09.03.10
Crónica: El amor en las neurosis. X Conversación clínica del ICF en España. Margarita Álvarez (Barcelona)

El pasado fin de semana se celebró en Barcelona la X Conversación Clínica del ICF (Instituto del Campo Freudiano), con el título “El amor en las neurosis”. Contó con la participación de Jacques-Alain Miller y la presencia de casi medio millar de inscritos procedentes de distintos lugares de España. La coordinación estuvo a cargo de Vilma Coccoz y Xavier Esqué.
La elección del tema -cito las palabras de la comisión de organización- convocaba a debatir sobre las siguientes cuestiones: “¿Qué nos enseña la clínica lacaniana sobre el amor en las neurosis? ¿Qué formas presentan sus estragos, sus síntomas, sus soluciones? ¿Qué conexión podría establecerse con los avatares del amor de transferencia?”.
Para la conversación pudimos leer diez casos de otros tantos colegas: Anna Aromí, y Rosa María Calvet (Barcelona), Margarita Bolinches (Valencia), Mercedes de Francisco y Gustavo Dessal (Madrid), Blanca Fernández y Manuel Montalbán (Málaga), Fernando Martín Adúriz (Palencia), Marta Maside (A Coruña) y Felix Rueda (Bilbao) .
Esperando que estos trabajos sean difundidos, me limito aquí a situar algunos puntos que me resultaron más interesantes.

En un primer caso, una mujer acudió a análisis embrollada con el amor pero con sus condiciones eróticas claras: sólo puede amar a hombres excepcionales pero solo goza sexualmente con hombres “débiles”. El análisis permitió situar una defensa fuerte contra el deseo masculino, también una identificación viril extrema. Es un hombre que soñaba ser una mujer, planteó Miller. ¿Cómo se produce algo así? No sabemos. Sorprende tanto como en las psicosis: ni en un caso ni en otro podemos recomponer la causalidad.
Esta mujer se reconoció, durante el análisis, en el hombre de un sueño. Esa identificación viril imaginaria produjo un apaciguamiento, una reconciliación con su goce. Fue un momento de franqueamiento tras el cual el análisis se interrumpió. “Vino no sabiendo qué hacer con los hombres, incluido el que ella era, y salió sabiendo algunas cosas de su embrollo y más conforme con el goce”, escribe para finalizar su analista.
Un segundo caso permitió ver cómo el amor de una mujer por su padre, atrapado en un duelo imposible tras la muerte de su mujer, la puso al borde de la melancolización. Ante las dudas diagnósticas que surgieron en el debate, se distinguió que la identificación a la madre muerta tenía relación con que esta última fue el único objeto de deseo del padre. No era un caso de melancolía, la muerte aparece falicizada.
El análisis ayudó a esta mujer a construir, en primer lugar, la falla del padre, lo que aportó una revitalización. Posteriormente, ella pudo subjetivar una pérdida sufrida hacía tiempo en su propio cuerpo y consentir a la indicación médica de reconstruirlo.
Un tercer caso permitió descubrir tras la problemática de amor y de celos que la mujer planteaba inicialmente, el odio. El cuerpo y el mundo aparecían fuertemente devastado. No había ninguna presencia de goce o de amor.
El rechazo de la castración se reveló más radical que en otros de los casos presentados que, a diferencia de lo ocurrido en éste, encontraron alguna manera de reconducirlo. Esto llevó a pensar que se trataba de un rechazo forclusivo. La tesis de la paciente según la cual el verdadero amor exige cierta especularidad pudo leerse entonces en esta perspectiva.
En un cuarto caso, una mujer muy fuerte y capaz sufrió una desestabilización inesperada tras dejar a su marido. El análisis revelará una identificación muy sólida a un padre fuerte y creador.
En la relación de pareja ella está del lado del amo y sitúa al marido, que consiente a ello, del lado del esclavo. Las cosas parecían claras, pero cuando se separó del marido algo, que no sabía, quedó atrapado del lado de aquél.
J.-A. Miller planteó que un hombre puede no tener ningún atributo fálico imaginario y no obstante representar el significante fálico indispensable para la mujer. Así que cada vez que se encuentra una mujer fuerte hay que buscar dónde se localiza el significante fálico escondido, el portador que asume dicha función. Esto permitirá entender por qué, como en el caso de esta mujer, no pueden separarse de estos hombres aparentemente indignos: necesitan dicha función.
En el último caso que voy a referir, una mujer mantenía relaciones sexuales con el hombre que no la amaba y no las mantenía con el hombre que la amaba. J.-A. Miller señaló que lo central no era el hecho de ser amada o no, sino la posición del hombre como amado o como amante, es decir, si mostraba la falta o no.
Hay mujeres que tienen como condición que el hombre no sea amoroso, porque puede resultarles que no es plenamente viril. En este sentido, necesitan bad boys, no para que las maltraten, sino para que no les ofrezcan la falta, para poder falicizarlos.
Para finalizar, una cuestión sobre la escritura de los casos. J.-A. Miller señaló cierta tendencia a presentar los casos en esta conversación como historias de amor. Quizás el tema mismo, el hecho de que la construcción tuviera como eje el amor, había empujado a la búsqueda de motivos. Con ello, los casos se transformaron en historias, demasiado coherentes, incluso con un fuerte carácter literario. Sin embargo, los análisis enseñan que en cada sesión se producen nuevas perspectivas, que pulverizan la perspectiva anterior. Por ello, es más interesante recurrir a ciertas palabras que se repiten, por ejemplo, que a buscar motivos.
La construcción lógica del caso no debe ser cerrada o consistente sino que ha de dibujar, incluir, su propio agujero -el agujero del caso-, a distinguir claramente de un caso insuficientemente construido.
08.03.10
Crónica: Presentación de Mito y Poesía en el Psicoanálisis de Luis-Salvador López Herrero. Amalia Rodríguez (Barcelona)

El pasado mes de febrero, se realizó en la BCFB la presentación del nuevo libro de Luis-Salvador López Herrero, Mito y poesía en el psicoanálisis. Un experiencia a lo real (Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2008).
El acto fue presentado por Juan Ramón Lairisa que, tras introducir al autor, colega de Castilla-León, hizo una referencia a la reciente -y siempre sorprendente, por escasa- presencia de la obra freudiana en la prensa española. El motivo: el haber prescrito en todas las lenguas los derechos de autor, lo que da vía libre a la difusión universal de toda su obra. La excepción, comentó con ironía Lairisa, es el territorio español, donde la legislación obliga a esperar veinte años más...
El acto, fue una ocasión excelente, y muy grata, para volver a los orígenes mismos de la experiencia analítica. Margarita Álvarez fue la encargada de comentar el texto y plantear el progresivo desplazamiento del discurso analítico desde el mitema al matema lacaniano. Hizo, a continuación, referencia a lo que el psicoanálisis comparte con la mitología y la poesía: el intento de cernir, mediante las palabras, un real indecible, que la ciencia y, por ende, la pretendida psicología científica, excluyen.
Tanto en Freud como en la primera enseñanza de Lacan, encontramos distintas, pero frecuentes, referencias a ambas disciplinas. Si para Freud el estilo casi literario de sus escritos venía determinado por el objeto de estudio en juego, Lacan, en la medida en que su enseñanza avance, hará entrar los caminos freudianos de la letra por los raíles de la lógica en aras de una mejor formalización.
Sin embargo, la dimensión del mito y de la poesía son ineliminables del psicoanálisis, en tanto éste apunta siempre al núcleo real del síntoma.
La cuestión que, desde el presente, plantea Margarita Álvarez es cómo relanzar el mito cuando el relato, en tanto permite bordear el síntoma, es decir, la pregunta por el origen, ha perdido su valor. El acriticismo de hoy elude el enigma, es decir, la relación del sujeto con su inconsciente.
En su intervención, Luis-Salvador López Herrero comenzó por situar este libro en relación a su obra de 2004, La cara oculta de Salvador Dalí, para dar cuenta de la progresión de su relación con el psicoanálisis, corte del que este nuevo libro da cuenta para formular nuevas preguntas desde un lugar en que la anterior ilusión de la creencia en el Otro es sólo un resto: ¿Se puede reducir entonces el psicoanálisis a una mitología como afirmó Wittgenstein? ¿Cómo afecta la naturaleza del objeto en juego en psicoanálisis a su formalización?
En una época “marcada por el furor de la ciencia, la técnica y el pragmatismo cognitivo-conductual”, el autor realiza un anudamiento entre mito y poesía en la obra de Freud y de Lacan para situar cuáles son las coordenadas del psicoanálisis en el siglo XXI y cuáles son sus elementos constituyentes. La central distinción entre ficción y mentira, le llevó a señalar que en Lacan hay una transferencia negativa con Freud.
Fue un provocador punto de partida que dio lugar a un debate muy animado en torno a cuestiones siempre vigentes y, desde luego, candentes.
*Mito y Poesía en el Psicoanálisis. Luis-Salvador López Herrero. Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 2008
05.03.10
Crónica: Presentación de Mujeres una por una y las Ciencias inhumanas. Magda Bosch (Barcelona)

El miércoles 3 de febrero y a las siete en punto de la tarde, se realizó la presentación, por primera vez en un espacio público, de dos producciones de la ELP (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis), fuera del marco habitual de la sede que acoge las actividades de la Comunidad de Catalunya de la ELP* y de la Biblioteca del Campo Freudiano .
Se trata de dos publicaciones que dan cuenta y responden a dos malestares que aguijonean la actualidad: el malentendido en la relación entre los sexos y la incidencia de la ciencia en lo real.

Shula Eldar, que presidía la mesa, abrió la convocatoria evocando la incidencia de la ciencia en nuestras vidas. Incidencia a la que responden los dos libros a presentar, recopilación de las elaboraciones de varios psicoanalistas lacanianos, miembros de la Federación Europea de Escuelas de Psicoanálisis.
Pasó, luego, la palabra a Vicente Palomera, director de la colección de la ELP-Gredos y editada, según afirmó él mismo, para dar a conocer a la cultura contemporánea una racionalidad que incluye a Freud. Enumeró los títulos publicados hasta el momento, entrelazándolos a la historia de la constitución -10 años atrás- y a las sucesivas etapas de la elaboración teórica y práctica de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis.
Para entrar en el objeto de la convocatoria aludió a la querella entre los sexos como la maldición que reside en el corazón de la relación entre el hombre y las mujeres, derivada del hecho de que las palabras no son suficientes para decir el goce.
Tema del que da cuenta Mujeres una por una, recopilado por Shula Eldar, libro que Rosa Calvet pasó a presentar, enunciando en primer lugar, la elección de hacer girar su discurso en torno a los efectos producidos por la lectura de los 16 textos**, 7 de hombres y 9 de mujeres: los hombres, dijo, razonan sobre la cuestión del Otro sexo según la lógica masculina. Lógica, que puede hacer, añadió, un conjunto cerrado, con la excepción.
Algunos plantean una feminización del discurso (lógica del no todo) que lleva a una dimensión del goce inconmensurable.
Citó, luego, a Gustavo Dessal, presente en la mesa, retándole a debatir en su turno, a partir de la tesis en la que dibuja a las mujeres como identificadas al modelo masculino, el goce de la contabilidad, y situándose, ella, del lado de la tesis de Serge Cottet que apuesta por los embrollos contemporáneos de la identificación así como de las presentadas por Marie-France Borot y Vilma Coccoz .

Correspondió a Gustavo Dessal, como compilador, la presentación de Las Ciencias inhumanas , libro que reúne una serie de textos que denuncian al cientifismo como una operación de domesticación de la vida humana.
Gustavo situó el libro como respuesta a El Libro Negro del Psicoanálisis y con el deseo de desenmascarar la ilegitimidad de cierto empirismo, un cientifismo, desviación espuria de la ciencia.
Voy a tomar ahora, -enuncia-, la defensa de mi texto, el cual no entra en una contradicción absoluta: se plantea cuál es el estatuto de la mujer en un mundo que va a una feminización, los semblantes se encaminan, cada vez más, a la revalorización de las emociones. Rosa Calvet, por el contrario, argumenta, en el sentido de que cuando los semblantes de la feminidad son manipulados por la lógica del todo fálico, desemboca en el estrago.
A lo que Dessal responde: Ya no hay un Uno totalizador, hay un relato.
Disiente Calvet al afirmar el goce femenino de la palabra, como goce de la cultura, en clara oposición al goce de la naturaleza, camino por el que entran en una escenificación dialéctica del malentendido estructural entre los sexos al que, tal vez faltó una pizca de sordina.
Shula Eldar, tercia, enunciando una apropiación de los semblantes femeninos: el hombre se propone para ser mirado, hacerse objeto de la mirada. Y Vicente Palomera concluye, con la afirmación de que ello no impide a los hombres gozar también del lenguaje, a su manera, es decir, a tenor de las diferencias masculina y femenina de gozar del lenguaje.
Así se dio por terminado un acto de presentación, convertido en mesa redonda por virtud de la contingencia.
* ELP Escuela Lacaniana de Psicoanálisis
** Escritos en cifras para subrayar el juego de los números.
03.03.10
¿Derecho al cambio de sexo en los niños? Beatriz García Martínez (Madrid)

Recientemente aparece en el suplemento del New Yorker -que el diario
El País incluye los jueves- un artículo sobre la nueva tendencia en los Estados Unidos a atender las peticiones de niños que piden un cambio de sexo. Se trata de un caso extremo de la cuestión de la libertad de los pacientes para pedir a los médicos lo que consideren conveniente.
El caso resulta extremo porque se trata de niños, a los que hasta no hace mucho no se les reconocía tanto derecho a opinar, y también porque en la sociedad americana este respeto a la libertad del individuo se lleva a límites que aquí nos resultan aún exagerados. No obstante, me parece indicado emitir una opinión, dado que por experiencia sabemos que muchos de los cambios que primero se operan en EE.UU. se trasladan aquí no mucho tiempo después.
El artículo hablaba de niños entre 5 y 10 años que manifestaban su desacuerdo con su sexo biológico, y a los que todo un movimiento de padres y médicos abogaba por reconocer su derecho a tal desacuerdo, tomando medidas, no solo en relación a permitirles vestir con ropas del sexo contrario, sino también a medicarlos para retrasarles la pubertad y dar así tiempo a decidir un cambio quirúrgico y hormonal, más sencillo cuando no se han llegado a desarrollar los caracteres sexuales secundarios.
Lo que el psicoanálisis puede decir sobre esto es que hay muchas razones por las que un sujeto puede renegar del sexo biológico con el que ha nacido, y elevar eso a la categoría de un deseo que debe ser acatado con la intervención de la medicina, es olvidar que un sujeto sólo es libre cuando conoce aquello que lo determina en sus decisiones. Un psicoanálisis puede ayudar a poder separarse de lo que el sujeto fue para el deseo inconsciente de quien lo trajo al mundo y a hacer elecciones guiadas por una libertad que merezca ese nombre, pero para que eso pueda llegar es necesario que el médico, casi siempre el primer destinatario de estas demandas, tenga en cuenta estas consideraciones en su ética profesional.
Las citadas consideraciones valen igual cuando se trata de otras demandas menos dramáticas de los pacientes. Lo interesante de este artículo es el modo tan crudo en que muestra la tendencia de los sujetos contemporáneos a considerarse “hijos de sí mismos”, a rechazar la idea de que su pensamiento y sus decisiones puedan tener algo que ver con las circunstancias de su venida al mundo, los deseos, miedos, dificultades, etc., de aquellos que lo criaron, al tiempo que se somete al peor determinismo posible, el genético, del que no hay escapatoria.
La asunción de la pertenencia a un sexo por parte de un sujeto no es una cuestión sólo de educación, ni de química ni de genética. Se trata de un proceso complejo en el que, por sorprendente que parezca, se juega algo de una decisión inconsciente donde interaccionan muchos factores.
El sujeto es efecto de una estructura de lenguaje que le viene de aquellos que lo reciben en el mundo, pero es una estructura que tiene agujeros, por eso no se trata de un determinismo como el de la genética. Tratar estas cuestiones, al igual que muchos otros problemas infantiles, como una cuestión de hormonas, neurotransmisores, etc., puede desorientar hasta extremos estremecedores, como muestra el artículo citado al principio.
28.02.10
Mirarse en el espejo*. Iván Ruiz (Barcelona)

¿Qué vemos cuando nos miramos en el espejo? ¿Quién podría certificar con seguridad que la imagen que allí encontramos es lo mismo que lo que creemos ser? Entre lo que vemos y lo que somos hay un abismo que el espejo evidencia. Es este abismo lo que hace imposible mirarse mirar, por ejemplo, y es justamente por eso que la relación de cada uno de nosotros con el espejo nunca ha sido fácil.
La literatura y el cine están plagados de ejemplos: la bruja de Blancanieves se desmonta cuando en el espejo aparece la belleza de la princesa, que desmiente la suya, su belleza, y le confronta con lo que siente sobre ella misma que no está en el mismo nivel que la imagen que se le presenta; o el protagonista de 8 Millas, el cantante de rap conocido como Eminem, que se mira en el espejo para asegurarse una vez más su identidad a partir de la imagen allí reflejada y en una tensión agresiva que le impulsará a salir a escena para la competición de raperos, todos ellos, por cierto, negros, con quien le resulta difícil identificarse; o en el Drácula, de Bram Stocker, donde el personaje de Keanu Reeves ve detrás suyo al vampiro, que no se refleja sin embargo en el espejo que tiene delante.
El espejo inaugura la identidad del ser humano desde muy pronto. La identidad de un individuo no es más que la certeza de que hay una fuerte correspondencia, de que coincide de alguna manera lo que uno es con lo que cree ser. Se produce, lo sabemos, en los primeros meses de vida, cuando el niño atraviesa la experiencia de mirarse al espejo y de ser reconocido por un otro, el adulto, que identifica que lo que él ve es lo que dicen de él ser, es decir él mismo. Decimos mirar, pero ¡esto es ya mucho decir! Para mirar se requiere un esfuerzo que se impulsa siempre en una intención, la de ir más allá del ver.
Para mirar hace falta un ver ciertamente más activo. Cuando el niño se encuentra ante el espejo y puede pararse para ver lo que allí se refleja, entendemos que lo que está sucediendo es que su desarrollo ha llegado a la madurez suficiente como para ordenar su entorno a partir de un orden que le permitirá moverse y dominarlo autónomamente.
La operación que se producirá entre el ver y el mirar comportará que todas aquellas percepciones de su cuerpo, difícilmente comprensible si no se tiene la idea de un cuerpo unificado, quedarán centradas e identificadas en una imagen que, por una parte, es la suya -porque hay un otro que la reconoce como tal -, pero que, por la otra, no le pertenece del todo, pues esa imagen no la puede recibir si no es desde el exterior. Lo que gana, entonces, por un lado, lo pierde por el otro, obteniendo como resultado la constitución de su subjetividad, digamos de su identidad, dividida entre lo que es y lo que la imagen le retorna. En efecto, un periodo crucial y, por tanto, complejo de la subjetividad humana. ¡No es porque sí que no encontremos recuerdos en nuestra memoria de ese momento inaugural!
El espejo ocupa también el protagonismo en la escena de El imaginario del Doctor Parnassus, la última película de Terry Gilliam, que todavía puede verse en las salas de cine de nuestro país. Parnassus, el mago ambulante que recorre con su show itinerante la oscuras calles de una gran ciudad, ofrece, por un módico precio, entrar en el interior del espejo que transporta y en el que se encuentra todo su imaginario. Mujeres ricas, niños desorientados, mafiosos vengativos y todo aquel que lo quiera, tienen la posibilidad de entrar en el mundo de fantasía de Parnassus, que está detrás del espejo y donde viven desde sus deseos hasta los fantasmas de una vida ya pasada pero que insisten en sus sueños y en sus preocupaciones.
El imaginario de Parnassus podría se una versión cinematográfica del inconsciente descubierto por Sigmund Freud. De hecho, fue él, el primer psicoanalista de la historia, quien consideró vital la capacidad humana de imaginar -no sólo la del poeta sino también la de cualquier niño, desde el momento en que empieza a hablar. Imaginar implica encontrar las imágenes que cargan las palabras y situarlas en un espacio que no es el de la realidad. A la vez que el imaginario dibuja una frontera con lo que es real -la imaginación sirve desde niños para evadirse del peso de la realidad, se pretende, de entrada, como un espacio de satisfacción y protección-, el mundo imaginario de cada uno se configura, también, como una reserva de su particularidad, en ningún caso idéntica a otra.
El espejo es el primer marco de una realidad que se convierte de golpe en virtual y que contiene la primera mirada sobre uno mismo, la primera imagen en que alguien imagina y desea ser. Detrás vendrán otras imágenes, objetos, otros deseos, fantasmas...
* Artículo publicado en el diario L’Enllaç dels Anoiencs, el jueves 11 de febrero de 2010.
26.02.10
Entrevista: «El todos iguales es una pendiente totalitaria que mortifica a la gente»*. Clara Mañanes (León)

El psicoanalista bilbaíno Félix Rueda Soler participa en León este viernes en un acto organizado por la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y la Biblioteca de Psicoanálisis de de Castilla y León. A partir de la pregunta ¿Qué pasa con la autoridad? Rueda despejará las incógnitas de un tema que tanto preocupa a la sociedad y ofrecerá una visión psicoanalítica de la pérdida de este atributo y las condiciones para su recuperación. El acto es a las 20.00 horas en el Aula Paraninfo de la Universidad de León (Centro de Idiomas, Jardín de San Francisco).
Clara Mañanes: ¿Qué es la autoridad, ahora que parece haberse superado que no es autoritarismo?
Félix Rueda Soler: La etimología latina es autoritas: el que funda. Tiene que ver con el crear y es un modo de poder, un atributo del gobierno. El que obedece consiente, el autoritarismo es otra cosa. No es solamente poder (potestas), pues en este caso se usa la violencia; pero tampoco es la persuasión o la seducción para llevarse el gato al agua. La autoridad en la escuela es algo que reconocen los alumnos o no lo reconocen: tiene que ver con el respeto y las figuras de prestigio.
C. M.: ¿Por qué se ha perdido la autoridad en nuestra sociedad?
Félix Rueda Soler: "Tiene que ver con la irrupción de los totalitarismos en Europa en el siglo XX, por una lado, y posteriormente la esperanza en las ideas de progreso, persuasión y rehabilitación han hecho que el poder tenga un descrédito muy grande. La escuela se ha querido regular durante mucho tiempo y ahora convertirla en un lugar para todos, sin excluidos para evitar desigualdades. Se ha hecho uso del poder del lado de la violencia, lo que se contestaba combatiendo la autoridad. Se ha pasado de la política de mano dura a «tenemos que hablar».
C. M.: ¿Y el resultado?
Félix Rueda Soler: Ahora hay una desesperanza total. Todo se tiene que conseguir sin retardos. Somos consumidores de derecho, y la infancia no está preservada de ciertas cosas., también es sujeto de consumo, consumidores de técnica. La respuesta al autoritarismo fue la esperanza en una cultura igualitarista, el derecho al consumo. La autoridad implica una individualidad mayor.
C. M.: ¿Es necesario recuperar la autoridad? ¿Es posible? ¿Cómo?
Félix Rueda Soler: Hemos transmitido igualitarismo y hedonismo. La etimología de autoridad tiene que ver con las creaciones, con la autoría. Las personas que sostienen su práctica con cierta pasión, ya sean maestros o arquitectos, ganan el respeto. Pero el sistema de evaluación y la protocolización del ámbito cultural desresponsabilizan a las personas de su acto profesional por temor a las denuncias. Hay que recuperar una dimensión de que lo que uno hace genera efectos de respeto.
C. M.: ¿Hay muchos obstáculos? ¿Quiere la sociedad que haya autoridad?
Félix Rueda Soler: Los protocolos desresponsabilizan, supuestamente protegen, pero burocratizan y reducen a normas lo que tiene que ver con la parte más íntima de cada persona. Hay una dimensión de cierto control detrás de este sistema. Por ejemplo, con la crianza de los hijos se ha dicho que hay que dejarlos llorar, no cogerlos, como si fuera igual para todos. La escuela para todos no garantiza el éxito: los segregados, antes fuera, ahora son segregados dentro. Se hace un esfuerzo por detectarlos pronto con técnicas de evaluación. La autoridad tiene que ver con la autoría, la creación. Y lo que a un educador le puede servir, a otro a lo mejor no. De un profesor nos puede interesar la relación que tiene con la asignatura: el deseo de transmitir, la pasión. Y el alumno tiene que consentir a lo que hace el maestro.
C. M.: ¿Quiere decir que los problemas de la escuela no están sólo en un alumnado supuestamente indisciplinado y violento?
Félix Rueda Soler: Hay un imperativo enorme que se carga sobre el cuerpo docente: se cree que si algo no lo consigue la educación, no lo consigue nadie. Que los conocimientos sean cada vez más técnicos borra el verdadero lazo educativo que hay que generar: el deseo de transmitir y de consentir. El malestar del alumnado es el aburrimiento y el del profesorado, la violencia.
C. M.: ¿Hay que ser ejemplar para tener autoridad?
Félix Rueda Soler: Eso es la tradición. El castigo tenía que ver con eso, pero hoy el castigo no funciona. Hay una enorme impotencia de los adultos que debieron transmitir.
C. M.: ¿Qué soluciones propone el psicoanálisis?
Félix Rueda Soler: Esta época de evaluación generalizada es un rechazo de la subjetividad. La transmisión siempre se hace de uno a uno y hay gente que lo logra. Tiene que ver con las invenciones. Nuestra práctica con personas aquejadas de malestar nos dice que hay algo paralizante detrás de la culpa. Hay que avivar un cierto deseo de lo que uno hace.
C. M.: Usted trabaja con niños y niñas con autismo ¿No está de acuerdo con la escuela integradora?
Félix Rueda Soler: El tratamiento de los niños identificados a un trastorno (hiperactivos, espectro autista) tiende a borrar su singularidad. La escuela para todos no garantiza el éxito. Así pues, exigidos por la evaluación se están haciendo clases de buenos y malos de manera encubierta en algunos centros. Y ún así hay algunos profesores que consiguen algo con los «malos».
C. M.: Se dice que el objetivo es la calidad educativa.
Félix Rueda Soler: La calidad total es una vuelta a un cierto totalitarismo, como ha dicho recientemente Bernard Henri Levi. Es el paradigma actual de malestar. Hay algo de lo íntimo que se pone en juego en el acto de cada uno, desde estudiar una carrera a enseñar. Recuperar esto es un modo de vivir, mientras que el «todos iguales» es una pendiente totalitaria y antidemocrática que mortifica a la gente.
Lugar:
Aula Paraninfo. Antigua Facultad de Empresariales. Jardín de San Francisco
Día y hora:
Viernes, 26 de febrero a las 20.00 horas
Participan:
Teresa Gutiérrez, concejala de Bienestar Social, Mujer y Escuelas Infantiles, Mar Arias Sarmiento, psicóloga y Puri Arias del Real, psicopedagoga.
*Publicado en el Diario de Leon.es: http://www.diariodeleon.com/noticias/noticia.asp?pkid=509937
25.02.10
RI3: la base de la reconquista. Nathalie Georges (Burdeos)

El pasado mes de enero tuvieron lugar en Burdeos las IX Jornadas RI 3 tituladas Casos de urgencia . Presentamos aquí un precioso texto de Nathalie Georges escrito inmediatamente después de este acontecimiento .
El tratamiento por la urgencia, tal es la paradójica solución de los insolubilia preconizada por Jacques-Alain Miller. Durante estas apasionantes jornadas de RI3, la alegría tan particular que anima la práctica singular de cada uno resonaba en los momentos compartidos. Una intensa alegría que puede expandirse en lo común tan pronto como ha tenido el tiempo de deslizarse en los significantes de la transmisión. Pudimos tomar la medida de los retos actuales y de los que nos esperan en los diez próximos años.
El psicoanálisis permanece como la referencia exigente e inasequible de cada uno de nuestros actos. Él es el nombre de la responsabilidad de cada uno en el tratamiento de los goces, del suyo y de aquellos otros, uno por uno, de los que se hace, desde que puede y porque lo quiere, su partenaire.
El psicoanálisis no pretende ejercer ningún monopolio pero sí resistir en todos los frentes al empuje tiránico del goce-ciencia (jouisscience) desencadenado.
El psicoanálisis se sitúa decididamente del lado del viviente, de los lazos, aunque sean un poco locos, que constituyen la conquista de la aventura humana, en la medida en que no renuncia a su extraña solidaridad con las lenguas y la palabra, donde explota los recursos poéticos con audacia y prudencia, sin pretender confeccionar recetas con sus invenciones; huellas, quizás.
Nuestras reservas no son infinitas, sin duda, pero las de las TCC tampoco lo son. La guerra de los presupuestos ha comenzado, nosotros le sobreviviremos. Ha habido épocas oscuras, y personas que, arriesgándose, defendieron manuscritos y obras maestras para que atravesaran la negra noche y el día gris, que no serán eternos. Este paso, RI3 lo inauguró hace dos años, lo recordaba Jean-Robert Rabanel, cuando evocaba las Jornadas sobre el autismo en el corazón de Clermont, justo donde surgió el estrago de la «cultura de la evaluación» Tenía razones para alegrarse, este año, en Burdeos.
¿Nuestros fracasos serán siempre la materia de nuestra enseñanza? En todo caso nos invitan a la modestia. El malentendido del niño, tan bien explorado por Philippe Lacadée, es tanto el de los padres como el de los analistas que, presos del entusiasmo de los descubridores, no supieron acogerlo siempre.
Hemos pasado página, y ahí de nuevo más freudianos, si recordamos que fue con su papá que Juanito aprendió a hablar. Lo que los niños de la generación de los Lefort nos han enseñado debe ser, de nuevo, insuflado en la nueva clínica que, más allá de toda cura, vehicula siempre la espera, la plegaria, la rebelión, es decir, las modalidades del deseo humano de las que Lacan sabía que crecen como los lirios del campo tan pronto como elhombre (lom) se adueña de la palabra -que le capturaba desde siempre, aunque él no lo sepa. Y es por lo que, en el cruce con un analista o un analizante, él se ha detenido, para ver, y a aprendido a escuchar, sin saberlo tampoco.
ABRICABRAC, la asociación de Burdeos creada por Maryse Roy, tendrá sus retoños.
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Traducción: Vilma Coccoz
Revisión: Guy Briole
22.02.10
Crónica: El enigma del autismo. Carmen Orúe (Sevilla)

Forma parte del Ciclo de Conferencias que bajo el título genérico Malestares Actuales, la Sede de la ELP junto al Instituto del Campo Freudiano viene celebrando en Sevilla. Estas conferencias tienen lugar mensualmente en La Casa del Libro, siendo precisamente de la mano de Vilma Coccoz, con quien en marzo del 2009, celebráramos por primera vez un acto en esta Institución. Imperativos mayores impidieron que en esta ocasión pudiéramos reencontrarnos de nuevo entre libros, por lo que tuvimos que trasladarnos a la Sede de la Escuela Lacaniana, sita en la Avenida San Francisco Javier, Edificio Sevilla 2 Planta 4ª. El acto fue presentado por Estanislao Mena, y fue seguido por unas 30 personas.
Comenzó Vilma justificando el título: “El enigma del autismo”, y es, a partir de este momento, que el término enigma, al igual que en el psicoanálisis, -como nos dirá Vilma más adelante-, estará presente como hilo conductor, desde el principio, hasta el final de su conferencia y ello, por el valor que para la clínica psicoanalítica tiene este término.
Tendría que comenzar con un elogio del enigma, nos dirá, porque el enigma, según se mire y según se entienda, despierta el interés, el deseo de saber. Ya en la antigüedad, las personas que se ocupaban de fabricar acertijos y enigmas para entretener a los poderosos, eran muy valoradas, por ejemplo en la corte. Un acertijo, un enigma, es un artificio que saca partido del sentido oculto y de las imágenes, que indica que hay que encontrar otro significado que el que aparece, que el que está en primer plano.
Después nos va a hablar de Mallarmé y de Lacan, y se va a parar en la figura de Freud para decirnos que descubrió, en el corazón del sujeto, lo oscuro, no la luz. Se ocupó de lo enigmático, de lo misterioso, de lo oscuro que había en las palabras, en los síntomas, todo ello, elementos a ser desechados por el discurso “racional”. Y, en lugar de remitirse a la razón, a la conciencia, a la voluntad, se ocupó de cosas pequeñas; los lapsus, las equivocaciones, los sueños, los actos fallidos, los síntomas, y con eso, nos cambió el mundo.
Tras este prolegómeno, nos conduce, nos acerca a la opacidad del lenguaje a través de un texto Jacques Alain Miller, y de éste, hablará de las dos opacidades del lenguaje. Dos opacidades que se constatan cuando nos enfrentamos a algo que no entendemos y nos preguntamos qué quiere decir. Ante esta pregunta podemos resolver inmediatamente, porque parece que las palabras tienen el mismo sentido para todos, o bien, nos quedamos detenidos, sabemos que las palabras quieren decir algo y eso es lo que Miller llama el quod de la cosa, distinto del quid de la cuestión. El quid es lo que la cosa significa pero el quod es, la certeza de que hay algo, pero no sabemos qué. Este es el recurso del cine y la literatura fantásticos: hay presencias enigmáticas, algo se percibe, está, se hace notar, pero no le podemos atribuir inmediatamente un sentido, una significación.
Y esta opacidad del lenguaje le sirve a Vilma para introducirnos en la opacidad del autismo y nos dirá, que también hay dos maneras para enfrentarse a este problema, dos maneras de tratar “El Enigma del Autismo”, la Psicología y las TCC, que creen saber lo que es el autismo, que creen tener el quid de la cuestión, y hablan de que el problema es un gen, es neurológico, es una falla cerebral, etc., y de lo que se trata es de reeducar a estos seres, porque ellos saben lo que hay que hacer con los autistas.
La otra manera, la que nos enseñan los poetas y el psicoanálisis Mallarmé, y Lacan, para preguntarse con ellos, ¿qué es lo que pasa, por qué se presenta esto, qué ha ocurrido para que un niño, un ser, se detenga en el proceso de la humanización, se niegue a la palabra? Y nos dice: decía Lacan, que hay algo constitutivo en el ser hablante respecto al lenguaje, pero, en estos seres, algo se congela, pero no da ninguna respuesta sobre lo que podría ser la causa. Si nos indica que es muy importante mantener el carácter del enigma, el valor del enigma, que es una manera de indicar que la causalidad del autismo no es neurológica, ni genética, sino que está vinculada al lenguaje, es decir, que es ahí, resaltará Vilma, donde debemos resolver la oscuridad, la opacidad que representa el autismo.
Y entramos de lleno en el campo del psicoanálisis y en la clínica del uno por uno, porque no sabemos nunca, dirá, antes de que la persona se ponga a hablar, del enigma que representa su síntoma; de la misma manera que no lo sabe el propio analizante, por lo que el enigma forma parte de la práctica cotidiana, como también formó parte de su historia desde el comienzo. Freud, nos dirá, encontró, como la razón de la humanización del deseo, el complejo de Edipo.
Edipo fue famoso, y su complejo de Edipo fue posible porque resolvió dos enigmas, es decir, que la historia del psicoanálisis está vinculada directamente a uno de los grandes enigmas de la cultura: la figuración del problema del deseo humano. La cuestión es que, cuando nos enfrentamos a los enigmas de los otros, normalmente borramos el carácter enigmático y nos aproximamos a comprender con nuestro diccionario mental, ya Freud detectó este problema y en “Psicopatología de la vida cotidiana” nos dice:
“A través de mi pensamiento, circula una incesante corriente de autoreferencia de la cual no tengo noticia generalmente, pero que se manifiesta cuando intento comprender por ejemplo los olvidos. Parece como si hubiera algo que me obligase a comparar con mi propia persona, todo lo que sobre personas ajenas oigo y como si mis complejos personales, fueran puestos en movimiento al percatarse de la existencia de los otros. Esto no se debe a una cualidad individual mía, sino que por el contrario debe constituir una muestra que todos tenemos de comprender lo que nos es ajeno”.
Y termina su exposición, Vilma, presentándonos algunas peculiaridades del autista, algunas singularidades en su modo de hacer, de sentir, de crecer y ello a través de la presentación de dos libros, que reflejan claramente cómo, de la manera en que nos relacionamos con el otro, con lo ajeno, con lo extraño, depende el vínculo que vamos a establecer y sobre todo, la posibilidad de que un sujeto pueda manifestarse en su singularidad, o no.
“María y yo”, escrito por Miguel Gallardo, donde cuenta la historia de su hija autista y como decía Vilma muestra el drama de este padre intentando comprender el enigma del autismo de su hija. María es una niña tratada con terapias mediante la utilización de fichas, y donde de alguna manera se pueden apreciar los efectos del uso de la autoreferencia en la terapia.
Nos lee Vilma párrafos donde vemos cómo el autista no puede tomar la palabra en nombre propio, nos dirá, no es que no puedan hablar, pueden repetir, pueden hacerse eco de muchas cosas, pero, como dice Lacan, hay algo que se congela en ese punto y el asunto es, de qué manera se puede recuperar ese lazo al otro, ese lazo al diálogo que está interrumpido de una manera enigmática, que no sabemos por qué se ha producido.
- ¿Qué tal, Maria?
- ¿Qué comiste hoy en el colegio?
- Lili me pegó
- ¿Que qué comiste hoy en el colegio?
- Lili me pegó
- María, te he preguntado que qué comiste hoy en el colegio.
- Lili me pegó.
- ¿Lili te pegó?, deja que la pille.
- Espaguetis y pollo.
Y del otro lado, “Nacido en un día azul”, es un testimonio de un adulto autista, Daniel Tammet, que realizó un autotratamiento de su autismo, de su propio enigma y que pone en evidencia las tesis lacanianas del psicoanálisis sobre el autismo, la causalidad psíquica y lo que llamaba Lacan, nos recuerda Vilma, la insondable decisión del ser, porque en todos los autistas que nos brindan su testimonio, se puede localizar el momento en que decidieron salir del autismo, en que tomaron la decisión de abrirse al otro. Y trajo a colación, algún párrafo de este libro:
“Nací el día treinta y uno de enero de 1979, un miércoles. Sé que era miércoles porque para mí esa fecha es azul, y los miércoles siempre son azules. (...) Igual que un poeta elige sus palabras, para mí algunas combinaciones de números son más bellas que otras: unas van bien con números más oscuros, como los ochos y los nueves, pero no tan bien con los seises. Un número de teléfono con la secuencia «189» me parece mucho más bonito que una serie como «116» (...) “Normalmente me resulta difícil comprender las emociones o saber cómo reaccionar ante ellas, así que utilizo los números como ayuda. Si un amigo me dice que se siente triste o deprimido, me imagino a mí mismo sentado en la oscura cavidad del número seis para ayudarme a experimentar el mismo tipo de sensación y así comprenderla..”
Es este tratamiento que Tammet hizo de su propio enigma lo que nos acerca a los autistas, porque, el gran problema que tenemos todos, como dirá Vilma, el gran problema es, ¿cómo vivimos? Nuestra vida es un intento de resolución de nuestro propio enigma, hay algunos como Joyce, que no necesitaron el psicoanálisis para resolverlo, lo resolvió a través de la escritura, otros recurrimos al psicoanálisis y gracias a ello, además, intentamos ahorrarles dificultades en el desciframiento de sus enigmas, a las personas que vienen a vernos.
Y ahora, por, el contenido humano de su exposición, por el compromiso de sus mensajes, y por la hermosura de sus palabras, me ha parecido más sensato, transcribir pequeños pasajes de última parte de su conferencia
“… porque todos, todos los seres humanos, tenemos el derecho a usar el lenguaje como mejor nos parezca, a usar los enigmas para poder vivir y para poder desear, porque, no nos olvidemos que lo que despierta el deseo es el misterio, el encanto, el enigma que despierta en nosotros. Entonces tenemos que cultivar en el Campo Freudiano, el derecho que tiene todo autista, que tiene todo ser hablante a descifrar su enigma y a usarlo como le parezca en la relación con los otros.”
“… estamos hoy ante un problema de derechos humanos. La psicología cognitivo conductual está haciendo del autismo un trastorno incurable. Estas psicologías se dedican, con prácticas abominables, como las llama Jacques Alain Miller, a modelar, a tratar de forzarles a comportarse según las normas de la buena educación, es decir, eliminando completamente la subjetivad de estos niños. Tenemos que tomar partido, tenemos que luchar en defensa de los autistas, como sujetos, igual que por nosotros…”
“... Va a haber en pocos meses un Foro Internacional del Autismo* organizado por el Campo Freudiano en España. Tenemos que evitar que muchos profesores, muchos psicólogos, muchos logopedas, sigan en una práctica equivocada, que sólo les representa una frustración cada día, porque si hay algo que les puedo asegurar, es que a un autista no se lo domina, encontrará la manera de preservar, a pesar de todos los pesares, de preservar su singularidad, como hace María, que hagan lo que hagan ella sigue aferrada a su modo de jugar con la arena, y a su particular manera de hacer conjuntos, o como el ejemplo de Tamet que es algo verdaderamente impresionante, es asombroso lo que ha conseguido. Pero por eso mismo nos sirve de ejemplo para poder ayudar a los autistas, a sus enigmas y a sus familias, a los que vienen a nosotros, para poder orientarles y que no intenten ahogar el enigma que su comportamiento, aparentemente raro, paradójico, enigmático tiene, porque ahí, en ese comportamiento está vivo el sujeto.
“… si somos capaces de hacer eso, seremos capaces también de respetar el enigma que somos cada uno de nosotros para nosotros mismos y de conservar algo de esto, porque, si lo conservamos, si lo usamos bien, de esto depende también que podamos seguir interesándonos por el lenguaje, por la vida, por las cosas divertidas, por las cosas que no están escritas ni están dichas, y esta es nuestra manera de plantear las cosas. La perspectiva del psicoanálisis lacaniano con el autismo es la perspectiva de mantener el sujeto, el sujeto y su enigma”.
* Foro Autismo: http://foroautismo.blogspot.com/
20.02.10
Apuntes sobre la supervisión institucional*. Margarita Álvarez (Barcelona)

Las instituciones pueden pensarse como defensas colectivas frente a lo real del goce. Estas defensas adquieren su consistencia de distintas maneras: a través de los ideales con los que sus distintos miembros se identifican, por las normas con que se organizan o con el saber en el que se sostienen.
En su afán de regulación del goce, de que las cosas marchen, las instituciones tienden a servirse de protocolos y tratamientos de aplicación universal. De este modo, adquieren consistencia y, al mismo tiempo, padecen de ella.
La universalización tiene como fin taponar la inconsistencia del Otro, allí donde surge la singularidad del goce. Pero el tratamiento que una institución le da, no lo elimina. La modalidad de regulación que instituye vehicula, a la par que esconde, una modalidad de goce propia que permanece como un punto ciego institucional. En tanto lo simbólico no alcanza a regular el real que él mismo genera, las instituciones no pueden más que fallar su cometido.
Todas las instituciones cojean
Podemos pensar las dificultades que los miembros de un equipo enfrentan en el trabajo institucional como puntos de impasse ante el encuentro con un real que les confronta con lo imposible de soportar. Puede ser relativos: 1) A la tarea que le es específica; 2) a su propio funcionamiento. Para abordar estas dificultades, se puede recurrir a un trabajo de supervisión, sea clínica o sea institucional. Ambas tienen objetivos y funcionamientos diferentes.
La supervisión clínica en el ámbito institucional se ocupa de la construcción de un caso, de la extracción de su singularidad, en definitiva, de su elucidación. La supervisión llamada institucional, sin embargo, se centra en el equipo mismo y su relación con el funcionamiento de la institución, así como en las modalidades de lazo social que los miembros establecen entre sí; en otras palabras, el objeto de la supervisión, el caso a construir, no es un tercero ausente sino el equipo mismo, que está presente. Al haber, en la primera, una distancia respecto el objeto a tratar, las coordenadas estructurales parecerían facilitar, aunque ello no lo asegure, el trabajo de supervisión, mientras que, en la segunda, esa distancia debe construirse.
Me propongo hacer, primero, algunas reflexiones sobre este último punto e ilustrarlas con una experiencia en la que participé hace años como miembro del equipo de una institución dedicada a la salud mental; en segundo lugar quisiera hablarles de otra experiencia que tuvo lugar hace ahora cuatro años, cuando volví a entrar en contacto con dicha institución como asistente a la presentación de enfermos que la Sección Clínica de Barcelona realiza en su seno, y que me enseñó que no se trata tanto de crear dispositivos específicos: lo que está en juego es el discurso analítico.
La supervisión como lugar y como función
El término “supervisión” viene de mirar desde lo alto y hace referencia por lo común a una visión superior, una compresión más global de lo que ocurre. La supervisión es, en este sentido, considerada como una situación en la que alguien más experimentado acompaña a alguien que lo es menos en el aprendizaje o el cumplimiento de una tarea. Sin embargo, Lacan critica todo lo que refiera la supervisión al insigtht, a la comprensión. En la supervisión, se trata de una escucha (1).
Siguiendo esta orientación, quiero plantear que la supervisión, más que una situación es un lugar y, en tanto tal, requiere de un vacío para existir. La supervisión requiere en primer lugar dejar vacío el lugar de la verdad, lo que es solidario con la fórmula lacaniana “no hay Otro del Otro”. Esto modifica necesariamente la relación con el saber.
En la supervisión institucional, hay que situar qué idea del saber tiene el equipo. ¿Se trata del ideal de un saber único que estaría en manos de algunos y al que todos deberían aspirar y adaptarse? Un ideal así desautorizaría cualquier otro saber, lo que podría dar lugar a la rivalidad o a la desresponsabilización. El hecho de que por lo general los diferentes saberes no coexisten en organizaciones horizontales sino verticales, reguladas por relaciones de jerarquía, facilita la pendiente hacia el conflicto. También puede ocurrir que, al tratar de defender la autoridad que se sustenta en el saber y la experiencia de cada uno, se rechace la autoridad jerárquica. En estos casos, encontramos una manera común de borrar el lugar de S(%): un autorizarse a saber desautorizando el saber del otro. El supervisor puede ser llamado a ocupar un lugar de saber sin fisuras para dar la razón a uno u otro, es decir, para perpetuar el conflicto.
La primera experiencia
Tuvo lugar en una comunidad terapéutica que había nacido, en 1977, bajo el lema “La libertad es terapéutica”, tras la estela de la antipsiquiatría y del movimiento previo a la reforma psiquiátrica que se puso en marcha en España a finales de los 70. Al poco tiempo, sin embargo, se convirtió en un servicio concertado y pasó a formar parte de la naciente red de salud mental transformada en una unidad de agudos. Este paso introdujo cambios tanto en la población asistida como en la propia organización y las relaciones que los miembros del equipo mantenían entre sí, que rápidamente se jerarquizaron. Las dificultades surgieron. Por lo general, tenían relación con la no aceptación de los distintos saberes vinculados a las distintas formaciones y funciones.
El malestar cristalizó en identificaciones sólidas por estamentos, lo que no hizo sino empeorarlo. Para encontrar una salida, se decidió abrir un espacio regular de supervisión institucional, de asistencia obligatoria. El supervisor era un psicoanalista que trabajaba en la línea de la entonces llamada “psiquiatría de sector” -actual “psiquiatría comunitaria”.
Las propuestas de trabajo oscilaron entre: 1) Hablar directamente de los problemas del equipo; y 2) abordar distintos puntos del trabajo institucional, tratando de construir, a través de la teoría, una distancia que permitiera una elaboración sobre el conflicto. Ninguna de las dos propuestas funcionó. La palabra, para hacer referencia a un sintagma célebre de la época, no circulaba y las posiciones se mantuvieron más o menos intactas. Cada uno parecía esperar de la supervisión que el otro rectificara, que el supervisor validara la propia verdad, que dirimiera la buena manera de hacer las cosas, el buen funcionamiento.
Pero el supervisor tiene una función de escucha, lo que es incompatible con una posición de amo. No se trata de una escucha impotente o fascinada, que favorezca la queja o dispare la obscenidad. Se trata de una escucha que devuelve al otro su mensaje en forma invertida. Esta escucha, como señaló Jacques-Alain Miller hace dos años (2), es una respuesta. Pero una respuesta que no obtura S(A -barrada-) y, por tanto, favorece la emergencia de un nuevo decir, de una nueva relación con el dicho (3).
El objetivo de una supervisión no es transmitir o construir un saber que sirva para todos, que haga reinar el acuerdo en el equipo. Se trata, más bien, de que sus miembros aprendan a soportar el encuentro con S(A -barrada-), es decir, a manejarse con la inexistencia del Otro, lo que les ayudará a regular su relación con el ideal, a descompletar el saber y a encontrar un buen uso de las normas, que contraríe el “para todos” institucional.
La función de la supervisión es velar por abrir ese lugar en la institución, pero poder hacerlo o sostenerlo no es solo tarea suya. Por eso, la supervisión debe ser voluntaria. Los participantes han de poner en juego su propio deseo, lo que conlleva aceptar el trabajo propuesto y participar en él. Si no, la supervisión se desliza hacia el automatón con consecuencias sobre la formación, que queda necesariamente tocada.
Una experiencia nueva
Hace algunos años, volví a tener contacto con la institución mencionada. La Sección Clínica de Barcelona llegó a un acuerdo con ella para realizar en su seno presentación de enfermos.
Lo relevante no es si aquella institución seguía siendo o no la misma que yo había conocido muchos años atrás -seguramente, muchos aspectos del equipo, de la institución y de las exigencias asistenciales habían experimentado importantes modificaciones-, lo que me interesa subrayar es la modalidad distinta con la que se presentó el trabajo y sus efectos, también distintos: los miembros del equipo asistencial no fueron obligados a asistir pero sí invitados a hacerlo y, asimismo, a participar de forma activa: a retomar los puntos de interés o de dificultad que les surgían, es decir, sus propias preguntas, y a trabajarlas en un seminario clínico aparte. Rápidamente empezó a movilizarse un interés por la reflexión y el estudio entre varios de ellos, que tuvo efectos de formación en su práctica clínica. Para mi sorpresa, la presentación de enfermos se convirtió, en dicha institución, en un lugar de escucha, un lugar de respuesta.
Estas dos experiencias me enseñaron que no se puede determinar de entrada qué dispositivo será apto para crear ese lugar. No es una cuestión de encuadre o de técnica sino de discurso y de posición, dos cuestiones estrechamente vinculadas, ambas, con el deseo del analista.
*Extracto del texto preparado en el marco del Encuentro PIPOL 4 y publicado originalmente en francés en La petite Girafe 30: “Pas sans réponse”. Paris: Institut du Champ freudien, octubre 2009.
Notas
1. J. Lacan. El Seminario, libro 1: Los escritos técnicos de Freud (1953-1954). Barcelona: Paidós, 1981, p. 120.
2. J.-A. Miller. “Hacia PIPOL 4” (2007). En: Revista Freudiana 52. Barcelona: CDC-ELP, 2008.
3. J. Lacan. "Conferènces et entretiens dans des Universités Nord-américaines" (1975). En: Scilicet 6-7. Paris, Seuil, 1976.
18.02.10
Exposición de un torero peculiar. Antonio de la Cueva Delgado (Sevilla)

Entre los días 16 de diciembre de 2009 y el 31 de enero de 2010, se estuvo desarrollando en el Casino de la Exposición de Sevilla, todo un recorrido a través de la vida y obra de un Torero sevillano peculiar, del cual, algún tiempo atrás, durante la apertura de la sede de la ELP en Sevilla, tuve la oportunidad de hablar en una ponencia titulada “Aniversario Torero”. Hoy nuevamente es necesario volver a comentar algunas ideas sobre este torero sevillano, intelectual muy reconocido y sentido entre los escritores de la generación del 27, dado que fue impulsor y mecenas de este movimiento.
Sánchez Mejias muestra su admiración por Freud, y en su faceta de dramaturgo, va realizar una de las contribuciones más importantes de extensión del Psicoanálisis en España. Un año después de anunciar su retirada de los toros, para dedicarse a la literatura y al teatro, decide llevar al teatro madrileño Calderón, el 24 de marzo de 1928, la obra “Sinrazón”, con la compañía teatral de María Guerrero López y Fernando Díaz de Mendoza. Obra de gran éxito de crítica que se traduciría al alemán y al portugués.
Como dato curioso, resulta que el hospital psiquiatrico de Miraflores, estaba situado muy cerca del cortijo “El Pino”, propiedad del torero. El dramaturgo reconocía tener buenos amigos entre los locos. Muchos de ellos solían asistir a fiestas y meriendas en Pino Montano. De hecho, eran frecuentes las visitas que realizaba al manicomio de Miraflores. Según Ignacio, pasó mucho tiempo hablando con los internos y pensando su primera obra, que la escribiría en 8 días. De hecho, el manicomio inspiró el argumento y los decorados de “Sinrazón”. Respecto a los comentarios que causó la obra en el público y los críticos, comentó el poeta Rafael Alberti: “No era, como esperaba el público, de ambiente taurino. Sucedía en un manicomio un problema de locura o razón, que Ignacio resolvía gallardamente, como en su mejor tarde de lidia. Un raro éxito, además del primer intento de teatro freudiano en la lengua castellana”.
Pues bien, como decía su obra teatral la “Sinrazón” es la primera obra escrita en castellano absolutamente basada en el psicoanálisis. Nadie, exceptuando Benavente, se había atrevido a tales divagaciones. Año 1928 por cierto, en el que se solicitó insistentemente el premio Nóbel para Freud y, sin embargo, supuso un doloroso año, dado que se encontraba aquejado por las intensas molestias de su cáncer, además de padecer una conjuntivitis que no le permitía leer. Año en que, según creo, fue el único de su vida profesional en que tampoco escribió nada importante. Sin embargo, ese mismo año el torero sevillano intenta dramatizar las teorías de Freud.
Aunque sería largo detenerse en todo el contenido de esta obra, si quisiera esbozar algunos elementos de la misma, puesto que aún hoy día, siguen siendo muy vigentes los diálogos que se exponen en el guión.
La obra que constaba de tres actos. Empieza el primero con el escenario a oscuras y una voz declamando una frase de Nietsche: “Aquellos que vivimos un sueño, siempre que lo vivamos con frecuencia, pertenece, al fin y al cabo, a la totalidad de nuestra alma, como cualquier otra cosa realmente vivida”.
A partir de aquí se plantea la trama de la obra: un enfermo, aparentemente curado, don Manuel, hombre muy rico, decide fundar un manicomio en el cual cada enfermo tenga convertidas sus fantasías en realidades. Para tal empresa cuenta con la colaboración del doctor Ballina, psiquiatra convencido de la utilidad del psicoanálisis y que acepta la idea de don Manuel con el fin de poder poner, poco a poco, en marcha sus ideas psicoanalíticas. Sin embargo, este doctor será estrangulado por uno de sus pacientes. Pues bien, con una larga escena donde se produce una larga conversación entre don Manuel y Ballina, dice así el Doctor Ballina:
“Hay quien opina, con sobrado fundamento, que la locura es al hombre despierto lo que el sueño al hombre dormido. Un hombre loco es, por tanto, un hombre que sueña constantemente. El sueño, según las teorías modernas, es un deseo reprimido por nuestra conciencia. En la realización de este deseo se toman incoherentemente materiales en nuestra vida, relacionados con el mismo deseo; pero, al despertar, el olvido borra lo que soñamos, o es rechazado nuestro sueño por las reglas de la normalidad. Ahora bien; nuestra infancia y nuestra juventud están llenas de deseos, unos lógicos y naturales, otros morbosos y perversos, la mayoría de ellos inconfesables. Nuestra moral, haciendo de censura, se encarga de rechazarlos, y en esta lucha entre el deseo y la censura está la llave de la mayoría de las perturbaciones. Ante un enfermo de la mente hay que escudriñar toda su vida, penetrar en todos sus actos, por insignificantes que sean, y cuando sorprendemos el choque del deseo con la moral, hay que operar sobre la conciencia, descubrir al enfermo el origen de su enfermedad, que casi siempre es ignorado por ellos; retrotraer al instante mismo del accidente, reforzar los diques de su conciencia y, de la mano, conducirlos por el camino verdadero. En una palabra, analizar la psicología de cada enfermo, y donde se note una anormalidad, descubrirla al mismo interesado para que vea lo que pudiéramos llamar el desnudo de su propia conciencia”.
Este torero peculiar morirá a los 43 años de edad en la plaza de Toros de Manzanares, tras sufrir una cogida mortal a manos de un toro llamado “Granadino”, en la tarde del 11 de agosto de 1934, donde tras su reaparición, toreaba en Manzanares sustituyendo a otro matador, Domingo Ortega. Unos meses después de su muerte, Federico García Lorca plasma el dolor por la muerte de su amigo en un poema genial, que en 2010 cumple setenta y cinco años. Su famosa elegía “Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías”. Elegía que puede considerarse una de las mejores escrita en nuestra lengua desde las Coplas de Jorge Manrique.
Su vida fue una auténtica aventura. Cómo él mismo se preguntaba "¿Quién sabe qué será uno?" Y así fue su vida; había pilotado aviones, estrenado obras de teatro, escrito crónicas y artículos en periódicos, conferenciante en la Universidad de Nueva York, viajando por el mundo y confraternizado con una de las mejores generaciones poéticas de nuestra literatura.
15.02.10
Crónica: “Un dormir sin sueño”. Luis Miguel Carrión (Barcelona)

Para la tercera reunión del Grupo de investigación de Toxicomanías y Alcoholismo invitamos a Miquel Bassols a que presentara un trabajo que tuviera como marco los dos ejes de trabajo que nos hemos dado para este curso 2009-2010: por un lado, develar algo de la lógica de nuestra época caracterizada por el capitalismo global y, por el otro, que tuviera en cuenta “lo cotidiano de las vidas atravesadas por los nombres más diversos de las adicciones”. No defraudó Miquel Bassols y nos aportó una elaboración bajo un título sugerente “Un dormir sin sueño” . Título extraído, dijo, a partir de una frase atribuida a Napoleón: “La muerte es un dormir sin sueños, y tal vez sin despertar”, (en castellano se pierde la diferencia que hay en francés entre sommeil y rêves) y retomada por Freud evocando a Hipnos y Tánatos como dos hermanos gemelos en la mitología griega.
Perder la consciencia
Miquel abordó la cuestión de la toxicomanía y del consumo en general por una vertiente diferente a la que estamos acostumbrados, a saber, en lugar de privilegiar el objeto y tomarlo por la vía del goce, del imperativo del superyó, de la pulsión, tomó las adicciones por el lado del Sujeto, por un lado no tan explorado: el de la “pérdida de consciencia” como forma del sujeto del goce.
Esta vertiente de las adicciones siempre ha existido, pero ahora parece -resaltó Miquel Bassols- convertirse en un factor generalizado de las formas de consumo del sujeto mismo: la cognición como un nuevo nombre en la ciencia de la consciencia infatuada de sí mismo, un nuevo semblante, S1, distinto al sujeto mismo del significante, del inconsciente.
Partiendo de una constatación clínica, destacó la persistencia en varios casos de la función del tóxico en su función “perder la consciencia”, “no recordar nada”, “no saber lo que hacía”, “desconectar”… Un consumir “para soportar la existencia”, “para olvidar”, a veces directamente “para acabar mis días de la mejor manera”. Todos ellos serían usos diversos de la droga para borrar la división del sujeto ($). Frecuentemente “para no pensar más”, “no pensar” que no tiene la misma lógica sea en el pensamiento obsesivo, sea en el pensamiento impuesto del psicótico.
La droga como dormir sin sueño apunta además a la función de los hipnóticos; por otro lado un sueño sin dormir implicaría más la función de los alucinógenos y, tal vez, no tanto las modernas drogas de diseño. En todos estos casos lo que se pone en juego es seguir durmiendo en la realidad sin hacerse cargo de los efectos del lenguaje sobre el sujeto, de la causa introducida en el sujeto, tal como señala Lacan en Posición del inconsciente (Pág. 814): “el efecto de lenguaje es la causa introducida en el sujeto”.
El tóxico generalizado de nuestra época, subrayó M. Bassols, nos permite “dormir sin sueño”, ideal del insomne que no consiente a la intermitencia de la consciencia donde el tóxico hipnótico viene al lugar del objeto exterior que tapona esta intermitencia. También nos permite “dormir sin soñar”, sin inconsciente, incluso y sobre todo, sin sujeto, sin hacerse cargo de los efectos del propio inconsciente.
Tomó la referencia de Lacan en el Seminario XI de “el despertar como una forma de seguir durmiendo en la realidad”, siendo éste el estado “normal” del sujeto de la supuesta consciencia. En el uso del tóxico lo que hay es un error de cálculo: suponer que se puede escapar a los efectos del lenguaje; y un ideal de su uso: dormir sin saber, sin ya enterarse, librarse de los efectos del inconsciente.
En este punto citó la entrevista que le hicieron a Judith Miller en Buenos Aires en el mes de noviembre de 2009 donde comentaba los efectos futuros del Ritalin® sobre los niños (http://www.elp-debates.com/prensa/cuando_se_echa_al-sintoma_Judith_Miller.pdf). Este ideal encuentra su paradoja cuando el uso del tóxico conduce a un encuentro con lo real imposible de simbolizar, un despertar imposible de soportar con sus efectos de angustia, desencadenamiento…
A continuación, retomó la ya clásica cita de Lacan en La clausura de las Jornadas sobre los carteles de 1975, “la droga es lo que permite romper el matrimonio con el pequeño pipí” y la desarrolló bajo tres aspectos: el primero del lado del sujeto que encarna ese goce fálico en otro objeto fuera del cuerpo, incluso fuera de la sexualidad, para, de esta manera, evitar la castración. Un goce autoerótico que evita pasar por la castración. El segundo del lado del falo como proveedor de una significación fálica que es también significación del Yo (Yo como superficie corporal, como consciencia); y el tercero, el falo como proveedor de los límites del cuerpo, de la unidad corporal. Diferenciando que en la neurosis obsesiva el tóxico funcionaría como la búsqueda de ese límite en un objeto fuera del cuerpo, mientras que en la psicosis la introducción del tóxico en el cuerpo, se situaría como búsqueda de un límite cuando el semblante del falo no funciona como tal.
Señaló, seguidamente, la equivalencia entre el toxicómano y el insomne: los dos evitan consentir a la división del sujeto que supone la intermitencia, a la discontinuidad de la consciencia, a evitar el índice subjetivo del cuerpo como límite, tal como lo encontramos también en el uso del doping (A. Stevens, Nuevos síntomas en la adolescencia, Rosario http://www.unl.edu.ar/eol/art_4.htm), donde, en esta práctica, se trata de anular los signos en el cuerpo de esa intermitencia, de ese límite del cuerpo.
El deportista de alta competición da cuenta, a veces, de esa experiencia de ir más allá de los límites del cuerpo (en el agotamiento, en la experiencia de velocidad). Son posiciones de borramiento de los límites del cuerpo y de la consciencia a partir de una experiencia de goce, cortocircuitar la división del sujeto ante el goce con un objeto que provea “otro goce”. Todos ellos modos de goce que evitan hacerse cargo de los efectos del inconsciente (del sueño mismo como formación del inconsciente), también modos de sutura de la división como defensa frente al goce.
La toxicomanía ofrece al sujeto una modalidad de “sujeto del goce”, con una localización de este goce fuera del cuerpo, en otro lugar que en la significación fálica, en un objeto con el que puede fijar una relación de “dependencia”. Lo que se busca en el tóxico por la vía del principio del placer es la muerte, la muerte también del síntoma como signo de un real que no es subsumible en el principio del placer, por lo que propone Miquel Bassols una variación del famoso sintagma de Freud: Allí donde Ello era (la pulsión), Yo llego a ser su objeto consumido (el del objeto tóxico). Este horizonte ideal, mortífero, coincide con la promesa de un discurso político en la sociedad del bienestar, fundado en la identidad de un Yo sin sujeto, que es finalmente lo mismo que un dormir sin sueño o, paradójicamente, un sujeto sin las intermitencias de la consciencia.
Dos breves referencias clínicas
En un segundo tiempo Miquel Bassols presentó dos viñetas clínicas. La primera, un caso de histeria con un fondo melancólico con ingestas de alcohol periódicas en fines de semana hasta perder la consciencia, con pasajes al acto de acceder a tener relaciones sexuales con el primero que encontraba y también del lado de la pulsión oral: ingestas de galletas y productos de harina que provocaban que engordara y adelgazara 10 kilos en meses. Bebía “para permitirme ausentarme de mí misma, tomarme unas pequeñas vacaciones de mí misma cada tanto”. Un dejar de pensar junto con la decisión “consciente” de perder la consciencia; perder el Yo; el Yo en el lugar del objeto perdido. Señaló Bassols cómo la paciente utiliza el Yo-consciencia como el carretel del juego del fort/da: aparecer/desaparecer para el Otro del deseo.
Una segunda referencia clínica, éste un varón cuyo diagnóstico correspondería a una psicosis “ordinaria” con pasajes al acto de “hacerse pegar”. En este caso no hay decisión de beber para ausentarse, ni decisión de pasar un límite sino una suerte de metonimia etílica (hipnótica) combinada con la cocaína que funciona como estimulante. Esta operación trata más bien de acallar el cuerpo (no los pensamientos). Sin embargo, tiene un efecto exactamente inverso: no deviene un pasaje al acto violento sino un hacerse pegar para, en este caso, acallar el cuerpo. Aquí no se trata tanto del Yo como consciencia sino del Yo como superficie corporal que viene al lugar del objeto.
En ambos casos, remarcó, se trata de un ausentarse: en el primer caso más del pensamiento consciente, en el segundo más del cuerpo, “dormir sin pensamiento” y “dormir sin cuerpo” respectivamente. No obstante, tienen en común que tanto el pensamiento consciente como el cuerpo vienen al lugar de un objeto, incluso en función de objeto.
Consumidor como objeto de consumo
En el último punto de su presentación M. Bassols puso en relación la lógica de la adicción con lo que Z. Bauman señala en su libro Vida de consumo (Ed. Fondo de Cultura de Económica, 2007). Para ello tomó tres referencias del autor: la primera con relación a la transformación del consumidor en objeto de consumo. El sujeto convertido en objeto del goce del Otro: “En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en sí mismo cualidades y habilidades que se exigen a todo producto de consumo” (Z. Bauman, op. cit. p. 25). No es sólo que el sujeto se convierte en objeto, es que para ser sujeto hay que tornarse en producto, ser producto es condición de la subjetividad (aà$). No están lejos los ecos de la afirmación de J. Lacan: “el ascenso al cenit social del objeto a”.
La segunda el “fetichismo de la subjetividad”, tanto en relación con la mercancía como objeto de consumo como con relación a la persona como fetiche de un nuevo goce en las adicciones consumistas. Bauman hablará del “fetichismo de la subjetividad, que se ocupa de ocultar esta realidad transformada en mercancía tan característica de la sociedad de consumidores” (p.28, op. cit)
Y la tercera y última “el tiempo puntillista” en oposición al tiempo lineal y cíclico. El tiempo discontinuo, puntual de la consciencia que se desvanece, sin continuidad. Hay un efecto de transformación de la experiencia del tiempo del sujeto, se trata de una renegociación del significado del tiempo (p.51-52, op. cit.). Este tiempo pulverizado como ideal del adicto, es la “vida ahorista” del adicto a lo fugaz e instantáneo, esto no es sólo una posición de goce, es una elección de hacer de la objetalización una condición de la subjetividad.
Concluyó Bassols con una hipótesis: La adicción generalizada como un “dormir sin sueño” (que limita en la pulsión de muerte) es un producto él mismo y una objeción a la reducción del sujeto a lo cognitivo, reducción que Bauman denomina “fetichismo de la subjetividad”.
* GRUPO DE INVESTIGACIÓN EN TOXICOMANÍAS Y ALCOHOLISMO
Vidas de consumo
Responsables: Luis Miguel Carrión, Eugenio Díaz, Horacio Dobry
* Calendario: 17 de febrero, 17 de marzo, 21 de abril, 19 de mayo, 16 de junio
* Horario: 19h30
* Inscripción: Se requiere inscripción para participar (80€ anuales), libre para inscritos en actividades de la SCB.
13.02.10
Lo que la evaluación silencia. Un caso urgente: El AUTISMO

FORUM
Sábado, 19 de Junio de 2010
Barcelona
¿Por qué un Forum?
Porque es necesario explicar los riesgos de la evaluación limitada a la cifra, que silencia lo
particular de cada ser humano.
Porque los criterios de falsa ciencia, sostenida hoy en la ideología de la evaluación, en el uso indiscriminado de los cuestionarios y en los argumentos de evidencia científica, pretenden erradicar la subjetividad en la cultura, en el arte, en la universidad, en el campo médico-sanitario, en el sector laboral y de empresa, en el campo legal, pedagógico y social; es decir en todos aquellos ámbitos que atañen a los seres humanos. Pero la ciencia no implica eso.
Porque en todas las disciplinas humanas se impone cada vez más un sesgo cuantificador. En base a un trato supuestamente igualitario, se anulan las diferencias entre los seres humanos y se promueve una homogeneización cuyos efectos son devastadores. La evaluación instala en sus fundamentos una profunda desconfianza sobre el saber de los profesionales; su trabajo se centra cada vez más en responder a las exigencias del sistema evaluativo, rellenando cuestionarios y elaborando estadísticas.
Porque si todas las intervenciones que atañen al individuo se evalúan con un rasero únicamente cuantitativo estamos destinados a la pobreza de pensamiento y al automatismo mental.
¿Por qué el autismo?
Porque en España el autismo se ha convertido en un caso urgente: dos propuestas, una del Partido Popular dirigida al Senado de España y otra formulada por una asociación de padres al Parlament de Catalunya, han sembrado una gran preocupación entre profesionales que llevan años dedicándose al diagnóstico y tratamiento del autismo. Estas propuestas entienden el autismo únicamente como una deficiencia cognitiva a ser disminuida y como una dificultad de aprendizaje a ser pedagógicamente tratada. Sigmund Freud y Jacques Lacan pusieron de relieve la particularidad del ser humano, un ser de lenguaje que se diferencia de los demás seres vivos. El lenguaje humano no es un mero sistema de signos sino una estructura simbólica compleja, ya que las palabras se articulan con la subjetividad de cada uno y el vínculo social está teñido de esa subjetividad particular.
Porque el psicoanálisis entiende, así, que el tratamiento del autismo no puede reducirse a modelos de adiestramiento de la conducta ni a simplificar la complejidad del habla y del lenguaje humano a ejercicios de comunicación.
Porque el autismo no es una deficiencia ni sólo una categoría clínica, sino una manera límite del ser hablante de situarse en el lenguaje y en el vínculo social.
¿Para qué un Forum sobre autismo?
Para argumentar y reflexionar sobre el riesgo que corremos todos si se pierde de vista la dimensión subjetiva, esa dimensión que implica lo real no acotado por la ciencia.
Para que los profesionales, los que se han psicoanalizado y los que se acercan hoy al psicoanálisis digan lo que saben: que el psicoanálisis es una disciplina de plena vigencia que aporta la comprensión de un real humano que escapa a la ciencia, y que así lo estudia, lo desarrolla y lo contrasta desde hace más de un siglo.
Para que la sociedad civil y sus gobernantes sean conocedores de esta situación: que sobre la etiología del autismo se sabe muy poco y que sesgar los tratamientos con el argumento de una supuesta evidencia científica es caer en una deducción falsa y una tremenda imprudencia.
Para no limitar la oferta de tratamiento a un único modelo teórico que niega el derecho de
los ciudadanos a elegir qué tratamientos prefieren para ellos y/o sus hijos.
Los números son hermosos, sí, siempre que puedan acompañarse de palabras. La evaluación impone las cifras en detrimento de las palabras y, así, las silencia.
Pero recordemos, las incógnitas van siempre en letras.
Urge continuar manteniendo en el corazón del ser hablante el enigma que lo constituye. El autismo así nos lo enseña.
Promueven:
Asociación Mundial de Psicoanálisis
Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano
Instituto del Campo Freudiano en España
Campo freudiano en Bélgica, Francia e Italia.
Invitamos a todos aquellos que deseen manifestar
públicamente su apoyo a este Forum a que envíen un mail
incluyendo: nombre y profesión.
Apoyos al Forum e informaciones: foroautismo@gmail.com
Toda la actualidad de este Forum en: http://foroautismo.blogspot.com/
«Pero lee sobre todo tu propio inconsciente, ese libro con una tirada de un solo ejemplar cuyo texto virtual llevas por todas partes contigo, y en el que está escrito el guión de tu vida, o al menos su rough draft»



