sobre la epidemia de turno, basadas también en razonamientos lógicos y “científicos”? Y por supuesto ¿quién podría negarse a ser un cuerpo transparente y “evidente” ante la mirada del Otro, en nombre de la seguridad pública y bajo los auspicios de todas las garantías tecnológicas?

La ciencia y sus desarrollos técnicos son un activo fundamental de nuestra civilización, al que difícilmente podríamos renunciar en el momento actual. Su aportación a la mejora de las condiciones de vida y a los estándares de salud es incuestionable. Pero todo ello no obvia que la ciencia como saber tiene sus límites, bien conocidos y admitidos por los propios investigadores. Y cuando se trata de ciencias aplicadas a la subjetividad y de ámbitos como la psicología, la educación, las relaciones sociales y personales esos límites no pueden obviarse salvo que queramos “ahorrarnos” lo más singular del ser viviente que es el sujeto mismo, sus elecciones y decisiones, erróneas o no. No admitir esos límites es convertir la ciencia en una pseudociencia y por tanto en una nueva religión de charlatanes sofisticados.

Nunca una tecnología debería eliminar el juicio y la valoración de un médico, de un psicólogo, de un educador, de un político y por supuesto del propio sujeto afectado, sobre las decisiones que se deben tomar porque ese juicio, susceptible de errores y riesgos, es fundamental y da la medida ética del acto mismo. ¿Qué valor tendría un acto médico, terapéutico, educativo o político si excluimos aquello que lo fundamenta, la convicción íntima de quien lo ejecuta, y lo sustituimos por la guía de un protocolo estándar? ¿Quién se haría entonces responsable de sus consecuencias?

El asunto de los escáneres es una buena prueba de esta tendencia a sustituir ese juicio por un imperativo de autoría anónima y justificada por supuestas “evidencias”, como muchas otras medidas vinculadas a la vigilancia y seguridad. ¿No era del juicio y valoración de los responsables policiales de quien dependía nuestra seguridad? ¿No eran ellos los que debían sopesar las informaciones que la tecnología les procura en nombre del bien público?

Cuando renunciamos a nuestra responsabilidad y nos resguardamos en la (falsa) promesa de la tecnología “que todo lo ve” nos volvemos cada vez más ciegos frente a lo que constituyen nuestros retos actuales como civilización.

* Publicado en el periódico La Vanguardia. Con la amable autorización del autor.

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